Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
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Castle Walls – TI ft. Christina Aguilera
—¿Mami? —Thomas llamo a Bella a mis espaldas.
Mi pequeño niño. Baje los brazos de Bella, besando la cabecita de Max en el proceso, él dejo de morder su mordedera e intento darme un mordiscó.
—Chico malo. —Bella punteo su nariz con su dedo índice.
Le hice una señal a Thomas para que viniera hacia nosotros. Poco a poco, se acercó, con sus pequeños pies trastabillando. Pensé que tal vez se sentía un poco nervioso por las lágrimas que Bella tenía sobre sus mejillas.
Le tome en brazos, besando su mejilla.
—¿Estas triste, mami? —pregunto, recargando su mejilla sobre la mía.
Bella sonrió, aún con los ojos chocolates llorosos.
—Es que… Max es muy bonito, ¿no lo crees, cariño?
Thomas asintió.
—Sí, pensé que los bebés eran feos y babosos, pero Max es divertido.
Reí.
—¿A que si? —le hice cosquillas.
Se revolvió, soltando risitas aquí y allá. Bella nos miraba, sin perderse un solo detalle.
—¡Sí!
—¿Seguro? —le hice una trompetilla sobre el cuello.
—¡Sí!
Le deje en el suelo, revolviendo su cabello cobrizo tan parecido al mio. Lo llevaba un poco largo, no exactamente hasta los hombros, pero desordenado y apuntando a todos lados.
—¿Qué tal un poco de pizza? ¿Te gusta la pizza?
Ares vino tronando desde la sala en sus cuatro patas. Pego tres ladridos y se sentó sobre sus patas traseras al lado de Thomas, moviendo la cola.
—También quiere pizza. —Thomas se inclinó y lo tomo en brazos. No que lo pudiera tomar por completo con su pequeña estatura, pero se esforzaba.
—Los perros no comen pizza, cariño.
Bella se puso de pie, tomando a Max desde una posición vertical. Mi hijo menor comenzaba a parpadear lentamente.
—Tiene sueño. —pego los labios a su mejilla— Me ocupare de él mientras tú de las la cena a Thomas. ¿Luego podemos hablar?
Me puse un poco nervioso.
No quería que Bella se sintiera comprometida a cuidar de Max. Ya tenía suficiente con todas las emociones que había sentido por abrazarle por primera vez.
—¿Segura? —pregunte.
—Muy segura. —me dio una sonrisita.
Thomas y yo la observamos partir, saliendo de la cocina y subiendo por las escaleras.
Fue inevitable para mi imaginar que esta seria nuestra vida real de no haberme equivocado tanto. Su hubiera confiando un poco más… tal vez esta noche Bella simplemente se ocuparía de dormir a nuestro pequeño hijo, mientras yo me encargaba de la cena y de alimentar a Thomas. Bajaría, conversaríamos sobre nuestro día. Ella pelearía por lavar los platos sucios, pero yo la convencería de que yo lo haría. La mandaría a la habitación para que se preparara para dormir, y al finalizar la noche, dormiría entre sus brazos.
—¿Edward?
—¿Si, pequeñuelo? —no quite mi mirada del lugar por donde Bella se fue.
—Estas mirando a la nada con cara de enfermito. Es extraño. —se dejó caer en el suelo, poniendo a Ares entre sus piernas y jugueteando con él.
—¿Sabes que es extraño? —regrese a lo mio, detrás de la barra de la cocina— Que no me llames Edwad.
Se encogió de hombros.
—Soy un niño grande ahora, cumpliré cinco en un mes. Mamá dice que los niños grandes no se saltan letras, comen sus verduras y se van a dormir temprano. Quiero hacer a mami feliz.
Detuve mis manos, dejando los contenedores de plástico a un lado.
—¿Quieres hacer feliz a mami?
—Sí. —cabeceo, como si no pudiera comprender porque se lo estaba preguntando— Mami no ha sido feliz durante mucho tiempo.
Un nudo se formó en mi garganta.
—Tú no tienes que preocuparte por eso, ¿este bien, pequeñuelo? Yo me encargare de hacer feliz a mami.
Se encogió de hombros, sonriéndome y enseñándome su segundo diente faltante. Se le había caído durante el fin de semana pasado.
—Ya lo haces, Edward. Mami sonríe más cuando estamos aquí.
Tome los contenedores de comida y le tendí la mano.
—Vamos a comer, pequeñuelo.
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Puse los últimos platos de la comida en el lavavajillas, lo encendí y revise que la barra de la cocina quedara limpia. Quería que todo quedara en su lugar para mañana, ya era suficiente con que mi madre tuviera la casa llena como para que se ocupara de lavar platos o arreglar trastos por toda la casa.
Ares se había comportado durante toda la cena, así que saque una de las galletas caninas con las que Emmett lo entrenaba por las mañanas y se la di.
Revolví su cabello blanco.
—¿Quién fue un buen muchacho? ¿Eh? —se echó sobre sus espaldas encima de la alfombra con las patas para arriba— ¿Uh? ¿Te gustan los cariños?
Movió la cabeza de un lado a otro, sacando la lengua por un lado de su hocico.
Me limpie las manos entre sí.
—Mucho cariño por hoy.
Detrás de mí, alguien carraspeo.
Bella estaba sobre la barra de la mesa, inclinada y con la barbilla sobre sobre su mano derecha.
—Bueno con los niños y con los perros. No es una sorpresa.
—¿Qué pasa con Thomas? ¿Se ha dormido?
Asintió.
—Sí, lo he dejado en tu cama, espero que estés preparado para un par de patadas ninja con la noche.
Uh, que ni me lo recuerde.
La primera vez que Thomas y yo dormimos en la misma cama por toda una noche, me había despertado adolorido y con un moretón en el lado izquierdo del abdomen. Creí que durante la noche pude ser yo mismo quien se golpéese o algo, pero cuando volví de la ducha y le observe dormir, obtuve mis respuestas.
—Ya tengo algo de experiencia.
Soltó una risita, lo que me recordó el comentario de Thomas antes de la cena.
—¿Qué pasa? —paso una de sus manos una y otra vez sobre la barra de la cocina, como si estuviera nerviosa.
—No es nada. —preferí no entrar en detalles para no incomodarla.
Abrí la nevera buscando la botella de vino que compre junto a las cosas de supermercado cuando pensé en preparar yo mismo la cena.
—¿Qué es? —Bella se acercó.
Saque la botella finalmente, entregándosela, mientras yo caminaba hacia la alacena y rebuscaba dos copas de cristal.
—Es un Screaming Eagle.
—Lo es.
—Edward. —dejo la botella en la barra— Esto cuesta más de dos mil quinientos dólares.
Saque las copas y levante una ceja en su dirección.
—¿Qué se supone que significa eso? Es tu favorito, es lo que cuenta.
—Umh. —frunció los labios, aguantando una sonrisa— Al igual que la comida italiana. ¿Estas tratando de comprarme?
Me puse frente a ella. Acaricie su mejilla y negué.
—No lo creo, solo quiero que te sientas bien.
Suspiro.
—¿Asi de duro?
Se dio cuenta de lo que dijo y se sonrojo.
—No quise decir eso.
—Lo sé, cariño.
Pareció muy avergonzada, asi que no hice mucha mella sobre el doble sentido. Solo quería hacerla sentir a gusto para que pudiéramos hablar.
—Solo trato de que te relajes.
—Vaya forma de lograrlo. —quito un mecho de pelo que se había escapado de su coleta de cabello— ¿Y bien?
Trate de ignorar el leve brillo en sus ojos. Por más que quisiera atraerla hacia mí para atacarla a besos, teníamos, o más bien tenía que mantener el objetivo principal de esta cena.
Tome su mano entre una de las mías y con la otra me lleve las copas.
—Toma la botella.
—¿Es una orden?
—¿Por favor?
¿Estábamos coqueteando o era mi imaginación? Me incline hacia adelante y bese su frente.
—Vamos.
Tomo la botella como le pedí.
Nos guie a ambos entre la oscuridad de la sala de estar y los pasillos de la casa. Nos dirigí hacia una de las puertas corredizas que daban a la terraza.
Abrí la puerta.
Ella hizo un mohín, pero aún asi entro.
La mayoría de la terraza se encontraba hundida en la oscuridad, a excepción de unas cuantas luces que no usábamos mucho, pero que me habían supuesto perfectas para esta noche. Una manta estaba sobre el suelo, puesto que era una noche algo fría afuera y la puerta corrediza que daba directamente al bosque se mantenía abierta.
Bella observo cada uno de los detalles.
—Me gusta. —susurro por lo bajo.
Se sentó sobre la manta, adivinando parte de mi plan.
Me estiro las manos y le entregue las copas. Puso a un lado la botella de vino, justo enfrente de su rodilla derecha.
Me situé a su lado, recargando mi espalda sobre la madera que cubría todo alrededor de la terraza. Bella no cambio su postura, sino que se ajustó y recargó su espalda sobre mi hombro.
—Cuéntame.
Yo también me sentía algo nervioso.
—¿Qué tal una copa de vino antes?
Extendió sus piernas sobre de nosotros, hasta ponerlas junto con las mías.
—Es una botella bastante cara, la puedes usar para cuando tenga ganas de golpearte.
—Con que golpearme, ¿eh? —era una posibilidad— Es bueno que tenga vino tinto.
—Lo es. —uso la misma frase que yo use antes.
Bueno, creo que es hora. Quería decirlo todo y a la misma vez nada. Quería tomarla en mis brazos para que nadie le dañara. Había sufrido tanto ya, ¿no era suficiente acaso?
¿Por dónde empezar? Comencé a hablar antes de caer en mis miedos absurdos y dar marcha atrás.
Si no hablaba, probablemente al final terminaría por perderla totalmente.
—Solo quiero decirte que lo que voy a decirte no es para lastimarte, Bella. Jamás quise lastimarte. —tome una de sus manos y la bese. Ella se inclinó un poco más, hasta que finalmente quedamos frente a frente— Jamás lastimarte.
—Cuando éramos niños. —tomo la mano con la que yo sostenía la suya, hasta llevarla y besarla, compartiendo el mismo gesto que yo tuve con ella— Siempre supe que serias la única persona con todas las posibilidades de realmente lastimarme.
—Lo dijiste aquella vez en nuestro claro, dijiste que tenías miedo de amarme.
—Creo que siempre lo tuve. Crecí entre Renne y Charlie, vi lo que el amor les hizo a ellos. Papá nunca lo dijo, pero creo que en el fondo siempre supe que mi familia estaba rota. Busco las señales y me doy cuenta que hubo tantas de ellas, y me pregunto, solo me pregunto por qué no me di cuenta. Y solo hay una respuesta, simplemente no quise verlo.
Por algún motivo, aquello me dolió. No quería que se culpara de alguna forma de los errores que de alguna manera, todos a su alrededor habíamos cometido.
—No es tu culpa.
Dejo salir una risa seca, soltando mi mano.
—Créeme, creo que nadie sale indemne de esta historia.
Eche un vistazo a nuestro alrededor, buscando las palabras correctas.
De alguna manera, se sentía como si no existiera nada que jamás fuera a curar nuestras heridas. ¿Sería el tiempo? ¿La verdad? ¿El amor que yo aún sentía por ella? Nada parecía ser lo suficientemente fuerte para lograr que me perdonara y se quedara conmigo.
—No te laceres. —me pidió— Cuéntame lo de Jacob.
Trague en seco.
—Todo nos lleva a la noche del baile.
—El ultimo baile. —se abrazó a sí misma.
Tome la botella de vino para descorcharla. El vino serviría para calentarla, y a mí, para distraerme mientras traía al pasado a la vida. Una vez más.
—Una noche, un par de semanas antes del baile te visite en casa. Nosotros… —no puede evitar recordar lo que hicimos esa noche.
Bella hizo un ruidito.
—¿Qué? —me dio un empujoncito con el pie— ¿Hicimos el amor?
—Aja.
—No me sorprende. —vi como su lengua salía y recorría su labio inferior— Es algo que hacíamos con regularidad, no podíamos quitarnos las manos de encima. —pareció recordar algo, por lo que cualquier signo de diversión se esfumo— ¿Te dolía? —no entendí— ¿Te lastime alguna vez? Estabas demasiado delgado, siempre pensé que era por el estrés de la universidad. Nunca creí que… que yo…
Tapó su boca, desplazándose lejos de mí.
—Oye, oye. —deje la botella en el suelo de nuevo, dirigiéndome hacia ella hasta tomar su rostro entre mis manos— Nunca jamás. Te deseaba con todo mi corazón. —dije fervientemente— Nunca vuelvas a pensar que me lastimaste o algo, estar contigo de esa manera me daba vida, me hacía sentir como si realmente fuera algo más que un saco podrido invadido de cáncer, tú me hacías seguir adelante.
Puso sus manos sobre mis hombros.
—Si yo hubiera sabido…
—Pero no lo sabias, Bella. No lo sabias por qué no te lo dije. —prefería que me odiara a mí a que se odiara a sí misma, no necesitaba cargar con eso— Fue mi culpa, nunca la tuya.
—No confiaste lo suficiente en nosotros. ¿Por qué, Edward? Necesito saberlo antes de escuchar por completo la historia.
Baje mis manos, regresando a mi lugar.
—No quería lastimarte. Esa es mi verdad más grande. Creí… estúpidamente, que te daría una ruptura limpia. Prefería que odiaras con todo tu corazón antes de que vieras lo que realmente era. Un arremedo de ser humano… —mi voz tembló— Alguien que ya no tenía muchas posibilidades más que pasar por una cirugía y todo tipo de tratamientos. Ni siquiera podía servirme agua por mí mismo. Era completamente vergonzoso y humillante.
Saboreé el sabor amargo de mi boca, provocado por los recuerdos.
—Odio saber que pasaste por todo eso si mí, odio saber que no estuve para ti. —su gesto se endureció— Odio saber que Clarie y Renne si lo estuvieron, que a ellas si se los permitiste. Hubiera dejado todo por ti, habría velado por ti todas las noches, Edward. Debí ser yo.
—Nunca me bastara la vida para arrepentirme de mi decisión. —ya está. Lo dije.
Lo dije. El estómago se me revolvió, pero al fin lo pude decir. Con todas mis fuerzas, había evitado repetir esa maldita palabra. No quería que por ningún motivo, nadie jamás pensara que me arrepentía de Max. Lo había evitado de cualquier forma, ¿pero cómo no admitirlo frente a Bella? Ella era capaz de derribar todas mis barreras.
Bella acaricio con su pulgar debajo de mis ojos, bajando hasta mis mejillas.
—Te creo.
Bese su mano, necesitaba todo el contacto posible. Era la única manera de mantenerme conectado a ella. De no dejarme arrastrar por la oscuridad del pasado.
—Quiero contarte lo de los Black.
Es hora.
—Esa noche Clarie y yo hablamos. Estaba segura de mudarse de Forks para poder mantener a su bebé con ella, por lo tanto, también alejar a Alec. Me dijo que tenía una amiga en Port Angeles y que podía quedarse en su apartamento.
—Se quería ir. —refuto.
—Sí.
—Entonces, ¿qué sucedió?
—Renne nos escuchó hablando.
—¿Fue cuando se enteró de tu cáncer?
—Lo fue.
Bella suspiro profunda y lentamente.
—Tratare de escucharte, pero no te puedo garantizar que no me ponga furiosa.
—Lo sé, cariño.
—Continua. —me pidió.
—Nos escuchó y discutimos. Estaba muy agitada por Clarie. Por su embarazo. Nos jodimos mutuamente, echándonos en cara lo que ambos estábamos ocultando. En primera instancia, Renne pensó que era mio. Clarie le aclaro que era solo suya, y que por supuesto, no estaba dispuesta a revalorar su idea de marcharse. Se puso tan furiosa que me dijo lo del cáncer enfrente de Renne y todo se jodió.
—¿Qué hizo Renne?
—Dijo que ayudaría, prometió que encontraríamos una solución. Y me derrumbe, por qué llevaba lo que parecía demasiado tiempo callándolo. Creí de verdad que me ayudaría. Confiaba en ella. Con su ayuda y el plan de marcharme a Phoenix tenía más esperanzas de superar el cáncer sin más daños colaterales.
—¿Yo era tu… daño colateral?
—Era como un cáncer viviente, Bella. Te hubiera matado junto conmigo.
—Lo hubiera preferido a tener que tener a nuestro hijo sola.
—Pero has podido, Bella. Y si alguien podía criarlo eres tú. Es perfecto, como tú.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Y es tan parecido a ti.
—Lo es. —lo acepte, porque era cierto. De alguna manera habíamos logrado poner las mejores cosas de nosotros dos en Thomas.
Esperaba algún día poder verlo a Max y a él convertidos en grandes hombres. Haría todo lo posible por siempre ser ese hombro en el que se pudieran recargar. Por darles todo lo que Esme y Carlisle me enseñaron, incluso mucho más. Y de alguna manera, esperaba que Bella lo hiciera junto conmigo. Juntos.
—¿Qué paso después, Edward?
—Clarie se alejó, íbamos por el mismo camino, pero de algún modo no era igual. Me concentre en estar contigo para disfrutar nuestros últimos días juntos, quería que al marcharme, tú estuvieras bien. Fueron tiempos difíciles después de que Marie murió.
Bella sonrió tristemente al recordar a su abuela.
—Aún duele cuando recuerdo que ya no la tengo conmigo. Habría amado con todo su corazón a Thomas.
—Y malcriado. —recordé yo, como la abuela Marie se encargaba de darnos dulces y regalos cada vez que venía a casa.
—Sé que no maneje bien la muerte de Marie. Me tuviste que sostener cuando necesitabas que yo te sostuviera a ti.
No quería que se siguiera culpando, así que continúe con parte de la historia que nos había traído hasta aquí.
—Clarie se alejó luego de esa conversación, creí que necesitaba tiempo. Pero las semanas comenzaron a pasar y me preocupe cada día más. Un día que pasaste por aquí y te quedaste a dormir la llame. Se escuchaba muy agitada, me dijo que había sido estúpido creer que podía mantener a su bebé consigo. Intente recordarle que era su hija y sus sueños, pero después me confesó…
—… la dio en adopción. —Bella completo— ¿Ella es…?
No pude seguir callando por mucho más tiempo.
—Me dijo que era una Quileute.
Bella enredo las manos en su cabello.
—No puedo creerlo.
—¿Qué pasa?
—Ese día, hablas del día que llegue a casa. ¿No es cierto? Te dije que quería ir al baile de pregradución de Jessica. Estaba asustada de lo que la distancia nos haría.
—Sí.
—Ese día estuve con Clarie.
—¿De… que estás hablando? —rápidamente, recordé la historia con la que Bella llego ese día— Dijiste que habías ido a hacer senderismo con Clarie.
—Mentí.
—Obviamente. —sonrió levemente, pero inmediatamente cambio de gesto, dejando sus labios en una línea fina.
—Ese día si fui con Clarie, pero no solo con Clarie. También con Renne. Clarie había descubierto el engaño de Charlie y Alice. Se puso furiosa y nos lo conto. No le creemos, Renne la acusó de querer lastimarla, dijo que era una mentirosa y que como se atrevía a inventar tal cosa de Charlie. Ahora pienso que fue más una actuación que nada. Le exigió a Clarie que la llevara al lugar donde vio a mi padre y tu hermana. Nos llevó, y esperamos por horas. Hasta que aparecieron.
Las piezas se acomodaron una a una.
—¿Qué sucedió?
—Nos pusimos como locas, francamente me arrepentí durante mucho tiempo de todo lo que paso esa noche. Alice no era mucho menor que Clarie o yo, y sin embargo la lastimamos. Renne simplemente se quedó viendo todo, como un simple observador. Siempre lo adjudique al shock de saber que Charlie le fue infiel.
Esa grandísima hija de… Seguramente, logro exactamente lo que quería. Poner de su lado a sus hijas, pesando que Charlie era el infiel en la relación. Cuando en cambio, y como él mismo lo relato, ella lo engaño múltiples veces durante su matrimonio.
—Renne es una experta en la manipulación.
—Sí. —dijo con sorna— Esa es exactamente mi madre.
—No lo dije de esa manera. —asegure.
—Lo sé, es solo que es difícil conciliar esta nueva imagen de ella. Sabía que había problemas entre ella y mi padre pero… no de esa forma. Lo que Carlisle dijo, mi padre intento separarse de ella y ella lo amenazo, no directamente, pero sí de manera contundente. Mira que presentarse a la oficina de tu padre con moretones… Entiendo por qué papá se quedó.
—Lo que hizo Renne. Creo que de alguna manera, manipulo a Clarie.
—Las deje solas después de esa noche. Las vi más unidas desde entonces. Me sentí traicionada porqué después de tu engaño ellas se unieron más, y pensé, ¿cómo puede apoyarla si sabe lo que estoy sufriendo? ¿Si sabe lo que la infidelidad hace? —se me retorció el estómago ante sus palabras— Charlie fue el único que estuvo ahí para mí, y después de que se marcharon a Chicago, le termine perdonando. Y Renne, nuestra relación empeoro muchísimo, me culpaba por obligarla a elegir. Era como si me tuviera que sentir agradecida con ella, por qué de alguna forma retorcida, se había quedado aquí en Forks y no se marchó con ustedes.
—Creo que simplemente trataba de manipularte haciéndote sentir culpable, Bella
—Y lo logro, pero también… —jugueteo con sus manos en su regazo— También creció un sentimiento en mí, Edward. No sé si pueda… aceptar a la hija de Clarie, como la hija de Clarie.
—Anne no es una Swan, Bella. Es algo que tengo muy claro, Clarie la cedió. Y no creo de ninguna manera, que ella tenga que saber sobre su origen sino son Jacob y Leah quien elijan decírselo.
Bella dejo salir el aire de su pecho lentamente.
—Anne. Siempre me sorprendió la facilidad con la que nos entendíamos. Ha pasado por mucho a tan corta edad. —se lamentó.
—TLP.
—Jacob y Leah dijeron que fue causado por factores ambientales, pero no es cierto, ¿verdad? Y tú y yo lo sabemos, Edward. Clarie actuaba de la misma manera cuando éramos niñas.
—Fue diagnosticada en Chicago después de marcharnos. Después de mi cirugía la notaba cabizbaja y callada. Andaba por allí como un ser inerte. Le dije que si no íbamos a ver a un psiquiatra podía regresarse a Forks. Creo que eso la asusto, y accedió, pensé que solamente era una depresión postparto, pero fue diagnosticada con TLP. Me hizo sentido saber que Anne tiene la misma condición.
Vi como Bella se volvía abrazar a si misma antes de volver a hablar, como si necesitara sostenerse a sí misma ante de continuar.
—¿Fue… difícil su matrimonio?
Todo menos eso, Bella. Rogué en mi interior. No estoy listo para hablar de cómo fue mi matrimonio con Clarie. Terminaría por romperme de hacerlo. Y ahora mismo, necesito ser fuerte. Al menos hasta que Renne desaparezca de nuestras vidas.
—No puedo… —no supe cómo explicarlo.
—No puedo entenderte hasta escuchar la historia completa, Edward. —susurro por lo bajo.
Pase mis manos por mi cabello cobrizo, de pronto angustiado.
—Lo estoy intentando, Bella. Quiero hablarte, pero no puedo. Es… —doloroso, hiriente. Sería como abrir mi pecho y dejar a la misma todas mis heridas y cicatrices, casi literalmente— Prometo que lo voy a hacer.
Bella se quedó pensativa por al menos un minuto.
—Hay algo que no me estas contando.
Solo ella, entre todos, podía a ver a través de mí. Todo ello. Incluso a través mi sí mismo y de las mentiras de mi propia cabeza.
—Me contaste que se casaron un año después, y me aseguraste que la noche que los descubrí no me fuiste infiel con ella. Si no me fuiste infiel con ella, ¿por qué te casaste con ella, Edward? Dijiste que la amabas cuando te pregunte en el hospital.
La pregunta del millón.
Recordé entonces las palabras de la doctora Cope. Tenía que esforzarme, por más que doliera, y por más que me matase a mí mismo.
—Me mentí. —se formó un nudo en mi garganta.
Confusa y herida, Bella se dejó caer hacia atrás. Alejándose de mí.
—¿Por qué… me mentirías? —titubeo.
Tome la botella, sirviendo una copa de vino. Necesitaba el calor del alcohol para calentar mi alma, la que de pronto se sentía como si estuviera congelada.
—Por qué he mentido durante tanto tiempo, Bella. Que fue fácil hacerlo de nuevo. ¿Podemos… solo parar? —de pronto, me sentía asfixiado— He dicho todo lo que puedo, Bella. —una amarga lagrima se deslizo fuera, bajando por mi mejilla— Quisiera decirte más, ¿pero cómo lo hago? Si ni siquiera soy lo suficientemente fuerte para admitirlo por mí mismo.
Me puse de pie con la copa de vino en mano.
Le di la espalda a Bella y me la empine.
Creí que sería fácil sostener una mentira más, pero esta vez me estaba carcomiendo. Había sido fácil mentirme a mí mismo después de la muerte de Clarie, pero ahora que su fantasma se difuminaba, y Bella se acercaba cada día más, mi mente se negaba a seguir viviendo en tal agonía.
Sin siquiera notarlo, Bella su puso a mis espaldas. Enredando sus manos en mi cintura.
Sentí sus labios acariciarme la piel de la espalda por encima de la camisa.
—Puedo esperar. —susurro.
Entrelace su mano con la mía, girándome y dejando de lado la copa de vino en la mesita redonda a un lado de los sofás.
—No sé si algún día pueda hablar de ello, Bella.
Y lo peor es que probablemente, eso sea lo que me siga manteniendo apartado de ella. La única mujer que he amado en toda mi vida. Ahora soy capaz de admitírmelo. Es ella. Nadie más.
Las lágrimas que bajaron por las mejillas de Bella me rompieron el corazón.
—Me tengo que ir. —limpio sus mejillas rápidamente.
—Bella… —intente tomarla, pero salió rápidamente de la terraza.
La amargura de inundo.
La impotencia y el dolor.
Quería con todo mí ser poder decirle y hablarle.
Quería tomarla en mis brazos y no dejarla escapar. Y sin embargo, era yo mismo quien dejaba que se me escapara de las manos como agua entre los dedos.
—¡Ah! —golpee la botella de vino con el pie.
Me deje caer en el piso, hundiendo la cabeza sobre mi pecho. Mi barbilla tembló, y las lágrimas vivieron, una a una.
No pude hacer nada para detenerlas.
—Hare que me ames, cariño. Seré tan eficiente, que te dejare arruinado para cualquier otra mujer, inclusive para Bella.
—La olvidaras.
—Di que me amas.
—¡Dímelo!
—Tú me amas, Edward. Me amas. Yo te salve del cáncer. Yo abandone a mi hija por ti.
—¡Cállate! —golpee mi cabeza, una y otra vez.
—Cuéntame. Dímelo. Grábatelo de memoria. Hazlo. Soy lo único que tienes. Lo único que te queda. No tienes familia. No tienes a Bella. Solo nos tenemos a nosotros.
—¡Hija de puta!
—Cuando te pregunte, cuando pienses en mí. Cuando intenten averiguar por qué te casaste conmigo amándola a ella, será sencillo mentirles. Por qué soy lo único que conoces. La única forma de alejarte de ella. Ella te odia, Edward. Te odia.
Comencé a quitarme la camisa, sintiendo como el aire abandonaba mi pecho. No podía mantener los ojos abiertos, ni mis manos se podían mover lo suficientemente rápido. Me sobrecogía el frio del suelo, amarrándome a el.
Y en medio de la oscuridad, una sombra apareció. Fue como un ángel redentor, alejando la oscuridad.
—Edward. Oh, Dios mio. ¡Edward!
Rogué por quedarme con ella, pero no pude. El dolor que sentía en el pecho, el pitido aguado de mis odios y el entumecimiento que me recorría el cuerpo me mantenía prisionero.
Bella me sostuvo entre sus brazos, anclando sus piernas a mis caderas, mientras mantenía mi cabeza sobre su pecho. Las lágrimas surcaban todo mi rostro. El sudor picaba las palmas de mis manos.
Las palpitaciones pararon.
Todo se volvió oscuro.
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—Solo dime que está bien, Kate.
Se sintió como llegar a la superficie luego de estar mucho tiempo hundido en el agua. Me dolía cada extremidad del cuerpo, me palpitaba la cabeza y estaba pegajoso por todos lados.
—Sí, no te preocupes. Su pulso está regresando a la normalidad. —un aleteo toco mi muñeca.
Al siguiente que escuche hablan en medio de la nube que me mantenía en la semi inconciencia fue a Garrett.
—¿Es la primera vez que le pasa aquí? Nunca lo menciono en nuestros correos, pensé que desde la muerte de Clarie mejoraría.
Algo se removió de bajo de mí.
—¿Está hablando de que…?
Kate corto a Garrett no un chasquido.
—Calla boca floja, que cuando despierte te reñirá.
—No me importa. —Garrett dijo secamente— Es que no lo ves, se está haciendo daño a si mismo callando toda la mierda que lleva adentro.
—¡Pero de qué hablan los dos! —Bella exclamo desesperada— ¡Maldita sea, Kate! Es el padre de Thomas, tengo derecho de saber lo que le sucede. ¿Es el cáncer…? —pregunto entrecortadamente— ¿El cáncer volvió?
—Joder. ¿Ves lo que lograste? —algo frio toco mi rostro, primero en la frente y luego en las mejillas— La asustaste.
—¿De qué vas, chica? —contesto mi mejor amigo— No es la primera vez que Edward tiene un ataque de ansiedad.
Una punzada en mi cuello me hizo gemir.
—Sera mejor que calles.
Todo a mí alrededor volvió a cobrar sentido. Me sentía como mierda molida, si es que esa expresión tiene algo de sentido.
Comencé por mover los dedos de mis manos e intente abrir los ojos.
—No te esfuerces, Edward. —susurro Bella.
Suspire. Odiaba la maldita sensación de volver a ser vulnerable de nuevo. Poco a poco, logre abrir los ojos. A mí alrededor, tres rostros me regresaron la mirada.
Mi cabeza se encontraba sobre el regazo de Bella, sus dedos acariciando mi cuero cabelludo. Kate estaba de rodillas a mi costado, con los dedos sobre mi muñeca derecho, y Garrett sobre su estómago, mirándome con el rostro entre sus manos.
—Tú y yo tendremos una buena conversación.
—No lo molestes. —le riño Bella— Me has pegado un buen susto.
—No es nada. Un simple desmayo.
—Edward…
No quise continuar por el mismo camino.
—¿Thomas? ¿Max?
—Siguen durmiendo. —contesto Esme, entrando por la terraza con una gran taza de algo humeante— Ayúdenme a sentarlo para que se tome esto. Es un té excelente.
Garrett se levantó del suelo, inclinándose sobre mí y ayudándome a sentarme. Esme le ofreció la taza y él me la dio. Me vino bien a la sensación seca que sentía por toda la boca.
—Lamento haberlos asustado. En serio, no fue nada.
—Esa no es la descripción correcta que buscaría. —Garrett se cruzó de brazos, sentándose sobre una de las sillas.
Kate salió a mi defensa.
—Para un maldito segundo. Antes de que me olvide de la excelente cita que tuvimos y te pateé el trasero.
Él levanto las manos en señal de paz.
—¿Puedes ponerte de pie? —Bella tomo la taza de mis manos cuando tome el último sorbo de té, Esme la recibió y me miro con aprensión.
—Estoy bien, mamá. —intente convencerla.
Al levantarme, trastabille con mis pies. No recordaba muy bien, pero sabía que lo más probable es que tuve otro episodio como aquella vez que termine en el hospital por la pastilla que me dio Emmett y la vez que me entere que Thomas era posiblemente mi hijo.
Confiaba en que Kate me cubriría las espaldas.
—Wow. —Garrett me hizo enredar mi brazo sobre su hombro, sosteniendo gran parte de mi peso para que a Bella le fuera más facial guiarnos fuera de la terraza— ¿Qué pasa amigo?
Identifique el tonito preocupante. Ya hablaría con él, pero no frente a Bella.
—¿Qué pasa contigo? ¿Besaste a la chica?
—¡Edward! —Esme se escandalizo. Iba a nuestras espaldas con Kate a su lado. Kate me siguió el jueguito, tarareando.
—Lo intente.
—No puedes besar a mi mejor amiga en la primera cita.
—Tú me besaste mucho antes de que fuéramos novios. De hecho, teníamos como seis años.
—Oh, créeme. Lo recuerdo. —le guiñe un ojo a Bella.
Kate fingió ruidos de arcadas.
—¿Saben lo asqueroso que es eso?
—No es mi culpa que Garrett bese tan mal. —me burle.
Para cuando llegamos a la cima de la escalera, mi madre nos guio a la habitación de Emmett. Descubrió la cama y me dejaron encima. Entre todos, comenzaron a desvestirme. Garrett un zapato, Kate otro, Bella desabrochando los botones de mi camisa y mi madre saco una camisa limpia del closet.
—Puede hacerlo solo. —Garrett me ofreció una mano para sentarme.
Con su ayuda, me puse sobre mi trasero. De alguna manera, busque cualquier excusa para que me dejaran cambiarme solo. Antes de la primera palabra, mi teléfono comenzó a vibrar dentro de mi bolsillo.
—No contestes. —pidió Esme.
—Puede ser algo importante. —maniobre para sacar el aparato de mi bolsillo. Al ver, era un número desconocido.
—¿Quién es? —al contestar, la llamada se mantuvo en silencio.
Esperé un minuto, pero nadie hablo del otro lado.
—¿Hola?
Mire el celular, tratando de averiguar si tenía el audio silenciado o algo, pero todo se encontraba perfecto.
—Quien sea, esto no es divertido.
—¿Quién es? —pregunto Bella.
Del otro lado, se escuchó el sonido de algo romperse. Después, nada. La línea se cortó. Mire el teléfono con aprensión. ¿Quién llama para no decir nada? ¿Y si fue Renne? ¿Alec? Se habían mantenido en silencio por un largo tiempo, a excepción de la visita que Renne le hizo a Jacob Black.
El teléfono volvió a sonar.
Contenté de inmediato.
—Quien sea que…
Fue cortado por una ligera voz de mujer.
—¿Es Edward Cullen?
—¿Quién es?
—Soy Leah Black… —titubeó un poco— Estas e altavoz, Edward. Queremos que vengas a La Push para que podamos hablar. Queremos dejar las cosas claras, tengo preguntas respectó a Clarie. Jacob me conto lo que paso en la comisaria. La única condición es que Bella Swan venga contigo.
Buscaban sentirse seguros con alguien que ya conocían. Lo que es curioso, porque de pensar en quitarles a Anne, Bella cuenta como un familiar directo que podría pelear por ella si así lo quisiera.
Bella noto mi gesto.
—¿Quién es? —me exigió saber.
Tape la bocina inferior del teléfono antes de hablar.
—Es Leah Black, quiere habla conmigo y que vaya a La Push. La única condición es que vengas conmigo.
De pronto, todos los demás desaparecieron. Solo quedamos Bella y yo, comunicándonos en silencio. Sus ojos se mostraban difusos, llenos de emociones y sentimientos. Su ceño se frunció un segundo, pero al final, llego algún tipo de resolución.
Los Black hacían bien en confiar en ella.
—Iré.
Esme le puso una mano en el hombro en señal de apoyo. Kate y Garrett se quedaron en silencio, simplemente observando como volvía a la llamada.
—Iremos.
—Bien. —esta vez fue Jacob Black quien hablo— En tres días. Necesitamos algo de tiempo para hablarle a Anne de ti. Le diremos que eres un viejo amigo de la familia, a Bella ya la conoce, se sentirá a gusto con ella.
—Muy bien. —algo en mi pecho se revolvió. La última vez que vi a Anne propiamente a penas y cabía entre mis brazos.
Finalmente, la línea se coto.
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"Todos piensan que lo tengo todo, pero esto no es nada. Viviendo tras los muros de este castillo, si pudiera derribarlos, si pudiera hacerlos caer. ¿Podría alguien escucharme gritar tras los muros de este castillo? No hay absolutamente nadie aquí"
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¡Hola, nenas! ¿Cómo se encuentran en este buen día lluvioso? Lo sé, estoy un día tarde, en mi defensa puedo decir que es culpa de mi jefa de área en el servicio social, ayer tuve que cubrir un turno extenso y ni tiempo de actualizar. ¡Pero estamos aquí de nuevo! ¡Capitulo cuarenta! ¿Pueden creerlo? Ha pasado un largo tiempo desde que comencé a escribir esta historia, la retire, la volví a subir. Semana a semana avanzamos, y aunque no lo queremos, se acerca el final. Pero no se me preocupen, eh. Todavía queda tela de donde cortar un par de meses más. Ahora, ¿Qué tal nuestro capítulo de hoy? Edward finalmente se abrió a Bella en muchos aspectos. Completamente no, pero ya casi. Solo falta un empujoncito. Recemos para que la doctora Cope lo logre. Algunas de ustedes se preguntaron qué fue lo que alguna vez vio Kate en su historial médico, y ahora se confirman un poco más sus sospechas. Si hay algo médico que esconde Edward. Ataques de ansiedad. ¿Y tal vez otra cosita? ¿Vieron su resistencia a cambiarse enfrente de todos los demás? ¿Y las voces que escucho mientras tenía el ataque de ansiedad? Esa Clarie si que era una mujer algo desequilibrada, tal vez eso explique un poquito de la historia, pero no todo por completo. No tardará mucho, Edward está en el límite de explotar. Y ahora, las llamadas, ¿por qué alguien llama, se queda en silencio y corta cuando Bella habla? *gesto pensativo* Por los Black nos podemos despreocupar, al parecer ya desenfundaron bandera blanca.
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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