"Capítulo 2 – La Confrontación"

Tras haberse librado de Lola, Lincoln finalmente se dirigía a toda velocidad a la casa de Clyde, atento en todo momento al pabellón por el que corría. Tenía esperanza de que Lana pudiera razonar con su gemela y convencerla de no ir tras él. No dudaba ni un segundo en las capacidades de su hermana menor, ya que era alguien muy audaz y podía lidiar con toda clase de problemas, pero los problemas con Lola eran algo que no solucionaba del todo, eran complicados y tardaban bastante en solucionarse. Esperaba que Lana hiciera entrar en razón a Lola, pues era por mucho la primera vez que ambas llegaban a tener un conflicto, pero esperaba que no resultara en eso o algo peor entre las dos. Solo sería cuestión de usar las palabras correctas para hacerla entrar en razón.

Lincoln iba a un paso apresurado, a la vez que cada cierto tiempo daba una que otra mirada detrás para asegurarse de que Lola no estuviera persiguiéndolo con un cuchillo en su mano. Esa sería sin duda una buena escena para una película de terror, podía imaginársela y no era para nada descabellado que sucediera tal y como pasaba por su mente.

La distancia restante para llegar a su destino no era demasiada. Decidió echar un vistazo una vez más a su reloj para comprobar si aún le quedaba tiempo.

«Casi las diez, creo que llegaré unos minutos tarde» pensó.

En su interior, estaba más que agradecido por el logro obtenido de su improvisado plan. Quizá no lo consiguió en el menor tiempo posible, pero lo importante era salir de esa casa cuanto antes. Aun así, sus acciones le dejaban mucho en qué pensar.

El lado negativo, y por mucho, era lo que tuvo que hacer para salir de ahí; dañar a una de sus hermanas era un acto el cuál Lincoln no estaba para nada feliz. Aunque sus hermanas le hicieron cosas horribles en el pasado, eso no justificaba lo que le había hecho a su pequeña hermana. No estaba para nada orgulloso.

— ¡Oh! Hola, amigos. Hace mucho que no hablaba con ustedes. Sí, sé lo que estarán pensando, pero el tiempo estuvo en mi contra, por eso tuve que hacer un plan improvisado... salió mejor de lo que esperaba... pero... lo que tuve que hacer no estaba dentro de mis planes... creo que no fue correcto de mi parte.

Lincoln se sentía un poco apenado por recordarlo, pero no había otra forma de salir de ahí, ¿o sí la había?

—Quiero a todas mis hermanas, las aprecio mucho a pesar de los malos ratos que hemos pasado, en especial esa vez en la que Lynn estuvo involucrada —murmullo en eso último—, eh… creo que ustedes ya saben de qué hablo. Pero no importa, todo eso quedó en el pasado. Fue un error, un error lo puede cometer cualquiera... aunque ese fue uno muy grave, y siendo realistas, uno muy tonto.

Lo fue, pensar que tu hermana te podía cambiar por un simple partido de Softball era ridículo. Gracias a la temprana intervención de Lisa, se aclarararon las cosas con aquella superstición. Los padres Loud pudieron recuperar las cosas que habían vendido y le dieron una muy sincera disculpa. A partir de ese momento, toda la familia comenzó a ser más sobreprotectora con él. Era justo, le hicieron pasar un muy mal rato. Pero, sin importar qué, la deportista de la familia no se sentía a gusto por la declaración de su hermana genio y permaneció con esa arrogante actitud hacia su pobre hermano. Así era Lynn Loud, una mala perdedora.

—Seguro se estarán preguntando: ¿Lincoln, en verdad perdonaste a todos? Efectivamente, eso hice, perdoné a mis hermanas y a mis padres a pesar del sufrimiento que viví. Sí, lo sé. ¿Perdonar como si no hubiese sucedido nada? Seguro me creerán un loco, pero así soy. Es mejor perdonar en lugar de mantener rencor por toda la vida. Nos volvemos a llevar bien como la gran familia que somos, además, mis hermanas siguen estando arrepentidas por eso. A comparación de antes, me tratan mucho mejor y me dan ciertas preferencias a la hora de elegir algo... aunque Lola y Lynn... no lo hacen.

Tenía razón. Lynn no podía dejar esa idea de la mala suerte, y eso volvía todo más complejo. Por parte de Lola, era algo distinto, no se sabía con precisión por qué trataba de la misma manera a Lincoln sabiendo que fue la segunda que más lo hizo sufrir durante ese tiempo.

—Ellas se siguen comportando como siempre. De Lynn es un poco comprensible, ya que es una mala perdedora... aunque eso no justifica sus acciones. Pero de Lola... no entiendo por qué se comporta así —su voz se escuchó un poco deprimida al mencionarlo.

No era el momento indicado para sentirse de esa forma y menos en una situación como esa, por lo que decidió dejar el tema a un lado.

—Volviendo a lo de antes, realmente no veo necesario que mis hermanas me den preferencias, aunque me da ciertos beneficios, no es bueno aprovecharse de eso. Lo digo por esa otra cosa que hice, ya saben, la vez en que mis hermanas no decidían en dónde tomar las vacaciones y yo tenía el voto decisivo. Aunque tengamos malos momentos, aprecio que demuestren su preocupación hacia mí.

Miró a su alrededor y vio que faltaba poco para llegar a casa de Clyde.

—Como ya les había dicho, aprecio a todas y cada una de mis hermanas, aunque con Lola... no lo sé, ella es un poco grosera, algo malcriada y muy controladora. A pesar de todo eso, es mi hermana y la quiero tal y como es. Además, es solamente una niña de seis años, aún no sabe muy bien cómo distinguir algunas cosas; lo bueno y lo malo.

Estaba consciente de ello, sus padres la consintieron demasiado desde muy temprana edad a comparación de todas las demás. Quizás por eso tenía ese comportamiento tan egocéntrico; aun así, sus padres seguían aceptando esa arrogancia de ella en lugar de hacer algo para cambiarla. En una familia tan grande era comprensible que no pudieran controlar a todos, siempre debían hacerlo por ellos mismos o hallar a una persona externa para que les dieran su apoyo.

—Espero que no me mate cuando regrese a casa, yo no quería que esto pasara. ¿Por qué nunca puedo idear mejor mis planes? —se dio un leve golpe en la frente, expresando culpa en el acto.

Tras haber corrido cerca de diez minutos, se detuvo de forma agresiva, miró del otro lado de la calle y vio que justo ahí estaba la residencia McBride, tan pequeña y limpia.

—Llegué diez minutos después, pero finalmente he llegado. Ya saben lo que dicen: mejor tarde que nunca —dijo mientras jadeaba, intentando recuperar un poco el aliento de su dura caminata.

Un buen vaso de agua lo ayudaría a refrescarse, claramente no estaba en la mejor condición física como lo habría deseado.

Cruzó la calle y se aproximó hasta la entrada de la casa. Tocó el timbre y aguardó unos pocos segundos hasta que fue recibido con una sonrisa por los señores Harold y Howard McBride.

—Hola, Lincoln. Qué alegría verte una vez más. Pasa, siéntete como en casa. Si buscas a Clyde, se encuentra en su habitación —le saludó Howard.

—Llegas justo tiempo, Clyde llegó de la tienda de juegos hace apenas unos minutos —le aclaró Harold.

—Eso es un alivio —expresó Lincoln

—Tranquilo, una demora le puede ocurrir a cualquiera. Por cierto, dile a Luna que la próxima vez que venga a cuidar a Nepurrtiti y Cleopawtra pueda traer a Sam, nos fue de mucha ayuda la última vez —dijo Howard.

—Claro, se lo diré cuando vuelva —Lincoln agradeció a ambos y entró a la casa, directamente a la habitación de su mejor amigo para jugar aquel videojuego que había esperado con ansias por tantos meses.

Parece que Lincoln afortunadamente logró su cometido, pero para malas acciones siempre hay consecuencias. En esta ocasión pagará duro por sus acciones, aunque a este no le importa recibir un castigo sabiendo que cumplió su objetivo. Supo que le sería duro olvidarse de los problemas que vendrían tras su regreso a la casa Loud.

Como era de esperarse, Lincoln no había logrado amarrar con suficiente fuerza la soga, por lo que solo fue cuestión de algunos minutos para que Lola se liberara.

Lana se encontraba algo asustada, ya que Lola no se veía para nada feliz y se miraba dispuesta a hacer sufrir a su hermano y posiblemente perseguirlo hasta la casa de Clyde. Conociéndola, era capaz de hacer eso y mucho más. Ahora lo que Lana debía hacer era calmarla y razonar con ella para que no cometiera ninguna locura. Aún no sabía con precisión lo que le habría hecho Lincoln, lo mejor era controlarla y no pensar mucho en eso.

«Bien, Lana, prepárate» pensó, intentando tener seguridad en sí misma.

— ¿Hola, Lola? Oye, ¿estás bien? —preguntó, temerosa por la reacción que pudiera recibir de su hermana, aunque su rostro ya daba una muy mala impresión.

—Hazte a un lado si no quieres ser la primera en sentir mi furia —dijo.

—Muy graciosa, princesita. Quisiera que lo hablemos.

En reacción a esas palabras, la expresión de Lola cambió de una enfadada a una extrañada. En varias ocasiones, estas dos arreglaban sus diferencias con una típica pelea de patadas y golpes, por lo que el hecho de que Lana quisiera hablar pacíficamente la confundía un poco, pero no iba a dejarse influenciar por ella. Aunque llegaran a pelear, Lola no iba a dejar que su hermano se escapara como si nada hubiera pasado.

—Vamos, Lola, ¿No piensas decirme qué pasó? Sé que podemos arregla...

Al acercarse, Lola la empujó por las escaleras para que no la pudiera detener y así correr hasta la puerta principal.

Lana cayó hasta la primera planta, chocando contra la pared y recibiendo un duro golpe en la espalda. Pero aún y con el dolor, se levantó con gran rapidez y se puso frente a la puerta para bloquearla, logrando así que Lola pudiera salir.

Lola sabía que no serviría de nada ir a la puerta trasera, pues Lana la perseguiría a donde ella fuera sin importar qué. Tenía que quitarla de la puerta si quería vengarse de Lincoln, tenía que pagar por lo que hizo, aún si su venganza tomaba tiempo en concretarse.

— ¿A dónde crees que vas, princesita? —extendió sus dos brazos para demostrar su superioridad.

—Lana, eso no te incumbe. Además, ¿crees que no escuché lo que Lincoln te dijo? Tú solamente intentas ganar tiempo, pero no funcionará. Ahora, ¡fuera de mi camino!

Lana buscaba opciones, definitivamente no tenía demasiadas; hablar pacíficamente con ella ya no era una muy viable después de haber recibido aquel choque contra la pared.

— ¡No! ¡No me voy a mover de aquí hasta que hablemos sobre Lincoln! Debemos hacerlo, te lo suplico. Ni siquiera sabes a dónde se dirige, así que perseguirlo sin saber a dónde va no te servirá de nada —respondió, estando decidida a cumplir su objetivo. Se lo debía a Lincoln, él también haría lo que fuera por ella.

—Sé perfectamente a dónde va. ¿Crees que lo dejaré ir sin ningún castigo? ¡Por favor! Sabes que soy capaz de ir por él para golpearlo y traerlo hasta aquí para que se disculpe conmigo como debe ser. Ahora, te mueves tú, ¡o yo te moveré!

— ¡Inténtalo! —exclamó.

Lana permaneció esperando la reacción de su gemela. Sin duda era un adiós a la manera pacífica de resolver las cosas. Qué más daba, algunos moretones valdrían la pena, no tenía nada mejor que hacer.

— ¡Bien!

Lola se abalanzó sobre su hermana, empezando así una de sus tantas peleas, una que desde el principio Lana quería evitar, aunque eso iba a ser complicado, en especial si ella había oído su conversación con Lincoln.

«Tengo que ganarle, si pierdo, ella irá tras Lincoln para hacerlo pagar por lo que sea que haya hecho... prometí ayudarlo y eso es justo lo que haré» pensó Lana.

Teniendo a Lana a su merced, Lola la tomó de sus muñecas para impedir que se pudiera defender, sin embargo, con ayuda de sus piernas, Lana la logró empujar y pudo quitársela de encima. A causa de eso, Lola recibió un duro golpe en la espalda. Parecía que ya estaban a mano por lo de antes.

Lola, tras ser mandada hacia atrás, se levantó enfadada y con los puños listos. Al alzar la mirada, se encontró con la imagen de su hermana corriendo hacia donde estaba parada. En una acción rápida, logró acertarle un golpe certero en el ojo derecho, logrando así detenerla y hacerla retroceder por la magnitud del impacto.

— ¡Ahh! —exclamó Lana, mientras colocaba su mano derecha sobre su ojo mal herido.

— ¿Qué? Tú te lo buscaste —le hizo saber Lola.

Velozmente, Lola se acercó nuevamente hacia Lana, quien se sobaba su ojo dañado. Aprovechando eso, la empujó contra el piso, provocando así que cayera de espaldas. No desaprovechó la oportunidad e intentó escapar para comenzar su malévolo plan de venganza.

Inmediatamente, y tras darse cuenta de esto, Lana se puso de pie y fue detrás de su gemela.

Faltando unos pasos para que pudiese salir de la casa, consiguió detenerla a tiempo, jalando de su vestido y haciendo que cayera y se golpeara fuertemente contra el suelo una vez más.

Lana decidió también sacar beneficio de la situación, por lo que tomó a su gemela con ambas manos sobre sus muñecas, haciendo que esta no pudiera quitársela de encima.

— ¡Au! ¡Oye! —exclamó Lola mientras trataba de zafarse del agarre, pero incluso Lana era más fuerte que ella, lo menos que pudo hacer era intentar desligarse, pero ni con eso conseguía algo.

—Dije... que... vamos a hablar. ¡No te resistas! —exclamó Lana con dificultad, mientras tiraba con sus pies del vestido de su hermana para que dejara de moverse.

— ¡Cuidado con mi vestido! —exclamó furiosa, mientras seguía intentando liberarse.

— ¡Deja de moverte entonces!

— ¡No, no quiero!

Lana logró neutralizar a su hermana, pero le costaba un poco mantenerla así, pero podía seguir por un buen tiempo, al menos lo suficiente para intentar hablar con ella.

— ¡Oye, ya basta! ¡Tranquilízate! —dijo Lana.

— ¡No! ¡Ya déjame ir!

— ¡¿Por qué haces esto, Lola?! ¡¿Por qué tratas mal a todos?! No lo entiendo. ¡¿Por qué lo haces?!

Lola no dijo nada, y siguió tratando de desligarse de las manos de su hermana.

—En especial, ¿por qué le haces daño a Lincoln? ¿Qué te hizo él? ¡Dime! ¡¿Qué te hizo él?!

Odiaba tener que ver a Lola maltratar a su querido hermano. Se preguntaba por qué tenía esa mala actitud, no era justo, se preguntaba por qué debía ser así.

— ¿En serio no te das cuenta? Todas las veces que te ha ayudado... todo el tiempo que te ha dado... y a cambio de eso tú solo lo haces sufrir.

Se había quedado callada por mucho tiempo, pero esa situación fue el detonante de tanto tiempo de no decir nada. Tenía tantas cosas que quería restregarle en la cara, tanto que quería decirle, pero esa no era su forma de solucionar las cosas.

—Sé que él ha cometido errores, pero siempre consigue solucionarlos aunque tenga que humillarse a sí mismo. Siempre logra solucionar cada error que comete.

Escuchadas aquellas palabras, Lola dejó de poner resistencia. Parte de ella le decía que debía seguir forcejeando, pero otra le decía que escuchara atentamente. Era algo confuso incluso para ella.

—Tú sabes que estamos en deuda con él por todo lo que lo hemos hecho pasar. ¡¿Acaso ya lo olvidaste?!

Tras oír esa pregunta, Lola cambió drásticamente la expresión en su rostro, pareciera que el recuerdo de cierto trato que hicieron todas las hermanas Loud y la triste razón por la que lo hicieron decidió impactar en su mente.

—Pues al parecer... olvidaste lo que acordamos. Actúas y te comportas tan normal como siempre.

La expresión de Lola cambió a una un tanto triste y pensativa.

—Nada ni nadie te importa, ¿verdad? Aun con todo lo que le hiciste —hizo una breve pausa— sigues siendo una insensible, arrogante y mala hermana.

En otro escenario, las palabras de Lana no le hubieran dado ningún tipo de importancia, sin embargo, en esta ocasión cada palabra la sentía muy profundamente, como si una estaca hubiese sido clavada en su corazón y esta tuviera cada vez más presión por cada palabra.

«Creo que he sido un poco dura con ella, pero solo dije la verdad. Con esto no estoy diciendo que siempre fui la buena, yo también hice sufrir a mi hermano... no lo sé... ¿Qué pensar de todo esto? Agh, desearía nunca haber apoyado esa tonta superstición de Lynn» pensó.

Lana, tras decir todo eso, tuvo por beneficio la desaparición total de la ira de Lola. Con algo de duda, decidió despegar sus manos de las muñecas de su gemela. Se levantó y esperó a ver lo que procedería.

Al estar libre, Lola se levantó del piso, vio momentáneamente a Lana y se sentó en el sillón sin hacer demasiado ruido. No dijo nada a cambio.

Apoyó sus codos en sus piernas y puso su cabeza sobre las palmas de sus manos. Tenía una mirada perdida y pensativa, algo que Lana vio con extrañeza, pero por un lado supo que lo que le había dicho era meramente una de las tantas verdades que tenía guardadas. Aunque era evidente que esas palabras habían sido duramente recibidas por su hermana. Sabía que lo mejor era dejarla sola por un tiempo. Confiaba ciegamente que no saldría de la casa y lo sabía por ese abrupto cambio de expresión en ella.

—Iré a la cocina, tengo que ver cómo tratar mi ojo... y no, no estoy molesta por eso, así que no te preocupes —declaró Lana antes de abandonar la sala de la casa y caminar hacia la cocina.

Lola quedó desconcertada, confundida y con muchas preguntas dentro de su cabeza.

«¿Será cierto? Todo este tiempo yo... ¿y nunca lo noté? Pero yo siempre he sido así y nunca nadie se quejó... yo creí que... no molestaba a nadie con mi actitud. Pero Lincoln, él no está molesto... ¿o sí?»

Por primera vez, Lola comenzaba a reflexionar sobre sus acciones y cómo estas habían hecho efecto en su hermano mayor. Con algo de pena, siguió pensando.

«Pero Lincoln... él debe sentirse mal por todo lo que lo hemos hecho sufrir... todo el dolor... y los únicos culpables de todo esto somos... nosotros... su propia familia. Aun así, él no nos tiene rencor a ninguno de nosotros. Actué cómo si nada hubiera pasado, lo traté como si fuera un sirviente, como si fuera algo sin importancia durante... durante la mala suerte.»

Lola mantenía su mirada ensombrecida y pensante. Nunca antes había reflexionado de esa forma acerca de sus acciones. Las personas jamás le reprocharon acerca de su comportamiento, posiblemente por el miedo de recibir algún castigo, o simplemente para que Lola no confesara alguno de sus secretos más profundos. Tenía que pensarlo mejor, por lo que era preferible hacerlo dentro de su habitación, donde podía desquitarse con algo si era necesario, o desahogarse con su querido amigo de felpa. Decidió hacerlo, así que se puso de pie y sacudió un poco su vestido que había sido llenado de polvo por ese imprevisto.

«No sé en qué pensar... he sido muy egoísta. Por Lana ahora sé todo el daño que le he hecho a Lincoln, obedecía mis órdenes sin siquiera conocer su opinión.»

Optó por ir al baño para poderse limpiar un poco la cara por aquella reciente pelea. Al subir por completo las escaleras, dio un leve vistazo alrededor del pasillo, el cual se encontraba vacío y muy silencioso. Sin darle mayor importancia, se dirigió rumbo al baño.

Cuando llegó, cerró la puerta detrás de ella y se quitó sus largos guantes rosas junto con su tiara y abrió el grifo del agua. Con el chorro de agua saliendo, colocó sus pequeñas manos debajo del mismo, para así juntar un poco de agua y poder lavar su rostro. Al finalizar, se secó con la toalla al lado suya y subió su mirada al brillante espejo frente a ella, encontrándose con su reflejo, en el que se pudo observar la realidad: estaba triste porque lo que le dijo Lana era verdad.

«¿Por qué?... ¿Por qué debo ser así?»

Suspiró y, tras pasar ese trance, se colocó nuevamente sus guantes rosas y su brillante tiara sobre su cabeza. Posteriormente, abandonó el cuarto de baño y caminó rumbo a su habitación. Al estar dentro, se cambió el vestido que usaría para la obra, y se recostó en su cama para reflexionar con más claridad en lo acontecido.

«Lamento mucho ser de este modo... ¿cómo no pude darme cuenta antes? No quiero que pienses que soy una mala hermana... no quiero que... no quiero que me odies...»

Tenía mucho en que pensar y demasiadas preguntas que responder por sí misma, pero era una persona a quien realmente había hecho demasiado daño y a quien seguramente tendría en la mente por el resto del día.

—Yo... te quiero, Linky.