Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


.

.

The Killers – A White Demon Love Song

El vuelo fue tranquilo. Bella se encargó de arrullar a Max mientras yo jugaba con Thomas. Después de despertarse de su sienta en el auto, estaba muy activo. Maravillado por tener su primer viaje en avión.

Al final, logre tranquilizarlo al poner una película de superhéroes. Y mientras él la veía con la cabecita cobriza recargada en mi pecho, yo me pude maravillar viendo a Bella dormir abrazada a mi hijo menor con una expresión de paz en el rostro.

Al llegar al Aeropuerto Internacional de Vancouver, ambos decidimos rentar un auto.

—Déjame pagarlo. —me pidió.

Alce un hombro, quitándole importancia.

Ahora ella llevaba en brazos a Thomas. El chico jugaba con las burbujas que le compre apenas salir del avión. Las soplaba con la boca y levantaba su pequeña manita, extendiendo el dedo indice para reventar las burbujas. Yo estaba llevando por delante la carriola de Max, quien ya había despertado y botaba su sonaja favorita de arriba a abajo con euforia.

Las maletas las recogeríamos luego de rentar el auto.

—Lo pagaré yo. Es más práctico. No te dejaré pagar por el auto ni por nada más.

Reacomodo a Thomas en su brazo para poder mirarme.

—Tengo suficiente dinero.

—Lo sé. Déjame hacerlo. —me estire, dejando un beso en su ceño fruncido— Quiero cuidarte.

Eso pareció suavizarla.

Terminamos por rentar una SUV MAX color blanco con tres asientos y un gran maletero. Con dos niños a cargo, tenía el suficiente espacio. De paso, pregunte por las sillitas de seguridad.

Tardamos al menos media hora en instalarlas en el asiento trasero. Max era pequeño todavía, así que se comienza a irritar conforme más tiempo pasaba.

Thomas se sentó sobre sus pies en cuclillas, simplemente diciendo cada tres minutos: "¿Ya merito llegamos?"

Tal vez no había sido buena idea que Emmett lo introdujera al mundo de Shrek. Ya me desquitaría yo con los hijos que tuvieran Rosalie y él.

Al final, de todos modos fue la única película que acepto ver cuando pudimos ponernos en camino hacia la casa de la abuela Marie.

Me gire sobre mi asiento, alcanzando a Max en medio de una verborrea. Estaba llorando a todo pulmón, agitando sus manos en puños por arriba de su cuerpo.

Shhhh. Shhh.

Lo tomé en brazos, acunando su pequeña cabecita en mi pecho. Alcance de la pañalera su chupón. Pocas veces se lo daba a pedido de la pediatra. Era bueno tener un chupón de emergencia, pero no acostumbrar a los bebés a uno por demasiado tiempo.

Max se fue calmando poco a poco, hasta que sus increíbles ojos chocolates solo me miraban llorosos y amplios.

—No creo que sea el chupón lo que lo calmo completamente.

Levante la mirada hacia Bella, quien nos lanzaba miradas enternecidas.

—Creo que simplemente fuiste tú. —completo.

Pase una mano por el suave cabello cobrizo de Max.

—Cuando estaba pequeñito, y lloraba mucho, lo ponía sobre mi pecho. Piel con piel. Solo así se calmaba.

Bella sonrió al camino, estirando una mano hasta mi muslo.

—Hacia lo mismo con Thomas. —comento.

Puse mi mano sobre la suya, entrelazando nuestros dedos. Se estaba volviendo una costumbre.

Bella siguió el mapa de Google al pie de la letra, preocupada de no saber cómo llegar.

—No vine mucho por aquí desde que Marie murió. Una o dos ocasiones, y Charlie siempre me acompañaba.

—¿No en vacaciones?

Suspiro, moviendo sus dedos ligeramente sobre el volante.

—Esta casa tiene muchos recuerdos. Ha pasado un largo tiempo desde que Marie murió, pero todavía la extraño.

Recordaba a la fuerte anciana que nos horneaba, correteaba y regañaba cada uno de los veranos que pasaba en Forks.

—La recuerdo.

Bella me lanzo una miradilla sorprendida.

—¿En serio?

Me reí.

—¿Bromeas? Ella supo que te amaba mucho antes que yo. Recuerdo una tarde cuando teníamos doce. Charlie había conseguido una vieja alberca para todos nosotros y la instalo en el patio trasero de tu casa. Cuando te vi…

Bella lanzo una risotada.

—¿Hablas de mi traje de baño? Por Dios, esa cosa era un trapo viejo que robe del armario de Renne. No era en absoluto sexy.

—No necesitaba que fuera sexy. Te vi, a la luz del sol con el cabello castaño resplandeciendo al sol, las mejillas arreboladas sobresaltando las pecas sobre tus mejillas y los ojos alegres. Créeme, cobro sentido en todos los aspectos.

Me asegure de remarcar la palabra "todos" para ella.

—¿Por eso saliste corriendo de la piscina?

—No podía confiar en mí mismo. Y en otras cosas.

Bella se siguió riendo ligeramente, así que continúe con mi historia.

—Trastabille hasta el baño de tu casa, inseguro de que hacer. La abuela Marie me atrapo con una mirada disgustada. Me dijo que mantuviera mis manos para mi hasta que fuéramos lo suficiente mayores.

—Oh, ya creo que lo hizo.

—Luego dijo que me había picado una abeja en el trasero y me avergonzó enfrente de todos. Emmett no dejo de bromear con eso por meses.

—Ya lo creo que lo hizo. —Bella se removió sobre el asiento, ajustando el espejo retrovisor para mirar a Thomas— Esa era mi abuela. A veces me entristece que no pudiera conocer a Thomas, pero luego recuerdo todos los perjuicios que tenía, y creo que aunque lo hubiera aceptado, al principio se habría sentido decepcionada.

No me gusto escucharla decir aquello.

—No hay nada decepcionante en ser padres jóvenes. Lo has hecho bien, lo has hecho estupendamente bien.

—No sin errores. —repuso, antes de girar y seguir por un camino de tierra. Introduciéndonos al bosque.

—Los errores son parte del proceso. —repuse yo.

Si alguien se merecía un premio por todos los errores que cometió, soy yo. No ella.

Sabía que todavía se sentía culpable por ocultarme a Thomas, pero no había nada que sentir. No cuando estábamos intentando dejar el pasado atrás.

Apago el auto, mirando a la casa a nuestro costado.

Era una casa de montaña hogareña, plisada de madera y de un solo piso. No era muy grande, pero lo suficiente para una pequeña familia. Para nosotros. Tenía grandes ventanas por doquier y un lago al costado.

Un lago en el que ya podía ver jugando con Thomas y Max, mientras Bella tomaba el sol leyendo un libro.

Es perfecta para lo que buscamos.

—Había olvidado lo bonita que es. —Bella susurro, abriendo la puerta del auto.

Gire hacia el asiento trasero. Thomas tenía el rostro pegado a la ventana, mirando al exterior maravillado.

—¿Qué piensas, campeón? ¿Te gusta? —le pregunte.

Ni siquiera se separó de la ventana para contestarme.

—¿Podemos nadar en el lago?

—Le preguntaremos a tu mamá, pero casi estoy seguro de que no se negara. —reacomode a Max sobre mi hombro, su cabeza contra mi cuello. Así podía sentir su respiración tranquila mientras dormía.

—¡Sí! —chilló, intentando abrir la puerta.

Bella lo hizo por él, levantando una ceja castaña.

—¿Qué dije sobre abrir la puerta?

Thomas inflo las majillas de manera exagerada.

—Que es peligroso…

—Uhm. —Bella puso sus labios en una fina línea. Casi podía jurar que se estaba aguardando una sonrisa— ¿Y qué más?

—Y que no lo puedo hacer, hasta que tenga la edad y altura suficiente para salir del auto.

—¿Y eso es hasta los…?

Thomas puso sus manitos sobre sus mejillas, estirándolas en el proceso hasta deformar su rostro.

—Hasta que tenga por lo menos cuarenta.

—Eso, muy bien. —beso su frente, tomándolo en brazos para bajarlo del auto.

Thomas salió corriendo en cuanto sus pies tocaron el suelo cubierto de hierba.

Levanto los brazos, mientras corría, demasiado pequeño para a penas sobresalir por encima del gran paisaje.

Hizo ruiditos de avión en tanto giraba sobre sí mismo.

Regrese mi atención a Bella.

—¿Cuarenta?

Bella levanto un hombro, quitándole importancia.

—Dejemos que lo descubra por sí solo.

Cerró la puerta, dejándome con una sonrisa en los labios.

Abrí del otro lado, saliendo del auto con sumo cuidado para no despertar a Max.

El aire era completamente diferente a Forks, más fresco, más ligero, sin la premonición de un pasado que nos persiguiera.

Solo para mi familia.

Bella estaba correteando atrás de Thomas, quien reía a carcajadas al tratar de esquivarla.

Me dirigí al maletero del auto para sacar el portabebé de Max. Bendije a Alice en silencio por convencerme de comprar una carriola convertible.

Thomas corrió hasta mí, escondiéndose tras mis piernas.

Bella se apoyó en sus rodillas con sus manos con la respiración agitada.

—Me rindo. —se puso recta y levanto las manos— ¡Me rindo!

Thomas sonrió, sacando la cabecilla tras de mí.

—Soy más rápido que tú, mami.

Bella fingió, puso una mano sobre su frente y suspiro de manera exagerada.

—Mucho más rápido.

Me reí, abriendo la puerta del maletero.

—Yo te ayudo. —Bella se me adelanto, abriéndola por mí.

Alcanzo la carriola, desplazando los broches que la mantenían sujeta a la base que la sostenía. Empujo y empujo, pero algo no estaba ayudando. Me incline sobre ella, tratando de mirar sobre su hombro.

Note como su cuerpo se ponía tenso a causa de mi cercanía.

—Lo siento… —murmuré, antes de alejarme.

Trabajo sobre el maletero más rápido. Un segundo después, pudo sacar el portabebé entre sus brazos.

Con las mejillas rojas.

Estire un brazo para tocar su mejilla.

—Te sonrojaste.

Se acercó un poco más. Para que solo escucháramos ella y yo. Eche un vistazo a Thomas.

Solo estaba sentado sobre la hierba, observando todo a su alrededor. Podía ver lo mucho que le gustaba el lugar.

—No me molesta la cercanía. Yo… —se mordió el labio inferior, luciendo nerviosa— Me tomaste por sorpresa.

—No fue mi intención. —no era mentira. Ni siquiera lo note hasta que vi la reacción de su cuerpo hacia mí.

Se estiró sobre sus pies para darme un beso en la barbilla.

—Lo sé.

Me ayudo a acomodar a Max dentro del portabebé. Lo cobijo con cuidado, mientras yo lo sostenía. Aquello calentó mi corazón, exponiéndose hacia todo mi cuerpo. Calentando las partes más frías y oscuras de mi alma.

Entramos juntos a la casa, la mano de Thomas aferrada a la de Bella.

La casa lucia amplia. Con una sala en colores cálidos. Un sillón a dos plazas de color crema con dos sillas más al costado de aspecto moderno. Los tapices eran rojos con naranja. Había una mesita de centro en medio de la sala, con un jarrón que contenía flores silvestres frescas.

Al otro lado de la habitación estaba un comedor de cuatro sillas. Una gran ventana se abría paso por detrás, dejando ver el gran paisaje de colores verdes y cafés.

Me asome un poco, solo para ver en el porche trasero una pequeña mesita para tomar el té.

Thomas me siguió.

—Wow.

Bella puso su brozo sobre el mio y recargó su cabeza sobre mi hombro.

—¿Verdad que es bonito?

Asentí.

—Me gusta.

—La mande limpiar para nosotros. Tenemos todo lo que necesitamos.

Mi gire hacia ella, besando su frente.

—No tenías que hacerlo.

—Quiero estos días solo para nosotros.

Si es lo que ella quiere, así será.

Es lo que necesitamos después de lo que ha pasado por los últimos años. Le debo muchas explicaciones, y aunque se supone que es un viaje para unirnos más, probablemente está esperando que le explique algunas cosas.

No sé si estoy listo todavía.

—Bien. —se separó, apuntando con el pulgar a nuestras espaldas— Vamos. Las habitaciones son igual de estupendas.

Tomó a Thomas en sus brazos.

El pequeño hombrecito se aferró a su cuello, emocionado por ver más sobre la casa.

Cruzamos un pasillo largo, dividido en dos grandes domos de cristal que conforman un jardín con todo tipo de flores y plantas.

La primera habitación a la que entramos era simple. Aguardaba una cama de colchas blancas en una esquina, en otra había un diván acolchonado con muchos cojines y una manta felpuda.

Bella me tomó de la mano para guiarnos por la siguiente.

Del otro lado del pasillo había otra habitación, esta era más formal.

En ella, había una gran cama en medio con colchas grises y cojines en rojo y naranja. A los laterales, dos mesitas de noche la flanqueaban, en la cima de cada una con una lámpara. Al final de la cama, un pequeño diván se abría paso.

Del otro lado de la habitación ya estaba la chimenea prendida, aventando pequeñas motitas de ceniza roja por el fuego.

Dos sillones de cuero café estaban al lado derecho de la chimenea, al lado de otro gran ventanal sin cortinas.

Sin vecinos, la privacidad probablemente no era un problema.

—¿Te gusta? —Bella pregunto, sacándome de mis pensamientos.

—Es muy acogedora. —deje el portabebé de Max en el diván al extremo de la cama— Es la principal, ¿no?

Bella se distrajo con la chimenea.

—Sí. Marie nunca la usaba. Ella prefería la primera que vimos.

—Es buena también.

Observe a Thomas inclinarse hacia el fuego para mirarlo.

—No tan cerca, hombrecito. —lo agarre del hombro, preocupado de que no tuviera la idea correcta del fuego— Es bonito, pero también peligroso.

Thomas miró hacia arriba, recargando su cabeza en mi estómago.

—¿Muy muy muy peligloso?

—Peligroso. —repuse yo, peinando su cabello.

—Peligroso. —repitió.

—Si. El fuego es peligroso. —le di un toquecito a su nariz— No puedes manejarlo todavía, hasta que estés grande.

Frunció el ceño.

—¿Qué tan grande?

—Cuarenta. —repuso Bella, dejando de avivar el fuego— Como mínimo.

Thomas estiro los brazos, pidiéndome que lo cargara.

Lo subí sobre mí, anclando sus pequeñas piernas sobre mi cintura. Sus ojos se volvieron más y más pesados, hasta que finalmente cedieron.

Me reí ligeramente.

—¿Te estas riendo de nuestro hijo? —me riño juguetonamente, acercándose hacia mí.

Jalo mi camisa.

—Es como tú cuando éramos adolescentes. Me buscabas hasta acostarte en mi pecho para dormir.

Me pego ligeramente en el pecho.

—Es que es muy cómodo.

—¿A que si? —bromeé.

Bajo la mirada, observando sus dedos juguetear con mi camisa.

—Esperaba poder hacerlo esta noche.

Baje la mirada, no entendiéndole completamente.

—¿Qué pasa?

Suspiro, sonriendo avergonzada mientras rodaba los ojos.

—Soy yo siendo tonta. Es que… no has dicho mucho de la habitación. ¿Es por como reaccione en el auto?

En realidad no sabía cuál era la respuesta exacta que quería.

—¿Te refieres a cuando te sonrojaste?

—Sí. —dejo mi camisa para mirarme— Mi cuerpo actuó por sí solo, pero eso no significa que no quiero que me toques.

Con mi mano libre atraje su cadera, acariciando la piel libre entre su pantalón de chándal y su blusa.

—Quiero tocarte, pero no estoy seguro si debemos ir tan rápido. Hasta ahora lo hemos manejado bien como lo llevamos. No es que no te deseé, Bella. Lo hago. Mucho. Pero no quiero que por dejarnos llevar y arruinemos el camino que llevamos recorrido…

—Te quiero. —sonrió, pero no le llego a los ojos— Al menos creo que podemos compartir la habitación. ¿Está bien eso para ti?

Había algo más en esa cabecita suya, pero ya sería momento de averiguar de qué se trataba.

Me acerque.

Le robe un beso suave.

—Lo que quieras.

Eso pareció funcionar, porque su estado de ánimo mejoro notablemente. Agarro mi mano en su cintura.

—Quiero mostrarte una habitación más. —dijo emocionada.

—A puesto que sí.

Deje a Thomas sobre la cama de la habitación principal. Me asegure de dejarlos bien abrigados a él y a Max, a quien también deje a su costado. Los protegí con almohadones a su alrededor, preocupado por la altura de la cama.

Saque de la pañalera el monitor para escucharlos a distancia y seguí a Bella.

Con mis manos en su cintura y mi pecho pegado a su espalda, entramos a la habitación continua a la habitación principal, separada solo por el baño.

La habitación a la que entramos era completamente diferente a todas las demás. De color blanco por doquier con algunas subtonalidades en naranja y café en la pared. La habitación se abría amplia, dividida en dos secciones.

En el lateral izquierdo se encontraba una cuna de madera, con un pequeño colchón, cobijitas felpudas y unos cuantos osos de peluche. Un gran closet al costado, abierto de par en par, aunque ese sí que se encontraba vacío.

Una mecedora brillaba por su soledad en una esquina, cubierta con una manta en el respaldo.

Al lado derecho había una cama individual, rodeada con rendijas, lo que le daba el aspecto de ser una cuna, solo que para un niño más mayor con una entrada en medio de las rendijas. La colcha era de color café con muchos cojines.

Había otro mueble justo al frente de la cama, alto y completamente llenó de osos de peluche de diversos animales.

Bella se recargo completamente sobre mi pecho.

—Es… —no encontré palabras para describirlo.

—Era una oficina, pero la mande reformar hace una semana. Desde que me comencé a acercas más a Max. No pude resistirme a darles esto a Thomas y a él. Pertenecen juntos, como simple debió ser.

Bese su hombro, tratando de mostrarle mi agradecimiento.

—Es una habitación maravillosa.

—Así podemos tenerlos cerca durante la noche. Y la cuna es perfectamente segura. La más segura que encontré en el mercado. Y las colchas son cien por ciento algodón porque Max es tan pequeño todavía y podría provocarle una aler…

La corte, haciéndola girar sobre sus pies para enfrentarme.

Ella solía hacer eso, hablar demasiado cuando algo la tenía muy nerviosa.

Bese su frente, luego su nariz, y sus mejillas y finalmente sus labios.

Nuestro beso comenzó poco a poco, deleitándome con su sabor. Mi lengua saboreo la suavidad de sus labios, reclamando todo a su paso.

Cada una de mis terminaciones nerviosas hormigueo.

Apreté la mandíbula, intentando contener mi deseo por ella antes de que todo se saliera de control.

Pero Bella gimió sobre mi boca, y la poca cordura que había logrado reunir se fue por el caño. Literalmente.

La atraje con urgencia hacia mí. Su pequeña cintura entre mis manos. Sus labios fueron más insistentes entonces, animándome a ir más allá.

Mis manos bajaron más allá de su cintura, recorriendo sus caderas y luego su trasero.

Bella se agito entre mis brazos, como si no pudiera acercarse a mí lo suficiente.

Cumplí su deseo. La tomé de las caderas, impulsándola a que sus piernas rodearan mi cintura.

Su pequeño cuerpo se anclo perfectamente al mio.

—En la… hab… de los niños… n… —no tuvo que decir otra palabra.

Sin decir nada más me dirigí hacia el pasillo. Cerré la puerta a nuestras espaldas de un lado y del otro, evitando las dos habitaciones para nosotros.

Porque si Thomas despertaba, no sé cómo le explicaría porque besaba a su madre como si la vida se me fuera en ello.

Bella se rio entre beso y beso.

Me eché ligeramente hacia atrás, jadeando.

—¿Te estas riendo de mí? —pregunte con la voz ronca.

Sus ojos chocolate, ahora oscuros por la lujuria se mostraron divertidos.

—Quizás un poco. —hizo un gesto entre su dedo indice y pulgar.

La puse contra la puerta.

—Deja de jugar conmigo, Swan.

Recargo la cabeza sobre la puerta, mirándome entre sus pestañas.

—Oblígame.

La volví a besar.

La sensación de sus labios sobre los míos era embriagadora. Con cada segundo que pasaba, la apretaba más contra mí. Un poco más. Su pecho contra el mio. La posesión de tenerla entre mis brazos me tenía como un drogadicto pidiendo por un poco más de heroína. Nunca tenía suficiente.

Era ella y solo ella. Su cuerpo contra el mio. Sus dientes mordisqueando mi labio inferior y su lengua saboreándolo, para aliviar el escozor. Eran sus dedos entre el cabello de mi nuca, jalándolo entre sus dedos y enviando miles de corrientes eléctricas sobre mi espalda.

Sus caderas se arremolinaron hasta bajar. Su coño sobre mi polla.

Me puse más duro, si es que eso era posible.

Abandone su boca para besar su mejilla, su cuello, su piel. Mis dientes mordisquearon todo a su paso, saboreando la piel salada.

Se movió sobre mí con urgencia, tratando de alcanzar un nuevo nivel de placer.

Mi mano serpenteo por su abdomen hasta llegar al borde de su blusa.

Espere por una negativa, pero cuando sintió mis dedos contra la piel, sus jadeos aumentaron, su piel se erizo y su espalda se arqueo en una invitación silenciosa.

Baje mi cabeza, probando un pezón sobre la tela.

El aire dentro del pequeño baño se hacía más y más pesado con cada segundo que pasábamos uno sobre el otro.

Trate de recordar todos los motivos por los que le dije que debíamos ir despacio hace apenas unos minutos, pero no era capaz de mencionar en mi mente ni uno solo.

Si no parábamos…

Deje caer mi cabeza en medio de sus senos, gimiendo con pesar.

De verdad la deseaba con cada célula de mí ser, pero no podíamos seguir. No al menos hasta que pusiéramos unas cuentas cosas en claro.

Ella lloriqueó bajo el toque de mis manos.

—Dios. Había olvidado… Dios. —acaricio mi cabello, quitando los mechones que habían caído sobre mi frente y se pegaban a la piel por el sudor.

La fuerza de mi deseo me tenía aun palpitando dentro de mis pantalones.

Bella dejo caer sus piernas, mirando al gran bulto que formaba mi polla en mis pantalones.

Se mordió el labio.

Y se rio.

Jodidamente ella dejo salir una risita tonta.

Deje caer mi frente contra la puerta, amortiguando el golpe con mi brazo.

—No te rías. —dije.

Sus hombros se agitaron de nuevo.

—No lo hago.

—Mentirosa.

Miré hacia abajo con una sonrisa perezosa.

—Oye. —me acuso— Tú también estas sonriendo.

Me agache para besar su nariz, haciendo que riera de nuevo. Una y otra vez. No pude evitarlo. Me encantaba escucharla reír. No importaba que fuera a mis costillas.

Se escondió en mi pecho.

—Te quiero. —dijo, tan bajo que dude si de verdad había escuchado las palabras salir de su boca. Pero cuando sus labios besaron justo sobre mi corazón, no lo dude.

Y entonces, mi corazón termino por explotar.

.

.

Thomas brinco sobre la cama. Acababa de despertar y tenía toda la energía del mundo.

Después de nuestro breve lapsus en el baño, Bella había decidido tomar un baño en tanto yo vigilaba a los niños y bajaba las maletas del auto.

Termine con todo y ella todavía no salía del baño, así que comencé a organizar nuestra ropa dentro del closet.

Luego seguiría con la de Thomas y Max.

Pero entonces Thomas había despertado, con el cabello cobrizo despeinado y los ojos verdes iguales a los míos chispeantes.

—¿Podemos ver Shrek? —pregunto emocionado.

Gracias, Emmett. Le agradecí mentalmente donde quiera que estuviera.

—¿Podemos? ¿Podemos? ¿Podemos?

—¿Uno? ¿Dos? ¿Tres? —quise saber.

Sus ojos me miraron sorprendidos. Su boca formando un perfecta "o".

—¿Hay más de una? ¡Quiero verlas! ¡Quiero verlas! ¡Quiero verlas!

Max se despertó por su alboroto, lanzando un chillido molesto por haber sido despertado en medio de su siesta.

—Ups. —Thomas bajo sobre su cuerpo, sentándose sobre la cama. Acaricio su pecho con suaves movimientos para arrullarlo— Lo siento, pequeño Max. Shhh. Shhh.

Recordé cuando Thomas le había conocido. La canción que canto para su hermano.

—¿Por qué no le cantas? —pregunte quedamente.

Alcance la pañalera para sacar todo lo necesario para un biberón. Max no estaría de nuevo contento hasta tener su mamila.

—¿Estrellita? —pregunto Thomas.

—Esa misma. —acepte.

Thomas se agacho sobre Max con sumo cuidado hasta recostarse en la almohada a su lado. Jalo la colcha que ya cubría a su hermano, acobijándose él también.

—Está bien. —le hablo firmemente, asegurándose que su hermano estuviera bien cubierto. Aquel gesto me enterneció.

Max dejo de llorar, solo haciendo ruiditos callados.

Entonces, Thomas comenzó a cantar.

Estrellita, ¿dónde estás?, me pregunto qué serás. En el cielo y en el mar, un diamante de verdad. Estrellita, ¿dónde estás?, me pregunto qué serás. —susurro suavemente para su hermano.

Max levanto su manita hecha puño hasta su boca y comenzó a chuparla. Sus ojos no dejaron nunca los de su hermano mayor.

Deje el biberón y la formula de lado.

Solo los miré.

Thomas paro y Max volvió a llorar, soltando su mano de su boca, lanzando otro gritillo enojado.

—¡Esta bien! —refunfuño Thomas.

Se inclinó y dejo un beso en su mejilla.

Max volvió a chupar su mano hecha puñito y Thomas volvió a cantar. Esta vez no se despegó de Max, dejo sus labios sobre su mejilla, mientras paseaba sus deditos pequeños por el pecho de su hermano.

Cuando el sol se ha ido ya, cuando nada brilla más. Tú nos muestras tu brillar, brillas, brillas sin parar. Estrellita, ¿dónde estás?, me pregunto qué serás.

Ellos eran mis estrellas.

Ellos me hacían brillar.

Me alejaban de la oscuridad. Ellos y Bella ahuyentaban mis fantasmas. Me liberaban de mis miedos, de mi culpa y me abrazaban. Me hacían sentir amado, me hacían amarlos.

Ellos iluminaban todo a su paso.

Un ruidito proveniente del baño me distrajo.

Bella se encontraba sobre la puerta, su mirada sobre nuestros hijos. Tenía las manos sobre la boca, lagrimeando sobre ellas.

Quien sabe cuánto tiempo llevaba allí y yo no me había dado cuenta.

Camine hacia ella, la atraje hacia mi pecho, sin importarme si me mojaba en el proceso. Su cuerpo todavía húmedo se sintió perfecto entre mis brazos.

Ella puso una mano sobre mi brazo, recargando su cabeza en mi hombro.

Sentí cuando sus lágrimas mojaron mi camisa, pero decidí no decir nada. A pesar de que ambos habíamos necesitado la cercanía uno con el otro, también necesitábamos vivir y sentir por separados, no teníamos la necesidad de hablar, el silencio fue más que suficiente para reconfortarnos.

Thomas siguió cantándole a su hermano, ajeno al escrutinio de nuestros ojos.

Cuando el sol se ha ido ya, cuando nada brilla más. Tú nos muestras tu brillar, brillas, brillas sin parar.

Max alejo su mano, lanzando una risotada.

Estrellita, ¿dónde estás?, me pregunto qué serás. Cuando el sol se ha ido ya, cuando nada brilla más. Tú nos muestras tu brillar. —finalizo.

Pasará lo que pasara.

Se tendrían el uno para el otro para siempre.

Podía verlo en los ojos de ambos, ya se amaban.

.

.

—"¿Puedo decirte algo?" —escuchamos a Thomas recitar frente a la pantalla plana de la sala de estar. Estaba sentado sobre uno de los tapetes con un gran bowl de palomitas en sus piernas— "Que increíble reacción ante tal situación" —continuo— "¡Fantástico!"

Se respondió a sí mismo un segundo después, esta vez con una voz más gruñona, casi enojada. Podía ver como se esforzaba por el rojo de sus mejillas.

—"¿Estás hablando con-migo?"

—"¡Claro! Hablaba contigo. Oyes, estuviste enorme. Esos cuates me querían como burro de carga, pero llegaste y… ¡Bang! Patitas para que las quiero. Sejueron de volada, fue muy chistoso verlos correr… " —respondió con la otra voz.

Me incliné sobre la mesa.

—¿Cuate? —pregunte incrédulo.

Bella batió la cuchara sobre su mano, dándole la espalda a la estufa. Llevaba el pelo castaño agarrado en un moño alto con su pequeño cuerpo enfundado en un pijama tinto de blusa a tirantes y short.

Por otro lado, yo llevaba una simple camisa sport blanca y un short de franelilla gris.

—Lo mismo pensé yo. —replicó ella— Menos de una semana y ya se sabe todos los diálogos entre Shrek y burro. Tengo una plática pendiente con Emmett.

Thomas ni se enteró, todavía siguiendo los diálogos de la película.

—Podemos pedirle que se disfrace de Shrek para su fiesta de cumpleaños.

Respiro hondo, aguantándose la risa.

—Hecho. Apuesto que puedo poner a Rosalie de mi lado para convencerlo.

De solo imaginarlo. En cuanto tuviera oportunidad, me podría a buscar un disfraz apropiado en Amazon.

—Me asegurare del traje. —ofrecí.

Me apunto con la cuchara en su mano.

—Hecho.

Camine alrededor de la barra hasta atraparla entre mis brazos. Y antes de robarle un beso, me asegure que Thomas no estuviera mirando.

Me estaba volviendo adicto a sus labios.

Se soltó de mi agarre, apagando la estufa a mis espaldas. Podía notar que aún no estaba listo, pero probablemente lo había apagado para asegurarse de no quemarlo mientras estaba distraída conmigo.

—Quiero que le digamos. Mañana. —puso una mano sobre mi pecho.

Casi estuve seguro de que sintió como mi corazón reboto errático en mi pecho.

—¿Mañana? —murmure, sin poder evitar el tinte de preocupación en mi voz.

Bella no lo menciono.

—Estaba pensando en un día de campo. Algo agradable y que lo haga sentir seguro. Algo…

—… familiar. —complete yo.

—Sí. —concordó.

La preocupación brillo en sus ojos. Tan vivida que me hizo trabar en seco. ¿Era esto por lo que estaba preocupado? ¿Preocupada de que en realidad no quisiera decirle a Thomas que soy su padre?

—¿Qué te preocupa? —pregunte, acariciando bajo sus ojos.

—Me preocupa presionarte demasiado. —confirmo Bella.

—¿Pero…? —la invite a seguir.

—Pero quiero que formes parte de la vida de Thomas tanto como se pueda. Los últimos años… —bajo el tono de su voz— intente creer que no te necesitaba. Me repetía una y otra vez que si te decía sobre la existencia de nuestro hijo, cometería un grave error. Cuando nos acercamos de nuevo y vi como tratabas a Max. Como lo amabas y protegías, supe que había cometido un grave error por mi egoísmo. Entonces comprendí el daño que le hice nuestro hijo al quitarle esa oportunidad.

Lo entendía.

Y me odiaba en parte por eso.

Si yo no me hubiera marchado, Bella lo habría necesitado tomar esa decisión en primer lugar. Pero si algo era seguro es que no podía luchar contra lo que Bella sentía y pensaba. Si ella se sentía así, solo ella podía salir de allí. Lo que si podía hacer era facilitarnos las cosas.

—Hay algo más, ¿verdad? —quise saber.

Si queríamos que esto funcionara, necesitábamos comenzarnos a comunicarnos de nuevo.

La comunicación ayudaría a la confianza, algo difícil de volver a construir. Y si la comunicación y la confianza se volvían firmes, nuestro amor lo haría por igual.

Ella asintió con expresión triste.

—Tengo miedo que te vayas de nuevo.

Y allí estaba. La confianza moribunda asomando su cabeza, asegurándose de que volviéramos a darle vida.

Baje sobre mi propia altura. Necesitaba sentirle lo más cerca posible para decir lo que estaba por decir.

Bese su nariz en un gesto cariñoso antes de finalmente hablar.

—Nunca jamás. —susurre, mirando directamente a sus ojos. Verdes contra chocolate— No importa que pase, Bella. Ni siquiera la muerte podría arrancarme de tu lado. Tú y mis hijos son mi vida ahora. No hay un antes. Esta el ahora y el para siempre. No hay ninguna otra opción. Moriría por ustedes.

Una lágrima se escapó por su mejilla.

La limpie con mi pulgar, acariciando su pómulo con las yemas de mis dedos.

—Soy afortunado de tenerte de nuevo. —seguí— Y me asegurare de hacértelo saber por el resto de nuestras vidas. Si es lo que tú quieres también.

Me dio una sonrisa húmeda, sin contener por mucho tiempo más las lágrimas.

—Es lo único que quiero.

Se paró de puntitas y beso mis labios.

—Bien. —aferre su nuca con mi mano— Mañana.

Su sonrisa se hizo más grande.

—Mañana suena como un día perfecto.

Nos fundimos en un abrazo. La aferre contra mi pecho, prometiéndome a mí mismo que nunca más la dejaría ir. Sea lo que sea, lucharía por ella hasta el final.

.

.

"Vamos a enamorarnos. Vamos a enamorarnos. Vamos a hacernos viejos y canosos. No te haré llorar. Nunca me apartare. Haré mi parte. ¡Enamorémonos esta noche!"

.

.

¡Hola, mis chicas! No puedo creer que al fin lleguemos a este capítulo, lo veía tan lejano. Les juro que ya quería que lo leyeran después de tanto dolor, secretos, mentiras, intrigas, etc. este es de mis capítulos favoritos de la historia, un nuevo comienzo para nuestros dos protagonistas en medio de todo el caos que aún tienen alrededor. Amo a Thomas y su relación con Max. Y como le canto. ME DERRITOOOO. Ya le había cantado una vez en el capítulo nueve, mismo que esta titulado como: Estrellita, en honor a la canción que Thomas canta para su hermano. Ya puedo ver a Thomas cuando sean mayores, seguro que igualmente lo va a proteger, ya veremos. Con respecto a Bella y Edward. OMG. Cada día se entienden mejor y aunque se traen unas ganas que agárrense. Ambos saben que aún hay temas a tratar antes de cualquier otra cosa, como decirle a Thomas que Edward es su papá. ¿Ya se imaginan ese capítulo? ¡Pues es el próximo! Estoy segura que les va a encantar. Porfis, no olviden ir a por mí grupo de Facebook, lo pueden encontrar como: "By Ariam Roberts" por allá estaré compartiendo las fotitos de este capítulo. Viaje, auto, ropa, cabaña, nuestros tortolitos, Thomas y Max, etc. Además de dos enlaces a dos videos que utilice de inspiración para dos escenas de este capítulo. Sin más que decir, gracias por su bello tiempo. Les mando un beso. ¡Feliz domingo!

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109