"Capítulo 10 - Un Suceso Inesperado"
El suceso de la mala suerte trajo consigo muchas desgracias para la familia; en especial para el pobre chico que la sufrió. Fue algo que marcó un antes y un después, lo mejor era que todo eso pasaría al completo olvido y por fin esa angustia al recordarlo se desvanecería tan pronto como llegara. Lynn, sin embargo, era más consciente de lo que había provocado; y por ende, sabía que conseguir un perdón de su hermano menor que fuera lo suficientemente sincero para que volvieran a ser como antes no sería tan sencillo de conseguir aún si se trataba de Lincoln.
Ninguna de sus hermanas la culpaban por el golpe que le propinó a su hermano, probablemente solo estarían pensándolo sin intenciones de decírselo a la cara. Sus hermanas no le tenían miedo como si les daba a sus compañeros de fútbol o basketball, por lo que si quisieran decirle algo lo harían sin inmutarse. Ahora se sentía tán frágil como una hoja de árbol en medio de una fuerte tormenta; sentía que cualquier cosa que le pudieran decir referente a la mala suerte o a Lincoln la harían sufrir como un fuerte golpe en el rostro.
Algunas de las hermanas Loud estaban formadas frente a la puerta del baño para esperar su turno de entrar, iba a ser muy tardado si Lori era quien había entrado primero, como terminó siendo el caso. Gran parte de las chicas esbozaba una leve sonrisa mientras esperaban pacientemente. El gran abrazo entre los 10 hermanos consiguió que las cosas terminaran siendo mucho mejores que antes y logró aliviar el pesado ambiente que había al rededor. Sencillamente, les alegraba que su hermano no les guardara rencores y las amara sin importar absolutamente nada, era agradable.
— Lynn, ¿por qué de la nada culpaste a Lincoln? —preguntó Luna, estando a espaldas de su hermana menor, llamando su atención.
Ya no se sentía con el mismo odio que antes hacía Lynn, el abrazo grupal la calmó un poco, pero no por eso su odio se había quitado por completo.
Lynn regresó su mirada al frente sin decir algo al respecto. De todas formas tampoco tenía una respuesta certera a su pregunta.
— Déjala tranquila, Luna. Estoy segura que nuestra hermanita no lo hizo a propósito —dijo Leni en defensa de Lynn—. Seguro sólo tuvo una mala noche.
Leni colocó sus manos sobre los hombros de Lynn. Luna prefirió no decir algo que pudiera herir los sentimientos de su hermana mayor, era muy sensible y no la haría llorar por algo tan banal como saber la razón del comportamiento tan brusco de aquella "mala perdedora" como la llamaba rigurosas veces.
De pronto, la puerta que estaba a su derecha se abrió, mostrando a su querida hermana comediante con un rostro un tanto preocupado, captando la atención de todas.
— ¿Qué sucede, Luan? —preguntó Leni.
A Luan nunca le gustó ser la clase de persona que contaba todo lo que veía; era empática con las personas cuando le convenía, pero tener que contar el secreto de alguien estaba fuera de sus límites, más si había sido un secreto que descubrió por su propia cuenta. Si no hacía algo, podía pasar algo realmente malo si sus suposiciones estaban en lo correcto.
— Chicas, necesito que vengan a mi habitación, es necesario que vean esto —dijo ella, señalando al interior de su habitación.
Sabían que se refería a las cámaras de seguridad que tenía instaladas. Todas le habían pedido que las quitase por violar su privacidad; aunque la privacidad era algo que no se respetaba en la casa Loud. Sin otra alternativa, Luan quitó las cámaras que había colocado en ciertos puntos de la casa. Sin embargo, el señor Lynn le dio la oportunidad de conservar unas cuantas en lugares específicos y as8 tener una mayor seguridad en la casa. Para ella, la diversión podía suceder en cualquier momento, otro motivo por el cuál decidió dejarlas. No iba a desaprovechar la oportunidad de conseguir material jugoso para su página de internet. Todas sabían de la existencia de las cámaras, pero Luna era la única que sabía que las seguía usando para grabarlos en sus momentos más divertidos; para Luna era algo inofensivo, motivo por el que no la delató con su familia.
Todas la miraron confundidas, algunas se rascaron la cabeza mientras pensaban que podía ser tan importante.
— Luan, ahora no es momento para uno de tus chistes que contaste dormida —respondió Lucy con su tono serio tan característico.
— No, Lucy. No es nada respecto a mis chistes, se trata de otra cosa, es... mejor entren y véanlo ustedes mismas... ella puede llegar en cualquier momento —dijo, dando un vistazo rápido a las escaleras.
Todas decidieron ceder. A veces la curiosidad era mucho más fuerte que cualquier otra cosa, como este era el caso.
Luan tomó su laptop, mientras abría y cerraba carpetas con diferentes archivos y distintos nombres. "Lincoln besando a Edwin" "Los gases de Lori" "Caídas graciosas". Esos solo eran unos cuantos, habían cerca de 30 carpetas diferentes y mucho material en cada una de ellas.
— No, este no es, ¿En dónde lo pude haber dejado? —dijo.
— Espera un segundo, ¿Estás grabándonos otra vez para subirnos a tu tonta página de bromas? —preguntó Lucy, un tanto molesta por la apresurada conclusión a la que llegó.
— Sabes perfectamente que removí gran parte y solo dejé unas pocas por pura seguridad, recuerda que papá fue el que me lo pidió. Además, ya no puedo grabarlos desde que el público se indingó por las bromas tan violentas que les hacía, ahora solo me dedico a publicar chistes y blogs de humor.
— Si me llegó a enterar que has estado subiéndome besando el rostro de Edwin, yo misma me encargaré de lanzarte una maldición para que no vuelvas a hablar en toda tu sagrada existencia.
Lucy era muy directa y sombría a la hora de hablar, era una de sus tantas cualidades. Su apariencia solo aumentaba el miedo que le llegaba a dar a todo el mundo. Lucy amaba ser así.
— Oye, tranquila. Ya te dije que dejé de hacerlo. Solo estoy buscando la grabación de anoche.
No podía dejar de darle contenido a su tan querido público, exigían violencia y momentos vergonzosos. No dejaría de hacerlo hasta que ya no pidieran más, cosa que no ocurría y seguramente no pararía en buen tiempo. Técnicamente todos le daban permiso de subirlos, tendría que explicárselos en algún momento, pero por ahora era más importante aclarar cierto suceso y la veracidad de este.
— ¡No me digas que un ladrón está intentando entrar a la casa!... Oh, espera, ese fue papá. ¿Papá está intentando ser un ladrón otra vez? —preguntó Leni.
— ¡Aquí está! —exclamó Luan con entusiasmo.
Giró la pantalla de su computador para que todas pudieran ver el vídeo.
— ¿Todas están aquí? —preguntó la comediante, rodeando el escenario con la vista.
— Faltan Lori, Lisa, Lincoln, Lana y Lola —dijo Luna.
— De acuerdo, recuerden contarle esto a Lori, Lana y a Lisa. Pero nada a Lola o a Lincoln, no por ahora, ¿Esta bien?.
— No lo entiendo. ¿Qué es lo que nos quieres mostrar? —preguntó Lucy.
— Esto —hizo click en la pequeña burbuja azúl para reproducir el vídeo que estaba en la pantalla, comenzando con la grabación.
Mientras tanto, en la planta baja de la casa Loud...
— ¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —preguntó Lincoln, viéndola a los ojos.
Lola estaba sentada en su pierna mientras era sostenida desde su espalda por los brazos de su hermano, se sentía bastante acogedor .
— Estoy bien, todo gracias a ti —respondió, viéndose agradecida.
— No habría sido correcto que esta linda princesa recibiera un golpe con su caballero al lado, eso no sería digno.
Lola se sintió extrañamente halagada por esas palabras tan dulces que le daba. No le incomodaba o mucho menos la avergonzaba, realmente le agradaba que le dijera esa clase de cumplidos. Lincoln no disimulaba muy bien para intentar ocultar el dolor que sentía y ella lo notó. Lola pronto recordó quién terminó siendo el verdadero afectado por la furia de su hermana y no tardó en preguntar.
— Ahora yo te pregunto: ¿Te duele mucho la cabeza? ¿necesitas que te llevemos al hospital? Si quieres puedo llamar ahora mismo —dijo Lola, sonando preocupada.
Lo que menos necesitaba Lincoln era que una ambulancia llegara a la casa y llamara la atención de todos los vecinos, tampoco necesitaba que sus padres regresaran de los asuntos que seguramente serían importantes y que su hermana terminara siendo castigada. Con una sonrisa, respondió:
— No es necesario, Lola. Solo necesito descansar, eso es todo.
Sentía que su cabeza estaba a punto de estallar, era horrible y agonizaba internamente. Mentirle a su querida hermana era lo mejor que podía hacer para no preocuparla de más o a sus demás hermanas, aunque no estaba tan seguro si Lola le creería, sabía del gran ingenio que poseía, aunque al mentía con mala intención de cualquier modo.
— Ejem... Ejem...
Una muy singular persona fingió toser para poder llamar la atención de Lincoln y Lola, cosa que funcionó. Los dos miraron con incredulidad hacía las escaleras, encontrándose con su hermana genio con toda su monotonía en su máximo esplendor cómo era costumbre.
— Hermanos, me disculpo por mi manera tan impertinente de interrumpir este momento tan especial entre ambos, pero si nos les importa, necesito en este mismo instante hablar con ustedes dos en mi habitación.
— ¿Qué? ¿Lisa?
Lincoln se sintió un poco apenado al haber sido escuchado ser tan cursi con su hermana menor. Era una de las tantas cosas que evitaba hacer, pues no era su estilo ser de ese modo; pero le gustaba hacerlo con sus hermanas menores, no lo jusgarían o algo parecido, pensaba.
— ¿Cuánto tiempo llevas ahí? —preguntó Lincoln nuevamente.
— Dos minutos con veintisiete segundos para ser exactos —respondió con su característico tono de voz—. Si no hay otra interrogante más, ¿Podemos irnos ya? Necesito urgentemente que concluyamos con este asunto.
Si los buscaba a ambos, entonces tendría que ser algo que los involucró de algún modo, ¿Acaso sabía de los últimos sucesos qué ambos habían pasado? Pensar en eso no era tan extraño, pues anteriormente Lisa también tuvo cámaras de seguridad en la casa; no tardaron mucho en ser removidas pero aún así ella tendría la astucia para conseguir un modo de vigilar a su familia. No había nada de que preocuparse, Lisa no era la persona indicada para hablar sobre sentimientos o cosas por el estilo, eso pensaba Lincoln.
Lola bajó de un brinco de la pierna de su hermano, Lincoln la acompañó hasta las escaleras y subieron para hablar del tan aclamado asunto; un nuevo monstruo mutante o quizá algún suero rejuvenecedor. Lola fue la primera en subir. Antes de que Lincoln subiera, Lisa lo detuvo tomándolo de la manga de su pijama.
— Hermano mayor, ¿puedo saber exactamente lo que sucede entre tú y Lola? —preguntó Lisa, haciendo un rostro como si intentara descubrir algún recóndito secreto.
Lincoln inmediatamente pensó en la noche anterior, si sus hermanas se llegaban a enterar que había pasado tiempo con Lola, seguramente sospecharían de qque algo no andaba bien. Quería evitar alguna riña entre sus hermanas, en el peor de los casos terminaran peleando como siempre, aún así no era un desenlace muy atractivo.
— ¿De qué hablas? Solo... solo hablábamos... sí, sólo era eso —respondió en su defensa.
—¿Estás seguro? ¿No estás dando a entender que Lola es tu nueva hermana favorita? —preguntó Lisa, limitándose a ver con seriedad a su hermano mayor.
Lola rápidamente se dio cuenta de lo que sucedía debajo de ella, al observar el rostro de Lincoln, notó su extraño comportamiento. Debía terminar con esa charla cuanto antes.
— Linky, Lisa, ¿por qué tardan tanto? Dijiste que querías conclu algo con esto cuanto antes —dijo Lola, llamando a ambos sutilmente.
— Ahora mismo vamos, unidad fraternal número nueve.
Lisa empujó la espalda de Lincoln para que avanzara con ella.
— Vamos, Lincoln. Después discutiremos respecto a ese tema —dijo Lisa, susurrando para evitar ser escuchada por su hermana menor, cosa que terminó siendo en vano.
¿Discutir? ¿Sobre qué? Acaso... ¿Sabrá de lo nuestro? Pero... No, si es así, debo hacer algo para que lo olvide y no le diga a las demás, eso complicaría las cosas para mí y para Linky.
Pensó Lola.
Qué torpe soy, ¿Cómo no me pude dar cuenta de Lisa? Esto se volverá complicado si no hago algo al respecto.
Dijo en sus pensamientos mientras subía siendo empujado por Lisa.
No había rastro de sus hermanas por ningún lado, muy extraño, sabiendo que todas habían subido justo para ocupar el baño, ¿Cómo era posible que nadie haya entrado? No iría al baño para averiguarlo. ¿Habrían terminado de usarlo? No pasaron ni 5 minutos en los que estuvo en el sillón junto a Lola, por lo que eso último lo podía descartar. Lincoln decidió no preocuparse por eso, era mejor terminar con el tema que su hermana menor tenía que decirle e intentar aliviar su dolor de cabeza. Los tres entraron sin más a la habitación.
Lincoln y Lola entraron, siendo invitados a tomar asiento en la cama de su hermana mientras ella consultaba su cajón lleno de carpetas con expedientes de todo tipo; medicinas, personas, su familia, organizaciones, el comité de científicos y un sin fin de proyectos en marcha.
— Oye, Lisa, ¿Cuánto vas a tardar? —preguntó Lincoln, notándose impaciente.
— Sólo un diminuto lapso de tiempo, tan solo es necesario revisar tu estado actual para corroborar que lo sucedido anteriormente no te haya dejado en malas condiciones, ¿Por qué la pregunta? —preguntó ella, buscando entre su mar de carpetas una en específico que tuviera el expediente de su hermano mayor.
— Es solo que aún no me he duchado y creo que las chicas ya están por volver a bajar —dijo, mientras escuchaba aténtamente el sonido de varias pisadas que bajaban por las escaleras.
Lisa sacó una carpeta, la colocó encima del escritorio y tomó asiento en su silla.
— Si lo deseas, puedes realizar dicha actividad en estos momentos, sólo no te olvides de regresar aquí nuevamente, ¿Te quedó claro? —preguntó, sacando de un recipiente lo que parecía ser una pequeña píldora de un color verdoso, bastante llamativo a la vista.
— Gracias, Lisa. Regresaré en un momento —dijo, disponiéndose a salir de la habitación.
Le era extraño que su hermana también llamara a Lola, si se suponía que lo analizaría a él, ¿Por qué debía involucrar a Lola en todo eso? No importaba.
Estaba seguro que regresaría, lo haría si su hermana menor hallaba la cura para ese irresistible dolor de cabeza que no lo dejaba ni pensar en paz.
— Nos vemos después, Lola —dijo Lincoln, abriendo la puerta y dando una última mirada al interior de la habitación.
— Adiós, Linky —dijo Lola con una sonrisa, viendo a su hermano salir por la puerta.
Lola no había dejado a un lado lo que había escuchado con anterioridad en las escaleras, era lo que más le inquietaba junto con el estado de su hermano mayor. Lola tenía algunas técnicas para conseguir lo que quería, Lisa era más lista que el promedio y era consciente de eso, por lo que tendría que usar una técnica que no fuera referente a la manipulación. Esto no tenía nada que ver con su cambio de actitud, eran algo distinto y si su hermana se llegaba a enterar de su pequeño secreto no dudaría en traspasar esa información a otra de sus hermanas. Por un momento pensó en usar amenazas, eso iría en contra de su promesa, aún así tenía que hallar un modo para que Lisa no los delatara.
— ¿Cuánto tiempo vas a tardar, Lisa? —preguntó Lola.
— No tomaré mucho de tu tan valioso tiempo, hermana mayor... Solo necesito preguntarte una única cosa.
— ¿Ah si? ¿De qué cosas estás hablando exactamente, Lisa? —preguntó.
Si se trata de eso, tendré... tendré que hacer algo para cambiar el tema, aún si no es correcto, pero eso es para que algo malo pase.
Pensó Lola.
— Bien, Lola. Contesta con total sinceridad a la interrogante que estoy por hacerte —dijo Lisa, seriamente, mientras se mantenía sentada en su escritorio, analizando más a detalle aquella píldora con su microscopio.
¿Ser sincera? ¿Sobre qué? No he dicho ninguna mentira en todo el día. ¿Creerá que rompí uno de sus experimentos?
Lola se quedó por un momento analizando mejor las palabras tan directas de su hermana. Ser sincera no era su fuerte y era bien sabido por todos, esa era uno de los tantos malos hábitos que quería borrar; sería duro, pero esto sería un buen comienzo. Lola estaba deseosa de que lo que le llegara a preguntar su hermana fuera algo distinto a lo que se imaginaba, ojalá y ese fuera el caso.
— Lisa, ¿De qué estás hablando? —preguntó Lola, quien comenzaba a sentir unas pocas gotas de sudor en su frente y que no tardarían en salir a cántaros.
— Me parece más que evidente la nueva forma en la que te comportas con nuestro hermano mayor. Fuí muy clara ahí abajo, no debemos hacerle nada a Lincoln que lo haga recordar a su trauma.
— ¿A qué te refieres? —preguntó de nuevo, viéndose ligeramente nerviosa e incrédula.
— Me refiero a esa nueva actitud que estás tomando con nuestro hermano mayor, ¿Qué es lo que intentas hacer? —preguntó Lisa, apartando su vista del microscopio y viendo directo a los ojos de su hermana, siendo clara la pregunta y la molestia que sería tener que explicar el tema otra vez si es que ella no había entendido aun.
— ¿Planear? Pero... pero yo no estoy haciendo nada en contra de Lincoln, él y yo...
—¿Él y tú? —prosiguió la genio.
— Él y yo... solo hemos sido un poco más cercanos estos últimos días, eso es todo.
Esa respuesta no le fue muy satisfactoria a Lisa. Sabía cómo era Lola al momento de buscar algo de alguien, lo que podía hacer era lo que más le aterraba y si trataba de aprovecharse de la condición de su hermano, tendría que impedírselo y seguramente juntar a sus hermanas en una junta para hablar seriamente con ella.
— Ay, por favor. Vamos, ¿Qué es lo que piensas conseguir de Lincoln? Claramente buscas algo de él. ¿Acaso quieres dinero? ¿Quieres chantajearlo como siempre? Si lo que buscas es herirlo, te recomendaría que no lo hicieras, te mencioné los diferentes trastornos que puede llegar a padecer y no voy a permitir que hagas algo como eso.
Era hiriente que su hermana pensara de esa forma de ella, ¿sus demás hermanas también pensarían así? Posiblemente si, aunque ahora que lo veía bien, se había ganado esa reputación con sus actos pasados que llegaban a ser tan crueles y despiadados que fácilmente podrían ser parte de una cinta recopilatoria de venganzas y torturas más crueles de la historia, un gran título que se vendería por montones. Lola se sentía mal; si lo que quería era cambiar, tendría un largo recorrido para volver a ganarse la confianza de su familia.
— Pero... pero Lisa. No le he hecho nada a Lincoln y no busco nada de él, enserio.
La pequeña genio entrecerró sus ojos y vio a su hermana a la cara.
— Si, claro, como si fuese a creer eso —dijo.
— Lo digo en serio, solo yo... Espera, ¿por qué me haces esa pregunta? —preguntó.
— Muy simple, tu comportamiento hacia él me ha parecido muy extraño; tú sólo actúas de esa manera únicamente cuando la situación es de tu conveniencia —respondió, la pequeña genio.
A veces Lisa solía ser muy directa respecto a dar su opinión sobre temas que le solían serle de interés sin importarle lo que los demás llegaran a decir; no estaba muy apegada a lo que eran los llamados sentimientos, pero los comprendía en cierta forma.
— ¿Así que eso es lo que opinas de mi? De acuerdo... Sería una lástima que alguien arroje por la ventana esa pastilla que tienes ahí —dijo, apuntando con su dedo a la pastilla que estaba puesta en el microscopio de la científica.
— No te atreverías —recalcó Lisa, teniendo una mirada desafiante.
Lola se puso en posición, viendo directamente hacia su objetivo. Tenía que hacerlo, era la única manera que se le ocurrió para amenazarla y que dejara de hacer más preguntas referentes a ella y a Lincoln.
Lamento tener que comportarme de este modo, pero es la única manera de que no descubras lo que hizo Linky anoche por mi, es por el bien de todos.
Pensó.
— ¿Ah? ¿No me crees? Bien... Qué te parece si lo intento... ¡Ahora!
Al instante, corrió hacia la mesa de experimentos donde se encontraba aquella pastilla, la tomó tan rápido que Lisa ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. El tamaño era similar a cualquier pastilla que hubiera visto antes, lo único que la distinguía era ese extraño color y lo llamativo que le resultaba. Lisa retrocedió, pensando en la mejor manera de hacerla entrar en razón, pues el trabajo de meses estaba ahí; ahora se arrepentía de no haber hecho la clonación del objeto cuando tuvo la oportunidad.
— Me pregunto lo que pasaría si la arrojo por la ventana.
Lola se subió encima del escritorio y sacó la mano donde sostenía la pastilla al otro lado de la ventana. Lisa de sorprendió al instante al ver lo que estaba por hacer; ella era capaz de hacerlo y claramente no lo dudaría.
— ¡No! ¡Ni se te ocurra arrojarla! —exclamó la prodigio.
— ¿Por qué? ¿Acaso explotaré con esto? —preguntó Lola; estaba reconsiderando el hecho de tener esa pastilla en sus manos sin antes conocer su extraña procedencia o si tenía efectos secundarios.
¿Cómo era posible que se actuara así por una simple pregunta? Con toda su experiencia en psicología, a Lisa le era casi imposible explicarse el raciocinio que su hermana guardaba dentro. Quizá el tono con el que preguntó no había sido el correcto. Se disculparía más adelante si todo salía en orden, pero su mayor preocupación estaba en ese diminuto círculo verde.
— Escúchame, he trabajado por meses en esa pastilla, si la arrojas, perderá todos sus conservadores y todo mi trabajo se habrá ido a la ruina —expresó, teniendo preocupación dentro de sí.
— Primero quiero saber porqué te interesa tanto mi nuevo comportamiento —dijo, extendiendo aun más su brazo.
— Es porque... simplemente no confío en ti.
Los ánimos de Lola se fueron abajo, su propia hermana no confiaba en ella, aunque era claro que sería así luego de haber roto tantas promesas. Lisa no iba a ser la excepción de todo eso, pero no podía recriminárselo, era su culpa y lo sabía
— Antes de que la lances, te diré que es lo único que puede ayudar a nuestro hermano. Si no lo vas a hacer por mí... Al menos hazlo por Lincoln si realmente te importa.
Toda la habitación quedó en completo silencio. Lola vio a Lisa con pena; no tenía idea de ese detalle, pero si ese era el caso, entonces no había más remedio que disculparse.
— Lo... Lo lamento... —dijo Lola; bajó del escritorio y colocó la pastilla en el mueble.
Miraba al suelo con un toque de tristeza. Lisa notó esa singular mirada, demasiado realista para ser un simple chantaje.
— Puedes explicarme lo que sucede, quizás puedas ayudar a Lincoln de alguna forma si es lo que deseas —terminó Lisa.
Lincoln se encontraba buscando entre sus cosas todo lo que le pudiera servir para su ducha. Sin duda, esa mañana había comenzado con el pie izquierdo. Era común que las mañanas en la casa Loud fueran revoltosas y llenas de caos. Sin lugar a dudas, estos últimos días habían sido bastante extraños, más de lo normal.
— Veamos, tengo esto, eso también y... ¡Ajá! Aquí estás, esta vez no te dejaré, esponja —dijo, sacando dicho objeto de uno de los cajones de su escritorio—, también llevaré esto y esto y... ¡Auch!
Pensándolo mejor, habría sido una mejor idea quedarse en la habitación de su hermana menor. Lo único que podía hacer hasta volver con Lisa era sobarse la cabeza en donde había recibido el golpe con anterioridad, con la esperanza de tratar de ignorar el dolor, aunque parecía imposible con esas punzadas que habían dentro de su cabeza. Eran casi insoportables, podría cortarse el dedo con un papel y ni siquiera lo notaría.
— Terminaré mi baño lo antes posible para que Lisa cure este horrible dolor. Fue tonto no haberme quedado, pero ya no puedo hacer nada; ella y Lola ya deben estar hablando —dijo, haciendo una mueca de dolor y oprimiendo su mano derecha en la parte superior derecha de su cabeza.
Lincoln, teniendo sus cosas en mano, caminó rumbo a la salida de su alcoba. Al abrir la puerta, pronto se dio cuenta que Leni ya se había apresurado a esperar su turno en el baño, siendo la única. Aún no había hablado con alguna de sus demás hermanas, pero intuía que estarían más que felices de verlo y hablar. Sin mucha espera, caminó a donde estaba su hermana para así esperar su turno también y entablar una conversación si era posible.
Leni no pasó desapercibida la llegada de su hermano menor, hizo la mayor sonrisa que pudo y lo saludó con alegría.
— Ahí estás, Linky. ¿Cómo estás hoy, pequeño héroe?
— ¿Pequeño héroe? No creo que sea para tanto, Leni. Solo hice lo que tenía que hacer —respondió, un poco apenado por el sobrenombre con el que lo había llamado.
— Vamos, Linky. Claro que eres un héroe.
A Lincoln se le vino a la mente la vez en la que sacó a una pequeña araña de la habitación de Leni hace unos pocos días, no se llamaría de esa forma aún si hubiese sido un animal más peligroso; solo hacía su deber de protegerla, la ayudaría siempre que lo necesitara y no debía llamarlo como un acto heróico.
— No lo soy, Leni. Solo te ayudé, también lo haría por la las demás —respondió Lincoln, recordando ese gracioso momento con la araña.
— Pero claro que lo eres. No solo protegiste a Lola de Lynn, sino que también la ayudaste en la noche con su problema.
— Te refieres a que ayudé a Lola con su... Un momento, ¿Cómo te enteraste de eso? —preguntó, sonando preocupado. No tenía idea de cómo Leni se había enterado, lo más apropiado sería convencerla de no decirle a las demás y evitar que se produjera lo que menos quería. Una pelea entre sus hermanas.
— Bueno, Luan nos di...
Fue interrumpida por el sonido procedente de la puerta del baño. Se abrió, revelando a Lynn, quien salía vestida con su ropa cotidiana y una toalla puesta sobre la cabeza.
Definitivamente Lynn no contaba con el hecho de encontrarse con su hermano menor en aquellas circunstancias, pero tenía previsto que lo encontraría sin importar la hora del día. Lynn se quedó parada en la entrada del baño; ni una sola palabra salía de su boca, solo mantenía su mirada en Lincoln. Un completo silencio invadió el escenario, el hecho de estar siendo observada por sus dos hermanos no le ayudaba en lo absoluto; sólo pensaba en qué decirle a Lincoln o al menos cómo disculparse con él respecto a lo que ella misma provocó anteriormente.
— Ehh... ¿Lynn? ¿Estás bien? —preguntó Leni con algo preocupación, rompiendo el silencio que se había formado.
— ¿Ehh? ¡¿Qué?! —dijo Lynn, sintiéndose desconcertada, mientras sacudía su cabeza para intentar pensar en la mejor forma de llevar ese momento.
— ¿Estás bien? Parece como que viste a un fantasma. Si es así, te comprendo, a mí también me asusta mucho ver a esas cosas, en especial por la noche.
— Estoy bien, Leni... Tran-tranquila —respondió Lynn, con notoria angustia.
— Oh, entonces, ¿Me dejas pasar? —preguntó Leni, señalando al interior del baño.
— Claro, claro... Pasa —respondió, haciéndose a un lado para que su hermana pudiera entrar.
— Gracias —entró a la habitación, con total regocijo—. No tardaré mucho, Linc, puedes esperar aquí y hablar con Lynn mientras termino —dijo, cerrando la puerta y dejando a sus dos hermanos frente a frente.
El silencio volvió a manifestarse. Lynn no se sentía lista y mucho menos cómoda de comenzar una larga plática con su hermano menor, pues había mucho que explicar y ese no era el momento correcto para una charla así. Intentó no ver a su hermano a la cara, sabía lo que antes había provocado y de ninguna manera quería provocar algo similar en ese momento. Quería arreglar las cosas con su hermano, pero si ni siquiera se le ocurría como comenzar, ¿Qué más podía hacer?
Comenzó a caminar y pasó de largo sin decir algo. Fue lo mejor que se le ocurrió para no complicarlo más. Fue rumbo a su habitación. Antes de girar la manija, su hermano llamó su atención.
— ¿Qué sucede, Lynn? —preguntó sin despegar su vista del frente—. ¿Quieres hablarlo después?
Por cómo se comportaba su hermana, era más que obvio que se negaría a hacerlo en ese momento, pero si la animaba tal vez podría lograrlo.
— Si es por lo que hiciste... No es necesario que te disculpes, te conozco bien y sé exactamente lo que quieres hacer —se dio la vuelta para ver a su hermana.
Lynn giró su cabeza y lo encontró, mirándola a los ojos
— Te comprendo... Sé que te costará hablar sobre eso por lo duro que es para ti.
Lincoln se acercó a ella, estaban frente a frente, viéndose el uno al otro.
— No quiero que sigamos así... quiero que todo vuelva a ser como antes... antes de que hicieras tus supersticiones. Escucha, lo que menos quiero es que todo vuelva a ser como en esos tiempos... Quiero de vuelta a la Lynn que amaba pelear conmigo, quiero a la Lynn que me usaba como saco de boxeo, quiero a la Lynn que amaba dormir conmigo... Quiero a mi hermana devuelta.
Lynn lo miró con la boca semiabierta, sentía que las lágrimas estaban a punto de soltarse por sí solas y que esta vez saldrían sin que pudiera evitarlo. Cabizbaja, cerró sus ojos con fuerza. Comenzaba a sollozar en silencio. A Lincoln esa imagen lo deprimía un poco, pero la entendía, se sentía indiferente con sí misma y no se metería con eso; dejarla a solas era lo mejor.
— Si quieres hablar conmigo después... ya sabes dónde encontrarme —dijo Lincoln, dándole una cálida sonrisa cómo último gesto antes de regresar al frente de la puerta del baño.
Lynn, estando desconcertada por aquél suceso, simplemente entró a su habitación, donde quitaría su frustración y tristeza golpeando con toda su fuerza el costal de arena que guardaba.
Aunque le resultó complicado, Lisa finalmente desistió a creerle a su hermana. Había sido difícil, pero algo en ella le parecía curioso. Si lo que quería era cambiar, ¿Por qué había tardado tanto en darse cuenta para saber que lo que hacía estaba mal? ¿Eliminar toda su actitud así tan de pronto? Si lo que había oído era correcto, ella y Lincoln habían pasado tiempo juntos. Algo debió haberla afectado como para hacerla entrar en razón, algo más que simple tiempo juntos.
Lola le pidió que le dijera detalles del tratamiento de su hermano, una forma de ayudarlo con su dolor de cabeza y las no tan frecuentes pesadillas que tenía por la noches. Lisa no tuvo otra opción mas que darle algunos consejos y el uso que le tenía que dar a la pastilla.
Lola seguía hablando con Lisa respecto a la condición de Lincoln; había escuchado algunas explicaciones y el cuidado que debía llevar por algunos días. Con todo eso, ahora tenía una idea un poco más clara sobre la forma en la que tendría que cuidar de Lincoln.
Ayudarlo con sus problemas tan sólo era el comienzo. Todo había acabado y sería un cambio para bien, después de todo, lo hacía para ser una mejor persona ahora que se había dado cuenta de sus errores.
Después de todo lo que Lincoln había hecho por ella sin esperar nada a cambio, mas la ayuda que tuvo por parte de él durante la tormenta era más que seguro que no se merecía nada que lo perjudicara; todo lo contrario; él y todas las personas merecían una mejor actitud de su parte, aunque sabía que sería un camino difícil, pero estaba más que dispuesta a mejorar como persona.
— Eso y evitar todo referido a su trauma es lo mejor para él... me parece que eso es todo lo que debes de saber. Sé que la manera de expresar mis ideas es algo complicada de entender, pero espero que hayas logrado comprender la situación de nuestro hermano —comentó Lisa.
— Creo que entendí, ¿Lincoln necesita tomar esas pastillas que acabas de crear y hacer lo que me pediste? —preguntó, mientras observaba con detenimiento un frasco que contenía una diminuta cantidad de pastillas en su interior.
Durante el tiempo que estuvieron hablando, Lisa se mantuvo clonando la misma pastilla que hace unos minutos Lola había intentado arrojar por la ventana, no iba a dejar que otro incidente así sucediera, así que lo hizo cuanto antes. Al terminar, dio entrega de un frasco con tres de aquellas extrañas pastillas a su hermana
— En efecto, sólo una unidad antes de dormir por tres días. De todos modos se lo daré a conocer a Lincoln en cuanto regrese.
— Está bien, gracias por todo, Lisa.
Ese hecho tomó por sorpresa a Lisa, ya que la mayoría de veces Lola ni siquiera se tomaba la molestia de agradecer algo a alguien. Lisa supuso que era uno de los tantos cambios a los que debía acostumbrarse.
— Igualmente, fue un placer haber tenido el privilegio de ser la primera en saber de tu repentino cambio de actitud... Bien, hermana, esta conversación ha llegado a su fin; si me disculpas, debo seguir con mis actividades diarias. Recuerda todo lo que te expliqué sobre el padecimiento de nuestro hermano y las consecuencias que puede traer no hacerlas... Ayúdalo lo mejor que puedas —dijo, esbozando una pequeña sonrisa, siendo captada por Lola, quien le devolvió la sonrisa.
— Eso haré, te lo prometo —respondió.
Lola salió de la habitación, dejando a solas a su hermana.
— Ahora que lo recuerdo, yo debía de darle ese frasco a Lincoln... creo que no importa, esperaré a que regrese.
Mientras tanto, Lola se encontraba en el pasillo de la casa Loud. A observar el lugar, se dio cuenta que no había ni un alma, únicamente se escuchaba el ruido del agua correr por la ducha del baño. Giró hacía la derecha en dirección a la habitación de su hermano mayor para poder dejarle el frasco con sus pastillas, luego quizás iría a su habitación o bajar para comer algo.
Tenía en mente que ayudar a su hermano sería una carga extra, tenía que ensayar para la obra y algunos desfiles de belleza, serían dos semanas muy agitadas sin duda. Aún y con todos esos compromisos, sabía que lo tenía que hacer, no solo era un compromiso, si no que realmente quería ayudarlo aunque fuera solo recordándole que debía tomar su pastilla.
Al estar a punto de girar la perilla, un extraño sonido proveniente de adentro captó su atención. Sin pensarlo dos veces, abrió un poco la puerta para lograr ver los eu sucedía al interior. Al observar, logró darse cuenta que esos extraños ruidos provenían de una persona, a una que no se esperaba encontrarse.
— Exceptuando lo de Lincoln, empecé muy bien este día. Primero no tuve que esperar para poder ocupar el baño, y ahora me encuentro con este delicioso desayuno aquí... solo espero que a Lincoln no le importe que le dé una pequeña mordida—dijo Lana, dándole un gran bocado a los panqueques que habían en el plato.
Lola pudo observar con claridad lo que su hermana de encontraba haciendo, no pudo aguantarlo y pateó la puerta con fuerza, haciendo que esta se abriera por completo y provocando un fuerte ruido.
— ¡Lana! —exclamó Lola para llamar la atención de su gemela.
Lana cayó de espaldas por el estruendoso ruido, golpeándose pero sin tirar el plato con panqueques
— ¿Lola? Qué te... ¿Qué te sucede? —preguntó Lana, sobándose la espalda por el fuerte golpe que se había dado.
— Lo que sucede es que estás comiendo el desayuno de Lincoln.
— Espera, no es lo que parece... Yo... Puedo explicarlo —dijo mientras se levantaba del piso.
— ¿Qué vas a explicar? ¿Vas a explicar cómo disfrutabas del desayuno que hice para Linky? —preguntó Lola, sin darse cuenta de lo que había dicho.
— Verás yo... espera, ¿Qué dijiste? —preguntó Lana, sin saber con exactitud si había escuchado lo que había escuchado.
Los ojos de Lola se abrieron al darse cuenta.
— ¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó Lana nuevamente al no recibir respuesta.
— Nada, no dije nada —respondió.
— ¿Cómo que nada? Estoy completamente segura que dijiste que hiciste esto para...
— ¿Lola? ¿Lana? ¿Qué están haciendo aquí?
Ambas se dieron la vuelta, viendo cómo su hermana mayor las veía un poco enfadada.
— ¿Lori? Eh... Nosotras sólo estábamos... —Lana intentó hablar; sin embargo, fue interrumpida por su hermana mayor.
— Oigan, ya hemos hablado sobre esto. No es correcto entrar a habitaciones ajenas sin antes pedir permiso —dijo Lori, agachándose y poniéndose a la altura de sus dos hermanas.
— Lo sabemos, Lori —respondieron ambas al unísono, estando cabizbajas.
— No vuelvan a hacerlo, no está bien y lo saben.
— De acuerdo —dijo Lola.
— Lo sentimos —añadió Lana.
— Está bien, no se preocupen.
Lori abrazó a ambas al mismo tiempo, cosa que alegró a las dos pequeñas.
— Recuerden tocar antes de entrar, ¿Está bien?
— Está bien, Lori —respondieron ambas.
— De acuerdo... Lola —llamó Lori, ganándose la atención de su hermana menor—. Sé que es temprano y aún no has desayunado... pero todas queremos hablar seriamente contigo.
Eso hizo que la princesa quedará realmente confundida, no había hecho nada malo desde hace ya una semana; desde que dejó a Meli plantada en DairyLand. Se terminó arrepintiendo y se disculpó con ella; pero ni siquiera sus hermanas sabían de ese hecho, por lo que no tenía idea de que habría hecho como para que quisieran hablar con ella tan en serio
— En fin, lo hablaremos abajo. Vamos, el desayuno ya casi está listo.
Lori se puso de pie, y tomó a sus hermanas menores de la mano, llevándolas en dirección a las escaleras.
