"Capítulo 9 - Ustedes Son Lo Que Más Amo"

— Lincoln... No sé lo que pasó por mi cabeza en ese momento... yo solo quería defenderte de Lynn y que las demás no pensaran que ella tenía la razón como pasó la última vez.

A su mente, logró llegar el horrible recuerdo de la mala suerte; la vez en que todos en la casa le dieron la razón a una superstición sin fundamentos. Lola no quería que se volviera a repetir, aunque llegaba a sonar extraño que por un simple foco roto todo volviera a ser como lo fue en ese entonces. Maltratos hacía un simple chico que buscaba atención para sí mismo.

— Lamento haberme comportado así ahí arriba.

Aunque no fuera común en ella, se arrepentía de algún modo. Podía romper promesas de todo tipo, incluso las que les hacía a sus propios padres, pero con esta era diferente. Algo la impulsaba a cambiar, ¿Una simple etapa, quizás? Parecía algo mayor. Algo como quitarse esa mal comportamiento de encima y pasar a otra cosa. Muy profundamente en ella, pensó en algo así. Era complicado, pero decidió dejar ese tema a un lado y concentrarse en su hermano mayor. No sabía si el golpe le pudo haber ocasionado algo realmente malo; en ese caso, haría lo que fuera por ayudarlo de cualquier forma posible tal y como él lo llegaba a hacer con sus certámenes o al leer por las tardes y noches.

— Lo... Lo lamento mucho, Linky. Yo no quería que esto terminara así.

Comenzó a acariciar el cabello blanco de su hermano, como si quisiera que eso ayudara en algo.

— Te había prometido que cambiaría mi actitud no solo contigo y rompí esa promesa cuando llamé a Lynn de esa manera... Puedes... ¿Puedes perdonarme? —preguntó, acurrucándose en él y tomándolo con sus dos brazos para darle un fuerte abrazo.

Más que tristeza, era un sentimiento indescriptible por tenerlo a su lado. Le daba calidez, seguridad y protección; cosas que solo un hermano mayor podía brindar. Por más duro que fuera, no quería separarse de él... quería estar siempre a su lado... No abandonarlo jamás.

A unos metros de aquella conmovedora escena, una persona lograba escuchar todo con claridad. Las palabras tan dulces que daba su hermana la hacían ver como una completa tonta. La misma que lo maltrataba ahora lo estaba abrazando en el sofá de la casa, algo que no pasaría en ella. Pensaría que solo fue un golpe y se iría a otro lugar a mirarse por horas en su gran espejo. ¿Acaso lo estaba chantajeando? Tal y como la conocía, eso parecía aún si el tono con el que hablaba era diferente al que usaba normalmente, uno más honesto.

Además de preguntarse el porqué su hermana menor actuaba de ese modo, independientemente de si lo estaba chantajeando o no; se preguntaba desde cuándo había dejado de ser así con Lincoln. La última vez que ambos compartieron un abrazo fue durante un partido de Baseball, y eso había sido hace varios meses atrás, antes de sus supersticiones. Aunque evitara a su hermano a toda costa para no quedar infectada de mala suerte, llegaba a sentir nostalgia cuando recordaba las noches en las que dormían juntos o pasaban horas y horas practicando para sus campeonatos o solo para pasar el rato. Era divertido recordarlo en cierto modo. Si Lola actuaba así, ¿Qué le impedía hacer lo mismo? Lo cínico que sería de su parte al acercarse a él luego de golpearlo con un bate y haberlo llamado saco de mala suerte por tantos meses, probablemente eso era.

Con algo de pena, se levantó de su asiento y se acercó al sofá en el que su hermana menor y su hermano todavía inmóvil compartían su enternecedor momento.

Antes de siquiera poder salir de la entrada del comedor, una monótona pero familiar voz intervino; haciendo que la chica detuviera su andar.

— Vaya... Eso es reconfortante... —dijo la misteriosa voz desde el pie de la escaleras.

Lola, al escuchar aquella voz, se despegó de Lincoln con lentitud y se levantó con sus rodillas apoyadas en el sillón para ver detrás de este de quién podría tratarse.

Al dirigir sus miradas, tanto Lynn como Lola se sorprendieron al ver qué se trataba de su hermana menor, Lisa, quien llevaba en su mano derecha una jeringa con un extraño suero dentro; pareciera que estaba a punto de aplicársela a alguien, no había que pensar mucho para quien iba dirigida. Lori estaba a su lado, transmitiendo un rostro de preocupación.

— Eh... Lisa, ¿Por qué llevas esa jeringa en tu mano? —preguntó Lynn, algo anonadada al ver a su hermana con tal objeto.

— Unidad fraternal número cinco, sencillamente es para despertar a nuestro hermano de su profundo sueño —respondió.

— Pero... ¿Por qué la aguja es tan grande? —preguntó Lynn una vez más, incrédula al ver la gran aguja que poseía la jeringa. Con sólo ver su tamaño, uno podía estimar que tenía una medida aproximada de unos diez o doce centímetros.

— Pues... veras, es uno de mis tantos experimentos para uso médico; este tiene la capacidad de despertar a un individuo inconsciente y sanar ciertas heridas físicas. Este modelo en específico es para inyecciones, el original es una simple píldora, pero sé que eso no es de tu interés, así que me limitaré a dar otros detalles.

— Entiendo...

Al menos ya no tenía la preocupación porque algo malo le fuera a pasar a Lincoln a causa del golpe que le dio. El hecho de que Lisa podría sanar a su hermano no quitaba la culpa que llegaba a sentir; aunque llegara a costarle, debía disculparse con él por el golpe y mucho más.

— Prosiguiendo con mi comité... es necesario que alguna de ustedes traiga a las demás. Lo siguiente que estoy por anunciar es algo que nos incumbe a todas —dijo Lisa, recorriendo con la mirada toda la sala para ver quién se dignaba a realizar su petición.

No obtuvo una respuesta inmediata. Lisa hizo una mueca como respuesta.

— Bien, iré por e...

— Yo las traeré —dijo Lynn, interrumpiendo a Lisa.

Las tres hermanas presentes en la habitación quedaron algo sorprendidas tras la declaración de Lynn. Si bien, fue ella la causante de todo ese lío, era evidente que intentaría solucionar todo con ellas y en especial con su hermano menor. No iba a ser tarea fácil..

Lynn volteó a ver a Lori, buscando un permiso en ella que le permitiera subir. Lori asintió con la cabeza, teniendo cierta duda sobre la respuesta no tan agradable que muy posiblemente recibiría de sus hermanas menores.

Lynn comenzó a subir las escaleras con algo de pena. A medio camino, se topó con una de sus hermanas, la que más enojada estaría con ella seguramente. Mientras que Lynn ascendía, Luna descendía. Esta última ya portaba su ropa de todos los días; botas moradas que le llegaban a las rodillas, una falda con dos cinturones colgándole, sus típicas pulseras, collar, y su característica camiseta con un logotipo de calvera. Un inevitable cruce de miradas se hizo presente. Luna simplemente la vio con molestia y apartó la mirada rápidamente. Lynn no pudo evitar sentirse mal por el comportamiento que mostraba Luna hacia ella, pero era entendible que se expresara así, ella misma se lo había buscado después de todo. No podía hacer algo para que Luna o sus demás hermanas no la odiaran, pero si podía arreglar las cosas aunque no tuviera un resultado del todo efectivo, lo intentaría; no en ese momento, pero tenía que hacerlo.

Al ya estar en la planta superior, caminó al cuarto de Luan y Luna, donde muy seguramente estarían todas sus hermanas diciendo lo mala hermana que era y lo tanto que desearían no verla nunca más; sonaba algo que sus hermanas nunca dirían, pero así lo pensaba. Al avanzar, pronto escuchó algunas voces provenientes de su habitación, muy posiblemente sus hermanas. Con temor, se acercó a la puerta para investigar acerca de lo que sucedía. Con la curiosidad, colocó su oreja sobre la puerta para oír con claridad lo que pasaba ahí dentro.

Luan, Leni, Lana y Lucy estaban tranquilamente hablando en un círculo formado por ellas mismas.

— Pobre Linc, él no se merecía que le pasará algo como eso —dijo Lana.

— Suspiro... Tienes razón, pero si no hubiese sido por Lincoln, Lola hubiera recibido el golpe y eso conllevaría algo mucho peor —expresó Lucy.

— Linky es todo un héroe. Debo hacerle una capa por su heróica hazaña en cuanto despierte —dijo Leni.

Luan parecía desanimada. Su hermana seguía creyendo en la mala suerte, le sonaba patético pero no era nada del otro mundo viniendo de Lynn. Considerando el daño que sufrió en ese tiempo, ella tenía la misma culpa que Lynn al haber seguido esa creencia, pero al menos ella si lo había superado y había aprendido de sus errores, muy a diferencia de su hermana deportista.

— Esto es increíble. Han pasado dos meses y no puede ser posible que siga comportándose igual que cuando todo ocurrió. Nada de esto estaría pasando si Lynn no hubiese dicho nada respecto a la mala suerte —dijo Luan, molesta y deprimida al mismo tiempo.

Al escuchar aquél comentario, Lynn no pudo evitar sentirse miserable, pero sabía que era verdad y lo tenía merecido. Poco a poco iba dándose cuenta de las cosas, todo era más claro ahora que se daba cuenta de las consecuencias que provocó. Con los ánimos decaídos, siguió en la entrada de la puerta para seguir escuchando.

— También es nuestra culpa por haberle creído —dijo Lana, viendo hacía el piso para ocultar su notable tristeza.

— Si... no debimos haberle creído nunca—dijo Luan, cabizbaja y un triste tono.

El sonido de ligeros golpes en la puerta se hicieron presentes. "Toc toc" era lo que se escuchaba. Todas se miraron las unas a las otras, preguntándose quién podría ser. Lucy se levantó y decidió atender al llamado de la puerta. La abrió y se encontró con su compañera de habitación. Su flequillo le impidió enseñar el odio profundo que le tenía en ese momento. Caso contrario, Lynn se veía decaída.

— Oh... solo eres tú, ¿Qué? ¿Quieres algún otro bate para golpear de nuevo a Lincoln? —preguntó Lucy con notorio enojo.

Lucy esperó a que reaccionara de mala manera, pero no ocurrió.

— Solo... solo vine para decirles que Lisa quiere que bajen. Tiene algo que decirnos a todas.

Lynn, tranquilamente, bajó las escaleras, sin esperar a que su hermana dijera algo al respecto. Lucy solo miraba con su rostro normalmente inexpresivo a Lynn bajar. Claramente no tenía ánimos para aguantar sus insultos. Para una chica tan orgullosa que todo se lo tomaba enserio, era sumamente extraño.

Las tres que estaban detrás de Lucy se volvieron a ver mutuamente. Que Lisa las llamara a todas no era del todo común. Únicamente las llamaba para convencerlas de ser sujetos de prueba o para enseñarles uno de sus muy novedosos inventos. Por la situación en la que estaban, podían darse una pequeña idea sobre lo que tratarían esta vez.

Sin darle más vueltas al asunto, las 3 se levantaron y abandonaron la habitación junto con Lucy. Al bajar las escaleras, se dieron cuenta del panorama que estaba presente en la sala, uno con un ambiente que emanaba tristeza en todo sentido.

El estado tan deplorable en el que estaba Lincoln las hacía sentir igual de desanimadas. Estaba acostado en el sofá más largo de la sala, su cabeza estaba recostada entre las piernas de su pequeña hermana princesa, quien acariciaba suavemente el cabello blanco de su hermano. Las demás no eran muy diferentes, Lisa estaba sentada en el sillón derecho para una sola persona y Lynn al que estaba al lado de la TV. Luna estaba contra la pared con los brazos cruzados y Lori del mismo modo pero contra la puerta principal.

Al ya estar todas en la sala, Lisa se levantó con prisa de su asiento y se puso frente al televisor

— ¡Espera! —llamó Lana— ¿No creen que sería mejor idea hablar en el comedor? Es solo que... Me incomoda un poco ver a Lincoln de ese modo —propuso Lana.

No era la única que se sentía así, su hermano estaba totalmente inmóvil, casi parecía... No, era demasiado exagerado pensar en algo como eso.

Ante la sugerencia, todas asintieron con la cabeza. Lola dejó reposar la cabeza de su hermano tranquilamente en el sillón, mientras seguía a todas al comedor. Una a una tomaron asiento hasta ocupar gran parte de las sillas. El lugar no importaba, lo indicado era empezar con esa dura plática que comenzaría. Lisa miró a todas las presentes, era momento de comenzar.

Se aclaró la garganta y acomodó ligeramente sus gafas.

— Ejem... Bien, hermanas mayores. Las he citado esta mañana para hablar de un tema que odiamos y que ya esstaba cerrado por completo, pero dadas las circunstancias y a causa de cierto acontecimiento no tuve más opción mas que reabrirlo una vez más —esperó algunos segundos, suspiró y procedió hablando—. Como ya saben, durante los sucesos de la supuesta mala suerte de Lincoln, todas nosotras lo hicimos sufrir física y mentalmente; desde insultarlo, golpearlo con diferentes objetos y hasta el punto de dejarlo dormir con ese dichoso traje puesto en la casa de Charles.

El simple hecho de recordarlo las hacía sentir con gran culpa. Pensar en lo complicado que fue llevar esa situación para Lincoln y que su propia familia había sido la responsable; ese pensamiento les llenaba el alma con un terrible dolor y odio hacia ellas mismas. Todas estaban en completo silencio, ninguna decía algo y sus miradas parecían ver hacia la nada.

— Ejem... Aunque sea complicado, debemos afrontar esa realidad... Nosotras y nuestras unidades paterna y materna somos los responsables del estado en el que se encuentra nuestro hermano... Prosiguiendo con lo que decía —dijo, mientras observaba con detenimiento la jeringa que llevaba en su mano—. Todo lo que respecta al daño físico logró ser tratado por mí, fue muy simple, con sólo algunos medicamentos logré sanarlo.

Todas escuchaban atentamente. Pensaban acerca de lo que podrían haber hecho para que aquél acontecimiento nunca hubiese sucedido, quizás no haberle creído a su hermana en primer lugar. Había sido demasiado tarde para darse cuenta de lo que estaban causando; no le podían echar toda la culpa a Lynn y eran conscientes de ello. Lamentablemente y aunque lo desearan con todas sus fuerzas, no pueden alterar el pasado para que nada de eso hubiera ocurrido, vivirían con la culpa todo el tiempo; si no podían hacer eso, al menos intentarían mejorar el futuro, el futuro de su hermano. Lisa notó lo decaída que estaban sus hermanas, era normal que de sintieran así; decidió proseguir con su plática.

— Sin embargo, ese evento tan traumático que nuestro hermano tuvo que lidiar dejó en él varios daños psicológicos, los cuales aún estoy tratando con él —dijo, mientras contemplaba su rostro reflejado en el líquido contenido en el tubo de la jeringa—. Estos son curables y no muy complicados de controlar... lo acontecido esta mañana es algo que no fue favorable para él y su estado actual... Lynn —llamó Lisa.

La mirada perdida de Lynn se alzó levemente a su hermana menor, pero sin mirarla directamente. No tenía las agallas para verla a los ojos, eso conllevaría a recibir la mirada fría de Lisa que le diría lo culpable que era, solo empeoraría las cosas.

— Ya te lo había dicho y solo pienso decirlo una vez más... si sigues así, puedes llegar a generarle distintos tipos de trastornos mentales a Lincoln; temor a cualquier cosa relacionada con su trauma, pánico, taquicardia, sensación de ahogamiento, depresión e incluso...

A la pequeña genio le costó siquiera mencionarlo, el solo pensarlo la llenaba de escalofríos y una extraña sensación. A duras penas, dijo:

— Puede causarle la muerte, debido a algún infarto o síndrome que le pueda llegar a suceder.

Lisa veía al piso con algo de tristeza; no acostumbraba a expresarse así, pero era muy duro pensar en que ese desenlace tan trágico llegara a pasar.

Pensar que su hermano pudiera morir les daba un dolor muy fuerte en le pecho. Más aún al saber que si eso llegara a pasar ellas serían las culpables, las culpables de la muerte de su hermano. Eso traería demasiadas cosas y un cambio sin igual a la casa Loud, sería un cambio incomparable. Perderían la vida de Lincoln por un error de ellas mismas, perderían a su único hermano, perderían tantas experiencias que les faltaban por vivir. Perderían a su Lincoln. Por nada del mundo dejarían que eso pasara, no se imaginaban cómo sería su vida sin su querido hermano junto a ellas; el sentimiento era desgarrador.

Muchos sentimientos invadieron sus espíritus; sufrimiento, tristeza, angustia, pánico, y sobre todo... dolor. Una horrible combinación. No sé sentían listas para la partida tan temprana de su hermano. Lo cierto era que eso no había ocurrido y muy posiblemente no ocurriría, siempre y cuando hicieran lo posible por impedirlo. Tal vez no sucediera en este presente, pero tal vez si en algún otro.

— Lisa, ¿Hay algo que podemos hacer para... Para que eso no ocurra? —preguntó Lynn, ganándose las miradas jusgadoras de algunas de sus hermanas.

Lisa vio directamente a Lynn, con seriedad, dijo:

— Primero que nada, no hay que hacer referencia a algo que lo haga recordar ese acontecimiento. Segundo, no hay que estresarlo, eso implica no pedirle favores tan excesivamente. Por último, debemos tomarlo como un miembro más de la familia, tomarlo como el ser humano que es y sobre todo como nuestro hermano.

Eso último no era difícil de hacer, ya lo hacían; claro, con sus excepciones como Lynn y Lola. Siempre intentaban ser lo más cariñosas con él incluso antes de que la mala suerte comenzara; eso solo consiguió que empezaran a ser más sobreprotectoras con él. A Lincoln no le molestaba que fueran así, de hecho, amaba esa manera tan fraternal en la que se comportaban; aún así, sabía que lo hacían por una razón, quizá para redimirse y quitarse la idea sobre que algún día lo trataron como basura. O tal vez solo para compensarlo de algún modo. A fin de cuentas, todo tenía que ver con la mala suerte.

Querían hablar, pero las palabras sencillamente no salían, absolutamente nada se escuchaba, únicamente las respiraciones de algunas y el sonido de las narices de otras cuantas haciendo un esfuerzo para que sus mocos no se escurrieran por encima de sus bocas.

— No sé cómo Lincoln pudo perdonarnos —dijo Luan, rompiendo con el silencio que había. La tristeza con la que se expresó fue percibida por todas. La miraron con atención.

Luan comenzó a soltar algunas lágrimas, bajaban lentamente por todo su rostro mientras sus pequeños sollozos se oían por toda la silenciosa habitación.

Golpes, los golpes la hacían recordar algo, para nada agradable para ser honestos. Recordó la ocasión en la que uno de sus actos de mimo en el parque de la ciudad terminó en un completo desastre. Toda la multitud de niños la abuchearon sin sentir remordimiento alguno, incluso le llegaron a lanzar unos cuantos tomates por el disgusto que su acto les provocó. Luan no era la mejor contando chistes, pero si la mejor alegrando la vida de cualquiera; estaría ahí cuando alguno de sus hermanos o sus conocidos se sintieran deprimidos. ¿Acaso había hecho algo mal? Su día no fue muy feliz después de eso, solo llegaban más desgracias. Quería desahogarse con algo o alguien. ¿Quién mejor que la ardilla de la mala suerte? Seguramente él había sido el culpable de que su acto terminara fracasando, pensó. Al llegar a casa, tomó uno de sus mazos de croquet, buscó a esa dichosa ardilla y la golpeó tantas veces como pudo, casi como si fuera él quien le lanzaba los tomates. ¿Quince? ¿Veinte veces quizá? Tal vez más. Un duro recuerdo que no podía ser borrado y no lo haría en un largo tiempo.

— Todo lo que nuestro hermano tuvo que sufrir... —dijo Luna, limpiándose unas pocas lágrimas que lograron salirle.

Un día terrible era lo que pasaba por la mente de la guitarrista. No fue un día muy agradable. Acostumbraba a no tener buenas rachas con el público, muchas veces eran difíciles y lo reconocía. La cafetería estaba llena de fanáticos de la buena música a pesar de ser un lugar silencioso en la mayoría de veces que era concurrido. En esa importante ocasión, un concurso se llevaría a cabo; las mejores bandas de la ciudad tocarían y el mejor tendría la recompensa de unos cuantos miles de dólares y la oportunidad de ser representado por una disquera profesional. Luna practicó por varias semanas, casi un mes y 7 horas al día; tendría a su banda tocando junto a ella y a su confiable amiga, Sam. ¿Qué podía salir mal? Todo, de hecho. El vocalista y el baterista se enfermaron esa semana y Chunk había sido detenido por un supuesto "robo de rosquillas" en la estación de servicio de Flip. Sin mencionar que su uña de la suerte había desaparecido y por algún extraño motivo su guitarra se había desafinado justo antes de que ella tocara, algún envidioso posiblemente lo pudo haber hecho. Cómo era de esperarse, el show terminó siendo un total fracaso; la abuchearon a ella y a su única acompañante. Luna volvió a su hogar totalmente destrozada, por suerte ningún miembro de su familia asistió para verla fracasar. La única explicación lógica que encontró fue que la culpable había sido la ardilla de la mala suerte. Con todo su enojo, tomó la guitarra acústica con la que tocó y buscó a la ardilla hasta encontrarla; la golpeó hasta que la guitarra se partió en dos, y terminó diciendo: ¡Eres lo peor que le ha pasado a esta familia! ¡Ojalá te hubieran echado cuando tenían la oportunidad!.

Si pensar en esos malos recuerdos era difícil, ¿Cómo lo eran para Lincoln? Saber que tu propia familia te había hecho un daño tan grande que dejó marcas casi imborrables y aún así perdonar como si nada hubiera pasado. Lincoln amaba mucho a su familia, podía llegar a odiar a algún compañero o amigo por un tiempo, pero nunca a su familia. Las personas llegan a tener fortalezas y debilidades; Lincoln era un chico fuerte y todos sabían reconocerlo, tenía demasiadas fortalezas y casi ninguna debilidad, solo tenía una. Su familia.

— ¿Cómo pudimos ser tan crueles con él?... —preguntó Lucy, poniéndose ambas manos cubriendo sus ojos.

— No puedo creer que después de todo lo que le hicimos... él nos perdonó —dijo Lori, limpiándose las insesantes lágrimas que salían de sus ojos— ¿Cómo fue que pasamos de protegerlo y amarlo a golpearlo y herirlo? ¿Pueden decirme cómo fue que pasamos a eso?

Ninguna dijo nada, la mayoría lloraba en silencio y dejaban sus pensamientos para sí mismas.

— Yo... No lo sé, Lori... Lo lastimé mucho... yo... yo... —las lágrimas comenzaron a salir en el rostro de Leni, su voz entrecortada y quebradiza era devastadora.

— Leni, Leni. Por favor, no llores más —Lori tomó su cabeza y la puso en su regazo, mientras acariciaba su cabello lentamente—. Escúchame. A Linky no le importa lo que hayas hecho... Shhh... tranquila, Leni. Cuando despierte ya verás que te dirá lo mucho que te quiere. Tranquila, ya pasó... ya pasó...

Todas vieron la escena, como si se tratara de una niña pequeña siendo consolada por su madre.

— ¿Recuerdas cuando Linky era un pequeño bebé? —preguntó Lori.

— Yo... Lo recuerdo —se levantó del pecho de Lori, dejó una gran mancha de lágrimas en la camiseta blanca de su hermana, pero a Lori no parecía importarle—. Re-recuerdo cuando le daba abrazos y lo cargaba todo el tiempo.

— Intentábamos que se sintiera lo mejor posible mientras no estaban papá y mamá, le dábamos de comer, le dábamos muchos baños y las tantas veces que jugabamos juntos, ¿Lo recuerdas, Leni? —preguntó Luna, intentando que su hermana se sintiera un poco mejor.

— Lo recuerdo, Luna... ese era mi Linky... mi lindo bebé —dijo Leni, soltando una lágrima al decir esto último.

— ¿Recuerdan cuando Lucy nació? Estaba todo el tiempo junto a ella y no quería despegarse de él ni un solo momento —dijo Luna.

— Sí —Lori se limpió un poco la nariz—. Literalmente iba a donde ella fuera, por más que le insistieramos que la dejara dormir, él solo la despertaba para que jugaran juntos.

— Eso mismo pasaba con Lynn, ¿recuerdan? —preguntó Leni, sintiéndose un poco mejor.

— Es verdad, los dos eran inseparables.

Aunque Lynn no lo dijera abiertamente, quería demasiado a su hermano, pasaba tanto tiempo junto a él incluso a años posteriores. Eran casi inseparables, hasta que llegó el día de la superstición.

— O cuando se enteró que vendrían Lola y Lana. Se emocionó tanto al saber que tendría dos hermanitas más que pasaba todo el tiempo junto a mamá durante el embarazo —comentó Luna.

— Sí, todo ese tiempo no la dejó ni un solo segundo en paz —añadió Leni.

— ¿En-en serio hizo eso? —preguntaron ambas gemelas con alegría.

—Sí. Tanta fue su emoción que en el hospital logró esquivar a todos los guardias de seguridad para entrar a la habitación de mamá y verlas a ambas —respondió Leni.

Todas rieron al momento en que Leni terminó de hablar. Parecían alegrarse un poco luego de lo duro que fue recordar los malos momentos que pasaron.

Pasaron varios minutos en los que todas compartieron los bellos momentos que habían pasado junto a Lincoln.

— Lincoln es un gran hermano, nos ha quedado claro luego de todo lo que ha hecho por nosotras, ¿No es así? —preguntó Lori, viendo a todas sus hermanas.

— Si, Lori. Lincoln no ha hecho más que apoyarnos a todas nosotras incluso en los momentos más difíciles —dijo Luan.

— Lo único que podemos hacer es apoyarlo, debemos hacer lo posible porque así sea —dijo Lisa, esbozando una pequeña sonrisa.

— Chicas... —llamó Lola—. Yo... Debo decirles una cosa.

— ¿Qué sucede, hermanita? Quieres que te contemos otra vez la historia de cómo tú y Linky pasaron un día entero jugando en el parque? —preguntó Leni.

— N-no, Leni. Es algo muy importante y quiero que ustedes sean las primeras en saberlo.

Todas la miraron con curiosidad, no dijeron nada para evitar interrumpirla.

— Verán, últimamente me he dado cuenta de muchas cosas y lo duro que es pasar tiempo conmigo, sobretodo cuando las fuerzo a hacerlo. Ya no quiero seguir más con eso sabiendo que le hago daño a todas ustedes y en especial a... Lincoln.

— Espera, ¿A qué te refieres, Lola? —preguntó Lana.

— Yo... he decidido cambiar mi actitud.

Antes de que alguna le hiciera una pregunta, algunos quejidos provenientes llamaron la atención de las 9 chicas.

— Cielos... mi cabeza me está matando... ¿Qué rayos fue lo que pasó? —preguntó Lincoln tocándose la cabeza con su mano derecha.

Lo último que recordaba era a Lynn acercarse a él con un bate de baseball, Todo lo demás era borroso, no recordaba muy bien lo que siguió después de eso. Ahora estaba acostado en el sillón con un fuerte dolor de cabeza, no tenía sentido.

— Rayos... me siento realmente... Creo que me tomaré un buen descanso luego de preguntarle a la chicas... ¡Cierto! Las chicas deben estar preocupadas, debo decirles esto antes de que se alarme...

Se detuvo al desviar su mirada a su derecha y ver a nueve chicas viéndolo con grandes sonrisas.

— Oh, hola, chicas. ¿Alguna puede decirme que fue lo que me pasó?.

— ¡LINCOLN! —dijeron todas al mismo tiempo, mientras se abalanzaban hacia él y le daban un gran y cálido abrazo entre todas.

— Estábamos tan preocupadas por ti —dijo Lana, juntando su mejilla contra el pecho de su hermano.

— No nos vuelvas a dar un susto como ese —dijo Leni, mientras le daba un dulce beso en la frente.

— Eres el mejor hermano que hemos podido tener —añadió Luan, abrazándolo lo más fuerte que podía en ese momento.

No era para nada común que sus hermanas le dieran una muestra de afecto de esa manera. Tenía preguntas por hacerles, pero el cariño que le daban, por alguna razón lo hacía sentir feliz.

— Chicas, chicas. Tranquilas... ja, ja. No me dejan respirar —dijo Lincoln.

— Vamos, Lincoln. Déjanos abrazarte un poco más.

— Chicas, dejémoslo tranquilo un momento —comentó Lori.

Todas lo soltaron, Lincoln se sentía con una gran alegría en su interior. Puede que hayan demostrado más de una vez sus muestras de amor, pero nunca antes lo habían hecho con tanta felicidad, con un sentimiento que ni él mismo podía explicar, era muy diferente y, de algún modo, se sentía agradable.

Lincoln vio como todas se alejaban y se ponían frente a él, lo veían con una sonrisa, algunas de sus hermanas comenzaron a llorar. Al ver las lágrimas salirles, él tampoco pudo evitar que le pasara lo mismo. Ese sentimiento de ser amado era incomparable, ese momento tan alegre que sentía... No quería que terminara jamás.

Como pudimos ser tan ciegas...

Eres un gran ser humano...

No merecemos tener un hermano como tú...

Esos y muchos pensamientos más pasaban por las mente de las hermanas Loud. Todas se sentían tan contentas de tener a Lincoln frente a ellas una vez más. Las cosas serían diferentes desde ese día. Lo único que podían expresar en ese momento era una simple frase que, aunque fuese corta, tenía un gran valor sentimental.

— Te queremos, Lincoln —dijeron todas al mismo tiempo.

Al escuchar esa frase, Lincoln sin poder evitarlo, se levantó del sillón de un brinco y corrió rápidamente hacía sus hermanas para brindarles otro gran abrazo.

— Las quiero... Las quiero mucho...

Lincoln solo mantenía sus ojos cerrados, a la vez que algunas lágrimas de felicidad brotaban de sus ojos.

— Ustedes son lo que más amo...

Esas palabras hicieron que todas rompieran en llanto y abrazaran con más fuerza a su único hermano. El amor tan grande que se sentían, era una sensación que no podría ser dicha con simples palabras.

Era cierto... Lincoln tiene un gran corazón, él no era como cualquier otro chico. Él es Lincoln Loud; alguien que sin importar los duros golpes que reciba, siempre dirá perdón sin importar qué.

Tras varios segundos de aquél abrazo, todas las hermanas Loud se separaron de su hermano.

Lincoln no podía estar más feliz en ese momento, se sentía como la persona más feliz del mundo. Sin embargo, una peculiar voz llamó su atención en ese momento de felicidad.

— ¿Linky? —preguntó una muy suave y dulce voz entre la multitud.

Era Lola, quien tenía algunas lágrimas saliendo de sus ojos.

Lincoln había olvidado por completo a Lola. Ahora recordaba todo al ver a su linda hermanita. Miraba con alegría y algunas lágrimas a aquella pequeña que logró salvar de un terrible golpe.

— ¡¿Lo-Lola?! —preguntó con una voz entrecortada.

— Tú... Eres un tonto, Linky.

Lola fue corriendo hacia el sillón en donde se estaba Lincoln, se lanzó hacía él y lo envolvió en un gran y fuerte abrazo.

— Tú... eres mi héroe...

— Será mejor dejarlos solos —dijo Lori, mirando con algunas lágrimas la dulce escena.

Sin decir una sola palabra en contra de la propuesta de Lori, casi todas las hermanas fueron con una sonrisa en sus rostros hacia la segunda planta de la casa Loud. Algunas fueron a hacer la tan conocida fila para usar el baño y otras a sus respectivas habitaciones.

Hablaré contigo después, Lincoln.

Pensó Lynn al ver la conmovedora escena entre Lincoln y Lola, mientras se limpiaba las lágrimas. Decidió acompañar a sus hermanas.

Sin embargo, Lisa fue la única que se quedó frente a sus dos hermanos.

— ¿Lisa? ¿Vas a venir? —preguntó Lori al ver que su hermana no iba con el resto.

— Después iré, hermana mayor. Debo hablar seriamente con mis dos unidades fraternales y... también debo limpiarme estas lágrimas.

— Bien.

Lori decidió dejarla y subió a la segunda planta de la casa Loud.

Todas estaban tan felices, pero... ¿Cuánto duraría esa felicidad? Eso no les importaba, lo que importaba era que Lincoln estaba bien y que el suceso de la mala suerte quedaría en el olvido. Todo cambiaría a partir de ese momento, serían una familia más unida. Serían una nueva familia Loud.