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A Bride for The Prince

(Español)

CAPÍTULO 8

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—Eres demasiado bueno —susurró Marinette contra su pecho.

—Solo porque tú lo mereces.

Él la acercó más. Marinette merecía mucho más de lo que estaba recibiendo. Se merecía el mundo, no, el universo, pero no el trato grosero que el Duque Barbot le había dado antes. A Adrien le hervía la sangre ante el mínimo recuerdo. ¡Ese patán sin escrúpulos! ¡Cómo se había atrevido! Gracias al cielo, Adrien no había estado muy lejos y los había visto, justo a tiempo para lidiar con ese bruto, antes de que pudiera causar verdadero daño.

Inconscientemente, Adrien apretó su agarre sobre Marinette; ella se acurrucó más contra él como respuesta. Pobrecita. Había pasado por tantas cosas esa noche, con razón no podía dormir. No es que él estuviera mucho mejor, ya que estaba de camino hacia su...

Adrien abrió de golpe los ojos. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?

—Hey —susurró en su cabello—. Si no puedes dormir, ¿quieres escaparte conmigo al mejor lugar que jamás hayas visto?

Marinette se apartó para mirarlo, con creciente interés en sus ojos.

—¿Oh? ¿A dónde?

—Mi jardín secreto.

Ella arqueó una ceja.

—¿Un jardín secreto? ¿No es muy cliché?

—Absolutamente —Adrien sonrió con amplitud—. ¿Pero qué jardín real no tiene uno? En serio, Marinette, es prácticamente una necesidad en estos días. Jamás consideraría siquiera comprar un castillo, si no tuviese un jardín secreto en sus terrenos.

Marinette se rio disimuladamente.

—Eres un tonto. Pero supongo que tienes razón: esta perfecta noche agitada no debe desperdiciarse. Sin embargo, tendría que cambiarme por algo más apropiado para eso.

Desenredándose de su abrazo, Marinette se separó de él. Adrien la dejó ir, un poco a regañadientes, y con una risita, inmediatamente estiró su mano para frotarse la parte posterior de su cuello.

—¿Alguna vez piensas al menos dos veces antes de escaparte con un extraño en medio de la noche?

—No —Marinette se encogió de hombros—. Sobre todo, porque no me escapo con extraños.

—No nos hemos visto en años. Soy prácticamente uno para ti.

Ella le dedicó una media sonrisa tan enternecedora, que Adrien casi se pierde el momento en que ella se paraba en puntas de pie para darle un golpecito con el dedo en la nariz.

—Tontito, no eres ningún extraño. Te conozco de toda la vida. Ningún tiempo separados, sin importar cuán largo sea, puede quebrantar mi confianza en ti, así que déjate de tonterías y sal al balcón para que me pueda cambiar. Y no te atrevas a espiar.

Adrien jadeó, fingiendo sentirse ofendido.

—¡No puedo creerlo! ¿Cómo puedes pensar algo así sobre mí? Y dices que confías en mí.

Marinette se echó a reír.

—Sé que no lo harías, pero como me estás llevando a un jardín secreto cliché, simplemente debo decir cosas cliché también.

—Bastante razonable —se rio Adrien discretamente, antes de salir al balcón.

Marinette no tardó mucho, y pronto se dirigían, no tanto a un jardín secreto, sino hacia un área apartada en un rincón lejano de los jardines reales, que prácticamente nadie había visitado. Rodeado de majestuosos árboles, tenía un pequeño estanque en medio y una hamaca junto al agua. Las flores, que revelaban su verdadera belleza solo después del atardecer, llenaban los macizos alrededor del perímetro. Enredaderas y arbustos cercaban el espacio, protegiéndolo de los transeúntes.

—Es hermoso —susurró Marinette, mirando a su alrededor con asombro.

Adrien asintió. Realmente lo era, especialmente esa noche, con el cielo despejado y la luminosidad de la luna llena realzando la belleza del paisaje. En silencio, caminó hasta el borde del estanque y se sentó en el pasto.

—Siempre es tan tranquilo y silencioso aquí. Vengo cuando me siento abrumado, o necesito pensar, o simplemente escapar por un rato.

—Eso es exactamente lo que necesito ahora mismo —se hizo eco Marinette, sentándose a su lado.

Durante unos minutos, permanecieron en silencio, observando el suave resplandor del reflejo de la luna en el agua, escuchando el canto de los grillos, deleitándose con la presencia del otro.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó Marinette después de un rato.

—Aburrido y agotador —Adrien se encogió de hombros, recostándose sobre sus brazos—. Corriendo por ahí, haciendo algunos mandados para el Rey.

—No te vi en el baile.

—Estaba un poco más cerca que tú de la puerta principal. —Sus ojos todavía estaban enfocados en la quietud del agua cuando agregó—: Por cierto, no debes preocuparte de que el Príncipe sepa que no eres una noble. Puedo garantizarte que, o ignorará esa información, o no le creerá al idiota ese del duque en primer lugar. No se encuentran en los mejores términos entre sí. Nunca lo han estado.

—Mi etiqueta no era de lo mejor —replicó Marinette con un suspiro—. Y el Príncipe lo notó, hizo un comentario sobre mis joyas simples. No puedo evitar preocuparme.

—Marinette. —Adrien se volteó hacia ella. Enderezándose, tomó sus manos entre las suyas—. Te lo juro, no tienes nada de qué preocuparte. Cree lo que te digo.

Ella lo miró atentamente durante unos segundos, con los ojos tan abiertos que Adrien podía ver la luna reflejándose en ellos.

—¿Realmente lo crees?

—Sé mucho al respecto. No te preocupes por eso, ¿sí?

Marinette sonrió.

—Haré mi mejor esfuerzo, pero debes prometerme que, si comienza a sospechar algo, me vas a advertir.

—Tengo una idea aún mejor —los labios de Adrien se curvaron en una sonrisa—. Si sospecha algo, permíteme contarle toda la historia. Honestamente, es la mejor opción para evitar cualquier problema.

Considerando su propuesta durante unos segundos, Marinette asintió.

—Está bien, pero sólo porque confío en ti.

Adrien amplió su sonrisa, apretando con fuerza sus manos.

—Me siento honrado por tu fe en mí.

—No dejes que se te suba a la cabeza —comento Marinette con una risita—. ¡Oh! También quería agradecerte por las lecciones. He bailado satisfactoriamente con el Príncipe y no pise sus pies ni una sola vez. Así que, gracias.

—De nada —Adrien sonrió con verdadero placer—. ¿Obtendré mi recompensa como prometiste?

—Siempre que pueda darte lo que pidas.

—¡Cielos! —La sonrisa de Adrien se ensanchó aún más. Se llevó la mano a la boca y comenzó a tocar un ritmo con el dedo en su labio, haciendo una demostración de pensamiento de la manera más dramática posible—. ¿Qué podría pedir? Mmm… ¿Qué podría obtener? Hay tantas posibilidades...

Un minuto después, nada aparte de cosas relacionadas con la comida habían pasado por su mente. Dios, realmente echaba de menos el arte culinario de su familia. Lástima que Marinette no pudiera exactamente prepararle una comida en ese mismo momento. Porque si ella pudiera...

Perdido en sus pensamientos, Adrien no notó que Marinette se inclinaba hasta que sintió que ella depositaba un suave beso en su mejilla. Él se congeló, sintiendo arder el punto en donde sus labios acababan de hacer contacto.

—Gracias. —Su voz era calma mientras el viento aún resonaba como una canción—. Has sido de gran ayuda, y cuando se te ocurra lo que quieres como recompensa, haré todo lo posible para darte las gracias como es debido. Por ahora, sin embargo, ¿te importaría si regreso a mi habitación? Por fin me siento con sueño otra vez.

—¡Okey! —soltó Adrien en un gritito repentino, sus mejillas aún ardiendo.

—Y gracias por traerme aquí —agregó Marinette, poniéndose de pie—. Realmente es un lugar increíble.

—Podemos venir cuando quieras —proclamó Adrien, luchando por ponerse de pie—. Quiero decir, si es que quieres volver... porque, no sé, tal vez te gustaría ir a otros lugares, como a la ciudad... hay un montón de cosas geniales para hacer en la ciudad, o quizás...

La carcajada sincera de Marinette lo interrumpió.

Él rio por lo bajo, frotándose la parte posterior de su cuello en un gesto subconsciente.

—Estoy divagando, ¿no?

—Creo que después de sobrevivir esta semana, ambos necesitamos descansar un día o dos —respondió Marinette con una risita—. Pero después de eso, me encantaría volver aquí, o ir a la ciudad, o a cualquier otro lugar que quieras mostrarme.

—Me parece perfecto. —Adrien sonrió, la calidez instalándose en su pecho. Pasar tiempo con Marinette siempre era increíble, y la perspectiva de más encuentros juntos lo entusiasmaba. Él se inclinó, ofreciéndole su mano—. ¿Puedo ayudarla a colarse en su habitación, mi Lady?

—Puede, Monsieur Noir. —Marinette hizo una reverencia y le extendió la mano.

Adrien la tomó gentilmente, incluso con veneración. Dejando que sus labios rozaran sus nudillos, le regaló su mejor sonrisa.

—Será mi mayor placer.

El sueño que logró encontrar esa noche fue tranquilo y reconfortante. El punto sensible en su mejilla no le dejó de arder hasta que el caos del día siguiente lo absorbió por completo.


—¿Podemos discutir lo que pasó con el Duque Barbot anoche? —Gabriel preguntó, tan pronto como toda la habitual cortesía matutina fuera intercambiada en la mesa del desayuno.

—No hay mucho que discutir —respondió Adrien, encogiéndose de hombros—. No es la primera vez que causa problemas, como usted bien sabe. Tenía mis ojos en él en cuanto entró en el salón de baile, e intenté lidiar con su comportamiento inaceptable tan rápido como pude. Nunca debimos haberlo invitado, para empezar.

—Considerando que es un duque, sabes que no podíamos dejarlo afuera, pero sí, tienes razón: la forma en que se comportó con esa jovencita fue inaceptable.

Adrien asintió con la cabeza.

—Tuve que interceder.

—Por supuesto, pero estuviste fuera mucho más tiempo del apropiado —agregó Gabriel, observando a Adrien de cerca.

—Escolté a la dama a su habitación a través del jardín —replicó Adrien, tratando de parecer lo más tranquilo posible—. No se estaba sintiendo bien, así que pensé que el aire fresco podría ayudar.

—No tenías que escoltarla tú mismo, sabes que…

—Yo era el anfitrión —Adrien se apresuró a responder—. Casi se desmaya cuando estaba bailando conmigo. Hubiera sido grosero de mi parte simplemente entregarla a un guardia, ¿no cree?

—Tal vez —murmuró Gabriel—. Pero fue más grosero de tu parte, como anfitrión, abandonar a todas las ladies que se habían reunido allí para ti, y marcharte con una de ellas durante la mitad de la noche en su lugar.

Adrien suspiró.

—Lo siento, Padre. No lo había pensado en ese momento.

—Entonces te sugiero que empieces a hacerlo, así como a tomarte todo este evento más en serio.

—Me lo estoy tomando en serio. Paso la mayor parte del tiempo alrededor de ellas.

—Aunque, observar desde la distancia no te da la información que deseas tan desesperadamente, ¿verdad? —Gabriel devolvió—. Es por eso que, a partir de hoy, pasarás tiempo a solas con tus novias potenciales. Tiempo acompañado y vigilado.

Adrien levantó una ceja.

—Una hora con cada una. Cuatro ladies por día, y en una semana, tendrás una mucho mejor idea de quiénes son —continuó Gabriel—. Luego, la última semana antes de tu cumpleaños, tendrás un nuevo encuentro con aquellas que más te gustaron. Eso debería bastar para ayudarte a decidir.

—Suena como si fuera a escoger un caballo —ironizó Adrien, pero realmente no podía protestar. Pasar tiempo en soledad con sus novias potenciales le parecía una buena idea ahora. Él ya sacó toda la información que podía obtener observándolas desde lejos.

—Nathalie ya ha fijado un horario para ti —añadió Gabriel—. Ella te contará los detalles después de nuestro almuerzo.

Adrien asintió y cambió el tema de la conversación hacia las negociaciones comerciales en curso con uno de los reinos vecinos. Su inminente matrimonio no era un asunto que quisiera discutir más de lo necesario. No cuando todavía no sabía quién sería su futura esposa.


La primera cita de Adrien fue una chica de la que ni siquiera recordaba el nombre. Era bonita, pero bastante tosca para hablar, y además le pareció aburrida. Nada de su aspecto o personalidad llamó su atención durante su paseo por el jardín. Ella tampoco parecía estar particularmente interesada en él. Su conversación apenas pudo avanzar, ya que los temas que ella mencionaba no eran nada que le interesara a Adrien, y los suyos estuvieron cerca de ponerla a dormir en el acto. Para colmo, su voz era un poco monótona, y Adrien se esforzó por no desperezarse y bostezar mientras estaba despidiéndose de ella al final.

Su segunda cita fue Lady Caquet. Ella era gentil y dulce, y le recordaba a Marinette... al menos durante los primeros cinco minutos. Conforme pasaba el tiempo, a Adrien le quedó claro que tenían poco en común. Además de la gentileza, Marinette tenía chispa y audacia; Lady Caquet no, no al menos que él pudiera ver. Marinette era valiente; Lady Caquet parecía tener miedo de moverse a su alrededor. Marinette era inteligente; la voz de Lady Caquet era apenas audible, así que, aunque también lo fuera, Adrien no podía saberlo. Al igual que con la chica anterior, luchó por mantener una conversación, y no podía esperar a que terminara la hora. Cuando llegó ese momento, el Príncipe se despidió y escapó a sus aposentos lo más rápido que pudo.

Quizás tuviera mejor suerte después del almuerzo.

La primera cita de Adrien después del almuerzo era Lady Riposte, y, a pesar de su primera impresión, lo sorprendió gratamente. Su sonrisa fue gentil mientras lo saludaba con una voz tan suave que Adrien alzó una ceja. ¿Era ella la misma lady que le mostró a Chat Noir una mirada tan arrogante y despectiva que temblaba de sólo recordarlo? ¿Dónde habían quedado esa intensidad y arrogancia? ¿Quién era esta adorable doncella frente a él?

Media hora después, Adrien consideró que Lady Riposte era una compañera de conversación mucho mejor que las dos chicas anteriores juntas. Era bien entendida, y se comportaba con elegancia y dignidad. Compartían bastantes intereses y la charla fluía sin esfuerzo. Adrien tenía que admitirlo, eso le gustó. Definitivamente, ella iba a su lista de "reunirse de nuevo".

—¿No encuentra bastante aburrido el simple hecho de caminar por el jardín todo el día, mi Príncipe? —Lady Riposte interrumpió su tren de pensamientos—. ¿Me permite sugerir que cambiemos un poco y nos entretengamos con algo más emocionante?

A Adrien también le agradó la idea. Una chica a la que le gustaba divertirse era justo lo que estaba buscando. Se aproximó a ella y tomó una de sus manos, depositando un pequeño beso en la parte superior.

—Como desee, Milady. ¿Qué le gustaría hacer?

Por una fracción de segundo, la joven abrió mucho sus ojos, antes de dar medio paso atrás, con el ceño fruncido apoderándose de su semblante.

—Me encantaría entrenar con usted, mi Príncipe. Quisiera mostrarle que puedo ser mucho más que una simple esposa trofeo.

Adrien hizo un mohín internamente. Le gustaba cruzar espadas para practicar, pero esa no era su definición de diversión en absoluto. Sin embargo, no pudo negarse, por mucho que quisiera.

—Entonces, ¿quiere que la escolte hasta su habitación para que pueda cambiarse?

—No es necesario —respondió Lady Riposte, con una leve expresión de indignación en su rostro mientras retiraba su mano—. Aunque aprecio la oferta. Lo veré en el campo de entrenamiento en unos quince minutos.

Adrien levantó una ceja. Quince minutos era demasiado rápido para que cualquiera se cambiara, y más aún para que una lady pudiera apañarse con uno de esos vestidos con múltiples capas. Sin embargo, una vez más, no tuvo ganas de protestar; su tono de voz no dejaba espacio para la negociación. En su lugar, se inclinó en una reverencia.

—Esperaré ansiosamente su llegada, Milady.

Ella tardó exactamente quince minutos. No obstante, la Lady Riposte que se había marchado y la que reapareció parecían ser dos personas diferentes, y no solamente con respecto a su vestuario. La chica que estaba de pie frente a Adrien en ese momento había perdido todo rastro de suavidad que supo mostrar durante su caminata. Con sus ojos irradiando fuego, y sus labios formando una sonrisa engreída, Lady Riposte tenía la fiel apariencia de un guerrero con el que no querrías meterte. Levantando su espada, se colocó en posición.

—¿Comenzamos, mi Príncipe?

Adrien casi dio un paso atrás. Tenía que admitir que Lady Riposte era hermosa e interesante, y le atraía mucho. Sin embargo, su renovada intensidad era, ni más ni menos, aterradora. No es que no pudiera manejarlo; él podría (su padre le había dado mucha práctica a lo largo de los años) pero "manejo" no sería el término que le gustaría usar en una relación con su esposa. Le gustaría que su matrimonio fuera una sociedad igualitaria, no una relación en la que uno tenga que "manejar" al otro. Definitivamente, tendría que reunirse con Lady Riposte una vez más para ver si su potencial era tan real como ya había imaginado que sería.

En garde —comandó ella, y lanzó un ataque.

Los ojos de Adrien se abrieron de golpe al tiempo que retrocedía velozmente. La fuerza con la que Lady Riposte se había lanzado hacia delante fue inesperadamente abrumadora. Sin embargo, ella solo hizo una mueca burlona, continuando su asalto.

—Veo que el rumor de que su familia es la mejor en el arte de la espada en todo el reino es verdad —dijo entre sus ataques, usando todas sus habilidades solo para defenderse—. Nunca he visto a una mujer, o incluso a un hombre, manejar la espada tan magistralmente como usted.

—Gracias —respondió la muchacha, con una mezcla de orgullo y satisfacción en sus ojos.

—Aunque, tengo curiosidad: ¿Qué fue lo que le inspiró a levantar la espada desde un principio?

Lady Riposte arqueó una ceja y lo atacó nuevamente.

—¿Me inspiró? No necesité inspiración. Nací para esto. El arte de la espada es por lo que mi familia es conocida. Nuestra supremacía es nuestro orgullo y, como hija única, era mi deber continuar con la tradición.

—¿Tradición? —Adrien repitió con una sonrisa agridulce, reflejando su embiste—. Algunas quedaron muy atrás en el tiempo, lo mejor sería acabar con ellas de una vez, ¿no lo cree?

Lady Riposte se detuvo de repente y miró a Adrien, con los ojos muy abiertos y el entrecejo fruncido.

—Espero que no esté hablando en serio, Alteza. Nuestras tradiciones nos convirtieron en lo que hoy somos. Deberíamos defenderlas y atesorarlas. Son sagradas.

Adrien suspiró.

—Mi padre siempre dice lo mismo.

—Es un sabio gobernante —asintió Lady Riposte.

—Sí, pero...

—Disculpe mi grosera interrupción, Su Alteza... —Nino apareció repentinamente a su lado junto a Lady Volpina—, pero a Lady Volpina le gustaría saber ¿cuánto tiempo más la hará esperar? Se suponía que su cita debía comenzar hace diez minutos.

Adrien se enderezó e inclinó la cabeza.

—Me disculpo, Lady Volpina. Permítame despedirme de Lady Riposte y estaré a su servicio. —Colocando su espada a un lado, caminó hacia la otra dama—. Fue un verdadero placer, Milady.

—El placer fue todo mío —dijo ella, extendiéndole la mano. Adrien besó la cima de sus nudillos.

—Espero que podamos repetir esto pronto —agregó Lady Riposte.

—Estoy seguro que sí —respondió Adrien y tomó nota mental una vez más que Lady Riposte definitivamente iría a su lista de "reunirse de nuevo". Había algo en ella... no sería algo por lo cual se lanzaría de inmediato y sin pensarlo dos veces, pero sin duda era algo que le gustaría explorar más. Además, ella parecía estar interesada en él. Eso siempre era una buena señal.

—Puede agradecerme ahora —declaró Lady Volpina tan pronto como se quedaron solos, custodiados solo por Nino, quien, como en las citas anteriores, seguía a Adrien por detrás como su chaperón oficial. Sin miramientos, Lady Volpina enlazó su mano alrededor del brazo de Adrien y se acercó a él—. Lo sé. Soy un genio. De hecho, estoy bastante impresionada de que haya durado tanto como lo hizo, entreteniendo a la Reina de Hielo.

—¿La Reina de Hielo? —Adrien frunció el ceño, levemente incómodo por su repentina familiaridad.

—¡Ah, sí! —gorjeó ella—. Todos saben que Lady Riposte no tiene emociones, es arrogante y fría como un bloque de hielo.

—No me dio esa impresión —El ceño de Adrien se profundizó. Es cierto que Lady Riposte parecía ser un poco intimidante cuando cruzaron espadas, pero no usaría las palabras de Lady Volpina para describirla. Al menos no si tomaba en cuenta la primera parte de su momento juntos.

—Eso es porque le interesa —replicó Lady Volpina—. Obsérvela interactuar con otras personas, y se dará cuenta. Ella desprecia a cualquiera que considere inferior a sí misma, y eso sería aproximadamente el noventa y cinco por ciento de la población de este país.

Su primer encontronazo con Lady Riposte apareció de inmediato en la cabeza de Adrien. Ella había tratado a Chat Noir de manera drásticamente diferente que a su faceta de príncipe momentos antes. Si las palabras de Lady Volpina fueran ciertas, eso podría explicar la diferencia. Probablemente debería acercarse a Lady Riposte como Chat Noir de nuevo, solo para confirmar...

—Yo, en cambio... —Lady Volpina tiró de él más cerca, prácticamente acurrucándose sobre su costado—, trato a todos con el respeto que se merecen. Es por eso que tengo tantos amigos, incluso aquellos que están enfrentados entre sí. ¿Podría tal vez merecer un premio? Por mantener la paz, quiero decir. ¡Oh! ¡Que emoción! Otra cosa en la que soy buena. Sería una reina perfecta con todos mis talentos, ¿no lo diría? —prácticamente le ronroneó, con su rostro tan incómodamente cerca del propio, todos los límites del espacio personal olvidados ya hace tiempo. Su sonrisa se ensanchó seductoramente, parpadeando varias veces con sus ojos entrecerrados.

Adrien se quedó inmóvil. La actitud de Lady Riposte podría haberlo intimidado, pero que Lady Volpina sobrepasara todos los límites imaginables lo hizo sentir tan incómodo que tuvo que distanciarse un poco de ella.

—Estoy seguro de que tiene muchos talentos —respondió, tratando de ganar el mayor espacio posible entre ambos.

—Me alegra que lo haya notado —sonrió de lado la chica—. Estoy llena de talento, a diferencia de otras ladies de aquí. —En ese momento, apuntó hacia una joven que se encontraba a cierta distancia, sentada en un banco con un libro. Adrien echó un vistazo y no pudo evitar sonreír—. A diferencia de ella, por ejemplo —la chica en su brazo continuó con una sonrisa arrogante—. Lady Bug, creo. Un completo desastre, déjeme decirle. No entiendo cómo aún está aquí. Patosa, aburrida, siempre tratando de esconderse. No diría que es completamente fea pero, en serio, ¿pecas? Su ropa es tan sencilla que hasta un plebeyo se avergonzaría de usarla. ¿Y la forma en que casi se desmayó en el baile ayer y lo obligó a cuidarla? Increíble. Alguien tan torpe y desvalida nunca podría ser una reina. Usted, por otro lado, es demasiado amable, mi Príncipe. Debería haberle dicho a uno de los guardias que la llevara de regreso a su recámara. Estoy segura de que ella fingió su malestar de todos modos...

Adrien tuvo que reprimir el gruñido que amenazaba con explotar de su garganta. Su sangre hervía mientras dejaba de caminar, apretando los puños. ¿Cómo se atrevía esta chismosa arrogante y presuntuosa a hablar así de su Marinette? Es verdad que ella era un poco torpe, pero él lo encontraba adorable. Marinette no era aburrida, ella era la que siempre venía con ideas fantásticas. Bromear con ella era lo mejor del mundo. Su sola presencia era divertida, Adrien no sacrificaría sus horas de sueño si no fuera así. ¡Y tenía un gran sentido del estilo! Sus vestidos, aunque lógicamente no eran tan llamativos como los de las otras damas, seguían siendo hermosos y elegantes. Uno no necesitaba vestirse con los atuendos más sofisticados para verse bien. ¿Y qué demonios estaba parloteando sobre la apariencia de Marinette? ¡Marinette era preciosa! Sus pecas eran como pequeñas estrellas esparcidas sobre la superficie de su nariz. Sus ojos destacaban con el tono más brillante de azul y...

—¿Está usted bien, Su Alteza? —La voz de Nino se escuchó desde atrás—. Se lo ve un poco pálido.

Saliendo de su ensoñación, Adrien suspiró aliviado, exhalando una bocanada de aire que no se dio cuenta que estaba reteniendo, y aprovechó la oportunidad tan generosamente proporcionada por su mejor amigo.

—Estoy seguro de que es solo cansancio después de un día intenso, pero me siento mareado y con náuseas. No creía que se me notase.

—Entonces, ¿podría sugerirle que se retire a sus aposentos para que descanse? —propuso Nino—. Quizás, las consecuencias de su accidente aún le causan problemas. ¿No le ordenaron sus médicos que se recostara cada vez que no se sintiera bien?

—Sí, tienes razón, me lo indicaron —Adrien suspiró dramáticamente, volviéndose hacia Lady Volpina—. Debo pedirle perdón por esta descortesía, Lady Volpina, pero tengo que seguir las instrucciones de mis médicos. Me aseguraré de pedir otra reunión con usted para compensarla.

Claramente molesta, Lady Volpina hizo una reverencia, finalmente soltando su brazo.

—Por supuesto, mi Príncipe. Su salud es innegablemente de vital importancia. ¿Me permite señalar que estoy impresionada de que todavía esté de pie después de todo lo que Lady Riposte le hizo pasar? Ahora, debe ir a descansar, mi Príncipe, y que nuestra futura cita embellezca sus dulces sueños.

—Aprecio mucho su comprensión —Adrien se postró, encogiéndose internamente. Si Lady Volpina apareciera alguna vez en sus sueños, seguramente no serían dulces—. Espero que también comprenda que, si bien me encantaría escoltarla de regreso a su habitación, me siento bastante débil. Uno de mis guardias lo hará por mí. —Le hizo señas al más cercano—. Kim, ¿acompañarás a la dama hasta su habitación?

El guardia asintió en silencio y caminó hasta pararse detrás de Lady Volpina. Adrien se inclinó una vez más y abandonó el área tan pronto como lo consideró apropiado, con Nino siguiendo sus pasos.

—Ahora me lo puedes agradecer —comentó Nino con aire de suficiencia—. Estoy realmente impresionado de que hayas durado tanto, viendo todo lo que ella te hizo pasar.

—Cállate —rezongó Adrien—. Realmente necesito descansar después de esto.

—¡Ohh! ¿Las citas con tus doncellas encantadoras te aniquilaron?

Adrien gruñó.

—Tú estabas ahí. Lo viste todo. No preguntes.

Nino se rio entre dientes.

—Vamos, Adrien. No fue tan malo. Me atrevo a decir que incluso hubo una que te gustó. Estoy bastante sorprendido en realidad.

—Tendré que verla de nuevo —Adrien se encogió de hombros—. Puedo percibir algo de potencial, pero también hay algo que me molesta, y no puedo entender qué es.

—No obstante, sí eres consciente de que Lady Volpina tiene razón sobre su actitud hacia los demás, ¿verdad?

Adrien no respondió. Creyó que, escabulléndose como Chat Noir, había estado observando todo. Pero ahora, estaba claro que no. En su defensa, puede que haya estado un poco preocupado por Marinette. Quizás Nino tenía razón y debería dejar de encontrarse con ella. Pronto tenía que tomar una decisión que cambiaría su vida; necesitaba concentrarse en eso. Sus sueños de enamorarse se habían ido hace mucho tiempo y lo menos que podía hacer ahora era encontrar una esposa a quien pudiera aprender a amar, eventualmente. Para eso, tenía que hacer ciertos sacrificios, a pesar de lo mucho que no estaba dispuesto.

Despidiendo a Nino, Adrien cerró la puerta de su dormitorio, y estuvo a punto de desplomarse sobre su cama, cuando su vista recayó en una carta con el sello de su padre, apoyada sobre su mesa de noche. Era una agenda, específicamente un cronograma de sus citas con las ladies para la próxima semana. Lo escaneó, enfocando sus ojos en la primera después del almuerzo para mañana: Lady Bug.

Bueno, tal vez los sacrificios podían esperar, o al menos retrasarse: Marinette seguía siendo una de las candidatas oficiales, y aún podía pasar tiempo con ella bajo el pretexto de elegir una novia.

Dejándose caer en su cama, Adrien permitió que sus pensamientos regresaran a Marinette. Había estado tan preocupada por el asunto del baile, por lo que la perspectiva de encontrarse mañana con el Príncipe en persona probablemente la aterrorizara. Tal vez, ¿debería ir a verla? ¿Solo para asegurarse de que no estaba demasiado ansiosa por eso? No es que Marinette necesitara de su seguridad; se las arreglaría fantásticamente sola, pero seguro apreciaría su gesto. Eran viejos amigos, después de todo. Por lo tanto, él debería ir a verla esta noche. Por el bien de su amistad. No sería un buen amigo si no la apoyara en momentos como estos.

Adrien miró hacia la ventana. El sol se estaba poniendo. La cena se serviría pronto. Él iría, después del toque de queda, cuando ella estuviera sola. Tenían suerte de que nadie los hubiera descubierto aún, y Adrien haría todo lo posible para que siguiera así. Pero mantenerse alejado de Marinette era una tarea que no creía poder cumplir, porque Marinette lo necesitaba... o mejor dicho, si fuera honesto, con toda la locura que estaba sucediendo a su alrededor, era él quien necesitaba a Marinette. Su sencilla amistad y su sonrisa lo mantenían con los pies sobre la tierra. Sólo tendría que asegurarse de que no lo distrajera tanto porque, le guste o no, tendría que elegir una novia dentro de unas semanas. Simplemente deseaba que fuera tan fácil como parecía.