Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
.
.
Sam Smith – ¿How Do You Sleep?
—Estás aquí de nuevo, Edward. —la doctora Marian Cope se inclinó sobre sus piernas, tratando de encontrar una posición más cómoda.
Estoy sentado en el mismo sillón de la última consulta.
—Lo estoy. —confirme.
Había pasado una semana desde la última vez que hable con Alice o siquiera pude mirarla a la cara sin sentirme furioso. No quiero hacerle daño, así que me mantengo alejado la mayor parte del tiempo.
Bella intento hablar conmigo del tema antes de marcharse esa noche de casa, pero me negué. No quiero regresar a aquella noche, es demasiado doloroso.
—Quizás quieras hablar de lo que te trajo aquí.
—Es Alice.
—Muy bien. —anoto algo en su tablet— Alice de nuevo. Tu hermana pequeña, ¿cierto?
—Sí. —concorde— Emmett es mi hermano mayor. Alice la más pequeña de la familia. Soy el de en medio.
—Soy la del en medio también, es mejor de lo que la gente cree. —lo pensó un segundo— ¿Qué tal tu infancia, Edward?
Hice un breve repaso de toda ella, sin encontrar algo realmente relevante.
Siempre tuve una familia simple, tranquila, cariñosa. Dos padres presentes, aunque en mis últimos años de adolescencia Carlisle comenzó a estar un poco más ausente de lo normal. No representó un problema. Todos sabíamos qué estaba trabajando arduamente por sacar el despacho adelante.
—Fue la infancia qué quiero para mis hijos.
—¿Qué tal tus padres?
—Los padres qué todos hijos deben tener. Esme siempre siguió el camino correcto para educarnos, Carlisle no fue muy diferente.
—¿La educación?
—Siempre fueron correctos con nosotros. Nos dieron valores, nos enseñaron de responsabilidades y trabajo.
—¿Golpes?
—¿No?
Ladeo la cabeza.
—¿Es eso una respuesta o una pregunta?
—No sé a dónde quiere llegar.
Sonrió amigablemente. Lo admito, es una mujer realmente extraña, pero mamá dijo que es buena y lo comprobé la primera vez que estuve aquí. Recordé lo que dijo sobre sus métodos, que no siempre eran los mejores.
—A donde tú quieras llegar.
Le conteste, aun si no sabía a donde se dirigía esta conversación.
—No. Nada de violencia. Mi madre tuvo un padre violento y bastante cruel. El abuelo Anthony. Siempre repudio esa parte de su padre.
—Ya veo. —volvió a anotar algo en su tablet—Cuéntame que ha pasado con Alice.
Y asi, sin más, volvimos al tema principal.
¿Cómo se explica de la manera correcta?
Durante los últimos cinco años, fue fácil catalogar a Renne como la culpable de la mayoría de las cosas que sucedieron. Yo con ella, y tal vez Clarie también. Ambos cargamos con nuestras propias culpas, sin hablar mucho de ello.
—Alice... cometió un gran error. —fue lo mejor que lo pude resumir.
—Háblame del error. Necesito entender el contexto para ayudarte. —pidió.
Me prepare para escarbar en el pasado, algo que aunque prefería no hacer, ya iba siendo la hora de hacer. Y tal vez, con la ayuda de Marian Cope, pudiera llevarlo lo mejor posible.
—En Diciembre de 1998, Bella recibió una llamada. Su abuela Marie estaba grave y tomo la decisión de marcharse. Los doctores dijeron que no le quedaba mucho tiempo y Bella, junto a toda su familia decidieron irse a Los Angeles. Me quedé, pensé que sería de más ayuda aquí. Bella y yo seguimos la relación a larga distancia un par de meses, pero las cosas iban y venían de una manera extraña. Un día cualquiera, Clarie apareció en la escuela.
—¿Clarie? ¿Tu esposa?
—Sí. —algo en mí se removió con la palabra esposa— Toda su adolescencia, fue un maldito infierno para toda la familia Swan. Drogas, alcohol, sexo, un novio. Alec fue realmente una mala influencia para ella. Me pidió que la llevara a casa de Alec en Seattle. Accedí, por un tiempo Clarie había estado mejor. Las cosas no salieron muy bien desde entonces.
—¿Qué sucedió, Edward? —dejo la tablet sobre la mesita de centro y me presto más atención.
—Lo descubrió engañándola y yo descubrí a su vez, qué estaba embarazada. Se empecino en ocultarlo, me pidió que la ayudara, y de nuevo, accedí. Unos cuantos meses después, Bella volvió a Forks, pero algo no iba muy bien conmigo. Después, descubrí qué tenía cáncer. Tuve una hemorragia nasal y una crisis epiléptica en el Instituto del baño. Hicimos todo por ocultarlo, Clarie se hizo pasar por Bella y los doctores creyeron qué no tenía a nadie más que a ella.
—¿Clarie se volvió tu cómplice?
—Sí. Oculte la enfermedad hasta que ya no pude más. Todo salió muy mal cuando Renne, la madre de Bella y Clarie, se inmiscuyo en todo. Teníamos un plan y ella lo jodió.
—¿Qué plan?
—Bella perdió el año en el Instituto. Yo me tendría que marchar y ella quedarse. Peleamos, no me quería ir. Luego descubrir qué era mi oportunidad para irme. Necesitaba una cirugía y comenzar con un tratamiento más agresivo. Bella y yo acordamos qué me iría a Phoenix. Ella no quería que yo pusiera en riesgo mi camino hacia la universidad.
—¿Qué sucedió?
—Unas meses antes de la graduación. Clarie comenzó a alejarse de mí. Creí... qué algo iba muy mal. Lo presentía. La contáctate y me enteré de que daría en adopción a su bebé. Me sentí culpable por dejarla sola. Conectamos una cita en una fiesta luego de que yo asistiera a un baile de pre-graduación con Bella. Todo se jodió esa noche.
Tome un respiro antes de continuar.
—Bella nos encontró en una... situación comprometedora.
La doctora Marian frunció el ceño.
—Lo mencionaste. ¿Le fuiste infiel?
Trague en seco. Es directa.
—Le fui infiel de muchas maneras, pero no de esa manera. Mentí, la engañe, oculte mi enfermedad, pero jamás pensé en otra mujer que no fuera ella. Esa noche... todo fue demasiado confuso. Un segundo estaba hablando con Clarie, al siguiente ella estaba vomitando y al siguiente, Bella entraba por la puerta, encontrándonos semi desnudos. Todo fue demasiado rápido, demasiado confuso.
Se me revolvió el estómago de solo recordar aquella noche. La frialdad... el sentimiento de pérdida... la expresión de Bella.
—¿Qué sucedió cuando Bella los encontró?
—Intente explicarle, pero había demasiadas cosas que no podía decir. Ella lo tomo como una confesión, se terminó mi tiempo. Terminamos.
Me incline sobre mí mismo y puse mi cabeza entre mis manos. De pronto, la percepción abrumadora de todo se asentó sobre mi cuerpo.
—¿Quieres parar, Edward? —pregunto.
No puedo parar. No si quiero arreglar todo el rompecabezas de mi cabeza.
—No. Necesito dejar de huir de esto. Necesito comenzar a sacar toda la mierda. Tengo dos hijos. No necesito criarlos en medio de todo este desastre.
—Alice. —continúo— ¿Qué tiene que ver tu hermana en todo esto?
—Alice fue quien encontró a Bella en la fiesta. Le dijo que yo la engañaba con Clarie. Eso... sumando a como nos encontró, no hubo duda alguna para ella.
—Puede que sea un poco molesto para ti, Edward. ¿Pero alguna vez sentiste algo por Clarie diferente a la amistad?
Volví sobre mí mismo, me recargué en el respaldo del sofá y deje salir un suspiro.
—No.
—¿Y Clarie, Edward?
Deja caer mis brazos inertes. Toda sensación se fue. Fue exprimida de mi sistema y me quede con nada. Por largos minutos, me mantuve en silencio.
—¿Edward?
—Yo... —me esforcé por buscar a través de mi mente, pero más de lo mismo.
Nada.
—Yo... no...
Vi como Marian Cope tomo su tablet de nuevo y volvió a anotar algo. Después la puso sobre sus piernas y cruzo las manos sobre ella.
—¿No lo recuerdas?
—No... No lo hago.
Sorprendido, pase una y otra vez las palmas de mis manos sobre mis pantalones. ¿Qué demonios? ¿Por qué no lo recuerdo? ¿Qué me están sucediendo?
Pase mis manos sobre mi cara frustrado.
—¿Puedes hablarme de Clarie, Edward?
Jale mi cabello.
—No quiero hablar de ella. Está muerta. La quise, incluso la ame. Nos casamos en Chicago, fue la madre de mi hijo menor, la perdí en un terrible accidente. ¿Qué más quiere saber?
—Detalles. Te lo dije la última vez que estuviste aquí. Necesito el relleno del postre. Veras, no puedo entender algunas cosas. Necesito que me hables un poco más de tu vida con ella.
—¿Entender el qué?
Mi respiración aumento.
—¿Por qué estás tan enojado con Alice? Es tu hermana y la amas. Crecieron juntos. Sin embargo, evocas todo tu enojo contra ella. Puede que me esté equivocado, pero Clarie estaba allí también. ¿No es cierto? —pregunto.
Sudor frio emanó por toda mi piel. Seguía sin entender a donde quería llegar.
—Sí. —respondí simplemente.
—¿Intento ella hablar con Bella?
—No. —la interrumpí cuando quiso hablar— Por supuesto, Clarie tenía que protegerse a sí misma también. Bella no podía saber sobre su embarazo.
—Y entonces, prefirió callar qué salir a la defensa de ti, un amigo que la apoyo desde el primero momento. ¿Me equivoco?
Negué.
—Clarie... Clarie no... —no pude continuar.
—Lo lamento mucho, Edward. Pero tal como lo platicas, Clarie luce como si solo te dejo solo. Permitió qué Bella pensara qué la engañabas con ella. ¿Es posible que estuviera enamorada de ti sin qué tú lo supieras?
Algo se removió dentro de mí.
—No. Es imposible. Solo éramos amigos. Nos queríamos, pero no de esa forma.
—Pero terminaron casados, de alguna forma, ustedes dos, terminaron casados. ¿Cómo terminas casado con la hermana de tu novia?—pregunto con voz ligera, pero al mismo tiempo, acusatoria. Del tipo que presiona los botones correctos.
Solo que mis botones correctos, parecen demasiado averiados.
La curiosidad fue visible en sus ojos.
—¿Edward?
Evite su mirada, cerrándome por completo.
—No quiero hablar de eso.
Marian Cope pareció pensativa, algo en su expresión me hizo ver que estaba analizando la situación cuidadosamente. Detalle por detalle. Me dio una sonrisa comprensiva.
—Hemos terminado la sección, Edward. Te aconsejo qué hables con Alice. Cuando somos adolescentes, somos erráticos y hacemos las cosas por impulso. No creo que realmente quisiera lastimarte. Si quieres cambiar los patrones, un buen cambio seria abrir espacios de diálogo. Quiero que esta vez lo hagas, el próximo martes. Aquí. No puedes ser mi paciente si no vienes a tus consultas.
Me sentí avergonzado.
—Vendré. —asegure.
—Muy bien. Los pacientes fantasmas no son de mi agrado.
Casi me hace sonreír.
Finalizamos después de unos minutos. Le agradecí por su tiempo y salí del edificio.
Al salir, una llovizna me recibió. Levanté el rostro y deje qué me cayera una a una de las gotas de agua, sobre toda la extensión de mi piel. Mi frente, mejillas, parpados. Termine completamente mojado del rostro, y tal vez, algo sobre los hombros.
Pareció que me quede ahí, hasta que la llovizna disminuyo completamente.
Una sensación extraña me invadió. Algo en el fondo de mi mente.
Mire al cielo y luego al edificio de nuevo. De alguna manera, algo se sentía completamente diferente en mí. Era como si de pronto, una parte de mi mente qué hubiera estado dormida por mucho tiempo, al fin decidió volver a funcionar de nuevo.
Caminé al estacionamiento, sin pensarlo mucho. A veces me sentía demasiado incómodo para rebuscar en mi cabeza. Las cosas son como son, y lo unción qué puedo hacer es trabajarlas para mejorar en el futuro.
Se lo debo a toda mi familia. Sobre todo a Bella, Max y Thomas.
Desde aquella noche en casa de mis padres. Poco a mucho le había visto. Thomas pasaba cada dos días la noche en casa, pero Bella solía hablarle a Emmett para que lo tomara.
Cada que el pasado volvía a la luz, nos alejabas un poco más.
Subí a mi auto y comencé mi camino hacia la oficina.
Marcus había prometido qué la remodelación estaba por terminar. Es bueno en su trabajo y confío en él. Se me ocurrió pedirle información sobre alguna otra oficina, porque así como íbamos, no veía que Garrett pensara en marcharse pronto.
Kate lo tenía justo como nunca había visto a mi mejor amigo. Envuelto alrededor de su dedo. Me preocupa un poco qué sea demasiado pronto para Kate después de perder a su bebé y terminar su relación con Irina.
Tarde un corto lapso llegar a mi edificio. Marcus me esperaba en el lobby.
Es espacioso, de grandes techos altos y espacios abiertos. El piso es de mármol con un estampado a gris y negro, las paredes son de un color blanco platinado y sillones de la misma gama de color están a un costado de la entrada. Al lado, hay un pasillo amplio donde se pueden ver cuatro ascensores.
Marcus mantenía una expresión serena, mientras me esperaba, con su imponente altura y su traje elegante.
Me alegro haber venido con ropa igual de elegante. Hace meses que no me atrevía a usar un traje si quiera. Su traje es azul con rayas a cuadros y una corbata oscura. El mio es más simple y cómodo, optando por un traje dos piezas azul marino con una camisa sport blanca por debajo y tenis.
—Edward. —me extendió la mano y me dio un abrazo. Golpeo varias veces mi espalda.
Le correspondí el gesto.
—Es bueno verte de nuevo, Marcus.
Caminamos hacia los asesores.
—Lo mismo digo, hombre. ¿Cómo está tu madre? ¿Igual de hermosa qué siempre?
Marcus siempre sería igual. Un conquistador sin remedio.
—No hablaré de mi madre contigo. —le di una sonrisa irónica— Puedes preguntarle a mi padre sobre ella.
El ascensor llego y ambos nos metimos dentro. Pulse el último piso.
—¡Auch! Haces qué mi pobre corazón se ponga triste. Sabes que Carlisle y yo no lo llevamos bien los últimos años.
—Bueno, tal vez tenga algo que ver con tus actividades de conquista.
—¿Qué puedo decir? —me dio una sonrisa torcida y se agarró las solapas del traje— Lo tengo en la sangre
El ascensor llego sobre nuestro destino. La puerta se abrió, revelando un espacio abierto muy diferente al que vi por primera vez. Aunque todavía desnudo, se veía bastante prometedor. Mamá haría cosas geniales con esto. El domo el cristal cuadrado ya estaba construido.
Pase mis dedos por el material.
—Fibra de vidrio, tal como pediste.
Se puso a mi lado, mostrando una sonrisita orgullosa.
—Es estupendo. Mamá hará cosas importantes aquí. Necesito que quede lista sobre el próximo mes. Mi negoció ha estado en paro por algún tiempo.
Desde que Clarie murió.
—Escuche de Cullen Constructions. Has hecho un gran trabajo en Chicago, Edward.
Sí, pero no lo suficientemente bueno. Nunca pensé que fuera a ser una empresa realmente relevante, pero lo hizo. Ahora, me costaría un buen tiempo volver a iniciar de nuevo aquí, en Washington. Pero lo valía, lo valía solo por el siempre hecho de estar con mis hijo. Y si me esfuerzo lo suficiente, tal vez Bella también.
Indudablemente, las imágenes de nuestro último encuentro vinieron a mí. Ese beso, daría todo lo que tengo porque volviera a suceder.
—Fue bueno, mientras duro, pero era hora de volver a casa. —fue lo único que dije— Le diré a Esme que puede empezar el diseño de la oficina.
Sus ojos brillaron con diversión.
—Llámame cuando lo hagas.
—No lo creo. —camine hacia la salida— No creo que quiera ser el culpable de que mi padre te arranque la cabeza.
—Descuida. —se encogió de hombros, mientras volvió a pedir el ascensor— Lo puedo soportar, por una mujer como Esme, cualquier cosa lo vale.
Me reí.
Bajamos de nuevo al lobby. Acordamos la última trasferencia que le haría por la oficina y acordó que me mandaría unas cuantas opciones para otra oficina en el mismo piso. Le dije que lo hiciera, pero que me diera oportunidad de hablar con Garrett sobre comprar todo el piso de una vez por todas.
Marcus recibió una llamada de trabajo y su chofer pasó a recogerle.
Saliendo del edificio, algo en mi vista periférica llamo mi atención.
Un edificio, por la parte de enfrente. Alto y de color café. Poseía grandes ventanales de vidrio y una estructura estilizada. Se veía como un edificio viejo, que fue remodelado lo suficientemente bien para lucir decente.
Y lo más importante, por enfrente de el, de la puerta de entrada, salía una castaña.
Bella.
Es inconfundible. Imposible de no notar en cualquier lado donde la vea.
Lleva ropa formal, como yo. Usaba un traje a cuerpo completo en blanco, con escote a hombros y mangas largas. El corte sobre su pecho es cruzado y tres botones están a cada lateral de su estilizada cintura. Lleva tacones rojos y un bolso del mismo color.
Se ve completamente hermosa.
Me robo el aliento, mientras la veía caminar con una gran caja sobre sus brazos.
Antes de cruzar la vi trastabillar sobre el borde del pavimento.
A pesar de los años, sigue siendo un peligro sobre tacones. Me apresure a cruzar la calle, pasando entre los autos.
Logre llegar a tiempo y la estabilicé con las manos de bajo de los codos.
—¿Edward? —sopla sobre su nariz y un mechón de pelo castaño chocolate vuela sobre su rostro.
—Hola. —le di una sonrisa avergonzada y baje las manos, dejando de tocarla.
Ella suspiro.
—Tenemos que hablar.
No puede seguir aplazándolo. Así que simplemente apunte a mis espaldas.
—Mi auto está en el estacionamiento.
Ella se queda inmóvil, pero todavía mirándome a través de sus ojos chocolates.
—Conozco una buena cafetería. Venden un chocolate estupendo, ¿sigue siendo tu favorito sobre el café?
Así que lo recuerda. No lo quiero admitir, pero ese pequeño detalle me provoca un leve cosquilleo en el estómago. No lo quiero admitir, pero me hace sentir como un adolescente. Es como regresar al pasado. Cuando simplemente éramos dos mejores amigos que se amaban, pero las cosas no son así. Hemos pasado tanto, que el pasado busca abrirse camino sobre de mi fantasía, regresándome a la realidad.
—Sí. Sigue siendo mi favorito.
No hablamos durante todo el camino. De alguna manera, creo que los dos nos sentimos nerviosos respecto a compartir un espacio tan pequeño como la cabina del auto. No me pregusta que hago en Seattle o como es que la encontré justo en el lugar indicado a la hora indicada. Yo tampoco lo hago, creo que ya habrá tiempo para ese tipo de preguntas.
—Gira a la izquierda, por la avenida Queen Ave.
Hago exactamente lo que me dice.
—Es en la esquina. —señala, inclinándose sobre su asiento hacia a mi— Justo ese local.
Es un establecimiento pequeño y simple, pero hogareño. Me estaciono en la zona de aparcamiento y apago el auto.
Creo que ambos no estamos listos para salir.
Bella es la primera en hablar.
—¿Me estas siguiendo o algo así?
Me muerdo el labio inferior.
—¿Es una acusación?
—Seattle es grande. —hizo un gesto hacia la calle— Es extraño que te encuentres con alguien de esa manera, sin antes planearlo.
Puse mis manos sobre el volante como una manera de distraerme. Todo lo que mis manos querían hacer era llegar a Bella.
—No te seguía. ¿El edificio de enfrente? Estoy comprando un par de oficinas en el lugar. —explique.
Bella se quedó en silencio, solo mirándome, hasta que soltó una risita nerviosa.
—¿El edificio en enfrente? Es donde trabajo.
—¿NewMoon?
Bella suspiro, dejándose caer sobre el asiento. De alguna manera, verla en mi coche le producía cosas a mi cuerpo.
—Una pequeña editorial. Soy la dueña.
Así que lo hizo. Sin embargo, siempre pensé que Bella terminaría cediendo por escribir. No me resistí a preguntar.
—¿Y sobre escribir? —lo hice.
Bella se pasó una mano por la barbilla.
—Es… complicado Deje de escribir desde que Marie murió, pero sigo amando la posibilidad, así que me decidí por publicar lo que otros escriben. —se encogió de hombros— Es más fácil y sencillo, solo tengo que negociar, corregir y vender.
Me emociono por ella. Saber que por lo menos, después de mi pudo seguir delante de muchas maneras. Siempre lo supe, pero confirmarlo era mucho mejor, aunque en el fondo de mi pecho, un leve atisbo de dolor se hiciera notar.
—¿Y tú? —pregunto de vuelta— ¿Qué pasa con las oficinas?
De alguna manera, me emociono que preguntara.
—Oficinas para Cullen Constructions. Ha pasado unos buenos meses desde que le puse la atención que merece y creo que es hora de hacerlo de nuevo. El edificio es bueno y tengo posibilidades de expandirme, por lo pronto, mi oficina ya está lista. Creo que si uso las armas correctas, podre convencer a mamá de que lo diseñe, necesito su toque, sobre todo para el domo.
—¿Domo? —repitió con curiosidad.
Me di cuenta de que hable un poco demás, pero decidí continuar.
—Un espacio para Thomas y Max. Quiero estar cerca de ellos los días de trabajo.
Bella miro por la ventana.
—Es maravilloso. —aliso las arrugas inexistentes de su traje, sin volverme a mirar— Sera mejor que bajemos, en esta lugar, en chocolate se acaba demasiado rápido.
Abrió la puerta del auto y salió.
Le seguí de cerca, caminando detrás de ella. Me maraville de la elegancia y la soltura con la que caminaba, después de todo, tenía cinco años sin observarla de cerca. Ahora estaba frente Bella la adulta, mama y empresaria.
Entramos al establecimiento. Los pisos eran a cuadros blancos y negros, las mesas de madera y mullidas sillas a sus laterales.
Bella levanto la mano, saludando a alguien tras la barra.
Una mujer de aspecto robusto le regreso el saludo.
—Ella es Susi, la dueña de este increíble lugar.
Bella nos guio hasta una mesa al fondo, lo suficientemente alejada de las demás personas en la cafetería.
Le retire la silla. Ella me miro de manera extraña y acepto la invitación.
—Había olvidado ese tipo de gestos. —menciono, tomando una cartilla del menú.
Supe entonces que lo estaba usando como un medio evasivo.
—Cosas como esas nunca se olvidan.
—Supongo. —dijo simplemente, dejando caer el menú sobre la mesa. Un segundo después, la misma mujer de la barra se acercó a nuestra mesa.
—¿Un café americano como siempre, Bella?
Bella levanto la barbilla sobre su mano.
—Me encantaría.
—¿Y para el hombre guapo de aquí?
Bella hablo primero.
—Un chocolate. No excesivamente caliente, es capaz de no tomarlo. —asi que lo recordaba.
—Entendido. —anoto sobre su libreta y se marchó. La observe llegar hasta la barra, pasar la nota por una pequeña ventana y ponerse a trabajar sobre la máquina de café.
—Susan es la mejor preparando café y chocolate. —me aseguró
—Ya lo creo. —una vibración nos interrumpió. Lo odie un poco, pero considerando que mi teléfono lo traía en el bolso del saco, dudaba que fuera el mio.
Bella rebusco entre su bolso rojo. Cuando al fin encontró su teléfono, leyó algo en la pantalla y lucio demasiado sorprendida.
—¡Demonios! Lo olvide.
—¿El qué? —pregunte. La observe ahora a ella, escribir algo sobre el teléfono y dejarlo sobre la mesa con un gesto resignado.
—Es Leah. Quedamos de comer en este lugar, viene con su marido, su mejor amiga y su esposo. ¿Es algún problema? Los saludare y luego podemos marcharnos.
Le quite importancia.
—No es problema.
—Leah es mi asistente personal, secretaria, y muchas cosas más. Ahora, antes de que lleguen…
Sin más, Bella fue interrumpida por la campanilla de la puerta cundo avisaba que alguien había llegado.
Cuando vi quienes eran, mi respiración casi para por completo.
No se suponía que sucediera de esta manera.
Jacob y Leah Black me miraban desde el otro lado de la habitación. La pequeña niña, oculta entre sus dos cuerpos, me miro de manera diferente. Sus ojos azules estaban repletos de curiosidad.
Ojos que ya había visto en otra parte.
Los mismos ojos de Clarie.
.
.
"Estoy cansado de llorar despierto. Tengo que dejarlo y comenzar a sanarme. Pero cuando te mueves de esa manera, solo quiero quedarme. ¿En qué me he convertido?"
.
.
AHHHHHHH *se va corriendo y se esconde* Okey, las cosas siguen su cauce. Edward ha decidido de una vez por todas asistir a la consulta de Marian Cope con regularidad y su oficina esta casi lista. Yeiii. El Edward profesional les va a encantar, por otro lado, ¿Cómo es posible que trabajen frente a frente Bella y él? La vida tiene formas interesantes de seguir cruzando sus caminos. Y siiii, es hora de que Edward arregle otro de sus problemillas. Ambos se apellidad Black y son los padres adoptivos de Anne. ¿Cómo creen que reaccionen Jacob y Leah ahora que se ha dado este primer encuentro? Por cierto, no olviden que Bella aún no sabe quiénes fueron los padres adoptivos del bebé de Clarie.
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1
Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109
