"Capítulo 16 - Una Mañana Algo Alocada"
Un nuevo día, nuevas experiencias, nuevos recuerdos y nuevos problemas. El sol comenzaba a salir, un cielo casi limpio y con ese color anaranjado en todo su esplendor. Los pájaros, como siempre, daban sus primeros cantos y el rocío de la madrugada hacía que el pasto reluciera con el brillo del sol. Era una mañana pacífica y perfecta, donde casi nada podía salir mal, las personas del vecindario despertaban para dar comienzo a otro agotador y repetitivo día de trabajo, o escuela para algunos otros. Eran las seis cuarenta de la mañana de día lunes de primavera y a una o dos semanas de comenzar el verano.
Como ya era costumbre, los señores Loud eran los primeros en despertar y preparar todo a sus hijos. El señor Loud se encargaba de preparar el desayuno y almuerzos a cada uno, mientras que la señora Loud tocaba a cada una de las seis puertas. Lincoln comenzaba despertar tras escuchar la indistingible voz de su madre. En unos instantes, su mente era libre y pensaba con claridad. Sus dos hermanas estaban a su lado, sin aparentes intenciones de despertar. Lincoln se levantó y talló un poco sus cansados ojos. Esperaba que algo así ocurriera, estaba acostumbrado a dormir solo y a veces con una inesperada visita, pero muy pocas veces con dos inesperadas visitas. El sueño y frustración que sentiría durante el transcurso del día valdría la pena, ver a ambas dormir a su lado era sin duda, una experiencia que solo podía pasar de vez en cuando.
Lincoln bostezó, resonando en toda la habitación, despertando a ambas chicas a su lado.
—Vamos, solo cinco minutos más —Lynn se tapó la cara con la almohada que tenía recostada en la cabeza.
—Sí, lo que ella dijo —añadió Lola.
—Chicas, hoy es día de escuela. Tenemos que hacer la fila del baño antes de que Lori entre. Ya saben que tarda siglos en la ducha —dijo.
—Lincoln... no seas aguafiestas, ven y duerme con nosotras, nadie notará que faltamos a la escu...
Lynn intentó seguir hablando, pero parecía que su sueño era más poderoso que su fuerza de voluntad, comenzó a roncar.
—Sí, Linky... ven y quédate con noso... -Lola intentó hablar, pero quedó desplomada en la cama antes de hacerlo.
—Vamos, si nos quedamos aquí las malteadas que papá prepara los lunes se acabarán antes que poda...
— ¿¡Dijiste malteadas!? —preguntó Lynn sobresaltada, poniéndose justo frente al rostro de Lincoln.
—Sí, eso dije —contestó.
—Vamos, Lynn. Nosotras serémos las primeras en probarlas —Lola señaló al techo con su dedo igual de emocionada que Lynn.
—Así se habla, hermana.
Lynn abrió la puerta de la habitación y corrió junto a Lola a sus respectivas habitaciones.
—Vaya... creo que ya conozco el mejor método a la hora de despertar a una de mis hermanas —se rascó un poco la cabeza— creo que yo también debo darme prisa, no quiero quedarme sin una de esas delicias después de lo ocurrido la semana pasada.
Al terminar de preparar sus cosas, Lincoln abrió la puerta de su habitación para dirigirse al baño. Pero lo que este no contaba era que todas sus hermanas incluyendo a Lynn y Lola ya se encontraban en la fila. Para su suerte, él era el último.
— ¡Rayos! —gritó.
Sin otra alternativa, Lincoln caminó hacia la fila, encontrándose con Lucy.
—Suspiro... ¿Tú también te quedaste dormido? —preguntó Lucy.
—Así parece.
—Bien, como no tengo a nadie más a quien contarle el extraordinario sueño que tuve sobre Edwin, tú serás el afortunado de tener ese privilegio —Lucy sonrió levemente.
«Este será un largo día», se dijo a sí mismo.
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Una hora había pasado y Lincoln salía del baño. El tiempo era limitado, su familia ya estaba desayunando y él seguía arriba. Su día comenzó con un simple problema, eso no le arruinaría el resto de su prometedor día y del cuál esperaba que así fuera. Caminó hacia su habitación y dejó sus cosas en su lugar, salió y bajó para comer con su familia. Al llegar, pudo ver como todos a excepción de Lucy tenían un vaso largo con lo que seguramente era una malteada, algunas eran de fresa, chocolate e incluso vainilla. Un deleite que habría disfrutado.
—Buenos días, hijo. Siéntate con nosotros —lo invitó su padre.
—Hola, cariño. Espero que hayas tenido una buena noche —le saludó igualmente su madre.
Lincoln habría querido tenerla, aunque no se quejaba. Se sentó junto a sus hermanas. La mayoría de veces comía tentáculos de pulpo o pinzas de crustáceo crudas, se necesitaba mucha suerte para que su padre se dignara a hacer una buena comida y no esas cosas para nada agradables.
—Hola, Linky, ¿cómo dormiste? —preguntó Lola estando al lado suyo.
—Oh... hola, Lola... pues —pensó en algo sutil—. Dormí bastante bien, en especial porque tú y Lynn estaban conmigo —mintió.
—Es una sorpresa, yo también dormí muy bien. Nunca creí que tres personas podrían dormir en una cama tan pequeña como la tuya —paseó la mirada por la mesa, notando un detalle que pareció incomodarla—, si... Oigan, ¿por qué Lincoln y Lucy no tienen una malteada? Ellos también merecen tener una.
—Lo siento, hija. Ya sabes las reglas, solo se pueden preparar nueve y los primeros nueve son los que las ganan -respondió su padre.
—Pero... pero...
—No importa, Lola. Quizás la próxima vez pueda conseguir una —la interrumpió.
Lincoln la vio, parecía decepcionada. Una idea cruzó por la mente de la pequeña y la dijo antes de pensarla con cautela.
—Oye, ya sé. ¿Por qué no compartimos la mía?
—Esa es una buena idea. Tú también puedes tomar de la mía, Lucy —dijo Lynn
—No es necesario, Lynn. Es una buena lección para levantarme temprano la próxima vez —respondió.
—De acuerdo, como gustes —dijo Lynn antes de darle otro sorbo a su bebida.
— ¿En verdad quieres compartir tu malteada conmigo? —preguntó Lincoln, algo desconcertado de la inocente petición de su hermanita.
—Sí, no veo problema alguno.
Lincoln tomó una de las pajillas del centro de la mesa y la puso en el vaso.
—Que sorpresa, elegiste de fresa —dijo Lincoln sarcásticamente.
— Lo es, ¿verdad?
Lincoln sonrió un poco por ese gesto, no estaba muy seguro sobre lo que estaba por hacer, no era que lo molestara o algo por el estilo, simplemente se sentía un poco extraño al hacerlo en frente a su familia.
Ambos bebieron al mismo tiempo, cosa que para nada estaba planeada. Repentinamente, una voz provocó que estos dos soltaran las pajillas rápidamente.
—Aww, se ven tan adorable ustedes dos —dijo Leni.
—Sí, literalmente se veían adorables —añadió Lori, juntando sus dos manos con ternura.
—Cariño, cariño, ¿la tomaste? -preguntó Rita a su marido.
—Claro que sí, lista para el álbum familiar —el señor Lynn enseñó a todos en la mesa la fotografía que acababa de sacar, una que mostraba a los dos hermanos bebiendo aquella malteada.
Las nueve chicas hicieron un sonido de ternura, al ver tal foto de sus dos hermanos.
— ¡Oye! ¿Porque hiciste eso? —preguntó Lola totalmente sonrojada.
—Sí, ¿P-por qué hiciste eso? —replicó Lincoln también sonrojado.
—Vamos, chicos. No se molesten, para que vuelvan a confiar en mí, la destruiré en este momento
Al instante, Lynn rompió en pequeños trozos aquella fotografía, haciendo que los restos que cayeran en el piso.
— ¿Lo ven? No fue difícil.
—Gracias, papá. No iba a poder aguantar tal humillación —dijo Lincoln, aliviado.
—Ya lo has dicho, hermano —mencionó Lola dándole la razón.
Tras lo sucedido, todos regresaron a comer y actuaron como si nada hubiese pasado, al menos fingían bien.
—Cariño, ¿en verdad la destruiste? —preguntó Rita en voz baja en la oreja de Lynn.
—Pero por supuesto que no, siempre tomo dos para emergencias —respondió el patriarca, enseñándole la segunda fotografía.
—Es perfecto, más tarde la colocaré en el álbum.
Después de desayunar, los diez chicos tomaron todo lo necesario y esperaron en el sillón para un aviso que les darían sus padres. No creyeron que sería muy importante, pero no había otra opción si querían irse pronto.
—Ben, chicos. Hoy el consultorio cerró a causa de una plaga de ratas, así que tendré todo el día libre para trabajar en mi novela —prosiguió—. Su padre los llevará a la escuela hoy, ¿está bien?
—Sí, mamá —respondieron todos alegremente.
—Bien, chicos. Suban al auto -el señor Loud abrió la puerta principal mientras giraba con su dedo índice las llaves del auto sobre su misma órbita.
—Adiós, chicos. Espero que tengan un buen día hoy en la escuela —se despidió la señora Loud.
—Adiós, mamá.
—Adiós, querida. Volveré con los chicos a las dos treinta.
—Adiós, cariño. No olvides llenar el tanque del auto.
—No lo olvidaré. Te quiero, adiós —dijo antes de cerrar la puerta.
—Que hice para merecer una hermosa familia como esta... Será mejor llevar a Lily a la guardería antes de comenzar a escribir —Rita subió las escaleras en dirección a la habitación de la bebé.
Mientras que en Vanzilla, todos los hermanos Loud se sentaron cada uno en su respectivo lugar y esperaron a llegar a su destino. Algunos se encontraban conversando, otros simplemente veían a la ventana y otros se mantenían distraídos con lo que sea que pudieran encontrar en el auto, no es como si pudieran hacer mucho ahí dentro en realidad, de todas formas el trayecto no era mucho, así que no tardarían en llegar.
—Dime, ¿ya pensaste en lo que dirás? —preguntó Lana algo insegura de la decisión que tomaría su gemela.
—Aún no, pero ya se me ocurrirá algo —respondió Lola segura de sí misma,
No estaba de más ser precavida, más allá de lo que pudiera suceder.
—Pero no sabes cómo reaccionarán... qué tal si...
—Tranquila, ellos son mis amigos. Sé que entenderán todo, nada malo pasará, te lo aseguro —la interrumpió, sintiéndose totalmente segura de sí misma.
—Esta bien, confío en ti. Estaré ahí para apoyarte pase lo que pase.
Lana pensó que, quizás y todo terminara de la mejor manera, no es como si unos simples niños de primer grado tuvieran algo más que simple inocencia, ¿verdad?
—Gracias, Lana. Eres una gran hermana —sonrió.
Luego de un trayecto de unos veinte minutos Vanzilla se había detenido, logrando observar frente a ellos su primera parada, la primaria Royal Woods.
—Primera parada. Chicos, ya saben dónde vernos, los espero aquí a las dos en punto, ¿De acuerdo? —preguntó el señor Lynn.
Lana, Lola, Lucy y Lisa bajaron de la camioneta, quedándose en la acera por un momento.
—Sí, papá —respondieron Lana, Lola, Lucy y Lisa, pero sin rastros de Lincoln.
— ¿Alguien podría despertar a Lincoln? —Lynn señor desde el asiento delantero, al ver por el retrovisor a su hijo durmiendo con el brazo apoyado en el descansa brazos y con la cabeza en el cristal de la ventana.
—Claro, papá —Lynn le dió un fuerte golpe en el brazo a Lincoln.
— ¡Auch! ¡Oye! ¿Qué te sucede? -preguntó Lincoln, molesto de haber sido despertado de golpe, literalmente de su profundo sueño.
—Ya llegamos, genio —respondió Lynn señalando a la escuela, la cual se encontraba a su derecha.
—Yo... de acuerdo, lo dejaré pasar por esta ocasión —dijo el peliblanco, bajando de la camioneta junto con sus demás hermanas.
—Gracias, Lincoln.
—Los quiero, despídanse de sus hermanas.
Los cinco se despidieron de su padre y de sus hermanas restantes, acto seguido, el señor Loud arrancó. La camioneta se juntó con los demás autos que pasaban, desapareciendo a plena vista de los chicos.
Un día como cualquier otro era lo que todos pensaban. Terminarían estando muy equivocados.
