Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
.
.
U2 – With Or Without You
Bella se tomó unos minutos en el baño. Espere pacientemente a que saliera, sentado sobre la cama y con los codos sobre las rodillas.
Tenía la cabeza hecha papilla.
Lo único que deseaba era tomarla entre mis brazos, echarnos a la cama y protegerla entre mis brazos. Olvidarnos de Clarie, James, mi familia, su familia. Del pasado. Tomaría a mi familia. Me la llevaría lejos de todo este maldito desastre.
La puerta hizo un suave sonido al abrirse.
Bella salió del cuarto de baño con el cabello arreglado por arriba de su cabeza y el rostro recién lavado.
Su nariz estaba un poco roja por las lágrimas qué había estado derramando hacia tan solo unos minutos.
Se paró tímidamente contra el marco de la puerta.
—Hola.
Es difícil ver como titubea a mí alrededor y se pone nerviosa. O como algunas veces es demasiado sería o risueña. Tiene cambios bruscos de humor. Es algo que he aprendido a leer.
Tengo una pista del porque se comporta de esa manera. Sé que tiene miedo. Miedo de mí y lo qué nuestra cercanía se pueda significar para ambos.
Esa es la razón por la cual no termino del todo su relación con James.
Me duele que no pueda estar segura del todo sobre nosotros, pero me prometí a mí mismo que seguiría su ritmo y aceptaría cada una de las decisiones que tomara. Se lo debo.
—Hola. —enderece mi postura sobre la cama— ¿Estas mejor?
Se sonrojo un poco.
—Sí. Creo que sí. Lamento haber sido un desastre lloroso. —apunto con su barbilla hacia mí pecho.
Ni siquiera mire mi camisa. Bastaba con sentir el tejido algo mojado. La tela absorbió una por una, las lágrimas que derramaron sus bonitos ojos chocolate.
—Deberías cambiarte. —dijo, balanceándose sobre las puntas de sus pies— Y luego podemos bajar y pasar tiempo con Thomas. —soltó un suspiro— Me vio muy nerviosa durante la noche y toda la mañana. Creo que pudo haberme escuchado llorar luego de que James se fue de casa.
Definitivamente lo hizo.
—Me contó.
Se mordió el labio inferior antes de hablar.
—Te lo dijo, ¿no? Es demasiado inteligente para su edad.
—Superduperinteligente. —bromeé.
Sus ojos chocolates se iluminaron, eliminando un poco de la neblina qué empañaba su luz.
—¿Lo recuerdas?
Me puse de pie, caminando hacia ella.
—Es difícil de olvidar.
Cubrió con sus manos su rostro, luciendo avergonzada.
—No me lo recuerdes.
—Sí te lo voy a superduper recordar.
Cuando éramos niños, Bella tuvo esta obsesión por agregar la palabra superduper a todo lo que decía. Éramos demasiado pequeños para saber siquiera que era el amor o los estragos que podía causar en nuestra amistad. Eran tiempos buenos. En los que solo éramos dos pequeños niños siendo mejores amigos. Molestándonos y jugando.
Puse mis manos en su cintura, acariciando con mis pulgares la piel qué quedaba libre entre su pantalón y blusa.
—¿Qué diablos me sucedía? —dijo entre dientes, bajando sus manos de su rostro cuando se dio cuenta que estaba justo frente a ella— No sé cómo me soportabas.
Sople sobre su rostro, besando su nariz. Disfrutaba de cada toque qué podía poner sobre ella. La había añorando por tantos años. Ahora era capaz de reconocerlo.
—Eras una linda niña.
—... y muy molesta.
—Un poco también.
—¡Oye! —me dio un manotazo, riendo suavemente— Mejor cámbiate, antes de que cambie de opinión y me largue a trabajar.
La atraje un poco más hacia mí con un leve empujón.
Puso sus manos sobre mi pecho, evitando las partes mojadas por sus lágrimas.
—No creo que quieras ir al trabajo.
—¿Ah, no? —sonrió de lado.
Era tan bonita. Tan... perfecta. Tan ella. Me había asustado por mucho tiempo que mi amor por ella menguara gracias a todo lo que viví con Clarie, pero todo en ellas era tan diferente. Donde Clarie era fría y calculadora, Bella era sensible y cariñosa. Mi mente siempre funcionó así mientras tuve que mantener en pie mi matrimonio con Clarie. Tomé a Bella, la protegí con todo lo que soy y la guarde en los más profundo de mi corazón. En un lugar al que Clarie nunca tuvo acceso.
—Oye. —el toque de sus dedos me sacó de mis pensamientos— ¿Qué sucede?
Agarré sus dedos, besándolos.
No perdí el toque, hablando sobre ellos. Necesitaba la conexión.
—Estoy con una psiquiatra.
Su rostro se mantuvo tranquilo.
—Una psiquiatra. —repitió.
—Sí. Estoy... tratando. Me estoy esforzando. Tienes razón. Hay cosas que no le he contado a nadie, que ni siquiera mi familia sabe. Cosas... qué no son fáciles de aceptar. Necesito prepararme antes de asumirlas para poder hablar de ellas. Quiero ser mejor para ti y para mis hijos. Ninguna... cantidad de tiempo será suficiente para pedirte perdón por el daño que te cause. —volví a besar su mano, solo para esta vez tomarla y atraerla hacia mí pecho. Justo por encima del corazón— Esto es tuyo. Todo lo que soy... es tuyo. Como si lo quieres o como si no. Prometo esforzarme.
Mantuvo su mano en mi pecho.
—También prometo esforzarme, y no solo por nosotros, también por Thomas... y por... —sus ojos se llenaron de lágrimas— Por Max.
La deje libre. Esta vez tomando su rostro entre mis manos.
—No quiero que sufras, pero tienes que saber... —supe entonces que aquel era un buen momento para sacar el tema a relucir— Max es tan importante para mí como Thomas. Ambos. Nunca podría no querer a ninguno. Siempre serán la parte más importante para mí. Max me necesitara tanto como lo hace Max.
Bella pareció entender perfectamente hacia donde me dirigía.
—Jamás te pediría qué dejaras a Max por Thomas y por mí. Es tan tuyo como Thomas. Puedo con ello. Lo he pensado. Y creo que lo que más me duele es no poderle ofrecer lo mismo a Anne. Me siento como una maldita egoísta por no poderle ofrecer el mismo tipo de amor que le quiero ofrecer a Max. Simplemente... hay algo que no me lo permite.
Se refería a la lejanía qué quería interponer entre ella y Anne. Nada sobre tía y sobrina o ella sabiendo sobre la línea consanguínea qué las unía.
—Eres perfecta. Le quieres, simplemente ella tiene a Jake y Leah.
Su rostro se fue relajando poco a poco. Las líneas de expresión en sus ojos y la dureza de sus labios cerrados en una fina línea se suavizo.
—Y si qué los tiene. Tal vez cuando sea más mayor, ellos decidan que ella sepa sobre su origen. No tengo ningún problema. Entonces, podremos hablar.
Me quise morder la lengua por lo siguiente qué estaba por decir.
—Eso sin contar que Max y ella son hermanos.
—Sin contarlo. —froto su frente— Y sin contar que Thomas y Max son primos.
Me trague el sabor amargo que inundó mi boca.
—Son hermanos. —remarque cada una de las palabras.
Ella lo acepto.
—Hermanos.
Puse una mano en su nuca, atrayéndola hacia mí del todo. Plante un beso sobre su frente.
—Bajemos.
—Thomas debe estar algo nervioso.
—Lo está antes de que subiera a por ti.
Sus ojos revolotearon entre yo y la puerta.
—Ve. —la moví en dirección a la puerta— Me cambiare la camisa y te alcanzare en el piso de abajo.
Me miró sobre su hombro.
—¿Seguro?
—Superduperseguro qué sí.
Frunció lo labios.
—Muy chistoso.
—No tanto como tú.
Se rio, mientras salía por la puerta y me daba una mirada más.
Camine hacia mí closet, abriendo ambas puerta e inclinándome solo un poco para agarrar una camisa sport cualquiera. Me quite la camisa mojada por el cuello, levantó los brazos para que saliera más fácilmente.
Por primera vez en los seis meses que llegue a Forks camine hacia el espejo del baño y me gire. Con la camisa seca todavía entre mis manos.
Las marcas rosas, casi rojizas de mi espalda me saludaron. Son líneas paralelas entre si y una cruzada sobre ella en mi hombro derecho.
Algún día me encargaría de ellas. Eran más como un tipo de recordatorio.
Inhale, soltando lentamente el aire entre mis labios.
La doctora Cope tenía toda la razón. Ya iba siendo hora de sacar a pasear a los demonios de mi closet. Incluso, solo a uno de ellos.
Puse la camisa sobre mi cabeza, apenas bajándola mientras un pequeño cuerpo corría dentro del cuarto de baño e impactaba contra mis piernas.
—¿Pero mira quien se ha colado a mi baño? —refunfuñe.
Thomas le miró a través de sus ojos verdes.
—No soy ningún colado.
—¿Cuánto a que si?
Con ambas manos lo tome por debajo de los brazos, impulsándolo por los cielos y montándolo sobre mi hombro con los pies volando.
—¡Edward! —chilló.
Gire a todas partes, haciéndole al tonto.
—¿Alguien hablo por aquí? —pregunté.
—¡Sí! —gritó desde mi espalda, moviendo sus pequeños piececillos.
Seguí haciéndole al tonto.
—Lo siento, no escuche nada.
No perdí el agarré sus pies. Me asegure de tenerlo lo suficientemente seguro y comencé a caminar. Apague la luz del baño, cerre la puerta y entre de lleno a mi habitación.
—¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! —lanzó un par de gruñiditos— ¡Sangre en la cabeza! ¡Sangre en la cabeza!
Lo deje sobre la cama.
Soltó el aire de una e inflo las mejillas.
—¿Quién eres tú y que haces en mi habitación? —le gruñi con la voz distorsionada.
Se puso de pie sobre mi cama tan pequeño como era.
—¡Mi nombre es Thomas Anthony Swan! ¿Cuál es el suyo? —gruñó con el mismo tono de voz.
Aguante las ganas de reírme.
Puse las manos sobre mis caderas y lo miré altivo.
—Mi nombre es Edward Anthony Cullen Platt, y usted está en mi territorio señor Swan. En mi barco pirata.
Miró a todos lados con los ojos bien abiertos.
—¿Es este un barco?
—Mi barco. —remarque.
Abrió la boca en una perfecta "o".
—Quiero un barco pirata también.
Entrecerré los ojos.
—¿Está usted amenazando mi barco, pequeño Swan?
Frunció el ceño.
—¡No soy pequeño! —levanto la mano derecha, mostrándome cuatro dedos— ¡Tengo cuatro años! ¡Casi cinco!
—Oh, tiene usted razón. —asentí— Podríamos compartir el barco.
Se mantuvo pensativo.
—¡Esta bien! Mamá dice que debo ser un niño compartido.
—Tú madre tiene razón.
Se encogió de hombros despreocupadamente.
—Siempre tiene razón. Por cierto. —sonrió, mostrándome sus dientes faltantes. Día con día, se veía un poco más grande. Estaba dejando los rasgos de bebé, para convertirse en un niño grande y fuerte— ¡Me distrajiste, Edward pirata! La abuela quiere qué bajes a desayunar.
Lo tomé en brazos.
—Te lo dije, las mamás siempre tienen la razón.
Se quedó absorto sobre mi hombro, mirando a la habitación mientras la dejábamos atrás.
—¿Cuándo tendré mi barco pirata?
Apunte a mis espaldas.
—Ése era nuestro barco pirata.
No pide evitar observar la habitación de Alice cerrada a cal y canto. No la había visto por demasiados días. Tan solo vistazos aquí y ella, pero nada concreto después de nuestra última pelea.
—Ese no es un barco, Edward. —se rio como todo un sabelotodo de cuatro años— Es tu habitación.
Comencé a bajar las escaleras.
—Depende con que ojos lo veas.
Arrugó la nariz.
—Solo tengo unos ojos.
Deje salir una carcajada.
—Pensé que tenías más que un par. —bromeé.
Apretó sus mejillas entre sí.
—Lo siento, no soy este tipo de niños.
Baje las escaleras completamente. En el ínter, escuche al mismo tiempo la voz tintineante de Alice proveniente de la cocina. Baje a Thomas de mis brazos y este salió corriendo disparado hacia la misma dirección.
Busque a Max donde lo deje en su portabebé pero solo encontré nada.
Me dirigí a la cocina.
Al entrar, fui recibido por una imagen no tan grata.
Busque los ojos de Bella. Sus orbes chocolates me respondieron, mientras me daba una incómoda sonrisa.
En sus brazos sostenía a Max. Con Tanya flanqueándola justo por un costado.
Después de sus maravillosos ojos chocolate, fui captado por unos profundamente azules.
Talle los dientes entre sí, flexionando una y otra vez mi mandíbula. Estaba comenzando a hartarme de estas intervenciones sorpresas de parte de Tanya.
—Hola, Edward. —se escudó detrás de la taza en sus manos, tomando un pequeño sorbo.
—Tanya. —conteste en un saludo seco.
Alice, quien se encontraba a un lado de mi madre, hizo un pequeño ruidito con su garganta.
Me dirigí hacia Bella sin prestarle atención.
Abrió la boca, dispuesta a rebatir, sin embargo la entrada de mi padre la silencio. Venía vestido a traje, su pelo rubio bien peinado y con el maletín en mano.
—Familia. —camino hacia Alice, dejando un beso en su frente— Hasta que puedo ver tu lindo rostro, cariño.
Ella bajo la cabeza.
—Lo siento, papá.
—Nada que sentir, cariño. Todos necesitamos un descanso.
Mamá se dirigió hacia él, dejando que la besara suavemente y luego redirigiéndose hacia Thomas, quien se encontraba muy entretenido comiendo un platillo de fruta en la encimera de la cocina.
—¿Más sandia, cariño?
—Sí, por favol.
—Por favor. —remarcó Bella de la manera correcta.
—Por favor. —le dio una sonrisa resplandeciente a mi madre.
—Lo que diga mi pirata.
Bella me miró con diversión.
Baje hacia Max, acariciando su cabecita cubierta de pelo cobrizo. Su rostro de suaves rasgos se encontraba escondido entre el cuello y hombro de Bella. Me encantaba como se complementaban. La manera en la que Max se refugiaba entre sus brazos y ella lo aceptaba.
—Hijo. —papá me apretó el hombro.
—Papá. —le regrese el saludo.
Evite mirar de nuevo a Tanya.
—Carlisle. —lo saludo ella.
Mi padre retiro la silla al lado de donde Thomas comía, deteniéndose un poco al escuchar su nombre salir de la boca de Tanya. Su gesto me pareció extraño. Él era todos menos maleducado o frio.
—Tanya. Que sorpresa encontrarte aquí tan temprano.
Eso fue… grosero.
—Yo la invite, papá. —intervino Alice.
—No has tenido un muy buen juicio últimamente, Alice. —desabrocho el saco de su traje y se sentó.
Alice se encogió en su lugar.
—No te estoy acusando de nada, niña. —mi padre la tranquilizo— Eres bienvenida cuantas veces quieras a esta casa, Tanya. Si es lo que mis hijos quieren.
Bella se tensó.
—Tanya ha sido un buen apoyo en estos días. —repuso Alice.
¿Un buen apoyo? ¿Ahora son amigas?
Se suponía que Tanya no sería una persona constante en nuestras vidas. Fue la mejor amiga de Clarie y le tenía cierto aprecio, pero algo me decía que lo mejor sería no cultivar nuestra cercanía. Ponía a Bella incomoda.
Y ahora Alice…
Tengo que hablar con ella.
—No ha sido nada, Alice.
Esme saco tres charolas de panqueques del horno.
—Desayuno listo. Hay dulces y salados.
Tanya camino hacia Alice.
—Me encantan los salados. ¿Qué tal uno con mantequilla, Alice?
Alice sonrió.
La primera sonrisa en mucho tiempo.
—Sí, me gustan salados.
Conecte mis ojos con los de Bella. Aunque no lo dijera con palabras, todo su cuerpo gritaba lo mucho que le apetecía sentarse a la mesa.
Podía ocuparme de eso.
Me incline y bese su nariz.
—¿Edward? —mi madre me llamó.
—Creo que nosotros nos iremos por otro camino. —vi como Thomas dejaba su platillo de fruta de lado— ¿Qué tal un desayuno tardío en la cafetería de Jeff, niño pirata?
—¡Sí! —chilló— ¿Puedo tener un poco de sus huevos especiales, mami?
Bella dio un paso adelante. Disimuladamente, o no tanto, entrelazo su mano libre con la mía.
—Puedes. —jugueteo con mis dedos— No te molesta, ¿verdad? —le pregunto a mi madre.
Esme negó enérgicamente.
—Puedo con la decepción, cariño.
Papá dejo de lado su panqueque.
—Asegúrate de pasar por mi despacho cuando vuelvas, Edward. Cariño… —se dirigió a Bella, guiñándole un ojo— Que tengan un excelente desayuno.
—Gracias, Carlisle.
Mi padre se limpió la boca con una servilleta. Estaba tratando de ocultar una sonrisa divertida.
Alice no dejo de mirar el panqueque que mi madre acababa de poner en un plato frente a ella. Tanya le tendió un poco de mantequilla. Después, se giró un poco y me dio una mirada reprobatoria.
—Que tengas un buen desayuno, Edward.
No pude evitar notar que en ningún momento se dirigió a Bella.
Bella me tomó del brazo cuando me vio dar un paso hacia enfrente.
Más valía que Tanya supiera cuales eran sus límites. Podía entender que fuera difícil para ella verme cerca de Bella después de la amistad tan cercana que tuvo con Clarie, pero no sabía ni una cuarta parte de cómo eran las cosas en realidad.
Hace falta tener conocimiento de todo el panorama para atreverte a juzgar.
—Gracias, doctora Smith. —remarco Bella.
Thomas le estiro los bracitos a mi madre, pidiéndole silenciosamente que lo ayudara a bajarse de la silla alta. Mi madre lo ayudo y cuando nuestro niño tuvo los pies sobre el piso firme, corrió y se puso a mi lado, ofreciéndome su mano para tomarla.
Ahora, nos veíamos más como un frente unido.
—Oh, Bella. Llámame Tanya.
—Lo lamento, no suelo tutear a personas que no conozco lo suficiente. Y tú eres esa persona dentro de esta habitación. —Bella no titubeo ni un poco mientras hablaba, mostrándose firme— Alice, te traeré un poco de tarta de manzana. Tu favorito.
Alice no contesto mientras salíamos los cuatros de la habitación. Tomé aquello como una clara señal de lo que tenía que hacer apenas regresar a casa. Ella y yo teníamos una conversación pendiente.
.
.
—One, two, four…
Bella se rio.
—Three…
Thomas resoplo.
—One, two, three… —rasco su cabeza— ¿Four? ¿Six?
—Five, six.
Thomas asintió.
—One, two, three, four, five, six. ¡Sí!
La cafetería de Jeff es silenciosa, así que se escuchan nuestras risas. Bella ya no luce tan tensa como en casa y tiene el pelo suelto volando por todas partes sobre su rostro y hombros.
Escogimos una mesa a cuatro pegada a la pared. Es más como una cabina a dos sillones con una mesa cuadrada en medio.
Habíamos obtenido un buen desayuno, incluido un pedazo de tarta empacado especialmente para Alice.
Hasta hace un momento, Thomas recitaba los números en inglés. Al parecer ha sido un largo camino en la guardería para que él y sus compañeros pudieran comenzar a aprender los números. Ya han comenzado con cosas más avanzadas que juegos de colores o clasificaciones de figuras, con el kínder comenzando en un par de meses más, la guardería debe comenzar prepararlos.
—Perfecta, estoy segura que Angie estará muy orgullosa de ti. —Bella le abrazo.
Thomas chilló.
—No me puedes decir Angie, mamá. Es la maestra Weber.
—Y mi amiga. De hecho, una de mis mejores amigas. —apretó su nariz.
Thomas se alejó de su mano.
—¡Ouch! —hizo un puchero— Eso dolió, mami.
—Pequeño sabelotodo.
Una sensación caliente me inundo por todas partes en el pecho al verlos hablar. Bella era una excelente madre. Tenía la cantidad necesaria de seriedad, amor y tranquilidad. No podía evitar notar el gran trabajo que haba hecho criando a Thomas ella sola.
—Pequeña sabelotodo. —Thomas intento hacer lo mismo con ella y apretarle la nariz.
—Oh, no. Tú, pequeño bribón.
—No soy pequeño, mami.
—Oh si, cumplirá cinco en un par de meses. —sonreí para mis adentros.
Bella hizo morritos.
—¿Mi pequeño bebé cumpliendo cinco?
Thomas la tomó de las mejillas.
—Siempre puedo ser tu bebé, mami. Solo que un poco mayor.
Abrí los ojos exageradamente.
—¿Tan mayor como para que te salga barba?
Thomas se dejó caer contra el respaldo de su asiento.
—Me dejare crecer la barba como Santa Claus.
Bella ser rio entre dientes.
—Eso definitivamente no va a pasar, jovencito.
Nuestro pequeño no le presto mucho más atención de la necesaria. Se quedó absorto mirando como el viejo Jeff sacaba un tablero de ajedrez y lo extendía por la mesa. Le acompañaba el viejo Billy con una cerveza en mano.
—¿Puedo ir a jugar, mami? —comenzó a saltar sobre su asiento.
Bella extendió la mano sobre la mesa y envolvió la mía entre sus dedos. Me dio una sonrisita, mientras señalaba discretamente a Thomas.
El pecho se me lleno de un millón de emociones.
Me estaba dejando, por primera vez, ser algo más que un espectador sobre Thomas.
—Puedes. —dije yo, tomando atención— Sin embargo, nada de tomar cerveza.
Hizo un ruidito de asco.
—¡Qué asco!. —se escabullo por debajo de la mesa en fáciles movimientos, saliendo por el otro lado. Ni siquiera nos miró al correr a la mesa al otro lado de la cafetería.
Bella me había contado lo mucho que Thomas y Jeff se querían. Aunque el viejo era algo gruñón, algo tenía Thomas capaz de ablandarlo lo suficiente como para acogerlo y convertirse en algún tipo de abuelo ficticio. Siempre fue un hombre solitario. No se casó y se mantuvo soltero, dedicado completamente a su cafetería.
—Gracias. —le di un suave apretón a la mano de Bella.
—Gracias a ti por sacarme de las garras de la doctora del hielo.
No pude evitar reírme.
—¿Es eso un apodo?
—Oh, definitivamente lo es. —le echo un vistazo a Max, quien dormía en su sillita portátil al lado de nuestra mesa— Es… todo un personaje.
Me lleve la taza de mi café a medio terminar a los labios.
—Por decirlo menos.
—Ella… —pareció buscar las palabras— No quiero sonar como una loca celosa cuando ni siquiera sabemos a dónde se dirige nuestra relación, pero ella parece muy interesa en ti.
Deje la taza de nuevo en la mesa.
—Hay un aprecio de por medio, incluso un cariño. Quisiera decirte que la alejare del todo de nosotros, pero no puedo.
Bella me escuchó atentamente.
—¿Y eso es por qué…?
Me temía esa pregunta. Estudie cada una de mis palabras antes de decirle a Bella por qué no podía alejar del todo a Tanya.
—Es la única testigo de la muerte de Clarie, fue su mejor amiga y es por demás extraño que este por aquí a seis meses de la muerte de Clarie. Puede parecer una coincidencia su llegada, pero no lo creo de esa forma. Creo que está aquí en parte por mí, pero puede ser que también lo esté por Garrett.
—¿Qué hay con Garrett?
—Fueron pareja.
—Oh.
—Sí. —no quise entrar en muchos detalles— Garrett se quería casar, ella no. Siempre fue más del tipo independiente, más interesada en su profesión que en relacionarse con las personas.
—¿Cómo… antisocial?
—Sí. Casi antisocial, pero mucho más sutil. Mantiene cerca a las personas, pero no se involucra con ellos mucho. No es muy emocional. Garrett no lo pudo soportar y finalmente rompieron su relación. Tanya dice que no está enamorada de él, pero tengo mis dudas…
Bella suspiro.
—Garrett esta con Kate.
Aquello era verdad.
—Cierto.
—Kate no para de hablar de él, aunque es muy gruñona para admitirlo. Creo… que van en serio. Si Tanya la lastima para obtener a Garrett, pateare su trasero tan lejos de Forks que no sabrá que la golpeo.
La imagen mental de Bella convirtiéndose en una ruda mujer me hizo reír divertido. Sin embargó, llevaba mucha razón. Kate ya había sufrido lo suficiente con al abandono de Irina y la pérdida de su bebé.
—De todos modos, Garrett tiene el ojo puesto en Kate. —intente tranquilizarla.
—Más le vale. —levanto una ceja.
—Como yo de ti.
—Bueno más te vale. —alejo su mano de la mía, cruzándose de brazos— Ya me has hecho sufrir lo suficiente, Cullen.
Sabía que intentaba sonar divertida, pero me temía que me era imposible bromear sobre su sufrimiento.
Algo en mi rostro me debió delatar.
—Eso fue estúpido de mi parte. —se disculpó. Volvió a tomar mi mano— Perdón.
Negué.
No serbia de nada seguirle dando importancia al pasado. Al menos no en estos pequeños momentos aislados que nos pertenecían solo a nosotros. A nuestra pequeña familia.
Por ello, había tomado una decisión sobre el viaje a Vancouver.
—Hagámoslo. —dije simplemente.
—¿El qué? —pregunto lentamente, aunque pude identificar un destello de emoción en sus ojos.
Apreté mis labios para evitar sonreír.
—Lo sabes.
—No lo sé. —canturreó.
Quería que se lo dijera con todas sus letras.
Podía darle eso.
—El viaje a Vancouver, boba.
Dejo salir un suspiro tembloso.
—¿Si?
—Sí.
Esta vez no pude evitar sonreír cuando ella sonrió. Todo en ella se ilumino como un árbol de navidad.
De alguna manera, presentía que ese viaje era importante para ella. Una manera de darme el lugar que me pertenecía en la vida de Thomas. Y tal vez, solo quizás, en la vida de ella.
—¿Cuándo?
—El siguiente fin de semana.
La vi tragar visiblemente.
—Eso… es en tres días.
Observe a Thomas a la distancia.
—¿Es un problema?
Sus bonitas mejillas se sonrojaron.
—No. Es perfecto.
—¿Segura? —quise saber.
—Sí, es solo que me tomaste por sorpresa, pero puedo arreglarlo. De todos modos, es mejor. Pronto será el cumpleaños de Thomas. No quiero que pase un cumpleaños más pidiendo el mismo deseo. —la tristeza surco su rostro.
¿Qué hay con el deseo?
Fruncí el ceño.
—¿Qué hay de malo con el deseo de cumpleaños?
—Es mi culpa. —su voz se rompió al hablar.
Supe inmediatamente a donde se dirigía aquello.
Me levante de mi asiento, pasándome al otro lado de la mesa. La hice que se hiciera a un lado para que me dejara espacio para sentarme.
Después de un minuto, pude sentarme a su lado y tomarla en brazos.
Acaricie con mis labios su mejilla.
La caricia pareció calmarla.
—Siempre pide a su papá.
—Está bien, cariño. —tomé su barbilla entre mis dedos para que me mirará.
No me gustó nada ver sus ojos dolidos y tristes.
—No hay nada que perdonar, porque no fue tu culpa. Nada lo ha sido. Intentaste proteger a nuestro pequeño. No pudiste tomar mejor decisión.
No solo lo protegió de mí, también de ella. De Clarie.
Puedo entender ese sentimiento. La angustia de salvaguardar una vida que apenas viene en camino. Y lo peor, sé cómo se siente que te la quiten una y otra vez.
Y luego viene la oscuridad. El vacío. Bella protegió a nuestro hijo de la manera correcta.
—¿Algún día podrás perdonarme?
—No tengo nada que perdonarte. —respondí.
Aferro su mano a mi cuello, atrayéndome hacia su boca para un beso corto. Saboreé sus labios.
—Prométeme que lo dejaras ir.
Ella se mordió el labio inferior.
—¿Asi como tu dejas ir los secretos?
Un golpe bajo, poro lo puedo soportar. He soportado cosas peores. Cosas que de solo decírselas a Bella, seguro terminaría en el baño vomitando. No estoy listo para infringirle ese dolor a través de mí.
—Promételo.
—Lo prometo.
.
.
El camino de regreso a casa es un poco agridulce por dejar a Bella y Thomas en casa, pero creo que ambos necesitamos espacio. Después de los últimos días, parece como si fueran en realidad meses.
Max está en la parte trasera del auto, ahora despierto, sentado en su sillita.
—¡Ba! ¡Ba! ¡Ba!
Hasta hace un par de noches, había descubierto que paso de soltar gorgojeos a silabas de vez en cuando. No siempre lo hacía. Tan solo un par de veces desde que lo descubrí.
—Papá. —dije— Pa-pá.
—¡Ba! ¡Ba! ¡La! —chilló, batiendo su sonaja en sus puñitos.
—Tomare eso en cuenta.
Estacione el auto afuera de casa. No pude evitar notar que el auto de Tanya aún se mantenía en la entrada. Casi me vi tentado a dar vuelta atrás y regresar con Bella.
Si Tanya pone incomoda a Bella, no puedo jugar al tonto. No menos que quiero es agregar más tensión a nuestra relación.
Suspire, girándome sobre mi asiento para mirar a Max.
—¿Listo, chico?
—¡Ba! ¡La!
—Espero que eso sea un sí.
Abrí la puerta del auto, tomando la pañalera y colgándola sobre mi hombro. Me asegure de dejar los vidrios arriba y las puertas aseguradas.
Max me sonrió con sus muelillas sin dientes. Entonces note un destello blanquecino que no había podido notar antes.
—¿Eso… es un diente?
¡Un diente!
¡Su primer diente!
—¡BA! —acerco su boquita a mi rostro.
—Oh, sin morder, Max.
Se dejó caer hacia atrás como si me hubiera entendido y dejo salir una risotada.
Íbamos camino a la puerta hasta que note la figura de una persona. Justo sobre el lado no visible del auto de Tanya.
La rubia me esperaba recargada sobre la puerta derecha.
—Tanya. —pare el caminar sobre mis pies.
—Te estaba esperando. —se irguió sobre su lugar.
—¿Esperando? —pregunte— ¿Qué pasa?
Me miró incrédula.
—¿Qué. Pasa? —dijo entre dientes— Hiciste sentir a Alice muy mal durante la mañana.
Intente calmar la repentina rabia que me inundo.
Debía mantenerme en la línea.
—¿Disculpa?
Se pasó una mano por el cabello.
—Le he tomado mucho cariño a Alice. Veo en ella a una hermana menor, no creo que sea justo la manera en que la tratas.
Entorne los ojos.
—¿Te estas escuchando, Tanya?
No. De verdad no me escuchaba, porque siguió despotricando como una jodida desquiciada. La apariencia fría y casi tímida se cayó, como una máscara sin vida. Quizás fui demasiado iluso, confiado e ingenuo con ella.
—… no puedes simplemente arremeter en contra de tu hermana solo por Bella. Entiendo lo que ella significa para ti, pero tienes una familia. Tienes a Max. Ellos deberían ser más importantes para ti de lo que son ellos. Ni siquiera estas completamente seguro de que ese niño sea tu hijo…
Me quede estático. Tan estático como el frio hielo.
Ella también. Se dio cuenta de lo que dijo. Abrió los ojos como platos y tapo su boca con ambas manos.
—Edward…
Mantente en la línea, me recordé.
Maldita sea.
Los dedillos gordos de Max jugueteando con mi barbilla me tranquilizaron un poco. Tan solo, un poco.
—Lidiare con mi familia yo mismo, Tanya.
Dejo caer las manos libres.
—Soy una estúpida, no quise… —intento acercarse a mí, levantando una temblorosa mano.
Me aleje como si su toque quemara.
Lo que en realidad tal vez no estaba tan alejado de la realidad.
Ahora veía lo que Garrett había tratado de decirme apenas llego a casa. Llevaba algo de razón. Tanya es por demás… inestable.
—Vete a casa, Tanya.
Intente girarme sobre mis pies para finalmente entrar a casa y dejar esta estúpida conversación atrás, pero la mano de Tanya sobre mi brazo me detuvo.
Me mordí el interior de una de mis mejillas para no sacudirme su mano.
—Lo lamento, Edward. Me extralimite.
La miré de arriba abajo.
—Exacto. Lo hiciste. Vete a casa, Tan.
Usar el mismo apodo que Clarie utilizaba para ella la hizo reaccionar. Dejo caer la mano y regreso a su estado normal. La máscara regreso, pero esta vez no me la trague como un tremendo imbécil.
—Ten un buen viaje, Tanya.
Camine hacia casa, intentando mantener la rabia un poco más. Al entrar. Emmett, Rose, Kate y Garrett hablaban animadamente en la sala de estar. La alegría de que Emmett y Rose estuvieran de regreso se vio eclipsada por la rabia que provocaron las palabras de Tanya.
Todos se quedaron en silencio al verme de pie en la entrada, sin decir nada. El ruido de un auto marchándose por el camino de grava me saco de mi burbuja de tranquilidad. La hija de puta exploto en mis pedazos.
Kate se puso de pie, corriendo hasta uno de los ventanales. Gruño entre dientes.
—Es Tanya. Joder. ¿Se supone que se fue hace más de tres horas? —dejo caer las persianas con fuerza— Maldita psicópata de mierda.
Apreté mi mandíbula.
—Toma a Max. —fue lo único que atine a decir.
Rose se puso de pie inmediatamente.
—¿Edward?
—¡Tómalo, joder! —Rose pego un salto sobre su lugar, estiro los brazos y tomó a Max. Deje que se lo llevara.
—Maldita sea, Edward. —Garrett gruño— No permitas que te coma el cerebro.
Camine hacia las escaleras.
Emmett me detuvo en el camino, poniendo una mano sobre mi pecho para intentar contenerme.
Lo que él no sabía es que tenía que contener a alguien además de mí.
—Si la lastimas…
—No soy yo a quien le están jodiendo el cerebro. —quite su mano de un solo movimiento.
A continuación subí las escaleras de dos en dos, hasta seguir por el pasillo y parar en la puerta de la habitación de Alice.
Aferre mis manos a ambos laterales en el marco de la puerta, inhalando y exhalando.
Entonces, escuche su voz amortiguada por las paredes y el llanto.
—No me escucha… solo quiero volver a estar bien, Tan. Quiero que ellos me amen. Y todo lo que hacen es mirar a Bella. Primero fueron Clarie y Bella, ahora es solo Bella, pero es suficiente. Ella debería de morir también. ¡Estoy harta de compartir a mi familia! —era como escuchar hablar a otra persona, aquella no era la misma Alice que me recibió en el aeropuerto apenas regresar a Forks, la misma que me hablo delo maravilloso que es vivir en New York y cuanto amaba diseñar— Debería tener los ovarios de terminar con todo esto de una vez por todas…
Aquello termino con mi paciencia por completo. De una patada abrí la puerta. Alice levanto el rostro, tan pálido como la cal. Parecía más bien un fantasma. Desde su posición en el suelo debía verme terrorífico.
Dejo caer el teléfono al piso.
De nuevo, me tengo que enterar por medio de una jodida llamada a terceros lo que me oculta mi hermana. Solo que esta vez es peor.
Me agache sobre toda mi altura, tomando el celular. El sonido del material rompiéndose contra la pared hizo todo un escándalo cuando lo lance por los aires.
Alice apoyo las manos, dando marcha atrás sobre su trasero. Sus ojos me miraron a través de su rostro demasiado afilado y pálido por llevar semanas completas sin salir a comer con propiedad.
—Tú y yo. Hablemos. Ahora. —remarque cada una de las palabras.
.
.
"A través de la tormenta, alcanzamos la orilla, tú lo das todo, pero yo quiero más, y te estoy esperando, contigo o sin ti, contigo o sin ti. No puedo vivir ni contigo ni sin ti."
.
.
¡Hola, chicas! Aquí andamos de nuevo, con un nuevo capítulo. Esta actualización es extra a la del sábado, por haberme ausentado por varios días. Bella y Edward siguen tratando de descubrir si pueden superar el pasado, más momentos de familia con Thomas, lo cual ayuda a que Edward pueda formar parte de la vida de Thomas en su totalidad, y con el viaje a Vancouver, OMG. Eso sí que va a estar bueno, ya les he dado un par de pistas de lo que pasara. Nos acercamos al núcleo de todo. :( Se vienen capítulos muy buenos, así que atentas, probablemente en algunas semanas aumentare las actualizaciones para irnos más rápido. Finalizamos capitulo con un momento muy tenso entre Tanya y Edward, creo que a Tanya se le fueron los pies, lo que le revelo a Edward un poco de su verdadera persona. Con Alice… es obvio que de alguna manera la está manipulando. Nos vemos el sábado para un siguiente capítulo. ¡Besos!
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1
Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109
