"Capítulo 11 - Una Pequeña Ayuda De Una Pequeña Hermana"
Lori bajaba de las escaleras tomada de las manos de sus dos hermanas menores, Lola y Lana, una en cada lado. Ambas la acompañaron sin decir algo en contra. Para Lola, el hecho de que quisieran hablar con ella la hacía sentirse insegura; no había hecho nada malo, al menos hasta donde ella recordaba. Seguro solo le preguntarían algo respecto a sus padres; pudo haber sido la posibilidad más alta, de no ser por un detalle. Algo que parecía molestar a su hermana mayor, algo que no la dejaba tranquila por más que buscara una respuesta que fuera lo suficientemente creíble para no pensar en esa remota posibilidad. La posibilidad de que su hermana menor deseara herir a Lincoln.
Al bajar las escaleras, las tres se percataron de la presencia de Luna, Luan y Leni, quienes estaban sentadas juntas en el comedor. Los apagados murmullos de parte de las tres eran lo único audible en toda la habitación. Luan y Luna conversaban con cierta intriga; mientras que Leni solo las escuchaba sin decir nada, se veía bastante retraída, más de lo que solía estarlo normalmente.
Lana y Lola vieron la forma en que sus hermanas conversaban, no había nada interesante en eso, simplemente conversaban, ¿No era así?
Lola lo habría dejado pasar, pero Lori le había dicho que querían hablar seriamente con ella. Aún así, prever las cosas era mejor a solo dejarlo pasar, aunque primero tenía que saber el motivo tan importante por el que la habían citado.
Las tres hermanas mayores se dieron cuenta algo tarde de la presencia de Lori y sus hermanas menores, se separaron y comenzaron a actuar con normalidad, saliendo de aquél trance.
— Al fin bajan, ¿Qué sucedió? ¿Las sábanas se les pegaron al rostro? —preguntó Luan entre risas al ver a sus dos hermanas menores.
— Este no es momento para bromas y lo sabes —inquirió Luna.
— Lo siento, Luna —dijo Luan, encojiéndose de hombros.
— No crean que no las vimos, ¿De qué hablaban ustedes tres? —preguntó Lana, poniéndolas en una encrucijada.
Luna volteó a ver a Luan, buscando en ella una respuesta que la ayudara en ese momento. Luan la miró de la misma manera, esperando lo mismo de parte suya. Leni solo se mantenía distante, con una sonrisa contestó.
— Solo hablábamos sobre lo que vimos en las cámaras de Luan, ya felicité a Linky por su heróica hazaña.
Luan, Luna y Lori se golpearon la frente, sintiéndose inútiles por no poder frenar a Leni a tiempo. De cualquier forma el tema saldría tarde o temprano.
— ¿De qué estás hablando, Leni? —preguntó Lola.
— Oh, solo hablaba de las grabaciones de anoch...
Luna rápidamente puso su mano sobre la boca de su hermana, mirando con una sonrisa nerviosa a Lola.
— Lo que Leni quiso decir fue que... que buscábamos a papá y mamá en las grabaciones, no sabemos a donde fueron.
Luan vio a Luna, guiñándole un ojo.
— Es cierto, ¿No es así... Leni? —preguntó Luna, guiñándole a Leni para que pudiera captar su muy notoria señal.
— S-Si, justo eso iba a decir, no hay nada más en eso —correspondió Leni.
Lori alzó ambos pulgares a sus dos hermanas, Lola y Lana la miraron, haciendo que cambiara rápidamente de expresión.
— Gracias por mencionarlo, hermanas. ¿Vieron si mamá y papá dejaron alguna nota? —preguntó Lori con cierta duda al no haber recibido algún indicio del paradero de sus padres.
— Nada, hermana. Al parecer nuestros padres se fueron sin dejar rastro alguno —contestó Luna.
— ¿A dónde habrán salido tan temprano? —preguntó Leni.
— Eso también quisiera saber —dijo Lori.
— Yo sé en dónde están mamá y papá —dijo Lola rápidamente.
Había olvidado por completo ese asunto, todos los inconvenientes ocurridos hace unas horas la habían hecho olvidarlo y por los cuales no había tenido tiempo de decírselo a los demás. Ciertamente, era uno de los menores problemas que tenía que afrontar. No era tonta, sabía que sus hermanas le ocultaban algo, algo que no querían que supiese tan pronto, o sencillamente ganaban tiempo para que sus demás hermanas llegaran. No le costaba nada decirles ese detalle, se los diría de cualquier modo.
— ¿Enserio? ¿A dónde fueron, Lola? —preguntó Leni con curiosidad.
Luna y Luan estaban listas para lanzar más de una interrogante a su pequeña hermana. Lori se dio cuenta de lo que están por pasar, aunque ella también quisiera hacer lo mismo, no podían hacerlo, no aún.
Era claro que tras lo que sus hermanas le habían dicho acerca de las acusaciones hacia su hermana menor la había sorprendido bastante, pues pasó tiempo con Lola hace algunos meses y la conocía casi a la perfección; sabía que aunque fuera de ese modo tan egocéntrico y egoísta, era alguien que se arrepentía tarde o temprano. No podía afirmar ni negar las acusaciones de sus hermanas, pero lo que si podía hacer era observar la forma en la que se comportaba Lola y así dar conclusión propia sin precipitarse demasiado.
— Esperen, chicas —interrumpió Lori—, antes de que comiencen a hacerle cientos de preguntas a Lola, ¿No creen que deberían dejar que coma algo?
— Eso no será necesario, Lori. Yo ya desayuné —dijo Lola, sonando parcialmente tranquila.
— ¿En serio? Un momento... ¿Desayunaste antes que despertáramos? —preguntó Lori.
— Sí, eso dije. Verás, me levanté temprano esta mañana para comer, y como no quería esperar a que alguien más se despertara para que pudiese cocinar algo, decidí bajar para hacerme el desayuno por mi cuenta, ahí me encontré con mamá y papá.
Claramente Lola decía la verdad, desde cierto punto de vista claro está. Exceptuó por completo el hecho de a quién realmente era el desayuno que había cocinado. No necesitaba que sus hermanas mayores supieran el verdadero motivo por el que había despertado tan temprano, eso solo implicaría una acusación por su parte y no era lo que buscaba.
— Bueno, si ya desayunaste, entonces no tendrás problemas en responder a nuestras preguntas, ¿Verdad? —preguntó Luna, mirando con recelo a su hermana menor.
— ¡Luna! —exclamó Lori.
— Ya no hace falta que sigamos fingiendo, Lori. Me parece que Lola sabe muy bien porqué la trajimos aquí.
— Supongo que... Un momento, ¿A qué te refieres con eso? —preguntó Lola, sorprendida y... un poco temerosa por ese cambio de actitud tan brusco de su hermana mayor.
Golpear costales de arena, tablas, o cualquier otra cosa con las proporciones adecuadas para que sus puños liberaran la tensión que guardaba era más que suficiente para librarse de las molestias que le traía el día a día. Era una forma de quitarse la carga de tener que gritar o inclusive llorar, pero esta vez nisiquiera golpear cosas la hacía quitarse ese sentimiento de culpa que cada vez se hacía mayor por más que intentaba no pensar en eso, simplemente no podía.
Aún era temprano y no había tomado su merienda mañanera para conseguir la energía que necesitaba, pero no la necesitaba para deshaogarse; quería que todo pasara así y ya, que de un momento a otro sus acciones que dejaron marca se borraran tan rápido como habían llegado; sabía que no pasaría, era demasiado grave como para que todos lo olvidaran, en especial Lincoln.
Lynn golpeaba un costal de arena que guardaba en su armario; no contaba con loas herramientas necesarias para usarlo como era debido, pues solo estaba apollado contra la pared, justo debajo de la ventana. Por consiguiente, cada cierto tiempo caía al piso si lo golpeaba con mucha fuerza. No importaba que lo tuviera que levantar, realmente era lo de menos; lo que le importaba era que ese sentimiento tan doloroso se fuera con cada golpe que daba. Aunque así fuera, sabía que a Lincoln le era más difícil, por lo que no era una solución que ayudara a todos por igual.
Lucy estaba sentada en su cama, terminaba de arreglarse para así bajar y escuchar lo que su hermana menor tenía que decir en su defensa. El sonido del costal caer por cierto tiempo indefinido no la molestaba, de hecho, la ayudaba a concentrarse, tal y como lo hacía el sonido de la pelota de tennis dormir al rebotar en la pared todas las noches. No odiaba a Lynn o algo por el estilo, estaba molesta, y sin embargo le atraía la forma tan peculiar en la que se comportaba. Ella había golpeado a su hermano, se había dado cuenta de todo lo malo que había traído desde que provocó lo sucedido con sus supersticiones, pero eso no bastaba; le molestaba recordar todas esas cosas. Pese a todo, sabía que algo no estaba bien con ella; no se había puesto su traje de entrenamiento y eso ya era mucho decir.
Normalmente Lynn dejaba pasar las cosas sin darles importancia, esta vez parecía ser todo lo contrario. Escuchaba cada cierto tiempo algunos sollozos de su parte y no había que pensarlo mucho para saber que estaba llorando. Lucy suspiró y decidió interrumpirla antes de que diera otro golpe.
— Sé que no estás bien, ¿Qué te sucede esta vez? —preguntó, interrumpiendo el golpe que estaba a punto de dar.
Lynn se detuvo, pero al poco tiempo volvió a golpear el saco de boxeo y lo recogió como lo había hecho las últimas 25 veces. Lucy esperó una respuesta por algunos segundos, pero no sucedió.
— Bien, no quieres hablar...
Lynn volvió a golpear el saco y lo levantó nuevamente.
— ¿Al menos podrías decirme si sabes algo sobre mamá y papá? —preguntó ella.
Lucy aguardó unos segundos, por el estado de su hermana, era claro que no estaba en las mejores condiciones para hablar; quizás insistir no ayudaría para conseguirlo. Ayudar a las personas no era su fuerte, sin embargo, ayudar a su familia era algo aparte. No era buena del todo, no era Lincoln ni mucho menos para hacer sentir mejor a los demás, pero Lynn era alguien con quien si podría lidiar. La conocía bastante bien, lo suficiente como para ser la indicada para hacerla entrar en razón, aunque solo fuera por unos instantes.
— Bien... Lamento haber dicho lo de antes... Sé que no querías golpear a Lincoln a propósito, solo estaba un poco molesta.
Lynn se detuvo por unos instantes, ni siquiera volteó a verla. Volvió a golpear el saco.
— Suspiro... Está bien, ¿Qué te pasa? ¿Crees que todas te odiamos y por eso actúas así? —preguntó.
— No es tu asunto —respondió Lynn a secas.
Lucy la volvió a ver, esta vez con la intriga de hace unos momentos totalmente desvanecida. No iba a insistirle más. Tenía razón, no era su asunto y por eso mismo no iba a perder su tiempo intentando hacerla hablar.
— Como digas. Solo recuerda que tenemos que bajar para hablar acerca de Lola —dijo.
Sé levantó de la cama, se puso sus zapatillas negras y caminó hacia la puerta; giró la manija y la abrió.
— Esta es tu última oportunidad, sabes que solo Lincoln y yo somos los únicos capaces de hacerte sentir mejor, y no creo que Lincoln esté realmente feliz de hablar contigo.
La volteó a ver, esperó unos cuantos segundos, su hermana se detuvo y suspiró hondo. No dijo nada.
— Como quieras —regresó su mirada al frente y comenzó a caminar hacia las escaleras.
— Lincoln me odia —dijo Lynn finalmente.
Lucy se giró y la vio, estaba cabizbaja.
Tenía que suponerlo, era claro que se trataba de él, aunque para ser franca, esperaba que ella misma se lo dijera.
— Con que se trata de Lincoln.
Lucy regresó dentro de la habitación y cerró la puerta, se acercó a su hermana y la tomó de la mano, eventualmente la guió hasta su cama y se sentaron juntas.
Lynn se veía en un estado deplorable, sus ojos estaban hinchados y parecía salirle algo de mucosidad por su nariz. Muy pocas veces la había visto de esa forma, solo había escuchado que lloró más de una vez cuando era pequeña y la había visto llorar cuando su abuela materna murió unos años atrás. Si lloraba era porque estaba dañada, en concreto, por algo que había hecho, y tenía una idea del porqué.
Lynn no conseguía las palabras adecuadas para comenzar, pero finalmente las halló con algo de esfuerzo.
— Lucy... Yo... Me siento terrible.
— La mala suerte, ¿no es así? —preguntó ella con total seriedad.
— Si —contestó sin muchos ánimos.
Lucy también se sentía mal por ese recuerdo, pero su dolor no era nada comparado a lo que muy seguramente su hermana sentía al ser la causante de todo ese lío. La comprendía un poco, pero lo hacía.
— Suspiro... sé que te es difícil llevar esa situación. Lincoln es un chico amable y muy gentil, te perdonó después de todo.
— Me aproveché de él —dijó Lynn justo después de que Lucy terminara.
No podía negarlo, lo había hecho, y eso solo hacía las cosas más complicadas.
— Si... Lo hiciste.
Lynn, inmediatamente se cubrió los ojos con ambas manos mientras comenzaba a sollozar en silencio.
Soy mala para esto.
Pensó Lucy.
— Suspiro... ¿Qué piensas de todo esto? ¿Por qué no solo dejas que todo siga? ¿Qué te impide volver a estar con Lincoln como antes? —preguntó.
— Yo... creo que es la culpa que siento. Sé que Lincoln me perdonó, pero no puedo evitar sentirme mal por todo lo que le hice. Aunque diga que no está molesto conmigo, muy en el fondo sé que lo está. Sé que me odia con todo su ser.
Su hermano no era de la clase de personas que guardaban rencor. No era capaz de saber cómo pensaba él, era pseudo hechicera, pero ni siquiera sus encantamientos más avanzados eran capaces de hacer algo así; de todas formas no eran necesarios para saber que Lincoln no pensaba de esa manera.
— Te entiendo.
— ¡No! No puedes entender cómo me siento—inquirió Lynn
— Lo sé, no puedo entenderte.
Pensó por un momento en lo que estaba por decir, si era buena con una cosa era ser directa con las cosas. Ser directa en esta situación no era una buena jugada, no le quitaría mérito a los sentimientos de su hermana, solo lo hacía por su bien. Lucy la miró directamente a lo ojos y habló.
— No puedo decir que eres la víctima en todo esto, no lo eres... Lamento decir esto, pero fuíste egoísta... Lincoln no te importó y seguiste con tu actitud sabiendo todo el daño que le hiciste. ¿Por qué? —preguntó.
Eso pudo haber molestado a Lynn, pero esta vez no hizo algo para contradecirla, pues sabía que era verdad.
Lynn era impredecible en muchas ocasiones. Un día podía ser gentil y al otro era todo lo contrario. Lucy pensaba que eran solo etapas en las que todo adolescente pasaba y no estaba equivocada; sus demás hermanas pasaban por cambios en su personalidad y eran visibles. Pero Lynn era diferente. Ella siempre fue así desde que tenía memoria, por lo que no solo eran solo cambios, era su actitud de todos los días, demostraba su ingratitud en todo su esplendor. Demonios, incluso le costaba admitir que ella llegaría a esa etapa algún día.
— Yo... no lo sé —respondió Lynn.
— Sé que lo sabes, muy en el fondo lo sabes.
— Yo...
Miró al piso, intentaba concentrarse en sus pensamientos, saber algo más de su forma de actuar, algo que la ayudara a saber la verdad que intentaba disfrazar.
— Solo dilo —dijo Lucy.
— Yo... So-solo no quise aceptar que estaba equivocada —dijo.
El nudo en su garganta era muy grande, su voz entrecortada la delataba y las lágrimas lo hacían aún más. Lucy no la juzgaría ni le diría a los demás que tenía un lado vulnerable. Hasta los bravucones de la escuela se asombrarían al saber que Lynn Loud J.r tenía un lado sentimental y que nunca dejaba ver a los demás. Su lado de chica ruda se había vuelto irrelevante en ese momento.
— Debes saber que lo que hiciste pasó los límites. Hay cosas que sencillamente no se pueden perdonar, pero Lincoln lo hizo... Él es tu único hermano. Incluso admito que es el más cercano a ti... ¿Quieres un consejo? Esto lo digo desde lo más profundo de mi oscura alma. "El tiempo es más que un simple número, el tiempo nos es tan insignificante que lo tomamos a la ligera. Cuando menos lo esperas, tu vida se habrá vuelto insignificante como el tiempo lo fue para ti". No desperdicies tu tiempo culpando a los demás, úsalo para mejorar como persona, arreglar tus errores y dejar el pasado atrás. Si realmente quieres arreglar lo que hiciste, habla con Lincoln y dile lo mucho que te arrepientes.
Lynn la miró, aun caían lágrimas de sus ojos, empapaban su vista. Sutilmente, se acercó a Lucy y la rodeó con sus brazos, dándole un abrazo, uno en el que podía mostrarle su afecto pese a lo dura que había sido hace unos instantes. Lucy no esperó más de ella y la abrazó de igual manera. No pudo evitar hacer una sonrisa, agradeció que nadie más estuviera dentro para verla sonreír.
— No te preocupes, Lynn. Todo saldrá bien —dijo Lucy, sin despegarse de ella.
Lynn se alejó, se limpió las lágrimas con su manga y la miró otra vez.
— Siento ser tan dura a veces, solo lo hago para ayudar a mi modo —dijo Lucy.
— Está bien, Lucy —se limpió un poco su nariz pasando su brazo por debajo—. Sé que es la verdad y... Lo acepto.
Lucy le sonrió un poco. Agradecía que sus palabras tan honestas no la terminaran por derrumbar, quizá le pediría ayuda a Lincoln sobre cómo hablar con las personas sin herirlas o inclusive asustarlas.
— ¿Piensas arreglar todo con Lincoln? —preguntó Lucy.
— Si... Aún tengo mucho en qué pensar, no estoy del todo lista y...
— Está bien, tomate el tiempo que necesites. No es necesario que lo hagas tan rápido si no quieres. Puede esperar.
— Tienes razón, gracias de todas formas.
— No hay de que, somos compañeras de habitación. Estaré para ayudarte siempre que prometas no decirle a los demás sobre ya sabes que —dijo Lucy, dando una pequeña sonrisa al decir eso último.
— Eso jamás, la duquesa de la oscuridad dejaría de serlo si ese secreto saliera a la luz, cosa que no permitiré jamás.
— Eso espero —replicó.
— ¿Bajamos entonces? —preguntó Lynn, levantándose de la cama y ofreciéndole la mano.
— Claro.
Lucy tomó su mano y se levantó. Juntas, abandonaron la habitación y bajaron las escaleras, donde se encontrarían con sus demás hermanas.
— Eso fue relajante —dijo Lincoln saliendo del baño, cargando una agradable sonrisa en su rostro.
La ducha había ayudado a que se despertara por completo y a relajarlo un poco. El dolor en su cabeza no se iba y parecía no irse hasta que hiciera algo para eliminarlo, cosa que podría hacer su hermana genio sin mucho esfuerzo.
Por más que intentara no pensar en el dolor, su plan por hacerlo resultaba infructifero. Solo se hacía más notable y desesperante mientras pasaban los minutos. Se sentía como si varias agujas fueran clavadas dentro de su cabeza. No se sentía agradable; no conseguiría nada quejándose, por lo que solo intentó seguir ignorándolo.
El pasillo estaba silencioso, las voces de sus hermanas se escuchaban en la parte inferior de la casa. Claramente ya estaban por desayunar o quizá ya lo habían hecho, no estaba seguro y no le importaba hacerlo sabiendo que había algo más importante por hacer.
Caminó hasta su puerta, estaba ligeramente abierta. Había recordado cerrarla, la única explicación que encontró era que alguien había entrado. No pensó mucho en eso y decidió entrar.
Todo estaba normal, no había nada roto y todo estaba tal y como lo había dejado antes, no quería encontrar algo roto ni mucho menos, solo era una posibilidad que le cruzo por la mente. Se sentó en su cama y vio que el desayuno que Lola le había hecho presentaba ciertos cambios, alguien había comido de él. No era algo que le molestara, pudo haber sido alguna de las mascotas de la casa quienes hicieron de las suyas para entrar y comer parte de los panqueques, lo dejó pasar. Dejó el plato a un lado y comenzó a ponerse su ropa. Una vez terminado, agarró el plato con panqueques y el jugo de naranja, pensó que a Lisa no le importaría que desayunara en su habitación, por lo que solo los tomó. Se dispuso a ir a la habitación de su hermana menor; con dificultad cerró la puerta detrás suyo, giró hacía la izquierda y dio repetidos golpes con su pie a la puerta.
Sólo pasaron unos segundos para que Lisa abriera la puerta, aún con su pijama puesta. La pequeña científica lo miró con algo de molestia, cosa que fue captada por Lincoln. Esbozó una sonrisa nerviosa tras verla para intentar lograr quitar ese rostro molesto de su hermana luego de su ligero retraso.
— Hola Lis...
— Llegas tarde —interrumpió Lisa con una mirada molesta y un tono de voz serio
—. Estuve esperándote por más de veinte minutos.
— Lo sé, lo sé. Leni tardó mucho en el baño y...
Lisa suspiró, interrumpiéndolo nuevamente.
— Qué más da, sólo entra —dijo la científica con un tono despreocupado, haciendo una seña con su mano para que su hermano mayor ingresara junto con ella.
Al entrar, Lincoln observó que muchos de los artefactos que usaba su hermana regularmente para crear sus experimentos estaban fuera de sus sitio, pensó que Lisa solo estaba creando algunos aprovechando que era demasiado temprano para comenzar su día, aunque le resultaba curioso que eligiera una hora específica para hacerlos. La máquina clonadora que guardaba quien sabe donde estaba encendida, nunca la había visto con sus propios ojos; no era muy diferente a como la había imaginado, tenía que aceptar que era bastante grande como para caber en su propia habitación. Lisa era alguien que guardaba muchos secretos y lo sabía.
Habían algunos frascos llenos de un líquido verde en su interior encima del escritorio. Lincoln les dio una mirada rápida, pensando en si podrían tratarse de la próxima dosis de medicamentos para su situación con las dichosas pesadillas. Se guardó esa idea para sí mismo.
— Bien, Lincoln. Sé que estás esperando que haga algo para solucionar tus problemas con el reciente incidente, y para eso necesito un pequeño favor de parte tuya.
Lisa miró a su hermano, se encontraba más enfocado en degustar su desayuno que en las palabras que decía. No le agradaba que no tomaran enserio sus experimentos, y sin embargo, se encontraba viéndolo con melancolía en lugar de sentirse molesta. Su mirada fue captada por Lincoln, quien le regresó la mirada con cierta extrañeza.
— Eh, perdón... ¿Decías algo, Lisa? —preguntó.
— Creí haber escuchado que tenías dolores en tu cabeza, ¿o me equivoco? —dijo Lisa.
— Si, si. Lo siento, solo me distraje por un momento.
— Tal parece que no quieres tomar mis métodos con la seriedad que se merecen. En ese caso, me parece justo comentarle a las demás sobre cómo ya has elegido a tu hermana favorita, solo así lograremos hacer un trato equitativo.
— ¿Qué? ¿A qué te refieres? Yo no he elegido a mi favorita —dijo, sintiéndose extrañado por la forma en la que actuaba su hermana.
— ¿Entonces que hay de Lola?
— ¿Lola? No... no quiero que las chicas se involucren en eso, sabes lo que pasaría si ellas se llegan a enterar que he elegido a mi favorita o algo así —respondió Lincoln, sintiéndose un poco mal al pensar en la idea de una guerra entre él y sus hermanas.
— ¿Entonces harás lo que te pida sin negarte?
— Bien, ¿Qué necesitas que haga? —preguntó Lincoln.
Esperaba que fuera algo simple como probar alguno de sus experimentos. Sería un precio justo si conllevaba que sus hermanas no llegaran a pensar que eligió a su favorita. Lincoln nunca tuvo una favorita, todas sus hermanas tenían lo suyo, como Luna con la música o Lynn con los deportes; cada una tenía lo suyo que las hacía únicas. Él tenía gustos para todo, era unido a todas sus hermanas, con unas más que otras, pero nunca le fue necesario elegir a su hermana favorita, ni siquiera pensó en esa posibilidad cuando era unido a Lynn. Le era de extrañar que Lisa pensara así, perecía que lo estaba chantajeando.
Tras la respuesta de Lincoln, Lisa se acercó a su mesa de trabajo y tomó cierto objeto que se encontraba encima.
— No te preocupes, esto ayudará a ambos. Tanto a ti con tu dolor como a mi con mis investigaciones —dijo Lisa.
— ¿Enserio? ¿Tu favor será ayudarme? —preguntó.
— En cierto modo... si.
Sutilmente, Lisa se acercó a él, le arrebató el plato que tenía entre manos y en su lugar colocó una pequeña píldora de color verde en la palma de su mano.
— ¿Qué es esto? —preguntó Lincoln.
— Intentaré resumirlo lo mejor posible —dijo.
Lisa regresó a su mesa de trabajo para poder dejar ahí el plato.
— Esta es la píldora analgésica. Patente en proceso.
— ¿Píldora analgésica? ¿Algo así como un calmante para el dolor? —preguntó Lincoln.
— En efecto, cabe aclarar que esta píldora solo aliviará tu dolor en un lapso de 3 horas, eso quiere decir que lo que estés sintiendo se reanudará pasadas esas tres horas pero con ligeras mejoras. Lo esperado es que tomes una por tres días antes de ir a dormir; en esta ocasión serán dos veces, ahora mismo y esta noche. La pastilla por ahora solo es capaz de sanar heridas internas y algunas externas, siempre y cuando no sean de gravedad. ¿Quedó claro?
— Si. Entonces... si tomo esta píldora cualquier dolor que tenga...
— Desaparecerá dentro de tres días, así es —terminó de decir Lisa—. Como última interrogante, ¿Sientes algún exceso de dolor? Debo saber si mi invento dará los resultados esperados.
— Bueno... Si. Siento varias punzadas dentro de mi cabeza y tengo ligeros mareos —dijo.
Lisa tomó de su escritorio sus apuntes, una pluma y lo que parecía ser un cronómetro.
— Que oportuna situación... Bien, ahora quiero que tomes esa píldora y que me comuniques al instante si te sigues sintiendo mareado o hayan cesado esas punzadas, ¿Entendido? —mencionó, estando preparada para cronometrar el tiempo.
— De acuerdo, como digas —respondió él con total seguridad.
Acto seguido, Lincoln ingirió la píldora, ayudándose con el jugo de naranja que había traído de su habitación. Tan sólo bastaron unos pocos segundos para que hiciese su mencionado efecto. Sorprendentemente para él, había funcionado sin tener que sufrir algún daño.
— Funcionó... Lisa, ¡Funcionó! —exclamó Lincoln, sintiéndose aliviado y un poco feliz por el hecho de saber que había servido para algo.
Lisa presionó el botón del cronómetro, deteniendo el tiempo. Para su sorpresa, era un tiempo que ni ella misma se esperaba, habían sido unos resultados prometedores.
— Cinco segundos con nueve milésimas, definitivamente salió mejor de lo que esperaba —dijo, intentando esconder el asombro con el que había hablado.
— Fue un placer haberte ayudado. Fue un trato equitativo... Así que... creo que sería mejor irme. No quiero arruinar este momento tan importante para ti y... ¿Lisa?¿Te encuentras bien? —preguntó Lincoln, notándose levemente preocupado.
— ¡Perfecto! ¡Simplemente perfecto! Sin duda alguna esto ayudará a mis colegas científicos —dijo Lisa, celebrando con gran alegría y dando pequeños saltos de un lado a otro.
Lincoln únicamente se limitó a solo observar esa extraña y no muy común escena de su hermana menor. Muy contadas ocasiones se le veía a Lisa tan alegre, era algo importante para ella después de todo.
— ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¿Quién es la mejor? ¡Tú lo eres, Lisa! ¡Sí! ¡Lo logr...!
Lisa se detuvo al observar a su hermano mayor. Claramente acababa de ser testigo de todo el espectáculo que armó
— Entonces... Realmente era muy importante para ti —se tapó la boca con su mano libre para frenar la leve risa que se le escaparía.
— Ejem... Yo... Ehh... No diré absolutamente nada respecto a tu extraño comportamiento con Lola, sólo si tú no le comentas a nadie lo que acabas de presenciar —dijo Lisa, regresando a su comportamiento tan inexpresivo como siempre.
— Mis labios están sellados —replicó Lincoln, pasando su mano sobre su boca dando a entender que era un cierre que la cerraba.
— Espero que así sea, de lo contrario, ten por seguro que todas se enfadaran por no haber sido elegidas como tu hermana favorita.
— Vamos, Lisa. Sabes mejor que nadie que no tengo favoritas —dijo Lincoln.
Lisa no se veía convencida. Le importaba poco ser la favorita de su hermano si era el caso, aún así había algo en ella que lo anhelaba.
— ¿A sí? Pues tu actitud con Lola abajo parecía demostrar lo contrario.
— Pues... Parece que mi ayuda no fue suficiente para demostrártelo.
Lincoln se acercó lentamente a su hermana menor.
— Lo fue. No creas que soy una malagradecida... En fin, es mejor no seguir con eso; debo ir al cuarto del baño para asearme antes de retomar mis experimentos —dijo Lisa, dándo media vuelta para ir en busca de sus cosas.
Mientras Lisa buscaba lo necesario, fue tomada por sorpresa. Lincoln la tomó con ambos brazos y la cargó. La abrazó con fuerza, haciendo que se juntara a su pecho.
— Ehh... ¿Qué estás haciendo, Lincoln? —preguntó Lisa.
— Solo te estoy dando el cariño que un hermano mayor le puede dar a su hermanita, ¿acaso no puedo hacerlo? —dijo Lincoln, juntando su mejilla con la pequeña cabeza de su hermana.
— Lincoln, esto no es necesario, ahora si no es mucha molestia, ¿Podrías bajarme? Mi estómago pide nutrimentos y no puedo dárselos sin antes darme un baño —dijo Lisa.
— No te soltaré. Ahora dime, ¿Aún crees que tengo a una hermana favorita? —preguntó el chico.
— Está bien, tú ganas. Ahora, ¿Podrías bajarme?
Lisa decidó resignarse. Ahora no tendría un argumento válido para poder convencerlo de que en un futuro probara nuevamente otro de sus experimentos. Por supuesto que pensaría en algo, eso sería en su debido momento.
— Eso está mejor —declaró el chico, restando fuerza en sus brazos y dejando a su hermanita en el piso.
Lincoln se acercó al escritorio y tomó el plato con los panqueques, los cuales ya estaba casi por terminar.
— Te lo agradezco... Recuerda, ninguna palabra al respecto.
— Tranquila, confía en mí —dijo Lincoln, dándole la última mordida a su desayuno, dejando el plato casi limpio.
— Eso haré. Ahora, si me disculpas, tengo cosas que hacer.
Lisa se aproximó hasta la puerta de su habitación, la abrió, pero no tuvo tiempo de cerrarla.
— Un momento— interrumpió Lincoln—. ¿No se suponía que hablaríamos más sobre mis pesadillas?
— No te preocupes, alguien más te ayudará con eso. Sólo no olvides tomar una píldora antes de dormir por tres días. Debe haber un frasco con tres en tu habitación, Lola las debió haber dejado ahí.
Lisa cerró la puerta, dejando a solas a su hermano mayor
— Seguro Lisa debió haberle contado todos los detalles a Lola, aunque no me sorprende mucho; de hecho, creo que me ayudaría con eso de todas formas.
Lincoln abandonó la habitación, cerrando la puerta con cuidado.
Lo que menos quería era involucrarla con ese hecho, aunque sabía que no lo mantendría oculto por mucho tiempo luego de presenciar el cambio de actitud que había tenido con él. Solo esperaba que no fuera muy sobreprotectora. Su hermana estaba dispuesta a cambiar y todo por un incidente, era sorprendente cómo por azares del destino surgiera algo nunca antes visto en su hermana menor.
Lincoln estuvo por bajar las escaleras, cuando algunos gritos provenientes del comedor lo hicieron frenar.
— ¡Yo no le hice nada a Lincoln!
— No nos mientas, acordamos bien que no íbamos a causarle más daño.
— Claro, Lynn no cuenta en esto. ¿¡Verdad!?
— Luna, Lynn, Lola. ¡Ya basta!
Lincoln no tardó en reconocer las voces de sus hermanas. Lo que menos había deseado estaba sucediendo. Sin perder tiempo, bajó rápidamente las escaleras para comprender lo que estaba pasando y arreglar todo si era posible.
