¡YAHOI! ¡DIOSSSSSSSSSSS! ¡No veáis la guerra que me ha dado este capítuloooooooooo!

Afortunadamente, pude terminarlo a eso de las 3:30 de la mañana.

Acto seguido, me fui a dormir.

Esto de estar en cuarentena tiene sus ventajas xDDD.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


3


Sintió besos por todo su hombro y cuello, en su oreja, en su pelo, en sus labios. Sonrió y se estiró perezosamente, todavía con los ojos cerrados. Escuchó una ronca risa a su lado y entonces sí, abrió los ojos. Dos pozos azul cielo la recibieron y le dieron los buenos días, acompañados de otro beso en los labios. Abrió la boca, recibiendo gustosa aquel beso.

La en principio inocente caricia fue subiendo de intensidad hasta que ella apoyó las manos en los hombros de su compañero de cama y lo empujó hacia atrás, para separarlo de sí. Sonrió, algo trémula. Un suspiro escapó de los labios masculinos, pero se apartó, atendiendo a los deseos de su pareja. Le dio un último beso en la frente y se dejó caer al otro lado.

―Buenos días, Hina.

―Bu-buenos días, Naruto-kun. ―Se volvió a mirarla y no pudo evitar que una sonrisa tierna se extendiera por su rostro al ver el adorable rubor que cubría la cara de su novia.

No pudo evitar volver a besarla antes de levantarse de la confortabilidad de la cama que compartía con su chica. Bostezó y se estiró mientras iba al baño, a darse una ducha rápida mañanera. Abrió la ducha para calentar el agua y mientras se deshizo de los pantalones de dormir y los calzoncillos con los que había pasado la noche.

Sintió el tirón en las ingles al meterse bajo el agua. Lo ignoró, como ya estaba acostumbrado a hacerlo, y comenzó a pensar en cosas desagradables, como en sus amigos desnudos, para bajar aquella molesta erección.

Terminó de lavarse el pelo y enjabonarse el cuerpo y salió, envolviéndose con una toalla las caderas. Hinata ya no estaba en la habitación y retuvo el gruñido de molestia que quiso escapar de su garganta.

Meneó la cabeza, yendo al armario para vestirse. No tenía ningún derecho a quejarse, lo sabía. Había prometido darle a Hinata todo el tiempo que ella necesitase para estar lista antes de llegar a la última fase de su relación. Él no había estado listo tampoco hasta hace poco, cuando se dio cuenta de que despertar junto a ella todos los días era lo más maravilloso del mundo, junto con las películas y las series en el sofá, por las noches, con palomitas y refrescos, o cuando ambos estudiaban cada uno en su rincón del salón, concentrados en sus tareas pero siendo, al tiempo conscientes en todo momento de la presencia y de los gestos del otro.

Era más que agradable: era perfecto. Pero entendía que para Hinata era distinto. Habían empezado por lo básico, como dormir juntos en la misma cama, con pijama puesto incluido. Después vinieron los arrumacos antes de dormir, los abrazos nocturnos y las caricias y los besos furtivos, amparados por la oscuridad de la noche. Ahora Hinata ya era capaz de sentirse cómoda cuando él se paseaba sin camiseta por la casa e incluso de dormir a su lado sintiendo su piel desnuda bajo sus manos.

Suspiró mientras se deslizaba dentro de unos vaqueros oscuros. Terminó de calzarse y fue a la pequeña cocina, donde encontró a Hinata preparando un delicioso desayuno casero. Sonrió y la sorprendió, abrazándola por detrás. Hinata respingó para luego sonreír y dejarse caer contra él.

―Eso huele que alimenta.

―Espero que te guste.

―Todo lo que cocinas me gusta, Hina. Eres la mejor cocinera del mundo mundial. ―Ella rio bajito, volviendo su atención a los huevos revueltos que estaba haciendo en la sartén.

―Solo lo dices porque me quieres.

―Eso no quiere decir que no sea cierto―dijo él, pasando por su lado llevando dos platos y dos tazas y aprovechando para besar su cabeza al pasar.

Hinata sonrió, feliz, sintiendo su corazón palpitar de pura felicidad en su pecho. Terminó de hacer el desayuno y lo puso todo sobre la pequeña isla de la cocina. Desayunaron, comentando lo que harían cada uno ese día.

―¿Tienes entrenamiento hoy, no?―Naruto asintió, metiéndose un bocado generoso de huevos revueltos en la boca y gimiendo de placer cuando el exquisito sabor explotó en su boca.

―Sí, hasta las siete. ¿Tú tienes reunión con tu grupo de estudio?―Hinata hizo una mueca y asintió.

―Sí… pero intentaré volver pronto, te lo prometo. ―Naruto suspiró.

―No hace falta… quiero decir―dijo, al ver la desilusión cruzar el rostro de su chica―, no quiero que por mi culpa bajen tus notas. Tu padre me mataría. ―Una sonrisa bailó en los labios de Hinata, antes de recoger a toda prisa los cacharros utilizados y dejarlos en el fregadero.

―¿Pu-puedes recoger todo esto…

―Lo haré, no te preocupes. ―Hinata le sonrió, ahora agradecida. Se calzó, se puso su abrigo y recogió su bolsa con los apuntes y algunos libros dentro.

Se acercó a Naruto y le dio un pequeño beso de despedida que él correspondió encantado. Salió del piso que compartía con su novio y bajó las escaleras hasta el portal, a paso ligero. Vivían cerca del campus, cortesía de la beca deportiva que Naruto había obtenido. A ella también le habían ofrecido una por sus excelentes notas durante el instituto, pero la rechazó, consciente de que su familia era más que capaz de costearse los estudios. No quería que por su culpa alguien con más dificultades que ella se quedara sin la oportunidad de acceder a la universidad.

Mientras caminaba hacia la biblioteca común a todas las facultades para reunirse con tres de sus compañeros de carrera, Hinata iba pensando en Naruto, en que la chispa con la que solía mirarla últimamente parecía más apagada de lo acostumbrado. Se preguntó, angustiada, si no sería culpa suya. Al fin y al cabo, ella era la que siempre lo echaba para atrás cuando él intentaba llevar sus besos y sus caricias un pelín más allá. Él, por supuesto, siempre respetaba sus deseos y nunca decía ni hacía nada para echárselo en cara, ni siquiera se enfadaba o se frustraba, tan solo sonreía y le decía que todo estaría bien.

No es que no quisiera estar con Naruto… íntimamente. Es que le daba un tremendo apuro el siquiera pensarlo. Hinata era más bien tímida e insegura, especialmente de su cuerpo. Y aunque había logrado deshacerse de parte de sus miedos―ahora era capaz de ponerse una mini falda sin que un perpetuo tono rojizo permaneciera en su rostro―estos todavía la perseguían, sobre todo cuando estaba a solas con Naruto.

Aunque no podía negar que su chico tenía un cuerpo de infarto, se dijo, mordiéndose el labio inferior al tiempo que un pequeño sonrojo cubría sus pálidas mejillas. Al igual que le había ocurrido en los últimos años de instituto, las chicas lo perseguían y revoloteaban a su alrededor como las moscas a la miel. Algunas incluso llegaban a insinuársele con total descaro, ignorándola si estaba ella delante, aunque sabían perfectamente que Naruto tenía novia y que solía ir con la misma a todas―o casi todas―partes.

Suspiró, mientras dejaba salir a un chico y este sujetaba la puerta para que ella entrara. Sonrió y le agradeció:

―Gracias. ―El chico le devolvió la sonrisa.

―De nada. ―Hinata al fin pasó al interior. Caminó hasta una de las salas de estudio privadas que los estudiantes solían reservar para estudiar en grupo sin molestar a nadie; también había quién la solicitaba para estudio indiviudual.

Vio a través del cristal que ya estaban todos y que ella era la última. Se apresuró a entrar, cerrando inmediatamente tras ella.

―Buenos días.

―Buenos días, Hinata.

―¡Buenos días, Hina!

―Buenas. ―Hinata sonrió y se sentó en una de las sillas que quedaban libres.

―¿Me he perdido algo? Siento llegar tarde…

―¡Oh, por Dios, no hay nada que disculpar! ¡Yo también llegaría tarde si tuviera un novio tan jodidamente caliente como el tuyo! Dime, ¿cómo lo hicisteis esta mañana?―Hinata sintió inmediatamente hervir sus mejillas.

―Karui. Eso son asuntos privados.

―Es que ella no tiene asuntos privados, mira lo plana que está.

―¡Omoi, hijo de la gran-

―Basta. ―Ante el tono frío y autoritario, todos se pusieron rígidos. La chica rubia que había hablado, sentada a la cabecera de la mesa, sonrió para sí, satisfecha por haber logrado calmar los ánimos―. Hemos venido a trabajar, no a hacer el idiota. Karui, si necesitas tiempo para tus asuntos privados, puedes ir al baño. Te esperamos sin problema. ―La aludida, una chica pelirroja vestida con un pañuelo en la cabeza, pantalones vaqueros, camiseta de manga corta con el dibujo de una banda famosa de rock y chaqueta de cuero negro colgando del respaldo de su silla, se ruborizó al instante.

―¡No necesito masturbarme, gracias!―La misma rubia de antes suspiró, resignada.

―¿Tenías que decirlo en voz alta? Algunas somos civilizadas por aquí―dijo, lanzándole una mirada de comprensión a Hinata quien, a pesar de su sonrojo, no pudo evitar soltar una risita.

―¿Por qué has hablado solo en femenino? ¿Yo no soy civilizado, acaso?―preguntó Omoi, pareciendo sumamente ofendido.

―Eres un tío. Con eso te lo digo todo. ―Omoi fue a replicar de nuevo, pero una palmada por parte de su amiga y compañera lo hizo cerrar la boca―. Bien, asunto cerrado. Vamos a lo que vamos.

―Samui aburrida… ―susurró Karui de forma que solo Hinata y Omoi la oyeran.

Los dos escondieron sus rostros y rieron. Luego ya sí, sacaron sus cosas y se pusieron a trabajar de firmes. Debían entregar un trabajo la semana siguiente, y apenas llevaban nada escrito. Aquel día debían dejar hecho por lo menos lo más gordo, el resto se lo repartirían para hacerlo cada uno por su cuenta. Era difícil cuadrar los horarios para quedar todos a una hora en un día concreto.

Al mediodía decidieron hacer un descanso para ir a comer. Dejaron todo en la sala y cerraron bien con llave. Tenían reservada la sala de estudio para todo el día, por lo que no habría ningún tipo de problema. Fueron a una de las tantas cafeterías que había desperdigadas por el campus. Hinata parpadeó y miró hacia el cielo azul, en el que las nubes ya comenzaban a encapotarse. Suspiró. Era una de las pocas cosas malas que tenía Kumo: el clima. Podía hacer un sol brillante un momento y al siguiente desatarse la peor tormenta del siglo.

―Huy, esta va a ser de las buenas―dijo Karui, haciendo visera con la mano para mirar hacia arriba.

―¿Echas de menos Konoha?―preguntó Omoi, al ver que Hinata suspiraba. Esta asintió.

―Al menos, su buen tiempo. Claro que en invierno hace frío, pero la primavera empieza pronto y hasta el otoño hace sol y calor.

―Joder, qué envidia. Aquí nos llueve a cántaros incluso en verano―dijo Karui.

―Sí, pero hace más calor cuando no, en verano―apostilló Hinata.

―Todos los sitios tienen sus cosas buenas y sus cosas malas―dijo Samui, convencida.

―¿Estás estudiando para abogada o algo? Porque siempre tienes respuesta para todo. ―Samui sonrió pero no contestó, sabiendo que Karui buscaba precisamente eso: el enfrentamiento. A la pelirroja le ponía de los nervios que la gente no correspondiera sus pullas como esperaba.

―Oye, cambiando de tema a uno más interesante… ¿cómo va la temporada de fútbol?―preguntó Omoi, ansioso, a Hinata.

La joven pelinegra se volvió a Omoi con una sonrisa.

―Va muy bien. El equipo está entrenando duro y Naruto-kun está en plena forma.

―¿Lo sabes por experiencia propia?―La insinuación de Karui hizo que a Hinata se le subieran los colores una vez más.

―Karui, tía. Búscate un polvo o algo, de verdad. Qué obsesión con la vida sexual de Hinata…

―¡Omoi, capullo!―Samui suspiró y, cogiendo a Hinata del brazo, decidió adelantarse y dejar a los otros dos atrás.

―No les hagas caso. ―Hinata desvió la vista y asintió, intentando obviar la incomodidad que la pregunta de Karui había despertado en ella.

Samui pareció notarlo; entraron en la cafetería y se pusieron a la cola para pedir algo para comer.

―¿Todo bien?―Hinata pestañeó y asintió. Había estado distraída hasta que la pregunta de Samui la sacó de sus pensamientos.

―Sí, sí, todo bien.

―Bueno, me alegro. Me extrañaba, no obstante, que no fueran bien. Naruto te quiere, se le nota. Y tú a él también. Sois la envidia de toda la universidad. ―Hinata volvió a parpadear.

―Ah… ―Samui fijó la vista hacia delante, leyendo el menú que había colgado tras los camareros que iban y venían detrás del mostrador, estudiantes como ellas que buscaban sacarse unas monedas mientras se sacaban sus respectivas carreras.

―Quiero decir que no te dejes llevar por los rumores o por lo que digan los demás. Vosotros sois vosotros, y nadie tiene derecho a opinar sobre vuestra relación. ―Hinata sintió un infinito agradecimiento hacia su amiga. Le sonrió ampliamente.

―Gracias, Samui. Siempre sabes qué decir.

―Es mi súper poder―dijo ella, encogiéndose de hombros, pero con un rostro tan serio que a Hinata se le escapó una risa.

Para cuando Omoi y Karui llegaron junto a ellas, Hinata ya estaba relajada y charlando amenamente con Samui sobre cosas intrascendentes.

Ambos se miraron. Intuían que esas dos habían estado hablando de algo importante, pero también sabían que no iban a sonsacarles nada. Se encogieron de hombros y se pusieron a la cola detrás de sus dos amigas, incorporándose a la charla banal como si nunca se hubieran quedado rezagados.


―¡Alto!―Todos los jugadores sudorosos se pararon en medio del campo, dejándose caer sobre la hierba recién cortada, chorreando sudor y con los pechos subiendo y bajando a un ritmo acelerado.

Bee, el entrenador, los repasó uno a uno con la mirada, deteniéndose en el más veterano, Darui, el actual capitán, y uno de los veteranos, Naruto, que ya iba a hacer su segundo año como titular en el equipo.

Sonrió, satisfecho con el ritmo y los resultados de los entrenamientos. Iban por muy buen camino. Ganarían la liga ese año, estaba seguro de ello.

Los dispensó a todos y no hizo falta que lo repitiera dos veces. Todos los jugadores corrieron a las duchas como si los persiguiera el mismísimo diablo, temerosos de tener que hacer más ejercicios infernales. Naruto fue uno de los más rápidos, pudiendo meterse de los primeros bajo el bien merecido chorro de agua caliente, que relajó sus cansados músculos. Se lavó el pelo y se enjabonó todo lo rápido que pudo, deseoso de regresar al piso que compartía con su adorada novia.

Estaba poniéndose una camiseta cuando uno de sus compañeros se subió a uno de los bancos que rodeaban el vestuario masculino, llamando la atención de todo el equipo.

―¡Eh, tíos! ¡Hay dos por uno en el Sky! ¿Quién se apunta?―Todos sin excepción silbaron y aplaudieron, diciendo que irían sin falta.

―Eh, Uzumaki, te vienes también, ¿no?―Naruto terminó de atarse una zapatilla y cogió la otra, para ponérsela.

―No, lo siento.

―¡Vamos, hombre! ¡Irán también las animadoras! Podría ser tu noche, ya sabes… ―Naruto puso los ojos en blanco.

Ya estaba acostumbrado a ese tipo de comentarios jocosos por parte de sus compañeros del equipo de fútbol, así que no lo molestó. Se limitó a ignorarlo, como solía.

―Déjalo. A Uzumaki lo tienen bien pillado de los huevos.

―Oh, ¿tu novia no te deja salir a jugar, es eso?―Se puso la sudadera y cogió su bolsa. Puso su sonrisa más brillante y los enfrentó a todos, con la bolsa colgando despreocupadamente de uno de sus hombros.

―Tengo diversión de sobra en casa. Algo que parece vosotros tendréis que esforzaros en obtener esta noche. ―Los que tenían pareja e iban en serio en sus relaciones rieron mientras que los otros protestaron.

Naruto, riendo, pasó del tema y salió del vestuario, directo hacia su casa. Alguna de las animadoras intentó enredarlo, pero las esquivó y siguió su camino. Llegó al portal y metió la llave, subió las escaleras hasta su piso y abrió la puerta. Sonrió al encontrar a Hinata sentada en el sofá, con la espalda contra uno de los reposabrazos y las piernas levantadas, concentrada en leer sus apuntes, subrayando aquello que le parecía importante.

Se recreó unos segundos en esa linda imagen. Hinata tenía el cabello alborotado, se mordisqueaba tentadoramente el labio inferior en señal de estar muy metida en su lectura. Llevaba puesta una de sus camisetas, por lo que las piernas estaban al descubierto. Las recorrió con la mirada: desde los calcetines azules que parecían tan calentitos hasta las rodillas perfectamente redondeadas.

Como si ella al fin notara su presencia levantó la vista y sonrió al descubrirlo observándola.

―Hola, bienvenido.

―Hola. Ya estoy en casa. ―Un cosquilleo los recorrió a ambos cuando él pronunció la palabra casa.

Naruto fue hacia ella y se inclinó para darle un beso en los labios. Hinata correspondió, feliz.

―¿Qué te apetece cenar hoy?―Naruto sonrió ampliamente.

―¿Ramen?―Hinata soltó una risita, dejando sus apuntes a un lado sobre la mesita de centro para levantarse e ir hacia la cocina.

―¿Te importa que sea instantáneo…?

―Nena, acabas de leerme el pensamiento. ―La abrazó y la besó, ahora sí, como realmente quería hacerlo. Hinata jadeó y correspondió, intentando seguirle el ritmo. Naruto fue el que rompió el beso, cuando sintió que Hinata empezaba a tensarse entre sus brazos. Le sonrió al apartarse, no queriendo incomodarla ni que el ambiente se volviese raro entre ellos―. Voy a dejar la bolsa y a ponerme algo más cómodo y enseguida vengo. ―Hinata lo vio perderse en el cuarto que ambos compartían.

Se giró hacia la alacena y la abrió; sacó cuatro vasos de ramen instantáneo, sabiendo que uno se lo comería ella y los otros tres se los zamparía Naruto. Puso agua a calentar y sacó también un vaso de queso fundido y los palitos de pan. Abrió la nevera y sacó una botella grande de refresco de cola. Llevó la botella a la mesita de centro, recogió sus apuntes y los metió en su bolsa, para que no se mancharan accidentalmente.

Comprobó si el agua ya hervía. Vio que ya era así y vertió el agua caliente en los dos envases de ramen instantáneo. Los tapó nuevamente y dejó el cazo sobre uno de los fuegos apagados. Cogió dos vasos limpios y los llevó al salón. Encendió la televisión y, ahora que ya no tenía distracción alguna, su mente traidora le trajo el recuerdo de lo bien que se sentían los brazos de Naruto a su alrededor, lo perfectamente que parecían encajar sus cuerpos cada vez que se juntaban, lo grandioso que era sentir sus labios danzando a la par, sus pechos rozándose… Sus pezones se endurecieron automáticamente bajo la camiseta masculina y el sujetador y eso le trajo un escalofrío de placer a toda su anatomía.

―¡Ya estoy de vuelta!―Pegó un saltito. Naruto alzó una ceja al ver que la había sobresaltado sin querer―. ¿En qué estabas pensando? ¿Tal vez en mí?―Hinata rio bajito y se dejó abrazar y besar una vez más, sintiendo de nuevo ese escalofrío de placer recorrerla entera: desde las puntas de los pies a la raíz del pelo.

Terminaron el beso y se sonrieron. Naruto besó la punta de su nariz y los dos se internaron en la cocina, cogiendo los envases de ramen con cuidado para llevarlos al salón. Naruto hizo dos viajes para traer el tercero suyo. Después se acurrucaron los dos en el sofá. Naruto alcanzó una manta que tenían siempre colgada en el respaldo del mismo y la extendió para taparlos los dos. Entonces cada uno se hizo con un envase de ramen y comenzaron a comer, mientras veían una película en la televisión sobre ángeles y demonios.

Naruto devoró su cena en apenas cinco minutos, hambriento como estaba. Hinata se tomó tu tiempo, saboreando cada bocado con deleite. Naruto se fijó en cómo acercaba los palillos con delicadeza a sus rosados y carnosos suaves, como estos se abrían y sorbían los fideos, deslizándose estos entre las dos filas de perfectos dientes blancos hasta tocar la lengua femenina, esa lengua que él se moría por acariciar con la suya propia; deseó en ese momento más que nunca ser uno de esos fideos del ramen que su novia estaba comiendo, solo por sentir el placer de poder conquistar su boca definitivamente y como realmente anhelaba.

Suspiró y devolvió la vista a la televisión, donde estaban echando una película de época. Hinata terminó su vaso de ramen y se inclinó para dejarlo sobre la mesita de centro, al lado de los vacíos que había dejado antes Naruto. Luego se acomodó de nuevo contra el calentito cuerpo de su chico. No se dio cuenta de que, en su inocente intento de ponerse cómoda, rozó el brazo de Naruto con uno de sus pechos, un roce que hizo sonrojar a Naruto a la vez que lo encendió. Se mordió el labio inferior y echó el cuerpo un poco hacia delante, para intentar hacer más espacio dentro de los pantalones de dormir a la erección recién formada.

Pero Hinata volvió a moverse, ahora para dar un trago a su lata de refresco, y en esta ocasión Naruto no fue capaz de reprimir el gemido que escapó de sus labios cuando el tentador cuerpo de su novia se rozó contra él una vez más.

Hinata se giró a mirarlo, extrañada.

―¿Te duele algo?―Naruto enrojeció.

―Ah, eh… no, estoy bien. ―Hinata lo observó fijamente, advirtiendo el tono rojizo en su bronceada tez y los puños apretados bajo la manta.

―¿Seguro? Parece que tengas fiebre… ―Se inclinó hacia él, con la intención de ponerle una mano en la frente; pero Naruto se levantó de un salto, apartándose de ella al instante.

―¡He dicho que estoy bien!―Hinata quedó quieta, con la mano en el aire; confusión y decepción por el rechazo del chico reflejándose en su rostro.

―Ya… ya veo. Perdona―murmuró, girándose a mirar la televisión.

Naruto maldijo, pasándose las manos por el pelo. Respiró hondo y la miró.

―No, perdóname tú. Es que estoy… tenso. ―Hinata pestañeó. Naruto luchó por buscar las palabras adecuadas―. Es que… me gusta demasiado estar cerca de ti, no sé si me entiendes… ―A juzgar por la expresión todavía confusa en el rostro femenino, Naruto dedujo que no. Tendría que ser más directo, supuso―. Me gusta demasiado… tu cuerpo. ―Se señaló la entrepierna y luego desvió la vista, avergonzado―. Tu olor, tu piel, tus besos… toda tú. ―Hinata captó entonces lo que él trataba de decirle, además de percatarse del bulto que se marcaba bajo la fina tela del pantalón de dormir que Naruto usaba en esos momentos.

―Oh. ―Calló y bajó la vista a sus manos, sobre su regazo.

Ahora entendía. Naruto estaba… excitado. Buscó en su mente si había hecho algún movimiento para ponerlo en ese estado, pero todo lo que podía recordar era ella acomodándose en el sofá o preparando la cena, antes de eso… ¿Es que su cercanía lo afectaba tanto? Una emoción muy similar a la excitación hizo que un escalofrío le bajara por la espalda. El saber que era deseada tan fuertemente…

Miró nuevamente para la evidente excitación masculina y un sonrojo se extendió por su rostro. Oyó el suspiro de Naruto, pero no se esperó lo que diría a continuación:

―Dormiré en el sofá. Iré a estudiar a la habitación un rato y cuando… cuando quieras ir a dormir, avísame. ―Hinata levantó la cabeza de golpe y abrió los labios, dispuesta a replicar―. No pasa nada, en serio. ―Una sonrisa forzada apareció en el bronceado rostro del rubio―. El sofá es cómodo. Estaré bien. ―Hinata sintió que la culpa la invadía. El sofá no era cómodo para nada, en absoluto, y ambos lo sabían.

Apretó la mandíbula, debatiéndose entre qué hacer o decir. Naruto se dio la vuelta, dispuesto a salir del salón para no incomodar más a Hinata. Pero antes de saber lo que estaba haciendo, Hinata lo detuvo, levantándose de un salto y cogiéndole de una mano.

―¡No!―Naruto se detuvo y se volvió, sonriendo de nuevo con esa mueca forzada que ella odiaba.

―Está bien, nena, en serio. Sé que no estás lista para llegar allí, así que… no te preocupes, soy un hombre. Podré soportarlo―bromeó, en un intento por distender el ambiente.

Hinata apretó los dientes, molesta, tanto con él por no ser sincero como con ella misma por no ser capaz de darle a él lo que quería. Lo amaba, ella también lo deseaba, entonces… ¿qué la detenía? Miedo, se dijo, un miedo terrible a que su relación cambiara o fuera en picado si cruzaban la frontera del sexo. Naruto era tan virgen como ella, no tenía con quien comparar, así que eso no la preocupaba. El caso era… ¿y si no era como esperaban? ¿Y si ella no era suficiente para él? ¿Y si era más incómodo y doloroso de lo que había oído? Había escuchado de historias de personas que, tras una o varias experiencias sexuales, habían desterrado aquella parte de la naturaleza humana para siempre.

Sacudió la cabeza. No podía permitirlo, pero era cierto que todavía no se sentía preparado para dar el paso. Sin embargo… ¿y si iban poco a poco? Una idea empezó a tomar forma en su mente. Sí, eso podría funcionar, se dijo. Les daría tiempo para acostumbrarse el uno al otro, para reconocerse y conocer lo que les gustaba a cada uno antes de… de hacerlo de verdad.

―Espera―dijo, cogiéndolo de la mano una vez más. Respiró hondo y lo miró a los ojos, sin vacilar, a pesar del rosa que coloreaba sus pálidas mejillas―. ¿Y si… y si vamos poco a poco?―Naruto la miró, confundido.

―¿Poco a poco? ¿Qué quieres decir, Hina?

―Hum… ir… despacio, ya sabes… descubriéndonos poco a poco. Como… como cuando sabes que un regalo va a ser especial y lo vas desenvolviendo despacio, con todo el cuidado del mundo…

―… Sabiendo que lo que hay dentro va a compensar todo el tiempo invertido. ―Completó la frase por ella. Hinata asintió, con las mejillas todavía sonrojadas. Naruto lo meditó unos momentos. Eso… era una buena idea. Tal vez no funcionara para otras parejas, pero sabía que para ellos sí funcionaría―. Creo… creo que eso estaría bien para nosotros. Bueno… ―Se balanceó sobre los pies, de pronto nervioso y ansioso―. ¿Cómo… Por… por dónde quieres… ―Hinata cerró los ojos. Ya estaba hecho. Ella había sido la de la idea, así que era justo que diese el primer paso.

Se sentó en el sofá y le pidió silenciosamente a Naruto que se sentase a su lado. Él obedeció. Hinata entonces lo miró y le pasó los brazos por el cuello. El sonrojo en su rostro se acentuó, pero no se echó atrás. Juntó sus labios con los del rubio, en un beso suave; trató de ser provocativa, metiendo la lengua en la boca masculina de forma alto torpe e inexperta. Sintió una risa vibrar en el pecho de Naruto y empezó a apartarse, abochornada, pero Naruto se lo impidió. Colocó las manos en su espalda baja y la empujó, obligándola a arquearse; Naruto metió entonces su propia lengua en la boca femenina; Hinata jadeó, permitiéndole el paso y dejándolo hacer lo que quisiera.

Entonces Naruto dejó sus labios para pasar a la mejilla, a la oreja, a la barbilla y al cuello, donde la besó con suavidad. Hinata sintió un cosquilleo extenderse por su piel y las manos le hormiguearon, queriendo acariciarlo a él también. Y lo hizo, metiendo los dedos delicadamente bajo la camiseta de Naruto y asiendo el borde. Naruto entendió e interrumpió el beso lo suficiente como para sacarse la camiseta por la cabeza y quedar así desnudo de cintura para arriba. Luego volvió a besarla, con cuidado, explorando con delicadeza todo su cuello y su garganta. Hinata cerró los ojos y suspiró, sintiendo las manos masculinas pasearse arriba y abajo por su espalda, mientras las suyas propias exploraban sin pausa, pero sin prisa, la piel descubierta de su novio.

En un momento dado sintió el roce de los dedos masculinos en el borde de la camiseta, directamente sobre su piel. Enrojeció y se apartó, quizás con algo más de brusquedad. Miró para Naruto y vio sus ojos fijos en ella, casi pidiéndole permiso, súplica que verbalizó, en un tono ronco que envió un ramalazo de excitación directamente al centro de su ser:

―¿Puedo?―Mordiéndose el labio inferior, asintió y levantó los brazos, dejando que fuera él quien la desnudara de cintura para arriba. Su rostro se incendió cuando sintió las mangas y el cuello pasar por encima de su cabeza. Tenía los ojos cerrados, por lo que no fue consciente de que Naruto también mordía su labio inferior, ni de lo oscura que se había vuelto su mirada.

Se quedó contemplándola, extasiado, como si ella fuera el mejor regalo que hubiese desenvuelto nunca. Ni siquiera cuando recibió vales descuento para Ichiraku en su último cumpleaños por parte del viejo Teuchi se había sentido como en ese momento: excitado, ansioso, nervioso.

Naruto reanudó sus caricias sobre el cuerpo femenino. Hinata lo imitó sobre el masculino; pasó las manos por la espalda recia y firme, sintiendo el estremecimiento que recorrió a su novio que hizo que su vientre se contrajera. Se detuvo en la nuca masculina, que masajeó, sintiendo los cortos mechones rubios enredándose entre sus dedos. Naruto gimió y se lanzó a besarla, demostrándole así lo mucho que le gustaban los tiernos mimos que su novia le estaba prodigando.

Hinata consiguió seguir el ritmo del beso, respondiendo con la misma ansia y pasión. Las manos de Naruto se deslizaron despacio, temblando de anticipación, por sus costados. Delineó el ombligo cuando lo encontró y el vientre de Hinata se contrajo una vez más. Abrió los ojos, permitiendo que la boca de su novio se paseara nuevamente por su cuello y ahora sus hombros. Los besos fueron bajando, cálidos, tiernos, estremecedores. Gimió cuando sintió la punta de la lengua de Naruto rozar la piel descubierta de la parte superior de uno de sus senos, siguiendo la línea del sujetador.

Las manos seguían en su abdomen, acariciando, volviéndola loca. Sintió las yemas de sus dedos llegar a los límites del sostén y abrió los ojos, clavando sus orbes perlas en los azules. Vio que se mordía el labio inferior y ella, adivinando lo que él quería, tragó saliva, tomando valor para hablar:

―Pu-puedes… tocar… ―Naruto retuvo la respiración un segundo y luego asintió, dejando escapar el aire.

Con el mismo cuidado que había empleado hasta ahora, siguió con su exploración. Apoyó una mano sobre uno de los turgentes pechos, maravillándose con su calidez y redondez. Lo elevó un poco desde la parte inferior, probando así su peso. Pasó el pulgar sobre el pezón que se marcaba bajo la tela y Hinata cerró los ojos, gimiendo. La punta se endureció ante el toque y Naruto volvió a acariciarla, ahora en temblorosos y lentos círculos. Hizo lo mismo con el otro pecho, viendo con fascinación como el sonrojo se extendía por todo el cuello y el pecho de su chica.

Se aventuró a pellizcar uno de los pezones entre los dedos índice y pulgar y Hinata respingó. Naruto quitó sus manos, rojo y algo culpable.

―¡Lo siento!

―¡No, no! Me… me ha gustado―murmuró Hinata, bajito. Naruto sonrió, aliviado y contento. Por nada del mundo quería estropear aquel momento que estaba siendo tan especial para ellos.

Con sumo cuidado, siguió con sus tiernas caricias. Apresó de nuevo el pezón y lo hizo rodar. Hinata se arqueó, mordiéndose el labio inferior, sintiendo el placer inundarla poco a poco. Naruto bajó la cabeza y la besó, mientras su mano libre iba despacio hacia el otro pecho, atrapando el segundo pezón. Hinata se separó por la necesidad de aire y Naruto aprovechó para repartir nuevos besos por su cuello.

―Na… Naruto-kun… ―Naruto suspiró sobre la piel femenina, enviando un nuevo escalofrío de placer por su espina dorsal.

El rubio sintió el palpitar constante en su entrepierna. Estaba tratando de ignorarlo, de ignorar su propia necesidad. Pero a cada segundo se le hacía más y más difícil. Se separó y abandonó los pechos de su novia; Hinata gimió en protesta; él sonrió y encerró su precioso rostro entre sus manos, besándola una vez más, dejándole saber cuánto, cuánto la deseaba.

―Nena, me estás matando… ¿te importa si… si probamos una cosa?―Hinata asintió, confiada y segura entre los brazos de su chico.

Con cuidado y con cautela, por si ella se echaba atrás, Naruto la recostó en el sofá. La empujó para abrirle las piernas, haciendo un espacio suficiente para poder él acomodarse entre las mismas. Hinata enrojeció al notar que, en aquella nueva posición, sus sexos se rozaban por sobre la tela de la ropa interior y de los pantalones de dormir de ambos.

―Confía en mí―le dijo Naruto, con la voz ronca de excitación. Ella asintió, aún con el rostro encendido de vergüenza. Pero no pensaba echarse atrás. Estaba disfrutándolo demasiado como para echarse atrás.

En esa nueva pose, Naruto hizo un poco de presión y se friccionó una vez contra Hinata. El roce fue tan exquisitamente placentero que ambos gimieron al unísono.

―Naruto-kun... ¿po-podrías hacerlo… ―Él sonrió, ladeando la cabeza, una sonrisa que nunca le había visto hasta ahora: era pícara, incitante… sexy.

―Las veces que quieras, nena. ―Hizo el movimiento de nuevo; el placer ondeó por las terminaciones nerviosas de ambos.

Siguió moviéndose, despacio, con tiento al principio y con más confianza y rapidez después, a medida que las sensaciones aumentaban.

―Joder… ―Hinata gimió en respuesta, imposibilitada para hablar. Una neblina de placer la envolvía, emborrachándola, llenando sus sentidos.

Empezó a arquearse y a moverse al mismo ritmo que Naruto. Sentía los tirones en el centro de su cuerpo, tensando sus músculos con cada roce un poco más. Necesitaba… necesitaba liberarse.

―Naruto-kun… ne-necesito…

―Lo sé, Hina- ¡Oh, sí!―Con un último empuje, Naruto sintió que alcanzaba la cúspide del placer. No le importó mancharse la ropa, porque en ese momento sintió a Hinata sucumbir bajo él, los espasmos adueñándose de todo el cuerpo femenino.

Cuando los temblores de ambos cesaron, sus miradas se encontraron, los dos cansados y satisfechos. Se sonrieron, vacilantes. Naruto bajó la cabeza y la besó, Hinata correspondió, abrazándolo, aún débil y temblorosa a causa del orgasmo compartido.

Se sonrieron de nuevo al separarse.

―¿Te ha…

―Sí―dijo Hinata, antes de que él terminara la pregunta―. Sí, me ha… me ha gustado.

―Y, ¿quisieras… ―Hinata sonrió suavemente, acariciándole los mechones rubios como el sol.

―Sí, me gustaría mucho. Solo que…

―¿Un poco cada vez?―Hinata amplió su sonrisa, una sonrisa nueva, más atrevida, más provocativa. Era como si algo nuevo y desconocido se hubiese despertado en ella.

―Un poco cada vez. ―Y se besaron una vez más, solo por el placer de sentir ese amor que los unía.


Rio mientras sentía las manos de su novio haciéndole cosquillas involuntarias en sus pies y tobillos, mientras se los acariciaba con todo el cariño del mundo. Naruto alzó las cejas, sin dejar de pasar los dedos por la delicada piel de las piernas femeninas. Arriba, arriba…

―¿De qué te ríes'ttebayo?―Hinata sonrió.

―M-me haces cosquillas. ―Naruto esbozó esa sonrisa pícara que ya había comenzado a amar y a desear, porque hacía que su corazón latiera tan deprisa que parecía que le iba a estallar, justo como en ese momento.

―¿Ah, sí? No me digas… ―Se tapó la boca con la mano, sofocando una risa y haciendo esfuerzos para no sacudir el pie en el que los dedos traviesos de su novio le estaban haciendo cosquillas.

―¡Na-Naruto-kun, basta! ¡No puedo… ―Perdió la batalla contra su resistencia y acabó tumbada sobre la cama, retorciéndose entre risas mientras Naruto la atacaba sin piedad en todos los lugares en los que había descubierto a lo largo de aquellos días que eran sensibles, y no solo a sus manos, sino también a su boca.

Le posó los labios en el ombligo y fue subiendo mientras seguía explorándole las piernas con caricias lentas y tiernas, repartiendo pequeños pero ardientes besos por todo el torso femenino.

Ambos se encontraban en ropa interior. Hinata había ido poco a poco superando su timidez y sus miedos, dejando que Naruto fuese cada día un pelín más lejos en sus atenciones. Sintió las manos masculinas en sus senos y se arqueó, dándole permiso para que hiciese con ellos lo que quisiese.

Fue lento, deliberadamente provocador, mientras Hinata gemía y se retorcía, suplicándole por la liberación. Con cuidado, Naruto pasó una de sus palmas por su vientre hasta el sexo femenino, que ahuecó mientras la besaba, apasionadamente, aunque haciéndole saber al tiempo todo el cariño y el amor que sentía hacia ella.

Hinata cerró los ojos y trató de relajarse bajo el cuerpo y las tiernas caricias de su chico. Aquella era la nueva frontera que habían decidido franquear esa noche. Sintió como Naruto rozaba el borde de sus bragas y lo agarraba, tirando de él con cuidado hacia abajo, deslizando la prenda por sus blancas piernas para desnudar ese lugar prohibido que hasta ahora le había estado vedado.

Al subir de nuevo por su cuerpo, Naruto la instó con sus suaves caricias a que las separara.

―Ábrete para mí, Hina… por favor. ―La voz del rubio, ronca de excitación, hizo que un escalofrío la recorriera y que se relajara, obedeciendo.

Temblando con una mezcla de ansiedad, nerviosismo y expectación, se dejó hacer. Pero no sintió nada, así que abrió los ojos, solo para encontrarse la mirada azulada del rubio clavada en ese lugar tan privado entre las piernas, observándola con curiosidad.

―¿Na… Naruto-kun? ¿Pa-pasa algo malo?―Naruto la miró y sonrió.

―No, nena. Es solo que… lo estaba estudiando. ―Hinata pestañeó.

―¿E-estudiando?―Naruto se sonrojó.

―Bu-bueno, nunca he visto… ya sabes… más que en los libros de biología del colegio y… eh… estaba familiarizándome. ―Hinata no pudo evitar soltar una risita.

―Oh, entiendo… ―Naruto bajó la cabeza para besarla de nuevo.

―Ahora… disfruta. ―Hinata suspiró y asintió. Naruto reptó por su cuerpo ahora en dirección contraria; se acomodó entre las piernas de Hinata, con la cabeza muy cerca del sexo femenino.

Elevó una mano y acarició de forma vacilante los rizos negro azulados, buscando el tesoro que había debajo. Hinata contuvo la respiración cuando lo notó llegar a su intimidad. Con curiosidad, pero también con la excitación bullendo en sus venas, siguió el contorno de uno de los labios inferiores, reconociendo así su forma y su textura.

Siguió con esas caricias cálidas y cariñosas, sintiendo como algo de humedad impregnaba la piel de tan delicado lugar, así como las yemas de sus dedos. Hinata suspiraba, dejándose hacer. Confiaba en Naruto. Sabía que nunca jamás le haría daño.

Los dedos masculinos continuaban su exploración lenta y metódica, buscando aquellos puntos más sensibles, los lugares donde más le gustaba que la tocara, que la estimulara. Encontró una pequeña protuberancia escondida entre el vello oscuro; escuchó un gemido proveniente de su novia cuando pasó la yema de un dedo por encima de aquella diminuta redondez. Inspiró y exhaló despacio, probando a volver a acariciarlo de nuevo y recibiendo otro gemido femenino como premio.

Sonrió, sintiéndose eufórico al haber podido encontrar casi a la primera aquel punto que, según se decía, solía encender la inmediata pasión en las mujeres. Lo acarició despacio, tentativamente, buscando el ritmo más propicio para hacerle tocar la cumbre del placer a su novia.

Hinata se arqueó, empezando a retorcerse sobre las sábanas. Se tapó la boca cuando los gemidos comenzaron a ser demasiado audibles, por nada del mundo quería que sus vecinos se enteraran de lo que su novio y ella estaban haciendo en esos precisos momentos.

La otra mano hizo un puño con la sábana que estaba bajo ella, aferrándose a ella cuando el placer aumentó. Empujó contra la mano del rubio, buscando la liberación. Naruto sintió como su propia excitación crecía, manifestándose en una poderosa erección que le apretaba cada vez más los calzoncillos.

Sin embargo, empezó a sentir una imperiosa necesidad de explorar aún más aquella faceta nueva en la que estaba entrando su relación, de probar algo diferente de lo que habían estado haciendo hasta ahora. Había estado leyendo, informándose sobre todo aquello que se podía hacer durante el sexo. Algunas cosas casi lo matan de vergüenza, pero sabiendo que sería para complacer a su novia todavía más, decidió probar una de las cosas que había leído. Algo que, por otro lado, se moría por hacer desde que lo leyó en una de esas revistas para mayores de 18.

Relamiéndose los labios con anticipación, bajó la cara y la hundió en la intimidad de Hinata. La joven abrió los ojos como platos y se incorporó sobre los codos, para mirar lo que Naruto le hacía, pero cayó hacia atrás cuando un placer hasta ahora desconocido la recorrió entera.

―¡Oh, oh, Naruto-kun! ¡Ah… ah… ―Él siguió con su ataque despiadado, arremolinando la lengua allí, en ese punto dulce que parecía estarla volviéndola loca, loca de placer.

Subió los dedos y los pasó por los labios inferiores nuevamente, buscando la abertura al mismísimo centro de su novia. Los acarició tentativamente con el pulgar y los abrió un tanto, consiguiendo colar dentro un dedo índice largo y travieso, hasta la mitad, más o menos. Perdida como estaba en las sensaciones que él le estaba haciendo sentir, Hinata no protestó.

Dentro estaba mojado y caliente y Naruto no pudo evitar imaginarse cómo se sentiría esas mismas paredes alrededor de su miembro, apretándolo, calentándolo. Gimió contra el sexo femenino, enviando una ola de placer por todo el cuerpo de su chica. Necesitaba hacerla llegar para después poder él mismo alcanzar la liberación. Lo necesitaba con desesperación.

Así que se afanó, poniendo todo su empeño en la tarea. Lamió y lamió hasta que, con un largo gemido, Hinata sucumbió, en deliciosos espasmos que sacudieron sus músculos una y otra vez, dado que Naruto seguía alargando aquella dulce tortura.

Finalmente se separó de ella y, recogiendo los restos de aquel dulce orgasmo con su lengua, se deshizo en tres tirones de su ropa interior, pateándola fuera de la cama. Agarró su larga y dura erección con una mano y comenzó a darse placer a sí mismo, gimiendo al mismo ritmo que sus rápidas caricias.

Desde su posición sobre la cama, Hinata lo observaba, atenta, con la mirada ardiente de pasión. Ansiosa, se incorporó y, sin dejar de mirar aquellos dos orbes azules que la encantaban, alargó la mano la puso sobre la suya, la que estaba agarrando su sexo palpitante y ansioso por vaciarse.

―Déjame a mí―dijo, sintiéndose atrevida.

No era la primera vez que iba a hacer eso, pero sí la primera vez que tomaba la iniciativa por sí misma, sin necesidad de dar vueltas ni de que Naruto la alentara.

Vacilante al principio, rodeó el grueso eje con sus pálidos dedos y los movió, arriba y abajo, como sabía que a él le gustaba.

―Oh, nena… lo haces tan bien… ―Naruto cerró los ojos, dejando que las sensaciones lo invadiesen―. ¡Oh, sí, así! Un poco más fuerte, Hina… ―Ella obedeció, aumentando la fuerza y el ritmo de sus caricias.

Viéndolo tan perdido en el placer que ella le estaba proporcionando y recordando las cosas tan maravillosas que él le había hecho antes con la boca se preguntó si no podría hacer lo mismo, si no podría darle placer con sus labios.

Se mordisqueó los mismos, dudando. ¿Sería capaz…? Bueno, se suponía que hacer el amor era dar y tomar, aunque ellos no hubiesen llegado todavía al final… final. Estaban avanzando, yendo a su ritmo. Como solo ellos sabían hacer.

Avanzó tentativamente sobre las sábanas y, sin dejar de acariciarlo, se acercó a la entrepierna masculina. No lo pensó mucho, porque sino sabía que no se atrevería nunca. Así que, antes de que su timidez la coartase, se metió el miembro de su novio en la boca.

Naruto abrió los ojos con la sorpresa plasmada en ellos. Bajó la vista y se quedó con la boca abierta, al ver la cabellera negro azulada de su novia moverse al mismo compás que su cabeza.

―Hinata… ―Su nombre le salió en un gemido de placer desesperado―. Hina… Oh, joder… nena… ―La agarró de los largos mechones oscuros, no sabiendo muy bien si para apartarla o para alentarla, queriendo más, necesitando que fuese más: más profundo, más rápido… No pudo contenerse más y empezó a mover sus caderas, embistiendo lo más posible dentro de su garganta, deseando que lo tomara entero―. Sí, nena, así… qué bien… Estoy a punto… ―Sintió el placer construirse en su vientre, tensando sus músculos―. ¡JODER!―Sin poder evitarlo, se corrió, dentro de la cálida y placentera boca de su novia.

Se apartó rápido, dejando que los últimos vestigios de su placer cayeran sobre las sábanas revueltas. Hinata se tapó la boca y tosió. Se había atragantado.

―Oh, mierda, nena. ―Le acarició la espalda y el pelo―. Lo siento, perdona, no… no supe controlarme… ―Hinata negó y lo miró, una pequeña sonrisa bailando en sus labios.

―Que-quería hacerlo―le replicó ella, con las mejillas rojas a causa de la pasión recientemente compartida―. N-no eres el único que lee cosas… ―Un sonrojo tiñó los rostros de ambos.

―Ya veo, ya… ¡pequeña licenciosa!―Hinata soltó un gritito de sorpresa cuando su travieso novio la abrazó de improviso, tirándola sobre la cama nuevamente para empezar a darle besos y a hacerle cosquillas. Ella rio y lo abrazó a su vez, dejándolo hacer y dejándose hacer―. ¿Qué te parece si nos damos una ducha, eh? Estamos algo… sucios. ―Hinata soltó una risa y Naruto sonrió contra su cuello, feliz de tenerla así de contenta y de desinhibida a su lado.

―Me parece una buena idea―dijo ella, separándolo un poco de sí para poder observar aquellos ojos azules que la hechizaban. Una ancha sonrisa se extendió por el rostro masculino.

―Iré a preparar la bañera. ―La besó una última vez en esos labios que adoraba y que lo volvían loco y se levantó, para ir a cumplir con lo dicho.

Hinata suspiró, estirándose y permitiéndose con deleite el fijarse en cómo el perfecto trasero de su chico desaparecía por la puerta de la habitación hacia el cuarto de baño.

Se mordió el labio inferior sin poder evitarlo.

Era tan, pero tan afortunada por tener un novio tan guapo, atento… y sexy.


―¡Hola, tú!

―¡Tenten!―Hinata sonrió ampliamente a la pantalla de su ordenador portátil, donde el rostro de una sonriente Tenten la saludaba―. No me esperaba tu llamada…

―Bueno, acabo de terminar unos parciales horribles y aterradores y los profes, en su infinita bondad, nos han dejado un par de días de libres, así ellos también aprovechan para hacer puente. Cuatro gloriosos días de no hacer absolutamente nada más que lo imprescindible, ¿te lo puedes creer?―Hinata soltó una risita―. Y, como sabía que a estas horas ya habrías salido de la uni e ido a casa para esperar a tu buenorro y sexy novio, pues… ―Hinata se sonrojó pero su sonrisa no vaciló.

―Sí, llegué a casa hace una hora o así… Estaba intentando adelantar algunas lecturas.

―Ay, la siempre responsable Hinata, cómo no. Aunque por lo que veo vas a dejar de currar en cuanto tu Adonis personal entre por la puerta. ―Hinata pestañeó y bajó la vista, dándose cuenta de que tan solo llevaba puesta una camiseta naranja descolorida de tantos y tantos lavados, perteneciente a Naruto.

El sonrojo en las pálidas mejillas de la joven Hyūga se acentuó. Se subió los hombros, intentando colocarlos para no mostrar más piel de la necesaria, pero la fina tela resbaló nuevamente, como diciéndole que era inútil porque la camiseta le quedaba enorme.

―N-no es lo que crees. ―Al otro lado de la pantalla, Tenten alzó una ceja.

―¿Ah, no? ¿Es que no tenéis sexo o qué?―Hinata se puso un dedo en el labio, bajando la cabeza y chistando, mirando alrededor como si seres invisibles la estuvieran acechando y escuchando. Tenten se la quedó mirando con la boca abierta―. Pero… Hina… si ya lleváis juntos…

―Año y medio, l-lo sé―suspiró ella.

―¡Pero si cuando os vi en vacaciones Naruto no podía quitarte la vista ni las manos de encima!

―Sí, ya…

―¿Es por ti? ¿Es por él? Qué pregunta más tonta, claramente es por ti. ―Hinata dio un respingo en la banqueta en la que estaba sentada.

―¿P-por qué asumes que es por mí y no por él?―Tenten resopló.

―Por favor, Hina, se nota a leguas que Naruto se muere por meterte mano siempre que puede. Te desea, y no tienes nada por lo que avergonzarte, chica. El amor y el deseo van juntos en una relación, no puede existir uno sin el otro, no en una relación seria, al menos. Otro cantar es si solo buscas rollo de una noche o algo pasajero, en ese caso con el deseo basta. Pero ese no es vuestro caso. Vosotros dos os amáis, con locura, eso cualquiera puede verlo… ―Tenten calló al ver que Hinata parecía perdida en sus pensamientos. Chasqueó los dedos frente a la pantalla, haciendo aterrizar nuevamente a Hinata en la realidad.

―P-perdona. ―Se mordió el labio inferior, nerviosa. Hacía tiempo que no hablaba con Tenten, por lo que se moría por tener una charla de chicas. Claro que prefería que fuese en persona, pero hasta verano no iban a verse, y no podía esperar más para contarle las últimas novedades―. Y… ¿Y s-si te digo que sí hemos hecho… algo?―Tenten abrió la boca, ligeramente sorprendida.

Hinata la vio tomar el ordenador, girarse para decirle algo a alguien y luego moverse hasta que al fin la tuvo de nuevo quieta, con la cara pegada a la pantalla.

―¿A qué te refieres con algo?―preguntó, entre ansiosa y expectante.

Hinata suspiró. Vocalizar las cosas tan vergonzosas y placenteras que había hecho con su novio iba a resultarle difícil, pero en Tenten sabía que podía confiar. Ella no irían contando por ahí sus intimidades ni cotillearía con su primo Neji, a pesar de que esos dos eran pareja. Además, Neji tampoco tendría motivo alguno para enfadarse, puesto que ella sabía de muy buena tinta que él le hacía a Tenten las mismas cosas agradables que Naruto le hacía a ella, y viceversa.

―Bu-bueno… hemos… hemos llegado a una especie de pacto, de entendimiento, mejor dicho. Yo… y-yo no estoy preparada aún para dar el paso definitivo, sabes que soy muy tímida, pe-pero… precisamente por eso… a Naruto-kun se le ocurrió que, tal vez, si íbamos poco a poco…

―¿Poco a poco?―la interrumpió Tenten―. ¿Cómo poco a poco? ¿Quieres decir que un día os desnudáis un pie y al siguiente el otro y luego una pierna y después la otra pierna…

―¡No tan así!―exclamó Hinata―. Ya… ya hemos llegado al punto de desnudarnos enteros y… eh… de tocarnos…

―¿Íntimamente?―completó Tenten al ver que su amiga estaba teniendo problemas por verbalizar sus pensamientos.

Hinata enrojeció y asintió. No pudo evitar encoger las piernas al recordar las cosas tan deliciosas que se habían hecho el uno al otro la noche anterior, y un poco esa mañana, cuando ella todavía estaba en los albores del despertar y su malvado y travieso novio se aprovechó de ello.

―S-sí―contestó al fin, tras varios minutos de silencio. Tenten esbozó una amplia sonrisa y comenzó a reírse, haciendo que el rojo en las mejillas de Hinata se intensificara―. T-Tenten…

―Perdona, Hina, perdona. No puedo evitarlo. ¡Es que eso es tan… tan vosotros! Sois tan monos y tan romanticones que me dan ganas de comeros a besos, a los dos. ―Hinata soltó una risita―. Os queréis y, mierda, si eso está bien para ti y para Naruto, entonces los demás no tenemos nada que decir ni que opinar. Solo… ―Tenten calló; Hinata la vio sacudir la cabeza y ella ladeó la suya propia, con curiosidad.

―¿Solo?―Hinata la animó a continuar. Tenten suspiró y clavó la vista en la pantalla del ordenador, directamente sobre donde destellaban los orbes perlas de su mejor amiga en la parte superior de la misma.

―Solo… me estaba preguntando… ¿por qué no has querido llegar aún al final? No me malentiendas, respeto el cómo cada uno lleve su relación de pareja, no me incumbe en absoluto, pero por otro lado… soy tu mejor amiga, y asegurarme de que tienes una vida sexual satisfactoria forma parte de mis funciones. ―Hinata enrojeció una vez más.

―Sí… hum… es muy satisfactoria. Por eso no te preocupes. ―Tenten rio entre dientes.

―Hina… dime, anda. ¿Necesitas consejo o algo? ¿Es que Naruto te está dando qué pensar o…

―¡No, no!―saltó Hinata, moviendo las manos con gestos de negación ante la pantalla―. Para nada, Naruto-kun sigue demostrándome todos los días lo mucho que me quiere, me lo dice, y no solo con palabras. Es que… tengo miedo, no a que deje de amarme, si-sino a… a que nuestra relación cambie. A que sea incómodo para los dos o que no sea lo que él o yo esperamos… N-no sé, es decir… ¿hay un antes o un después una vez lo haces con tu pareja? ¿Se pierde el interés en el otro o en hacer otras cosas juntos que no sean… eso?―Tenten suspiró, rascándose la cabeza.

Se tomó su tiempo para contestar, entreteniéndose en deshacer y en rehacer uno de los moños en los que solía llevar recogida su preciosa melena castaña.

―Escucha, Hinata… no te voy a mentir: hay un antes y un después en cuanto das el paso, no se puede fingir lo contrario. El sexo cambia la interacción de la pareja, aunque no necesariamente tiene que ser para mal. A veces, si tu pareja es poco expresiva en el día a día―Hinata sonrió sabiendo que se refería a su primo, su propia pareja―en la cama puede ser todo lo contrario, porque solo se necesitan de gestos y no de palabras. Si es alguien activo durante el día, también puede ser bastante placentero, ya que suelen usar el sexo para quemar parte de esa energía acumulada y de paso la adrenalina, presiento que ese va a ser el caso de Naruto. ―Hinata rio junto con ella, sabiendo que seguramente sería verdad―. Pero en caso de que uno de los dos tan solo esté en la relación por el sexo o por buscar hacerlo con alguien diferente… bueno, es bien distinto, porque en cuanto se tiene sexo, se acaba todo, la chispa se apaga.

»Pero si hay amor, Hina, la cosa es… distinta, se siente distinta. Sé que tú no tienes con quién comparar, pero te aseguro que es diferente hacerlo con alguien a quién no quieres a hacerlo con alguien a quien sí quieres. Se sienten las cosas de otra manera, la satisfacción dura más tiempo y no necesitas ahogar el tiempo que pasáis juntos con sesiones maratonianas de sexo duro y salvaje. Te aseguro que eso es de lo más agotador.

Hinata sonrió, comprensiva, sabiendo que Tenten hablaba por experiencia propia, ya que en el último curso del instituto tuvo una época un tanto salvaje, queriendo probar todo aquello que aún no había hecho antes de terminar el bachillerato.

―S-si te creo, e-es que…

―¿Es que qué? ¿Es que Naruto se olvida de ti en cuanto salís de la cama?―Hinata parpadeó, se ruborizó y negó con la cabeza.

―No, claro que no.

―¿Entonces?―la presionó Tenten. Hinata suspiró y se encogió de hombros―. Hina… ―Tenten movió la cabeza―. En fin, es vuestra relación, es tu novio, es cosa vuestra y no quiero meterme más. Si os funcionan así las cosas, pues que así se queden.

―Es que… no sé si voy a ser… todo lo que él espera… ―Tenten resopló.

―Permíteme un consejo, y te juro que ya es el último que te doy hoy: nunca es como lo esperamos en la primera vez. Te adelanto que seguramente será incómodo y doloroso, y, diablos, estoy segura de que todo esto ya lo habrás leído por ahí… ―Hinata asintió.

―Algo había oído, sí.

―Pues eso. No va a ser mejor o peor porque lo hagas hoy, mañana o pasado. Pero eso sí: da el paso porque así tú lo has decidido y no porque te lo haya dicho yo. ―Hinata sonrió y asintió.

―Así lo haré, Tenten. Gracias. Por llamarme y por hablar conmigo de mis problemas, que siempre tienden a ser los mismos, al parecer.

―Oh, Hina, tú nunca cambiarás, ¡y tampoco quiero que lo hagas! Eres la chica más dulce que conozco. Y Dios sabe que el mundo necesita más dulzura en sus caminos. En fin, te tengo que dejar. Neji ya está paseándose de un lado a otro del pasillo, puedo oírlo aunque él crea que está siendo silencioso.

―Ay, pobre. Seguro que está pensando lo peor, como siempre.

―Tu primo nunca cambia, tampoco, aunque en su caso eso es más contraproducente que otra cosa.

―No le vendría mal relajarse un poco. ―Tenten alzó las cejas y soltó una carcajada.

―Así me gusta, chica. ¿Ves? Ya te estás soltando. ―Tras intercambiar un par de frases más, se despidieron.

Hinata apagó la aplicación de vídeo llamada y bajó la pantalla del ordenador, cerrándolo y apartándolo un poco de sí.

Tenía mucho en lo que pensar.

Pero sabía que su mente iba a ir toda en la misma dirección.


―¿Qué? ¿Vamos por unos tragos?―Como aquella pregunta ya era de rigor tras un entrenamiento, especialmente si este era el de los viernes, Naruto no prestó mucha atención.

Se despidió de los demás, se puso una sudadera con las letras y el logo de la universidad estampadas en la parte del pecho, recogió su bolsa y salió del vestuario. Estaba reventado. La semana siguiente tenían un partido importante, por lo que los entrenamientos se habían endurecido hacía unos días.

Tan solo quería llegar al piso que compartía con su chica y acurrucarse juntos en la cama tras cenar algo, cualquier cosa le valía.

―¡Naruto, vaya, qué sorpresa!―Se detuvo, cerró los ojos y suspiró; puso su sonrisa más falsa y se giró.

―Hola, Shion. ―Una despampanante chica rubia enfundada en un diminuto traje de animadora se adelantó, moviendo sus caderas de una forma insinuante.

Naruto retrocedió, alejándose más de ella. Shion llevaba acosándolo desde que entrara en la universidad. No importaba que le hubiese dicho millones de veces que no estaba interesado, que lo hubiese visto en compañía de su novia más de mil veces o que la hubiese rechazado otras mil. La tipa era desesperante. Y él que creía haber dejado atrás a las animadoras chifladas tiempo atrás…

―Te vendrás a tomar algo, ¿no?―Ella avanzó y Naruto volvió a retroceder.

―Eh… no, mañana tengo que madrugar. Limpieza general de primavera y eso… Hinata me necesita. Adiós. ―Dio vuelta y prácticamente echó a correr.

Aminoró el paso cuando llegó al límite del campus. Se detuvo unos minutos para recuperar la respiración y luego prosiguió su camino. No quería tener que darle explicaciones a su novia de por qué llegaba acalorado o del rictus de fastidio en su cara.

Sacó las llaves cuando llegó al portal y abrió, subiendo hasta su piso. Abrió la puerta, esperando que lo recibiera el olor de una cena haciéndose en la mini cocina, el ruido de la televisión, de música salida del ordenador o del móvil de Hinata o el agua de la ducha corriendo.

Pero nada de eso fue lo que vio cuando empujó la puerta del piso. No, señor.

Lo que vio lo dejó con la boca abierta, los ojos como platos y todo el cuerpo en tensión, incluida cierta herramienta que tenía entre las piernas.

Hinata, de pie en el salón, subida sobre unos tacones de infarto, con unos pantalones vaqueros de cintura alta, una blusa de encaje blanco y una cazadora de cuero negro. Iba maquillada, con el pelo recogido en un moño bajo ladeado.

Estaba preciosa, para comérsela…

―Hinata…

―Y-yo… ―Ella se removió y desvió la vista, preciosamente sonrojada―. Pe-pensé que podríamos… salir hoy por ahí… ―Naruto parpadeó.

―¿Salir? ¿Por ahí?―Hinata lo miró, todavía ruborizada, y asintió.

Naruto cerró la boca y repasó la última conversación que había tenido con ella esa mañana, incluso los mensajes que se habían mandado durante el día, pero en ningún momento ella había manifestado su deseo de ir por ahí y él tampoco. ¡Si precisamente había pasado de sus compañeros de equipo para volver a casa con ella!

No obstante, se notaba que Hinata había puesto mucho esmero en arreglarse y que le estaba echando mucho valor al estar ahí de pie, dejando que la observara a placer. Ella no era de las que se vestían y maquillaban como si fuera a participar en una película de alto presupuesto todos los días. Era una chica sencilla de gustos sencillos, así que si le estaba pidiendo salir a tomar algo un viernes por la noche era porque realmente le apetecía.

Demonios, si era sincero consigo mismo a él también le apetecía. Hacía un montón de tiempo que no salían los dos solos, en plan parejita, a cenar, al cine o a dar un simple paseo. Se sintió fatal por haber descuidado ese aspecto de su relación, pero la universidad era una auténtica mierda, una institución que te chupaba las ganas de vivir y absorbía todo tu tiempo como si de un vampiro se tratara.

Dejó la bolsa en el suelo y sonrió, poniendo las manos en los hombros femeninos y dándole un cariñoso beso en la cabeza.

―Dame diez minutos y nos vamos. Ve pensando adónde te apetece ir. Adónde sea, allí te llevaré. ―Hinata sonrió trémula y asintió.

Lo vio desaparecer en la habitación que ambos compartían y relajó los músculos, tensos desde que lo había oído subir por la escalera del edificio hasta el piso. Había estado pensando mucho sobre lo que Tenten le había aconsejado en su última conversación con ella. Y había decidido dar el paso.

¿Por qué no? Lo quería, lo deseaba, y sabía que él también la quería y la deseaba, a juzgar por lo apasionados que eran sus encuentros pese a no llegar al final final.

Pero necesitaba un plan, algo para que sus intenciones no fuesen tan obvias o, conociendo como conocía a su Naruto, este se echaría para atrás si sospechaba lo más mínimo lo que ella pretendía. Pensaría que lo estaba haciendo por obligación, porque era lo que pensaba que él quería.

Nada más lejos de la realidad. Era una mujer supuestamente adulta, que podía perfectamente tomar solita sus propias decisiones.

Escuchó pasos y Naruto apareció de nuevo en el salón, ya vestido y arreglado para una noche por ahí con su chica. Hinata no pudo evitar morderse el labio inferior al ver lo guapísimo que estaba. Se había puesto unos vaqueros oscuros, unas zapatillas limpias, una camiseta de las más nuevas que tenía con el logo de su banda de música favorita y una cazadora de cuero tipo motorista. También se había peinado lo mejor que había podido sus cortos y rebeldes cabellos rubios.

―¿Nos vamos?―Hinata asintió y suspiró cuando se acercó a ella, la tomó de las caderas y la besó, lenta y tentativamente, antes de soltarla con una sonrisa, pasarle el brazo por los hombros y agarrar las llaves, el móvil y la cartera.

Salieron andando y caminaron de la mano hacia la zona donde se concentraban los pubs y discotecas de moda. Un cosquilleo de emoción empezó a subirle a Hinata por todo el cuerpo al pensar en bailar con su novio toda la noche, de ser necesario.

Se encontraron con algunos compañeros de universidad tanto de ella como de Naruto y los saludaron a todos, parándose con alguno de los compañeros del equipo de fútbol que también habían salido a disfrutar de un poco de diversión con sus novias.

Entraron en un local no muy concurrido donde sonaba a todo volumen rock del bueno, según Naruto. Hinata sonrió y se dejó arrastrar hacia la barra. Pidieron una bebida para cada uno. Hinata dio un sorbo cuando el camarero la deslizó hacia sus manos, dispuesta a que le durara toda la noche. Y sabía que Naruto haría lo mismo. Ninguno era buena tolerando el alcohol, pero por una vez no creía que se fuese a caer el mundo.

Luego, Naruto la cogió de la mano y la guio hacia el centro de la pista, donde la envolvió en sus brazos y empezaron a bailar, entre risas, dándose besos y mimos de vez en cuando; había algunas otras parejas acarameladas a su alrededor que también eran el foco de envidia de los solteros que habían salido a ver si pillaban cacho esa noche.

Las bebidas se les acabaron más pronto de lo que habrían deseado; el calor no tardó en invadirle el rostro y por el tono colorado en el rostro de Naruto él también parecía estar un poco contento.

El alcohol en sus venas la hizo reír como tonta y soltarse un poco más, haciendo sus movimientos de baile más lentos y sensuales. Naruto le siguió el juego, sonriendo y besándola cada vez con más ímpetu.

Tal vez es que se les habían subido las bebidas a la cabeza muy deprisa o que estas llevaban más alcohol del que habían pedido. Lo único que supo es que de repente había atraído a Naruto hacia un rincón oscuro y él la tenía acorralada contra la pared, besando su cuello con las manos firmemente ancladas en sus caderas. Y ella se dejaba, con la cabeza ladeada felizmente para darle más acceso y sus brazos rodeando los anchos hombros, apretándose contra el cuerpo masculino como si no hubiera un mañana.

―Hina…

―C-casa, v-vámonos a- ―Naruto la interrumpió con un fogoso beso, metiéndole la lengua hasta la garganta. Hinata gimió y se apretó todavía más contra él, como queriendo fundirse con su cuerpo alto y poderoso.

Cuando Naruto la soltó la agarró de la mano, saliendo casi a correr de la discoteca. Entre risitas, besos, abrazos y caricias atrevidas lograron llegar al edifico en el que vivían. Erraron unas cuantas veces al intentar meter la llave en la cerradura del portal y otras tantas en la de su apartamento.

Una vez dentro, Naruto la acorraló contra la puerta, apretándola allí, como en la discoteca, besándola como si quisiera devorarla entera. Hinata se dejó hacer, correspondiendo con la misma pasión, con el mismo deseo.

Se deshicieron a trompicones de los zapatos y de las cazadoras. Ella tiró el bolsito que llevaba en algún lugar de la sala y Naruto hizo lo mismo con su camiseta. Hinata gimió al sentir la piel caliente y bronceada bajo sus manos, los músculos duros que se estremecieron cuando ella pasó sus palmas sobre ellos.

Naruto le besó el cuello, la columna de la garganta, mientras iba desabrochando uno a uno los botones de su blusa.

Hinata se dejaba hacer, perdida en las exquisitas sensaciones que él le estaba proporcionando. Naruto la apartó entonces de la puerta, dándole la vuelta y haciéndola caminar hacia atrás, hacia su cuarto, mientras iba bajando por sus brazos la prenda de ropa superior, sin dejar de atormentarla con sus labios y con su lengua.

Hinata sintió escalofríos cuando se vio privada del calor de la ropa y de espaldas contra las suaves sábanas de la cama. Rio al sentir a Naruto bajar por su cuerpo, besando cada pedacito de su blanca y tentadora piel.

Se puso a horcajadas sobre ella mientras peleaba con el duro botón de sus vaqueros. Hinata se mordió el labio inferior, acariciando a su vez los musculosos brazos masculinos, el negro de las pupilas de su rubio casi tragándose el azul cielo de sus preciosos ojos.

Consiguió desabrochar el botón al fin y bajó la cremallera; enganchó los dedos en la cinturilla de los pantalones femeninos y los bajó por sus bonitas y algo regordetas piernas, dejando a su paso tiernos besos que estremecieron a Hinata.

Naruto era tan tierno, tan atento…

Sus pantalones desaparecieron al fin de sus piernas y entonces le tocó a ella el turno de observar quitarse a Naruto los suyos. Se llevó un dedo a los labios, mordiéndoselo, mientras él desabrochaba y bajaba la prenda hasta sus pies, deleitándose con la vista de sus bronceados músculos flexionándose.

Dios, era tan jodidamente perfecto…

Naruto se subió a la cama y gateó hasta estar nuevamente sobre ella, encerrada entre sus brazos, sus piernas y sus brazos. Ella lo rodeó con sus propios brazos y dejó que él le mordisqueara el lóbulo de la oreja y el cuello, mientras manipulaba el cierre del sujetador para quitárselo. Ella se arqueó para darle más acceso y Naruto aprovechó para chuparle un pezón a través de la tela, humedeciendo la misma y desatando una placentera fricción entre el pezón ahora erecto y la suave tela que lo cubría.

―Naruto-kun…

―Lo sé, nena, sé lo que necesitas… ―Al fin el terco broche cedió y pudo liberar esos gloriosos y perfectos pechos de su prisión, los cuales botaron ligeramente al verse libres del sujetador.

Naruto tomó ambas redondeces en sus manos y las acarició con reverencia, metiéndose primero un pezón en la boca y luego el otro, dándoles a ambos la misma merecida atención.

Hinata gemía y se retorcía, sosteniéndole la cabeza por el pelo, rogándole que no parase nunca de hacerle esas cosas tan maravillosas que solo él tenía el privilegio de provocarle. Pero pronto la boca de Naruto se paseó por todo su cuerpo hasta el centro mismo de su feminidad. Hinata tembló de anticipación, suspirando cuando los labios masculinos besaron sus muslos ahora abiertos y libres de las bragas.

―Mmmm… tengo ganas de comerte… ―Hinata soltó una risita y se tapó la boca, avergonzada por semejante reacción tan desinhibida por su parte.

Pero pronto la risa dio paso a un gemido, cuando los dedos y la boca de su novio cubrieron su sexo, torturando los puntos donde él sabía que era más sensible, donde podía provocarle más placer.

No demoró en llegar a la cúspide, temblando y retorciéndose sobre la cama. Naruto observó satisfecho como disfrutaba del orgasmo que él acababa de proporcionarle, hasta que Hinata quedó lánguida y satisfecha sobre el colchón.

Sonriendo, se echó a un lado, abrazándola contra sí y acurrucándola entre sus brazos. Hinata suspiró y se dejó mimar unos segundos, antes de reparar en un hecho sumamente importante.

―Aún faltas tú. ―Naruto rio.

―No te preocupes, nena, puedo aguantar una noche sin… ―Pero Hinata lo acalló con un beso.

Naruto rio una vez más, dejando que ella lo tumbara de espaldas y fuera ahora quién lo atormentara con lánguidos besos y dulces caricias. Permitió que lo despojara de sus calzoncillos y su erección saltó, orgullosa y palpitante ante unos ojos perlados que la veían con inocente glotonería. Quizás todavía quedaban restos de alcohol en su sangre, porque vio cómo su novia se relamía los labios como si estuviera a punto de degustar el más exquisito de los dulces y se metía su miembro en la boca, arrancándole un gruñido que pronto se transformó en audibles gemidos de placer.

La agarró del pelo, tensando todos los músculos para no terminar antes de tiempo, queriendo disfrutar el máximo posible de la dulce tortura. Empezó a embestir suavemente con sus caderas, queriendo llegar lo más profundo que pudiera en su garganta.

―Oh, Hinata… sí… oh, sí… así, nena… sí… ―Estaba a punto de correrse cuando Hinata se apartó y él gimió, pero ahora de pura frustración. Hinata lo agarró entonces con sus delicados y pálidos dedos, empezando a masajearlo. Él se incorporó sobre los codos, para observarla con curiosidad mezclada con arrollador deseo―. Hina… ¿qué… ―Ella respiró hondo, mirándolo directamente a los ojos, sin dejar de mover su mano arriba y abajo por la tensa y ardiente carne.

―Quiero… qui-quiero probar algo nuevo… ―Naruto ladeó la cabeza, pensando.

―¿El qué?―Hinata se mordió el labio inferior. Dejó de acariciarlo unos minutos, para tumbarse y tirar de su brazo, obligándolo a ponerse sobre ella una vez más.

Se movió y lo obligó a moverse, hasta que su eje grueso y palpitante chocaba contra su propia carne tensa y caliente.

―Hina, ¿qué… ―Por toda respuesta, Hinata agarró su miembro y lo guio a su entrada, arqueándose para poder recibirlo más cómodamente en su interior.

Naruto se tensó, con la mandíbula apretada y los ojos como platos, en contraste con la tensión de su cuerpo.

―Nena…

―Y-yo… e-estoy lista…

―No tienes por qué… Acordamos que- ¡Oh, joder!―Naruto sintió un ramalazo de placer cuando la punta de su glande se introdujo en esa lugar tan estrecho ardiente.

―Estoy lista―repitió, ahora con más convicción; tratando de refrenarse, Naruto cerró los ojos y pegó su frente a la de ella, sudando a mares―. Quiero hacerlo, de verdad…

―Hinata, no… oh, mier- ―Un gruñido salió de su garganta al sentir como la malvada de su novia lo obligaba a deslizarse un pelín más adentro. Intentó reunir las fuerzas suficientes para separarse, dispuesto a ir a darse una ducha fría de ser necesario.

Pero Hinata lo cogió del rostro y lo obligó a mirarla, fijamente a los ojos.

―Quiero hacerlo―insistió―. Y sé que tú también quieres. Te quiero y me quieres y… y-yo… n-no quiero que mi primera vez sea con nadie más que tú. Siempre soñé con que fueses tú. ―Naruto cerró los ojos, luchando contra sus propios deseos egoístas.

―Hianta… no estás… ¡por Dios, hemos bebido y-

―N-no estoy borracha―dijo ella, con las mejillas rojas de indignación―. Te deseo, Naruto-kun, por favor, por favor… ―Tentativamente, se hundió un poco más en ella, abriéndola a él―. Naruto-kun… ―El gemido de súplica de su chica desterró cualquier excusa que estuviese pasando ahora mismo por su mente.

Ella lo deseaba. Él lo deseaba. Eran una pareja sólida, con planes de futuro. Era algo de lo más natural lo que estaban a punto de… de culminar.

Hinata volvió a arquearse, suplicándole con su cuerpo que terminara lo que ella misma había propiciado. Cerrando los ojos, se impulsó al acogedor cuerpo femenino, dejando que el calor interior del mismo lo rodease.

La sensación fue tan abrumadora, el placer tan grande, que un ronce gemido brotó de su garganta. Intentó ir despacio. Sabía que la primera vez era incómoda e incluso dolorosa para la mujer, así que intentó refrenarse para ir con cuidado.

Pero Hinata tenía otros planes, porque cruzó las piernas tras su espalda y apoyó las manos en sus nalgas, obligándolo a hundirse de un solo y poderoso embiste en ella.

Sintió la tensión emanar de su novia y trató de retirarse, recriminándose por dejarse llevar, pero Hinata hizo fuerza, impidiéndoselo.

―¡No! Dame… dame un minuto… ―Naruto se quedó quieto, respetando sus deseos a pesar de lo mucho que su propio cuerpo le exigía moverse, comenzar a empujar contra ella.

Y eso hizo en cuanto Hinata le dio luz verde, haciendo una ligera presión en su espalda y en sus glúteos.

Se movió contra ella, despacio, buscando el ritmo que mejor se ajustase a ellos. Hinata se arqueaba y respondía, cada vez con más impaciencia, con más pasión. Pronto los gemidos inundaron la habitación, el sudor impregnando hasta el último milímetro de los dos cuerpos que se amaban sin control, con desbordante pasión, sobre las sábanas.

Con un resuello y un bronco gemido final, Naruto se corrió, derramando toda su esencia en el interior de su perfecta, preciosa y lujuriosa novia. Por su parte, Hinata sintió como el orgasmo la golpeaba por segunda vez en la noche, mientras un espeso y caliente líquido manchaba su intimidad y sus muslos.

Cuando los temblores de ambos cesaron, Naruto se apartó, débil, aunque satisfecho. Se deslizó hacia abajo para observar el sexo de su chica, mientras su propio miembro yacía flácido entre sus piernas, satisfecha ahora la necesidad de su cuerpo.

Suspiró al ver la sangre manchando la blanca piel femenina. Bajó la cabeza y besó primero un muslo y después el otro.

―Ahora vengo―le dijo, con voz tierna y ronca, con un nudo de emoción apretándole la garganta.

Se perdió en el baño y salió segundos después, trayendo una toalla mojada. La pasó entre las piernas de Hinata y esta abrió los ojos, sintiendo un agradable cosquilleo subirle por el vientre.

―¡Oh! Qué gustito… Está caliente… ―Naruto rio con esa ronca risa que ella amaba, limpiando con delicadeza los restos de sangre y de semen.

―Perdona si he sido muy… brusco. ―Hinata ladeó la cabeza, para acto seguido sonreír y negar.

―Para nada. Ha sido… ha sido maravilloso. De verdad. ―Naruto sonrió. Terminó de limpiarla a conciencia y luego fue a echar la toalla en el cesto de la ropa sucia. Después volvió y se tumbó al lado de su novia.

Se había dado cuenta de un detalle importante mientras estaba en el cuarto de baño, un detalle que a ambos se les había pasado, por estar pensando con otras partes de sus anatomías que no eran el cerebro.

Suspiró, abrazando a Hinata y besando su frente.

―¿Naruto-kun? ¿Pasa algo?―Él acarició su cabello con ternura y la miró a los ojos. No podía mentirle, no en algo tan importante como aquello.

―Nos hemos olvidado… bueno, más bien me he olvidado, de una cosa… importante. ―Hinata hizo un mohín que le dio ganas de besarla hasta desgastarle los labios, de dejárselos más rojos e hinchados de los que los tenía, para que todos vieran lo bien satisfecha que podía dejar a su chica en la cama. Sacudió la cabeza para echar de su mente pensamientos tan cavernícolas.

―¿De qué?―Él suspiró.

―No tenía planeado… no hoy, al menos, hacer… ya sabes… hacer el amor contigo. ―Hinata sintió la felicidad burbujear en su pecho y sonrió, más que contenta; Naruto le devolvió la sonrisa, aunque no tan amplia como hubiese deseado―. No me he puesto un preservativo, Hinata. No hemos usado… protección. ―Tardó un momento para que Hinata procesara la información y luego sus bonitos ojos perlados se abrieron como platos.

―¡Oh, oh!―Bajó la cabeza, avergonzada―. Ha sido culpa mía. ―Naruto la abrazó más fuerte y negó con la cabeza, suspirando.

―No, nena, claro que no. Yo soy el hombre, se supone que soy el que debo encargarme de ser más responsable.

―Pe-pero… y-yo… te asalté―murmuró en bajito.

Naruto rio, apretándola más fuerte entre sus brazos. Hinata se sintió querida y más protegida y cuidada que nunca.

―Eso no puedo negarlo. ―Hinata le golpeó el hombro y Naruto volvió a reír, echándola sobre el colchón otra vez para besarla de nuevo. Hinata suspiró y se dejó hacer―. Mañana… mañana por la mañana lo arreglaremos. Ahora duerme, es tarde. ―Hinata pestañeó y asintió, lentamente.

Se dio la vuelta y dejó que su chico la abrazara por detrás. Quizás por inercia, sus grandes y callosas manos se cerraron sobre su vientre. Una emoción surgió en el pecho de Hinata y tuvo que tragar saliva, para impedir que lágrimas traicioneras se deslizaran por su rostro.

―Algún día, nena―susurró la voz de su novio en su oído―. Algún día. ―Ella tragó saliva nuevamente y se encogió, acurrucándose entre los brazos masculinos una vez más, dejando que su olor, su calor la envolviera.

―Algún día―susurró, antes de permitir que Morfeo la llevara al mundo de los sueños.


Esperaban su turno en la cola de la farmacia, tensos y cogidos de las manos. El hombre delante de ellos terminó su compra y se fue, dejándoles vía libre.

Miró para su novio y este asintió, apretándole la mano y dándole ánimos. Se adelantó y ella lo siguió, todavía sin soltar su mano.

―Hola, buenos días. ―La farmacéutica sonrió, amable, y correspondió el saludo.

―Buenos días. ―Ambos se miraron, nerviosos. La chica los miró con curiosidad, esperando pacientemente a que la pareja se decidiera a hablar.

―Verá… no-nosotros… nosotros queríamos… ―Hinata sintió que un nudo le apretaba la garganta mientras la vergüenza se apoderaba de todo su ser, haciéndola temblar.

―Queríamos una pastilla del día después. ―soltó Naurto, de golpe.

La farmacéutica abrió los ojos como platos pero no hizo comentario alguno. Se limitó a darse la vuelta, abrir un cajón y sacar una cajita perfectamente cuadrada que pasó por el lector del código de barras.

―Son 200 ryō. ―Naruto soltó un momento la mano de su novia y sacó la cartera, para pagar. Antes de darle el dinero, alargó la mano hacia un expositor que había al lado del mostrador y cogió uno de los productos que allí se encontraban.

Hinata estiró el cuello para ver qué era y el rojo en su rostro se acentuó al ver que se trataba de una caja de condones.

De las grandes.

Talla grande.

Su rostro y sus orejas casi echaban humo mientras Naruto añadía la caja de preservativos a la compra y la chica metía en una bolsita de papel las dos cosas. Salieron de la farmacia, fuertemente cogidos de la mano.

Naruto se detuvo cuando ya casi llegaban a su portal y la hizo girar y caer entre sus brazos, la bolsa de papel haciendo crujidos al moverse entre sus dedos.

―Nena, te amo. Lo sabes, ¿verdad?―Hinata enterró el rostro en su pecho y asintió, abrazándolo a su vez―. Y lo que te dije ayer era cierto: algún día.

Hinata cerró los ojos y volvió a asentir. Naruto la separó un poco de sí, aferró su mentón delicadamente y bajó la cabeza, para besarla, allí, en la calle, a la vista de todos.

Pero por una vez no le importó.

Porque en su cabeza solo reverberaban aquellas palabras que sabía escondían mucho, mucho más.

Algún día tendrían su propia familia.

Eso era algo que siempre había soñado y deseado, y ahora era consciente, más que nunca, de que era un sueño que podría hacerse realidad.

En un futuro quizás no tan lejano.

Fin 3


¡Ains, si es que los amodorooooooooooo! ¡Me los comería! Es que son tan monos... ¡AYYYYYYYYYY! ¡Muero de ternuraaaaaaaaa!

Ya, me calmo xD.

Os dije que este confinamiento iba a ser productivo, y ahí estamos, ya lo veis, actualizando a tope siempre que puedo xD. Lo malo es que, si tardo, es porque algunos autores a los que sigo también están aprovechando la cuarentena para escribir y actualizar, como servidora, por lo que se me acumulan las lecturas y aparte tengo familia a la que atender porque no se atiende sola (desgraciadamente...) así que... perdón si veis que tardo mucho xD.

Bueno, pues un paso más en su relación que da nuestra parejita. ¿Os ha gustado? ¿Lo habéis encontrado muy meloso o, por el contrario, perfecto para ser como son ellos? ¿Me dejáis un review dándome vuestra más sincera y humilde opinión? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

¡Muchísimas gracias por los suyos a: Guest y a Marys! ¡Muchísimas gracias, de verdad que sí! ¡Sois increíbles! ¡OS QUIERO!

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.