Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
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Linkin Park – Numb
Leer al matrimonio Black no me es difícil. No solo porque Leah había decidido tomar a Anne en sus brazos e incentivarla a que recostara su cabeza entre su cabeza y cuello. Sino también porque Jacob Black está muy molesto, con los ojos negros centellantes de furia liquida y las manos hechas puños a los lados de su cuerpo.
Es alto, tal como lo recordaba, de facciones fuertes y piel morena rojiza. El pelo lo lleva corto en un peinado normal. Cuando lo conocí lo llevaba largo. Tan largo qué le llegaba más allá de la cintura y lo solía atar en una coleta sobre su cabeza. Leah es tan alta como él y tiene casi los mimos rasgos, son esposos, pero fácilmente podrían pasar como hermanos.
Anne es una niña grande para su edad. Tiene cinco años, probablemente pronto cumpla seis. Es extraño, porque solo tiene los ojos azules de Clarie. Esos ojos azules capaces de dejarte paralizado con una mirada, tan trasparentes qué en ocasiones parecen vaciados de vida. Por lo demás, es igual a Bella.
Es extraño, pero a la misma vez entendible.
Antes de que me diera cuenta, el momento se rompe. Soy el primero en romper la conexión entre nosotros. Necesito hacer un análisis de daños, antes de hacer cualquier movimiento en falso.
Una chica de aspecto esbelto y morena danza hacia nosotros. Tiene la piel lisa y unos ojos miel espectaculares.
—¡Jefa! Cómo pudiste olvidarte de que comeríamos con Jake y Leah.
Bella aún tenía toda su atención puesta en mí, pero de todos modos le respondió. Sé que sospechaba que algo anda mal. Me conoce demasiado bien.
—Sabes que tengo una mente distraída, Leah. ¿Dónde está Sam?
La chica que también se llama Leah, lo cual fue confuso por decirlo menos, apunto sobre su hombro.
—Estacionando el auto, no encontrábamos lugar. —suspiro y hizo un gesto con la mano hacia mi—Leah Miller, mucho gusto. ¿Y tú eres...?
Estrecho su mano con la mía.
—Edward Cullen.
Hizo un mohín, sacando su mano rápidamente de entre la mía.
—¿El Edward Cullen de Bella? ¿El Edward Cullen qué...?
—¡Leah! —Bella la interrumpió antes de que siguiera hablando con un gesto severo. Ella debía ser la Leah qué era su secretaria, asistente y muchas cosas más— Solo... siéntate y no digas cosas imprudentes.
Bella se puso de pie, avanzando a la pareja que aún se mantenía de pie en la entrada de la cafetería, lejos de nosotros.
—¡Jake! ¡Leah! No se queden ahí parados. Oh, pero si es la pequeña Anne. Hola, pequeñita. —acarició su cabello.
Apreté los dientes. ¿Qué pasaría cuando Bella se enterara de quien era Anne? Esperaba un poco más de tiempo para acercarme a ellos. No un encuentro tan violento como este. Sé, por la expresión de sus rostros, que temen no estar parados en el mejor lugar dentro de todo esta historia.
Yo sospechaba por qué.
—Hola, tía Bella. —respondió Anne, con voz ligera y tintineante.
—Tomen asiento, lamento el olvido. Sé que quieren hablar sobre los libros que serán donados en la escuela La Push, podemos coordinarlo ahorita mismo. —Jacob se relajó, pero a su lado, Leah negó.
Acaricio la espalda de Anne con suaves movimientos.
—Creo que será mejor que nos vayamos. No queremos incomodar. De todos modos, Anne tiene una cita con su psicólogo a las cinco. Hagamos una cita para otro día, ¿tal vez la siguiente semana? —dijo tentativamente.
Es obvio que no quieren compartir el mismo espacio que yo. Bella dudo un poco, pero al mirar a Anne sobre el hombro de Leah, accedió.
—Muy bien, podemos hablarlo después. Lamento haber olvidado el compromiso. Prometo arreglarlo para ustedes. Les va a encantar lo que voy a hacer con la biblioteca.
Por primera vez, Jacob hablo. Le dedico una sonrisa a Bella. Aunque incomoda, asumí que estaba haciendo su mejor esfuerzo por no explotar.
—No importa, Bella. Asegurarte de llamarme cuando estés en casa. —sus palabras se reproducen en mi cabeza—Creo que tenemos algo de qué hablar.
Esa fue una advertencia. Una advertencia clara y concisa. Bella miro brevemente sobre su hombro hacia mí, pero rápidamente volvió su atención de regreso a ellos.
—Lo haré. Te quiero, pequeña Anne. Qué tengan un buen día con tu psicólogo.
—No me gusta ir, pero mamá dice que todos necesitamos hablar con alguien. —Anne murmuro con desilusión.
—Mamá tiene razón.
—Mamá siempre tiene la razón. —Leah fulmino con la mirada a Jake. Jacob endureció el gesto y dio un paso adelante.
—Que tengan una buena comida.
Trate de que mi rostro no denotara ninguna emoción. Leah, la otra Leah, a mi lado levanto la mano y le agradeció.
—Lo juro. —susurro por lo bajo— Nunca es tan raro. Supongo que tiene algo que ver con los problemas que Leah y él se traen.
Aquello llamo mi atención.
—¿Qué quieres decir?
—Los acompaño afuera. —Bella siguió hablando con al matrimonio, mientras los cuatro caminaban hacia la salida.
Los observamos, cuando estuvieron fuera de nuestra vista, Leah tuvo su oportunidad.
—Sam dice que Leah le ha pedido el divorcio a Jake dos veces. Jake se niega a dejarla marchar, la ama muchísimo pero creo que en los últimos años se han concentrado tanto en ser los padres de Anne qué lo han olvidado un poco.
¿Leah y Jacob Black divorciándose? Si eso pasaba, todo lo que Clarie alguna vez quiso para Anne sería destruido. El hogar, la estabilidad, la seguridad.
Intente parecer desinteresado.
—¿Qué tal lo lleva la niña?
—Son perfectos padres. —tomo una galleta muestra de la masa, de esas que ponen como adorno y se la metió en la boca— ¡Demonios! Esto sabe asqueroso.
Tomo una servilleta y se limpió la boca con ella.
—Lo siento, tengo que ir al baño.
Colgó su bolso en el respaldo de la silla y se puso de pie. Le pidió a una mesera indicaciones para llegar al baño y ella le indico un par de direcciones.
Intente mirar si podría ubicar a Bella entre el cristal de la puerta, pero no pide ver nada. Maldita sea, esto no se supone que saliera así. Cuanto más quería alejarme del pasado, más tomaba su camino hacia nosotros.
Finalmente, la vi entrar en la puerta con una expresión extraña. No pude evitar observar como algunas miradas la seguían en su camino hacia mí.
Es hermosa por si misma.
—¿Qué demonios fue eso? —se sentó frente a mí.
—¿A qué te refieres? —sabía que tenía que hablar con ella, pero no era el momento.
—No te atrevas. —señaló mesa y uso su dedo índice para apuñala— A decirme que no pasó nada allí. ¿Me lo vas a decir o tengo que esperarme otros cinco años, Edward?
La línea entre nosotros era claramente tensa. Me recosté sobre el asiento una y cruce los brazos sobre mi pecho.
—Hablaremos. Esta noche, ¿puedes venir a casa?
—Puedo. —dijo, entrecerrando los ojos— Llevare a Thomas.
Al menos podía tener un tiempo con mi hijo antes de derribar otro muro entre ambos. Un muro con una gran historia. Del tipo que no me tocaba contar a mí, pero del tipo que ahora lo es porque Clarie está muerta.
No solo tengo que cargar con mis errores, también con los de ella. Ignore ese pensamiento, sin saber muy bien de donde provenía.
—Bien. Haré algo de cenar y luego, podemos hablar.
—No quiero más mentiras, Edward. —advirtió— Sí no me dices sobre Jake o Leah, se acabó.
Eso fue un completo golpe bajo. Nada de lo que Bella o yo hiciéramos podía reparar nada de lo que paso antes, pero si de algo estaba seguro, era qué si podía empeorar. Y mucho.
—Lo haré.
—Es sobre Clarie, ¿verdad?
Se mantuvo impasible, así que no pude leer su expresión.
—Sí.
—¿Es Anne? —quite las manos sobre mi pecho.
—Escucha, Bella. Esto es más…
Antes de que pudiera seguir hablando, Leah regreso del baño. Al mismo tiempo, un hombre alto y de facciones igual de fuertes de Jacob Black entro a la cafetería. Llevaba pants deportivos y una camisa sin mangas de color negra.
Nos sonrió a todos. El tipo de sonrisa con todos los dientes y hoyuelos incluidos
—Lo juro, esas galletas son como mierda pura. —Leah sonrió al hombre— Hola, esposo.
—Hola, esposa. Dama. —se inclinó hacia Bella y beso su mejilla.
—Sam. Él es Edward. —me presento Bella— Y este es Sam.
Sam levanto las cejas.
—¿Eres el padre de Thomas?
—¡Sam! —Leah lo jalo del brazo y lo hizo sentarse—Eso no es muy educado de todos modos.
—Entontes tú lo tienes todo, menos educación, mi amor. —acomodo su silla— Oye, no te incomode, ¿cierto? Hombre, me disculpo. A veces no tengo filtros.
Bella levanto la mano, llamando la atención de Susan.
—Por supuesto que no. —conteste, comenzando a quitarme la chaqueta de mi traje. Con toda la tensión que sentía desde que los Black habían entrado a la cafetería, de pronto me sentía un poco asfixiado.
Leah codeo a Bella.
Bella rodó los ojos.
—Y sí, soy el padre de Thomas. —deje la chaqueta sobre el respaldo de mi silla.
—Nuestro chico ha estado hablando de ti todos los días. Me sorprende que todavía no adivine por sí mismo que eres su padre. Son... idénticos.
Susana llego interrumpiendo las conjeturas de Sam.
—¿Sí, cariño?
—Ustedes dos, ordenen. —demando Bella a Sam y Leah— Y dejen de hablar sobre mi vida privada. —Bella los señaló.
—Me dañas. —Sam puso una mano sobre su pecho, fingiendo sentirse ofendido— Pero si insistes. Dos pasteles de chocolate tamaño grande y dos tazas de chocolate, la de Leah sin azúcar. La mía, con crema chantillí, bombones y chispas de chocolate.
—Te lo juro, no sé cómo no coges diabetes. —contrarresto Bella.
Susana sonrió suavemente. Seguro acostumbrada a las personas con un gran requerimiento de azúcar. Conocía a otras personas capaces de comer todo lo que Sam había pedido. Como Emmett, Carlisle, Alice.
Una sensación desagradable se asentó en mi estómago al pensar en ella. Tenía días sin salir de su habitación. Más temprano que tarde, debía hablar con ella. La doctora Cope lo aconsejo, llevaba la razón. No hay otra forma de cambiar los patrones que comenzar a emplear nuevas tácticas.
—En un minuto lo tienen. —gurdo la libreta donde anoto todo en el delantal que abrazaba su cintura y se marchó.
Al mismo tiempo, una mesera de aspecto joven y con una gorra de color marrón dejo nuestro pedido. Tenía el rostro lleno de pecas y le dedico una sonrisa a Bella.
—Aquí tienen. Qué disfruten.
—Gracias, Sindy. —Bella tomo su taza de café y me dio la mía.
Sople sobre el chocolate y bebí un poco. Bella me miro sobre su taza, evaluando mi reacción.
—El mejor, ¿no?
Esperaba que Esme nunca se enterara de lo que estaba por decir.
—Puede.
Bella me dio una sonrisita.
—A todo esto. —Sam hablo— ¿Dónde esta Leah, Jake y Anne?
Bella respondió.
—Se han ido. Tenían cosas que hacer.
—Jacob se estaba comportando de forma extraña. —dijo Leah, como quien no quiere la cosa.
Sam cogió la mano de Leah sobre la mesa y le dio un apretón.
—Él hace eso desde hace un tiempo. Leah está preocupada.
Bella se incorporó en su silla, mostrándose interesada evidentemente. Yo trate de mantenerme al margen, sin mostrar ninguna reacción que pudiera dar pie a las sospechas de Bella, aún más.
—No hables de la vida de los demás, Leah.
—Solo digo lo que dicen en la reservación. Su matrimonio no marcha bien. Muchos dicen que se van a divorciar. —Leah se apartó el pelo de los hombros, mostrando desinterés.
Sam aparto su mano, puso el brazo alrededor de los hombros de su esposa y beso su sien.
—Jake no la va a dejar marchar, está dispuesto a mejorar. Solo es cuestión de que ella se lo permita.
Bella se distrajo, jugueteando con una servilleta.
—Ojalá todo en este mundo se arreglara tan fácil, Sam. En una relación, la confianza es primordial.
—Lo es. —Bella apoyo a Leah.
Leah, sin embargo, continúo hablando. Creí que había intentado demostrar que no le importaba, pero evidentemente lo hacía.
—Toda la vida quisieron tener una hija. Antes, ese era su problema, ahora Jake vive obsesionado con el cuidado de Anne. Está bien, es su pequeña, pero Leah es su esposa y son una familia. Un equipo. Ni siquiera permite qué Leah la lleve al escuela.
—Es por la condición de Anne, cariño. Jake no quiere hacerle daño a Leah.
¿A que condición se refería? Es como si Bella hubiera escuchado mi pregunta mental, porque me puso al tanto.
Sus ojos chocolate se estrecharon en los bordes, supe entonces que calcularía mi reacción. Vamos cariño, has lo mejor que puedas.
—Anne tiene Trastorno Límite de la Personalidad. TLP. Se lo diagnosticaron a tiempo, pero Jake ha estado muy estresado desde que lo descubrieron. —Bella sacudido sus manos, dejando motitas de papel por toda la mesa— Leah quiere que la niña deje los medicamentos, pero Jake no. Los conocí a través de Billy, hace un par de años. Billy es uno de los mejores amigos de Charlie. Anne era muy pequeña para entonces. Thomas fue conmigo e intento jugar con ella, al principio todo iba bien, pero después de un tiempo Anne comenzó a desesperar. Primero comenzó a llorar, luego paso a berrear y cuando golpeo a Thomas, todos nos asustamos mucho. Leah y Jake se disculparon, y me explicaron sobre la condición de su hija.
Sé sobre el TLP, más de lo que quisiera. Clarie también, pero no es momento de hablar de ello. Es catastrófico como padres e hijos heredan entre si enfermedades. Me pregunte si Clarie estaba al tanto sobre el TLP de Anne. Agregue eso a la lista de lo que Bella y yo tendremos que hablar cuando llegue el momento correcto.
—Es solo una niña. —se lamentó Leah— No debería estar viviendo esto.
—Bueno... —Bella tomo un sorbo de su café— A veces terminas por pagar los errores de los demás.
Aleje mi taza de chocolate, todo mi apetito se había ido.
—Y Anne. —Bella dejo la taza en la mesa, al lado de la mía y continuo hablando— Puede terminar pagando más errores de los que creemos.
La misma chica de antes regreso, con el pedido de Leah y Sam. Hablaron sobre ellos dos. Sobre su historia.
Se conocieron en Florida, mientras Sam estaba de vacaciones con algunos de los chicos de La Push. Sam descubrió a Leah como hermosa, loca y totalmente deseable. Leah dijo que fue amor a primera vista. Dos meses después, la convenció de regresar con él a Forks y desde entonces, Leah comenzó a trabajar con Bella en la pequeña editorial. No están casados, pero son una pareja estable.
Viven en La Push. Sam es entrenado de la pequeña escuela primaria de la comunidad Quileute. Me hablo de Jake. Son mejores amigos desde la infancia.
Es curioso, como ambos tienen esposas con el mismo nombre.
—Billy dijo que es una rareza, pero tan amigos como siempre fuimos, tiene todo el sentido.
—Aunque Leah y yo somos bastante diferentes. —Leah tomo un poco del pastel de Sam, el suyo ya se lo había acabado— Nos llevamos bien, pero no somos las mejores amigas.
Bella movió su cabeza en señal de entendimiento.
—Es un poco demasiado sería.
—¿Y tú Edward? ¿A qué te dedicas? —Sam se salió del tema. Sospeché que lo hizo por piedad a mí, debido a que me mantuve callado la mayor parte de la conversación.
—Soy arquitecto. Tengo una pequeña empresa junto a mi mejor amigo. Cullen Constructions.
Leah dejó caer la cuchara con la que estaba comiendo en la mesa.
—¿Me estas jodiendo?
Uh.
Sam soltó una carcajada. Supuse que estaba acostumbrado a las palabrerías de su mujer.
Esta vez, yo me reí también.
—¡Leah! —Bella hizo un movimiento bajo la mesa.
—¡Auch! —removió los pies bajo la mesa— Lo siento, jefa. Pero el hombre aquí está siendo modesto. ¿Cullen Constructions? Sí, es pequeña, pero solo porque solo aceptan proyectos de alta gama. ¿La Torre Aqua en Chicago? Ellos la construyeron. Y ese socio tuyo. —le guiño un ojo a Sam, antes de seguir conjeturando sobre Garrett— Está completamente para comérselo.
Bella frunció el ceño.
—Creí que dijiste que solo estabas comprando una oficina.
Esta vez, la desconfianza fue legible en todos lados. Quizás pensaba que le estaba mintiendo de nuevo.
—Dije qué compre una, sí. —respondí, tranquilizándole— La sede está en Chicago. Garrett y yo tenemos a nuestro hombre de confianza ocupándose de todo. —ese es Riley— No hemos hablado sobre el tema, pero por mi opinión personal, tal vez abramos una aquí.
Con el resiente interés de Garrett por Kate, muy pocas cosas estaban claras respecto a Cullen Constructions, lo que no me incomoda, siempre y cuando ninguno de los dos salga lastimado.
Bella se cruzó de brazos.
—No lo dijiste.
—No hemos hablado por un tiempo. —no en verdad.
—Hablamos en el auto.
Leah le susurro algo a Sam.
—Dejemos esto para otro momento. —señale con la barbilla a sus amigos.
Bella se avergonzó. Miró a Sam y Leah con un gesto de disculpa.
—Lo siento chicos, no quise incomodarlos.
—Nah. Es bueno verte en acción, jefa. —la agarró del brazo— Nosotros nos marchamos. Queremos ir a ver una película en el cine. Gracias por la comida.
—Gracias a ustedes. —contestamos Bella y yo al mismo tiempo.
Nos despedimos, cada uno nos pusimos de pie. Sam me hizo hacer un extraño saludo y Leah se puso de pinturas, besándome la mejilla.
—Le haces daño de nuevo y te parto los huevos, gilipollas
Intente no reírme. Sam y Bella hablaban un poco alejados de la mesa, concentrados en su conversación.
—Tienes mi palabra.
—Cuento con ello. —se alejó y arreglo su bolso en su hombro— Tengo mi fé puesta en ti, Cullen. No me decepciones. James... es un lento de lo peor.
Vaya. Al parecer a Leah no le gustaba James. Fue todo un descubrimiento y me pregunte cual era la causa. Me dio un saludo militar y se fue tras de Sam, abrazando por la cintura. Bella les dijo unas cuantas cosas más, se despidieron y partieron.
—Ha sido una comida... interesante. —Bella volvió sobre su camino.
—Lo fue. —dije, sacando mi billetera. Hora de pagar y márchanos de regreso a Forks.
—¿Pero qué haces? —Bella pareció más que ofendida— Yo te invite, yo pago.
Susan vino hacia nosotros.
—Lo siento, pero eso no está a discusión. —le entregue la tarjeta de crédito a Susi antes de que Bella pudiera decir nada más. Paso la tarjeta por la terminal, introdujo el monto y nos dio una sonrisa amigable.
—Vuelvan cuando quieras. Bella, la próxima vez que vengas trae a ese dulce niño tuyo.
La expresión de Bella se relajó. Aunque era más que obvio que no le había gustado que pagara.
—Lo haré.
—Es una promesa. —Susi pasó por mi lado, apretándome un hombro. De alguna manera, se sintió reconfortante y como una señal de apoyo.
Bella resoplo.
—Había olvidado lo cabezota qué eras.
—Algunas cosas nunca cambian.
Acomode las sillas sobre las qué habíamos estado sentados y tome mi chaqueta. Caminábamos muy cerca, casi hombro con hombro, mientras salíamos de la cafetería.
A diferencia del interior, el exterior estaba húmedo y corría bastante aire.
—Creo que va a llover. —murmuro.
Observe el cielo repleto de nubes.
—Sería extraño si un día no llueve en Seattle.
—Lo sería. —abrió la boca para decir algo más, pero tan pronto como lo hizo, regreso al silencio.
Titubeo otro poco más y entonces, la vi.
Cabellera rubia. Hablaba por teléfono, agitando las manos enfrente de ella.
—¡¿Tanya?! —dije extrañado. ¿Tanya aquí? ¿No había sido ya un día de suficientes encuentros y coincidencias?
Bella puso sus labios en una línea fina.
—No puede ser.
Detrás de ella, y en toda su altura imponente, Tanya se giró hacia nosotros. Llevaba un saco largo de color rosa, un vestido a media pierna blanco hasta la rodilla, un bolso marrón y simples gafas amarillas.
—¡Edward!
Se quitó las gafas.
—Tanya. —dije yo.
—Que sorpresa encontrármelos aquí. —avanzó hasta nosotros y me dio un beso en la mejilla, colgándose de mi hombro— Hola, Bella. Me encanta tu traje a blanco completo.
Bella ni siquiera la miro.
—Doctora Smith. —dijo simplemente— Gracias.
—Oh, deja de llamarme así. Es Tanya. A secas. —Tanya siguió manteniéndose a mi lado, sonriendo radiante— No puedes ir por ahí llamándome Doctora Smith. Esa es mi madre.
Vi a Bella pasarse una mano por el cuello. Señal de que se estaba molestando. Di un paso adelante y me acomode a su lado. No quería dar el mensaje equivocado y los constantes acercamientos de Tanya no me estaban ayudando. Yo venía con Bella y cualquier cosa que pudiéramos tratar Tanya o yo, podría ser después.
La primera vez fue invitada por mi madre a casa, esta vez... se estaba pasando un poquito de la raya.
—Hace un tiempo fenomenal, ¿no creen?
—Va a llover. —dijo Bella con incredulidad.
—Eso es. Dicen por ahí que las mejores cosas se dan en la lluvia. —se puso sus gafas de nuevo— Un gusto verlos. Asegúrate de mandarme un mensaje para decirme que día podemos salir, Edward. No puede ser posible que me dejes en plante.
Oh, no lo hizo. ¿Qué está tratando de lograr? Odio admitirlo, pero comienzo a sentirme perdido por su actuar. Pensé qué podía confiar en ella, pero después de todo, no deja de ser la mejor amiga de Clarie.
—Tal vez la siguiente semana. —mentí.
—Te estaré esperando. —volvió a besarme la mejilla. Después, y sin previo aviso, beso a Bella también.
Bella se quedó con los brazos en el aire, con una expresión estupefacta.
—Que tengan un excelente día. Te llamare, Edward.
Camino hacia un auto Mercedes en la esquina de la calle, solo que de color gris a diferencia del mio. Abrió la puerta y lanzó su bolso dentro. Al pasar a nuestro lado por la calle, volvió a despedirse con la mano.
No fue hasta qué desapareció calle a bajo qué Bella volvió a hablar.
—No me gusta nada. Es todo, menos normal. Te lo juro. No la quiero cerca ni de Thomas ni de Max.
Me fije en los dedos de su mano, apretados tan firmemente sobre la correa de su bolso qué sus nudillos se encontraban blancos.
—No es nada de qué preocuparse.
—Oh, Edward. Sé de qué preocuparme. Te mira como si fueras un pedazo de carne.
Alce una ceja.
—¿Un pedazo de carne?—pregunte estúpidamente.
Esbozo una sonrisa cínica. Incluso, puede que en el fondo enojada.
—¿Crees que estoy celosa?
—No lo hago.
—Estas equivocado. — obvio mi respuesta anterior, demasiado agitada para su propio bien—¿Sabes lo único que veo cuando te mira? Así te miraba Clarie, antes de que te marcharas con ella a Chicago. Te lo digo de una vez. Ahora mismo. —se acercó y me dio un golpe en el pecho. No uno fuerte, pero lo suficientemente firme— Vete de nuevo y nunca más dejaré qué te acerques a nuestro hijo.
Me dolió su advertencia. Sobre todas las cosas, nunca abandonaría a Thomas.
Tome su mano sobre mi pecho.
—No lo voy a hacer.
—Más te vale. —dijo entre dientes.
Intento quitar su mano de mi pecho, pero la retuve un poco más.
—No me voy a volver a ir. .
—No lo hagas por mí. —quito su mano— Hazlo por Thomas. Aunque no sepa que eres su padre, ya te quiere. No lo abandones. Y sobre todo, tiene derecho a convivir con su hermano.
Me encanto que no solo luchara por Thomas, sino en el fondo también por Max. Ambos, así como ella lo decía, eran hermanos. Thomas adoraba a Max y Max no parecía sentir algo diferente a él. Serian el compañero uno de otro. Así como Emmett y yo lo fuimos durante toda nuestra infancia.
—Me voy. —dio un paso atrás.
Esta vez, seguro de que me lo podría difícil, me interpuse en su camino antes de que siguiera caminando. La aparición de Tanya no hizo más que poner las cosas más complicadas.
—Te puedo llevar. —ofrecí.
—No lo creo. —hizo una seña— Tal vez quieras ir y buscar a tu amiga.
—Isabella. —me sujete el puente de la nariz.
Comenzaba a sentirme irritado.
Regreso sobre sus pasos.
—¡No me digas Isabella!
—Entonces, no seas tan cabezota.
—Entonces, aleja a tu extraña amiga de tus hijos. —contraatacó.
Un carro pito cuando paso a nuestro costado. Sin darnos cuenta, habíamos bajado del pavimento y estábamos sobre la calle misma. Estábamos en medio de la calle prácticamente. Montándola en grande.
—Entra al auto. —la tome del brazo.
Pegó un pisotón sobre el piso.
—¡Suéltame!
—Entra al auto. —saque el control del auto y apague la alarma.
—Edward...
—Te llevare a casa. Puedes no hablar o no mirarme. No dejare que te vayas sola a Forks.
Frunció los labios, pero de todos modos, se dejó guiar por mí. Caminamos juntos. Abrí la puerta del auto y espere a que entrará. Si no lo hacía, estaba dispuesto a esperar todo lo que fuera necesario.
—Esto no es divertido. —refunfuño.
Puedo soportar eso. Ante mi silencio, rodo los ojos con fastidio y entro auto. Cerre la puerta y me incline sobre la ventana para hablar con ella.
—No lo es. De todos modos, quiero que quede claro algo. Tanya no significa más de lo que es.
—¿Y qué es?
—La mejor amiga de Clarie.
—Dame la chaqueta. —me quito la chaqueta de las manos y la puso sobre sus piernas. No dije nada, simplemente sonreí.
Camine sobre el frente del coche. Abrí la puerta y esta vez entre yo.
—¿Sabes? Esto no significa nada. —hizo un mal gesto y esa especie de puchero qué siempre hacia cuando se enojaba. Quise tocar sus labios con mis dedos, pero en vez de eso, simplemente comencé a conducir en silencio.
A medio camino, encendí el reproductor de música y puse Claro de Luna.
Ella simplemente suspiro y finalmente, por primera vez en el día, recargo su espalda en el respaldo y se relajó.
Pasamos por la interestatal de camino a Forks. Respete la velocidad mínima y me puse sobre el camino con extrema precaución cuando comenzó a llover. La gotitas de agua se plantaron en el parabrisas, creando sus propias formas y caminos.
—Mi casa está en el pueblo. —dijo cuándo fue visible el letrero de "Bienvenidos a Forks, Washington"— Sobre la cafetería del viejo Jeff.
Cruce la entrada del pueblo, tomando la primera calle a la izquierda.
—¿Qué hay sobre vivir sobre la cafetería del viejo Jeff?
—Es un lindo apartamento. —paseo un dedo sobre las gotas el vidrio de su puerta— Y es el hogar de Thomas. Podría buscar una casa, pero no sería lo mismo.
Thomas y ella deben amar ese lugar, porque si Bella tiene a NewMoon, seguro podía permitirse una casa.
—¿Es seguro? —no pude evitar preguntar, solo para asegurarme.
Bella dejo su juego sobre las gotas y me fulmino con la mirada.
—No te atrevas a ir por ese camino, Edward Cullen. No te gustaran mis respuestas.
Bien hecho, Cullen.
Sería mejor si cerraba mi gran bocota.
—De todos modos. —estacione justo afuera de la cafetería del viejo Jeff. Algunas luces se encontraban encendidas, pero en su mayoría, no se observaban muchos clientes dentro— ¿Puedes solo hablar con Alice? —tomo su bolso— No quiero ser la culpable de que te alejes de ella. Todos cometemos errores.
Otra sorpresa. Bella intercediendo por Alice.
—Lo hare.
—Bien, te veré esta noche. ¿Thomas se puede quedar a dormir? Sé que me preguntará cuando le diga que vamos a casa de la abuela Esme.
—Por supuesto. —me encantaba cuando Thomas se quedaba en casa.
—Bien, asegúrate de no incendiar la cocina de tu madre. —Bella salió del auto, sin cubrirse de la lluvia y comenzó a correr hacia casa. Llego a un costado del edificio, con todos los bordes de su pantalón de traje completamente mojados, su cabello era un desastre y los labios los tenía rojos granate.
Subió las escaleras de dos en dos, y antes de que pudiera darme cuenta, la puerta del departamento fue abierta y ella entro.
No fue hasta que desapareció de mi vista que saque mi teléfono. Marque el número y al segundo timbre, la otra persona al otro lado de la línea respondió.
—Jefe Swan al habla.
—¿Charlie? Necesitamos hablar. —baje un poco la ventanilla del auto, sin importarme si el agua se filtraba al interior. Puse el altavoz y comencé a subir las mangas largas de mi camisa blanca formal.
—¿Qué pasa, Edward?
—Me tienes que explicar porque Jacob Black y su esposa están aterrorizados de verme.
Al otro lado de la línea, Charlie se quedó en silencio.
—¿Charlie?
—Puedes venir a la comisaria, tengo a Jake Black justo con uno de mis oficiales.
Encendí el auto.
—¿Qué está haciendo allí?
—Hombre, no sé qué le pasa, pero está tratando de poner una orden de alejamiento. Espera un momento. —escuche algo parecido al chirrido de una silla, una puerta siendo abierta y Charlie hablando con alguien, lo siguiente que supe, es que del otro lado, Charlie maldijo— Se ha vuelto completamente loco. La orden de alejamiento… es contra ti.
Maldita sea.
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"Me estoy convirtiendo en esto, todo lo que quiero hacer. ¿No ves que me estoy sofocando? Amarrándome firmemente. Tengo miedo de perder el control"
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¡Holi! Bello miércoles y aquí estamos, ustedes se preguntaran, ¿qué hace actualizando un miércoles? ¡Capitulo extra sorpresa a pedido de unas chicas en el grupo de Facebook! Regresando al capítulo, ¿Cómo ven todo el encuentro en la cafetería? Es claro que los Black sienten una aversión por Edward muy clara y por algún motivo, ahora Jake quiere alejar a toda costa a Edward. Uhhh, ¿tendrá esto que ver con ciertas personitas que han estado muy desaparecidas de la historia? Ahora, ¿Bella y Edward? Planeando cenar y toda la cosa, yo no sé ustedes, pero las cosas avanzan entre nuestros dos protagonistas. Cada día, Bella está más abierta a hablar sobre el pasado y parece que no le gusta ver a Edward y Alice peleados. Alice. Alice. Fue un poco malvada y egoísta, pero adjudíquenlo a la edad y la inmadurez. Alguien por ahí me preguntaba si es la villana o guarda más secretos, la verdad es que no Suficiente ya ha tenido que sufrir, ahora le queda sanar y ser feliz. Ya lo verán. ¿Y Tanya? me saca de quicio totalmente, y ese encuentro "casual", yo no me lo trago. ¿Ustedes si?
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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