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A Bride for The Prince
(Español)
CAPÍTULO 3
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Fue probablemente el día más embarazoso que había tenido hasta ese momento. Había fallado en varios aspectos. A este paso, la descubrirían en pocos días, y luego la meterían en la cárcel, a la espera de una sentencia que con seguridad terminaría en su muerte, sus padres quedarían destrozados por perder a su única hija, y Mylène...
El estallido repentino de su puerta al abrirse la sobresaltó, interrumpiendo sus pensamientos. Con el corazón acelerado, Marinette se volteó para observar quién había entrado, sólo para ver a Alya cerrando la puerta.
Marinette forzó una sonrisa, esperando que no revelara lo rápido que su corazón latía en ese momento.
—Alya... —Pero la recién llegada levantó su mano en stop motion, como si de una animación cuadro a cuadro se tratara, y la mandíbula de Marinette se cerró con un chasquido.
—No eres noble, ¿verdad? —Su tono de voz era perfectamente claro: no había sido una pregunta.
—No —Ese fue el comienzo del cruel final de Marinette. Su estómago se retorció de preocupación mientras inclinaba su cabeza—. No lo soy.
Alya se quedó en silencio mientras observaba a Marinette con los brazos cruzados y una ceja arqueada.
—Esa es una historia que quiero escuchar.
Y ahí fue cuando las palabras empezaron a salir a borbotones de su boca. Todo lo referente a Mylène y como ella era la verdadera Lady Bug, que había huido para casarse con su amado y en su lugar había enviado a Marinette, debiendo fingir ser una lady en consecuencia.
—¡Se suponía que era una broma, lo juro! —finalizó Marinette—. Nunca creí que me iba a mandar al castillo, pero lo siguiente que sé, es que ella estaba asintiendo, pensando que era una gran idea y enseñándome como interpretar el papel.
A esa altura, Alya estaba sonriendo. De hecho, su sonrisa se aproximaba bastante a una divertida y socarrona.
—Así que tú estás aquí, disfrazada de Lady Bug, para que la verdadera Lady Bug pudiera estar con su ahora esposo.
Con la cabeza colgando de vergüenza, Marinette asintió.
—Por favor —suplicó, esperando que sus lágrimas no escaparan de sus orbes—. Me escaparé. Haré algo. No puedo ser atrapada. Sé que es un delito, pero por favor...
—¡Oye! —la interrumpió Alya, su sonrisa se desvaneció al tiempo que se precipitaba hacia Marinette. Puso las manos sobre sus hombros y les dio un apretón tranquilizador—. No. No te voy a exponer. Lo juro. No te preocupes. Tu secreto está a salvo conmigo.
Marinette miró hacia arriba, a través de sus pestañas, mientras Alya sonreía dulcemente.
—Lo prometo —aseguró Alya una vez más—. Tu secreto está a salvo conmigo. No vas a meterte en problemas. Estarás a salvo hasta que puedas regresar junto a tu lady. Lo juro.
Luego de un parpadeo, Marinette sintió que las lágrimas que estaba intentando retener corrieron por sus mejillas. Se apresuró a secarlas con sus mangas antes de darse cuenta de que eso no era algo propio de una lady.
—Gracias —susurró—. Sé que ya he fallado unas cuantas veces, pero... No puedo ser atrapada, y estoy aterrada ante la posiblidad de terminar envuelta en más problemas. Y tampoco puedo dejar de pensar en si alguien más, aparte de ti, también lo haya descubierto.
—Bueno... —dijo Alya, frunciendo sus labios— Puede que cierto guardia tenga una idea...
Con un quejido, Marinette cubrió inmediatamente su rostro con sus manos.
—No, no, no —gruñó.
—No te preocupes —aseguró Alya, tirando de Marinette hacia ella, protegiéndola como lo haría una madre con su hijo—. No dirá ni una palabra. Es un idiota arrogante, pero guardará tu secreto.
Marinette no estaba segura de creerle a Alya, pero quería hacerlo.
—Mientras no termine en más problemas... eso es todo lo que me preocupa.
—No lo harás —prometió Alya, apretándola un poco más fuerte por un instante, antes de apartarla a un brazo de distancia—. Tendremos que asegurarnos de que eso no suceda.
Mordiéndose el labio para ocultar un tembloroso gorjeo, Marinette levantó la mirada hacia Alya.
—¿Y cómo sugieres que haremos eso?
—Lecciones, por supuesto —dijo Alya, con un guiño de ojo—. Te enseñaré más detenidamente, ya que, sin ánimos de ofender a tu lady, claramente no te han enviado aquí lo suficientemente preparada.
Marinette suspiró. Mylène era su amiga, y lo último que ella quería era difamarla; pero al mismo tiempo, no podía negar que Alya llevaba la razón.
—Es demasiado para recordar. E incluso cuando consigo hacerlo, es difícil para mí abandonar mis viejos hábitos.
—Lo sé. Siento que haría lo mismo si estuviera en tu lugar —reconoció Alya, acariciando los hombros de Marinette—. Pero no te preocupes; repasaremos todas las lecciones otra vez y esperemos que ninguna de las otras damas se dé cuenta si cometes un pequeño error o dos. Tengo la sensación de que están demasiado obsesionadas con competir por la atención del Príncipe Adrien como para preocuparse si das un paso en falso, pero nunca se puede estar demasiado seguro.
Marinette se sintió relajada.
—Creo que tienes razón en eso. Mientras no me acerque demasiado al príncipe, debería estar bien, ¿no crees?
—Estoy bastante segura —asintió Alya con una sonrisa—. Pero de la única persona que tienes que cuidarte es del padre del príncipe Adrien. Él es particular.
Marinette sintió que la sangre se precipitaba de su rostro. El rey. Oh, que el cielo tenga misericordia... ¿Cómo pudo pasar por alto que seguramente iba a encontrarse con el rey de esas tierras?
—¡Oye, escucha! —dijo Alya, volviendo rápidamente a tranquilizar a Marinette—. No te preocupes por eso. Todo estará bien. Mientras actúes lo suficientemente convincente como una lady, no hay nada de qué preocuparse. Lo peor que podría hacer es que le dijera a su hijo que te evite, si él te viera cometer demasiados pequeños desatinos.
Marinette asintió.
—¡Así que no hay que preocuparse por eso! —reafirmó Alya—. No te va a acusar de cometer un crimen porque nunca va a sospechar tal cosa. Podría simplemente creer que eres una lady con una formación deficiente. Después de todo, ¿qué tu lady no proviene de las afueras del reino? El rey siempre se queja de que los nobles anómalos no tienen modales tan refinados como aquellos que habitan dentro de los límites del reino. Aún así, estoy seguro de que saldrás adelante sin problemas, y pronto todo este asunto quedará atrás. Confía en mí.
Marinette tragó saliva nerviosamente, y pese a que las mariposas aún revoloteaban en su estómago, forzó una sonrisa.
—Bueno, está bien, no tengo muchas más opciones.
—¡Esa es la actitud! —alentó Alya, riéndose— Ahora, comencemos con la primera lección.
—¿Ahora?
—No hay mejor momento que el presente —sentenció la morena, guiando a Marinette hacia una tumbona y sentándola allí—. Ahora: lección número uno. —Ahí fue cuando una sonrisa atrevida recorrió su cara—. Los guardias están por debajo de ti, y vas a tratarlos con la misma indiferencia que tendrías con un sirviente. No puedes conversar de manera informal con ellos, y ciertamente, no les permitas coquetear contigo.
Las mejillas de Marinette se encendieron por el calor, antes de que pudiera ocultarlas detrás de sus manos. Gruñó ante su incompetencia mientras Alya se reía en segundo plano. Al menos ella le había asegurado que Chat Noir no la delataría porque, de no haber sido por permitirle que se inclinara sobre sus manos para besarlas y que la guiara por un paseo alrededor del castillo, no había otra manera de que el supiera que no era una lady.
—Esto no tiene sentido —se lamentaba Marinette, parada sobre sus tacones, manteniendo el equilibrio con un libro balanceante encima de su cabeza, mientras Alya la interrogaba sobre todo tipo de datos al azar.
Alya frunció el ceño.
—¿Cómo es eso? No has cuestionado mis métodos de entrenamiento antes.
Eso era cierto. Habían pasado unos días desde que Alya comenzó a taladrar su cabeza con esas lecciones. Marinette prácticamente se sentía abrumada por la cantidad de información, tanto antigua como nueva, con la que era bombardeada constantemente. Pero sabía que Alya solo estaba tratando de ayudarla.
El libro sobre la cabeza, sin embargo, era algo nuevo. Y muy irritante.
—¿Por qué tengo que mantener el equilibrio con un libro?
—Porque necesito diversión.
Alya lo dijo tan categóricamente que Marinette tuvo que procesar sus palabras durante cuatro segundos antes de darse cuenta de lo que su doncella había dicho.
—¡Oye! —exclamó la azabache, causando que Alya estallara en risas. Marinette se quitó el libro de la cabeza y lo arrojó hacia Alya, quien apenas logró evitar el objeto volador— ¡No lo puedo creer! Confío en ti para que me ayudes y me haces una jugarreta como esa.
—Lo siento —se carcajeaba Alya—, pero fue demasiado fácil lograr que lo hicieras.
Marinette fingía estar enfadada, pero no podía. Aunque Alya sea una chica con muchas agallas y bastante descarada, también era verdaderamente amable y bondadosa de corazón. Marinette sabía que Alya sólo tenía sus mejores intenciones en mente.
—Estoy severamente enojada contigo. Debería despedirte por burlarte de mí.
—Ahora te oyes como Lady Bourgeois —rió Alya disimuladamente.
—Oh, por favor no me compares con Chloé —Marinette se encogió de inmediato.
Lady Bourgeois es la mujer con título nobiliario más odiosa, irritante, escandalosa e insolente en todo el castillo, y la segunda persona menos favorita de Marinette.
—Mejor que Lady Volpina —resopló Alya, divertida.
—Cualquiera es mejor que Lady Volpina —gruñó Marinette—. Ella es un ser humano horrible y una auténtica mentirosa. No entiendo cómo alguien puede creerle, me supera.
—Al menos te diste cuenta —dijo Alya—. Quiero decir, su mentira era bastante obvia.
—¿Cuál mentira? ¿Aquella en la que aseguraba que era miembro de algún clan secreto de zorros con poderes sobrenaturales? ¿O la parte en la que el príncipe de una tierra lejana estaba tan encantado con sus políticas, que había tomado la decisión de implementarlas de inmediato?
—Cualquiera de ellas. Todas ellas —comentó Alya, riendo con sarcasmo—. Que cualquiera de las otras damas esté tan conmovida con sus historias demuestra lo sosas que son.
Marinette contuvo una risita.
—Volviendo a la lección —dijo, cambiando de tema antes de que accidentalmente comenzara a hablar mal de cualquiera de las otras chicas—. ¿Qué más puedes enseñarme? Sin libros sobre mi cabeza.
—Creo que por esta noche lo dejaremos aquí.
—Gracias a Dios —exclamó Marinette felizmente, desplomándose sobre su camastro—. Apenas puedo retener la información, por ahora.
—Y mientras tanto, puedo contarte todo sobre el festival que se avecina.
—¿Festival? —preguntó Marinette frunciendo el ceño, pensativa— ¡Oh! ¿Te refieres al festival de solsticio de verano?
Alya asintió antes de jadear, su expresión se iluminó.
—Deberíamos ir juntas. Mi amorcito dijo que me llevaría, pero luego le informaron que tenía que proteger a las damas del castillo. El es un guardia real, te lo presentaré algún día... Bueno, y como no sería divertido si voy sola, yo creo que deberíamos ir juntas.
—Pero la Señora Nathalie seguramente notará si he desaparecido. —Marinette inmediatamente frunció el ceño.
La Señora Nathalie era, por decirlo suavemente, una mujer muy atemorizante. Puede que no haya nacido en la realeza, pero se comportaba como una reina. Ella dirigía a los sirvientes con mano firme, de ahí su título de Directora del Castillo. No obstante, el mismo rey confiaba en ella para que también se encargara de ciertas tareas, como supervisar a las damas en el castillo, con la clara intención de asegurarse de que fueran lo suficientemente buenas como para casarse con el príncipe.
—No lo creo —contradijo Alya, sacudiendo la cabeza—. Ella se dedica a observarlas a todas ustedes cuando están juntas, pero si te retiras temprano a tu habitación, estoy segura de que puedo sacarte de aquí. Y luego podemos explorar las tiendas y puestos y la comida... oh, la comida. Es asombrosa. Y luego están los fuegos artificiales al final de la noche y es simplemente espectacular. Tienes que venir conmigo.
—¿Estás segura de que no me meteré en problemas? —preguntó. Sus dedos jugueteaban nerviosamente con la tela de su falda mientras se mordía el labio pensando.
—Segura —asintió Alya.
Aunque quería pretender que podía discutirlo, Marinette simplemente no tenía la energía para hacerlo. No cuando preferiría esa celebración por encima de cualquier cosa que pudiera hacer en el castillo. ¿Cómo sería un festival en la ciudad capital? El pueblo que gobernaba Lord Bug era pequeño, aún así las celebraciones tenían lugar en el poblado entero. Con la capital siendo tan grande como era, seguramente no faltarían cosas por hacer.
—Como si pudiera decir que no —cedió con un suspiro, para luego sonreír ampliamente.
—¡Perfecto! —chilló Alya, emocionada— Es mañana por la noche, así que iré a buscarte y te cambiaré cualquier horrible vestido que tengas puesto por algo más cómodo. No tienes nada así, ¿verdad? —asumió.
Marinette sacudió la cabeza, en señal de negación.
—No tenía previsto que podría darle uso a mi ropa normal. Se supone que debo lucir como una lady, no una criada.
Cierto —murmuró Alya—. Pero haremos algo para que funcione. Hay algunas chicas que conozco que podrían tener tu talla, así no tenemos que hacer ningún dobladillo durante el día. Pero incluso si ninguno te queda bien, voy a hacerle una costura rápida. No eres la única que sabe qué hacer con una aguja. No cuando tengo dos hermanas menores que lo destrozan todo.
—Supongo que eso a la fuerza te vuelve toda una experta en muy poco tiempo —Marinette emitió un risita silenciosa al recordar a la pequeña Ella, quien se acercó a su hermana con una blusa rasgada para que se la arreglara.
Aunque rodando los ojos, Alya asintió.
—Así que no te preocupes por la ropa ni por nada más. Iré a buscarte, nos escaparemos y lo pasaremos de maravilla.
—Está bien.
Por primera vez, Marinette se sintió genuinamente emocionada de haber venido al castillo.
Sin duda era algo curioso. Una cosa muy extraña, de hecho.
No había escapado ante los ojos de Nathalie la manera en que Lady Bug era, por decirlo amablemente, menos calificada que las otras damas que habían llegado como candidatas para la elección del Príncipe Adrien. Además, la forma en que Nathalie había pillado a Lady Bug hablando con su criada, una que el castillo le había asignado, le planteó un nuevo conjunto de preguntas. Parecían tener demasiada confianza, y aunque Nathalie sabía que Alya era una mujer charlatana, también sabía que la muchacha era consciente del lugar que ocupaba en la sociedad.
Lo cual planteaba la pregunta de por qué Alya estaba actuando tan familiar con Lady Bug.
Demasiadas preguntas; tan pocas respuestas...
—¿Hay algo que te preocupe, Nathalie?
Nathalie hizo una pausa, sabiendo que el Rey Gabriel la conocía lo suficiente como para molestarse en interrogarla si su respuesta era un "no".
—Es una de las damas, Majestad —respondió ella.
Gabriel interrumpió su labor para devolverle la mirada.
—¿Cuál de todas?
—Es meramente una especulación de momento.
—Es inusual que tu especulación esté desacertada.
—Pero es demasiado pronto para decir algo con certeza.
El rey frunció el ceño antes de soltar su pluma y recostarse en su sillón.
—Nathalie —ordenó—. Eres demasiado astuta y perceptiva para que yo crea que detectaste algo que en realidad no es nada. Por lo tanto, ¿qué es lo que te inquieta?
Nathalie frunció el ceño. Gabriel era igualmente agudo y perceptivo. Como tal, no podía ser otra cosa que completamente franca con él.
—Lady Bug tiene una formación deficiente para ser una dama.
—¿Y qué hay con ello? —murmuró él— Si estoy en lo cierto, Lady Bug es la hija de un conde en los límites del reino. Y si no me equivoco, hubo un rumor de que su hija se colaba en un salón de baile y montaba una escena de sí misma, antes de que pudiera presentarse adecuadamente en sociedad. No puedo decir que su falta de preparación me sorprenda.
—Sí —convino Nathalie—, pero me dio mucha curiosidad la forma en que Alya, la doncella que le asignamos a Lady Bug, se comporta con ella.
El ceño fruncido de Gabriel se profundizó.
—Entonces te sugiero que vigiles a nuestra criada, Nathalie —indicó—. Y mantenme informado sobre tus hallazgos.
Nathalie le hizo una reverencia.
—Por supuesto, Majestad.
—Quédate quieta.
—Lo estoy. Deja de pincharme.
Alya gruñó cuando pasó la aguja a través de la tela de la falda para Marinette. Era un poco grande para ella, lo que significaba que tuvo que hacerle un dobladillo y entallarla a la cintura. Lo ideal hubiera sido que pudiera haberlo hecho esa mañana, pero aparentemente, Alya tuvo que buscar la falda adecuada, de ahí que lo esté haciendo solo unos momentos antes de que se se fueran al festival de solsticio de verano.
Sin embargo, Marinette tuvo que darle crédito a Alya; ella era rápida con la aguja.
—Y... Listo.
—¡Por fin! —Marinette suspiró de alivio.
—¿Qué quieres decir con "por fin"?
—Quiero decir que por fin puedes dejar de pincharme con una aguja.
—Solo fueron dos veces —argumentó Alya.
—Tres veces.
—No hagas que sean cuatro —gruñó.
Sonriendo internamente, Marinette terminó de vestirse con el resto de su ropa antes de recogerse el cabello con dos cintas.
—¡Hermoso! —comentó Alya.
Marinette sonrió ampliamente.
—Sin embargo, no es apropiado para una dama.
—Sí, pero es por eso que nadie te mirará dos veces cuando salgamos de aquí.
—Siempre y cuando no nos...
—No nos descubrirán —aseguró Alya con un ademán displicente de su mano—. Relájate.
—Perdóname por estar un poco preocupada —se disculpó Marinette, luego de un fugaz resoplido.
—Confía en mi. Nathalie no lo sabrá. En este mismo momento ella, o bien está ocupándose de las otras damas, o está hablando con el Rey Gabriel. Estaremos bien.
—¿Y los guardias?
—¿Qué hay con ellos?
—¿No nos atraparán? Más bien, ¿a mi?
—Nino es de alto rango —respondió Alya con una sonrisa ladeada—. Todo lo que tengo que hacer es escupir su nombre, y convenientemente olvidarán que nos han visto. Ahora, deja de preocuparte y vámonos.
Antes de que Marinette pudiera protestar, Alya la tomó de la mano y la sacó a la fuerza por la puerta. La doncella se aseguraba de alcanzar cada esquina antes de tirar de Marinette por los diferentes pasillos. Luego llegaron a la puerta de salida de la servidumbre y Alya, sin perder tiempo, tiró de Marinette a través de ella.
El corazón de Marinette se aceleraba por el miedo. Sin importar lo que Alya haya dicho, estaba aterrorizada de ser atrapada.
—Oh, oh...
Lo que aparentemente, estaba a punto de suceder.
—Oh no —refunfuñó Marinette. De todos modos, ella se mordió la lengua y reprimió las ganas de soltar todas las divagaciones que pasaban por su mente en ese momento. No solo por el hecho de permanecer en silencio, sino también porque Alya estaba tomando la desagradable costumbre de golpearle la cabeza cuando lo hacía.
—Quedate aquí —murmuró Alya, apretándole la mano. Y luego, sigilosamente, salió del hueco de las escaleras—. Hola, Sabrina.
Marinette gimió por dentro. De todas las personas...
Ella se había encontrado con Sabrina una vez anteriormente, siendo una sirvienta, aunque había sido hace varios años. Mantenerse fuera del alcance de su vista fue difícil hasta el momento, considerando que Lady Bourgeois exigía que Sabrina la siguiera por todas partes. Si la doncella la descubría a Marinette ahora, la sacaría de inmediato.
La sangre rugía en sus oídos mientras su corazón palpitaba con fuerza, dificultando que pudiera escuchar la conversación; sin embargo, aquella terminó bastante rápido, ya que Alya regresó enseguida y sin perder tiempo agarró la mano de Marinette.
—Corre.
—¿Corre?
Marinette apenas tuvo tiempo de recogerse la falda, que aún le quedaba un poco larga, para correr detrás de Alya. Serpentearon entre más corredores y avanzaron con el cuerpo semi inclinado para no ser vistas por los pasillos, hasta que llegaron a una puerta que Alya empujó y abrió rápidamente. En segundos, Marinette era sacada de un tirón hacia el exterior y Alya cerraba de prisa la puerta.
—¿Lo ves? —dijo Alya, jadeando ligeramente mientras le lanzaba una sonrisa a Marinette—. Nada de que preocuparse.
—Seh... —Marinette gruñó con sarcasmo, mientras le rogaba mentalmente a su pobre corazón que se calmara antes de que la termine matando—. Absolutamente nada.
—Vivirás —reía Alya por lo bajo—. Ahora, ¡vamos! ¡Tenemos un festival al que acudir!
Antes de que Marinette pudiera responder, Alya la tomó de la mano y echó a correr una vez más. Marinette tuvo que volver a sostener su falda para evitar tropezarse con ella, pero aún así no pudo contener su amplia sonrisa.
—¡Alya, más despacio!
—¡Apresúrate! El festival nos está llamando.
Riendo en todo momento, Marinette retiró su mano del agarre de Alya.
—Voy a tropezar con esta falda, y estoy tratando de no arruinarla.
Alya frunció el ceño, pero al menos desaceleró el paso.
—Quizás debimos aumentar un poco más el tamaño del dobladillo. Pero es demasiado tarde para eso ahora. Estoy segura de que serías capaz de hasta caminar hacia atrás en esa cosa, si eres lo suficientemente cuidadosa.
—La última vez que intenté caminar hacia atrás con una falda, me tropecé con ella y la rasgué —se mofó Marinette.
Una sonrisa engreída pronto se apoderó de la cara de Alya. En un segundo, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia atrás.
—No lo sé. A mi me resulta sencillo.
—¿Cómo te atreves a burlarte de mí? Pensé que podríamos ser amigas —Para Marinette, fruncir el ceño era una tarea difícil, cuando todo lo que quería hacer era sonreír.
—Todavía lo somos. Es sólo que yo tengo un talento que tú no.
La sonrisa de Marinette se hizo más amplia.
—Apuesto a que incluso podría correr hacia atrás y no tropezar —desafió Alya.
—Y yo espero que lo hagas para poder reírme de ti.
Con una sonrisa salvaje, Alya lo hizo, mirando por encima de su hombro mientras arrastraba los pies hacia atrás con rapidez.
—¡Te vas a tropezar! —advirtió Marinette.
—Eres la señora preocupon... ¡AHHH!
Marinette jadeó mientras Alya caía, solo para ser secuestrada por una figura vestida de negro que se escondía detrás de un árbol. Su corazón comenzó a latir con fuerza y su primera reacción la hizo tropezar nuevamente con su falda, apenas girándose a tiempo para aterrizar...
Sobre un torso muy firme, revestido de cuero.
Era el final. La habían capturado e iba a ser descubierta y luego la arrojarían al calabozo y...
Se congeló por completo ante la risa profunda que repentinamente emanaba del pecho sobre el que se hallaba.
—¿Estás cayendo por mi otra vez, mi Lady?
~•~•~•~
¡Holaa!
¡Aquí les traigo otro capítulo!? Disculpen la demora, este asunto de la cuarentena hace que en vez de tener más tiempo, sea todo lo contrario (tengo dos niños pequeños que no paran ni un segundo).
Y bueno... Aquí hubo un poco de interacción entre Alya y Marinette, y por fin apareció en escena el Rey Gabriel... Y con Nathalie sospechando de la relación algo familiar entre Lady Bug y su criada...
Y por si fuera poco... ¿Secuestran a Alya? ¿Y a Marinette? ¿Quién creen que la atrapó?
A propósito de eso, la traducción que puse en la última oración fue la literal, pero en inglés, como muchos deben saber, el verbo "fall" no sólo significa caer, también se usa para referirse a cuando alguien se enamora. Ya pueden imaginar quién habrá dicho eso, con toda la doble intención
Bueno gente, cuídense mucho y tomen todas las medidas necesarias para evitar la propagación del coronavirus. No es joda. Sé por qué se los digo.
Gracias por leer y seguir esta historia. Y a los que me dejaron un review en los primeros dos capítulos, les mando un beso enorme!
Nos leemos pronto. Au revoir !
