Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
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Prisoner – Raphael Lake
Forks Washington, Julio 2000
El sonido a mi lado me sobresalto. Cada articulación de mi cuerpo dolió. Ya ni siquiera podía soportar el clima frio de Forks.
Levante la mirada hacia Clarie.
Sus ojos azules me respondieron cariñosos y emocionados. Llevaba el cabello suelto hasta los hombros. El rubio se había ido después del parto de Anne hace menos de un mes. Justo el día después de entregar a Anne a los Black. Ahora su cabeza era de un lindo naranja.
—Los tengo.
Subí mis manos enguantadas hacia mi taza de café.
—¿Qué es lo que tienes? —pregunte con voz ronca.
La vieja cafetería se encontraba casi vacía a excepción de unas cuantas chicas a nuestra izquierda. Murmuraban y nos daban un par de miradas, lo común desde hace semanas.
Las ignore olímpicamente.
—Los boletos de avión. —se sentó frente a mi— En realidad, el de los dos.
—Eso no es necesario. —trate de objetar.
El cariño y la emoción de su mirada de esfumo.
—Necesitas el tratamiento. Estamos a una semana de la graduación. Dijiste que irías a Phoenix.
Miré hacia la mesa.
—No tienes que venir conm…
Me corto a media frase.
—No digas semejante estupidez. Me necesitas. Somos un equipo en esto y no puedo creer que pienses sacarme en el momento más importante. Después de todo lo que hemos pasado para llegar hasta aquí.
Finalmente me atreví a mirarla de vuelta.
—Exactamente. No puedo hacerte eso después de todo lo que hemos pasado, Clarie.
Trago en seco y se dejó caer sobre el respaldo de la silla.
—¿Esto es por Bella?
Mi corazón supuro de dolor ante su mención.
—Todo es sobre Bella.
Hizo un ruido seco con la garganta.
—Te estas muriendo. Te estas malditamente muriendo. —susurro por lo bajo entre dientes— ¿Y estas pensando en mi hermana? No puedes excusarte en ella. Mi hermana está sufriendo, Edward. Porque tú elegiste ocultar tu enfermedad. Y ahora estas aquí —me señalo— sentado como la mierda mientras ella está en casa, sin salir de su habitación, sin comer, sin hablarme. No me mira, no es capaz de estar ni siquiera en mi presencia. ¿Quieres irte y dejarme aquí para aguantar esa mierda? ¿Después de todo lo que hice por ti? Y se supone que lo tengo que aceptar, así como acepte que me robaran a mi hija.
—Clarie…
—No, será mejor que te calles. Tú escúchame a mí, Edward Cullen. No tienes derecho a alejarme de tu lado.
Me incline más cerca de ella.
—Anne te necesita. Tu familia. Charlie. Renne. —intente recordarle.
Sus ojos revolotearon cuando se amontonaron las lágrimas.
—Créeme. Ella está mucho mejor sin mí y sin su padre. Ella tiene una familia que la ama. Jacob y Leah Black son lo mejor para ella. Papá no me habla, es como si me hubiera convertido en un fantasma para él después de esa noche y Renne, bueno, Renne es Renne.
Admire su valor.
Ojala fuera igual de fácil para mí.
—¿Come se… supone que me vaya? ¿Cómo encuentro las fuerzas para dejar a Bella? Cree que soy un hijo de puta infiel. Nunca me voy a perdonar por lo que le hice.
Clarie tomó mis manos a través de la mesa.
—Es a lo que yo llamó una fractura limpia.
Una lagrima escapo hacia mi mejilla.
Ella continúo ante mi silencio.
—Bella se recuperara, Edward. Tiene a mis padres, sus amigos, tu familia. Tú necesitas mucho más que eso. Necesitas un tratamiento. Si le dices la verdad, me temo que podrías arriesgarte a perderla para siempre. No te lo perdonara.
Una verdad cruel, pero al fin y al cabo una verdad.
No solo le había ocultado mi enfermedad a Bella de manera voluntaria y ventajosa, había confiado más en Clarie, juntos ocultamos su embarazo, y lo peor, no fui capaz de decirle la verdad cuando más la necesitábamos. Preferí provocarle otro tipo de dolor.
Las chicas a nuestra izquierda salieron de su mesa. Las reconocí como Brenda y Saly Newton, además de Angela Weber. Angela me fulmino con la mirada al pasar a nuestro lado.
—No los mires. —la abrazo por un hombro Saly Newton— No es nuestro problema, Angie.
—Son una mierda. Tal para cual. —murmuro Brenda a la par.
La bilis subió por mi garganta.
—Bella se merecía algo mejor. —Angela se abrazó a Saly. Las tres salieron por la puerta de la cafetería con el sonido de la campanilla despidiéndolas.
Clarie trato de atraer mi atención.
—Ignóralas. Malditas estúpidas, no saben de lo que hablan.
—Tal vez sí. —susurre.
Clarie suspiro. Se supo de pie y volvió a colgarse en bolso en el hombro junto a su chaqueta.
—Bien, supongo que tengo que encontrar la forma de devolver los boletos de avión. Me gaste todos mis ahorros en ellos. Puedo dejarte el tuyo si quieres.
No le respondí.
Me quede mirando al vacío. No sentía nada. Solo dolor, dolor y más dolor. Interminable. Adormecía cada una de mis extremidades, filtrándose hasta mi pecho y nada nunca más lo repararía.
Vi a Clarie comenzar a alejarse.
Sin darme cuenta, mi mano cogió su muñeca.
Su espalda se puso tensa.
—Salgamos de este pueblo.
Se giró de vuelta hacia mí con lágrimas en los ojos. Su pequeño cuerpo impacto con el mio cuando me abrazo.
—Gracias.
Deje mis manos al costado de su cuerpo, sin corresponder el abrazo. Sin embargo no fue nada, ella siguió aferrada a mi cuello.
—¿Estamos haciendo lo correcto? —pregunte, más que para ella, para mí mismo.
Clarie se separó, me tomó de las mejillas y me miró. Azul contra verde. Sus mejillas estaban sonrojadas.
—Lo arreglaremos.
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El instituto no mejoro.
Todo lo contrario, empeoraba y empeoraba con cada día. Hacía apenas ayer había comenzado a empacar todo para Phoenix. Clarie hablaría con mi oncólogo para programar todas las visitas médicas y los exámenes para poder comenzar el tratamiento en cuanto comenzara mi estancia en la ciudad del sol.
Clarie seguía encantada con la idea de acompañarme.
Me temía que se encontraba demasiado asustada como para admitirlo. Me anime a mí mismo tratando de convencerme que su estancia conmigo no duraría mucho. Terminaría por extrañar a Anne y volvería.
El tiempo también serviría para poner espacio entre Bella y ella.
Ambas sanarían sus heridas y cuando todo fuera mejor con mi tratamiento, Clarie volvería para hablarle de mi enfermedad. Solo rogaba porque el tiempo no terminara de romper lo poco quedaba entre nosotros. Por poco que fuera, tenía que servir después del cáncer.
Alguien se sentó a mi lado.
Lo ignore, pero fue imposible no darme cuenta de quién era cuando dejó caer su bolso sobre la mesa.
—¿Qué mierda pasa contigo jodido imbécil de porquería?
Seguí mirando hacia el profesor Banner.
El pequeño hombre abrió la boca como un pez sin agua, sin saber qué hacer con una de sus estudiantes gritándole a otro estudiante.
—Señorita Denali…
Kate levanto la mano.
—Sera mejor que se calle. No me importa lo que me quiera decir. Mi problema no es con usted.
Banner abrió los ojos como platos.
—Si me vuelve a hablar de esa forma me temo que tendré que hablar con… —empezó a amenazarla.
La rubia rodó los ojos.
—Con el director blah blah blah. Esto me tomara dos minutos, luego puede mandarme a la dirección o a la mierda, me da lo mismo.
El señor Banner dejo salir un suspiro de frustración.
—Bien, clase. Pueden salir.
Todos comenzaron a murmurar entre ellos. No me sorprendió. Lo único más importante en este pueblo era cotillear.
Newton hablo a mis espaldas.
—¿Qué hay de quedase para ver como Denali le arranca las pelotas a Cullen?
Jessica se rio.
Kate le levanto el dedo medio.
—Puedes quedarte. Estaré encantada de arrancarte las pelotas a ti también, idiota. Le estaría haciendo un favor a la humanidad.
Jessica jadeó.
—¿Qué mierda, Kate?
—Púdranse todos. —Kate me tomó del brazo— Vamos.
Mi cuerpo apenas reacciono cuando me quise poner de pie. Hice mi mejor esfuerzo, cogí mi mochila y la seguí fuera del salón.
Camine de largo luego de cerrar la puerta a nuestras espaldas. Solo quería llegar a mi casillero, dejar mis cosas y tomar el camino de vuelta a casa para tomarme un maldito analgésico que me quitara por unas horas en dolor de cabeza.
—¡¿Es en serio?! —Kate grito.
Gire sobre el pasillo hacia el ala este.
Escuche el ruido de sus zapatos altos sobre el suelo al tratar de seguirme el paso.
—Para.
Seguí caminando.
—¡Para!
Hice las manos puños y trate de calmarme. Si las cosas se salían de control, todo se iba a la mierda. Pause mis pasos para dejar que me alcanzara.
Su respiración era agitada cuando se puso frente a mí.
—¿Por qué haces esto? —pregunto.
—¿Por qué lo haces tú? —pregunte yo.
Frunció el ceño.
—No juegues conmigo.
—No necesito tu aprobación, Katherine.
Contrajo la mandíbula.
—Maldito cabrón. Por un momento pensé que todo, todo lo que se dice en este pueblo y por estos pasillos es una mentira, pero resulta que no. ¿Cómo pudiste traicionar a Bella de esa manera? ¡Y con Clarie!
Se me revolvió el estómago.
—Las cosas no deberían haber sucedido así.
—¿Lo dices en serio? ¿Entonces cómo? ¿Cómo le ibas a decir a Bella que la engañabas con su maldita hermana?
Las náuseas se volvieron imposibles. No podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero obligue a que las palabras salieran de mi sistema.
—Hay peores verdades.
Apuñalo mi pecho con su dedo indice.
—Tú. Eres. Un. Pendejo. Espero que un día no te des cuenta del terrible error que cometiste, porque entonces será muy tarde. No sé qué hay entre Clarie y tú, pero se merecen el uno al otro. Lo que le hiciste a Bella no tiene perdón. Espero en el fondo de mi corazón que nunca te perdone. Me voy a poner muy feliz cuando regreses arrastrándote.
Tomé su mano sobre mi pecho.
—Nunca quise lastimarla.
Se zafo de mi agarre.
—Noticia de última hora amigo: la destruiste. Si alguna vez la amaste solo un poco, aléjate de Clarie. Solo aléjate. Todavía puedes reparar un poco del dolor que clavaste en el alma de Bella.
Comenzó a caminar para alejarse de mí.
—Necesito que cuando me vaya la cuides. —las palabras salieron de mi boca antes de que me diera cuenta.
Se quedó de espaldas sin moverse más.
—Necesito que la protejas. —seguí hablando— y que no dejes que se rompa. No por mí. Tampoco por Clarie. No lo valemos.
Kate se abrazó a sí misma.
—Tienes razón. No lo valen. Nunca lo hicieran. Ojala me hubiera dado cuenta antes, entonces tal vez podría haber advertido a Bella. —dijo sobre su hombro y se fue.
Me quede en el pasillo con la certeza de que en ese momento, también perdí a Kate. Ella había elegido a Bella.
Fue un consuelo.
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Guarde la última muda de ropa.
No llevaba mucho, solamente la ropa con la que solía ir últimamente. Camisas sport sin costuras, pantalones sueltos con cordones, gorros de felpa y mis sudaderas favoritas.
Al cerrar la puerta del closet una prenda llamó mi atención.
La tomé entre mis manos y la acerque a mi rostro. Olía a freesias y lavanda. Era la camisa que Bella había usado la última vez que hicimos el amor. El mismo dia que Clarie me confesó que daría a su hija en adopción.
La aleje de mi rostro y la doble cuidadosamente. Después abrí una de gavetas y la deje allí.
La cerré y recarga mi frente a ella.
No podía dejarla.
¿Cómo dejas la mayor parte de tu corazón sin morir en el intento?
No sé trataba de algo físico. Se trataba de algo mucho más fuerte. Todo lo estaba dejando con Bella. Mi vida, mis sentimientos, mi yo más sincero. Es como si una parte de mi humanidad me estuviera siendo robada.
—Un año. —susurre sobre la madera— Un año, mi amor. Es todo lo que necesito. Te amo, Bella. Te amo tanto que duele.
Me deje caer en el suelo.
Puse la cabeza entre mis rodillas y lo deje salir. Una lagrimas tras otra, luego un sollozo, luego alaridos heridos. Comencé a golpear el closet con los puños. La piel se abrió sobre mis nudillos y la sangre corrió libre, manchado el piso.
Unos cálidos brazos me abrigaron.
—Shhhh. —susurro.
—No puedo. No puedo, mamá.
Esme lloro conmigo. Sus lágrimas mojaron mis mejillas, mientras sus brazos trataban de alejar el dolor. No funciono.
—Oh, cariño.
Me aferre a sus brazos.
—¿Cómo se supone que me vaya si la sigo amando?
Esme quito el cabello de mi frente. Cogió mis manos y las beso, aun sobre la sangre.
—Pase lo que pase, ese amor siempre vivirá aquí. —guio mi mano sobre mi pecho— Mantenlo vivo, Edward.
Mi barbilla tembló.
—Les he fallado de la peor manera.
Su expresión se volvió fiera.
—No importa, siempre te amaremos, Edward. Eres nuestro hijo.
La abrace fuerte, sin querer dejarla ir tampoco.
—Solo quería protegerlos, mamá. —susurre sobre su cabello cobrizo, idéntico al mio.
Besó mi mejilla.
—Nosotros debimos protegerte, Edward. —se alejó un poco para mirarme— Háblame, cariño. Dime lo que sea. Lo solucionaremos.
Quise decirle tantas cosas, pero nada salió. Todo se quedó dentro de mi pecho, no solo me estaba matando el cáncer, también todos mis secretos.
—Me voy.
Sus ojos verdes se volvieron desolados.
—No.
—Es lo mejor para todos.
—No. No. No lo mejor para ti. Estamos aquí para ti, cariño. Por favor, no te vayas. —dijo con voz rota— No me rompas el corazón de esa manera.
Me incline y besé su frente.
—Perdón, mamá.
—Edward…
Me puse de pie pese a sus esfuerzos por no soltarme.
Una silueta en la puerta de mi habitación llamó mi atención. Emmett estaba allí de pie. Había pedido unos días fuera de la universidad luego de enterarse de mi rompimiento con Bella. Sabía que Kate lo había llamado.
—¿Qué crees que estás haciendo? —sus ojos celestes relucieron de furia.
Le ignore y tomé la maleta. En ella llevaba todo lo que necesitaba, incluido mi historial médico. Todavía no dejaría Forks, pero necesitaba terminar con todo de una vez. Antes de que la situación terminara de acabar conmigo. Clarie y yo viajaríamos a Seattle donde saldría nuestro avión al anochecer.
Mi madre se puso de pie.
—No puedes irte, Edward.
Me coloque uno de mis gorros en la cabeza.
—Te amo, mamá.
—Espera a que tu padre llegue. Podemos llegar a un acuerdo. Mudarnos. Lo que sea menos irte de casa.
Negué.
—Necesito irme.
—¡¿Con quién?! ¡¿Con ella?! —me reclamo Emmett.
Le miré.
—¡Emmett! ¡Tu hermano jamás haría eso! —lo reprendió Esme.
Emmett se burló, ignorando a nuestra madre.
—¿Crees que no te vi? —se acercó a mí, pero mamá se puso frente a él, deteniéndolo— En la cafetería. ¡Hace tres días! ¡Con esa jodida perra abrazada a ti! Ni siquiera tienes un poco de respeto por Bella, todos la miran como la idiota del siglo. La convertiste en una burla para el pueblo.
Solté mi maleta.
—No hables asi de ella. No sabes nada.
Tomó a nuestra madre de los hombros y la quito de en medio. Los ojos verdes de Esme se llenaron de más lágrimas.
—No hagan esto.
—¿Qué fue lo que te dio, Ed? ¿Un buen follón? ¿Dejaste todo tu futuro y a una buena chica por un follón? —se acercó más. Hasta quedar cara a cara. Nuestras narices se rozaban— Si te vas, no vueltas. Ultima oportunidad.
—No necesito tu aprobación.
Me empujo.
—¡No usaras el dinero de nuestra familia para esa puta!
Me puse de pie y embestí contra él. Mis fuerzas eran pocas, apenas logre moverlo antes de que su puño impactara contra mi mejilla.
Escupí la sangre.
—No sabes nada, Em.
Empuño las manos.
—Al menos sé que nunca engañaría a mi novia con su propia hermana y la dejaría emb…
—¡Suficiente! —grito Esme.
Al mismo tiempo entro Carlisle a la habitación. Mi padre dejo caer su maletín al piso y camino hacia mí con un gesto preocupado. Iba vestido con uno de sus costosos trajes.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —exigió saber.
Emmett gruño entre dientes.
Carlisle reviso mi rostro.
—¡Hice una jodida pregunta, Emmett! —grito.
Nunca había escuchado maldecir a mi padre. Mi hermano respondió dando un puñetazo a la pared.
—Pregúntale al imbécil que tienes por hijo. —respondió al salir de la habitación.
Me aleje del toque de mi padre y volví a tomar mi maleta. Ni siquiera me molestaba el escozor de la herida. Me lo merecía. Había herido a Bella. Emmett siempre amo a Bella como a una hermana.
—¿Edward? —papá trato de detenerme.
Seguí caminando hasta salir de mi habitación y bajar las escaleras a toda velocidad hasta alcanzar la puerta.
Mi teléfono vibro en mis pantalones sueltos.
Lo saque para leer un mensaje.
"Ya voy en el taxi. Toda esta listo. No tardo mucho. Todo mejorara, Edward. Lo hare mejorar. Te lo prometo" —C.S.
Al salir de casa mis padres me siguieron por detrás.
—No dejes que se vaya, Carlisle. No dejes que se vaya. —le suplico Esme a mi padre— No dejes que nuestro hijo se vaya.
Carlisle la miró, luego a mí. Sabía que se estaba debatiendo. Era una difícil postura.
Trate de que viera a través de mí.
Necesito irme. Algo cambio en su expresión. Sus celestes ojos comprendieron todo, a pesar de ello, no pudo ocultar como lo limpia dejarme ir.
—Lo siento, cariño. —abrazo a Esme.
Mi madre se revolvió entre sus brazos.
—Si lo dejas ir nunca te lo voy a perdonar.
El auto de color amarillo se estaciono afuera de casa. Asentí en dirección de mi padres y me acerque a ellos. Mamá escondía su rostro en el pecho de mi padre, mientras él la sostenía.
—Te amo, mamá.
No se giró a verme, simplemente se aferró más a mi padre. También le estaba rompiendo el corazón a ella.
—Te amo, papá.
Carlisle desvió la mirada. Luego, por primera vez en mi vida, vi como las lágrimas se amontonaron en sus ojos y llenaron sus mejillas. Escondió el rostro en el cuello de mamá y se giró dándome la espalda.
—Perdón. —susurre.
Me di la vuelta sobre sí mismo, cogí mi maleta y abrí la puerta del auto. Clarie se inclinó sobre el asiento y me ayudo con ella.
Por su expresión asumía que presencio más de lo que hubiera deseado.
—Podemos…
—No. —miré por última vez a mis padres y me subí al auto.
—¡No dejes que se vaya! —mi madre intento alejarse de mi padre— ¡Carlisle! ¡No dejes que se vaya!
Un movimiento llamó mi atención.
Alice se asomaba por el ventanal de la sala de estar. Estaba sentada en el suelo frente al espejo abrazando sus piernas. Con el rostro manchado y los ojos mirándome. Levante la mano. La observe cerrar los ojos y hundir la cabeza entre las rodillas.
—¡No! ¡Edward! —odie escuchar las suplicas de mi madre.
—¿Edward? —Clarie tomó mi mano, entrelazando nuestros dedos.
—Vámonos.
—¡Nunca te lo voy a perdonar. Carlisle! ¡Edward! ¡Edward! ¡No te vayas, cariño! ¡Podemos arreglarlo! No te vayas…
Ojala la hubiera escuchado.
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—Primera llamada. Pasajeros con destino a Phoenix Arizona. Dirigirse a la puerta tres. Asegúrense de llevar su equipaje de mano y los boletos de su vuelo en mano. Si desean registrar equipaje extra, dirigirse a la zona de embarcación.
Bella.
"—No digas eso.
—Solo es la verdad. —me encogí de hombros, escondiendo las manos en los bolsillos de mi pantalón, muriendo por tocarla de nuevo. Tal vez era hora de hacerla ver ciertas verdades.
—¡Mentirá! —grito. Frunció el ceño y me fulmino con sus grandes ojos. Casi me sentí intimidado. Casi.
—No. No es una mentira. —me acerque aún más a su cuerpo inmóvil— Te amo.
—No. —se giró, tapando sus oídos y sollozando. Saque las manos de mis bolsillos e intente tocarla. Solo tenía que escucharme.
—¡Te amo, maldita sea!. —grite, perdiendo toda tranquilidad. ¿Es que ella no quería mi amor?
—¡No!
—¡Sí!¡Sí! Lo hago Isabella. Estoy enamorado de ti, probablemente desde la primera vez que mis ojos se posaron en ti.
—Me mientes, me estas mintiendo. —susurro."
—Repito. Primera llamada. Pasajeros con destino a Phoenix Arizona. Dirigirse a la puerta tres. Asegúrense de llevar su equipaje de mano y los boletos de su vuelo. Si desean registrar equipaje extra, dirigirse a la zona de embarcación.
"—Estas linda con mi camisa.
Rodó los ojos, regalándome una sonrisa.
—Si bueno. Si me veo lindo con ella, imagíname sin ella. ¿Duh?
—Pongamos música —carraspeé, sonriendo ligeramente. Sabía que ella solo estaba bromeando un poco, y solo quizás, también tocando a la suerte al tentarme.
—¿Debussy?
—Esa es mi chica."
—¿Edward?
"—No digas más, cariño. ¿Ahora mismo? Solo quiero que regreses a casa. Después será momento de hablar.
—Lo sé, lo sé… Te amo.
—Y yo a ti.
—¿Para siempre?
—Para siempre."
¿Y si el para siempre no es suficiente?
"Fue doloroso ver su rostro húmedo, marcado por el placer, pero aun así sonrojado y lleno de matices de tristeza.
—Bella…
—No pares. —susurro— Podemos hablar después, ahora te necesito. Hace tanto que… —dejo salir su respiración entrecortadamente."
—Segunda llamada…
"Dejo salir un chillido de sorpresa y me abrazo.
—¿Estás hablando en serio?
—Sí. —trate de sonreír convincentemente— Pero hay una condición.
—¿Qué condición?
—Tienes que venir al baile de graduación conmigo.
Sus ojos brillaron divertidos.
—Hubiera ido de todos modos contigo."
—¿Me estas escuchando, Edward?
"—¿Qué quieres hacer? —me pregunto, mientras subíamos las escaleras lentamente.
Besé su mejilla.
—¿Te apetece ver una película?
—¿Orgullo y prejuicio?
—Lo que quieras, cariño."
—Tercera llamada…
"—Bella, no…
—¿Cómo pudiste?
—Bella… —la miré sin entender.
—¡Es mi hermana! —me grito, entrando de lleno a la habitación.
—¡No! —Clarie jadeó, revolviéndose entre mis brazos— ¡Maldita sea, Bella!
Bella miro al otro lado de la habitación. Aferro sus brazos alrededor de ella y tembló. Era como si necesitara sostenerse para no hacer en pedazos. Mi frenético corazón comenzó a latir de nuevo.
Note como su cuerpo se sacudía, de pies a cabeza.
—Vístete y larguémonos a casa."
—¡Edward!
Salte en mi asiento.
—¿Qué…? —intente disipar la confusión de mi cabeza.
Clarie me miró con ojos entornados.
—Es hora de abordar.
—¿Lo es?
Clarie se puso de pie y me tendió la mano.
—Vamos.
No le di la mano. Simplemente me puse de pie y tomé su bolso de su propio hombro. Caminamos juntos a la zona de embarcación, Clarie se encargó de todo el papeleo.
Seguimos por el camino a la azafata hasta nuestros asientos en la parte trasera del avión.
Intente subir el bolso de Clarie a la parte de arriba.
—Espera. —Clarie me detuvo al notar mi sobre esfuerzo— Ya lo hago yo.
Le cedí el bolso y me senté. La ventanilla del avión quedaba a mi costado. Cerré los ojos intentando relajarme.
Escuche hablar a Clarie con alguien pero no le di importancia. El dolor en mi cabeza era demasiado como para concretarme en algo más.
—Bebe esto. —llamó mi atención. Me tendió un vaso con un poco de agua y una pastilla.
Observe la pastilla en su mano.
—¿Qué es?
Una sonrisa dulce se dibujó en sus labios.
—Para que puedas descansar, nos queda un largo vuelo.
Abrí la boca y puse la pastilla dentro de ella. Bebí el agua y la trague. Deje salir un suspiro cansado y volví a recostar mi cabeza contra el asiento.
Clarie recostó la cabeza sobre mi hombro. El contacto se sintió extraño, pero fue demasiado tarde. La pastilla funciono rápido. Mis ojos pesaban demasiado.
—Duerme, Edward.
La oscuridad me llevo con ella.
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"Ojos cerrados, nunca me siento seguro, con la lengua atada, nunca dejo salir mi ira. Intente romper esta celda, ¿pero a dónde iría? Estoy atrapado viviendo una vida de mala suerte. Que no me da nada. Puertas cerradas. Solo en mi mente estoy fuera de control. Estoy perdiendo la cordura. Estoy fuera de mi mente en un sueño oscuro. Soy un prisionero aquí. Nunca me dejaran ir"
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¡Hola, chicas! Necesitaba, ansiaba, llegar a esta parte de la historia. De aquí en adelante podemos decir que el final está cerca. De aquí en adelante agárrense que se vienen cosas fuertes. Por cierto, alguien por ahí me pregunto si especificaría el abuso hacia Edward. Ya les digo que él hablara de eso con Cope, pero no tengo pensando ni he escribí ningún capitulo con escenas graficas sobre los hechos. Es un tema delicado fuera de la ficción y lo quiero tratar con el respeto que se merece, si bien hare referencia a eso y trataremos en tema de aquí en adelante, no hay un capitulo que explique todo con puntos y comas. Ahora, volviendo al capítulo, estuvo fuerte. Me rompió el corazón como Kate y Emmett le dan la espalda y la manera en la que Esme trata de evitar que se vaya de casa. Aysssss. Odio a Clarie, si son listas, se darán cuenta como manipulo a Edward a través de su culpa para que aceptara dejar que lo acompañara. Las ultimas escena donde Edward recuerda todo. Joder. Ya veremos cómo avanza todo el el siguiente capítulo. Gracias por leerme y por sus rr. ¡Besos!
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—Ariam. R.
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