Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
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30 Seconds to Mars – Hurricane
Hiciera lo que hiciera, Jacob Black se tenía que detener. ¿Una orden de alejamiento? Ni siquiera había un razón por la que él quisiera alejarme de Anne.
—Estoy en camino.
—No vengas. —Charlie advirtió— Hablare con él, tratare de que razone.
—No lo entiendes, Charlie. Lo vi hace un par de horas en Seattle. Algo anda mal.
—Bien. —aceptó con un suspiro— Mientras tanto, le diré al oficial a cargo que lo mantenga aquí.
Colgué el teléfono sin más, apresurándome por llegar a la comisaría de policía. Al llegar, me estacione al lado de una camioneta pick up roja de aspecto viejo y con el color descolorido. Baje del Mercedes a toda velocidad, ni siquiera molestándome en ponerle la alarma.
Al entrar a la oficina, un hombre de aspecto robusto me dio una señal con la barbilla.
—El jefe Swan dijo que vendría, está en su oficina con el señor Black.
Le agradecí por su mensaje y tome camino hacia la puerta con el nombre de Charlie. Me forcé a no flaquear por lo que estaba por venir, si Jacob Black quería poner una orden de alejamiento contra mí, algo más debía de haber detrás de esa acción.
Puse la mano en el picaporte y gire.
—¡No lo entiendes maldita sea! —escuché decir a Jacob entre dientes a penas entre por la puerta.
Charlie se encontraba sentado detrás de su escritorio. Vestía su uniforme de policía a colores azules, mantenía los brazos cruzados sobre el pecho y todo su rostro se mostraba impasible. Jacob, por otro lado, se inclinaba sobre el escritorio en toda su imponente altura, apuntando con su dedo índice directamente al rostro de Charlie.
—Lo único que entiendo es que estas actuando como un maldito lunático, Jacob.
La puerta se cerró tras de mí.
Jacob se irguió sobre sus pies, cuadrando los hombros.
—¿Qué hace él aquí? —exigió saber.
Muy bien, es hora de arreglar toda esta locura.
Charlie se puse de pie, solo para posicionarse sobre la esquina de su escritorio.
—¿Esperabas que no llamara a Cullen? Tan solo escúchate, estas tratando de interponer una orden de alejamiento en contra de Edward cuando Anne y él ni siquiera han estado cerca en los últimos cinco años. ¿Eh? ¿Cuándo fue la última vez que viste a Anne, Edward?
Seguí mirando a Jacob cuando respondí. Quería demostrarle que yo no representaba ningún peligro para su familia a pesar de cualquier cosa que hubiese hecho que lo creyera asi.
—Esta tarde, la vi en Seattle. ¿Antes de eso? El día que nació. —recordaba perfectamente el pequeño bultito que había formado entre mis brazos la primera vez que la sostuve.
Jake apretó los dientes.
—No te atrevas a mentirme. Sé sobre tu plan, maldito hijo de puta.
Charlie levanto una ceja en mi dirección.
—No sé de qué me está hablando.
Jacob Black golpe el escritorio de Charlie con su mano, todos los tendones de su mano se marcaron cuando se inclinó sobre esta misma y enfrento a Charlie. Me llamo la atención un tatuaje en su antebrazo, la fecha de nacimiento de Anne. También tenía otro tatuaje en el hombro, el sello Quileute.
—Creí que me ayudarías, estamos hablando de la seguridad de Anne.
—No represento ningún peligro para la seguridad de Anne, Jacob. —asegure, intentando hacer contacto con su parte racional— ¿Qué sentido tendría que quisiera dañarla de alguna manera?
El moreno de piel rojiza avanzo hacia mí a grandes zancadas.
—Ni siquiera lo pienses, no tienes una maldita oportunidad con mi hija. No tienes ningún derecho sobre ella.
—No lo tengo.
Charlie dejo finalmente su postura y dejo de observarnos. Puso una mano sobre el hombro de Jacob, aun si este era mucho más alto que él. Jacob inclino la cabeza a hacia su toque.
—Quiero mi orden de alejamiento.
—No te la daré. —Charlie negó rotundamente— Puedo iniciarlo, pero ni siquiera vale la pena. Ningún juez del estado te accederá a darte una orden en contra de Edward sin razón aparente.
Jacob abandono su estado de aparente calma, sacudiéndose la mano de Charlie.
—Tengo una muy buena.
Entrecerré los ojos.
—¿Y bien? —Charlie paseo su mirada entre ambos.
—Renne ha venido a visitarme, me ha contado el plan de este cabrón. Se quiere llevar a Thomas y Anne, los quiere para criarlos al lado del otro niño que tuvo con tu hija. ¿Se te hace ese un buen motivo? Leah está aterrorizada, ¿lo sabes? La he dejado en casa hecha un mar de lágrimas. ¡Y todo es tu culpa!
Se abalanzó sobre mí, tirando un puñetazo hacia mi mandíbula. El golpe vino fuerte y certero, enviándome directamente contra la pared. Sentí la vibrante calidez de la carne abierta sobre mi boca. Limpie de mi labio inferior la sangre.
Por supuesto, no correspondería a su golpe.
Me mantuve contra la pared.
—No sé de qué demonios estás hablando. —escupí en el piso a mi lado.
Charlie se interpuso entre Jacob y yo, enviándolo a él de un fuerte golpe en el pecho hacia atrás.
—No me obligues a detenerte, Jacob.
—¡No puedo creer que le defiendas! —grito como loco— ¡Renne de dijo!
Charlie le dio frente.
—Renne es una mentirosa. Y tu un estúpido, hay una razón por la que fue y te dijo ese tipo de cosas, está buscando una reacción.
Esa mujer. Esa maldita mujer sin escrúpulos. Mi instinto me lo dijo, no se había marchado de Forks. Iba por ahí, danzando entre la oscuridad. Su primera jugada había sido Jacob Black, claramente. Ahora entendía el miedo en la mirada de Leah y la furia reflejada en los ojos de él en la cafetería.
Fue una mera acción de defensa que no quisieran seguir con los planes de comida con Bella.
—También dijo que no te creyera, dijo que estabas de su parte. No puedo creer que seas capaz de defenderle después de todo lo que hizo. —acuso.
—Te mintió. —intervine— Esta mintiendo. ¿Qué no lo ves?
—Renne no tiene ninguna razón para hacerlo. —Jacob se negó a creerme— ¿Crees que puedes venir después de cinco años y quererte llevar a Anne? Clarie murió, el trato termino. Si lo que quieres es más dinero…
Le mire totalmente descolocado.
—¡¿De qué diablos estás hablando?! —Charlie enrojeció de rabia.
Dinero. ¿En serio me está ofreciendo dinero a cambio de su hija?
—¿Por qué aceptaría dinero por Anne?
Jacob se rio, una risa que me helo hasta los huesos.
—¿En serio? No te hagas el desentendido, maldita sea. Esa perra que se hacía llamar madre nos lo dijo, sobre el dinero que le pedias para tus tratamientos contra el cáncer y como la convenciste de dar en adopción a Anne en tanto naciera.
Charlie se volvió contra mí, agarrándome de la solapa de la camisa.
—¡¿Es eso cierto?! —grito sobre mi cara.
Fue como una barra caliente atravesando mi pecho, descubrir lo que Clarie les había dicho a los Black sobre mí y nuestra relación. Traición. Liquida y pura traición inundo mi cuerpo.
—Jamás. —fue lo único que dije.
—¡No mientras! —Jacob pego un puñetazo en la pared— ¡Ella lo dijo!
—Ellas —no quise decir sus nombres— mintieron.
Algo debió de ver en mi expresión Charlie, porque inmediatamente me soltó. Poco a poco su rostro fue perdiendo color y color, hasta convertirse en un blanco cenizo. Jacob Black bramo sobre la pared, pegándole una y otra vez hasta que cayó de rodillas al piso.
Los tres nos quedamos esclavos de nuestros propios pensamientos.
—Te mintieron, Jacob. —Charlie llego como pudo a su escritorio y se dejó caer en su silla— Nos mintieron a los tres.
Jacob levanto su mirada desde el suelo. Yo seguía sobre la pared, sintiéndome como el mayor imbécil en esta tierra. Que la tierra se abriera, pero si tuviera de nuevo a Clarie, yo mismo la mataría de nuevo. ¿Cómo se atrevió a decirle eso a los Black? A insinuar que yo le exigía dinero cuando nunca le pedí ni un centavo. A hablar sobre mi cáncer con desconocidos, cuando yo nunca hable de Anne a pesar de que las personas pusieron mierda sobre mis gracias a proteger su secreto. Creí que el matrimonio nos había cambiado a ambos, pero ahora poco a poco se iba descubriendo la verdadera mujer en la que confié y con la que me casé.
El dinero. Recordé lívido el dinero que Clarie uso para venir a Chicago conmigo.
—Después del nacimiento de Anne me dijo que nos marcháramos, me dijo que tenía suficiente dinero para ir a donde yo fuera. Dinero que había ahorrado por un largo tiempo. —dime que no lo hizo.
Jacob me miro confuso, y poco a poco, la expresión de su rostro cambio. Duele admitirlo, pero me vio a través de sus ojos oscuros con lastima. Jodida lastima.
Cedí, me senté sobre una de las sillas del escritorio de Charlie y puse mi cabeza entre mis manos.
—Le dimos ciento cincuenta mil dólares a cambio de Anne. —confeso Jacob Black.
Quite las manos de mi cabello y las puse sobre mi mandíbula. Apreté tan fuerte que los dedos se me adormecieron.
—Me dijo que eran la mejor opción, lloro durante toda una llamada sobre lo mucho que amaba a Anne y lo doloroso que sería separarse de ella. Quería lo mejor para ella, dijo que sería más seguro crecer a su lado.
Jacob se puso de pie y se dejó caer en la silla a mi lado. Ahora, parecía como diez años mayor de lo que me había parecido esta tarde en la cafetería.
—¿Seguros? —dejo salir una risa seca— Lo parecíamos, pero Leah estaba pasando por una depresión. Creí que la perdería. Habíamos estado intentando ser padres por lo que parecía ser una eternidad y cuando al fin pensamos que lo lograríamos, fallamos de nuevo. Conocimos a Renne esta misma noche en el hospital.
Se me revolvió el estómago.
—¿Qué hospital?
—Olympic Medical Center.
—¡Maldita sea! —grite frustrado, apoyando la cabeza sobre una de mis manos.
Ahora lo entendía, por qué Renne siempre quería acompañarnos a Clarie y a mí a todas mis cintas en el área de oncología y curiosamente desaparecía en cuento llegábamos. Era una maldita psicópata.
—¿Charlie?
Charlie nos miró a ambos por fin, saliendo del vacío de su cabeza. Sus labios formaban una línea fina.
—Me dijo que no se creía capaz de criarla, que en algo habíamos fallado porque no lograba quererla. Antes de que se marcharan a Chicago me confeso todo sobre Anne y dijo que lamentaba no ser una buena madre. Le suplique que nos dejara hacernos cargo a Renne y a mí, pero dijo que no confiaba en nosotros. Me hizo sentir como escoria andante.
Dios.
—Nos mintieron a los tres.
Jacob me dio una mirada de soslayo.
—Lamento el golpe, hombre.
Pase saliva, dejando ir el sabor amargo que absorbía mi boca. De todos modos, la sensación de traición no se fue, tardaría algo más de tiempo antes de que pudiera superarlo.
—¿Sabes que lamento yo? Haber confiado en dos completas psicópatas.
La oficina se quedó en silencio de nuevo.
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Llegue a casa casi al anochecer. No después de las ocho, pero un poco después de las siete de la tarde en punto. Antes de entrar a casa me quede un par de minutos más dentro de mi auto con la cabeza sobre el volante.
Cuando la miseria me dejo moverme un poco, tome mi chaqueta, las cosas que había comprado en el supermercado y entre a casa. Todo estaba oscuro, excepto la luz de la cocina.
Encontré sentada sobre la barra de la cocina a mi madre. Esme estaba sumida en una revista con el ceño levemente fruncido. Debió sentir que alguien la observaba, porque dejo de lado la revista y levanto la mirada.
—Hola, cariño.
Hice un gesto perdido con la barbilla y deje caer la bolsa de alimentos al piso.
Mamá cambio su gesto por un de preocupación.
—¿Edward?
Negué una y otra vez.
El chirrido de la silla sobre el piso fue lo único que rompió con la quietud de la habitación. Dejo su lagar detrás de la barra y se apresuró a mi encuentro.
—¿Cariño? —barrio mi cabello de mi cara, quitándolo por completo.
La primera lágrima cayó sobre mi mejilla.
—Oh, cariño. —susurro. Me tomo de los hombros y me atrajo hacia ella hasta que pudo arroparme entre sus brazos en un abrazo atrapado— Está bien, cariño. Está bien.
Las lágrimas no paraban, una tras otra, mamá acaricio tras de mi nuca.
—Me equivoqué, mamá. Me equivoqué. —sollocé sobre su hombro. Me rompí poco a poco, pedazo a pedazo, hasta que lo único que me sostuvo, estuve seguro, fueron los brazos de Esme.
Esme intento poner algo de distancia entre nosotros.
—¿Qué es, cariño? Me estas asustando.
No lo podía seguir ocultado ni un segundo más. Lleve a Esme de la mano hasta la sala de estar, ella se sentó sobre uno de nuestros sofás y yo sobre mesita de estar enfrente de ella. No solté su mano en ningún momento, mientras comenzaba a hablar.
—Conoces a los Black. ¿En La Push?
Esme quedo desconcertada, mirándome sin comprender.
—Son un matrimonio respetado en La Push. Acompañé alguna vez a tu padre a la comunidad Quileute, sí. Tienen una hermosa niña solo un poco más grande que Thomas. Pero no entiendo, Edward. ¿Qué tienen que ver esas personas con todo esto, cariño? —tomo mi rostro entre sus manos— Sea lo que sea, lo arreglaremos.
La tome de las muñecas, pero sin quitar sus manos de mi rostro.
—¿Anne? ¿La pequeña Anne? Es la hija de Clarie, el día que Bella y yo hablamos y se enteró de que la deje por el cáncer. —Esme jadeó— Es ella de quien hable. Clarie la dio en adopción.
—Edward...
No la deje continuar.
—Hoy por la tarde, cuando fui a mi cita con la doctora Cope y a ver las oficinas en Seattle, encontré a Bella. ¿Sabías que las oficinas quedan justo frente a su edificio?
La conmoción remplazo al nervioso. También pareció un poco culpable. Seguro que Carlisle y ella habían hablado sobre el tema, mis padres no solían tener secretos entre ellos.
—Lo sabias. —no necesitaba ni que me lo confirmara.
—Sí.
Bese su mano. No necesitaría ahondar en el tema, no cuando había cosas más importantes en las cuales pensar.
—Fuimos a una cafetería a hablar y nos encontramos a los Black. Jacob Black no hacia otra cosa si no es fulminarme con la mirada todo el tiempo. Terminaron yéndose del lugar. Un presentimiento me dijo que algo no andaba bien y cuando deje a Bella por casa, llame a Charlie. Jacob estaba en la comisaria, intentando poner una orden de alejamiento en mi contra.
Frunció el ceño, dejando caer sus manos.
—Hablare con tu padre, no dejaremos que si quiera se acerque a ti. —intento ponerse de pie, pero la detuve.
—No lo entiendes, mamá. No es su culpa. —pase una mano por mi cuello— Es Renne. Ha ido con los Black y les ha inventado una historia absurda. Les ha hecho creer que quiero a Anne.
Esme se dejó caer en el sillón, abriendo los ojos sorprendida.
—¿Es lo que quieres?
—¿Qué? —no lo pude creer— No, mamá. Jamás. Anne tiene una familia con los Black, es parte de la tribu Quileute y yo no puedo hacer nada por quitárselas.
—Lo lamento, cariño. Es solo que me has tomado por sorpresa.
—No es el único problema. —volví a sentir aquella opresión en mi pecho— Me he enterado de algo mucho peor, Clarie no solo dio en adopción a Anne por voluntad propia, sino que acepto dinero a cambio.
Me obligue a no buscar ninguna excusa en mi mente para ella. Sobre todas las cosas, vender a un hijo es algo imperdonable. Nunca quise juzgarla por dejar a su hija a cargo de personas desconocidas, confiado en que se había asegurado que Anne iba a crecer segura y en una buena familia. Sigo preguntándome porque prefirió largarse conmigo y no quedarse para luchar por su hija, pero no puedo encontrar una respuesta lo suficientemente buena.
—No puedo creerlo. —Esme susurro por lo bajo— No puedo creerlo, cariño. —volvió a tomarme de las manos, acariciando con sus pulgares los nudillos de mis manos— Nada de eso es tu culpa. Escúchame, cariño. Nada de eso es tu culpa, eras muy joven y estabas enfermo. No podías adivinar que ella te mentía.
Mi barbilla tembló al responderle.
—Me case con una desconocida. Una mujer capaz de dejar a su hija y venderla para luego irse conmigo. ¿Fue mi culpa, mamá? Si yo no me hubiera cruzado en su camino, ella no habría abandonado a Anne.
Esme echo los hombros hacia atrás.
—Renne y Clarie, lamento decírtelo, cariño. Pero no creo que fueran muy diferentes la una de la otra. Me duele verte así, Edward. Tienes los ojos verdes sin vida desde que regresaste. No quiero ver a mi hijo morir en vida, suficiente tengo con Alice.
—¿Cómo esta ella? —pregunte.
—Otro día sin salir de su habitación. Me temo que Forks le está haciendo más mal que bien, estoy a punto de pedirle que vuelva a New York.
El solo pensamiento de Alice yéndose de nuevo de casa me partió el corazón, pero mucho más allá de lo que yo sintiera, si era lo mejor para ella era mejor que terminara por irse.
—Hablare con ella mañana. —prometí.
—Gracias, cariño. Sé que te dolió mucho enterarte de lo que hizo, pero tu hermana ha madurado muchísimo desde entonces, y te ama, que es lo más importante.
—Y yo a ella. —pasara lo que pasara, eso no cambiaría.
Bese su mano, pero al contacto, gemí un poco por el dolor.
—¿Qué es…? —paso su pulgar por mi labio inferior— ¿Esto es un golpe?
Baje su mano, quitándole importancia.
—Jacob Black estaba muy agitado, no es importante. —el dolor físico era lo de manos— Renne me preocupa.
Maldita fuera. Casi podía asegurar que no se quedaría quieta por mucho más tiempo. Jacob había actuado exactamente como ella quería, pero tal vez no contaba con que él confiaba mucho más en Charlie a pesar de como ella intento sabotear esa confianza. No lo podía creer, pero Jacob aseguraba que incluso había insinuado que Charlie todavía mantenía una relación amorosa con Alice. Aquello enfureció a Charlie, haciendo que se sintiera determinado sobre buscarle y ponerle un par de cosas en claro.
Le exigí que me avisara también cuando lograra encontrarla. Intento llamarla allí mismo, pero salto al contestador.
—Se está convirtiendo en un problema, hablare con tu padre. —la molestia fue notable en su voz— Nunca pensé que llegara el momento de decir esto, pero me arrepiento profundamente de alguna vez haber sido su amiga.
Nunca le había tomado importancia al inicio de su historia como amigos, tal vez ya iba siendo hora de hacerlo.
—¿Cómo sucedió? —indagué.
Sus ojos verdes se perdieron cuando comenzó a recordar.
—Carlisle y Renne se conocieron primero. Íbamos en la misma universidad, pero yo no era parte de su grupo de amigos. Era más del tipo solitaria. —una sonrisa tímida se formó en sus labios, solo para desaparecer tan pronto como continuo— Pero las cosas se torcieron. Una tarde… fui a la librería local. Y sucedió allí, la violación, quiero decir. —carraspeo un poco— Tu abuelo Anthony me repudio cuando se enteró que había quedado embarazada del abuso, me pidió abortar, pero ya estaba de más de tres meses y ningún medico accedió a llevar a cabo el procedimiento. Dijo que la única opción que quedaba era darlo en adopción, pero me negué. Eso lo enfureció, definitivamente lo hizo. —no vi en su rostro más que tristeza, nunca odio o repulsión, a pesar de todo, siempre le tuvo mucho cariño y respeto al abuelo Anthony— Me corrió de casa. Quede sola y muy embrazada. Una tarde, las hormonas no estaban jugando mucho a mi favor, estaba muy cansada y tenía muchísima hambre. Había conseguido trabajo en una pequeña cafetería cercana a la universidad y me dejaba quedarme allí por las noches a dormir.
Mamá nunca nos había contado con tantos detalles su historia. Me dolió profundamente imaginarle sola. ¿Pero que más podía decir yo? Si deje a Bella de la misma manera. Sola y embarazada.
—Debió ser muy duro. —acaricie su mejilla.
—Ralamente lo fue. —dijo— Pero me recupere y el trabajo no era muy duro de todos modos. Como iba diciendo, una tarde en que las hormonas y mi apetito me estaban jugando una mala pasada. Tenía un examen cercano y bueno, la mayoría del campus me miraba con mucha lastima por todo lo que sabían que me sucedió. Asi que fui a la biblioteca a estudiar un rato, me recluía en un rincón solo y apartado de los demás estudiantes. Y cuando menos lo espere, me solté a las lágrimas. —rio, con los ojos un poco acuosos— Una chica me vio y se acercó a mí. Me pregunto que si todo iba bien y yo muy delicadamente la mande a la mierda.
—¿Renne?
—Oh, Dios, no. Jamás. Renne me miraba como todos los demás lo hacían. ¿La chica? Fue Eva.
Eva y Benjamín. Los padres de Alec.
—Exacto. —Esme supo hacia donde se dirigían mis pensamientos—Era una chica hermosa, gentil y muy educada. Desde ese día, me volvió su protegida. Me dio una mano para salir adelante. Iba por mí al trabajo, me invitaba de almorzar y me presento a todos sus amigos. Tres de ellos. Dos hombres y una chica. Carlisle, Benjamín y Renne. Cuando vi a tu padre… —sus ojos brillaron con picardía— sabía que era amor a primera vista. Al día siguiente me invito a salir, convenció a Eva para dejar que fuera él quien me recogiera y llevara a casa del trabajo. Después, el resto es historia. Perdimos a Bree poco tiempo después de que naciera. Nos casamos cuando quede embarazada de Emmett, nos graduamos de la universidad, tu padre consiguió un trabajo en Port Angeles. Luego nos mudamos a Forks. Para ese entonces, tú ya habías nacido y estaba embarazada de Alice.
Y ahí aparece de nuevo Renne. Renne, Charlie. Clarie y Bella. Toda la familia Swan que se volvió tan importante para nosotros.
—Y volvieron a encontrarse con Renne. —conjeture.
—Sí. —coincidió conmigo— Simplemente sucedió. Y de pronto, ella también estaba casada y con dos hijas. Renne había dejado la universidad mucho antes que naciera Bree, ni siquiera se graduó. Era muy rebelde en ese entonces y tuvo algunos problemas con sus padres.
Una jodida psicópata, seguro y sus padres también lo notaron. Por alguna razón, algo no encajaba totalmente en la historia.
—¿Mamá? —pregunte.
—¿Si? —salió de sus pensamientos.
—¿Renne alguna vez sintió algo por mi padre? Si tu llegaste antes a su grupo de amigos, eso supondría una explicación de porqué está obsesionada con todos nosotros.
Eso explicaría porque nuestras familias habían estado tan implicadas la una con la otra.
Esme se quedó sin moverse un par de segundos, hasta que abrió los ojos desmesuradamente y se tapó la boca.
—¿Mamá? —titubeé.
—Soy una estúpida. —Esme se levantó tan rápido como pudo— Tengo que hablar con tu padre.
—¿Qué? —me puse de pie junto con ella.
—¿Qué hora es? —saque mi teléfono de mi bolsillo.
—Siete cuarenta y cinco. —demonios.
Maldije dentro de mi mente. Bella no debía tardar en llegar. Lo más probable es que sería mejor renunciar a cocinar algo yo y pedir algo a domicilio. Al menos eso me daría tiempo para balarme y cambiar a Max.
—Es temprano. Todavía puedo hablar con tu padre.
—¿Hablar? —pregunte confundido.
—Eso es. No está aquí. Esta mañana salió rumbo a Chicago. Dime, ¿necesitas saber algo más? —pareció menos agitada que antes.
—No, lamento si te incomode con mis preguntas. —murmure avergonzado.
—Nunca, cariño. ¿Necesitas ayuda con Max?
—No lo creo. —me encogí de hombros— Bella vendrá a cenar junto con Thomas.
—Maravilloso. —beso mi mejilla— Asegúrate de llamarme si necesitas algo. Estaré en mi habitación. No te tienes que molestar por compañía inesperada. Emmett y Rose regresaron esta noche a Port Angeles y Garrett y Kate han salido a cenar al pueblo.
Al menos una cosa buena.
—¿Cómo esta Kate?
—Cada día mejor, por lo menos ese amigo tuyo la hace sonreír. Que tengas una buena noche.
Acepte, dejándola ir y viendo como subía las escaleras. Suspire, pasando una mano por mi cobrizo cabello despeinado y seguí el mismo camino, solo que con dirección a mi habitación. Al entrar, la habitación se mantenía en la oscuridad, con una pequeña lámpara solo iluminando la cuna de Max.
Apoye ambas manos sobre la barandilla y mire a mi hijo más pequeño.
Dormido sobre su costado izquierdo, con ambas manos a los costados y su bracito izquierdo regordete cubriendo un felpudo oso de peluche de un conejo de color blanco.
Con sumo cuidado acaricie su cabecita.
—Lo arreglare, pequeño. Lo prometo. Eres la única cosa buena en medio de todo el desastre que hizo papi. Pero de una cosa estoy seguro, no cambiaría nada con tal de tenerte aquí. —bese su cabecita, absorbiendo su olor de bebé.
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"¿Qué tal va tu cita?" —E.C.
Garrett no tardo en contestar mucho más de lo que yo tarde en escribir el mensaje de texto.
"¿Qué tal va la tuya?" —G.M.
Fruncí el ceño. No tarde mucho en contestarle.
"¿Cómo lo sabes? PD: No es una cita si vas a hablar de cosas que probablemente harán que mi chica me ampute la hombría o me odie mucho más de lo que ya lo hace. PD DOS: Deséame suerte." —E.C.
Revise la hora. ¿Cuánto tardaría en llegar la comida a domicilio? Hacia veinte minutos Bella me envió un menaje en el que decía que probablemente llegaría algo tarde, pero que para compensarlo Thomas podía pasar la noche. Adjunto una adorable foto de Thomas empacando una pequeña maleta con su pijama, ropa y todo lo que necesitaba un niño de cuatro años.
Si las cosas seguían marchando igual de bien, empezaría considerar comenzar con la búsqueda de una casa para mí y mis hijos. No que no quisiera seguir viviendo con mis padres, pero cada uno de mis pequeñuelos necesitaba su propio espacio. Estaría encantado de que Thomas tuviera su propia habitación.
Mi teléfono vibro con un nuevo mensaje de texto.
"Es una cita si la otra persona implicada es la chica que amas. PD: Mi cita va bien. Creo que ya estoy enamorado. PD DOS: Llámame si necesitas ayuda amigo, conozco a un excelente cirujano que reconstruirá tus partes nobles. PD TRES: Buena suerte, mequetrefe." —G.M.
Esta vez, el timbre de la puerta fue el que me saco de mi estupor, mientras leía el mensaje de texto de Garrett. Tome las llaves y revise a Max, quien se encontraba totalmente despierto en aquel porta bebé que Alice le compro hacia unas semanas. La cosa era de última tecnología, conformada con una base circular por debajo y con el porta bebé suspendido en el aire. La cosa incluso se encargaba de estar en constante movimiento para arrullar a Max.
Max me dio una sonrisita sin dientes cuando pase por su lado, mientras mordía una de sus mordederas favoritas en forma de oso.
—¿Qué tal sabe, amiguito? —según mis cuentas, pronto vendrían los dientes.
Hizo un gorgojeo y regreso a lo suyo.
—Eso pensé.
Abrí la puerta a quien resultó ser el repartidor con la comida. Al fin. El choco venía montado en una moto con un casco tapando su rostro. Le pague lo indicado por el restaurante y me entrego el cambio, partiendo rápidamente.
Ares solo levanto la cabeza y rezongó por el ruido de la puerta al ser cerrada. Bendito perro, lo único que hacía era dormir y cagar por allí, todo sin separarse de Max ni un solo segundo.
Deje la comida en la mesa de la cocina y revise de nuevo mi teléfono. Había un mensaje de Bella.
"Estoy a cinco minutos. Prepárate, porque Thomas no deja de rebotar en el asiento trasero del coche. Puede que te taclee en cuanto de vea, asegúrate de proteger tus partes." —B.S.
Respondí con rapidez.
"Lo haré." —E.C.
Pasaron cinco minutos exactos cuando escuche un auto estacionándose afuera de casa. Ares levantó las orejas y se puso de pie de un salto.
—Quieto. —demande.
Se puso sobre sus dos patas traseras y se sentó. Volví a salir fuera de la casa, viendo como Bella salía del auto y andaba hasta la puerta trasera para abrirle la puerta a Thomas. El pequeñuelo salió del auto, corriendo hacia mí. Le espere en la puerta, preparado para tomarle en brazos.
—¡Edward! —lo levante.
—Hola, hombrecito. —sonreí.
Él enredo sus brazos y piernas alrededor de mi cuerpo, colgándose como un pequeño changuito.
—Mami dijo que puedo quedarme a dormir.
—Eso es correcto. —lo baje al suelo, animándole a entrar— Entra a casa, Ares está ansioso por verte de nuevo.
Sus ojitos verdes brillaron con diversión, mientras entraba corriendo a casa. Bella cerró el auto, sacando antes una pequeña maleta, una mochila y el oso de peluche favorito de Thomas.
—¿Dijiste una noche o una semana? —le quite la mochila del hombro y cargue la mochila.
Ella se rio, abrazándose a sí misma. Usaba simples pants de color negro con una simple camiseta sport blanca y converse azul oscuro. Su cabello castaño amarrado en una coleta alta en la parte posterior de su cabeza. Nada elegante y la cara limpia de maquillaje a diferencia de esta tarde.
—¿No tienes frio? —pregunte cuando entramos a casa.
—Olvide la sudadera. —resopló.
Deje la mochila y la pequeña mochila en el sofá, avanzando hasta llegar a la calefacción y subirle un par de grados.
—¿Qué tal?
Ella sonrió, dejando caer los brazos a sus costados.
—Gracias.
Hice una mueca y apunte hacia Thomas, quien se encontraba jugueteando con Ares. Max gorgojeo de nuevo, feliz de ver a más personas a su alrededor.
Bella se quedó absorta, mirando a Max.
Max pataleo sobre el portabebé, motivado por la atención que le dábamos. Bella junto las manos sobre su regazo, retorciendo los dedos hasta que se le pusieron blancos.
—¿Puedo… —tomo aire para continuar— puedo cargarle?
Mi corazón se agito.
—Por supuesto. —les daría un poco de espacio. Apunte a la cocina— Iré a desempacar la comida que pedí. ¿Te sigue gustando la italiana?
Bella siguió absorta en Max, pero de todos modos asintió.
—Sí, es mi favorita.
Me aleje unos cuantos pasos, inseguro sobre alejarme o quedarme. Finalmente, me fui por la primera opción y camine a la cocina. En la barra seguía la revista de mamá a medio leer. Me hice una nota mental de preguntarle que había hablado con papá. La guarde de bajo de una de las repisas y procedí a sacar toda la comida.
Todo venia en contenedores de plástico perfectamente sellados. Pedí de todo un poco, sin querer fallar en el menú para que Bella se sintiera lo más cómoda posible. Recordaba su comida favorita sobre la italiana, pero algunas veces las personas cambian sus gustos a través de los años. Tampoco sabía que prefería Thomas con exactitud. Había pedido un par de pequeñas pizzas también. La típica de pepperoni y una hawaiana.
Acababa de meterlas al horno a calentar cuando escuche los morritos de Max a mis espaldas.
Bella lo sostenía en brazos, acunándolo suavemente sobre su pecho. Max la tenía tomada de todas las maneras posibles, en tanto agarraba su dedo índice fuertemente con su manito regordeta. Bella bajo la cabeza y beso su cabecita recubierta por cabello cobrizo, note como se quedaba un segundo más, absorbiendo su olor a bebé.
Jale una silla.
Ni siquiera tuve que decirlo, Bella simplemente se sentó y siguió manteniendo sus ojos para Max. No es como si Max pudiera dejar de mirarla tampoco.
Saque las pizzas del horno cuando la alarma me lo indico.
Las deje sobre la barra de la cocina y suspire. Bella finalmente levanto la mirada, sus ojos chocolates conectando con los mios. Se encontraban repletos de lágrimas no derramadas.
—Es hermoso.
Me acerque mucho más a ella, no sin ser demasiado cuidadoso.
—Lo sé, cariño.
Su barbilla tembló mucho más.
—Tuvo que haber sido nuestro. —sus dientes castañearon cuando dejo salir la primera lagrima.
Dolió, porque sobre todas las cosas, ella tenía razón. Aun si yo lograba recuperarnos a ambos, ¿cómo podría retribuirle todo lo que nos fue robado? Entre tantos sueños, metas y el tiempo perdido.
Solo podía prometer una cosa, si algún día lograba recuperarla de nuevo, haría que valiera la pena. Maldita sea, lo haría. Por qué aun contra todo pronóstico, aun contra los secretos, mentiras, las verdades a medias, mi amor por ella seguía siendo la única verdad entre nosotros dos. La más fuerte y real verdad. Y si ella no me amaba, yo lo haría por ambos. Curaría cada una de sus heridas de buen gano, me arrastraría todo lo que me tuviera que arrastrar, le suplicaría.
Bese su frente. Mis labios se pasearon por toda su piel. Sus parpados y mejillas. Bebí de sus lágrimas, eliminándolas. Odiándome por la causa de que adornaran sus mejillas.
—Lo sé, cariño. Lo sé.
Hundió su cabeza en mi pecho.
Enterré mi rostro entre su cabello y la acobije en mis brazos. Nos quedamos simplemente así, en un largo abrazo, enredados el uno en el otro, con Max en medio de nosotros.
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"Las promesas que hicimos no fueron suficientes, las oraciones que rezamos fueron como una droga, los decretos que vendimos nunca fueron conocidos, el amor que tuvimos, tuvimos que dejarlo ir"
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¡Holi chiquitinas! Lamento el atraso del capítulo de esta semana. Este ha sido un fin de semana, ufffff… esta como de película. Para empezar, estaba en mi servicio social y sufrí un pequeñísimo accidente, por lo que me dieron reposo absoluto. Aproveche para recuperar viernes y sábado, sin dejarme de prometer a mí misma que de este día no pasaría para publicarles capitulo. No se preocupen, estoy bien de todos modos, sin ningún rasguño ni nada. Fue un simple golpecito que me dejo noqueada hahaha. Ahora, regresando al capítulo, podemos ver las razones que tuvo Jacob para querer matar a Edward con la mirada cuando se encontraron en la cafetería y porque Leah se asustó tanto. Ahora, ¿cómo ven a nuestra mentirosilla número uno? Esa Clarie sí que se la voló. Pero punto para Edward, ahora puede ver un poquito más de la verdadera Clarie. Y que tal con Esme, la historia de cómo conoció a Carlisle y Renne. Nos fue bien con el final del capítulo, pues tuvimos un momento Bella/Edward/Max, pero no sé me emocionen eh. Cerramos un par de cabos sueltos en este capítulo, pero ya vi que deje unos cuantos el capítulo anterior. Aclaro, si hay dos Leahs, la que es esposa de Jacob y la que es esposa de Sam. Puede representar una confusión, pero… solo mantengan en mente que son personas diferentes, por lo demás, es la única escena en la historia que comparten, así que será fácil de ahora en adelante que las diferencien. Perdón bebés, si fue demasiado confuso. Segunda aclaración, alguien me pregunto si me no me parecía que cinco años era poco para que Edward tuviera tanto éxito como arquitecto, sobre todo porque tuvo cáncer. Edward no dejo los estudios nunca, así que siempre le fue fácil destacarse en ello. Por lo de la empresa que tiene con Garrett, no es que sean super famosos. La cosa es que son una pequeña empresa que a pesar de ser pequeña, han aceptado proyectos de renombre y lo han sacado delante al cien. Y solo tienen una sede en Chicago, así que no pueden abarcar mucho más. Gracias por todos los rr que siempre dejan y lo constantes que son en nuestro grupo de Facebook.
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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