Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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One Republic – Apologize

Forks Washington, Mayo 2000

Bella está muy emocionada por el baile de pre-graduación que organizo Jessica. Se queda después de llamar a Renne y dormimos acurrucados el uno con el otro.

Mi sueño es tranquilo por toda la noche, hasta que la siento removerse de entre mis brazos para poder liberarse del confinamiento de mi cuerpo.

¿Bella? —trate de abrir los ojos.

Shhh, cariño. Vuelve a dormir. He hablado con Ángela e iremos a Port Angeles a buscar un par de vestidos.

¿Tan temprano? —me quejo, agarrando su almohada y hundiendo mi cabeza en ella.

El olor a fresas de su shampoo es mi favorito.

Se ríe, mientras se mete los jeans por las piernas. Abro un ojo y la veo saltando en un pie.

Quiero encontrar un bonito vestido. Entre más temprano mejor, porque cuando amanezca los mejores van a desaparecer.

Hable sobre la almohada.

Puedes ir en una bolsa de patatas y para mi serias la más hermosa de la noche.

Al sentarse sobre la cama, aproveche para enredar mis brazos alrededor de su cintura. No sabía porque, pero era como si mi cuerpo la añorara aún más.

No te vayas. —dije sobre su cadera.

Metió su blusa sobre su cabeza y se giró, tomando mis mejillas entre sus manos.

Te amo, pero eres un pequeño bebé llorón.

Le robe un breve beso en los labios.

¿Y si decido ir con un disfraz en vez de un esmoquin?

Atente a las consecuencias. —alzo una ceja y me inclino sobre mi cuerpo. Le dio un mordisco a mi hombro.

Me reí y la deje ir. Tomo su mochila y la recogió del suelo. Se giró antes de salir por la puerta y me mando un beso. Lo atrape en el aire y lo puse sobre mi corazón.

Cuando salió por la puerta finalmente, la opresión en mi pecho no me permitió volver a dormir.

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Un esmoquin. ¡Solo un esmoquin! —suplique, levantando las manos sobre mi cabeza.

Emmett me regreso la mirada, rodando los ojos. Siguió moviéndose por la tienda y dando tumbos entre los maniquís y los tubulares llenos de camisas, sacos y pantalones de vestir.

No puedes elegir algo tan rápido, Edward. Tienes que observarlo y saber que es el correcto.

No es nada especial, solo un baile de pre-graduación. Lo que es bastante absurdo… —saque una camisa y la examine— Jessica es demasiado pretenciosa como para que me den ganas de estar con ella en un mismo espacio, pero Bella está ansiosa de ir.

¿Tiene esto que ver con Phoenix?

Volví a poner la camisa en su lugar y suspire.

Creo que tiene todo que ver. Me hablo de sus miedos. Teme que la distancia nos cambie de algún modo…

¿Y no lo hará? —Emmett me miro sobre su hombro.

Baje la vista y acaricie mi mano. Si tan solo el cáncer no me estuviera comiendo el cerebro literalmente, podría quedarme con ella.

Espero que no.

Es un poco confuso para la familia y para mí porque ambos están tan empecinados en hacerse pasar por esto.

¿Qué quieres decir? —pregunte.

Si, después de todo. —dejo la ropa de lado y me miro— Es solo un año. Bien podrías esperar. Ella terminaría el año atrasado y los dos podrían partir juntos a Phoenix.

Esta vez fui yo el que le dio la espalda.

Carraspeé antes de hablar.

No puedo simplemente abandonar la universidad, Emmett.

¿Y a tu novia si? —cuestiono.

Mordí el interior de mi mejilla. Si él supiera cuento no quería abandonar a Bella, pero lo valeria. Con cada una de sus consecuencias, nos separaría, pero evitaría mirarle todos los días a los ojos, mientras tengo que pasar por todo el tratamiento para tratar de erradicar el cáncer.

¿Edward?

Pase saliva.

Tenemos un acuerdo. Ambos estamos de acuerdo. No podemos depender el uno del otro. Bella sabe que la amo y yo sé que me ama. Lo superaremos.

Lo tenemos que superar.

Emmett me puso las manos sobre los hombros e hizo que le enfrentara. Sus ojos celestes me examinaron.

¿Sabes lo difícil que es esa mierda de la distancia, hermano? Ahora mismo piensan que será fácil, pero les costara más que esfuerzo mantener su relación a flote.

Los Ángeles no ha servido. Superaremos esto también.

No creo que los dos estén viendo objetivamente las cosas. Bella se fue un par de meses a Los Ángeles. ¿Esta vez? Sera un año completo.

Un año. Saboreé la sensación. Un año para combatir al cáncer, deshacerme de el y volver al lado de Bella.

Emmett dejó caer sus manos.

Espera. ¿A caso es lo que quieres?

¿Qué?

Mi corazón dio un tumbo nervioso.

Demonios, Edward. Si ya no le quieres, simplemente díselo.

Cuadre la mandíbula y le fulmine con la mirada.

Nunca más te atrevas a insinuar que no amo a Bella.

Emmett metió las manos a sus bolsillos. Paso su peso de un pie a otro y suspiro.

Solo espero que estén seguros de lo que hacen. Amo a Bella tanto como amo a Alice y te amo a ti también. Es como una hermana más. No desearía que ninguno de los dos saliera lastimado. Has estado más que extraño todos estos meses, primero Bella se va, luego entablas esta extraña relación con Clarie… —intente hablar, pero él levanto las manos en signo de paz— No estoy insinuando nada, sin embargo no puedo evitar notar lo mucho que has cambiado en estos meses.

Deje salir un suspiro frustrado.

Emmett. Joder, no te llame para que te dedicaras a poner en duda mis decisiones y las de Bella. Solo quiero un maldito esmoquin. —señale la tienda.

Emmett hizo una mueca. Supuse que fui un poco rudo al hablar, pero él necesitaba retroceder. Todo lo que yo estaba haciendo, cada una de mis decisiones, solo quería asegurar que Bella estuviese bien.

Bien. —dio un par de pasos atrás— ¿El color?

Nada extravagante. Negro tiene que funcionar.

No estoy de humor para rebuscar demasiado.

Bien. Negro.

Recorrimos la tienda, uno a por uno. Vimos trajes de diferentes cortes. Sin chaleco y con chaleco. Las mangas arremangadas o un poco más largas. Los estilos eran buenos, pero nada me convencían por completo.

¿Qué tal este?

Emmett señalo a un esmoquin palabra de honor de un profundo negro carbón, sin chaleco, acompañado de una simple camisa de vestir blanca por debajo y con detalles en tinto y blanco en el pañuelo que se guardaba en el bolsillo posicionado sobre el corazón.

El traje no tenía corbata, sino un moño tinto.

Es mono, pero busco algo más simple.

Me encogí de hombros.

Emmett señalo en otra dirección.

¿Qué tal la sección para viejos?

Fruncí el ceño.

No creo que haya nada para mí ahí.

Exactamente. —resoplo— Ni en toda la tienda. Llama a Bella y pide su opinión. Me duelen los pies y estoy a punto de arrancarte la cabeza. —dijo mientras se alejaba.

Me deje caer en un sofá de cuero azul oscuro y suspire. Esto de buscar trajes elegantes no es lo mio. Mucho menos cuando estaba tan mareado como para vomitarle la camisa a Emmett.

Saque mi celular y marque al número de Bella.

Me mando directamente a buzón.

Lo intente tres veces más y la llamada no entro.

Revise mis mensajes para ver si había alguna noticia sobre ella, pero nada. No pude evitar fijarme que Clarie tampoco había vuelto a comunicarse conmigo. Supuse que cualquier cosa que quisiera decirme seria en la fiesta de Jessica. Antes de volver a guardar mi celular para comenzar de nuevo la búsqueda, un mensaje de Bella salto en mi bandeja de entrada.

"Lo siento, cariño. ¿Has marcado? No he podio contestar. Lo tuve que apagar para entrar a una tienda ;) ¿Cómo va tu día?" —BS.

Le conteste rápidamente.

"He empezado la misión en busca del esmoquin, pero creo que simplemente estoy fallando miserablemente. ¿Tú?" —EC.

"¿Qué hay sobre tu búsqueda? ¿Qué está saliendo mal?" —BS.

"Solo puedo decir que Emmett me ha recomendado que busque en la sección para viejos :(" —EC.

Bella mando un par de emoticones riéndose.

Gruñí internamente y mande uno enojado.

"Mi búsqueda ha rendido frutos. Encontré el vestido perfecto. Ahora solo estoy acompañando a Ángela a buscar el suyo" —BS.

Me deje caer contra el respaldo del sofá.

"¿Por qué lo has encontrado tan rápido? Eso es tan injusto" —EC.

"¿Injusto? Cariño, he tardado cuatro horas en encontrarlo. Te va a encantar, y lo que es mejor, es fácil de quintar" —BS.

Me reí, y de pronto, toda la tensión acumulada en mi cuerpo desapareció. Incluidos los mareos y nauseas.

"¿Algún color en especial?" —EC.

"Tinto, cariño. " —BS.

Mi cabeza hizo un movimiento raro cuando mire a mi derecha. El esmoquin de moño tinto pareció más oscuro y elegante. Y entonces lo supe. Aunque fuera un poco demasiado elegante para un simple baile, sería perfecto junto con Bella.

Guarde mi teléfono.

¿Por qué estas sonriendo como un imbécil? —Emmett pregunto, dejándose caer a mi lado.

Aferre mi brazo alrededor de su cuello y talle su cabeza.

¡Joder, Edward!

Le solté.

Maldita sea. —se puso de pie y me quiso dar una colleja. Lo esquive.

Lo tengo. —dije para tranquilizarse.

Entrecerró los ojos.

Más vale que estés hablando en serio. No vine hasta Seattle por nada.

Apunte a mis espaldas.

Nos llevaremos ese.

Sonrió engreído.

Cállate.

Lo sabía.

Lo juro por Dios, Emmett. —camine, alejándome de él.

¿Qué? —esta vez fue él quien enredo su brazo alrededor de mi cuello— Comete esa, Edward.

Seguro. —dije simplemente.

Seguimos caminando, tropezando y riendo. Emmett me dio un beso en la mejilla y yo simule vomitar. Dentro de todo, seguí sin poder superar la sensación de opresión en mi pecho.

Todo el camino de regreso, me grabe uno a uno los gestos de mi hermano.

Al llegar a casa, el dulce olor a comida hizo que Emmett rebotara de arriba abajo sobre el piso.

Mamá esta cocinando.

Mamá siempre cocina. —murmure.

Lo juro, en Port Angeles la comida es una porquería.

Comete esa. —replique su respuesta.

Muy gracioso, idiota. —dijo antes de meterse a la cocina.

Entre detrás de él, con las manos metidas en los bolsillos traseros de mis jeans. Esme nos dio una mirada cariñosa, sonriendo con todos sus dientes. Jalo a Emmett e hizo que le diera un beso en la mejilla.

Hola, cariño.

Hola, mami. —respondió con voz aniñada, inclinándose sobre la cacerola en el fuego.

Esme le dio un golpecito en la frente.

Ni lo pienses.

Awww, mamá.

Nada antes de la comida.

¿Ni siquiera aunque este muriendo sin tu comida? —hizo sobresalir su labio inferior y le dio la mirada.

Patentada por Alice, pero reproducida por cada uno de nosotros.

Mi madre titubeó un poco, casi mínimamente.

Emmett. —aseveró.

Mamá. —repitió él.

Esme suspiro, dejando caer sus brazos.

Está bien. —Emmett chillo antes de que siguiera hablando— ¡Pero solo un poco!

Solo un poco. —Emmett asintió y fue a por un plato.

Esme apago el fuego y esta vez puso su atención en mí.

Puso una mano sobre la mía en la barra de la cocina y le dio un apretón cariñoso.

¿Y tú, cariño? ¿Quieres un poco de comida? —esta vez uso su mano para acariciar mi mejilla— Últimamente estas más pálido de lo normal. No me gusta.

Tome su mano y bese su palma.

Estoy bien, probablemente solo es el estrés de los exámenes finales y un poco de falta de sueño, pero estoy bien, mamá. —si bien mentí, la sonrisa que me dio después lo valió.

Emmett regreso silbando, con el plato más grande que seguro puedo encontrar entre las manos.

Esme curvo las cejas hasta casi alcanzar la línea de su cabello.

¿Qué? —Emmett le miro con la expresión más inocente que puedo lograr.

Yo me reí entre dientes.

Lo tendré en cuenta, jovencito.

Emmett le dio una sonrisa torcida.

No niegues que me extrañas.

No lo hago, dulce niño. Sírvete y asegúrate de dejar lo suficiente.

Sí, señora.

Cabeceo de un lado a otro y siguió tarareando. Ese tipo de cosas sucedían cuando Emmett tenía entre sus manos un plato de la comida de mamá. Esme regreso su atención a mí.

¿Y tú? ¿Qué tal las compras?

Emmett respondió por mí.

Encontró lo que necesitaba. —se jacto Emmett— Y lo que es mejor, su traje es bueno. Temí que se decidiera por un triste traje negro o gris.

Mi madre me miro interrogante.

Solo me puse a tono con Bella.

Y sí que lo hizo. —Emmett subió y bajo las cejas sugestivamente.

En la sala, un chillido nos sacó de nuestra conversación. Alice entro por la puerta de la cocina, sosteniendo en alto el empaque que contenía el traje. Me pareció verla en pijama y la cara limpia de maquillaje a esta hora del día, pero dije nada. Últimamente su humor era tan volátil que era mejor mantenerla asi.

Oh. Oh. ¿De quién es esta preciosura?

De Edward. —respondieron Esme y Emmett al unisón.

Mio.

Alice volvió a chillar.

¡Tienes que permitirme arreglarlo para ti!

¿Alice? —Esme pregunto.

Si vas un baile, necesitas un ramillete. Tengo los adornos perfectos con que acompañarlo. ¿Puedo? ¿Puedo? ¿Puedo? —suplico.

Me encogí de hombros, ¿qué daño hacia si le decía que si? Lo que sea por verla mantenerse feliz.

Puedes hacerlo, enana.

Alice salió de la cocina.

Esme me dio una mirada agradecida.

Gracias, cariño.

Se estiro y me beso la mejilla.

¿Qué? ¿De qué me perdí? —Emmett preguntó, esparciendo un poco de comida fuera de su boca.

Mamá y yo hicimos una mueca de asco al mismo tiempo.

¡Emmett!

Emmett se puso una mano sobre la boca, mirándonos avergonzado.

Awww, mamá. Lo siento.

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¡Quédate quieto, Edward!

Me volví a remover incómodo.

¡Edward!

¡Alice! —le arremede.

¡No es divertido!

Definitivamente no lo es. —dijo Emmett a nuestras espaldas. Estaba acostado en mi cama, lanzando una pelota sobre su cuerpo hasta el techo y de regreso a sus manos.

Yo resople frustrado.

Alice, ¿son necesarios tantos alfileres?

Alice soplo sobre su cara para quitar su cabello.

Si no te movieras tanto, igual y no.

¡Solo es un baile! Maldita sea.

Tu último baile. —Esme refuto en la puerta, con una cámara entre sus manos.

Mamá. —gemí— No quiero fotografías.

Esme sonrió, guiñándome un ojo.

Tendrás que superarlo, cariño.

Ya lo creo. —dijo irónicamente Emmett.

Un pinchazo en mi pecho me distrajo.

¡Auch! Alice.

Relájate. Estoy por… acabar. —finalizo, quitándome las manos de encima.

Mire sobre mi pecho, al ramillete en mi pecho y sobre el bolsillo que esta sobre el corazón. Era de flores artificiales. Lo conformaban una rosa y un par de hojas verdes alrededor, un listón tinto las sostenía en un apretado agarre, dejándolas fijas sobre la tela.

Oh, Alice. —dijo mamá— Es hermoso.

Sin avisar, enfoco la cámara y disparo.

Sonríe, cariño.

Intente poner una sonrisa decente sobre mis labios.

Eso es. —volvió a hacer otra fotografía— Estas van directamente al álbum familiar.

¿Volumen quinientos veinte? —pregunto Emmett.

Si, Emmett suele burlarse de todas las fotos que mi mamá tomo durante toda nuestra infancia, adolescencia e incluso todavía. De todos modos, los ama. Son recuerdos familiares que han quedado capturados para siempre.

Muy chistoso, jovencito.

Alice me dio una sonrisa deslumbrante, aunque en el fondo, un poco triste.

¿Qué pasa contigo? ¿No vas al baile?

La sonrisa se esfumo.

No lo creo.

Vamos, Alice. —un extraño impulso me invadió— Ven con nosotros, estoy seguro que Bella estaría encantada de que nos acompañaras. Busca algo decente en ese gigantesco vestidor que tienes y ven.

No estoy tan segura. —me respondió con un extraño tono— De todos modos, ya tienes las manos llenas.

Quise preguntar a que se refería, pero la voz de Carlisle desde la voz de abajo nos distrajo. Seguro, los Swan habían llegado. Mamá había insistido en preparar una cena para los padres de Bella como una forma de conmemorar que pronto nos iremos a la universidad. Todos tratan de hacer sentir a Bella cómoda, obviando el hecho de que en unas pocas semanas tendremos que separarnos.

Cariño, Renne y Charlie está aquí. —Carlisle dijo desde el primer piso.

Mamá me tomo una última fotografía, antes de salir de la habitación.

Alice se dejó caer en mi cama.

¿Renne y Charlie?

Mamá les ha invitado a cenar. —respondí.

Alice bajo la mirada.

¿Alice? —Emmett pregunto, dejando de lado su juego con la pelota.

Yo me incline un poco hacia Alice.

Creí que mamá y yo tendríamos una noche de chicas. Eso dijo ayer.

Alice…

Maldita sea, seguro mamá lo olvido.

Puedo hacer la noche de chicas contigo, enana. —ofreció Emmett, abrazándola desde la espalda.

El cuerpo de Alice se agito. Quito el brazo de Emmett y se apresuró a la salida de mi habitación antes de que la pudiéramos detener.

Quise seguirla, pero Emmett me detuvo.

Déjale, ya iré yo. Tú baja y ve por tu chica, me asegurare de que Alice este bien.

¿Seguro? —dude.

Sí. —se puso de pie, palmeando mi espalda— Sera mejor que te apresures, no quieres hacer esperar a Bella.

Salí de la habitación unos minutos después. Escuche la conversación venir desde la sala de estar y me dirigí hacia allí. A la primera que vi fue a Renne, sentada con un elegante, pero simple vestido en color turquesa sobre el sofá, Charlie estaba a su lado, con una mano sobre su hombro.

Charlie me dio una buena mirada y Renne aplaudió.

¡Dios! Te ves guapísimo, Edward.

¿Verdad que si? Es lo mismo que yo le he dicho. —dijo Esme.

No es más que el encanto, Cullen. —refuto Carlisle.

¡Papá!

Renne se puso de pie para besarme las mejillas. Le respondí el gesto.

Es cierto, cariño. Te ves increíble. Me encanta el ramillete.

Alice lo ha hecho. ¿A que es hermoso, Renne? —comento mi madre risueña.

Algo sobre la expresión de Renne cambio, pero no pude identificarlo mucho antes de que desapareciera. Para cuando me di cuenta, volvía a tener una sonrisa suave sobre sus labios.

Muy hermoso. —paso sus dedos por las flores y luego por mi traje— Tienes una hija con mucho talento. ¿No es asi, Charlie?

Charlie cuadro la mandíbula antes de hablar.

Asi es, cariño.

Dio un par de pasos atrás, hasta ponerse al lado de Charlie de nuevo.

Perfecto.

Tranquila, cariño. —Charlie puso una mano sobre su cintura en un agarre que me pareció demasiado apretado— Quizás me sienta celoso.

Quizás deberías. —Renne le respondió mordaz.

Mi padre dejo salir una carcajada, besando la mejilla de mi madre y abrazándola también.

Ya está bien de bromas. —Esme le dio unas palmadas en la mejilla.

Escanee toda la habitación en busca de Bella. El ruido de una puerta a mis espadas me llamo a girarme y mirar. Bella emergió del baño de invitados como una visión.

La visión más hermosa de todas.

Su cabello caía en cascada sobre sus hombros pálidos, cada uno de ellos adornado a su largo por tirantes finos en color tinto. Estos rompían en un escote triangular sobre cada uno de sus pechos, dejando una abertura en "V" en medio de ellos, la tela se pegaba a su cintura, antes de aflojarse y caer en vuelo sobre sus piernas. No era excesivamente pomposo. Solo lo suficiente.

El vestido no era corto, ni largo. Era… simplemente perfecto. Y del mismo color que los detalles en tinto de mi traje.

Bella me regreso la mirada, con una sonrisa que le llegaba hasta los ojos chocolate y los hacia brillar.

Avanzo hacia mis tres pasos. Sus pies titubeando un poco.

Entonces entendí porque. Usaba tacones. Ni siquiera recordaba cuanto había sido la última vez que uso unos. Estos eran de color negro y en punta. De algunos diez centímetros y con adornos en encaje negro y perlas en el borde.

Totalmente perfectos en ella también.

Me apresure a su encuentro.

La tome del rostro, pasando mis pulgares por sus mejillas sonrojadas.

Estas hermosa.

Y tú guapísimo.

Eso dijo tu mamá.

Renne tiene una buena vista, —subió su mano y acaricio mi mejilla— Te amo.

Te amo. —respondí yo, bajando sobre mi altura y besando sus labios.

Ella dejo salir un suspiro tembloso.

Alguien carraspeo a nuestras espaldas. Bella miro sobre mi hombro y recargó su frente.

¡Papá!

Basta de arrumacos. —mi madre danzo alrededor de nosotros con su cámara en mano— Acomódense y digan pastel. Quiero esto para el recuerdo.

Ambos nos acomodamos sobre nuestros costados. Bella puso sus manos sobre mi pecho y me miro, chocolate contra verde. Le mire de regreso, deseando guardar aquel momento en mi memoria para siempre. Aferre mis manos a su cintura y trate de trasmitirle todos mis sentimientos a través de mis ojos.

Nunca supe si mamá tomo la fotografía o no.

Bella se separó de mi agarre, mordiendo su labio.

¿Nos vamos? Muero por bailar.

¿Escuche bien? —dije, fingiendo sorpresa— ¿Quién eres tú y que has hecho con mi novia?

Muy gracioso. —me pellizco en el abdomen.

Charlamos un par de cosas más con nuestros padres y partimos.

Bella puso algo de música en mi sonido y se dejó caer sobre el asiento. Condije por quince minutos hacia el Instituto. Increíble como pareciera, Jessica había logrado persuadir al director para conseguir las canchas de entrenamiento.

Toda la escuela había sido adornada con pancartas y todo tipo de porquerías. Bella y yo bromeamos sobre algunos.

La entrada al baile era una especie de alfombra roja combinada con una entrada de casino.

Contra todos mis prejuicios, posamos para la foto obligatoria al entrar.

La música no era tan horrible como sonaba, y luego de unos minutos en los que saludamos a algunas personas, Bella se colgó de mi cuello y susurro.

¿Bailamos?

Lo que quieras, amor.

Mantenlo en mente.

La sostuve de la cintura y la guie a la piste de baile.

Amo esta canción. —dijo sobre mi oído.

¿One Republic? Apologize es muy buena.

Me estoy agarrando de tu cuerpo. —su voz susurrante en sobre mi cuello me provoco escalofríos— Que me tiene a diez pies del cielo.

Y escucho lo que dices, pero no puedo emitir ningún sonido. —continúe yo. Puse mis labios sobre su mejilla y repartí pequeños besos.

Ella se rio, dejando caer la cabeza atrás y dejando libre su cuello de piel nívea. Aproveche para dirigir ahí mi boca y besar su garganta.

Dices que me necesitas, luego vienes y acabas conmigo. —completo ella.

Atraje su cabeza hacia mi pecho y bese su frente.

Nunca. —dije solemne— Haría todo lo que estuviera en mis manos para que nunca tuvieras que sufrir, Bella.

Bella acaricio las solapas de mi traje.

Amo esta canción, pero espero que nunca tenga que convertirse en verdad. Prométeme que sea lo que sea… —su voz se entrecorto un poco— Quiero pensar que superaremos cualquier cosa, pero…

La corte antes de que siguiera hablando.

Acune su rostro con ambas manos y la bese en los labios. Saboreé sus labios de pétalos de rosa y rose mi nariz con la de ella.

Te amo, Bella. Te amo tanto. Y nada ni nadie podría cambiar eso. Sea lo que sea. Siempre estaré Volviendo a ti. Cada día, con cada respiración.

Nos seguimos moviendo al son de la música. Ella me miro sobre sus pestañas. Tenía los ojos inundados de tantas emociones que se me sobrecogió el corazón.

Para siempre.

Para siempre. —tome una de sus mano y la bese.

El momento se vio terriblemente roto, pero no por eso menos perfecto. Ángela toco su hombro tímidamente. Bella se sonrojo.

¡Oh! Ángela. Te ves hermosa. —nos separamos y tomo a la pelinegra entre sus brazos.

Ángela le correspondió.

Creo que la más hermosa eres tú. ¿Clarie? ¿Kate?

Bella cabeceo.

No quiso venir. Dice que los bailes no le van. De todos modos, esta algo ocupada con unos amigos de la familia en la tribu Quileute. Kate por otro lado, prefirió tomarse el fin de semana para irse de fin de semana.

Increíble. —Ángela tomo su mano— Las chicas y yo nos preguntábamos si querías hacerte la foto de generación con nosotras. Sé, bueno… Sabemos. —repuso de manera nerviosa— Que ha sido un periodo difícil, queremos que estés en la foto con nosotras. Sera un lindo recuerdo.

Note el titubeo de Bella.

Puse mi mano sobre su cintura y la anime a seguir.

Puedes hacerlo, cariño. Lo mereces.

Bella nos miró a Ángela y a mí, hasta que una sonrisa llorosa fue aflorando en sus labios.

Lo sabía. De alguna manera, aunque tratara de mostrarse fuerte, de alguna manera sabía que estos últimos meses habían sido un arduo camino hacia la aceptación y la sanación. La pérdida de Marie había abierto un agujero en su pecho, pero la perdida de nuestros planes, lo cimento.

Ángela jalo su mano en dirección a las demás chicas.

Vamos.

Bella me miro.

Ve, te estaré esperando aquí. —me balance sobre mis pies y guarde mis manos en los bolsillos de mi pantalón.

La vi partir entre risas y tanteos, hombro a hombro con Jessica. Su vestido se arremolino alrededor de sus piernas y me dio una mirada. Me mando un beso y lo atrape, dejándolo sobre mi corazón.

Nunca la vi más hermosa.

Bella regreso un par de minutos después con las mejillas sonrojadas y una sonrisita secreta.

La volví a envolver en mis brazos y seguimos bailando, disfrutando de canción tras canción. Después vino una sesión de fotos en una cabina fotográfica, sacamos nueve fotos en total, de tres tiras cada una, en todas ellas salíamos con caras y gestos diferentes. No pude evitar que la última fuera mi preferida. Las repartimos entre los dos. Sus favoritas. Mis favoritas. Volvimos a tiempo para la cena elegante y pretensiosa que Jessica preparo. Nos reímos toda la noche por no poder comer correctamente las almejas. No paramos hasta que una salió volando y aterrizó a nuestras espaldas. Jessica nos fulmino con la mirada y Bella susurro un "Lo siento". Dejamos las almejas atrás y solo comimos postre.

Antes de la última canción, Bella volvió a convencerme de bailar. Recostó su mejilla sobre mi pecho y yo descase mi barbilla sobre su cabeza.

Estaba descalza, sus tacones perdidos en alguna parte debajo de la mesa.

Ame esta noche.

Yo te amo a ti.

Y yo a ti. —levanto sus labios hacia mí, correspondí y le respondí el beso— ¿Podemos simplemente ir a casa?

Mi corazón reboto nervioso dentro de mi pecho cuando me acorde de mi cita con Clarie en la fiesta de Jessica. De pronto, el hechizo mágico de la noche se rompió. Aunque lo único que quisiera fuera ir a casa con Bella, necesitaba saber sobre mi mejor amiga, Y sobre todo, al menos le debía a Bella poder cuidar de Clarie.

¿Qué pasa con la fiesta de Jessica?

Disimulo un bostezo y suspiro.

Jessica puede joderse.

Bese su nariz.

Comparto el sentimiento.

Se rio.

¿Puedo quedarme en casa contigo?

Puedes. —baje la mirada, porque estaba a punto de mentirle descaradamente— ¿Necesitas algo de casa? Creo que este vestido es bastante incómodo. —pase mis manos arriba y abajo por sus manos— Tengo que comprar algunas cosas del supermercado. Creo que podemos tener una noche romántica en la terraza de casa. Te recogeré después.

Eso me encantaría. —beso mi barbilla.

Bien. ¿No deberíamos buscar tus tacones?

Miro sobre su hombro.

Quien sabe, quizás lo mejor sea abandonarlos.

La tome en brazos y la levante. Jadeó y palmeo mi pecho.

¡Oye!

Tranquila, cariño. Te llevare sana y salva a casa.

Cuento con ello, señor Cullen.

Nos conduje fuera del Instinto, entre los pocos estudiantes que quedaban y que nos saludaron con la mano despidiéndose. Bella le escribió a Ángela y le deseo una excelente noche. Creí entender un poco de que iba la cosa por el leve rubor en sus mejillas, mientras escribía el mensaje.

Llegamos al estacionamiento y abrí la puerta del coche, depositándola sobre el asiento del copiloto. Cerre la puerta y corrí al otro lado. Bella recostó su cabeza sobre el asiento y me sonrió.

Tome su mano y la entrelace con la mía, maniobrando sobre la palanca de cambios.

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Fiesta de Jessica. Después de dejar a Bella y prometerle que volvería por ella en menos de una hora. Intente mandarle un mensaje a Clarie, pero solo se quedó en la bandeja de entrada, sin ninguna constatación. Pase entre los estudiantes pegajosos y sudorosos que estaban en la pista de baile improvisada que Jessica había colocado en la sala de su casa.

¡Cullen! —Tayler Crowley dijo, gritando sobre de la música.

Levente la mano, sin muchas ganas de saludarle. Una pequeña chica estaba sobre su pecho, le dijo algo al oído y ambos salieron de la sala de estar.

Rechacé algunas invitaciones que vinieron en vasos rojos con alcohol y subí las escaleras hasta el segundo piso.

Escalón a escalón, mis pies parecieron más pesados.

Me hice a un lado cuando dos chicas más que borrachas pasaron a mi costado, trastabillando una con la otra.

Joder, Clarie. —maldije.

Saque mi teléfono de mi pantalón. Estaba tan solo con la camisa blanca de vestir. El saco había preferido dejarlo en el auto.

Escribí un mensaje a Clarie. Esperaba que por lo menos esta vez sí se dignara a contestarme. ¿Si no? Se podía ir al carajo, me largaría este asqueroso lugar en menos de un cantar.

"Estoy aquí" —EC.

Esta vez, no tardo ni un minuto en responder.

"La habitación hasta el fondo, esa es" —CS.

Avance por todo el pasillo, hasta llegar a la dichosa habitación. Mire a todos lados antes de entrar y cerre la puerta a mis espaldas.

Clarie me miro desde el otro lado de la habitación, sentada en la cama. Su prominente vientre fue lo primero que note. Tanto como estaba cerca de la fecha, cada día se ponía de mayor tamaño. Llevaba un simple vestido de franela gris y el pelo suelto rubio a los hombros.

Sus pies colgantes de la cama se movieron nerviosos.

Demonios. Ven aquí. —camine hacia ella y la atraje entre mis brazos.

Absorbió mi olor y lloriqueo un poco sobre mi pecho.

Te extrañe, imbécil.

Pase una mano sobre su cabello.

Y yo a ti, idiota.

Se separó un poco y limpio su mejilla.

No me odias, ¿cierto? Dime que no lo haces, por favor.

Clarie…

Tenía tanto miedo de decirte, no quería decepcionarte. Eres la única persona que siempre ha estado ahí para mí, al menos desde que inicie esto. —sus azules ojos se llenaron de lágrimas— Por favor.

Tome sus manos entre las mías. Las suyas estaban muy frías.

No me debes nada. Sea lo que sea, estoy aquí para apoyarte.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas.

Solo quiero protegerla.

Lo sé. —limpie sus mejillas.

Solo quiero que ella sea feliz y bien cuidada. Yo no le puedo ofrecer eso. Fui tonta y estúpida. Me he equivocado tanto que es tarde.

Nunca es tarde. –quise convencerle.

Su barbilla tembló.

Lo es para mí, Edward. He firmado un contrato. En cuanto ella nazca, no será más mía.

Se removió entre mis brazos. Hasta aferrar su vientre entre sus manos, soltando las mías.

Anne Elizabeth Black Clearwater.

Siempre será tuya. —refute— Aún sobre un papel. Tú serás quien la traiga a este mundo, no ellos.

Sera todo lo que tenga. Y tal vez un día… —sollozo, poniéndose una mano sobre la boca y dejándose caer sobre la cama de nuevo.

Me puse de rodillas frente a ella. Dejo caer su frente sobre mi hombro y lloro libremente.

Dime lo que sea, Clarie. Sé que algo me estas ocultando. Dímelo.

Se quedó en silencio por lo que parecieron horas, hasta que finalmente hablo.

Renne. Es Renne.

Mi corazón se saltó un latido.

El día que me llevaste a casa de Alec hace unos meses… —su voz se rompió— La mujer con la que me engaño…

No. No. Dios. Cada célula de mi cuerpo se congelo. La habitación pareció perder todo color. Clarie ya no hablo más.

La tome en mis brazos. Su cuerpo se sintió languino sobre el mio.

¿Clarie?

Su cuerpo cayó hacia atrás, la nívea piel había perdido color y había adquirido otro en cambio. Se puso una mano sobre la boca y se sostuvo de mi hombro izquierdo.

Na-N-a-Nauseas. —tartamudeo.

Intente levantarme, pero su cuerpo se dobló sobre sí mismo. Después, todo se volvió un desastre. La tome de los hombros con una mano y quite su cabello del camino. Su cuerpo de sacudió una y otra vez por las arcadas y el llanto.

Shh. Shh. Shh. —intente tranquilizarla— Respira, cariño. Trata de respirar. Recuerda que Anne ocupa oxígeno.

Jadeó y se limpió la boca.

Oh, Dios. —miro mi camisa y su vestido— Dios, soy un asco.

Le quite importancia, ayudándola a inclinarse de nuevo y quitando los restos de cabello pegado sobre la sudorosa piel de su rostro.

Es solo ropa.

He arruinado tu traje.

Y tu vestido. —confirme— Es solo ropa.

Miro con asco su vestido. No solo era cuestión de una mancha, sino que la tela estaba irremediablemente arruinada y mojada, pegándose a su piel. Mi camisa no contaba una historia distinta.

Quítate el vestido. —me puse de pie de un salto y comencé a desabrochar mi camisa, botón a botón. Clarie intento inclinarse sobre si misma para alcanzar el dobladillo de su vestido, pero su prominente vientre era un gran obstáculo.

Quite mi camisa por completo y me puse a sus pies. Tome el dobladillo del vestido por ella y lo subí por sus piernas.

Ya lo hago yo.

La deje que ella quitar la parte de arriba. Desvié la mirada y busque por toda la habitación hasta dar con una manta.

Clarie puso el vestido al lado de mi camisa. La envolví en la manta con ambos brazos y puse un brazo bajo sus piernas. La levante de la cama.

Puedo caminar.

Ya lo creo que no, Clarie. —ajuste mi agarre a su alrededor— Te llevare al baño para que puedas limpiarte y luego podemos buscarte algo de ropa decente.

Clarie se encogió de hombros.

Como si fuera a caber en alguna…

Fue cortada por el sonido de la puerta siendo abierta. Esta reboto contra la pared, crenado un gran estruendo nuestras espaldas. El rostro de Clarie se llenó de una horrible expresión de horror. Su mano se aferró a mi brazo y enterró sus uñas sobre mi piel.

Finalmente me atreví a mirar en la misma dirección y lo que vi me partió el corazón. Bella de pie en la puerta. Su rostro corrido por las lágrimas y una expresión rota en sus chocolates ojos.

Ya no vestía su hermoso vestido tinto, sino un pantalón a cuadros y una siempre blusa de tirantes gris. Su cabello caía libre en una manta mojada. Y sus ojos, sus ojos me miraban como si no pudiera reconocerme.

Todo menos eso. Todo lo que quise evitar, se materializo frente a mí en un minuto.

El sufrimiento que quise evitar que se aferrara a su corazón, lo hizo esa noche.

Bella, no…

¿Cómo pudiste?

Bella… —la mire sin entender.

¡Es mi hermana! —me grito, entrando de lleno a la habitación.

¡No! —Clarie jadeó, revolviéndose entre mis brazos— ¡Maldita sea, Bella!

Bella miro al otro lado de la habitación. Aferro sus brazos alrededor de ella y tembló. Era como si necesitara sostenerse para no hacer en pedazos. Mi frenético corazón comenzó a latir de nuevo.

Note como su cuerpo se sacudía, de pies a cabeza.

Vístete y larguémonos a casa.

Deje a Clarie sobre la cama con una sensación de sobrecogimiento. Clarie se giró, dándole la espalda a Bella y aferrándose a su vientre escondido entre la manta con la que la había cubierto.

Bella. —intente acercarme a ella.

Dio dos pasos atrás, negando.

Ni siquiera te atrevas. Me das asco. Lo acabas de terminar. Tú. Lo acabaste.

Sentí como si me ahogara. A mis espaldas. Clarie sollozo.

Lo que sea que estés pensando, tienes que dejarme que te explique.

¿Qué me expliques? —me enfrento, avanzando hasta empujarme. Sus manos impactaron contra mi pecho— ¿Por qué no simplemente lo dijiste? Eres un cabrón. ¿Estuvo buena la follada? —sus ojos ardieron— Espero que te aprovechara.

Las piernas me fallaron. Ella… Dios. Ella no podía pensar que le había sido infiel con Clarie.

Jamás te fallaría. —la tome de las muñecas— Tienes que creerme.

Bella se soltó de mi agarre, abofeteándome.

¡No me mientas! ¡Maldita sea! ¡No más!

Aquella acusación, de alguna manera, era terriblemente cierta.

Ahora entiendo. Ustedes dos. Me dan asco. —sollozo.

Deje caer mis manos a los laterales de mi pecho. ¿Y si lo dejaba simplemente terminar? ¿Y si la dejaba simplemente libre? ¿Y si me quitara de su camino? Clarie siguió sin decir ni una sola palabra. Nos apoyábamos, pero cada uno tenía cosas por las que luchar. Cosas que proteger.

Bella golpeo la pared.

¡Di algo! Te lo exijo.

No dije nada. Camine hacia ella, la tome en mis brazos a pesar de su resistencia. Bella se dejó caer sobre mi pecho, jadeando y sollozando.

Dime que no es cierto, dime que no lo hiciste. Dime que no lo hiciste. Dime que no. Dime. —susurro, casi imperceptible, como una plegaria.

¡Suéltame! —se zafó de mi agarre y me abofeteo, mire sus ojos tratando de explicarme y ella sollozo— ¿Cómo pudiste? ¡Eres un cabrón! ¡Maldito! —sus pequeños puños golpearon mi pecho tal como balas impactando contra el, su mirada lucia destruida y todo su rostro estaba marcado por el maquillaje corrido— ¿Cómo? ¡¿Por qué, Edward?! ¡¿Por qué?! —sollozo y cayó al piso con el rostro enterrado en sus manos— ¡¿Por qué?! —su grito desgarro el vació— Es mi hermana….

Intente tomarla en mis brazos y protegerla de todo el dolor. Tome su rostro entre mis manos, sus ojos chocolates solo me regresaron una mirada vacía.

Te…

No lo digas. No te atrevas. Todo lo que sale de tu boca. —dijo entre dientes— Creo que no es necesario que lo diga, pero no quiero volver a verte.

Bella... —Clarie intento hablar.

Bella se levantó del suelo, dejándome a mí a sus pies. Limpio sus lágrimas y esbozó una sonrisa dura.

Lo lograste, Clarie. Me has quitado lo único que más amaba en este mundo. Mama tiene razón, no eres más que basura. Un desperdicio desde que las dos compartimos útero. Lo juro por Dios, no quiero volver a verte. ¿Ustedes dos?...

La habitación comenzó a dar vueltas, las manos me sudaron, millones de brillantes luces aparecieron tras mis parpados, cada una de mis extremidades perdió fuerza.

—… se merecen el uno al otro.

Salió de la habitación corriendo. Intente ponerme de pie, pero las piernas no me respondieron y volví a caer.

¡Edward!

Un segundo después, todo se volvió negro. Mi cabeza convirtiéndose en un maldito volcán.

.

.

"Dices que lo sientes, pero no creíste que daría la vuelta y diría, que es demasiado tarde para pedir perdón. Es demasiado tarde."

.

.

¡Hola, chiquitinas! Lamento el retraso, pero ya estamos aquí, esta vez, en la segunda parte de uno de los capítulos que considero más importantes dentro de esta historia. Primero, esta la respuesta de porque la historia se llama Volviendo a ti, debo confesar que ese fragmento lo escribí incluso antes de que el capítulo uno. Después me nació la trama y partí de ahí, después seguí y finalmente embono por aquí, después, aquí es donde conocemos un poco más de lo que sucedió entre Bella y Edward. Si, lo sé. Todas ustedes quieren saber qué y cómo se enteró Bella. Eso se viene en el PVO pasado que sigue, será el único desde el punto de vista de Bella en los PVO pasado durante toda la historia, aviso de antemano. Ahora, ¿Cómo ven este malentendido? Yo se los dije, cuando paso esto, Edward no le fue infiel a Bella. Algunas de ustedes me suplican que explique cómo es que Edward se casó con Clarie y porque tuvo un hijo con ella. Les diré una cosa y solo una cosita (ustedes saben cómo ablandarme). En esta historia, hay tres grandes villanos, uno todavía no se los puedo revelar, pero otro es Renne y Alec. ¿Clarie? Clarie tal vez no fue mala, pero la pérdida de su hija la convirtió en otra persona, ¿lo que le dice Bella antes? "Mama tiene razón, no eres más que basura. Un desperdicio desde que las dos compartimos útero" hace que Clarie se llene de rencor contra Bella. ¿La mejor manera de ir a por ella? Hacer realidad lo que dijo e ir detrás de Edward. ¿Max? Max si es hijo biológico de Edward, pero está bien, lo aceptare, no fue concebido de una manera muy convencional. Recuerden que Edward esta yendo con una terapeuta, Marian Cope. Ella va a ayudar a que Edward se dé cuenta a que niveles Clarie manipulo su vida. Tal vez Clarie no es la villana en esta historia, pero su dolor la llevo a hacer cosas de las que cualquiera se avergonzaría. Pero también tengan en cuenta que, Edward no es del todo una víctima, Él también se equivocó y tomo malas decisiones. Por último, recuerden, esta no es una historia fácil, ni dulce, ni simple. Hay demasiado que contar. Las quiero, y miles de gracias a las que se siguen manteniendo por aquí y a las que llegan todos los días, son las mejores.

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Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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