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A Bride for The Prince
(Español)
CAPÍTULO 11
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No era justo que tuviera que andar con los nervios de punta. Constantemente, debía estar buscando al Duque Barbot y evitarlo a toda costa. Era persistente, y eso la hacía sentir tan intranquila en torno a él. ¿Qué es lo que quería de ella?
Así las cosas, Marinette en esos momentos se estaba escondiendo detrás de un pilar del castillo, observando hacia el sitio en el que había querido sentarse pero que estaba siendo ocupado por el Duque Barbot.
—¿Qué es lo que estamos mirando?
Marinette pegó un gritito ahogado, dándose vuelta solo para encontrarse a Adrien parado allí. Ella lo golpeó con el dorso de la mano.
—¡No es agradable! —bufó.
—Pero no por eso tienes que ser tan cruel —bromeó él, riéndose en voz baja mientras se frotaba el pecho en la zona donde ella lo había golpeado.
—Cuando me asustas así, no sé qué pensar.
—Aunque, en serio, ¿qué te puso tan tensa? —consultó, calmando su risita.
Marinette miró detrás del pilar, en dirección al hombre que estaba tratando de evitar, todavía sentado esperando por ella.
—Duque Barbot.
La sonrisa de Adrien desapareció en un segundo.
—¿Aún te sigue molestando?
—Él solo… siempre está donde yo quiero estar —declaró un tanto irritada—. Es como si conociera mis lugares favoritos alrededor del castillo y eligiera uno para esperarme.
Con el ceño fruncido, Adrien espió por la esquina antes de soltar un gruñido.
—Lamento tanto todo esto. Yo me encargaré.
—¿Qué más puedes hacer? —lo retó, exasperada—. Él simplemente va a seguir regresando.
Adrien hizo una pausa, frunciendo los labios mientras pensaba.
—No lo sé. Pero algo voy a hacer. Él no puede seguir acosándote así.
Marinette se mordió el labio.
—Solo… no te molestes demasiado. Y no te metas en problemas por eso. No quiero causarte problemas.
Él le dirigió una suave sonrisa.
—Haré lo que sea necesario para ayudarte. No te preocupes por eso. Y no te estreses pensando si me causará problemas. ¿De acuerdo?
Ella suspiró, cediendo.
—De acuerdo.
Con una sonrisa, él se aproximó a ella, envolviendo un brazo alrededor de sus hombros para atraerla hacia sí. Ella se acomodó contra su pecho, buscando el confort que le ofrecía, regodeándose en la sensación de seguridad de estar junto a él.
—¿Tienes algo planeado para hoy? —preguntó Adrien.
Ella suspiró.
—El príncipe solicitó una segunda reunión con algunas de las chicas, y una de ellas soy yo.
—Que honor.
—No —gimoteó ella, presionando su rostro contra el hombro de Adrien—. No es un honor. Él sabe que no soy de la realeza, y sin embargo helo allí, pasando tiempo conmigo cuando debería hacerlo con otras candidatas potenciales, pero…
—Hey —la interrumpió, deteniendo su desvarío—. No digas cosas así. Quizás le gusta pasar tiempo contigo porque eres una joven increíble. Lo sé porque yo disfruto de pasar tiempo contigo. Es muy afortunado por tener la oportunidad de deleitarse con tu presencia.
—Haces que parezca como si fuera yo quien pertenece a la realeza —se burló.
—Créeme, Marinette —dijo, curvando sus dedos bajo su barbilla para que levantara su cabeza y le devolviera la mirada—. La realeza no es tan suntuosa como parece. Creo que él disfruta el respiro de los juegos de roles a los que constantemente se ve obligado a interpretar.
Ella frunció el ceño confundida, pero no dijo nada.
—Ahora —añadió Adrien con una amplia sonrisa—. ¿Qué puedes hacer hasta entonces? —hizo un gesto de pensamiento, aunque Marinette sabía muy bien que ya debía tener algo en mente—. ¡Lo sé! —exclamó—. ¿Qué tal el estanque que te mostré hace poco? Puedes esconderte allí de las ladies hasta que tengas que acudir con el príncipe.
Marinette tardó un momento en darse cuenta.
—Espera, ¿tú no vienes conmigo?
El entusiasmo de Adrien se desvaneció.
—Por desgracia, tengo la obligación de hacer acto de presencia en otra parte. Puedo acompañarte hasta allí, pero eso es todo.
Eso definitivamente le quitaba toda la diversión, pero, al menos así, estaría lejos del Duque Barbot. Excepto por…
—¿Y si pierdo la noción del tiempo y se me pasa por alto la reunión con el príncipe? Por eso es que quise permanecer más cerca del castillo hoy.
Adrien frunció el ceño pensativo, antes de introducir la mano en su bolsillo y sacar de allí un reloj. Lo desató de su cinturón y luego tomó la mano de la joven para colocarlo en su palma.
—Aquí tienes —le dijo con una sonrisa—. Puedes quedarte con él por ahora, hasta que nos volvamos a encontrar. De esa manera, serás capaz de llevar un cuidadoso seguimiento de tu tiempo.
Ella bajó la mirada hacia el reloj, uno intrincadamente decorado y hecho de plata.
—No puedo aceptar esto.
—Claro que puedes —insistió con suavidad, cerrando sus dedos alrededor del reloj—. Y es solo por ahora. Puedes devolvérmelo esta noche, ¿de acuerdo? Iré a visitarte después de que te reúnas con el príncipe, y puedes contarme cómo te fue. ¿Está bien?
La sinceridad en su sonrisa la estremeció, y el calor de su mano sobre la de ella la hizo sentir cálida por dentro.
—Está bien. Gracias, Adrien.
La autenticidad de su expresión hizo palpitar el corazón de la muchacha de la manera más extraña, pero ella no estaba segura de que aquello no le agradara.
—Por supuesto, Marinette. Haría cualquier cosa por ti.
—¿Por qué la cara larga?
Marinette miró al Príncipe Adrien, habiendo estado tan perdida en sus pensamientos que casi olvida que se encontraba con él.
—Lo siento, yo… supongo que estaba pensando en otra cosa.
—¿Te importaría explicarte?
Marinette se mordió el labio inferior, vacilante.
—Yo… supongo que me preguntaba… ¿por qué me ha vuelto a citar? Sabe muy bien que no soy de la realeza y que no puede considerarme como una posibilidad, aun así, quiso verme de todos modos. ¿Por qué?
Cuando el príncipe le sonrió, no importó que ella no pudiera ver completamente sus ojos detrás de la máscara. Sabía que esa sonrisa era genuina, y solo causó que su corazón se agitara mucho más.
—Porque, si estoy siendo completamente honesto, disfruto de tu compañía. Mucho. Sinceramente, me entristece el hecho de que no eres elegible, porque es muy probable que quisiera escogerte entre todas las ladies.
Marinette se congeló en su sitio, totalmente en shock. El mundo se desvanecía a su alrededor. Ella estaba en un sueño. Tenía que estarlo. No había forma de que el príncipe de su reino dijera algo así. No había manera posible.
El príncipe se volvió para mirarla.
—Marinette?
—No puede estar hablando en serio.
La sonrisa del príncipe regresó a su rostro al tiempo que se acercaba a ella.
—Te lo aseguro —curvó sus dedos bajo su mentón para levantar suavemente su mirada y encontrarse con la suya—. Hablo muy en serio.
La respiración de la joven era rápida y poco profunda, mientras su corazón retumbaba afirmativamente ante toda su atención. Era tan genuino. Tan amable. Tan gentil. Cómo alguien podía pensar mal de él, incluso si era excéntrico, era algo que nunca había llegado a comprender.
Adrien le volvió a sonreír. Era una sonrisa tan cálida que podría derretirla.
—Ven —le dijo, alejándose un poco de ella solo para extenderle el codo—. Camina conmigo.
Vacilante, ella lo tomó y permitió que el príncipe la llevara a través de los jardines. Él no dejaba de mirar hacia atrás, en dirección a su chaperón, lo que solo provocaba que Marinette sintiera curiosidad. Eventualmente, el guardia comenzó a replegarse, marcando una gran distancia. Una que le permitía observar, pero no la suficiente para poder escucharlos si eran lo bastante discretos.
Hasta que en algún momento, pareció desaparecer por completo.
—No se ha ido —aseguró el príncipe—. Solo está escondido.
Marinette asintió con la cabeza.
Finalmente, llegaron al estanque que Adrien le había mostrado anteriormente.
—He oído que disfrutas de este lugar —comentó él.
—A-así es —respondió Marinette.
Él colocó su mano libre sobre las de ella, que rodeaban su codo, en un gesto suave y reconfortante.
—¿Nos sentamos un rato? —le preguntó, señalando el banco frente al agua.
—Si —asintió ella.
Él la guió hasta allí, asegurándose de que estuviera bien acomodada.
—Adrien —comenzó, preparándose para decirle palabras que dolerían, pero no más que si le permitiera acercarse todavía más.
—Antes de que hables —intervino él—. Quería regalarte algo.
Su mente dejó de funcionar. ¿Un regalo? ¿Tenía un regalo para ella?
—Por ayudarme a ganar la apuesta entre mi pobre guardia y yo —comentó mientras sacaba algo de su bolsillo. Abrió la pequeña caja para ofrecérsela.
Ella dejó escapar un grito ahogado.
Él sonrió divertido ante su reacción.
—Es un pequeño colgante —enunció—. Pero es mucho más fino que cualquier cosa que tengas. Te quedará mejor.
Ella miraba el objeto fijamente, tratando y suplicando a su mente que comenzara a funcionar.
—¿Te gusta?
Ella se pausó.
—¿Perdón?
—¿Te gusta? —repitió él.
¿Cómo no podría gustarle? El rubí en el dije era deslumbrante y cristalino, y la plata en la que estaba inserto parecía destellar, colgando de una cinta color borgoña que como relucía tanto brillo, probablemente era de seda.
—Es hermoso…
—Bien. Me alegro. ¿Quieres que te lo ponga?
No. No, ella no lo haría. No podía hacerlo.
—Adrien, no puedo aceptarlo.
—Por supuesto que puedes —dijo con una expresión de placer—. Es un obsequio por haberme ayudado.
—No, es demasiado fino…
Antes de que ella pudiera terminar esa oración, él ya se lo estaba colocando sobre su cuello. Ella se congeló, incapaz de moverse en lo más mínimo, mientras él cuidadosamente deslizaba su cabello hacia un lado, apartándolo de su nuca. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal en el momento en que uno de sus dedos rozó su cuello mientras le ataba la cinta.
—Ahí —musitó, rodeando al banco de nuevo. Él dobló sus dedos debajo de su barbilla, persuadiéndola de alzar su mirada—. Se ve hermoso en ti.
Marinette sentía su cara ardiendo en llamas. Su corazón latía con fuerza, y todo lo que quería hacer era llorar.
—Su Alteza —susurró, finalmente acaparando la atención del príncipe. Su visión ya se estaba volviendo borrosa—. Por favor, detenga esto.
—¿Qué quieres decir? —inquirió, borrando su sonrisa de inmediato.
—Sabe que no soy una opción para usted —sentenció, finalmente encontrando el valor para esbozar las palabras—. ¿Por qué sigue tratándome como si estuviéramos cortejando?
—Yo… —titubeó, luciendo totalmente desconcertado.
Ella le dio una sonrisa.
—Su Alteza...
—Te dije que me llamaras Adrien.
No obstante, ella no pudo. Ya no. No con su corazón en juego.
—Usted es un hombre extremadamente amable. Será un gran rey. Espero que pueda encontrar una mujer que gobierne a su lado, pero esa mujer no soy yo, y lo sabe muy bien. Así que, le pido que por favor deje de tratarme tan dulcemente. Porque eso… —las siguientes palabras eran casi vergonzosas, pero tenía que terminar—, me ilusiona demasiado.
¿Qué mujer sería tan tonta como para rechazar al príncipe? Sin embargo, ahí estaba, pidiéndole que detuviera sus insinuaciones.
Que incluían obsequios.
Levantó la mano para quitarse el collar, pero él la detuvo.
—No —le sujetó las manos mientras se arrodillaba ante ella—. Marinette, por favor. Me contendré. No sabía que te estaba causando tanto estrés, pero por favor, quédate con el collar. Es una recompensa de un reto. Es tuyo.
Ella alzó una mano para tocar la piedra preciosa que descansaba perfectamente en el hueco de su garganta.
—Solo hasta que me vaya.
—No, no dejaré que lo devuelvas —insistió—. Será tuyo, y será mejor que descubra que lo llevaste contigo cuando te marches.
Un recuerdo del príncipe para siempre. Y pensar que este amable hombre tendría que casarse con una mujer que seguramente apenas era digna de él. Qué idea tan espantosa. Por un momento, deseó ser noble para poder salvarlo de tal tormento. Pero cuanto más pensaba en ello, más se daba cuenta de que los celos la hacían la menos digna de él de entre todas las mujeres.
—Es muy amable de su parte.
—Mientras tanto —agregó, con una frágil sonrisa ladeada que ocultaba algo de dolor detrás—, te pedí que pasaras este tiempo conmigo. Espero que las cosas no sean demasiado incómodas entre nosotros
La sonrisa de Marinette fue forzada solo a medias.
—Estoy segura de que podemos hallar la manera de evitarlo.
Honestamente, podría decir que disfrutaba su tiempo con el Príncipe Adrien. Era tan amable y dulce, y sus peculiaridades solo lo hacían más agradable a sus ojos.
Lo cual era peligroso.
Ella era una plebeya; no podía enamorarse de él. Ni remotamente. No debía encariñarse en absoluto. Y a pesar de eso, allí estaba, disfrutando profundamente su tiempo con él. Era demasiado.
—Bueno, bueno, bueno. Pero si es Lady Bug.
Marinette alzó la mirada para ver a Lady Volpina y Lady Bourgeois paradas en ambos extremos del pasillo que conducía a su dormitorio. Una sensación de pavor se hundió en sus entrañas.
—¿Qué es lo que desean?
—Charlar —dijo Lady Volpina, acercándose a Marinette y cruzando los brazos.
—Obviamente —dijo Lady Bourgeois, aproximándose desde el otro lado de Marinette y haciendo lo mismo.
Marinette sabía que estaba en problemas.
—¿Acerca de qué?
—Acerca de que pasas otro día con el príncipe, por supuesto —chilló Lady Volpina a través de una sonrisa exagerada.
—Tú ciertamente tienes su atención —formuló Lady Bourgeois—. ¿Y ese collar es nuevo? Es bastante bonito y no recuerdo que lo llevaras puesto esta mañana.
—No sé por qué —respondió Marinette, levantando automáticamente la mano para tocar su nuevo collar, como si pudiera protegerlo.
—Oh, pero sencillamente debes saberlo —dijo Lady Volpina—. Después de todo, ¿no te consiente durante las reuniones?
—Eres una de las pocas chicas en conseguir una segunda cita —continuó Lady Bourgeois—. Ciertamente debes saber lo que lo enamora de ti.
Marinette echó un vistazo de un lado a otro entre sus sonrisas, ambas demasiado forzadas para ser reales.
—¿Por qué importa eso?
—¡Somos curiosas!
—Creo que tenemos derecho a serlo.
—Después de todo, él es el príncipe del reino.
Marinette no les creyó ni un poco.
Los próximos segundos pasaron tan rápido que no pudo detenerlos hasta que ya era tarde. En medio de su conversación, abrieron la puerta de la habitación de Marinette y la empujaron dentro. Antes de que fuera consciente de lo que acababa de pasar, estaba en el piso, mirando a las dos chicas que se cernían sobre ella.
—¿Qué te hace tan especial? — exigió Lady Bourgeois, su sonrisa desapareció y fue reemplazada por una mueca.
—Eres una completa torpe —continuó Lady Volpina—. Incompetente, desgarbada…
—Insufrible.
—Ignorante.
—Patética.
—Una vergüenza como lady —concluyó Lady Volpina.
—Si es que lo eres —añadió Lady Bourgeois—. No puedes bailar.
—No puedes conversar bien.
—No sabes qué tenedor usar para la cena.
—¿Estás tan mal formada?
—¿Qué ve el príncipe en una farsa de lady como tú?
Marinette hizo todo lo posible para no dejar que esas palabras la afectaran, a pesar de saber que todo era cierto.
—No lo sé —dijo.
—¿No lo sabes? — repitió Bourgeois—. ¿Eres tan ingenua? ¿O solo completamente despistada?
—Apuesto a que por eso le gusta al príncipe —dijo Lady Volpina, con una sonrisa presumida en su rostro—. ¿Acaso a los hombres no les gustan las mujeres estúpidas que siguen todas sus órdenes? Seguramente, el príncipe no tendría que trabajar duro si quisiera desflorarla a estas alturas. Parecía disfrutar arrastrándola lejos de su chaperón. ¿Y si solo estaba buscando un lugar en donde usarte para su propio placer?
El estómago de Marinette se retorció.
—Oh —arrulló Lady Volpina, inclinándose más cerca de Marinette—. Pobre pequeña Lady Bug… tan dulce, inocente e ingenua que ni siquiera se da cuenta de cuáles son las verdaderas intenciones del príncipe para con ella. Oh, pobrecita. No eres más que un blanco para su placer. Y nadie te creerá si se los dices. Después de todo, él es el príncipe. Puede tener a cualquier mujer que desee.
—Y, sin embargo… —Lady Volpina hizo un gesto en señal de desaprobación—. Podría haber elegido a cualquiera de las tontas ingenuas que hay en este castillo, pero ni siquiera busca a las más refinadas o a las más hermosas.
—Ella es una mujer promedio en el mejor de los casos —coincidió Lady Bourgeois—. ¿Y has visto sus manos? ¡Ugh! Qué vergüenza. Su piel es como el cuero. ¿Te ponen a trabajar a lo largo y a lo ancho de tu castillo, pobre pueblerina?
—Salgan de mi habitación —pidió Marinette, de alguna manera encontrando su voz.
—No te preocupes, lo haremos —se burló Lady Volpina, aunque su sonrisa maliciosa era la de una ganadora—. Después de anunciar la única advertencia que vinimos a darte: mantente alejada del Príncipe Adrien. Es peligroso.
—Entonces, ¿por qué razón lo buscan?
Las palabras sorprendieron a las dos ladies, borrando las sonrisas de sus rostros. En ese instante, Marinette supo que viviría lo suficiente para arrepentirse de sus palabras.
Lady Bourgeois no consiguió reponerse, pero Lady Volpina sí.
—Porque, querida —dijo, con voz melosa pero cargada de veneno—. Tengo un valor y patrimonio para él, tú en cambio, no tienes ni la mitad de mis conexiones o mi dote. Créeme; lo sé. No tienes ninguna de las competencias o aptitudes que él necesita. Yo sí valgo para él, tú... solo eres un juguete de placer. —Con eso, se enderezó y se dirigió a la otra fémina—: Déjala, Lady Bourgeois. Vámonos.
Lo siguiente que Marinette supo fue que la puerta de su habitación se cerraba con tanta firmeza, que podría sacudir el castillo.
Y que la habían dejado con lágrimas surcando su rostro.
Se permitió llorar, sin siquiera encontrar la fuerza para levantarse del piso.
En el momento en que se percató de que sus lágrimas se habían secado, llamaron a su puerta.
—¿Marinette?
«¿Adrien?»
Estaba pegada al suelo, incapaz de levantarse. Hasta que él tocó de nuevo.
—Marinette, ¿estás bien?
—No —respondió en voz apenas audible.
—¿Puedo pasar?
No podía encontrar la fuerza para moverse, y apenas la encontró para hablar.
—Si.
La puerta se abrió y, en el momento en que lo vio, Marinette volvió a quebrarse. Enterró la cara en sus manos, pero antes de que pudiera dejar salir otro sollozo, pudo sentir a Adrien envolviéndola con sus brazos, acercándola a él. Rápidamente, se dio cuenta de que se encontraba en su regazo, siendo abrazada fuertemente contra su pecho.
Adrien la sujetaba con firmeza, ofreciéndole seguridad y consuelo. No la interrumpió. Solo la abrazaba y la dejó llorar hasta que se hubiera calmado.
—¿Qué ocurrió, corazón? —susurró él.
Ella se sorbió la nariz.
—Es tan difícil… —dijo, con la voz débil por el llanto—, interpretar este papel.
—Estoy seguro de que lo es.
—Y pensé… pensé que s-sería capaz de mantener el perfil bajo, q-que nadie realmente me prestaría atención. —Hizo una pausa, respirando hondo para estabilizarse—. Pero… Lady Volpina… y Lady Bourgeois…
Sus brazos intensificaron su agarre alrededor de ella.
—Las he visto salir de tu habitación —dijo—. ¿Qué fue lo que hicieron?
—No les gusta que pase tiempo con el príncipe —señaló ella, ante lo cual Adrien suspiró con hastío—. Y entonces, vi-vinieron y me dijeron cosas horribles, y-y no fue como si pudiera decir que… que no quería pasar tiempo con él. Que no era digna de él...
—Shh —la apaciguó, interrumpiéndola antes de que pudiera continuar desvariando—. Todo está bien. No te volverán a molestar; me aseguraré de eso.
Ella asintió, con la cabeza sobre su hombro. No sabía qué podía hacer él, pero a estas alturas, quería creerle desesperadamente.
—Tú no crees las cosas que te dijeron, ¿verdad? —preguntó Adrien.
—Es decir… yo sé que no soy la dama más apropiada. Ni siquiera soy una lady, en absoluto, y tampoco soy buena fingiendo serlo. Y… Y no importa lo que ellas digan, soy consciente de lo que me contaste sobre el príncipe, y sé que él no es así.
Adrien se puso tenso.
—¿Así, cómo?
—Que sus intenciones sean seducirme y utilizarme, porque es todo lo que puedo ofrecerle.
Adrien se petrificó, enfriando su agarre sobre ella, totalmente paralizado.
Marinette se apartó lo suficiente como para ver su expresión, una furiosa y distante.
—¿Adrien?
—No las escuches —exigió, saliendo rápidamente de su trance—. Te juro que están mintiendo.
—Lo sé —dijo ella—. Aún así, duele.
Adrien la volvió a acurrucar contra su pecho. Marinette disfrutó de la seguridad que él le brindaba.
—Lo sé —susurró él—. Y lo siento, pero no se saldrán con la suya, te lo prometo. ¿Está bien?
—Está bien —repitió ella—. De todas maneras, no dejes que el príncipe sepa lo que ellas hicieron. Solo dile que deje de elegirme.
—Pero él va a querer saber por qué.
Ella se encogió de hombros lo mejor que pudo entre sus brazos.
—Inventa una excusa por mí.
Él resopló, no muy convencido.
—Haré lo que mejor me parezca, ¿de acuerdo? No voy a permitir que estas chicas te pisoteen así. Pero, mientras tanto, hagamos algo para despejar tu mente y que dejes de pensar en ellas, ¿te parece?
Ella lo miró, su frente arrugada por la confusión.
—¿Qué tienes en mente?
—Algo para quitar ese frunce de tus labios. Eres demasiado bonita para lucir esa expresión en tu rostro. —Marinette sintió una oleada de calor que la inundaba. Adrien continuó—: Entonces, cuando te hayas calmado, podemos ir a la ciudad por un rato. Pero no nos moveremos de aquí hasta que te sientas lista, ¿de acuerdo?
Como si ella pudiera resistirse a él.
—De acuerdo.
—¿Tienes algún lugar en mente? — preguntó Marinette mientras deambulaban por la ciudad.
Habían pasado un buen rato acurrucados en el piso de su habitación. Marinette mentiría si alguna vez se lo preguntaran, pero encontraba tanto consuelo en su abrazo. Ella sentía que él era su pared, su escudo, su protector. Como si nada pudiera tocarla. Le ayudó a recuperar la compostura mucho más rápido de lo que él creyó que lo había logrado, porque ella, egoístamente, quería pasar más tiempo envuelta entre sus brazos.
—Quizás uno o dos —contestó Adrien—, pero ningún lugar en particular. Creo que solo necesitabas un tiempo lejos del castillo y de todo ese lío. Disfruto de vagar por la ciudad. A veces, encuentro regocijo al relajarme en medio del ajetreo de la misma.
—Eso suena contradictorio, pero confiaré en ti.
—No puedes pensar en tus problemas cuando estás ocupado navegando a través del bullicio.
—Buen punto.
Juntos, con las manos de ella envueltas alrededor de su codo, deambularon por la ciudad, aparentemente sin rumbo alguno. En esta ocasión, Adrien no entabló mucha conversación, pero, sinceramente, Marinette lo prefirió así. No pasó mucho tiempo antes de que Marinette entendiera a lo que se había estado refiriendo.
—¿Quieres un éclair de esa pastelería? — preguntó Adrien—. Yo invito.
Por mucho que ella se negara, realmente sonaba bastante bien.
—¿No te importaría?
—En lo más mínimo.
—Entonces sí, me gustaría uno.
Él se aproximó para darle unas suaves palmaditas a sus manos. El gesto la hizo sentir tan cálida y cuidada. Ella saboreaba la sensación.
Adrien la condujo con bastante facilidad entre la multitud, hasta llegaron a una intersección que estaba abarrotada de personas. Ella se sentía terrible por chocarse con la gente, y cuando intentaba esquivar a alguien, generalmente terminaba topándose con algún otro. Hasta que su hombro golpeó a alguien enérgicamente.
—Lo siento mu... —ella se había volteado para pedir disculpas, pero sólo consiguió paralizarse en estado de shock al ver a la persona con quien se encontraba cara a cara.
—¿Marinette?
—Luka.
El tiempo se congeló por un segundo mientras ella miraba sorprendida al hombre que una vez había querido casarse con ella.
—¿Cómo estás? —preguntó él.
—Bien —contestó ella, sin saber qué más decir—. He estado bien. ¿Y tú?
—Bien —respondió—. Las cosas me han ido bien.
Marinette asintió antes de darse cuenta de que Adrien estaba a su lado y que probablemente sería bueno presentarlos.
—Oh, Luka, este es Adrien, mi amigo de la infancia, con el que me reencontré recientemente. Adrien, este es Luka, el hombre que yo…
—Que la cortejó por un tiempo —terminó Luka, asomando su mano para estrechársela—. Un placer conocerlo.
—El placer es mío —devolvió Adrien.
Aunque las palabras intercambiadas quizás parecían lo contrario, Marinette prácticamente podía sentir la tensión que se gestaba entre los dos hombres.
—¿Qué los trae por aquí? — preguntó Luka.
—Solo paseamos por la ciudad —respondió Marinette.
—Estábamos yendo a buscar unos éclairs —dijo Adrien—. Del local a la vuelta de la esquina.
—Nada se puede comparar con los éclairs de los padres de Marinette —dijo Luka—. ¿O están tus padres aquí?
—No, no están. Lamentablemente.
—¿Sólo tú?
Marinette sintió que estaba a un par de pasos de hundirse en esa conversación.
—Ella está aquí con Lady Bug —dijo Adrien rápidamente—. Por el asunto de las novias del príncipe.
—Ahh, eso tiene sentido —comentó Luka—. Entonces, debes estar fuera de servicio, por el momento.
Marinette sintió que podía respirar aliviada.
—Sí, así es. Y Adrien tuvo la amabilidad de acompañarme durante todo el día.
Luka asintió con un guiño.
—Entonces mejor dejo que disfruten de su tiempo juntos. Hasta que nuestros caminos se vuelvan a cruzar, te digo adiós.
Con una reverencia, Luka se dio vuelta y se dirigió hacia la multitud.
—Luka —murmuró Marinette, sintiendo de repente que lo despedía demasiado rápido—. Adrien —dijo volviéndose hacia él—. Ve a la tienda. Nos vemos al rato.
—¡Marinette!
Pero ella lo ignoró, en pos de llamar a Luka para lograr que se detuviera.
Lo cual él hizo, su rostro claramente sorprendido cuando se dio la vuelta.
—¿Marinette?
—Lo siento —dijo ella—. Eso fue muy grosero de mi parte. Tanto para decir adiós como para iniciar cualquier conversación.
—Está bien, Marinette —concedió, suavizando su sorpresa—. Las cosas entre nosotros estaban un poco tensas cuando decidimos separarnos. Lo entendí en ese entonces, y lo entiendo ahora. Sin embargo, verte de nuevo me sorprendió, no pude evitar querer saludarte.
—Me gustó verte de nuevo —confesó Marinette—. Y charlar, aunque solo sea por un momento.
—A mí también. Aunque creo que será mejor que vuelvas con tu pretendiente.
—¿Mi pretendiente?
Luka frunció el ceño, confundido.
—¿No estás cortejando con Adrien? Ustedes dos parecían bastante cercanos.
—No, por supuesto que no —desestimó Marinette—. Adrien es solo mi amigo de la niñez. ¿Te acuerdas? ¿Aquel de quien solía contar que me visitaba durante los veranos? Trabaja como guardia del castillo y, por supuesto, quiero pasar tiempo con él mientras pueda porque éramos tan cercanos en ese entonces y solo tenemos un tiempo limitado ahora y…
Sus divagaciones fueron interrumpidas por las suaves risitas de Luka.
—Oh, Marinette —murmuró, mirándola con una dulce expresión—. Siempre te he amado, incluso si a veces eras un poco ajena a tus propios sentimientos.
—¿Ajena? —repitió ella, entrecerrando sus ojos—. ¿Qué se supone que significa eso?
—Significa —comenzó a responder, inclinándose más cerca—. Que ya tienes a ese pobre joven completamente a tus pies y lo estás ilusionando involuntariamente.
Marinette sintió que el corazón se le subía a la garganta.
—¿Q-qué? No.
Luka se volvió a reír.
—A veces, Marinette, es mejor ser honesto contigo mismo acerca de estas cosas, especialmente cuando tienes el corazón de otra persona en tus manos. Pensé que ya habías aprendido esa lección. Pero deberías volver con él ahora. Estoy seguro de que está sumamente celoso por el hecho de que corriste detrás de mí. Y también estoy seguro de que tu corazón quiere estar a su lado ahora mismo, en lugar de hablando aquí conmigo. Entonces, me iré de verdad esta vez, y me vas a prometer que serás honesta contigo misma y con tus sentimientos cuando regreses junto a él, ¿de acuerdo?
Sus mejillas se sentían demasiado calientes como para pretender que no se habían vuelto de color carmesí.
—De acuerdo.
Él sonrió.
—Esa es mi chica. —Tomó su mano con delicadeza y le besó el dorso—. Adiós, Marinette.
—Adiós, Luka.
En un instante, desapareció entre la multitud, dejando a Marinette envuelta en un confuso enredo. Afortunadamente, fue capaz de encontrar el camino de regreso a la pastelería con bastante facilidad, solo para ver a Adrien esperando allí con un éclair en cada mano.
—Lamento haber huido —se disculpó, sintiéndose bastante culpable de repente.
—No hay problema —dijo en voz baja—. Lo entiendo. Tú lo amabas, ¿verdad?
—Aun así, eso no era una excusa. Siento haberte abandonado.
—Te perdono —le dijo con una sonrisa, extendiendo un éclair hacia ella.
Ella levantó la vista hacia su rostro sonriente. Aunque él parecía feliz, ella podía ver un indicio de dolor detrás de sus ojos.
Las palabras de Luka resonaron en su cabeza mientras tomaba el éclair de Adrien con un 'gracias'. ¿Adrien realmente sentía algo por ella? ¿Tenía ella sentimientos por él?
¿Y qué era esa sensación en su pecho?
~~•~~•~~
Y acá está, un nuevo capítulo. Apareció Luka, y parece que su intervención fue necesaria para que, al menos Marinette, comenzara a abrir los ojos.
En el próximo capítulo, veremos la reacción de Adrien tras este inesperado encuentro. Y tendremos un duelo entre dos personajes. ¿Se imaginan quiénes son?
Gracias por sus reviews, favs, y lecturas, me hacen mucha ilusión. ¡Nos leemos pronto!
