Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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Linkin Park – In The End

—¿Cómo te encuentras esta mañana, Edward?

Me removí incomodo en mi asiento, la mirada turquesa de la doctora Cope me examino cada uno de mis movimientos, tal como lo llevaba haciendo desde que puse un pie en su consulta. Se encontraba sentada en frente de mí, en una silla mudilla de color café y estampados extraños, toda la pared detrás de su espalda repleta de libros de arriba abajo me recordaba a mi habitación. El toque de mi madre se sentía por todos lados, creando un ambiente e confort y calidez.

Este había sido uno de los trabajos especiales de Esme. Cuando nació Alice, dejo definitivamente el diseño de interiores, excepto cuando aceptaba trabajos para amigos o conocidos cercanos.

Deje de divagar por la habitación cuando la doctora Cope carraspeo.

—¿Estás aquí por decisión propia o tiene algo que ver la llamada de Esme esta mañana? La escuche bastante agitada, ¿quieres hablar de ello?

Arrastre mis sudorosas manos por mis jeans.

—Mi madre está muy asustada.

—¿Y eso es por? —pregunto poniendo sus lentes en su lugar. Sus ojos aun así se entrecerraron al mirar la pantalla de su tablet cuando comenzó a teclear sobre ella.

—Tuve una pesadilla por la mañana, bastante temprano. Yo… desperté a toda mi familia. Alice, mi hermana, me despertó y yo la empuje.

—¿La empujaste? Cuéntame mas sobre eso, ¿sueles hacerlo?

Fruncí el ceño, preguntándome si acaso insinuaba que yo era un hombre violento.

—Claro que no. —dije un poco ofendido— Jamás le he levantado una mano a ninguna mujer y no es algo que pase con regularidad, me refiero a la pesadilla. Solo desperté asustado, desorientado y con Alice casi sobre de mí. Solo paso un segundo antes de que reaccionara.

Asintió, sin rebatir ni una sola de mis palabras. Seguía con la mirada gacha, teclado en su tablet. No sabía que me ponía más nervioso, sí que me mirada o mantuviera su atención en aquel aparato, escribiendo todo lo que salía de mi boca. Me recordé internamente que esto lo hacía por Esme. Ella no se merecía tener a un inestable hijo en casa. Habida echo suficiente desastre con solo regresar a casa y poner la vida de todos de cabeza.

Mi incomodidad disminuyo en gran medida al ver como se quitaba los lentes, los dejaba de lado junto con la tablet y centraba toda su atención en mí. Dejos sus manos libres sobre los reposabrazos de la silla mullida y me miro con una sonrisa tranquila.

Me recordó un poco a mi maestra de literatura en el Instituto.

—Háblame de tus pesadillas.

La imagen terrible de Clarie permitiendo que se llevaran a nuestro hijo y haciéndome sangrar me hizo estremecer. Trague en seco y negué lentamente, no me sentía listo para hablar con nadie respecto a mi pesadilla o lo que significaba.

—Es difícil… más que difícil, es bastante complicado.

—Me gustan las cosas complicadas. —se inclinó hacia la mesa frente de ella, tomando una taza repleta de café.

—No quiero hablar de esta pesadilla.

—Uhm. —saboreo un poco de café y miro hacia el techo— Entonces no me hables de esta en específico. Hable de las demás, La que quieras y sobre todo, dime desde cuando comenzaste con estas pesadillas.

Me agradado que no me presionara y me permitirá hablar de lo que yo quisiera. Se suponía que de ahora en adelante seria mi psiquiatra, pero esperaba que ni ella ni mi familia pensaran que podía abrirme así de la nada. Ni siquiera sabía por dónde empezar. Me concentre en contestar su pregunta.

—Comenzaron después de terminar con Bella, pararon cuando me mude a Chicago y regresaron cuando mi esposa murió.

—¿Y quién es Bella? —me pregunto.

Dentro de mi mente busque la respuesta a su pregunta. Me perdí por un momento. Bella era tanto y tan poco en mi vida a la vez, que era difícil de explicar. Me concentre en darle la respuesta más concreta posible.

—Mi ex novia, la madre de mi hijo mayor, la tía de mi hijo menor y la hermana gemela de mi esposa muerta.

Examine la expresión de la doctora Cope en busca de algún cambio. Un signo de burla, sorpresa o… asco… ¿morbo quizás? Pero su rostro se mantuvo impasible, impenetrable y con la misma tranquilidad que lo definía desde que me había abierto la puerta de su consultorio para iniciar mi primera sesión de terapia con ella.

En cambio, una media sonrisa amigable nació en la comisura de su boca.

—Una mujer con muchos papeles en tu vida.

—Demasiados. —acepte.

—Bien, mencionaste que las pesadillas empezaron al dejar tu noviazgo con ella. Cuéntame sobre su relación.

Baje la mirada hacia mis manos, avergonzado de lo que estaba por contarle. No la historia de nuestro noviazgo, sino como había terminado. Le daría la historia corta y resumida. La pública. Probablemente no estaba bien mentir en consulta, pero si no protegía esa esencial parte de la historia y la doctora Cope se atrevía a hablar sobre ello fuera de este consultorio, muchas vidas serian destruidas. No que no confiara en ella o su ética, pero necesitaba asegurarme.

—Nos conocemos desde pequeños, nuestras madres fueron amigas años atrás en el Instituto. Se separaron y dejaron de ver por unos cuantos años, mi padre fue trasladado desde Chicago a Port Angeles. Mi padre es abogado y trabajaba para una institución privada de seguridad. —busque entre mis recuerdos. En realidad mis recuerdos eran bastantes confusos, aún era bastante pequeño cuando nos mudamos de Chicago— Algo salió un poco mal en una caso y papá se asustó, en realidad antes de eso mis padres ya deseaban ir a vivir a un lugar más tranquilo, o al menos eso nos ha dicho Esme.

—Continua. —me animo a seguir.

—Para el año en que cumplí siete años ya vivíamos en Forks. Renne y mi madre se rencontraron, intentaron continuar donde habían dejado la amistad y la familia Swan y Cullen se volvió extremadamente unida. Mi hermano Emmett, es tres años mayor que yo y tengo una hermana pequeña. Alice.

—Muy bien, déjame recapitular. Amigas de Instituto, se dejan de ver, ambas se casan, tu madre tiene dos hijos y si no estoy equivocada, Renne tiene simultáneamente un embarazo de gemelas.

—Así es. Navidades, cumpleaños, aniversarios… cualquier celebración la festejábamos juntos. Bella se volvió mi mejor amiga y su hermana, Clarie… era… también parte de nosotros, junto con mis hermanos.

—¿Cómo nace tu relación con Bella?

—Supongo que fue la convivencia de nuestras familias, nuestra amistad o algún absurdo juego del destino. Me enamore profundamente de ella y nos volvimos novios desde adolescentes, nuestra relación trascendió hasta el Instituto y esperábamos poder casarnos después de la Universidad.

Trague en seco. Todos nuestros planes, pulverizados a nada. Si las cosas hubieran ido mejor, muy probablemente ahora seriamos marido y mujer. ¿Pero acaso estaba bien arrepentirme? Mis errores eran míos y solo míos, pero sobre de mis errores, el duro camino que haba decidido recorrer en solitario me había llevado a una de las personitas que ahora conformaba una de las estepas más maravillosas de mi vida, la paternidad. Mi pequeño Max.

—Por lo que veo, una vida planeada.

—Sí, una vida planeada. —susurre. Mi mirada se paseó por las fotografías que la doctora Cope tenia colgadas en la pared hacia nuestra izquierda. Fotos y fotos adoraban de arriba abajo la pared, se veía como una mujer de familia. Me dolió el corazón ante la idea de saber que mi familia, nunca estaría realmente unidad.

Probablemente siempre seriamos solo Max y yo, y tal vez si Bella lo permitir, de vez en cuanto Thomas.

—¿Qué tal fue su relación? La tuya y la de Bella, quiero decir. —aclaro rápidamente, probablemente preocupada de que me saltara la parte más importante y me dirigiera directamente hasta Clarie.

Le concedí un poco más de la historia.

—Buena, bastante buena. Simplemente fue como agregarle un plus a nuestra amistad. Nos llevábamos estupendamente, teníamos planeas y sueños en común. Los problemas comenzaron mucho después, a principios de nuestro primer año de Instituto.

Hasta que jodi todo.

—¿Qué sucedió, Edward?

Un escalofrío me recorrió, flashbacks de Bella llorando con el rostro desencajado me llevaron al pasado, haciéndome tragar en seco. Mi corazón se oprimía cada vez que rememoraba aquellos momentos en los que me encargue de destruir la única cosa que me importaba en aquella época. Toda mi familia se compadecía de mí, creyendo que detrás de mi había una verdad que le otorgaría el perdón a todos mis pecados, creyendo que después de que yo hablara, mi conciencia quedaría tranquila. Lo que ellos ni nadie sospechaban es que yo mismo fui parte de todo. No merecía el perdón. En cambio, cada una de las cosas que me perseguían día y noche, los secretos y las pesadillas, solo eran el pago por mis decisiones.

Sin embargo, aún no me encontraba listo para hablar de ello y necesitaba que la doctora Cope lo comprendiera. Si apenas estaba concediendo la idea de contarle a Bella lo hechos que estuvieron detrás de nuestro rompimiento, no podía conceder abrirme a otra persona más. Ni siquiera Kate había logrado saber más de lo que ella misma averiguo por sus medios.

—Lo arruine. —deje salir una risa seca y dolorosa— Simplemente lo arruine.

Me dejo unos minutos libres mientas se ponía de pie y caminaba hacia su escritorio. Me pareció bien que no me presionara. La vi escribir, firmar y sacar un sello para membretar la hoja. Regreso con pasos lentos, pero aun así pude notar una leve cojera sobre pie izquierdo. Me pregunte si mi madre había sido tan persuasiva que la saco de casa en medio de alguna lesión o algo. Después de todo era fin de semana y la mayoría de consultorios privados no daban cita tan fácilmente en medio de un sábado.

Estiro el papel y me guiño un ojo.

—Para que puedas dormir con mayor tranquilidad.

Lo tome en mis manos, leyendo brevemente el nombre de los somníferos que me receto.

—¿Esto ahuyentara las pesadillas? —por favor diga que sí.

—Depende de cómo lo veas. —respondió.

—¿A qué se refiere?

—Es sencillo, Edward. Podría recetarte un frasco de esos una vez al mes y sentarme aquí, a escucharte y hacerte preguntas día a día. Me seguirías pagando lo mismo, mis honorarios no cambiarían. Pero no soy ese tipo de psiquiatra, soy diferente, para algunas personas grandiosa, para otras bastante criticables por mis métodos. Considero que lo tienes que saber antes de seguir con este proceso y que te dé cita para que vengas dos veces por semana, sin falta ni excusa alguna. Hablas conmigo, pero no te abres completamente. Me dejas comerme los bordes del postre, pero no el delicioso centro lleno de crema y chocolate. Y yo necesito el delicioso centro, porque sin el delicioso centro entonces no puedo trabajar sobre de tu problema. Dentro de estas paredes, puedes hacer y decir lo que quieras. Como si quieres gritar, llorar o guardar silencio mientras los sesenta minutos de la sesión corren. Nada nunca saldrá de aquí. Pero soy persistente y si me dejas, puedo ayudarte a aligerar tu carga. Si aceptas, podemos ir juntos de la mano por este difícil camino, sin embargo te presionare y te hare explotar, liberare tus más oscuros pensamientos y miedos, hasta llegar a lo que se esconde justo ahí. —apunto mi cabeza—Hay una razón por la que tu madre está dispuesta a confiarme a su hijo, soy la mejor en mi rango. Y por supuesto, —murmuro con humor— No cobro tan caro como el doctor Peterson, al otro lado de la calle.

Tomo el último trago de su taza de café y se puso de pie, alisando su falta. Estiro la mano

—Entonces ha sido un placer, señor Cullen. ¿Lo espero el próximo martes de la siguiente semana?

Examine sus ojos turquesas, sintiendo que tal vez había encontrado a una persona con la que realmente pudiera hablar de mis problemas sin que me tratara como el hijo prodigo, el novio infiel o el marido hijo de puta. Me puse de pie y guarde su receta en mi bolsillo derecho de mis jeans. Tome su mano y la estreche, era una amable y muy extraña mujer, pero por alguna también extraña razón, me agradaba. Le había prometido a mi madre antes de partir que intentaría abrirme a esta mujer, no parecía que fuera a ser fácil, pero tanto secretos y mentiras podrían mi alma. Estaba cansado de cagar con tantas cosas sobre mis hombros.

Asentí, tratando de esbozar una sonrisa amable.

—Por su puesto. Fue un gusto, doctora Cope.

—Llámame Marian, la señora Cope era mi suegra, una muy buena mujer, pero terriblemente mala con todas las esposas de sus seis hijos. —ladeo el rostro, dejando caer mi mano y dando un paso atrás— Y Edward, no temas, no soy tan mala como me veo, solo estoy aquí para ayudarte y escucharte.

Sentí un leve rubor recorrer mi cuello y mis mejillas. Ella rio y terminamos por despedirnos. Tome mi chaqueta del asiento trasero del sofá donde había estado sentado y partí hacia la puerta. Me puse mis zapatos —otra extraña regla sobre no zapatos dentro del consultorio— y antes de poder finalmente salir por completo de la oficina de la doctora Cope, ella volvió a hablar.

—¿Edward? Nunca dijiste como arruinaste las cosas con Bella.

Desde su silla mullida, pregunto. Ahora se encontraba sentada de nuevo, con ambas piernas cruzadas entre sí, la tablet en su mano izquierda y sus lentes de nuevo sobre su rostro, solo que esta vez sobre la punta de su nariz.

Cansado, me recosté sobre el marco de la puerta, antes de contestar a su pregunta.

—La gente piensa que la engañe de la peor manera, yo no lo rebato. Es mentira que le fui infiel con Clarie, a pesar de que nos encontró en su habitación, casi desnudos. La engañe de una peor manera. Le deje fuera de mi vida y fui un cobarde, creí que hacia lo correcto, para cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.

Marian Cope hizo un gesto de curiosidad, luego de sorpresa y por último, su máscara de tranquilidad volvió. Me pregunte cuantas cosas guardaba detrás de esa pantalla, si era cierta tanta tranquilidad y no solo un mascara hacia el mundo exterior, así como yo mantenía la mía todos los días. Partí sin decir nada más y cerré la puerta tras de mí. Creo que ambos sabíamos que no diría mucho más. La menuda secretaria me despidió con un silencioso asentimiento de cabeza, como si supiera que necesitaba mi espacio.

Salí a la calle y respire el aire frio de Seattle. Tal vez no me había abierto del todo, pero una pequeña, casi imperceptible de la pesadez que llevaba sobre mi espalda se aminoro.

Puse mi chaqueta sobre los hombros y saque, necesitaba una farmacia.

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Una hora después, Marcus me señalaba las ventajas de tener una oficina en el centro de Seattle. Era una buena idea, muy probablemente podría hacer que trajeran todas mis cosas de mi antigua oficina en Chicago y pedirle a mi madre que hiciera algo de su magia en ella. Me gustaba que fuera un espacio lo bastante abierto como para poder poner una pequeña área para Max y Thomas. Si las cosas iban bien y en algún momento necesitaba revisar algo sobre el trabajo, podría tenerlos en una pequeña área de la oficina, sin niñeras o guarderías. También eso se lo pediría a Esme, solo tenía que averiguar cómo hacer que me permitiera pagarle por el trabajo. No estaba dispuesto a que me regalara su trabajo, no importaba que fuera mi madre.

Me pasee por el gran ventanal que se abría de arriba abajo en una de las columnas, el edificio de oficinas tenía una buena vista de todo Seattle.

Lucia perfecta para vaciar mi cabeza y comenzar a trabajar de nuevo. No había revisado mi correo electrónico, pero me encontraba seguro que mi bandeja debía estar llena de correos. Dos proyectos en Chicago quedaron inconclusos. Me pregunte si Garrett había logrado mantenerlos por el mismo o tenía que llamarle para asegurarme.

Supuse que si él no me había llamado es porque me daba mi espacio. Bien, el espacio había terminado. Casi seis meses parecían haber sido suficientes.

Imagine un domo cuadrado dividiendo la mitad de la oficina, revestido de ventanales de arriba abajo con fibra de vidrio, con su propio clima y una plasma para que mis niños pudieran ver películas y caricaturas. Quería estar implicado en todo el proceso, desde la remodelación hasta la compra de todo lo que adornaría por dentro el domo. Antes de seguir soñando con los ojos abiertos, le pregunte sobre ello a Marcus.

—Carlisle no dijo nada sobre una remodelación. —se recargo sobre la pared, abriendo los laterales de su costoso traje. Metió las manos en sus bolsillos, su rolex de oro brillo en todo su esplendor. Era un hombre con estilo y lo bastante rico como para ser el dueño de la mitad de Seattle, y lo era—Pero confió en tu criterio y sé que harás de esta oficina algo más grande. La estructura de este edificio es resistente, aguantara cualquier remodelación mientras respetes las vigas principales. Si no es una indiscreción preguntar. ¿Qué tienes pensado?¿Hacer otra pequeña oficina… tal vez para una linda secretaria?

Resople. Toque las paredes, me gustaba el tono gris, pero de todos modos lo cambiaria algo más luminoso.

—Entre mis planes no está tener una aventura con una secretaria. En realidad pensaba en algo más propio. En un domo.

—¿Un domo? —pregunto extrañado.

—Un domo lo suficientemente grande para ser un cuarto de juegos para mis hijos.

Levanto las cejas sorprendido.

—¿Hijos? Vaya, según entendí solo tenías al pequeño Max.

—Las vueltas de la vida.

Finalizamos nuestra conversación no mucho después, tome algunas fotos y medidas. Lo necesario para darle a mi madre las especificaciones sobre lo que quería. Acordamos que me mandaría el contrato de renta por correo electrónico y con un suave apretón nos despedimos. Marcus me caí bien, a pesar de que tenía fama de don juan y había poseído más esposas de las que podía contar con los dedos de mis dos manos. Carlisle y el solían ser los mejores amigos, hasta que un día a Marcus se le ocurrió flirtear con Esme y la relación se fracturo un poco. Mi padre era un poco celoso, y dejo toda relación en lo estrictamente laboral. Sin embargo Marcus seguía portando a la altura, bailoteando a nuestro alrededor y asegurándose de nuestro bienestar. Carlisle le correspondía al ser su abogado de confianza, solo faltaba de un empujoncito para que todo volviera a la normalidad. De cualquier manera, su relación de no-amigos se parecía bastante a la de mejores amigos. Solo hacía falta que ambos vencieran el orgullo completamente y ambos se relajara completamente.

Un mensaje de parte de Alice entro en mi celular. Abrí el mensaje y sonreí, era una foto. Una foto sobre de Max profundamente dormido en su portabebé. Fruncí el ceño al localizar una bola de pelos bastante sospechosa a su lado. Moví el celular en todos los ángulos posibles, intentando decirle a mi mente que nos equivocábamos. ¿Es un perro? Las orejas, el hocico casi pegado a la mejilla de mi hijo y las cuatro patas, me confirmo que definitivamente sí.

Antes de encender el auto, llame a Alice.

—Alice al habla. —canturreo del otro lado de la línea.

—Alice… —advertí.

—Por favor. No me digas que no es adorable porque es… ¡Horriblemente adorable!

—Y está dormido exactamente a menos cero centímetros de mi hijo. —pare en un alto y me recargue sobre el asiento— ¿Cómo es que llego a casa?

Del otro lado de la línea, varios susurros se escucharon.

—Emmett. —recargue mi frente en el volante— Emmett sé que estás ahí. ¿Llevaste a ese chuco a casa?¿Con mi hijo?

Aleje el celular de mi oído cuando un chillido profundamente agudo salió de mi pequeña hermana. Tuve que tocarme el tímpano, preocupado de que mi odio dejara de funcionar. Maniobre en la carretera y puse el altavoz. Mejor anteponer una justa distancia antes de salir herido.

—Culpable. Culpable. —grito— Pero no es mío, hermanito. Ahora Lucky es de Max.

—Si Lucky o como quiera que se llame le pasa alguna infección a mi hijo, tu cabeza estar hundida en el fondo del inodoro en un santiamén, Emm. —amenace.

Colgué el teléfono antes de que pudiera responder y cruce la interestatal. El tráfico se veía más tranquilo y conducir hasta Forks me llevaría menos tiempo.

Bien, porque ahora mi hijo parecía amar a un Lucky o como quiera que se llame y yo, tenía que examinarlo. Más le valía a Emmett haberlo llevado antes a un veterinario. No lucia como un cachorro. Ya veía yo a mi hermano juntándolo de la calle, cautivado por sus lindos ojos o lindas orejas, pero ese era Emmett, tan suave como fuerte.

Otra llamada entro, conteste rápido, preocupado de seguir distrayéndome. Lo que menos necesitaba era accidentarme en la carretera. Me orille en la carretera antes de contestar.

La voz de mi madre me llamo.

—¿Edward?

—¿Mamá?¿Esta todo bien? Justo hace unos minutos colgué con Alice.

—Algo esta pasado con Thomas. Charlie llamo. —escuche el sonido de un auto ser encendido— Nos estamos moviendo para allá, cariño. Alguien ataco a Renne en su casa. Thomas se encuentra con ella. Charlie se está volviendo loco, pero está atendiendo un caso en Seattle y Bella tampoco está en la cuidad. Intentaron incluso contactar con James, pero no lo lograron. Tyler, un vecino, dio parte a la jefatura de policía.

—¿Quién los ataco? —pregunte frenético, en tanto, volví a encender el auto, pisando el acelerador hasta el fondo. Las llantas chillaron y yo di un volantazo para ponerme en camino.

El camino se hizo un borrón entre verde y marrón. No me importo. Necesitaba llegar lo más rápido posible hacia mi hijo.

Mi madre hablo rápidamente, maldiciendo entre dientes.

—¡Trata de no matarnos, Alice!

—Hago lo que puedo. —resoplo mi hermana del otro lado.

—¿Alice está conduciendo?

—No había nadie más en casa. Rosalie se quedó con Max, afortunadamente llego a casa justo cuando Charlie llamo. Emmett fue a revisar la administración de su negocio en Port Ángeles y tu padre lo acompaño. Oh, bien… —dejo salir un suspiro de alivio— Llegamos. Tengo a la vista a Renne y Thomas. Todo parece estar bien. Te dejo para que puedas conducir, cariño.

No me paso desapercibida la forma en la que mi madre evito mi pregunta. Apreté la mandíbula y lance el teléfono lejos, apretando mis dedos alrededor del volante hasta que mis nudillos se hicieron blancos.

Sea quien sea que se haya atrevido a poner sus sucias manos sobre mi hijo. Se arrepentiría.

El resto del camino trate de respirar profundo, de mitigar un poco la furia que bullía desde la boca de mi estómago hasta mi pecho, recorriendo mis extremidades y haciendo que mis dedos hormiguearan.

Cuando al fin deslumbre el letrero de daba la bienvenida a Forks, estaba fuera de control. Mi mente danzaba frenéticamente.

La casa de los Swan parecía casi impasible, sino fuera por las tres patrullas que se mantenían alrededor de la casa de color blanquecina. Me baje de un salto del auto y me adentre en el porche delantero. La primera vista que recibí fue la de Renne, lo que hizo saltar todas y cada una de mis alarmas. De alguna forma, mi subconsciente me dijo que a pesar de que yo había tratado de contener la mierda, está ya había asomado su cabeza.

Su largo cabello rubio, tan parecido al de Clarie era un asco. Enredado y con muchas manchas de barro y hojas secas de árbol. Sostenía sobre su pecho su mano izquierda, lucía un vestido florar, igual que siempre, solo que esta vez se lo adornaban manchas de barro y parecía algo desgarrado de la parte de abajo. Su rostro se encontraba cansado y sudoroso. Grandes ojeras se abrían paso de bajo de sus ojos y parecía haber envejecido por lo menos diez años.

La última vez que la vi, fue después de que se enterara de la muerte de Clarie.

Y aún tenía esa sensación en el pecho mientras la miraba, aun podía sentir la bilis subir por mi boca.

Si tuvo algo que ver con cualquier daño que sufriera mi hijo, la destrozaría.

Nuestros ojos se cruzaron por fin. Azul contra verde. Su rostro adquiriendo un color amarillento. Me alegre de que por lo menos supiera lo que mi presencia representaba, tan diferente a hace cinco años atrás. Cuando era un niño débil y enfermo, necesitado de un conejo. Nunca negaría mis errores, pero al menos estaba completamente seguro de tres cosas en mi vida.

La primera, había sido un imbécil al recurrir cinco años atrás a Renne, la segunda, ella se aprovechó de mi debilidad, utilizándome como una pieza para su sucio juego y la tercera y la más importante, me encanto ver el miedo en su mirada, porque esta era mi revancha.

Ahora yo tenía todo de mi lado, y estaría dispuesto a usarlo para proteger a las personas que amaba.

Su mano derecha subió hasta su cuello, en un signo claro de angustia. Me alegro eso, profundamente.

La voz de Alice me llamo, liberando a Renne de mi escrutinio y dejándola seguir con su conversación con los oficiales de policía. La busque con mi mirada y la encontré sentada en el sofá, mi pequeño se enredaba alrededor de ella con brazos y piernas, dejando su cabeza escondida entre su cuello y su cabello. Mi pecho dolió al verle, tan pequeño y desprotegido. Llegue al lado mi hermana en menos de un segundo, arrodillándome a su altura y pasando mi mano por el cobrizo cabello de mi hijo.

—Dios, dime que está bien. —le suplique.

—Se quedó dormido. No podía parar de llorar.

Mire a mi pequeño. Manchas largas e humedad se extendían por sus mejillas. La rabia volvió a bullir en mi cuerpo.

—¿Quién fue?

Alice dudo antes de hablar. Sus ojos revoloteando entre mí y a mis espaldas. Gire la cabeza y fulmine a Renne con mi mirada. Se mordía el labio interior con fuerza, mientras nos miraba con pánico.

—Dímelo. —le exigí, volviendo mi atención a Alice.

—Alec. —susurro tan bajo, que casi no la escuche.

De un salto me puse de pie. Esme se interpuso en mi camino un segundo después.

—Hijo. —trato de detenerme.

—La voy a matar. —gruñí— Cuando ponga mis manos en tu sucio cuello. ¡Te voy a matar!

Todo dentro de la pequeña sala de los Swan entro en un estado de latencia, la temperatura pareció aumentar unos buenos grados y a acepción de mis respiraciones agotadas, mi madre tratando de detenerme y Renne dejando salir un lloriqueo, todo se mantuvo en silencio.

Fui yo quien rompió el silencio.

—¡Pusiste en peligro a mi hijo!

Renne abrió sus ojos sorprendida. Antes de que pudiera rebatir, seguí hablando:

—Tu asqueroso amante se atrevió a acercarse a mi hijo. Dile al hijo de perra que se mantenga alejado. No te basto con destruir a Clarie, ahora arrastras a tu mierda a mi hijo.

—¡No tienes derecho a hablarme de esa forma y levantarme falsos! —respondió rápidamente, aunque un poco titubeante.

Era impactante, pero esta mujer se atrevía a insinuar que yo mentía. Las cosas se pusieron feas cuando hice a un lado a mi madre, y comencé a caminar en dirección a Renne. Uno de los policías a su lado la puso tras su espalda, levantando la mano.

—Le recomiendo que no se acerque.

—Jódase. —ladre— No voy a permitir que la sucia mujer que está ocultando a sus espaldas siga dañando a los míos.

—¿Los tuyos? —Renne se burló a sus espaldas, dejando salir una risa seca— Thomas no tiene que ver nada contigo, es mi nieto. ¿Tú tienes alguna forma de probar que tienes algún parentesco con él?

—¡Renne! —Esme a mis espaldas, trato de hacerla callar.

—Tu hijo viene a mi casa, me insulta e insinúa cosas absurdas sobre mí. No lo voy a soportar, menos cuando esta mañana ha sido la más terrible que he vivido. Alec es solo el ex novio de mi hija, estaba muy drogado y diciendo disparates, ¿es eso mi culpa? No.

Hice puños mis manos, aun mirándola sobre el hombro del policía.

—Eso no fue lo que Clarie pensaba. No te atrevas a manchar su memoria para limpiar tus mierdas.

—¿Mis mierdas? No me hagas reír, Edward Cullen. Y largo de mi casa. Ahora.

—Edward no se va.

A mis espaldas, Bella hablo. A su lado, James apretaba su hombro, dándole su apoyo silencioso. No era el único que la estaba pasando mal. Bella… lucia destrozada. Su maquillaje corrido, su blusa blanca de seda arrugada y expresión del rostro me dejaron helado. Algo más había pasado. Una pequeña venda alrededor de toda su mano derecha me dio una pista clara.

Joder, lo matare, juro que lo matare si se atrevió a llagar hasta ella.

—Ahora madre. Podrías explicarme porque, en medio de mi junta y tras una entrega falsa de un paquete, fui atacada por Alec. Y sobre todo, el porque me confeso, que había sido tu amante los últimos siete años. Y por qué… ¡Sobre todo! —grito, rompiéndose por fin. Dejo caer su maletín de trabajo, se zafo del agarre de James y comenzó a caminar hacia su madre a toda velocidad— Ese hijo de perra de burlo en mi cara de haber asustado a mi pequeño mocoso.

Todo el color y la burla dejo el rostro de Renne Swan. En cambio, dejo a una mujer lívida.

—Bella…

¡HABLA!

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"Lo guarde todo adentro y aun que lo intente, todo se vino abajo. Lo que significa para mí con el tiempo será un recuerdo de una época en la que lo intente tanto. Y llegue tan lejos. Pero al final ni siquiera importa. Tuve que caer para perderlo todo"

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Holaaaaa hermosas. Y tras, Bella si se enteró de lo que paso con Alec y como ven, ese hijo de su bendita madre la fue a buscar para burlarse en su cara. ¿Ustedes que creen? Ahora vemos que las amenazas de Alec no son vacías y si Bella se va a enterar de lo de Renne y Alec, ¿también tendrá Edward que hablar? En este capítulo podemos ver que existe una gran tensión entre Renne y Edward. Algo más paso allí, pero no se preocupen, muy pronto lo descubriremos. Lo que sí es verdad, es que cada vez nos vamos enterando de más cosas. Por cierto, no se me asusten por mi desaparición de casi dos semanas, es solo que estoy adelantando tareas y proyectos para vacaciones tenerlas cien por ciento libres y poder dedicarle más tiempo a la escribida. Tengo unas historiassssss, que sé que les van a encantar, estoy muy emocionada.

En fin, déjenme sabe sus opiniones en los reviews y recuerden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

PD: El siguiente capítulo es un POV Bella, para poder ver las cosas un poco desde su perspectiva.

PD2: Pueden mandarme solicitud en Facebook para estar enteradas de más cositas de las actualizaciones, historias y nuevas historias. Estoy como: Ariam Roberts.

Ariam. R.