Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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Goodbye – Diskordia

El silencio se acentuó entre nosotros.

Los ojos de Bella revolotearon en estado de shock, como si no pudiera creer lo que acababa de admitir, pero era así de crudo. La verdad. Sin más mentiras, sin secretos. Había estado allí, nadando en la superficie desde aquel día hace casi siete meses.

—¿Tú que…? —su voz se rompió al no poder continuar.

—¿No era lo que querías? —dije sin más— ¿La verdad? Allí la tienes.

—¡¿La verdad?! ¡La maldita verdad! —se puso de pie hasta dar contra mí. Sus puños impactaron contra mi pecho una y otra vez— ¡La maldita verdad! ¿Cómo pudiste? ¡¿Cómo?! Se supone que estábamos intentando recuperarlo. ¡Se supone que el pasado no importaría de ahora en adelante! Mandaste a investigar a James.

Aprese sus muñecas entre mis dedos para detenerla.

—Tenía que hacerlo. —susurre— No podía confiar en nadie. No en él. Sobre todo después de como de trato, pero todo lo que hice… no quería lastimarte. Ni a ti ni a nadie. Ella… tuve que hacerlo. —volví a repetir, ella debía saberlo. Jamás hubiera lastimado a Clarie deliberadamente si no fuera porque ella misma me obligo a ir en contra de todos mis principios.

Su aliento acaricio mi cara al cuestionarme de nuevo.

—¿Tenias? —negó— No. No tenías. Dijiste…. Dijiste que la amaste. ¡Dijiste cosas en el hospital! ¡Hablaste de su boda! Me dijiste a la cara lo importante que era para ti, ¿y ahora me dices esto? —se zafó de mi agarre— ¿Quién demonios eres? ¿Y James? ¿En serio? No puedo creer que le deje para estar contigo. ¡Soy una estúpida!

La deje ir. Necesitaba darle espacio. Si presionaba demasiado, la terminaría perdiendo de una vez por todas.

No podía permitirme perderla de nuevo.

—Te mentí.

Se dejó caer en la cama.

—Y lo dices así, como si nada. —se rio amargamente— Me folle al hombre que acaba de admitir que mató a mi hermana. ¿Qué se supone que haga con eso, Edward? —no pude soportar verla tan perdida y rota, así que desvié la mirada al otro lado de la habitación— ¡Dímelo!

Apreté las manos en puños.

—Puedes llamar a tu padre y decirle la verdad.

Confesaría por ella.

—¿Y decirle que? —pregunto con sorna— "Hola, Charlie. ¿Cómo va tu fin de semana? Oye, tengo una noticia. Resulta que Edward mató a Clarie. ¿Qué tal si nos haces una visita a la casa de la abuela Marie?" ¡Hijo de puta! —dejo caer la cabeza entre sus manos— No puede ser. Esto es una locura. Tengo que estar soñando. Esto es… una pesadilla.

Comenzó a decirlo una y otra vez como un mantra. Su voz se hizo cada vez más susurrante, hasta que se rompió en frágiles lloriqueos.

—Nuestros hijos están aquí, se supone que este viaje era para comenzar de cero.

—Lo hicimos. —respondí.

Levanto la cabeza de entre sus manos. Me rompió verla con ojos hinchados por el llanto que manchaba sus mejillas.

Yo lo hice.

Lo hice de nuevo.

Y a pesar de que siempre estuve consiente que este día llegaría, pensé que tendría más tiempo para explicarle. Maldita sea mi estupidez. Maldita sea la carpeta y la maldita investigación de la muerte de Clarie. Debí haber quemado esos papeles.

—No así. Y no de esta forma. —sorbió su nariz— Dime de una vez por todas que demonios fue lo que paso. No pudiste despertarte un dia y decidir matar a la tu esposa. La madre de tu hijo. —aquello envió un tinte de furia a mi sistema. Esa maldita no merecía llamarse la madre de mi hijo. Ni de mi hijo ni de nadie. Nunca tuvo entrañas, hizo las peores de las bajezas por obtener lo que quería y retenerme a su lado— ¿Cómo pudo Carlisle ayudarte? ¿Te das cuenta del alcance? De decirle todo esto a la policía, no solo te estaría destruyendo a ti, también a Max y Thomas, Esme. Emmett. Toda tu familia. ¿Alguna vez pensaste todas las consecuencias?

Las pocas fuerzas que me quedaban se esfumaron.

Caí de rodillas y miré al piso.

—Lo tenía que hacer.

Bella se arrastró desde la cama hasta el piso y llego hasta mí. Aferro su mano en mi nuca y enredó sus dedos en mi cabello. Me forzó a mirarla.

—Te exijo que me digas la verdad de una vez por todas. Si significo algo para ti. Si me amas y amas a nuestros hijos. —me atravesó con su mirada— Necesito saber a qué me enfrento. Necesito que me lo expliques para poder entender como el hombre que amo fue capaz de esa aberración.

Trague en seco. Y me dije, que era ahora o nunca. Si Bella había logrado llegar por si sola a parte de la verdad, tarde o temprano se terminaría por descubrir las piezas faltantes. Allí estaba. Inclinada sobre sus rodillas suplicándome la verdad. Al menos le debía eso de una vez por todas.

—Esa noche en la fiesta de Jessica me desmaye. Tuve una crisis convulsiva y no supe más de mí. —dije de forma autómata. Como si pudiera decirlo sin hundirme en mi mente y ver a través de mis dolorosos recuerdos— Si no atacábamos el cáncer pronto… —hice un gesto negativo— no lo logaría. Tenía apenas fuerzas para levantarme. Por eso Clarie me acompañaba a todos lados. La gente del pueblo comenzó a hablar y aunque intente ignorarlos, me fue imposible. Sabía que te deje destrozada. Sabía lo que decían de nosotros. Poco tiempo después, un día en la cafetería del pueblo, escuche a dos chicas hablando de Clarie y de mí. Fue inevitable que se regara como pólvora, todos ellos pensaban que te había engañado con tu hermana. Lo hablamos y me convenció de que era lo mejor. Una fractura limpia. Me dijo que cuando el cáncer se fuera, podríamos volver y te explicaríamos todo juntos. Creí en sus palabras, era mejor eso a pensar en el horrible dolor que te provocaría saber que estaba muriendo. —la mirada de Bella se volvió de nuevo llorosa— Lo sé, mi amor. Fui estúpido. Perdóname. —tomé su mano entre las mías para besarlas. Necesitaba de ella para poder continuar—Primero nos trasladamos a Phoenix, pero Chicago ofrecía algo mejor, mi enfermedad ya estaba muy avanzada. Use parte de mi fideicomiso universitario para poder seguir adelante con todos los tratamientos. Rentamos un lugar cercano al hospital para mi próxima cirugía. Ella… —mi garganta se cerró. Me esforcé a seguir hablando pese a la sensación— comenzó a actuar extraño y eso me asusto. Mis días se volvían confusos y borrosos, apenas podía abrir los ojos. Un día simplemente algo cambio en mí. A pesar de los medicamentos me sentía más cansado de lo común. Se lo intente decir, pero ella decía que era exactamente lo que el médico me recetaba y le creí. De nuevo. —mi cuerpo comenzó a temblar, mientras el sudor se acumulaba en mi nuca— No mucho tiempo después descubrí un par de marcas en mis hombros y brazos. Pensé que me estaba volviendo loco. Pensé que las medicinas estaban equivocadas y las deje de tomar. Ella entro esa noche a mi habitación y…

Bella se tapó la boca.

—Ella… ella… —tartamudee.

De golpe deje salir el aire en mi pecho. Mi garganta quemo y las imágenes detrás de mis ojos me revolvieron el estómago. Me incline y comencé a respirar de forma pesada. Las lágrimas se aglomeraban en mis ojos.

—Edward. No. —sollozó.

—La confronte. —no podía parar. Seguí hablando— Pero todo se salió de control de un momento a otro. Me amenazó y dijo que me acusaría de violación. Intente llamar a Charlie a la mañana siguiente, pero ella ya había planeado algo.

Bella atrajo sus piernas a su pecho. Su estado de desnudes se sintió incorrecto. Se veía vulnerable y pequeña. Ambos nos veíamos de ese modo.

Jale una manta que estaba a los pies de cama y se la puse sobre los hombros. Ella la acomodo de tan forma que la cubriera en las partes necesarias.

—Una prueba de embarazo positiva. —el sabor amargo de la bilis inundo mi boca— Me dijo que si hacia algo contra ella, el mismo camino seguiría el niño en su vientre. Entonces supe que no podía terminar bien. Lo vi a través de sus ojos. Los siguientes meses me esforcé por recuperarme, pase por la cirugía y la recuperación. Luego le siguió la quimioterapia y la radioterapia. Nos casamos ese mismo año.

Note la tensión en los hombros de Bella.

—¿Ella…?

Miré al piso como si allí fuera a encontrar las respuestas.

—Fue mejor no pensarlo. Prefería ignorarlo. Luego… ella me dijo que estaba de nuevo embarazada. —me reí como un maldito desquiciado— ¿De nuevo? Y me dijo que el otro había muerto, como si fuera basura desechable. Y creí que podía dejarla, hasta que…

Deje las lágrimas correr por mis mejillas.

—¿Hasta qué, qué? ¿Qué fue lo que hizo?

—Discutimos. Le dije que la dejaría. Estaba listo para mandarla al infierno. No estaba dispuesto a creer que estaría embarazada de nuevo. Y entonces ella… dijo que… que tenía muestras mías. Le dijo al doctor que era algo que queríamos. Que si moría ella quería tener a mis hijos todavía.

—¿Max…?

—El segundo bebé se fue como llego, en silencio. Ni si quiera sé si de verdad existieron o no. —pase una mano por mi cabello— Es una locura, ¿no? Pensar que simplemente lo desecho luego de que nos casamos. Fue profundamente doloroso, pero supongo que me lo merecía. Le permití adentrase en mi vida poco a poco.

Me atreví a mirarla, esperando ver el asco dibujado en su rostro. No encontré otra cosa que un profundo dolor y devastación.

—Estudie arquitectura, trabajaba, y todas las noches me tomaba un somnífero que mandaría a dormir hasta a un cabello. Y un día solo lo dijo. Y supe que si intentaba hacer algo, ella volvería a atentar en contra de ese bebé. Esta vez le pedí pruebas de la existencia del bebé. El mismo día que Tanya nos confirmó que seriamos padres de nuevo…. ese mismo día decidí matarla. Pero necesitaba ser cuidadoso, así que planee todo con sumo cuidado. La parte buena es que habíamos construido una vida sólida en Chicago. Todos se tragaron la imagen de esposo dolido y traumatizado por la muerte de su esposa. Lo tenía que hacer creíble.

Moví mi mano hasta acariciar la cicatriz de mi espalda.

—Le gustaba lastimarme por las noches cuando…

—No lo digas. —me suplico con voz rota.

—A veces me despertaba con tanto dolor que apenas podía levantarme de la cama. La peor de todas sucedió una semana antes del accidente. —sentí los bordes rugosos de la piel bajo mis dedos— Quería volver a Forks y no podía permitírselo. Si estaba cerca de ti… pensé que no se detendría. Discutimos, me grito que estaba harta de mí y del niño en su vientre. Me dijo que todos los días se preguntaba cómo es que se había enamorado de mí. Desde esa noche dormí en el sofá, ya no quería pasar ni un segundo a su lado. Eso la enfureció. Esa noche no tomé ningún tipo de somnífero, así que la sentí salir de la habitación. Sabía lo que vendría, y me dije que si me tocaba, entonces no podría soportarlo. En cambio saco una cuchilla y la clavo en mi espalda. Pensé que moría…

Bella se arrastró sobre sus rodillas a mi espalda.

Con sus dedos acaricio la piel gentilmente.

—Parece casi una "N".

—Lo era, hasta que la detuve. La agarre por la nuca y plante cara. Le dije que si volvía a tocarme alguna vez en su vida, me aseguraría que fuera lo último que hiciera. Una semana después salió con Tanya. Se supone que esa tarde estaría en la oficina con Garrett, fue la oportunidad perfecta. Y lo hice, pero fui descuidado y no fue tan fácil como parecía. Fue tan liberador como traumático…

—Así que llamaste a Carlisle.

—Sí.

La frente de Bella hizo contacto con mi espalda. Sus labios besaron mi cicatriz, mientras sus brazos se enredaban alrededor de mi cintura. Me recargue sobre su cuerpo.

Me permití descansar después de cinco dolorosos años.

No me pasó desapercibida la humedad sobre mi piel o el temblor del cuerpo de Bella.

—Lo que te hizo. Si la tuviera frente a mí…

Tomé sus manos.

—Todos tenemos un punto de ruptura.

—El suyo… —comenzó a decir.

—… fui yo.

—Y el tuyo fue Max.

—No podía permitir que creciera con una madre así. Sabía que si lo hacía de la manera correcta el bebé no estaría en peligro. Tente al destino y rogué por un milagro. ¿Eso me hace malo?

Bella limpio sobre las lágrimas en mis mejillas.

—Eso solo te hace más humano y te hace exactamente igual al hombre que amo. —puso una mano sobre mi pecho, exactamente sobre mi corazón— Todos tenemos un poco de oscuridad.

La tomé del rostro.

—Si ya no quieres continuar con esto…

Puso sus manos sobre las mías.

—Nunca. ¿Me entiendes? No me vas a volver a apartar de tu lado. Promételo. —me demando.

—Lo prometo.

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Nos quedamos así toda la noche, abrazados el uno al otro, como si necesitáramos asegurarnos que ninguno de los dos iría a ningún lado. Pecho con pecho, y su cabeza recargada en mi hombro, nos mantuvimos juntos. Mi mano paso una y otra vez por la suave piel de su brazo, tratando de decirle en una sola caricia todo lo que sentía.

La mañana dio paso al cantar de los pájaros, el sol entro como un intruso por el ventanal, iluminando todo a su paso.

No paso mucho tiempo antes de que escucháramos ruidos en la habitación de Thomas.

—Ese debe ser Thomas. —susurro Bella.

No dije nada. Simplemente espere a por nuestro hijo. Thomas salto a nuestra cama entre risitas.

—¡Quiero salir a jugar con las mariposas!

Bella se cubrió bien con la manta y a mí me paso un pantalón de pijama corto del closet.

—¿Qué tal si preparo un desayuno mientras tu padre y tú salen a dar un paseo? —dijo Bella mientras recogía apresuradamente los papeles regados por el piso. Los volvió a mater en la carpeta y la escondió debajo de la cama al tomar sus chancletas de baño— ¿Tu hermano ya despertó?

Thomas sacudió la cabeza.

—Mi hermanito está dormido.

Se recorrió en la cama hasta asomar la cabeza por debajo de la cama.

—¿Qué son estos papeles, mami?

Me apresure a tomarlos.

—Son cosas del trabajo de papá. —Bella tomó la carpeta de mis manos— La guardare en el closet, ¿está bien eso para ti, Edward?

—Excelente. —repuse tensó.

En un intento por relajarme, cogí a Thomas por la cintura y lo levante sobre mi cabeza.

—¿Qué tal un avioncito hasta llegar afuera?

Se revolvió entre risas.

—¡Aquí no hay aviones, Edward! —chilló.

—Te puedo convertir en uno. —propuse.

Bella me miró nerviosa. Sabía por la tensión de sus hombros y la rigidez de sus gestos que no se había recuperado de todo lo que hablamos.

Me acerque a ella sin soltar a nuestro hijo.

—¿Estas bien?

Apretó la manta alrededor de su cuerpo. Deje caer a Thomas sobre mi hombro. Su cabeza cayó en mi espalda, en tanto sus pies volaban sobre mi cabeza.

—Verlos juntos me hace bien.

Acaricie su mejilla, necesitaba sentirla para saber que todo iría bien. Si ella no soportaba seguir conmigo después de saber hasta dónde llegue por ir en contra de su propia hermana y decidía dejarme, lo aceptaría. No podía obligarla a ir en contra de sus principios. Me partiría el corazón, pero tendría que dejarla marchar. A ella, pero nunca a Thomas. Eso era seguro. Thomas siempre tendría un padre que lo sostuviera, nunca más ese lugar estaría vacío.

Agarro mi mano y la beso.

—Solo necesito tiempo.

Subí mi mano hasta pasar mi dedo pulgar por su cien.

—¿Cuánto tiempo?

—Hare el desayuno en tanto tú y Thomas pasan un tiempo juntos, pero… creo que deberíamos volver a Forks esta misma noche para hablar con Carlisle. Quiero asegurarme que nos encontramos seguros.

No quería que ella se angustiara. No era su carga, era la mía.

—Si algo pasara… asumiría la responsabilidad, lo único que me importa es que tú y nuestros hijos estén bien.

—Somos un equipo ahora. No voy a permitir que el fantasma de Clarie siga destruyendo lo que nos ha costado tanto reconstruir. Hare necesario para protegerte, Edward. Ahora es mi turno.

Me incline y bese su frente.

—Te amo.

Subió el rostro para darme un suave beso en los labios.

—También te amo.

Thomas se rio entre dientes antes de gritar.

—¡Sangre en la cabeza! ¡Sangre en la cabeza!

Lo gire sobre mí para atraparlo en brazos. Su cabello cobrizo apuntaba a todas partes. Bella acomodo su pijama y besó su mejilla.

—¿Qué tal un omelette para desayunar?

Thomas asintió efusivamente.

—¿Con queso, jamón y kétchup?

—¿Y con ositos de gomita? —Bella sonrió dulcemente.

—¡Me encanta!

—Muy bien, cariño. —Bella paso de largo al baño.

Cargue más firmemente a Thomas.

—¿Mami está preocupada? —pregunto cuando comenzábamos a tomar camino hacia afuera. Antes de salir le eche un vistazo a Max, solo para verlo dormido sobre su estómago haciendo ruiditos de bebé.

Salí hacia al pasillo, luego al domo y finalmente a la sala de estar. A un lado de la puerta habíamos dejado los zapatos del día de campo. Bajé al suelo a mi hijo y me calce mis zapatos. Luego me arrodille. Señale mi rodilla para que pusiera sus pies descalzos. Así lo hizo.

Comencé a ponerle los zapatos planos abiertos.

—Es el problema con los adultos. A veces nos preocupamos en exceso, pero es normal cuando tienes tantas responsabilidades.

—No quiero ser un adulto. —subió y bajo el otro pie— Ser un adulto seguro que no es lo mio. Amo la comida que me hace mami y amo mi habitación con mis juguetes y videojuegos.

Asegure las correas de sus zapatos.

—¿Qué pasa cuando crezcas? —cuestione.

—Mamá dice que siempre voy a ser su bebé. —se encogió de hombros, quitándole importancia.

—Siempre serás nuestro bebé. —repuse yo.

Su expresión cambio.

—¿Te vas a casar con mi mami, Edward?

Y así de fácil, cambiamos de tema. Su pregunta no me tomó por sorpresa. Después de todos los acontecimientos recientes, la idea había rondado por mi cabeza, no lo niego, pero recién acabábamos de comenzar de nuevo. No quería presionar a Bella. Después de todo, no hacia tanto que ella termino su relación con James.

¿Habían hablado ellos de matrimonio?

El estómago se me revolvió.

Desde la última vez que le había visto afuera de la casa de Bella, gritándole y tomándola del brazo de una manera tan violenta lo quería lejos de mi familia. No confiaba en él.

—El matrimonio es un paso importante. —dije.

—Y tú ya estuviste casado. —concluyo.

Aquello si me tomó por sorpresa.

—Sí.

—¿Ella es la madre de Max?

Lo invite a sentarse frente a mí.

Al final terminamos sentados frente a frente con los pies cruzados bajo las piernas.

—Max no tiene una madre.

Thomas frunció el ceño.

—¿Entonces como vino al mundo? ¿Se lo pediste a la cigüeña solo para ti? ¿Y si no tiene madre… mi mami puede ser su mami? ¿Tú quieres que sea su mami?

Demasiadas preguntas para un niño de cuatro años.

—Es cierto que vino al mundo cuando yo estaba casado, pero su madre biológica murió, así que Max solo me tiene a mí. La cigüeña queda descartada y tu madre quiere mucho a Max, pero no puedo pedirle que sea su madre. Es algo que ella debe de elegir. Ser el padre o madre de alguien es una responsabilidad muy grande.

Frunció los labios.

—Ella es una buena mami. Hace pancakes, me canta al dormir y nunca se olvida de recogerme en la guardería a tiempo.

Pase mi mano por su cabello.

—Lo sé, campeón.

—Me alegro que Max sea mi hermano. —sonrió emocionado— Prometo ser un buen hermano mayor.

—Sé que lo serás.

Su expresión volvió a cambiar. Me prepare para otro bombardeo de preguntas. Me alegraba que fuera tan abierto con sus dudas, pero sin duda me ponía nervioso no responder de la manera correcta.

—¿A ti te alegra que yo sea tu hijo?

Se me formo un nudo en la garganta.

—Me encanta, ¿y sabes algo? También prometo ser un buen padre.

Bajo la vista para juguetear con las correas de sus zapatos.

—¿Estarás en mi fiesta de cumpleaños? El año pasado el papá de Jerry fue un dinosaurio. ¿Puedes tú también ser un dinosaurio?

Oh, mierda.

Lo atraje a mis brazos.

—Puedo ser un dinosaurio. —acepte.

Se abrazó a mi cuello.

—Gracias. —susurro, casi imperceptiblemente.

Mis ojos se empañaron. Cerré los ojos y lo abrace más firmemente. Bella tenía razón. Ahora éramos un equipo y ninguno de los dos estaba dispuesto a permitir que lastimaran a nuestra familia.

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Vi a Thomas correr por el campo abierto. Tenía el cometa agarrado con la mano derecha en tanto corría. La cometa brillo contra luz, dejando caer sus colores brillantes sobre el rostro de mi hijo.

Cualquier cosa valía la pena por ver esa imagen.

Su pequeño cuerpo regreso corriendo hacia mí.

—¿Me puedes subir para volarla más alto?

Lo subí en brazos sobre mis hombros con sus piernecillas a colgando a cada lado de mi cuello.

—¡Sí! —grito.

La cometa voló más alto.

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Esa misma tarde empacamos las maletas luego de terminar de desayunar. Bella se acostó en el piso sobre su estómago para entretener a Max mientras yo terminaba de empacar.

Agito una sonaja por arriba de su cabeza.

Max gorgojeo, tratando de alcanzarla.

—Demasiado despierto para su edad.

—No puedo creer que está por cumplir un año.

—¿Cuándo? —pregunto.

—Treinta de marzo.

—Uh-uh. Para entonces ya debe estar caminando. ¿Te lo imaginas vestido como Winnie Pooh? Me tienes que dejar organizarle la fiesta.

Max levanto los bracitos regordetes y grito.

—¡Ma! ¡Ma! ¡Pa!

Bella le hizo una trompeta en el estómago.

—¿Ves? Le gusta la idea.

—Me temo que le gustas más tú. —respondí al mismo tiempo que cerraba la última maleta.

Bella me miró. Sus ojos chocolates se mostraban dudosos, pero de alguna forma termino por encontrar lo que necesitaba para hablar.

—Lo que le dije a Thomas, sino te sientes cómodo con…

Me senté en la cama.

—Esta tarde me pregunto si serias la madre de Max cuando nos casáramos.

Observe su rostro, tratando de identificar alguna emoción.

—Realmente lo hizo. —sonrió suavemente.

—A pesar de que no es muy mayor, estoy seguro que siente algo de incertidumbre. De repente ahora tiene un padre y un hermano, cuando siempre te tuvo solamente a ti. Eras su única. Supongo que ahora se quiere asegurar que nos mantengamos juntos.

—Es razonable —acepto Bella. Se sentó recta sobre el piso y puso a Max en su regazo— y aunque no puedo esperar para que formemos una familia, creo que deberíamos esperar un poco.

No dije nada mientras sus palabras se registraban en mi mente.

—¿Es por…?

—No. Jamás. Estoy preocupada. Quiero asegurarme que estas a salvo antes.

—¿Crees que estamos en riesgo?

Bella se mordió el labio inferior nerviosa.

—Si yo lo descubrí…

—Fue mi error. Esa carpeta…

—Exactamente. Deberíamos revisar todos los posibles escenarios. Sobre todo cuando Tanya Denali te está rondando.

Fruncí el ceño.

—¿Sospechas de ella?

—Está interesada en ti, ¿pero qué mujer normal está interesada en el esposo de su mejor amiga? Creo que debemos tener cuidado con ella y… ¿Garrett?

Negué.

—Es seguro.

—¿Cómo estas tan seguro?

—Nunca pregunto dónde estuve aquella tarde. Creo que siempre lo ha sospechado, pero me conoce bien. Estoy seguro que siempre supo que algo no estaba bien conmigo y con Clarie.

Bella asintió.

—Entonces solo nos queda Tanya.

—¿Realmente crees que hay algo mal con ella? —pregunte.

Bella abrazo a Max más cerca de su cuerpo.

—No solo lo creo, lo sé. Una vez vi esa clase de amor en obsesión en alguien, pero me negué a creerlo por el amor que le tenía. Clarie siempre te vio con ese deseo en el fondo de sus ojos. El problema es que cuando un sentimiento es tan oscuro se puede volver nocivo.

Baje la maleta de la cama.

—¿Crees que necesito asegurarme?

Bella acaricio la coronilla de Max con los labios antes de contestarme.

—Creo que nos tenemos que asegurar que no represente un riesgo.

—¿Y si es un riesgo?

Max comenzó a removerse incomodo sobre su regazo. Lo giro sobre sí mismo y comenzó a tararear a la par que lo arrullaba con suaves movimientos.

—Entonces encontraremos la manera de que ya no lo sea.

Acomode todas las maletas en la esquina de la habitación. Luego, me puse al lado de Bella y Max. Los atraje a mis brazos. Entendía a que se refería Bella. No podíamos permitirnos un desliz. Ni siquiera con Tanya.

Hice una nota mental de pedirle a J. Jenks un informe detallado. Si había logrado averiguar todo sobre James, seguro que Tanya seria pan comido.

Bella levanto la cabeza sobre mi hombro para poder mirarme.

—¿Tienes los boletos listos?

—Salimos esta misma noche.

Me fue a responder, cuando ambos sentimos la vibración de su teléfono celular. Lo sacó del bolsillo delantero de su sudadera.

—Es Rosalie. —presiono la pantalla y se lo puso al oído— ¿Si? Hola, Rose.

—¿Estas con Edward? —pregunto la rubia del otro lado de la línea.

Bella ajusto su agarre en torno a Max.

—Estábamos durmiendo a Max en su siesta tardía.

—Joder. No quería molestarlos con esto, pero es imposible mantenerlos fuera hasta que regresen. Esta mañana ha venido un agente del FBI.

Bella dejo caer el teléfono.

La cuidadosa fachada que había logrado formar esta mañana se desmorono de un momento a otro. Me vio con el horror escrito en el rostro. La tomé de la nuca y negué.

Shhhh.

—Lo saben. —se agito en un sollozo.

La atraje hacia mi pecho. Enterró el rostro en mi cuello. Sus lágrimas mojaron mi piel.

Cogí el teléfono de nuevo y lo puse en altavoz.

—¿Un agente del FBI? —pregunte.

Rosalie titubeo a la hora de contestarme.

—¿Bella está bien?

Invente una excusa rápida.

—Le has tomado desprevenida. Solo ha ido a dejar a Max en su cuna. De cualquier manera estas en altavoz, ella puede escucharte.

—Mierda. Lo siento, Bella. No quería asustarte, pero es imposible no hacerlo. Es sobre Renne y Alec.

Bella levanto su cabeza de un tirón.

—¿Qué pasa con mi madre?

—Han encontrado… —se escucharon un par de susurros en la línea— Bella. No es algo que se pueda decir por teléfono.

Apreté a Bella contra mi pecho.

—¿Qué dijo el agente del FBI? —pregunto con voz firme sin dejar espacio a la vacilación— Dímelo, Rosalie.

La respiración de Rosalie se entrecorto.

—Lo siento mucho, Bella.

Sabía lo que significaba. Cerré los ojos y lo lamente. No por Renne, sino por Bella. Por la mujer que nos lastimo, pero que era su madre. Si algo le pasara a Esme… no lo resistiría. Nunca se está lo suficientemente preparado. Tomé a Max de sus brazos y me puse de pie. Rápidamente me dirigí a la habitación de los niños, donde Thomas roncaba suavemente sobre su cama. Al menos así podría concentrarme en Bella.

Deje a Max sobre su cuna para luego volver a la habitación.

El rostro de Bella se encontraba en blanco, sin expresión, inerte.

—Es mentira.

—Encontraron su cuerpo y el de Alec. Parece que fue una pelea... Dios, Bella. Tienen que volver. —intento explicar Rosalie.

Bella se tapó la boca.

—No. No. No.

Cogí el teléfono y corte la llamada.

—Cariño…

Me miró con los ojos abiertos como platos.

—Está muerta. —abrió la boca, pero era como si las palabras no pudieran salir fuera de su sistema. Me acerque y la abrace, subiendo su delgado cuerpo arriba de mi regazo. Se mantuvo impasible y tensa— Está muerta y ni siquiera siento nada.

La agarre del rostro para que me mirara.

—Estas en shock. Bella, escúchame. No hay nada malo en ti. Tú la amabas. Era tu madre.

Trato de reprimir un grito de dolor, pero este termino de escaparse entre sus labios. La atraje hacia mis brazos, pero sus manos comenzaron a pelear. Ella necesitaba esto. Sacar todo el dolor de su sistema. No la detuve. Solamente evite que se fuera hacer algún daño. Había prometido no soltarla nunca más, no importaba lo que pasara.

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"Despliega tus manos. Dame una señal. Mantén tus mentiras. Oculta tus pensamientos y quédate dormido. Deja que la sábana absorba mis lágrimas y ver la única salida desaparecer. No me digas porque. Bésame. Adiós. Ni siempre, ni nunca. Adiós"

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¡Hola, chicas! Me alegra estar por aquí para abrirle paso a un nuevo capítulo de esta increíble historia. Aprovecho para darles las gracias por los 1,000 rr. Eso solo es una pequeña parte de la hermosa comunidad que hemos logrado formar. Volviendo al capítulo, vaya pedazo de capitulo. Creo que muchas de las cosas que Edward le conto a Bella nosotros ya nos las imaginábamos. No es difícil de imaginar cuando hemos visto muchas pistas en el comportamiento de Edward. Dentro de lo que cabe, la reacción de Bella fue la normal. Obviamente de primera instancia se iba a asustar por lo que descubrió, pero conforme Edward le confesó todo, pudo entenderlo mejor. Sin embargo, hacia el final del capítulo, recibe otro golpe. Quien hubiera imaginado que Renne morirá a manos de Alec. ¿Sera verdad que la asesino? Por otro lado, Bella no pierde de vista a Tanya. Buen punto para ella, saber que no pueden confiar en esa mujer. Veremos qué pasa cuando vuelvan a Forks. Gracias por su apoyo, por tomarse el tiempo de leerme y dejarme sus rr. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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