Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


.

.

The Irrepressibles – In This Shirt

Me coloque la bolsa de hielo más cerca de mi labio inferior. La carne se sentía sobresaliente e hinchada por el golpe. La mandíbula me dolía un poco, pero según lo que había visto sobre el espejo luego de darme una ducha, no se veía mucho peor de lo que se sentía.

Probablemente simplemente tendría un moratón un par de días y el labio partido hasta que cerrara.

Todavía podía sentir el estómago pesado gracias a todas las emociones vividas durante todo el día. Lo que paso fuera de la casa de Bella solo fue la guinda del pastel.

Me daban ganas de tomar el auto y regresar sobre el camino solo para asegurarme que se encontraba bien. Pero eso solo provocaría un desastre mayor. Necesitaba retroceder si no quería tensar la cuerda hasta romperla.

Había conducido el camino hasta casa maldiciendo entre dientes mientras apretaba el volante fuertemente entre mis dedos. Los dedos me dolían por la fuerza que aplique. Me tuve que tragar cada una de mis emociones y regresar a mi zona. Max estaba en el auto junto conmigo, no podía permitir que mi rabia lo pusiera en peligro.

Espere en el auto fuera de casa hasta que la lluvia aminoro lo suficiente como para entrar.

Eso me dio suficiente tiempo para pensar.

La forma en la que Bella había actuado durante todo el día, ahora tenía sentido.

La conciencia de que James pudo influir en su decisión me ponía los pelos de punta y me provocaba buscarle para romperle la cara de nuevo. Y no porque Bella hubiera decidido retroceder respecto a nosotros, sino porque no tenía derecho a acorralarla de esa manera.

La forma en que le hablo y la empujo… conozco ese tipo de reacciones.

Me preocupa que ella no lo esté viendo de la manera correcta.

Puede que yo no sea el hombre correcto, pero él tampoco lo es. Estoy seguro que hay muchísima más mierda de la que se puede ver a simple vista.

Ha ocultado su pasado para ella. Pudo haberle hablado de Alec y su relación desde el principio, explicarle, no dejarla en la oscuridad, pero prefirió callarlo y ocultarlo. Debe tener una razón, algo que no quiere que ella sepa.

Y la única persona que puede debe esa razón es Alec.

Estoy seguro que Renne y él están juntos. No apostaría por lo contrario. Asquerosas alimañas como ellos necesitan estar juntos para congraciarse entre ellos.

Siseé cuando retire el hielo para tocar con mis dedos mi labio inferior.

—Joder.

Volví a regresar la compresa fría a mi rostro en tanto escuchaba como la puerta de la entrada se abría.

—Maldita lluvia. —Kate se quitó el saco largo que cubría su estilizado cuerpo. Llevaba un overol de jean abajo con una simple blusa blanca y botas de lluvia. Garrett se acercó a sus espaldas, ayudándola a aflojar a prenda de sus hombros— Estoy empapada.

Ninguno de los dos se dio cuenta de mi presencia.

Puede que tuviera que ver directamente con que estaba sentado sobre el piso con ambas piernas levantadas y los codos sobre las rodillas.

Después de bañar y dormir a Max en la habitación baje a la sala de estar para esconderme entre las sombras. El monitor de bebé para escuchar a Max a distancia descansaba entre mis pies descalzos.

Esme no se encontraba en casa, pues había salido con Carlisle a cenar a Seattle, o al menos eso decía la nota colgada sobre la puerta del frigorífico en la cocina. Alice se encontraba encerrada en su habitación sin dar señales de vida. Rosalie y Emmett aún no regresaban de Port Angeles, por lo que probablemente estaban pasando allá lo que restaba de la semana y Garrett y Kate brillaban por su ausencia. Deduje que estarían juntos.

Kate soltó su cabello rubio de la coleta alta sobre su cabeza, esparciéndolo las hebras doradas por sus hombros.

Garrett tomo un par de mechones de su cabello.

—Lindo cabello.

Kate le pego un manotazo.

—Deja de tocar sin mi permiso.

Vi a mi mejor amigo arquear una ceja poblada hacia ella.

—Te gusta que te toque, nena.

Ella se rio ligeramente.

—Síguelo repitiendo.

—Probablemente lo hare… —golpeo su barbilla con su dedo indice— durante los siguientes veinte o treinta años, mientras te llamo esposa y llevas mi apellido.

Kate abrió los ojos sorprendida.

—¡Garrett!

Él avanzo poco a poco hacia ella, tomando su cintura entre sus dos manos, abarcándola casi completamente.

—¿Eso es un sí?

Los envidie un poco, observando su fácil dinámica a pesar de que llevaban pocas semanas de conocerse. Garrett nunca fue de tener muchas mujeres, y la única relación formal que le conocí fue la que tuvo con Tanya, sin embargo ahora está aquí, a punto de besar a mí mejor amiga.

Algo de lo que realmente no quiero ser participe.

Carraspeé sin cuidado alguno.

—¡Oh, maldición! —Kate salto asustada, llevándose una mano al pecho— ¡Pero qué demonios pasa contigo!

Garrett encendió la luz de la sala de estar, iluminando el lugar.

—Joder, amigo. ¿Alguna razón por la que estés allí sentado como un maldito fantasma?

Baje la compresa de hielo.

—¡Tienes el maldito labio abierto!

Kate se apresuró hacia mí, sus botas de lluvia chillando sobre el piso de madera. Se puso de rodillas y tomó mi barbilla entre mis dedos.

—No ocupa puntos, pero se ve realmente fea. ¿La desinfectaste?

Pase una mano por mi cabello aún húmedo.

—Tome una ducha.

—No es suficiente. —se giró hacia Garrett— ¿Puedes traerme el botiquín? Esme lo gurda en la parte superior del frigorífico.

—Claro que sí, nena.

Garrett se apresuró hacia la cocina, desapareciendo por el pasillo.

Kate siguió examinando el corte de mi labio, mirándolo en todos los ángulos. Me pidió que abriera la boca también, para descartar un mayor daño. Se dio por satisfecha cuando se dio cuenta que solo era el corte.

Garrett le alcanzo el botiquín. Una pequeña maleta de tamaño mediano de cuero que contenía lo esencial. Gasas, vendas, algodón, jeringas, cinta adhesiva médica, guantes de látex, alcohol, crema antiséptica, tijeras y un par de medicamentos.

—Dime que él quedo peor que tú. —advirtió Garrett, sentándose en la mesita de centro mientras Kate sacaba todo lo que ocupaba.

La vi ponerse un par de guantes de látex con facilidad.

Hable entre dientes.

—Y una mierda.

Kate comenzó con algo de algodón y un poco de alcohol. Primero limpio alrededor de la herida con toques precisos.

—Es profundo, no mucho, pero puede que quede una cicatriz si no cuidas la herida lo suficiente.

—Déjame ver. —Garrett miro un poco más cerca— Joder amigo, eso sí es un buen golpe.

No dije nada. Algunas cosas duelen más que los golpes físicos.

Como sentir que la mujer que amo se me escapa entre los dedos, y mi hijo con ella. No he podido quitarme las palabras de James de la cabeza, diciéndome los pocos derechos que tengo sobre Thomas. Me dan arcadas de solo pensarlo, pero tiene razón.

Y lo sabe tan perfectamente que lo ha usado en mi contra, eso sin contar que menciono a Clarie.

"—Al menos yo no me folle a la zorra de su hermana."

Cerré las manos en puños.

Kate comenzó a limpiar la herida en si con una gasa, haciendo que la piel me escociera. Intente alejarme de su toque por acto reflejo, pero me detuvo con un solo toque de su mano sobre mi cuello como una experta.

—Tranquilo, vaquero.

—Duele. —me queje.

—Eso debiste pensar, pequeño niño llorón, antes de meterte en una pelea. —desecho la gasa, tomando otra.

Garrett observaba cada uno de los movimientos de Kate.

—De todos modos, Ed. —dijo— ¿Dónde demonios obtuviste ese golpe? Esme comento algo de que Bella y tú irían a La Push. ¿Cómo termina eso con un labio abierto?

Kate se detuvo de lo que hacía sobre mi cara, esperando una respuesta también.

—¿Y bien?

—Es Bella. —pase una mano por mi frente en signo de mi frustración— Creo que las cosas se han terminado de joder entre nosotros…

Cada una de sus acciones me confirmaba aquello, pero aún después de todo, seguía sintiendo que algo se me estaba escapando.

—¿Ella te hizo esto? —pregunto Kate incrédulamente.

—No, Joder, no. —negué— Todo fue por demás extraño. La notaba algo fría desde hace unos días, desde mi ataque de ansiedad. Pensé que tal vez necesitaba espacio. —explique— Resulta que necesitaba más que eso. Fuimos con Los Black… vi a Anne… —recordé a la niñita de increíbles ojos azules y cabello chocolate— Bella dijo… ella dijo…

El nudo que se había estado retorciendo en mi pecho finalmente se soltó.

Garrett y Kate, ambos, pusieron una mano cada uno sobre mis hombros. Baje la cabeza, sin atreverme a mirarles. Mi barbilla tocando mi pecho.

—Dijo que no quería hacerme daño, que no quiere seguir viviendo en el pasado. —repetí las mismas palabras de forma autómata— Ella también sintió como las barreras iban cayendo una a una… incluso comenzó a acercarse a Max de forma activa. Pero tiene miedo. Y se la está carcomiendo por dentro. Me dijo que no quiere ser ese tipo de mujer.

—¿Qué tipo de mujer? —pregunto Kate.

Finalmente me atreví a levantar la mirada.

—Del tipo que deja su dignidad por un hombre. —y joder si no dolía como la mierda que hablara de mi como si por amarme fuera hacerse daño a sí misma.

A pesar de eso la entendía. Jamás le pediría pasar sobre si misma solo para darnos una oportunidad.

No tenía derecho a pedirle nada.

Todo lo que siempre quise fue tener algo de ella, sea lo que sea, y por un corto tiempo lo conseguí. Y me preguntaba dentro de toda la maraña de emociones que se arremolinaban en mi cabeza, sino fui yo quien la presiono tanto como para orillarla a tomar esa decisión. Porque era fácil culpar a James, Renne, Alec, incluso a la propia Alice, por donde me encontraba en este preciso momento, pero que tal si me atrevía a ir un poco más allá.

¿Y si soy yo? ¿Confundí las palabras? ¿Nuestra cercanía? ¿El beso que nos dimos?

¿Qué si fui yo, de nuevo dañándola, dejándome llevar por falsas señales creadas por mi mente?

Me mataba pensar que la había estado orillando a alejarme de tremenda manera.

Trate de recordarme una y otra vez que le di todo el espacio, que le permití decidir, que no la presione ni la hice pensar que estaba esperando a por una decisión sobre nuestra situación.

Ni siquiera me había tomado el tiempo de analizar uno a uno, lo que significaban nuestros continuos acercamientos.

El sonido de Kate quitándose los guantes con movimientos secos me saco de la bruma de mis pensamientos.

—¿Qué diablos significa eso?

Garrett la tomó del hombro.

—Nena…

Ella se sacudió su toque.

—Nena y una mierda. ¿No te quiere? Lo hubiera dicho desde el principio. Basta de estúpidos juegos. ¿Qué somos? ¿Críos de dieciocho años de nuevo? Ella ha sufrido, ¡pero tú también! ¡Demonios! —se puso de pie— ¡Todos hemos sufrido lo suficiente!

Trague saliva con fuerza.

—Es mi pelea, Kate. Ella tiene razón, soy egoísta si pienso que las cosas se pueden arreglar así de fácil.

Me miró.

Sus ojos azulados lucían iracundos.

—¿Te estas siquiera escuchando? —dijo entre dientes— Son idiotas si piensan que pueden seguir pisoteándote. Has pagado suficiente por tus errores. No mereces esta mierda. No después de lo que tuviste que pasar con Clarie.

Mi respiración aumento.

Garrett, quien todavía se encontraba sentado en la mesita de centro, endureció la mandíbula.

—Ella tiene razón.

Kate levanto los brazos al aire.

—¡Claro que la tengo!

Pase las manos por mi rostro.

—Tuve una confrontación con James.

Kate gruño.

—¡Fue ese imbécil quien te golpeo!

—Bella y yo estábamos teniendo un momento en el auto afuera de su casa, llovía a cantaros y salió del auto. Creí que podía… no lo sé. —ni siquiera sabía exactamente lo que pensaba hacer— Y él salió de la nada. Me tomo por sorpresa, asi que no tuve mucho tiempo a reaccionar.

Garrett se acarició la mandíbula.

—Se escucha como un hombre violento.

Recordé la forma en que James se comportó con ella.

—La forma en la que le hablo y la toco. Estaba como un maldito psicópata, exigiéndole que tomara a Thomas y entrara a casa. Tuve que intervenir y pedirle que lo hiciera.

—Ese hijo de puta…

Garrett se levantó, yendo hasta Kate. La agarró de las manos y la incentivo a sentarse sobre uno de los sofás.

—Quiere que me aleje de ella. —tome las cosas del botiquín y las puse sobre la mesita antes de ponerme de pie. No llevaba más que unos pantalones deportivos y una camisa sport negra— Está loco por lograr que me quite de su camino.

—No puedes permitírselo. —me exigió Kate.

—De todos modos. ¿Qué tan confiable es? —pregunto Garrett— ¿Había tratado de esa manera a Bella antes? —esta vez se dirigió hacia Kate.

Ella se tomó un minuto antes de responder, lo cual me dejo al borde.

Si ese idiota se había atrevido a ponerle un dedo encima…

Entonces, las cosas cambiarían. No me importaría si ella quería estar con él, haría todo lo posible por sacarlo de su vida y la de mi hijo.

—Bella jamás me ha dicho nada sobre maltrató.

—El maltrato no solamente es físico, cariño. —Garrett susurro sobre su cabeza.

Ella se estremeció visiblemente.

Detrás de las palabras de Garrett, el significado oculto nos hizo estremecer a Kate y a mí.

—Hablare con ella. —prometió.

Recordé mis palabras.

—Le di un ultimátum, puede que las cosas se pongan tensas entre ellos. —tal vez no fue tan inteligente de mi parte hacerlo, no si ponía en riesgo a Bella y a Thomas— Demonios, ¿es que soy un idiota?

¿Y si la lastimaba?

—¡Demonios! —grite, enredando mis manos entre mi cabello.

—Hay algo que no nos estas diciendo. ¿Qué es, Edward?

Deje caer mis manos.

—Es James. La primera vez que le vi… —mire alrededor de la sala de estar— Fue aquí mismo. Sabía que lo conocía…

Golpeé una lámpara que había sobre uno de los muebles, enviándola al piso.

—Debí decirle a Bella… no debí dejarla con ese cabrón…

Kate me agarró del brazo.

—¿Qué es lo que debiste decirle a Bella? ¡Basta de secretos! ¡Dímelo!

Tense los hombros.

—James y Alec se conocen. Lo que es peor, James fue su mejor amigo, se conocieron en el sistema luego de coincidir en un hogar de acogida. Una de las tantas veces que Clarie se escapó de casa, Bella me pidió que la llevara a una fiesta clandestina en Port Angeles. Se manejaba lo peor de lo peor en ese lugar, Bella decidió que la encontraríamos más rápido si no separábamos. La encontré sobre el suelo, dormida boca abajo sobre su propio vomito. —nunca imagine que la misma chica que salve aquella noche seria mi confidente, mi esposa, la misma que me llevaría a conocer los lugares más oscuros y lúgubres dentro del mismísimo infierno— Un chico estaba a su lado. James. Me explico sobre Alec y Clarie y lo toxica que era su relación. Alec le estaba dando drogas y dopándola. Era asqueroso. Tomé a Clarie en brazos y la saque de ese maldito lugar lo más rápido que pude.

Kate jadeó, sosteniéndose de Garrett.

—No puede ser cierto…

Saboreé la amargura de mi boca.

—No lo supe hasta que me esforcé por recordarlo. Lo confronte y le dije que se lo contara antes de que fuera yo mismo quien se lo dijera. Esta noche lo volví a hacer.

Me costó mantener el tono tranquilo en mi voz. Me estaba conteniendo, intentando pensar las cosas con la cabeza fría, de eso dependía el bienestar de las personas que amaba.

—Hablare con ella mañana. Puedo hacerle una llamada ahora mismo… — Kate titubeo un poco— Puedo llamar con el pretexto de contarle sobre Garrett. No hemos tenido mucho tiempo para hablar desde que estuve en el hospital.

Bien. Eso ayudaría a asegurarme que Bella se encontraba bien.

—Hazlo. —acepte, en tanto sacaba mi teléfono de mi bolsillo.

Yo también tenía una llamada que hacer, no podía simplemente quedarme en el suelo regodeándome en mi miseria. Aunque doliera como una hija de puta todo lo que Bella me dijo, el hecho de perderla, tenía que seguir firme hasta el final. Lo único que sabía con certeza es que tenía que garantizar su seguridad. La de ella y la de mi hijo.

No importaban en absoluto mis sentimientos, si descubría que me equivocaba con James, daría un paso atrás y los dejaría ser felices. Pero si descubría que de algún modo la estaba lastimando, terminaría con él tal como se lo prometí.

Cualquier acción estaría justificada con tal de salvaguardar a mi familia.

Kate salió de la sala de estar, maniobrando sobre la pantalla de su teléfono.

Inhale y exhale lentamente, buscando entre mis contactos a la persona que me podía ayudar a averiguar todo sobre James.

—¿Qué vas a hacer? —pregunto Garrett con incertidumbre.

Supuse que le preocupaba que cometiera alguna locura.

—Lo que tuve que haber hecho desde hace mucho tiempo. —respondí simplemente.

Marque el número. Del otro lado, la línea timbro un par de veces. Era lo suficientemente tarde como para que no me contestara, pero sabía que en cuento verificara el numero lo haría.

—¿Edward? —respondió con voz rasposa.

Seguro habría estado durmiendo.

—Necesito que me ayudes con algo, Jenks.

No dijo nada, por el contrario, lo escuche hacer un par de movimientos. Escuche la voz de una mujer, como se movía lejos de esa voz y cerraba una puerta.

—Cuéntamelo todo.

.

.

Una semana paso entre aquel día y hoy. J. Jenks me prometió que tendría toda la información que pudiera recabar sobre James a finales de esta misma semana, el informe sería enviado a mi correo electrónico a primera hora del día.

Kate había logrado hacer contacto con Bella, pero solo a través de un par de mensajes de texto donde hablaron un poco y ella le aseguro que estaba completamente bien. Incluso le pregunto por mí, pero le hice prometer a Kate que no diría nada sobre mi o lo que hablamos.

Bella me llamo un par de veces durante la misma semana. No conteste a ninguna de sus llamadas. Tampoco a los mensajes de texto. No hasta que supiera que tan nocivo era James.

Alejado de ese hecho, creo que ambos necesitábamos algo de tiempo hasta poder asentar nuestras emociones. No quería decir o hacer algo de lo que me arrepintiera.

—¿Y bien, Edward? —la doctora Cope reacomodo sus lentes sobre su nariz.

Hoy me estaba presionando un poco más de lo normal.

Todo en su oficina se encontraba igual a la última vez que vine. El sillón café, la pared llena de libros, ella vistiendo un traje formal a dos piezas con su tablet en mano y una mirada curiosa que me estaba poniendo de nervios.

Me reacomode sobre el sofá de forma incomoda.

—Mi madre hablo con usted. —conjeture.

No se vio sorprendida.

—Lo hizo. Esme se preocupa por ti.

—Me gustaría saber qué fue lo que le conto.

La doctora Cope frunció los labios de forma pensativa.

—No mucho. Algo sobre un ataque de ansiedad y tu muy descubierta y nueva cercanía con Bella.

Temí sonar muy evasivo al hablar.

—No sé si estoy listo para hablar sobre eso.

Se inclinó sobre su asiento.

—¿Sobre el ataque de ansiedad o sobre Bella?

—Sobre ambas.

Suspiro de forma lenta, reacomodando sus manos sobre su regazo.

—Veamos, me parece que nos estamos dirigiendo por el camino equivocado. —puntualizo— Hablamos sobre tu educación, tus padres, Alice, hemos hablado sobre el cáncer y como afecto tu vida. Sobre tu amistad con Clarie, tu supuesta infidelidad y tu separación de Bella.

Marian Cope es así de buena, recordando cada una de las cosas que hablamos, Ni siquiera sé para que ocupa la tablet o que es lo que escribe en ella.

Asentí.

Ella continúo.

—Temas colaterales.

—¿Qué? —pregunte incrédulo.

—Simples temas colaterales. No puedo ayudarte si no llego a la raíz del problema. Tienes tres opciones. Ataque de pánico, Bella, Clarie.

Clarie y Bella en una misma oración me provocaba nudos en el estómago.

La doctora Cope me lo había advertido desde la primera sesión, ella es de las que presionan.

Elegí la opción más fácil y complicada al mismo tiempo.

—Ataque de pánico.

Asintió sin rebatir, acoplándose a mi propio ritmo. Y volvió a su posición inicial, completamente recta sobre el silloncillo café y con los lentes sobre la cima de su cabeza.

—Cuéntame sobre los ataques. ¿Cuándo comenzaron?

Nunca olvidare la primera vez que sentí esa horrible sensación.

—Fue justo después en que Bella creyó que le era infiel con su hermana.

—¿Qué sucedió?

—Sucede que la perdí. Arremetió contra Clarie y contra mí, se veía muy dolida. Rota sería una mejor definición. No podía creer que en verdad ella entre todas las personas creyera que podría engañarla con su hermana.

Cope dejo la tablet sobre la mesa de centro, concentrándose únicamente en mí.

—¿Nunca te sentiste enojado porque ella fuera capaz de dudar de esa forma de ti?

Curiosa pregunta. Fácil respuesta.

—Nunca. Soy capaz de reconocer mis errores, fui yo mismo quien nos puso en esa situación.

—¿Tú mismo? —inclino la cabeza—Creí que Clarie también estaba en la habitación.

Se me cerró la garganta.

—Lo estaba.

—Entonces no creo que fueras tú mismo solamente, —apunto.

—Creí que no hablaríamos de Clarie.

No dio marcha atrás.

—¿Alguna vez te molestaste con ella por no salir a tu defensa?

—Yo no…

—Se quedó callada. Dejo que su hermana creyera que le eras infiel con ella. —se aseguró de remarcar cada una de las palabras— Pudo haberle explicado a Bella, pero no lo hizo. Prefirió que te hundieras solo.

Me aferre a los apoya brazos del sofá donde me encontraba sentado.

—No quiero hablar con Clarie.

Marian Cope no pareció darse por vencida, si es que alguna vez la vi decidida a averiguar que exactamente pasaba por mi cabeza, fue en ese momento.

—Los ataques comenzaron justo el día que Bella creyó que le eras infiel con su hermana gemela. ¿Continuaron?

Aquella pregunta me tomó desprevenido.

—¿Qué quiere decir?

—¿Continuaron? —repitió fieramente.

Los recuerdos se comenzaron a arremolinar tras mis ojos. Uno a uno. Provocando que comenzara a hiperventilar.

—¿Continuaron?

Apreté los labios.

—¿Continuaron?

—Suficiente. —esto me estaba llevando al límite.

Ella se inclinó desafiante.

—¿Continuaron?

Tuve más que suficiente.

—¡Sí! —la palabra salió antes de que pudiera retenerla.

La doctora Cope agarró la tablet, anotando con ella. Mi miró escépticamente antes de continuar.

—¿Durante cuánto tiempo?

Me agite.

—Durante todo el tiempo en los últimos cinco años.

—¿Qué tal cuando te casaste con Clarie? ¿Aumentaron?

Me mordí la lengua.

—Edward.

—Sí, muchísimo.

—¿Qué tan frecuentemente?

Maldije en silencio.

—Dos veces por semana, a veces tres.

—¿Por qué? ¿Qué te tenía tan al borde?

Me quede inmóvil, hundiéndome en mis pensamientos.

Silencio.

Dolor.

Sangre.

Asco.

Humillación.

—¿Edward?

—Era Clarie. —contesté.

La doctora Cope suspiro temblorosamente antes de hablar. De alguna manera, supe que era capaz de ver el dolor a través de mí.

—¿Qué pasaba con ella?

Me obligué a hablar. Me sentía cansado de guardar toda esa porquería dentro de mí. Aquello me estaba matando. Era inclusive mucho peor que el cáncer.

—No soportaba que me tocará.

.

.

A penas llegar a casa, tome una ducha. La cita con la doctora Cope había sido intensa. Tan intensa que un horrible dolor de cabeza palpitaba en la parte posterior de mi cabeza.

Pase mi mano por mi nuca, masajeando la zona mientras el agua caliente me caía por la espalda.

Estaba recargado sobre las baldosas el baño con un codo y la cabeza sobre el brazo.

Necesitaba todo de mi para volver a cerrar las partes desquebrajadas de el caparazón que tan cuidadosamente me había encargado de perfeccionar todos estos meses.

Tres toques en la puerta me sacaron de mi estupor.

—¿Cariño? —mi madre hablo desde el otro lado de la puerta.

Suspire antes de contestar.

—¿Si? —intente que el tono de mi voz saliera lo más normal posible.

—Tienes que bajar. Bella ha traído a Thomas para su visita semanal, quiere hablar contigo.

Deje que el agua siguiera su camino sobre mi cuello y espalda.

—Gracias, mamá. Ahora mismo bajo.

—Muy bien, cariño.

Me tome otros cinco minutos más antes de salir, dejando que el sudor pegajoso que acumule durante la sesión con la doctora Cope se fuera por el desagüe.

Al salir agarre una toalla de un estante y la puse alrededor de mi cintura.

Abrí la puerta y…

Y Bella me regreso la mirada.

Estaba fenomenal en simples pantalones jeans, una blusa de tirantes negra y el pelo suelto lacio alrededor de los hombros. No llevaba maquillaje y tenía en los brazos a Max, recostado contra su hombro.

Un sentimiento extraño me inundo al verla en medio de mi habitación.

Se sonrojo profundamente cuando noto mi estado de semidesnudes.

—Creí… creí que… —tartamudeo.

Aferre el borde de mi toalla y camine hacia el armario.

—Está bien, no es como si no conocieras lo que guardo de bajo de la ropa.

Abrí la puerta de mi armario, metiéndome dentro. Alice lo había convertido en una especie de vestido de tamaño medio.

Me puse unos bóxers y puse sobre mi cabeza la primera camisa que encontré. Me incomodo pensar que pudiera haber visto las marcas de mi espalda, pero supuse que no las noto dentro de su vergüenza. Busque unos simples pantalones de chanda, me calce unos converse y volví a salir hacia afuera.

Ahora la encontré sobre mi cama, sentada y con Max recostado sobre su regazo. Jugueteaba con sus manos, mientras mi pequeño le sonreía risueño.

Últimamente estaba más despierto que antes.

Bella noto mi presencia.

—Oh, te cambiaste. —la vi pasar saliva— Es… siento haber entrado a tu habitación sin avisar. —divago.

Seguí manteniendo mi atención sobre ella y Max. Es curioso cómo me dijo que lo amaba con todo su corazón, pero de alguna forma no sabía si podía con el peso de ello. Sabía a lo que se refería después de escucharla negarse a participar en la vida de Anne como su tía. La lastimamos tanto que logramos marchitar una parte de su corazón.

Incluso sobre aquello, todavía podía sostener a mi hijo con manos amorosas.

—No importa. —seque un poco mi cabello— ¿Dónde está Thomas?

Evidentemente no quería que nos dirigiéramos a cierto tema. Lo quería evitar a toda costa, pues de lo contrario, probablemente no podría controlar mi boca.

—Esta con tu madre… —me dirigí hacia ella, abriendo los brazos hacia Max.

—Bajemos.

—Edward…

Tome a Max, besando su cabecita de cabello cobrizo revuelto.

—Quiero ver a Thomas.

Dejo salir un suspiro.

—Tenemos que hablar, Edward.

Comencé a caminar hacia la puerta, haciendo caso omiso a sus palabras.

—¡Edward! —su voz suplicante me hizo parar.

De pronto, la habitación se sentía demasiado pequeña.

—Entiendo tu decisión y no la voy a rebatir o te voy a presionar…

Un sonido lastimero salió de su garganta. No me atreví a girarme para mirarle la cara. Era mejor así. Porqué si me giraba y la miraba, probablemente caería a sus pies de nuevo.

Necesitaba todo de mí para mantenerla a salvo.

Al menos hasta que supiera contra que riesgos nos enfrentábamos.

—¿Así de fácil? —susurro por lo bajo— ¿Nos dejaras de ir… así de fácil?

Un nudo se formó en mi garganta.

—Yo… no quise. —dijo con voz llorosa— No quise que pasara lo de anoche. He hablado con James, le he perdido que dé marcha atrás. Necesito… necesito aclarar mis sentimientos completamente. Me asuste, Edward. Me asuste de mis sentimientos y todo lo que aún siento por ti. Se supone que cuando alguien te lastima te alejas, y he querido tanto tiempo alejarte de mi mente y de mi corazón, pero no puedo. Simplemente… no quiero dar un paso en falso. No quiero que volvamos a salir lastimados. Hay algo que no me quieres decir, y sospecho que puede ser mucho peor de lo que creo, me aterra que los secretos puedan terminar con lo poco que nos queda.

Cada una de sus palabras apuñalo mi corazón. Sobre cada una de ellas, sentía su dolor. Era el mismo dolor que me provocaba tener que dar marcha atrás sobre mis pasos.

—Tomaste tu decisión. —dije sobre mi hombro.

Un momento después, estaba fuera de la habitación.

El ruido que venía desde la sala de estar calentó mi alma solo un poco. La otra parte se quedó adormecida, y probablemente se quedaría asi un tiempo, al menos hasta que pudiera poner en claro las cosas con Bella.

Sobre uno de los sofás se encontraba Thomas con un bowl de fruta sobre las piernas.

Llevaba una camiseta a rayas rojas con azul y jeans negros. Botas de lluvia y el cabello cobrizo despeinado apuntando en todas direcciones.

Garrett se encontraba a su lado, con una pierna cruzada sobre su rodilla y un brazo extendido sobre el respaldo del sofá.

La televisión de pantalla plana sobre la chimenea estaba encendida en el canal de niños.

—Te ves mal amigo. Maldición. —menciono cuando me deje caer al lado de ellos.

Lo fulmine con mi mirada.

—No maldigas frente a mi hijo.

Me incline, dejando un beso sobre la coronilla de Thomas.

—Hola, amigo. ¿Cómo estás?

Jale un poco el portabebé eléctrico de Max, acomodando las mantas para poder acostarlo sobre el.

—Mamá dice que tengo que estar bien, pero no me siento bien. —se dejó caer sobre mi costado, dejando sobre salir su labio inferior.

Deje a Max sobre el portabebé, entreteniéndolo con su mordedera. Tomé por los brazos a Thomas y lo senté en mi regazo.

—¿Qué pasa, chico?

—No me gusta ver a mamá triste.

—¿Tu mamá esta triste?

Se encogió de hombros.

—¿Las personas tristes lloran por mucho tiempo? Mamá no dejo de llorar en toda la noche. Lo intento ocultar poniéndome mi película favorita, pero no fue suficiente. Odio cuando esta triste, sus sollozos le hacen cosas extrañas a mi pecho. —señalo— Justo aquí.

Pase una mano cariñosamente por su cabello.

—Hablare con tu madre. Lo resolveremos.

Se abrazó a mí.

—¿Puedes hacer que mamá deje de llorar? —dijo con su vocecita.

—Lo intentare, campeón.

Le deje de nuevo en el sofá, regresándole el bowl de fruta. Garrett y yo compartimos una mirada.

—Lo tengo. —murmuro.

Me puse de pie, volviendo sobre mi camino hasta mi habitación. Una sensación amarga me recorrió desde el estómago hasta la boca.

Los sollozos que se escuchaban fuera de mi habitación me rompieron el corazón en mil pedazos. Agarre el picaporte de la puerta y me quede inmóvil recargando mi frente en la puerta.

—Dios. Soy un imbécil.

Un completo imbécil.

Entre de nuevo a la habitación con el alma hasta los pies.

—¿Bella?

Una pequeña bolita conformada por su cuerpo se agitaba entre mi cama y el buró de noche. Su cuerpo se sacudía por los sollozos que trataba de contener dentro de su garganta.

No lo pude resistir ni un minuto más.

Avance hasta llegar a su lado.

—Cariño…

Levanto el rostro. Sus ojos chocolates se veían hinchados por las lágrimas, tenía las mejillas arreboladas y los labios cortados.

Tomé su rostro entre mis manos.

—No me dejes ir. No todavía. —me suplico.

Aferro sus manos a mi camisa.

¿Cómo podría dejarla ir? ¿Cómo si la amaba con cada célula de mí ser? No me importaba convertirme en el maldito villano, lucharía por ella hasta el final.

—No lo voy a hacer.

Siguió llorando, hablando entre palabras cortadas.

—Quisiera dejar el pasado atrás. Quisiera poder, pero no puedo. Y todo lo que tengo es esto. —se señaló a sí misma.

—Es suficiente.

—Quiero que Thomas sepa que eres su padre. No quiero ocultárselo por mucho más tiempo. Han… perdido… —aferro su mano a su boca, mientras su cuerpo se sacudía— Te quite eso. Lo lamento tanto.

Limpie las lágrimas de sus mejillas con mis pulgares.

—No importa, nena.

—Solo quisiera regresar el tiempo atrás. Quisiera nunca habernos equivocado tanto. No fue solo tu culpa, fue la mía también. Dude de nuestro amor. Deje que nos lo robaran.

Una lagrima bajo por mi mejilla.

Ella se inclinó, atrapándola entre sus labios.

Deje caer mis manos, aferrando sus caderas a las mías. Ella escalo sobre mi cuerpo, enredando sus piernas alrededor de mis caderas.

Aferre sus muslos con mis manos.

Ella se apretó contra mi pecho, como si quisiera meterse debajo de mi piel. Lo que ella no sabía es que había estado viviendo en ese lugar por un largo tiempo. En realidad, por todos lados.

Todos estos años lo único que hice fue añorar cada uno de los momentos que compartimos juntos.

Nos hundimos en un abrazo férreo.

Sus dedos se entremezclaron en mi cabello, haciendo que dejara salir un sonido nada decente de mi garganta.

Mejilla contra mejilla, su aliento recorrió mi cuello, haciéndome estremecer.

—Hagamos un viaje. Juntos. Solo Thomas, Max, tú y yo. Le diremos que eres su padre. Puedes pasar tiempo de calidad con él. Me dará la oportunidad de estar cerca de Max y aclarar mis sentimientos.

La tomé del cuello, haciendo que me mirara.

Chocolate contra verde.

—¿Es eso lo que quieres?

—Quiero darte eso. —acaricio mi mejilla.

Podía darle eso.

—¿Dónde?

—Vancouver. La casa que me dejo la abuela Marie. No la he visitado en un largo tiempo y a Thomas le encanta. Es un lugar familiar. Le dará más seguridad cuando se lo digamos. —aclaro.

Apreté su cintura entre mis manos.

—¿Qué pasa con James?

Paso su lengua por sus labios resecos.

—Nos hemos dado un tiempo.

Fue agridulce. Saber que no habían terminado su relación del todo. ¿Y si aceptaba este viaje con ella? ¿Terminaríamos por aclarar las cosas?

Sus dedos acariciando la herida casi cerrada de mi labio inferior me saco de mis pensamientos.

—Lamento si es todo lo que puedo ofrecer, Edward. Pero no puedo tomar una decisión en base de lo desconocido. Necesito saber toda la verdad antes de dar un paso más. Lo que pase de ahora en adelante nos dictara el camino.

Eché la espalda hacia atrás, poniendo un par de centímetros de distancia entre nuestros pechos.

—¿Qué pasa si la verdad hace el camino más difícil?

Guardo silencio por un segundo antes de responderme.

—Lidiaremos con ello sobre el camino.

Intente que mi expresión no demostrara mucho más de lo que me proponía.

Recordé las palabras de la doctora Cope dijo antes de salir de su consulta esta misma tarde.

"—Es hora de enfrentar los demonios. Y tengo la sospecha, Edward. Que tu peor demonio tiene nombre y apellido. Te convenció de dejar lo que más amabas, te manipulo, te coaccionó, y por tus ataques de ansiedad, me atrevería a deducir que te daño de formas crueles y retorcidas. No permitas que te gane. No permitas que te lo quite todo. "

Aferre mis manos en torno a Bella.

.

.

"Estoy perdido, en nuestro arcoíris. Ahora, nuestro arcoíris se ha ido. Cubierto, por tu sombra. Cuando nuestros mundos siguen adelante. Que te amo, y que eso nunca acabará. Y ahora me desangro cada día"

.

.


¡Hola, cositas bonitas! Lamento la tardanza, sé que el día de ayer tuve que actualizarles, pero fue día familiar y me quede a dormir en casa de mi abuela. Amo poder pasar tiempo con ella, así que le dije a mi yo: bueno, mañana podemos actualizar. ¿No dicen que las cosas buenas se hacen esperar? *saca sus lentes y lupa* ¿Cómo vieron la plática que tuvieron Kate, Edward y Garrett? Parece ser que nuestros chicos están preocupados de que Bella este en un peligro mucho mayor de lo que parece. ¿Ustedes que piensan? ¿Sera que hemos subestimado a James todo este tiempo? Ya lo veremos luego de que Bella y él se dieran un tiempo, tal como ella misma se lo trata de explicar a Edward. Ahora, creo que cada día la doctora Cope se acerca más y más a la raíz del problema, lo que tiene a Edward planteándose que pasara cuando su verdad sea dicha. ¿Sera que esa verdad puede provocar su separación? Por ahora, amos se mantendrán cerca, se avecina el momento de decirle la verdad a Thomas.

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109