Disclaimer: Los personajes de este fanfic le pertenecen a J.K Rowlling.
"Este relato participa en la Tabla: Tóxicos y despechados de TanitBenNajash de la casa Zabini, los reyes del ponche de huevo"
Con los ojos cerrados
La radio mágica estaba encendida con el volumen al mínimo, la luz que salía de la puerta abierta de la cocina se reflejaba en la figura que dormía tranquilamente sobre el sofá de la sala de estar. Ron descansaba en una posición extraña con una manta de color azul enredada en las piernas y la boca abierta que dejaba salir ronquidos de locomotora, así fue como lo encontró Hermione al regresar del trabajo con un dolor de cabeza insoportable y un cansancio monumental. La castaña apago la radio y encendió la luz, miro a su marido por unos instantes antes de comenzar a gritar.
—¡Ronald Weasley!
El pelirrojo se levanto sobresaltado con la varita lista para lanzar el primer hechizo, se tranquilizó cuando vio que se trataba de su esposa, pero al momento se puso en guardia otra vez pues noto la mirada asesina que ella le dedicaba. Últimamente ella se comportaba muy extraño, ya no era la chica mandona pero amable que había conocido, ahora parecía una histérica.
—Hola mi cielo, ¿Qué sucede? —pregunto Ron sentándose en el sofá otra vez.
—¿Me puedes decir qué demonios significa esto? —inquirió aventándole un papel hecho bola a la cara.
Gracias a sus reflejos de guardián logro atraparlo antes de que cayera al suelo, cuando lo desarrugó, vio que se trataba de un recibo.
—Es un collar linda, lo compre para ti, se suponía que era una sorpresa—dijo con tranquilidad el hombre.
Hermione levanto las cejas con sorpresa y luego cambio su expresión por una de ternura.
—Ah, lo siento es que…
—No pasa nada amor, ¿Qué tal si vemos una película? —dijo él palmeando el asiento a su lado.
Antes de sentarse, la castaña de hecho un vistazo a la habitación.
—La casa es un desastre —comento.
—Lo sé, deberíamos tener un elfo —sugirió Ron.
—Si me ayudaras en casa no necesitaríamos de uno, todo tengo que hacerlo yo —dijo Hermione sobándose el puente de la nariz.
—Yo también trabajo ¿sabes?
—Pero llegas a casa antes y es menos pesado lo que haces.
—¿Hablas enserio? Tengo que estar cargando cajas todo el día y atendiendo clientes, ser dueño de un negocio es muy difícil, ¡tú te la pasas sentada en esa oficina lujosa!
—Hacer tramites no es sencillo además de eso tengo que hacer las labores de la casa, me muero de hambre y no hay nada en el refrigerador, pudiste haber pasado a comprar comida si ya estabas en Diagón.
—Pero ese es tu trabajo —se quejó Ron entre dientes.
—¿Cómo dices?
—¡Que yo también tengo hambre! Me gustaría llegar a la casa y encontrar todo recogido y un plato con comida caliente en la mesa, en lugar de eso esta todo tirado, ya ni siquiera tengo ropa limpia.
—¿Estas escuchándote? Yo no soy tu maldito elfo domestico —exclamo Hermione indignada.
—Por eso deberíamos tener uno, ¡maldición!
—Simplemente hazlo tú que nada te cuesta, pero no, el señor lo quiere todo hecho porque su mami siempre lo hizo por él.
—¡No metas a mi madre en esto Hermione!
—Además gastas demasiado dinero en tonterías, no somos ricos por si lo olvidaste.
—¿Dices que los regalos que te doy son tonterías? —se enfureció el pelirrojo.
—Para empezar cuando me vas a dar el dichoso collar, la nota es de hace dos semanas.
—Te lo voy a dar ahora mismo —dijo Ron saliendo de la sala.
Hermione se quedó en el sofá con la respiración agitada y la cabeza a punto de estallar, cuando su esposo regreso habían pasado más de diez minutos. El pelirrojo traía una bandeja con una taza de té, poción calmante y un emparedado.
—¿Qué es eso? —pregunto ella mirándolo con reproche.
—Encontré pan en la alacena y algo de mermelada que nos envió Hannah.
Ella se bebió primero la poción que ayudo con su dolor de cabeza y comenzó a darle mordiscos al emparedado.
—Tienes razón querida, es obvio que estoy siendo un irresponsable, pero quiero cambiar eso, así que mientras comes tu emparedado voy a lavar los trastes, mi madre me enseño un encantamiento para eso.
—De acuerdo, pienso que exagere un poco, lo lamento —se disculpó Hermione.
Ron acuno el rostro de su esposa entre sus manos, le acaricio el labio inferior con su dedo pulgar para luego besarla con suavidad, "sus labios saben a vino de sauco" pensó la castaña desconcertada pues el hombre odiaba esa bebida, pero en cuanto su lengua conecto con la de su marido dejo de pensar en tonterías y se entregó por completo a la dulce sensación.
—Cuando acabe con la cocina podemos continuar con esto arriba —susurro el pelirrojo con su aliento cosquilleándole la piel.
Hermione lo observó salir de la sala mientras le daba un sorbo a su té. ¿Por qué había desconfiado de su esposo en primer lugar? Ronald era una persona dulce, un poco holgazán a veces pero siempre atento con ella.
Todo fue por culpa de esa estúpida nota que encontró en el abrigo de su esposo que se puso por error esa mañana, la descripción del collar coincidía a la perfección con el que vio en el cuello de la hermanita de Fleur en la cena familiar del fin de semana pasado, misma que habían organizado para despedir a la familia Delacour que paso las vacaciones en casa de Bill.
—Son imaginaciones mías, claro que lo son —susurro para sí misma.
¿Segura? Pregunto su insidiosa voz interior muy parecida a la de su cuñada quien por cierto fue quien le señalo la extraña forma en la que su hermano y Gabrielle se miraban.
—Listo —anuncio el pelirrojo sobresaltándola.
—¿El collar? —pregunto la castaña.
Ron sonrió de lado.
—No seas impaciente linda, te lo daré en el momento indicado ¿vamos? ¬—dijo su esposo tendiéndole una mano.
Ella la tomo con vacilación.
—Ronal, tu boca sabe a vino de sauco y tú lo odias.
—Lo odiaba, resulta que Francia tiene muy buenas cosechas, aunque me cueste admitirlo su vino es mejor que el que se produce en Inglaterra —dijo casual mientras llegaban a la habitación.
A Hermione le supo mal la mención de Francia en su conversación. La pareja se sentó en la cama que compartían todas las noches, Ron comenzó a quitarse los pantalones. Ella se acercó a su esposo y le acaricio el cabello, él la envolvió con sus brazos.
—Te amo Hermione, deja de preocuparte por favor —pidió el pelirrojo sobando la arruga que se le formaba en la frente.
Los ojos cafés se humedecieron con lagrimas que no llego a derramar porque su marido las atrapo con sus labios.
—Te creo —afirmo ella.
