Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
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Måns Zelmerlöw – Mirror
Forks Washington, Mayo 2000
Renne no tardo en ocuparse de todo, quitándome un gran peso de encima sobre los hombros, en cambio, Clarie se alejó de mí.
Todo comenzó desde la noche que la deje a solas con Renne, y aunque se encargaba de seguir manteniendo nuestra pantalla frente a mi doctor, y ahora Renne le había agregado bastante credibilidad a nuestra historia, podía sentir su frialdad hacia mí calándome los huesos.
Ella era mi mejor amiga… y por algún motivo, ya ni siquiera soportaba estar cerca de mí. Pero entre más se alejaba Clarie, pude crear un camino hacia Bella las últimas dos semanas.
No faltaba mucho para la graduación, tan solo unos cuantos meses, y para mi marcha a Phoenix según lo establecido al plan. Cuando eso pasara, estaba decidido a no volver hasta superar el cáncer. No volvería a casa en vacaciones y definitivamente las visitas serian limitadas, o incluso esperaba poder anularlas, porque el que Bella tuviera que repetir el último año mientras yo pasaba por todo mi tratamiento, me abría un mundo de posibilidades.
No quería que ella viera en la porquería que mi cuerpo se había convertido. En el gran esfuerzo que me costaba no vomitar, en cómo me veía mientras una crisis epiléptica atacaba mi cerebro, a pesar de que estos últimos se habían reducido gracias al medicamento, al igual que las hemorragias nasales.
Bella merecía un hombre, no un arremedo de ser humano, analice en tanto me cambiaba frente al espejo.
Pase la mano sobre mi huesudo pecho, tragando es seco, preguntándome como podría ocultar esto por más meses.
Definitivamente necesitaba crear una barrera física entre Bella y yo, aunque uno de mis pocos consuelos era poder demostrarle lo mucho que le amaba, adoraba y deseaba a través de nuestros cuerpos, no podía seguir permitiendo que tuviera acceso libre a mi cuerpo.
Tan observadora como era, ya había mencionado un par de veces mi pérdida de peso.
Le dije que era estrés, pero desde entonces era más cuidadoso con la ropa que me ponía. Trataba de usar camisas holgadas y gruesas, casi siempre acompañadas por chaquetas y gorros.
Por lo menos el cabello no se me estaba cayendo, al menos no pasaría, hasta que comenzara oficialmente las quimioterapias y radiación después de mi cirugía.
Enojado conmigo mismo, y el reflejo del espejo, saque mi camisa y la tire en la esquina de mi habitación.
—Jodida enfermedad. —susurre por lo bajo— Jodido cuerpo.
Me senté sobre mi cama y puse mi cabeza entre mis manos, tratando de relajarme. El doctor me advirtió sobre lo que el estrés le hacía a mi cerebro, podía provocar más crisis o hemorragias.
Desde que Clarie no estaba a mi lado, las cosas eran más difíciles.
Renne ayudaba, pero ella solo era un medio por el que yo quería conseguir poder salir victorioso de todas estas mentiras que había construido a mí alrededor para poder salir de Forks y enfrentarme cara a cara con el maldito cáncer.
Abrí y cerré los ojos, relajándome. La idea rondándome de llamar a Clarie, por si acaso esta vez sí me contestaba.
¿Por qué se había alejado? ¿Por qué me dejaba cuando más nos necesitábamos el uno al otro? ¿Cómo estaba yendo su embarazo? Faltaba poco para que diera a luz, podía pasar en cualquier momento ¿Qué fue lo que paso aquella noche en esa habitación? Tantas preguntas y tan pocas respuestas.
Saque mi teléfono de mis jeans, pasándolo de una mano a otra.
Ansioso conmigo mismo, al fin lo prendí y entre a mis contactos, paseando mi dedo sobre el nombre de Clarie Swan.
La contestadora salto al instante.
"Hola, soy Clarie Swan. Por el momento estoy ocupada o alguna porquería así, no llames más, te devolveré la llamada, o tal vez no. Buena vida, perras"
Seguro ni siquiera se había acordado de cambiarla.
Eso me hizo sonreír.
Algunas veces extrañaba su yo brabucona y toda oscura. Sin embargo, el cambio que vino después del embarazo, era indescriptible. Ella no era exactamente como Bella, en todo caso, a pesar de que las personas pasaron gran parte de su vida pidiéndole que se pareciera un poco más a ella, Clarie tenía su propia personalidad amable, cariñosa y un poco o mucho gruñona.
Llame una vez más, solo para poder escuchar la grabación de nuevo.
"Hola, soy Clarie Swan. Por el momento estoy ocupada o alguna porquería asi, no llames más, te devolveré la llamada, o tal vez no. Buena vida, perras"
Y lo hice otra vez.
"Hola, soy Clarie Swan. Por el momento estoy ocupada o alguna porquería asi, no llames más, te devolveré la llamada, o tal vez no. Buena vida, perras"
Y una vez más.
"Hola, soy Clarie Swan. Por el momento estoy ocupada o alguna porquería asi, no llames más, te devolveré la llamada, o tal vez no. Buena vida, perras"
A la última, al fin me atreví a dejar un mensaje.
—Escucha, solo llámame. Clarie… —dije suplicante— No sé porque estas tan molesta o porque ya no contestas mis llamadas, o porque ya no quieres que me acerque más y haces de todo para evitarme. pero por favor, habla conmigo. Tomare todo lo que me digas. No puedo… —el nudo de mi garganta me dificulto seguir hablando— No puedo hacerlo sin ti. El cáncer me ha quitado tantas cosas, no puedo perderte a ti también.
Colgué con eso último, esperando que por lo menos escuchara el mensaje antes de borrarlo. Si no lo hacía, aprovecharía mi última revisión médica y la presionaría hasta que me diera las respuestas que necesito.
Revise la hora, antes de ponerme de pie de un salto, tanto como podía ahora que mi coordinación definitivamente no ayudaba en nada e intente esconder toda la mierda de mi habitación.
Saque otra camisa, una de cuello de tortuga que usaba antes solamente para cuando Emmett y yo íbamos a hacer montañismo a La Push. La metí sobre mi cabeza, pasando los dedos por mi cabello, al menos esta camisa que quedaba mejor que la anterior, haciéndome ver las decente y menos flacucho.
Continúe con mi baño, poniendo toda la basura en bolsas negras, continúe con mi cuarto y me asegure que la caja de mis medicinas estuviera bien escondida bajo la cama.
Tendí la cama por último, y repase con un último vistazo antes de salir, por lo menos mi habitación lucia más decente.
Al bajar las escaleras escuche la puerta ser cerrada con un fuerte portazo. Alice subió volando por la escalera, tanto como su pequeña altura se lo permitía. Su cabeza se encontraba gacha, claramente llorando.
—¿Alice? —pregunte.
Ella no me hizo caso y continúo subiendo entre sollozos.
—Alice. —la tome del brazo, soltando la bolsa de basura de mis manos.
—¡¿Qué?! —grito hacia mí, completamente furiosa.
Sus ojos llamearon.
—¿Qué te sucede?
—Nada que te importe. —intento zafar su brazo de mi agarre.
No comprendí su enojo hacia mí.
—Este bien, estas molesta. ¿Puedo hacer algo para ayudarte? Alice, eres mi hermana pequeña. Soy tu hermano mayor, puedes hablar conmigo, cariño.
Dejo salir un par de risas secas.
Observe su rostro, tan pedido como era, y sus ojos, en los que la luz que veía desde hace unas semanas se había extinguido.
Alice lo había estado llevando mal, la adolescencia quiero decir.
Se volvió rebelde, grosera y evasiva hacia cualquier acercamiento que cualquiera de nosotros quiera hacer.
Al único que le permitir acercarse era a Emmett, pero desde que este pasaba más tiempo en Port Angeles que en casa, Alice se portaba muy grosera con él. Emmett termino por rendirse con el tiempo, diciéndole que cuando se le pasara la etapa, le llamara.
Yo pensaba lo mismo, y solo trataba de mantener un ojo sobre ella, tanto como podía ahora que la mierda me llegaba hasta el cuello.
Mis padres, por otro lado. Carlisle se la pasaba trabajando, lo cual no era nada malo, tratando de cada día poner en más alto el nombre del despacho Cullen y asociados. Esme era quien más lo intentaba con Alice, siguiéndola de cerca lo más que pudiera, mientras mi hermana se lo permitiera. Cuando no sucedía y Esme perdía la paciencia, hasta los cimientos de la casa temblaban.
Mamá y Alice poseían un carácter bastante parecido, por lo cual cuando la una retaba a la otra, no se avecinaba nada bueno.
Pero las cosas empezaron a mejorar según mi percepción, cuando Alice dejo las fiestas, sus amistades de mierda y su humor mejoro considerablemente.
Hasta ahora.
—¿Ahora te importa, Edward? —me reclamo— ¿Acaso no tienes que ocuparte de tus dos putas Swan?
—Alice. —apreté mis labios, conteniéndome por sus palabras.
—Tengo razón. —zafo su brazo de mi agarre. No hice nada para detenerla, con esa actitud, no había mucho que yo pudiera hacer— Esas dos perras arruinan todo lo que tocan, son crueles y no puedo imaginar como las puedes soportar. Las odio. ¡Las odio! Han destruido lo único bueno que me quedaba…
Tapo su rostro con las manos y subió los últimos escalones encerrándose en su habitación.
Me pase la mano por el cuello, tratando de dejar ir la tensión. ¿Por qué parecía tan enojada con Bella y Clarie? Siempre creí que tenía un poco de celos por ellas, pero no creí que a través de los años, el sentimiento se siguiera manteniendo.
Volví a por la bolsa que deje caer y la puse en los contenedores al costado de la casa.
El camino de grava resonó a mis espaldas.
Bella dio un salto fuera de su camioneta, sacando su bolso y cerrando la puerta del piloto con el pie.
Paso la mano por el costado de su largo cabello castaño, frunciendo un poco el ceño. Pareció quedarse absorta en algo, porque por un minuto no se movió.
Me dedique a observarla, alimentándome de lo bonita que era.
Su rostro en forma de corazón tenía ese leve rubor que siempre lo acompañaba, sus labios se encontraban fruncidos en una leve mueca, con su labio superior formando un arco más marcado, ella hacia eso, cuando algo la tenía pensando demasiado.
El cabello le caía sobre los hombros, hasta llegarle a medio pecho, este se posaba sobre el tejido de su mullido suéter gris de tejido, usaba pantalones negros ajustados y botas blancas militares para la lluvia.
Mi corazón revoloteo dentro de mi pecho, tal como siempre lo hacía desde siempre que se encontraba cerca de mí.
Avance hasta ella, hasta quedar frente a frente.
Su mirada seguía perdida, navegando en algún ligar de su mente.
Pase la mano delante de su cara.
—Tierra llamado a Bella.
Ella salto asustada.
—¿Estas tratando de matarme de un infarto, novio? —me pregunto enfurruñada, cruzándose de brazos.
—Solo cuando te pierdes tanto en tu mente como para no notar mi bella presencia, novia. —la tome de la cintura, besando su frente— ¿Estas bien?
—Sí, es solo que… uh... —titubeo un poco— Eh…
Mire sobre sus hombros a las llantas de su auto. Todas manchadas de barro. Lo que resultaba extraño cuando todo Forks se encontraba pavimentado y el camino hacia mi casa era de grava. Por algún motivo, llamó mi atención.
—¿Has subido a alguna parte?
Ella se giró, aun entre mis brazos.
—Uh, ¿las llantas? Sí. —ella asintió rápidamente— He ido por la mañana a hacer un poco de senderismo con Clarie.
—¿Con Clarie? —indague un poco más.
No me lo creía. ¿Clarie haciendo senderismo cuando en pocos días daría a luz? Su cuerpo no le ayudaría mucho a la actividad, cuando hasta subir unas simples escaleras le costaba trabajo ya.
Por algún motivo, Bella me mentía.
—Sí, ¿puedes creerlo?
Fruncí un poco la boca alzando las cejas.
—Realmente no.
—Pues mira tú. —se alzó de hombros— Quiere perder algo de peso, algo asi me dijo. No lo sé, sabes cómo es Clarie cuando se le mete algo en la cabeza, nadie puede detenerla, pero le he dicho que será la última vez, que mejor deje de saltarse las clases de deporte en el instituto en vez de arrastrarme a mí a caminar por las montañas a primera hora en la mañana.
Sí.
Definitivamente Bella me está mintiendo.
—Muy desconsiderado de su parte.
—Esa es mi hermana.
—Ya lo creo. —lo dejaría pasar, por el momento— ¿Entramos?
Ella paso las manos por sus brazos.
—Sí, creo que me estoy congelando un poco.
—Ven aquí. —la atraje más hacia mi cuerpo, besando sus labios— Te daré todo el calor que ocupas.
Volví a besar sus labios unas cuantas veces más antes de poner mi brazo sobre su hombro y caminar hacia la puerta.
—¿Qué quieres hacer? —me pregunto, mientras subíamos las escaleras lentamente.
Bese su mejilla.
—¿Te apetece ver una película?
—¿Orgullo y prejuicio?
—Lo que quieras, cariño.
Se giró hacia mí en el último escalón, ganando altura y quedando a mi nivel. Sus ojos bailaron con diversión, sus mejillas sonrojándose.
—¿Lo que quiera? —pude entrever la punta de su lengua sobre su labio inferior.
—Lo que quieras.
Ella suspiro, dejando salir el aire lentamente.
—Puede que quiera más cosas de las que piensas.
—Puede que pueda cumplir alguna de ellas. —die simplemente, lo que era verdad, al menos hasta que me marchara de Forks.
Saque el pensamiento de mi mente inmediatamente. Todo lo que tenía que hacer estos últimos meses era disfrutar del tiempo que me quedaba con Bella. Me aferraría a ella tanto como pudiera, hasta que el cáncer me obligara a tomar un vuelo a Phoenix y dejarla de ver por no sé cuánto tiempo.
—Me pediste un baile.
La mire confuso.
—Si… —dije tentativamente.
Me perdí un poco.
—Pero faltan al menos un par de meses para el baile de graduación, eso sin contar que iría como tu invitada y no como una graduada más, lo que me alegra, pero también es un poco triste.
Levante mi mano y acogí su mejilla. Ella puso su mano sobre la mía, besando mi palma.
Si la vida me lo permitir, tomaría un avión hacia aquí el próximo año, la tomarla de la mano y llevarla a su propio baile de graduación. Un año. Oh, por favor. Un año debía ser suficiente para poder regresar a sus brazos. No importa, me enfrentaría contra lo que sea con tal de volver hacia ella.
—No estés triste, bebé.
Ella bajo la mirada, sus hombros bajando con ella.
—Te voy a extrañar tanto.
La acerque más a mí, subiendo al escalón sobre el que ella estaba. Bella escondió su cara en mi pecho, aspirando mi aroma. La tome en brazos más fuertemente, urgiéndola para que pusiera sus piernas alrededor de mis caderas. Puse mis manos a través de su pequeño trasero y nos lleve a mi habitación.
Cerré la puerta nuestras espaldas, poniendo su espalda contra ella.
Tome el mentón de Bella, y la guie hacia mis labios, saboreando su sabor. Fui gentil, y lento, y trate de que supiera que a pesar de todo, a pesar de cualquier cosa, no importaba, si ella estaba aquí y yo en Phoenix, no superaríamos.
Lo hicimos una vez, y aunque deseaba con todas mis fuerzas no volverle a dejar, esta vez no podía hacer nada por evitarlo.
Trate de darle un poco de consuelo a través de mis besos. Y no pude evitar que el toque de sus caricias curara mi maltrecha alma.
Acepte sus manos sobre mis hombros, y sus pequeños dedos trabajando sobre mi cuello. Deje que guiara sobre mi sus movimientos, que quitara mi camisa y acariciará mi pecho. No renegué du toque sobre mi piel y no quise dejarla. Mire sus ojos chocolates, no queriendo romper la conexión nunca.
Explore los pliegues de su rostro y la textura de sus pestañas. Sentí el cosquille que la recorrió cuando mis labios exploraron su cuello, su pecho, y la punta rosada que conformaba su pezón.
Y si alguna vez pensé que podía evitar hacer el amor con Bella, estaba tan, tan, tan equivocado.
Aquella única cosa, aquella única conexión, era todo lo que yo nunca le negaría en el mundo.
Porque pasara lo que pasara, yo siempre seria suyo.
Nos desprendimos de toda la ropa, dejándola regada por la habitación. Ella se adueñó de mi cuerpo, gobernando sobre mis movimientos y sonidos. Cada jadeo, cada gruñido, cada siseo, cada palabra de amor, todo ello se lo regale.
En cambio, ella hizo lo mismo conmigo. Nos amamos a plena luz, viéndonos el uno al otro con lo único más verdadero que nosotros mismos: nuestro amor.
Ella se convirtió en un tirante arco, cuando penetre en ella con candentes embestidas.
Escondí mi rostro en su cuello, mientras mis manos subían por su espalda, tratando de fundarme dentro de su cuerpo.
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—Cuéntame sobre el instituto. —me pidió, lamiéndose de los labios un poco de chocolate.
Estábamos todavía en la cama, con la luz del crepúsculo filtrándose por la ventana de la habitación. La luz daba directamente contra el cabello chocolate de Bella, dándole unos tintes rojizos.
Acabábamos de pasar toda una tarde haciendo el amor, y aun asi ella lucia perfecta.
—No hay mucho que contar. —me encogí de hombros, comiendo una cucharada más de helado de chocolate y estirando un poco más hacia ella.
Ella abrió su pequeña boca, tomándolo.
Lo saboreo un poco, antes de volver a hablar.
—¿Qué hay sobre el baile de Jessica?
Me reí, incapaz de agentarme.
—Claro que te iba a mandar una invitación.
—Claro que sí. —me respondió.
Metí en mi boca otra cucharada de helado.
—¿Qué hay con eso? —le entregue el bote de helado y limpie mis manos con una servilleta. No sirvió de mucho para la porquería pegajosa que dejaba el helado después de secarse— Ya sabes como es. Tratando de demostrar el nuevo dinero que tiene su papá cada año. Es absurdo tener un baile pre-graduación. Sobre todo, un baile de disfraces.
Bella se recargo sobre las almohadas pensativa.
—Sé cómo es Jessica, y aunque en años anteriores me parecía algo ridículo, creo que este he cambiado de opinión.
Me tendí a su lado, acomodando mi cabeza sobre una mano y jugueteando con mis dedos en las puntas de su cabello.
—¿Por qué?
—No quiero parecer como una tonta adolescente insegura, pero probablemente sean nuestros últimos bailes. El siguiente año, estarás sobre el final de tu primer año en la universidad. Tal vez para entonces, los bailes te parezcan ridículos.
Supuse que si había un poco de inseguridad sobre ella.
La comprendía.
Antes, cuando ella se marchó a Los Angeles para poder cuidar de la abuela Marie, yo me sentía igual de inseguro. Preguntándome como seria nuestra relación después de que ella volviera a Forks después de estar en una de las ciudades más sorprendentes y glamurosas de los Estados Unidos, incluso me llegue a plantear la posibilidad de que la abuela Marie se recuperara y Bella no quiera volver a Forks y decidiera quedarse en Los Angeles para poder pasar más tiempo con Marie. Me preocupo que por la lejanía, nuestra relación se estuviera enfriando. Me pregunte si de pronto, ella no se había dado cuenta de que podía conocer muchas cosas más fuera de Forks.
Por mucho que no quisiera, o me repitiera a mí mismo que lo mejor era dejarla para poderme ir a Phoenix, que ella estaría mejor sin mí, sabía muy dentro de mí que me estaba mintiendo.
Tal vez Bella no tuviera que parar por verme superar al cáncer con todos sus altibajos, pero sí tendría que sufrir las consecuencias de nuestra lejanía. Porque, mientras que ella en Los Angeles tenía algo que ocupaba todos sus pensamientos —la abuela Marie— ahora tendría que ser ella la que se quedara aquí y me viera a mí partir.
Una vez leí por ahí que nunca sabes que tan grande es el amor que sientes por otra persona hasta que estás dispuesto a sacrificarte a ti mismo por esa persona.
La cosa es que… es inevitable que Bella sufra también.
Al menos puedo esforzarme por darle todo lo que está a mi mano.
—Todo lo que tenga que ver contigo. —tome su mano y la bese, necesitando de alguna manera tocarla— Nunca. Escúchame bien, Bella. Nunca me parecerá ridículo. ¿Dejarte e irme a Phoenix? Es la cosa más difícil que voy a tener que hacer. Sin embargo, lo voy a hacer por nosotros. Por nuestro futuro. —volví a besar su mano, esta vez cerrando los ojos. Estaba por hacer algo que me prometí a mí mismo no hacer. Hacerle promesas. Porque por las que quisiera, ¿cómo podía asegurarme de que tendría el tiempo para cumplirlas? ¿De que el cáncer no terminaría por quitare todo, hasta la vida? Contra todos esas preguntas sin respuesta, me atreví a hacerlo de todos modos— Lo hare. Lo prometo. Vendré. Y te veré en un bonito vestido, y te llevare al ridículo baile de Jessica y te llevare al de graduación. Y luego tomaremos todas tus cosas, y te llevare conmigo, y tomaremos un avión a Phoenix, y te ayudare a instalarte en nuestro apartamento, y nunca jamás te dejare ir.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Dejo el bote de helado en la mesita de noche, escabulléndose hasta estar sobre mí y dejar pequeños besos sobre todo mi rostro.
Cerré los ojos, disfrutando.
—¿Para siempre? —dijo bajito, casi imperceptible.
—Para siempre.
—¿Podemos empezar ya mismo? —murmuro con entusiasmó, sacándome de la dulce nube en la que me encontraba.
Gemí consternado.
—Dime que no estás hablando sobre lo que creo que estás hablando.
Me picoteo las costillas. Aquello mando un poco de dolor a mi cuerpo, pero no me importo.
Ignore la sensación y sonreí.
—Estoy hablando muy en serio. Vamos, rayito de sol. No seas gruñón. Me pondré un lindo vestido y bailare toda la noche.
Abarque toda su espalda con mis manos, arrastrándolas hasta sus caderas.
—¿Un muy lindo vestido?
—Uno muy lindo. Te gustara. Y si te portas bien. —se rio divertida— Dejare que me lo quites esa noche.
—Pero es de disfraces la cosa esta.
—Podemos vestirnos como queramos. Bien, quiero ser una novia totalmente enamorada de su novio usando un bonito vestido. —beso mi mejilla— Quiero verte usar un esmoquin.
Apreté su estrecho cuerpo entre mis manos.
Me gustaba eso, verla sonreír y bromear. Hacerme propuestas indecorosas e insinuantes. Haría cualquier cosa, con tal de mantener aquello para siempre.
—Vaya, señorita Swan. Parece ser que tiene todo planeado.
Tintineo un poco con su lengua.
—Puede ser. No me puedes juzgar por no poder soportar hasta la graduación.
—¿Estas segura? Jessica puede ser un poco intesta, estoy segura que hasta dará una fiesta.
—Iremos a esa también. —respondí mordaz, alzando el mentón.
No me pude resistir, y lo tome entre mis dientes. Ella chillo, manoteando y riendo.
—Te estas aprovechando. —apreté un poco más con mis dientes— ¡Edward!
Solté la piel, bajando por toda su mandíbula. Baje por su cuello perfecto y mordí entre la piel de su cuello y su hombro.
—¡¿Estás haciéndome un chupetón?! —chillo.
—Uh-uh. —murmure, aun dejando mi marca sobre su pálida piel.
Ella cedió.
Las pequeñas risas convirtiéndose en gemidos y pequeños jadeos. La deje estar, hasta que tuve suficiente.
Me aleje un poco, viendo lo que mis dientes hicieron. La pequeña marca roja brillaba en todo su esplendor.
—La quiero a la vista. Un trato es un trato.
—¿Qué es esto?¿Un trueque? —ella apretó los labios, aguantado una sonrisa.
Le di la mía, la torcida que le encantaba.
—Algún día, te hare usar algo más que mi marca. ¿Qué te parece mi apellido?
Esta vez hizo algo más que sonreír o sonrojarse, un estremecimiento la recorrió de pies a cabeza.
—Bella Cullen.
—Bella Cullen. —repetí yo, venerando como sonaba en mis labios.
—Algún día.
—Algún día. —puse un beso sobre mi marca en su cuello— No sé cuándo, no sé cómo. Pero algún día, serás mi esposa.
—Lo estaré esperando. —puso su mano sobre mi cuello, llenado mi cabeza sobre la suya. Nos besamos, como por millonésima vez aquel día— Ahora, tenemos un baile al que asistir mañana.
—Sera divertido.
—Estoy segura de eso.
Nos entretuvimos, besándonos un poco más y conversando. Trate de grabarme cada uno de sus gestos y palabras, asustado de que el cáncer me arrebatara también eso. No estaba muy seguro, pero esta cosa que se aguardaba en mi cerebro. A veces tenía miedo de que fuera afectada aun parte verdaderamente importante, algo que fuera irreparable.
—Llamare a Renne, me quedare contigo esta noche.
Tendría que escaparme para tomar mis medicamentos, pero si, no podía querer otra cosa más que tenerla conmigo toda una noche.
—Está bien.
—Pero creo que primero me duchare, ¿puedes prestarme una camisa?
Puse un brazo bajo mi cabeza, mirándola engreído.
—Puedes dormir desnuda.
Manoteo mi pecho, separándose de mí y llevándose la sabana con ella. Me erguí con ella, un poco incómodo porque mi cuerpo estuviera a la vista. Si ella hacia otro comentaría sobre mi aspecto más delgado…
—Eres de lo peor. —negó, tomando su camino hacia mi baño.
Me di una palmadita interna por haberlo limpiado antes de que ella llegara.
Me quede absorto mirándole, hasta que desapareció completamente y cerró la puerta a sus espaldas. Fue la vibración de mi celular la que me saco de mi ensoñación.
Lo tome, revisando el mensaje de texto que había entrado.
CS, se leía a primera vista. Lo abrí rápidamente, seguro que era Clarie.
"Deja de llamar y de dejar mensajes, si quisiera hablar contigo, los respondería. No puedo Edward, en serio, tengo cosas más importantes con las que lidiar" —C.S.
Le respondí rápidamente, rogando para que todavía estuviera por allí.
"No lo entiendo el por qué estás tan molesta" —E.C.
"No lo estoy, es sol que estoy cansada. Estoy a punto de parir, Edward. Y tengo muchas cosas que arreglar" —C.S.
"¿Qué cosas?" —E.C.
"No es de tu incumbencia" —C.S.
"¿Clarie? Respóndeme." Mire hacia la el baño, el sonido de la ducha se escuchaba claramente "Responde" —E.C.
No lo hizo. Espere un poco más.
Pero pasaron cinco minuto, luego diez, quince y veinte.
Hasta que Bella salió de baño envuelta en una toalla y me encontró en medio de la cama, semidesnudo y con el teléfono en mis manos.
—¿Amor? —se recargo sobre el filo de la puerta— ¿Está todo bien?
Sacudí mi cabeza, tratando de disipar la mala sensación que me dejo el mensaje de Clarie. Algo me decía que las cosas no iban bien, que algo estaba yendo realmente mal.
Solo así podía explicar que de un día para otro me sacara así de su vida. ¿Y si algo estaba pasando con Anne?
Intente calmarme y mejorar mi expresión. Si podía escabullirme unos minutos, podría hablar con Clarie. Deseaba tanto decirle la verdad a Bella, pero el secreto de Clarie no era el mío. Hasta que ella si lo quisiera, nadie podía saber de la existencia de Anne.
—Sí, es solo Carlisle. Me pidió que revisara unos documentos en su oficina y le pasara algunos datos. Aprovechare para bajar y ver que podemos cenar. ¿Está bien? —pedí perdón internamente, por mentirle descaradamente.
—Perfecto, novio. No te preocupes. —camino hacia mi armario.
La vista de su cuerpo salpicado con pequeñas gotas de agua me dieron ganas de volver a tomarla en mis brazos. Por ahora, solo me puse unos pantaloncillos cortos y mi antigua camisa de cuello de tortuga.
Deje un beso en su frente y después de tomar el bote de helado medio vacío que dejamos, salí de la habitación.
Salude a mi madre con un asentimiento, mientras ella me regalaba una sonrisa. Alce estaba sobre su regazo, profundamente dormida.
—¿Esta mejor? —susurre, seguro de que mamá también se había dado cuenta de que algo seducía con Alice.
Esme bajo el volumen de la televisión, donde estaban pasando su programa favorito. Friends.
—Algo así. Llegue a casa y la escuche llorar. Desde entonces se ha refugiado en mis brazos, pero no me ha querido decir que sucede.
Me incline sobre el sofá, mirando el rostro delicado de mi hermana menor.
—También llego por la mañana muy afectada. Intente hablar con ella, pero también la vi muy agitada.
—¿Te dijo algo?
—Algunas cosas, pero confusas. Cosas que preferiría no repetir. —le pedí.
—Lo lamento si te hirió, cariño. Sabes que cuando Alice está enojada…
—Suele hablar sin pensar. —termine por ella. De todos modos, creía al igual que mi madre, que Alice no había querido decirme realmente todo eso sobre Bella o Clarie. Simplemente estaba ofuscada, demasiado enojada para pensar con claridad, y como fui la primera persona que se encontró por el camino, se descaro contra mí.
—No lo hizo. —dije—Sé que está pasando por momentos difíciles, así que no lo tomo mucho en cuenta.
Esme acaricio el rostro de Alice, mirándole con adoración.
—Ella nos ama, solamente que está pasando por momento muy difíciles. Es dura la transición, entre ser una chica y una mujer. Estoy segura de que pronto mejorara.
—Estoy seguro de ello. —dije. Aunque en el fondo sabía que yo no estaría aquí para verlo.
Mi madre apago la televisión cuando pasaron los créditos de capitulo que estaba viendo. Me dio una mirada y una sonrisa de a-mi-no-puedes-esconderme-nada.
Si ella supiera.
—¿Bella se quedara?
—¿Cómo sabes… ?
—Su auto está afuera, tontito.
—Aww, mamá. —pase una mano por mi pelo, algo avergonzado. ¿Desde cuándo sabía que estaba aquí? ¿Habrá escuchado algo?
Esme se estiro y me apretó una mejilla entre sus dedos.
—Está bien, chico. Solo se cuidadoso, no quiero ser abuela tan pronto.
Estoy seguro que me sonroje.
—Mamá.
Ella escondió una sonrisita.
—¿Necesitan que les prepare algo de cenar?
Yo negué, aun avergonzado.
—No, ya lo hare yo.
Bese la cima de su cabeza e hice un leve ruido de adiós. Ella no me dejo ir del todo. Hasta que me hizo prometerle que no quemaría la cocina.
Comencé a hacer la cena para Bella y para mí.
Algo ligero y que no me llevará tanto tiempo. Elegí hacer una ensalada de frutas, acompañada de su yogurt favorito.
Me entretuve por lo menos veinte minutos, hasta que escuche a mamá despertar a Alice entre palabras dulces y a mi hermana subir a su habitación arrastrando los pies y quejándose todo el camino sobre lo horrible que era vivir en una casa donde no la dejaban dormir.
Oí a Esme meterla en la cama y luego irse ella a su habitación también.
Toda la casa se quedó en silencio, experto por el ruido que hice cuando saque una bandeja y puse nuestra cena en ella.
Antes de subir de nuevo, aprovecharía para llamar a Clarie.
Marque su número y espere. Esta vez, la llamada si entro.
Tras tres leves timbres, al fin respondió.
No dijo nada del otro lado, simplemente se quedó en silencio del otro lado de la línea.
—¿Clarie? —pregunte.
Ella siguió sin contestar, así que lo tome como una señal para hablar.
—Clarie, lo lamento. Sea lo que sea que fue lo que hice, lamento haberte lastimado, cariño. Eres mi mejor amiga, la hermana de la mujer que más amo en el mundo, y sé que me necesitas tanto como yo te necesito. No puedo hacer esto solo Clarie, te necesito junto a mí para seguir creyendo que esto tiene sentido y que no estoy cometiendo un grave error al dejar a Bella.
Del otro lado, al fin escuche algo, solo que fue algo que me rompió el corazón.
Su llanto estrangulado.
Espere y espere, que dijera algo.
Solo di algo, suplique internamente.
—A veces. —al fin hablo— A veces dejar ir a las personas es lo mejor. Dejarlas ir no quiere decir que no las ames, no quiere decir que no te importes o no las necesites.
Su voz se rompió.
—Clarie. —avance por la cocina, dando vueltas— Clarie dime que está pasando.
—Me engañe, Edward. Me he estado engañando un gran tiempo. Pensé que podía salir de este estúpido pueblo y criar a mi hija, pero es un error. Todo esto es un error.
Me moleste por sus palabras.
—No hables así de tu hija.
—No estoy hablando de Anne. Estoy hablando de mí. De todos estos sueños estúpidos que he estado teniendo los últimos meses. —sollozo.
Me rompió escucharla hablar de esa manera. Recargué mi frente sobre el frio del refrigerador, intentando descubrir de donde venía todo esto. Pensé que todos esos miedos estaban superados, que ella ya creía en sí misma, que dejaría de auto sabotearse de esa manera.
—Son tus sueños. —remarque— Es tu hija. Es tu vida. —hable firmemente— Dime porque estas así, dime que ha pasado.
—Te equivocas en algo. —dijo bajito, tan bajito que casi no la escucho.
Me inundo un mal presentimiento.
—¿Qué es, Clarie?
—Ya no es mi hija. Anne, ya no es mi hija. Al menos, no desde hoy.
El aire ya no llego a mis pulmones, la habitación se hizo más pequeña, el mundo se detuvo.
—¿Qué hiciste, Clarie? —dime que no. Dime que no lo hiciste por favor. Dime que no cometiste el peor error de tu vida.
Clarie no me respondió.
—Háblame. Maldita sea, ¡Háblame! —le exigí.
—Ahora es una Quileute.
Me gire, pegando mi espalda al refrigerador y dejándome caer en el piso. Casi no pude seguir sosteniendo el teléfono, sin embargo lo hice. Porque pasara lo que pasara, necesitaba estar al lado de Clarie. No importaba que fuera a través de un teléfono y que no pudiera tenerla frente a frente, necesitaba estar ahí para ella. De alguna manera, supe que si la dejaba sola, ella no sobreviviría.
—Cuéntame sobre ellos.
—Son un lindo matrimonio, los Black. Leah y Jacob Black. Jacob es hijo de Billy, el mejor amigo de Charlie. Se casaron hace tres años, no han podido tener niños. Leah tiene algún problema en su útero, siempre que se logra un embarazo, lo termina perdiendo tan solo unas semanas después. Es una gran mujer, y será una gran madre. Y Jacob también. Perdieron un bebé hace poco, nadie lo sabe. Eso nos da una oportunidad.
—Te presionaron. ¿Lo hicieron? Puedo contarle a Carlisle, encontraremos alguna manera de arreglarlo.
Haría cualquier cosa porque Anne no creciera alejada de su madre. Me quedaría a su lado, hablaría con Bella, ambos la apoyaríamos.
—Lo voy a hacer. ¿Sabes por qué? Porque ellos le van a dar todo lo que yo no voy a poder. Un hogar, estabilidad, una comunidad que la amara y protegerá, una madre que no es una ex drogadicta y alcohólica, un padre que besara el camino por donde ella pisara y no un imbécil que solo uso a su madre y ni siquiera sabe de su existencia, amor, mucho amor. Sera una niña amada, y algún día, cuando sea mayor, lo va a entender. Dime que lo va a entender, Edward. —me suplico.
La escuché llorar, jadear y bramear del otro lado.
Me la imagine sobre el suelo, con el rostro rojo y lleno de lágrimas, con su relleno cuerpo, escondido en el rincón más alejado, con los brazos alrededor de su vientre, tratando de sobreponerse a la idea de abandonar lo que más amaba en el mundo.
Y entonces, lo entendí. Lo único que me quedaba, era apoyarla. Quisiera decir que algo podía hacer al respecto, pero si ella ya había tomado una decisión, yo no tenía ningún derecho sobre aquella pequeña que crecía en su vientre.
—Lo entenderá. Ella lo entenderá. Y sabrá, lo mucho que la amaste y sacrificaste por ella.
—Todo lo que soy, y lo que seré algún día, será por ella. Cometeré errores y errare, pero prométeme… —su voz de rompió— Prométeme que algún día, me ayudaras a reunirme con mi hija, Edward. Promete que no dejaras que me alejen para siempre de ella. Todo lo que estoy haciendo, es para protegerla.
Metí mi cabeza entre mis rodillas. Una lagrima escapo y cayó sobre el piso.
—Lo prometo. Te doy mi palabra.
Clarie se quedó en silencio por un minuto, antes de volver a hablar.
—No estoy en casa, estoy en La Push. Charlie cree que me he ido a ayudar a Leah con el próximo nacimiento de su hijo. Anne puede nacer en cualquier momento de esta semana, así que no iré al instituto por lo menos en dos semanas, eso también ya lo ha arreglado Renne. Por ahora, estoy en casa de Leah y Jacob. Ellos… —la escuche suspirar lentamente— son realmente geniales, así que me ofrecieron quedarme aquí hasta que Anne nazca. La tribu Quileute es un lugar seguro para llevar el nacimiento de Anne con discreción, después regresare a casa, como si nada hubiera pasado. Pero quiero hablar contigo, necesitamos hablar.
Acepte, ella me pregunto sobre mis planes los próximos días. Le conté sobre el baile de Jessica y la fiesta que daría después, me dijo que le sería fácil escabullirse y no ser notada, así que coincidimos que de alguna manera, nos encontraríamos ahí.
—Asegúrate de que Bella no vaya, Edward. No nos podemos arriesgar a que descubra mi embarazo. Hablaremos y luego me marchare. Nada puede salir mal, un paso en falso, y pondré en peligro a Anne.
Estaba seguro que había algo que no me estaba diciendo.
—¿Qué es, Clarie? Hay algo que te tiene terriblemente asustada, dime que es…
Escuche un par de voces del otro lado de la línea y una puerta siendo cerrada. Clarie murmuro un simple gracias y regreso su atención a nuestra llamada.
—Me tengo que ir. Hablaremos, Edward. Y te lo contare todo. Solo asegúrate de estar allí. Promételo.
Le hice la promesa, por segunda vez en esa noche.
—Lo prometo.
Nunca imagine, aquella noche, mientras nos despedíamos y yo subía las escaleras, con una terrible sensación en el estómago y con la bandeja en mis manos, que aquella promesa me costaría muy cara.
Entre a la habitación, buscando a Bella.
Debí tardar demasiado, porque ella estaba en medio de la cama, con una camisa sport blanca mía cubriéndole solo lo necesario y dejando sus increíblemente y bonitas piernas a la vista.
Deje la bandeja en la mesita de noche y me incline sobre la cama, preguntándome melancólicamente cuanto tiempo tendría que mantenerme alejado y negarme a la posibilidad de verle.
Acaricie su pierna, desde el tobillo hasta más allá de su muslo, llegando a su cadera.
Ella se removió, con sus pestañas revoloteando sobre sus mejillas. Cuando sus ojos me enfocaron en medio de la penumbra de la habitación, a penas iluminada por la luz que provenía del baño, sonrió soñolienta.
—He luchado contra mi buen juicio, contra mi familia y muchas cosas más. —su sonrisa se hizo más grande conforme seguí hablando— Pero estoy dispuesto a echarlos a un lado y pedirle que acabe con mi agonía. La amo. La amo con toda mi alma. —finalice.
Bella hizo un ruidito, jalándome de mi camisa y atrayéndome hasta ella hasta que estuvimos nariz con nariz.
—Lo amo. —susurro sobre mis labios— Si, lo amo, Mr. Darcy.
Fruncí mis labios, con el pecho adolorido.
—Ese no es mi nombre, pequeña granuja.
—Lo amo. —susurro una vez más sobre mis labios— Si, lo amo, Mr. Cullen.
Aquella fue la última vez que escuche a Bella decirme que me amaba. Al día siguiente, el tiempo llego a su fin, llevándose todo lo que alguna vez ame.
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"Tratas de sentirte fuerte, pero terminas sintiéndote débil. Tú y tus emociones están jugando al escondite. Las palabras no pueden describir lo que quiero decirte. Si pudiera ser tu espejo. Podrías ver a través de mis ojos la hermosa vista que tengo justo enfrente de mí."
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Hola hermosas, llegamos al final de la PARTE 1 de este PVO pasado, como vemos, Clarie se alejó de él después de hablar aquella noche con Renne, no se preocupen, algunos cabos sueltos serán bien amarrados en varios Outtakes que ya tengo preparados y sé que les van a encantar, ahora bien, creo que todas notamos un poco indeciso a Edward sobre irse a Phoenix y dejar a Bella, aunque piensa que es lo correcto, él sabe muy bien que Bella también sufrirá al tenerle lejos. Ahora, se acerca el baile de pre-graduación de Jessica (algo curioso) y Clarie ha decidido dar en adopción a Anne a los Black. ¿Pero que la llevo a hacerlo? Outtakes, Outtakes, aunque también obtendremos más información en la siguiente parte de este PVO pasado. Algunas se preguntaran porque lo dividí en dos, no es para hacerla de emoción, sino para que no fuera tan largo y ustedes se pudieran tomar con calma lo que viene. Como lectora sé que un capitulo con muchos sucesos puede ser algo más que pesado.
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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