"Capítulo 13 - Lamento Lo Sucedido"
Mientras Lincoln subía las escaleras, no pudo evitar pensar en lo que sus hermanas le habían dicho respecto al comportamiento de Lola y lo manipuladora que podía llegar a ser. Entendía que siguieran sin confiar en ella, pero no podía ser tan mala como para jugarle algo tan cruel solo por haberla atado a una silla. ¿Realmente estaría planeando algo en contra de él o sus hermanas? Esa era la pregunta divagaba en la mente del chico. Se sabía que Lola era alguien muy vengativa y siempre obtenía lo que quería cuando se lo proponía, pero a pesar de tener ese temperamento, en algunas ocasiones demostró un lado amable. Muy pocas veces, pero lo hacía.
No, sabía que ella quería cambiar su actitud y la conversación que tuvieron anoche fue prueba de ello. Confiaba ciegamente en ella, más de lo que alguna vez pudo pensar. Esperaba que solo fuera cuestión de tiempo para que sus hermanas se dieran cuenta de lo mismo. Lincoln estuvo pensando un buen rato frente a la puerta de su hermana, quizás y solo estaba exagerando un poco las cosas. Quién sabe, cualquier cosa podía pasar luego de ser testigo de tantas cosas en toda su vida y el giro tan grande que podían dar.
Estando tan inmerso en sus pensamientos, Lincoln no se percató de la presencia de Lana, la cual salía de la habitación de Luna y Luan.
—Hola, Linc —saludó Lana a su hermano mayor, acercándose a él desde el otro lado del pasillo.
Ese llamado hizo reaccionar al chico, saliendo inmediatamente de sus pensamientos y mirándola con atención.
—Oh, hola, Lana. ¿Qué sucede? —preguntó, observando con detenimiento a su hermana menor a los ojos, los cuales denotaban un poco de tristeza.
—Nada, es solo que no encontré lagartijas por ninguna parte —contestó Lana con decepción.
—Tranquila. Luan no lo hizo a propósito, seguramente no buscaste bien o se escaparon por la ventana.
—Descuida, seguramente esas lagartijas no eran tan buenas —dijo, intentando mejorar un poco su estado de ánimo—. Viniste para hablar con Lola, ¿Verdad?
—Sí, creo que fueron algo duras con ella ahí abajo.
—Si... Supongo.
Lana se veía algo distante, las lagartijas no eran un motivo como para que se entristeciera de ese modo, sabiendo que podía encontrar más en el jardín. Tenía que ser algo más.
— ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? Si es por las lagartijas no te preocupes. Sé que encontrarás mejores —dijo Lincoln, dudoso de sus propias palabras.
—No... no es eso.
— ¿Entonces qué es? —preguntó Lincoln, teniendo una pequeña idea de lo que su hermana podría sufrir, tan sólo esperando a que ella misma se lo dijera o diera un indicio más claro.
—Es solo que... Lisa habló con nosotras.
Lana pareció incomodarse un poco por ese reciente recuerdo de él tendido en el sofá totalmente inconsciente. Suspiró levemente y se tomó su tiempo para regresar a hablar.
—Nos contó lo de... Tu sabes... "el incidente" mientras dormías en el sillón y...
En este punto, Lana comenzaba a sollozar, no cabía duda que el tema de la mala suerte había recaído más en ella a pesar de haber sido la menos culpable en todo eso. Era una niña aún, siendo un punto a favor a la culpabilidad que tenía.
—No pude evitar sentirme culpable por todo el daño que te hicimos, tanto fue el daño que incluso sufres pesadillas durante la noche. A veces no puedo evitar culparme por haber propuesto que durmieras en la casa de Charles... Todo es mi culpa.
Lagrimas comenzaron a salir de los ojos de Lana, realmente estaba devastada de tan sólo recordar ese suceso, aunque todo resultó en menor grado para ella. Ni siquiera creía en eso de la buena o mala suerte, solo creyó que no era un tema como para tomárselo tan en serio. Usualmente siempre comenzaba de la misma forma: Un problema comienza entre alguno de ellos y siempre terminaba con un gran abrazo familiar y una cena de pizza... Pero no pasó así, todo se salió de control. De no haber sido por la intervención de Lisa, seguramente todo habría acabado de la peor forma posible. Una llamada acusando a ambos padres de abuso infantil, Lincoln viviendo en un orfanato, y a todas las hermanas Loud siendo llevadas a casa de la tía Ruth o su abuelo Alberth encargándose de ellas. Pero esa es otra historia. Lo importante fue que Lisa reconoció su error al igual que casi toda la familia, incluso recuperaron sus cosas vendidas y quemaron aquél traje de ardilla. Aun con todo eso, algunas mantuvieron rencor hacia ellas mismas, tal era el caso de Lana. Una persona simplemente lo ignoró diciendo que era algo inocente y otra mantuvo esa idea de la mala suerte. ¿Qué podía esperarse de ellas? Una simple palabra lo decía todo. Arrepentimiento.
—Lana, no tendrías que saber lo de las pesadillas, eso no es tu culpa y no deberías preocuparte por eso. No tienes por qué culparte... no es tu culpa... el único culpable soy yo... fue mi error por convencer a todas de ese rumor.
Lincoln se agachó ante Lana para estar a su altura y así poder hablar más claramente. Acto seguido, la envolvió en un abrazo sincero y puro, provocando que los sollozos de la pequeña se hicieran más fuertes.
—Está bien... está bien. Tranquila... no tienes porqué culparte, no sabías lo que hacías en ese momento.
Dando esas palabras reconfortantes, Lincoln trataba de transmitirle tranquilidad a su hermana menor.
—Lincoln... es que... siento que pude haber hecho algo —dijo, sintiéndose impotente y enojada consigo misma, mientras sus lágrimas empapaban el hombro de su hermano.
—Y lo hiciste, ¿acaso ya lo olvidaste? Fuiste la primera en darte cuenta de que todo se estaba saliendo de control. Tú fuiste la primera en ayudarme —le enseñó una sonrisa, logrando que su hermana recordara ese hecho—. Hacías lo que podías, trataste de convencer a mamá y papá muchas veces y me diste tu ayuda las duras noches que dormí en la casa de Charles.
Lana le dio una leve sonrisa. Sin embargo, esa pequeña alegría no perduró demasiado. No la ayudó lo suficiente como para ganar fuerza de voluntad.
—Lo sé... Pero...
Lincoln rompió el abrazo y colocó su dedo índice en los labios de su hermana para que lo escuchara. Lana solamente se limitó a guardar silencio, estando con un leve rubor en su rostro, mientras observaba atentamente a su hermano.
—Lana, no sigas... no tienes que cargar con toda la culpa —dijo.
Lincoln apartó su dedo índice y puso su mano izquierda en el hombro derecho de Lana.
—No me gusta verte así —siguió, mientras miraba a los ojos de la pequeña plomera—. Comprendo que no puedas perdonarte a ti misma. Me alegra que tengas un gran corazón, Lana. Demuestras mucha de tu preocupación hacia mí y a todos, en verdad lo reconozco... pero no puedes estar enojada siempre contigo misma. Una hermana tan genial, bondadosa y de gran corazón no merece tener rencor hacia ella misma por algo que no cometió.
Lincoln tomó la gorra roja de la cabeza de Lana, queriendo quitarle esa pena que tenía.
—Lincoln... yo... también le hice daño a Lola. Ella pidió ayuda ayer y me dijo lo suficiente para saber que decía la verdad ahí abajo.
—¿Y? ¿Por qué no la ayudaste?
—Porque —hizo una breve pausa—, porque me sentí acorralada. Creí que si trataba de convencer a las demás me culparían de ser su cómplice y de hacerte daño como creían Lola te lo estaba haciendo.
—Pero no quieres hacerme daño.
—No, no quiero.
—Oye, sé que hay muchas diferencias entre todos nosotro. Muchas veces peleamos por cualquier cosa, pero lo importante es que siempre logramos solucionar esos problemas como la gran familia que somos. Esto también implica lo de Lola, sé que ella te perdonará por lo que hiciste. Ya verás que juntos podremos arreglar las cosas con las demás.
Parecía que Lana se estaba calmando un poco.
—Escucha, recuerda esto: Lo mejor es olvidar todo y perdonar, no tiene sentido que mantengamos rencor y menos a personas que se sienten arrepentidas por sus actos, ¿No lo crees?
Sin que Lincoln lo viera venir, Lana se acercó a él y lo envolvió en otro gran abrazo, manteniendo su boca cerca de su oreja.
—No sé qué hicimos todas para merecer un hermano como tú.
Lincoln sonrió satisfactoriamente y correspondió al abrazo de su pequeña hermana.
—Ni yo sé qué hice para tener unas cariñosas hermanas como ustedes —respondió el chico sin romper aquél abrazo—. No importa cuántas veces peleemos o discutamos, siempre seremos una gran familia feliz.
— ¡Por supuesto que sí! -exclamó Lana con gran emoción.
Tras separarse del abrazo, Lana se quedó por un momento mirando a su hermano mayor, este en respuesta le sonrió alegremente.
— ¿Lo ves? Esa mi Lana —dijo, revolviendole el cabello rubio—. Bueno... ahora solo tengo que ir a hablar con Lola.
Lincoln se puso de pie y miró con detenimiento la puerta frente a él.
—Oh... si quieres puedo acompañarte. Tengo que disculparme con ella de todos modos —dijo Lana, mostrando su interés mientras limpiaba sus lágrimas pasándose bruscamente el brazo izquierdo por sus ojos.
—Sí, será mejor si vamos dos. Además, tengo una promesa que cumplir.
Antes de que Lincoln decidiera tocar la puerta, Lana lo interrumpió.
—Linc... ¿Te importaría si...? —preguntó la pequeña, señalando su gorra, la cual Lincoln aún sostenía con su mano.
—Oh, sí, lo siento —respondió el chico, colocándole dicho objeto en su cabeza.
—Gracias —agradeció.
Mientras tanto, dentro de la habitacion, Lola se encontraba de pie, frente a algunos de sus animales de peluche teniendo una conversación con ellos. En cambio a veces anteriores, ahora les hablaba como si casi fueran personas reales que la escuchaban y consolaban.
—En serio... no puedo creer que no crean en mí —dijo, mientras caminaba de un lado a otro por toda la habitación.
—Ellas piensan que le hice algo malo a Lincoln —esperó a que sus animales hablaran—. Yo lo sé, sé que muchas veces fuí muy mala con él... pero prometí que cambiaría por él y no pienso romper esa promesa de ninguna forma. Lynn solo dijo eso porque siente celos por lo dulce que se portó Linky conmigo.
Lola se detuvo y volteó a ver a los rostros de sus animales de peluche.
— ¿Qué? Él estaba preocupado por mí, nada más —regresó su mirada al frente, pero pronto pudo escuchar algunos murmullos a sus espaldas.
Lola volteó a verlos, esta vez con cierta singularidad.
— ¿De qué están hablando?
Lola rodeó con la vista a sus animales, viéndolos uno a uno a sus ojos hechos de plástico.
—Esperen... ¡¿Qué?!
Retrocedió asustada, mientras que su rostro se llenaba de un color rojo.
— ¡Señor Sprinkles! ¡¿Cómo puedes decir algo como eso?! —preguntó exaltada, viendo al rostro de su oso de peluche—. Se trata de Lincoln... ¿Cómo pueden pensar que...
De pronto, unos leves golpes interrumpieron a la pequeña. Suspiró aliviada al saber que no tendría que decir declaraciones.
—Vinieron antes de lo que creí. Bueno, supongo que debían hacerlo tarde o temprano.
Con una suave voz, preguntó:
— ¿Quién es?
— ¿Lola? Soy yo, Lincoln —dijo desde el otro lado de la puerta.
—Junto a tu arrepentida gemela, Lana.
—Entiendo que estés algo molesta y triste por lo que pasó hace rato y quisiera que hablemos sobre eso —dijo Lincoln.
Lola no se veía muy segura si darle la razón o no. Realmente la habían hecho sentir mal, en especial con lo dicho por Lynn.
Lincoln, conociendo a Lola, hablar de esa reciente discusión no la haría sentir muy cómoda, pero intentaría hacerla razonar con sus hermanas la próxima vez que las viera.
Lola se encontraba sin saber qué hacer. Era claro que le costaba hablar respecto a ese tema en este momento, pero al tratarse de su hermano mayor, empezó a titubear un poco. Le debía una explicación, en especial por su promesa de ser una mejor hermana con él.
—Linky, yo...
Lola intentó hablar, sin embargo su indecisión se lo impidió. Lincoln se percató de ello, suponiendo que haría sentir peor a su hermana si tocaba el tema tan pronto. Era mejor dejarlo.
—Está bien, si ahora no quieres hablar sobre eso... estaremos dispuestos Lana y yo para ayudarte cuando quieras. Pero antes que nada, ¿Recuerdas la promesa que te hice anoche?
—Sí... lo recuerdo —respondió Lola, sintiéndose más calmada.
—Bien, ¿qué te parece si hacemos lo que te dije?
En respuesta, Lola soltó un pequeño grito de emoción. Ella había olvidado dicha promesa, disimular se le dio bien, al menos para esta ocasión.
— ¡Claro! ¡Solo dame un minuto! —exclamó emocionada.
Lola rápidamente dio media vuelta y comenzó a preparar sus cosas para el ensayo de la obra; su vestido de princesa, algunos castillos hechos de almohadas, el traje de príncipe de Lincoln y el traje de dragón de Lana. Tan solo detalles menores.
— ¿Qué clase de promesa le hiciste? -preguntó Lana.
—Tranquila, no es nada del otro mundo. Anoche le prometí que hoy jugaríamos todo el tiempo que quisiera.
—Eso suena divertido. ¿Enserio crees que Lola haya decidido cambiar? Sigo sin poder creerlo —dijo.
—Descuida, en un par de días ella será una nueva y mejorada Lola Loud. No más regaños, no más amenazas, no más insultos... todo será mucho mejor para todos, ya lo verás.
—Espero que tengas razón —dijo Lana, estando a la espera.
Ambos hermanos esperaban a que Lola abriera la puerta, sin saber lo que realmente les esperaba detrás de esta. Por su parte, Lana estaba un poco confundida por la actitud de su gemela, aún sin poder creer ese repentino cambio.
«¿Qué habrá ocurrido entre esos dos? Ayer estaban distanciados y hoy incluso se llevan mucho mejor que antes. ¿Será verdad? Lola me dijo que quería cambiar, pero nunca imaginé que lo haría tan rápido. Es bueno saber que quiere arreglar sus errores, es un buen comienzo, pero algo me preocupa... Quizás solo sea mi imaginación». Pensó Lana.
En un instante, el alboroto que se armaba dentro de detuvo. Lola, emocionada, dijo:
— ¡Listo! Ya pueden entrar —declaró, quitando el seguro a la puerta, esperando a que sus hermanos decidieran abrirla por ellos mismos.
Al abrir la puerta, ambos vieron a Lola vistiendo el mismo elegante vestido del día anterior, y en ambas manos tenía el traje de dragón de Lana.
— ¡Genial! Vamos, Lana —invitó Lincoln a su hermana.
«¿Cuándo hicieron las pases esos dos?» pensó nuevamente.
Lana se quedó de pie frente a la habitación, haciendo caso omiso a la invitación de su hermano.
— ¿Lana? —llamó Lincoln a hermana menor tras verla perpleja y pensativa por unos momentos.
—Ah... ¡¿Qué?!
— ¿Está todo bien? Estás actuando un poco extraño.
—Tú eres el raro. No es nada, en serio —respondió ella.
—Si tú lo dices —dijo, ingresando al cuarto junto a Lana—. Bueno, supongo que ensayaremos tu obra, ¿No?
—Me leíste la mente, Linky —respondió Lola.
—Tampoco fue tan difícil deducirlo.
—Ja, Ja —rió Lola en tono dulce y alegre.
—Bien, iré a vestirme —dijo Lincoln antes de salir de la habitación.
—Está bien, tómate el tiempo que necesites... y que ni se te ocurra escapar esta vez.
—Nos vemos, o quizá no —dijo Lincoln, provocando la tierna risa de la pequeña.
—Te espero aquí, Linky —dijo Lola, al ver a su hermano entrar a su respectiva habitación—. Bien, Lana. Vamos a prepararte.
