"Capítulo 3 – Una Profunda Reflexión"

Lola había decidido recostarse en su cama para así, intentar pensar de una manera más clara las palabras dichas por su gemela, las cuales habían recaído fuertemente en ella. Aunque le costaba admitirlo, sabía que en cierta medida todo era verdad, sin embargo, lo que realmente se preguntaba era qué tanto esa verdad había dañado a los demás y, sobre todo, si la forma en la que trataba a Lincoln era la correcta.

«¿Por qué me pasa esto? Siempre me he comportado así con Lincoln. Nunca me dijo cómo se sentía. Si en verdad no le gustaba lo que hacíamos juntos... ¿por qué no me lo dijo?» pensó, mientras miraba fijamente echo de la habitación.

Era como si en ese momento hubiera decidido dejar todas sus preocupaciones atrás y en lugar de eso, concentrarse en hallar la respuesta a su pregunta, lo que veía difícil de hacer en realidad.

De pronto y por primera vez, se detuvo a pensar con detenimiento todo lo que le había hecho a su hermano desde que tenía memoria. Eran tantas las veces que eran necesarias más de dos manos para contarlas.

«Creo que en verdad... le he hecho un gran mal Lincoln. Él siempre ha hecho mucho por mí... aunque casi siempre no lo hace por su propia cuenta, siempre... tengo que obligarlo, amenazarlo o manipularlo. Incluso lo hice para que ensayáramos juntos hoy»

A Lincoln nunca le importó tener que hacer lo que fuera por sus hermanas, estaría ahí para ellas cuando lo necesitaran, aun cuando le pidieran tiempo que no tenía o en las situaciones menos favorables, y eso era algo que Lola tenía muy en cuenta y lo usaba muchas veces a su favor. Lincoln le daba preferencia muchas veces a Lola, más por el miedo a recibir algún castigo de su parte a que en realidad su hermana necesitara de su ayuda.

«Lincoln... tuvo que atarme para poder librarse de mí... él... en verdad debe odiarme... siempre ha estado bajo mis amenazas... pero, esta vez... fue diferente»

Lola sentía un gran pesar, lo menos que podía hacer en ese momento era arrepentirse y sentir conmoción consigo misma.

—No quiero... no quiero... que me odies... No quiero que me odies, Lincoln —se dijo a sí misma, sintiéndose miserable.

Algo sumamente preciado acababa de ser arrancado de su ser. No podía hallar las palabras exactas para expresarlo, pero de alguna forma tenía que hacer algo para arreglar toda esa extraña situación, quizás no en ese momento, pero sí durante el transcurso del día.

Lentamente y sin su consentimiento, sus ojos comenzaban a cerrarse, y sin darse cuenta, se había quedado profundamente dormida.

Después de pasar algunos minutos en el patio trasero, pensando si lo que le había dicho a su hermana había sido lo correcto, Lana decidió regresar dentro de la casa, esta vez para buscar algún remedio en el refrigerador para su ojo lastimado. No era el lugar más adecuado para curar esa clase de heridas, pero algo congelado la ayudaría con ese pequeño problema.

—Bien... creo que esto ayudará —sacó un filete algo congelado de la nevera. Sin pensarlo dos veces, se lo colocó en su hinchado ojo, esperando que funcionara—. Sí, definitivamente esto mejorará la hinchazón.

El tacto de ese pedazo de carne frío con algunas gotas de agua escurriendo en su mejilla se sentía reconfortante. Lana comenzó a caminar a la sala de la casa para distraerse un rato mientras llegaban sus padres o una de sus hermanas. Logró concretar su plan con éxito, podía estar más tranquila sabiendo que Lincoln estaría bien, pero no sabía si Lola lo estaría. Después de lo que le dijo, pudo notar una extraña reacción de su parte. No era lo que esperaba de ella y menos con alguien de ese carácter que fácilmente podía molestarse por la más mínima molestia hacia su persona, por lo que lo hacía aún más extraño.

— ¿Qué habrá sucedido con Lola? —se acomodó en el sofá y tomó el control remoto—. Qué raro, ya lleva un buen rato ahí arriba, más de lo que suele estarlo después de una de nuestras peleas —suspiró—. Espero que entienda lo que dije, no quiero que siga tratando a nuestro hermano de esa forma... aún estamos en deuda con él.

Con el filete aun en su ojo, decidió encender el televisor para poder pasar el rato.

Habían pasado dos horas desde que Lincoln se fue. Siendo exactamente las doce del mediodía, Lana seguía viendo televisión con el filete puesto en el ojo.

Se encontraba mirando el programa que le gustaba ver por las tardes: el show de las marionetas graciosas que tanto solía ver con su gemela y que justo estaban transmitiendo. Era la rutina matutina de cada fin de semana; las dos hermanas sentadas en el sofá junto a un gran plato de cereal para cada una. Aunque tuvieran sus diferencias, eran las hermanas más unidas de toda la familia, superando con creces a Lori y Leni. Era un poco diferente ver ese programa sin Lola, pero no quería molestarla, sabía que era necesario dejarla sola el tiempo que le fuese necesario. De todas formas, quería darse un momento para sí misma aprovechando que no había nadie en casa. Esa soledad quedó atrás, cuando se dio cuenta del estruendoso motor de la Van familiar llegando por la entrada del cobertizo. Claramente se trataban de los señores Lynn y Rita.

Lana decidió apagar el televisor e ir a la ventana para echar un vistazo. Al apartar la cortina, se encontró con la imagen de su madre y su padre saliendo cada uno de su lado del auto.

Le inquietaba un poco saber de la llegada de sus padres más que de alguna de sus hermanas. Su ojo morado acapararía toda su atención sin duda. No quería que la castigaran a ella o a Lola por pelear de nuevo, más a Lola por ser la culpable del grave estado de su ojo. Tenía que pensar en algo para justificar aquello. No era Lincoln para pensar de manera rápida y casi siempre eficaz, pero sí podía idear algo lo suficientemente creíble.

En unos instantes, Lana escuchó las llaves de la casa ser insertadas en la manija de la puerta, para posteriormente, ser empujada.

—Familia, ¡ya llegamos! —el señor Loud anunció con una notoria alegría.

—Hola, mamá, papá y Lily —saludó Lana, mientras veía a Lily entre los brazos de su padre.

—Hola, hija —los señores Loud respondieron alegres.

—"Poo poo" —balbuceó Lily.

Rita pudo observar cómo su pequeña tenía puesto un filete en el ojo. Al observar dicho objeto, comenzó a preocuparse un poco, puesto que nada bueno significaba traerlo encima.

—Cariño, ¿qué sucedió? ¿Por qué traes ese filete en tu ojo?

Lana no quería preocupar de sobremanera a su madre. Conocía ese lado amable y cariñoso de ella. De todos modos, era factible no mencionar algo sobre su pelea a tener que hacerlo.

— ¿Qué? ¿Esto? Nah… no es nada, mamá... yo... solamente tuve un pequeño accidente —respondió, sintiéndose un poco nerviosa por esa pregunta.

—Déjame ver, cariño.

Rita alejó la mano de Lana a un lado, encontrándose con la imagen de su ojo en un tono morado y que parecía haber sido algo reciente.

— ¡Tienes el ojo morado! ¿Qué clase de accidente tuviste exactamente?

—Ya te lo dije, mamá. Tuve un pequeño accidente... no vi por donde iba y ¡bum! —mintió.

—Te conozco perfectamente, peleaste con Lola de nuevo, ¿verdad? —preguntó seriamente la señora Loud, mirando fijamente a los ojos de Lana.

—Eh... yo... bueno, podría decirse que... ¿sí? —sonrió nerviosamente sin voltear a ver a Rita.

No había de qué preocuparse, un ojo morado era lo bastante común como para inquietarse demasiado.

—Cariño, sabes que no me gusta que ustedes dos peleen. Son hermanas y deben llevarse bien.

—Lo sé... lo siento, mamá... te juro que esta vez no quería pelear con Lola.

Rita se agachó a la altura de Lana, esboza una pequeña sonrisa, cambiando su expresión de una molesta a una compasiva, mientras colocaba su palma sobre la mejilla de la pequeña.

—No te preocupes, mi cielo... trata de llevarte mejor con ella, ¿sí? Ambas son gemelas, por lo tanto, deben ser siempre unidas y cuidarse la una a la otra. Tú y tu hermana deben evitar pelear, no quisiera que por alguna de sus peleas algo malo les pudiese pasar a ambas.

Lana miró a los ojos de su madre, sonriendo levemente.

—Está bien, mamá. Por mi parte prometo llevarme mejor con Lola.

—Me alegro que lo entiendas —se levantó, no sin antes acariciar un poco la cabeza de Lana.

—Entonces... ¿aún no han llegado tus hermanas? —interrumpió el señor Lynn.

Habían dejado a la gran mayoría de sus hijas en diferentes lugares, algunas se habían ido juntas y otras tomaron rumbos diferentes. Lo único preocupante era saber cuándo regresarían.

—No, aun no, pero Lincoln salió hace unas horas.

— ¿En serio? ¿Sabes a dónde fue? —preguntó Rita.

—Lincoln... pues... no me dijo a donde iría exactamente.

—Seguramente fue a casa de Clyde. Al parecer todos tuvimos planes el día de hoy —comentó el señor Lynn.

—Tienes razón, querido. A propósito, ¿cómo está Lola? —preguntó la señora Loud.

—Ella está en nuestra habitación... no sé qué esté haciendo, lleva un buen rato sin salir de ahí —respondió, volteando a ver a lo más alto de las escaleras.

— ¿Se encuentra bien? ¿Le pasó algo malo? —preguntó esta vez el señor Loud.

—No te preocupes, papá. Ella está bien... solo un poco agotada, eso es todo.

Esperaba que así fuera.

—De acuerdo... voy a preparar un pequeño almuerzo. Debes tener hambre.

—Sí, papá, y mucha.

—En cuanto esté listo, ¿Llamarías a tu hermana? —preguntó Lynn señor padre.

—Muy bien, papá. Eso haré —mencionó Lana con una cara de antojo por la comida que su padre cocinará esta vez.

— ¡Perfecto! Aquí tienes a Lily, cariño —Lynn le entregó a la pequeña bebé a su esposa para así comenzar a cocinar.

Lily balbuceó al pasar a los brazos de su madre.

— ¡Ahora a cocinar! —exclamó con decisión dirigiéndose a la cocina.

—Hija, hazme un favor y cuida a Lily. Debo hacer algunas cosas.

—Por supuesto. Yo la cuidaré.

—Te lo agradezco mucho. Tu ojo parece estar un poco mejor, creo que ya no necesitaras esto —la matriarca retiró el filete que aún se sentía húmedo de la mano de Lana—. Ahora ve al baño y lávate la cara, ¿está bien? —ordenó cerrando la puerta detrás suya.

—Está bien, mamá... lo haré —respondió dando una sonrisa.

— ¡Excelente! Aquí tienes. Cuídala y mantenla distraída por un rato. Si tienes problemas no dudes en llamarme.

—De acuerdo, mamá. Lily y yo la pasaremos muy bien.

La señora Loud le entregó a la bebé, y caminó rumbo a su habitación para hacer sus quehaceres.

—La pasaremos bien por un rato, Lily —mencionó, mirando a su hermanita menor.

—Shi, Lana —dijo Lily dando pequeños aplausos, así como también trataba de tocar el rostro de su hermana.

—Bien... ¡a ver más caricaturas! Aprovechando que nadie nos lo puede impedir —exclamó con emoción mientras tomaba asiento en el sofá junto a Lily, colocando—. Espero que Lola haya aprendido la lección —dijo, recordando aquellas últimas palabras que le dijo a su gemela hace ya algunas horas antes de que se retirara de la sala de estar.

Cierta culpa recayó en ella, pues tuvo que ser algo realmente fuerte lo que dijo para que la hiciera sentir mal y decidiera quedarse tanto tiempo encerrada en su habitación, o sencillamente se había quedado dormida, posiblemente las dos, pero en cualquiera de los dos casos, esperaba que se hubiera dado cuenta de sus errores.

Lola se comenzaba a despertar de la siesta de poco más de dos horas que había tenido.

Esa siesta hizo que se sintiera un poco mejor que antes. No solía tomarlas con tanta frecuencia, ya que para eso estaba la noche, ahí podía tomar con tranquilidad su tan querido sueño de belleza. Por ahora quería centrar sus pensamientos en el problema actual a tratar y que tenía que ver con su hermano mayor.

Durante el tiempo que se mantuvo sumida dentro de su mente, pudo darse cuenta de muchas cosas y que cobraban sentido ahora que las veía desde una perspectiva más abierta; Lincoln nunca fue alguien que fuera culpable de algo, siempre buscaba tener la confianza de todos, justo esa confianza fue de la que ella se aprovechaba para utilizarlo como quisiera.

—No estoy muy segura de lo que debo hacer... acaso... ¿debo disculparme? No, él tendría que hacerlo... me hizo ver como una tonta en esa silla... pero...

Disculparse era una opción que nunca tomaba, si alguien tenía que hacerlo era él después de haberla atado a esa silla. ¿Acaso estaba en lo correcto?

Se levantó de su cama y se sentó en esta para pensar en algo que la ayudara a concentrarse. Pudo observar a un costado a su gran amigo de confianza y a quien acudía rigurosamente para confesarle alguna travesura o secreto ajeno que consiguió de sus hermanos, compañeros de clase o las niñas de sus desfiles. Tomó al oso de peluche y lo puso frente a ella para escuchar lo que podría aconsejarle respecto a su delicada situación.

—Señor Sprinkles... ¿crees que fue correcta la forma en que he tratado a Lincoln? —preguntó con un dulce tono de voz, viendo directamente a los oscuros ojos de plástico de su querido amigo de felpa.

Esperó un breve lapso de tiempo a que respondiera, o al menos lo que ella creía escuchar.

—Pero... yo... yo creí que le gustaba lo que hacíamos... nunca pensé que le llegara a molestar.

Aguardó algunos segundos a que su oso le diera una respuesta.

—Creo... que tienes razón, Señor Sprinkles, ha sido muy amable conmigo. Siempre intenta asistir a mis certámenes y me da mucho tiempo para que pueda mejorar.

Más que hacerlo como un deber, Lincoln lo hacía para divertirse y pasar tiempo con cada una de sus hermanas. Las conocía casi a la perfección: cuál era su comida favorita, quiénes eran sus amigos, película favorita y entre muchas cosas más. Lo único que pedía a cambio de todo eso era un poco de tiempo para él mismo. En una familia tan grande, nadie podía darse ese privilegio, ni siquiera sus padres. En definitiva, se trataba de un gran hermano que, pese a todo, siempre estaría con ellas para apoyar a toda su familia.

—Pero... ¿cómo puedo hacerlo? —le preguntó nuevamente al oso.

Lo que escuchó la dejó aún más confundida de lo que ya estaba.

— ¿Buscar la ayuda de mis hermanas? —preguntó con el ceño fruncido, incapaz de procesar la pregunta correctamente.

No buscaba a alguna de ellas para pedir su ayuda, únicamente las buscaba para sacarles información o para armar algo en contra de alguien. Para eso estaba Lincoln... el único que la ayudaba por cuenta propia y el más considerado con ella.

—No suelo pedir mucho la ayuda de ellas... quizá tenga que obligarlas para que...

En alguna otra ocasión esa habría sido la opción más conveniente, pero Lana le dio a entender otra cosa y que su problema de actitud no solo tenía que ver con Lincoln, si no con todos.

—Tienes razón, Señor Sprinkles. Debo esforzarme por conseguir esa ayuda de la mejor forma —se dijo, dejando al oso sentado en su cama y disponiéndose a ir al espejo de su habitación para arreglarse un poco.

Al estar cerca del espejo, procedió a tomar su cepillo y arreglarse luego de esa corta siesta.

—Solamente lo cepillaré un poco —se dijo a sí misma mientras tomaba su cabellera rubia y la cepillaba cuidadosamente—. Creo que... le pediré ayuda a Lana. De todas mis hermanas... es en la que más confío.

La borrosa imagen de ella lanzándole un golpe en el ojo decidió impactar en su mente. La deprimió un poco y deseaba que no la odiara por eso a pesar de haber expresado lo contrario.

—El señor Sprinkles tiene razón... Lincoln merece más una disculpa mía que yo de él... espero que pueda perdonarme, si no... supongo que al menos lo habré intentado.

Tras terminar de cepillar su cabello, Lola decidió ir en busca de su hermana gemela para pedir su ayuda y escuchar cualquier consejo que le pudiera dar, eso es lo que quería. Lana podía dar buenos consejos y sabía escucharla cuando tenía problemas de autocontrol, cosa que ayudaba para que se expresara abiertamente a ella.

Mientras caminaba por el pasillo, tenía dudas sobre si su hermana gemela la ayudaría. Ese golpe fue lo suficientemente fuerte para dejarle su ojo en muy mal estado. Quizá se haya retractado a último momento y haya decidido odiarla. Por tantas dudas que tuviera, necesitaba a alguien para que le diera apoyo con su problema, y ese alguien tenía que ser su hermana de confianza.

Al llegar a la planta baja de la casa, la pequeña logró observar a su hermana gemela junto a su hermanita: Lily. Ambas riendo muy alegres mientras miraban ese show que le gustaba ver por la televisión.

Sin meditarlo más, se acercó a sus dos hermanas. Su presencia no pasó desapercibida y Lana volteó a verla, mirándola con alegría. La saludó con total normalidad, acto que, por supuesto, tomó por sorpresa a Lola. La extraña reacción de Lana actuando como si ninguna pelea hubiese ocurrido entre ambas. Era extraño incluso para ella.

—Hola, Lola. Hasta que decidiste salir —saludó.

—Lo-Lola —dijo Lily al ver a Lola.

—Hola, Lana... y Lily —correspondió al saludo de sus hermanas con algo de nerviosismo.

Por la presencia de Lily, intuyó que sus padres ya habían vuelto luego de dejar a sus hermanas y haber realizado algunos deberes.

— ¿Qué haces ahí? Ven, siéntate con nosotras.

Lola, con cierta duda, decidió obedecer sin decir nada.

Amaba ese show de marionetas contando chistes, eran mejores a los que solía decir su hermana bromista y sabían cómo entretenerla cuando estaba aburrida, pero esta vez se encontraba más concentrada en hallar las palabras exactas para comenzar una plática con Lana. Muchas veces le pedía favores; sin embargo, por alguna razón ahora le costaba hacerlo. Las tres hermanas se encontraban viendo la televisión, no compartían conversación alguna, únicamente las risas de Lana y Lily eran audibles junto con las voces de esos ruidosos muñecos del programa. Eso solo duró unos pocos minutos, puesto que Lana sentía esa preocupación en Lola, y supo que algo no andaba bien con ella. ¿Sus palabras habrían herido sus sentimientos o sería algo más? Lana decidió romper el silencio entre ambas.

—Lola, oye... —llamó la atención de su distraída hermana, cosa que funcionó—. ¿Está todo bien? Puedes contarme cualquier cosa.

Podía verlo en su mirada, conocía esa mirada de culpa y arrepentimiento donde fuera.

—Si crees que estoy molesta contigo, te digo que no lo estoy.

— ¿En serio? ¿No estás molesta? —preguntó Lola.

—No, no lo estoy. Ya estoy acostumbrada a lidiar con tu ira —respondió riendo un poco y golpeándola ligeramente en el brazo.

— ¡Oye! —exclamó la pequeña rubia un poco ofendida por el comentario.

—Ja, ja... está bien... lo siento. ¿Puedes decirme qué sucede? —preguntó con cierto interés.

—Lana... tengo un problema respecto a… tú sabes... con... con... —Lola comenzó a jugar intranquila con sus dedos. Lana sabía a qué se refería cuando mencionó ese problema... o más bien a quien.

—Te refieres a Lincoln, ¿verdad? —preguntó adivinando aquello sin mucho esfuerzo.

—Sí... —respondió agachando la cabeza para que su notoria tristeza no fuera muy visible.

—Bien, ¿qué sucede? —preguntó nuevamente Lana.

—Es que... yo... bueno, pensé en lo que me dijiste antes y… y... —Lola se veía nerviosa, tartamudeaba y eso solo demostraba la inseguridad que tenía para expresarse.

—Oye, tranquila. Puedes confiar en mí y lo sabes. Lamento haberte dicho todas esas cosas antes, no quería que te sintieras mal por eso... solamente quería que te dieras cuenta de todo.

Lana dejó a Lily sentada a un lado suyo, se acercó cuidadosamente al lado de su tan querida hermana y le dio un muy sincero abrazo que demostraba todo el amor que podía darle en ese momento. A Lily no le pareció interesar mucho lo que sucedía junto a ella, pues se veía más concentrada en ver la pantalla del televisor y dar pequeñas risitas por ver a esos muñecos hacerse bromas entre sí.

—Gracias... no te preocupes, estoy bien. Tuviste razón con lo que me dijiste —esbozó una leve sonrisa por el acto.

Darle la razón a alguien, pocas veces lo hacía. Era un buen comienzo.

— ¿Qué necesitas? —preguntó Lana, soltando a su gemela y viéndola a la cara, intrigada por lo que le pediría.

—Necesito que...

— ¡Niñas! ¡El almuerzo está listo! ¡Lana, ve por tu hermana! —interrumpió su padre desde la cocina.

—Qué bien, el almuerzo está listo. ¿Podríamos hablar sobre eso después de almorzar? —propuso Lana.

—Está... está bien —respondió Lola, sintiéndose un poco decepcionada.

Lana cargó a Lily, quien aún se encontraba en el sillón. La bebé se vio molesta por ser apartada del televisor y solo respondió con un "poo poo".

Las dos caminaron rumbo al comedor para ver qué les había cocinado su padre. En la mesa, se encontraban dos platos con un sándwich de queso derretido, junto con un jugo de frutas y un poco de pay de queso del día anterior para cada una. Mientras que a Lily le había preparado su ya cotidiana papilla de calabaza.

—Esto se ve delicioso —exclamó Lana con felicidad.

—Espero que les guste, niñas. Las dejaré comer tranquilas —Lynn Señor comenzó a caminar rumbo a la cocina para iniciar a cocinar la tan prometedora cena que les tenía preparada a su familia para esa tarde.

—Gracias, papá —dijeron ambas gemelas al mismo tiempo.

Lana le ayudó a Lily a comer su papilla, mientras que Lola la miraba enternecida.

Pasados unos minutos, la señora Rita hizo acto de presencia en la habitación, saludando a ambas niñas y tomando el control de la situación. Las hermanas, al ya no tener más que hacer, comenzaron a caminar rumbo a su habitación para charlar acerca del problema de Lola. Lana ya podía darse una idea sobre lo que seguramente le pediría, pero no sabía si en realidad ese era el caso.

Ambas entraron al cuarto y se sentaron en la cama rosa de Lola, se relajaron y se miraron la una a la otra.

—Está bien, Lola. Cuéntame. ¿Qué te sucede?