Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
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Red Hot Chili Peppers – I Could Die For You
Su labio inferior tembló hasta que se soltó a llorar.
Me partió el alma verla de esa manera. Miré a su habitación, notando lo lúgubre que se veía con las cortinas corridas, la ropa tirada por todas partes y la cama desecha.
Esta no era Alice. No era mi hermana. Esta era una versión retorcida de la niña que alguna vez perdió sus sueños.
Mi rabia se fue difuminando poco a poco, hasta que solo quedo la tristeza.
Jale su brazo, invitándola a un abrazo. Odie la expresión aterrorizada de su rostro, causada por mi arrebato. Me obligue a dominar mi rabia. Esta era mi hermana.
Su rostro se encajó entre mi cuello y mi rostro.
—Perdón. —susurro con la voz rota.
Acaricie su cabeza.
—Estoy muy enojado.
—Lo sé. —ahogo las palabras sobre mi piel.
Su delgado cuerpo se sacudió.
—Alice, ¿qué demonios? Escuche lo que dijiste. Esa no eres tú. ¿Bella muerta? Es la madre de mi hijo.
Deje que se alejara de mi toque. Sus ojos llorosos y rojos, su nariz congestionada y lágrimas por su rostro. Sus labios estaban resecos y el rostro pálido.
—No sé qué me está pasando. —lloriqueo— Me siento... —dudo— me siento como la mierda. Mi vida es una mierda. Y todos aquí me odian. Mamá está triste todo el tiempo por mí y papá no hace otra cosa que decir necesitas tiempo. Pensé que venir aquí me ayudaría a reconciliarme con mi pasado, no está pasando.
Sus manos temblaron mientras hablaba. Las tomé entre las mías, mirando a sus ojos directamente.
—Necesitas ayuda, Alice.
Se soltó de mi agarré.
—Sabía que dirías eso. Piensas que estoy loca. —se abrazó a si misma— Tanya dijo que ustedes podrían pensar eso...
Aquello me encendió de nuevo.
—Tanya no tiene nada que decir sobre nosotros. Maldita sea.
—¡Es mi amiga!
No me importaba que fuera su amiga. Podía ser lo que quisiera. Después de nuestro encuentro, no confiaba en ella.
Miré por todo el piso hasta que ubique el teléfono de Alice.
—Con ella estás hablando, ¿no? —era más una pregunta retadora. No necesitaba respuesta.
—Me escucha. —quito suaves mechones negros de su cara. Su cabello era un total desastre. ¿Su ropa? Usaba pijamas holgadas y sin color. Seguí mirándola, intentando encontrar la manera de llegar a ella.
Algo me decía que si escarbaba un poco más, daría en el punto.
Conocía esa mirada. Estaba perdida. Después de todo lo que me contó. De las horribles cosas que paso con Jasper, el abuso, alcohol y drogas. No me podía permitir pasar por alto sus palabras.
Algo estaba sucediendo en esa pequeña cabecita suya. Me preocupaba qué esta vez no supiera el camino de vuelta.
—Algo no está bien. ¿Qué es lo que realmente está pasando?
Negó.
—Nada.
El sudor se acumuló en sus sienes.
—¿Nada? —apunte a la habitación y luego a ella— ¿Nada? Será mejor que encuentres una excusa mejor.
La vi trastabillar sobre el lugar que estaba parada. Antes de que me diera cuenta, sus rodillas impactaron contra el suelo. Corrí hacia ella para tomarla en mis brazos.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Sus manos se aferraron a mi camisa.
—Perdóname. Perdón por lo que te hice. Todo es mi culpa. Merezco el peor de los castigos por arruinarte la vida.
—Tú no hiciste nada, Alice. Mentiste, porque eras una adolescente voluble. Y me decepcionaste y me sentí herido, pero no por eso deseo castigarte. Yo también cometí errores. Errores que todavía no soy capaz de describir o superar. Deja de hacerte esto. Esta no eres tú.
Tomé su teléfono, o lo poco que quedaba de ello, tirado a nuestro costado. Lo puse frente a su rostro.
—Tanya no tiene nada que decir al respecto. Si necesitas de alguien, recurre a nosotros. Tu familia, no Tanya.
Lagrimas bajaron por sus mejillas.
—¿No me odias?
No podía mentirle.
—Nunca podría. Desee, por un segundo, hacerlo cuando supe lo que nos hiciste a Bella y a mí. Ahora no puedo ver como cambio eso todo. No solo fuiste tú. Fue Renne y Clarie también. Incluso Bella. Y yo. Desde el momento en el que decidí no decirle a Bella sobre mi enfermedad todo se fue al carajo.
Sus dedos temblaron cuando tomó el teléfono en su mano. Miro la pantalla rota desquebrajada.
Al hacerlo, la funda que rodeaba al celular brillo contra la luz. Vi como sus ojos revolotearon.
—Volví a consumir.
Fue lo único que dijo.
En el fondo de mi corazón, lo había sabido de alguna manera mucho antes de que las palabras salieran de su boca. Su cuerpo lo gritaba a gritos.
—Lo sé, enana.
—Tengo que irme. Cada segundo que paso en este lugar me marchito un poco más. Me recuerda a la persona cruel que fui en el pasado. Se filtra por todos lados, destruyendo todo lo que logre construir durante todos estos años.
No pensé como irse de casa la ayudaría. Pero de pronto, me encontraba reflejándome en ella. Una vez tuve que irme de Forks para que no terminara por completo conmigo.
—¿Regresaras a NY?
Su barbilla hizo un movimiento afirmativo.
—Puedes quedarte. —pase mi mano por su mejilla hasta aferrarla contra su nuca— No tienes que irte.
Puso su mano alrededor de mí muñeca.
—Tengo que hacerlo. Si me quedo aquí... me convertiré en alguien peor que Renne. Amo a Charlie, pero es un amor corrompido. Y amo a mi familia, pero es momento de reconocer que no les hago bien. Necesito regresar al lugar que una vez me dio paz, Edward.
Me esforcé para aceptar su decisión.
—¿Qué pasa con la recaída?
—Tengo un buen grupo de ayuda y un excelente psiquiatra. Solo prométeme una cosa...
—¿El qué?
—Que no te enojaras con Tanya. Ella solo me ha escuchado y comprendido. Cuando la vi por primera vez en el hospital pensé que era una mujer con una muy buena fachada. Ahora veo que es un buen ser humano.
No compartía su punto, pero si eso hacía sentir feliz a Alice. Podía hacerlo.
—Es una buena amiga.
Suspiro pesadamente.
—¿Me ayudas a decirle a Esme y Carlisle qué me marchó?
Podía imaginar cómo se sentirían ante la partida de Alice.
—Puedo.
—¿Edward?
—¿Sí?
—Perdón no es suficiente para curar las heridas del pasado. Pero es lo único que tengo. Perdón. No deseo que Bella muera. Soy estúpida, y tengo una boca muy grande, digo tonterías sin sentido. Es la abstinencia hablando.
Acaricie con mi pulgar su mejilla. Sus lágrimas húmedas contra mi piel.
—Y tú prométeme que estarás bien.
Se rio entre lágrimas.
—Es momento de decir adiós. Forks no es para mí, pero lo es para ti. He sido egoísta por suficiente tiempo. Mereces ser feliz, Edward.
—Si eso es posible.
—Lo es. Si tú me prometes luchar por ello, entonces yo te puedo prometer que voy a estar bien.
Junte mi frente con la suya.
—¿Así sea con Bella?
Se aferró a mis hombros.
—Ustedes dos pertenecen juntos. Cualquiera pensaría que eres un cretino hijo de puta por abandonarla. Yo sé que no. —sus ojos vieron a través de mí, hasta mi alma— Algo me dice que has tenido que atravesar el mismísimo infierno para volver a ella.
No sabía cuenta verdad había en sus palabras.
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Esa misma noche, Alice hablo con todos en la familia. Emmett nos esperaba afuera de su habitación con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho. Nos siguió a la sala de estar, donde mi madre estaba sentada sobre el sofá largo en medio de la habitación. Carlisle no debía tener mucho de haber llegado del trabajo. Sus manos sobre los hombros de mi madre describían la preocupación que tenía en tensión todo su cuerpo.
Kate y Garrett se mantuvieron en una esquina de la habitación.
Rosalie abrazo a Emmett por detrás, poniendo su frente sobre su espalda. Como si supiera que de un momento a otro, mi hermano necesitaría ser sostenido.
Mientras Alice relataba lo que había vivido estos últimos días, las mujeres de la habitación se soltaron a llorar.
Le habíamos fallado dejándola sola. Navegando entre la oscuridad de su mente. Había vuelto a consumir la noche de nuestra última discusión, el día que escuche su llamada con Charlie.
Vi como el corazón de mi madre se partió en dos cuando Alice anuncio su partida. Emmett se mantuvo estoico, sin embargo atrajo a Rosalie a un abrazo apretado, escondiendo el rostro entre su cabello.
Yo y mi padre nos miramos, comunicándonos silenciosamente.
Ambos habíamos notado la presencia de una persona constante dentro del relato de Alice.
Tanya.
Esa misma noche, Alice partió en el auto de Carlisle hacia el aeropuerto. Sostuve a mi madre entre mis brazos mientras su cuerpo se agitaba llorando en silencio.
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Cuide del sueño de Esme hasta que mi padre regresara del aeropuerto de Seattle. Eso le tomaría por lo menos un par de horas.
Mamá estaba escondida entre las mullidas mantas de su cama matrimonial. Sus mejillas se mantenían arreboladas por todo el tiempo que había pasado llorando. De vez en cuando se removía entre sueños, llamando a Emmett, Alice y a mí, incluso a mi padre.
La partida repentina de Alice nos había dejado un sabor amargo a todos. No estaba seguro de cuánto tiempo aguantaría Esme hasta tomar un vuelo NY para estar al lado de Alice.
Su corazón se dividía de nuevo.
La vibración de mi teléfono en mi bolsillo delantero me saco de mis pensamientos abruptamente.
Un mensaje de Bella.
"Rosalie me llamó. Siento mucho lo de Alice. Si quieres hablar, aquí estoy. Un equipo, ¿recuerdas?" —BS.
"Un equipo. Siempre." Titubeé un poco para escribir lo siguiente "Te quiero. Dale un beso de buenas noches a Thomas por mi" —EC.
Miré el teléfono por una respuesta, pero después de unos minutos, esta no llego. Un par de toques en la puerta me distrajeron, haciendo que dejara el teléfono en una de las mesitas de noche de mis padres.
Kate entro a la habitación. Vestía una sudadera que alguna vez le había visto a Garrett y pants gigantes.
En sus manos sostenía una taza de algo humeante.
Se sentó a mi lado en el sofá en L. Dejó la taza sobre la mesita de noche, echándole un vistazo preocupado a Esme.
—Traje té de manzanilla. Esme me hacia uno cada vez que visitaba mi habitación por las noches después del aborto. —dijo.
Aquello llamó mi atención.
—¿Visitaba tu habitación?
Me dio una sonrisa triste, más melancólica.
—Trata de verme fuerte para todos, pero no lo hacía. Por dentro me estaba marchitando. Ella visitaba mi habitación todas las noches, me sostenía mientras lloraba y después me ofrecía un poco de té. —junto sus manos sobre su regazo— Odio verla así.
—La partida de Alice la acabo. —me recargué sobre mis rodillas— Y en parte siento que es mi culpa, si no la hubiera confrontado…
Kate suspiro.
—Alice necesitaba marcharse de una vez por todas, Edward. Esme todavía no lo comprende, pero creo que todos nosotros sí. Tú lo haces, yo lo hago. La Alice que rondaba por los pasillos de esta casa no era la Alice que conocíamos. Regreso a ser la chica apagada y recelosa que un día fue. La luz de sus ojos se extinguió. Guarda mucha culpa dentro de ella.
—Una parte de la culpa que guardamos todos, ¿no?
Dejo caer su cuerpo hacia atrás, tomando una de mis manos entre las suyas.
—Y que lo digas.
Apreté su agarre entre mis dedos.
—Se siente como un cierre.
—Alice va a estar bien. —dejo caer su cabeza sobre mi hombro.
Hice lo mismo. Juntos encajamos. Ella sobre mi hombro y yo sobre su cabeza.
—¿Qué pasa con Garrett?
Jugueteó con mis dedos antes de responder.
—Siempre pensé que era cien por ciento lesbiana. Y de pronto viene él y derriba todos mis muros. Me hace sentir segura y protegida. Nunca obtuve eso de Irina. Siempre me sentí en segundo plano con respecto a su familia. Garrett no tiene problemas en decirme lo mucho que le gusto.
—No creo que solo le gustes. —asegure.
—Puede ser. De todas formas, es hábil con las palabras y hace que sienta tantas mariposas en el vientre que a veces me dan náuseas.
Reí.
—Linda metáfora.
—Él es el romántico, no yo.
—¿Entonces…?
—Creo que le quiero también.
—Esa es mi chica.
Me dio un manotazo en la pierna.
—Calla, hombre.
Los dos nos quedamos en silencio después de eso. En un par de minutos, la respiración de Kate se volvió baja y rítmica. Me estire para apagar la luz de la lámpara. La habitación quedo entre las sobras.
No pude evitar revisar mi teléfono una vez más.
Un mensaje.
"Yo también te quiero" —BS.
Unos suaves toques en mi hombro me despertaron. Abrí los ojos pesadamente, mientras me removía en el sofá.
Los ojos turquesas de Garrett me devolvieron la mirada.
—Si no fueras su mejor amigo, joder, tio. Podría ponerme celoso.
Kate sobre mi brazo tenía mi extremidad hormigueando. Su cabello de hebras doradas regado por todo mi hombro y cuello.
Pase una mano por mi rostro soñoliento.
—Imbécil.
—Con tu permiso.
Se agacho sobre sí mismo, tomando a Kate en sus brazos. Ella no se movió mucho más que para recargar su cabeza sobre su pecho. Garrett me guiño un ojo y se giró sobre sí mismo.
Antes de salir por completo de la habitación, susurro.
—Carlisle esta abajo hablando con Emmett. Quizás quieras escuchar.
Asentí, poniéndome de pie. Agarre mi teléfono y lo guarde en uno de los bolsillos de mi pantalón. Revise a Esme, no sin darme cuenta que la humeante taza de té estaba vacía.
Bese su cabeza antes de salir.
Baje las escaleras, pensando sobre el último mensaje de Bella. Había evitado enviarle un respuesta extra, tratando de no hacerla sentir presionada.
Cualquier paso en falso podía poner en peligro lo poco que habíamos logrado construir en las pocas semanas.
Escuche las voces de Carlisle y Emmett hablando mucho antes de entrar a la sala de estar.
Encontré a Emmett sobre uno de los sillones, mientras que mi padre estaba de pie, tomando de un vaso un líquido ámbar. Probablemente algo de burbon. Mi padre solo tomaba alcohol en momentos realmente necesarios. Como fechas especiales o, cuando el estrés lo sobrepasaba.
Lo entendí. No debía ser fácil haber tenido que llevar a Alice al aeropuerto de regreso a NY, en tanto mamá se quedaba con el corazón partido tras ellos.
Ambos notaron mi presencia.
—¿Qué tal Alice? —fue lo primero que pregunte.
Carlisle termino con todo el líquido de su vaso de un solo trago.
—La hice prometer que nos llamaría todos los días.
—No lo sé, papá. —Emmett discutió— Esta allá sola, enfrentándose a todos sus demonios.
—Era lo que ella quería. —murmure, sentándome en uno de los reposabrazos del sofá enfrente de Emmett.
A través de la mesita de noche me fulmino con una mirada.
—Sabemos el resultado de creer que puedes hacer las cosas solo. De vez en cuando lo único que necesitas es a tu familia, Edward.
Golpe bajo.
—Obligarla a quedarse no hubiera ayudado a resolver nada.
Carlisle carraspeo.
—Su madre y yo la iremos a comprobar en un mes. Es todo lo que le daremos.
—Bien. —repetimos Emmett y yo al mismo tiempo, lo que pareció hacer que se relajara.
Lo vi ponerse de pie con un suspiro.
—Iré a con Rosalie. Probablemente mañana estemos de regreso para Port Angeles. El negocio necesita más de nosotros últimamente.
Paso a mi lado, palmeándome un hombro. Papá tomó su asiento en su lugar. No me moví de mi lugar, sabía que teníamos un par de temas a tratar. Habíamos estado aplazando una conversación.
Cuando Emmett salió de escena completamente y escuche la puerta de su habitación ser abierta y cerrada luego de un minuto, fui el primero en hablar.
—¿Qué pasa con Chicago?
Papá pasó una mano por su rubio cabello, despeinándolo. Un gesto que muy bien yo había heredado de él.
—El mismo día que me fui recibí un correo de parte del departamento de policía. Querían volver a abrir el caso de la muerte de Clarie.
Resistí la agitación que vino directamente desde mi pecho. Me obligue a mantener la misma apariencia.
—¿Qué encontraron?
Los labios de mi padre se convirtieron en una línea fina.
—Más pruebas contra ti.
—¿Eso qué significa?
—Encontraron una huella digital. No es totalmente factible, debido a que ya habíamos comprobado antes que el sujeto intento incriminarte. Sin embargo, sigues teniendo una cuartada sólida, no solo por la declaración de Garrett, sino también por los videos de seguridad del edificio de Cullen Construction en Chicago.
Asentí. Él siguió hablando.
—Los desestime con eso. De todos modos, la huella que lograron encontrar no es leíble según la base de datos.
—¿Cuándo de coincidencia? —pregunte.
—Cincuenta y cinco por ciento.
—No lo suficiente.
Carlisle era el mejor en lo que hacía, por algo se había convertido en mi abogado desde la muerte de Clarie. El había dirigido toda la investigación de manera que terminara lo más rápido posible.
—¿Quedo definitivamente cerrado?
Extrajo un papel de su maletín.
—Caso desestimado. —me entrego la carpeta. La maneje entre mis dedos, no seguro de querer leer el informe.
Papá lo resolvió por mí.
—No me gusta la influencia que Alice describió por parte de Tanya, Edward. Tienes que mantener un ojo sobre ella. Es un peligro.
Recordé mi último encuentro con ella.
—Discutimos. No creo que vuelva por aquí por un par de semanas.
—Era amiga de Clarie. La teníamos de nuestro lado cuando la policía estaba tras tu pista. No sé qué tan contraproducente pueda ser alejarla en estos momentos.
Deje la carpeta sobre la mesita de centro, olvidándome por el momento de ella.
—Incomoda a Bella. No quiero poner en riesgo mis avances por ella.
—Pones más en riesgo si no la vigilas.
Recargué mi barbilla sobre mis manos.
—Veré que puedo hacer.
—Manéjalo con cuidado. —se volvió a inclinar sobre su maletín— Recibí este informe a mi oficina. —saco un sobre más grande— Viene de parte de J. Jenks.
Me di cuenta de lo que eso significaba. Jenks había desobedecido mis órdenes.
—Dijo que lo enviaría al final de la semana a mi correo electrónico. —tomé la carpeta.
Papá se puso de pie. Lo vi tomar la botella de burbon y rellenar su vaso de nuevo.
—J es un viejo astuto. Y está dentro de mi nómina. —bebió al menos la mitad del alcohol— ¿Por qué investigas a James Whitlock?
Me tomé mi tiempo antes de responder a su pregunta.
—Tuve un altercado con él fuera de la casa de Bella. Me golpeo. Necesitaba saber más de él.
—Lo revise antes. Esta limpio.
Confiaba en que mi padre lo hubiera hecho antes que yo.
—Quiero saber más sobre su relación con Alec.
Carlisle se sentó esta vez en la esquina de la mesita de noche.
—Puedo entender que quieras tener un ojo sobre Alec y él, pero te aseguro que no son un riesgo ninguno de los dos. Con respecto a Alec y Renne, tengo a alguien siguiéndoles la pista. No confió en ellos.
No me sorprendía que mi padre los tuviera vigilados.
—¿Has logrado descubrir algo?
Carlisle pareció pensativo.
—Se hospedan en un hotel de Port Angeles. Renne no sale mucho de la habitación, pero suele visitar una tienda naturista al menos tres veces a la semana. El 666 de la Aurora Ct. Después de eso, no hace mucho más que regresar a su hotel.
—¿Alec esta con ella? —quise saber.
—La visita, pero no están juntos.
Ese hecho era extraño. ¿Por qué si ya no había nada que les impidiera estar juntos no lo estaban?
—Quizás sepan o sospechen que tenemos un ojo sobre ellos.
Carlisle frunció el ceño.
—Deje que Renne me subestimara una vez, no lo volverá a hacer. Tuve suficiente con todo el daño que le provoco a esta familia. La próxima vez que piense en hacerlo, le tendré una sorpresa.
El gesto fiero en el rostro de mi padre me demostró que cada una de sus palabras eran reales. Si algo era seguro en Carlisle y Esme, es que harían todo por protegernos.
—Voy a salir de viaje con Bella.
Mis palabras lo dejaron evidentemente descolocado.
—¿Dónde?
—Vancouver. No se lo he dicho a nadie, eres el primero al que se lo digo.
Apretó mi hombro en signo de apoyo.
—Me alegra por ti, hijo. Ustedes dos se aman. Merecen saber si aún pueden formar una vida juntos.
Sus palabras dejaron un nudo en mi garganta.
—Bella quiere que le digamos a Thomas que soy su padre. —dije.
Hizo un gesto afirmativo.
—¿Y qué quieres tú? —pregunto.
—Quiero ser el padre que no he podido ser en los últimos cinco años. Quiero darle mi apellido, y que nunca nadie más nadie vuelva a creerse con el derecho de llamar a mi hijo bastardo, —había escuchado los rumores en el pueblo— y quiero darle un hogar, pero sobre todo, quiero que sea feliz.
Los celestes ojos de mi padre se llenaron de compresión.
—Entonces hazlo, y no te rindas hasta lograrlo.
Toque su mano sobre mi hombro en signo de agradecimiento.
—Gracias, papá. Todo lo que has hecho por mí durante los últimos meses…
Quito su mano de bajo de la mía, solo para palmearme la mejilla. Dentro de sus ojos ya no vi más la comprensión, sino el profundo amor que me tenía.
—Lo que sea por ti, Edward.
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Tres días después, mi madre y yo estamos en una video llamada con Alice.
Nos sonrío desde el otro lado de la pantalla, sus mejillas ya no lucían tan afiladas, estaba recuperando peso de nuevo, sus ojos brillaban de nuevo y una suave sonrisa adornaba sus labios.
—¿Qué tan NY, cariño? —pregunto Esme. A pesar de que trataba de pregúntalo con entusiasmo, se puedo escuchar un tinte triste en el fondo de su pregunta.
—Se siente como si al fin pudiera respirar de nuevo. Extrañaba mi apartamento y volver a trabajar. Me ofrecieron un espacio dentro de una pasarela el en seis meses. No puedo esperar para comenzar a diseñar.
—¿Qué tal el grupo de ayuda? —esta vez pregunto yo.
Alice se pasó una mano por el cuello como signo de nerviosismo antes de contestar.
—Me va muy bien. Aunque hay días que quisiera tomar un vuelo y regresar a casa con ustedes, Daniel, el jefe del grupo, me recuerda que es necesario recupérame antes de volver.
Mi madre busco mi mano bajo la mesa.
—Iremos a visitarte, cariño. Dentro de un par de semanas. No te vamos a dejar sola.
Los ojos de Alice se llenaron de lágrimas.
—Lo sé, mamá. Emmett me llama todas las mañanas, Kate envía memes a nuestro grupo de WhatsApp y Rosalie me comprueba cada noche. Sé que no estoy sola. Y los quiero mucho.
Esme apretó su mano alrededor de la mía.
—Solo han sido tres días y ya se sienten como otros cinco años.
—Prometo que esta vez no será tanto tiempo.
Se escuchó una voz del otro lado. Alguien llamándola. Alice se inclinó fuera del rango de la cámara y contesto rápidamente.
—Lo siento, me tengo que ir. —murmuro en disculpa cuando regreso en el campo de visión— Los quiero. ¿Puedes darle un beso de mi parte a papá, mamá?
—Claro que sí, nena.
—Bien. Los amo.
—Y nosotros a ti. —respondió mi madre. Después, la pantalla se volvió negra, dando por finalizada la videollamada.
Esme suspiro temblorosamente.
—Ella luce mejor, ¿cierto?
Bese su sien.
—Esta menos pálida.
—Bien. Bien. Eso está bien. ¿No? —sorbió su nariz, evitando las lágrimas— Tu padre dijo que podemos ir a verla el siguiente mes.
—Eso suena perfecto.
Mi miró a través de sus verdes ojos tan parecidos a los míos.
—Quizás puede ser un viaje familiar.
Sería bueno. Demostrarle a Alice que siempre estaríamos ella y darle la oportunidad a mis padres de que finalmente conocieran su entorno en Nueva York.
—Suena como un buen plan.
Subió su mano, acariciando mi mejilla.
—No quiero que te dejes llevar por la partida de Alice o por mí. Ya estoy vieja y lloro con facilidad. Tu viaje con Bella es importante también hijo. Ellos también son tu familia.
Tan perceptiva como era, claro que había visto las tuercas de mi cerebro ajustarse. Llevaba analizando desde ayer si seguía siendo tan buena idea irme de viaje a Vancouver con Bella. Estábamos pasando un difícil momento por la partida de Alice.
Me di cuenta que si daba marcha atrás con el viaje, mi madre se sentiría culpable. Y lo peor, renunciaría a mi oportunidad con Thomas. La oportunidad de decirle que soy su padre.
—Lo sé, mamá.
—¿Qué tal tu equipaje y el de Max? ¿Lo tienes listo?
—Todo listo. —asentí.
—¿A qué hora sale su vuelo?
—Bella me mandó un mensaje por la noche. Al parecer sale a las tres de la tarde.
—Me encanta que Bella y tú se estén dando esta oportunidad, mi niño. Se la merecen.
Tomé su mano, que aún estaba acariciando mi mejilla amorosamente, y bese la palma de su mano.
—No la voy a defraudar, sea lo que sea, voy a estar ahí para ella y para mi hijo.
En ese momento, Kate entro a casa junto a Garrett. Habían ido al pueblo a tener un desayuno tardío en una invitación espontanea que mi amigo le hizo a Kate.
Esme les sonrió, tratando de no lucir afectada por la reciente llamada de Alice.
Sin embargo, Kate se sentó a su lado en el apoya brazos y la abrazo, pasando una y otra vez la mano sobre su brazo.
—¿Qué tal?
—Ella está bien. —mamá tomó sus manos y beso la frente de Kate— Hora de ya no llorar. Hoy vendrán Emmett y Rosalie a cenar, ¿quieren acompañarnos?
Garrett se encogió de hombros despreocupadamente.
—No tenemos planes. Y me encanta tu comida, Esme.
Un suave rubor inundo las mejillas de mi madre.
—Tan adulador como siempre. —se puso de pie, echándole una mirada a Kate— ¿Quieres acompañarme a la cocina, cariño?
—Me encantaría.
Kate nos guiño un ojo, para luego irse tras mi madre, Antes de desaparecer del todo en la cocina, Esme se giró de nuevo, apuntándome con su dedo indice.
—No te vayas sin despedirte.
Aquello hizo escocer heridas viejas. Ignore la incómoda sensación en mi pecho.
—Promesa.
Nunca más, me prometí a mí mismo.
Garrett me palmeo la espalda.
—Y tú galán, ¿a qué hora te vas?
Vi la hora en mi reloj de mano.
—En menos de una hora.
Le hice un gesto para subir las escaleras, tomando el monitor que me ayudaba a escuchar a Max mientras dormía a la distancia. Tomé mi laptop también para llevarla conmigo. Nos adentramos en la habitación, donde Max dormía en la cama con muchas almohadas rodeándole.
Deje la laptop en un buro.
Garrett señalo a Max en la cama con la barbilla.
—¿No crees que no es buena idea dejarlo dormir cuando tienes un vuelo por delante?
Me dirigí a las maletas a un costado de mi closet.
—Es un vuelo de menos de una hora. —le eche una mirada— Si no lo dejo dormir su siesta, entonces si estaría de mal humor.
Me quite la camiseta que traía sobre la cabeza. Pensaba viajar con ropa cómoda, nada demasiado abrigado o caluroso.
Con el rabillo del ojo vi a Garrett sentarse al filo de mi cama.
—Luce bien. —apunto a mi espalda.
Alce un hombro.
—Siempre tienen el mismo aspecto.
—Deberías ponerle un tatuaje o algo.
—¿Sobre las cicatrices? —yo ya lo había pensado, pero ahora veía que Garrett también.
Las usaban para ayudarme a no olvidar. Cosas oscuras en lo profundo de mi mente.
—Ya no hay razón para que las tengas como un recordatorio. —sí, él lo sabía.
Suspire, metiendo otra camisa simple sport por mi cabeza antes de responderle.
—¿Papá hablo contigo?
—Lo hizo. —respondió.
Tomé mi maleta de bolso y una pequeña valija que contenía todo lo necesario para Max. Los deje al lado de su cama y me senté a su lado.
—Me llamaron para saber si quería rectificar mi declaración. Les dije que no. Que seguía sosteniendo lo mismo y que si me llamaban de nuevo me aseguraría de que mi abogado les hiciera una visita.
—Y tú abogado resulta ser mi padre.
Cabeceo.
—Más o menos.
Ambos nos quedamos mirando a la nada.
—¿Te arrepientes? —susurro por lo bajo, casi imperceptiblemente.
Nunca hablábamos del tema, pero supongo que mencionar Chicago, las cicatrices y la muerte de Clarie removió algo en él. Pero si alguien podía preguntarme, era Garrett. Él conocía todo de mí.
—Me arrepiento de muchas cosas, pero de la que más me arrepiento es de todo lo que he tenido que decir desde que vine a Forks. Al principio fue facial por el shock postraumático que sufrí cuando murió, pero después tuve que tragarme la rabia y el odio y hablar de ella como si fuera una santa. Me enfrente a mi hermano, le dije que no me arrepentía y casi lo pierdo. Tuve que mirar a Bella a la cara y decirle que me había casado con ella y que la había amado cuando solo fueron puras mentiras. Me esforcé. A estas alturas, soy un experto mintiendo. —reí agriamente— Mi mente trabaja de una manera diferente, pero supongo que arrepentirse ya no sirve de nada cuando hoy estamos aquí.
Garrett golpe mi hombro con su propio cuerpo.
—Creo que estoy enamorado de Kate.
Permití que me distrajera.
—No me lo digas. —dije sarcásticamente, un poco de mi humor negro yéndose con las palabras.
Garrett pasó las manos por sus muslos nerviosamente.
—Me conto sobre su preferencias sexuales, sobre Irina y el aborto. Y mientras me lo contaba, la sentí más y más alejada, creo que en algún momento creyó que eso me haría dar marcha atrás. No lo hizo. Simplemente me ayudo a reafirmar mi idea sobre ella. La quiero. —me miró— Y posiblemente para siempre.
—¿Matrimonio?
Se rio, sus ojos brillando avergonzados. Nunca había ocultado su necesidad de formar un hogar. Un verdadero hogar. Garrett venia de una familia disfuncional, donde a día de hoy nadie dedicaba ni una mirada. Con padres divorciados y sin ningún hermano.
—Y la casa, el perro y los hijos. O lo que ella quiera. Lo importante es estar juntos.
Negué.
—No puedo creer que mis dos mejores amigos… —deje incompleta la frase, pero de todas maneras me entendió perfectamente.
—Es la vida, amigo. La jodida vida que te lleva a lugares donde nunca pensaste estar.
Deje salir un resoplido.
—Y sí que lo hace.
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El auto de Bella se mantenía en silencio mientras ella manejaba. De vez en cuando la veía dar miradas por el espejo retrovisor al asiento de atrás para asegurarse como iban Thomas y Max. Thomas iba entretenido con su tableta, mientras que Max jugueteaba con sus manos, sacándolas y metiéndolas de su boca.
Íbamos en dirección al aeropuerto de Seattle.
La vi maniobrar sobre la palanca de cambios.
—¿Qué? —pregunto, mirándome esta vez. Había notado que la estaba observando detenidamente.
Sonreí torcidamente, dejándome caer sobre el asiento del auto.
—Nunca pensé ver el día en que manejaras con tanta soltura.
Su cuello enrojeció, hasta manchar sus mejillas de rojo.
—Charlie se esforzó por enseñarme, pero supongo que tomo algo de tiempo antes de que lo hiciera sin manchar mis pantalones de los nervios. No dure mucho viviendo con mis padres después de tener a Thomas, así que necesitaba aprender a manejar.
—¿Cuánto?
Sabía a qué me refería.
—Dos años. —respondió, aun concentrada completamente en el camino— Mi relación con Renne, se fue al traste cuando nació Thomas. Se la pasaba por los rincones… llorando por… —se tomó un segundo para continuar— Clarie. Y era francamente doloroso. Hablaba de ella como si no hubiera escapado con mi novio. Como si mi amor por ti no fuera nada comparado con lo que Clarie sentía por ti. Y después me hizo sentir culpable. Me hacía sentir como si la hubiera obligado a elegir entre ella y yo. —giramos sobre una vuelta, así que aproveche para poner su mano sobre su pierna y apretarla en su muslo en señal de apoyo— Supongo que solo estaba manipulándome.
Dejo la palanca de cambios, comenzando a conducir con una sola mano. Entrelazo nuestros dedos.
—No quiero que el pasado arrume este viaje. —dijo.
—No lo hará.
Suspiro, dejo mi mano para seguir manejando.
—Me mude al departamento arriba de la cafetería de Jeff, era barato y me gustaba la idea de comenzar de cero. Thomas tenía dos años y yo estaba por concluir a Universidad. Me esforcé, tomé todas las clases que pude y termine antes.
—¿Cómo comenzaste con la editorial? —quise saber.
—Fue suerte pura. Siempre quise tener mi propia editorial, pero parecía muy poco probable a corto plazo. En la universidad conocía a este alguien que escribía. Ella acababa de terminar con su novio de la preparatoria y escribió un libro. Un verdadero libro. La ayude a editarlo, luego ella conoció a las personas correctas y le propusieron publicarlo. Me pidió ser su editora independiente. Tuvo buenas ventas, así que utilice el dinero para comenzar el negocio. NewMoon es pequeña todavía, pero espero que en algunos años podamos comenzar a publicar a muchos más autores.
Pase mi dedo indice por su mejilla.
—Amas tu trabajo.
Sabía que lo hacía por la pasión con la que hablaba de el. Me encantaba.
—Lo hago. Y me da el suficiente dinero para vivir cómodamente.
Eso me recordó algo.
—Estuve hablando con Carlisle ayer por la noche. Quiero abrir un fideicomiso para Thomas, Max y para ti, aparte de una suma mensual para Thomas.
Note como Bella se puso rígida.
—¿Manutención?
—Eres independiente y trabajas duro. Pero quiero apoyarte en todo. Y Thomas tiene tantos derechos como Max de disfrutar cada uno los beneficios que lleva el apellido Cullen.
Los dedos de Bella apretaron su agarre en torno al volante del auto. Intente imaginar que la estaba molestando, pero no veía cual podía ser el problema.
—No quiero tu dinero. No lo estoy intentando de nuevo por que quiera obtener algo de ti o tu familia, Edward.
Ahora veía porque.
—No estoy diciendo que lo necesites.
—¿Entonces? —pregunto con la voz retenida.
Me incline sobre el asiento, poniéndome de lado para verla solamente a ella.
—Quiero que tú y mis hijos estén completamente asegurados.
Tan simple como eso, algo en ella hizo clic. Sus hombros se relajaron, mientras reducía la velocidad hasta que dejo el auto estacionado al lado de la carretera.
Soltó el cinturón de seguridad y me miro.
—Acepto lo del fideicomiso, pero solo para Thomas y Max. Yo estoy bien. Con respecto a la manutención, no estoy segura, pero podemos hablarlo según vaya nuestra relación.
Me incline un poco más hacia ella. Ambos miramos al mismo tiempo hacia el asiento trasero, sin darnos cuenta, Thomas se había quedado dormido, con la tableta aun encendida sobre las piernas. Max batía su sonaja favorita, pero con los ojos ya soñolientos, no tardaría mucho más en seguir a su hermano.
—Lo único que importan son ellos.
Bella subió la mano hasta mi cuello, acariciando con las puntas de sus dedos mi nuca.
—Hablemos de eso cuando volvamos.
Podía hacer eso.
—De acuerdo.
Ella se inclinó hacia mí, dejando un suave beso en mis labios. Cada vez que ella hacia eso, ser la primera que iniciara el contacto físico entre nosotros, una parte de mi corazón se recuperaba.
Sus labios aterciopelados jugaron juguetones con los míos, saboreándonos mutuamente. Le correspondí. Reconociendo y reclamando, acariciando y poseyendo. Sus dientes mordisquearon mi labio inferior, en tanto una corriente eléctrica me recorría de pies a cabeza.
Nos separamos, pero no del todo.
Su frente quedo sobre la mía, sus ojos mirando a través de los míos, chocolate contra verde.
—No mentía cuando decía que yo también te quiero.
Ninguno de los dos había mencionado el mansaje de texto.
—Yo tampoco mentía. —susurre.
Sonrió levemente, antes de volver atrás y encender el auto de nuevo.
—¿Listo? —pregunto antes de volver al camino.
—Siempre.
Extendió su mano, y entrelazamos de nuevo nuestras manos lo que quedaba del camino. Esto se sentía correcto. Tan completamente correcto. Como siempre debió ser.
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"Ven y vamos. Junto a mí. Pasea conmigo, todo es libre… Yo podría morir por ti"
.
.
¡Hola, hermosas! Ya había pasado un ratito desde que estuve por aquí, que les puedo decir, la vida adulta es muyyy difícil, pero aquí estamos de nuevo, en sabadito. Se nos vino fuerte con Alice, algunas por allí ya habían acertado en sus rr donde se preguntaban porque del comportamiento de Alice, pues bien ya sabemos que volvió a consumir. (¿Qué? Es algo que no menciono con exactitud. La verdad no quise ahondar mucho en el tema, pero básicamente cocaína y mariguana son las más comunes). Como vemos, Edward supo ver que allí pasaba algo más y creo que con esto, nuestro chico ya sabe que algo no va bien con Tanya, aunque ya saben, él es más astuto de lo que creen. Esme me puso triste, pero es normal, a que madre no le duele la partida de un hijo. Me encanta que toda la familia la apapache. La plática con Carlisle. AHHHHH. Les deje unas cuentas pistas por allí, ya veremos quien las capta y quién no. Y finalmente, se revela un poquito más de la historia, pues al parecer para Garrett no es un secreto lo de sus cicatrices ni lo que paso durante su relación con Clarie. Ahora sabemos que Edward sufrió de un shock postraumático después de la muerte de Clarie, gracias a eso su comportamiento errático y alucinaciones. Y también sabemos que mintió sobre muchas cosas para ocultar algo. ¿Qué puede ser ese secreto? DOCTORA COPE. L a necesitamos. Ya veremos si podemos saber. Por cierto, me preguntar si veremos PVO pasado de la relación de Clarie y Edward, los PVO pasado terminan el día de la muerte de Clarie, por lo que sí, podremos ver parte de su relación y entender un poco más a Edward. Sin más, les mando un beso. ¡Feliz sabadito!
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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