Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
.
.
Halsey – Nighmare
Mi mente circulo por el bode de mi conciencia. Mi piel pico mientras el sudor recorría mi cuello, bajando por mi clavícula y por el nacimiento de mis pechos.
El cabello de Charlie se escondió entre ellos, tal como un niño pequeño deseoso de protección. Su bigote me hizo cosquillas en la boca del estómago, provocando leves piquetes en mi piel. La sensación es estimulante en medio del vacío que mi cuerpo trata de asimilar cuando él me penetra una y otra vez.
Su pecho se eleva de poco a poco mientras resopla, mirándome entre sus pestañas. Sus chocolates ojos están vidriosos y un poco más oscuros de lo normal. Es la mirada más significativa que he recibo de él después de tres semanas. Hace tres semanas fue la última vez que tuvimos sexo.
Intento simular un jadeo y un gesto de placer cuando su mano se adentró en mi cabello, tomando mi nuca entre sus dedos y guiando mi boca a sus labios. Intento ser lo más participe del acto posible, sus labios reclamaron los míos, mordiendo un poco mi comisura y acariciando su lengua con la mía. Su aliento se entremezcla con el mío, su sabor siempre ha sido el mismo desde que éramos novios y nos enrollábamos en el asiento trasero de su auto. Es algo como a menta y café. Sus dientes trabajan sobre ellos, bajan por mi barbilla y finalmente esconde su rostro en mi cuello.
Sé lo que está haciendo, así que le ayudo.
Mis caderas comenzaron a moverse a la par de las de mi esposo. Él enredo sus brazos en torno a mí. Uno sobre de mi hombro y otro alrededor de mi cintura. Quería apresurar las cosas, terminar con esto de una vez por todas. Es triste como ambos somos capares de sincronizarnos para terminar con este teatro lo más rápido posible. Casi como si fuera una transacción comercial o así se sentía, frio y soso, mientras su boca jadeaba entre al arco de mi cuello y mi hombro.
Las cosas solo duran un segundo después de eso, y antes de que me dé cuenta, esta fingiendo correrse con un gruñido ahogado. No sentí su semina correr por mi coño, como tampoco siento los dulces besos que ahora reparte en mi cuello, como tampoco sentí un orgasmo. Ha sido así por un largo tiempo para nosotros. Y no solo en la cama, sino lo que es peor, también fuera de ella.
Me esforcé por no lucir completamente desilusionada cuando Charlie subió de nuevo su rostro hacia el mío y beso mi frente.
Odiaba esa parte del sexo con él. Cuando se encargaba de regar un beso aquí y allá, como si tratara de consolarme de algún modo y hacerme saber que lo sabe y lo siente. No es lo que necesito. Lo que necesitaba era totalmente diferente a su ternura engañosa. Necesitaba a mi esposo. Un esposo que no necesitara fingir que tuvo un orgasmo. Un esposo que me amara. Pero no soy capaz de pedirlo, gritarlo o lo que sea que hacen las esposas cuando saben que su matrimonio se está llenado al carajo.
En cambio, decido callarlo, embarcándome en esta gran mentira en la que se ha convertido mi vida. A veces me avergüenza no ser lo suficientemente valiente para terminar con la situación. ¿En serio, Renne? Treinta años de matrimonio y no puedo comunicarme propiamente con mi marido o simplemente tener los pantalones y el valor para enfrentar la situación. Para pedirle el divorcio. No, en cambio prefería quedarme tendida sobre mi cama, esperando quedarme sola para poder lamerme mis heridas. Heridas de las cuales solo yo era responsable.
—Gracias, cariño. —me dijo.
Le regale una sonrisa media, casi triste.
Volvió a besarme en la mejilla antes de partir al baño, con la polla todavía erecta y el condón usado alrededor de ella. Es asqueroso. Miro el techo de la habitación hasta que escucho el cerrojo de la puerta y la ducha ser abierta.
—No es nada, cariño. —susurro por lo bajo de manera sarcástica.
Sé lo que hará y por cuanto tiempo estará en la ducha mientras se masturba y trata de olvidar que acaba de tener sexo con una esposa a la cual ya no ama y tampoco ella lo ama.
Me digo que es imposible sentirme más herida por aquello, pero sí que es posible.
Tome mi bata rosa pálido de la mecedora a un lado de nuestra cama y me asegure de seguir escuchando la ducha, tome mis cigarrillos escondidos entre mi mesita de noche y la pared. Ni siquiera tengo la bata puesta hasta que bajo las escaleras, y apago las luces de la sala de estar y la cocina. Esos son los beneficios de tener una casa solitaria y abandonada.
A veces extrañaba tanto a mis pequeñas niñas.
Pero Clarie ya no estaba y Bella solo venia los fines de semana por las mañanas a dejar a Thomas para que yo pudiera tener un miserable día de media felicidad. Amaba ser abuela y madre, pero ni siquiera eso llenaba el terrible vacío que abría paso cada día más en mi pecho.
Los dedos me cosquillearon al darle la primera calada a mi cigarrillo. La soledad a veces puede ser asfixiante. Sin pensármelo mucho salgo y me siento sobre el frio pavimento afuera de la puerta. Es irónico que encuentre más confortable el frio porche que mi propia habitación y mi muy callado marido.
La sensación del aire acariciando mis piernas fue tranquilizadora.
Tome otra calada de mi cigarrillo y cerré los ojos intentando escuchar algún sonido a mí alrededor. Pasaron por lo menos tres minutos antes de que me rindiera y abriera los ojos de nuevo.
Maldito silencio.
Bordee los límites de mis labios con mi dedo índice y una lágrima rodo por mi mejilla. Ni siquiera logre recordar cuando fue la última vez que escuche algo de ruido sobre esta calle o en mi misma casa. El silencio es todo lo que soy capaz de obtener todos los días. De mi casa, de mi marido, de mi hija. De todos.
Incluso del sexo con mi marido.
Recuerdo que no puedo estar molesta. Siempre soy yo la que inicia nuestros encuentros sexuales, si se le puede llamar así a coquetearle un poco, enseñar otro poco por allá y ponerme sobre una superficie plana para que él pueda fingir que quiere follarme.
La cuestión es que me hace sentir sobre la tierra. Y soy bastante masoquista, lo admito. Necesito el poder del control. La sensación de él sobre de mí.
Es como si por un segundo, un solo segundo, pudiera sentir la conexión de nuevo. Tal como era nuestro matrimonio antes de que vinieran los hijos, las responsabilidades, la monótona vida de casados, las mentiras y su inminente infidelidad. Tampoco puedo obviar mi culpa en la ecuación.
Mi vista sube hacia nuestra habitación. El frio acaricia mis brazos y grazna mi alma. La luz esta prendida un segundo, y al segundo después ya no. Me rio silenciosamente de mi cuando le doy una última calada a mi cigarrillo y lo tiro al suelo, apagándolo.
Se ha ido a dormir, importándole una mierda donde se encuentra su esposa.
Seguro que sintió una sensación de alivio al ver que me había marchado.
Un sabor amargo baja por mi garganta cuando entro a casa y cierro la puerta.
¿Qué más puedo hacer si no es regresar a una cama dura, fría y con un marido totalmente indiferente? Si las señales existieran, el sonido de mi celular en la barra de la cocina lo era.
Rodé los ojos y seguí subiendo las escaleras. Odiaba las indeseables molestias nocturnas.
.
.
La mañana siguiente me encuentro en medio de la cocina, mirando a través de la ventana. Observe a las personas ir y venir sobre la calle. El frio aumenta cada vez más, el invierno casi está aquí. Noviembre y Diciembre son mis meses menos favoritos de año. A veces me permitía soñar con tomar todas mis cosas, empacarlas en una maleta y volar hacia cualquier lado que me ofreciera una buena luz como para broncearme. Odiaba el frio, la lluvia y sin embargo heme aquí, encerrada en un pequeño pueblo con tres mil doscientos sesenta y siete habitantes, resignada a vivir una vida que me hacía sentir aburrida y deprimida.
¿Todo porque? Por tratar de ser la esposa y medre ejemplar que no había podido ser nunca.
Como si de verdad pudiera cambiar mi verdadera naturaleza.
—¿Puedes quedarte con Thomas esta noche? —Bella pregunto.
Sonreí suavemente e intente no parecer como si estuviera pensando como tomar mis cosas y salir pitando de Forks. Lo más lejos de mi familia que me fuera posible.
—¿Mamá? —volvió a preguntar.
—Lo siento, cariño. —me disculpe— Estaba algo distraída.
Bella asintió. La curiosidad era evidente en sus chocolates ojos.
—¿Está todo bien? —pregunto— Me refiero a papá y a ti. Sé que las cosas han estado un poco tensas entre ustedes. Me gustaría que si algo pasa… —se encogió de hombros— ustedes no sientan la necesidad de ocultármelo.
Mi hija tiene un punto. Ese punto gozaba de nombre y apellido, me negué a mencionarlo. Encendí el microondas y metí mi café, ahora frio por mis divagaciones. No me moleste en girarme para contestarle.
—Todo está bien entre Charlie y yo. —mire su reflejo por el microondas. Bella se paró en un pie y luego en otro, como si se debatiera entre hablar y no.
—Yo… he… h-he… —suspiro frustrada— James y yo hemos hablado durante estos días.
Me gire y recargue mi cadera sobre la encimera de la cocina. Tome algo de azúcar y un poco de leche.
—¿Y?
—Es extraño, pero parece querer convencerme de darle una oportunidad a Edward. —arqueé una ceja— Respecto a Thomas, por supuesto. —aclaro rápidamente— Pronto serán fechas importantes en familia. James cree que puede ser un buen momento para dejar que Thomas conviva de nuevo con la familia de Edward y así, poco a poco, ir introduciendo las novedades a Thomy.
¿En serio? Creí que Bella era más lista que eso, pero al parecer me equivoque.
Me cerciore de mi nieto antes de hablar. Thomas estaba recostado sobre el sofá, mirando atentamente las caricaturas del horario temprano en le televisión. Me asegure de tomar otro minuto e incluso use un tono bajo, tratando de evitar que Thomas escuchara cualquier parte de nuestra conservación.
—¿Qué tan segura estas de hacer eso?
No que yo tuviera algo contra Edward, pero tenía mis propias reservas, ¿Qué tan peligroso podía ser que Bella y él volvieran a entablar una amistad? Sin tan solo pudiera tener la oportunidad de hablar con él, yo me sentiría menos amenazada. Necesitaba saber que tanto sabía él.
Hice una nota mental de hablar con Charlie. Necesitaba presionarlo más sobre Max. Esa era una excelente excusa.
—¿De qué hablas?
—No veo como James puede tener alguna decisión sobre la vida de Thomas. La decisión es tuya, no de él.
—Es mi novio. —increpo.
—No es el padre de Thomas.
—No, no lo es, pero ha estado ahí cuando más lo he necesitado. No es como si pudiera sacarlo de la jugada así de fácil. Lo que yo decida sobre la vida de Thomas y la mía, tarde o temprano tendrá un efecto sobre mi relación con James, y por lo tanto, considero que debe ser partícipe de cualquier decisión que yo tome.
Como si James fuera tan importante. Me di cuenta de que mi hija todavía era ingenua respecto a los hombres. Las personas anteponer sus dedeos sobre de la gente que decían querer e importarles. James no sería la excepción. ¿Cómo era posible que Bella no fuera capaz de verlo? Que me dispararan si James no tenía sus propios intereses sobre esto. Claro. Sería fácil echar a los leones a mi nieto mientras él se encargaba de casarse con Bella y tener su propia familia con ella. Una familia donde Thomas no sería participe por ser hijo de una relación pasada. Por el simple hecho de ser hijo de Edward Cullen.
Pero incluso con la buena relación que de pronto estábamos llevando Bella y yo, no me podía sentir lo suficientemente confiada para expresar mis sospechas. Estaba segura que si yo me atrevía a abrir la boca, Bella explotaría.
Me fui por la salida fácil, no sin antes hacerme una nota mental de mantener un ojo sobre de James.
—Si eso es lo que sientes que debes hacer, cariño. Tu padre y yo estamos dispuestos a apoyarte en lo necesario.
—¿Incluso si eso… trae a colación a Alice?
—Alice no vive aquí. —murmure.
—No sé si eso se mantendrá, con el regreso de Edward y la buena relación que tienen. Posiblemente se traslade a vivir aquí permanentemente.
—Forks es su hogar, Bella. —susurre, procurando que mi voz sonara lo más tranquila posible. De todos modos, ni siquiera Alice Cullen representaba un verdadero problema para mi matrimonio. Si, Charlie había mantenido una relación extramarital con ella cuando apenas era una adolescente, pero nuestros problemas ya estaban allí cuando eso sucedió. Años y años atrás, pese a lo que Bella pensara— Esme estará feliz de que Alice vuelva a casa.
—No quiero que resultes lastimada, mamá.
—Creo que la prioridad aquí es el bienestar de Thomas, lo demás sale sobrando.
Dejo salir un suspiro y todo su rostro se suavizo. Aquel gesto me recordó a Clarie. Tan lista para dar pelea en cualquier momento, pero tan suave como un dulce algodón cuando veía que no era necesario.
Un pinchazo se asentó en mi pecho.
—Gracias. —tomo su café entre sus manos y tomo un poco— Es perfecto. Entonces, ¿si puedes quedarte con Thomas esta noche?
Bueno, tal vez una noche abuela-nieto no me vendría mal.
—Por supuesto.
—Estupendo. —saco el teléfono de sus pantalones de vestir color caqui y lo puso sobre su oreja— Llamare a James.
Se alejó un par de pasos de la cocina.
Por mi parte me dirigí hacia el sofá y me deje caer a un lado de Thomas. Su pijama de carritos lo hacía verse más pequeño de lo que en realidad era. Pase una mano por su cabello y él resoplo.
—No me agales en cabelo, abela.
Me reí por su enfurruñamiento. Sus pálidas mejillas adquirieron el característico sonrojo Swan.
—Lo siento, lindo caballero.
—Abela… —resoplo.
—Lo lamento, ¿señor Swan? —le pregunte. Mi broma tomo efecto en su estado de ánimo rápidamente. Me sonrió de manera dulce y miro mi café con interés. Me pregunte internamente si el humor volátil no era una clara herencia de su padre.
—Las manos alejadas del café, jovencito.
El enfurruñamiento no tardo en regresar acompañado con un puchero y sus lindos ojos verdes tristes. El pequeñuelo tenia merito, lo tengo que admitir. Sus técnicas de chantaje serian eficientes, sino hubiera yo creado a dos dulces niñas suaves, caprichosas y un poco manipuladoras.
Todavía podía recordarlas a ambas usando sucios trucos contra Charlie y contra mí. Tristes ojos eran una gran debilidad para ambos.
—Thomy…
—Abela… —me arremedo, dejando salir una risita.
Con un encogimiento de hombros decidí parecer desinteresada.
—Le diré lo que tramas a tu madre.
Thomas entrecerró los ojos. No lucia nada amenazado ni por el estilo. Sin embargo, volvió a tratar de envolverme sobre su dulce dedo.
—No tieles nala que decil al lespecto. Duh, lisiquila he tlomado café.
Le guiñe un ojo.
—Touché.
Bella eligió ese momento para volver de su llamada, repiqueteando con sus tacos sobre el piso de madera. Su blusa blanca de tirantes le regalaba una luz especia. Me gustaba ver todo el tiempo la clase de conjuntos con los que venía a casa antes de ir a trabajar todos los fines de semana. Ella había claramente crecido a través de estos últimos cinco años en todos y cada uno de los aspectos de su personalidad. Volviéndose más independiente, fuerte, menos insegura. La mujer que me hacía sentirme orgullosa de tenerla como hija. Bella era aquello que me daba un poco de luz todos los días, pero sin embargo, siempre seria el vivo recuerdo de esa parte de mi vida que nuca podría arrancar, ni de mi memoria ni de mi alma. La clara falta de la otra parte de mi corazón. Mi pequeña Clarie.
—Odio decirlo, pero ya me tengo que ir a trabajar.
—Mamá…. —Thomas se quejó.
—Lo lamento, cariño. Pero sabes que las chicas grandes tenemos que trabajar. —le dio un beso en la mejilla, pasando su mano cariñosamente por su cobrizo cabello— Tal vez hoy puedas jugar un poco a policía/ladrón con el abuelo Charlie. James y yo tenemos una cena de negocios y la abuela Renne accedió a que te quedes a dormir aquí esta noche.
—¡Yupi! —celebro, dejándose caer en mi costado.
Bella sonrió cariñosamente, regalándole una mirada llena de amor. Se marchó rápidamente después de eso, agradeciéndome una y mil veces aceptar quedarme con el pequeño Thomy.
La despedí con un adiós en el porche de la puerta y volví a entrar. Thomas seguía en el mismo lugar, solo que un poco más acostado sobre el sofá y su cabello cubriendo un poco sus ojos. El dolor que carcomió mi alma fue inevitable. Recordé a Clarie esperarme en la misma posición todas las mañanas mientras preparaba su desayuno favorito, refunfuñando por estar cansada de compartir habitación con Bella, quien prefería el silencio y se negaba a dejarla prender la televisión.
La realidad me golpeaba como un puñetazo cada vez que me atrevía a invocar ese tipo de recursos.
—¡Abela! —el gritito chillón de Thomy me saco de mi burbuja de dolor.
—¿Si, cariño?
—¿Podemos ver Toy Story?
Me obligue a mí misma a no rodar los ojos. Tenía la esperanza de que pronto aquella fiebre de Toy Story pasara, pero así como íbamos, lucia imposible.
—Claro, cariño. ¿Quieres un poco de palomitas?
—¡Shi!
—Estupendo. ¿Quieres ir poniendo la película mientras las preparo en la cocina?
Asintió emocionado, bajándose de un salto del sofá, mucho más animado que su refunfuñamiento de toda la mañana.
Un sonido tintineante me distrajo por un segundo.
El repiqueo de mi celular volvió a sonar de nuevo. Baje un poco la vista sobre la barra de la cocina mientras abría el paquete de palomitas acarameladas favoritas de Thomas. Fruncí el ceño y decidí ignorarle de nuevo.
No contestes. No lo hagas.
Me frustración creció cuando no dejo de sonar. Me maldije por décima vez en el día internamente, preguntándome si en algún momento del día tendría que tener los cojones para contestar.
El sonido de Thomas tarareando los créditos iniciales de la película me hizo olvidar el tema. Eso es, solo me concentraría en mi nieto y en pasar un buen tiempo de calidad con él.
Ni siquiera termine de sentarme a su lado de nuevo cuando el celular volvió a repiquetear. Le entregue las palomitas y él las tomo gustoso. Me jure internamente que me desharía de ese maldito aparato lo más pronto posible. De todos modos, nadie fuera de Charlie, Bella y los amigos más cercanos llamaban, eso si no me los encontraba a la vuelta de la esquita o cruzando la calle para tirar la basura. Las cualidades típicas de un aburrido pueblo como Forks.
La sexta vez que sonó, Thomas también lo noto.
—Estla sonando tu celulal, abela.
—Déjalo que suene, cariño.
—¿Queles que lo tlaiga? —me pregunto, y antes de siquiera poder darle una respuesta, se levantó. Espere a que lo trajera pacientemente. Era un pequeño caballero. Considere seriamente mientras lo veía avanzar hacia mí, pedirle que lo botara en el bote de basura de una vez por todas.
A gusto consigo mismo, lo dejo en mi mano.
Maldito aparatejo.
—¡Listlo!
—Gracias, cariño.
La frustración pudo conmigo cuando el celular sonó de nuevo. Con un suspiro molesto levante la tapa y lo puse en mi oreja.
—Habla, y que sea rápido.
—Estoy afuera.
De un salto me pare del sofá, llamando la atención de Thomas. Me miro confundido, incluso con toda su pequeña boca llena de palomitas.
—Mira la televisión, cariño. Tengo que salir afuera por un momento, Sue trajo algo para mí.
Su atención no se quedó por mucho tiempo mientras estaba de acuerdo y regresaba su atención a la película de nuevo.
Los nervios siguieron jugándome en mi contra cuando abrí la puerta de la entrada de un tirón.
—¿Dónde demonios estas?
—Atrás. —su voz a través de la línea me resultó casi desconocida. Pero incluso con la urgencia recorriendo mi cuerpo mientras trataba de llegar a la puerta trasera de la casa para poder echarle a patadas lo más rápido que se pudiera, una nueva sensación recorrió mi cuerpo ante la expectativa de verle.
La sensación se alojó en mi bajo vientre.
Su silueta fue visible a través de la puerta trasera. Antes de salir, bote en el pequeño librero al lado de la puerta. Abrí de un tirón y me asegure con una mirada que Thomas siguiera en su lugar. Así como lo conocía, sabía que no podía durar mucho tiempo fuera antes de que la curiosidad le picara y viniera a buscarme. Si eso pasaba… estaría arruinada para siempre.
Cerré la puerta con sumo cuidado y le fulmine con la mirada. Sus ojos me regresaron la mirada. Él… lucia bien.
Pálida piel, ojos negros, chaqueta de cuerpo, jeans rotos y unas botas militares que mataría a cualquiera con una buena patada.
Demasiado bien.
La sensación intermitente en mi bajo vientre me recorrió el coño y los pezones, dejándome sin aliento. Me regañe internamente y trate de poner en orden a mis pensamientos. Esta no era yo. No más. Tenía que controlar a mis viejas hormonas y comportarme con propiedad. Me exigí internamente no dejarme llevar de nuevo por mis estúpidas decisiones porque si no tenía cuidado, esto iba a explotar en mi cara.
Él no tardo en venir a mi encuentro, regalándome una oscura y casi siniestra sonrisa. Odie que su presencia me provocara una corriente eléctrica de pies a cabeza.
—Señora Swan. —hizo una reverencia, pronunciando mi apellido de casada con burla. No me pasó desapercibido el fétido olor a alcohol que desprendía su ropa. Seguro había estado bebiendo. Aquello me asusto más. Decidí no dar a mostrar mis emociones y mantenerme firme. Si él notaba por un momento mi miedo, se aprovecharía de ello.
—Deja de ser un imbécil y dime que haces aquí.
—¿A caso no puede un buen hombre visitar a una vieja amiga?
—No de esta manera. —recorrió toda la distancia que nos separaba y se puso a menos de medio metro.
Mi voz tembló, debido a su cercanía. Di un paso atrás con la intención de imponer un poco de más distancia entre nosotros, pero su brazo se enredó en mi cintura. Mis pies trastabillaron y mis manos cayeron sobre su pecho en un intento por estabilizarme. Sus vidriosos ojos provocaron un escalofrió en toda mi espina dorsal, nada parecido a la corriente eléctrica que había sentido apenas le vi, esta vez fue diferente. Era casi como si mi sentido de supervivencia se hubiera activado. Estaba segura que no solo se trataba de una visita no-amistosa. Él quería hacerme pagar nuestras cuentas pendientes. Esa era la única explicación que podía encontrar para que tuviera los cojones de presentarse en mi casa.
—Entonces dígame, señora Swan. ¿Cuál debería de ser la maldita manera, si no contestas a mis llamadas, Renne?
—Ni siquiera deberías de llamar, esto termino. Te lo dije.
Los rasgos de su rostro se endurecieron, las aletas de su nariz se dilataron.
—Tan fácil para ti, Renny. —uso mi apodo cariñoso— No soy un utensilio desechable del cual puedas discernir cuando quieras.
—Estas ebrio. Vete. —gire mi cabeza de nuevo a casa, asegurándome de que no hubiera ni un rastro de Thomas. ¡Mierda!, si hubiera sabido que esto iba a pasar, habría inventado alguna excusa para evitar que Bella viniera a casa— No estoy sola.
La rabia brillo en sus ojos.
Si no manejaba la situación correctamente, saldría jodida de una muy mala manera. Mi mano tembló cuando la puse sobre su mejilla, intentando tranquilizarle.
—Por favor, Alec.
—Me dejaste, Renne. Me dejaste sin una explicación. ¡Me tiraste a la basura! ¡Después de todo lo que he hecho por ti!
Bien. Mi intento de manipularle no funciono. Intente con palabras de consuelo. Algo así como "no eres tú, soy yo".
—No es así. Estas retorciendo las cosas completamente. Ambos necesitábamos alejarnos por nuestro propio bien. No soy buena para ti. Soy una mujer casada y con familia. Vete, Alec. Por favor… —intente mantener una expresión neutra, pero algo dentro de mí se rompió. Decirle esas palabras, incluso aunque por fuera pareciera que no me importaba, me destrozaba. No era mi intensión lastimarlo, pero si me ponían a elegir, elegiría a mi familia.
Su agarre en torno a mi cintura se ajustó. Un segundo después, su boca estaba sobre la mía.
Su beso se encontraba lleno de furia y rabia. Delineo mis labios con sus dientes, mordiendo y provocando dolor a su paso. Su lengua luchaba con la mía, intentando dominarme. Le permití continuar con ello por un momento. No podía negar deseaba su toque.
Cuando el beso se terminó, descanso su frente sobre la mía.
Su aliento acaricio mi barbilla.
—Renne, por favor. Habla conmigo.
—Thomas está en la sala, necesito que te vayas. —fue lo único que atine a decir.
Mis palabras o la falta de ellas lo enfurecieron. Tomo mi mentón entre sus dedos y apretó. Fuerte. Jadee por el dolor.
—Crees que soy tu juguete, que puedes jugar conmigo. —susurro por lo bajo, tan cerca de mis labios que sentí su nariz rosar la mía cada vez que hablaba— Ahora quieres jugar a la casita feliz con Charlie, cuando lo único que te provoca el cabronazo es un profundo aburrimiento. —paso su nariz por mi mejilla, absorbiendo mi olor—Ya olvidaste lo bien que la pasábamos, lo bien que te hacía sentir.
—Solo fue una aventura.
—¡Una aventura no dura siete años, maldita sea!
—Sabias que no podía darte más de lo que te ofrecía. Nunca te mentí. Lo nuestro tenía fecha de caducidad.
—Pensé que con el tiempo…
—¿Con el tiempo? —le grite enojada, comenzando a revolverme entre sus brazos. Necesitaba anteponer distancia entre nosotros— ¿El tiempo? Después de lo que hiciste con Clarie, de la forma en la que me torturabas continuamente todos estos años. ¡Te encargaste de convertir mi vida en un infierno, maldito!
—Todo lo que he hecho… —tomo mi rostro en sus manos, intentando que le mirase— Todo ha sido por ti.
—Termine con esto, Alec. Fui una tonta al continuar con lo nuestro después de que Clarie nos descubrió. ¡Debí haberme alejado de ti desde el momento en el que perdí a mi hija por una estúpida aventura!
—Tu hija era una zorra.
Sus palabras me enfurecieron.
—¡Suéltame!
—Jamás, Renne. Eso es lo que tú no entiendes. Esto no se termina cuando tú lo digas. ¡Se termina cuando yo así lo quiera! Nadie más te va a querer como yo lo hago, ni siquiera el viejo de tu marido o las mojigatas de tus hijas. Creí que si seguíamos teniendo nuestra relación guardada como el más sucio secreto era porque no querías lastimar a tu hija aún más. ¡Pero ella ya está muerta! Y aun así, quieres seguir al lado de un marido que no te ama, de un marido que goza follando a menores de edad veinte años más jóvenes que tú.
Ignore sus palabras, buscando en mi mente las palabras correctas para que se marchara. No logre encontrar nada lo suficientemente bueno. Alec se encontraba enojado, ahogado en alcohol y posiblemente drogado. No se marcharía hasta obtener una respuesta. Y no solo una respuesta. Él quería mi sumisión. Quería que le dijera que todo volvería a ser como antes y que nuestra relación regresaría a lo que había sido los últimos diez años. ¡Ja!, como si yo realmente guardara sentimientos hacia el fuera de la lujuria que ambos sentíamos el uno por el otro.
Me agradaba, me atraía, pero definitivamente no me encontraba profundamente enamorada de él.
Sus ojos se mantenían sobre los míos, azul contra negro.
Note el dolor en el fondo de ellos, tan reluciente como el hecho de que nos encontrábamos afuera de mi casa. Un lugar donde Bella o Charlie podrían llegar en cualquier momento, donde cualquier vecino podría vernos.
Ambos dejábamos nuestra lucha de miradas cuando se escuchó un ruido a nuestras espaldas.
Ni siquiera me hizo falta girarme para saber que el ruido provenía de la madera podrida de la puerta. La misma que Charlie se había negado a arreglar por los últimos tres veranos.
—¿Abela?
La voz temerosa de Thomas me llamo.
Los dedos de Alec se clavaron aún más en mi cintura, evitando que me moviera.
—Por favor… esto no tiene que ser así. —suplique— Es mi nieto. Podemos hablar en otro momento, Alec.
—Tal vez va siendo hora de que le dé el mensaje concreto a tu familia. —esta vez fue la malicia la que relució en sus ojos.
—¿Abela? ¡Abela!
Agarre las solapas de su chaqueta. Rogué porque aquello no fuera visible para Thomas. Sin embargo, me era más importante lograr que Alec se largara antes de que cometiera una locura. Incluso si eso significaba sacar mi mierda a la luz. Una vez me permití dañar a lo que más amaba, poniendo por encima mis bajos deseos. No permitiría que volviera a pasar.
Primero tendría que pasar sobre de mi para poner sus sucias manos en Thomy.
—Entra a la casa, cariño. —intente sonar lo más tranquila posible.
—No quielo entlal a la casa sin ti abela. Abela tengo miedo. Quelo a mi mamá.
Sus llorosos susurros rompieron mi corazón.
—¿Y bien, Renne?¿No me vas a presentar a este pequeño?
El agarre de Alec sobre de mí se perdió. En cambio, me hizo a un lado y se incoó frente a Thomas. Mis manos comenzaron a temblar. Thomas dio un paso atrás y se escondió en el marco de la puerta. Sus mejillas estaban rojas y sus ojos verdes asustados.
—¡Basta!¡Lárgate, Alec!
—Oblígame, perra. —se puso de pie, confrontándome. Mi mano salió disparada antes de que siquiera lo pensara, tomándole por sorpresa a él también. Thomas brinco con el sonido del golpe y comenzó a llorar.
Estúpida, estúpida, estúpida. ¿Qué hice?
Alec arremetió contra mi cuerpo. Mi cabeza reboto hacia atrás por el impacto, haciéndome caer al piso. Mi vestido largo hizo mi caída más aparatosa, manchándose de barro. Para ese momento, los sollozos de Thomas ya eran muy fuertes.
Un horrible zumbido se ubicó en la parte posterior de mi cabeza, dejándome aturdida.
Alec levanto su mano de nuevo hacia mí.
—¡Hey!
Una voz que reconocí como la de Tyler, un chico que vivía a un par de casas de distancia me saco de mi aturdimiento. Agarre mi cabeza cuando mi vista se nublo y todos los sonidos a mí alrededor se tornaron difusos. En lo único que podía pensar era en Thomas.
El ruido de una motocicleta me alerto de la huida rápida de Alec. Maldito hijo de puta cobarde.
Solo fui capaz de verle bajando calle abajo mientras trataba de ponerme de pie.
El pequeño cuerpo de Thomas colisiono con el mío, enviándome de nuevo al piso. Me resistí a dejar salir un gemido de dolor. No podía permitirme asustarlo más. Sus pequeños brazos se enredaron alrededor de mi cuello.
No pude aguantar las lágrimas cuando escondió el rostro en mi cuello. Estaba llorando, con su pequeño cuerpo sacudiéndose una y otra vez. Comencé a pasar mis manos por su espalda de arriba a abajo en un intento por tranquilizarle.
De pronto, me di cuenta que Tyler estaba a mi lado. Su cabello rubio, rostro níveo y ojos azules. Me miro con el horror y la preocupación escritos en el rostro.
—¿Se encuentra bien, señora Swan?¿Necesita que le hable al Jefe? Vi como ese tipo arremetió contra usted.
Negué, aun incapaz de hablar.
Solo quería entrar a casa y mantener entre mis brazos a Thomas. Me sentí una completa estúpida. Sabía que cuando Bella se enterara de esto, y estaba segura que lo haría, no me lo perdonaría.
Empecé a sollozar.
Oh dios, estoy arruinada… y lo peor, he logrado que mi mierda tocara a Thomas.
—¿Está todo bien, Tayler? —la madre de este pregunto, seguramente también atraída por el revuelo.
—No lo sé, mamá. Solo sé que deberíamos llamar al Jefe Swan.
.
.
"Llevo una cuenta de la basura en mi vida. Tengo que reconocer el arma en mi cabeza. Hablan mierda pero me encanta pero me encanta cada vez. Y me doy cuenta. He probado la sangre y es dulce. He tenido una alfombra arrugada bajo mis pies. He creído en mentiras y confiado en hombres."
.
.
Holaaaaaa hermosas. *se esconde y muestra bandera blanca* ¿Se esperaban esto?, no me digan que no lo sospechaban porque más de una por ahí hizo una que otra hipótesis y casi le atinan. Y bueno, este PVO Renne sí que nos dejó con la boca abierta. Yo les había dejado una que otra pista por ahí, ahora a ustedes les hace falta conectar lo que falta. En fin, lamento si a veces me tardo un poco más en actualizar, pero he iniciado nuevo cuatrimestre en la universidad y como es el último antes de graduarme, por lo tanto también el más pesado. De todos modos, prometo que no desapareceré y me tendrán todavía un largo tiempo por aquí. Volviendo a nuestro capitulo: ¿Cómo creen que reaccione Edward, Charlie, Bella, todos los Cullen… cuando sepan lo que paso? Porque recuerden el dicho: "Pueblo chico, infierno grande". Aunque también queda una pregunta más: ¿Creen que Edward sabia de la relación que mantenían Renne y Alec?
Por ciento, ahora que me acuerdo, quiero dejarles un pequeña aclaración sobre la relación Alice/Charlie. Todo sobre esa relación es FICCIÓN, parte 100% de la historia y la trama que se desarrolla. Nunca he intentado normalizar la relación entre una menor y un adulto, y SI, es un delito juzgado por la ley mantener relaciones con una menor de edad, a lo cual se le llama estupro. Charlie no es ningún pedófilo, puesto que nunca sintió ninguna atracción sexual por Alice mientras ella era una niña. Les pido que no traten de retorcer esa parte de la historia, es como es, pura FICCIÓN. Fin de comunicado.
PD: Moría por subir el capítulo, pero estaba toda vuelta loca con nuevas clases y tareas.
Déjenme saber sus opiniones, preguntas, hipótesis, etc. en sus reviews, me encanta leerlas. Y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
