Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


.

.

Lana del Rey – Million Dollar Man

—Hábleme de la relación con su madre.

Me removí sobre mi asiento. Suspire profundamente para calmar mis inminentes nervios, lentamente levante la barbilla desde mi taza de café y miré a la mujer frente a mí. La agente Brown era realmente bella. Una mujer con una belleza exorbitante. El cabello hasta el hombro rojo, liso y suave. La piel pálida limpia sin una gota de maquillaje. Ojos color miel fríos. Tal como me la describió Edward.

Su mirada crítica me llegaba hasta los huesos. La tensión casi palpable en la sala de estar.

Solo ella y yo.

Carlisle y Esme se encontraban en la cocina en compañía del otro agente que se había presentado como Froy. Un hombre de gran tamaño y bastante serio con el que apenas cruce unas cuentas palabras. Sospechaba de su lejanía, eso me daba una pista de lo que pretendían con esta entrevista. Probablemente pensaría que me sentía más cómoda si hablaba con Brown a solas, que entraría en confianza y hablaría con soltura. ¿Por ser mujeres? Reconocía a una mujer dura cuando la veía y ella lo era. Mirando cada uno de mis movimientos y gestos, intentando analizarme.

Ahora mismo, deseaba no haberle pedido a Edward que se marchara. Pero era necesario. Necesario por su seguridad y estaba dispuesta a todo por garantizar que el pasado se quedara en el pasado, junto al fantasma de mi hermana.

Decidí responder su pregunta sin dejar de ser cuidadosa.

—Mi madre y yo nunca fuimos realmente cercanas. Desde la adolescencia tuvimos un par de roses y ella —cruce una pierna, haciendo un gesto con la mano— se alejó. Ella y mi hermana gemela eran más unidas. Por supuesto, con mi embarazo y mi trabajo, ella se encargaba de cuidar a mi hijo por las tardes en algunas ocasiones.

La pelirroja asistió lentamente.

—¿Qué tal Alec? El amante de su madre, ¿no es cierto?

Un sabor amargo lleno mi boca.

—Descubrimos su relación hace un par de meses. —apunte a la foto que minutos antes había posicionado en la mesita. En realidad dos fotos por separado. Alec y Renne— Tuvimos un altercado hace unos meses.

—Se interpuso una orden de alejamiento para el señor Davis. —saco una carpeta— Aquí mismo. ¿Quiere que especifique los hechos?

Apreté la mandíbula.

—Por favor.

Comenzó a leer.

—El sujeto, según mencionan es el ex novio de su hermana gemela, asistió al trabajo, oficinales dichas como NewMoon, pertenecientes a Isabella Swan. Misma quien denuncio la agresión de Alec Davis. Quien la amenazo y agredió físicamente. Antes de que pudieran llamar a la policía, el sujetó huyo. Su madre en tanto, se negó a dar alguna declaración, así como interponer antecedentes contra Alec Davis.

Le di una sonrisa agria.

—Fue el mismo día en que nos enteramos de su aventura.

Dejo la carpeta sobre las fotos.

—Eso debió afectarla.

—Fue un gran golpe para mi familia. Sobre todo para mi padre, después de eso ella se marchó de casa y se mantuvo distanciada.

Estrecho los ojos.

—¿Ningún contacto?

¿A dónde estaba tratando de llegar?

Desvié la mirada.

—Me llamo un par de veces, no conteste.

Un trato táctico que hice conmigo el mismo día que se marchó de casa. Era mi madre y en algún momento podría perdonarla. Pero no en el presente y después de todo lo que provoco. Ella representaba cada uno de mis demonios. El dolor y la oscuridad que empaño los últimos cinco años de mi vida. Mi propia madre… ella sabía de Clarie y Edward, y nunca dijo nada. Prefirió solapar su propia maldad y la de mi hermana.

La agente Brown se inclinó hacia adelante.

—¿Es por el señor Cullen?

Todas mis alarmas se encendieron. No. Mi cuerpo se puso rígido cuando le devolví la mirada. Lo veía en sus ojos color miel. Edward me advirtió. Pero la manera en la que lo dijo. Definitivamente toco un punto sensible.

—¿Qué?

Arrugo la nariz.

—¿Edward Cullen es la razón por la que decidió alejarse de su madre? Mis fuentes aseguran que ustedes dos tuvieron un fuerte altercado ese mismo día en la casa de sus padres.

Si sus fuertes fueran confiables, no estaría tratando de hacer una pesquisa contigo. No tiene nada, me recordé. Carlisle me lo dijo esta misma mañana. Trataran de trastocarme, de irritarme, insinuaran muchas cosas, pero esa es su táctica.

—Edward no tiene nada que ver. Fue la infidelidad de mi madre la que provoco que nos alejáramos. —pronuncie con seguridad.

La agente Brown apoyo las manos sobre la mesita.

—¿Sabe usted que la investigación de su hermana fue oficialmente cerrada la semana pasada? La muerte de su hermana gemela, señorita Swan.

Admití la verdad.

—No lo sabía.

—Eso me lo creo. —me señalo con su dedo indice— porque la única que velo por saber quién asesino a su hija fue Renne Swan.

El aire escapo de mis pulmones.

¿Eso que significaba?

—¿Qué quiere decir? —exigí saber.

Sonrió con sorna.

—Su madre, contrato un abogado en Chicago y exigió que la investigación no parara a hasta las últimas consecuencias, ¿sabía eso usted?

—No.

¿Mi madre… ella buscaba al asesino de Clarie? ¿Por cuánto tiempo? ¿Y por qué nunca lo dijo? Si ella sospechaba de Edward, esa sería una buena razón para que lo mantuviera en secreto.

—Claro que no. —la agente Brown se dejó caer en el respaldo de su asiento— Me asusta un poco, señorita Swan. La frialdad con la que trata la muerte de su madre y la de su hermana, digna de cualquier desconocido. No la he visto derramar ni una lágrima desde que iniciamos esta conversación.

Me mostré altiva.

—He llorado lo suficiente.

Me echo un vistazo más y chisteo con la boca. Luego, se estiro por una pequeña libreta donde había estado anotando por aquí y por allá. Se entretuvo haciendo nuevos apuntes, por lo que aproveche para confrontarla.

—Estoy confundida, agente Brown. ¿Es esta una entrevista por la muerte de mi madre o sobre mi relación con el padre de mi hijo y a su vez, sobre la reciente muerte de mi hermana?

Cerró la libreta de un solo movimiento.

—Comprenderá que tengo que tratar de encontrar todos los puntos.

—Edward no tiene nada que ver con la muerte de mi madre. Estábamos en Vancouver cuando descubrimos su muerte y la de su amante. Y con respecto a Clarie, tenga en cuenta usted que el mismo riesgo sufría mi sobrino a la hora del ataque. ¿Edward pondría en peligro la vida de su hijo? No. —no por un bien mayor. Sabía que esa decisión, lo perseguía con vigor. La mayoría de las noches la culpa lo hacía moverse inquieto durante sueños— Él daría la vida por sus hijos.

En sus ojos, algo brillo. Tal vez me había pasado un poco, defendiendo a Edward con tanta pasión.

—Le seré sincera, señorita Swan. —saco otra carpeta. Una de estilo alargado y plana. En ella contenía un montón de papeletas y fotografías. Dejo todo sobre la mesa y me lo mostro— Tengo buenos amigos en Chicago. Cuando la muerte de su madre me fue asignada, el apellido Swan-Cullen me dejo algo pensativa. Hice un par de llamadas. Y es algo curioso, dos asesinatos, un mismo factor.

—¿Cuál es ese factor?

—Edward Cullen.

Mi corazón se saltó un latido.

—¿Está usted loca acaso? ¿Es consciente de todo lo que está diciendo e insinuando? —pregunte duramente— Su teoría es una locura. Según tengo entendido, en el accidente de mi hermana se encontró el auto con quien su asesino la embistió a sangre fría y mi madre, mi madre estaba en una relación con Alec. ¿Se ha preguntado si el hombre llevaba una vida criminal más allá de ser su amante en vez de esforzarse en incriminar a Edward y estar aquí sentada, enfrente mio, increpándome como si fuera a obtener algo de mí? —la expresión de su rostro fue cambiando poco a poco según yo iba hablando. Sus rasgos se deformaron y trago saliva— Si, Edward ha tomado un par decisiones equivocadas, pero nunca se atrevería a asesinar a alguien.

La peor de las mentiras, porque yo sabía muy bien que quien había estado detrás de ese volante fue él. Y odiaba cada aspecto de que se hubiera visto obligado a cometer tal crimen, pero lo hizo por mí y por nuestros hijos. Si por eso tenía que arder en el infierno, con gusto ardería junto a él.

La agente cerró con fuerza la carpeta.

—Mostrárselo fue un error —murmuro despectivamente— esperaba que fuera usted una mujer más sensata.

Tome mi taza de café y me la lleve a los labios.

—Esperaba lo mismo de usted, pero parece que las dos nos equivocamos. —saboreé el sabor amargo del café, aleje la taza y la sostuve sobre mi regazo— No sé qué clase de oficial sea usted o el agente Froy, pero no estoy dispuesta que la investigación de la muerte de mi madre quede en manos de… una impertinente.

Me puse de pie.

—Siéntese, señorita Swan. No hemos terminado. —demando.

Carlisle salió de la cocina, disparándome una mirada. Atraído por nuestra conversación subida de tono. Yo lo mire interrogante, pero en vez de parar, siguió caminando hasta la puerta y la abrió. El estómago se me retorció al imaginar quien era y algo en mi pecho se marchito.

—Bienvenido. —Carlisle le estiro una mano a James. James estrechó su mano, correspondiendo a su gesto.

—¿Bella?

—En la sala de estar.

James me miró y comenzó a caminar hacia mí. Con su casi metro noventa, rasgos duros y cabello rubio, era más bien parecido a un modelo que a un médico. Arreglo las solapas de su chaqueta mientras caminaba a donde estaba de pie, justo enfrente de la agente Brown.

—Hola, cariño. —se estiro sobre sí mismo para darme un suave beso en los labios.

—Gracias por venir. —mantuve mis expresiones neutras.

Cuando Edward y yo conversamos sobre el rumbo que podría tomar la entrevista con los agentes del FBI y mentalmente comencé a hacer un plan de emergencia. Edward pensaba que la agente Brown tenía una especial fijación por él y su relación con Clarie y por supuesto, conmigo. Y para mí, eso solo significaba una cosa. Ella sabía algo o simplemente lo sospechaba. Algo lo suficientemente fuerte como para atreverse a llamarme zorra e insinuar que Edward habría matado a Renne para poder tener una relación conmigo sin que ella se opusiera.

Brown se puso de pie y le ofreció la mano.

—¿Usted es?

James no me soltó, me abrazo por la cintura y pego su cadera a la mía.

—James Whitlock, el prometido de Isabella.

Hacia el final de la tarde cuando le suplique a Edward que se marchara a la oficina, entre al despacho de Carlisle, le rogué porque me ayudara a planificar como acorralar a Brown. Por supuesto, él accedió. Ambos queríamos proteger a Edward a cualquier costo. Luego le llame a James, suplicando por su ayuda y el acepto. ¿Por qué? Ni siquiera tengo idea. O la tengo, pero no quiero enfrentarlo. No ahora. Mi prioridad era Edward.

—¿Prometido? —Brown se vio confundida.

—Poco después de la orden de alejamiento. —dije yo. James y yo nos sentamos, y Brown siguió el mismo camino.

Por su expresión, había logrado lo que quería. Desestabilizarla y hacer dudar de lo que ella creía que era la verdad.

—Puede acompañarme, ¿no es así? Y también mi abogado. —le hice una seña a Carlisle. Él me devolvió la mirada y se puso atrás de nosotros, de pie y con los brazos cruzados sobre el pecho.

La pelirroja se nos quedó viendo lentamente como si le costara digerir la presencia de James como la de Carlisle.

—Bien. —apenas sonrió— ¿Alguien contacto con el señor Davis?

—Ninguno, no al menos después del primer y único ataque.

—¿Llamadas? ¿Mensajes de texto? ¿Amenazas?

—Ninguna.

James se inclinó.

—Lo siento, cariño, tal vez no lo mencione…

Eso no era parte de nuestra fachada.

—¿Qué?

—Una noche antes de que volvieras tu madre fue a buscarte a casa.

—¿Qué? —dije entre dientes, no podía ser cierto— ¿Y olvidaste solo mencionármelo?

Apretó mi mano.

Cierto, necesitaba relajarme. James y yo no habíamos tenido ningún contacto desde la noche que le dije que necesitaba aclarar mis sentimientos por Edward. Antes de irme de viaje le mande un solo correo electrónico donde le dije que se podía quedar en el departamento hasta final de mes. Hasta que encontrara otro lugar donde vivir.

—¿Ella… dijo algo importante? —pregunto Brown.

James negó.

—Pregunto por Bella, pero parecía muy errática. Algo perdida también. Me dijo que volvería a buscarla y bajo a la calle. Alec la esperaba, o eso creo, los vi discutir mientras arrancaban el auto.

Eso llamó la atención de la agente.

—¿Qué tipo de auto?

—Sedan, 2002… 2004 quizás.

—Eso es de gran ayuda. —Brown anoto en esa libreta suya los datos— Si fuera un poco más preciso, ¿tiene las placas?

AD,5311.

—Muchas gracias, ¿algo más?

—Eso es todo. —respondió James.

Los ojos se me llenaron de lágrimas.

Me busco.

Al menos me quedaba eso.

Aparte mi rostro y puse mi frente sobre el hombro de James. Cerré los ojos, intentando forzarme a ser fuerte. Note los pasos de alguien salir de la cocina. Escuche la voz de Esme y el agente Froy.

Carlisle coloco sus manos abiertas sobre mis hombros en señal de apoyo.

Levante la cabeza.

—Haz que termine. —dije sin hablar realmente.

Él entendió.

—Creo que eso ha sido todo por mi cliente. Espero que con eso finalicemos las averiguaciones y puedan darnos un veredicto final. De no ser así, me asegurare de hacerle llegar al ministro Vulturi, quien es un buen amigo, mis comentarios sobre su desempeño, agente Brown.

Sorbí mi nariz y devolví mi atención a la sala.

La agente Brown estaba de vuelta de pie con Froy a su lado. Sus labios se encontraban retorcidos en una mueca de disgusto y Froy la sostenía por un hombro. Su compañera le lanzo una mirada furiosa y él negó.

Brown se zafo y arreglo su chaqueta con movimientos secos.

—Espero que no sea una amenaza.

—Es una advertencia. —aclaro Carlisle.

No lo soporte más. Me puse de pie de un salto y salí de la habitación. Subí a tropezones por la escalera, mis lágrimas ya eran imposibles de contener. La presión de mi pecho aumentaba y las arcadas. Joder. Necesitaba un baño urgente.

Entre a la habitación corriendo, agradecida de alguna manera por haber accedido a que Emmett y Rosalie se llevaran a Thomas y Max a un día de campo. Mis niños. No quería que vieran mi desastre.

Azote la puerta del baño contra las baldosas y me deje caer de rodillas frente al escusado.

Alguien sostuvo mi cabello mientras vaciaba el poco contenido de mi estómago. Desayunar tan poco fue una mala idea.

Gemí y deje caer mi frente contra el frio material del escusado.

Asqueroso, pero refrescante.

—Shh, cariño. Estoy aquí. —la voz torpemente aterciopelada de James me hizo revolverme para alejarme.

Jale la tapa del inodoro para ocultar mi desastre.

—¿Qué haces aquí? Es asqueroso. —recosté mi cabeza en el ángulo que hacia mi brazo y antebrazo.

—Estoy aquí para apoyarte, Bella. —acaricio mi espalda de arriba abajo— Dijiste que me necesitabas. Estoy aquí.

No así.

No lo entendí hasta que le pedí espacio y pensó que espacio era seguir viviendo en mi apartamento. Sí, me arriesgaba a sonar mezquina, pero había esperado que todos estos días pudieran haber aclarado su mente y por fin se diera cuenta que nuestra relación había acabado.

Edward o no, me di cuenta que mis sentimientos por James no eran tan fuertes como para considerar pasar toda mi vida a su lado.

Le quería, pero a pesar del cariño y el compañerismo, no había esa chispa llamada amor. Y me odie cuando lo descubrí, porque mi vida sería más fácil si estuviera enamorada de él y no del ex esposo de mi hermana.

Eso se escuchaba tan horrible, sin contar con el contexto completo. Pero creía en nosotros, realmente creía en Edward y en mí.

Me estremecí al sentir algo húmedo en mi frente.

—Gracias. —sostuve el paño con mi mano— Es muy amable de tu parte.

Intente ponerme de pie, pero el piso se movió de su lugar o fui yo, aterrizando directamente sobre mi trasero por un mareo.

—Hey. —James me atrapo antes de que cayera— Necesitas sentarte y un poco de agua. ¿Has estado comiendo correctamente?

—Muy poco esta mañana.

Pobre a caminar apoyando casi todo mi peso en su cuerpo. Salimos de baño y me ayudo a sentarme en la cama. Me deshice de mis zapatos de tacón bajo y probé a sentir el suelo frio con mis pies.

—Quizás algo dulce puede ayudar.

—Gracias.

En ese momento, Emmett y Garrett entraron a la habitación. Se miraron entre si y luego miraron a James. No sabía quién lo miraba peor, si uno u otro. En realidad, lo estaban fulminando con la mirada, como si con eso fueran a hacerlo desaparecer.

James los ignoro.

Coloco las manos en mis rodillas y con sus dedos comenzó a masajear la piel sensible detrás.

—James…

Emmett camino hacia mí.

—¿Cómo estás? Vi a los agentes marcharse, papá está furioso. Esta por llamar a Charlie.

Trague el nudo en mi garganta.

—Son terribles, esa mujer, desearía no haberla conocido nunca.

—Mezquina es la palabra que uso Esme. —repuso Garrett, alcanzándome un vaso de agua.

Lo acepte y él tomo el paño.

—Bébelo. —me pido James.

Exhale y comencé a beber. El agua limpio la billis de mi garganta y se llevó el sabor amargo. Me hizo sentir más ligera y menos irritada.

—Gracias, G.

Garrett se sentó a mi lado y me cogió de la mano.

—Lo que sea por la chica de Edward.

James se tensó. Emmett carraspeo, ocultando un resoplido, girándose hacia la pared llena de libros del otro lado de la habitación.

—Saldré en lo que empacas tus cosas. —demando James.

Fruncí el ceño.

—¿Qué…?

Alguien subió corriendo las escaleras. Rosalie se sostuvo del marco de la puerta con la respiración agitada.

—Tienen que bajar. Carlisle llamó a Edward y se salió de control, no lo dejo hablar. Intento llamarlo varias veces más, pero algo va mal —me observo lastimera— Algo salió realmente mal en todo esto, Bella. Fue un error no contarle el plan.

Solo había confiado aparte de Carlisle, en Rosalie para pedirle de favor que se llevara a los niños.

Frenética, me levante de la cama.

—Tengo que ir a por él.

—No veo porque tienes que preocuparte por alguien… —James comenzó a hablar, pero lo interrumpí cuando comencé a caminar frenéticamente.

—¡¿Dónde eta mi bolso?! —dije con voz entrecortada.

Antes de seguir, Emmett me atrapo. Disparo una mirada a Rosalie sobre mi hombro y ella se marchó.

—¡Suéltame!, tengo que ir con Edward. —intente alejarme de su agarre.

Él debía de pesar…

Él…

Pensaría que lo traicione.

¿Pero no fue así? Fue lo primero que prometimos no hacer más, y fue justo lo que hice. Lo traicione mintiéndole y utilizando a James. Rogué silenciosamente, necesitaba llegar a él lo más rápido posible y necesitaba que me escuchara.

Mi barbilla comenzó a temblar y en mi pecho, rompió un sollozo contenido.

Emmett me abrazo.

—No lo entiendes, lo voy a perder. —escondí mi rostro en su pecho.

—Cuando sepa por qué lo hiciste…

Levante el rostro lleno de lágrimas.

—¿Lo sabes?

—Rosie me lo dijo. —limpio las lágrimas en mi mejilla— Pero Bella, tienes que saber que si ahora mismo vas y buscas a Edward, mi hermano no será amable.

La garganta me quemo a carne viva.

—Rompí su confianza.

—Algo así. —sus ojos grises se llenaron de pena— Estas demasiado afectada y no puedo dejar que te marches así a Seattle. Tienes que quedarte aquí y resolver todo. —su voz se afilo, refiriéndose a James.

Este es mi desastre y yo tenía que arreglarlo.

—Prométeme que lo traerás de vuelta, Emmett. —me aferre a su camisa.

—Para ti.

Asentí.

Poco a poco, lo deje ir.

Le hizo una seña a Garrett y ambos salieron de la habitación, no antes de que el castaño besara mi mejilla. Él era su mejor amigo. Confiaba en que los dos cuidarían de Edward.

Emmett tenía razón.

Si Carlisle le dijo a Edward que James está aquí, la furia cegaría su buen juicio y al tratar de hablar con él, todo podría salirse de control.

Me quede sola con James en la habitación.

—Bella… —cerré los ojos al sentir la punta de sus dedos acariciar mi brazo.

—James. —me aleje y me di la vuelta. Me abrace a mí misma. Necesitaba que comprendiera que no quería que me tocara. No así. Como si volviéramos a ser pareja.

Se sentía tan incorrecto, porque tan solo hablar con él en la habitación que compartía con Edward. Donde estaba la misma cama donde hace un par de horas hicimos el amor, los libros que leía por la tarde cuando él salía a trabajar y a un par de pasos, la habitación de nuestros hijos.

En pocos días, esta habitación se convirtió en mi refugio.

James metió las manos a los bolsillos de su pantalón.

—Supongo que me equivoque. —hizo una mueca.

Asentí lentamente. Con los ojos hinchados, los labios amoratados y los pies descalzos, me sentía como un jodido desastre.

—Creí… —saco una mano y hizo un gesto— que querrías volver a casa.

—No es así, James. Te dije lo nuestro termino. —mis palabras se escucharon crudas incluso para mí.

Sus hombros se encorvaron. Frente a mí, el hombre que creí amar en algún momento en los pasados años, se consumió. Su piel adquirió un tono blanquecino y sus labios se convirtieron en una fina línea.

—Dijiste que necesitabas tiempo. —esquivo.

—No me hagas esto.

Apretó los dientes y dio un paso hacia mí.

—¿Y tú? ¿Qué nombre tiene lo que nos has hecho, Isabella? —cuestiono— Teníamos un hogar, una familia, una vida.

La culpa enterró sus garras en mi pecho. Apreté una mano contra mi boca y evite seguir llorando.

—Ojala las cosas hubieran sido diferentes. —fue todo lo que pude decir.

—¿Ojala? —pregunto con voz dura— ¡Ojala! —levanto los brazos, aumentado el tono de su voz— Ojala una mierda. Tomaste una decisión. Asúmelo y dímelo a la cara.

No podía hacer lo que me exigía.

—No soy ese tipo de persona.

Puso un puño sobre su boca.

—Eres insensata, por no decir estúpida.

Lo miré lívida.

Me lo merecía y él merecía esto. Tener la oportunidad de una fractura limpia. Nunca había entendido ese sentimiento hasta que mire a James. Aquí y ahora. Un día, Edward me quiso dar eso mismo. Pensé que era algo egoísta. No es así. Se necesita un gran coraje para enfrentar a la persona que amas y mirarla a los ojos.

Amaba a James por todo lo que un día represento en mi vida. El refugio y la estabilidad. Pero no lo amaba por el mismo y él se merecía más. Mucho más. Una mujer menos egoísta que yo. Alguien que no usara el amor como excusa para encubrir la oscuridad del hombre que amara. Justa. Amable. Dulce. Alguien que no estuviera consumida hasta los huesos por un amor tan fuerte, que intentar renunciar a el casi la mata.

—Lo que teníamos era bueno, Bella. —camino hacia mí— Realmente bueno. Te amaba e iba a dar todo por ti y Thomas. Eres cruel, por déjame ser parte de su vida cuando sabias que si él volvía, recuperaría lo que siempre fue suyo. Tú. Acudí hoy aquí porque dijiste que me necesitabas como un favor personal. Y no dude en acudir a tu llamado sin importar que yo…

Sollocé.

—No lo digas.

Él continúo.

—… te sigo amando. —murmuro derrotado.

—Lo sé.

Sus azules ojos se llenaron de lágrimas no derramadas. Subió las manos y me cogió de la cara. Un gesto suave. Mi pelo se enredó en sus dedos y mis mejillas se apretaron contra las palmas de sus manos.

—Dime que al menos me amaste. Aunque sea un poco. Dímelo. —rogo.

Me quede callada y baje la mirada.

—Te quise.

—Amor, Bella. Hablo de amor. El tipo de amor que te hace estremecer con solo mirar a esa persona, cuando se convierte en tu oxígeno, cuando el solo rose de sus dedos te hace sentir vida.

Me aferre a la solapa de su chaqueta.

—James, no me hagas lastimarte.

Ubico su frente sobre la mía.

—Te va a defraudar, Bella. Ya lo hizo una vez, ¿qué te hace pensar que no lo volverá a hacer?

Pase mi lengua por mis labios resecos.

—No lo entenderías.

—No voy a renunciar tan fácilmente, maldita sea. Yo estuve aquí los últimos cinco años. Al menos me gane eso. La oportunidad de luchar por lo nuestro. Sea poco o mucho, lo quiero.

Me aleje de su agarre y él me dejo ir.

—No sabes lo que dices.

Arreglo su camisa y su chaqueta.

—Lo sé muy bien. —su mirada se suavizo— Pediste mi ayuda y eso quiere decir que me necesitas. No te voy a defraudar así sea para proteger a… él. —no pudo pronunciar su nombre— Tampoco preguntare. No dudo que lo haces por una buena razón. Es el padre de Thomas y Dios sabe que amo a ese niño. Estoy seguro de que su padre también lo ama, y Thomas lo ama, pero no es el hombre para ti, Bella. Y cuando él falle de nuevo, Bella. Estaré ahí para ayudarte a juntar los pedazos.

Me tambaleé hacia atrás.

Él dio un paso adelante y besó mi mejilla. Después se fue. Salió de la habitación y yo me deje caer en la cama. Esta vez fue muy tarde para un baño, así que me incline sobre el bote de basura al lado de uno de los buros de noche y volví a vomitar.

.

.

Quite un mechón de mi rostro y lo coloque detrás de mí oreja. Después de un buen baño y cambiarme de ropa por algo más cómodo, me sentía mucho mejor.

Observe desde mi asiento ir y venir a mis dos rubias amigas. Rosalie trataba de llamar a Emmett y Kate a Garrett. Ninguno de los dos contestaba y tampoco Edward. Me había rendido hace unos minutos, después de llorar de nuevo y que mi llamada fuera enviada al buzón de voz, una vez más.

Esme se retorcía las manos, sentada a mi lado.

Retuve el movimiento con una de las mías.

—¿Esme? Lo siento. Es mi culpa.

—No es tu culpa, Bella. —palmeo mi mano— Haces lo necesario. Renne es tu madre y sé que tratas de proteger a Edward. Ha pasado por tanto y me alegro mucho que decidieran darse otra oportunidad. Lo de ustedes siempre ha sido algo especial.

—Tal vez en mi afán de protegerlo, termine arruinando lo que hemos avanzado…—admití.

Su mirada se suavizo. Se tono maternal y comprensiva.

—Sé que te culpas por lo de esta tarde, pero te lo agradezco, Bella. Por alguna razón estos agentes quieren a Edward y tú has hecho que lo dejen pasar. Sé que mi hijo lo va a entender.

—Eso espero.

Esme no conocía ni una pequeña parte de la verdad. Si pensaba que las cosas por las que paso Edward eran difíciles, saber absolutamente todo la rompería en mil pesados. Su dulce corazón, entendía porque Carlisle la protegía tan celosamente.

Carlisle entro a la habitación a paso firme. Tomó su saco y cogió las llaves de su auto con un gesto severo.

—Me acaban de llamar de un bar del centro. Los tienen. Están bien, pero bebieron mucho. —comenzó a caminar hacia la salida. Las mujeres lo miramos en shock— ¿Vienen?

Esme se apresuró a responder.

—Vayan ustedes, me quedare a preparar un poco de café. —se levantó y avanzo hacia Carlisle. Besó sus labios y acaricio su mejilla— Trae a nuestros hijos de vuelta.

Carlisle la miró con adoración. Atrapo su mano y besó su muñeca.

—Lo prometo, cariño.

Kate se inclinó a por su chaqueta.

—Garrett va a escucharme. —pisoteo hasta la salida.

Rosalie saco las llaves de su propio auto de su bolsillo.

—Y Emmett, dormirá en el sofá un mes completo antes de que pueda ponerme las manos encima. —amenazo.

Los cuatro salimos. Carlisle me esperaba con la puerta del copilotó de su Mercedes abierta. Rápidamente entre en el auto. Él tomó su chaqueta y la coloco sobre mis hombros.

Agradecí el gesto y me acurruque en el auto, deseando que fueran los brazos de Edward los que me acorrucaran.

.

.

Sus brazos se aferraban a la almohada. Con el cuerpo envuelto en sabanas, Edward aun dormía.

Mis dedos se perdían entre las hebras cobrizas de su cabello. Se encontraba hundido en un apacible sueño, su pecho subía y bajaba lentamente y roncaba por lo bajo.

Con mi dedo pulgar acaricie el contorno de sus cejas, sus parpados, su nariz recta, el contorno de sus labios…

La punta de sus pestañas tembló sobre sus mejillas.

No pasaría mucho más tiempo antes de que se despertara.

Se removió, gimiendo entre sueños y cerrando los ojos fuertemente. Allí estaba. Mi hombre de ojos verdes con una resaca de muerte. Dos días esta semana. Anoche cuando los encontramos en ese solitario bar, dos hombres nos habían recibido. Un hombre de mediana edad moreno y amable que se presentó como Benjamín, y el otro hombre, mucho más grande y robusto de gesto serio Gideon. Ellos cuidaron de nuestros chicos hasta que llegamos.

Apenas entre y me coloque en la línea de visión de Edward, me atrapo entre sus brazos y no me dejo ir. Ni siquiera cuando Carlisle me ayudo a guiarlo al auto o cuando lo hice subir al asiento trasero. Me arrastro con él y se durmió sobre mi regazo.

Subir tres hombres borrachos por las escaleras hacia un segundo piso, hacerlos desvestirse y acostarse a dormir represento todo un reto. Aun podía recordar los grititos y gruñidos de Kate y Rosalie. Yo no me había quedado atrás.

Hacia el final de la noche nos reunimos las tres en el piso de abajo para tomar una copa de vino y despotricar contra nuestros hombres. Yo lloré más que nada, pero las chicas se encargaron de mantenerme en una pieza.

Dejando de lado que probablemente fue un poco gracioso, aún quedaba un punto adolorido en el fondo de mi pecho.

Necesitaba hablar con Edward.

Me recargue sobre mi codo y lo observo.

Se removió, arrugo el entrecejo y luego probó a abrir un ojo.

—Demasiada luz. —dijo medio grogui.

—Tuve que hacerme cargo de las cortinas. Quería intentar despertarte. —me excuse. Con mi dedo indice, suavice la arruga en medio de sus cejas.

Hizo una mueca.

—Me va a explotar la cabeza.

—Ayer bebiste muchísimo, Benjamín dijo que acabaste con sus suministros de tequila.

Note cuando los músculos de su mandíbula se contrajeron. Entonces probó a mirar y sus ojos verdes enfocaron directamente a los míos.

Un nudo se formó en mi garganta al notar el matiz frio en los suyos.

—Edward.

Un ruido seco salió de su garganta. Me invadió tal angustia que jadeé. Su mano busco a la mía y apretó alrededor de mi muñeca. Rechazo mi toque en su piel y se alejó.

Se sentó sobre la cama de un solo movimiento con la espalda vuelta hacia mí.

Me eche para atrás, porque eso se sintió peor que un golpe.

—Papá me dijo que James estuvo aquí. Contigo. En la entrevista con el FBI. —su voz se volvió afilada— ¿Puedes explicarlo?

No podía permitir que mi engaño arruinara nuestro avance. Nos había costado tanto. Me arme de valor para enfrentar sus preguntas.

Me baje de la cama y cogí el botiquín que había traído desde el baño antes de intentar despertarlo.

Lo ubique a su lado en la cama.

—Puedo. —extendí la mano.

—Bella. —dijo irritado.

Si rechazaba mi toque de nuevo…

—Quiero curar las heridas de tus manos. —pedí, casi rogué porque joder, haber visto sus manos destrozadas la noche anterior, casi me hace echarme a llorar como una niña.

Resistente, levanto su mano derecha y la coloco sobre la mía. El peso extra y la sensación de piel con piel fueron curativos. Hizo que el vacío en mi pecho se hiciera un poco más pequeño.

—Te mentí. —confesé— Te hice marcharte para que James pudiera estar en la entrevista con los agentes del FBI.

Conseguí un apósito con alcohol para comenzar a limpiar las heridas de su piel y nudillos. Necesitaría deshacerme de toda la sangre seca, la sucedida y poner un poco de antiséptico. Su mano contraria ejerció un agarre firme pare impedirme seguir.

—¿Qué es esto? Bella, me estas rompiendo aquí. No estoy entendiendo nada y comienzo a ponerme realmente molesto. Ayer destroce mi oficina y si, necesitaba un tiempo más lejos, porque temía encontrarte y realmente lastimarte. No lo mereces. Pero si estás aquí para intentar explicarme porque James es una mejor opción para tu vida y no yo… no lo hagas. No quiero lastima ni disculpas. No es necesario.

¿De verdad creía que lo estaba dejando?

Bote el apósito y me impulse contra él.

La sorpresa me permitió ejercer la suficiente fuerza para hacer que cayera a la cama conmigo sobre él. Mis muslos quedaron a cada lado de sus caderas, mi mano aun atrapada entre nosotros y nariz con nariz, mirándonos a los ojos.

—Escúchame. Bien, te lastime. —repuse con voz baja— Y tú me has lastimado. Y es muy jodido, porque a pesar de eso, nos seguimos amando. Cualquier calificaría esta relación de insana, cualquiera, menos ninguno de nosotros. Así que no te atrevas a acusarme de sentir lástima, porque dentro de todos los sentimientos que he sentido por ti, ese no cabe.

El escrutinio de sus ojos me atrapo.

—Tuve que mentir para protegerte. Sabes tan bien como yo que Brown estaba detrás de alguna pista y ayer lo confirme. Se pregunta porque el caso de Clarie fue cerrado tan rápidamente. Lo sabe. Pero no me importa un comido si lo sabe o cree saberlo, no quería que tuvieran la mínima oportunidad de actuar en consecuencia.

La dureza de su expresión no disminuyo.

—Mi padre podría haberlo arreglado.

—No tanto como mostrar un frente unido de una manera que ella no se lo esperara. James represento esa salida ayer. Encantador, suave y un prometido ejemplar. Algo que eliminará cualquier mínima posibilidad de un motivo y ese motivo soy yo.

Dejo escapar un suspiro y vi como poco a poco, desaparecía la tensión.

—No me fio de James.

—Pero yo sí y tal vez sea por los motivos equivocados, pero está dispuesto a ayudarme.

—¿A qué? ¿Fingir que están juntos? —me acuso.

—¿No es lo mismo que tú haces al animar a Tanya? —desafié.

Estrecho los ojos.

—Eso es diferente y lo sabes. —dijo entre dientes.

—Sé que ella esta enamorada de ti, ¿cuál es la diferencia?

—Él te quiere recuperar, en cambio Tanya nunca ha tenido nada de mí. Y no la estoy animando, simplemente estamos en un proyecto juntos. Te lo dije y dijiste que confiabas en mí, que era bueno para nosotros que ella estuviera cerca para poder vigilar sus movimientos.

—Eso no la va a detener, pero ni un segundo he dudado de ti. Ahora, ¿de verdad has dudado de mí?

La dureza fue remplazada por el dolor.

—Por un momento creí que te perdería para siempre.

—Tú, Edward Cullen, eres la persona que he elegido. No hay pasado, solo nosotros y nuestro futuro. ¿Es suficiente?

Torció los labios.

—Es suficiente.

Soltó mi mano entre nosotros y la enterró entre mi cabello. Su agarre fue firme y sin escapatoria.

—Promételo.

—Lo prometo.

Me hizo bajar la poca distancia que nos separaba y me besó. Sus labios me reclamaron, sin dejar espacio a dudas. Cada probada de su boca, cada caricia, cada palabra baja murmurara, terminaron por cerrar y sellar cualquier herida. De pronto, se volvía verdadero.

No dejaríamos que nadie nos separara.

.

.

"Abrazándome fuerte en nuestra hora final. No sé cómo los convences y los consigues, nene. No sé qué haces. Es increíble Y no sé cómo te superas, te superas Alguien tan peligroso, contaminado y defectuoso como tú."

.

.

¡Hola, nenas! De nuevo por aquí, me ha gustado este capítulo y los anteriores porque podemos ver como la relación de Edward y Bella se afianza. No es perfecta ni es de novela, pero es real. Bella sabe los peores secretos y miedos de Edward y Edward también los de ella. De allí viene esta nueva confianza renovada que hace cinco años se rompió. Ahora, el que Bella sepa que él asesino a su hermana no la hace mala persona. En mi pueblo dice un dicho: a quien a hierro mata a hierro muere. Y es así como le toco a Clarie, ya lo comprenderán más con los PVO pasado que se viene en el siguiente capítulo y les aseguro que me van a dar la razón. Hay amores que se convierten en obsesión y esos hay que arrancarlos de raíz. Como la de la agente Brown por Edward y la muerte de Clarie, Alec y Renne. Gustazo que me dio cuando Carlisle la amenazo hahaha. ¿Qué tal ustedes? Espero ver sus comentarios en los rr. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109