"Capítulo 18 - Promesas"

Dos horas luego de lo acontecido en uno de los salones de primer grado, el rumor de lo que pudo haber sucedido comenzó a expandirse por toda la escuela. Era el tema del momento y no fue algo que Huggins pudo evitar con simples mentiras como: solo se lastimó, porque ciertamente ni siquiera él lo creería si se lo contaran. El sonido de la ambulancia fue audible por casi todos, y algunos curiosos salieron de sus aulas para ver qué pasaba. Para su sorpresa, se encontraron con aquella famosa niña conocida por ser una mala influencia ser llevada en una camilla por algunos enfermeros por todo el pasillo de la escuela hasta la ambulancia fuera del edificio. Todo apuntaba a que había sido lastimada de alguna forma. Los rumores indicaban que los chicos de su clase lo hicieron, pero solo se quedaba en eso, simples rumores.

Algunos distraídos no supieron de lo acontecido hasta que salieron de sus aulas para almorzar y se informaron de ello.

Lincoln despertó cuatro horas después de haberse quedado dormido; el estruendoso y molesto ruido de la campana fue la que lo hizo reaccionar. No estaba orgulloso de dormir en plena clase, nunca lo hizo antes y el hecho de no prestarle atención a su profesora ya era mérito de un castigo propio. Por suerte, el descanso le había servido para mejorar su estado; sus ojos ya se habían recompuesto y su estómago suplicaba comida. Sacudió la cabeza y se levantó de la silla para acompañar a sus amigos hasta la cafetería de la escuela.

— ¡Wow! Nunca creí que un jefe de ese tamaño llegaría al final de ese nivel —comentó Rusty, mientras caminaba al lado de sus amigos.

—Lo sé, tuve que esconderme detrás del sillón para refugiarme. Era muy aterrador —añadió Clyde.

Lincoln escuchaba la conversación de sus amigos. Le pareció divertida la reacción de Clyde y el recuerdo de él escondiéndose en busca de un refugio seguía plasmado en su mente. Dio apenas unos pasos y percibió como el lugar en donde caminaba se sentía con una atmósfera de misterio y engaño;casi como si estuviera caminando en un limbo de emociones que solo él podía reconocer. Estaba seguro de una cosa: algo no andaba bien.

Mientras sus pisadas seguían una tras otra, sentía como varias miradas se clavaban en su cabeza y espalda. Lo hacía sentir incómodo y no entendía porqué pasaba. Su persona resaltaba de entre todos y eso lo tenía muy en cuenta, pero no lo veía como una justificación verídica. Los ojos de los niños en el pasillo lo seguían, no a Clyde o a sus amigos, no, era directamente a él. Escuchó murmullos a sus espaldas y a su costado, lo menos que pudo oír fue algo sobre una ambulancia. Una ambulancia, no había escuchado ninguna sirena y estaba seguro que eso lo habría despertado. El vehículo sólo llegaba cuando alguien se lastimaba de gravedad, o al menos eso siempre supo. Volteó a ver a sus amigos y seguían hablando con normalidad, parecía que no se habían dado cuenta de lo que sucedía.

Por un momento, una idea algo absurda llegó a su mente: ¿Y si lo veían de esa forma por su cabello blanco? No era que le importara mucho, descartó de inmediato la idea ya que solo lo juzgaban de esa forma los chicos de nuevo ingreso, nuevos profesores y algunos padres que no lo conocían. ¿Por qué se molestarían en hacerlo en ese momento si antes no lo hacían? ¿Una simple broma, quizá? Además, eso no respondía por qué hablaban tanto de una ambulancia.

—Sí, Zach. Esa parte fue la mejor, en especial en la que pude contraatacar a mi oponente, ¿no lo crees, Lincoln?... ¿Lincoln?

La respuesta no llegó. Clyde miró a su amigo con extrañeza. Parecía estar más interesado en otra cosa que en la conversación que entablaba con los Rusty y los demás.

—Lincoln, ¿te sientes bien? Has estado muy extraño el día de hoy.

Otra vez no obtuvo respuesta.

Su amigo no se comportaba como de costumbre y eso lo preocupaba ligeramente.

—Lincoln, estás asustándome.

—Algo no anda bien, Clyde —le dijo por fin.

—No entiendo, ¿por qué dices eso?

—Mira a tu alrededor.

Clyde dejó de verlo, y en cambio miró a todos los chicos del lugar. No tardó en darse cuenta de dos cosas: una era que algunos hablaban como si estuvieran ocultando algo. La segunda y más importante era que una cantidad bastante grande observaban a su amigo con interés, como si fuera una clase de bicho raro. Eso lo incómodo y supuso que a eso se refería.

— ¿Amigo, qué sucede? —preguntó Clyde, tan confundido como lo estaba Lincoln.

—No lo sé, Clyde. Pero tengo un mal presentimiento —prosiguió—. ¿Puedes notar cómo actúan todos?

—Sí, algunos parecen esconder algo y otros te observan como la primera vez —siguió caminando mientras miraba de reojo a su alrededor—, ¿crees que haya sucedido algo malo?

—No lo sé, Clyde. Espero que no.

Siguieron, entraron a la cafetería y buscaron su mesa grupal hasta encontrarla, libre como siempre. Solo ellos dos tomaron asiento.

—Chicos, hoy no traje mi almuerzo. Tendré que formarme para la comida de hoy —dijo Stella, señalando la larga fila de la barra de comida.

—No te preocupes, yo tampoco traje mi almuerzo —siguió Zach.

—Sí, yo tampoco —dijo Rusty.

—Ni yo —comentó Liam.

Stella suspiró levemente y miró a Lincoln y a Clyde con una sonrisa.

—Bueno, parece que se quedarán solos otra vez.

Stella, junto a los demás se alejó de la mesa.

La situación en la cafetería era la misma que en el pasillo. Lo miraban por un largo tiempo hasta que simplemente regresaban la cabeza al frente, pero dándole momentáneos vistazos. Tenía claro que el problema que hubiese pasado lo involucraba de alguna forma. No había hecho nada, no tenían por qué verlo así, como si estuvieran analizando sus movimientos, esperando a que algo pasara en él.

—Lincoln, estoy algo preocupado por todo esto. ¿Qué crees que esté pasando? —preguntó Clyde, mientras sacaba una manzana de su bolsa de papel.

—No lo sé —contestó con brusquedad.

— ¿Crees que te ven así por tu cabello?

Clyde hizo esa pregunta sin pensarla demasiado.

—No, Clyde —respondió, ligeramente molesto—. Hace años que ya nadie me juzga por mi cabello. ¿Por qué crees que lo harían ahora?

Clyde no dijo nada por algunos segundos, pensó que había sido demasiado tonto preguntarlo.

—Creo que tienes razón, perdón si te hice sentir incómodo —dijo con culpa.

—No te preocupes —Lincoln mantuvo respuestas cortas para no verse interrumpido.

Clyde no dijo nada más y optó por darle la primera mordida a su manzana.

Lincoln apoyaba su cabeza sobre su mano y se sumió en sus pensamientos: intentaba calcular, valorar y examinar a detalle cada expresión, movimiento o forma de hablar de sus compañeros que le revelaran la verdad. De repente le pareció como si todos los acontecimientos que lo rodeaban fueran borrosos e indescifrables. Intentó pensar en algo que le dieran a sus palabras una clase de definición, pero en lugar de eso, se dio cuenta que no le serviría de nada. Era más sencillo preguntarle a alguien lo que pasaba en lugar de pasarse el tiempo haciendo teorías de las que no estaba seguro.

Estuvo por pararse de su asiento, sin embargo, lo tomaron de los hombros y lo giraron para que volteara a ver directamente a la cara al culpable de interrumpirlo sin siquiera haberse dado cuenta.

—Lincoln, debes venir conmigo —le dijeron con una intranquilidad que enseñaba su cara, aún si sus ojos no lo reflejaban por el flequillo que los tapaba.

Lincoln dio un gritó ahogado y vio con incertidumbre a la responsable de sacarlo de su imaginación.

— ¡¿Lucy?! ¿Qué... qué haces aquí?

—No hay tiempo de explicar, ven conmigo.

Lucy lo tomó de la muñeca y lo jaló con fuerza. Lincoln tuvo que dar un salto rápido para no tropezarse con el largo asiento de la mesa. No tuvo tiempo de preguntar o al menos haber tomado su almuerzo, mucho menos de asimilar lo que pasaba, fue tomado a la fuerza replicar al respecto. Caminaron hasta la salida de la cafetería en cuestión de segundos, y se desvanecieron tras pasar la puerta hacia el laberinto de pasillos.

—Está bien, te veo después, Lincoln —dijo Clyde antes de ver a su amigo salir del lugar.

Lucy siguió caminando, mientras tomaba bruscamente de la muñeca de su hermano. Lincoln ni siquiera se molestó en protestarle si podía bajar la intensidad de su fuerza. Tenía tantas preguntas que lo frustraba el hecho de pensarlas. Caminaban cada vez más de prisa, giraban en distintas direcciones sin destino aparente. Intentó recobrar un poco la compostura, pero no lo logró. El constante cambio de direcciones lo mareban y hacían que se confundiera aún más. Sacudió la cabeza y optó por hablar.

— ¡Lucy, por favor, detente! —sus súplicas no dieron el visto bueno y fueron totalmente ignoradas.

Lincoln, en un vano intento por frenarla, trató de librarse del agarre de Lucy con su mano libre, pero no funcionó y ahora lo sujetaba con más fuerza hasta el punto de sentir cómo su mano parecía asfixiarse.

— ¡Lucy, hablo enserio! ¡Detente ahora mismo! —de nuevo, no fue escuchado.

Caminaron un poco más y ambos se detuvieron. Lucy se mantuvo observando por un corto tiempo el lugar a su alrededor. Era tan apreciable, un sinónimo a lo que ella consideraba belleza nata. Un lugar al que llamaba la oscura realidad.

—Será mucho mejor hablarlo aquí —dijo Lucy por fin.

Soltó la muñeca de Lincoln y dio un leve suspiro al contemplar las marcas que habían en los casilleros. Era un pasillo que carecía casi de iluminación; las luces del lugar parpadeaban en un intento de cumplir el propósito por el que fueron creadas. Eran apenas iluminados por las lejanas luces delanteras que si funcionaban. Los casilleros parecían olvidados, algunas puertas presentaban dobleces que solo alguien con una fuerza inhumana pudo hacer y otros simplemente carecían de estas. Incluso habían arañazos parecidos a las garras de un león o un oso en las paredes. Era como una frontera que dividía la parte buena y la parte mala; la parte mala, aunque constara de solo treinta metros de largo, tenía detalles de los cuales era imposible no sentir escalofríos el solo pensar en lo que pudo haber pasado para que terminara en ese desenlace tan fatídico.

Lincoln nunca había visto ese lugar, pero no era su prioridad más grande saber en dónde estaba y qué había pasado ahí.

—Lucy, ¿qué está pasando? —preguntó, denotando impaciencia en sus palabras.

—Suspiro... Lincoln... por tu reacción me doy cuenta que no tienes ni la más mínima idea de lo que está pasando.

Ambos se encontraban parados en lo más profundo de ese penumbre e inhóspito pasillo, no había rastro de personas ni de sonido, y eso era algo que Lucy amaba de ese lugar.

—Por supuesto que no tengo idea: no sé en dónde estoy, no sé por qué me trajiste aquí y no sé por qué todos actúan tan extraño —dijo, casi con enojo.

—Este lugar es el rincón donde mis oscuros amigos y yo realizamos todo tipo de encantamientos cuando nos aburrimos de las clases. Pero eso no importa. Te traje aquí para conversar sobre lo que ocurrió sin tener que ser interrumpidos, pero al ver que no sabes nada, me veo obligada a tener que contártelo aunque no quiera hacerlo.

Lucy ya de por sí había comenzado mal su día, con la noticia que le hizo saber Haiku, se preguntaba si podía haber algo peor. Supuso que los rumores eran correctos, y no tardó en decifrar la forma en la que pudo haber iniciado. Estaba preocupada y no quería imaginarse la reacción que pudieron llevarse sus padres o el resto de sus hermanas, pero quien más le preocupaba era Lincoln. Fue testigo de lo unidos que se habían vuelto sus hermanos, le resultaba incoherente que en pocos días tuvieran una relación fraternal de ese calibre cuando antes nisiquiera se hablaban tan a menudo, y justo eso era lo que lo hacía difícil.

— ¿Qué sucedió? —quiso saber él.

—Lincoln... lo que estoy por decirte no te gustará... así que te pido que no hagas ninguna locura e intentes controlarte lo más que puedas, ¿de acuerdo?

Lincoln no lo entendía, no le hallaba el sentido a nada y mucho menos entendía qué tenía que ver en todo. Pensó en distintos escenarios en los que pudo haber estado involucrado anteriormente, pero hasta donde él sabía no había hecho nada.

—No entiendo. ¿Acaso tengo que ver en algo? ¿Hice algo mal?

—Sé que tienes muchas preguntas, pero lo que necesito es que me prometas que vas a guardar la calma.

Lincoln asintió con la cabeza, pero no estaba seguro del porqué debía prometer algo de lo que no estaba informado.

—De acuerdo, dime.

Lucy inhaló hondo, llenando sus pulmones de ese nauseabundo aire que rondaba el lugar y lo dejó salir lentamente para de esa forma ganar un poco de confianza y no le fuera tan duro tener que contar los detalles que incluso a ella le costaban creer. Lo miró al rostro con un esfuerzo que le costaba mantener.

—Lincoln... ¿Tienes idea de lo ocurrido en uno de los salones de primer grado? ¿Tienes idea de por qué tus dos hermanas de seis años no han aparecido desde que las dejamos en el pasillo? ¿Tienes idea de por qué una de ellas no hizo su presentación con su listón en la cafetería?... ¿Tienes idea de dónde está Lola?

—No... no lo sé, Lucy. ¿Por qué me preguntas eso? Ellas deben estar en el patio de juegos. Lo que me importa hora es saber por qué todo mundo parece hablar de algo que me involucra a mí.

—Creo que no lo estás entendiendo. Esto debe importarte, como a mi, a Lisa, Lana y al resto. Esto nos involucra a todos nosotros, incluso a papá y mamá.

—No lo comprendo.

Sintió una sensación de pánico. Su respiración se aceleró y su mente se nubló, incapaz de reconocer lo evidente. Estaba nervioso.

—Lincoln... me temo que una de nuestras hermanas sufrió un grave accidente.

—¿Qué clase de accidente? ¿Dónde está? ¿Qué pasó? ¿Quién fue?

—Por favor, déjame explicártelo.

—Es-está bien.

—Lincoln... se trata de Lola... ella... ella fue golpeada por los niños de su clase.

Lincoln de pronto tuvo un gran dolor en su pecho, como si algo se hubiera roto muy profundamente dentro de él. No reaccionó mucho. Sus emociones, sin embargo, reflejaban lo que era incapaz de enseñar por fuera: sed de venganza, tristeza, simpatía, preocupación, odio, miedo. Pero ninguna de esas emociones demostraba cómo se sentía realmente.

—Por lo que escuché, ella trataba de disculparse con sus compañeros de clase. Supongo que les contó sobre su cambio de actitud tan repentino. Pero ellos no se tomaron sus disculpas nada bien y la hicieron pagar por todo el daño que les hizo.

Ahora Lincoln le hallaba sentido a todo. Inspiró hondo y bajó la mirada sin decir nada.

— ¿Lincoln? —preguntó Lucy.

Lucy aguardó unos segundos, porque sabía que la única oportunidad de hacer entrar en razón a su hermano era calmándolo, pero no sabía si funcionaría.

— ¿Qué le hicieron?

—Lincoln... por favor, no hagas nada de lo que te terminarás arrepintiendo.

Lucy sujetó con ambas manos la mano temblorosa de Lincoln; sintió su sangre correr por sus venas, eso la aterró.

— ¡Solo dime! —dijo Lincoln en voz alta.

Lucy se apartó de Lincoln estrepitosamente, soltó su mano casi de inmediato. Estaba asustada, algo que casi nunca experimentaba, pero entendía la razón de su miedo.

—Ellos... ellos la golpearon con-con libros... después avanzaron más y le cortaron el cabello y clavaron lápices en sus brazos... y... y... —Lucy se detuvo, indecisa de proseguir—. Lo siento, Lincoln, no puedo seguir con esto... es doloroso incluso para mí.

Lincoln regresó a su posición anterior: con la mirada baja, puños apretados y sin responder nada.

Lucy lo miró detenidamente, esperó un momento y se acercó a él.

—Lincoln, todo esto se solucionará, te lo prometo, solo mantén la calma —volvió a tomar su mano, ahora con mucha más fuerza, con la esperanza de cumplir su propósito—. Sé cómo te sientes y créeme que yo me siento igual que tú, pero no vale la pena hacerlo.

—Lucy... sabes que puedo hacer cualquier cosa por ti y por las demás. Me prometí desde que te tuve en mis brazos por primera vez que no permitiría ver a alguien haciéndolas sufrir de cualquier forma, me prometí salvarlas de cualquiera cosa aún si yo resultaba afectado. Y... no pude cumplir esa promesa... no me dí cuenta del daño que le pudo causar cambiar su actitud a una más... buena. Yo la orillé a tomar esa desición, y debo asumir esa responsabilidad.

—No... no digas eso. Ni tú ni yo podíamos evitar algo como eso.

—Que tonto... ¿Cómo no me pude dar cuenta de algo así? Era tan claro.

—Lincoln, por favor, mírame.

Lucy apartó el flequillo que cubría sus ojos. Unos ojos que Lincoln veía enormes y muy hermosos; los ojos más bellos que casi nunca podía contemplar, pero las veces que lo hacía los admiraba como si fuera la última vez que miraba un cielo lleno de estrellas en una noche de verano. Ahora no estaba seguro si ese pensamiento seguiría a flote con el mar de emociones que sentía dentro de sí.

—Te aseguro que Lola está bien. No te preocupes, ella es fuerte, es una Loud. Y es por eso que tienes que calmarte, no ganarás nada vengandote de un montón de niños. No debes sentirte culpable... a ella no le gustaría verte así.

Una parte de él quería salir disparado, huir por el pasillo y buscar el salón de clases de su hermana menor para intentar buscar lo que para él era justicia, una justicia que involucraba actos impunes de los que nunca había tenido la necesidad de hacer en alguna ocasión diferente. Contuvo este impulso y reconoció el pánico que estaba teniendo en ese momento. Se obligó a conservar la calma, no porque lo quisiera, si no porque sabía que Lola lo querría así.

—Lo... lo siento.

Un suspiro de alivio salió de la boca de Lucy, vio a Lincoln con alegría. No le agradaba ese sentimiento, pero dejó que reinara en todo sus ser.

— ¿Te sientes mejor?

—Lucy... yo... no lo sé.

—Estas molesto, asustado y tal vez triste. Pero tienes que mantener eso bajo control, al menos hasta que regresemos a casa, ahí podrás hacer lo que veas conveniente.

—Entiendo —hizo una breve pausa—. Pero no puedo evitar sentirme culpable aunque sea solo un poco. Debí haberlo visto antes. Ella no merecía eso... solo quería arreglar sus errores.

—Lo sé, ella misma lo dijo frente a todos nosotros. No sé lo que hayas tenido con ella, pero lo que hayas hecho la ayudó a darse cuenta de muchas cosas. Lograste lo que nadie ha podido hacer: Hacerla cambiar de actitud. Debes estar feliz por eso y no culparte de algo que no podíamos evitar.

Lincoln supo que en cierta forma era verdad, pero no sabía si debía ganar algún reconocimiento. Estaba más centrado en lo que pudo haberle sucedido a su hermana menor; pensó en todo el sufrimiento que tuvo que pasar por solo decir perdón. Esa palabra hizo recordarle cuando la vio llorando en la entrada del baño. Recordó decirle que solo estaba haciendo su deber, fue como decirle que la estaba ayudando a ser mejor persona. Se preguntó que hubiera pasado si no hubiera ido a casa de Clyde esa mañana.

—Tranquilo, Lincoln. Podremos verla en cuanto regresemos a casa. Estará muy feliz de verte, te lo aseguro.

Por un momento, pudo ver una fugaz sonrisa en la boca de su hermano. Esperaba al igual que él que Lola estuviera bien.

Escuchó de repente como el sonido de pisadas consecutivas se acercaban a ambos. Lucy tapó de nuevo sus ojos con su cabello y volteó a ver a la persona a su izquierda. La sorprendió verlo, se veía agotado, más de lo normal. Estaba absorta de ideas, no sabía que podía estar haciendo ahí.

— ¿Louds? Menos mal, estaba a punto de darme por vencido. Por fin los encuentro, ¿Tienen idea del tiempo que tardé en buscarlos? Diez minutos de hecho.

— ¿Director Huggins? ¿Q-qué hace aquí? —preguntó Lincoln. Lo primero que vio en el hombre de mediana edad era que su traje de un costo relativamente alto presentaba una gran mancha de color rosa y con algunos tonos de verde en todo su pecho y parte de las mangas.

—Oye, háblame con más respeto, muchacho... Ja, ja, solo es broma.

Lincoln no se tomó tan bien la broma, decidió solo ignorarlo.

—Vine aquí para hablar con ustedes dos sobre un tema de suma importancia —prosiguió—. ¿Por qué vinieron a esta parte de la escuela? ¿Acaso no han escuchado sobre lo que ocurrió aquí hace meses?

—No me importa. Lo único que me importa es saber si mi hermana de seis años se encuentra bien —dijo Lincoln con brusquedad.

— ¡Lincoln! —le reclamó Lucy.

—No, no. Tranquila, es mi culpa por hacer esa clase de comentarios en un momento así. Me disculpo —dijo, apenado—. Acompañenme a mi oficina, tenemos muchas cosas que aclarar.

Antes de seguirlo, los dos se vieron con extrañeza, claro, habían detalles que no se contaron entre alumnos, por lo que Huggins supuso que no sabían que estaba implicado en el asunto de su hermana. Lo siguieron por un largo recorrido hasta regresar a la parte normal de la escuela, abandonando aquel desolado pasillo y llegando a la entrada de la oficina.

Huggins los invitó a pasar, tomaron asiento y él ocupó su gran silla de piel detrás de su escritorio.

—Director, ¿por qué nos trajo aquí? —preguntó Lucy.

—Louds, los traje aquí para darles detalles sobre el estado de su hermana.

— ¿Ella está bien? ¿En dónde está? —preguntó Lincoln, exasperado y casi alzándose de la silla.

—Tranquilo, chico. No te preocupes tanto, ella está bien. Ya debe estar en tu casa en este momento con tus padres, ellos me llamaron hace rato para decirme que todo había salido bien. Verán —a Huggins pareció serle difícil empezar, pero optó por ser minimalista en detalles que era mejor no mencionar—, Lola sufrió varias heridas, unas más graves que otras. Su profesora me llamó y fuí lo más rápido que pude, cuando llegué ya era demasiado tarde. La tomé y la llevé hasta la enfermería. Por suerte logramos detener la pintura para que no llegara a mayores, pero decidimos que era mejor llamar a una ambulancia. Los cortes eran demasiado profundos y no teníamos el material suficiente para sanar por completo sus heridas. Llamé a su madre y fue de inmediato al hospital después de decirle lo que había pasado.

—Es... es impresionante que la haya ayudado de esa forma. Se lo agradecemos mucho, director Huggins.

—No me agradezcas, Lucy. Haría lo que fuera por cualquier alumno que estuviera en problemas.

—Te dije que no debías preocuparte, Lincoln —lo miró, Lincoln no dijo nada y Lucy vio como ni siquiera sabiendo que Lola estaba bien no había mejorado demasiado su estado de ánimo.

Huggins notó la actitud de Lincoln. Ver esa expresión le resultaba difícil, pues solo conocía a ese chico despreocupado y alegre de siempre. Verlo tan deprimido, como en un mar de indecisión lo hizo sentir casi del mismo modo. Sé levantó de su silla y rodeó el escritorio para estar frente a Lincoln.

—Lincoln, sé cómo te sientes. Quisieras haber estado ahí para defenderla, haberla protegido con todo tu ser. Pero no podías hacerlo, era imposible que te enteraras tan deprisa, si lo hubieras hecho te aseguro que el resultado habría sido el mismo —suspiró—. Tienes que ser fuerte, ella ahora debe estar devastada. Si lo que quieres es ayudarla, lo mejor que puedes hacer es apoyarla lo mejor que puedas y no sentirte así por algo que no fue tu culpa.

Lincoln no lo miró, en cambio, mantuvo su mirada perdida en el piso. Huggins no esperó una respuesta y regresó a su silla.

—No se preocupe por él, estará bien. Sé que Lola también debe estar agradecida por lo que hizo usted, aunque... creo que su traje tuvo que ser sacrificado en el proceso —dijo Lucy.

— ¿Te refieres a esto? No te preocupes, solo es un viejo traje, puede ser reemplazado cuando sea.

—Supongo que tiene razón. A propósito, ¿sabe qué sucedió con mi hermana Lana? Se supone que ella estaba junto a Lola.

—Tu hermana es muy valiente, cuidó de Lola hasta que llegó la ambulancia junto con dos de sus amigos. Creo que se llamaban Meli Ramos y Winston Whisper, no estoy seguro —rió un poco—. Cuando Lola se fue, les invité un delicioso pastel de chocolate a los tres como recompensa, se quedaron a comerlo en la cafetería mientras su maestra atendía ciertos asuntos, no tengo ni la menor idea de a dónde pudieron ir después.

—Puedo suponer que Lana fue al basurero de atrás para desahogarse un poco. Ella es una chica fuerte y sé que no cometería alguna locura. ¿Y qué paso con esos malvados niños? ¿Recibieron algún castigo?

—Claro que lo recibieron, tuvieron un castigo que nunca olvidarán en sus cortas vidas.

—Espero y así sea —respondió Lucy.

Al instante, se escuchó como la campana de la escuela comenzó a tocar, dando a entender que el almuerzo había terminado.

—Bueno, muchachos, esta conversación ha llegado a su fin. Pueden regresar a sus clases. Recuerden ayudar a su hermana —mencionó el director, levantándose de su silla y caminando hasta la puerta para abrirla.

—No lo olvidaremos. Nuestras hermanas nos ayudarán con eso.

—Espero que si, los veré cuando se metan en problemas.

—Nos vemos después, director —se despidió Lucy.

—Y Lincoln —lo interrumpió antes de cerrar la puerta—. Haz tu mejor esfuerzo. Ella te necesita más que nunca.

Lincoln le sonrió y prosiguió a cerrar la puerta.

— ¿Te sientes mejor? —le preguntó Lucy.

—No, de hecho solo hizo que me preocupara más.

—Suspiro... me lo temía. Solo intenta no pensar en eso, te ayudará a despejar tu mente. ¿Puedo estar segura que me iré sin preocuparme por ti? —le preguntó.

Lincoln cerró los ojos y sonrió.

—Es una promesa.

—Espero que la cumplas.

—Lo haré, tranquila.

—En ese caso nos vemos después, Lincoln.

—Adiós, Lucy.

Vio como Lucy caminaba hasta desaparecer de su vista. Lincoln dio media vuelta y caminó por el pasillo mientras se juntaba entre la multitud. Sabía que debía mantener la calma, sabía que debía ganar fuerzas de donde no las tenía para ayudarla en su regreso. Lo hacía por ella, lo hacía por Lola.