Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


.

.

Play With Fire - Sam Tinnesz ft. Yacht Money

—Eres. Un. Maldito. Genio. —entro Kate a la cocina, dando saltitos y con los ojos llenos de emoción. Emmett miró sobre su hombro, mientras se encargaba de poner los platos al otro lado de la mesa. Bella saco la lasaña y la coloco en medio junto a un bowl que contenía ensalada y otro que contenía espagueti.

Garrett siguió a mi mejor amiga dentro de cocina con una suave expresión de adoración.

—¿Se lo dijiste? —pregunto.

Él se encogió de hombros y guardo las manos en sus bolsillos.

—Tio, me estaba matando verla tan triste.

Kate le dio una mirada.

—No tan triste.

Bella se sacó los guantes de cocina.

—¿De qué están hablando? Estoy perdida aquí. —pregunto mi hermosa castaña.

La atraje a mi costado abrazando su cintura.

—Le propuse a Garrett llevar a cabo su boda en el jardín de mamá. Tiene suficiente espacio para una ceremonia y una pequeña recepción.

Bella se inclinó para poder verme mejor.

—Eres muy considerado.

Le guiñe un ojo.

De fondo, Kate comenzó a parlotear de nuevo a la par que Rosalie entraba a la cocina con un portabebé en mano. Solté a Bella y camine hacia mi cuñada rápidamente. Cogí el porta bebé con mi hijo menor adentro y le sonreí en forma de agradecimiento.

—No es necesario. —corto mis palabras antes de que pudiera agradecerle, palmeando mi brazo— Max es un sueño hecho realidad.

Ese brillo maternal se hizo presente en su rostro. Tantos años y, ella y mi hermano no habían intentado embarazarse de nuevo. Conocía el sentimiento de perderá un hijo, aunque no tan arraigado puesto que mi situación y la de ellos era completamente diferente. Pero comprendía el sabor amargo. La resolución inexacta de pensar que hubiera sido si las cosas no tomaran cierta dirección.

Coloque el porta bebé en un asiento libre.

Se alejó para unirse a Emmett en la mesa. No perdió el tiempo en ponerse al tanto del tema de conversación.

—Me encanta la idea. Emmett y yo hablamos un par de veces de casarnos en el jardín trasero, pero nunca concretamos nada.

Mi hermano besó la cima de su cabeza.

—Puedes comenzar a organizar la boda el día que quieras.

Bella se rio, sacando una botella de vino. Me la tendió junto a un descorchador y me guiño un ojo.

Kate abrió los ojos en sorpresa.

—Oh, si ustedes prefieren que…

—Nada de eso. —Rosalie dio un manotazo en el aire— Estamos casados al civil, es suficiente por ahora. Con el negocio creciendo en Port Angeles, sería una pesadilla organizar una boda ahora mismo.

Garrett abrazo a Kate y apoyo la barbilla en su hombro.

—Está dicho, solo falta decirle a Esme.

—Oh. —finalmente logre descorchar la botella de vino— Créeme, mi madre amara la idea.

Emmett me señalo.

—Ya lo creo.

Bella le echo un ojo a Max, que estaba durmiendo pacíficamente entre sus cobijas calientes con los puñitos apretados.

Yo pase a su lado y abrí una de las gavetas. Saque un par de copas de cristal y las deje en la mesa. Vertí vino en cada una de las copas y les ofrecí una a cada uno.

—Propongo un brindis. Por Kate y Garrett. Por su próxima unión y porque a pesar de la locura que parece, mis dos mejores amigos están por casarse.

Todos levantaron sus copas.

—Por Garrett y Kate.

La cena se convirtió en un ameno momento entre familia y amigos. Descorchamos dos botellas más de vino, acabamos con la comida y el postre de Bella y al final de la noche, cuando los niños ya estaban en sus camas, Emmett nos entretuvo con sus malos chistes. Sin embargo, gracias al alcohol y a la comida, no paramos de reír.

Hacia el final de la noche, Bella se recostó a mi lado en el sofá donde me encontraba sentado, escondiendo su rostro en la curva de mi cuello.

Acaricie el borde de su mandíbula y quite el cabello regado por aquí y por allá.

—¿Eres feliz? —no pude evitar preguntar.

Dejo salir el aire poco a poco, y sus labios se pegaron a mi piel. La conversación se mantenía entre nosotros, gracias a que los demás seguían entretenidos, tratando de adivinar qué película era la que Emmett estaba imitando.

Buena suerte con eso.

—Muy, muy, muy feliz…

No pude evitar el titubeo hacia el final de su respuesta.

—¿Pero…?

Su mano busco la mía hasta entrelazar nuestros miedos.

—Tengo miedo. —susurro— Miedo de perderte y a esta nueva felicidad. Una vez ya nos lo quitaron, no podría soportar pasar por lo mismo de nuevo.

Su confesión me hizo dolor el pecho.

—Nada nos pasara, cariño. —la atraje hacia mi cuerpo un poco más— No lo voy a permitir.

Ella se quedó en silencio, perdida entre sus pensamientos. Cerró los ojos y se arrulló con el sonido intermitente de la conversación y las risas. Me mantuve al día, pero no pude evitar admitir dentro de mil mientras miraba la escena frente a mí, mientras sostenía a Bella y tenía la seguridad de que nuestros hijos dormían en el piso de arriba, sentir el mismo tipo de incertidumbre.

.

.

Los agentes del FBI Froy y Brown llegaron a casa sobre las cuatro de la tarde del día siguiente. Lo sabía porque mi padre me mandó un mensaje de texto mientras viajaba de camino a mi oficina. Había tenido toda la intensión de acompañar a Bella en su entrevista con los agentes, tal vez no en la misma habitación, pero si me quedaba en el piso de arriba, no hacía falta que ellos supieran que me encontraba en el lugar. Pero Bella me rogo que fuera a mi oficina y me despejara. Fue tanta su insistencia, que termine por ceder.

Según lo que mi padre le aconsejara, tratarían de evitar las preguntas sobre nuestra relación a toda costa.

No me tranquilizaba.

No después de la forma en la que me cuestionaron y la forma en la que se refirieron a Bella. Probablemente solo fue una táctica para tocar mis puntos sensibles y descubrir si les estaba ocultando algo referente al asesinato.

Como si al algún momento me hubiera importando una mierda en que estaban metidos Alec y Renne.

Guarde mi teléfono, revisando por última vez mi bandeja de entrada en los mensajes de texto o llamadas, asegurándome de no perderme algo.

Algo se sintió muy diferente cuando di un paso adentro de mi oficina luego de salir del elevador. Los pelos de mi nuca se erizaron y el perfume exageradamente dulce en el ambiente me dio una pista extra.

La rubia de espaldas al ventanal de oficina me hizo ponerme a alerta. El cabello rubio el caía por la espalda, vestía jens y una chaqueta mezclilla con zapatos bajos.

—Bonita vista, ¿no? —pregunte, dejando mi maletín en uno de los sofás.

Ella no se movió de su lado, se quedó en su lugar.

Me puse a su lado y me cruce de brazos.

—A veces me recuerda a Chicago.

—¿Lo extrañas?

—Extraño mi vida en el lugar, pero ahora no hay nada que me ate al lugar.

No pude evitar intentar una jugada. Después de lo que Garrett me conto ayer, estaba intentado pensar una buena razón por la que Tanya haya ocultado su pasado.

—¿Nadie especial?

Se giró un poco hacia mí, escándame una buena mirada con esos ojos azules suyos que parecían capaces de leer a través de cualquiera.

En cambio, yo me mantuve impasible, sin mover un solo centímetro de mi postura.

—¿Estás hablando de una relación sentimental? —inquirió.

Me encogí de hombros, pareciendo despreocupado.

—Sé que siempre has sido una mujer concentrada en su trabajo y poco en su vida personal. Después de Garrett no hubo nadie y después de la muerte de Clarie —trague amargo al decir su nombre, pero sin titubear a la hora de usar mi tan estudiada fachada— fue difícil. Eres una mujer independiente, inteligente y hermosa.

La vi tragar, sus ojos adquirieron un destello de curiosidad.

—¿Es así como piensas de mí? Tienes una imagen bastanteaste clara.

Ladeé la cabeza en su dirección.

—Somos amigos, ¿no?

El destello desaprecio.

—Sí, amigos. Los mejores. —estrecho los ojos— Hablando de seguir adelante, ¿cómo te va con eso? ¿Lo estás llevando bien?

La sospecha fue palpable.

—Tan bien como lo puedo llevar. —camine hacia mi escritorio, sin darle más detalles.

Si creía que podía venir a mi oficina, entrar a la hora que quisiera y todavía, tenía que darle explicaciones, más valía que se diera cuenta que estaba equivocada.

La apreciaba, pero si las sospechas de Garrett y Bella eran ciertas, no podía confiar en ella.

El amor pude volverse algo oscuro y deforme. Hasta no estar seguro de cuáles eran las verdaderas intenciones de Tanya, no me fiaba de ella. Una vez confié en alguien y esa persona me pago de la peor manera.

Le hice una seña hacia una de las sillas frente mi escritorio.

Retorció sus manos mientras se sentaba.

—Lamento si te he incomodado. —se disculpó.

Cabeceé.

—No es tu culpa. El tema de Clarie me sigue afectando demasiado. —no era completamente mentira.

Encendí mi computadora, saque los planos que ella me había entregado el día de ayer, mis correcciones y todo lo necesario para poner manos a la obra. Ella se mantuvo impasible por un par de minutos, siguiendo cada uno de mis movimientos, hasta que termine y me deje caer sobre el asiento de mi silla.

La mire directamente.

—Oh, lo siento. Si, maldita sea. —un leve sonrojo cubrió sus mejillas. Tomó su propio bolso y saco su iPad y una libreta— Estoy un poco lenta esta tarde. No dormí muy bien. —extendió la libreta en mi escritorio y agarro un bolígrafo de mi lapicero— Soy toda oídos.

No me pasó desapercibido la inclinación de su cuerpo sobre mi escritorio, ni tampoco el movimiento sugestivo de sus pechos para mostrarme su escote más de lo necesario.

Baje la mirada, sin expresión alguna y le comencé a señalar los detalles que necesitábamos corregir. Desde algunas correcciones en los planos con respecto a las áreas designadas, la economisación de luz y agua para aprovechar cada uno de los recursos, cambios variados en los materiales que quería utilizar para la remodelación, así como algunas modificaciones en el presupuesto. Esto último, respecto a los pagos para Cullen Construction.

—Con respecto a mi respectivo sueldo, así como el de Garrett, no será necesario. —comente.

Eso capto su atención.

—¿De qué hablas? No estarás pensando…

—Es Forks, el pueblo donde nací. Y quieren una mejor infraestructura para poder atender más pacientes de riesgo. Si pueden utilizar los salarios para algo más productivo, no tengo problema en dejarlo en blanco. Garrett está de acuerdo.

Dejo el bolígrafo con el que estaba haciendo anotaciones.

—¿Garrett? Creí que tú y yo…

—Garrett es mi socio y aunque me dejaste claro que más que a la empresa, me quieren a mí, el prestigio que he logrado reunir en tan poco tiempo a diferencia de otras constructora o colegas, es por Garrett. Es una parte tan importante de esta empresa como lo soy yo, incluso más, ya que recién me estoy poniendo en orden con algunos proyectos que tenemos en puerta. Estuve un poco más de seis meses fuera de la empresa mientras él se dedicaba a mantener todo a flote.

Se enderezó en la silla, no muy contenta con mis palabras.

—Creí haber sido clara, los administrativos te quieren a ti para que supervises el proyecto.

—Y lo aprecio, pero a pesar de que ponga el proyecto del hospital dentro de mi agenda como una prioridad, aún tengo algo a lo que le debo más tiempo y devoción, mi familia.

Sus labios formaron una línea delgada.

—Correcto. —suspiro, reponiéndose— Comprendo que Garrett es una parte importante, pero los inversionistas quieren a la cara de la Cullen Construction.

El tema comenzó a irritarme. Era como si se esforzara por recalcar las diferencias entre Garrett y yo y porque él no parecía tan importante frente a mi persona. Absurdo. Antes de la empresa, él ya era un arquitecto de renombre en Chicago.

—¿No se supone que tú tienes la mayor parte de las acciones?

Ah, algo que últimamente había estado pensando. En realidad, algo que ya había pensado durante los pasados seis meses.

—No por mucho tiempo.

—¿Qué quiere decir eso? —increpo de forma ruda.

Fruncí el ceño.

—¿Te estas escuchando, Tanya?

Apretó los dientes hasta que rechinaron. Los delegados músculos de su mandíbula de contrajeron.

—Me estoy preguntando lo mismo.

Apoye los codos en mi escritorio.

—Le voy a proponer una sociedad más grande.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente.

—No creo que él la acepte. Esta es tu empresa y él tiene otros negocios…

—No veo porque no lo aceptaría si es tanto su empresa como la mía. Y aunque por un tiempo tome en cuenta sus deseos, es hora de que la tome tanto protagonismo en la empresa como yo. No solamente tras bambalinas. De todos modos, me gusta mucho más el nombre Cullen&MacCarty Constructions.

Dejo salir una risa seca.

—Increíble que le regales una gran parte de tu patrimonio. ¿Has pensado en Max? Todos los años que tú y Clarie se sacrificaron. Y si tienes más familia. Si te vuelves a casar y tienes más hijos. Deberías pensar en su futuro.

Odie su insinuación y por supuesto, odie que evitara nombrar a mi hijo mayor.

—Thomas y Max tienen suficiente. —prácticamente gruñí.

Su expresión se volvió fría.

—Por supuesto, ni siquiera sé porque estamos teniendo esta discusión. No es de mi incumbencia. Tu empresa. Tu familia. —recogió sus cosas apresuradamente— Creo que es hora de que me vaya.

Termino de empacar todo y colgó su bolso sobre su hombro.

—Tanya. —me puse de pie.

Temía haber sido demasiado rudo sin razón alguna. ¿Y si sus intenciones eran verdaderas? Sin embargo, ignorar las sospechas de Garrett y Bella… definitivamente no podía. Tal vez era hora de tomar medidas más drásticas.

Ella no me dio ni una mirada mientras se apresuraba a la salida.

—Joder. —pase una mano por mi cabello.

—Probablemente tampoco debí venir sin avisar, puede que sea un mal momento. —dijo sobre su hombro— Concertare una cita la próxima vez.

Me apresure a llegar a su lado.

—Siento si la reunión ha sido poco amena. —me disculpe torpemente, abriendo la puerta— Estos días he estado un poco estresado.

Coloco una mano sobre mi hombro.

—Sea lo que sea que te está molestando, ya pasara. —su mano subió hasta arreglar la solapa de mi traje, paso la mano por mi pecho una, dos, tres veces, antes de dejar de tocarme— Siempre he admirado tu fortaleza y temple, es algo que suelo admirar en los hombres. Tu generosidad también. Estoy segura que Garrett es un socio maravilloso. Si no lo sabré yo… —sonrió, pero no llego a sus ojos— Nos vemos, Edward.

Y con eso, se marchó. Cerré la puerta y me quede más de lo necesario en el mismo lugar, escrudiñando cada una de sus palabras. Al final, la decisión fue fácil.

Saque mi teléfono y marque el número en mi agenda de contactos.

Timbro un par de veces, antes de que alguien contestara del otro lado.

J. Jenks.

—Edward Cullen.

Escuche el sonido de su computadora de fondo. Se trataba de un hombre muy ocupado, pero el historial de trabajos que había hecho para mi padre, y ahora para mí, nos hacia una prioridad.

Dime lo que necesitas.

—Quiero un informe detallado sobre Tanya Smith. Todo lo que encuentres servirá, quiero saber su pasado, su presente, a donde va y con qué regularidad. Con quien se relaciona, quiero saberlo todo.

El sonido de fondo se detuvo. Carraspeo y casi lo pude ver, corpulento y con esa expresión infalible en su rostro grueso, recostarse sobre su silla de cuero.

¿Para cuándo?

—Tan pronto como puedas. —demande.

Hecho.

—Bien. Nada de entregarle nada a mi padre, quiero la investigación solo para mí. ¿Me escuchas?

Si es eso lo que quiere, señor Cullen.

—Es exactamente lo que quiero.

Le di unas instrucciones más y colgué. Mi cuerpo se sentía en tensión máxima, acaricie mi frente con la punta de mis dedos y cerré los ojos. Una punzada en la nuca me hizo gruñir.

El estrés de las últimas semanas o meses, me tenía la cabeza jodida. Literalmente hablando.

La vibración de mi teléfono me saco de mis oscuros pensamientos.

—Hola.

Edward. —mi padre respondió desde el otro lado.

Miré por la ventana y me di cuenta que la noche ya estaba cayendo. Por fin. Fui a por mí maletín. Probablemente se trataba de Bella…

—¿Es Bella? ¿Cómo ha ido la entrevista con el FBI? Voy en camino, necesito verla y asegurarme que…

Tal vez deberías quedarte un poco más en Seattle. He llamado a Garrett y Emmett, ellos te acompañaran en tu oficina hasta que sea hora de volver a casa.

Aquello me puso en alerta.

—Quiero hablar con Bella.

Lo escuche dar un suspiro de frustración.

Se ha presentado un inconveniente.

—¿Qué inconveniente? —exigí saber.

Lo dijo nada.

—¡Quiero saber! —comencé a caminar hacia la puerta. No importaba que. Tenía que estar al lado de Bella. ¿A caso no quería que estuviera a su lado? ¿Por qué? ¿Es que estaba herida de alguna manera? ¿Repitieron las mismas palabras que me dijeron? ¿Qué si la hicieron dudar sobre nuestra relación?— No puedo soportarlo, voy para allá.

Estaba por colgar, cuando sus palabras me frenaron en seco.

—Es James Whitlock. Esta aquí.

El ruido sordo que hizo el maletín al caer de mi mano no me molesto en absoluto. Solo era capaz de enfocarme en el nombre. El nombre el ex novio de Bella. El hombre con el que se suponía que ya ni tenía nada que ver, pero que en cambio, ahora parecía que volvía.

—¿Qué dices? —dije entre dientes.

Lo siento muchísimo, Edward.

No.

NO.

Aguarde un bramido dentro de mi pecho.

—Esta mañana me despedí de ella. Dijo que lo llevaba bien. Que tenía todo en control. Ella no… —no será capaz.

Pero tú la lastimaste. La hice mierda hace cinco años. ¿Esta era su revancha? ¿Su manera de hacerme pagar?

Solo te quiere proteger.

—Y una mierda. —brame. Colgué y avente el teléfono a alguna parte de mi oficina.

No lo hizo.

No fue capaz de mentirme a la cara mientras me pedía alejarme. Lo hice. Por ella. Me aleje para hacerla sentir más segura con el FBI. ¿Y que hizo ella? En cambio, su ex era quien la acompañaba.

Lance un puñetazo contra la puerta.

¿Qué significaba esto?

Todo mi cuerpo comenzó a temblar. Mis rodillas impactaron contra el piso y agarre mi cabeza entre mis manos. Me faltaba el aire y la punzada detrás de mi cabeza incrementaba a cada minuto.

—¡Hijo de puta! —grite.

La oscuridad se fue adueñando poco a poco de mi oficina. Con el crepúsculo cayendo, la luz se iba a poco. Un reflejo de lo que estaba sintiendo ahora mismo.

Empuñe las manos y me puse de pie de un solo movimiento.

Como un huracán, camine hacia mi escritorio y aventé lejos todo lo que estaba sobre el. El computador, los biógrafos, papeles y cables volaron por todas partes. Mis manos querían más y más. Quería tomar todo a mi paso. Destruir. Despedazar.

Control.

Agarre el filo de la mesa y la volqué contra el suelo. Las sillas siguieron el mismo camino, los sillones, cada cuadro en la pared. Todo lo que podía ver era al estúpido de James al lado de Bella. Y lo que todos estos años tuvo sobre sus manos y ahora ella se lo volvía a entregar.

A su lado…

Cuando quien debería estar acompañándola debería ser yo…

Yo.

¡Solo yo!

Cogí un garrón y lo estrelle contra el domo. El vidrio no sufrió ningún daño, ni siquiera un rasguño. La furia se adueñó de cada espacio libre dentro de mi cuerpo. De alguna manera, necesitaba sacarla fuera.

Me quite el saco a tirones y lo tire en algún lugar. Solté los botones de las mangas de mi camisa, de deshice del reloj y arremangué la tela hasta mis codos. Me puse frente a la pared hecha de vidrio puro y sólido.

Me observe en el reflejo, empuñe las manos y comencé a pegarle.

Todo exploto a mí alrededor.

Como todo y nada al mismo tiempo.

.

.

Mi respiración era un jaleo, mi pecho quemaba en un sube y baja sin fin. Flexione las manos una y otra vez, tratando de sentir algo más que no fuera el adormecimiento que me barría de arriba abajo.

Necesitaba el dolor.

La puerta de mi oficina de abrió de un tirón, rebotando sobre la pared.

—Mierda.

Emmett prendió la luz.

Seguí mirando mis manos, tratando de adivinar si necesitaba ir al hospital. Había sangre y moretones, pero la movilidad no parecía estar afectada.

—¿Qué mierda, imbécil? —gritoneo Garrett, entrando a la oficina de lleno— ¿Estás loco?

Me puse de pie.

—Llama a mantenimiento.

—¿Llama a manteniendo? —siguió gritando, solo que esta vez, levanto las manos por arriba de su cabeza— Lo que necesitas es un puto hospital.

Camine hasta recoger mi maletín y mi saco, aunque un poco dañados, del piso. Busque mi reloj también, pero al no encontrarlo, me di por vencido rápidamente.

—No necesito un hospital.

Emmett avanzo frenéticamente.

—¿Te volviste loco? —me cogió por los hombros— Necesitas un hospital.

—No necesito nada. —desafíe, soltándome de su agarre.

Salí de mi oficina, con la mente en blanco y las energías drenadas. Me coloque frente al elevador y presione el botón de llamar.

—Edward. —ambos dijeron al mismo tiempo, lo que fue francamente gracioso. Me reí sin ganas y seguí esperando— ¿Qué demonios, hombre? —esto último lo dijo Garrett.

El elevador por fin llego y yo me meti dentro de el. Los dos me siguieron, cada uno a cada lado de mis costados. De frente. Me evaluaron por lo que se sintió como una eternidad.

Al final me rendí y talle una mano contra mi rostro.

—Necesito un trago.

—No me digas. —se burló mi hermano mayor.

Eso me puso los pelos de punta.

—¿Puedes solo parar? Por un maldito segundo de mierda. Basta.

El sonido de llegada del elevador fue como una salvación. Salí pisoteando hacia el lobby con ellos detrás, pero esta vez, ninguno de los dos dijo nada.

El aire del edificio fue refrescante.

—¿Y bien? —cuestioné.

Ambos suspiraron. Garrett puso una mano en mi hombro y apretó.

—Conozco un buen bar por aquí.

—Bien, tú manejas. —mejor de esa forma, porque si agarraba un volante, quien sabia donde terminaría. Estrellados en cualquier esquina. Podía recoger mi auto al siguiente día. No confiaba en mí mismo.

El viaje hasta el bar que conocía Garrett fue corto. Entramos a una especie de cantina, pequeña y hogareña con apenas tres tipos ocupando el lugar.

—Si este es tu bar, déjame preguntarte, amigo. ¿Cuántos años tienes? ¿Ochenta y seis? Aquí vienen a divertirse, pero los putos fantasmas.

Garrett estrecho los ojos hacia mi hermano.

—¿Querías un bar con más personas, amigo? Uno donde Edward pudiera terminar de practicar con los puños.

Camine hacia la barra, ignorándolos. Un hombre de mediana edad, de complexión delgada y moreno, me dio un asentimiento a modo de saludo.

—¿Qué te ofrezco? —pregunto, en tanto limpiaba un vaso con una franela.

Me subí en el taburete y puse mis manos sobre el mostrador.

Sus ojos se abrieron por la sorpresa. Hizo un ruido extraño con la garganta y de hecho, también tartamudeo un poco. Su atención fija en las heridas de mis manos.

—¿Vienes acompañado? —dio una mirada a mis espaldas.

Emmett y Garrett tomaron asiento.

—Solo nosotros. —respondió.

—Oh, bueno… eso es genial. —se rio, de forma francamente temerosa y ridícula. ¿Qué pensaba? ¿Qué lo íbamos a asaltar o alguna mierda así?

—Dame una botella de tequila. —sacudí la mano hacia el estante a sus espaldas.

—Sí, dale la botella. —refunfuño Emmett.

Garrett le lanzo una mirada.

—Deja de ser un idiota.

—¿Yo? El idiota cabezota aquí es otro.

El hombre detrás de la barra me tendió la botella junto a tres vasos de chupito. Descarte los dos vasos y solo me quede uno.

—Ellos pueden pedir aparte. —me burle.

Emmett golpeo la mesa con el puño y luego me señalo.

—¿Ves?, el imbécil aquí no soy yo. —repuso.

Me decidí por eliminar el vaso en mi mano, destape la botella y bebí en seco. Justo encima de la boquilla.

Deje que el líquido caliente barriera toda mi garganta hasta mi estómago. Me hizo sentir tibio, eliminando un poco el frio que se clavaba en mis entrañas. Cuando ya no pude soportarlo más, quite la botella y me puse sobre la barra.

Eructe.

—Joder, maldita sea. —Emmett se cubrió la nariz.

Le di una sonrisa amarga,

—Tú quisiste venir.

—Sí, y ahora sé porque es una mala idea. —se acercó a mi rostro nariz con nariz— Porque pude que antes de que el alcohol te derribe, yo termine por hacer el trabajo.

Miré desafiante a sus ojos.

—Hazlo.

El taburete de Garrett chilló contra el suelo de madera cuando se levantó.

—Wow, wow, amigos. La testosterona está muy alta por aquí y antes de que hagan algo de lo que se van a arrepentir y yo tenga que separarlos, lo que terminara con mi cara hecha un asco y mi boda es en menos de un mes, así que necesito este bonito rostro intacto —señalo su cara con el dedo indice— tranquilicémonos un poco. El enemigo no está aquí. En enemigo está en casa. Con Bella.

Me avaluó detenidamente.

Tragué la billis que subió por mi garganta.

—¿Qué diablos significa eso?

—Que mientras tú estás aquí, tomándote unos buenos tragos y peleando con el zoquete de tu hermano, James está tratando de convencer a Bella de volver a casa con él.

El estómago se me revolvió.

—Bien. —canturreé— Que se vaya.

Sus expresiones fueron de la real sorpresa a furiosas.

—No estas malditamente hablando en serio.

—¿Saben qué? —tome a botella de nuevo y le di un buen trago antes de seguir hablando— Estoy harto. Sí, me equivoque, hace cinco años. Era un maldito puberto confiado e ingenuo y me meti en una telaraña donde me fue imposible salir. Pero luche por ella. Oh, claro que lo hice. —mi tono de voz fue aumentando— Hice cada maldita cosa que estuvo en mis manos para volver con ella. Mentí, me arrastre, le pedí perdón. Hice promesas y las he cumplido. ¿Y qué hace ella? Apenas anoche me dijo que tenía miedo, pues mira tú, que miedo tan grande.

Emmett suspiro.

—Estas siendo injusto.

—Por favor, no me vengas con moralismos. —murmure— ¿Por qué no invitas a una de tus ex a trabajar Rosalie y contigo? Veremos cómo te va.

Su frente se arrugo.

—Mierda, eso no va a suceder en un futuro cercano. —se giró hacia el hombre detrás de la barra— Una botella. Whisky.

El hombre levanto las cejas, pero de todos modos, termino por dársela. Emmett se sirvió un generoso trago y se lo bebió de un solo movimiento.

Garrett se dio por vencido y pidió una cerveza.

Los tres nos sentamos, solos y silenciosos, en medio del bar medio vació. Les agradecí silenciosamente por acompañarme y creo que ellos lo entendieron por qué mientras yo cavilaba dentro de mi cabeza, ellos se quedaron ahí.

El alcohol siguió corriendo libre, botella tras botellas, trago tras trago y para Garrett, al menos dos cervezas más.

La habitación se volvió difusa, mi visión borrosa y una que otra lagrima se me escapo.

Maldito imbécil.

La perdí de nuevo.

Sorbí mi nariz y levante la tercera botella, el último trago, hacia mi boca. Cuando termine, me balance fuera del taburete y gorgoje.

—Me voyyyyyy, caballeros. —hipé, sintiendo las piernas inestables— Ha sido un placer conocerlos.

Garrett respondió con un ronquido, después de quedarse dormido sobre la barra. Me acerque un poco, hasta que mi nariz casi rosa su mejilla y observé la baba saliendo de su boca.

¡Asqueroso!

Luego me gire hacia Emmett y lo vi juguetear con la sombrilla de uno de mis tragos. Cantaba alguna ridícula canción de niños que no lograba reconocer y murmuraba cada dos por tres el nombre de su Rosie.

¿Quién diablos es Rosie?

Saque mi billetera y le di mi tarjeta de crédito al hombre, que según nos dijo durante las horas que llevábamos aquí, se llamaba Benjamín.

—Cóbrate todo, amigooooo. —sonreí torpemente— y agrega una buena propina.

Levanto una ceja en mi dirección.

—¿Ya te vas?

—La vida es cortaaaaa. —sacudí mi saco como un ventilador sobre mi cabeza y moví mis caderas— y hay que disfrutarla.

Hipé.

—¿Qué pasa con tus amigos?

Coloque una mano abierta a un costado de mi boca como si fuera a contarle un secreto.

—Ni siquiera los conozco.

Entorno los ojos.

—Bien, creo que ya estas demasiado ebrio. —se inclinó por encima de la barra y capturó mi billetera.

—Oye. —trate de defenderme.

—Me lo agradecerás después.

—Me lo agradecerás después. —repetí. Me deje caer en el taburete de nuevo. Emmett capto mis movimientos y me dio una gran sonrisa de oso.

—Estoillll enamoradoooooooo. —gorgojeo.

—¡Puaj! —hice una mueca— El amor te hace tonto.

Benjamín le grito a alguien por encima de la barra.

—No los dejes salir, Gideon.

Me cruce de brazos.

—Sí, no los dejes salir, Gideon. —refunfuñé enojado.

El otro hombre, uno de los tres que estaban en el bar desde que llegamos, resoplo y se puso sobre la puerta. Me miró con ojos enojados y cruzo los brazos sobre su pecho.

—Malditos borrachos.

Empuje el hombro de Emmett.

—Ese hombre me está mirando feo. —acuse.

Son tres hombres. Encontré el número telefónico en su carnet de conducir. Numero de emergencia. Carlisle Cullen. ¿Es su padre? ¿De los tres o solo de uno? ¡Oh! De dos. Hay uno dormido, otro que se comporta como un pequeño niño pijo y una gigante que canta. ¡Ah, así que si los conoce! Venga por ellos, antes de que uno se me escape. Bien. No los dejare salir. ¿Tres minutos? Muy bien. Me cobrare lo que me deben de la tarjeta de su hijo, se bebieron todo mi alcohol.

Jadeé.

—Mentiroso. —lo señale. Le di un manotazo a Emmett y señale a nuestro amigo Benjamín— Es un mentiroso.

Benjamín colgó el teléfono, hizo algunos movimientos en la caja registradora, ignorando mis miradas enfurruñadas. Malo, malo amigo. Al terminar me devolvió mi tarjeta de crédito y mi billetera.

—Ahora estas en mi listaaaa negra, Beni.

—Es Benjamín.

Las luces de un auto se reflejaron sobre los espejos del bar. Me gire y estreche los ojos. Quien quiera que fuera, ¿podía llevarme a casa? Miré a Emmett y Garrett, podía volver por ellos mañana, nadie se daría cuenta.

Duh.

Una chica salió del asiento copiloto del auto seguida de un hombre alto y rubio. Uh. Buenos genes. Le eche una mirada a la chica. Un auto se estaciono atrás del primero y me distrajo. Otras dos chicas salieron del auto corriendo.

Hipé.

—¡Clientes nuevos! —grite— Benjamín, otra botella de tequila.

—Si, como no, jefe. —dijo sarcástico.

Muy buena idea. ¿Y si compraba un bar? Lejos de castañas peligrosas que me rompieran el corazón en miles de cachitos.

Hablando de castañas.

La puerta se abrió de un tirón, mostrando a una curvilínea chica. Piel pálida, ojos y cabello chocolate, solo que este último con reflejos rojizos. Detrás de ella, el hombre rubio y dos mujeres rubias más. Ambas altas y hermosas.

—Linda chica.

Los ojos de la castaña se llenaron de lágrimas. Corrió, cruzando el bar en menos de un segundo y se colgó de mi cuello.

—¡Edward!

¿Qué…?

—¡Rosie!

—¡Garrett! Despierta. Maldito idiota. ¡Despierta!

¿Por qué estas chicas gritaban tanto y por qué de repente, me dolía el pecho como si alguien hubiera cavado un hoyo dentro de el?

Bella se alejó para poder mirarme mejor. ¡Oh! Es Bella. Bella. Bella. Bella. El amor de mi vida. Mi ex novia. La madre de mis hijos. Mi perdición.

Ella… me engaño.

Intento cogerme de las manos, pero siseé ante la incomodidad de mis nudillos abiertos.

—No. Tus manos, —su voz se rompió— ¿Qué le paso a tus manos?

Hice un puchero.

—Fue culpa del espejo. —cabeceé— El comenzó.

Subió una mano hasta mi mejilla.

—Estas borracho.

Rosalie, quien arrastraba a Emmett a su lado, rodo los ojos.

—No me digas.

Les ignore. No podía dejar de ver a Bella. Sus bonitos ojos chocolates con motitas doradas, sus rizadas pestañas, las casi imperceptibles pecas en su nariz y mejillas. Su perfecta nariz y perfectos labios.

—No me abandones. —fue lo único que fui capaz de decir.

—Nunca. —se ubicó a mi lado y me obligo a poner un brazo sobre sus hombros— Vamos —comenzamos a caminar juntos— Vamos a casa.

Deje caer mi cabeza junto a la suya.

—¿Casa? Tú eres mi casa.

Hice lo que pude por despedirme de Benjamín y Gi… el hombre de la entrada. Bella me ayudo a subir a la parte trasera un auto, vi como Rosalie y Kate hacían lo mismo con ayuda de mi padre.

Suspire y arrastre a Bella conmigo en el asiento.

Acosté mi cabeza sobre su regazo y cerré los ojos. Ella dejo salir un suspiro tembloroso y acarició mi cabello.

Dios, cuanto la habían extrañado.

Antes de darme cuenta, la oscuridad me llevo lejos.

.

.

"No puedo ayudarme a mí mismo. Tengo secretos que no puedo contar. Me encanta el olor de la gasolina. Enciendo el fosforo para probar el calor. Siempre me ha gustado jugar con fuego"

.

.

¡Hola, bestiessss! Y volvimos, esta vez, de forma definitiva. Tengo todas mis fuerzas escritoras y editoras puestas en Volviendo a ti. Les comparto que las actualizaciones las he programado para el Martes, Jueves y ocasionalmente, Domingos también a menos que se me cruce alguna cosa importante referente a mi Servicio Social. Cero y van dos, Eduardo, diría mi mamá. Me encantan los Edwards borrachos y por aquí ya pude explotarlo, dos veces. Lo que pude jugar en contra, pero Naaaa, la vida solo es una y nada mejor que unos chuperules para curar el mal de amores. No, Edward no es alcohólico, solo se le juntaron. Hahaha. Bella y James juntos, uh, ¿tendrá una explicación? Yo creo que sí. Tanya no desaprovecha para poder estar cerca, pero ahora que Edward tiene claro que algo trama, la mando a investigar, ¿será que descubre algo? Nos vemos el jueves. ¡Gracias por su apoyo y rr! Besos a la distancia.

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109