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A Bride for The Prince

(Español)

CAPÍTULO 10

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Adrien no recordaba cuándo fue la última vez que su espalda estuvo tan rígida, pero de alguna manera no le importó. Ver a Marinette dormitando pacíficamente, acurrucada sobre su pecho, sin dudas valía cada dolencia. ¿Cuándo se había quedado dormido? Adrien ni siquiera lo supo. Lo último que recordaba era que cubría a Marinette con su chaqueta, y lo siguiente, fue escuchar el canto de un gallo en las cercanías, viendo al sol asomando en el horizonte.

Que él hubiera besado su sien esa mañana era algo que Adrien atribuía exclusivamente a su estado somnoliento. A decir verdad, ni siquiera había sido realmente él. Fue su cuerpo, moviéndose por sí solo. Ella estaba nerviosa y él quería tranquilizarla y no sabía cómo: su madre siempre le había besado la frente para hacerlo sentir mejor, pero la frente de Marinette estaba lejos de sus labios mientras su sien estaba justo allí, y como él estaba medio dormido, no había pensado con claridad en sus acciones porque…

—Si vas a ignorarme —Gabriel se entrometió en sus pensamientos—, entonces, ¿por qué te has molestado en venir? ¿No fuiste tú quien insistió en que compartiéramos nuestras comidas?

Adrien se sacudió ligeramente, acabando de despertar de su ensoñación.

—Lo siento, padre. Solo me distraje un momento. ¿Me preguntó algo?

Gabriel arqueó una ceja.

—Te estaba preguntando sobre tus entrevistas de ayer. ¿Tuvieron éxito?

Adrien frunció el entrecejo, intentando recordar. Las consecuencias de muchos desvelos tanto en la última semana como en las anteriores, y un descanso menos que confortable la pasada noche ya lo estaban afectando, y apenas era la hora del desayuno. Con suerte, Marinette estaba mejor; ella había dormido parcialmente sobre él, en lugar de directamente sobre la tierra desnuda como él lo había hecho.

—¿Te sientes bien?— preguntó Gabriel, frunciendo el ceño.

—Me siento un poco indispuesto —Adrien se rio nerviosamente—. Nada serio, y sí, hubo una lady de ayer que me gustó.

— ¿Solo una de las cuatro?

—Así es.

—¿Puedes darme su nombre?

—Lady Riposte.

—Buena elección —Gabriel asintió con la cabeza—. Ella viene de una familia muy distinguida.

—Sin embargo, todavía no me he decidido, así que no comience a planificar nada.

—Está bien. ¿También he oído que cancelaste una?

—Sí. A Lady Volpina —gimió con un suspiro de resignación— Fue demasiado agobiante para mi lidiar con ella después de un largo día. Le prometí reprogramar nuestra reunión para compensar la de ayer.

—¿Lady Volpina? —Gabriel se recostó en su silla—. Sé que estás en conflicto con el Duque Barbot, pero será mejor que no trates mal a su prima. Su familia…

—...tiene un papel importante en la corte, con vastas conexiones e influencia no solo en nuestro reino sino en muchos otros —terminó Adrien—. Sí, sé quién es ella, Padre.

Gabriel asintió.

—Bien. Estaré saliendo con destino a la finca del Duque D'Argencourt en una hora y no regresaré hasta la puesta del sol. Nathalie la pondrá en reemplazo de una de las otras ladies previstas para hoy. Confío en que la apacigües para ese entonces.

—Por supuesto, padre —dijo Adrien antes de cambiar rápidamente de tema.

Después del desayuno, el día transcurrió lentamente, como siempre. Adrien acortó su sesión de estudio para reunirse con las próximas candidatas: Lady Beauréal(*) y Lady Lavillant. Ambas eran simpáticas y bonitas. Ambas no dejaron más impresión en Adrien que eso.

El almuerzo no podía llegar más rápido, pero una vez que acabó su comida, Adrien se detuvo a pensar sus opciones. Tenía una hora antes de su reunión con Marinette. Su cabeza estaba demasiado confusa para estudiar, su cuerpo demasiado cansado para una rápida práctica con la espada, y ya no necesitaba espiar a las ladies ahora que las estaba conociendo una por una.

Sin embargo, echarse una pequeña siesta sonaba perfecto. Todas esas horas tardías en las últimas semanas estaban empezando a afectar sus niveles de energía, y si Adrien quería seguir reuniéndose con Marinette a deshoras, sería mejor que descansara un poco durante el día antes de que alguien comenzara a hacer preguntas.

Con ese pensamiento, Adrien se retiró a sus aposentos y, una vez acostado en su confortable cama, cerró los ojos por un momento; imágenes de su infancia feliz, jugando en los campos con Marinette, invadieron sus sueños.

Mucho antes de lo que hubiera deseado, Nino vociferó por encima de su cabeza.

—¡Tienes agallas, Alteza! —Adrien se obligó a abrir sus ojos. Con los brazos cruzados sobre el pecho, Nino se erguía ante él, furioso a más no poder—. ¿Quieres decírmelo tú mismo o debería repetir lo que Alya me dijo?

Bostezando, Adrien se sentó y se desperezó.

—Hazme el favor. Aún no estoy completamente despierto.

Nino entrecerró los ojos.

—¿No duermes por la noche? ¿Por qué de repente estás tomándote una siesta a mitad del día?

—Solo me siento cansado. Estas reuniones son agotadoras.

—Oh, ¿en serio? —Nino arqueó una ceja—. ¿O tal vez sea andar a escondidas y pasar las noches con Marinette, vaya uno a saber dónde, lo que te tiene tan agotado?

—Esto no es lo que parece, Nino —Adrien se encogió de hombros, saliendo de la cama—.Solo salimos a dar un paseo.

—¿Durante toda la noche?

—Estábamos cansados y nos detuvimos para reposar, y accidentalmente nos quedamos dormidos.

—¿Necesitas que te explique en cuántos niveles y qué tan mal e incorrecto es esto?

—No pasó nada —dijo Adrien—. Nunca pasará nada. Marinette es solo una amiga.

—Marinette te estaba besando cuando ustedes se separaron. Alya los vio.

Una esquina de los labios de Adrien se elevó en una sonrisa, su cuerpo entero se llenó de emoción ante el mero recuerdo. Ella lo besó. Él se lo había pedido. Y se sintió tan bien… Al igual que aquel beso que él dejó escapar en su sien, sin preguntar y sin pensarlo demasiado. Ella sin duda lo había notado porque se había puesto tensa y...

Sintió un nudo retorcerse en su estómago. ¿Y si a ella no le gustó? ¿Y si ella ahora lo odiaba por eso? ¿Y si...?

Probablemente lo estaba pensando demasiado. Tenía que parar.

—Un beso en la mejilla, Nino —aclaró Adrien, apartando sus pensamientos—. Nada inusual. La gente se besa en la mejilla todo el tiempo. Todos los días, de hecho. Y fue solo una muestra de agradecimiento por estarla ayudando.

—¡"Ayudando" una mierda, Adrien! ¿Te has vuelto loco? ¿Cómo es que verse a escondidas la está "ayudando"? Tienen suerte de que nadie hasta ahora los haya descubierto, aparte de Alya. ¿Te das cuenta siquiera...?

—Tú y yo nos hemos estado escabullendo durante años. Nunca antes te ha molestado.

—Esto es diferente, Adrien. Marinette tiene demasiado en juego como para andar a hurtadillas contigo y correr el riesgo de ser atrapada. También te he dicho que ustedes dos ya no son más unos niños que...

—Y yo te he dicho, Nino, que no hay nada de qué preocuparse. Sólo somos amigos, nadie se enamorará de nadie.

—Adrien…

—Nino —gruñó Adrien—. Basta. Ya déjalo. Mejor sería que le prestaras atención al Duque Barbot en lugar de enfurecerte por algo tan insignificante.

Nino frunció el ceño.

— ¿Qué pasa con él?

—Ha estado molestando a Marinette.

—Esto se pone cada vez mejor. ¡Perfecto! —comentó Nino con sarcasmo, pero añadió—: Creí que ya te habías encargado de él.

—Lo hice. No le dirá a nadie que Marinette no es la verdadera Lady Bug, pero no puedo evitar que se acerque a ella por completo.

Ambos permanecieron en silencio, Adrien mirando por la ventana, Nino observándolo. En cierto momento, el guardia caminó hacia Adrien y lo giró para verlo a los ojos, colocando ambas manos sobre sus hombros.

—Esos son solo rumores —dijo Nino, leyendo sus pensamientos—. Ninguna de esas mujeres pudo probar que los niños eran de él.

—Es un duque —contestó Adrien, volviendo a posar sus ojos en el paisaje exterior a través de su ventana—. Si no quiere que alguien pruebe algo en su contra, créeme, él sabe cómo conseguirlo. Pero tener a varias mujeres acusándolo de mancillarlas y algunos embarazos como prueba es sospechoso,¿no te parece? Y no me digas... —continuó Adrien antes de que Nino pudiera responder—, que crees en sus alegaciones de inocencia ni por un segundo. No todas esas mujeres eran plebeyas que solo buscaban su dinero.

Nino dejó caer las manos a los costados.

—Y ahora tiene sus ojos en Marinette —la voz de Adrien destilaba una rabia contenida que dejaba escurrir entre sus dientes—. No dejaré que la lastime.

—Entonces será mejor que nosotros le advirtamos —concluyó Nino—. Y por "nosotros" me refiero a Alya y a mí. Tú...—señaló a Adrien, entrecerrando los ojos—, te mantendrás alejado de ella.

Adrien miró la torre del reloj y se volteó hacia Nino, con una mirada cargada de travesura.

—Lo siento—pronunció, con una sonrisa ladeada—. No puedo hacerlo. Marinette está en mi agenda oficial y tengo que buscarla en unos minutos, así que... —se colocó su máscara blanca y dio unos pasos, rodeando a Nino—, te veré después.

—Voy contigo, por si lo has olvidado —vociferó Nino, siguiendo a Adrien—. Y estoy vigilando tu trasero real, así que será mejor que te comportes.

—No puedo prometer nada —Adrien le guiñó un ojo.

Vas a comportarte o tendrás que atenerte a las consecuencias —gruñó Nino, irritado.

—Oblígame —desafió Adrien.

—Lo haré.

—No puedes. Ni siquiera pudiste evitar que anduviera a hurtadillas con ella durante días. ¿Sabías que he pasado mis noches enseñándole a bailar todos los días durante casi una semana?

Los ojos de Nino se agrandaron por la sorpresa durante una milésima de segundo.

—Eso no volverá a suceder—espetó, luego de recomponerse.

Adrien se carcajeó.

—Podría escaparme de ti a plena luz del día y con Marinette a cuestas, si yo quisiera.

—En tus sueños.

—¿Quieres apostar?

—De ninguna manera.

—¿Tienes miedo?

—No. Simplemente no pierdo mi tiempo en apuestas que son imposibles de perder. No hay manera de que lo consigas.

Adrien extendió su brazo.

—Si nos escabullimos durante al menos diez minutos, dejarás de molestarme por pasar tiempo con ella.

—Si te atrapo antes de que hayan pasado los diez minutos... —dijo Nino, tomando la mano de Adrien—, nunca más volverás a hablar con ella como Adrien el guardia. Él se marchará de repente para cumplir encargos del Rey en algún lugar lejano. Y como Adrien el Príncipe, será pura y exclusivamente en asuntos oficiales.

—De acuerdo —Adrien estrechó su mano con una sonrisa socarrona jugueteando en sus labios. Él ya tenía un plan en mente.


—¿Le importaría ayudarme con algo, Milady? —susurró Adrien, aproximadamente a la media hora de su entrevista. Pasear por los senderos y conversar con Marinette era fantástico, pero había una apuesta y su futuro juntos estaba en juego. El tiempo apremiaba.

Marinette lo miró con una ligera confusión en su rostro.

—Depende de con qué necesite mi ayuda, Alteza.

—No es gran cosa —Adrien sonrió y señaló con sus ojos—. ¿Ve ese laberinto de setos al que nos estamos acercando? Una vez que alcancemos la entrada, ¿podría seguirme la corriente y fingir estar cansada y sedienta?

Marinette arqueó una ceja.

—¿Me explicará las razones?

—Un poco más tarde, si no le molesta. No quiero que Nino nos escuche.

Marinette frunció sus labios, pensativa. Por un momento, Adrien temió que se negara.

—Está bien —respondió ella finalmente.

Caminaron en silencio durante los siguientes minutos hasta que Marinette se detuvo junto a un banco que se encontraba cerca de la entrada al laberinto, hecho de setos dos veces la altura de Adrien.

Adrien entró en acción, poniendo en marcha su plan.

—¿Le gustaría tomar un descanso, Milady? Parece un poco cansada.

—Sí, gracias —Marinette sonrió y se sentó en el banco.

Adrien se sentó a su lado y tomó una de sus manos entre las suyas. Acercándola a sus labios, depositó un prolongado beso por encima de sus dedos.

—Luce excepcionalmente hermosa hoy, Milady. —Detrás de ellos, Nino se aclaró la garganta, pero Adrien fijó su vista en el adorable sonrojo que se esparcía por las mejillas de Marinette—. Como una flor exótica, Milady, su belleza puede rivalizar con el sol, la luna y todas las estrellas juntas.

Nino volvió a toser.

Adrien se aproximó a la chica, moviéndose hacia ella con rapidez y sin ningún pudor, mientras observaba a su amigo de reojo.

Marinette abrió su abanico y miró hacia otro lado, su sonrojo se profundizaba cada vez más.

—¿No encuentra este día demasiado caluroso, Alteza?

—En absoluto, Milady —canturreó Adrien con una sonrisa satisfecha en sus labios. Prácticamente podía sentir el vapor saliendo de las orejas de Nino detrás de ellos, mientras se inclinaba todavía más cerca de Marinette—. Cuando estoy a su lado, siento que estoy caminando por las nubes entre los reinos celestiales. —Nino tosió unas cuantas veces más mientras la cara de Marinette enrojecía peligrosamente. Ella se escondió detrás del abanico. Adrien continuó—: Sin embargo, si tiene calor, ¿puedo ofrecerle un vaso de agua, mi hermosa Lady?

—Sí, por favor —susurró.

Adrien besó su mano una vez más y lo miró a Nino.

—¿Podría, por favor, pedirle a alguien que le traiga a la dama un vaso de agua? Mientras tanto, descansaremos aquí.

Nino frunció el ceño y miró a su alrededor: el guardia más cercano estaba a unas decenas de metros de distancia. Volvió a mirar a Adrien, que felizmente comenzó otra embestida de halagos hacia Marinette, todavía sosteniendo su mano. Con renuencia y muy a su pesar, Nino abandonó su puesto.

—Cuando él alcance al otro guardia, nosotros corremos —susurró Adrien, sin apartar los ojos de Nino—. Pero trate de permanecer en silencio para que no se dé cuenta de inmediato.

Los ojos de Marinette se abrieron de par en par.

—¿Correr? ¿Hacia dónde?

—Adentro. ¿Está lista? —Ella asintió y, en unos pocos segundos, Adrien se levantó y la arrastró consigo—. Vamos.

Entraron en el laberinto y echaron a correr. El grito de Nino partió el aire detrás de ellos. Adrien corrió más rápido, y Marinette le siguió el ritmo. Pasaron por múltiples intersecciones. Adrien no se había detenido en ningún momento, sabiendo exactamente a dónde quería ir. Había solo una salida, una gran cantidad de callejones sin salida, y tanto Nino como él los conocían de memoria.

Luego de alrededor de cinco minutos, llegaron a uno de los callejones sin salida. Era un espacio acogedor, inundado de vegetación y flores con un gazebo en el centro cubierto por rosas trepadoras, bajo el cual se hallaba un banco.

Adrien se volvió hacia Marinette y no pudo evitar sonreír. Su rostro aturdido resplandecía, sus ojos llenos del más puro asombro. Ella luchaba por recobrar el aliento, por lo que él caminó hasta el banco junto con ella.

—Me disculpo por obligarla a hacer esto. ¿Le gustaría sentarse a descansar? —le ofreció.

—Gracias —respondió Marinette y aceptó su oferta, señalando el otro extremo del banco—. Por favor, descanse también, Alteza.

—No me importa si lo hago —Adrien se rio por lo bajo y tomó asiento. Inhalando profundamente, echó un vistazo a su alrededor con una sonrisa—. Sigue siendo tan hermoso aquí como lo recordaba.

—De verdad, lo es —se hizo eco Marinette de esa afirmación, mirando a su alrededor—. ¿Un jardín secreto?

—Uno de tantos. Este laberinto tiene un par de oasis similares. Siempre fue divertido explorarlos.

Marinette le sonrió.

—Ya veo por qué.

—¿Debe pensar que soy aún más excéntrico ahora? —Adrien se rio entre dientes, frotándose la parte posterior de su cuello.

—Todos somos excéntricos en cierta medida. Sin embargo, me pregunto qué acaba de suceder.

Adrien sonrió con diversión.

—Ganamos una apuesta.

—¿Una apuesta?

—Sí. Le aposté a Nino que podíamos deshacernos de él durante al menos diez minutos y, en mi opinión, ya hemos ganado.

—Entonces, ¿no estamos perdidos?

Adrien se rio.

—No. Me imaginé que Nino seguramente pensaría que iría por el camino que conduce a la salida y me seguiría hasta allí sin pensar. Entonces, en vez de eso, escogí este otro que nos llevaba a uno de estos lugares más apartados de la salida.

—Lo que le da el tiempo que necesitaba para ganar.

—Exacto —Adrien sonrió ampliamente.

Marinette dejó escapar una risita.

—Astuto.

—Espero que esto no le resulte demasiado extraño.

—Oh no. Es bastante divertido ¿Todas sus entrevistas son tan entretenidas?

—Ya quisiera —contestó Adrien con un tono de burla—. La mayoría de esas damas son demasiado pomposas para cualquier cosa ni remotamente entretenida. Nunca aceptarían hacer algo así.

La joven se tensó visiblemente.

—Marinette... ese es su nombre, ¿verdad?—preguntó Adrien con nerviosismo, recordando que el Príncipe no debería conocerla más que como Lady Bug.

—Sí —respondió ella en voz baja—. Ese es mi nombre.

Adrien se puso de pie y caminó hacia Marinette. Frente a ella, se puso de rodillas, tomando su mano y apretándola ligeramente en un gesto tranquilizador.

—Quiero que sepas que Adrien me contó tu historia.

Ella abrió sus ojos en evidente estado de shock.

—¿Lo hizo?

—Sí. Cuando vi tu nombre en la lista de hoy, recordé la afirmación del Duque Barbot de que no eras una noble, y como apenas te conozco, le pregunté a Nino y Adrien qué pensaban. Adrien me contó tu historia, y ambos tenían muchas cosas buenas que decir sobre ti.

Una sonrisa tímida se asomó a los labios de Marinette.

—¿De verdad?

—Sí —asintió Adrien—. Adrien siente mucho afecto por ti. Dijo que eres una de las mejores personas que ha conocido.

—Puedo decir lo mismo de él —exhaló Marinette—. Adrien es una persona increíble. Tiene suerte de tenerlo como amigo.

Adrien sintió su corazón agitarse y las mejillas calentarse. Marinette pensaba que él era increíble. Y lo había dicho con una mirada de absoluto cariño y veneración en su rostro.

—Admiro tu valentía —continuó la conversación, principalmente para distraerse y evitar derretirse por las palabras de ella—. No todos arriesgarían tanto por una amiga.

—No es nada, de verdad. En todo caso, fue bastante temerario y estúpido.

—Es asombroso.

—De verdad que no es...

—¡Hey! —la increpó juguetonamente, apretando sus manos de nuevo—. ¿Quién es aquí el futuro soberano de este país? Yo, y todo lo que yo diga es ley. Y yo digo que es asombroso. No te das suficiente crédito, Marinette.

Marinette se sonrojó. Era adorable.

—Gracias, Alteza. Me halaga que usted lo crea así.

—Solo quería asegurarme de que sepas que no tienes que preocuparte de que yo conozca tu secreto. No te meteré en problemas. —Se detuvo por una fracción de segundo—. Mi padre, por el contrario, es otra historia, así que ten cuidado. Y no te olvides de las ladies: algunas de ellas no lo pensarán dos veces antes de pisotearse una sobre otra para llegar a la cima. Pero si cualquier cosa ocurre, deja que Adrien, Nino, Alya o yo la sepamos, y haremos todo lo posible para ayudarte.

Ella se relajó visiblemente, regalándole una sonrisa.

—Gracias. Lamento causarle tantos problemas.

—No es ningún problema, en absoluto —dijo Adrien, sonriendo—. Oh, y también necesito advertirte sobre el Duque Barbot. Mantente alejada de él lo más que puedas. Él no será un problema en lo que concierne a estropear tu secreto, pero tiene la mala reputación de usar adorables doncellas de cualquier estatus social y luego abandonarlas cuando quedan embarazadas o se aburre de ellas.

—Bastardo —gruñó Marinette entre dientes, cerrando su mano en un puño apretado. Al instante, ella se revolvió, inquieta—. Lo siento mucho, Alteza. No debería haber dicho eso.

Adrien se rio.

—No te preocupes. Tengo mi propio vocabulario extenso para ese hombre y créeme, hay palabras mucho peores allí que las tuyas.

—Bueno, entonces no lo lamento. Es un bastardo.

—Es mucho más que eso. Prométeme que te mantendrás alejada de él.

—Lo haré. Gracias por advertirme.

—Bien —dijo Adrien y se levantó. Le ofreció su mano a Marinette—. Mejor nos vamos ahora y dejemos que nos descubran. La victoria ya es nuestra, pero si llego tarde a mi próxima cita, me meteré en problemas.

—¿Puedo preguntar a quién verá a continuación?

—Lady Volpina—gimoteó Adrien.

Marinette profirió una risita, intentando disimularla.

—Acepte mis condolencias. Ella es todo un personaje.

—Uno del que preferiría alejarme, pero ¡ay de mí! —Adrien se desmayó dramáticamente—. Esas son las cosas que debo soportar por el bien del reino.

Marinette se echó a reír.

—Pobre de usted, Alteza. Que destino tan trágico.

—Adrien.

Ella levantó una ceja.

—¿Adrien? Pero, ¿qué pasa con...?

—Llámame Adrien —pidió—. Ese es mi nombre, y antes de que preguntes, sí, compartimos un nombre con tu amigo Adrien. Nada fuera de lo común. Fue bastante popular en el año que nacimos. —La voz de Nino sonó en algún lugar cercano. Adrien tomó la mano de Marinette—. Vamos a salvarle al menos un poco de dignidad.

—Está bien —Marinette rio divertida y siguió a Adrien, solo para tropezar de inmediato y caer justo en sus brazos que ya la esperaban. Adrien la estrechó con fuerza contra su pecho cuando ella levantó los ojos para mirarlo.

—Cuidado —susurró Adrien, su garganta repentinamente seca, sus ojos clavados en los de ella. Azules como el cielo, claros como el rocío de la mañana, deslumbrantes como un río, profundos como el océano…— Tienes unos ojos preciosos.

Ella lo miró boquiabierta, sintiendo arder sus mejillas.

—Gracias.

Adrien continuaba sosteniéndola entre sus brazos, su mirada se apartó de sus ojos para seguir el rastro de pecas que se esparcían por toda la superficie de su nariz. El sonrojo las hacía lucir tiernas y preciosas. Sus ojos se deslizaron más abajo y se situaron en sus labios. Un par de carnosos, rosados, bonitos (no, no solo bonitos), perfectos y deliciosos labios. Si la piel de su sien se había sentido increíblemente suave, sus labios serían, probablemente, incluso más. Él se preguntaba si…

—¡Por fin te encuentro! —gritó Nino, apareciendo de repente. Adrien se apartó bruscamente, enderezándose y ayudando a Marinette—. ¿¡Qué, eres un niño, Adrien!?

Adrien sonrió presumido.

—Pero gané, ¿no es así? Gracias a esta encantadora damisela. —Se inclinó ante Marinette y, tomando su mano, colocó un suave beso en el dorso—. Ahora soy yo el que debe agradecerle por haberme ayudado.

—No he hecho demasiado—protestó Marinette—. De hecho, no hice nada más que seguirle.

—Sin lo cual nunca hubiéramos ganado —insistió él—. Obtendré mi recompensa, tal y como lo acordamos, Nino. ¿Verdad? —Adrien observó a su amigo fulminarlo con la mirada hasta que cedió con un movimiento de cabeza, luego se volvió hacia Marinette—. Por lo tanto, es justo que reciba una gratificación de mi parte, Milady. ¿Hay algo específico que le gustaría?

—No. No hay nada que necesite.

—Estoy seguro de que algo hay... —Adrien recordó sus joyas menos que impresionantes, y cómo en el baile las otras ladies se habían burlado de Marinette por ese motivo, después de que ella se fuera. La extensa colección que él había heredado de su madre también le vino a la mente. Adrien sonrió—. ¿Me permite sorprenderla, Milady?

—Oh, no —dijo Marinette, alejándose de él—. No tiene que hacerlo.

—Yo insisto.

—Pero...

—Voy a interrumpir su pelea de enamorados justo ahí —cortó Nino, con los ojos cerrados y pellizcándose el puente de la nariz—. Porque si no regresamos en diez minutos, vamos a tener un problema con Lady Volpina.

—No, por favor —se lamentó Adrien.

—Sabes que tienes que hacerlo —Nino cruzó los brazos sobre su pecho, con una expresión de absoluta exasperación en su rostro—. Y no crea que escapará de la charla que tendremos más tarde sobre su actual comportamiento, Alteza. Ahora, síganme. Los dos.

Adrien le dirigió una sonrisa de disculpa a Marinette y la tomó de la mano. No le importó cuántas veces Nino se aclaró la garganta a su espalda, Adrien nunca la soltó hasta que llegaron al sitio donde aguardaba Lady Volpina, quien los recibió con una mirada sospechosa y una de las sonrisas más falsas que había visto. Su estómago se retorció inmediatamente, pero, dándole otro beso a la mano de Marinette, Adrien se entregó a su deber como príncipe.

Durante la siguiente hora, hizo el mayor esfuerzo por conservar al menos parte de su espacio personal. Lady Volpina parecía no entender el concepto.


Su padre no había regresado a tiempo para la cena, por lo que Adrien no pasó demasiado tiempo comiendo la suya. Aún faltaba para que anocheciera y, gracias a la siesta de la tarde, no estaba cansado. Ninguna de sus actividades habituales le parecía atractiva porque, honestamente, lo que Adrien realmente deseaba era averiguar lo que Marinette pensaba sobre su yo principesco.

Por lo general, él esperaría hasta después del toque de queda, pero dado que Nino (no sin un buen regaño) le había otorgado renuente el permiso para ver a Marinette cuando quisiera, no tenía motivos para demorarse.

Había condiciones, por supuesto. Prometió pasar sus noches en su cama en lugar de en campos aleatorios. Nada de coqueteos y nada de enamorarse para ambos, lo que no sería un problema porque solo eran amigos, y Nino estaba siendo ridículo. Adrien definitivamente no estabaa punto de besar a Marinette cuando Nino los encontró en el laberinto.

Encontró a Marinette bastante rápido. A ella, y al Duque Barbot, de pie junto a una fuente en uno de los rincones más alejados del jardín. Vestido como Chat Noir, Adrien se detuvo en las inmediaciones, lo suficientemente cerca como para escuchar su conversación, pero lo bastante lejos como para permanecer en el anonimato. Acercarse a ellos estaba fuera de discusión: un simple guardia no podía entrometerse con un duque, pero revelarse a sí mismo como el Príncipe Adrien era algo que aún no quería hacer frente a Marinette. Todo lo que podía hacer era observar desde una distancia segura y ver si Théo intentaba pasarse de la raya. Entonces sí, Adrien tendría todo el derecho de intervenir.

—Créame, no estoy mintiendo, Milady —dijo Théo con una voz tan dulce como la miel—. Entiendo perfectamente por qué el Príncipe le permitió quedarse a pesar de su verdadera identidad. ¿Quién no querría tanta belleza a su alrededor, aunque sea por un rato? Y créame, a pesar de mi rudeza inicial, vengo aquí solo con la más pura de las intenciones...

—He oído hablar de sus intenciones, Duque Barbot —replicó Marinette con una voz tan fría como el hielo—. Me gustaría que sepa que no estoy interesada y repetir mi deseo de que me deje en paz.

—Por favor, no crea en esos rumores desagradables, Milady —dijo Théo, con una mirada angustiada en su rostro que competiría con el más hábil de los actores—. He sido difamado durante mucho tiempo por mujeres desesperadas por mi atención. Seguramente, no les creerá. Usted, mi encantadora Lady, es el epítome de la belleza...

—Creo que es hora de que regrese a mi cuarto —interrumpió Marinette—. Se está haciendo tarde. Buenas noches.

—Oh, no sea tan cruel, mi dulce Lady —lloriqueó Théo—. Al menos permítame pasar otro minuto disfrutando de su belleza mientras la acompaño de regreso a sus aposentos. —Y dicho esto, buscó tomar la mano de Marinette.

Adrien gruñó, con los puños apretados a sus costados. ¡Más vale que esa escoria no toque a su Marinette!

—Preferiría no agobiarle, Su Excelencia —respondió Marinette rápidamente y dio un paso al costado—. Estoy segura de que preferiría pasar su tiempo seduciendo a alguna otra dama más apropiada que perderlo conmigo.

—Ninguna de ellas puede compararse a ti, querida —insistió Théo y se acercó, cercando a Marinette entre él y la fuente.

La mandíbula de Adrien le dolía por la forma en que apretaba los dientes. Ignorando su identidad secreta, estaba a punto de intervenir cuando Marinette maniobraba magistralmente, alejándose de Théo mientras se apartaba rápidamente del alcance de su brazo. Sin nada a lo que sujetarse para mantener el equilibrio, el duque cayó directamente en la fuente.

Adrien apenas pudo contener una risita.

—Acepte mis disculpas. No lo había visto en mi camino —dijo Marinette, su voz destilando sarcasmo e indiferencia mientras hacía una reverencia y comenzaba a retirarse, apenas echando un vistazo hacia atrás, deteniéndose solo cuando su vista se posó sobre Chat.

— ¿Está usted bien, mi Lady? —preguntó él—. Su doncella me pidió que la llevara de vuelta a su habitación.

—Oh, no sabía que fuera tan tarde. —Marinette volvió a mirar a Théo al tiempo que este salía del agua.

—Ella me ha dicho que usted debería haber regresado hace tiempo —comentó Adrien, quien también clavó una mirada penetrante en su dirección.

—Me entretuvieron, pero ya lo he solucionado.

—¿Debemos irnos ahora, entonces?

—Con todo gusto.

—Después de usted, mi Lady.

—Gracias.

Emprendieron la marcha, y continuaron caminando en completo silencio, con Adrien escoltándola por detrás.

—Espero que hayas tenido un lindo paseo —comentó él al rato.

—Lo era. Hasta que un mosquito molesto lo interrumpió al final.

Chat se rio entre dientes.

—Es estacional y debería irse pronto, pero me encanta la forma en que has lidiado con él.

—¿Qué podría hacer si no puede entenderme, incluso después de haberle repetido cientos de veces que me dejara en paz? —Marinette exclamó, dándose la vuelta—. Creo que estamos lo suficientemente lejos como para caminar juntos.

—No nos arriesguemos —suspiró Adrien, lamentando no estar en su atuendo de príncipe ahora. Podría haber caminado a su lado, tomados de la mano. Se sintió tan bien haciéndolo antes—. ¿Qué tal estuvo tu día? Escuché que tuviste una entrevista con el Príncipe.

—Así fue —Marinette asintió con la cabeza—. No resultó para nada como lo esperaba.

—¿En el buen o en el mal sentido?

—Supongo que… ¿bueno? Él no es como lo pintan los rumores. Puedo ver por qué le tienes aprecio.

—Entonces, ¿qué opinas de él? —Adrien aceleró un poco la marcha para observar el rostro de Marinette— ¿Crees que es un buen material para el matrimonio?

Marinette lo miró consternada.

—¿Por qué me preguntas eso? Sabes que no soy elegible.

—Sí, pero me preguntaba ¿qué piensa una de mis mejores amigas de mi otro amigo? Especialmente porque tú eres una chica y puedes juzgar de manera más objetiva si el Príncipe es alguien bueno con quien contraer matrimonio. Eso es todo.

Marinette se encogió de hombros.

—Entonces estarás decepcionado porque, a menos que sea un imbécil como el Duque Barbot, normalmente tengo que interactuar con un chico un poco más de dos veces para formarme una opinión de ese tipo.

—Entonces, ¿te gustaría volver a reunirte con él?

—Eso no es lo que yo dije.

—No, me refería a que puedas considerarlo como un buen esposo o no. ¿Te gustaría? Para conocerlo más, quiero decir. Estoy seguro de que ambos lo han pasado bastante bien, así que más encuentros serían bienvenidos, ¿no? Porque él…

Marinette detuvo sus pasos. Ella posó su vista hacia adelante, sin evitar dirigirle una mirada de soslayo.

—¿Puedes parar esto?

Él frunció el ceño.

—¿Parar qué?

—De preguntarme acerca del Príncipe y más reuniones con él.

— ¿Por qué? Era solo una pregunta.

—Entonces aquí está tu respuesta: Preferiría mantenerme lejos de él.

La expresión de Adrien cayó instantáneamente.

—¿Fue tan horrible pasar el tiempo con él?

—No. Pero, ¿de qué serviría pasar más tiempo con él y descubrir que es el candidato perfecto para el matrimonio cuando no puedo ser su esposa en primer lugar?

Ella reanudó su caminata, dejándolo atrás. Adrien se sacudió unos momentos después y la alcanzó.

—Lo siento. No pensé que… —su voz se acalló y durante los siguientes minutos, caminaron en silencio.

Cuando se acercaban a la habitación de Marinette, ella dijo en voz baja:

—Si satisface tu curiosidad, me ha parecido bastante intrigante, atractivo incluso con esa máscara puesta y una persona maravillosa en general. Si yo tuviera una oportunidad real en esto, definitivamente me encantaría conocerlo más, y no porque sea un príncipe.

Adrien olvidó cómo respirar, su corazón amenazaba con salirse de su pecho.

—Buenas noches, Adrien —susurró Marinette, dándose la vuelta y sonriéndole—. Gracias por caminar conmigo.


Nota Aclaratoria:

(*) Si alguno leyó la versión original en inglés, ChocoluckChipz mencionó a Lady Raincomprix como una de las candidatas. Peeroo... Raincomprix es el apellido de Sabrina, y en los primeros capítulos se hacía mención a que Sabrina era la doncella de Chloé, así que no podía ser una Lady (?). Entonces, fue que decidí reemplazarla por Lady Beauréal, que es el apellido de Aurore, por si acaso. Si bien no hace a la diferencia, ya que ni despertó la atención de Adrien, y ciertamente no vuelve a aparecer en la historia, no quise pasar por alto ese detalle.

En fin… ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Alguno tiene ganas de golpear a Adrien por su extrema ceguera y negación? Este está peor que el de la serie xD Pero, no podemos negar que nos regalaron un hermoso momento en ese laberinto.

Gracias por la lectura, por seguir la historia y por sus reviews en el capítulo anterior a Emely-nya, , Nohelia Yadira y a mi nueva lectora anónima Guest, que me dejó tan extensos reviews que me animaron muchísmo.

Espero que estén disfrutando esta historia. Se vienen capítulos cada vez más intensos... En el siguiente, les adelanto, Marinette no la pasará muy bien. Y veremos a cierto personaje de su pasado…

Nos leemos pronto 3