Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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Shawn Mendes – Always Been You

Algo pico en mi nariz. Luego, la sensación me recorrió hasta la mejilla y la oreja derecha.

Levante la mano para quitar la cosa que fuera rondando por mi rostro. Un par de segundos más, la cosa volvió.

Gruñí entre dientes.

Una risita baja me despertó del todo.

Primero abrí un ojo y luego el otro. La luz que se colaba por el gran ventanal de la habitación se proyectaba completamente sobre mi cara. El sol naciente de la mañana calentaba mi rostro y el ruido de los pájaros mañaneros en el bosque se escuchaba claramente.

Thomas estaba sobre sus rodillas a mi lado con su pequeño dedo indice levantado como la arma más letal.

—¿Acaso fuiste tú quien me despertó?

Sonrió de forma traviesa.

—No fui yo.

—Yo creo que sí. —lo cogí en brazos y lo tire hacia mi pecho.

Gruñí sobre la piel de su cuello, provocando cosquillas.

Manoteo y pataleo con sus pequeñas manos y piernas, intentando zafarse de mi agarre. No lo deje ir y a cambio hice un par de trompetillas.

—¡No! —chilló, revolviéndose.

Trate de evitar el ajetreo, pero con Thomas sobre mi mientras le hacía cosquillas hizo inevitable despertar a Bella.

Su pierna en mi cadera se removió.

—¡Mami! —grito Thomas, provocando que Bella se sentara tan rápido que sus ojos bailaron por un par de segundos.

Su cabello era un desastre después de la noche anterior. Habíamos dormido hasta tarde hablado y morreándonos en la gigantesca cama de la recamara principal. Periódicamente revisábamos a los niños, preocupados porque fueran a pasar una noche agitada al dormir en un lugar nuevo.

Gracias al cielo ambos se mantuvieron sobre sus costados, roncando ligeramente.

Deje ir a Thomas, quien se sentó sobre la cama al estilo indio.

—Mami tiene un nido de pájaros en la cabeza. —señalo, refiriéndose al pelo revuelto de Bella.

Bella se dejó caer de nuevo en la cama y puso una almohada sobre su rostro.

—Buenos días a ti también, cielo. —su voz sonó amortiguada.

Podía notar como necesitaba descansar un poco más, asi que me puse de pie y tomé a Thomas de la cintura. Lo monte sobre mi hombro con su cabeza hacia el piso y me incline hacia Bella.

Se rio a carcajadas.

—¡Sangre en la cabeza! —chilló.

Bese la coronilla de Bella.

—Puedes dormir un poco más mientras preparo el desayuno.

Se escondió debajo de las mantas. Sino fuera porque uno de sus pies sobresalía del costado de la mullida colcha, podría haber pasado desapercibida.

—Dios, eres un sol. —murmuro por lo bajo con voz adormilada.

Antes de dirigirnos hacia la cocina fui a la habitación de los niños para echarle un vistazo a Max.

Puse sobre sus pies a Thomas, disfrutando de sus mejillas rojas y la sonrisa divertida de su rostro. Su cabello cobrizo igual al mio apuntaba a todas partes y usaba una pijama de Spiderman felpuda que lo cubría de pies a cabeza.

Le señale con mi dedo indice que guardara silencio.

Shhh.

Imito mi seña y se quedó en silencio.

Acomode las conchas alrededor de mi hijo menor, asegurándome que no estuvieran enredadas por su pequeño cuerpo. Si despertaba y se veía atrapado, estaría enfurruñado por el resto del día. Prepare una mamila rápida y me asegure de dejar el monitor a su costado. Así podía escucharlo en cuento se despertara.

Al terminar le ofrecí una mano a Thomas. Él corrió hacia su cama para tomar a su Woody y lo aseguro bajo su brazo antes de aceptar mi mano.

Paseamos por el pasillo de las habitaciones hasta atravesar el domo jardín hasta llegar a la cocina.

—¿Qué tal unos huevos?

Levanto sus manos hacia mí en una demanda silenciosa. Lo volvía a tomar en brazos y esta vez lo deje sobre la encimera de la cocina.

Abrazo a su Woody y movió sus pequeños pies envueltos en pantuflas gigantes de oso.

—¿Huevos y pancakes? —pregunto con voz de niño.

—Déjame pensarlo. —golpeé mi barbilla, fingiendo pensarlo.

Unió sus manos y saco su labio inferior.

—¿Por favor?

—No lo he decidido aún…

—¡Por favor!

Suspire dramáticamente.

—Huevos y pancakes serán. —me dirigí hasta el frigorífico para comenzar a sacar todo lo que necesitaba.

Saque un par de cacerolas y bowls de la alacena también.

Prepare la harina para los pancakes en silencio, pidiendo de vez en cuando su ayuda. Thomas estuvo encantado, hasta que la harina pareció serle más interesante.

Lo deje ser, maravillado por poder observarlo de cerca.

Se encontraba de rodillas sobre la encimera con las manos y las mejillas cubiertas de harina, eso sin contar el desastre en el que se había convertido su pijama. La harina estaba regada a su alrededor, mientras usaba sus pequeños deditos y manos para crear formas, palabras y números.

Fue al sacar el último pancake del sartén con mantequilla cuando me sorprendió con una pregunta.

—¿Amas a mi mami?

Me quede congelado por un minuto, antes de recuperar el funcionamiento de mis neuronas y darme cuenta de que había dejado la harina de lado para observarme a través de sus ojos verdes.

Me obligue a mantenerlo simple.

Mi hijo me estaba preguntando si amaba a su madre. No sabía exactamente como mantenerlo siempre, pero haría mi mejor esfuerzo.

Saque un par de huevos del cartón.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Bueno… —sacudió sus manos y las limpio sobre su pijama— Ustedes dos están juntos todo el tiempo, se toman de las manos y duermen juntos. Jerry dice que eso hacen los novios. Y los novios se aman. Aunque creo que el amor es asqueroso porque Stacy de la guardería me persigue todo el tiempo para tratar de poner sus manos pegajosas sobre mí. ¿Tú también quieres poner tus manos pegajosas sobre mi mami?

Rompí los huevos, tratando de ignorar la parte divertida de todo lo que dijo.

Lo sentía por Stacy, de todos modos. Al parecer Thomas estaba dentro de esa etapa que todos los hombres pasábamos. Esa en la que crees que las niñas tienen piojos y tienen manos pegajosas.

—Tal vez. No lo sé. —divague— ¿Tú que dices?

Se encogió de hombros.

—Las manos pegajosas son asquerosas. Stacy logro poner sus manos sobre mi cabello la semana pasada. —dijo con disgusto— Dice que es bonito. Mi cabello no es bonito. Es extraño, pero no bonito. El cabello de mi mami si es bonito, así que puedes tocarlo. Supongo.

Vertí los huevos en el sartén.

—Pero… ¿qué pasa con James? Se supone que él también amaba a mi mami.

Se me retorció el corazón en el pecho. Aunque me costara admitirlo, James había sido un personaje constante en la vida de Thomas los últimos años. Mucho más constate que yo.

Apague la sartén y me dirigí hacia él, mientras me limpiaba las manos.

—La cosa es que las personas a veces cometemos errores y esos errores se ven reflejados a través de nuestra vida. Yo ame a tu mamá desde la primera vez que puse mis ojos sobre ella. Era la niña más dulce del mundo con coletas a ambos lados de su cabeza y ropa sucia de estar todo el día montando árboles y jugando en la tierra, pero cometí errores.

Thomas inflo las mejillas.

—¿Un error tan grande como las manos pegajosas de Stacy sobré mi cabello?

—Mucho más grande.

—Oh. —se quedó pensativo.

—Pero amo a tu mami y solo quiero verla feliz. Y parece que ahora mismo, ella es feliz conmigo.

Jugueteo con sus manos.

—Me gusta ver a mi mami feliz.

Bese la coronilla de su cabeza y volví hacia nuestro desayuno. Él volvió hacia la harina en la barra de la cocina. Con eso, nuestra conversación se dio por terminada.

Nos volvimos a sumir en el silencio.

Me pregunte si no había hablado demás, pero de alguna forma, se sintió bien hablarle a Thomas desde mis propios sentimientos.

No podía esperar a que supiera que soy su padre, y al mismo tiempo, me aterrorizaba perderlo.

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—Dios. —Bella gimió, dejando caer su cabeza hacia atrás— Los huevos están estupendos.

Deje a Max sobre su sillita desmontable.

—¿Qué es eso? —pregunto Thomas con curiosidad, refiriéndose al bowl entre mis manos.

Llevaba casi un pancake completo en la boca. Por la comisura de sus labios se escapaba un poco de la miel de maple.

—La boca cerrada antes de hablar. —Bella lo apunto con el tenedor.

Mi chica había intercambiado las pijamas y el cabello despeinado por un sencillo conjunto de pants negro a dos piezas y tenis. Llevaba el pelo liso sobre los hombros y el rostro pálido sin rastro de maquillaje.

Se tomó la mañana con calma y después de terminar el desayuno, fue atraída hacia la cocina gracias al olor a café recién hecho con un muy despierto Max entre brazos.

Conteste la pregunta de Thomas.

—Es una papilla.

Puse un babero alrededor del regordete cuello de mi hijo menor.

Él movió sus pies de arriba abajo con euforia mientras aplastaba las manos en la mesilla de la cocina.

Puse el bowl de papilla de zanahoria a su alcance y lo deje descubrirlo.

Comenzó con las manos de lleno, metiéndolas y embarrotándose todo. Después sus manos siguieron a sus mejillas hasta que se convirtió en un par de segundos en un desastre naranja por todos lados.

—¡Max es naranja! —señalo Thomas— ¿Yo también puedo ser naranja, mami?

Bella se rio entre dientes, tomando un poco de café humeante. La segunda taza, en realidad.

—Las papillas son para bebés.

Thomas se cruzó de brazos.

—¡Puaj! No soy un bebé.

Bella se inclinó para dejar un ruidoso beso en su mejilla.

—Siempre serás mi bebe, pequeño granuja.

Max chilló emocionado al ver sus manos. Las levanto y comenzó a batirlas por todas partes.

Un poco de la papilla salió volando por los aires, azotando directamente la mejilla de Bella cuando se decidía por algo de crema en su café.

Thomas chilló también y arrojo hacia mí un poco de sus huevos.

Un pedazo de jamón con huevo cayó sobre mi ojo.

Bella dejo salir una carcajada y se inclinó sobre la mesa para limpiarme el rostro.

Hice lo mismo con ella y con mi dedo pulgar quite la mancha de papilla sobre su mejilla.

Luego lo metí dentro de mi boca.

Los ojos chocolates de Bella se oscurecieron producto de mi osada acción. La tomé por el cuello y bese su nariz.

—¿Qué tal si bajas un poco más y me das un beso en el lugar correcto? —me riño.

—No estoy seguro de que sea lo correcto. —bromeé.

De soslayo le di una mirada a Thomas, pero él estaba concentrado en ayudar a Max con el desastre de la papilla sobre su sillita y su ropa.

—Pruébame.

Levante una ceja.

—Tal vez más tarde.

Me aleje de ella.

Se quedó estática en su lugar y me miró con los ojos entrecerrados. Sabía que en el fondo no estaba enojada o molesta o nada que se le pareciera, pero era divertido ponernos a prueba.

Además, no quería agregar más confusión sobre la pequeña cabecita cobriza de mi hijo hasta que habláramos con él esta misma tarde.

Me escondí atrás de mi propia taza de café para ocultar mi sonrisa.

—Me las pagaras, Cullen.

—No puedo esperar.

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Le di un buen baño de burbujas a Max, le cambie con un overol de mezclilla y una camisetilla azul con pequeños pájaros estampados.

Decidí conservarlo sin zapatos para nuestro día de campo. Yo también me cambie, poniéndome unos pantalones cortos grises con una camisa negra. Algo simple y cómodo.

Al volver a la sala de estar, encontré a Bella y a Thomas echados sobre el piso boca abajo con sus codos apoyados en el suelo.

Había materiales manuales regados por todas partes. Palillos de madera, papel de china en muchos colores, cuerda, brillos, pegatinas, colores y marcadores.

Bella me miró sobre su hombro con una mirada dulce.

—¿Por qué no traes aquí a Max? Quiero que lo intente también.

Max se metió los dedos a la boca como si fuera la cosa más interesante del mundo y gorgojeo.

Nos situé al lado de ellos en el suelo, Max camino sobre el piso boca abajo, arrastrándose con sus bracillos y piernecillas. No pasaría mucho tiempo antes de que comenzara a gatear y luego a caminar.

Bella se sentó estilo indio y lo cogió en brazos.

Desabrocho su overol y le quito la camisetilla, dejándolo en pañalero.

Max se puso de nuevo sobre su estómago, revolviéndose en el piso hasta que llego al lado de Thomas.

Thomas trabajaba con el papel china en el piso, enlazándolo a los palitos de madera para hacer un cometa. Max agarro un marcador y lo comenzó a golpear sobre el piso.

Bella recargo su cabeza sobre mi hombro.

—¿Por qué no vas a darte un baño y a cambiarte? Yo les puedo dar un ojo.

Bella beso la piel libre de mi cuello.

—Me encanta verlos juntos. —saco su celular de su sudadera— ¿Puedes tomarles algunas fotos por mí? Quiero agregarlas al álbum.

Bese su nariz al aceptar su celular.

—Si es lo que quieres.

—Quiero otras cosas, pero has estado jugando conmigo toda la mañana. —me dio un manotazo en el pecho— Arreglaremos algo esta noche.

Le di un suave mordisco en la barbilla.

—¿Cómo qué?

—Es una sorpresa. —se puso de pie.

La miré desde el suelo. Admire lo bonita que se veía con la luz del sol iluminando su cabello chocolate.

—No te gustan las sorpresas. —respondí.

—Sí, pero a ti si, así que… —se rio— Yo también puedo jugar, Cullen

Me envió un beso en el aire, el cual atrape y puse sobre mi corazón. La vi irse por el pasillo hacia el domo para cruzar hacia las habitaciones.

Thomas refunfuño por lo bajo y dejo salir un suspiro.

Tenía la lengua de fuera haciendo extraños movimientos mientras trataba de concentrarse.

—¿Qué tenemos aquí, amigo? —pregunte.

—Un comenta. —doblo el papel y lo siguió pegando por los bordes de los palillos de madera— Mamá dijo que podíamos volarlo juntos esta tarde.

—Exacto. En nuestro día de campo. —corrí sus dedos pegajosos para poder sostener los palillos de madera por él— ¿Qué te parece?

—Me gustan los días de campo. A veces el abuelo Charlie me lleva a La Push. No es como un día de campo, pero hay un lago como aquí. Y el abuelo Charlie tiene un graaaaaan bote de pesca. Le gusta pescar mientras escucha a Elvis.

Lo sabía, así como Thomas, algún dia mis hermanos y yo habíamos acompañado a Charlie a una de sus excursiones de pesca.

—Conozco el bote del abuelo Charlie.

Dejo de lado la cometa.

—¿Así? —pregunto con curiosidad.

—Sí. —respondí— Solía llevarnos también a mis hermanos y a mí.

—¿Incluido el tío Emmett y la tía Ally?

—Sí, nos gustaba nadar en el lago mientras él pescaba. Nos acompañaba tu madre también. —y otra persona también, pero la aleje al fondo de mi mente, sin permitir que su oscuridad manchara el momento.

Sus ojos verdes se iluminaron.

—¿Podemos nadar en este lago también?

—Posiblemente. —concorde.

—¡Sí! —exclamo con una gran sonrisa.

Lo deje ser con el cometa por la siguiente media hora. Lo rompió y lo tuvo que parchar con más papel al menos cinco veces, pero al final era una decente cometa con muchos hilos de colores hechos de papel de china alrededor.

Obtuve muchas fotos de Thomas y Max en el celular de Bella. Me las reenvié y guarde el aparatejo en el bolsillo de mi pantalón corto.

Asegure una pequeña pañalera para Max con todo lo necesario. Thomas dejo su cometa de lado y me ayudo a meter los sándwiches que iba terminando y envolviendo a una sesta de paja. También le pregunte por algo de fruta y terminamos llevando mango y fresas.

Empaque algunos refrescos, jugos, agua y una botella de vino tinto.

Bella llamó en algún momento a Thomas para que se bañara y se cambiara. Yo tomé de nuevo a Max, volví a ponerle su overol y su camisetilla.

No iríamos muy lejos más que un par de metros cruzando el lago.

Thomas volvió saltando sobre unas chancletas abiertas, vestido con un pantalón de suelto y una simple camisa color marrón.

Podía ver como Bella había intentado arreglar el desastre de su cabello cobrizo sin éxito. El cabello le llagaría por debajo de las orejas de no ser porque apuntaba a todas partes por arriba de su cabeza.

—¡Dia de campo! ¡Dia de campo! —grito, correteando hasta que cogió su cometa de la encimera de la cocina— ¡Quiero volar mi cometa!

Me reí.

—Probablemente todo el estado ya lo sabe.

Bella regreso a la sala de estar enfundada en un vestido ligero veraniego en color blanco con estampado de flores. Llevaba zapatos planos y el cabello agarrado en una coleta alta.

Dio una vuelta.

—¿Cómo me veo?

La atraje entre mis brazos.

—Hermosa.

Intente llegar hasta sus labios, pero puso dos dedos sobre mis labios antes de poder lograr mi objetivo.

Refunfuñe contra sus dedos.

—No tan rápido, Cullen.

Se escapó de entre mis brazos y me sonrió coqueta.

—No puedes hablar en serio. —dije incrédulo mientras la veía tomar a Max entre brazos desde su porta bebé— Bella.

Trato de esconder una risita.

—Te lo dije. Hasta esta noche.

Thomas pregunto desde el sillón.

—¿Qué pasara en la noche? ¿Mamá y tú van a tener una pijamada? ¡Quiero una pijamada! ¡Quiero ver películas, mami! ¿Podemos ver Shrek otra vez?

Colgué la pañalera a mi hombro y cogí la sesta de paja para nuestro día de campo.

—Primero nuestro día de campo. —respondió Bella.

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No tardamos en llegar mucho más que un par de minutos al otro lado del lago. El lugar que escogimos era un campo abierto con una vista hermosa al lago y a la casa de la abuela Marie.

Saque la manta que había empacado en la sesta y la puse sobre el piso. Thomas no tardo en ponerse a corretear mariposas, olvidándose un poco de su cometa.

Ayude a Bella a sentarse sobre el suelo cuando note que Max había caído en un sueño profundo entre sus brazos. Probablemente por su siesta de la tarde.

Le entregue su celular a Bella y le bese la mejilla.

Ella comenzó a revisar las fotos que les había sacado. Momentos realmente adorables entre Thomas y Max.

Escogió para ver la primera donde Max estaba echado sobre su espalda mientras Thomas lo miraba desde arriba, nariz con nariz. Ambos sonreían.

—Se parecen muchísimo a ti. —paso el dedo indice sobre la pantalla— Tu mismo cabello, tus misma nariz, labios, piel.

—Max tiene los ojos chocolates. —apunte.

Observe cuidadosamente la expresión de Bella, pero lo único que vi fue amor y adoración fervientes reflejados en sus rasgos.

—Iguales a los míos. —susurro por lo bajo.

Dejo el celular de lado y miró a Max. Paso su mano cuidadosamente por su rostro. Su frente, sus mejillas y su pequeña nariz.

—Lo veo y lo único que puedo sentir es un amor incondicional. Cuando mis ojos lo vieron por primera vez tenía mucho miedo de que su origen me impidiera amarlo, pero no. No es así, Edward. —se giró a mirarme con los ojos llorosos— Es parte de ti y solo por eso, ya lo amo.

Acaricie su mejilla.

—Él te mira y se ilumina.

Sonrió llorosa.

—¿Y eso no te molesta? ¿Qué pasara en un futuro? Si nosotros seguimos adelante…

—… y lo haremos. —complete yo.

—No quiero que nada se interponga entre nosotros.

Limpie debajo de sus ojos para quitar la humedad.

—Y no lo hará. Te lo prometo. Aún tenemos algunas cosas que arreglar, pero tú eres lo que quiero. —bese sus labios— Y estoy seguro que Max también.

Bella sonrió y esta vez, la sonrisa si llego a sus hermosos ojos chocolates. Thomas regreso correteando, agitado por estar corriendo por el campo.

—Agua, mami.

—Aquí tienes. —agarre una botella de agua y se la entregue.

Thomas se dejó caer sobre el piso. Le abrí la botella de agua y se la entregue.

Bella me dio una mirada significativa, así que supuse que el momento había llegado.

Bella me entrego a Max en brazos. Lo puse sobre la manta con algunas almohadas que traje desde la habitación principal. El aire cálido de la tarde cayendo me relajo.

Bella atrapo entre sus brazos a Thomas cuando dejo la botella de agua de lado y lo ataco a besos.

—¡Mami! —chilló.

Bella hizo cosquillas sobre su abdomen.

—Dime que me quieres.

—¡Te quiero!

Beso su rostro una y otra vez.

—¡De nuevo!

—Te quiero.

Bella lo dejo libre.

Thomas se quitó el pelo de la cara y resoplo.

—Queremos hablar algo contigo, bebé.

Thomas inflo las mejillas y dejo caer el rostro sobre una de sus manos.

—¿Hice algo mal, mami?

Bella entrecerró los ojos.

—¿Lo hiciste?

—¡No! —negó.

Bella me ofreció su mano. Entrelazamos nuestras manos y me lleve su mano al rostro para besarla.

—No te voy a regañar, bebé. —Thomas sonrió gracias a las palabras de Bella y se corrió hasta ella para abrazarla.

Bella corrió su cabello y beso su frente.

—¿Recuerdas cuando me preguntaste sobre tu papi?

Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad en mi pecho. Era como tener una manada de caballos dentro de mí corriendo a toda velocidad. Observe con ansiedad la expresión de Thomas.

—Dijiste que papi se fue porque tenía que buscar la oruga más bonita en el mundo para ti.

Se me rompió el corazón. No podía creer que Bella hubiera usado la vieja historia que Esme nos contaba de pequeños sobre la princesa y la pequeña oruga. De allí el apodo con el cual la llamaba cuando adolescentes.

—Sí. —Bella siguió acariciando su rostro— y te dije que tu papi volvería cuando la consiguiera, pero ya no volvería por mí, sino por ti.

Thomas se alejó y frunció el ceño.

—Pero no lo hizo. Ni en mis cumpleaños y tampoco en navidad. —se cruzó de brazos.

Bella acaricio su entrecejo.

—La vida a veces no te permite volver a dónde quieres realmente estar. Es la cosa sobre los adultos, bebé. La vida es complicada, pero no hay nada en el mundo que lo alejara de ti para siempre. Eres su bebé como eres el mio.

Thomas saco su labio inferior.

—¿Fui un mal niño, mami? ¿Por eso me dejo?

Las lágrimas se aglomeraron en mis ojos.

—Nunca. —dije yo, reteniendo las lágrimas. Me obligué a ser fuerte por mi pequeña familia— Eres perfecto.

Thomas miró hacia el piso, agarrando entre sus dedos la hierba del suelo.

—Te quiero mucho, mami, pero todas las noches le pido al cielo que mi papi recuerde que estoy aquí. No quiero a la oruga más bonita como la princesa. Lo único que quiero es que nos ame.

Bella puso un dedo bajo su barbilla.

—Él te ama, cariño. Estoy segura de eso. ¿Quién podría no amarte cuando eres el niño más hermoso del mundo? Necesito que me escuches con atención, cariño. Mami también se equivocó y cometió errores, pero siempre quise lo mejor para ti. Y tienes que saber que tu padre está de regreso.

Todo el cuerpo comenzó a temblarme.

Thomas se alejó del toque de su madre y me miró.

—¿Eres mi padre?

La pregunta me desarmo. No sonaba como un niño, sonaba como un adulto. No había nada de dulzura en su pregunta, solo la sospecha. Me hundí en sus ojos verdes iguales a los míos.

Bella lo miraba sorprendida.

—¿Cómo lo sabes, bebé?

Él encogió un hombro.

—Dijiste que amabas muchísimo a papá y Edward también te ama. Mi cabello es igual al suyo y tengo los ojos del mismo color. Y… —saco la lengua en ese gesto pensativo tan suyo— Ama los pancakes tanto como yo y odia el brócoli tanto como yo.

Una lagrima bajo por mi mejilla.

—Así que… —sus ojos verdes se llenaron de un tinte triste— ¿Eres mi papi, Edward?

Asentí sin palabras.

Agarre su pequeño cuerpo y lo atraje a mis brazos. Él escondió su pequeño rostro en mi cuello, mientras yo resguardaba el mio sobre su hombro.

Abrace a mi hijo con todas mis fuerzas, al bebé que no pude ver nacer, ni decir sus primeras palabras o pude ver dar sus primeros pasos. Por primera vez deseé poder echar el tiempo a correr de regreso para poder recuperar todos esos recuerdos perdidos.

Nada valdría más la pena, excepto Max.

Thomas dejo libre mi cuello, pero se mantuvo cercano a mi pecho con sus pequeñas piernecillas ancladas a mis caderas.

—¿Encontraste la oruga más bonita? —acaricio mi mejilla.

Su toque me termino por romper.

Negué entre lágrimas.

—Encontré algo mejor.

Sus ojitos verdes se llenaron de curiosidad.

—A ti. —respondí a su pregunta silenciosa.

Sus brazos se volvieron a envolver alrededor de mi cuello y me apreso de nuevo, escondiéndose en mi pecho. Me prometí a mí mismo que no lo dejaría ir. Nunca más. Pasará lo que pasara, Thomas siempre seria mio.

La sangre Cullen corría por sus venas.

Bella también lloraba a nuestro lado. Trataba de acallar sus sollozos con una mano sobre su boca, pero no lo lograba con éxito. La atraje con una mano en su cuello.

—Ven aquí.

Me beso entre lágrimas, mientras los tres nos hundíamos en un abrazo férreo que deseé durara para siempre.

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"Eres la razón por la que mi corazón sigue regresando. Siempre has sido tú. Siempre has sido tú."

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¡Hola, cositas bonitas! Las saludo desde mi camita, sufriendo las secuelas de la vacuna contra en covid-19. Ya saben ustedes, al fin nos tocó al sector de veinte años en adelante. Hablando de otros temas, les traje este nuevo capítulo lleno de muchísimos momentos y emociones. Podemos ver a Bella y Edward más unidos que nunca junto con sus hijos. La relación que fueron construyendo Edward y Thomas desde que Edward regreso a Forks me parece que preparo el escenario para decirle a Thomas que Edward era su padre. Como vemos, Thomas es un niño sumamente inteligente y los confronta de una manera muy divertida. Me encanto la parte en la que compara su cabello y ojos con Edward y sus particularidades amor/odio con la comida. Sin duda, fue un momento espectacular. Ya se los confieso, si derrame las de cocodrilo mientras editaba la escena y cuando leía de nuevo el capítulo. Ufffff… esperemos que todo vaya marchando igual de bien, ¿o no? Ya les di un par de pistas en el grupo de Facebook. Les sigo extendiendo la invitación para que se unan a la comunidad y puedan disfrutar de mis locuras, por supuesto, también de material extra como adelantos e imágenes referentes a cada capítulo. Sin más que decir, les agradezco una vez más por estar aquí otro sabadito más. Excelente fin de semana. ¡Besos!

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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