Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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NF – I Just Wanna Know

Bella se quedó toda la noche a dormir con Thomas y Max. Ella no lo sabía, pero la escuche llamar a James en el pasillo. Me sorprendía que fuera tan comprensivo sobre Bella quedándose aquí.

Es un hombre que no quiero ceca de mi familia por el pasado qué oculta. Sé que no ha hablado con Bella, porque de ser asi, Bella me estaría exigiendo explicaciones.

Esme pasó una mano por mi frente.

—Estoy bien, mamá. —acaricie la mejilla de Max. Su boquita succionaba con ansias la mamila del biberón.

—Me preocupa lo qué te pasó.

—Fue un simple desmayo. —respondí evasivamente.

No es que no quiera sus atenciones, simplemente necesito dejar atrás lo que paso ayer.

No me gustaba como me sentía después de un ataque. Se siente como haber corrido un mataron sin haber corrido uno y como si alguien hubiera aplastado mi cabeza también.

He considerado durante toda la noche pedirle una cita adelantada con la doctora Cope. Sin embargo, no sé qué tan preparado estoy para hablar sobre lo que paso anoche. Ella querrá hacer preguntas, igual que Bella.

No las dijo verbalmente, pero sus ojos chocolates están inundados de todas ellas.

—No quiero... —Esme se sentó sobre la mesita de centro— Que sientas como qué no puedes decirme lo que sea. Somos tu familia, cariño. Y estamos aquí para ti.

Me extendió la mano.

La tome y entrelace nuestros dedos.

—¿El cáncer regreso, cariño? —pregunto con el temor tiñendo su voz.

Me rompe el corazón qué se tenga miedo de que el cáncer regrese de nuevo. Según el doctor Peterson la última vez que lo vi hace un año, es imposible que el cáncer vuelva. Esta cien por ciento erradicado. Fue difícil sacarlo, pase por todas las fases y tratamientos, pero lo logre.

—No, mamá, —bese su mano— Y si llegara a regresar alguna vez, se los diría.

—Prométemelo.

—Te lo prometo.

Suspiro.

—Tú padre llega hoy en la noche de viaje, me dijo que necesita hablar contigo.

Aquello llamó mi atención.

—¿Pasa algo importante?

Mamá hizo un gesto pensativo, pasando sus manos por su cabello.

—Hemos tenido una larga conversación. Y... creo que quiere hablar contigo sobre el accidente de Clarie.

Se me revolvió es estómago de solo pensar de que se trata.

—No es algo de lo que quiera hablar.

—Tu padre se ha encargado de todo lo legar, Edward. Pero tiene noticias sobre la investigación.

Desvíe mi atención, mirando hacia afuera de la casa.

—¿Información sobre quien la asesino? —mi voz se escuchaba vacía al preguntar.

—Sí. La policía de Chicago tiene algunas pistas.

—¿Qué clase de pistas? —Max se agito entre mis brazos, seguramente al notar mi tensión. Le arrulle más cerca de mi pecho tratando de tranquilizarlo.

—No lo dijo.

Intente contener mi molestia.

—No puede decir esas cosas. Estamos hablando de la madre de mi hijo. —murmure.

—Está preocupado por cómo te puede afectar todo esto. No quiere que retrocedas. Ninguno de nosotros lo quiere, Edward. Pero la verdad es que es inevitable.

¿Cómo decirla qué por si mí fuera... retiraría y cerraría la investigación sobre la muerte de Clarie? Estoy harto del pasado.

—Está bien. Hablaré con papá en cuanto llegue.

Mamá sonrió levemente, no muy convencida. Un par de ojeras moradillas adoraban sus ojos por debajo, llevaba un bata de satín de dibujos claros y el pelo caramelo recogido en un moño.

No quería preocuparla más, así que lo mejor que podía hacer era cooperar. O eso creía yo.

—¿Bella sigue dormida? —pregunté, desviando mi mirada hacia las escaleras qué daban al segundo y tercer piso.

—Se acostó muy tarde. —le entregue el biberón, comenzando a golpear la espalda de Max para sacarle los gases— Se quedó un tiempo fuera de tu habitación.

Decir que aquello me sorprendí es quedarse corto.

—¿Eso es cierto?

—La anime a entrar a tu habitación, pero dijo que ya dormías.

Negué, Bella le mintió a Esme.

—Estaba despierto. No dormí en toda la noche.

—Bueno, entonces algo le impidió entrar a tu habitación.

Max poco a poco se fue soltando, hasta caer dormido sobre mi hombro.

—Hemos... —me pregunte si era una buena idea hablar con mi madre sobre nuestra situación. Al final, decidí que si alguien me podía dar un consejo sensato, esa sería ella— estado teniendo esta cercanía.

Esme me miro de manera comprensiva.

—Se ve como mucho más que una simple cercanía, cariño.

—La besé. —confesé.

—¿Y ella como respondió?

Hice un par de muecas.

—Eso es lo que no entiendo. Creo que esta celosa de Tanya.

—Tanya luce como una buena chica, pero creo que Bella llevaba razón, hijo. He visto cómo te mira.

Es así de verdad. Había sentido cosas extrañas cuando nos la encontramos en Seattle y la única verdad es que probablemente había preferido ignorar todo eso. Lamentablemente para Tanya, solo hay espacio para una mujer en mi vida.

—La aprecio, pero no estoy dispuesto a poner mis avances en riesgo por ella.

—Quizás solo bastaría con que mantengas tu distancia. —dijo.

—Creo que es lo que haré. Por otro lado...

—Por otro lado, Bella esta con James.

Suspire.

—Tiene una relación con él. Y la amo, pero tampoco quiero lastimarla trasgrediendo su relación.

—Quizás solo necesité tiempo para revalorar las cosas, cariño. Han sido unos meses, por no decir años, muy duros para todos. Sea cual sea su elección, no quiero que eso te vaya afectar.

Comprendí su preocupación.

—Sea lo que sea que ella quiera, lo aceptaré. Mucho más allá de que la ame, tengo dos razones para seguir adelante.

—Dos muy buenas razones. —completo ella, mirando con un gesto de ternura a Max.

El ruido de pequeños pies sobre la escalera nos sacó de nuestra conversación. Thomas apareció dando traspiés tras traspié en las escaleras. Llevaba el cabello despeinado y un pijama mullida en un mameluco completó en forma de osito de peluche.

—¿Abuela?

Esme se inclinó sobre la mesa.

—Aquí, cariño.

Thomas saltó de los últimos dos escalones las escaleras y salió corriendo.

—¡Abuela! —corrió, impactando su pequeño cuerpo con el de mi madre.

Esme rio encantada, abrazándolo contra su pecho.

—¿Qué tal ha dormido el niño más guapo de esta casa?

—Bien, aunque mamá dice que le di un par de patadas. Ya me disculpe.

Sonrió hacia nosotros.

—Porque los niños amables... —comencé.

—Se disculpan. —completo él.

—Eso, campeón. —le extendí la mano para que me diera cinco.

Esme nos miró con ternura, sus ojos verdes brillaron en todo su esplendor.

—¿Qué tal un desayuno?

—¡Sí! ¡¿Pueden ser pancakes?!

Esme se golpeó la barbilla con el dedo índice.

—Déjame pensarlo.

Thomas junto sus manos entre sí.

—¡Por favor! ¡Por favor!

Pase una mano por su cabello y lo revolví.

—¿Qué dices tú, Edward? —pregunto mi madre.

—Sí, me gustan los pancakes. —murmure.

Thomas saltó en un pie encantado. Sus ojos buscaron a Max, hasta ver su pequeño rostro apoyado en mi hombre.

—Ohhh. —su boquita formó una "o" perfecta— Bebé Max está dormido. —cerro sus labios y puso un dedo sobre el— Shhh.

Shhh. —mi madre y yo soltamos un par de risitas.

—¿Qué es tan divertido? —pregunto Bella, entrando a la sala de estar.

Venía vestida para el trabajo. Llevaba un traje cuerpo completo de pantalón y chaqueta azul marino. La chaqueta poseía un estilo más juvenil con un hombro descubierto y un escote cuadrado sobre su pecho. Usaba tacones de color negro con beige y el pelo lacio sobre los hombros.

Yo estaba en pijama, todo despeinado y manchado de cosas de dudosa procedencia por toda la camisa. Pero, ¿qué puedo decir? Así es cuando cuidas a un bebé de seis meses que despierta todos los días apenas sale el sol.

—Es el bebé, mami. Está durmiendo. —Thomas se subió al sillón, inclinándose sobre el respaldo para ver a Max desde un mejor ángulo.

—Oh. —Bella camino hacia nosotros, provocando qué me fallara la respiración. Se veía hermosa— Está dormido.

Ella se puso atrás del sofá.

Bajo la cabeza y dejó un beso en la coronilla de Max.

—¿Quieres que lo sostenga por ti?

—¿No tienes que marcharte ya?

—Leah se puede hacer cargo un par de horas. —dejo su bolso en el sofá— Déjame sostenerlo.

Me puse de pie, procurando no inquietar a Max. Se removió sobre mi pecho, pero no hizo otra cosa que acurrucarse. Bella extendió los brazos.

Puse una pierna sobre el sofá, y sé lo entregue.

Bella no quito sus ojos de él en ningún momento. Mi pequeño hijo encontró un lugar perfecto para acurrucarse entre el cuello y el hombro de Bella. Ella se inclinó sobre él, acariciando su mejilla con una de sus manos.

—Es hermoso. —susurro.

—A mami le gustan los bebés. —Thomas dijo.

—A mami le gusta Max. —repuso Bella, mirándome fijamente.

Vi en mensaje detrás de sus palabras, pero no dije nada más. En cambio, tome la mano de Thomas, en tanto trataba de calmar al remolino de emociones que se alojaban en mi pecho.

—¿Qué tal si tú y yo hacemos los pancakes?

—Uh. —Esme sonrió con ternura a Thomas— Edward sabe hacer unos pancakes estupendos.

—¿Sabes hacer de plátano con chocolate?

Sonreí orgulloso.

—Claro que sí.

Bella se rio, pasando su peso de un pie a otro para mantenerse en un suave balanceo qué arrullara Max.

—Me gustaban tus pancakes. —recordó Bella.

—Te gustaban más cosas. —le guiño un ojo.

Thomas tomo mi mano.

—¡Vamos! ¡Vamos! —nos urgió.

Avance dos pasos.

—Vamos cariño, que cuando tienes hijos, el tiempo de coquetear se esfuma.

—Mamá. —la reñí.

Las mejillas de Bella se pusieron al rojo vivo cuando se sonrojo.

—No estábamos coqueteando.

—Lo que digan. —se fue hacia la cocina tarareando.

—Tú mamá es extraña.

Caminamos hacia la cocina también.

—Lo sé.

—¿Por qué la abuela es extraña?

Bella se quedó pérdida sobre qué responderle, si qué lo hice yo.

—Cosas de adultos.

Ew. —hizo un ruidito— Las cosas de adultos son aburridas.

Bella y yo nos miramos en silencio.

Al entrar a la cocina, Bella y mi madre se sentaron en los taburetes de la barra de la cocina.

Me puse un delantal.

Saqué todo lo necesario para hacer los pancakes. Huevo, harina, polvo para hornear, azúcar, sal, mantequilla, leche, plátanos y chocolate.

Nos pusimos manos a la obra entre Thomas y yo.

—Quiero un delantal como el tuyo. —me pidió, sentado sobre la barra y moviendo sus piececillos.

—Hay uno en el clóset a la izquierda, cariño. —comento Esme.

Me dirigí al clóset a la izquierda, donde se guardaban cosas de limpieza y algunos trastos más. En un perchero había un pequeño delantal rojo con un estampado de la cara de Elmo.

Salí del closet.

—Creo que me puedo quedar este y prestarte el mío. —trate de lucir desinteresado.

Thomas rebotó de arriba a abajo.

—¡No! El señor Elmo soy yo.

—Bueno señor Elmo, quitemos tu pijama para poner este.

Asintió enérgicamente, estirándome los bracitos.

Lo tome en brazos, bajándolo al piso, le quite la parte superior del su pijama mullida de osito y la amarre a su cintura, dejándole con una camisa de tirantes interior. Puse el delantal sobre su cabeza y lo acomode en su cintura.

—¿Esta listo para comenzar a cocinar, señor Elmo?

—¡Listo!

Lo subí de nuevo a la barra, urgiendo porque se sentara. Le di un bowl qué tome de una de las alacenas.

—¿Qué tal si lo sostienes aquí mientras deposito los ingredientes? Luego puedes ayudarme a mezclarlos. —ofrecí— ¿Sí?

—Soy bueno mezclando. Puedes preguntarle a mi mami. —dijo muy seguro de sí mismo.

Mire a Bella de soslayo. Estaba aún sosteniendo a Max, a pesar de que había escuchado como mi madre le ofreció apenas entrar a la cocina el portabebé. Bella se había negado, diciendo que no hacía falta.

Debió notar mi mirada, porque se distrajo de la conversación qué tenía con Esme y me dio una mirada.

Se mordió el labio inferior.

Había olvidado lo que ese gesto me hacía.

—Estás mirando a mamá con cara de enfermo de nuevo. —dijo Thomas impacientemente.

Le cerré un ojo a Bella y volví mi atención a mi hijo.

—Que te puedo decir, tu madre es muy hermosa.

Él se encogió de un hombro.

—Lo sé. El abuelo Charlie dice que soy afortunado porqué tengo a la mami más hermosa de todas.

Comencé depositando la harina en el bowl. Una suave nube se expandió entre los dos, manchando la pequeña naricita de Thomas.

—El abuelo Charlie tiene razón. —limpie su nariz.

Seguí con el polvo para hornear, azúcar y una pista de sal.

—Ayúdame a revolver este.

Le tendí una cuchara. Él la tomo entre sus pequeñas manos, dejando el bowl sobre la barra. Se inclinó sobre el contenedor y con sus dos manos comenzó a mezclar todos los ingredientes.

Observe como sacaba la lengua entre sus labios en signo de concentración.

En otro bowl puse la mantequilla, la leche y los huevos.

Comencé a mezclarlo también.

—No puedes reírte de mí si ti también sacas la lengua. —ni siquiera me miro cuándo dijo aquello, simplemente siguió concentrado en lo suyo.

Hice como qué me reía un poco más.

—¡No, Edward! —metió la mano en su bowl, lanzándome harina.

La harina dio de lleno en mi pecho.

—¿Es así como lo quieres? —le reñí, tomándolo en mis brazos.

—¡Tú comenzaste! —chilló.

Con mi mano agarré de la misma mezcla, dejándola caer sobre su cabello.

—¡No!

—Sí. —le hice cosquillas, mientras girábamos entre la barra y la cocina.

Le hice una trompetilla sobre el cuello.

—¡Mami!

Pero cuando ambos levantamos la mirada, solo vimos a una Bella atacada de risa y a Esme tomando un video con su teléfono.

—¡Mami no se supone que te rías! —le reclamo, todavía tratando de librarse de mi agarré.

—Tú mami no podrá salvarte del monstruo. —gruñí, dejándole en el suelo.

Entrecerró los ojos, girándose.

—Atrápame si puedes.

Me quite el delantal.

—Prepárate, pequeño renacuajo.

Ambos salimos pitando de la cocina, entre risas mías y chillidos de Thomas.

Esme grito desde la cocina.

—¡¿Y los pancakes?!

Ups.

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Tres días después, las cosas ya no pintaban tan buenas como aquel día por la mañana. Bella se encontraba sentada a mi lado, en tanto yo conducía hacia nuestra cita para comer con los Black.

Thomas y Max iban en el asiento trasero.

Había estado dudando sobre traerlos con nosotros, pero ambos eran una buena motivación para mantener las cosas tranquilas.

Necesitábamos ponerle a esa situación toda la normalidad posible.

Bella se encontraba lo más callada qué podía. No habíamos hablado mucho después de aquel almuerzo en casa. Ese mismo día se fue a trabajar a Seattle en su editorial, dejando a Thomas para pasar dos noches más en casa. Fue maravilloso todo el tiempo que pudimos compartir juntos. Aunque no creía nunca poder recuperar el tiempo perdido, era bueno que ahora pudiera ser una figura activa en su vida.

Bella por otro lado no volvió a casa, durmiendo en su casa esa noche y las siguientes.

Habíamos intercambiado un par de mensajes de texto y una breve llamada telefónica, pero por algún motivo la había notado callada y demasiado sería.

Me preocupaba qué estuviéramos retrocediendo. O que presenciar el ataque qué tuve la alejara de mí.

El Mercedes se deslizaba con facilidad por la carretera.

El único sonido era el proveniente de la tableta de Thomas en su regazo y la música baja de Debussy qué puse al salir de casa en el equipo de sonido.

Golpeteé mis dedos contra el volante del auto.

Ella miraba por la ventana.

Iba perfectamente vestida.

Impecable.

Un traje a dos piezas abrazaba su pequeña silueta. Usaba una chaqueta y un short qué le llegaba a medio muslo en un estampado cuadrado a blanco con líneas verdes. Debajo del traje llevaba una simple blusa blanca sin más estampados.

Yo iba menos formal, pero por supuesto ella venía de la editorial y no le había dado tiempo de cambiarse.

Mi ropa no consistía en otra cosa que pantalones de vestir a cuadros negros con rayas grises, una camisa negra con cuello de tortuga y zapatos formales.

Respiré hondo y expulse el aire lentamente antes de hablar.

—¿Qué tal el trabajo?

—Estupendo. —dijo simplemente.

Note el vacío qué sobrevino en mi estómago con su respuesta. Trate de ignorar la sensación.

—Ya no volviste a casa después del miércoles.

—Tengo mi propio lugar para dormir.

—Bella.

—Edward. —repitió.

Apreté el bolate entre mis manos, intentando dejar salir la tensión.

—¿Qué es lo que te tiene así?

—¿Así? ¿Cómo así? —dijo entre dientes, tratando de mantener un tono tranquilo, pero la irritación se filtraba por cada una de sus palabras— Estoy bien.

Mire de soslayo a Thomas, asegurándome qué no nos prestará atención. Él se mantenía con los ojos puestos en la tableta, viendo alguna caricatura. Max estaba profundamente dormido en su sillita.

—Estás... extraña.

—No lo estoy. Estoy bien. —remarco el bien— Solo para. No es sobre ti o sobre mí, es sobre Thomas.

Que le quitara importancia a lo nuestro me dejó una sensación fría por todo el cuerpo.

—Bella...

Me corto antes de seguir hablando.

—Podemos hablar después de terminar nuestra comida con los Black. Eso es lo importante ahora. —se inclinó sobre el equipo de sonido, subiendo la música un poco más.

Claro de Luna lleno el interior del auto. Haciendo que una nube negra se instalara sobre mi cabeza. Qué buena elección de música. Hubiera sido mejor que me arrancará el corazón y se lo ofreciera a Bella, junto con todos mis secretos y mentiras.

Me tranquilizo un poco más ver el letrero qué daba la bienvenida hacia la reserva La Push.

Vi por el espejo retrovisor como Thomas dejaba la tableta de lado y pegaba el rostro a la ventana.

—Le encanta venir aquí. —explico Bella, un poco más relajada— Charlie solía traerlo aquí cada fin de semana. Pescaba con Harry Clearwater, el padre de Leah, desde que yo era pequeña. Dejó de venir cuando murió un invierno hace dos años.

Recordaba a Harry vagamente.

—Conocí a Jacob desde joven, pero nunca creí que nuestras familias se vieran unidas de esta manera.

—Creo que ninguno de nosotros.

Seguí por el camino, siguiendo las especificaciones qué me había dicho Charlie para llegar a la casa de Los Black.

Le había llamado ayer por la tarde para hablarle de esta reunión. Aun no me fiaba totalmente de Jacob Black. Amaba a Leah y Anne con locura, por lo que no sabía si esta reunión era un simple señuelo para probarnos a mí y a Bella.

Me mezcle entre las casas tan parecidas entre sí. La tribu siempre fue unida. Era algo que yo admiraba de los Quileute.

Muchas familias estaban afuera de sus casas, comiendo o jugando entre sí. Los niños correteaban de aquí para allá, jugando a la pelota, con sus bicicletas o simplemente haciéndolo.

Las miradas no faltaron.

Bella bajó la ventanilla y saludo a algunas personas. Todos parecieron relajarse al darse cuenta que era ella.

—¡Bella! —un chico de aspecto flacucho y alto nos abordó cuando salimos del auto.

Le abrí la puerta a Thomas para que saliera, aprovechando para tomar a Max en brazos.

—Seth. Hola.

Thomas corrió hacia en muchacho.

—¡Seth! —levanto la mano y chocaron cinco.

—Hola, pequeño lobito. —se volvió con Bella— Quiero agradecerte por los libros para la escuela, llegaron ayer. Son... magníficos.

Bella negó.

—No hacen falta los agradecimientos. Jacob es quien se lleva todo el mérito. La donación fue un mero trámite. Todo lo que necesiten, pueden llamarme y pedírmelo.

—¡Estupendo! —el chico se dio cuenta de mi presencia cuando miró a su alrededor— Hola, soy Seth.

—Edward Cullen. —le di un saludo con la barbilla, ya que mis brazos se encontraban ocupados.

—Excelente. Creí escuchar qué van a pasar la tarde con los Black. Te veré después, Bella. —se giró de nuevo a Thomas— Dame esos cinco. —Thomas se estiro, alzando de nuevo al aire su bracito, dándole la mano— Muy bien. —Seth me dio una sonrisa amable— Un gusto conocerte también, Edward.

—Lo mismo digo.

Al mismo tiempo que el chico se alejó de nosotros, Jacob Black salió de casa con las manos metidas en los bolsillos.

El y Seth se despidieron con un simple movimiento de cabeza.

—Hola, Jake. —Bella se acercó con Thomas tomado de una mano.

—Bells. —le puso las manos en los hombros y beso su mejilla.

Bella me miro de soslayo mientras estaba a la casa.

Me acerqué a Jacob, abrazando más firmemente a Max con una mano. Le extendí la mano, mostrándome dispuesto a que esta reunión se mantuviera en buenos términos.

Él observó mi mano.

Algo lo convenció, porque la estrecho para luego darme una palmada en la espalda.

—Entra. —me indico el camino a seguir— Lindo niño.

Reacomode el gorrito de lana qué cubría la cabecita de Max.

—Lo es.

—¿Cuál es su nombre?

—Maxwell. Tiene seis meses.

—Una preciosura.

Su casa tenía un tinte muy hogareño y cálido.

Adornada en su mayoría de madera, en colores cálidos como rojo, café, amarillo y verde. Había una gran sala de estar amplia con mullidos sofás en color beige y cojines azules, en el centro una mesita, repleta de hojas blancas, de colores, muchísimas crayolas y plumones.

—Leah está cambiando a Anne. En un momento estarán con nosotros. —dijo Jacob, haciendo un gesto hacia los sillones— Pueden tomar asiento.

—Gracias. —Bella se sentó, mirando de una manera significativa a Jacob, él asintió de manera deliberadamente discreta— Thomas. Cariño, ¿por qué no vas a ver que está haciendo Anne? Le dará gusto verte. Y dale esto. —sacó una pequeña cajita de madera— Le encantará.

Me pregunte que sería eso.

Thomas asintió entusiasmado, tomando la caja para luego irse por un pasillo.

Todos lo seguimos hasta que desapareció.

—Quizás este sea el mejor momento para hablar. —dijo él moreno, poniendo sus codos sobre sus rodillas.

Me senté al lado de Bella, dispuesto a escuchar. Coincidí con él, cuando Leah y Anne bajaran lo mejor era qué no hubiera nada que pudiera agitar a la pequeña.

—Creo que sería lo más indicado. —concorde.

—Les hemos pedido que vengan por una razón. —explico él— Queremos qué conozcan a Anne. Y que se aseguren qué vive en un hogar estable. Sabemos que pase lo que pase, siempre serás su familia biológica, Bella. Pero esperamos que puedas entender que no queremos que ella se entere de su origen hasta que esté lista para manejarlo. Ese momento no es ahora, y no sé francamente, si algún día lo esté.

Bella escuchó atentamente. Después, se inclinó y le tendió una mano a Jacob. Él correspondió a su gesto.

—Anne es suya, Jacob. Es importante que lo sepan. —soltó la mano de Jacob, apegándose a mí de nuevo— Ustedes le han dado todo lo que ella necesita. Y ni yo, ni Edward, nadie. Ni siquiera mi hermana si estuviera viva, debería poner en duda lo mucho que la ama.

—Lo hacemos. —dijo él fervientemente.

—Por supuesto, ella siempre contará conmigo. —Bella pareció debatirse sobre algo en su interior. Lo sabía por la forma en que sus ojos danzaban y sus manos se movían nerviosas, jugueteando con sus dedos— Pero no como su tía. Soy tu amiga y soy amiga de Leah. Sin embargo, es mi deseo no participar activamente en su vida como su tía. De ser así, ella sabría que soy igual a su madre físicamente. Y por supuesto, eso sería un impacto para ella. Por no decir que para mí también. No quiero decir algo de lo que me pueda arrepentir, pero no sé si pueda amar a la hija de Clarie. Fue mi hermana y mi sangre, pero también ha sido una de las personas que más me lastimo.

Jacob asintió comprensivo. Exhalo una bocanada de aire y la tensión de sus hombros disminuyó significativamente.

—Creo que estamos de acuerdo. ¿Edward?

Carraspeé.

—Lamento mucho qué mi llegada significará para ustedes un peligro. Si lo hubiera sabido, probablemente les habría evitado la angustia. Puedo asegurarle qué no quieto pelear por ella, eso sin contar que no tengo ningún derecho legar sobre ella.

Los ojos de Jacob se oscurecieron.

—Llegamos a temer qué fueras su padre biológico.

Bella se tensó visiblemente a mi lado.

—No lo soy.

—Clarie tuvo un novio, lo sé por mi padre y escuche algunas veces hablar a Charlie sobre su toxica relación. ¿Es posible que sea él?

—Alec. Su nombre es Alec. No solo es posible, sino que Clarie alguna vez tuvo la intención de decirle sobre su paternidad. Las cosas no salieron muy bien.

La mandíbula de Jacob se endureció y sus negros ojos brillaron con fuego en ellos.

—¿Cuáles son las posibilidades de que él desee pelear por ella algún día?

Por lo menos en aquel punto, Clarie no se equivocó.

—Nunca. Él no sabe de la existencia de Anne.

Jacob se pasó una mano por la barbilla.

—Puedo permitirles estar cerca de Anne, solo tengo una condición.

—¿Cuál? —pregunto Bella.

Todo el rostro de Jacob perdió expresión. Dejó de ser el hospitalario anfitrión qué nos dio la bienvenida para convertirse en el guerrero Quileute qué llevaba en la sangre.

—Nunca jamás ese hombre se puede enterar de la existencia de Anne. Si pueden prometerme eso, mi familia y yo nos sentiremos a salvo. Han sido casi seis años de vivir en la constante angustia de pensar que alguien podría quitarnos a nuestra hija. Eso ha añadido algo de tensión a mi relación con Leah. Ahora que sabemos que sus intenciones son las correctas, podemos ocuparnos de nosotros mismos y de nuestra familia.

Antes de que Bella pudiera responderle algo, lo cerré. Con esta promesa, no sólo cerrábamos una cuenta pendiente de la misma Clarie, sino que le cerrábamos toda posibilidad a Alec de algún día llegar a Anne.

Y si mis conjeturas eran correctas, de la boca de Renne jamás saldría la verdad para Alec.

No me engañaba. Si nunca le dijo de la existencia de Anne es porque es una egoísta hija de puta.

Y por supuesto, sabe al igual que todos nosotros, que Anne sería como masilla a manos de Alec. La arruinaría al igual que arruino a Clarie.

—Hecho.

El gesto de Jacob no se enfrió, se hizo todavía más duro. Sus ojos parpadearon muy lentamente, y pude ver dentro de ellos, como la oscuridad se difuminado poco a poco.

Saco un teléfono del bolsillo de su camisa.

Un segundo después, Leah y Anne aparecieron por el pasillo.

La dulce niña de gran cabello castaño aferraba la mano de su madre mientras se acercaba a nosotros. Sus ojos fueron desde su padre hasta Bella, luego se posaron en mí.

Soltó la mano de su madre.

Llevaba un sencillo vestido a color azul, el cabello recogido con una diadema en la parte superior de su cabeza y simples botas negras en sus pies. En sus manos, sostenía un pequeño ramo de flores silvestres.

Me lo tendió, dándome una sonrisa tímida.

—Mamá dice que es de buena educación darle regaños de bienvenida a los invitados. Soy Anne.

Agarre el ramillete de las flores.

—Soy Edward.

Ella miro a Jacob, como buscando su aprobación sobre algo. Jacob se mostró algo sorprendido, pero de todas maneras accedió. Ellos estaban así de unidos.

Anne levanto su mano, tocando mi hombro. Luego, y ante la curiosidad de todos, puso su frente sobre la mía.

Azul contra verde, ella me miro directamente.

Un escalofrió me erizo la piel.

Y entonces, lo vi. En su cuello, el dije que alguna vez perteneció a Bella y Clarie. Se mantenían los dos unidos. Algún día, ese dije fueron dos. Un corazón con un hueco en medio, y el otro, un simple corazón. Los dos encajaban perfectamente.

Bella los unió juntos para dárselo a Anne. Le dio el último vestigio de lo que fue su relación con Clarie.

Estuve seguro que fue exactamente eso lo que contenía la cajita de madera.

—Bienvenido a la tribu Quileute.

—Gracias, Anne.

La pequeña niña sonrió, sus ojos iluminándose. Allí mismo comprendí qué si alguna vez hubo un castigo peor para Clarie, fue no ver crecer a este precioso ser.

Leah hablo entonces.

—¿Quién quiere comer?

—¡Yo! —gritaron al mismo tiempo Thomas y Anne.

Leah extendió ambas manos. Los niños la tomaron, uno de cada lado. Sentí un nudo en la garganta cuando vi como Thomas le sonreía a Anne.

—Vamos. —nos invitó Leah.

Los adultos sentados nos pusimos de pie.

—Mi mamá hace un excelente pastel de chocolate. ¿Te gusta el pastel de chocolate, Edward? —pregunto Anne, mientras se sentaba en una de las sillas del mesón de la cocina con ayuda de Jacob.

—Me encanta.

—Estupendo. —se giró hacia su padre— ¿Puedo compartir mi rebanada con Edward?

—Sí, cariño. Puedes.

Bella y yo nos sentamos a la mesa. Thomas se acercó a Bella. Ella lo recogió en brazos y lo puso sobre sus piernas.

En medio de toda esa imagen donde todos estábamos esperando a que Leah sacara el pastel del empaque del horno, sentí la mano de Bella tomar la mía por debajo de la mesa.

Entrelace nuestros dedos.

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El camino de regreso a casa fue silencioso. Bella se mantuvo callada, como si no pudiera hablar conmigo. En casa de los Black se mostró cercana todo el tiempo, pero ahora era como si una pared invisible nos separara.

Thomas y Max dormían en la parte trasera del auto. Ambos cansados. Thomas y Anne pasaron una tarde estupenda jugando, y Max, mi pequeño había provocado un pequeño enamoramiento en Leah.

Lo cargo la mayoría de la tarde, mientras conversábamos.

Logramos conocernos mejor. Creo que se esforzaron por seguirnos mostrando de algún modo que Anne se encontraría bien, hasta que la tarde se llevó las preocupaciones y la tensión. Compartimos como cuatro simples personas.

Nos hablaron de cómo se conocieron desde niños y como se enamoraron y fueron novios toda su adolescencia. No se separaron ni siquiera cuando fueron a la universidad, y al volver, inmediatamente se casaron. Estuvieron bien su primer año de matrimonio, teniéndose el uno para el otro, pero cuando Leah descubrió su infertilidad, todo se derrumbó. Duraron años intentándolo, entre tratamientos y pérdidas. Hasta que conocieron a Renne y a su vez, a Clarie, creyendo que ambas eran como Angeles.

Si tan solo hubieran sabido que clase de mujeres las dos.

Una suave llovizna comenzó a caer sobre el parabrisas.

—¿Te encuentras bien? —pregunte finalmente.

—Eso creo.

Entre por la carretera principal, no tardaríamos mucho en entrar al pueblo.

—¿Qué quieres decir?

—Creo que estamos dando vueltas en círculos, Edward. Eso es lo que estoy diciendo. ¿No escuchaste nada de lo que dije en casa de los Black?

Intente buscar en mi mente algo que me diera una pista.

—Bella…

Me corto.

—No quiero hacerte daño. No quiero seguir viviendo el pasado. Y por eso, creo que tienes que saber que amo con todo mi corazón a Max, pero no sé si puedo con esto.

Los latidos de mi corazón aumentaron.

—No… no lo entiendo…

—¡¿Qué no entiendes?! —dijo por lo bajo— Nos hemos besado, hablamos, nos enviamos mensajes de texto, paso la noche en tu casa… sé exactamente hacia donde nos dirigimos. No quiero ser esa persona. ¡No quiero ser esa mujer!

Me enfoque en el camino.

—¿Qué tipo de mujer? —pregunte incrédulo.

—Del tipo que deja su dignidad por un hombre. —me respondió secamente.

¿Ella… estaba renunciando?

—No nos hagas esto. —suplique.

—Llévame a casa.

Aquello me dejo un vacío en el estómago. Me estaba dejando en la nada, sin defensas ni oportunidad de rebatirla. Las palabras que le dije a mi madre resonaron en mi mente, dije que respetaría cualquier decisión que tomara.

—¿Es… esa tu decisión?

—Completamente. —se cruzó de brazos.

Entramos al pueblo. El camino hacia su casa fue fácil de encontrar, por la calle principal hasta la cafetería del viejo Jeff.

Estacione el auto, sintiéndome congelado por dentro.

Mi interior me rogaba que arrancara el auto, que la retuviera un poco más e intentara que no me dejara.

Mire por el espejo del retrovisor.

La imagen de Thomas dormido sobre el costado de la sillita de Max me rompió el corazón.

Bella se quedó inmóvil a mi lado.

—No quiero lastimarte. No quiero…

Su voz se rompió y sus hombros temblaron.

¿Cómo consolarla cuando esto también me está rompiendo?

Se giró sobre su asiento hacia mí. Aferre firmemente mis manos al volante, obligándome a no hacer ninguna locura.

—Te…

No puedo soportar oírla diciendo aquello.

—No lo digas.

La lluvia aumento afuera.

El sonido me recordó a noches llenas de dolor y soledad. Eso es todo. Tuve mi oportunidad de luchar por ella y lo arruine. Los secretos, las mentieras y los fantasmas le pusieron punto final.

—Le diremos a Thomas antes de su cumpleaños. Es en dos meses… quiero que sepa que eres su padre. —susurro.

¿Es posible que sienta más dolor ahora que cuando el cáncer se aferraba a mi cerebro? ¿Es posible sobrevivir a este tipo de dolor? ¿Quién dijo que el amor no duele? Es la cosa sobre el amor, puede darte la mayor de las felicidades o aniquilarte en un solo segundo.

—Esto también me está matando a mí, Edward.

Quise creerle. De verdad quise hacerlo.

Abrió la puerta del auto.

Algo se activó dentro de mí, hice lo mismo y salte fuera del auto.

—¡Bella!

La vi sacudirse debajo de la lluvia cuando la llame.

No me importo la lluvia o como me estaba empapando, rodeé el auto y me dirigí hacia ella. Un último intento, me prometí. Sería el último antes de renunciar a ella. A nosotros.

Cuando se dio cuenta de lo que pretendía, dio dos pasos hacia atrás.

Se sintió como un cuchillo clavándose sobre mi corazón.

Sus ojos se abrieron sorprendidos.

Una mano tomo mi hombro, girándome. Unos ojos azules me miraron furiosos. El golpe que vino después me hizo rebotar contra el capo de auto.

—¡Alejarte de ella, maldita sea!

—¡James!

Bella le detuvo, poniendo una mano en su pecho.

—Por favor, no hagas esto.

James ni siquiera la miro. Solo quito su mano de su pecho en un solo movimiento y la empujo hacia las puertas traseras del auto.

—Toma a Thomas y entra a casa.

—James…

—¡Toma a Thomas y entra a casa, Isabella! —le grito furioso.

La lluvia nos empapaba a los tres.

El rubio se mantuvo e impasible en toda su altura. Bella titubeó, mirándonos a los dos. Sus dientes castañearon entre sí, seguramente por el agua que se filtraba por todos lados. Sus labios comenzaban a verse morados.

Limpie la sangre de mi labio inferior, intentando recuperar la compostura.

No pelearía delante de mis hijos ni de ella.

—Entra a casa. Bella.

Tapo su boca para ocultar un sollozo.

Después, se giró sobre sí misma, se quitó la chaqueta y los tacones. Uso la chaqueta para cubrir a Thomas con ella.

Sus hombros temblaron una y otra vez, mientras se alejaba.

—Aléjate de mi familia.

—Puedo alejarme de Bella, si es lo que ella quiere. —dije entre dientes— Pero no de mi hijo. Nunca de él.

James me mostro una sonrisa altiva.

—Espera a que ella misma te lo diga. No tienes ningún derecho legal sobre Thomas. No eres nada, Cullen.

Hice puños las manos.

—¿Y tú sí? ¿Le has dicho sobre tu pasado?

—Al menos yo no me folle a la zorra de su hermana. —me miro de arriba abajo— Me das asco.

Eso fue un golpe bajo. Me sonrió burlonamente y se giró para marcharse.

Eso fue todo.

Lo tome de la misma manera que él me tomo. Plante mi mano sobre su hombro y le gire, por lo menos, era mucho más alto que él.

Le aseste un golpe en la mandíbula. Otro en el estómago. Plante mi rodilla contra su rostro, provocando que cayera al piso. La sangre fluyo como un rio de su nariz, bajando por sus labios hasta su barbilla.

—Cuenta regresiva. Díselo antes de que se lo diga yo. Y una cosa más. —me acuclille sobre su costado, mirándolo directamente a los ojos— La próxima vez que te atrevas a mencionar a mi hijo como una forma de lastimarte, prepárate, por qué no dudare en destruirte de principio a fin.

Me puse de pie y entre al auto. Di de reversa, manejando el volante como siempre. Derrape a un par de centímetros de su cuerpo y salí a toda velocidad del lugar.

.

.

"No te importa que me perdieras. ¿Qué pasa contigo? Tenía una foto de ti en el tablero del coche conmigo. Me lo quitaste todo, dijiste que morirías por mí. Solo quiero saber. ¿Cuándo te volviste tan fría? ¿Qué paso con tu alma? ¿No puedes verme?"

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¡Hola, Bestiesss! *saca bandera blanca de la paz* Hahahaha, quien más siente que el corazón se le va a salir del pecho. Yo lo siento asi, y eso que acabo de dar los últimos detalles a este capítulo. ¿Y bien? Comencemos desde el principio. Empezamos capitulo con momento Esme/Edward y una conversación que nos deja ver varias cosas, entre ellas la preocupación de Esme, que ya hablo con Carlisle y que Carlisle tiene noticias sobre la muerte de Clarie, un tema que ha estado latente pero no hemos tocado mucho. ¿Sera que ya sabe Carlisle o tienen una pista sobre el asesino? Continuamos con algo mucho mejor, momentos papá e hijo entre Edward y Thomas, lo que me derrite por dentro y me convierte en un suave malvavisco. ¿Y qué tal con la entrada media? La reunión entre los Black, Edward y Bella, y la promesa de un pacto para mantener en secreto la existencia de Anne para Alec. ¿Ustedes creen de verdad que no lo sepa? Y si lo sabe… ¿le importa? ¿Intentaría acercarse a ella? Y cerramos con un momento lleno de mucha tensión, James enfurecido con Edward. ¿Qué dijeron? Este ya desapareció, pues no. ¿Creen que él tenga que ver con el cambio en la actitud de Bella? Ayssssss Bella, será que acabas de desatar el infierno.

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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