Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
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Grandson – Blood In The Water
Chicago Illinois, Diciembre del 2000
Acaricie la fotografía. Es la única que llevaba de ella. Habían pasado al menos cinco meses desde la última vez que la vi y no sé si alguna vez sería capaz de acostumbrarme a no sentirla conmigo. El cáncer acababa conmigo día a día, desde dentro, iba pudriendo todo a su paso. Había días en los que era lo suficientemente independiente para ponerme de pie por mí mismo, cambiarme, bañarme o tan siquiera comer. Otros días simplemente sobrevivía a través de la inconciencia, no solo adormeciendo los síntomas de mi enfermedad, sino también el profundo dolor que castigaba a mi corazón.
La picazón de mi cuero cabelludo me incomodaba, así que termine por sacar el gorro de felpa de mi cabeza y pasar una mano por la zona sin cabello.
¿Qué diría ella si me viera ahora mismo?
¿Reconocería al chico del que una vez se enamoró profundamente, podría capturar la esencia de lo que una vez fui y no saldría corriendo asustada?
Me temía que no.
Había días que solo hacía falta verme al espejo para sentir que las náuseas apretaban mi estómago y la billis me quemaba la garganta. No quedaba nada del chico del que ella se enamoró. Nada. Solo un cascaron vacío y desquebrajado.
De no ser por Clarie, bueno, seguro estaría perdido.
Pero incluso cuando se ha portado como una amiga fiel, verla todos los días era doloroso. Su rostro, sus rasgos e incluso algunas expresiones, eran el recuerdo constante de lo que deje atrás.
La boca se me puso seca y las manos comenzaron a hormiguearme. Efectos secundarios de los medicamentos o tal vez, de la profunda tristeza que se arraigaba en mi cuerpo.
—Toc, toc.
Hice lo mejor que pude para reponerme. Clarie ponía tanto ahínco en cuidarme y yo a veces no me encontraba del humor correcto.
Guarde la fotografía de Bella en mi buro de noche.
—Entra.
Su cabellera rubia corta hasta el hombro se asomó. Me dio un vistazo y una sonrisa amable. Aun llevaba su ropa para dormir y un par de pantuflas mullidas en los pies.
—Ahí estas. —me regalo una sonrisa suave.
—Lo estoy. —trate de bromear un poco, pero mi voz terminó por salir en un murmulló ronco y seco.
Dejo la bandeja que llevaba en las manos a los pies de mi cama.
—Déjame revisarte. —camino hacia mi lado de la cama. Examino mi rostro desde todos los ángulos— Luces cada día mejor. El tratamiento está funcionando. El desayuno.
Se alejó, tomó la bandeja con comida que consistía en huevos, un emparedado y café.
—No es necesario que hagas esto todos los días. —cogí la bandeja. Ella suspiro y me dio una mirada comprensiva— Pero gracias. —repuse, no quería ser un completo imbécil con ella.
Se hizo un espacio en el borde de mi cama. Entonces note que su pijama consistía en un camisón largo hasta la rodilla. Subió las mangas de su camisón hasta los codos y alcanzo la el tenedor y el cuchillo de mi plato.
¿Iba a alimentarme?
—No tienes que…
Ladeó la cabeza.
—No tengo ningún problema. —comenzó a cortar la comida.
Sus delgados dedos se las arreglaron para manipular el tenedor y cortar en pequeños trazos los huevos. Los pincho con el tenedor y los dirigió a mi boca.
—Esto es incómodo. —no pude evitar señalar.
Levanto una delegada ceja rubia.
—Te he visto desnudo, estoy segura de que hay cosas mucho más incomodas.
Abrí la boca a regañadientes.
—No es tu obligación. —atrape su muñeca en el aire, agarrando el tenedor por mí mismo— Ni siquiera sé porque sigues aquí. Hace mucho que podría haber conseguido una enfermera.
Se rio quedamente.
—¿Y dejar que una extraña te ponga las manos encima?
—Como si alguien pudiera interesarse en un saco de huesos sin energía. —. deje ir su mano y comencé a comer de lo que me daba, a pesar de que no tenía hambre— Seguro que me daría una palmadita en la cabeza y poco le importaría.
Se inclinó un poco más en la cama. Levanto la mano y limpio una migaja de la comisura de mi boca.
—Créeme, muchas mujeres estarían interesadas.
No me atreví a mirarla mientras le respondía.
—Solo hay una mujer a la que he amado. —solté irritado— Es una mierda. El medico dijo que no duraría mucho más. Quiero la cirugía. Han pasado cinco meses. Todos los días me despierto sintiéndome como la mierda, hay días que ni siquiera recuerdo nada. ¿Y todo lo que hace es seguirme mandando medicamentos? Estoy comenzando a impacientarme.
Clarie quito la bandeja de mi regazo.
—Nadie dijo que recuperarse del cáncer sería fácil, cariño.
Coloque mi cabeza entre mis manos.
—No se suponía que durara tanto, Bella…
Clarie inhalo profundamente.
—Edward deja de atormentante con el recuerdo de Bella.
—¿Cómo no hacerlo? —me erguí y me deje caer contra las almohadas— La extraño.
Clarie desvió la mirada. Que imbécil insensible. Inmediatamente me sentí culpable. No era el único que había dejado personas importantes atrás. También Clarie. Eran pocas las ocasiones en las que me atrevía a hablar de Bella, Forks o mi familia. Evitaba el tema la mayor parte del tiempo para no afectar el estado de ánimo de Clarie.
—Sé exactamente como te estas sintiendo. No poder estar con la persona que amas, te rompe de manera irreparable.
—Algún día podrás recuperar a Anne. —su hija. En el presente ya debía ser una niña de unos meses. Me la imaginaba enorme, idéntica a Clarie y por lo tanto a Bella. A veces me martirizaba con eso, imaginando si sería parecida a los hijos que Bella y yo estábamos destinados a tener.
—¿An…? —creí escuchar la incrédula en su voz, pero luego cambio de dirección— Si, Anne. Como olvidarla. —se puso de pie— Cambiemos de tema. A ninguno de los dos nos hace bien. —comenzó a buscar algo en el neceser de mis medicamentos— Olvide que te tocaba una dosis. Necesitas descansar.
Fruncí el ceño.
—¿Más? Creo que estoy perfectamente bien por hoy…
—Son órdenes del médico.
—Milles está loco, creo que debería cambiar de médico, Clarie.
Se giró sobre sus pies con una jeringa en mano.
—Lo podemos hablar después, esto ayudara con el dolor.
¿Dolor?
—Ni siquier...
Me dio una sonrisa tensa.
—No me lo pongas difícil, por favor.
Me aferre a la cama y me coloque boca abajo. Ella bajo mi pantalón y pincho sobre mi trasero. El medicamento comenzó a correr libre por mi sistema y me hizo adormecer casi inmediatamente.
Intente sentarme de nuevo, por mis músculos no me respondieron.
—¿Clarie? —apenas pude llamarla, pues mi lengua también comenzó a sentirse pesada. Todo empezó a perder sentido, después le siguieron mis parpados y perdí el control de mi conciencia— ¿Qué…?
Apenas note como se acercaba.
—Todo está bien. Shhh. Shhhh. —se acercó a mi oído.
Una de sus manos subió y bajo por mi espalda, hasta que termine de darme por vencido.
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Deje salir un jadeo, me levante de la cama y trate de recuperar el aire. Mi pecho subía y bajaba, los pulmones me quemaban. Por todo el cuerpo, el sudor me cubría de arriba abajo.
Me senté sobre la cama, abrazando mis piernas contra mi pecho y enterré la cabeza entre ellas.
Las pesadillas eran lo peor de la enfermedad. Después de tantos meses, todavía me costaba librarme de ellas. Iban y venían como quien te visita cuando quiere, me reventaban la cabeza y me hacían pensar en cosas oscuras.
Futuros inciertos. Sueños donde Bella me llamaba, donde veía a mis padres llorar mi muerte y… el peor de todos, el más recurrente cuanto más medicina me recomendaba el médico.
Comenzaba con un escalofrió por todo mi cuerpo, terminaba con una opresión en el pecho y luego… nada.
Terminaba en la nada.
Era como no existir.
Suspire entrecortadamente. Parpadeé un par de veces y trate de enfocar a mí alrededor.
Lo último que recordaba…
No lograba recordarlo con certeza.
Mierda.
¿Más efectos secundarios de la nueva medicación?
Me quite las colchas de encima, quería tratar de levantarme e ir por un vaso de agua yo mismo sin tener que molestar a Clarie en medio de la noche. Pero mis manos se quedaron a medio camino, apretadas contra el mullido tejido que hace un momento cubría mi cuerpo.
¿Desnudo?
Hice una mueca.
Probablemente mis pesadillas habían aumentado considerablemente mientras estaba inconsciente. Cuando eso sucedía, la fiebre aparecería y comenzaba a delirar.
Miré a mi mesita de noche y encontré un par de compresas frías así como algo de Tylenol.
Avente la ropa de cama lejos y me puse de pie.
Fruncí el ceño a las sabanas empapadas. Era un puto desastre. Lentamente, rebusque unos calzoncillos en mi closet y cuando los puse sobre mi trasero, volví a la cama y quite todo para remplazarlo por sabanas nuevas.
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Odiaba las visitas al médico. Odiaba mi cuerpo. Mis células defectuosas. Odiaba todo. El camino de regreso a casa fue lento, Clarie condujo entre las callejuelas de Chicago con cuidado, procurando no molestarme.
Mis ojos apenas se podían mantener abiertos.
El estómago se me revolvió.
Hice un ruido sordo con la garganta y Clarie se detuvo, bajando la velocidad del auto hasta estacionarse en una esquina cualquiera.
—¿Quieres un momento?
—Uh-Uh. —negué.
Lo único que quería era volver a casa, acóstame en mi cama y no volver a salir de ella hasta mi siguiente cita médica. Que según Miller, mi médico oncólogo, sería en dos semanas más. Después de eso, podíamos hacer un par de exámenes y revalorar mi estado de salud.
—Creo que si necesitas un momento. —Clarie se quitó el cinturón de seguridad, cogió una bolsilla de su gran bolso que siempre preparaba para salir y salió del auto.
Mis dedos se acalambraron al tratar de abrir la puerta del auto, así que lo deje estar y espere a por ella.
La puerta se abrió de un tirón.
—Ven aquí.
Se inclinó sobre mi asiento, ofreciéndome su hombro para descansar. Mi cuerpo se convertía en gelatina luego de cada cita. Acepte con un leve asentimiento y deje caer mi frente en su hombro.
Apenas acerco la bolsa a mi boca, que era para situaciones como estas, mi estómago se apretó y todo mi cuerpo se sacudió.
Comencé a vomitar lo poco que había logrado comer por la mañana. Ella me sostuvo y acaricio mi cabello, tarareando entre dientes, ignorando el hecho de que prácticamente estaba vomitando sobre ella.
Pasados unos minutos, mi cuerpo ya no tuvo de donde obtener más. Me deje caer en mi asiento y Clarie limpio mi frente sudorosa.
—¿Qué tal lo llevas?
Me encogí de hombres.
—Lo mejor que puedo.
Me sonrío suavemente. Sus ojos azueles se llenaron de una luz diferente y una de sus manos acaricio el dorso de la mía. Notaba algo diferente en ella… como si algo se me estuviera escapando.
Bajo sobre mi altura y dejo un besó en mi nariz.
—Lo haces muy bien.
Mi cuerpo se puso rígido.
Con el rabillo del ojo, una mujer de mediana edad se acercó a nosotros. Había cruzado la calle y sostenía una botella de agua mineral. Vestía un traje formal y se veía como si acabara de salir de cualquier oficina del centro.
—Hola, soy Step. —titubeo al acercarse— Los he visto desde enfrente y no he podido evitar… —negó, extendiendo el agua mineral hacia mí— Les he traído esto. Es agua mineral, seguro que ayudara para... —hizo un gesto hacia la bolsa que aun sostenía Clarie con mi mierda.
Note como el buen estado de ánimo de Clarie disminuía evidentemente.
Forzó la mano de la chica lejos de mí.
—No es necesario.
Las mejillas de la mujer se pusieron rojas.
—Soy una impertinente. Lo siento mucho, es solo que los vi y parecían tan… lo lamento. Lo siento. Me llevare esto. —apretó la botella contra su estómago— Mi novio murió de cáncer el año pasado y… sé perfectamente por lo que ambos están pasando. Conozco un grupo de ayuda… mierda, lo lamento. Se ven muy enamorados. Espero que todo vaya bien.
Se giró sobre sus pies y salió corriendo al otro lado de la calle. Nos dio una mirada nerviosa sobre su hombro y entro a un edificio en la esquina.
—Estúpida gente impertinente. —Clarie gruño.
—Está bien. —trate de quitarle importancia— No tenías que ser tan grosera. Solo trataba de ayudar…
Me dio una buena mirada y se cruzó de brazos.
—No es como si necesitáramos ayuda.
—Clarie…
Apretó los dientes.
—¿Tratas de deshacerte de mí?
—Eso es una locura. —esquive.
Su postura no mejoro, sino que un tinte amargo ilumino sus ojos.
—Ella dijo que nos veíamos bastante enamorados. ¿Eso también te parece bien?
La cabeza comenzó a palpitarme.
—Somos jóvenes y estamos juntos, es normal que piensen que somos pareja. Miller lo piensa y nunca lo hemos sacado de su error. Al contrario. —era más fácil si pensaban que ella era mi pareja. Hacia muchos trámites administrativos más agiles.
Su expresión se tornó más relajada, incluso nerviosa. Dio un paso hacia mí y puso un mechón rubio tras su oreja.
—¿Tú alguna vez…?
La mire confundido.
—¿Alguna vez qué?
Cerró los ojos y se alejó.
—Olvídalo.
Trate de adivinar lo que le preocupaba, pero solo obtuve silencio. Me ayudo a cerrar la puerta del auto y volvió a subir del lado del conductor, guardando la bolsa sucia en un compartimento del auto abajo del asiento, que había adaptado para eso.
—¿Clarie? —pregunte, mientras volvía a arrancar.
—¿Si? —ni siquiera me miró cuando respondió.
—Gracias.
Mordió la comisura de sus labios y asistió.
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Miller repaso mis exámenes. Después de casi dos semanas de la última cita, me llamó e hicimos una cita hace tres días para llevar a cabo la nueva valoración. Me hicieron exámenes de todo tipo, tratando de valorar el estado de mi cáncer.
Clarie estaba sentada a mi lado, su brazo sobre mi regazo y nuestras manos permanecían entrelazadas.
Por favor…
—¿Y bien? —pregunte impaciente.
—Podemos hacer la cirugía. —sentencio.
—¿Cuándo? —me incline sobre el asiento.
—En un mes. Mientras tanto, quiero que sigas con la medicación al pie de la letra y te mantengas saludable. Sal a caminar, ejercítate…
Basura.
Me deje caer en mi asiento.
—La medicación no me permite hacer todas esas cosas.
Se ajustó los lentes y reviso los papeles.
—No veo porque…
Clarie lo interrumpió abruptamente.
—Ha estado más casando de lo normal, sufre pesadillas y pensamos que un relajante muscular era lo indicado.
Los observe sin entender.
Miller se puso extremadamente serio.
—¿Qué clase de relajante muscular, señorita Swan?
Clarie se rio.
—Ahora mismo no recuerdo el nombre. ¿Es importante?
Miller soltó los papeles y la observo detenidamente.
—No más relajantes musculares, el señor Cullen debe ser capaz de llevar una vida normal hasta la cirugía. Con respecto a lo demás, asegúrese de llamarme antes de tomar una decisión tan importante sobre mi paciente.
Todo en el rostro de Clarie cambio. Su expresión se volvió en una dolorosa y sus manos comenzaron a temblar.
—Solo trataba de ayudar. —su voz se rompió.
La boca del médico se retorció, pero su voz se suavizo cuando volvió a hablar.
—Lo sé, y ambos se han esforzado por llagar hasta aquí para poder llevar a cabo la cirugía. ¿Es correcto?
—Sí. —Clarie dijo.
—Pues bien, manténganlo así. Y muy pronto, el señor Cullen va a poder recuperar su vida.
Una pequeña esperanza se abrió camino.
—¿Completamente?
—Así es, señor Cullen.
A me lado, Clarie se puso evidentemente tensa. Miré hacia nuestras manos unidas, preguntándome porque me había mentido. Dijo que el relajante muscular era parte de una nueva medicación.
Mierda.
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Mi cuerpo se retorció. Un peso por encima de mi cuerpo. Algo me ahogaba. Un olor desconocido llego hasta mi nariz. Arrugue el rostro y trate de alejarme, pero la presión siguió… siguió… y siguió…
No se detuvo.
Hasta que se llevó todo y me dejo sin nada.
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—¡Mierda! —me levante de un movimiento, desde una pesadilla hasta la realidad. Todos los músculos de mi cuerpo se quejaron.
Trate de moverme de la cama y algo pincho mi piel desde mis hombros hasta mi espalda. Miré sobre mi hombro y fruncí el ceño.
Eran rasguños.
Frenéticamente, comencé a buscar por todo mi cuerpo. Encontré un par más en mis brazos.
¿Cómo demonios llego esto aquí?
No tenía ninguna explicación. Podría creer que era por la medicación, algún efecto secundario, pero ahora mismo solo estaba tomando las pastillas que Clarie me daba a tomar antes de dormir.
Clarie.
La garganta se me cerró.
No.
Levante la colcha que me cubría lejos de mi cuerpo y el pecho se me sobrecogió Desnudo de nuevo, ahora había un par de manchas rojizas, bajando por mi cadera hasta…
El estómago se me revolvió.
Me gire sobre la cama y atrape un bote de basura, vertiendo la cena en el.
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—No quiero seguir con el tratamiento.
Los cubiertos de Clarie cayendo sobre la mesa me hicieron levantar la mirada. Tenía la boca retorcida y los ojos fríos.
—Creí escuchar que ya no quieres los medicamentos.
Endurecí la mandíbula.
—Fue exactamente lo que dije.
Resoplo. Estiro las manos echas puños a los lados de su plato a medio comer. El mio se encontraba igual, pues apenas lo había tocado. No tenía ni una pizca de hambre, lo único que sentía eran una irremediables nauseas que me sacudían el estómago cada dos por tres y un dolor de cabeza que no me abandonaba.
Entre más pasaban las horas, el vacío oscuro crecía.
—Creo que estas confundido. No puedes simplemente dejar los medicamentos…
—Y quiero una enfermera. —mire la comida fría.
No podía ni mirarla.
—¿Tú qué? ¿Una enfermera? —se rio— No necesitamos una enfermera. Estoy aquí. Todo el tiempo.
—Creo que sería mejor si no estás más.
Las patas de su silla chillaron cuando se puso de pie.
—Estas jodidamente bromeando.
—No lo hago. Creo que tienes que volver a casa. Estoy mejor y pronto pasare por mi cirugía. Después de eso pretendo volver a Forks.
—¿Y la Universidad? Se supone que la retomarías el verano después a la cirugía. No puedes simplemente… tirar nuestros planes por la borda.
Cerré los ojos y golpe la mesa.
—¡Basta! —gruñí.
No cambio su postura.
—Estas tan extraño desde esta mañana…. Dime que es lo que te pasa.
Me pasa que te he descubierto. Quise gritar, confrontarla, tomarla entre mis manos y sujetar su delgado cuello entre mis dedos. Pero preferí sostener mi cabeza entre las manos y acariciar mis cienes.
No llevaba las fuerzas para tales cosas.
—Debería llamar a Charlie, ¿no es cierto? —mi voz salió en un murmullo bajo.
Clarie se agitó. Tiro su servilleta sobre la mesa y pisoteo hasta llegar a mi lado. Lentamente levante la cabeza.
—¿Crees… que puedes deshacerte de mí, Edward? —se apoyó en una mano sobre la esquina de la mesa.
Azul contra verde, por primera vez vi a través de esa fachada suya.
—Clarie.
Una sonrisa agridulce deformo su boca.
—Si es lo que quieres. —se enderezo y coló las manos por su cabello y ropa. No me miro más— Hablare con Miller y volveré a casa. Mañana a primera hora tendrás a una nueva enfermera.
Me quede quieto, inmóvil y ella partió de la habitación. Desapareciendo entre la oscuridad del pasillo.
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Esa noche no tomé las medicinas. Quería confirmar mis sospechas, así que cuando fue la hora de la cena, me disculpe y le dije que estaba demasiado estresado. Fingí tomarlas después de terminar de comer y partí a mi habitación.
No me sentía tan aletargado, pero algo de haber estado tomando las medicinas por tanto tiempo me tenía un poco lento.
Al final de la noche, caí dormido.
Mis músculos entraron en tensión un par de horas después. Un peso extra se adueñó de mi cuerpo. Se me cerró la garganta al mismo tiempo que las colchas de mi cama eran retiradas.
Dos par de manos frías acariciaron la piel desnuda de mi abdomen, subiendo por mi pecho y cuello. Uñas cortas enterrándose en la piel.
Las marcas rojas.
Una mano se coló por la cinturilla de mis pantalones de pijama y fue… demasiado.
Abrí los ojos y atrape su muñeca antes de que pidiera tocar mi miembro flácido. La arrastre todo lo que pude hasta mi misma altura, nos gire en la cama con la mayor parte de mi peso anclando la parte baja de su cuerpo delgado al colchón. Sus ojos revolotearon a la par de cada uno de mis movimientos, intento golpearme con las piernas, pero la tenía bien sujeta.
Clarie levanto el cuello y gruño entre dientes.
—¿Qué diablos? Solo estaba tratando de asegurarme que durmieras bien.
Mi mano se enredó alrededor de su cuello. Mis dedos apretaron contra su garganta, cortando su suministro de aire.
—Maldita mentirosa.
Sus ojos e abrieron de par en par.
—Ed-Ed-Edward. —comenzó a ahogarse.
Su piel empezó a tornarse blanquecina entre más sostenía mi agarre.
—¿Cómo pudiste? —aporré su cabeza contra la almohada— ¡Confiaba en ti!
Enterró las uñas en mis muñecas, intentando ganar un poco de oxígeno. Su boca formo una "o" perfecta y las venas alrededor de sus ojos saltaron.
En mi cerebro, me inundo una imagen muy diferente. Y en vez de la bestia que aguardaba entre mis manos, una mujer muy diferente me miraba mientras mis manos apretaban su cuello.
La solté y caí sobre mi trasero. Me arrastre atrás hasta enredarme en las mantas y caer de la cama.
Miré mis manos, estas temblaban, mientras los dedos se me acalambraban.
La mujer en mi cama no dejaba de toser. Clarie se inclinó sobre el lado derecho de la cama y vomito. Limpio su boca contra la sabana de mi cama. Se arrastró con las manos y los pies hasta bajar de la cama y tratar de llegar a mí.
Me aleje hasta que mi espalda toco la pared detrás de mí.
—No te atrevas a acercarte.
Levanto las manos en alto.
—No sé lo que te pasa, probablemente ha sido una pesadilla o una alucinación, Edward. Escúchame, no es lo que crees.
¿De verdad estaba tratando de confundirme?
—Hace semanas que lo sospecho. Solamente no lo quería admitir. —me ahogue en mis propias palabras— Me engañaba a mí mismo.
Se dejó caer contra la cama y recargo su espalda. Frente a frente sentados, nuestras rodillas casi se tocaban. Cerré las manos y enterré mis uñas en la palma, no confiaba en mí mismo.
—Así que lo sabes. —asistió nerviosa— Sé que tú también lo querías, Edward.
—¿Estas tratando de culparme, maldita perra psicópata? —reclame colérico— ¿Qué demonios?
Se inclinó y me miró desafiante.
—Soy la chica que ha juntado tu mierda y te ha mantenido unido. Lo que hice, tú también me deseabas, Edward.
Puse una mano empuñada en mi boca.
—Estas completamente loca.
Jalo la esquina de su pijama que consistía en una camisa grande y amplia. Llevaba la cara limpia y el cabello húmedo. Ni siquiera había reparado en eso.
—No soy yo quien ha tratado de asfixiarte. —me recordó.
Mostré los dientes.
—No, eres la mujer que ha pasado meses aprovechándose de mi enfermedad.
Levanto la barbilla.
—Me merezco más que solo ser tu enfermera.
—Entre tú y yo… —señale entre nosotros— nunca habrá nada. Me das asco. Te miró y se me revuelve el estómago. La sola idea de…
Me encaro.
—¡¿De qué?! Sí, me cole en tu cama. Te hacia el amor por las noches mientras estabas inconsciente. Disfrutaba de tu polla entre mis muslos. Vi lo que quería y fui a por ello. No soy Isabella o el tonto de mi padre. Voy a por lo que quiero, lo que me pertenece.
Ni siquiera podía mirarla. Desvié la mirada y me concentre en tratar de recordar donde había dejado mi teléfono.
—¡Mírame! —exigió.
Trate de ponerme de pie con movimientos torpes.
—¡Mírame! —volvió a gritar.
Me sostuve como pude y miré a mi teléfono en la mesita de noche.
—No te atrevas a dar un maldito paso más. —se puso de pie de un salto, enfrentándome— ¿A quién crees que puedes llamar?
—Sera mejor que te alejes. —amenace.
—¿O qué? —me reto.
La agarre por la mandíbula, nos gire rápidamente y la deje caer sobre la pared. Su cuerpo soltó un jadeo cuando el aire fue expulsado de su boca. Enterré mis dedos en su piel, completamente consiente del daño que le provocaba.
Sus ojos brillaron con algo perverso.
—Al fin nos mostramos el uno al otro.
Me acerque a su rostro.
—Eres completamente repulsiva.
Se lamio los labios.
—Solo para ti, cariño.
La solté, dejando que su cuerpo cayera sin cuidado alguno. Camine rápidamente hasta mi mesita de coche y desbloque la pantalla. Busque entre mis contactos. Apenas podía resistir las ganas de girarme y terminar el trabajo yo mismo.
—Llama a quien quieras. Así puedo contarles lo que me has hecho. —dijo con voz ronca detrás de mí— ¿Quién va a creer que abuse de ti, Edward?
Charlie Swan.
Solo tenía que hacer la llamada.
—Eres ridículo, un alfeñiqué. Un pobre niño asustadizo lo suficientemente manipulable.
La enfrente de nuevo.
Recargada de nuevo contra la pared y sentada en el piso, masajeaba distraídamente las marcas que ya se formaban en su cuello. No sentí un poco de remordimiento.
Me regalo un sonrisita.
—En cambio, yo sí puedo argumentar como me engañaste para venir aquí contigo y como una noche…
—¡Cállate! —deje caer el teléfono y comencé a caminar hacia ella.
Se sobrecogió contra la pared y los tendones del cuello se tensaron.
—Tengo la prueba fehaciente. Tú no tienes nada. Ya no tienes nada ni a nadie, Edward. Solo a mí.
—No tienes una puta cosa, jamás puse mis manos sobre ti. —la miré de arriba abajo— al menos no conscientemente. —escupí.
Echo la cabeza hacia atrás y me miro desde su posición.
—¿A caso importa?
Lentamente, puso ambas manos sobre su vientre.
—No.
Un brillo perverso brillo a través de sus ojos.
—No eres el único tomando precauciones aquí, Edward.
—No. —me aleje, negando una y otra vez.
—Jaque mate, mi amor.
Puse una mano sobre mi boca y me deje caer de rodillas. Lívido. Frio. Los latidos de mi corazón más lentos.
—No puedes… tú no… ¿cómo pudiste?
Su rostro se volvió duro.
—Estoy cansada de ver como la vida pasa enfrente mio sin que yo pueda obtener nada. Ni una maldita vez. Cada vez desde que nací he sido la segunda en la lista. Para mis padres, para Bella, para todos los que me rodeaban, incluso para Alec, ¿crees que fue bueno para mí cargar a la hija de esa escoria? Odie cada segundo y cada minuto. ¿Crees que no sabía que se acostaba con mi madre? Simplemente tome la oportunidad cuando me la dieron y tú me la diste.
Todo.
Todo es mi culpa.
Maldito idiota.
—Tan bueno y tan ingenuo. Débil, pero tan increíblemente perfecto para mí. Realmente te amo, Edward.
Mi cabeza no podía procesar todo lo suficientemente rápido.
—Bella…
Su rostro se volvió furioso.
—¡No la menciones! —grito— ¡No te atrevas!
La miré con todo el rencor que se aglomeraba en mi interior.
—Tú… lo planeaste todo.
Cada cosa tomó su lugar, como un rompecabezas. Aquella tarde que fue a buscarme para llevarla con Alec, su actuación, el dolor que sintió al descubrir al padre de su hija con otra mujer, nuestras cercanía durante la estadía de Bella en Los Angeles. El embarazo. Anne. La adopción. La noche de la fiesta en casa de Jessica. Su silencio. Su manipulación para irnos de Forks…. todas las mentiras que dijo.
Todo este tiempo, había estado conviviendo con una maldita loca psicópata manipuladora.
Fui tonto al no saber ver su maldad.
La billis me quemo la garganta.
—¿Quién demonios eres? —pregunte.
Me dio una sonrisa sórdida y se encogió de hombros despreocupadamente.
—¿La mujer de tus sueños? —dijo en tono jocoso, dejando caer la cabeza sobre uno de sus hombros y miradme con una adoración siniestra— Tú eres todo lo que siempre he querido, Edward. Esa es la única verdad que importa y ahora… seremos una familia.
—¿Cómo sé que estas embarazada en verdad y que sobre todo, es mio?
Arrugo la nariz.
—Tendrás que confiar en mí.
—Eres tan retorcida.
Hizo un mohín.
—Antes de agradaba. —dejo salir una carcajada, luego la risa murió rápidamente en su boca— Sin embargo, si me traicionas, tendré que tomar medidas drásticas y este bebé pagara las consecuencias. Créeme, ninguno de los dos lo quiere así.
Se atrevía a amenazarme con…
No podía ni repetirlo.
—Vete.
—¿Qué? —tuvo la audacia de parecer confundida.
—VETE. —repetí lentamente entre dientes.
—Eres tan est…
Me moví tan rápido que ni yo le creí posible. La agarre del brazo y la levante en vilo.
—¡Suéltame! —se revolvió.
La eche afuera y cerré la puerta de mi habitación. Me gire de espaldas a ella, dejándome caer poco a poco. Afuera, ella comenzó a golpear, aporreando a través de la madera.
—¡No vas a escapar!
—¡No puedes esconderte!
—¡No volverás con Bella! ¡¿Me oyes?! —grito a través de la puerta— ¿Crees que te va a perdonar cuando la abandonaste por mí? Todos te odian, Edward. Los decepcionaste y no eres más que un hombre enfermo y a punto de morir. Eres un adefesio comparado con el chico perfecto que criaron tus padres.
—¡No te libraras de mi ni de nuestro hijo!
—¡Nunca! ¡Siempre seré tu peor pesadilla! ¡Siempre! ¡Estoy aquí! ¡No importa cuánto te escondas! ¡Siempre te perseguiré!
Me quede mirando a la nada. Algo caliente recorrió mi nariz y un sabor metálico lleno mi boca. Recorrí con la punta de mis dedos las aletas de mi nariz y los aleje para poder mirarlos.
Sangre. Roja y espesa. El hilillo siguió bajando hasta mis labios, barbilla y mojando mi cuello.
Deje caer mi cabeza y lo deje estar.
La sangre siguió bajando, manchando todo a su paso.
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"Nunca seremos libres. Cordero al matadero. ¿Qué vas a hacer cuando haya sangre en el agua? El precio de tu codicia. Es tu hijo y tu hija ¿Qué vas a hacer cuando haya sangre en el agua? Mírame a los ojos. Dime que todo no está bien"
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¡Hola, nenas hermosas! Aquí de nuevo. Perfectamente les puedo decir que este fue mi PVO pasado menos favorito, pero necesario para entender un poco mejor la dinámica entre Clarie y Edward. Imagínense el golpe para Edward. De ahí todo lo que vive en el presente, sus ataque de ira, de ansiedad, el miedo que siente de perder a sus hijos y a Bella. Alguien por ahí me dijo que Edward es melodramático. Respeto opiniones, pero creo que después de todo lo que ha tenido que pasar Edward, apenas puede sobrellevar tanto peso. Por algo acepto asistir con la Doctora Cope, él mejor que nadie sabe que necesita mejorar. Les dije que en este PVO pasado se ejemplificaría de una mejor manera la obsesión que Clarie siente por Edward. Triste que Edward tuvo que tomar una decisión que siempre tendrá que cargar sobre sus hombros para protegerse a él mismo y a sus seres amados. Penúltimo PVO pasado. Nos acercamos a la recta final de esta controversial y maravillosa historia. Gracias por las que siguen aquí, apoyando y leyendo, dejando rr todos los días. ¡Besos a la distancia!
Las leo en sus reviews siempre y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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