Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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Hozier – Take Me To Chursh

Dedos revoloteando sobre mi espalda desnuda me despertaron. Me removí entre las mantas. Estaba boca abajo sobre las sabanas con las manos bajo la almohada.

Besos languinos hicieron arder mi piel.

El pelo castaño de Bella me hizo cosquillas cuando se inclinó sobre mí para montarse a ahorcadas sobre mi trasero.

—Sé que estas despierto. —adivino divertida, palmeando mi espalda baja— Sino te despiertas, me encargare de ti.

Me encanto escuchar el sonido ligero y jocoso de su voz. Ambos estábamos totalmente relajados después de estar toda la noche haciendo el amor. No miento. Después de cenar, y dos veces más en la noche sobrante. Nos quedamos dormidos ya entrado el amanecer.

Bajo sobre mis muslos y literalmente, ella me mordió el trasero.

Me revolví en la cama hasta que nos gire y la aprese debajo de mi cuerpo.

—Mi turno.

Baje mi cabeza hacia uno de sus sesos y le di un mordisco a su pezón.

Sus caderas se agitaron hacia las mías, despertando mi muy entusiasmada polla.

—¡Ese no es mi trasero! —chilló.

Succione entre mis labios, usando mis dientes para aumentar la sensación.

—No me diste a elegir tampoco. —debatí cuando me separe de la ahora, húmeda piel— Puedo elegir lo que quiera.

Sus manos escalaron hasta mi cuello, luego a mi cabello. Ella tenía esta maña por apresar mi cabello entre sus dedos. Lo amaba.

—Tomemos una ducha. No son más de las once, todavía tenemos tiempo antes de que los niños despierten. —dejo un beso esquimal sobre mi nariz.

—Mmmm. —barrí mis manos por toda cintura hasta sus caderas— Me gustan los baños compartidos.

Su cuerpo se estremeció cuando pase las manos sobre su trasero, seguí mi viaje hasta el sur, directo a los pliegues de su coño.

Pobre poco a poco, preocupado de que estuviera adolorida, pero su respuesta fue todo lo contrario a lo que esperaba. Me miró a través de ojos chocolates llenos de lujuria liquida, abrió más las piernas y sonrió sensual.

—Llévame a la ducha.

La levante en vilo sobre mis caderas. Su coño y mi polla juntos. Su cuerpo entero se sacudió por la estimulación. Mis testículos se sintieron más pesados y mi polla creció por la necesidad y la excitación.

Entre al baño con ella en brazos, nos lleve directo a la ducha y abrí una de las manijas de la bañera.

—Creí que sería un baño rápido. —susurro.

La deje en el suelo sobre sus pies.

—Tenemos tiempo.

Quería disfrutar de ella en la bañera, entre mis brazos. Se me ocurrían un montón de escenarios posibles. Ella inclinada sobre la bañera, a horcadas sobre mi regazo mientras me montaba, sentada sobre el borde de la bañera mientras yo bebía directamente de su coño, pero Bella tenía otras ideas.

Levanto ambas manos para acariciar mi pecho.

Recargo la frente sobre el y susurro algo sobre mi piel.

—¿Qué? —pregunte, intentando buscarle sentido a sus palabras.

Quieropobaralgo.

Hablo demasiado rápido.

—No eniend… —mi voz se cortó cuando sentí su pequeña mano rodear mi polla. La sensación de sus dedos tomando la piel sensible de mi erección me hizo sisear— Bella…

—Quiero intentarlo.

Bajo y subió su mano. Deje caer la cabeza hacia atrás y mi cuerpo se tambaleo hasta que termine inclinado, prácticamente sentado, sobre el borde de la bañera.

Bella se estiro y desactivo los chorros de agua. Luego, se dejó caer entre mis piernas con sus rodillas sobre el piso. Con el pelo enmarañado sobre los hombros y ojos expectantes.

Esto no lo habíamos hecho antes.

—¿Tú…? —no pude evitar preguntar.

Su rostro se tensó por mi pregunta silenciosa. Casi me vi tentado a darme un puñetazo a mí mismo por bocaza.

—No. —respondió de forma simple— ¿Tú…?

Algo dentro de mí se apretó. Deseé tener la respuesta correcta para darle, pero le estaría mintiendo, algo que me prometí a mí mismo nunca volver a hacer. Mi silencio fue suficiente como respuesta.

—Bien. —paso una mano por mi abdomen bajo, acariciando entre sus dedos el vello cobrizo en una caricia silenciosa. Lo odia. Tenía que ser yo quien le ofreciera consuelo, no lo contrario.

Me incline, cogí su rostro entre mis manos y la bese.

—No tienes que hacerlo. —dije sobre sus labios.

Y era completamente verdad. No haríamos nada en lo que ella no se sintiera cómoda por muy excitante que pareciera. Pero Bella era cabezota y cuando una idea se le metía en la cabeza era imposible hacerla entrar en razón.

—Quiero intentarlo. —apreso mi muñeca.

—¿Por qué? —cuestione.

—Porque te amo y quiero darte ese placer. Tú lo hiciste conmigo anoche y quiero intentarlo para ti. No importa con quien hayamos estado en el pasado, Edward. Solo somos tú y yo ahora.

Poco a poco aleje mis manos de sus mejillas. En cambio, pase la punta de mis dedos por sus labios réyenos de color rosa suave.

—Soy tuyo para lo que necesites.

Una sonrisita rompió con la tensión. Deje caer mis manos y la deje que descubriera por mí misma qué camino tomar.

Sus dedos juguetearon de nuevo desde la base de mi polla hasta el glande.

No pude evitar soltar un gemido ronco.

Sus curiosos ojos revolotearon, divididos entre ver mis gestos y lo que su mano hacia. Gano su mano. Sus ojos se centraron sobre mi polla. Sus dedos probaron a acariciar mi glande al subir con movimientos circulares.

Esparció el pre semen por toda mi polla y su mano, haciendo un desastre húmedo. La lubricación provoco que su mano fuese un poco más rápido sobre mi polla y con su otra mano comenzó a acariciar mis testículos en un suave masaje.

No fue molesto o incomodo, simplemente distinto.

Cuando sus dedos tocaron el lugar exacto entre mis testículos y mi ano, justo detrás, mi cuerpo se sacudió a causa del placer que pulso por todo mi cuerpo.

Lo siguiente que sentí casi me llevo directo al infierno.

Comenzó a pasar su lengua por la base de mi polla, siguió con el masaje y todo se fue a la mierda. Lamio sus labios, antes de sumergirme dentro de su boca. Relajo la garganta como una campeona y me llevo hasta lo profundo.

Mis caderas se arquearon.

La vista era… simplemente hermosa.

Cogió una de mis manos y la llevo hacia su cabello, incentivándome a guiarla sobre mi polla.

Negué, mi mente estaba completamente nublada de placer por su boca sobre mí.

Sin embargo, ella me forzó hasta que tuvo mi mano agarrada firmemente sobre su cabello. Moví las caderas, sostuve su cabeza y embestí.

Gimió con mi polla profundamente enterrada en su garganta. La vibración hizo que mis testículos se tensaran. Aumente mis embestidas. Una y otra vez. Ella me miraba desde abajo con un brillo en los ojos que me dejo sin aliento.

—¡Bella! —sentí el orgasmo cerca. Apreté los dientes para intentar detenerlo y no correrme en su boca.

Su respuesta termino por derrumbar todas mis barreras.

De mi pecho salió un gruñido bestial cuando arremolino la lengua y succiono mi erección.

Volvió a hacerlo de nuevo.

Adopte una postura más abierta para darle el espacio necesario. Eso la animo. Empujo mi polla hasta el fondo de su garganta y volvió a sacarla. Mi pre semen era notorio sobre su lengua. La aferre del pelo y ella metió mi polla de nuevo en su boca.

—Sí. Sí. Dios… ¡Bella! —gruñí entre dientes. Mi pecho se expandió buscando oxígeno, las piernas se me acalambraron y el nudo en mi abdomen bajo se liberó.

Me corrí dentro de su boca.

Duro, fuerte y rápido.

Ella no perdió ni una gota de mi esperma. Y para cuando trago la última gota y se me dejo ir con una sonrisita en los labios, mi cuerpo era menos que gelatina.

—Eso no fue muy amable de tu parte. —trate de bromear, pero todo lo que logre fue un comentario sin chiste con voz quebrada.

—Creo que fue bastante amable. —ella recostó la cabeza sobre mi muslo.

La anime a levantarse tomándola de los brazos. La apreté contra mi pecho y escondí el rostro en la curva de su cuello.

—Creo que ya estoy muy viejo para esto.

—Calla, tonto. —me beso un hombro.

Volví a abrir la llave de la bañera. La volví a tomar en brazos y entre con ella a la bañera. Chilló y se rio. Yo aproveche para besar su cuello.

La bañera se desbordo cuando me senté y luego la senté a ella sobre mi regazo. Sus piernas encajaron perfectamente a cada lado de mis caderas.

—Mmmm… —ronroneo.

Detuve el agua a chorros cuando sentí que la temperatura del agua era lo suficientemente agradable.

—Tan caballero —dejo un beso en mi barbilla— que me dan ganas de montarte.

Al instante, mi polla ya estaba lista para cumplir el reto. Trabajo ella misma sobre su clítoris y se dejó caer sobre mi erección.

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Thomas correteo sobre la sala de estar completamente desnudo. Bella y yo no lo habíamos hablado de forma directa, pero desde que se había esterado que yo era su padre, hace dos días, su comportamiento era un poco errático.

Era como si intentara decirnos algo.

Bella suspiro cansada. Después de cuarenta minutos de perseguirlo por casa, parecía algo más que irritada.

—No me deja atraparlo. —recargo la frente sobre mi hombro.

Deje de lado la comida de Max. Mi hijo menor batió las manos en el aire, Bella tomó una servilleta y comenzó a limpiarle las manos.

—Thomas. —dije con voz tajante— Es hora de tu baño. Ahora.

Thomas paro detrás del sillón, se inclinó sobre el mismo y se colgó del respaldo.

—Quiero que me bañes tú.

—Tú padre le está dando de comer a Max. —respondió Bella. Podía notar como la irritación comenzaba a convertirse en algo más— Ahora, deja de comportarte como un vagabundo y vamos a que tomes tu baño.

Thomas entrecerró los ojos.

—¡No!

—¡Thomas! —Bella pego un puntapié contra el suelo.

Thomas se aferró al respaldo del sofá.

—¡No quiero que me bañes tú!

—¿Cuál es el problema? Podemos ver una película después, hijo. —ofrecí.

Los ojos verdes de mi hijo mayor resplandecieron furiosos.

—¡Ya no quiero un hermanito! ¡Odio tener un hermanito y odio que no puedas bañarme por darle de comer!

Como si fuera poco, Max grito.

—¡Pa!

—¡Te odio! —le grito Thomas a Max.

Bella y yo nos quedamos en estado de shock. Bella fue la primera en reaccionar. Se dirigió a Thomas y lo cogió de los hombros.

—Discúlpate con tu hermano.

Thomas se revolvió entre sus brazos hasta que logro zafarse de su agarre.

—¡No! ¡Eres una mentirosa y tú no te disculpas! ¡Te odio! —grito a todo pulmón.

Salió corriendo de la sala de estar. Bella se quedó estática en su lugar mirando por el lugar por donde había partido.

Su cuerpo se agito y escondió el rostro entre sus manos.

—Bella. —la cogí en brazos.

Se aferró a mi camisa mientras lloraba.

—Me odia. —murmuro en tono lastimero.

Me rompió el corazón.

Acaricie su cabello intentando tranquilizarle.

—Shhh. —bese una y otra vez la cima de su cabeza— Solo está confundido, pero te ama con todo su corazón. Por supuesto, también dudo que sepa lo que es exactamente odiar.

Bella intento retener las lágrimas, pero estas siguieron bajando por sus mejillas.

—Yo provoque esto. Es mi culpa.

—Solo tratabas de proteger a nuestro hijo.

Sollozo.

—Tú también deberías odiarme.

—Escúchame bien. Eso jamás podría suceder. Eres mi todo, Bella. Siempre lo has sido, aunque los últimos cinco años pareciera lo contrario. A veces intentamos proteger a las personas que amamos y lo único que terminamos haciendo es lastimarlas. Eso no significa que los amemos menos. Todo lo contrario. El amor tiene ese efecto sobre las personas. Tomamos decisiones y no siempre son las mejores y terminamos por sacrificar mucho más de lo que estamos dispuestos, pero el amor sigue allí.

El labio inferior de Bella tembló.

—¿Qué pasa si él no lo ve así? Crecerá odiándome.

—Iré a hablar con él y averiguare de donde viene todo esto. Solo tiene cuatro años, es demasiado joven para odiar a su madre.

Bella se rio agriamente.

—Nunca se es demasiado joven para odiar a nuestras madres.

Sabía que se refería a Renne, pero preferí no mencionarlo. Bese su frente y me dirigí hacia la habitación de los niños. Cruce el domo, el pasillo hasta las habitaciones y decidí entrar por la puerta independiente que no cruzaba por la habitación principal.

Encontré a Thomas sobre el piso, enfundado con su pijama de Spiderman. Tenía el rostro sobre las manos y los codos en las piernas.

Levanto la mirada cuando me noto entrar, pero no dijo nada.

Fui yo quien me acerque a él hasta sentarme a su lado. Despeine su cabello cobrizo para quitarle mella al asunto.

—Le gritaste a tu hermano y le hablaste muy mal a tu madre. La lastimaste mucho, Thomas.

No dijo nada.

—¿Qué pasa, campeón?

Siguió las coceduras de su pijama de Spiderman.

—No quiero hablar con ella. —dijo testarudo— Ella miente y me oculto la verdad y no me dijo que estabas de regreso.

—No fue solo ella, fue una decisión de ambos.

Entorno los ojos hacia mí. Su labio inferior sobre salió y me miro a través de ojos tristes.

—¿No querías ser mi papi?

—Lo quería con todo mi corazón, pero era un desconocido. No podía llegar simplemente y decirte: oye, soy tu padre. Me tenía que hacer parte de tu vida poco a poco, pasar tiempo juntos, que confiaras en mí y fomentar el cariño entre nosotros.

—¿Por eso mi mami me llevaba a la casa de la abuela Esme todos los fines de semana?

—Exactamente. Tu madre no te lo oculto, simplemente quería hacerlo más fácil para ti.

Thomas se acercó poco a poco. Subió a mi regazo y se abrazó a mi cuello en un abrazo apretado.

—No quiero que te vuelvas a ir, Edward.

De nuevo, el nudo en mi pecho se apretó. Deseaba con toda mi alma que me llamara "papá", pero eso sucedería cuando tuviera que suceder. Tenía que salir de él.

—No lo volveré a hacer.

—¿Cómo estas tan seguro?

—Bueno, tengo que estar aquí hasta que entres a la Universidad, te cases, tengas hijos, nietos…

Su rostro se arrugo.

—¡Puaj! Lo único bueno de las bodas son los dulces. No entiendo porque los adultos necesitan vestirse elegantes para comerlos. ¿Puedo comer solo dulces en mi boda?

Su ingenio me derritió.

—Puedes. —accedí.

—Bien. —se recostó sobre mi hombro— ¿Hice llorar a mami?

—La lastimaste. Le dijiste que la odiabas y que era una mentirosa. La próxima vez que te sientas molesto por algo, tienes que hablarlo con nosotros, no dejarte llevar por la rabia y gritarle a tu madre.

—No quería lastimar a mi mami. —susurro en voz muy baja.

—Bueno. —bese su frente y lo levante para ponerlo sobre el suelo— ¿Qué tal si te tomas tu tiempo para hablar con ella?

Titubeo, pero termino por asentir.

Me puse del pie y agarrados de la mano volvimos a la sala de estar.

Bella estaba inclinada sobre la sillita de Max terminándole de dar su papilla. Max se reía encantado por la atención, sonriendo abiertamente para mostrar sus dientecillos recién salidos.

Toc, toc. —di unos toques al marco de la puerta.

Bella se giró sobre sí misma. Había algunas manchas de lágrimas secas sobre sus mejillas y sus ojos chocolates se mostraban tristes.

—Alguien por aquí se quiere disculpar.

—¿Así? —fingió desinterés. Luego, miró a todas partes— No veo a nadie más por aquí.

—¡Mami! —Thomas salto sobre sus pies— ¡Estoy aquí!

—¿Escuchaste algo? —se puso una mano sobre la oreja.

—¡Mami!

Thomas corrió por la sala de estar hasta impactar contra sus piernas.

—Oh. —Bella miró hacia abajo— Hola, Thomas.

Thomas removió un pie sobre el piso.

—¿Puedes perdonarme por gritarme?

Bella se agacho a su altura.

—¿Qué dijimos sobre decir cosas que realmente no sentimos?

—Dijiste que podía lastimar a las personas.

—¿Y te das cuenta que me lastimaste?

Thomas hizo pucheros con su barbilla temblando.

—Sí, mami.

—¿Y vas a volver a hacerlo? —cuestiono pacientemente.

Thomas negó y enredo sus brazos alrededor de ella. Bella lo alzo en brazos y dejo muchos besos en su rostro. Pequeños besos por todas partes.

—Te amo, mami. —murmuro Thomas.

Max grito, lanzando su papilla hacia ellos.

—¡Tho! ¡Tho! ¡Tho! —chilló.

La boca de Thomas formo una perfecta "o".

—¡Mami, dijo mi nombre!

Bella beso su mejilla. Ambos miraron emocionados a Max, me acerque y saque mi celular para tomarles una fotografía. Fue el cuadro perfecto.

—¡Ma! ¡Ma! ¡Ma! —esta vez grito hacia Bella.

El impacto de las palabras hizo que Bella se tambaleara.

Solté un suspiro entrecortado.

Thomas frunció el ceño confundido.

—¿También eres su mami?

Empezó a llorar, no pudo evitarlo. Estos días habían sido un torbellino emocional. La tomé de los hombros y la sostuve.

—Shhh. —cogí su rostro entre mis manos— Está bien, cariño.

Thomas me jalo de la camisa para llamar nuestra atención.

—Está bien si quieres ser su mami también. —dijo listillo.

Bella rompió a reír entre lágrimas. Abrace sus hombros para decirle en silencio lo que ambos ya sabíamos. Si alguien podía ser la madre de Max, esa era ella.

—Y de pronto, ya tienes dos hijos maravilloso. La vida es buena —bromeo.

Limpie las lágrimas de sus mejillas.

—Muy buena.

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Mi espalda calo contra la pared, Bella estaba prácticamente contra mí. Nos la estábamos montando en grande después de la cena.

Thomas y Max habían caído completamente exhaustos luego de una tarde de juegos y películas. Pensamos en salir a pasear de nuevo por el campo o el bosque, pero la torrencial lluvia que caía afuera nos lo impidió.

Sus manos rebuscaron de bajo de mi camisa. La sensación de sus uñas raspando contra mi piel enviaron un latigazo de placer por todo mi cuerpo.

Ancle sus piernas a mis caderas.

—¡Ah!

Ambos lo queríamos duro, fuerte y sin previos.

—El sofá. —dijo contra mi boca.

Nos dirigí al sofá a la par que nos besábamos. Sus dientes apresaron mi labio inferior, lo mordió rosando en el dolor para luego succionarlo.

—Mierda.

La deje sobre el sofá. Se alejó lo suficiente para quitarse la blusa suelta y el sostén deportivo debajo de ella. Sus senos colgaron frente a mi rostro. Los ataque sin pensarlo. Bese, mordí y saboreé sus pezones en mi boca. Su sabor dulzor mezclado con la salinidad de su sudor me volvió loco.

—Te necesito.

Me empujo el pecho, se giró de rodillas sobre el sofá hacia el respalda y se inclinó ella misma. Su trasero quedo volando en al aire en una invitación silenciosa.

—Edward. —me exigió.

Baje sus pantalones cortos junto con las bragas, hice lo mismo con los míos. Cogí mi polla hinchada entre mis dedos, acariciando a mí mismo para calmar mi propia necesidad.

—¿La quieres, cielo?

—¡Sí!

Pude ver la excitación brillar desde su coño. Joder, estaba goteando. Mi polla pulso ante la bonita vista. Una ráfaga de pre semen salió de mi hendidura.

Bella aspiro con brusquedad cuando me incline sobre ella, apresándola con mi propio cuerpo. Mi rostro en la curva de su cuello, mi pecho contra su espalda y mi polla en su trasero.

Mi glande rebusco entre sus labios mayores hasta aguardar sobre su clítoris. Comencé a mover las caderas poco a poco.

—¡Dios! —musito.

Me reí contra la piel de su cuello.

Una risa ronca y excitada.

—Eres malo. —movió su trasero.

Guie una mano por debajo de su cuerpo. Cogí unos de sus senos, moldeándolo en mi mano. Acaricie por todas partes hasta apresar su pezón entre mis dedos y jalar. No de manera brusca, solo un leve tirón.

Su cuerpo se sacudió.

—¿Te…? —pregunte.

—Sí, me acabo de correr. —dijo sobre la tela del sofá mientras se removía inquieta entre mis brazos— Estoy muy sensible.

Acaricie su abdomen con mis dedos.

—¿Quieres que paremos?

—¡No te atrevas!

—No quiero lastimarte.

—Me gusta. —giro un poco la cabeza para mirarme— Y me gustaría más si te movieras.

Rodé mis caderas.

Echo la cabeza hacia atrás.

Puse una mano sobre su espalda baja.

La hice ampliar las rodillas para darme más espacio y entre en ella de una sola embestida. La vista de su trasero contra mis caderas me dejo sin aliento. Mi polla desaparecía. Entre en ella, una vez, otra, y luego otra. Cogimos un ritmo más rápido de lo usual. Sus nudillos se volvieron blancos al aferrarse al respaldo del sofá.

—¡Mas rápido!

Use el brazo debajo de su cuerpo para ajustar el ángulo de la penetración.

—¡Sí!

—¡Bella! —gruñí.

—¡Justo allí! —chilló, echando la cabeza hacia atrás cuando mi glande toco esa zona rugosa dentro de ella. Su punto G.

Me concentre en ese punto, embistiendo sobre el.

Su espalda se fue cubriendo de sudor poco a poco, en tanto nuestros jadeos inundaban la habitación.

Nuestros olores mezclados en el aire.

No tarde mucho en sentir como sus paredes pulsaban por mí. Su orgasmo encamino el mio. No quería correrme sin ver su rostro. Apreté los dientes para detener mi inminente corrida.

—¿Edward…?

La gire sobre sí misma, me senté sobre el sofá y la puse a ahorcadas sobre mis piernas.

Espere por una negativa o alguna queja, pero ella misma se dejó caer sobre mi polla, aferrándose a mis hombros. La ansié por las caderas, flexionando los dedos sobre su piel pálida.

La deje llevar el ritmo.

Sus pezones rosaron contra mi pecho, su cuerpo se sacudió. Flexione mis manos sobre su espalda y la atraje hacia mí, tomando el mando. Mis dedos apresaron su piel resbaladiza hasta su trasero, apreté entre mis manos sus turgentes globos y comencé a mover la cadera a la par de su cuerpo.

Su cuerpo se convirtió en un arco perfecto, las puntas de su cabello rozaron mis muslos.

Atraje su cabeza hacia mí. Nos besamos con la boca abierta, nuestras lenguas lucharon por el dominio hasta que gane sobre ella. Me encargue de ella. Mi polla enterrada profundamente en su coño pulso.

Cerró los ojos.

—Mírame.

Se sostuvo de mis hombros para no dejarse ir.

—Míranos. —baje la mirada hacia donde mi polla desaparecía entre sus pliegues.

Lo hizo. Y eso fue todo. El orgasmo ataco su cuerpo como un tren a toda carga. Sus paredes me abrazaron hasta lo imposible, casi hasta el dolor. Gruñí entre dientes mientras me corría.

Lloriqueó sobre mi pecho.

Poco a poco dejo caer su cuerpo laxo sobre el mio. La acune sobre mi pecho y quite el cabello pegajoso de su rostro.

—Hola tú. —me saludo.

—Hola tú. —masajeé sus caderas.

Nos quedamos así por el resto de la noche, mirándonos el uno al otro. La vida era buena, increíblemente buena. Conectar de nuevo de todas las maneras posibles, convivir con nuestros hijos, probar todo sobre la vida que se nos fue negada.

Siempre debió de ser así.

Deberíamos estar casados, atados a la vida rutinaria, lidiando con las aventuras y desventuras de las parejas. Deberíamos haber ido a la Universidad juntos, apoyarlos el uno al otro con nuestras respectivas empresas. Y aquí estábamos, viviendo a momentos robados sobre la realidad. Un espacio de tiempo que pronto acabaría.

—Tienes esa expresión. —acaricio entre mis cejas— Te sale una arruga justo aquí. Y tu mirada se nubla. Sea lo que sea, aléjalo. Ahora mismo solo somos tú y yo.

—No por mucho más tiempo.

—¿A quién le importa? Seguiremos siendo los mismos. Nadie nos puede quitar esto, Edward.

Sí que había varias cosas que podían quitárnoslos. No lo dije. Preferí tragarme las palabras y esconder mi miedo.

—¿Por qué no vas arriba mientras nos preparó algo de cenar? —quería distraerla.

Le tendí mi camisa.

La ayude a ponérsela. Cogió su ropa y la mía tirada por todo el piso y la llevo consigo.

—Si tardas demasiado vendré a buscarte, Cullen. —amenazo.

Levante las cejas.

—Entendido, señora. —le guiñe un ojo.

Se marchó por el pasillo moviendo ese pequeño trasero que amaba. Suspire y me pase una mano por el cabello. Descubrí mi celular tirado en el piso al lado del sofá. La pantalla estaba encendida con un par de mensajes en ella.

El primero era de Esme.

"Asegúrense de volver antes del martes. Escuche sobre una lluvia de nieve. Los amo. Dale un beso a mis nietos de mi parte" —EC.

Garrett.

"Mierda, llámame, tengo noticias. Es sobre Kate y yo. Chico, me puse la soga al cuello. No lo puedo creer. ¡Nos vamos a casar!" —GM.

¿Qué demonios…? Tenía que llamarlo.

Carlisle.

"Llámame cuando revises la carpeta. Intente buscarla en tu habitación, pero no la encontré. La necesito para algunos trámites. Me alegro que Bella y tú se tomaran el tiempo con Thomas y Max. Tu madre manda saludos" —CC.

¿La carpeta?

Algo hizo click en mi mente en ese mismo momento. La carpeta que J. Jenks había hecho sobre James y parte de la investigación de la muerte de Clarie que mi padre quería que leyera. La empaque en mi maletín. El mismo que estaba en la habitación ahora mismo.

Mi cuerpo entro en piloto automático. Me puse de pie de un salto, me apresure sobre el domo y el pasillo.

Un ruido sordo rompió con la quietud de la casa en silencio.

Descubrí a Bella sobre el suelo. A su alrededor se desplegaban un puñado de papeles. Sostuvo una fotografía entre sus dedos entes de que el temblor de sus manos hiciera que cayera al piso.

Su rostro lucia más pálido de lo usual.

—Bella…

—¿Por qué no me lo dijiste? —agarro los papeles y los arrugo entre sus manos— ¡¿Por qué no me lo dijiste?! —grito.

Apreté la mandíbula.

Mi corazón se saltó un latido.

—La… la mataste. —su voz rota fueron como cuchillos incrustándose en mi alma— Todo lo que dice aquí es que la mataste y Carlisle te ayudo a encubrirlo. Hay declaraciones falsas, transacciones, tráfico de evidencias. Tu padre se encargó de desestimar la evidencia a pesar de que encontraron tu ADN en el auto, creo una declaración falsa y planto evidencia. ¡Hay una maldita investigación sobre toda la vida de James!

Di un paso hacia ella.

—¡No te acerques! —se arrastró sobre el piso— ¡No te atrevas a dar un maldito paso hacia mí! No sé quién eres.

El miedo estaba ilustrado por todo su rostro. Hace unos momentos había sostenido su cuerpo desnudo entre mis manos y ahora no podía soportar ni siquiera que intentara acercarme a ella.

—Quiero la verdad de una vez por todas. Dime que no mataste a mi hermana por favor. —lloro.

Apreté los puños.

—Lo hice.

Había comprendido algo durante todo nuestro tiempo aquí. Por más que Bella y yo intentáramos escapar del pasado, este siempre enterraría sus garras afiladas sobre nuestro presente. La verdad sea dicha. Ahí estaba la respuesta de todo. La respuesta a todas mis mentiras.

Yo lo hice.

Yo maté a Clarie Swan.

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"Te alabare como un perro ante el altar de tus mentiras. Te confesare mis pecados y tu podrás afilar el cuchillo. Bríndame la muerte inmortal"

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*¡AGITA LA BANDERA BLANCA!* Hola, preciosas. ¿No es un bonito domingo? Hahahaha, no me maten por favor. Vamos de parte en parte. Comenzamos con un ilustrado amanecer para Bella y Edward. Quien pudiera ser esos dos pillos. Bella se ganó un diez. Después, nuestro pequeño Thomas tuvo un pequeño tropiezo el cual era de esperarse. Es un niño que de pronto se descubre con un hermano y un padre y aunque lo ha llevado excelente no podemos evitar recordar que solo tiene cuatro añitos nuestro angelito. Ahora, Bella y Edward le sacaron fuego a ese sofá. LITERALMENTE. Owwww, pero no todo es perfecto. Y el pasado asoma su cabeza de nuevo. Edward cometió un error al llevar esa carpeta consigo al viaje y ahora Bella descubrió la verdad sobre la muerte de Clarie. ¿Ustedes se lo esperaban? La única cosa que diré es que, como dicen en mi México hermoso, a quien a hierro mata, a hierro muere. ¡Las espero por aquí el siguiente sabadito! Muchas gracias por leerme.

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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