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A Bride for The Prince

(Español)

CAPÍTULO 2

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—Y eso es todo lo que tengo para hoy, Alteza —dijo Nino, finalizando su reporte diario.

—Gracias, Nino —asintió Adrien—. Por cierto, puedes quitarte la máscara cuando estamos en mis habitaciones privadas. Nadie nos va a ver aquí.

Con un quejido de alivio, Nino se quitó la máscara y masajeó la piel debajo de ella.

—Gracias a Dios. Esta cosa es una atrocidad, tan incómoda para usar durante largos períodos.

—Perdón —se disculpó Adrien, con una media sonrisa—. Una vez que todo este asunto se termine, me aseguraré que todos ustedes sean recompensados por sus molestias.

—Más te vale —Nino resopló—. Porque no recuerdo que "usar una máscara extremadamente incómoda durante el día entero sólo para que mi príncipe pueda espiar a sus novias" estuviera en la descripción de mi trabajo.

—Y bueno, ¿de qué otra manera se supone que voy a engañar a mis "novias" para que se comporten como ellas mismas a mi alrededor, si saben quién soy? —replicó Adrien—. Algunas de ellas han visto mi rostro, Nino. Tuve que cubrirlo. Y como llevo puesta una máscara, sólo tendría sentido si todos ustedes también las usaran, así no llamaría la atención.

—Podrías, sabes, haberlas espiado desde una ventana en lugar de fingir ser un guardia —ofreció Nino—. Porque, déjame decirte, estás haciendo que sea súper fácil difundir esos estúpidos rumores sobre tí. Algunas personas están realmente empezando a creerlos.

—¿En serio? —Adrien se rió entre dientes y se recostó contra un ventanal, mirando hacia afuera, donde sus novias potenciales estaban realizando sus paseos nocturnos—. Realmente no me preocupa eso ahora. Sólo tengo un mes para elegir, así que necesito estar ahí abajo, oculto de las miradas como un guardia, observándolas de cerca. Hay tantas cosas que puedo ver desde una ventana, pero a ninguna de ellas le importaría verse lo mejor posible frente a un simple guardia, ¿no estás de acuerdo?

—Si bien entiendo tu punto —añadió Nino, acercándose y echando un vistazo hacia afuera—, aún creo que esos rumores están un poco de más.

—Oh. ¿Te parece?

—Tú sabes, dejándoles creer que, después de un extraño accidente que nunca ha ocurrido, te has convertido de repente en un tipo raro, con ideas disparatadas y un horrible rostro-

—Y comportamiento impredecible —señaló Adrien.

—¡Es cierto! —se lamentó Nino— ¿Cómo pude olvidar el comportamiento impredecible, Su Alteza? Le suplico su perdón. Esto no volverá a ocurrir.

Adrien se echó a reír, mirando a su fiel guardia y mejor amigo.

—Esa fue la idea de tu novia. ¿Cómo has podido olvidarte? O mejor aún, ¿qué dirá ella cuando se entere?

—Ese no es el punto —refunfuñó Nino, cruzando sus brazos sobre su pecho.

—No te preocupes. No se lo diré —Adrien se rió, regresando su mirada hacia el jardín—. Te necesito con vida.

—Estaré siempre en deuda con usted, Alteza. —Con sorna, Nino hizo una reverencia—. Pero, en serio —añadió, poniendo una mano sobre el hombro del príncipe—, ¿estás seguro de que esto va a funcionar, Adrien? ¿Crees que valen la pena tantas molestias? Podrías estar causando más daño que beneficio.

—¿Y qué más podría hacer? —cuestionó Adrien en silencio, tensando su mandíbula mientras apretaba los dientes, luego de una pausa momentánea—. Odio esa estúpida tradición. La aborrezco por completo. Pero, ya que no fui capaz de librarme de ella, ¿es tan malo que al menos intente encontrar una novia que en realidad pudiera gustarme?

—No está del todo mal —replicó Nino con un suspiro—. Pero, ¿no crees que no todas las damas dejarán su buena "actuación" una vez que sepan que el príncipe se ha vuelto excéntrico, con ideas disparatadas, un horrible rostro e impredecible comportamiento? ¿Te has olvidado de que a algunas no les importa nada más que el título y tu dinero?

—De acuerdo, es verdad. Pero la mayoría de ellas están obligadas a perder interés —Adrien contraargumentó—. Y tendré una mejor ocasión para ver quiénes son realmente, cuando no están tan dedicadas en cortejarme.

—¿Has olvidado considerar que las agradables también podrían perder interés en tí con tal reputación? Supongamos que te guste alguna. ¿Cómo podrías también gustarle si todo lo que ella sabe sobre tí son los rumores que esparcieron los sirvientes? Sé que estás interpretando el papel de bicho raro, pero al menos reconsidera el mantenerte completamente alejado y sal ahí fuera como tú mismo de vez en cuando.

Permanecieron en silencio por un rato; el príncipe mirando por la ventana, su guardia de pie junto a él.

—Lo voy a pensar —dijo Adrien en voz baja—. Habrán algunos bailes a los que debo asistir como Príncipe. Convencí a Padre de que sean bailes de máscaras, así puedo continuar usando una. Supongo que allí podré hablar con las que me gusten, y luego veremos qué pasa.

Nino sacudió su cabeza y se pellizcó el puente de la nariz.

—No te envidio, Adrien. Espero que lo sepas.

—Entonces dime, Nino —pidió Adrien después de un rato—. Dime, honestamente: conociendo mi situación, ¿crees que podría haber hecho algo mejor?

Nino no respondió. Suspiró pesadamente y se apoyó en la pared.

—No todos tienen la suerte de casarse con la persona que aman —agregó Adrien—. No todos tienen incluso la suerte de conocer a alguien de quien puedan enamorarse. Estoy tratando de dar lo mejor de mí, y sé que no es un plan infalible y que tiene un montón de agujeros, pero por el momento, captar la idea general encubierto como Chat Noir es la mejor alternativa que se me ocurre.

—Hablando de Chat Noir —canturreó Nino—. Me di cuenta que ha sido bastante coqueto con cierta lady que se desparramó sobre el piso ayer. Dándole incluso un recorrido privado por el castillo. Muy atento. ¿No quieres decirme nada?

El rostro de Adrien se iluminó.

—¿Te refieres a Marinette?

—¿Marinette? —Nino enarcó sus cejas— ¿Veo que ya nos llamamos por el nombre? Bastante rápido, ¿no crees? ¿Deberíamos decirles a las otras damas que ya se vayan a casa?

Adrien se carcajeó.

—Si no pudiste descubrirlo por tí mismo, Marinette no es una lady, Nino.

Nino frunció el ceño.

—Pero, ¿acaso tu padre no envió las invitaciones sólo a las familias nobles?

—Sí, lo hizo —Adrien sentenció—. Tal como manda la tradición. Pero sé con total certeza que Marinette no desciende de una familia noble.

—No estoy entendiendo. ¿Entonces por qué está ella aquí? ¿Y como una lady?

—Tampoco lo sé. —Una sonrisa divertida se afirmó en los labios de Adrien, mientras miraba fuera de la ventana—. Pero como estoy bastante intrigado, me aseguraré de descubrirlo.

—¿Supongo entonces que la conoces? ¿Para saber que no es de la nobleza?

—Aún si no la conociera, su comportamiento la hubiera delatado instantáneamente. No sólo porque ella conversó en iguales términos con un humilde sirviente como yo, sino también porque me permitió discutir y coquetear con ella; y acompañarla en un paseo por el castillo, de mi brazo, nada menos. Bastante escandaloso para una verdadera lady, ¿no lo dirías? —Deteniendo su explicación un momento, Adrien frunció el ceño—. Aunque, supongo que probablemente deberíamos advertirle que trabaje en sus modales; no quisiera que una vieja amiga se metiera en problemas. Pero, Nino, ésto se queda entre nosotros hasta tener novedades.

—Por supuesto —asintió Nino y se acomodó en la esquina opuesta de la ventana sobre la que Adrien estaba sentado, antes de dirigirle una sonrisa socarrona—. Pero, esto es interesante. Conozco a todos tus amigos plebeyos, y la no-lady Marinette no está en mi lista. Cuéntame.

—No hay mucho que contar —Adrien se encogió de hombros—. ¿Recuerdas que Madre y yo siempre solíamos pasar nuestros veranos en DuPont antes de que falleciera?

—¿Tu castillo de verano?

—Sí. Bueno, como Padre no estaba cerca, Madre me dejaba socializar con todos los niños del castillo, sin importar su condición social, mientras no se dieran cuenta de quién era yo.

—Ella tenía valores más liberales que tu padre —suspiró Nino—. Su fallecimiento fue una gran pérdida, no sólo para tu familia, sino para el país en general.

—Ella era asombrosa —Adrien sonrió levemente—. Fue gracias a ella y las libertades que me permitió tener en DuPont que empecé a darme cuenta que, tal vez, el estilo de vida como yo lo conocía no era exactamente como el de los demás. Marinette fue en realidad una gran parte de eso. Su padre era nuestro panadero, y de todos los niños de allí, ella era la más divertida con quien jugar. Entonces, de alguna manera los abandonamos a los demás y nos divertíamos por nuestra cuenta. Ella me enseñó muchas cosas que nunca antes había conocido.

—Una amiga de la infancia —sonrió Nino—, ya veo. Pero no has vuelto a ese castillo desde que tenías... ¿cuánto? ¿Catorce? ¿Cómo la reconociste? —Nino se rascó la sien— Quiero decir que han pasado años; probablemente no se parece en nada a como era antes.

—Ojos azul cielo —musitó Adrien con voz queda, mirando hacia el jardín—. Es un color poco frecuente en nuestro país, pero si los asocias con pecas y cabellos negros ligeramente azulados, es aún más difícil de encontrar. Una bonita sonrisa y un adorable botón por nariz. Torpe pero encantadora. ¿Cómo podría olvidarla? No ha cambiado mucho. Simplemente ha madurado y florecido.

—Son muchos detalles para recordar —Nino levantó una ceja—. ¿Huelo una especie de primer amor?

—Noooo —rió Adrien con nerviosismo—. Ella fue sólo una amiga. La primera amiga verdadera que he tenido.

—Si tú lo dices —sonrió Nino—, pero me suena a que-

—Suena a que necesitas revisar tus oídos —intercedió Adrien, poniéndose de pie—. Además, si no te molesta, me gustaría comenzar con mi sueño reparador; tengo un día ocupado mañana, y se supone que debe hacer maravillas con mi fealdad facial.

Nino se rió, siguiendo el ejemplo del príncipe y levantándose del alféizar de la ventana.

—¿Ninguna escapada a la ciudad hoy?

—Creo que deberíamos posponerlas —dijo Adrien con una mueca—. Con todas esas "novias" en el castillo, la seguridad se ha incrementado, y no quiero arriesgarme a que Padre descubra que me escabullo regularmente a la ciudad.

—¿No crees que su frío corazón se derretirá cuando le expliques que lo haces para conocer mejor a tus súbditos y sus problemas? Tú sabes, ¿algo que cualquier buen gobernante aprobaría?

—Dudo que mi padre escuchara más allá de la parte de "escabullirse" —Adrien se mofó—. Añade la parte de "hablar con la plebe", y me despojará de todos los privilegios que aún tengo. Sabes por tí mismo lo difícil que fue convencerlo de permitirme llevar a cabo el asunto de Chat Noir y los guardias enmascarados. No quiero correr el riesgo.

—¿Convencer? —Nino se burló— Si por convencer te refieres a amenazarlo con no casarte nunca, o no consumar ningún matrimonio que él pudiera forzarte, y por lo tanto, dejar al país sin un heredero de su precioso linaje Agreste, entonces sí, lo has convencido bien.

Adrien no respondió. Sus ojos miraban al suelo, y mantenía los puños apretados a sus costados.

—Perdón —se disculpó Nino, bajando la cabeza—. He cruzado la línea. Es sólo que... la forma en que te trata, como un bien o un recurso, en vez de un ser humano, me enfurece demasiado-

—Nino-

—¡No es justo, Adrien! ¿Cierto? Nada en tu vida es justo, y cómo demonios todavía intentas ver lo bueno en él y ser lo que mejor que puedas, no lo puedo comprender. Ahora, debo disculparme de nuevo y dejarte descansar. Que tenga buenas noches, Alteza.

Ofreciendo una reverencia, Nino se dio vuelta y se marchó del cuarto.

—Buenas noches, Nino —susurró Adrien tras él—. Gracias.


Chat Noir dobló la esquina, tratando de alejarse lo más posible del campo de entrenamiento. ¡Maldita sea su curiosidad! Debería haber escuchado a Nino y haberse mantenido tan lejos como pudiera de la zona.

—Me han dicho que Lady Riposte te ha estado esperando en el campo de entrenamiento desde el amanecer —había agregado Nino luego de su informe matutino—. Los guardias comentaron que ella es bastante... intensa.

Las comisuras de los labios de Adrien se torcieron en una pequeña sonrisa.

—Es un lugar de encuentro bastante extraño para una Lady que está buscando captar mi interés de modo romántico. Sin embargo, ella proviene de un famoso linaje de esgrimistas, ¿no? Tal vez esa sea su idea de cortejar.

—Los guardias dijeron que había vencido fácilmente a cada uno de ellos y que está ansiosa por combatir contra el Príncipe para probar su superioridad —dijo Nino con voz monótona—. Si estás interesado en una esposa que te patee el trasero literalmente, adelante.

Adrien no estaba interesado en eso precisamente, pero tenía mucha curiosidad por ver a la famosa Lady Riposte. A primera vista, no estaba decepcionado; la chica era bonita. Figura delgada, cabello oscuro, labios rosados, ojos dorados, y un rubor en sus mejillas.

Entonces, ella lo miró.

La intensidad en sus ojos, el mínimo levantamiento de su ceja, la tensión en sus labios... y Adrien sintió que no era, y nunca sería, digno de Lady Riposte. No porque ella fuera maravillosa. Más bien, porque parecía considerar a un mero guardia, como Chat Noir, indigno de incluso hablar con ella, asegurándose de que lo entendiera sólo con su mirada. Ni siquiera bajo la mirada furiosa de su padre Adrien se había sentido tan pequeño e incómodo.

Sin demora, cruzó el patio central y se paró en la esquina a hacer guardia; era el sitio perfecto para observar a algunas de las otras damas deambulando por ahí. Lady Volpina se sentó cerca, rodeada por algunas otras, que la miraban boquiabiertas mientras ella les tejía una historia. Debía admitir que era bonita, y su voz sonaba dulce y melosa, pero Nino le había advertido sobre ella en particular.

—Lady Volpina parece ser bastante famosa —había dicho su amigo—. Pero, ¿puedo pedir permiso para investigarla? Su historia parece ser inusualmente... mmm... ¿cómo decirlo?... ¿increíble? La he oído asegurar ser habilidosa en todas las artes posiblemente existentes, hablar seis idiomas, viajar alrededor del mundo en un abrir y cerrar de ojos, tener más oro que tú, y ser íntima amiga de las princesas de los cuatro reinos aledaños. Todos sabemos que dos de ellas hace años que no están en buenos términos. Tan malos términos, como un "te asesinaría a simple vista", para ser exactos. Sería altamente improbable que ambas compartan una amiga cercana.

—Comprueba su historia, pero con discreción —había asentido Adrien.

—Por supuesto. Si surge algo, te lo haré saber.

Al ver a Lady Volpina deleitándose con el asombro de las otras damas, se preguntaba si Nino debería siquiera molestarse ahora con eso.

Su mirada se desplazó hacia donde Lady Bourgeois iba caminando por el sendero, quejándose del sol a viva voz; su pobre sirvienta apenas logrando seguirle el ritmo con una sombrilla. Chat hizo una mueca y se volteó para mirar hacia otro lado. No necesitó que Nino le contara sobre ella, ya que Lady Bourgeois era la única de las jóvenes damiselas que había visitado con su padre repetidas veces su castillo. Con el correr de los años, había llegado a conocer bastante bien su carácter. La idea de casarse con ella hizo que su estómago se retorciera.

Su mirada cayó en la esquina del jardín, particularmente en un par de muchachas paradas allí. Estaban parcialmente escondidas detrás de un grupo de árboles, y como no había nadie más en el patio que Chat Noir considerara digno de observar, lentamente se dirigió hacia ellas.

Estaba a sólo unos cuantos metros de distancia, cuando una pequeña sirvienta apareció de pronto desde una esquina, corriendo hacia las otras dos con lágrimas en sus ojos. Chat se detuvo y en silencio se escondió detrás de un árbol, lo bastante cerca como para ver qué estaba sucediendo, pero lo suficientemente lejos como para permanecer sin ser detectado por el grupo.

—Ella, lo siento, pero ahora mismo no puedo hacer esto —dijo una de las chicas.

La voz le pertenecía a Alya: una de las criadas del castillo, la novia de Nino durante los últimos seis meses, y alguien a quien Adrien consideraba también su amiga, alguien con quien podía hablar sin títulos ni tonterías similares de por medio.

—Pero Alya —chilló la pequeña niña, hermana de Alya—. Nora me asesinará si descubre que destrocé su blusa favorita.

—No lo hará, Ella. Es tu hermana.

—Es grande y aterradora, ¡y un caballero real! —gritó Ella—. Me degollará con su enorme espada porque aún tendrá a Etta y a ti como hermanas. No me necesita.

—No seas ridícula —se burló Alya—. Primero y principal, nunca debiste haber tomado su blusa para jugar con ella. Y segundo, no puedes molestarme ahora. ¿No ves que estoy trabajando?

—Discúlpenme, pero ¿puedo echarle un vistazo? —inquirió la otra chica junto a ellas.

La respiración de Chat se dificultó, mientras veía a Marinette ponerse en cuclillas a la altura de Ella, pidiéndole ver la prenda arruinada. Un momento después, había sacado aguja e hilo de quién sabe dónde y comenzaba a coser.

—¿Llevas contigo aguja e hilo? —se sorprendió Alya, incrédula.

Marinette sonrió con nerviosismo.

—Este tipo de vestidos no es exactamente lo que acostumbro usar todos los días. Ya debo haberlo rasgado unas cuantas veces, y quisiera estar preparada por si sucede de nuevo porque, seamos honestos, no soy precisamente la más elegante de las damas.

Chat Noir se rió en voz baja y abandonó su escondite, con la esperanza de interferir en la situación antes de que alguien pudiera notarlo.

—Buenos días, mi Lady —saludó Chat Noir con una sonrisa. Alya lo miró con los ojos muy abiertos antes de desviarlos hacia Marinette, quien instantáneamente se irguió, escondiendo la blusa detrás de su espalda. Un tenue rubor cubrió sus mejillas justo cuando Ella chilló y se alejó a toda prisa—. Luce adorable y bien descansada esta mañana. Espero que esté disfrutando de su estancia hasta ahora.

—Yo... sí, gracias, Chat Noir —replicó Marinette con una sonrisa que era un poco exagerada, su rubor se esparcía hasta sus orejas—. Descansé bien, y estoy disfrutando todo. Gracias por preguntar. ¿Supongo que también ha dormido bien?

—Desde luego —ronroneó, antes de tomar la mano de Marinette y depositar un beso en sus nudillos. Ella se ruborizó, pero no retiró su mano.

Claramente, quienquiera que haya enviado a Marinette hasta allí había fallado en enseñarle los modales adecuados entre los sirvientes y la nobleza; de otra manera, ella ciertamente no le habría permitido besar su mano. Tuvo suerte de que estuvieran ocultos detrás de los árboles, con Alya como única testigo.

—No he podido evitar notarlo. —Chat le rodeó la cintura para atrapar la blusa que Marinette aún sostenía en su mano oculta. Trayéndola hacia el frente, la sostuvo entre los dos, para poder observar las costuras—. ¿La estaba remendando usted? Porque pensé que las damas no debían sostener una aguja en sus manos, a menos que sea una de esas intrincadas piezas de bordado. ¿O yo estaba mal informado?

Cerrando los ojos, Alya escondió el rostro detrás de su mano. Marinette se mordió el labio y enrojeció por completo.

—Em... yo... eh... —tartamudeó, apartando su mano y ocultando ambas detrás de su espalda—. Eso... hago... bordar. Yo... estaba, sólo estaba ¿mostrando mis puntadas? Ya que... hay muchas, muchas puntadas diferentes. En el bordado.

Mientras suprimía exitosamente una carcajada, Adrien falló en contener una risita. Esa era la razón por la que amaba jugar con Marinette cuando era niño: entre muchas otras excelentes cualidades, siempre fue adorablemente torpe, algo que Adrien encontraba extremadamente divertido.

—Permítame sugerir —dijo, entregándole la blusa a Alya— que se abstenga de mostrar alguna otra de sus puntadas a partir de ahora, porque a pesar de que su criada y yo entendemos plenamente su pasión por esta forma de arte, me temo que muchos otros en el castillo no lo harán.

—De acuerdo —asintió Marinette, su sonrisa demasiado brillante, sus mejillas de un tono tan rojo como las mariquitas debido a la vergüenza—. Lo tendré en cuenta. Gracias por la advertencia. Mantendré mi pasión en secreto, pero ahora yo, eh... me tengo que ir —dijo nerviosamente—. Tengo cosas que hacer... en mi habitación... Así que debo partir. Discúlpeme.

Sin esperar su respuesta, Marinette huyó apresuradamente, Chat sonrió mientras seguía sus pasos con la mirada.

—Disculpa, pero ¿qué demonios fue todo eso? —Alya inmediatamente dio un paso adelante y fulminó con la mirada al príncipe enmascarado.

—Nada —sonrió como un gato.

Alya alzó una ceja, escéptica.

—¿De verdad? No soy ciega, sabes.

La sonrisa de Adrien se desvaneció en cuanto se volvió hacia ella.

—Bien, entonces dime ¿qué piensas de tu lady?

—¿Qué hay con ella? —Alya frunció el ceño, cruzando sus brazos sobre el pecho.

—¿No lo sé? —preguntó Adrien con una sonrisa burlona— ¿No te parece un poco extraña, quizás? ¿O tal vez, que a veces se comporta un poco diferente a como lo haría una lady?

Alya lo miró inquisitivamente.

La sonrisa de Chat se ensanchó.

—Bueno —dijo ella, entrecerrando sus ojos—. ¿Qué está pasando? ¿Quién es ella?

—¿Lady Bug? Creí que estabas informada-

—Ni siquiera lo intente conmigo, Alteza. —Alya agitó su dedo frente a él —. No me voy a ir hasta que me diga quién es esta "lady" suya.

—Alya... —Adrien empezó a arrepentirse de haberle dicho algo en primer lugar. Alya era genial, pero cuando quería algo, uno no tenía más opción que dárselo. O sufrir las consecuencias y aún así todavía dárselo después.

—Bueno, si tú no vas a decírmelo, siempre puedo preguntar por ahí —amenazó, colocando sus manos sobre sus caderas y disparándole una sonrisa desafiante.

Adrien hizo un puchero, rehusándose a hablar.

—Tú lo empezaste, Noir —Alya se encogió de hombros—. Ahora tengo curiosidad, y sabes que cuando eso ocurre, tengo maneras de-

—Está bien, de acuerdo —Adrien cedió—. Pero ésto queda entre nosotros... y Nino.

—¿Entonces Nino lo sabe y no me lo dijo? —Alya arqueó una ceja.

—Diablos, Alya. Acaba de enterarse. Deja al hombre vivir.

Unos momentos más tarde, y luego de una intenso juego de miradas, Alya cedió.

—Está bien. Lo haré. Lo amo después de todo. Pero solamente si me dices ¿quién es esta "Lady Bug" y cuál es tu asunto con ella?

—Ella es una vieja amiga de hace mucho tiempo en DuPont —cedió también Adrien—. Una vieja amiga plebeya. Y antes de que preguntes... No, no sé cómo o por qué está aquí.

—¿Una plebeya fingiendo ser una lady? —Alya alzó una ceja—. Ella es audaz.

—Yo diría que más bien es imprudente, ya que está fallando miserablemente en ello.

—Oh, eso es dolorosamente evidente —se mofó Alya—. Aunque tú no estás mucho mejor, Chat Noir. Mantén alejadas tus patas; no estás ayudando.

—Ey, no actúes tan inocente. Tú me permitiste hacer eso. Como su criada, deberías haber estado cuidando mejor de ella.

—Exactamente —apuntó Alya—. Soy una criada, no una supervisora de etiquetas protocolares. Mi trabajo es asistirla, no educarla; pero si insistes, Alteza, siempre puedo alejar tus patas la próxima vez.

—¿Entonces por qué no nos ponemos de acuerdo en eso? —propuso Adrien— Hazme un favor: ayúdala a pasar desapercibida y a comportarse como una verdadera lady. Por ahora, al menos, hasta que tenga una idea de qué es lo que está sucediendo aquí.

Alya permaneció en silencio por un momento, luego cruzó sus brazos frente a su pecho.

—¿Por qué debería hacerlo?

—Porque es una vieja amiga mía y te lo estoy suplicando de rodillas... Metafóricamente —añadió, cuando Alya clavó una mirada penetrante en su dirección—. ¿Por favor? ¿Por el bien de nuestra amistad? ¿O necesito literalmente ponerme de rodillas?

—¿Llegarías tan lejos? —inquirió Alya, arqueando una ceja.

—Podría, ya que tengo tanta curiosidad como tú —admitió Adrien—. Quiero saber qué está pasando, y no podré hacerlo si alguien descubre que nuestra "lady" no lo es en absoluto. Te gustan las buenas historias, ¿no? Y apuesto a que hay una historia increíble detrás de todo este asunto, así que, por favor, Alya, ¿nos ayudas a los dos?

—Eres insufrible, Adrien —suspiró finalmente Alya —Vas a deberme por ésto. Lo entiendes, ¿verdad?

—Me lo imaginaba. Por experiencia —asintió Chat.

—Está bien —Alya frunció sus labios—. Veré qué puedo hacer. ¿Ella sabe quién es Chat Noir y que tú conoces quién es ella realmente?

Adrien se semi encogió.

—No a ambas cuestiones, y me gustaría que se mantuviera así, por ahora.

Alya levantó una ceja.

—Está bien, pero quiero que me mantengas al tanto. Todos los detalles, tan pronto como lo sepas. ¿Trato?

—Casi suena como si me dieras alguna opción —musitó Adrien en voz baja, inexpresivo.

—En tus sueños, Noir —rió Alya entre dientes—. Ahora, si me disculpas, me iré a supervisar a nuestra lady, para que no caiga en un calabozo mientras yo no esté. Nos vemos, Chat Noir.

Alya se marchó de prisa, y Adrien dejó escapar un suspiro. Juraba que tratar con Alya era una tarea complicada, que podría quitarle años de su propia vida. Sin embargo, no había nadie en quien confiara tanto para vigilar a Marinette y que se asegurara de que no la descubrieran. Por ahora, era todo lo que podía hacer, además de esperar que la historia de Marinette valiera todo el riesgo al que se estaba exponiendo.

Su padre no era el más misericordioso de los hombres.


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Espero que estén disfrutando esta historia, se pone cada vez mejor (?

¡Gracias por leer!