"Capítulo 20 – Mi Pequeña Princesa"
– Muy bien, Lincoln... Prepárate para lo que sigue... Sin lugar a dudas será duro, pero has sido capaz de arreglar muchas cosas y esta no será la excepción... Tu hermanita te necesita más que nunca y serás capaz de llevar toda esta situación pase lo que pase, pan comido.
Luego de deliberar consigo mismo, Lincoln tomó fuerzas y tocó la puerta de la habitación frente a él, preparado para lo siguiente que tendría que afrontar al cruzar aquella puerta.
El simple sonido de la puerta provocó que la pequeña dentro de la habitación respondiera con ira.
– ¡No me molesten, déjenme en paz! –gritó Lola demasiado molesta como para preguntar siquiera quien era; sin embargo, quien contestó a tal grito fue alguien a quien no esperaba oír. Lincoln nunca antes la había escuchado de tal manera, incluso llegó a dudar sobre si seguir adelante, pero sabía en lo que se estaba metiendo y decidió seguir adelante sin importar las consecuencias que habría.
– Lola, soy yo. Lincoln
Lola esperaría que hubiesen sido sus hermanas o su padre quienes tratarían de animarla; pero no contaba con que fuera Lincoln, aunque lo pensó mejor y sabía que él lo haría después de todo lo que pasaron durante estos dos últimos días. Todo lo sucedido en la escuela causó demasiadas emociones en ella, pensar que la admiraban por su talento le hacía ganar confianza en sí misma, pero todo terminó siendo una farsa y nunca la admiraron por absolutamente nada, solo fingían para no recibir algún castigo de parte suya, fue un duro golpe que no podría sanar en un buen tiempo. Lola seguía demasiado deprimida como para dejar a su hermano pasar, aun si era Lincoln, no quería hablar con nadie.
– ¿Lincoln?... ¿Linky? -preguntó entre pequeños sollozos –no estoy de humor ahora... Por favor... déjame sola.
Un nudo muy grande opacaba su habla, cómo si una dura piedra cayera por su garganta y le impidiera hablar con claridad.
– Por favor, Lola. Solo quiero ayudarte, necesito que abras la puerta –dijo Lincoln poniendo su oreja en la puerta para así lograr escuchar mejor el bajo volumen de la voz de su hermana que a duras penas era audible.
– Lo siento... No puedo... No puedo hacer nada... No pude hacer nada.
Lincoln escuchó como el llanto de su hermana se hacía cada vez más fuerte, tendría que idear un plan para convencerla de abrir la puerta.
– Sé lo difícil que fue para ti, pero necesito ayudarte... quiero ayudarte... Por favor, necesito pasar... Traje algo conmigo, estoy seguro que esto elevará tus ánimos.
– Linc... Lincoln... Nada en estos momentos puede elevarme el ánimo... absolutamente nada –dijo la pequeña acostada en su cama.
– Lola... Por favor, hazlo por mí... ¿Recuerdas lo que dije durante la tormenta?... Eres mi princesa especial...
Eso último logro llegar dentro de la pequeña, aun con pesar y mucho esfuerzo debido a sus heridas, se levantó de su cama y se dirigió a la puerta, quitó el seguro y espero a que su hermano la abriera.
El chico resopló al escuchar el "click" de la manija, era momento ayudarla costara lo que costara.
Lincoln abrió la puerta lentamente, encontrándose a Lola frente a él. Vio el terrible resultado de todo lo que esos niños provocaron. Sus ojos estaban hinchados y rojos casi en su totalidad, debido al método que necesitaron hacer los doctores para que sus ojos no llegasen a tener un daño peor por la filtración de la pintura; su ojo izquierdo se encontraba totalmente morado, resultado claro de un golpe directo; también vio cómo su cabello había sido cortado por todas partes, pero no a tal punto de dejarla calva; ambos brazos estaban totalmente cubiertos por vendas blancas, únicamente dejando al descubierto sus manos; sus mejillas y frente estaban cubiertas de moretones, era impresionante que esos niños tuviesen esa clase de fuerza, pero conociendo a Lana no era de esperarse que alguien más tuviese la misma o incluso más fuerza de la que ella tiene. Su estado estaba peor del que pudo imaginarse, no quería pensar en cómo podría estar su cuerpo detrás de ese vestido rosa.
Lincoln no pudo evitar sentirse mal por su hermana, al no poder pensar en la manera de ayudarla en ese momento tan crítico, este se agachó a su altura y le dio un fuerte abrazo que mostraba arrepentimiento en todo sentido. Esta acción dejó totalmente sorprendida a la pequeña, quien solo dejó que su hermano la siguiera abrazando sin dar respuesta alguna,
– Lo siento, perdóname por no haber podido estar contigo –dijo el peliblanco aun sosteniendo el frasco en su mano, aunque no había de que preocuparse, pues tenía un corcho que lo impedía que cayera ese importante líquido dentro.
Antes de que la pequeña pudiera hablar, Lincoln la soltó y volvió a tomar la palabra.
– Creo que es mejor si lo hablamos adentro –propuso Lincoln poniéndose nuevamente de pie.
Los dos hermanos entraron a la habitación y Lincoln cerró la puerta, pudiendo ver cómo las cortinas del cuarto impedían la filtración de cualquier tipo de luz proveniente del exterior, al igual que algunos de sus peluches estaban tirados por toda la habitación y algunas tiaras estaban hechas trizas, Lincoln podía entender que tuvo un ataque de ira al llegar y se desquitó con lo que sea que encontrara, pero no creyó que a tal punto de romper sus pertenencias más preciadas; sin duda había que decir las palabras adecuadas para que no terminara mal.
Ambos se sentaron en la cama rosa, Lola miraba al piso aun con tristeza y molestia, el chico llevó su mano hacia su espalda, acariciándola para que pudiese sentirse mejor o tranquilizarla un poco; sentir el tacto de su hermano mayor le calmaba un poco, e incluso le daba calidez y seguridad. Lola lo miró directamente a los ojos y se preparó para el sermón que seguramente le daría.
– Lola... Perdóname por no haber estado junto a ti en ese momento tan importante, debí haber deducido todo desde el principio... Pero simplemente lo ignoré y mira lo que te sucedió... Todo es mi culpa...
Lincoln dejó el pequeño frasco detrás de él y puso ambas manos en sus ojos, sintiendo culpa dentro de sí aun si sus hermanas le habían demostrado lo contrario.
– Lincoln... Tú no tienes la culpa... Nadie la tiene... Es solo que... –Lola comenzó a llorar al recordar tales sucesos- toda mi popularidad fue un total engaño, nunca tuve buena reputación, nunca tuve apoyo de los demás... Nunca tuve amigos... yo solo buscaba su perdón... No quería hacerles daño.
Lola volvió a romper en llanto y se tapó su rostro con ambas manos tal y como Lincoln había hecho, pero esta vez la princesa soltaba lágrimas y pequeños sollozos. Parece que después de haber llorado por varias horas, está aún tenía para más. Lincoln se dio cuenta de la situación, él no era quien necesitaba el consuelo de su hermana, ella era quien necesitaba esa ayuda, era la verdaderamente afectada en todo esto, debía dejar todas sus preocupaciones atrás y concentrarse en ayudar a su pequeña hermana.
Lincoln quitó sus manos y se preparó mentalmente para lo siguiente.
– Lola... Escucha, sé que es difícil aceptar que todo por lo que habías luchado terminara siendo un total engaño, pero lo importante es que ahora puedes construir una mejor reputación a base de buenos tratos y mejorando la vida de los demás.
Lincoln colocó su mano debajo de la cara de Lola para lograr que esta se alzara y pudiera verlo directamente a los ojos.
– No necesitas tener amigos para seguir adelante, para eso nos tienes a nosotros... Tu familia –Lincoln pasó suavemente su otra mano debajo de los ojos de Lola para limpiarlos un poco de esa suciedad que provocaron tantas lágrimas, haciendo que la pequeña se sonrojara un poco por el acto.
– Gracias –sollozó– nunca los cambiaría por nada –Lola soltó una pequeña sonrisa que fue claramente notada por Lincoln, pero de un momento a otro esta se desvaneció– Pero, ¿Cómo puedo seguir? No tengo a nadie más que a Lana en mi grupo... No tengo más amigos –dijo regresando a estar deprimida.
– Bueno, ¿Qué tal a esa niña que trajiste hace una semana? Se llamaba Meli si no me equivoco –mencionó Lincoln poniendo su mano en la espalda de su hermana.
– Ella... Ella si es mi amiga... –Lola hizo memoria de lo buena amiga que se había vuelto con Meli después de lo acontecido en Dairyland.
– ¿Lo ves? No estás sola, sé que puedes llegar a hacer buenos y geniales amigos con tu nueva actitud –dijo manteniendo su mano en la espalda de la pequeña. Lo que pasó en su salón de clases no sería muy distinto a las chicas de sus certámenes, ellas también deben odiarla por todas las amenazas y las innumerables veces que las venció restregándoles su éxito sin vergüenza alguna.
– Mírame a mí, tan solo tengo a Clyde, Stella, Zach, Rusty, Liam y... Ronnie Anne –por un momento el recuerdo de su vieja amiga a quien no había visto en largo tiempo llegó a su mente, no volvió a hablar con ella desde hace más de dos meses, desde que pasó lo de la mala suerte y tiraron su laptop y su teléfono, es por eso que no pudo contactarse con ella durante ese tiempo; pudo recuperar las cosas perdidas, pero estaba tan preocupado en sus propios asuntos que olvidaba por completo llamarla como lo hacía antes.
Bueno, eso sin mencionar al señor Grouse, el cartero, Flip, Sid, Bobby, los Casagrandes, el chico de las hamburguesas eructo, Haiku, Sam, Dana, Margo, Chandler... Aunque no me llevo muy bien con ese chico, Jordan, Maggie, Nikki, Casey, Sameer, Dylan, Tabby... Creo que es mejor no mencionarlos.
Dice Lincoln en su mente recordando las buenas amistades que ha llegado a tener durante todo el tiempo que ha vivido en Royal Woods e incluso fuera de esta, tantas vivencias y buenos recuerdos en un solo año, a veces el tiempo podía pasar realmente rápido.
– ¿En serio crees que puedo tener buenos amigos con mi nueva actitud? –preguntó la princesa con los ojos un poco llorosos, pero comenzaban a neutralizarse.
– Por supuesto que sí, de hecho, puedes comenzar conmigo. Yo seré tu primer amigo, ¿Qué te parece? –preguntó con una pequeña sonrisa.
Lola comenzó a reír un poco por ese comentario, no era una risa forzada, no, era una completamente sincera, aunque no quitaba la mirada de tristeza que con todo el esfuerzo que hacía esta parecía que nunca desaparecería.
– Lincoln... Tú... Eres un tonto, Linky.
El resultado que esperaba fue totalmente el deseado, estaba comenzando a reír, lo cual era una buena señal, pero aún falta trabajo por hacer.
– ¿Recuerdas cómo me ayudaste ayer? Fuiste de gran ayuda, sin ti no hubiese podido tomar mi pastilla; realmente estoy agradecido, doctora Lola –comentó el chico imitando el mismo tono que hizo la noche anterior.
– Lincoln, ya basta –dijo la princesa un poco avergonzada al recordándolo.
– ¿Recuerdas lo sucedido en la tormenta? –preguntó el chico nuevamente.
– Sí, me ayudaste con mis brazos y con mi pesadilla –respondió la princesa acariciando un poco la sábana de su cama recordando el bello momento que pasaron juntos.
– No, Lola. Tú me ayudaste a entender la razón de por qué te amo a ti y a todas nuestras hermanas y... dije que te amaba sin importar cómo eras – Lincoln acarició un poco la mejilla de Lola.
– Linky... ¿En serio me amas? –preguntó algo desconcertada por lo que había escuchado.
– Con todo mi corazón... Eres mi pequeña especial después de todo – Lincoln la vió un poco sonrojado y con una pequeña sonrisa.
– ¡Linky!
El sentimiento que llegó a su pecho era indescriptible, era como si su cuerpo hubiese actuado por sí mismo, pues Lola se lanzó a su hermano para darle un fuerte abrazo aun y con las vendas en sus brazo; el abrazo que tanto había necesitado en todo el día, le encantaba abrazarlo, le daba una sensación muy agradable al hacerlo, tan agradable que hacia palpitar su corazón a gran velocidad. Ese sentimiento que cada vez se hacía más grande era algo que nunca antes había sentido, pero no creyó que sería nada grave.
– Gracias, eso era lo que necesitaba escuchar –mencionó la pequeña derramando una pequeña lágrima aun sosteniendo a su querido hermano que cayó de espaldas en la cama.
– No tienes nada que agradecer –dijo el chico aun sosteniendo a su hermana en brazos.
Lincoln sabe que a pesar de su charla esta seguiría un poco deprimida, pensar en algo para animarla no fue muy difícil, pues conoce el lugar indicado que la ayudaría a despejar su mente y seguramente haría que olvidara todo lo malo, al menos en lo que resta del día.
– ¿Qué te parece si vamos al parque? Te compraré un helado y jugaremos los dos todo el tiempo que quieras ¿Qué dices? –preguntó soltando a Lola de aquél gran abrazo y regresando a su posición anterior.
– Eso quisiera... Pero me da un poco de pena salir así –respondió la pequeña jugando con sus dedos un poco avergonzada de la imagen que transmite.
– Oh, casi lo olvido. Lisa hizo esto para ti –le enseñó el frasco que había dejado en la cama hace poco tiempo.
– ¿Qué es eso? –preguntó la pequeña confundida al ver dicho objeto.
– Bébelo y lo sabrás –respondió poniendo el frasco en su delicada mano.
Lola se encontraba en dudas sobre qué efecto tendría en ella y por qué se lo daba, quizás al beberlo respondería sus dudas.
– Bien, confiaré en ti.
Lola destapó el pequeño frasco y bebió el contenido de este, en cuestión de segundos su cabello comenzaba a crecer y volvía a estar justo cómo antes.
– Mi-Mi cabello... ¡Volvió a la normalidad! –dijo la princesa muy alegre al ver lo que acababa de ver con sus ojos.
Lola se acercó a su hermano y le dio repetidos besos en la mejilla.
– Gracias –Lola dio un beso en la mejilla a Lincoln– muchas gracias.
– No tienes nada que agradecerme, agradécele a Lisa, ella hizo eso por ti –Lincoln pareció muy alegre de ver la reacción de Lola, sabía que podía ayudarla un poco con sus ánimos y fue justo lo que pasó.
– Le debo mi vida a Lisa. Le agradeceré eternamente cuando regresemos –Lola se levantó de la cama, lista para hacer lo propuesto por Lincoln.
– De acuerdo, vamos.
Lincoln tomó delicadamente la mano derecha de su hermana y caminaron juntos hasta la puerta de la habitación. Grata sorpresa se llevó la señora Loud al ver cómo Lola después de tantas horas haber llorado, parecía totalmente feliz junto a su hijo cómo si nada hubiera pasado.
– Mamá, ¿podemos ir al parque? –preguntó Lincoln al ver a su madre sentada en el sillón leyendo un libro de poesía.
– Cla... Claro, cariño –Rita pareció sorprendida se lo que acababa de ver, ella misma trató de hacer muchas cosas para sacarla de su habitación y su hijo lo logró en cuestión de 15 minutos; solo se quedó observando a sus dos hijos tomados de la mano mientras salían de la casa.
Todo eso acababa de ser visto por ciertas personas quienes se escondieron en la cocina.
– Qué lista eres, hermanita. Me sorprendiste, pasó exactamente lo que dijiste –comentó Lori junto con sus demás hermanas en la puerta de la cocina.
– Fue bastante sencillo deducirlo... Ahora paguen –dijo Lisa poniendo la palma de su mano esperando a que le dieran algo a cambio.
Todas miraron con odio a la científica, debido a que en el centro comercial Lisa hizo una pequeña apuesta con sus hermanas sobre lo que especulaba pasaría en cuanto llegasen a casa, todas aceparon y pagarían veinte dólares si estaba en lo correcto, de lo contrario, Lisa les tendría que pagar setenta dólares a cada una, un precio justo por algo tan predecible.
– Tienes suerte que Lincoln hará que se sienta mejor –dice Luan poniendo un billete en la palma de su hermana.
– Suspiro... Ahí va el dinero para la nueva revista de la princesa unicornio –mencionó la gótica resignándose.
– ¿Qué dijiste? –preguntan todas las hermanas Loud presentes algo desconcertadas por lo que acababan de escuchar.
– Yo... Yo... –dijo Lucy poniendo una sonrisa nerviosa.
Volviendo con nuestro protagonista y su hermanita, caminaron juntos en dirección al parque de la ciudad, era altamente conocido por las hermosas puestas de sol y los puestos ambulantes de comida chatarra; sería el lugar perfecto para pasar el fin de semana en familia, pero en esta ocasión sería un día Lunes entre hermanos.
– ¿Y bien? ¿Ya decidiste que haremos? –preguntó Lincoln manteniendo su andar con la mano de Lola.
Lola poseía aún algunos moretones y ese ojo morado en su rostro, el chico deseaba que las personas que pasaran no confundieran la situación y pensaran que él mismo la había golpeado; preferiría quitarse los dientes uno por uno antes de alzar su puño a Lola o alguna de sus demás hermanas.
– Aun no lo sé, quizás solo nos sentemos a hablar o a ver el hermoso parque –mencionó Lola sosteniendo aun la mano de Lincoln, no parecía que su rostro o su ojo le importaran mucho, tenía más en mente lo planeado para esa tarde tan agradable que pasarían juntos.
– Hmm... No lo sé, ¿Qué tal si ensayamos ahí la obra? Parece un buen lugar –propuso Lincoln.
– Podemos hacer eso otro día... Por ahora quiero pasar tiempo contigo -respondió Lola ilusionada, ¿Qué tendrá planeado?
Pasaron algunos minutos hablando de lo que podrían hacer, sin percatarse que ambos ya se encontraban frente al parque de la ciudad, donde usualmente la familia se reunía a pasar el tiempo, pero esta vez solo estaban ambos, Lincoln divisó el lugar de juegos donde podrían divertirse; habían muchos niños jugando con sus padres y otros cuantos entre amigos. Sin duda era una vista hermosa de ver; un día soleado, el verde pasto que acababa de ser regado y grandes árboles alrededor. Lincoln decidió echar un vistazo alrededor para ver qué más actividades podrían hacer, cuando logró ver a lo lejos un camión de helados que estaba al otro lado de la calle, por lo que sería una gran idea empezar con un delicioso postre.
Lincoln siempre traía efectivo en su bolsillo para alguna emergencia, esta parecía serla, gastaría lo necesario para devolver aquella sonrisa en su pequeña hermana.
– Lola, ¿Te gustaría un helado? –preguntó Lincoln a su pequeña hermana quien aún lo tomaba de la mano.
– Claro, no he comido ni bebido nada en todo el día. Creo que sería una buena combinación para saciar ambos, ¿No crees? –mencionó Lola de forma irónica, a lo que Lincoln respondió con una sonrisa.
Ambos esperaron a que el semáforo brillara de ese color rojo que daría la señal para pasar y caminaron hasta el camión de helados tomados de la mano, algunas personas que pasaban por la calle miraron con dulzura la escena de un hermano mayor llevando a su hermana menor a dar un paseo por el parque, no era algo común, pero era muy tierno de ver.
El día era tranquilo, al ser Lunes no había tantas personas, eso sería para algún día Sábado o Domingo, donde la demanda del parque era realmente alta.
Al llegar a dicho camión, fueron atendidos con una sonrisa por el hombre del helado detrás del mostrador, no hubo necesidad de hacer fila por la escaza gente que había, era un buen comienzo.
– ¿Qué sabor te gustaría? –preguntó el peliblanco a Lola al ver toda la gama de sabores que había disponibles.
– Creo que ya sabes la respuesta a eso –dijo Lola sonriéndole juguetonamente.
– De acuerdo, ¿Podría darme uno de chocolate y uno de fresa, ¿por favor? –preguntó Lincoln al sujeto que atendía el camión.
Pasaron unos cuantos minutos y Lola se encontraba degustando de su delicioso helado, Lincoln no tenía muchas ganas de comerlo y solo lo mantuvo en su mano hasta que comenzara a derretirse. Estaban tranquilamente caminando cuando paso rápidamente un niño quien sin intención empujó un poco a Lola, provocando que su helado cayera al piso.
– ¡Mi helado! ¡Oye! ¿Por qué hiciste eso? –preguntó Lola casi a punto de llorar viendo cómo el niño corría sin darle explicación alguna.
– Oye, oye... Tranquila –Lincoln intervino sosteniéndola de su hombro.
– Pero... Pero arruinó mi helado –respondió Lola con algunas lágrimas a punto de salir, en el pasado podía llegar a ser manipuladora y amenazante, pero eso no quitaba el hecho de ser simplemente una niña de 6 años, quien seguía llena de inocencia y sentimientos que todo niño llega a sentir.
– No te preocupes, puedes tomar el mío –dijo ofreciéndole su helado.
– Pero... Pero es tuyo –respondió negándose.
– No importa, si con eso puedo ver sonreír a mi princesa será un placer –Lincoln sonrío mientras le ofrecía nuevamente su helado.
Al escuchar esas palabras una extraña sensación hizo presencia en su estómago, algo que nunca antes había sentido, prefirió dejar sus pensamientos a un lado para no arruinar su día con Lincoln.
– Gracias, Linky. Te lo agradezco mucho –Lola le sonrió agradecidamente por su acto y tomó aquél helado de chocolate.
– No hay de que –dijo alegremente– dime, ¿Quieres ir a los columpios? –preguntó Lincoln viendo en dirección a dicho lugar, había algunos niños divirtiéndose en la arena pero no serían mucho problema.
– Por supuesto que si –mencionó Lola volviendo a tomar la mano de Lincoln.
– Pero tendremos que hacerlo despacio para no lastimar tus brazos, ¿Está bien? –preguntó caminando en dirección a los columpios, pero algo mantenía intranquila a la pequeña.
Qué extraño, nunca me había sentido así con Lincoln... Quizás jugar en los columpios me ayude a olvidarlo
Ambos pasaron algunos minutos balanceándose en los columpios, Lola parecía estar de mejor humor con el pasar del tiempo, parecía como si todo mal recuerdo hubiese sido borrado y reemplazado por esos buenos momentos, aunque ese extraño sentimiento no parecía irse aun después de su gran esfuerzo para que desapareciese, era extraño y confuso, pero al mismo tiempo... Agradable.
Lincoln se divertía mucho con su hermana, logró animarla un poco, realmente se divertían mucho, disfrutaba verla sonreír nuevamente y un cálido sentimiento recorría en su ser al contemplar esa dulce sonrisa que no había estado presente desde hace mucho tiempo en ella. La última vez que contempló aquella sonrisa fue cuando apenas tenía 8 años y pasaba tiempo con ella y Lana cuando estas dos tenían 3, era divertido, jugaban todo el tiempo en el patio de la casa y no parecían cansarse sin importar cuanto tiempo corrieran alrededor de este, únicamente se detenían cuando el señor Lynn los llevaba al comedor para darles algo de comer. A Lincoln ese recuerdo le traía nostalgia, pensar que esa pequeña niña había crecido y que incluso besaría a un chico lo hacía sentirse vacío y con tristeza, ¿cuándo fue que había pasado tan rápido el tiempo? Realmente extrañaba esos momentos, pero no era tiempo de pensar en eso, tenía que hacer sentir mejor a su hermana durante el tiempo que pasaran en ese lugar.
– Dime, ¿Qué te parece así? –preguntó empujándola en el columpio procurando de no hacerlo muy fuerte.
– Es perfecto –respondió Lola aún on su helado en mano.
Lincoln decidió sentarse en el columpio al lado de ella y se impulsaba ligeramente empujando un poco la arena bajo sus pies.
Pasaron un buen rato en esos juegos, después de los columpios jugaron en toda el área luego de que todos los niños se fueron con sus padres o solo se aburrieron de estar ahí. Llegaron a jugar en el sube y baja, construyeron algunos castillos de arena y fingieron ser el rey y la reina de los juegos del parque y aquél que se atreviera a acercarse sería... Totalmente aceptado como su súbdito y sería tratado como deberían ser tratadas todas las personas; la idea fue completamente de Lola, Lincoln se sentía feliz de que mejorara cada vez más. Luego de aburrirse fueron al tobogán, donde Lola caía y Lincoln intentaría atraparla con ambos brazos y llenarla de abrazos.
Caía la tarde y después de un buen rato en los juegos del parque, ambos se sentaron en una banca de madera al lado de un gran árbol, contemplando el bello atardecer frente a ellos, mostrando a un gran sol naranja cayendo lentamente, también se podían ver a lo lejos a una familia haciendo un picnic, era una linda vista de la que todos llegarían a enamorarse.
Ambos se encontraban en silencio, viendo atentamente el sol caer, cuando a Lincoln se le ocurrió hacer algo que ayudaría a romper ese silencio; tomó algunas de las flores blancas que habían alrededor del lugar y formó una corona de flores, algo que su madre le había enseñado una ocasión que hicieron un picnic en el bosque de Michigan, nunca llegó a pensar que aquellos consejos serían de utilidad y menos en un momento como ese.
Lola estaba demasiado distraída contemplando el sol sin percatarse de lo que su hermano se encontraba haciendo.
Al terminar de hacer aquella corona, Lincoln la colocó sobre la cabeza de Lola, haciendo que mirara con sorpresa lo que acababa de hacer, no se esperaba un acto como ese.
– ¿Qué te parece? Mamá me dio consejos de cómo hacer ese tipo de cosas. Nunca pensé que algún día me fueran a servir... Dime, ¿te gusta? –preguntó Lincoln, mirando cómo Lola lo veía con la boca un poco abierta sin terminar de sorprenderse al ver aquella corona.
– Es... Es hermosa... Gracias –agradeció sin quitar la mirada de los ojos de Lincoln.
– No hay de que, te hace ver muy linda –respondió mirándola como ella lo hacía.
Lola apartó la mirada y se agachó para tomar cierto objeto que le llamó la atención.
– Sabes... creo que –Lola tomó una flor de color rosa que estaba junto a sus pies– esto también te hace ver lindo –dijo la pequeña poniendo aquella flor detrás de la oreja de su hermano.
El peliblanco se sintió un poco incómodo y quizás un poco ridículo, pero todo eso lo hacía por ella, no importaba nada contad de verla sonreír una vez más.
– Gracias, Lincoln. Me siento mucho mejor ahora, si no fuera por ti aun seguiría llorando en mi habitación –lo miró con una sonrisa de oreja a oreja y dijo algo que salió de forma natural –eres el mejor hermano del mundo.
Lincoln se sintió agradecido por aquellas palabras tan sinceras, todo lo malo por fin había acabado y las cosas serían mucho mejores a partir de ahora. Lincoln no pensó mucho en sus siguientes palabras, solo pudo expresar la sinceridad que podía transmitir en ese momento.
– Siempre estaré para ti y para nuestras hermanas... Siempre te apoyaré en todo lo que necesites y haré lo que sea para verte feliz, ¿y sabes porque? –preguntó sonriéndole.
– ¿Por qué, Linky? –preguntó esperando que dijera algo como "porque son mis hermanas", aun así no perdía nada con preguntar.
– Porque eres... Mi pequeña princesa.
Lola quedó completamente sorprendida de esa respuesta, al escucharlo provocó que su corazón comenzara a latir más y más rápido; en su rostro se formó una sonrisa tan brillante como el sol frente a ellos, la sonrisa que Lincoln había esperado ver todo el día. Lola no le tomó importancia a nada en ese momento y se lanzó hacia Lincoln para darle un gran y fuerte abrazo sin importar el dolor que sintiera en sus brazos, depositando un beso en su mejilla izquierda; esta acción tomó por sorpresa al peliblanco quien cayó al suelo por el peso de su hermana, se incorporó y le devolvió ese abrazo con todo el cariño que podía darle.
– Lincoln...
Lola se encontraba encima de él, viéndolo fijamente a los ojos totalmente sonrojada, ninguna palabra salió por parte del chico, únicamente se escuchaba el fuerte viento soplar y algunas hojas caer de los árboles.
– Te ves mal, ¿quieres sentarte un poco? -preguntó viendo a su hermana totalmente roja y sin intenciones de decir algo –¿Lola? ¿Te sientes bien?
Lola logró reaccionar y pestañeó un poco para volver a la realidad.
– Oh... Sí, sí. Lo siento –respondió apenada regresando al banco de madera.
Lincoln se levantó del césped preguntándose que había sido todo eso, no le tomó importancia y regresó a sentarse junto a ella para seguir contemplando el bello atardecer que caía en el horizonte.
Lola lo pensó mucho, pero se decidió a abrazar a su hermano junto a ella aun con el vendaje que le incomodaba un poco.
Lincoln la miraba enternecido, se sentía bien el tacto de sus pequeños brazos alrededor de él.
Nunca me había divertido tanto con ella como hoy... creo que nunca lo había hecho tanto con ninguna de las chicas a excepción de una ocasión con Lynn... Pero... Esto que siento dentro de mí... se siente extraño... Es... cálido y a la vez... dulce.
Lincoln decidió poner su mano en el hombro de la pequeña, mientras sentía su cabeza recostada en su pecho.
- Lola, no crees que...
Lincoln vió con sorpresa como en cuestión de un minuto su hermanita se encontraba profundamente dormida encima de su pecho.
– Debes estar agotada por todo este largo día. Creo que yo también merezco un descanso –Lincoln se recostó en la banca cuidadosamente de no despertar a Lola, poniéndola encima de él– dulces sueños, mi pequeña princesa.
Lincoln le dio un beso en la frente, cosa que Lola pudo percibir a pesar de estar dormida, esbozando una pequeña sonrisa ante ese gesto.
Lincoln se mantuvo abrazándola y viendo el radiante sol en su máximo esplendor mientras acomodaba su mano libre detrás de su oreja y cerrar los ojos lentamente hasta quedarse profundamente dormido.
Se mantuvieron unidos el uno del otro por un largo lapso de tiempo. Lincoln era capaz de hacer cualquier cosa por sus hermanas, pero con Lola era diferente, el amor que solo un hermano mayor puede dar es algo que no se puede explicar por más que intentes comprenderlo y no saber por qué sientes eso por tu hermana menor sabiendo que tienes más en casa.
Lincoln comenzaba a despertar de aquél gran y placentero sueño que duró más de dos largas horas, Lincoln abrió los ojos y su sorpresa fue mucha al ver que la noche estaba por caer, este miró a su alrededor y todas las personas que estaban anteriormente incluyendo la familia con el picnic se habían marchado.
– Rayos, me quedé dormido. Lola, Lola, despierta, ya casi anoche...
Lincoln miró encariñado de lo que se encontraba haciendo su hermana, parecía que no se había movido ni un solo centímetro desde que le dijo dulces sueños, pues aún mantenía sus brazos alrededor de este con la poca fuerza que tenía.
El chico decidió alejarla de él para dejarla dormir un rato más mientras él se mantenía viendo sentado nuevamente cómo el atardecer que anteriormente era naranja se había vuelto en un tono morado y el sol estaba casi por desaparecer.
Se mantuvo así por un tiempo, viendo como el sol bajaba cada vez más, acariciando los bellos cabellos rubios de su hermana y pensando qué pasaría a partir de ahora, ¿qué nuevas aventuras viviría junto a sus hermanas y amigos? ¿Qué nuevos planes tenía el futuro para Lola?... ¿Qué planearía el futuro para él?
Algunos segundos pasaron, ignorando el hecho de que Lola ya se había despertado y junto a él se mantuvo viendo el horizonte y cómo el sol estaba a punto de ser tragado por la oscura noche.
– Lincoln... –dijo la princesa tomando desprevenido al chico.
– ¿Qué... qué sucede? –preguntó Lincoln anonadado de ver a su hermana que hace unos segundos estaba completamente dormida ya estaba sentada junto a él.
– Quiero decirte que... me divertí mucho contigo... Nunca antes me había divertido así con alguien –mencionó Lola con la mirada perdida al frente y tratando de despertar completamente.
– También yo, pero mamá y papá deben estar preocupados. Debemos volver -dijo Lincoln levantándose de la banca de madera y poniendo ambos pies en el verde césped.
– Pero... quería pasar más tiempo aquí... contigo –dijo con decepción.
– No te preocupes, podemos volver siempre que quieras, la próxima vez podemos traer a Lana, ¿qué dices? –la actitud de Lola cambió de una deprimida a una más alegre.
- ¿En serio? ¿Lo prometes? -Lola pareció ilusionada por las palabras de Lincoln.
– Yo nunca rompo mis promesas y menos a una princesa tan hermosa como tú –esa respuesta pareció sonrojar un poco a Lola, pero tenían que darse prisa, pues la hora límite de los padres Loud es antes de las 6 P.M. y ya son casi las 7.
– Gracias... creo que debemos regresar a casa o nos castigaran y no podremos salir en un mes.
– Tienes razón.
Lincoln se puso de pie, estaba por comenzar a caminar, pero Lola no se paraba de la banca, eso le inquieto un poco y preguntó para despejar sus dudas.
– ¿Sucede algo? -preguntó con preocupación.
– Es solo que... -Lola pareció indecisa, pero si no lo hacía en ese momento ya no habría otra oportunidad -yo... puedo... ¿Puedo tomar tu mano, Linky?
Lincoln le miró alegremente.
– No tienes que preguntarlo
Lincoln la tomó él mismo de la mano y la bajo con delicadeza del banco.
Ambos se mantuvieron tomados de la mano en todo el camino de regreso mientras que hablaban de lo bien que se la habían pasado. Pero Lola no dejaba de pensar en algo extraño que había pasado por su mente desde que Lincoln le dio su helado. Así pasaron diez minutos, siendo exactamente las 7 P.M. Ambos por fin llegaron a su destino, listos para recibir un castigo por parte de sus padres por llegar tan tarde; pero antes de que Lincoln girara la perilla de la puerta, fue sorprendido por algunas palabras de Lola.
– Gracias por todo Lincoln, fue una de las tardes más divertidas de mi vida... Gracias... Lograste que me olvidara de todo... No sé cómo puedo pagártelo...
Lincoln sonrió ante las palabras, solo había hecho su deber, le gustaba ayudar a su familia ante cualquier problema que se presentara, lo único que pedía a cambio era paciencia y que le dieran espacio para él solo de vez en cuando.
– No te preocupes, hice lo que tenía que hacer. Espero que hayas aprendido algo de todo esto –la miró esperando algo que le ayudara a saber que al menos aprendió algo de toda esa dura experiencia.
– Claro, aprendí que no importa si tienes pocos o muchos amigos, a tratar a las personas tal y como lo merecen y esforzarte mucho para conseguir lo que deseas –respondió la pequeña con determinación.
Lincoln no esperaba más, algo bueno trajo esa pelea después de todo, quizás lo que Lisa le explico respecto a las acciones que tomas y el cambio que algunas de estas pueden llegar a hacer le hizo comprender mejor las cosas.
– Sabes, superaste a Lynn en reconocer tus errores. Ella tardó dos meses en reconocer un simple error y tú hiciste lo de una vida en dos días.
Alguna vez pensó que su hermana nunca cambiaría y seguiría siendo la mala persona que era, pero nunca creyó que cambiaría tan de repente y todo para bien. A veces las cosas tan pequeñas como lo pueden ser una pelea te pueden cambiar la vida para siempre.
– También estoy sorprendida. Nunca creí que una simple pelea con Lana haría cambiar mi actitud... Se lo agradezco mucho –mencionó la princesa igual de sorprendida que Lincoln.
– Espero que nunca cambies esa buena actitud... Incluso te hace ver bonita –dijo riendo un poco por el comentario que acaba de hacer.
– A... ¿A qué te refieres con eso? –preguntó la pequeña incrédula por lo que acababa de escuchar.
– Solo entremos.
Lincoln abrió la puerta principal de la casa, topándose con su madre y padre viendo juntos la televisión.
– Chicos, ¿Por qué llegaron tan tarde? Conocen las reglas, no a más tardar de las seis –mencionó Rita preocupada y un poco molesta.
– Lo siento, mamá –Lincoln estaba preparado para recibir un castigo por parte de su madre, no jugar videojuegos por un mes sería lo menos que podrían hacer.
– Bueno... Puedo ver que estás de mucho mejor ánimo, cariño
– Rita miró con atención a Lola– creo que lo dejaré pasar por esta vez, solo si me prometen no volverlo a hacer, ¿entendido? –preguntó Rita esperando alguna respuesta por parte de alguno de sus dos hijos.
– Claro, mamá. Linky me hizo pasar el mejor día de mi vida –Lola abrazó el torso de Lincoln mientras cerraba los ojos y esbozaba una sonrisa.
Lincoln decidió hacer lo mismo, abrazando su cabeza mientras ella se juntaba a su estómago.
Ante esto, ambos no se percataron de lo hecho por su padre, quien acababa de tomar una fotografía mientras estos dos se abrazaban.
– Otra más para la colección –dijo el señor Lynn sacando la foto de ambos hermanos abrazados.
– ¡Papá! -gritaron ambos separándose molestos y un poco sonrojados.
– No me culpen, se veían tan tiernos juntos –dijo el señor Loud mirando la tierna fotografía que acababa de sacar.
– Creo que no importa... Algo huele delicioso, ¿Qué es? –preguntó Lola muy contenta especulando de qué podría tratarse.
– Hice una gran cena solo para ti, espero que te guste, cariño –dijo el señor Lynn invitándolos a pasar al comedor, en donde se dieron cuenta que todas sus hermanas ya se encontraban sentadas y seguramente habían presenciado el conmovedor abrazo entre ambos.
– ¡¿Pero qué?! ¿Hace cuánto que están ahí? –preguntó Lincoln un poco incómodo.
– No mucho, solo vimos todo lo que ustedes dos hicieron –respondió Lori dando una pequeña carcajada al ver la reacción de su hermano.
Ante eso los dos se sonrojaron por ver a sus hermanas reír un poco por cómo actuaban ambos.
– No sé quién es más rojo, si ustedes dos o el tomate que tengo aquí al lado -dijo Luan dando una carcajada.
– Bien, ya basta chicas. Lola se siente mucho mejor ahora, eso es lo importante –mencionó Leni feliz de ver que su hermana ya se encontraba mugo mejor.
– Sí, tienes razón. Te compramos un pastel de fresas solo para ti –dijo Lynn señalando al pastel que se encontraba en medio de la mesa.
– ¿Enserio hicieron eso... por mí? –preguntó la pequeña con una sonrisa.
– Claro, hermanita. Eres nuestra hermana y te ayudaremos en todo lo que necesites.
Ante lo dicho por Lori, todas se levantaron de sus asientos y se acercaron a Lola y Lincoln para darles un gran abrazo a ambos.
Se sentía justo como el abrazo que le dieron a Lincoln el día anterior, pero esta vez incluyendo a Lily.
El flash de la cámara del señor Lynn provocó que todos se separaran y voltearan a ver molestos a su padre.
– Otra más para la colección -dijo el señor Lynn orgulloso sosteniendo con su mano la fotografía.
– ¡Papá! -gritaron todos los hermanos Loud molestos.
– Lo siento, chicos. Es mi deber mantener todos los recuerdos que pasen en esta casa en una fotografía.
– Lástima que no pudiste sacar el de ayer... –murmuró Lynn.
– ¿Dijiste algo, Lynn junior?
– No... No papá... C-Creo que deberíamos empezar a cenar, Lola la tiene bien merecida.
El señor Lynn aceptó la propuesta dr su hija y se levantó del sillón junto a su esposa, listos para cenar en esta noche tan hermosa.
Durante la cena, todos estaban en sus respectivas sillas, Lola miraba a ratos a Lincoln mientras degustaba igual su cena; no miraba a otras de sus hermanas, únicamente lo miraba a él. Se sentía extraño, era como ai verlo le trajera una sensación indescriptible, algo que solo llegaría sentir con una persona tan especial.
Fue una cena muy agradable, conversaron de muchas cosas que harían en la semana y otras más el fin de semana, quizás ir al cine o pasar el tiempo en el bosque; la comida del señor Lynn era algo sumamente delicioso y nadie tuvo quejas esta vez. Después de una hora comiendo y conversando todos terminaban y cada uno se dirigía a sus habitaciones, esta vez Lincoln tuvo la suerte de no lavar los platos, por lo que tendría tiempo de leer algo.
Después de la hora de la cena, Lincoln se encontraba leyendo uno de sus comics, había pasado una tarde de convivencia agradable con Lola, se sentía feliz de recordar aquello, tanto que se distraía en cortos momentos de su lectura al pensar en esos buenos momentos.
– Saben, fue extraño, pero a diferencia de otros días, mi tarde con Lola fue agradable. Sé que hemos pasado mucho tiempo juntos estos últimos días, pero lo de hoy fue uno de los días más agradables que he pasado con ella... Me alegra haberla sacado de su tristeza –Lincoln pasó una página de su comic –espero que podamos volver a hacer algo como eso -dijo mientras nuevamente se concentraba en la lectura con una sonrisa de satisfacción en su rostro.
En otra habitación de la casa, más concretamente en el de las gemelas.
Lola se encontraba en su habitación ya vestida con su pijama y lista para irse a dormir, estaba bastante feliz mientras dibujaba un poco con sus crayones en la mesa que usa para fiestas de té, aunque su mente estaba sumergida en los acontecimientos de la tarde que vivió con su hermano, con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando volvió a la realidad, se dio cuenta de lo que acababa de dibujar y su expresión cambió de una distraída a una sorprendida.
Sin previo aviso, Lana entró a la habitación sin siquiera molestarse en tocar antes, alertando a Lola sin pensar en una forma de esconder lo que tenía entre manos.
– Qué día fue el de hoy, ¿No crees? –preguntó algo cansada pero feliz de ver contenta a su gemela aun con el terrible suceso en la escuela
Lana miró con atención cómo su gemela escondía algo, con curiosidad decidió preguntar.
– ¿Lola? ¿Qué tienes ahí? –preguntó Lana quien veía a Lola ocultar detrás de su espalda un papel.
– ¡N-N-Nada, no tengo nada! –respondió sumamente nerviosa mientras que gotas de sudor caían de su frente, intentando pensar en una forma de esconder aquél dibujo.
Lana conoce perfectamente a Lola y sabe que claramente oculta algo, pero Lola ya había pasado demasiado por ese día, así que decidió no insistir para no molestarla o que se sintiera incómoda, pero trataría de averiguar de qué se trataba en otro momento.
– Está bien, como tú digas -respondió sin más, pero ese interés lo dejaría para después, por ahora quería hablar con su gemela lo más calmada que pudiera estar- Mamá dijo que es hora de dormir, iré a cambiarme la ropa, no tardo –Lana tomó su pijama e un cajón y salió en dirección al baño.
Lola aprovechó la ocasión y escondió aquél dibujo hecho con crayones debajo de su almohada. Pasó bastante tiempo dibujando y simplemente no lo percibió. Lola acomodó el dibujo para que no se arrugase, pero antes de cubrirlo con la almohada, le dio una mirada con suma confusión y a la vez alegría.
No pasó mucho tiempo para que Lana regresara, ambas se sentaron en la cama de la plomera y comenzaron a hablar.
– Oye... Lamento mucho no haber podido ayudarte. Lo intenté créeme que lo intenté, pero...
Lana fue silenciada por su hermana, quien a pesar de no querer recordar esos malos recuerdos quiere hacer el esfuerzo para hacer que su gemela se sienta un poco mejor y que siga culpándose de algo que claramente no fue su culpa.
– Lana, no es necesario que te disculpes, sé perfectamente que quisiste ayudarme y te lo agradezco, no pude haber pedido una mejor hermana –Lola le dio una pequeña sonrisa a su deprimida hermana para que dejase de pensar en algo que no estaba en sus planes. Después de una larga charla, ambas gemelas se dieron un reconfortante abrazo que demostrara el gran afecto que ambas se tienen y que a pesar de sus diferencias siempre se querrán la una a la otra.
Las gemelas decidieron que ya era hora de ir a dormir, sin duda fue un agitado día como lo fue el anterior. Lola no tenía que ir a la escuela por una semana, así que no tendría problema con levantarse más tarde de lo habitual.
La noche había caído y todos en aquella ruidosa casa dormían plácidamente, pero cierta pequeña no podía por más que lo intentara, su mente estaba sumergida en un pensamiento muy extraño, no dudo ni un segundo en volver a ver aquél dibujo que tanto le intrigaba, por lo que lo sacó debajo de la almohada en la que su cabeza descansaba.
Lola miró el dibujo aún con la oscuridad que había alrededor, después de un rato observándolo dio un leve suspiro sin saber por qué había dibujado tal cosa, por lo que lo dejó debajo de su cama e intentó dormir.
Mientras intentaba dormir, se pudo observar debajo de su cama aquél dibujo que se mantuvo dibujando por alrededor de treinta minutos, un dibujo hecho con crayones de ella y Lincoln tomados de la mano con un corazón rosa encima de ambos. Un dibujo que aunque parecía inocente, tendría mucho significado para eventos futuros.
Lola no podía quitarse aquellas palabras que su hermano le había dicho en el parque y las cuales sentía mucho afecto como para dejar de recordarlas.
Soy... Su pequeña princesa
Continuará...
Hasta aquí llega este pequeño maratón, espero que les haya gustado así como a mí escribirlos; sin duda este capítulo fue el que más trabajo y dedicación me ha tomado hacer y espero que puedan apreciarlo.
El siguiente capítulo que se subirá el 16 de mayo será muy diferente a lo que hemos visto a lo largo de estos 20 capítulos, no lo sé, ¿una persona lejana pero que a la vez está cerca? Tómenlo como una pequeña pista.
Comenten que les ha parecido la historia hasta ahora y si les ha gustado el trabajo que he hecho. Nos veremos en dos semanas.
