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A Bride for The Prince
(Español)
CAPÍTULO 4
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—Odio esta cosa —se quejó Nino, deslizando la máscara sobre su rostro—. Realmente, realmente la detesto. ¿Y por qué soy el único que se siente incómodo con esto?
Adrien soltó una risita y se puso en guardia, listo para atacar.
—Voy a chequear si hay algún otro tipo de máscara que te quede mejor.
—Sabes, podrías haberme ofrecido amnistía y permitirme abandonar todo este asunto por completo— se burló Nino sin entusiasmo—. Quiero decir, soy tu mejor amigo. Eso debería darme algún tipo de privilegio.
Adrien se echó a reír, levantando la espada.
—Si tengo que usarla en todos lados, fuera de mis habitaciones privadas, ¿no crees que es justo que tú, siendo mi mejor amigo, me apoyes y hagas lo mismo?
—Como si tuviera otra opción—. Nino levantó su espada, adoptando la misma postura—. Recuérdame que estrangule a la persona que se le ocurrió esta idea ridícula.
—Seguro. —instó Adrien con una sonrisa presumida—. Somos tú, Alya y yo. ¿Contra quién preferirías desatar tu venganza primero?
—Viendo que estamos desnudando nuestras espadas el uno al otro en este preciso momento... —Nino le devolvió a Adrien la mirada engreída—. Prepárate, Alteza, porque estoy a punto de patear tu trasero real.
—Me gustaría ver que eso suceda—. Adrien embistió con su espada con una risita satisfactoria. Nino bloqueó su ataque sin esfuerzo e inmediatamente se lanzó hacia adelante, regresándole el asalto.
—Veo que estás más enfadado por eso de lo que yo pensaba —dijo Adrien, apartándose del ataque.
—No tienes ni idea —respondió Nino, con la determinación encendiéndose en sus ojos mientras saltaba hacia atrás para evitar la estocada de Adrien—. Me lo he estado guardando todo el día.
—Bien —Adrien sonrió de lado—. Todo este asunto de "elegir una novia" es extenuante. Una buena batalla es justo lo que necesito ahora para relajarme.
Cruzando espadas, bloqueando y esquivando, alejándose y atacando, se abstuvieron de golpearse mutuamente durante un tiempo.
—Entonces, ¿alguna ya atrapó tu atención? —preguntó Nino, sin pausar la batalla.
—Nop. —Adrien obstaculizó el ataque de Nino con su espada.
—¿Por qué no? Hay tantas chicas bonitas por aquí.
—La belleza... —Adrien lanzó otro ataque— no es todo lo que busco en una esposa, y lo sabes.
—Por eso es que... —Nino contraatacó, sin perder su concentración. Levantando su espada, se preparó para el siguiente asalto— te sigo diciendo: comienza a hablar con ellas. Observarlas a la distancia no te llevará muy lejos.
Adrien lo eludió rápidamente y atacó desde un ángulo diferente.
—Pronto. Se acerca el baile. El Príncipe tendrá que asistir en persona.
—Oh, cierto. —Nino desvió la espada de Adrien, se dio la vuelta y se precipitó hacia delante de costado—. Sin la máscara, ¿supongo? Los rumores sobre tu fealdad sobrenatural se acallarán tan pronto como ingreses al salón, lo sabes, ¿verdad? Y no creo que puedas justificar tu rostro perfectamente hermoso alegando que tomas suficientes descansos reparadores. ¿Cuál fue el propósito de iniciar los rumores?
Riendo, Adrien tomó ventaja ante la pausa momentánea de Nino y golpeó ligeramente su pecho con su arma.
—Lamento decepcionarte, pero el príncipe llegará con una máscara. Sólo que no con una negra... no combinaría con mi traje blanco.
—Por supuesto —sonrió Nino, dando un paso hacia atrás—. ¿Cómo podría uno de los príncipes más elegantes aparecer con un atuendo desparejo? Hablando de los rumores —agregó, preparándose para otra ronda—. Hay una lady que se niega a creer cualquier cosa mala que nosotros, meros sirvientes, digamos de ti. Y de una manera bastante entusiasta también, si me permites.
—Oh, ¿en serio? —Adrien arqueó una ceja—. Cuéntame.
—En realidad... —Nino relanzó un ataque—, es tu pequeña amiga lady/plebeya. Casi armó un escándalo hoy, regañando a Lady Bourgeois por haber dicho que eras un idiota al hacer que tus guardias usaran máscaras.
—¿Lo hizo? —Adrien se congeló por un segundo de más, tiempo suficiente para que Nino pusiera su espada en el pecho de Adrien.
—Sip. —sonrió Nino de lado—. Dijo que el príncipe debe tener una buena razón para hacer lo que hizo, y que ninguna persona debe juzgar a nadie por nada hasta conocer sus intenciones y motivos.
—Interesante. —Adrien dio un paso atrás, levantando su espada y apuntándola a Nino—. ¿Qué respondió Lady Bourgeois?
—Ella dijo que sabía perfectamente la razón —se rió Nino entre dientes—. Y procedió a repetir las palabras exactas que le susurré hoy a Kim acerca de tu fealdad, acontecida después de un supuesto accidente que tuviste.
Adrien se inclinó en una postura.
—De alguna manera, no me sorprende en lo más mínimo que Lady Bourgeois lo creyera tan fácilmente, incluso si ella es la que mejor me conoce aquí. ¡En garde!
—Dices la verdad, amigo —se rió Nino en voz baja, reflejando el ataque de Adrien.
—Entonces, ¿cómo terminó?¿Marinette le contestó algo a eso?
—Hmm... Bueno, tu pequeña lady respondió que la belleza está en el ojo del espectador, y le dijo a Lady Bourgeois que dejara de medir el valor de las personas por su apariencia. Al parecer, eso dice mucho de su personalidad.
Adrien se detuvo de nuevo, mientras una sonrisa tonta amenazaba con aparecer en sus labios.
—Ella también dijo que el verdadero valor de una persona está en su alma, y que nunca creería ningún rumor hasta que te viera por sí misma. —Aprovechando la oportunidad de que Adrien se pausara una vez más, Nino arremetió, deteniendo la hoja de su espada cerca de la garganta de Adrien—. Estás fuera de combate, Alteza. ¿Hay algo que te distraiga?
—Mmm... en realidad no —Adrien rodó los ojos y desplazó la espada de Nino a un lado—. Solo me sorprende que Marinette siga siendo la misma chica que conocí en aquel tiempo. Igual de justa, firme en sus convicciones y bondadosa. No ha cambiado ni un poco, lo cual es bastante raro.
—Oh, ¿en serio? —Nino arqueó una ceja—. Bueno, tienes suerte de que usemos espadas de madera para esto, o ya estarías muerto. —De repente, frunció el ceño, mirando por detrás del hombro de Adrien—. Hablando de Roma... ¿Qué están haciendo?
—¿Eh? —Adrien se dio la vuelta y gimió por lo bajo. En uno de los senderos adyacentes, Alya y Marinette estaban obviamente tratando de escabullirse del castillo porque, dado que él mismo se escapaba con frecuencia a la ciudad, Adrien sabía muy bien que ese camino en particular no conducía a ningún lugar que ambas mujeres necesitaran ir, a la hora en que las otras damas se preparaban para dormir. Y no era como si Alya pareciera sospechosa de escaparse, pero el atuendo de plebeya de Marinette hablaba por sí solo, traicionando sus intenciones.
—No me digas que están tratando de escabullirse. —Nino hizo eco de sus pensamientos—. Y usando nuestra misma ruta para eso. ¡Pero qué!... ¿Por qué Alya está caminando para atrás?
—No lo sé, pero... —Adrien señaló hacia un rincón apartado—, esos tipos las atraparán dentro de poco. Alya tal vez olvidó que Padre ordenó que hayan más guardias custodiando en los alrededores mientras se lleve a cabo todo este asunto de "Escoje una Novia", o ella no lo sabía en un principio.
—Dudo que haya algo en este castillo que Alya no sepa. Esa mujer —gruñó Nino—. Lo siento, Adrien, pero tengo que intervenir y rescatarla. Otra vez. Volveré pronto.
—Te daré una mano —dijo Adrien, con un sonrisa divertida—. Tú ocúpate de Alya. Déjame a Marinette.
Protegidos por la oscuridad y los árboles, pudieron acercarse a las chicas sin ser detectados, y justo a tiempo porque, cualquiera haya sido la razón por la que Alya decidió correr hacia atrás, aquello no terminó bien. Gracias a sus habilidades pulidas por años de práctica, Nino atrapó a su novia justo antes de que ella se estrellara contra el piso.
Adrien siguió su ejemplo, y pronto se encontró sosteniendo a Marinette contra su pecho. Los guardias que habían visto momentos antes estaban a punto de cruzar la esquina, por lo que, pronunciando lo primero que se le ocurrió, Adrien rápidamente tomó a Marinette en sus brazos y se dirigió hacia las sombras detrás de los árboles, donde Nino ya había arrastrado a Alya.
Como si de una orden se tratara, ambos hombres pusieron sus manos sobre la boca de las muchachas para acallarlas, señalando silenciosamente a los guardias que ya estaban a la vista. Los cuatro se congelaron.
—Veo que eres un ligón incorregible, Chat Noir —susurró Marinette cuando él retiró la mano de sus labios—. Justo me estaba cayendo. No fue por tí . Ni siquiera se suponía que estuvieras allí.
Chat se rió entre dientes con una sonrisa divertida.
—Tampoco tú, Lady Bug. Y mucho menos con un vestido tan bonito y corriente. Hace que me pregunte qué estaban haciendo ustedes dos.
Cabizbaja, Marinette le echó un vistazo a Alya, que estaba mirando a Nino con los brazos cruzados sobre el pecho. Adrien prácticamente podía ver como Nino chasqueaba los dientes, apretando su mandíbula.
—¡Alya, no! —gruñó su amigo—. ¿Es tan importante este festival que has puesto en peligro no sólo a ti misma, sino también a la lady que está allí? Has estado en docenas de festivales...
—Es importante —replicó Alya, poniendo las manos en sus caderas—. Permíteme recordarte que, ya que pronto es el vigésimo cumpleaños del Príncipe, este festival promete ser excepcionalmente bueno. Madame Chamack escuchó que actuarán los trovadores Nightingale y Stone y que el tal Grupo Couffaine presentará su nueva música. ¿Con cuánta frecuencia sucede eso? Sin mencionar que habrá más juegos y bailes de lo habitual, y algo llamado "El show de luces" al final. Madame Mendeleiev mencionó que dicho espectáculo nos volará la cabeza. Además, está el concurso de belleza al cual sabías que quería entrar; y tú, Nino, ¡prometiste llevarme! ¡Pero no! Aparentemente, proteger a una docena de mujeres perezosas es más importante para ti que la promesa que le hiciste a tu novia hace unos meses. ¡Entonces, no me culpes por tomar a alguien que se preocupa por mí y querer salir y divertirme!
—¿Querías participar en ese concurso de belleza aún sabiendo que yo no estaría allí? —Nino frunció el ceño, cruzando los brazos sobre el pecho.—. ¿Te das cuenta de que la ganadora tendrá que besar al caballero que gane la justa?
—¿Y? —Alya arqueó una ceja—. ¿Hay algo malo con eso?
—¡Tendrás que besar a algún extraño si no estoy allí para ganar!
—¿Y qué? —resopló Alya—. Las reglas no especifican cómo tengo que besarlo. Un beso en la mejilla debería ser suficiente.
—Alya —gruñó Nino, pellizcándose el puente de la nariz—. Alya, por favor, sabes que no es así como funciona. ¿Por qué insistes en participar? No es como si te importara ganar en primer lugar...
—Bueno, no por el título de reina de belleza —Alya se encogió de hombros—. Pero necesito forjar nuevas conexiones en la ciudad...
—Deberíamos hacernos a un lado —Adrien le susurró a Marinette, dándole pequeños empujones con su codo—. Dejemos que discutan en paz.
Marinette asintió y lo siguió un poco más adentro de la zona boscosa para mantenerse alejados de los senderos donde podrían ser vistos.
—¿Siempre son así?
—Nop —respondió Adrien con una risita, apoyándose en el tronco de un árbol—. Por lo general son asquerosamente dulces... a menos que Nino se entrometa con el sueño de Alya. Entonces ella se lo comerá vivo.
—Oh —parpadeó Marinette, apoyándose en un árbol cercano—. Supongo que debería ser más cuidadosa entonces. ¿Me podrías explicar con qué no me debería meter para seguir con vida?
—Ella quiere convertirse en una mensajera real —explicó Adrien—. Y como sabes, es prácticamente imposible para una mujer, y para una plebeya aún más. Entonces, está dando todos los pasos posibles para hacerse notar, incluso si eso significa participar en un concurso que ignoraría por completo si no fuera porque uno de los jueces tiene una conexión familiar con uno de los escribas del Rey.
—Oh, vaya —exhaló Marinette—. Esa es una determinación seria.
—Todavía no conoces a Alya —se rió Adrien—. No se detendrá ante nada si realmente quiere algo. Incluso aprendió por sí misma a leer y escribir hace unos años. La mayoría de los plebeyos no se molestan con tal cosa, pero ella insistió en que tenía que ser alfabetizada.
—¡Eso es increíble! —dijo Marinette efusivamente—. Para ser honestos, después de conocerla por unos días, hasta podría decir que es bastante ambiciosa, pero ¿apuntar a una posición tan prestigiosa? Admirable.
—No me sorprende —Adrien le mostró una sonrisa ladina, inclinando su cabeza hacia un lado—. Se necesita una persona ambiciosa para reconocer otra.
—¿Qué quieres decir? —Las cejas de Marinette se entretejieron en un ceño fruncido.
—Bueno, venir al castillo para interpretar el rol de una lady cuando eras consciente de que te faltaban habilidades y que estarías bajo vigilancia constante es bastante ambicioso, ¿no?
—Más bien suicida, pero gracias —Marinette comenzó con una risita aguda, pero se detuvo, vacilante—. Si es que lo dijiste como un cumplido, porque a veces...
—Ciertamente fue un cumplido, mi Lady —Adrien le sonrió, divertido—. No todos serían lo suficientemente valientes como para hacer eso, y espero que algún día, cuando tengamos más tiempo, me cuentes toda la historia.
—Gracias —respondió Marinette, mientras un ligero sonrojo descendía sobre sus mejillas—. En verdad podría contarte la historia algún día, pero por ahora, sólo para que lo sepas, no todos los plebeyos son tan analfabetos como crees. Yo también puedo leer y escribir. Uno de mis amigos me ha enseñado.
—Oh, ¿en serio?
—Sí —Marinette le dirigió una sonrisa nostálgica—. Él solía visitar mi ciudad durante los veranos y traía los libros más interesantes consigo. Al principio, sólo me los leía, pero el último año que fue, me enseñó a leer e incluso me dejó mi libro favorito de entre los suyos. Lo releí probablemente mil veces desde entonces.
—¿De verdad? —Adrien no pudo evitar sonreír ampliamente—. Un buen amigo, supongo.
—El mejor —suspiró Marinette con melancolía—. Era un amigo increíble, tan amable y feliz todo el tiempo, aunque tonto, despreocupado y hacía los juegos de palabras más molestos e inoportunos. Aún así, nos divertíamos mucho. Nunca olvidaré eso... —Mientras su voz se iba apagando con cada palabra, Marinette descubrió de repente que el dobladillo de su manga era realmente fascinante, al tiempo que comenzaba a juguetear con el—. Sólo desearía saber por qué dejó de venir. Prometió traerme más libros en su siguiente visita, pero nunca regresó. Estuve esperando por él durante años. A veces, creo que aún lo sigo haciendo...
Adrien miró hacia otro lado.
—¿Quizás no sabía que no podría regresar cuando te lo prometió?
—Eso es lo que yo también supuse —Marinette le dedicó una sonrisa agridulce—. Sólo espero que sea feliz y esté bien, dondequiera que esté.
—Estoy seguro que sí. —Permanecieron en silencio por unos momentos más, hasta que se volvió tan incómodo que él soltó lo primero que le vino a la mente—: Lo estás haciendo mucho mejor ahora, digo, esto de actuar como una lady. Si no supiera lo contrario, diría que eres una auténtica noble.
Interiormente, Adrien se encogió. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué no podía filtrar sus palabras alrededor de ella? Marinette probablemente lo abofetearía por ser tan idiota. En cambio, ella reaccionó a su comentario con una carcajada.
—Gracias, Chat Noir. Alya ha sido de gran ayuda con eso.
—Ah, Alya. Sí —Chat se rió entre dientes—. Pasará días enteros ayudándote a que no te detecten, sólo para arriesgarlo todo porque quiere ir a ese festival. Sabes, podrías haber rechazado su invitación y permanecer dentro del castillo, en lugar de sucumbir a sus deseos.
—Eh... —Marinette giró el rostro hacia un lado, luego desvió la mirada al suelo—. Verás... Es que yo también quería ir.
—¿Tú también?
—Sí —susurró Marinette, con su voz tornándose un tanto nerviosa—. Es bastante aburrido aquí.
—¿Aburrido? —Adrien arqueó una ceja.
Marinette suspiró.
—Quiero decir, no me malinterpretes: el castillo es hermoso, y los jardines son asombrosos, y Alya está haciendo todo lo posible para que mi estadía aquí sea placentera, pero... todas esas lecciones, reglas y horarios e incluso algunas de esas damas... y especialmente Madame Nathalie. Es todo tan... ¡Uff! Estoy agotada, Chat. Solo quiero tomar un respiro y divertirme un poco, sin tener que prestar atención a cada palabra y movimiento. Además, Alya me prometió que no arriesgaríamos nada porque se escabulle todo el tiempo y nunca ha sido atrapada, y se suponía que vestirme como una plebeya ayudaría a que nadie sospechara quién soy o quién pretendo ser. Por cierto, gracias por no delatarme, Chat. Realmente te debo una, y... —hizo una pausa, notando una sonrisa divertida en los labios de Chat, que acompañaban a un brillo particular en sus ojos— ...y estoy divagando. Lo siento.
—No te disculpes —Chat intentaba contener una risita—. Me resulta interesante que alguien piense que aquí es aburrido. Sin embargo, si bien entiendo tus razones, ¿tú crees que realmente vale la pena correr el riesgo en tu situación particular?
Los ojos de Marinette se abrieron profusamente, encontrándose primero con los de él y cayendo luego, su rostro repentinamente entristecido.
—Pido disculpas por la intromisión —Nino apareció de repente a su lado, antes de que Marinette pudiera responder—. ¿Pero les importa si acompaño a Alya al maldito festival? Ella es una testaruda.
—¿Cómo podría oponerme a que un hombre celoso proteja la decencia de su dama? —reía Chat silenciosamente.
—No estoy celoso —refunfuñó Nino—. Ella simplemente no se da cuenta en qué se está metiendo. Alguien tiene que estar allí para protegerla.
—Por supuesto —Adrien asintió, rotando su mirada hacia Marinette—. ¿Debería escoltarte de regreso a tu habitación, entonces?
—¿Por qué no puede venir con nosotros? —preguntó Alya, apareciendo detrás de Nino—. Dale un descanso. Ya ha sufrido bastante en los últimos días.
—Está bien, Alya —dijo Marinette, con voz tranquila—. Chat Noir tiene razón. No debería arriesgarme, considerando la situación en la que estoy. Está bien, de verdad. Regresaré y... eh, trabajaré un poco más en mis modales y... eso —Marinette lo intentó y falló miserablemente en sonreírles.
—¿Ahora ves lo que has hecho? —Alya le frunció el ceño a Adrien—. La pusiste triste. Como si ya no hubiera tenido suficiente en su vida.
—Sabes —protestó Adrien—. Incluso si omitimos el detalle de que ella necesita mantener un bajo perfil, ¿crees que ser el mal tercio entre ustedes dos es divertido? Tómalo de alguien que lo ha hecho innumerables veces.
—¡Mejor que sentarse sola en su habitación sin hacer nada! —Alya fulminó con la mirada a Adrien, quien no se rindió y la miró de la misma manera.
—Que es mejor que ser atrapada y enviada a prisión. Tienes que poner en orden tus prioridades, Alya. ¿Quieres que llegue a salvo hasta el final o no?
—No eres divertido —resopló Alya, alejándose unos momentos después—. De hecho, estás tan lleno de aburrimiento que no me sorprendería si terminas solo y amargado al final de tu vida segura.
—Sí soy divertido—. Adrien se enderezó.
—No, en lo más mínimo —Alya lo miró desafiante—. Marinette estaba emocionada de ir a este festival hasta que tú y tus métodos aburridos se atravesaron. Ahora, ¡mírala! ¡Ni siquiera conoces la definición de diversión, y ciertamente no tienes idea de cómo hacerlo! Todo lo que haces todo el día...
—Sé cómo divertirme —interrumpió Adrien, con el rostro enrojecido—. ¡Y lo probaré! Y como claramente estás fallando en asegurarte de que Marinette esté a salvo en este escape, la escoltaré yo mismo al festival, y nos divertiremos muchísimo. ¡Mucho más que tú!
—¿Qué? —gritó Nino, apartando su atención de la sonrisa satisfecha en los labios de Alya—. ¡Pensé que dijiste que no habrían escapadas mientras esta cosa del Príncipe y sus novias se lleve a cabo!
Adrien se maldijo interiormente. Podría haber jurado que ya no caía tan fácilmente en la trampa de Alya, que con el correr del tiempo había mejorado. Pero, de nuevo, era Alya Cèsaire, y ella había estado perfeccionando sus habilidades todos los días durante los últimos años, practicando descaradamente con todos, en especial con Nino y él. Realmente merecía convertirse en la mensajera real que tanto deseaba; las relaciones exteriores de su reino se beneficiarían enormemente de ello.
¿Pero qué iba a hacer ahora? ¿Retractarse? No quería que Marinette se pusiera tanto en riesgo, pero la expresión esperanzada de la muchacha mientras lo miraba, sus grandes ojos azules brillando con entusiasmo y preocupación al mismo tiempo, le hicieron imposible poder negarse.
—Puedo hacer una excepción por esta vez —Adrien hizo un puchero con el ceño fruncido—. Conozco el nuevo horario de los guardias mejor que Alya, de todos modos, así que no debería ser un problema. —Caminó hacia Marinette y le ofreció su mano—. ¿Deberíamos, mi Lady?
Con la cara de un brillante tono carmesí, Marinette miró a cada uno por unos momentos, sin responder, hasta que Alya la incitó.
—Vamos, Marinette. Te va a encantar. En primer lugar, nuestros festivales son mucho mejores que cualquier otro en DuPont, y este promete ser espectacular.
Marinette desvió la mirada hacia Adrien, que todavía le tendía la mano.
—Eh... No lo sé... No debería... Tú mismo lo dijiste...
—Estarás bien conmigo —Adrien le sonrió—. Lo prometo.
Marinette parpadeó, con la boca entreabierta. Adrien extendió su mano un poco más cerca, y no pudo evitar sonreír mientras sus mejillas se enrojecían de nuevo.
—Está bien. Confío en ti.
El festival se veía absolutamente increíble. No es que a él se le permitiera asistir a muchos, pero hubo algunos a los que había podido escaparse en los últimos años. Este, sin embargo, los dejaba en vergüenza a todos los demás. Las luces, los artistas, la música, multitudes de personas y los aromas... oh, el olor a comida que fluía a su alrededor... Adrien ya podía saborearlo. La dulzura y suavidad derritiéndose en su boca...
—Bueno —Alya lo sacó de su estado de ensueño—. Tengo aproximadamente una hora antes de que comience la competencia de belleza. ¿Qué quieren hacer hasta entonces?
Adrien echó un vistazo en dirección a los puestos de comida, pero cuando miró a Marinette, sus ojos irradiaban fuego mientras observaba la zona de juegos a su derecha.
—Juegos —manifestó Adrien sin dudarlo. Siempre podían comer más tarde, preferiblemente cuando Alya se fuera a su concurso de belleza y los dejara solos para disfrutar de las delicias en paz.
—¡Excelente! —Una sonrisa presumida dividió los labios de Alya—. ¿Listo para perder contra mi otra vez, Chat Noir?
—¡En tus sueños! —replicó él.
—Chicas, chicas, relájense —concilió Nino—. Porque todos sabemos quién es el verdadero campeón aquí.
—¿Quién? —Alya arqueó una ceja.
Nino repentinamente ya no estaba tan seguro como antes.
—¿Yo?
—Ya lo veremos —Adrien sonrió y, tomando a Marinette de la mano, tiró de ella hacia el primer juego: encestar la pelota en la canasta, uno bastante fácil para cualquiera. Incluso Marinette debería poder jugar a eso.
Más tarde, después de diez diferentes juegos, Adrien estaba listo para tragarse sus pensamientos e inclinarse ante la Reina de Todos los Juegos, Marinette Dupain-Cheng, mientras ella los aniquilaba total y completamente a los tres en todos los juegos que habían intentado, excepto en los de fuerza bruta, pero incluso en esos, ella obtenía puntajes bastante decentes. Precisa, inteligente, habilidosa; no había límites en lo sorprendente que se mostraba Marinette.
Adrien esbozó una sonrisa nostálgica y enternecedora. Había una razón por la que había elegido pasar todo su tiempo con Marinette, por encima de los otros niños con los que podría haber jugado en aquellos días: ella era increíble y hermosa en todos los sentidos imaginables de esas palabras.
—¡Sí! —La chica en su pensamiento saltó después de golpear las seis botellas con una pelota en su primer intento.
—No es justo —Nino hizo un puchero—. ¿Hay algo que no puedas hacer?
—Bastantes cosas —respondió Marinette con una sonrisa presumida—. Pero la mayoría tienen que ver con paciencia y gracia.
Alya resopló una carcajada.
—Eso suena bastante bien. ¡Lo hiciste asombrosamente, niña! Estoy muy orgullosa.
—Sí —agregó Adrien—. Lo hiciste increíblemente.
—Gracias —respondió Marinette con una reverencia y se volvió hacia Alya—. ¿Qué premio quieres?
—¿Eh? ¿Yo?
—Sí, tú —dijo Marinette—. Ya tengo muchos. Además, tengo que agradecerte por ayudarme con todo mi fracaso de pretender ser una lady. Entonces, elige lo que quieras.
Los ojos de Alya se iluminaron mientras se abalanzaba sobre Marinette, dándole un fuerte abrazo.
—¡Gracias, Marinette! ¡Eres la mejor!
—No hay problema —contestó ella con una risita divertida.
—Chat —Nino lloriqueó de repente, frotándose la piel debajo del borde de su máscara—. ¿Me puedo quitar esta cosa? Apuesto a que puedo hacerlo mucho mejor sin ésto molestándome. Además, no es como si estuviéramos en el castillo, así que realmente no tenemos que usarlas aquí, ¿verdad?
—Sí —convino Alya con una risita—. Deberías quitártela, Nino. Quizás entonces mi caballero pueda ganar algo para mí también.
Adrien se aquietó. La idea de quitarse la máscara ni siquiera se le había ocurrido, al ver que Marinette estaba con ellos y porque realmente no llamaban la atención en la multitud del festival, con tantas personas de múltiples tropas y circos que llevaban sus propias máscaras. Pero Nino odiaba notoriamente su máscara y, para ser sincero, Adrien no podía ver una razón para que todavía la usara. Él, por otro lado, era un caso diferente...
¿O no?
El único propósito de toda la idea de la máscara era evitar que las damas que conocían su rostro lo reconocieran. Marinette, hasta donde él sabía, nunca había visto al "Príncipe" y siempre había pensado que el Adrien con quien jugaba de niña era el hijo de Madame Bustier, la doncella personal de la difunta Reina. Esa fue la única condición que su madre le dio cuando le permitió jugar con los plebeyos: que nunca descubrieran su verdadero estatus social. Alegar que Madame Bustier era su madre había sido perfecto. Al ser hijo de la doncella personal de la Reina, podía explicar por qué siempre iba de visita cuando lo hacía la Reina y por qué tenía tan fácil acceso a sus habitaciones privadas.
Además, había una gran posibilidad de que Marinette no lo reconociera. Han pasado años desde la última vez que se vieron, y no era como si su cabello rubio y sus ojos verdes fueran tan únicos como los hermosos rasgos de Marinette. Él tenía una excusa legítima para reconocerla de inmediato; no habían muchas chicas que hubiera conocido que fueran tan bonitas como Marinette. En cambio, ella no contaba con esa excusa. Muchos hombres tenían cabello rubio, ojos verdes y una figura en forma como él.
—Ah, ¿por qué no? —Adrien se encogió de hombros y sujetó su máscara—. Sólo prometan no desmayarse, ladies, cuando contemplen nuestra belleza sobrenatural.
—Sí, claro —Alya resopló.
—¡Al fin! —Nino suspiró con alivio, descartando su máscara al instante.
Marinette lo miró a la cara con curiosidad.
—¿No es guapo? —presumió Alya, enrollando inmediatamente a Nino con su brazo y dedicándole una sonrisa juguetona y enferma de amor—. Mi buen caballero Nino.
—Es bastante guapo, de hecho —Marinette se rió entre dientes e hizo una reverencia—. Encantada de conocerlo fuera de su máscara, Sir Nino.
Sintiéndose un poco excluido, Adrien hizo un puchero. Recordando DuPont nuevamente, Marinette siempre solía decirle lo bonito que era, y considerando la conversación sobre su amigo de la infancia en el jardín, Adrien estaba seguro de que le gustaría ver cuánto había crecido. Tal vez, hasta podría gustarle lo que ve... incluso si no lo reconociera.
De alguna manera, esa idea lo entristeció, pero apartándola de su mente, Adrien se inclinó más cerca de Marinette al mismo tiempo que retiraba su máscara y ronroneó:
—¿Y yo? ¿Te gusto tanto como Nino?
En el momento en que Marinette desvió la mirada hacia Adrien, su sonrisa se desvaneció. Con los labios ligeramente entreabiertos, miró su rostro minuciosamente, mientras su mano se extendía por sí sola con la intención de tocarlo, antes de frenar su impulso y retirarla.
—¿Marinette? —Adrien frunció el ceño—. ¿Está todo bien?
Sus ojos instantáneamente se abrieron de par en par cuando chilló:
—¡¿Adrien ?!
~•~•~•~
¡Buenas!
Acá les traigo otro capítulo de esta preciosa historia. Cada vez se pone más interesante, ¿no lo creen?
Vayan preparándose, se vienen capítulos muy, muy hermosos La ternura y dulzura que desprenden estos dos son tan grandes como su ceguera Pero así los queremos a este par...
Gracias por leer, seguir la historia y/o dejar sus reviews.
Au revoir! ️
