Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


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George Taylor – Come Follow Me Down

La tensión que lleno la habitación fue palpable. Mi madre saco dos tazas de café de la alacena y vertió el café. Agrego un par de galletas a una bandeja y cogió dos cucharas. Sus dedos temblaban, por lo que una de ellas cayó al suelo con un ruido estridente.

—¡Mierda! —exclamo Esme.

Carlisle camino hacia ella, agarró sus hombros y los apretó suavemente.

—Calma, cariño. —susurro suavemente sobre su cabeza— Necesitamos ser fuertes.

Los hombros de mi madre se sacudieron.

—No entiendo porque Edward tiene que verse involucrado en todo esto. —se giró hacia nosotros— Renne… sintiendo mucho lo que está sintiendo Bella. Pero maldita sea si no se merece la muerte que tuvo. Casi acaba con mi familia, —dijo entre dientes— y por todo lo sagrado, espero que este ardiendo en el infierno. Si eso me hace mala, bueno, será mejor que a mí me interroguen también.

—Ven a Edward como una forma de llegar a Bella.

El timbre de la puerta se hizo sonar.

Emmett entro a la cocina.

—Están aquí. —su expresión era oscura y preocupada.

Esme respiro entrecortadamente.

—Estaré bien, mamá. —me acerque y besé su cien— Lo prometo. Yo me ofrecí, no es culpa de nadie.

Asintió.

No dije nada más, y a la par, Emmett y yo salimos de la cocina.

Seguimos por el pasillo hasta la entrada. Por la puerta de cristal, un hombre y una mujer me observaban. La mujer de tez pálida y cabello rojizo corto, me evaluó abiertamente, por otro lado, el hombre cabeceo, pareciendo incluso aburrido.

—Cuando comience con ellos, asegúrate de mantener a Bella arriba. Por ningún motivo pueden darse cuenta que está aquí.

—Hecho.

Abrí la puerta. Mi expresión tranquila y mis movimientos calculados. Dejaría que ellos hicieran cualquier jugada.

—FBI. —la mujer, alta y pelirroja, dijo— Estamos aquí por Edward Cullen.

Le ofrecí la mano.

—Ese soy yo.

Ella correspondió a mi gesto al igual que el hombre.

Él era alto, robusto y moreno, con el cabello a los hombros. Vestía un traje formal, al igual que la mujer, experto porque ella llevaba su placa y la pistola a la vista.

—Agente Froy y Brown. —señaló a su compañera.

Ella nos dio un gesto corto.

Los invite a entrar. Nos dirigimos a la sala de estar, Emmett nos dio espacio y avanzo hacia la escalera para subir. Rogué por que Bella siguiera dormida y no despertara.

Me senté frente a ellos con la mesita de noche separándonos.

—¿Un café? —ofrecí.

—El café me da agruras. —la mujer se dejó caer sobre el sillón y saco su teléfono. Lo dejo en la mesita— Por otro lado, preferiría un té.

—¿Agente Froy?

—Así estoy bien.

Me levante, fui a la cocina y en cuanto entre, mi madre me tendió una bandeja. En ella solo había una sola taza de té de limón.

—Estamos aquí. —susurro por lo bajo.

—Si las cosas se ponen más tensas de lo esperado, allí entro yo. —explicó Carlisle.

Tomé la bandeja.

—Gracias. —les guiñe un ojo para tranquilizarlos.

Regrese a la sala de estar con pasos largos y seguros. Deje la bandeja frente a la agente Brown y me volví a sentar.

—Gracias. —cogió la taza y soplo sobre el vapor.

—Gracias por recibirnos, señor Cullen. —Froy se inclinó y puso sus codos sobre sus rodillas— Es una pena que la señorita Swan no esté aquí.

El estómago se me hizo nudo ante la menciona de Bella. Me encogí de hombros y sacudí la cabeza para quitarle peso.

—No es fácil perder a una madre.

—Sin embargo. —Brown saboreo el té antes de seguir hablando y dejo la taza sobre la mesita de noche— No eran muy cercanas últimamente, ¿me equivoco?

—Las familias tienen problemas, pero si, no estaban muy unidas.

Brown movió los ojos pensativa.

—¿Por usted?

Me fue imposible retener la risa seca que salió de mi garganta.

Contrólate, me demande.

—¿Quiere preguntarme algo en específico, agente Brown?

En sus ojos miel, la diversión brillo. Se me ocurrió que ella era la que hablaba y Froy el que observaba.

—Ahora que lo pregunta. Sí. —se recostó sobre el sillón y extendió sus brazos en el respaldo del sillón— ¿Están usted y la señorita Swan juntos?

—Defina juntos.

Brown cabeceo.

—De vacaciones, con un hijo y follando, ¿no es lo suficientemente definible?

Mujer del infierno.

Apreté la mandíbula.

—Es la madre de mi hijo.

—… y su cuñada. —continuo ella.

—Ex cuñada. —dije ásperamente.

Brown levanto las manos en el aire y se enderezó.

—¡Oh! Lo siento. Clarie Swan lleva poco menos de un año muerta, supongo que eso es suficiente tiempo para ignorar el vínculo… —sacudió la mano hacia mí— y poder tener una relación con la hermana gemela de su esposa. Oh…. debo decir, ¿ex esposa?

Froy intervino.

—Brown…

Me mantuve impasible.

Ella lo ignoro.

—Y si yo fuera Renne Swan, también me habría enojado con mi hija por ser una zorra y no poder mantener sus pantalones puestos con el maldito marido de su hermana. ¿Era Renne Swan un impedimento para que usted y la señorita Swan estuvieran juntos?

La billis subió por mi garganta.

—Entonces, tal vez usted se sintió… —busco la palabra— impedido, y decidió arreglarlo por sí mismo.

Volvió a dejarse caer sobre el respaldo del sillón con una posición relajada, como si no acabara de acusarme de un asesinato. Como si no acabara de insinuar que soy capaz de quitar de en medio a una persona. Lo hice con Clarie, pero ella no lo sabía. Y Renne, joder, se merecía algo mucho peor que la muerte.

—Puede comprobar mi cuartada con mi abogado. —me puse de pie.

Papá tenía razón, iban tras el rastro de Bella y harían lo que fuera para llegar a ella.

Ninguno de los dos se movió de su asiento.

Froy negó.

—No queríamos incomodarlo.

Volví a mi asiento. No por ellos, ni por mí, sino por Bella.

—Tenía la impresión de que esto era una entrevista amistosa para recabar información, no una acusación.

Brown tomó su taza de té.

—No lo fue. Puede llamarlo como quiera, tengo una imaginación muy creativa.

—Mantenga a raya su imaginación.

Me sonrió abiertamente.

—¿Es una orden?

—Si quiere continuemos con esta conversación, sí.

Froy le dio un apretón en el hombro a su compañera. No me compraba el ataque de Brown ni la actitud mediadora de Froy. Eran listos e intuitivos. Buenos en su trabajo para llevar a sus sospechosos al límite. Si no me iba con cuidado, eso me podía poner en peligro. Por consiguiente a mi familia también.

—Lo lamento. —dijo Brown de manera simple.

—Disculpa aceptada.

Froy agarro el teléfono en la mesita de noche y activo el grabavoz.

—¿Le molesta si grabamos? —Brown cuestiono.

—En absoluto. Siempre que pueda tener una copia de esa grabación.

Brown esbozo una pequeña sonrisa. Por otro lado, parecía que ahora sería Froy quien liderar la conservación. Me iba bien, porque si Brown se volvía a referir de una forma despectiva a Bella la acabaría sin pensarlo dos veces.

—¿Dónde estuvo el último fin de semana?

—Vancouver. En una cabaña a las afueras con Bella y mis dos hijos. Nos parecía importante tener un espacio para poder hablar con nuestro hijo. Hace casi siete meses volví a Forks luego de que mi esposa muriera y me entere que tengo un hijo. Hemos estado lidiando con la convivencia y tratando de que Thomas me conozca. La semana pasada llagamos a la conclusión de que era hora de decirle que soy su padre.

—Muy bien. —hizo algunas anotaciones— ¿Podemos obtener la información de sus vuelos?

—Mi abogado les mandara una copia de los tiquetes.

—Antes de este fin de semana, ¿cómo llevaba Renne Swan la relación con su familia?

—Hubo momentos bastantes tensos. Nada muy grave, pero ella y Charlie comenzaron un proceso de divorcio hace poco tiempo.

Froy dejo de lado sus anotaciones para volver a concentrarse en mí.

—¿Cómo definiría al matrimonio Swan?

—Como cualquier otro matrimonio. No conocía mucho de su vida familiar, pero sabía que no lo llevaban bien desde hace unos años. Intentaron mantener su matrimonio a flote.

—Tengo entendido que sus padres y los Swan se conocen desde la universidad. —comento Brown.

Me prepare para cualquier otro ataque de su parte. Tenía una lengua viperina que sabía muy bien cómo usar para tocar los puntos exactos.

—Así es.

—Demasiados de amistad, ¿Cuántos exactamente?

Su pregunta me descoloco.

—Veinticinco… treinta años, puede ser difícil de calcular.

—¿Hacían honor a esa amistad aun después de estar conectados de maneras que la gente de este pueblo no puede evitar chismorrear?

Fruncí el ceño.

—Nunca sabemos que nos depara la vida, y sin duda, no somos diferente a cualquiera de las familias allá afuera. Todos tenemos errores, agente Brown. Somos humanos, imperfectos y un poco oscuros a veces. Nos dejamos llevar y en la mayoría de las ocasiones nuestras decisiones tienen consecuencias. Ni mi familia… ni los Swan, previmos lo que las decisiones de Renne depararían para su futuro, pero déjeme asegurarle de todo corazón que ninguno de nosotros se alegra de su muerte. Era una esposa, una madre, una abuela, una amiga. Merecía mucho más que ese horrible final.

Entrecerró los ojos.

—¿Y Alec? ¿Qué piensa sobre él? ¿Cree que fue capaz de asesinarla?

—No sé mucho más de él que usted.

Froy levanto una ceja.

—Tenemos información. Al parecer fue novio de Clarie Swan durante en Instituto. ¿Esta aseguro que no le conoce?

Si hablaba de Alec, hablaba de toda la mierda guardada de bajo del tapete. Alec se convertiría en el primer eslabón que conectaba a un pesado que ya todos queríamos olvidar.

—Sé lo que ustedes seguramente saben. Fueron novios y terminaron. Ella nunca me hablo de él.

—Es extraño. —dijo Brown de forma jocosa, casi burlesca— La gente por aquí piensa que lo dejo por usted.

—No fue así en absoluto, pero la gente prefiere crearse cuentos en su cabeza. No me hago responsable de eso. —así de fácil deseche sus palabras.

Brown no dejo de mirarme fijamente.

—Muy bien. —le sonrió a Froy amistosamente— Creo que terminamos por aquí hoy. —se puso de pie y me ofreció la mano, aun tibia por el calor del té. Estreche su mano y luego la del agente Froy— Que tenga un buen día, señor Cullen. Una copia de la grabación de nuestra conversación llagara a su correo mañana a primera hora.

Los acompañe a la puerta con una sensación pesada en el estómago.

—Gracias por el té y por su tiempo.

Froy fue el primero en salir no sin darme un leve gesto con la cabeza como despedida, ella se quedó atrás a último minuto.

—Por cierto, estoy ansiosa por hablar con la señorita Swan. —dijo para después marcharse del todo.

Cerró ella misma la puerta y me dejo allí de pie.

A través de la puerta los vi subirse a su auto. Se trataba de un Mercedes negro con vidrios polarizados. Dieron marcha atrás, giraron y desaparecieron por el camino de grava.

Apreté la mandíbula.

Di marcha atrás, cogí un jarrón que descansaba sobre un taburete de caoba maciza a un lado de la entrada y lo avente.

Se estrelló contra la pared.

—¡Maldita sea! —bramé colérico.

Al mismo tiempo, la puerta se volvió a abrir.

Entraron Garrett y Kate agarrados de la mano. Iban vestidos con jens desgastados y chaquetas gruesas. Kate llevaba una expresión pálida y los ojos abiertos de par de par.

—Joder. —soltó a Garrett y camino hacia mí.

Yo caminaba de arriba abajo por la sala de estar sin parar, consumido por la furia y la ansiedad.

Me daba cuenta que subestime a los agentes, pensando que los podría manejar para Bella. No podía. Brown es implacable y Froy sabía cómo hacer un buen papel. Acabarían con Bella si lograban hablar con ella. No podía soportar pensar en ella pasando por esa situación.

—¡Hey! ¡Hey! —trato de llamar mi atención.

Garrett trato de contenerme, agarrándome del brazo.

—Amigo…

—¡Esos hijos de puta la quieren! Ni van a parar hasta tenerla en sus manos y…

Carlisle y Esme salieron de la cocina. Mi madre tenía los ojos hinchados, probablemente no había podido con tanta carga emocional y se soto a llorar mientras yo hablaba con los hijos de puta del FBI.

No podía dejar de repetirme una y otra vez las palabras de Brown.

Por cierto, estoy ansiosa por hablar con la señorita Swan.

Ya lo veremos. No voy a dejar que le pongan un puto dedo encima por sus teorías de mierda.

—No van a conseguir nada hasta que Bella este lista. —Carlisle me explicó.

—No me importa si Bella dice que sí. ¡No me importa si está lo suficientemente bien para hablar con ellos! Son dos alimañas sin escrúpulos, sobre todo esa mujer del…

—Quería sacarte de tus casillas y lo logro. No dejes que gane. —Kate hablo— Estuve aquí cuando vinieron por primera vez directo hacia Emmett. Es un farol. El hombre se encarga de vigilar mientras la perra se encarga de tirar anzuelos a ver si pesca algo.

Garrett me soltó y camino hacia el pequeño bar en una esquina de la sala. Saco una botella de tequila y sirvió un chupito.

Regreso hacia mí.

—¿Qué…? —Esme pregunto.

—Anda. Tómalo. —me lo tendió y lo tome— Va a ayudar a mejorar tu humor.

Me deje caer en el sofá con el chupito en la mano. Incline la cabeza y lo bebí. Kate se sentó a mi lado y me puso una mano entre las mías.

—No los vamos a dejar solos. Nadie. Estamos juntos en todo esto.

Solo que había cosas que ellos no sabían. Secretos que parecían un reloj con una cuenta regresiva. Me carcomía que todo nos fuera a explotar en la cara a Bella y a mí ahora que le confesé la verdad.

Una posibilidad que no calcule y me odiaba por eso.

La garganta me ardía por el alcohol.

Saboreé el sabor picante.

—Ustedes dos… —dije para aligerar el ambiente. Los señale, primero a Kate y luego a Garrett— ¿tienen algo que contarme?

Esme suspiro y se dejó caer sobre el pecho de mi padre.

Kate entorno los ojos, intentando esconder una sonrisa. Al final, la sonrisa termino de escapar entre sus labios a la par que sus ojos azules se iluminaban.

—No trates de distraernos. Lo importante son Bella y tú. —me riño.

—No seas estúpida. Eres como mi hermana, —aferre su mano entre las mías— y ya que los malditos del FBI me tienen agarrado por las pelotas con Bella, necesito una razón para dejar de sentirme miserable y alegrarme por mis mejores amigos.

Garrett se rio entre dientes.

—Eres un gran zoquete melodramático.

Le puse mi cara de póquer.

—Dime algo que no sepa, viejo.

Carlisle recargo su barbilla sobre el hombro de Esme. Podía ver como poco a poco la tensión también se filtraba lejos de su cuerpo.

—Nos vamos a casar.

Me hice el desentendido, solo para molestarla.

—Espera, ¿qué? No te escuche.

—Serás cretino.

Me dio una mirada paciente.

—Van a hacer de mí una mujer honesta.

Deje salir una carcajada.

—¡No te rías! —un puchero adorno su boca.

Miré su mano izquierda. Un anillo brillaba en todo su esplendor en su dedo corazón.

—Solo tú podías lograrlo. —le asegure a Garrett.

Garrett sonrió de una forma extraña. Una sonrisa que jamás había visto en su rostro. Él… se veía realmente feliz.

—¿Qué puedo decir? Apenas la vi supe que sería la mujer de mi vida.

Se quedó mirándome.

—Me alegro mucho por ambos.

Kate resoplo, sus ojos llenándose de lágrimas. Se tiro a mis brazos y se aferró a mi cuello.

—Te quiero.

Acaricie su espalda.

—Odio que no podamos ser felices… odio verte sufrir por Bella… —susurro solo para mí— pero ella es fuerte, Edward. Una vez la vi perder a quien más ha amado en su vida, esta vez no va a ser distinta.

Se refería a mí.

—Gracias. —la apreté más contra mi pecho.

Garrett carraspeo.

—Voy a ponerme celoso.

Solté a Kate.

—Yo la encontré primero.

—Supongo que podemos compartirla. —canturreo.

Cogí el chupito vacío y se lo tendí.

—Creo que necesito uno más de estos.

Después de tantas emociones, me tomaría la botella completa.

Carlisle trajo la botella y cuatro chupitos más. Al final todos terminamos parados alrededor de la mesita de noche con un chupito cada uno. Lo levantamos y chocamos entre sí.

—Por su boda.

—Por Bella y por ti. —dijo Kate.

Garrett le siguió.

—Por qué dijo que sí.

Carlisle levanto su chupito.

—Por los agentes Froy y Brown.

—Que les den. —murmure yo.

Esme se tomó un segundo mirando su chupito. Luego levanto la visa y nos regaló una sonrisa triste.

—Por Renne. Por la amiga que me apoyo en mis momentos más bajos y me escucho cuando más necesitaba. No por el ser miserable en el que se convirtió. Donde sea que estés, buena suerte encontrando la paz. —de un solo movimiento se bebió su tequila.

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Deje caer la camisa de mis hombros. La prenda cayó al piso con un suave rose. Le siguieron mis pantalones, zapatos y calcetines. Me quede solo el bóxers.

El alcohol corriendo por mi sistema me hacía sentir más ligero.

Garrett, Kate, Rosalie y Emmett no contaban una historia diferente después de bebernos otras tres botellas más de tequila. Una suerte que Carlisle se había llevado a mi madre a dormir apenas paso la media noche. Ya veía a mi madre enojada porque habíamos bebido tanto.

Hipé mientras me reía entre dientes.

Me tambaleé sobre mis pies a la par que trataba de encontrar el camino hacia la cama.

El delgado cuerpo de Bella cubierto con la manta me llamaba como el canto de una sirena. Finalmente llegue a mi lado de la cama y comprobé el monitor de Max.

Me deje caer en la cama y resople. El alcohol me ponía torpe y lento.

Bella se removió.

Cerré un ojo y luego otro. Una. Dos. Tres veces. Todo daba vueltas. Apenas podía ver por la luz de la luna que se filtraba por la ventana, pero fue suficiente para ver a Bella girarse sobre sí misma y mirarme.

—¿Edward? —pregunto con voz soñolienta.

—Holaaaaa, cariñoooo. —ahora mi lengua también se volvía torpe, alargando cada una de mis palabras. Mi boca se sentía toda pegajosa y pesada. No más tequila, me repetí. Pero joder si no funciono para hacerme olvidar el mal rato que me hizo pasar Froy y Brown.

Bella se levantó y tallo sus ojos con sus dedos.

—¿Bebiste? ¿Qué demonios?

Hipé.

—Kate y Garrett se van a casarrrrrr.

—Lo sé. —se estiro y prendió la lámpara en la mesita de noche— Rosalie me lo conto por mensajes de texto antes de… de…

¿De?

Mi cerebro tampoco parecía funcionar correctamente.

—… no importa.

Me deje caer sobre la almohada.

Gemí.

—¿Cómo terminaste tan ebrio? —se levantó y camino hacia el baño. Regreso con un vaso de agua y algo en la mano— Vamos, levántate. Tomate una aspirina.

Me puse brazo sobre los ojos.

—No quiero nada.

—Vamos.

Me levante y suspire. Agarre el vaso y me puse la aspirina en la boca. Termine y le devolví el vaso. Mi estómago se sentía pesado.

—Graciasssss. —hipé.

Volví a mi lugar en la cama.

Bella dejo el vaso en mi mesita y se inclinó hacia mí. Paso sus dedos por mi cabello, peinándolo hacia atrás. La caricia me adormilo.

—Esto es mi culpa.

—¿Qué es tu culpa?

—Que estés tan estresado. No tenías que beber. No tienes que cuidarme. Puedo cuidarme sola, Edward.

Atraje su mano hacia mis labios y besé su palma.

—No estás sola, me tienes a mí.

—Y ve como esta resultando, contigo metiéndote a la cama en plena madrugada ebrio. No lo quiero si es así. Tal vez… deberíamos esperar hasta que pase toda la investigación.

Aquello me hizo agitar.

—No. —me negaba. Maldita sea. La acababa de recuperar. No la volvería a dejar.

Su mirada se llenó de pena.

—Eso ayudaría a que el FBI…

—Ya me ocupe del FBI.

Su rostro palidecido.

—No estás hablando en serio. —trato de alejarse de mí.

—Bella…

Me corto.

—¡No! —jalo su mano más fuete y logro liberarse de mi agarre. Se puso de pie y se pasó las manos por el cabello— ¡No puedes simplemente ignorar lo que te pido! Te pusiste en la mira, cuando yo podía ayudar a que todo esto terminara más rápido. Era mi responsabilidad, no la tuya. Es mi madre. Mi familia. ¡Mi maldito problema!

Me senté en la cama, ignorando el mareo que vino casi inmediatamente.

—Tú eres mi familia.

Se tallo la frente de forma exasperada.

—Calla.

—Eres mi familia, mi responsabilidad, la madre de mis hijos y mi mujer.

Dejo caer las manos.

—Mi hermana también fue tu mujer y ahora, tú y yo… —abrió la boca y luego la cerró, suspiro y maldijo por lo bajo antes de continuar— No quise decir eso. ¡Joder! ¡¿Es que no lo entiendes?! Lo único que quería era protegerte.

—Nena…

Su barbilla comenzó a temblar.

—No me mires así.

Negué.

—No puedo dejar de mirarte. Te amo.

Regreso sobre sus pasos, se subió a la cama y luego a mi regazo.

—Maldita sea, te amo también. —tomó mi rostro entre sus manos. Acaricio mi mandíbula con sus pulgares— Dure tanto tiempo repitiéndome una y otra vez lo mucho que te odiaba. A veces ocupaba noches enteras recordando lo que pasó la noche del baile… en la fiesta de Jessica… pero nunca fue suficiente. Solo oculte mis sentimientos de bajo de mi dolor y mi corazón roto. Creí que nunca podría perdonarte, me costó tanto encontrar el camino de vuelta a ti. Y mírame ahora, te miro y siento que el corazón se me puede salir del pecho. No importa quien seas o lo que hayas hecho, el te reconoce. No quiero perderte. No puedo perdernos de nuevo.

Mis manos fueron a sus caderas para aferrarla.

—Voy a hacer lo que sea para protegerte a ti y a nuestros hijos.

La vi tragar en seco.

—¿Quién te protegerá a ti?

Levante una mano hasta su pecho por encima de su corazón.

—¿No lo harás tú?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No me vuelvas a dejar fuera. —amenazo.

—Jamás.

—Y quiero saberlo todo.

—Sí, señora.

—Cada detalle, palabra, que dijiste, que no dijiste… que dijeron ellos…

—Por supuesto. —besé su barbilla.

Su cuerpo se relajó.

—Maldito cabezota.

—Aprendí de la mejor.

—Ahora somos un equipo.

Baje por su cuello. Mordisque la delicada piel, use mi lengua para curar el escozor y luego lo volví a hacer. Deje besos languinos por toda su clavícula hasta bajar a su pecho. La delgada camisola que la cubría no tardo en desaparecer. Cubrí de caricias el valle de sus senos, el contorno de sus curvas y la perla que los coronaba.

Saboreé su pezón en mi lengua.

—Hazme el amor. —ella misma se deshizo de sus bragas, luego le siguieron mis bóxers. Sus manos ansiosas exigían y se adueñaban de todo a su paso. Mi polla salto de sus confines, lista para hacer caso a su llamado. Su mano se ocupó de ella en un apretado agarre.

Gemí sobre la piel excitada de su seno.

Sus caderas se movían ansiosas.

—Ahora… —jadeó.

La tomé de la cintura, sus pezones contra mi pecho, lo que la hizo excitarse más.

Guie mi polla entre sus pliegues, asegurándome que estuviera lo suficientemente lubricada antes de penetrarla. Con el glande estimule su clítoris, lo que nos hizo farfullar a ambos entre dientes.

—Date prisa. ¡Joder! —me demando.

Se aferró a mis hombros.

La penetre, sin dejar de estimular su clítoris con mi pulgar. La deje llevar el ritmo, entregándole el mando. Sus pies se anclaron a la cama para tomar más impulso, las paredes de su coño cada vez se volvían más estrechas.

No tardaríamos mucho más en corrernos.

—Bella… ¡Dios! —sentía el sudor bajarme por la espalda. Su piel brillaba por el mismo motivo, y con la luz de la luna, parecía casi una aparición.

Sus dientes buscaron la piel de mi barbilla.

Gruñi entre dientes y la ansié yo mismo por las caderas para aumentar el ritmo de las embestidas.

—¡Edward! —sentí su orgasmo.

Me deje ir y me corrí también.

Caímos a la cama juntos en un reguero de extremidades. El alcohol había sido completamente drenado de mi sistema. Nada de hipo, lentitud o torpeza. Solo una sensación hormigueante por todo el cuerpo.

Exhalé.

Bella ronroneo y se acurruco sobre mi pecho. Jale la manta y nos cubrí con ella. La abrace más fuerte, besé la coronilla de su cabeza y cerré los ojos. No podía desear lugar mejor para dormir que ella en mis brazos y yo en los suyos.

Lo demás lo podíamos arreglar. Siempre existiría el mañana. De eso me sentía completamente seguro. Nada ni nadie nos separaría. Ni ella ni yo lo permitiríamos.

Su respiración me arrulló hasta que caí en un sueño profundo.

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El agua cayendo por mi espalda fue refrescante. Puse ambas manos en las baldosas del baño y miré al suelo. Había despertado hace apenas una hora, el reloj dictaba las ocho de la mañana y con ello, comenzaba otro dia.

Tenía que ir a la oficina y Bella probablemente querría ver cómo iban las cosas por NewMoon.

Agarre un poco de shampoo y comencé a lavar mi cabello.

Odiaba bañarme porque eso lavaría el olor de Bella en mí, pero era la única cosa que me quitaría la poca resaca que me quedaba. Resulta que Bella tuvo razón y la aspirina ayudo.

La imagine aquí conmigo, bajo el chorro del agua, mojada y desnuda. Pero parecía lo suficientemente cansada. Quería que durmiera todo lo que necesitara. Se venían días difíciles.

Termine con mi baño y salí de la ducha.

Cogí una toalla del estante y la enrede alrededor de mis caderas. Con otra seque mi cabello y salí del baño descalzo.

Bella ya se encontraba en medio de la cama despierta con una bata sobre su cuerpo antes desnudo y con las sabanas y mantas revueltas a su alrededor. Se veía hermosa, incluso recién levantada.

—Deberías haberme despertado. —trato de ocultar un bostezo atrás de su mano derecha.

Abrí la mi armario y saque unos calzoncillos.

La observe sobre mi hombro mientras dejaba caer la toalla que cubría de mi cintura para abajo hacia el suelo.

—¿Para bañarnos juntos? —dije sobre mi hombro. Me puse los calzoncillos y me acomode la polla.

Me dio una sonrisa endemoniada y entorno los ojos.

—Puede ser. Ahora no lo sabrás. —se dejó caer en la cama de espaldas con las piernas sobre el borde.

Me ocupe de mi ropa. Saque un pantalón de vestir, una camisa de vestir del mismo color y un saco gris.

—Una pena. —deje la ropa sobre la cama y me incline para dejar un beso en su frente.

Se giró sobre sí misma y se recargo sobre los codos. Sus manos sostenían su barbilla.

—¿Planeas un día largo?

—Necesito repasar algunos proyectos de la constructora. Solo serán un par de horas. ¿Quieres que te lleve? —ofrecí en tanto comenzaba a vestirme.

—Hable con Leah mientras te bañabas. Todo va bien en la oficina, ella lo sabe manejar mucho mejor que yo. Creo que me quedare por el día para poder pasar tiempo con Thomas y Max. Además, quiero hablar con Carlisle sobre mi entrevista para el FBI.

No me paso desapercibido que me observo a cada palabra, analizando mi expresión con ojo clínico.

—Me parece perfecto, cariño. —dije. Abotone el ultimo botón de mi camisa y le seguí con la mangas.

Ladeo la cabeza.

—¿Tu buen humor tiene algo que ver con la vibra post orgásmica?

Me fui a por un reloj a una de mis cajoneras.

—Puede ser.

Sus mejillas se sonrojaron. Luego, mi teléfono vibrando sobre la mesita de unos de los buros de noche nos sacó de nuestra burbuja. Bella se inclinó hasta alcanzarlo para poder ver la pantalla.

—Es… número desconocido.

—¿Puedes contestar? —abroche el reloj en mi muñeca izquierda.

—¿Seguro? —asentí, respondiéndole en silencio.

Deslizo la pantalla y se lo puso a la oreja.

—¿Hola? —guardo un segundo de silencio— ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —quito el teléfono de su oreja— Han colgado. Quizás se equivocaron.

Camine hacia ella.

—Déjame ver.

Me extendió el teléfono y lo tomé. Ni siquiera lo pude verificar, cuando la pantalla se volvió a iluminar por otra llamada entrante.

"Número desconocido"

Deslice la pantalla y conteste.

—Hola.

Hola, Edward. Me alegra poder hablar contigo. ¿Estás en tu oficina? Necesitamos hablar. —me respondió Tanya Smith del otro lado de la línea.

Bella levanto las cejas, preguntándome silenciosamente quien era.

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"Y cuando el dolor sea demasiado. ¿Estarás a mi lado? Oh, amor. ¿Puedes oírme ahora? Todavía luchando por ti, gritando. Mi amor enterrado en el subsuelo, así que ven y sígueme. "

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¡Hola, nenas! Me alegra estar por aquí una nueva semana. Excelente sábado. Bella no estuvo muy contenta cuando se dio cuenta que Edward tuvo el interrogatorio a sus espaldas, pero lo arreglaron de una manera muy civilizada. Si saben a lo que refiero hahaha. Necesitaba, añoraba que conocieran esa parte de Edward no tan controlada que se deja llevar por lo que siente y lo que piensa, así que implicamos un poco de alcohol para lograrlo. Hace falta que se abra con Bella y que se quite esas ideas de protegerla de todo y contra todo, porque así como ella lo dijo, ellos son un equipo ahora. Uhm, esa llamada. ¿Ustedes que piensan? Ya se había tardado Tanya en aparecer. ¿Cómo lo manejaran Bella y Edward? Espero sus comentarios en los rr. Gracias por leerme. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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