Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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MIIA – Dynasty

Forks Washington, Mayo 2000

Termine de vaciar todo el contenido de mi estómago por el retrete. Escuche el tarareo de mamá afuera del baño, mientras tiraba de la manija para que todo mi desastre se fuera por el desagüe.

Juro por todo lo sagrado qué estoy a punto de escupir mi estómago por la boca. No sé qué demonios sucede, pero he estado vomitando como la niña del exorcista las últimas dos semanas.

Unos leves toques en la puerta me distrajeron.

¿Cariño? ¿Estás bien? —pregunto mamá.

Suspire, tomando un poco de papel para limpiarme la boca.

Sí, es que... —invente una excusa rápida— Creo que algo me cayó mal en la casa de Edward.

Oh, cielos. —resoplo— Debe ser la comida de Esme, le echa demasiado aceite a todo...

Estaba tan cansada que ni siquiera tuve la fuerza para rodar los ojos. Mamá tenía esta rara obsesión por criticar todo lo que hiciera la madre de mi novio. Es extraño cuando se supone que son amigas desde adolescentes.

Sí, eso debió de ser. —me puse de pie.

Abrí el grifo para enjuagarme la boca. Y mientras lo hacía, Renne siguió parloteando detrás de la puerta.

Deje un poco de ensalada en el frigorífico para ti. Me voy, tengo que ir a La Push con los Black. Leah está por tener a ese bebé y no puedo imaginar cómo de loca se está volviendo tu hermana allá metida. Anoche recién se llevó una maleta para quedarse los días que sean necesarios para ayudar a Leah.

Clarie ayudando a alguien. Sí, claro. Digo, mi hermana está muy cambiada, pero no tanto como quisiera. Se ha vuelto demasiado ermitaña. Ya ni siquiera hablamos la mayoría de las veces. Es bueno como se volvió tan cercana a Edward cuando paso todo lo de Marie, pero a veces parece como si no me necesitara más.

Incluso ahora también mantiene cierta distancia con Edward.

Está bien, mamá.

¿Todavía piensas ir con Ángela a comprar un vestido para el baile?

Sí. —eché un poco de agua sobre mi rostro, borrando el rastro de sudor.

Renne hizo rebotar su tacón sobre el piso de madera.

Ni siquiera me mandaste un mensaje anoche. No puedes hacer eso, Bella.

Cerré los ojos. Sabía que no perdería la oportunidad de mencionarlo. Por Dios, tenía la suficiente edad para pasar la noche fuera de casa. Ella sabía que estaba con Edward.

Perdón, mamá. —eso siempre funcionaba.

Me recargue en la puerta. No quería salir hasta que se fuera.

Bien. Me voy. Tú padre debe llegar antes que yo. Asegúrate de que coma algo apropiado.

Sí, mamá. —suspire.

¿Y Bella? —pregunto.

¿Mmmm? —no más preguntas, por favor.

Te quiero.

Yo también.

No salí del baño hasta que la escuche salir de casa. Al salir, tomé mi bolso del sofá, subí las escaleras y cerré la puerta de mi habitación.

Me senté en la cama con una rara sensación.

Al rebuscar en mi bolso saque la bolsa de la farmacia. Anoche, cuando Edward había bajado por mi cena aproveche para tontear un rato en mi teléfono. No me pasó desapercibida la notificación de mi calendario.

Revise y me lleve una gran sorpresa.

Tenía un retraso de dos meses. Le había mentido apenas amaneció a Edward. Le dije que tenía que irme para poder buscar un vestido con Ángela.

Mentí.

Lo que últimamente parecía que se había vuelto una costumbre.

A penas salí de la casa de Edward condije conduje en mi vieja camioneta en Seattle para comprar una prueba de embarazo.

Joder. —susurre.

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Me gusta el azul.

El verde.

Un corte corazón se vería genial.

Aunque el color favorito de Ben es el amarillo, pero no me gusta el amarillo. Es un color horroroso, solo no se lo digas. Eso le rompería el corazón.

Aja. —seguí pasando distraídamente los vestidos del aparador.

Ninguno terminaba por llamar mi atención. Lo único que realmente llamaba mi atención era toda la mierda qué guardaba en mi cabeza.

Dios, odiaba ser ese tipo de persona. Pasaba más tiempo en el día pensando que hablando.

Mi madre siempre decía que yo era la callada y Clarie la parlanchina. Aunque últimamente no sabría definir quién era quien.

¿Bella? —Ángela batió su mano frente a mi rostro.

¿Sí?

¿Qué tal si no vamos al baile y nos escapamos con unos calientes... ?

Vómito. Náuseas. Dolor de pechos. Retraso.

Eso también estaría bien.

Realmente no la estaba escuchando.

¡B! —tomó mi mentón— Aquí, mujer. Préstame más atención.

Sacudí mi cabeza. Alejando las telarañas de mi mente. Hoy no tenía que ser así. Debía ser todo lo contrario. Iría a un baile con mi maravilloso novio. No necesitaba más drama en mi vida después de todo lo que había tenido que pasar por el último año.

Perdí a Marie, y casi pierdo a Edward, y aún sigo esforzándome por mejorar todos los días. Por escapar del dolor y superar la depresión.

Desde que volví de Los Ángeles no soy la misma, pero me estoy esforzando.

Por Edward y por mí.

Podemos con esto. La distancia, la universidad, Phoenix.

Lo siento, estoy distraída. —me disculpe.

Ángela era una chica de mi misma estatura. Tan pálida como yo, pelinegra, de grandes marrones ojos escondidos detrás de unas gafas de montura cuadrada, nariz respingona, pómulos afilados y labios de capullo.

Ella llegó en lugar de la vieja Ángela. Una chica horrenda qué fue expulsada en segundo grado. Mejor amiga de Jessica y Lauren. Lo curioso es que un mes después llego esta chica. Traída directo desde Mississippi junto a sus dos padres y un hermano mayor.

Su hermano apenas duro unos cuantos meses en el pueblo antes de que se fuera a la universidad.

Ella se integró al Instituto rápidamente. Y desde que nos topamos una tarde en la biblioteca y descubrimos qué teníamos el mismo amor por la literatura, nos volvimos inseparables.

¿Qué sucede? ¿No estas emocionada por el baile?

No es eso. Es un poco de todo. Edward, nuestra relación, la graduación…

¿Qué pasa contigo y con Edward? Pensé que lo habían solucionado.

De pronto, me invadieron las ganas de decirle a Ángela de donde realmente venía mi preocupación, pero me dije que no. Claro que no. Sería estúpido tan siquiera mencionar esa sola posibilidad.

Necesitaba tiempo para realmente considerarlo.

Lo hacemos, pero estamos tensos. Creo que es lógico, no siempre tienes que dejar que tu novio se marche lejos...

Ángela hizo un puchero.

Ya sé. También extrañaré a Ben.

Es una suerte qué reprobaras esa materia. —reí.

¡Oye! —intento lucir ofendida, pero ella también se rio— ¿Qué puedo decir? Supongo que estar locamente enamorada de tu nuevo novio en el último año no es lo más conveniente.

Dímelo a mí. —esta vez le puse más atención a los vestidos. No podía simplemente dejar que la nube gris arriba de mi cabeza me dominará. Hasta no estar completamente segura, no dejaría que la cosa me comiera la cabeza— Al menos eso nos dará un poco más de tiempo.

Y que lo digas.

Si, Ángela había reprobado una materia, lo que la obligaría retrasar la universidad un par de meses, pero de todos modos se graduaría. A diferencia de mi qué tenía que repetir el año por completo.

Deseche el tema.

¿Qué tal este? —saque un vestido del estante. Era corte corto, apenas llegaba a un poco más arriba de la rodilla con una pequeña cola detrás qué rosaba la parte posterior, era de escote corazón, recubierto con encaje en el pecho por debajo de los hombros.

Ángela miró el vestido en mis manos.

No lo sé—lo analizó desde todos los ángulos— ¿Azul?

El azul es lindo. —moví mi cabeza rítmicamente.

Y tiene encaje.

Te gusta el encaje.

Me encanta.

Ángela irradiaba felicidad por todos lados. Me alegraba no arrastrarla a mi oscuro humor.

¿Y a qué esperas? Pruébatelo, tonta.

¡Bien! —se giró hacia los probadores, pero antes de irse del todo volvió a hablar— No elijas tu vestido sin mí.

Nunca lo haría.

Me encogí de hombros.

Más te vale.

La vi salir corriendo.

Me gire. Al hacerlo, una chica acomodaba un vestido en la misma línea de mi visión. No era excesivamente pomposo. De color tinto y con una caída un par de centímetros antes de llegar al suelo. Seguro quedaría un poco más arriba de los tobillos. El escote era en forma de una "V" perfecta y con pequeños tirantes qué lo sostenían de los hombros.

Lo quería.

Fue amor a primera vista.

Sentí un brazo enredarse alrededor de mí cuello.

Lo encontraste. —Ángela canturreo.

¿No estabas probándote tu vestido?

No es lo suficientemente bonito—entrecerró los ojos— pero ese es realmente hermoso. Me gusta.

Sabía que le gustaría.

A mí también. —la emoción corrió libre por mi cuerpo.

Me imagine bailando con Edward metida en semejante piensa. Lo único que veía en mi mente era la noche perfecta.

¿Y bien? ¿A que esperamos?

Deje salir una risita.

Oh, cállate. Debemos encontrarte un vestido también.

Deja de ser un grano en el culo, Swan. Vamos a por ese vestido. El mio puede esperar un poco más.

La dependiente nos advirtió del precio. No me importo. Lo quería. Tenía suficientes ahorros para pagarlo.

¿Talla?

Tres, por favor.

Ángela frunció el ceño.

¿No es dos?

Pensé que no lo notaria. Soy tonta. Claro que lo haría. Ángela es una observadora de primera.

Subí un par de kilos.

Rogué intensamente porque dejara el tema estar. Si hacía la pregunta correcta, sería chica muerta.

Se distrajo viendo unos vestidos.

Yo igual. Seguro son los nervios. Nuestros chicos se van.

Seguro.

Me balance sobre mis pies nerviosas. La dependiente me dio una mirada extraña, pero nos guio hacia un probador privado. El lugar era de espejos altos y silloncitos mullidos.

Vaya. —Ángela tomó asiento— Sí que este lugar sabe cómo moverse.

Deje mi bolso a su lado.

Si no fuera porque es justo lo que quiero no lo compraría.

Eché un vistazo a ver si la dependiente ya venía.

Es de buena cantidad, pero joder, Bella, es el último baile con nuestros chicos. Lo merecemos.

Apunte a la bolsa de cartón.

¿Qué? Es un regalito para Ben. —subió y bajo las cejas sugestivamente.

No lo puedo creer. ¿Qué es?

Fingió amarrar su boca.

Mi boca es una tumba.

Maníaca.

Esa soy yo.

La dependienta trajo el vestido al cabo de unos minutos. La tela se sentía muy suave sobre mis dedos, mientras lo ponía sobre mi cuerpo.

Salí descalza detrás de la cortina del probador para poder verlo mejor en uno de esos espejos altos y gigantes.

Casi no pude respirar cuando le vi.

Es...

¿Perfecto? —Ángela sonrió al espejo.

Sí.

¿Entonces...?

Los tenemos.

¡Sí! —chilló.

Moría por ver el rostro de Edward cuando me viera en este hermoso vestido. No importaba lo que pasara mañana, en un par de meses, años o décadas. Quería vivir esto con él. Este baile. Besarnos y bailar canciones lentas.

Al mismo tiempo se me ocurrió mandarle un mansaje a Edward para ver cómo iban sus compras.

Tienes esa sonrisa. —Ángela se puso de pie— Iré a buscar un vestido para mí.

Salió del probador.

No perdí tiempo a escribir cuando note que tenía una llamada perdida de Edward.

Ups.

"Lo siento, cariño. ¿Has marcado? No he podio contestar. Lo tuve que apagar para entrar a una tienda ;) ¿Cómo va tu día?" —BS.

No tardo nada en contestarme.

"He empezado la misión en busca del esmoquin, pero creo que simplemente estoy fallando miserablemente. ¿Tú?" —EC.

Oh, mi pobre chico.

"¿Qué hay sobre tu búsqueda? ¿Qué está saliendo mal?" —BS.

"Solo puedo decir que Emmett me ha recomendado que busque en la sección para viejos :(" —EC.

Me reí.

"Mi búsqueda ha rendido frutos. Encontré el vestido perfecto. Ahora solo estoy acompañando a Ángela a buscar el suyo" —BS.

No quería decirle del todo que lo tenía puesto ahora mismo Seguro me convencería hasta mandarle una foto.

"¿Por qué lo has encontrado tan rápido? Eso es tan injusto" —EC.

"¿Injusto? Cariño, he tardado cuatro horas en encontrarlo. Te va a encantar, y lo que es mejor, es fácil de quintar" —BS.

Seguro eso último mejoraría su estado de ánimo.

"¿Algún color en especial?" —EC.

Respondí rápidamente.

"Tinto, cariño. " —BS.

Una hora después, y mientras Ángela se probaba su propio vestido, Edward me respondió.

"Lo tengo. "—EC.

Bien. Todo listo. Pero de alguna forma... había una sensación en el fondo de mi estómago. Una pequeña cosa que lo podía cambiarlo todo.

Me prometí a mí misma que me tomaría esta noche. Todo lo que tenía que hacer era sacar la bolsa de la farmacia que escondí debajo de mi cama esta mañana. Lo haría, después del baile. Era una promesa conmigo misma.

Definitivamente es este. —Ángela me sonrió desde el espejo.

Ya lo creo. Te ves hermosa.

Suspiro.

Le va a encantar a Ben.

Cuando salimos de la tienda, me tomó del brazo al ver que comencé a tomar el camino hacia la salida del centro comercial.

¡Hora de buscar los zapatos perfectos!

Gemí.

¿En serio? —¿no podía simplemente ponerme unos que ya tuviera?

Aunque... pensándolo bien, no tengo nada que vaya bien con este vestido. Ángela adivino mis pensamientos.

Sí, eso pensé.

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Todo el camino a casa de los Cullen tuve que aguantar a Renne hablando sobre lo perfecta que es Clarie ayudando a Leah. Estoy entre pedirle que por favor cierre la boca un segundo o abrir la ventanilla del auto y dejar salir lo poco que logre comer durante mi comida con Ángela en el centro comercial.

No puedo retener nada más. Ni un gramo más de cómoda. Todo lo que como sale como entra. Comienzo a sentirme asustada por lo que encontraré mañana por la mañana.

Sin embargo, no puedo arruinar esta noche.

No cuando necesito tan desesperadamente a Edward. El tiempo se nos escapa como agua entre los dedos. Dentro de poco, lo único que tendremos serán mensajes, correos y video llamadas.

Doy gracias cuando papá al fin estaciona el auto afuera de la casa Cullen.

Necesito un baño.

Ya.

Abrí la puerta de un tirón.

¡Bella! —Renne gritó a mis espaldas.

La ignore, rogando porque papá se hiciera cargo de ella en lo que el retrete y yo teníamos un ameno encuentro.

Apenas Esme abrió la puerta, la abracé y avance rápidamente adentro de la casa.

Lo siento, necesito un baño.

Está bien, cariño. —me sonrío con sus increíbles bonitos ojos. Edward se parecía mucho a ella. Mientras qué Emmett y Alice se parecen más a Carlisle, Edward es el más parecido a su madre— Al menos Edward todavía no baja. No te preocupes. Lo mantendremos ocupado en lo que tú te retocas.

Muchas gracias, Esme.

Apenas entre al baño, abrí el grifo del lavamanos y la regadera del pequeño baño de invitados. Me quite los tacones y deje que mis rodillas tocaran el suelo.

Vomitar siempre me dejaba exhausta.

Cuando termine, recargué la mejilla contra el inodoro. Era asqueroso pero de alguna manera el y yo habíamos estado forjando una bonita amistad.

Bella. —mamá me llamó desde el otro lado de la puerta.

¿No podía tener un momento de tranquilidad?

Bella.

Suspire.

Sera mejor que salgas de allí ahora mismo. Edward no tarda en bajar.

Seguí sin contestar.

Escuche a alguien más acercarse. Rogué porque no fueran Esme o Carlisle.

Renne, ¿no puedes dejarla tranquila un segundo? Está en el baño. —cuestiono mi padre.

Le agradecí internamente.

Más le vale que salga en los próximos minutos si no quiere tener problemas. —-—esa fue una clara advertencia— No pase toda la tarde cocinando para que ella enferme, y arruine nuestra cena con Esme y Carlisle.

Auch. Eso sí que dolió.

Me trague el dolor que vino directo desde mi pecho. En algo tenía razón, no podía arruinar esta noche, y no por ella, sino por Edward. Quería que tuviéramos una última noche perfecta, y tal vez otra en el verdadero baile de graduación en un par de meses.

Al no oír más de su pelea entre susurros, supuse que ambos se habían ido.

Trate de arreglar todo mi desastre y retoque mi maquillaje.

Al abrir la puerta, Edward estaba allí.

Perfecto. Alto. En un traje palabra de honor color negro, sin chaleco y con una simple camisa de vestir blanca por debajo. En el bolsillo por encima del corazón, llevaba un pañuelo a blanco y tinto en conjunto con un hermoso ramillete de flores.

Hermoso. No encontré una palabra mejor para describirle.

Él me miraba con ojos brillantes.

Sonreí, con la emoción invadiendo cada una de mis terminaciones nerviosas. Le amaba tanto.

Avance hacia él, pero titubee un poco cuando un mareo hizo tambalear mi cuerpo. Los tacones en mis pies tampoco ayudaban.

Edward termino por recorrer el espacio que nos separaba.

Tomó mi rostro entre sus manos, acariciando con sus pulgares mis mejillas. El calor allí era sobrecogedor debido al sonrojo.

Estas hermosa. —susurro.

Y tú guapísimo.

Eso dijo tú mamá.

Renne tiene una buena vista. —subí la mano por la solapa de su traje, hasta llegar a su mejilla— Te amo.

Te amo. —bajo sobre su altura, besando mis labios.

Un suspiro tembloroso se escapó de entre mis labios.

Entonces, alguien carraspeo detrás de Edward. Miré sobre el hombro de Edward y recargué mi frente consternada.

¡Papá!

Esme se puso a su lado.

Basta de arrumacos. —la madre de Edward danzo alrededor de nosotros con su cámara en mano— Acomódense y digan pastel. Quiero esto para el recuerdo.

Ambos nos acomodamos sobre nuestros costados. Yo puse mis manos sobre el pecho de Edward y lo miré. Odiaba las fotos, pero mirarlo detenidamente era lo único que valía la pena. Si Esme podía captarlo, entonces yo sería feliz.

Él aferro sus manos a mi cintura, haciéndome sentir como si nunca me fuera dejar ir.

Nunca supe si Esme tomó la fotografía o no.

Me separe de su agarre, mordiendo mi labio inferior con nerviosismo. Una nueva sensación de mareo me había azotado, era mejor salir de allí antes de que a Renne se le ocurriera mencionar algo.

¿Nos vamos? Muero por bailar.

¿Escuche bien? —dijo, fingiendo sorpresa— ¿Quién eres tú y que has hecho con mi novia?

Aguante una risa.

Muy gracioso. —le pellizque el abdomen.

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Valió la pena. Completamente lo valió. Edward y yo no paramos de bailar en toda la noche, excepto cuando Ángela me pidió ser parte de su foto de graduación, lo que fue un lindo gesto. Fue un baile memorable. Una noche que jamás olvidaría al lado de mi chico perfecto.

Ahora me encontraba empacando un par de pijamas y ropa para el día siguiente. Solo con ropa interior. El vestido y los tacones habían quedado tirados en una esquina de mi habitación.

Edward tenía planeada una noche especial, aunque habíamos planeado asistir a la fiesta de Jessica después del baile de pre graduación. No me importaba. Prefería mil veces pasar la noche con él que ir a la fiesta de Jessica.

Revise el reloj. Cuatro de la mañana.

Cerré la maleta.

Edward no debía tardar en pasar por mí.

Termine de arreglarme lo más rápido que pude.

Baje la escalera con la maleta colgada en mi hombro.

Me extraño ver a Renne en la sala de estar. Llevaba una expresión diferente, más fría. Se encontraba sentada sobre uno de los sofás con un cigarrillo entre sus labios.

¿Mamá? —pregunte.

Bella. —se enderezó, su voz se escuchaba un poco extraña. Me pregunte cuanto alcohol había tomado.

¿Y papá?

Dejo salir el humo entre sus labios.

Tuvo que ir a Port Angeles. Un asunto de trabajo.

Muy bien. —miré entre la puerta y ella— yo…

No me dejo completar la frase.

¿Cómo te fue en el baile? —pregunto.

La sonrisa nació de mis labios antes de que pudiera evitarlo.

Fue… genial. ¿Y la cena?

Fue bien.

De alguna manera supe que no fue bien, pero no quería preguntar. Me negaba a verme de nuevo envuelta en el drama de mi familia.

Estupendo. —respondí simplemente.

Asintió lentamente, para luego apuntar a la maleta en mi hombro.

¿Y esa maleta? ¿No piensas ir con Edward a la fiesta de Jessica?

La confusión me inundo.

¿Qué?

Edward le dejo un mensaje a sus padres mientras cenábamos, diciendo que tardaría un poco más en llegar a casa porque irían a la fiesta de Jessica.

Eso no tenía sentido.

Me dijo que… nosotros…

¿Te dejo aquí sin decirte que iría a la fiesta?

Él nunca haría algo así. Debía… algo estaba pasando para que me mentira. ¿Pero qué? ¿Y porque esta noche? Dijo que tendríamos una noche especial, que pasaría a comprar unas cosas al supermercado y luego me recogería.

Justo voy hacia la fiesta. —mentí.

Renne sonrió de lado.

¿Y esa maleta?

Otra mentira.

Pensé que podía pasar la noche en casa de Edward.

Oh, por supuesto que puedes. —apago el cigarrillo y se puso de pie. La vi rebuscar algo entre su bolso antes de dirigirse hacia mí— Toma esto, cariño. No puedo permitir que vagues hasta la casa de Jessica en vieja camioneta. Lleva mi auto.

Me entrego las llaves de su auto.

¿Es en serio?

Seguro. —beso mi frente— Lo que sea por mí, niña.

Deje caer la maleta, abrazándola. No podía evitar sentirme orgullosa. Mamá siempre fue del tipo alejada de nosotras, era una buena madre, pero no como Esme o la madre de Ángela.

Gracias, mamá.

Lo que sea, cariño. —acaricio mi cabeza— Cuídate.

Lo hare.

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La casa de Jessica estaba al otro lado del pueblo, opuesta a la mía. Por donde quiera que miraras, había gente bailando y tomando alcohol. En el patio trasero una gigantesca alberca, donde una orgia parecía estar sucediendo.

Me abrase a mí misma, había olvidado por completo traer una sudadera. Simplemente subí al auto de mamá con un pantalón de pijama a cuadros y una blusa de tirantes, y tire mi pequeña maleta a la parte trasera del auto.

Me debatía entre irme o quedarme.

No creía posible que Edward estuviese por aquí.

Alguien chocando contra mi hombro me saco de mis pensamientos.

Jessica se tambaleo hacia atrás, soltando risitas.

Iba vestida con un par de bragas y un sostén a conjunto, el pelo revuelto y el maquillaje corrido.

¡Pero mira quien está aquí! —chilló por arriba de la música— ¡Bells!

Bella. —corregí.

Sí, sí, lo que sea. —siguió bebiendo del vaso rojo en su mano— ¿Qué haces aquí de todos modos? No eres el tipo de chica que viene a mis fiestas. —se burló.

Ignore su insinuación.

Nunca nos habíamos llevado bien, ella sentía algún tipo de fijación asquerosa por Edward y yo protegía lo que era mio.

Estoy buscando a Edward. —me encogí cuando un chico paso a mi lado, casi empujándome. Se colgó de los hombros de Jessica. No tarde en reconocerlo. Era Tayler Crowley.

Ohhhh. —arrastro las palabras— Pero si es Bella Swan.

Comencé a irritarme.

Solo estoy buscando a Edward.

Tayler hipo.

¿Edward? No lo sé, creo que lo vi…

Lauren vino entonces, colgándose del brazo de Tayler como una novia toxica celosa. Exactamente lo que era.

¿Tú que haces aquí?

Bien. Creo que termine aquí.

Gracias. Me largo.

Me tope de lleno con alguien.

Levante la mirada para encontrarme con unos ojos azules divertidos.

Mira a quien me encontré. —aferro sus manos a mis brazos.

Mike. Suéltame. —dije entre dientes.

Espero otro minuto antes de quitar sus sucias manos sobre mí.

No seas dramática, Swan.

Viene a buscar a su novio. —Jessica dijo.

Mi gire hacia ella. Todos me rodeaban como a una presa. Jessica, Tayler y Laurent por atrás, Mike por delante. Me sentía asfixiada.

¿Edward? —Tayler cabeceo— Oh, sí. Vi a su hermana en la barra de la cocina. Estaba tratando de conseguir una follada de ese chico nuevo. ¿Jessie?

No es cierto.

¿Alice está aquí?

Esa perra está en cualquier lugar donde haya alcohol y hombres. —se carcajeo Jessica.

Aquello me molesto.

¡No hables así de ella!

Ahora entendía. Edward debía haber venido aquí por ella. Saqué mi teléfono para poder llamarle, pero me di cuenta que no tenía batería. La cosa estaba más que muerta.

¿Dónde la viste? —le pregunte a Tyler.

Él parpadeo lentamente.

Quizás por allá, o por allá, o por allá. —se rio, apuntando en varias direcciones.

Todos se rieron junto con él. Malditos imbéciles.

Idiotas.

Me salí de su estúpido grupito de borrachos idiotas. Camine hacia donde Tyler dijo que la había visto, la barra de la cocina. Tuve que esquivar varios cuerpos, chicas borrachas y tipos estúpidos, pero cuando al fin llegue, pude ver una pequeña chica de espaldas besuqueándose con un chico.

Me dije que sería mejor mantener mi distancia después de lo que había pasado ayer.

La pobre chica no se veía muy bien.

La culpa que había logrado contener todo el día y la noche se esfumo. Diablos, ella estaba así por mi culpa, la de Clarie y mi madre.

Todavía podía ver como la misma imagen. Todas las cosas que mi madre le dijo y le grito, las cosas que Clarie le dijo.

Se burló de ella, diciéndole que ella solo era una follada para mi padre.

Y sin embargo, yo vi el dolor en sus ojos. Ella lo ama. A pesar de que él la vio crecer y ella podría ser su hija, de alguna manera lograron llegar el uno al otro.

Me arme de valor y fui hacia ella.

Alice. —toque su hombro.

Su pequeño cuerpo se tambaleo hacia atrás. Él chico que la besaba, y tenía su cuerpo agarrado en formas que un chico no debía tener abrazada a una menor, la dejo ir fácilmente.

Alice se giró sobre sí misma. Sus ojos brillosos fue lo primero que vi. Llevaba una camisa oscura a tiras y pantalones cortos. Descalza. La nariz roja. Los labios cortados como si se hubiera peleado con alguien.

Dios.

¿Estas…? —intente tocarla.

Entonces su otra mano me dio un golpe. Una bofetada. Caí al piso de lleno. Me quede vacía, sin saber cómo manejarlo. La hermana pequeña de mi novio, la amante de mi padre, la niña que vi crecer y ayude a que lastimaran me acababa de dar una bofetada.

Alice…

Se dejó caer a mi lado, tomando mi cuello con su pequeña mano. Sus uñas enterrándose en mi cuero cabelludo.

¿A qué vienes a buscar, Swan? —su aliento a alcohol me dio nauseas— ¿Quieres ver como caigo un poco más en mi miseria?

Mi respiración se agito.

No quería hacerte daño. Lo que paso ayer…

Ustedes las Swan son unas putas hipócritas. —me soltó, dejándose caer contra la pared. Sus ojos se mostraban vacíos, mientras seguía mirándome— Me quitaron lo único que me mantenía en pie.

Estás hablando de mi padre, Alice. Mi. Maldito. Padre. Tiene una familia. Una esposa. ¿Qué esperabas que hiciera mi madre? ¿Sentarse a ver como destruyes su familia?

El rostro de Alice se retorció en una expresión de furia.

¿Destruir yo a tu familia? ¡Por favor! Si de eso ya se ocupó tu madre.

No la quería escuchar. Mi madre tenía razón. Alice se estaba volviendo loca por las drogas. Me puse de pie, dispuesta a salir de ese asqueroso lugar.

Antes de poder alejarme. Alice me tomó del brazo.

Me alegra saber que sufrirás lo mismo que yo. —maldad. Pura y liquida brillo dentro de sus ojos— Mi hermano, me pregunto que estará haciendo con tu hermana en una de las habitaciones en el piso de arriba.

Miente. No puedo creerlo. Está tratando de usar a Edward y a Clarie para lastimarme.

¿Qué demonios, Alice?

Alice se comenzó a reírse. Se dejó caer sobre el piso, mientras se revolcaba en el. Sus manos sobre su estómago y lágrimas de esfuerzo derramándose sobre las mejillas.

¡No es cierto! ¡Estas mintiendo! —grite.

No paro. Siguió y siguió. Hasta que su risa corto mi corazón, clavando la duda en lo profundo de el.

No puede ser…

Trastabille hacia atrás, miré a todas partes, intente encontrar a Edward. Suplique para que viniera a mi encuentro y me sacara de estúpida fiesta.

Alice hundió su cabeza sobre el suelo, gritando, riendo y llorando.

Camine y camine hacia atrás. La jodimos. Dios, la jodimos.

Choque contra el pasamanos de la escalera.

La sangre huyo de mi rostro, pero aun así lo hice, comencé a subir escalón a escalón.

El adormecimiento se empezó a adueñar de mi cuerpo, deje entrar a la nube gris sobre mi cabeza, las palabras de Alice adentrándose en lo profundo de mi mente.

Choque con personas. Ni siquiera les preste atención. Era como estar hundida en el fondo de una piscina. El agua me asfixiaba, la presión hacia que me doliese el pecho y mis pies sobre el piso se sentían pesados.

Llegue a la fuera del fondo, la última del pasillo. La ultima que estaba cerrada. Todas las otras habían estado abiertas, mostrando chicos drogándose, desnudos o solo dormidos.

Cerré los ojos cuando mis dedos tocaron la manija de la puerta.

Las lágrimas ya fluían libres por mis mejillas.

Abrí la puerta.

Y la imagen que vi allí adentro, me rompió el corazón. El rostro de mi hermana gemela se deformo en una expresión de horror, mientras que mi novio semidesnudo de espaldas la abrazaba.

Me rompí.

El dolor que sentí. Fue como si alguien hubiera atravesado mi pecho para sacarme el corazón.

Entonces él me miró también.

Y lo pude ver a través de sus ojos.

La mentira, la traición, el dolor.

Bella, no…

¿Cómo pudiste?

Bella…

¡Es mi hermana! —mi maldita hermana.

Clarie ni siquiera se movió. Simplemente se mantuvo sobre su lugar, encogiéndose detrás de Edward. Maldita cobarde.

¡No! —finalmente jadeó, revolviéndose entre los brazos de Edward— ¡Maldita sea, Bella!

No podía mirarla. Aferre mis brazos alrededor de mi cuerpo y me mantuve unida. Si flaqueaba un poco, terminaría por derrumbarme frente a ellos.

Mi cuerpo se sacudió por los sollozos que intente contener.

Vístete y larguémonos a casa. —ella era mi hermana. Me debía una buena explicación. Con respecto a Edward… no podía. No después de verlo con Clarie entre los brazos solamente envuelta en una sábana.

Ellos dos…

¿Por cuánto tiempo me han estado viendo la cara?

Hace unas horas era yo quien estaba entre sus brazos. Hace unas horas yo lo besaba y eran mis manos las que lo acariciaban. Ella me quito eso. Él también.

Nos lo quito todo.

Aferre una mano sobre mi vientre.

Bella. —Edward dijo después de dejar a Clarie sobre la cama. Odie ver como sus manos la tocaban.

Di marcha atrás.

Ni siquiera te atrevas. Me das asco. Lo acabas de terminar. Tú. Lo acabaste.

De verdad lo hizo.

Lo que sea que estés pensando, tienes que dejarme que te explique.

¿No decían que una imagen valía más que mil palabras? Había bastado una para romperme el corazón en mil pedazos.

¿Qué me expliques? —no resistí más. Avance hacia él y lo empuje. —¿Por qué no simplemente lo dijiste? Eres un cabrón. ¿Estuvo buena la follada? —dije entre dientes— Espero que te aprovechara.

Sus ojos verdes se llenaron de lágrimas.

Jamás te fallaría. —me tomó de las muñecas— Tienes que creerme.

¿Después de lo que vi?

Me zafe de su agarre y lo abofeteé.

¡No me mientas! ¡Maldita sea! ¡No más!

Me sostuve de la puerta. Todo el tiempo que estuve en Los Ángeles y ellos se acercaron. Pensé que solo eran amigos. Ahora entiendo. Eran amantes desde entonces, mientras yo lloraba la muerte de Marie, ellos estaba aquí burlándose de mí.

Ahora entiendo. Ustedes dos. Me dan asco. —solloce.

Simplemente dejo caer sus manos. Lo vi rendirse frente mis ojos. Me pregunte cuanto había tenido que fingir.

Golpee la pared.

¡Di algo! Te lo exijo. —grite.

No dijo nada. Camino hacia mí, me tomó en mis brazos a pesar de mi resistencia. Me deje caer sobre su pecho, jadeando y sollozando.

Dime que no es cierto, dime que no lo hiciste. Dime que no lo hiciste. Dime que no. Dime. —susurre, casi imperceptible, como una plegaria.

Por favor. Solo dilo.

Solo dilo.

No me dejes.

No nos dejes.

Por favor.

Pero él no dijo nada. Él no lo negó. Me dejo saberlo a través de su silencio. Él nos dejó ir.

¡Suéltame! —me zafe de su agarre y lo abofeteé de nuevo— ¿Cómo pudiste? ¡Eres un cabrón! ¡Maldito! —golpee su pecho, intentando de alguna manera lastimado. De alguna forma, sabía que nunca podría saber el gran dolor que me provocaba. El vacío que estaba dejando sobre mi pecho— ¿Cómo? ¡¿Por qué, Edward?! ¡¿Por qué?! —solloce y caí al piso con el rostro enterrado entre mis manos— ¡¿Por qué?! —grite— Es mi hermana….

Intente tomarme en mis brazos de nuevo. Tomó mi rostro entre sus manos, sus ojos verdes suplicantes.

Te…

No lo valía.

No lo digas. No te atrevas. Todo lo que sale de tu boca. —dije— Creo que no es necesario que lo diga, pero no quiero volver a verte.

Bella... —Clarie intento hablar.

Me levante del suelo, dejándolo a mí a sus pies. Limpie mis lágrimas y esboce una sonrisa dura.

Todo el amor que alguna vez sentí por ellos, se convirtió en odio en ese momento.

Lo lograste, Clarie. Me has quitado lo único que más amaba en este mundo. Mama tiene razón, no eres más que basura. Un desperdicio desde que las dos compartimos útero. Lo juro por Dios, no quiero volver a verte. ¿Ustedes dos?...

Se terminó.

—… se merecen el uno al otro.

Salí de la habitación corriendo. Baje las escaleras entre lágrimas, usando mi cabello para evitar que nadie me mirara. Al salir de la casa de Jessica el aire fresco impacto contra mi rostro.

Nunca me sentí más sola.

Subí al auto de mi madre y arranque sin ninguna dirección.

.

.

Positivo.

Deje caer el palillo de plástico.

Había pasado una semana desde esa horrible noche en la que me arrancaron el corazón a carne viva.

Hoy, otro pequeño corazón latía dentro de mí. Pero no era el mio, era el de mi pequeño capullito.

Las lágrimas no tardaron en venir.

Te cuidare, capullito. No te preocupes. —susurre, abrazando mi vientre— Solo seremos tú y yo, te lo prometo.

Y era una promesa que pensaba cumplir al pie de la letra. Nada ni nadie lo arrancaría de mi lado. Él o ella era mio.

Mi pequeño capullito.

Solo mio.

.

.

"Todo lo que te di se ha ido. Cayó como si fuera de piedra."

.

.

¡Hola, nenas! Aquí le dejo este capitulito que ya muchas esperaban. El punto de vista de Bella de todo lo paso la noche que descubrió la infidelidad de Edward. Ya vieron como sucedió, y tal como lo dijo Bella unos capítulos antes, tanto Renne como Alice la guiaron, una hacia la fiesta y otra a la habitación. Aprovecho para aclarar que no actuaron juntas, no olvidemos que Alice para este momento ya mantenía una relación con Charlie. Ahora, lo que pasa y lo explico antes de que se me revuelvan, es que Bella un día antes estuvo el día que Renne descubrió que Charlie le era infiel con Alice y la confronto. Alice salió muy lastimada desde ese día, por lo cual, sumado a que planeaba una noche con sus padres (eso se ve en el capítulo 36) y la dejaron para irse a cenar con Renne y Charlie, hizo que se saliera de control todo. Ese será un EXTRA que tendremos una vez que finalicemos la historia. Ya saben, les había comentado de varios capítulos EXTRA que voy a publicar después de dar por terminada la historia para que no quede ninguna duda, eso incluye como se descubre que Alice y Charlie tenían una relación. Sin más que decir, también vemos que Bella ya sospechaba estar embarazada. Y lo confirmo, el mismo día que le rompieron el corazón. Algunas me decían que Bella parecía muy rencorosa con Edward, pues ya ven porque, nuestra chica tenía sus razones. Al menos la Bella del presente ya sabe que Edward nunca la engaño de esa manera. Gracias por leerme, ¡besos!

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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