Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


.

.

Twenty One Pilots – Heathers

Sentí unas pequeñas manos acariciar mis mejillas, bajar por mi cuello y finalmente, unos suaves labios besar cariñosamente mi mejilla. Yo estaba boca arriba, con un brazo dormido y un pie acalambrado, pero aun así solté una risita. Thomas me correspondió haciendo ruiditos extraños, moviendo la cama soltando un chillido cuando lo tomé entre mis brazos.

—¡No!¡Mami! —se retorció mientras yo trataba de hacerle cosquillas.

—Me despertaste, es el precio a pagar. —me burle.

James salió del baño en ese momento, con el pelo despeinado rubio y una pequeña mancha en la esquina de su boca.

—Guerra de cosquillas. —grito, haciéndonos chillar a mi hijo y a mí.

Thomas movió sus pequeños pies, jalándome de mi pijama en el proceso.

—No, mami. Ven colmiglo, te plotejele del moustlo.

Carcajeándome, vi como Thomas se levantaba y lanzaba una almohada en contra de James. Mi pequeño trato de escapar, brincando hacia mí. James soltó una risita, tomándolo de la cintura y levantándolo de la cama mientras le daba vueltas.

Aquello calentó mi corazón, recorriendo mis venas y haciéndome cosquillas en los dedos.

James era muy bueno con Thomas y sabía, que sería un excelente padre algún día. Ninguno de los dos creía en el matrimonio, así que no estaba en nuestros planes. Pero una familia... una familia definitivamente se encontraba en nuestros planes. Eso, si mis problemas se solucionan.

Mis problemas con nombre y apellido.

Los dejé jugar un rato, escuchando las risitas contentas de mi hijo.

Me metí en el baño y amarre mi cabello, tomándolo en una caleta baja. Recorrí con mis dedos las ojeras bajo mis ojos, el estrés me mataba lentamente. Necesitaba tranquilizarme antes del lunes, día en el hablaría con Edward. Desde nuestra llamada no podía parar de pensar, si no era un error acceder a hablar sobre nuestra situación. ¿Quería realmente saber? No, lo único que sabía con exactitud es que todo de lo que necesitaba asegurarme era del bienestar de Thomy. Mi pequeño niño. Se merecía más de lo que yo podía darle.

Si, Thomas me amaba. Y yo lo adoraba con mi vida, pero la ausencia de su padre, en el pequeño pueblo de Forks, era de dominio público. Algunas personas creían que era hijo de James, pero otras tantas más sabían lo que yo nunca negué, que era hijo de Edward Cullen.

Suspirando lave mi cara, intentando disipar un poco el tema de mi mente. Llegado el momento lo enfrentaría, por ahora era mejor concentrarme en el presente.

Thomas entró corriendo en el baño, impactando contra mis piernas.

—James dicle que si hacels panqleques —lo intento de nuevo— panqueqles...

Frunció el ceño, esforzándose por decirlo mejor.

—Panqueques. —le ayude.

—¡Eso! —chillo— Me déjala de hacel cosquillas. Puedes hacer panqueqles, mami. ¿Pueles?¿Pueles? ¿Pueles?

Me recargue en el lavabo.

—Con una condición.

—¿Cuál?

—Que le des otro beso de buenos días a mami.

—Eso es fácil, mami. —saltó hacia mis brazos, aferrando sus pequeños brazos a mi cuello para luego regar pequeños besos por todo mi rostro. Aferre sus dos piernas en mi cadera, preocupada con el hecho de que él era demasiado fuerte para su pequeña edad y yo demasiado despistada y falta de coordinación. Con un chillido me pidió bajar, avisando que me apresurara a bajar para poder hacer los panqueques juntos.

Lo dejé ir, no sin antes gritarle que tuviera cuidado al bajar las escaleras.

Tome simple ropa cómoda para hacer el desayuno. No necesitaba arreglarme hasta dentro de dos horas. Me metí dentro de unos jeans sueltos desgarrados de las rodillas, un suéter suelto gris y mis pantuflas.

Baje las escaleras mientras revisaba mis correos desde mi teléfono, mandándole a Leah la última actualización sobre nuestra junta en Seattle.

—No te voy a llevar al hospital. —canturreo James desde la parte de abajo.

Rodé los ojos, guardando mi celular en mi jeans.

Lo envidie un poco cuando lo mire. Lucia muy guapo en ropa formal y recién bañado. Mire mi ropa y levanté una ceja. Bueno, yo no lucía tan mal. Me espero en el último escalón, recibiéndome en sus brazos cuando le bese.

Sus labios me recibieron cariñosos, probando mi sabor poco a poco. Su lengua invadió mi boca lentamente, haciéndome soltar un gemido bajo en el proceso.

Él soltó una risa, aferrando mis caderas.

—Dios, eres irresistible.

—... o tu muy débil.

—Me declaró culpable. —acepto, besando mi frente—¿Estas lista para hoy?

—Sí. Hablar con Renne, ir a mi junta en Seattle y una noche de compras. —reí— Se escucha realmente estupendo.

—Tal vez después de las compras podamos divertirnos un poco. —movió sus cejas sugestivamente.

—Dalo por hecho.

Nos separamos, no sin antes tomarnos de las manos. Juntos caminamos hacia la cocina. Thomas me miró con ojos soñadores arriba del banco más alto de la encimera, con un pequeño mandil y gorrito de cocinero vistiéndolo. James me gruño un ojo, mientras caminaba hacia la cafetera.

—¿Esta listo, señor Chef?

Asintió con entusiasmo, rebotando en su asiento una y otra vez. Los siguientes veinticinco minutos intentamos hacer panqueques, entre risas, cosquillas y chillidos.

.

.

Mire el tablero de mi auto, chequeando una vez más la hora. Tenía por lo menos dos una hora para llegar a Seattle, y estaba justo en camino hacia la casa de mi madre.

Thomas cantaba bajito desde la parte de atrás del auto, abrazado firmemente a su gigante peluche de Bob Esponja. Mi corazón se calentó al verle así de tranquilo, solo disfrutando del camino y sentando. Todo lo que un niño debía de tener. Por ahora. Pronto, en menos de unos meses entraría al preescolar e iniciaría una nueva etapa. La guardería ya no sería suficiente para salvaguardarlo de las habladurías de Forks. Había hablado con Ángela sobre ello, y con Kate, y con James. Lo mejor sería darle de una vez por todo un cierre a mi historia con Edward y darle de una vez por todas una patada en el trasero al pasado. Después y aun que me costara trabajo aceptarlo, Edward podría ocupar el lugar que le correspondía en la vida de Thomas.

Estacione el auto en la entrada de la casa.

Thomas comenzó a revolverse, intentando quitarse el cinturón para bajarse del auto.

—Espera, espera, espera. —le calme, regalándole una mirada de mami— ¿Qué te he dicho sobre bajar del auto?

—Que es peligroso. Lo siento, mami. —se disculpó.

—Eso es, cariño. —tome mi bolso y su mochila, poniéndomelos sobre el hombro y bajando del auto. Abrí su lado de la puerta en la parte trasera, trabajando sobre el cinturón de seguridad. Thomas espero pacientemente a que cerrara la puerta y le pusiera la alarma al auto, después tomo mi mano.

Chico listo.

Justos caminamos por el porche. Antes de llegar a la puerta, Renne salió.

—Pero mira que grande estas. —le abrió los brazos a Thomas.

Mi pequeño corrió hacia ella, haciendo un abrazo de tres, si contábamos a Bob Esponja que seguir firmemente tomado entre su brazo izquierdo.

—Pero mira a quien tenemos aquí. ¿No nos presentas? —le pregunto mientras todos entrabamos en la casa.

—Él es el señol Esponja, es mi peluche favolito y mami me pelmitió tráelo polque ayel comi todas mis verduras.

—¿Es eso verdad? —Renne me pregunto, siguiendo el juego.

—Absolutamente. —corrobore.

—Entonces, eso tal vez amerite un helado de chocolate por la tarde. Ahora, ¿por qué no vas hacia la sala mientras te preparo un desayuno tardío, cariño?

—Esta ben, pero que lo sean panqleques, ya comi suficientes panqueqles. —Thomas murmuro.

—Lo tomare en cuenta.

Thomas ladeo la cabeza, tomando más firmemente a su gigante peluche mientras iba a la sala de estar de mis padres. Renne se acercó a mí, besándome la mejilla. Le correspondí el saludo, a pesar de que algo de tensión aún era palpable todavía. A veces pensaba la sensación nunca sería capaz de irse del todo.

—¿Cómo estas, nena?

Me encogí de hombros, pasando mi peso de un pie a otro.

—Bien, las cosas están en su camino.

Ella hizo un gesto extraño.

—¿Quieres un poco de café antes de marcharte?

—Eso estaría bien.

Ambas nos dirigimos a la cocina, pensé que así estaba bien, al menos lo suficiente alejado de Thomas para poder hablarle a Renne sobre mi decisión de al fin hablar con Edward.

—¿Y papá?

—Salió a primera hora de la mañana, últimamente está trabajando muchísimo. Algo de una banda que se dedica a robar negocios locales en Port Angeles, Raff pidió su ayuda.

Note un leve tinte de ironía en su voz.

—¿Qué sucede? —pregunte.

—¿Cuándo fue la última vez que oíste de una banda robando Port Angeles? —resoplo, sirviéndome un poco de café en una taza. Me lo tendió y se giró, removiendo los trastes de una alacena.

—Bueno… papá no sería capaz de engañarte.

—Ya lo hizo una vez. Y con la persona menos indicada. ¿Qué tal está Alice Cullen?

Su pregunta me tomo desprevenida. Mi madre no solía mencionar a Alice tan abiertamente. Supuse que de algún modo, los últimos meses habían removido más que mi vida. Sin embargo, hablar con mi madre sobre la infidelidad de Charlie no era mi tema favorito para hablar. Aun después de que los años ya habían pasado, seguía siendo un tema difícil de procesar para mí. Alice y Charlie juntos, era como algo totalmente irreal.

—Esta. —no di más detalles.

Mi madre se quedó inmóvil de espaldas a mí, perdida en sus pensamientos.

—¿Puedes quedarte con Thomas esta noche? —no me contesto, en cambio, siguió mirando hacia afuera— ¿Mamá?

—Lo siento, cariño. —se disculpó—Estaba algo distraída.

La mire con curiosidad, dividida entre preguntar o no directamente sobre ella y mi padre. Su relación era… extraña, por decirlo menos. ¿Cómo mi madre pudo perdonarle después de su infidelidad? Nunca lo comprendí. Su capacidad de perdonar un día me dijo boquiabierta, porque mientras ella había decidido seguir con su matrimonio y perdonar a mi padre, yo no fui capaz de hacerlo. Cuando aquello paso, se lo adjudique a los años de amor y sacrificios en un matrimonio, después de todo Edward y yo éramos demasiado jóvenes. Ahora, después de tres años de relación con James, aún seguía segura de que a pesar de todo lo que le amara, nunca le perdonaría una infidelidad.

Para mí, el final de una relación era cuando decidías ir en busca de otra persona, a sabiendas que tienes a alguien a tu lado que puede salir terriblemente lastimado.

Al final, decidí no quedarme con las ganas de preguntar. Especialmente porque estaba por darle una oportunidad a Edward sobre nuestro hijo e inevitable, Alice era su hermana y por lo tanto, la tía de Thomas.

—¿Está todo bien? Me refiero a papá y a ti. Sé que las cosas han estado un poco tensas entre ustedes. Me gustaría que si algo pasa… —me encogí de hombros— ustedes no sientan la necesidad de ocultármelo.

Mi madre lo pensó un poco, en tanto, comenzó a moverse automáticamente.

—Todo está bien entre Charlie y yo. —me movió nervosamente por su respuesta, no creyéndole del todo. ¿Realmente debía traer el tema de Edward? Me debatí entre hablar y no. Al final, decidí que sí, había cosas que simplemente no se podían retrasar y el lunes estaba a la vuelta de la esquina.

—Yo he… h-he… —los nervios me hicieron titubear. Suspire frustrada— James y yo hemos hablado durante estos días.

—¿Y? —me animo a continuar.

—Es extraño, pero parece querer convencerme de darle una oportunidad a Edward. —arqueo una ceja— Respecto a Thomas, por supuesto. —aclare rápidamente— Pronto serán fechas importantes en familia. James cree que puede ser un buen momento para dejar que Thomas conviva de nuevo con la familia de Edward y así, poco a poco, ir introduciendo las novedades a Thomy.

—¿Qué tan segura estas de hacer eso?

Me perdí un poco en su pregunta.

—¿De qué hablas?

—No veo porque James puede tener alguna decisión sobre la vida de Thomas. La decisión es tuya, no de él.

Me molesto un poco el tono de su voz y la forma en la que se refirió a James. Si, tal vez James no engendro a Thomas, pero había estado ahí, firme y fuerte como el gran hombre y compañero de vida que era para mí. Apoyándome en mis peores y mejores momentos. A lo largo de nuestra relación nunca había intentado ocupar un lugar como el padre de Thomas, él sabía que ya tenía un padre, en algún lugar en Chicago, pero lo tenía. En cambio, se dedicó a cultivar su relación con mi hijo, creando una relación llena de confianza, amistad y un profundo cariño.

—Es mi novio. —increpe. ¿Qué acaso la gente no podía ver más allá de sus narices? Comenzaba a creer que nadie respetaría lo suficiente mi relación con James sin un papel y un anillo de por medio.

Que se jodan.

—No es el padre de Thomas.

—No, no lo es, pero ha estado ahí cuando más lo he necesitado. No es como si pudiera sacarlo de la jugada así de fácil. Lo que yo decida sobre la vida de Thomas y la mía, tarde o temprano tendrá un efecto sobre mi relación con James, y por lo tanto, considero que debe ser partícipe de cualquier decisión que yo tome.

La expresión de Renne se suavizo.

—Si eso es lo que sientes que deberías hacer, cariño. Tu padre y yo estamos dispuestos a apoyarte en lo que necesites.

—¿Incluso si eso… trae a colación a Alice?

—Alice no vive aquí. —murmuro.

—No sé si eso se mantendrá, —dije dudosa— con el regreso de Edward y la buena relación que tienen. Posiblemente se traslade a vivir aquí permanentemente.

—Forks es su hogar, Bella. —su tono tranquilo deshizo los nudos de mi estómago. Bajando mi preocupación. Pero si ahora parecía tan a gusto respecto a Alice, ¿Por qué dudaba de las partidas de mi padre hacia Port Angeles? Estúpida de mí, pensé para mis adentros. Como si Alice fuera la única mujer disponible en todo Washington. ¿Acaso mi madre sospechaba o sabía que Charlie tenía otra amante? Muy dentro de mí rogué porque mi padre no fuera a poner en riesgo de nuevo su matrimonio— Esme estará feliz de que Alice vuelva a casa.

—No quiero que resultes lastimada, mamá.

—Creo que aquí la prioridad es el bienestar de Thomas, lo demás sale sobrado.

Deje ir toda mi tensión finalmente, dejando salir una leve sonrisa de lado y agradeciendo que mi madre pensara de esa forma. No podría seguir con mis planes si de por medio estaba la felicidad de mi familia.

—Gracias. —tome un poco del café que ni siquiera había tocado— Es perfecto. Entonces, ¿si puedes quedarte con Thomas esta noche?

—Por supuesto.

—Estupendo. —saque mi teléfono de mis pantalones formales y lo puse sobre mi oreja— Llamare a James.

Me aleje de la cocina, pasando por un lado de Thomas y revolviendo su cabello. Le guiñe un ojo al salir al porche trasero, feliz de verlo tan a gusto viendo las caricaturas matutinas.

—¿Si?

—Mamá dijo que sí. Tenemos noche libre para ir a comprar los regalos de navidad de Thomas.

—Eso es fantástico. —dijo del otro lado de la línea— Sera una noche estupenda.

La ternura me inundo, solo el podía emocionarse sobre ir a varias tiendas en busca de los juguetes perfectos para navidad. Sin embargo, ninguno de los dos sabía cuántas consecuencias traería realmente esa noche.

—No más de cinco regalos. —le recordé,

—No puedes hablar en serio. —se quejó.

—Pruébame.

Se rio, resoplando.

—Ya lo he hecho en realidad, un sin número de veces.

—¡James! —solté un chillido, sintiendo mi rostro sonrojarse.

.

.

Gruñí internamente al bajar el auto, cubriendo mi cabeza con mi bolso. La lluvia se había soltado mientras venia camino a Seattle, haciendo que mi camino se retrasara por lo menos media hora más. Mire en reloj por enésima vez mientras entraba a NewMoon.

Resople un poco enojada al entrar al elevador. Mis tacones chapoteaban como si fueran un par de chancletas mojadas. Respire hasta diez, agradecida de siempre tener unos de respuesta en mi oficina.

Al salir del elevador, Leah me miro boquiabierta del otro lado de su escritorio.

—Estas más mojada que yo en toda mi luna de miel con Sam.

—Ha-ha. —pase a su lado, abriendo la puerta de mi oficina— No es divertido, Leah. En vez de burlarte, ven aquí y ayúdame. Soy un desastre y faltan diez minutos para la junta con Carmen.

—Carme te ama. —dijo cuando entro a mi oficina y comenzaba a rebuscar en el pequeño closet que se encontraba en el baño de mi oficina— ¿Qué necesitas?

—Solo un par de tacones. Los blancos negros estarán bien.

—Aquí tienes, jefa. —me los entrego, llevándose consigo los mojados.

—Por eso es que eres mi asistente. —comencé a ponerme de nuevo zapatos.

Asomo su cabeza por la puerta.

—Por eso y por lo sexy que estoy.

—Leah.

—… o eso dice Sam. —salió del baño y se cruzó de brazos— ¿Qué tal tú? Tienes una mejor apariencia que la de todo el mes pasado.

—Estoy mejor. —me puse de pie y fui a mi escritorio, sacando de mi maletín todos los papeles necesarios para Carmen. La tenía conmigo. Por dentro, quería saltar como una niña pequeña. Carmen era una semi nueva escritora afamada en Nueva York. Había sacado dos libros, y faltaba el último, desde hacía cinco años. Aquello tenía a sus fans como locos, deseosos de saber más sobre los protagonistas de su historia. Ahora Carmen había decidido regresar a los estantes, y nada más que conmigo.

Deje salir una sonrisita.

—Me encanta verte feliz. —Leah se rio— Apuesto que es porque estas a punto de poner tus garras sobre Carmen.

—No te equivocas. —puse los papeles minuciosamente acomodados en un carpeta y la puse de bajo de mi brazo— Esto nos dará una gran visibilidad como editorial.

—Y que lo digas. Su nuevo libro está buenísimo, te amare todos los días de mi vida por habérmelo conseguido.

—Lo que sea por mi chica.

Diez minutos después llego Carmen Smith. Con su metro ochenta, estilizada figura y cabellera negra parecía más una modelo que una escritora. Pero los estereotipos eran eso, meros estereotipos. Carmen era originaria de Texas, había vivido y estudiado literatura en Nueva York, donde publico sus primeros dos libros, y luego se trasladado a Chicago, allí vivió un par de años. Nunca hablaba mucho de su vida en Chicago o el por qué ya no pudo seguir escribiendo después de mudarse ahí. Yo respetaba su silencio respecto al tema, después de todo Chicago no era una ciudad que a mi me trajera muy buenos recuerdos también.

Cuando nos conocimos, por medio de algunos contactos, congeniamos muy bien y nos volvimos amigas, sin embargo siempre me gustaba mantener las cosas profesionales en la oficina.

—Bienvenida señorita Smith.

—Bella… —me beso la mejilla y sonrió— Deja de decirme señorita Smith. Es solo Carmen. Tanto formalismo me pone nerviosa.

Con un gesto divertido, la guie hacia la oficina de juntas. Entre dientes, murmure ofendida:

—Déjame mantener mi profesionalismo.

—Tonterías. —contesto al entrar a la sala. Esta estaba adornada de colores claros, con una gran mesa redonda al centro y muchas sillas a su alrededor. Tomo un asiento y dejo sus cosas mientras se quitaba el saco, el cual estaba adornado de algunas manchas oscuras. Asumí que no era la única que fue sido atacada por la lluvia— La lluvia está fatal afuera.

—Totalmente de acuerdo. —tome asiento y comencé a repartir los papeles por toda la mesa— ¿Estas lista?

—Lo que sea por sacar ese libro de una vez por todas. Mis fans están como locos desde que se anunció el lanzamiento del nuevo libro. Temo que un día me vea metida en un linchamiento o algo parecido. —bromeo.

Me recargue en el asiento, disfrutando de su broma. Nuestra conservación siempre era así de ligera.

—Sera toda una bomba.

—Ya lo creo.

Nos pusimos manos a la obra, desmenuzando detalle a detalle cómo se llevaría a cabo la impresión, el diseño, la edición y finalmente la preventa y venta de su libro. Pactamos que la preventa se daría únicamente en librerías NewMoon, para luego cumplir con nuestros contractos de afiliación y repartirlo a las demás librerías.

Le mostré un sin número de diseños hechos por nuestros mejores diseñadores, seleccionando uno a uno el tipo de letra, portada y el breve resumen que daríamos del libro en la contraportada.

Al menos duramos así otra media hora, mientras dábamos finiquito a pequeños detalles.

Leah entro con un par de cafés casi hacia el final de la junta.

—Hora de un descanso para mis chicas.

Carmen recibió gustosa el café, saboreándolo al primer sorbo. Eso hacia Leah, encantar a todos con su café.

—Si me agradaras tanto, Bella. Leah ya sería mía.

Me atragante un poco con mi café. La imagen mental de Carmen y Leah en una relación lesbiana me provoco una risa divertida.

—No sabía que deseabas de ese modo a Leah.

Carmen se sonrojo, luciendo avergonzada. Yo tenía un tiempo sospechándolo. A falta de esposo, hijos y una vida muy privada. Carmen no compartía mucho sobre su vida, pero al hacernos tan cercanas pequeños detalles habían salido a la luz de una manera u otra.

—Estaré encantada. —respondió Leah, guiñándole un ojo.

Carmen dejo salir una risa, luciendo menos abochornada.

El sonido del teléfono de la oficina irrumpió nuestra pequeña broma privada. Leah se levantó de un salto.

Carmen me miro con la duda escrita en su rostro.

—¿Así que lo sabes?

Me encogí de hombros, quitándole importancia al asunto.

—Es tu vida, Carmen. No tienes por qué darle explicaciones a nadie. —puse una mano sobre las suyas en señal de apoyo. Ella asintió, sin agregar nada más.

Leah regreso con el teléfono pegado a la oreja, tenía el ceño fruncido y parecía bastante confundida.

—¿Jefa? Tienes un paquete especial en la puerta. Algo de una entrega totalmente personal.

Resople, seguro era James y alguna sorpresa que me tenía. Me pregunte por qué no lo menciono, me imagine que había tenido que morderse la lengua toda la mañana para no darme una pista. A la misma vez era un poco extraño, ninguna fecha especian se encontraba cerca.

—Bajare en seguida. —me puse de pie, alisando mi pantalón— Mientras, Carmen y tu pueden ponerse de acuerdo sobre su cita.

Carmen soltó un ruidito extraño, haciendo carcajear a Leah.

Baje por el ascensor hasta el último piso, saludando a algunos de los empleados a mi paso. Un tipo de sensación extraña se instaló en mi estómago, pero de una muy mala manera. Pensé en llamar a James antes de ir por el paquete, pero revisando la hora, debía estar en consulta. Intente disipar la sensación por mí misma, pero esta no hizo más que aumentar. Pase mi tarjeta de seguridad por la puerta, antes de salir y mirar hacia la entrada. Un hombre se encontraba de espaldas en la calle. Era alto y vestía totalmente de negro por lo poco que veía, y por alguna horrible razón, se me hizo conocido.

Cuando se giró, mis sospechas se confirmaron. Era Alec y su expresión no era la mejor. Su expresión era dura y letal, con el rostro pálido y la mandíbula remarcada. Sus ojos me miraron de vuelta, desorbitados, dilatados y llenos de una frialdad que toco hasta lo más profundo de mí ser.

Esta drogado.

Instintivamente di un paso hacia atrás, impactada de verle después de tantos años. ¿Qué quería?¿Por qué estaba aquí?

Su careta de frialdad se vio rota cuando observo fijamente mis movimientos. En cambio, la furia la remplazo. Una vena gruesa de su cuello salto, hizo puños las manos e hizo un gesto con la boca, casi luciendo como un felino a punto de atacar.

Antes de que me diera cuenta, comenzó a dirigirse hacia mí.

Se paró, invadiendo totalmente mi espacio personal. Su actitud era totalmente intimidante. Fácilmente note que trataba de asustarme. Mis manos sudaron ante su cercanía, la adrenalina corrió por mi sistema y todos los vellos de mi cuerpo se erizaron, entrando en modo supervivencia. Alec solía ser un veneno para Clarie. Llevándola por los lugares, personas y situaciones más oscuras. El metió la mierda en mi hermana y ella nunca se pudo recuperar. No estaba dispuesta a mostrarle ni una décima de miedo a pesar de que mi corazón latía desbocado dentro de mi pecho.

Bella, Bella. Bella Swan. —Pronuncio mi nombre en una frase burlona— Tan cojonuda como siempre.

Apreté mis manos en puños, exigiéndome internamente no titubear.

—¿Qué mierda, Alec? Creí que para este entonces, ya estarías muerto en alguna zanja de un riachuelo cualquiera.

Sus ojos brillaron, denotando una diversión oscura.

—Eso te gustaría, ¿no?

Ladee mi rostro, dejando salir una expresión inocente.

—Hay cosas que no se pueden negar.

—Perra.

—Eso no es nada nuevo. Ahora. Largo de aquí. No sé lo que quieras conmigo, pero no tengo absolutamente nada que hablar contigo, pedazo de escoria.

Me gire sobre mi misma después de escupir las palabras en su cara, dispuesta a volver sobre mi camino y no tener que verle la cara nunca más. Sin embargo su mano me impidió moverme, tomando mi muñeca y jalándome hacia él. Mi cadera impacto con la suya, haciéndome soltar un jadeo. Sus ásperos dedos afirmaron su agarre, provocando que mi estómago se revolviera.

—No tan rápido. —hablo sobre mi oído con su asqueroso aliento a alcohol directo en mi mejilla— Uhh. —aspiro sobre ella— Hueles muy, muy bien,

—Hijo de perra. —grite cuando sentí su mano bajar, tratando de tocar mi seno derecho. No le permitiría tocarme. Con todas las fuerzas de mi pequeño cuerpo sobre el suyo, hinque mi codo hacia atrás, impactando en sus costillas. Mi pie izquierdo busco el suyo al mismo tiempo, pisándole. El aire salió de su cuerpo por el impacto de los golpes, haciendo que su cuerpo se arqueara hacia delante. Cambie la dirección de mi codo entonces, impactando contra el tabique de su nariz.

La sangre proveniente de ella mancho mi hombro. No me importo.

—Eres una puta, igual que la zorra de tu madre y tu hermana. ¿No es divertido? —su agarre se mantuvo sobre mí, pero esta vez cubriendo mis brazos, preocupado de que volviera a usarlos en su contra. No lo podía negar, era duro. Aun así, yo seguía siendo la hija de un policía. Aguarde pacientemente, haciéndole creer que me tenía atrapada. Recordé las palabras de mi padre: "Cuando te crean más vulnerable, entonces ellos se hacen más débiles, se distraen y fallan. Es ahí cuando tu creces, Bells. Cuando puedes aprovechar su debilidad, la debilidad que creen que han descubierto en ti, para usarla en su contra."—Me folle a tu hermana, me folle a tu madre, quizás, es hora de que complete mi colección.

Apreté los dientes cuando se restregó contra mi trasero.

—Hijo de puta mentiroso. —murmure entre dientes— No te atrevas a mencionar a mi madre y saca de tu vocabulario a mi hermana.

—Uh. —ajusto el agarre sobre mis brazos, empujándome sobre su pecho— La linda Bella Swan. Bella la que perdona a su hermana, Bella la que no puede odiar a nadie, Bella la engañada, la zorra, la madre soltera, ¿Así que eres capaz de todo? Toma esto… —se burló— me he follado a tu madre en todas las posiciones habidas y por haber, incluso en su propia cama, la misma en la que duerme con tu padre todas las noches. —me quede inmóvil, escuchando sus palabras. No. No. No podía ser cierto. Estaba mintiendo. Tratando de engañarme— La conocí hace diez años y la comencé a follar hace siete. Me acerque a su hija, también la hice mía, y aun así, la seguí follando.

Me seguí negando a creer alguna de sus palabras.

—Sigues mintiendo, no te voy a creer ni una mierda de lo que dices.

Me giro con brusquedad, tomando todavía mis muñecas en sus manos. Vi las puntas de mis dedos comenzar a ponerse blancas, provocado por la falta de sangre. Jadee del dolor, pero no de las manos, sino de lo que salía por su boca.

Su mirada no era otra que una llena de odio.

—¡Claro que es cierto! Odiaba ser su amante, lo odie siempre. Ser su segundo plato, su pequeño secreto mientras ella tenía una familia esperando en casa. Una a la que se me negó la entrada. Prometió que se divorciaría pero en cambio continuo con tu padre y con esa farsa que llaman matrimonio, por eso me acerque a Clarie, por eso la enamore y la folle hasta enloquecerla. Renne y todos ustedes se merecían sentir mi dolor, saber lo duro que es ver a alguien que amas elegir a otra por encima de ti. Clarie me eligió una y otra vez, dándole la espalda a su familia. Solo la convertí en un reflejo de lo que yo era. Le enseñe tan bien, que termino por robarte a Cullen.

Miles de recuerdos de mi hermana destrozada, mi hermana drogada, una mujer que ya no era mi hermana ocupando el lugar de la dulce niña que un día había sido. El alcohol, las drogas, las fiestas desenfrenadas y la muerte de sus ilusiones más bellas. Podía creer todo, pero no que mi madre era capaz de ver a su hija morir en vida. Y después ella fue a por mí, destruyendo mi vida con la suya.

Un sollozo se escapó de pecho.

—Eso es, rómpete. Quiero ver todo lo que ella ama morir. Espere tantos años y ella nunca jamás fue capaz de verme. Ver al hombre que la ama.

—Tú sabes lo que es el amor. —murmure por lo bajo.

—¿Y tú sí? No me hagas reír —soltó una de mis muñecas, limpiando con su dedo índice una lagrima que había bajado por mi mejilla. En un gesto perverso, se la llevo a la boca. Era como si saboreara mi dolor. — ¿A dónde te ha llevado el amor, Bella Swan? Por amor a tu hermana, fuiste capaz de dejar ir al hombre que amabas, por amor a tu abuela, te marchaste lejos, dejándole libre el camino a Clarie. Tu amor, solo te llevo a descubrir al amor de tu vida cogiéndose a tu copia barata. Por el amor a los demás, eres una mujer completamente vacía. Tan vacía como yo.

Le mire regocijarse en mi dolor, observando con lastima como creía que con unas simples palabras había logrado hacerme. Si mi vida fuera de las veces que unas simples palabras o un hecho doloroso me hubiera destruido, hoy yo estaría muerta. Charlie tenía razón la primera vez que me dio clases sobre defensa personal. Él se creía un ser el dominante, creía que porque tenía sus sucias manos sobre mí y su aliento acariciando mi cara podía doblegarme. Creía que podía venir y susurrarme cosas al odio y entonces yo caería como una muñeca de porcelana.

Si era cierto lo de mi madre, ya lo averiguaría más tarde. Yo no vivía mi pasado, pero el sí. Si, el amor me llevo por los lugares más oscuros, pero también los más maravillosos de mi vida.

Con una risa seca, le regrese la mirada. Los segundos se convirtieron en minutos cuando moví mi cabeza, impactando contra su rostro. El sonoro sonido de hueso con hueso lleno mis oídos.

Se tapó con una mano la nariz destrozada, gritando algo que termino por sacar a la bestia en mí.

—¡Eres igual de estúpida que tu maldito mocoso llorón!

Un segundo después mi mano impacto contra su mandíbula, mandando un latigazo de profundo dolor por mi hombro pero mandándolo a él directo al piso. Me doble sobre mi cuerpo, protegiendo mi mano. Todas las alarmas se prendieron en mi cabeza. Mi hijo. Thomas. Juraba por dios que si se atrevió a tocarlo lo destrozaría.

Todas las piezas de mi cabeza embonaron. Era cierto, mi madre era su amante. ¿Cómo más me podía explicar que el pudiera tener algún contacto con Thomas?

Entre sollozos me deje caer al piso, dolorida no solo físicamente, también emocionalmente. Los ruidos a mí alrededor se difuminaron, sin realmente tomar forma. Me vi llena de gente a mí alrededor, con una mujer hablando por teléfono y la voz de Leah de fondo. Sentí como me trasladaron hacia una silla y como alguien tocaba mi mejilla. Fui consiente de todo y a la vez de nada.

Mi mente no hacía más que divagar en cosas sin sentido. Imágenes aleatorias llenaban mi mente como una mala película de mi vida. Una comedia. Una comedia donde todos mentían, engañaban y guardaban secretos. Donde mi hermana fue víctima de nuestra propia madre y yo una víctima de mi propia hermana. Una comedia llena de terribles noches de dolor, mientras mi hijo no nacido estaba en mi vientre y su padre ni siquiera sabía de su existencia. De pesadillas oscuras y lúgubres, cuando creí que nunca más podría volver amar. Todo por lo que había tenido que pasar para llegar hasta aquí.

Nuestra propia madre.

Mis ojos miraron todo y a la vez nada.

Con ojos llenos de lágrimas enfoque a Leah. Su desencajado rostro y su mueca preocupada.

—¡Bella!¡Bella!

—Tengo que ir a casa.

—Al fin. ¡Reaccionó!¡Reaccionó! —le grito a alguien en alguna parte— Oh Dios. Te llevaremos al hospital, Bella. Nunca debí dejar que bajaras tu sola por ese estúpido paquete, no sé en qué estaba pensando. Soy una imbécil, tienes que despedirme. Cuando no me di cuenta que bajabas… cuando vi a ese hombre casi sobre de ti y luego tú le pegaste… fui demasiado lenta, demasiado estúpida… pero lo van a buscar y lo van a encontrar, sí que le diste un buen puñetazo en ese feo rostro…

Thomas.

Puse una mano sobre mi boca, saboreando el sabor de la sangre. Un tic que solía tener mientras estaba embarazada de Thomas, cuando mi mente escapaba de la realidad y me mandaba a las profundidades de mi mente. Esto se sentía exactamente como mi peor pesadilla. Antes de que Leah siguiera derramando su verborrea sobre mí, tome su mano y la apreté entre las mías. No fui nada delicada en mi agarre.

—Bella…

—Cállate y llama a James. Solo dile esto: Thomas está en peligro y de alguna manera, Alce ha logrado llegar a él. Olvida lo de alguna manera. —pase mi lengua sobre mis resecos labios— Se exactamente como ese hijo de puta llego a mi hijo.

—Está bien, llamar a James, llamar a James. —se puso de mi rápidamente, dejándome en medio de un tumulto de gente mirándome. No me sentí nada avergonzada por ser el centro de atención por primera vez en mi vida, lo único que llenaba mi mente era Thomas y el inminente peligro en el que yo misma lo había puesto por ser una tonta inclusa.

Renne me debía muchas explicaciones y no pararía hasta obtenerlas. Y juro que si algo le pasaba a Thomas, la haría pagar con cada gota de su miserable sangre, la misma que corría por mis venas.

.

.

"Bienvenido a la habitación de la gente que tienen habitaciones de personas que amaron un día, encerrados lejos, solo porque revisamos las armas en la puerta, no significa que nuestros cerebros dejen de ser granadas de mano. Vas a amar al psicópata sentado a tu lado. Vas a amar al asesino sentado a tu lado"

.

.

Holaaaaaa, hermosas. Hahahaha, la que se le va armar a Renee. Solo que eso necesitamos que sea desde el punto de vista de Edward, para que las cosas se desarrollen mejor y al fin Bella descubra lo que su bella madre le lleva ocultando unos buenos años. Una vez escuche que nuestras acciones provocan grandes consecuencias sobre la vida de otros y aunque a veces no sea nuestra intención, terminamos afectando a quien más amamos. Tomen nota de Carmen, ¿no se les hace curioso que viviera en Chicago al igual que Edward? Esta bomba esta como a dos minutos de explotar. Por cierto, sé que muchas son Team James y otras Team Edward. No sé si deban elegir un Team, puesto que tal vez ni siquiera sea necesario. Como quiera que sea nos acercamos al clímax de la historia y después, el final. Sé que muchas tiene dudas sobre la muerte de Clarie y muy pronto vamos a saber con exactitud qué fue lo que paso. En fin, gracias por leerme y darme la oportunidad de robar un pequeño tiempo de sus días.

Leo sus reviews y recuerden que #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook / ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109 /