¡YAHOI! Dios, cuánto tiempo, ¿verdad? ¿Desde navidades? Jo, el tiempo pasa volando...
En fin, aquí os traigo el siguiente capítulo de esta dulce historia que os tiene con corazoncitos en los ojos (lo sé, no me lo neguéis). No tengo muchas novedades, salvo una (que, si os habéis pasado por mi perfil, lo habréis visto). Me voy a presentar próximamente (aún no hay fecha porque no la saben ni ellos) a un examen súper chungo para poder conseguir un trabajo de por vida como funcionario público.
No, no es mi trabajo soñado, pero la pasta (y la supervivencia) manda, y NECESITO un trabajo estable como el pan de comer. Así que he decidido invertir en mi futuro de esta manera. Aún estoy en el primer tema (Nuestra amada Constitución Española), pero si veis que me tardo más de lo normal en actualizar es porque estoy dándolo todo para poder quitarme un enorme peso de encima.
Y... perdón por el rollo. Sé que no a todos les interesa saber de mí y de mi vida, pero a mí me gusta hablaros de estas cosas, para que sepáis un poquito más sobre mí xD.
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Advertencia: drama y angst en este capítulo. AVISADOS QUEDÁIS.
7
―¡Ooooooh, es precioso! ¡Hola, bebé! ¡Soy tu tía Hanabi! ¡Y voy a mimarte mucho, mucho, mucho!―Hinata rio mientras veía a su hermana mecer a su hijo por primera vez en sus brazos. Estaba sentada en la cama del hospital, con el camisón reglamentario y tapada con varias mantas. Hacía algo de frío a pesar de que la calefacción en las habitaciones estaba al máximo―. ¿Aún no ha abierto los ojos?―Hinata negó.
―No, los recién nacidos tardan un tiempo aún en separar los párpados, así que todavía no sabemos de qué color tiene los ojos.
―Bueno, supongo que dará igual, porque con estos mechoncitos rubios y estas adorables marcas en sus mejillas Naruto no podrá decir que no es hijo suyo. ―Hinata frunció el ceño.
―Hanabi…
―Solo era una broma, jolines. Qué sensible estás… ―Hinata suspiró.
―No es gracioso, Hanabi. ¿Te gustaría que alguien dijera lo mismo si algún día tienes un bebé con Konohamaru?―La castaña se sonrojó intensamente ante las palabras de su hermana.
―¡Q-qué estás diciendo! ¡Ko-Konohamaru y yo… Me-menuda tontería… E-él y yo…
―Oh, vamos, sé que te gusta muuuuuuuuuuuucho―se burló Hinata en el mismo tono empleado por Hanabi minutos antes para hablarle al bebé, esbozando una sonrisa de gran y perverso placer por poder devolverle la pulla a la menor.
―¿El qué te gusta mucho?―Un radiante y más que feliz Naruto entró en la habitación. Se paró un momento a hacerle una carantoña y una pequeña caricia a su bebé para acto seguido ir a junto de Hinata y saludarla con un beso en la frente―. Toma. No se lo digas a Sakura, ¿vale? Será nuestro secreto. ―Hinata tomó el paquete que él le tendía y lo abrió, quedándose encantada por el contenido del mismo.
―¡Rollos de canela!―Naruto rio, contento de haber conseguido animar a su chica; luego se giró hacia Hanabi y extendió los brazos, pidiéndole silenciosamente que le diera al bebé.
Con un bufido de disconformidad y algo de resignación, Hanabi se levantó de la silla para visitas y se acercó al rubio, depositando con sumo cuidado al niño en los brazos de su padre.
―Hola, Boruto. ¿Te ha tratado bien la gruñona de tu tía? Ahora papá está aquí y ya no tendrás que soportarla'ttebayo. ―Hanabi frunció el ceño y miró para su hermana, con una silenciosa interrogación en sus ojos blancos. Hinata, con la boca llena de su dulce favorito, se encogió de hombros, diciéndole así que no podía―ni tampoco iba a, aunque hubiese podido―hacer nada.
―Sois unos jodidos paranoicos y unos asfixiantes. Vais a ser de esos padres sobreprotectores que no van a dejar al pobre crío ni respirar. ¡Menos mal que estoy yo aquí! ¡Boruto, solo recuerda que yo estaré aquí cuando quieras hacerte tu primer tatuaje!―El rostro de Naruto palideció, fulminando a Hanabi con la mirada. Hinata terminó de tragar lo que aún tenía en la boca y suspiró.
―Hanabi… ―La castaña sacó la lengua a su hermana mayor y a su futuro cuñado.
―Bah… ―Naruto rodó los ojos y regresó la mirada a su hijo, que seguía durmiendo, ajeno a todo el alboroto.
―Si mamá no la quisiera tanto, tiempo ha que el abuelo la hubiese metido en el manicomio'dattebayo―le susurró al pequeño ser que descansaban cómodamente entre sus brazos. Hinata volvió a suspirar.
―Naruto-kun…
―¿Qué? No he dicho nada'ttebayo. ―Hinata meneó la cabeza y los dejó por imposibles, además, tenía algo mucho más importante entre manos en esos momentos.
Los rollos de canela no se comían solos.
Hanabi se quedó unos minutos más y luego decidió despedirse y marcharse. Ya casi había acabado el horario de visitas y, además, pronto su sobrino iba a estar en casa. El idiota de su padre iba a pasar mucho tiempo fuera y dado que Hinata no podría valerse por sí misma durante un par de semanas, al menos, ella tendría vía libre para mimar y achuchar―e influenciar, positivamente, por supuesto―al nuevo y único bebé de la familia.
―Mañana ya te dan el alta, ¿verdad?―preguntó a Hinata mientras se despedía de ella con un beso en la mejilla.
―Sí, es el protocolo: dos días y a casa. Salvo que haya complicaciones de algún tipo…
―Que no habrá―dijo Naruto, con voz firme. Hanabi soltó una risita y asintió.
―Por supuesto que no. ¡Mi hermana mayor es fuerte como un toro!―exclamó, levantando el brazo y apoyando la mano contraria sobre el mismo, al tiempo que guiñaba un ojo. Hinata rio y Naruto sonrió, como confirmando sus palabras.
―Hasta mañana, Hanabi.
―¡Hasta mañana, nee-sama! ¡Hasta mañana, Boruto!―finalmente, Hanabi salió del cuarto. En cuanto la puerta se cerró tras ella, Naruto pudo al fin respirar, aliviado. No es que no le gustasen las visitas de sus familiares y amigos, pero le gustaba mucho más poder tener a su novia y a su bebé para él solo, disfrutar de su compañía sin límites de ningún tipo. El equipo le había concedido un permiso de paternidad de tres semanas, y pensaba aprovecharlo al máximo.
Al fin y al cabo, todo el mundo le decía que disfrutara ahora, que la etapa de bebé se terminaba demasiado rápido.
―¿Cómo estás?―le preguntó a Hinata, mientras se sentaba en la silla para visitas que Hanabi había dejado libre. Esta se terminó el último rollo de canela, se relamió los labios para retirar los restos de azúcar de sus carnosos labios―y haciendo que a Naruto se le despertara una erección que consiguió ignorar con mucho esfuerzo―y luego lo miró.
―Estoy bien. Un poco cansada y dolorida, pero es normal.
―¿Los puntos te siguen tirando?―preguntó el rubio, haciendo referencia a la pequeña incisión que le habían practicado ahí abajo para evitar desgarros y quitarse de encima así un montón de posibles problemas y complicaciones post parto.
―Sí, pero hasta que se caigan por sí mismos van a seguir molestándome, así que no se puede evitar―dijo Hinata, encogiéndose de hombros, con una pequeña mueca de disgusto en su rostro. Naruto no pudo evitar elevar las comisuras de sus labios en una leve sonrisa. Ah, su Hinata, siempre tan práctica y razonable. Cómo la amaba…
Escucharon que la puerta se abría y ambos miraron hacia allí, viendo a una figura enfundada en una bata blanca que entraba de espaldas. Un ruido metálico les indicó que iba arrastrando algo, y la cabellera corta y de color rosado les indicó que se trataba de Sakura. Esta se giró cuando llegó al medio de la habitación y sonrió a ambos padres, que le devolvieron la sonrisa.
―¡Buenos días! ¿Cómo van la mamá y este pequeño?―Naruto dejó que la médico le hiciera una pequeña caricia en su naricita a Boruto, el cual arrugó un poco dicho apéndice haciendo que los tres adultos rieran―. Veo que Boruto está bien. El pediatra me ha dicho que ha sacado un diez en el reconocimiento: peso normal, altura normal, nada de alergias por ahora, come bien, por lo que tengo entendido… ―Hinata asintió cuando las dos cabezas de sus acompañantes se giraron hacia ella―. ¿Tira bien del pezón? ¿Te da molestias cuando succiona la leche?
―A veces tira muy fuerte y me dan pinchazos; cuando termina quedo sensible y dolorida en esa zona, pero se me pasa al cabo de un rato… ―Sakura se puso seria.
―Tienes que avisarme enseguida en caso de que te salga alguna herida, ¿de acuerdo? Las mastitis pueden ser dolorosas como el infierno y muy difíciles de curar si no se cogen a tiempo. ―Hinata abrió la boca para hablar pero su novio se le adelantó.
―Lo hará, Sakura. Te lo prometo. ―La pelirrosa sonrió ampliamente y le dio una palmadita en la cabeza al chico, que gruñó con algo de molestia por la muestra maternal.
―Así me gusta, campeón. Que cuides de tu chica como se debe. Ahora… ―Sakura hizo una mueca y se volvió para mirar a Hinata de nuevo―. Siento decírtelo, pero necesito sacarte sangre. La doctora Senju quiere hacerte una analítica, le preocupa la palidez de tu piel y el aumento de tu temperatura en el día de ayer. ―Hinata se llevó la mano a la frente: efectivamente la tenía ligeramente más caliente de lo que sería normal. Las enfermeras le habían insistido aquella mañana que no se preocupase, que era normal a veces tras un parto que la madre experimentara una leve fiebre, por el esfuerzo que el cuerpo había tenido que hacer.
―¿Es grave?―preguntó Naruto, preocupado, tratando de que el pánico que empezaba a sentir no se notase en su tono de voz. Sakura le contestó sin mirarlo, mientras se colocaba unos guantes de goma esterilizados y preparaba una jeringuilla, una gasa con alcohol, los botes para recoger las muestras y la goma que solían utilizar médicos y enfermeras para hacer que las venas resaltaran más y poder así acertar a la primera a la hora de clavar la aguja a un paciente.
―No lo creo, Naruto, no te preocupes. Es solo que mi maestra es algo perfeccionista: prefiere asegurarse de que todo esté bien antes de mandarla para casa. Es mejor curarse en salud, ¿no crees?
―Seguro que no es nada, Naruto-kun. Solo un estudio de rutina, ¿no es cierto, Sakura?
―¡Exacto! Ahora quédate ahí quietecito arrullando a ese adorable bebé mientras yo hago mi trabajo. Veamos… extiende el brazo, Hinata, por favor… ―La aludida obedeció. Sakura pasó la gasa sobre un trocito de piel de su pálido antebrazo para acto seguido atar la goma a su alrededor. Palpó con los dedos, satisfecha al ver que la vena se marcaba perfectamente bajo la epidermis. Agarró la jeringuilla con la mano libre e introdujo la aguja rápidamente pero con cuidado, tratando de no hacerle daño a su paciente. Hinata hizo una mueca al sentir el pinchazo y el posterior tirón cuando Sakura enganchó uno de los botecitos a la jeringa para poder así extraer la sangre. Esperó hasta llenar los dos botes y luego al fin extrajo la aguja y desató la goma. Le puso un trozo de algodón con un poco de esparadrapo para tapar el pinchazo y recogió las muestras. Escribió el nombre y el código de la paciente en las etiquetas, así como lo que debía buscarse cuando las analizasen―. Bien, esto ya está. ¿Ves? No ha sido para tanto―dijo, dirigiéndose a Naruto, quién soltaba el aire que había estado reteniendo. Ambas mujeres se miraron y rieron―. Llevaré esto ahora mismo a analizar. Y no te preocupes, treinta y siete y medio de fiebre no es casi nada. Esto―agitó los botes―solo es por precaución. Volveré más tarde para comprobar tus signos vitales. ¡Hasta luego, bebé!―Le dio una ligera caricia de despedida a Boruto en su cabecita rubia y se giró, empujando de nuevo el carrito hacia la puerta y saliendo al pasillo.
Cuando quedaron nuevamente solos―a excepción de Boruto, por supuesto―el Uzumaki relajó los hombros y trató de sonreír.
―Bueno, si Sakura dice que está todo bien pues estará todo bien. ¿Verdad que sí, campeón?―Hinata no pudo evitar sonreír con ternura al ver a su novio hacerle mimos a su hijo, al hijo de ambos.
Justo en ese instante el bebé bostezó y empezó a quejarse y a mover sus bracitos, despertándose de su sueño. Naruto se apresuró a levantar una mano y a poner el dedo meñique sobre su diminuta boca. Hizo una mueca cuando sintió que el pequeño empezaba a succionar con mucha fuerza. Igual y hasta le dejaba una marca y todo.
―Naruto-kun… ―Suspirando por tener que desprenderse del cuerpecito de su hijo―¡su hijo! Aún no era capaz de creérselo―se levantó y se inclinó hacia Hinata, dejando con extremo cuidado y suavidad su preciada carga en los brazos femeninos. La joven acomodó a Boruto con uno de sus brazos mientras su mano libre maniobraba hábilmente con el lazo del camisón y el broche del sujetador pre natal para abrirlo y dejar así uno de sus senos al descubierto. Tomó dicho pecho en su mano y lo levantó un poco al tiempo que acercaba a Boruto hacia el oscuro pezón. El bebé se enganchó al segundo a la dura protuberancia y empezó a chupar, con sus puñitos moviéndose sobre la piel femenina, como si quisiera agarrarse a algo. Hinata sonrió con inmensa ternura y se las arregló para sujetar al infante con un brazo y así poder llevar la otra mano hacia uno de esos pequeños puños; Boruto se aferró a uno de los dedos de su madre con una fuerza sorprendente para un bebé recién nacido, calmándose al instante en que sintió su contacto maternal y tranquilizador. Hinata sonrió aún más, parpadeando para alejar las lágrimas que inexplicablemente habían acudido a sus ojos perlados―. Así, bebé, muy bien. Lo estás haciendo muy bien…
Al lado de la cama, Naruto observaba toda la escena fascinado, con un nudo en la garganta y luchando furiosamente por no ponerse a llorar como un niño pequeño o como si de repente le hubiesen dicho que se había ganado un suministro de ramen gratis de Ichiraku para todo el resto de su vida.
Sentía el pecho henchido de orgullo y felicidad, tan lleno que creía que de un momento a otro le fuese a explotar. La felicidad que estaba sintiendo era demasiado preciosa, la escena que presenciaba―un momento único entre una madre y su bebé recién nacido―demasiado importante como para perdérsela, y el hecho de que los protagonistas fuesen su novia y su propio bebé solo hacía que atesorase aún más si cabía todo aquel cuadro.
No queriendo romper el momento, se levantó silenciosamente y se acercó a la cama de hospital donde Hinata seguía alimentando a Boruto. Se dobló casi en dos para poder alcanzar la cima de su cabeza y depositar allí un beso suave y lleno de sentimiento.
―Vuelvo enseguida'dattebayo―susurró apenas audiblemente.
Absorbida totalmente por Boruto y el momento tan especial que compartían, Hinata ni siquiera pestañeó en reconocimiento de que lo había oído. Naruto no se molestó por este hecho, porque si no fuese por el hecho de que aún necesitaba hablar con gente y dar la buena nueva, no se movería de allí en lo que restaba de día. Demonios, podría quedarse contemplando aquella escena durante toda la eternidad y él sería igual de feliz.
Pero también quería darle su tiempo a Hinata con su hijo, y decidió que salir en ese momento para realizar las llamadas pendientes sería una buena decisión.
Salió lo más silenciosamente que pudo al pasillo, cerrando la puerta sin hacer ruido, más que el suave click de esta al cerrarse del todo. Sacó el móvil de uno de los bolsillos de su pantalón y caminó silbando despreocupadamente hacia los ascensores. Hablaría mejor en el vestíbulo, tal vez saldría a tomar un poco el aire. La planta de maternidad era cómoda y luminosa, quizá la mejor decorada de todo el hospital, pero aun así seguía estando dentro del propio hospital, y a veces sentía que la atmósfera era un tanto asfixiante.
Se metió en el ascensor e hizo una lista mental de a quién le faltaba por avisar. Konan e Ino ya lo sabían, por supuesto, Yahiko las habría puesto al día. Y si no había sido así, Sakura seguramente habría hablado con Ino, y esta se lo habría dicho a su vez a Konan. Sai habría sido informado por su novia. Kiba y Shino también habían sido avisados, y por tanto Karui y Samui también, puesto que formaban parte del equipo de organización de la boda. Por asociación, Omoi habría sido advertido. Shikamaru y Chōji también lo sabrían, Ino era amiga de ambos y aparte de avisar a su chico habría dado un toque a sus amigos al tiempo. Tenten había sido de las primeras en saberlo, también―y se había vuelto loca por no haber estado allí; ella y Neji se encontraban en un viaje de tres días para tortolitos―, y por tanto Neji habría sido debidamente puesto al día―y vapuleado, Naruto estaba seguro, ya que había sido él el que había convencido a su novia de que Hinata no se pondría de parto sin avisar.
La familia también estaba: sus padres, Hiashi y Hanabi. Su padre había sido de los primeros en plantarse en el hospital. Había abandonado precipitadamente una reunión con el jefe de policía―dejándolo con un palmo de narices―para acudir al nacimiento de su primer nieto. Naruto se sintió ligeramente culpable porque muy probablemente su progenitor iba a recibir una reprimenda por haberse ido tan repentinamente de una reunión con uno de los peces gordos de la jerarquía policial. Sobre todo porque el rubio menor sabía que se había estado barajando el nombre de su padre para ocupar dicho puesto―el de jefe de policía de Konoha―para cuando el actual ocupante de la silla se jubilase, para lo cual tampoco quedaba mucho.
Esperaba sinceramente que el amor por su familia no menguase la opinión que sus colegas tenían de él ni lastrase su gran oportunidad de ocupar el puesto que llevaba persiguiendo desde que Naruto podía recordar.
Pensar en su padre lo hizo pensar, irremediablemente, en su madre. Esta había sido debidamente avisada por su esposo, pero Naruto no había tenido noticia alguna de ella ni tampoco había acudido al hospital a conocer a Boruto. Aún no, al menos. Y Naruto no sabía cómo sentirse al respecto.
Durante todos aquellos meses―9, para ser exactos―Naruto había esperado que, cuando llegase el gran día, su madre se olvidaría de todos sus reparos y correría rauda al hospital para conocer al que iba a ser su primer nieto, el primer bebé que nacería en su familia en mucho, mucho tiempo. No tenía más que un puñado de primos lejanos con los que, si bien se llevaba bien, no tenía mucho contacto, así que nunca habían tenido grandes celebraciones familiares u ocasiones de juntarse con ellos como había visto hacían muchas veces su amigos y vecinos.
No se quejaba: había tenido una infancia feliz y sabía que debía sentirse afortunado por tener dos padres que lo amaban, un techo, ropa y comida con la que llenar el estómago todos los días. Más tarde Hinata se había unido a la ecuación, haciendo que esta fuese completa, que su vida estuviese completa; ella―y ahora su hijo―la llenaba de calidez, amor y felicidad. Pero sobre todo amor.
Sonrió sin poder evitarlo. El ascensor se detuvo con una sacudida y un pitido le indicó que habían llegado a la planta baja. Salió en cuanto se abrieron las puertas y fue a tomar un poco de aire fresco. No iba a permitir que nada ni nadie empañara uno de los días más felices de su vida. Así que, haciendo de tripas corazón, enfocó la vista en su móvil y marcó el teléfono de su casa. La voz de su madre sonó en su oído veinte segundos después:
―¿Diga?
―Mamá… ―Un jadeo fue todo lo que escuchó antes de que la línea quedara en silencio de nuevo―. Yo… bueno… supongo que papá te lo habrá dicho, pero… Boruto… mi bebé ya… ya ha nacido'ttebayo. Fue todo bien, es un niño precioso y… eh… creo que se parece a mí… un poco, aunque también a Hinata, tiene su mismo tono de piel'dattebayo. ―Calló y respiró hondo, tomando aire para continuar hablando―. En fin… eso… eso es todo… Pásate cuando quieras. Le darán el alta a Hinata mañana y ya nos dejan llevarnos a Boruto a casa, con nosotros así que…
―E-entiendo… ―Más silencio. Naruto carraspeó.
―Bien… pues… nos vemos. ―No esperó respuesta y cortó la llamada. Él ya había dado el primer paso.
Ahora dependía de su madre recoger el testigo.
Se despertó sobresaltada, sudando y sintiendo dolor en todo el cuerpo. Gimió y manoteó en el aire para librarse de las mantas que la agobiaban. Al moverse un fuerte pinchazo de dolor la golpeó, haciéndola jadear silenciosamente; se quedó quieta en la oscuridad, respirando agitadamente. Sentía su cara muy caliente al mismo tiempo que tiritaba de frío.
―¿Hinata?―Una voz somnolienta hizo que girara la cabeza. Aquel sencillo gesto solo logró que el malestar se intensificara―. ¡¿Hinata?! ¡¿Qué te ocurre?! ¡¿Estás bien?!―Sintió una mano fresca posarse en su frente y siseó, aferrándose a aquel brazo sólido como una roca―. ¡Dios mío, estás ardiendo!
―M-me duele… Na-Naruto-kun… me… duele… ―Naruto ya estaba presionando el botón para llamar a la enfermera del turno de noche como un poseso, mientras su mano buscaba y se aferraba a la de su novia, intentando consolarla y darse consuelo a sí mismo.
Sentía el estómago revuelto y encogido, hielo aferrándose a sus entrañas. Había tenido un mal presentimiento desde que Sakura fuera a primera hora de la tarde a sacarle sangre para una analítica. Pero había intentado aplacar sus temores, diciéndose que estaba siendo un paranoico. Hinata le aseguraba que estaba bien, los médicos y enfermeras también se lo habían repetido hasta la saciedad.
¡Debería haber hecho caso a su instinto, maldita sea!
―¿Sí? ¿Ocurre… ―La enfermera se quedó quieta en medio de la habitación en cuanto vio el cuadro que tenía frente a ella―. ¡Dios Santo!―Se acercó a grandes zancadas a la cama donde yacía la paciente. Pulsó un botón que empezó a emitir pitidos y luego le pasó el termómetro por la frente―. Tiene mucha fiebre… Cielo, ¿puedes seguir mi dedo?―Los ojos vidriosos de Hinata intentaron seguir el movimiento del índice de la enfermera, sin éxito. Los párpados le pesaban tanto que le caían y todo su cuerpo temblaba. De pie a su lado, Naruto, con la espalda tensa como una cuerda de violín, aún sostenía su mano, negándose a soltarla.
―¿Nena…?
―¿Qué ocurre?―La voz fuerte y clara de la doctora Senju resonó en la habitación.
―Parece algún tipo de infección, a juzgar por la fiebre y los temblores… ―Tsunade se colocó al lado de la enfermera y empezó a palpar con las manos el cuerpo de Hinata. Esta dio un pequeño chillido de dolor cuando los dedos femeninos apretaron la parte baja del abdomen.
Tsunade frunció el ceño y apretó los labios, murmurando entre dientes.
―Avisa a Sakura. Y quiero que bajes al laboratorio y les metas un cohete en el culo con los análisis de esta paciente. Diles que vas de mi parte. ―La enfermera se enderezó y asintió, saliendo presurosa―. Señor Uzumaki, necesito que salga de la habitación.
Naruto alzó su rostro pálido cual fantasma y la miró como si no hubiese comprendido sus palabras.
―¡¿Qué?! ¡No! ¡Ni hablar! ¡No pienso moverme de aquí'dattebayo! ¡Hinata me-
―Puede salir usted, puedo llamar a seguridad o puedo sacarlo yo, y le aseguro que si tengo que ser yo no será agradable. ―Naruto apretó los dientes y la mano con la que agarraba la de Hinata―. Déjeme hacer mi trabajo―le dijo la médico ahora, con voz más suave, sin dejar de examinar en ningún momento a su paciente, los ojos color miel clavados en Hinata.
Naruto sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.
―Naruto. ―La voz de Sakura y el toque en su brazo lo hizo girarse―. Vamos, ven conmigo. Hinata estará bien.
―Y-yo ne-necesito… ne-necesito quedarme… E-ella querrá verme… Boruto… No puedo… No pu-puedo dejarlo solo… Es un bebé… Hina tiene que darle el pecho… No quería biberones… Siempre fue muy tajante en eso… En que la leche materna es mejor… ―balbuceó incoherencias mientras Sakura, con toda la paciencia del mundo, conseguía―haciendo uso de una fuerza descomunal para una mujer tan delgada―le arrancaba los dedos uno a uno que se aferraban a Hinata y luego lo guiaba hasta la puerta. La enfermera se apresuró a salir detrás de ellos con la cunita en la que Boruto dormía, ajeno a todo el alboroto.
Dejó a Naruto sentado en una de las sillas del pasillo y se sentó a su lado, cogiéndole la mano mientras con la otra sacaba el teléfono de uno de los bolsillos de la bata y se lo llevaba a la oreja tras marcar un número que ya se sabía de memoria. Naruto seguía balbuceando incoherencias una y otra vez, mientras apretaba su mano hasta un punto que hacía que le dolieran los huesos. Pero no protestó. Solo se quedó ahí, dejando que le aplastara los dedos. Siendo un consuelo silencioso.
―¿Sasuke-kun?―susurró cuando oyó el clic al otro lado de la línea―. ¿Puedes venir al hospital? Hinata… no está bien. ―Escuchó otro clic y supo de inmediato que su interlocutor estaría ya en esos momentos en camino.
Sakura se quedó allí, sentada, en silencio, con la vista clavada al frente. Quince minutos después, las puertas del ascensor se abrían, revelando la figura alta y esbelta coronado de espeso cabello negro de Sasuke Uchiha, el mejor amigo de Naruto… y su novio. Se sonrojó ante este último pensamiento, recriminándose por alegrarse de verlo cuando no era el momento.
Sasuke se detuvo cuando los vio. Frunció el ceño al ver la estampa y se acercó a ellos, con cautela, como si pensara que Naruto se fuese a asustar si se movía demasiado rápido o bruscamente.
―Naruto. ―La voz grave y firme del moreno hizo al rubio levantar la cabeza; Sasuke se quedó sin respiración al ver los ojos azules llenos de gruesas lágrimas y el labio inferior temblándole sin control. Dios mío… nunca había visto a Naruto tan… roto. No había otra palabra para describirlo―. Naruto, eh. ―Se agachó a su lado y, con la misma paciencia que había exhibido Sakura minutos antes de que llegara, desasió uno a uno los morenos dedos que aferraban la mano de la pelirrosa. Sakura hizo una mueca y movió sus propias falanges para destensarlas en cuanto estas estuvieron libres de su presa. Le sonrió agradecida a Sasuke y luego se puso en pie y volvió a la carrera a la habitación de Hinata, mientras Sasuke ocupaba el asiento que ella había dejado libre.
Ninguno se movió o dijo nada. Naruto había vuelto a agachar la cabeza, olvidándose de la presencia de Sasuke. Tenía las manos fuertemente entrelazadas sobre su cabello corto y rubio, apretándolo y desordenándolo con los dedos. Temblaba y los hombros se le sacudían cada vez que se le escapaba un sollozo, gimiendo como si lo estuvieran torturando.
Sasuke se limitó a ponerle la mano en uno de aquellos hombros que ahora parecían tan frágiles como el cristal y a apretárselo fuerte. Mientras saltaba de la cama y se vestía en tiempo récord había mandado mensajes a casi todos los amigos que tenían en común. Incluso al padre de Naruto, Minato, al cual tenía en su agenda gracias a que era compañero de profesión de su propio hermano mayor, además de uno de los jefes del mismo.
Pasaron varios minutos cuando las puertas se abrieron nuevamente y un despierto Shikamaru salió del mismo. Se paró en cuanto los vio y su rostro palideció al ver el estado de Naruto. Sasuke le hizo un gesto con la mano de que no dijera nada. Shikamaru asintió y fue a sentarse al otro lado del rubio, apoyándose ligeramente en él como para hacerle sentir su presencia. Naruto ni siquiera se movió.
La siguiente en aparecer fue Ino, seguida de Sai. La rubia entró a la carrera, despeinada, con los ojos legañosos y un anorak puesto sobre un camisoncito de seda morado. Tanto Shikamaru como Sasuke alzaron las cejas ante la vestimenta y luego miraron para Sai, con una mezcla de compasión y curiosidad.
El pelinegro sonrió y se encogió de hombros, como diciendo: «qué se le va a hacer… ya me lo cobraré en otro momento…».
―¡¿Dónde está?!―chilló Ino, provocando que un par de enfermeras que pasaban por allí la mirasen de forma dura. Claro que a la Yamanaka poco le importaba.
―Ino―llamó Sai, pasándole el brazo por la cintura y atrayéndola hacia él para besarle la sien, tratando de calmarla―. Estamos en un hospital…
―¡Me importa una mierda! ¡¿Dónde está Hinata?! ¡¿Y Boruto?! ¡¿Los has dejado solos…
―Ino―gruñeron Sasuke y Shikamaru al tiempo.
―No está el horno para bollos… ―Los ojos azules de Ino se clavaron en ellos durante unos segundos y luego en Naruto. Su rostro se descompuso al percatarse del estado del rubio.
―Oh, Dios, yo… Naruto… lo siento… yo…
―Boruto… es cierto… debo ir a verlo… debe estar asustado… Hina tiene que darle el pecho… Es su hora… Se va a enfadar si le dan biberón… Tengo que… ―Sasuke y Shikamaru lo cogieron cada uno por un hombro y lo obligaron a volver a sentarse en cuanto hizo ademán de ponerse en pie.
―Las enfermeras se ocuparán. Boruto estará bien…
―No, no… Hina dice que la leche materna… Se enfadará… Tengo… Te-tengo que cuidarlo… Tengo que asegurarme… ―Ino respiró hondo y, haciendo a un lado todo su miedo, se arrodilló delante de Naruto y le cogió las manos entre las suyas, apretándoselas. Los orbes azulados del chico se clavaron en el rostro de Ino, que él veía borroso, sin apenas distinguir los rasgos femeninos.
―Naruto, Boruto estará bien. Estoy segura de que Hina lo entenderá. Ella no querría que te angustiaras por algo así. Sabe que amas a Boruto con todo tu corazón.
―Pero…
―Ahora tienes que ser fuerte, ¿vale? Por Hina. ―Naruto tragó saliva y a duras apenas asintió. Ino soltó el aire que había estado conteniendo y luego se giró hacia Sai.
―Ve a buscar algo para comer. Estoy segura de que no ha probado bocado en sabe Dios cuánto tiempo. Y trae también café. Mucho café.
―Doble para mí―dijo Sasuke.
―Creo que doble para todos. Esta va a ser una noche de lo más problemática. ―Shikamaru bostezó y se levantó―. Te acompaño, Sai. No vas a poder tú con todo. Calculo que pronto este pasillo estará atestado. ―Sai asintió y los dos chicos desaparecieron.
Ino se apresuró a ocupar el asiento dejado libre por Shikamaru; empezó a frotarle la espalda a Naruto una y otra vez, tratando de confortarlo a él y de consolarse a sí misma al tiempo. Ninguno de los tres dijo nada durante varios minutos. Sasuke porque nunca había sido bueno con las palabras e Ino porque sabía que, si se ponía a hablar, ya no pararía, y estaba segura de que Naruto no necesitaba un parloteo incesante en esos momentos.
El ascensor volvió a pitar y a abrirse, dejando esta vez a Yahiko, a Konan, a Chōji y a Karui. Los dos últimos venían arreglados, como si los hubieran interrumpido en plena cita o en medio de algún evento social de alto copete, ya que Chōji llevaba un traje de marca hecho a medida que lo hacía ver más como si tuviera músculos en vez de sobrepeso y la pelirroja un vestido negro corto muy elegante, con un bolsito de esos de fiesta a juego, además de ir maquillada y peinada.
Sai y Sasuke arquearon una ceja cada uno, logrando que Chōji se pusiera rojo como un tomate.
―¿Cómo está Hinata?―preguntó Karui tras echar un vistazo a Naruto y verlo hecha una auténtica mierda.
―No sabemos nada, aún―contestó Sai, mirando de reojo para Sasuke.
―La están examinando. Mi no- Sakura está con ella―se corrigió a tiempo; Ino y Chōji probablemente supieran que si decía la palabra novia se estaría refiriendo a Sakura, pero la tal Karui probablemente no, ya que era amiga de Hinata de la universidad y no había compartida aula y juegos en la infancia y la adolescencia con ellos.
―Entiendo… Mientras veníamos para aquí avisé a Omoi y a Samui. ¿Habéis hablando con el perro y el rarito de las gafas?―Sai tosió para disimular una risa mientras que Sasuke alzó la otra ceja.
―Probablemente alguien lo habrá hecho, no te preocupes―habló ahora Yahiko, haciendo notar su presencia por primera vez. Él y Konan se habían mantenido unos segundos al margen, ya que, a excepción de Ino y de Hinata, no conocían a la mayoría de los amigos de esta y de Naruto más que por lo que la pareja misma les había contado.
Konan se había sentado al lado de Ino y ambas estaban hablando rápidamente en susurros, seguramente trazando planes y suposiciones femeninas que, les gustase o no, solían ser acertadas.
―Sí, tienes razón. Somos muchos, al fin y al cabo, seguro que alguien habrá dado el aviso… ―El ascensor se abrió de nuevo, dejando pasar a un chico moreno, alto y esbelto, de pelo oscuro recogido en una pequeña coleta, ojos negros y sonrisa afable.
―¿Itachi?―Sasuke se puso en pie, perplejo al ver allí a su hermano mayor―. ¿No estabas de turno hoy?―Itachi clavó unos instantes la vista con preocupación en el rubio tembloroso al que Ino y Konan trataban de consolar, para luego regresarla a su hermano menor.
―Sí, estaba. Y también estaba el jefe. De hecho, ha salido pitando en cuánto lo has avisado y yo he salido detrás de él. Lo llevé hasta su casa y luego vine aquí. Supongo que él y Kushina llegarán pronto. ―Tras la explicación, anduvo a paso tranquilo hasta donde se hallaba Naruto cabizbajo y le dio un golpecito con los nudillos en la coronilla rubia, tan solo para hacerle saber que estaba allí. Naruto ni se movió e Itachi suspiró―. ¿Se sabe algo?―Sasuke negó con la cabeza.
―Sakura estaba de guardia. Era uno de los médicos asignados a Hinata, así que está con ella. Pero no sabemos nada aún. Sé que Naruto estuvo preocupado ayer y hoy porque la temperatura de Hinata parecía haber aumentado, pero las enfermeras le dijeron que era normal, así que…
―No le tomaron importancia―concluyó Itachi. Sasuke se encogió de hombros y asintió. Su hermano suspiró.
―Bueno, veamos cómo va la cosa. ―El ascensor anunció una nueva visita. Kiba salió disparado por las puertas, medio en pijama, sin haberse peinado y con una cara de mala leche que tiraba para atrás.
―¡¿Qué coño ha pasado?! ¡¿Y Hinata?!
―Baja la voz, Kiba―lo increpó Shino, poniéndose a la altura de su amigo y cogiéndolo del brazo―. ¿Cómo está?―preguntó, mirando para Naruto, que a pesar de que el pasillo estaba cada vez más atestado no se percataba de nada de lo que pasaba a su alrededor.
―Como una mierda―contestó Sasuke por su mejor amigo. Kiba apretó la mandíbula y los puños.
―¿Y Boruto?―Todas las cabezas se movieron a la vez en señal de negación, diciendo así que no lo sabían.
―Mierda―masculló Kiba, pasándose una mano por la cara, con cansancio.
―Creo que ese es el sentir general―dijo Ino, intentando sonar un poco animada pero sin conseguir para nada el efecto deseado.
El ascensor, que mucho estaba trabajando aquella noche, anunció otra llegada. Ahora fueron Omoi, Samui y Tenten los que atravesaron las puertas.
―¡Jesús!―exclamó Tenten nada más ver el estado lamentable de Naruto. Se giró rápidamente hacia Sasuke, sabiendo que sería la fuente más fiable de información. Antes de que preguntara nada, Sasuke sacudió la cabeza. Tenten frunció el ceño y murmuró algo incomprensible.
Omoi y Samui fueron a juntarse con Karui y con Chōji, ya que eran los únicos que conocían realmente, aparte de a Kiba y a Shino. Este último se unió al pequeño corrillo mientras que Tenten se juntaba con Ino y con Konan.
―¿Dónde está Neji?―La castaña se frotó la frente.
―De viaje de negocios en Suna. Le dejé un mensaje en el buzón de voz. Supongo que lo escuchará cuando despierte…
―¿Hanabi y el señor Hyūga?
―Llamé a casa. Me contestó el ama de llaves, la única que siguen manteniendo interna… Me dijo que avisaría enseguida al señor. Hanabi al parecer había salido. Le mandé un mensaje… ―Como si la hubieran invocado, Hanabi salió del ascensor en ese mismo momento como un huracán, seguida de su novio, un joven alto y espigado de melena castaña alborotada.
―¡Naruto! ¡¿Qué ha…
―Hanabi. ―El tono de advertencia de su acompañante la hizo volverse―. No. ―La castaña fue a protestar pero un rápido vistazo al que pronto se convertiría en su cuñado le dijo que no era el momento de agobios ni recriminaciones.
―¿Mi padre aún no… ―Tenten negó.
―Llamé a tu casa y me dijeron que lo avisarían enseguida, pero todavía no ha- ―El ascensor pitó por enésima vez en la noche. De su interior salió precisamente el objeto de su conversación.
―Papá… ―Hanabi se acercó a su progenitor y dejó que este la abrazara unos segundos contra él, para luego regresar junto a Konohamaru.
―¿Y mi hija?―Todos los presentes enmudecieron. Los ojos blancos de Hiashi escanearon a la pequeña multitud hasta dar con su futuro yerno, encogido y cabizbajo sobre uno de los asientos de plásticos del hospital.
Suspiró y negó con la cabeza. Se acercó a él. Ino, Konan y Tenten se apresuraron a apartarse para dejarle sitio. Hiashi se sentó con toda la calma y la gracia del mundo y puso una de sus manos sobre los hombros del Uzumaki.
―Naruto. ―Este apenas tembló―. Naruto―repitió, un poco más fuerte. Lentamente, como si le costara un esfuerzo sobrehumano, el aludido levantó la cabeza y enfocó sus ojos azules y vidriosos en los de su suegro.
―Hiashi…
―¿Estás bien, muchacho?―Las manos le temblaron y nuevas lágrimas reemplazaron a las que ya caían por sus bronceadas mejillas.
―Y-yo… l-lo siento tanto… E-es culpa mía… Hinata no estaba bien… pero todos decían que sí… pero yo sabía que no… Te-tenía fiebre… no comía muy bien… Bo-Boruto… Te-tengo que ir a verlo… No he… Soy su padre… De-debo… ―Sasuke suspiró cuando Hiashi pasó la mirada del rubio al Uchiha.
―Lleva así desde que llegué―dijo, confirmando así la suposición del padre de Hinata de que él había sido el primero en llegar.
―Entiendo. ―Hiashi soltó el hombro de Naruto y echó un vistazo al pasillo largo que se perdía a un lateral de en el que ellos estaban, dónde se encontraba el mostrador de información de aquella planta―. Voy a preguntar. Hanabi.
―Sí. ―La joven se incorporó y siguió a su progenitor, tras darle un beso breve en los labios a su novio―. Vuelvo enseguida―le murmuró. Konohamaru asintió y le dio un leve apretón en la cintura antes de soltarla para dejarla irse.
―Menuda mierda―soltó Kiba, exteriorizando así el sentir y los pensamientos de todos.
―Err… yo…
―¿Por qué no bajas a la cafetería? Shikamaru y Sai deben de estar haciendo cálculos de física cuántica para poder traer los cafés y la comida. ―Aliviado por la sugerencia de una de las chicas, Konohamaru asintió.
―Sí, eso haré.
―Espera, voy contigo―dijo Yahiko―. Cuatro brazos valen más que dos. Nunca viene mal la ayuda extra.
―Gracias. Oye, tú eres Yahiko Ame ¿no? ¿El capitán del equipo de fútbol de Konoha?
―Me alegra que me hagas esa pregunta, chico, porque… ―Las voces se perdieron en cuanto el ascensor cerró sus puertas.
―Pobre, pobre ingenuo. No sabe que acaba de poner en marcha un muñeco parlante que nunca se calla… ―Los que conocían a Konan y a Yahiko soltaron risitas, sabedores de lo que la novia de Yahiko no era más que la pura verdad.
Los demás siguieron reunidos en corrillos, susurrando entre ellos o mirándose preocupados unos a otros y ocasionalmente al reloj. El minutero se movía demasiado lento para todos ellos. Ni Hiashi ni Hanabi habían vuelto aún con noticias, por lo que no sabían, literalmente hablando, nada.
El ascensor se abrió otra vez, revelando esta vez la figura alta y recta de un hombre maduro de pelo rubio y sagaces ojos azules, seguido de la figura bien proporcionada de una mujer con larga y abundante cabellera pelirroja, que ahora llevaba despeinada.
―Jefe. Kushina. ―Itachi fue el primero en dar un paso para saludarlos. Minato le sonrió a duras penas.
―¿Se sabe-
―¡Naruto!―El chillido femenino hizo a todos dar un respingo. Kushina, sin preocuparse por nada ni por nadie, se lanzó hacia delante, buscando a su hijo. La voz de su madre hizo a Naruto reaccionar y levantar la cabeza. Aturdido, se puso en pie lentamente, como si le costase procesar la presencia de su madre en ese lugar.
―¿Ma… má?
―¡Oh, cielo! ¡Mi niño! ¡Lo siento, lo siento tanto… ―dijo Kushina, envolviéndolo entre sus brazos. Naruto empezó a temblar nuevamente y envolvió los brazos alrededor del menudo cuerpo de su progenitora. Escondió el rostro en su cuello y se echó a llorar de nuevo, como si volviese a ser un niño pequeño necesitado del consuelo de su madre.
―Mamá… mamá… Hina… Hinata… No está bien… No puedo… E-ella…
―Sssssssssh… Lo sé, mi pequeño, lo sé. Todo va a estar bien. Todo va a estar bien. Ya lo verás. Mamá está aquí. Todo estará bien… Tranquilo… Tranquilo…
Todos contemplaban la escena entre estupefactos y aliviados porque al menos Naruto hubiese reaccionado a algo de la realidad y del tiempo presente. Minato no pudo evitar que un par de lágrimas traviesas quisieran desprenderse de sus ojos, pero se obligó a no llorar.
Hinata estaría bien. Era una chica fuerte y valiente, joven y sana. Había seguido al pie de la letra todas las indicaciones de sus médicos y sabía que saldría para delante. Tenía que salir para delante. La otra opción era impensable.
―Lo consiguió―dijo Itachi, sonriente, acercándose a Minato, quién le devolvió el gesto con cansancio y pesar.
―No tuve que convencerla, realmente. Lo primero que me dijo fue: «Naruto me necesta» y aquí estamos. ―Itachi amplió su sonrisa.
―Me alegro. ―Minato asintió, comprendiendo lo que el Uchiha mayor quería decir.
―Veo que esto está muy animado. Aunque… no os veo a todos…
―Neji está de viaje de negocios y Lee… Tenten, ¿dónde demonios está Lee?―preguntó Ino, dándose cuenta de que faltaba, efectivamente, un habitual de su grupo de amigos.
―Vete tú a saber. Lo llamé como diez veces y me daba apagado o fuera de cobertura. Ya sabes cómo es…
―Luego llorará porque no le avisamos. Hay que joderse―soltó Kiba, gruñendo. Shino se acercó a su mejor amigo y le puso una mano en el hombro, a modo de consuelo. Kiba hundió los hombros, abatido.
Todos guardaron silencio a partir de entonces, tan solo roto cuando los cuatro que habían bajado a por bebida y comida regresaron y repartieron café y sándwiches y bocadillos entre todos, dejando lo que sobraba precariamente sobre una silla vacía por si acaso alguien quería repetir o darse otro chute de cafeína.
Habían pasado casi dos horas―o algo más, quizás―cuando Hiashi y Hanabi volvieron, acompañados de una médico de cabello rosa que Minato, Kushina, Sasuke y Naruto―quién ya estaba algo más calmado y despejado tras el abrazo consolador de su madre y el café que esta le había obligado a tragar a sorbos, así como un par de mordiscos de un sándwich de jamón que consiguieron que su estómago no ser revolviera por el trago de cafeína―reconocieron al punto, poniéndose en pie y acercándose a ella, ávidos de noticias.
―Sakura… ―llamó Naruto, nervioso, ansioso, retorciéndose las manos una y otra vez. Los ojos verde jade de la doctora se clavaron en él y su expresión se relajó al ver que, por lo menos, Naruto parecía más compuesto que hacía un par de horas.
―Está bien, Naruto. Hemos conseguido bajarle la fiebre y estabilizarla…
―¿Se pondrá bien?―la interrumpió. Sakura suspiró.
―Sí. No es algo que no hayamos tratado antes, no te preocupes.
―Pero… ¿qué fue lo que…
―Una infección. Como te decía, es algo que no suele ocurrir con frecuencia, pero pasa. El cuerpo de una mujer queda extremadamente vulnerable tras el parto y a veces las bacterias hacen de las suyas y se cuelan por dónde no deben. Le hemos puesto antibióticos por vía intravenosa y eso debería poder con lo que sea. Así que no te preocupes. La doctora Senju y yo la vigilaremos esta noche…
―¿Puedo verla? ¿Y a Boruto? No lo he visto desde… Ni siquiera sé… ―La expresión culpable de sus ojos le dijo a Sakura lo que necesitaba saber. Se acercó a su amigo y le dio un apretón en el brazo.
―Eh, no pasa nada. Es normal quedarse en shock en estas situaciones, ¿de acuerdo? Estoy segura de que en el área de neonatos lo han tratado de maravilla. Hoy está de guardia Naoki, el único enfermero chico de neonatología y, créeme: adora a los bebés. Ninguna enfermera mujer sería un guardián más fiero que él. ―Las comisuras de los labios de Naruto se levantaron en un amago de sonrisa―. Ven. Solo puedes quedarte un rato, ¿de acuerdo? Hinata necesita descansar. ―Naruto tragó saliva y asintió. Echó un vistazo tras él para mirar a sus padres y estos asintieron. Naruto les devolvió el asentimiento y luego siguió a Sakura de vuelta a la habitación de Hinata.
La médico le abrió la puerta y lo dejó pasar. Naruto entró en silencio, casi andando de puntillas hasta situarse al lado de la cama. Tragó saliva al ver a Hinata: estaba tumbada de espaldas, boca arriba; una máscara de oxígeno cubría su bello rostro y su bonita melena negro azulada se encontraba extendida bajo ella. Estaba tapada con una manta hasta la mitad del pecho. Con extremo cuidado y dedos temblorosos, Naruto agarró el borde de la áspera tela y la subió un poco más, hasta cubrirle el cuello.
―Le gusta taparse casi entera―susurró en la oscuridad―. A veces hasta la nariz, si hace mucho frío. Yo suelo frotársela cuando la siente fría y ella se ríe porque dice que le hago cosquillas… ―Se calló, consciente de había empezado a hablar tonterías. Sakura no contestó, se limitó a colocarse a su lado.
―Entiendo―dijo la joven pelirrosa. Se quedaron allí un poco más. Naruto necesitaba ver con sus propios ojos que Hinata estaba bien.
―¿De verdad se pondrá bien?―preguntó, en voz tan baja que Sakura casi no lo oye de no estar pegada casi a su costado.
―Sí, te lo prometo. Ahora solo está dormida. La sedamos para que pudiera descansar esta noche. Tenía mucho dolor. Pero es normal. Las infecciones en zonas delicadas suelen ser muy dolorosas, Naruto, para cualquier persona. Pero, como te he dicho antes, ya le hemos puesto antibióticos. ¿Ves?―señaló con la mano para la vía intravenosa enganchada a uno de los brazos. Naruto siguió el cable hasta la bolsita transparente que colgaba de un enganche que había sobre la cama. El gotero justo dejó caer una gotita en ese momento, evidenciando así que funcionaba como debía y estaba cumpliendo con su función―. ¿Quieres ir a ver a Boruto?―Naruto vaciló un instante antes de asentir. Le dio una caricia suave al rostro durmiente de su novia y se inclinó para poder besarla con sumo cuidado en la frente, susurrándole un «Te amo» que hizo al corazón de Sakura estremecerse por la ternura impresa en el tono de su voz.
Salieron del cuarto y Sakura lo guio hasta un ascensor que estaba en el otro extremo por el que habían entrado antes a esa zona del hospital. Por la señal roja con una raya blanca en medio que había pintada en ambas puertas, Naruto supo que este era de uso exclusivo del personal del hospital y miró para su amiga, interrogante. Sakura le sonrió de forma tranquilizadora.
―No te preocupes, estás conmigo. Es más rápido que utilizar los del público general. ―Naruto asintió y tragó saliva en cuanto las puertas se abrieron, nervioso de repente.
Se sentía como la mierda. No había podido reunir la fuerza de voluntad suficiente como para ir a ver a su bebé antes. Primero había tenido que asegurarse de que Hinata se encontraba bien. ¿Cómo iba a ser un buen padre sin ella? ¿Cómo iba a criar y educar a un bebé sin ella? No sabría qué hacer con él… ¡Ni siquiera sabía cambiar un pañal como Dios manda, por el amor del cielo! Su muñeco en las clases pre parto siempre quedaba hecho un fiasco…
El ascensor dio una sacudida y las puertas se abrieron, revelando un pasillo en penumbra y en absoluto y total silencio. Sakura se llevó un dedo a los labios y por señas le indicó que la siguiera. Lo llevó hasta un cubículo en el que había un lavabo con dos senos.
―Hay que lavarse y desinfectarse bien las manos antes de entrar al área de neonatos, ¿de acuerdo? Esos pequeñines no tienen sistema inmunológico desarrollado aún y podríamos contagiarles cualquier cosa. ―Asustado ante la posibilidad de contagiar a su bebé o al bebé de alguien más, Naruto se aseguró de restregarse bien las manos con agua y jabón.
Una vez terminada la operación, se secó las manos con papel desechable que echó posteriormente a un cubo designado para tal uso, y siguió una vez más a Sakura por el pasillo tenuemente iluminado. A ambos lados había cristales que daban a habitaciones en las que, por el rabillo del ojo, Naruto vio pequeños cubículos móviles. Algunos estaban vacíos, pero en otros, se fijó, se distinguían cuerpecitos diminutos cubiertos de cables y conectados a máquinas que constantemente monitorizaban sus latidos y su respiración.
Naruto no pudo evitar estremecerse al imaginarse a su pequeño Boruto metido en uno de esos cubos que parecían venidos de otro planeta, dependiendo de cables y máquinas para ayudarlo a respirar o a que su corazón latiera.
―Eso son bebés prematuros o que tienen alguna dificultad añadida consecuencia de un embarazo o un parto difícil. Boruto no entra en ninguna de esas categorías―dijo Sakura al ver la aprensión en el rostro masculino. Naruto sintió alivio al oírla. Boruto no estaba en uno de esos mini cubículos.
Sakura lo tomó del brazo y lo obligó a entrar con ella en una estancia mucho más amplia que las habitaciones que acababan de dejar atrás. En esta había cunitas por todas partes, ocupadas todas por pequeños bebés cubiertos por mantitas y gorritos rosas o azules, para distinguir si eran niños o niñas. Pegadas a las cunitas, había tarjetas con el nombre, el peso y la talla del niño. Naruto empezó a examinar con ansia los que tenía más cerca, esperando encontrar a Boruto.
Sakura, por su parte, se había separado un momento de Naruto para ir a buscar al enfermero encargado de la guardia de esa noche. El chico estaba haciendo la ronda para comprobar que todos los bebés respiraban con normalidad, algo que hacía cada quince minutos, por lo que había oído Sakura. Naoki era sumamente concienzudo en su trabajo. Adoraba a esas cositas indefensas y preciosas. Intercambió unas palabras con él y el joven enfermero asintió. Sakura volvió sobre sus pasos. El chico tardó unos segundos en seguirla. Sonrió a Naruto en cuánto llegó a su altura.
―¿Así que usted es el padre de Boruto?―Naruto tragó saliva y asintió.
―Sí… yo… ¿Se… se encuentra… ―Naoki esbozó una amplia sonrisa, enseñando todos sus perfectos dientes blancos.
―Perfectamente. Venga por aquí. ―Sorteando con agilidad las cunas, lo llevó hasta una que estaba pegada a una columna. Con un nudo en la garganta, Naruto se acercó a la cunita. Vio un bultito envuelto cuidadosamente en una mantita azul. Los puñitos de Boruto estaban a un lado de su cabecita y él respiraba de forma regular aunque algo acelerada.
Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas y tuvo que meter las manos convertidas en puños en los bolsillos del pantalón para no coger a Boruto y apretarlo contra su pecho, solo para sentir su calor y susurrarle mil perdones por haberlo dejado solo durante un par de agonizantes y horrorosas horas.
―¿Ha comido…
―Como el pequeño glotoncete que es. ―Naruto hizo una mueca. Naoki se percató e inmediatamente puso expresión preocupada―. ¿Ocurre algo que yo debiera saber con respecto a la leche que toma o… ―Naruto sacudió la cabeza.
―Es solo que… su madre había sido muy tajante con lo de darle el pecho… Se pondrá hecha una furia cuando se recupere y se dé cuenta de que… bueno… ―Naoki se relajó y sonrió.
―Ah, eso. Sí, la enfermera que lo trajo me lo comentó. No se preocupe. Boruto no ha tomado biberón. ―Naruto pestañeó y miró para Naoki, confundido.
―Pero… Has dicho que… ―Naoki asintió.
―Ha comido, sí. Pero de pecho―aclaró. Naruto se vio aún más confundido. Sakura le puso una mano en el codo para llamar su atención.
―Tenemos un programa de voluntariado en el hospital dentro del plan de concienciar sobre la importancia de dar leche materna a los bebés.
―¿Voluntariado?―repitió Naruto, sin entender.
―Sí―confirmó Naoki―. Tenemos algunas súper mamás que también están dando pecho a sus bebés que se rotan para venir al hospital dos o tres veces a la semana para amamantar a aquellos pequeños que sus madres, por las razones que sea, no pueden. ―Naruto pestañeó de nuevo, asimilando la nueva información.
―Oh, entonces… Boruto…
―Ha tomado pecho, sí. No tienes de qué preocuparte. ―Naruto pareció aliviado para acto seguido palidecer.
―¿Naruto? ¿Qué ocu-
―Hina me matará… ―Ahora fue el turno de Sakura de parpadear.
―¿Eh?
―Hinata es… muy celosa de sus cosas… No le va a gustar saber que… en fin, que otra mujer ha dado el pecho a nuestro bebé… ―Sakura parpadeó nuevamente para luego romper a reír, tapándose la boca con la mano para ahogar el sonido y no despertar así a aquellos angelitos que dormían plácidamente.
―Vaya, no hacía yo a Hinata tan… ―Naruto asintió antes de que pudiera encontrar la palabra adecuada para terminar la frase.
―No lo sabes tú bien. No le gusta mucho esa parte de sí misma porque normalmente es cariñosa y generosa, pero…
―Tiene sus momentos, como todo el mundo. ―Naruto sonrió. Sakura lo imitó y luego ambos se volvieron a Naoki, para despedirse. Naruto miró pesaroso una última vez para Boruto. Tenía unas tremendas ganas de cogerlo, pero sabía que no debía perturbar su sueño.
Además, él debía volver a la planta de arriba y poner al corriente a sus padres y al resto de sus amigos. Además, ahora que parte de la tensión se había disipado de su cuerpo, empezaba a notar los estragos del hambre y del cansancio.
Y también… Su madre había venido. Había venido y lo había abrazado y consolado, lo había dejado llorar en su hombro como cuando era de niño entraba corriendo en casa chillando que se había raspado la rodilla jugando al fútbol o al caerse de la bici.
Sonrió casi sin proponérselo mientras subía en el ascensor de regreso a la planta donde se encontraba ingresada Hinata.
Ahora, tenía la certeza de que todo iría bien o, al menos para mejor.
―¿Cómo está?―Le preguntó Hanabi a Naruto mientras este acunaba a Boruto en sus brazos para que se durmiera.
Naruto suspiró y, sin dejar de mecer a su bebé, miró para su cuñada, sabiendo que le preguntaba por Hinata y no por Boruto.
―Evoluciona favorablemente. Los antibióticos ya están haciendo efecto y la fiebre se ha reducido considerablemente. Aún tiene dolor y todavía persiste el mal olor… ya sabes… ―Hanabi asintió con una pequeña sonrisa al ver cómo los bronceados pómulos masculinos se teñían de un leve rosado, diciéndole así que entendía a qué zona del cuerpo específica se refería.
―Entonces… ¿has podido verla?―Naruto asintió.
―Solo me dejan un rato por la mañana y otro por la tarde… El resto del tiempo lo paso aquí, con Boruto. Hina está molesta porque a ella no le dejan verlo, así que de vez en cuando le saco alguna foto a escondidas y luego se la enseño. ―Hanabi soltó una risita.
―Bueno, no puedo culparte por eso: yo misma saco alguna que otra, ¿verdad, chiquitín? Es nuestro pequeño secreto de tía-sobrino. ―Naruto sonrió. Hanabi sintió el alivio recorrerla al verlo más animado. Aquel primer día en que su hermana se puso mala… En fin, no quería volver a repetir la experiencia por nada del mundo. Ni tampoco volver a ver al Uzumaki, generalmente siempre positivo y lleno de energía, como si acabaran de enviarlo al mismísimo infierno―. ¿Qué tal lleva mi hermana lo de que otra…
―Fatal―contestó Naruto, suspirando pesadamente―. Se siente fatal porque dice que es su deber como madre; por mucho que las enfermeras y los médicos le han explicado que no podían arriesgarse a dejarla dar el pecho a Boruto no le gusta ni un pelo que nuestro bebé chupe del pecho de una desconocida. El otro día Sakura la pilló intentando bajarse de la cama para subirse a una silla de ruedas, dispuesta a bajar a hacer, y cito: «lo que solo yo tengo derecho a hacer». ―Hanabi tuvo que taparse la boca con la mano para no estallar en carcajadas.
―Ay, nee-sama siempre fue muy suya para sus cosas. Debajo de toda esa timidez siempre hubo una chica celosa de lo que es suyo. ―Naruto sonrió ampliamente.
―Lo sé―dijo, dejando de mecer a Boruto al darse cuenta de que el bebé se había dormido. Con sumo cuidado, depositó su preciada carga sobre una mini cuna en la que figuraba su nombre: Boruto Uzumaki.
―¿Ya has ido a registrarlo oficialmente?―Naruto asintió.
―Fui esta mañana, a primera hora. Sasuke me acompañó. Quería asegurarse de que no metía la pata con ninguno de los formularios. ―Hanabi sonrió.
―Qué buen amigo, ¿no?―Naruto gruñó.
―Si quieres verlo así'ttebayo… ―Hanabi soltó una risita y luego echó un vistazo al reloj que colgaba de una de las paredes.
―Uh-oh. Debo irme. Tengo clase por la tarde y aún no he comido.
―¿Tienes quién te lleve?―Hanabi asintió mientras recogía el bolso y se lo colgaba de un hombro.
―Sí, sí, no te preocupes. Konohamaru iba a pasar por mí… De hecho―dijo, cogiendo su móvil para comprobar si tenía algún mensaje o alguna llamada perdida―ya está esperando. Así que me voy. No quiero que le metan multa por aparcar dónde no debe―se despidió con un beso en la mejilla del rubio y acarició con un dedo el bracito de un dormido Boruto, que ni se inmutó por la caricia suave como una pluma.
―Te acompaño. ―Naruto se aseguró de que Boruto quedaba bien tapado y luego salió con Hanabi hasta las puertas del hospital, dónde un coche medio subido en la acera hizo sonar el claxon.
―Ahí está. Bueno, mantenme informada y eso, ya sabes. ―Naruto asintió.
―Lo haré. Más tarde llamaré a tu padre.
―Eso le gustará… ¡Que sí, que ya voy! ¡Hombres!―exclamó al escuchar el molesto claxon por segunda vez. Hizo un último gesto con la mano a Naruto mientras se alejaba y el rubio esperó hasta que el vehículo y sus dos ocupantes desaparecieran entre el denso tráfico del hospital.
Regresó dentro y fue hacia los ascensores. Pulsó el botón de llamada y esperó a que uno llegase. Dejó que la gente que había dentro saliera y luego entraron él y otras cuatro personas. Cada uno pulsó el botón de su planta correspondiente y tras unos segundos las puertas se cerraron. El ascensor comenzó su ascenso y fue parando, dejando que la gente saliera y entrara. Al fin llegaron a la planta dónde estaba ingresada Hinata. Naruto pidió disculpas y se abrió paso desde el final del ascensor hasta poder salir del mismo.
En la pequeña sala de espera del pasillo vio a su madre, sentada leyendo una revista y dando sorbos a un vaso de café. Naruto sonrió cálidamente al verla. Su madre había sido como una sólida roca de hormigón durante aquellos días. No se había separado de su lado―ni del de Hinata por extensión―para nada más que ir al baño y poco más. Solo la noche anterior su padre había venido tras acabar el turno y se la había llevado prácticamente a rastras hasta casa, mascullando que él también estaba necesitado de mimos y cariño y que dormir era importante para sentirse fresco y bien al día siguiente.
―Mamá, ya puedes irte a casa―le dijo al acercarse y sentarse a su lado. Kushina ni siquiera levantó la vista de su lectura.
―No pienso moverme de aquí'ttebane. ―Y no había más que discutir al respecto. Naruto suspiró y se recostó contra el respaldo de plástico de su silla, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón―. Tú sí que deberías irte a casa. A darte una ducha. ―Naruto arqueó una ceja.
―Ya fui, esta mañana, antes de pasar por el Registro Civil. El teme me exigió que lo hiciera―gruñó Naruto, recordando la mueca de desagrado de Sasuke al acercarse a él esta mañana―. Al parecer el señorito no podía aguantar un poco del olor de mi seductora masculinidad. ―Kushina dio otro sorbo a su café.
―Me alegro de que tengas buenos amigos. ―Y era todo lo que tenía que decir al respecto. Naruto arqueó una ceja y acto seguida sonrió, meneando la cabeza.
Sí, su madre tenía razón: tenía muy buenos amigos.
Sacó el teléfono móvil del bolsillo y miró la hora. Era casi mediodía. Se levantó mientras lo desbloqueaba.
―Voy a llamar a Hiashi. Le prometí actualizaciones diarias del estado de Hinata y de Boruto. ―Kushina levantó la vista y asintió.
―Si vienen Sakura o la doctora Senju, te aviso. ―Naruto le sonrió, agradecido.
―Gracias, ma. ―Se inclinó para darle un beso en la mejilla y luego se alejó hacia un rincón medio escondido al lado de las máquinas de snacks y refrescos, dónde, si hablaba lo suficientemente bajo, nadie lo increparía por usar el móvil dentro del hospital. Además, tenían enchufe, por lo que les daban más manga ancha que a los familiares y amigos de otros pacientes.
Naruto habló sus buenos quince minutos, dándole un informe completo al padre de Hinata sobre la salud de esta y de su nieto. Cuando el Hyūga quedó satisfecho con todas las explicaciones, se despidió de él y lo dejó libre. La doctora Senju se encontraba hablando con su madre cuando regresó a junto de ella.
―¿Está todo bien?―preguntó, algo aprehensivo al ver allí a la médico que llevaba el caso de su novia y de su hijo.
Tsunade le sonrió de forma tranquilizadora.
―Sí, todo está perfecto. El cuerpo de Hinata está combatiendo la infección con ayuda de los antibióticos, por supuesto. Tampoco ha tenido ninguna reacción adversa al tratamiento y la fiebre ya le ha desaparecido del todo. La mantendremos vigilada durante unos días más, porque la infección aún persiste y todavía no está curada del todo. También quería hablar contigo sobre para cuando le demos el alta. ―Naruto se puso rígido y adoptó una pose seria.
―Dígame, doctora. ―La médico sacó una hoja de papel de la carpeta que llevaba bajo el brazo y se la tendió. Naruto la cogió.
―Ahí está escrito el nombre del antibiótico junto con la dosis y la frecuencia que tiene que tomar. También he incluido un protector gástrico para el estómago, ya que el medicamente en sí es algo fuerte. También deberá tomar hierro durante un tiempo para paliar la anemia. También deberá tener mucho cuidado al ducharse o al lavarse de cintura para abajo. Lo mejor es que no utilice esponjas; se lo diré a ella también, pero recomiendo que use jabones naturales. Necesitará tranquilidad y mucho reposo. Va a tener dolor durante un tiempo, así que procura que no haga esfuerzos. En cuanto a la alimentación: que tome cosas ricas en hierro como legumbres variadas. No mucha cantidad, tampoco. ―Naruto absorbió toda aquel bombardeo de información, almacenándola en su cerebro.
―Me aseguraré de que cumpla todas y cada de sus instrucciones, doctora. ―La mujer sonrió, satisfecha.
―Bien, así me gusta. Por el bebé no debes preocuparte: está sano como una manzana y podrá irse a casa junto con su mamá y su papá. ―Sus palabras hicieron que el nudo de tensión que Naruto sentía en el estómago desde hacía días se aflojara considerablemente.
―Gracias, gracias muchas gracias―dijo, atropelladamente.
―No hay de qué, es mi trabajo. Bueno, ya puedes pasar a verla, si quieres. ―Naruto no esperó a que se lo dijera dos veces, prácticamente salió corriendo hacia la habitación de Hinata.
Respiró hondo a llegar frente a la puerta para recuperar la compostura y luego la empujó, con cautela. Hinata se encontraba sentada en la cama, con las manos entrelazadas fuertemente sobre su regazo y la cabeza vuelta hacia la ventana. Naruto apostaba a que no estaba admirando el paisaje.
―Hola―saludó, dando un paso dentro y cerrando tras de sí.
Hinata se giró tan rápido que Naruto se preguntó si no se habría hecho daño en el cuello.
―¿Boruto? ¿Cómo está? ¿Está bien? Tengo que ir a verlo… ¿Ha dicho algo la doctora? ¿Puedo bajar a-
―Eh, eh, tranquila. ―Naruto se dejó caer en la silla que había al lado de la cama y cogió las manos femeninas entre las suyas, llevándolas a su boca para besarle los nudillos―. Boruto se encuentra perfectamente. Antes de subir me aseguré de que dormía como un angelito. ―Los ojos perlados de Hinata se llenaron de lágrimas.
―Pe-pero… ¿e-está comiendo…
―Sí, perfectamente. No tienes nada de lo que- ―Calló en el acto al ver la mirada fulminante que le dirigía su novia.
―¡Claro que me preocupo! ¡Es mi bebé! ¡Yo soy su madre! ¡Soy la que tiene que darle e pecho! ¡No una… una…
―¿Desconocida?―La ayudó Naruto. Hinata hundió los hombros.
―Iba a decir una cualquiera―murmuró, abatida. Naruto le frotó los hombros y la obligó delicadamente a levantar la barbilla para poder alcanzar sus labios.
―Todo está bien, nena. La doctora Senju acaba de decirme que en un par de días os darán el alta, a ti y a Boruto, a los dos. ―Los ojos de Hinata se abrieron.
―¿De verdad? ¿Podremos irnos a casa? ¿Los tres?―Naruto sintió algo cálido instalarse en su pecho al oírla decir los tres.
―Sí, así me lo ha asegurado la vie- la doctora Senju―se apresuró a corregirse. Hinata sonrió y luego se dejó caer contra él, aliviada, como si acabaran de quitar todo el peso del mundo de sus hombros. Naruto la acomodó mejor contra él y la rodeó con uno de sus brazos, apretándola contra él y besando su cabeza cariñosamente.
―Lo siento―dijo de repente. Naruto parpadeó y la miró, interrogante.
―¿Por qué?
―Por… todo. Debería haberme dado cuenta de que algo no andaba bien… Os he… Te he causado muchos problemas… ―Naruto le acarició el pelo.
―No digas tonterías. No es cierto―añadió cuando se dio cuenta de que Hinata había abierto de nuevo la boca para hablar―. Nada de esto ha sido culpa tuya, Hina, nada. ¿Me has oído? Estas cosas pasan'ttebayo.
―Pe-pero… te he preocupado… Boruto… podría haberle pasado algo y nunca… nunca me lo hubiera perdonado…
―Eh, tranquila. Ya te he dicho que todo está bien… No llores, nena… ―La abrazó con más fuerza, tratando de no hacerle daño; Hinata hundió el rostro en su pecho, aferrándose a la tela de la camisa que él llevaba puesta ese día.
Naruto la dejó llorar. Seguramente Hinata habría estado atormentándose desde que se había despertado, así que se mantuvo en silencio, tan solo haciendo círculos en su espalda, esperando a que cesara su llanto.
Hinata no dejó de temblar y de llorar hasta que una de las auxiliares del hospital que trabajaba en esa planta entró con una bandeja de comida. Mientras ella se frotaba el rostro intentando eliminar los restos de lágrimas, Naruto le agradeció a la mujer con una sonrisa encantadora que la hizo sonrojarse y luego acomodó todo para que Hinata pudiera comer con facilidad.
―Me han dicho que más tarde subirán de nuevo a Boruto―le dijo, en voz baja. Hinata lo miró, con los ojos abiertos como platos.
―¿L-lo dices… de verdad?―Naruto asintió mientras destapaba la bandeja para dejar al descubierto un cuenco cubierto de plástico que albergaba una especie de sopa o consomé, un filete a la plancha con patatas cocidas en aceite de oliva, un trozo de pan envuelto también en plástico y un yogurt natural de postre, además de una cuchara, un cuchillo y un tenedor.
―Sí, volverás a tenerlo aquí, contigo. Los médicos han dicho que todavía no puedes darle el pecho, no hasta que la infección no haya desaparecido del todo, por eso se lo llevarán cuando le toque alimentarse. ―Hinata hizo una mueca pero tampoco discutió. Su chica, ante todo, era práctica y anhelaba el bienestar de su bebé por encima de todo―. No te preocupes, ninguna de las madres voluntarias son tan guapas como tú. Boruto no tendría tan mal gusto. ¡Al fin y al cabo es hijo mío'dattebayo!―Hinata sintió que involuntariamente las comisuras de sus labios se levantaban en una sonrisa.
Algo más animada, comenzó a comer, dispuesta a verse bien, o más saludable, al menos, para cuando su bebé entrara por esa puerta de nuevo.
Le hizo preguntas a su novio entre bocado y bocado. Naruto contestó a todas sus preguntas.
―Konan e Ino se han hecho cargo de tus clientes, no te preocupes. Algunos incluso les dieron mensajes para ti, deseos de que te recuperaras pronto y eso. También los chicos del equipo y el entrenador me han pedido que te digas que están para lo que necesitemos. Me han extendido la baja por paternidad, también, no sé si ya te lo había dicho.
―¿Cómo que te la han extendido?―preguntó Hinata, parpadeando ligeramente sorprendida por la nueva información―. Por ley son tres semanas…
―Sí―concordó Naruto con ella―, pero a mayores me han dado baja por enfermedad de un familiar. Boruto es mi hijo y cómo no saben aún cómo va salir de esta… En fin, que han hecho algo de presión y la Federación de Fútbol, aunque a regañadientes, me ha concedido el permiso. El presidente y algunos de los accionistas creo que no están muy contentos, pero… ¡que les den'dattebayo!―Hinata suspiró.
―Naruto-kun…
―No te preocupes, nena. Mi reputación no sufrirá ni tampoco me echarán del equipo. Mi puesto no corre peligro. No podrían hacerlo aunque quisieran, no sin pagarme una millonada y, por lo que sé de los ricos, les dolería más tener que soltar la pasta que el que yo me coja unas cortas vacaciones. ―Rio y Hinata sintió que se relajaba nuevamente.
Era algo bueno, decidió tras reflexionar un momento al respecto. Ella no iba a estar al cien por cien durante algún tiempo y, aunque tendría a su hermana, a su padre y seguramente a los padres de Naruto―la reconciliación entre él y Kushina ya había llegado a sus oídos y no podía más que sentirse feliz por su novio―estaba segura de que ni Naruot ni ella querrían tener a extraños merodeando por su casa. Iban a tener que aprender a convivir los tres: Naruto, Boruto y ella.
Estaba segura de que Naruto, paranoico y sobreprotector como era, insistiría en contratar ayuda adicional. Hasta ahora se las habían apañado con una chica que iba dos veces por semana a ayudarla con la limpieza general de la casa. Pero ahora, con un bebé, el trabajo―y los gastos―se incrementarían exponencialmente. No le preocupaba el dinero, tenían de sobra, gracias a Dios, y podían permitírselo, pero la idea de que una desconocida manosease sus cosas…
Era cierto que en la casa de su padre, el hogar de su infancia, siempre había habido personal de servicio, ya fuese interno o externo. Pero eso siempre había sido así. Desde que Hinata podía recordar, siempre había habido gente que se ocupaba de las tareas del hogar: desde limpiar hasta cocinar o lavar la ropa. Nunca había cuestionado o se había planteado el por qué. Pero cuando se había ido a vivir con Naruto a la universidad solo habían sido ellos dos, en un piso minúsculos que apenas y necesitaba mantenimiento. Se acostumbró a no necesitar ayuda, todo lo hacían ellos. Y cuando compraron su casa―su preciosa casa con jardín―solo consintió en contratar ayuda extra porque era cierto que con el trabajo y los clientes no daba abasto.
Tal vez no sería mala idea ampliar las horas de la chica que ya tenían contratada. Al menos era alguien de confianza. Y ya sabía cómo funcionaba todo y dónde estaba cada cosa…
―¿En qué piensas?―Hinata volvió a la realidad al escuchar el susurro masculino en su oído. Se sonrojó al darse cuenta de que había estado divagando por sus pensamientos durante demasiado tiempo.
―E-en nada―contestó, ruborizada. Naruto rio y las vibraciones de su cuerpo hicieron sentir escalofríos a Hinata.
―Mentirosa. Puedo ver los engranajes de esa linda cabecita tuya dar vueltas y más vueltas―dijo el rubio, dándole un toquecito cariñoso en el centro de la frente. Hinata enrojeció aún más.
―L-lo hablaremos en otro momento. ―Naruto suspiró.
―De acuerdo―dijo, no queriendo alterarla más de lo estrictamente necesario. Hinata necesitaba, ante todo, recuperarse. Luego ya tratarían con los problemas que podrían venirles encima o no a raíz de toda esta situación tan complicada.
Hablaron sobre temas más triviales en lo que Hinata terminaba de comer. Luego se tumbó y, a pesar de que no debería de estar cansada porque llevaba varios días sin salir de la cama―literalmente hablando―los ojos se le cerraron y en cuestión de minutos se quedó profundamente dormida. Naruto la acomodó en la cama y la tapó con las mantas, cerciorándose de que ni una brizna de aire podía colarse por entre las telas.
Luego se quedó allí, sentado en la silla para visitas, observando de vez en cuando a Hinata mientras mataba el tiempo en el teléfono. Al cabo de una hora más o menos escuchó que alguien abría la puerta junto con el sonido de algo arrastrándose por el suelo. Se puso en pie de un salto al ver que la visitante inesperada era una enfermera que empujaba una mini cuna portátil, donde Boruto yacía, dormidito y acurrucado contra un lado del cristal.
Se emocionó sin poder evitarlo. Tragó saliva mientras la enfermera ponía la cunita en el rincón en el que había estado antes de que se lo llevasen. Se acercó en cuanto la enfermera se alejó y salió, dejándolo de nuevo solo con su novia y con su hijo.
Miró embelesado para los mechoncitos rubios que se escapaban del gorrito azul del hospital, sus diminutas manos convertidas en puñitos, su naricita y la boquita medio abierta, evidenciando así que respiraba fuerte y regularmente.
―Hola, Boruto―habló en voz baja, casi inaudible―. Mamá va a sentirse muy contenta de verte. Hace mucho que no estáis juntos ¿verdad'ttebayo? Pero eso ya se acabó. Estoy seguro de que mamá va a ser un poco asfixiante durante un tiempo, pero va a ser solo porque te ha echado muchísimo de menos. Le va a costar dejarte ir cuando tengas hambre, pero aún no puede darte ella misma de comer. Será cuestión de días, te lo prometo. Palabra de papá'dattebayo. ―Siguió hablándole al bebé, contándole cosas sin importancia; solo quería que él escuchara su voz y se sintiera seguro para cuando despertara. Había leído que los bebés tenían una percepción muy aguda y enseguida detectaban los cambios, hasta los más mínimos. Y no quería que Boruto se asustara por nada del mundo en cuanto se viera en una habitación distinta a la que había estado durante los últimos días.
―¿Naruto-kun?―La voz somnolienta de Hinata hizo que se callara y se girase. La joven estaba medio recostada sobre un codo, mirándolo con ojos aún velados por el sueño―. ¿Qué…
―Oh, mira qué bien, mamá ya despertó'dattebayo. ―Sus palabras hicieron que los orbes perlados de Hinata se abrieran de golpe. Se incorporó apresuradamente. Naruto se acercó en dos largos pasos para ayudarla. Luego Hinata miró ansiosamente hacia el otro lado del cuarto, dónde vio la cuna del hospital con un bultito cubierto enteramente de azul en su interior.
―Oh, Dios mío… ―Las manos empezaron a temblarle y Naruto se las apretó, dándole una sonrisa tranquilizadora.
―Espera un momento―le dijo con voz suave. La soltó unos instantes. Se acercó de vuelta a la cunita y Hinata vio como, con extremo cuidado y habilidad, tomaba al bebé en sus brazos sin que este se despertara. Caminó despacio hasta la cama y se lo colocó a ella en los brazos.
Hinata lo acomodó contra ella y aspiró su aroma a bebé. Se le llenaron los ojos de gruesas lágrimas mientras admiraba, por fin, tras varios horribles y agonizantes días, nuevamente a su hijo.
―Boruto… ―Lo abrazó contra su pecho y apoyó la mejilla contra su cabecita. El pequeño suspiró en sueños y se pegó más a su madre, como si él también hubiese echado en falta aquel contacto maternal―. Boruto… mi bebé… mi pequeño… Lo siento… Lo siento tanto… Mamá no volverá a dejarte… Nunca más… Nunca más… ―Naruto la abrazó contra él y pegó su frente contra la cabeza de Hinata, absorbiendo aquel momento tan especial. Estaba seguro de que cuando en el futuro recordara aquel día, lo haría diciéndose que había sido uno de los mejores días de toda su vida.
Los dos adultos se quedaron en esa posición durante un buen rato, perdidos admirando el rostro de su bebé, mientras Hinata lo mecía y le contaba con su voz suave y entrecortada a causa de la emoción todas las cosas que habían preparado para él en casa. Aunque la mayor parte era invención.
Naruto sonrió. Ino y Konan habían dado en esos días los últimos toques al cuarto del bebé. Era su sorpresa y la de ellas para Hinata. La joven había estado muy disconforme con el hecho de que no la dejaran participar en la decoración de la habitación de su propio hijo, pero al final había claudicado, sobre todo porque había visto que él quería hacer eso por ella. Además, si Ino y Konan estaban ayudando el resultado no podía ser tan malo… ¿verdad? Al menos, una cosa sí sabía, y era que ellas tenían mucho mejor gusto que Naruto.
Pero mucho mejor gusto. Y eso era algo que el rubio aceptaba con elegancia y resignación a partes iguales. Aunque seguía sin entender por qué el naranja no era un buen color para la habitación de un recién nacido.
Unos tímidos golpes en la puerta de la habitación los sacó de su burbuja de felicidad. Naruto le dio un beso en la frente a Hinata y fue a ver quién era. Sus padres estaban al otro lado. Naruto abrió del todo y les dejó paso. Minato entró, sonriente, abrazando a su hijo y dirigiéndose directamente hacia su nuera y su nieto.
―Hola, Hinata. Espero que no molestemos. Naruto nos dijo que ya pronto te darían el alta y que a Boruto lo trasladarían de nuevo a la habitación, así que decidimos venir de visita. ―Hinata parpadeó y, sosteniendo a Boruto con un brazo, se secó los restos de lágrimas.
―Oh, no, claro que no. Perdona por mi aspecto, yo…
―No digas tonterías. Aún estás convaleciente. ―Minato le sonrió de forma cálida y Hinata sintió que se relajaba―. Y veo que aquí está mi nieto, de vuelta y sano como una manzana. ¿Puedo?―Hinata no quería separarse de su bebé, no aún, no tan pronto. Pero tampoco quería empezar a ser una de esas madres asfixiantes y controladoras. Así que con algo de reticencia, le tendió el bebé a su abuelo, que lo cogió con experta gracia.
―Hola, Boruto Uzumaki. Te gusta tu nombre, ¿a que sí, hombrecito? Eres tan guapo como tu abuelo, claro que sí… ―Hinata se tapó la boca para disimular una risita al ver que el ceño de Naruto se fruncía al escuchar a su progenitor.
―Querrás decir que es tan guapo como su padre, papá. ―Minato alzó las cejas mientras giraba la cabeza para mirar a su único hijo.
―No, he querido decir exactamente lo que he dicho. ―Naruto bufó y Hinata se cubrió con la otra mano, haciendo esfuerzos para no reír. Aún le dolía si hacía esfuerzos.
Detrás de Minato, Kushina miraba, entre anhelante e incómoda para su marido y su nieto. Hinata aún no había tenido con ella una conversación en condiciones. No había habido tiempo, pero sabía que en el fondo Kushina se arrepentía de su alejamiento aquellos meses. Además, pensó con perverso placer, no iba a poder volver a decir que Boruto no era hijo de Naruto, sangre de su sangre. Porque eran clavaditos. Hasta las peculiares marcas en las mejillas había heredado, aunque en el caso de Boruto tan solo tenía dos en vez de tres.
―Kushina, ¿quieres cogerlo?―Los ojos violetas de su suegra se abrieron con anhelo ante la sugerencia.
―Yo… bueno… si no es molestia'ttebane… ―Hinata asintió, sonriendo suavemente. Minato se acercó a ella y le pasó al bebé. Kushina lo acomodó con la pericia que da la experiencia de haber criado a un niño y sonrió con las pestañas húmedas a su primer nieto―. Hola, Boruto'ttebane. Tu abuelo tiene razón: eres un niño muy guapo. ¿Sabes? Tu papá era muy guapo también cuando nació. Era un poco más moreno que tú, cierto, pero tu abuelo también era de tez bronceada. Ahora con la edad ha ido perdiendo el color… ―Minato arqueó una ceja ante las palabras de su mujer.
―No he oído que te quejes al respecto. ―Kushina levantó la vista del bebé y le sonrió.
―Y no me quejo, querido, solo constato un hecho. ―Minato suspiró con exasperación y compartió una de esas miradas de entendimiento masculinas con su hijo. Naruto sonrió y se encogió de hombros finalmente, como diciendo «Qué se le va a hacer, hay que quererlas igual…».
Kushina y Hinata compartieron a su vez una mirada femenina de comprensión mutua y luego se echaron a reír. Minato y Naruto relajaron los hombros y se sonrieron, aliviados y felices de que el hacha de guerra entre sus esposas estuviera en proceso de enterrarse, bien hondo y para siempre.
Claro que aún quedaba cosas por hablar y por aclarar, pero al menos aquello era un comienzo: el comienzo de una bonita relación nuera-suegra que ambos hombres se asegurarían de que durase para siempre.
―¿Cómo estás?―Le preguntó Kushina vacilante tras unos minutos de silencio. Hinata se sorprendió por la pregunta. Sonrió y le contestó, en tono amable.
―Bien, gracias… Bueno, dentro de lo que cabe. Aún siento algo de dolor, pero me dijeron que era normal.
―¿Te ha bajado ya la fiebre?―preguntó ahora Minato. Hinata asintió.
―Sí, ya me ha desaparecido del todo.
―Aunque todavía sigue con los antibióticos. Solo para prevenir.
―¿No le bajaron la dosis?
―Sí, eso sí―respondió Naruto―. Pero Sakura y la doctora Senju quieren curarse en salud.
―Más vale prevenir que curar, ¿eh? Me parece bien. ―Los padres de Naruto se quedaron un rato y luego se fueron. Minato tenía una reunión aquella tarde de comisarios de policía y no quería llegar tarde. Kushina se fue con él, no queriendo imponer su presencia más de lo estrictamente necesario.
Pero no estuvieron solos mucho tiempo. Hanabi y Hiashi llegaron al cabo de un rato. Ambos se alegraron de poder ver a su nieto fuera del área de neonatología. Se turnaron para mecerlo en brazos y Hinata temió que su hijo fuese a ser un niño excesivamente mimado y consentido.
―¿Cómo te encuentras tú?―Hinata sonrió a la expresión preocupada en el rostro de su progenitor.
―Estoy mejor, no te preocupes. Sakura y la doctora Senju están cuidando muy bien de mí.
―Y Naruto no la deja ni a sol ni a sombra, papá. Es cómo un halcón.
―Es lo que debe hacer un hombre: cuidar de su mujer y de sus hijos, Hanabi. No le veo la gracia al chiste… Si es que era un chiste. ―Hanabi puso los ojos en blanco y resopló.
―Estoy rodeada de gruñones sin sentido del humor. ―Hinata y Naruto rieron.
―¿Te darán el alta pronto?―preguntó Hiashi. Hinata asintió.
―Sí, en un par de días. Quieren mantenerme vigilada las próximas veinticuatro horas por si acaso, y me sacaron sangre esta mañana para otra analítica. De rutina, papá. No hay nada de lo que preocuparse―se apresuré a señalarle Hinata, para tranquilizarlo. Hiashi no pareció muy convencido, pero no dijo nada más. Los médicos eran los que sabían, al fin y al cabo, aunque todo el mundo podía tener su opinión después, por supuesto.
―Y… ¿ya está todo listo?―le preguntó Hanabi a Naruto mirándolo significativamente. Naruto esbozó una ancha sonrisa que dejó a la vista todos sus relucientes y perfectos dientes blancos.
―Sí, todo listo'dattebayo. ―Hinata suspiró.
―Bien, me alegra comprobar que va todo bien. Hanabi, dame a mi nieto. ―La castaña puso cara de resignación y le pasó a Boruto. Hinata miró maravillada cómo su padre acomodaba al bebé de nuevo en sus brazos sin vacilar ni un instante. Nunca se había esperado que su progenitor fuese alguien que supiera cómo sostener a un bebé.
Sakura y Tsunade irrumpieron en ese momento la hermosa estampa familiar, para revisar a Hinata. También era casi la hora de comer de Boruto, así que una enfermera entró para llevárselo al área de neonatología. Hinata sintió el disgusto invadirla: odiaba la idea de que una completa, total y absoluta desconocida de la que no sabía siquiera cómo era su rostro le diera el pecho a su bebé. Pero ella todavía no podía, por los antibióticos.
Hiashi y Hanabi se despidieron y se fueron. Naruto tuvo que salir también mientras examinaban a Hinata―no entendía por qué, le parecía absurdo, ya que había visto cada centímetro del cuerpo de su novia, y muchas veces, además―; se dirigió hacia las máquinas de snacks y café, para tomarse uno rápido. Estaba metiendo la moneda y escogiendo la bebida cuando un toque en su hombro lo hizo volverse.
Sasuke y Shikamaru estaban detrás de él. Naruto les sonrió.
―Eh, hola.
―Hola.
―Hola. ―Naruto hizo un gesto a la máquina.
―¿Queréis uno?―Ambos asintieron a la vez.
―Con leche para mí―dijo Shikamaru.
―Negro―dijo Sasuke.
―Por qué no me sorprende'dattebayo―dijo Naruto, meneando la cabeza. Sasuke lo fulminó con la mirada mientras que Shikamaru sonreía.
Esperaron a que las tres bebidas calientes estuvieran listas y luego las agarraron y se fueron a sentar al grupo de sillas que había a un lado.
―¿Cómo estás?―Naruto suspiró para sonreír acto seguido.
―Bien, muy bien, la verdad. Boruto está sano, Hinata está mejorando…
―¿Le darán el alta pronto, no?―dijo Sasuke. Naruto asintió.
―Sí, en un par de días, si todo va bien. Claro que aún tiene que seguir con los antibióticos y va a tener que ser muy muy cuidadosa durante un tiempo, pero en fin, ya está fuera de peligro. ―Ambos pelinegros suspiraron aliviados al saberlo.
―Me alegro por ti―dijo Sasuke, sincero. Shikamaru dio un sorbo a su café mientras asentía.
―Sí, yo también. Nos preocupasteis como la mierda. ―Naruto se sintió ligeramente culpable.
―Lo siento. ―Shikamaru le hizo un gesto con su mano libre.
―Eh, tranqui. No fue culpa vuestra. Estas cosas pasan.
―Sí, Sakura me dijo que fue mala suerte, eso es todo―apuntó Sasuke. Naruto se llevó su vaso de café a los labios y bebió un trago.
―Pues menuda mala suerte la nuestra, entonces―soltó, con ironía.
―Ni que lo digas―dijo Shikamaru.
―Siempre atrajiste los problemas como la miel a las abejas. Compadezco a la pobre Hinata. ―Naruto miró al Uchiha de mala manera.
―¡Oye!―Shikamaru sonrió y Sasuke hizo lo mismo a su lado, aunque de una manera menos notoria.
Naruto les devolvió el gesto tras varios minutos de silencio.
―Supongo que… el universo nos envió una prueba… o algo así. ―Sasuke y Shikamaru alzaron las cejas.
―Pues si es así, el universo es un hijo de puta de cuidado.
―Problemático―bostezó Shikamaru, estirándose en la diminuta e incómoda silla.
―¿Y cómo lo lleva Hinata?―preguntó Sasuke, bebiendo de su propio café.
―Pues mejor. Hoy han vuelto a subir a Boruto a la habitación así que… eso la ha animado. Considerablemente.
―Bien.
―Me alegro. ¿Y tu madre… ―se aventuró a interrogar Sasuke, con la ventaja que le daba ser uno de los mejores amigos del rubio. Naruto sonrió.
―Ella y papá vinieron hoy de visita. Habló un poco con Hina y cogió a Boruto, lo mimó un poco y eso. Aún hay cosas por hablar, pero… creo que todo irá bien con ella de ahora en adelante.
―Eso es estupendo. ―Naruto sonrió ampliamente a Shikamaru―. Problemático, pero estupendo. ―Naruto borró su sonrisa y gruñó.
―Joder, Shikamaru, eres único dando ánimos. ―El aludido esbozó una pícara sonrisa.
―Lo sé. Gracias por el cumplido.
―No lo era. ―El Nara se encogió de hombros, diciendo así que él iba a tomárselo como tal.
Sentado en su silla, Sasuke sonrió al ver el rostro animado de Naruto. Le aliviaba y le alegraba que las cosas estuvieran mejorando. Hinata les había dado un susto de muerte a todos, pero especialmente a Naruto, que la amaba con locura, a ella y a Boruto.
Boruto era un bebé precioso, reflexionó. Nunca lo hubiera pensado, pero le gustaba sostener al bebé rubio en sus brazos. La única que lo había hecho había captado la fugaz que le lanzaba Sakura, que se encontraba en ese momento en la misma habitación comprobando la tensión de Hinata.
Sonrió al recordarlo.
Tal vez… podría él mismo encargar uno para ese mismo año.
Si el dobe se había aventurado a ser padre, qué demonios. Él no podía hacerlo peor.
Sonrió cuando Naruto lo miró, interrogante, al ver que llevaba un buen rato sin decir nada.
―¿Estás bien, teme?
―Perfectamente, dobe. Perfectamente. ―Naruto y Shikamaru se miraron, extrañados.
Pero nada podría empañar aquel día en el que el Uzumaki había recibido muchas y muy buenas noticias.
A partir de ahí, estaba seguro de que sus días serían siempre soleados.
Sobre todo porque Hinata estaría a su lado.
Por siempre jamás.
Fin 7
¡DIOS MÍO DE MI VIDA! ¡Me ha costado un mundo sacar p'alante este capítulo! No solo por el drama y el angst, sino porque tuve que investigar y, jesús, hasta a mí me dolió poner a mi Hinata preciosa en esa situación.
Pero qué se le va a hacer. No todo puede ser de color de rosa. Aunque no hay mal que por bien no venga. Así que no todo ha sido malo, porque al final Hina se está recuperando y ella y Kushina están en camino a hacer las paces. Así que mal mal, no ha ido tampoco xD.
Ea, que sino me enrollo como las persianas. ¿Me dejáis un review dándome vuestra más sincera opinión? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
¡Muchísimas gracias por los suyos a: Lila y a Guest! ¡Os amodoro hasta el infinito y más allá por dejarme comentarios bonitos que me animan el día y también me animan a seguir escribiendo! ¡Gracias, muchísimas gracias!
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí.
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
