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A Bride for The Prince
(Español)
CAPÍTULO 12
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Su instinto se lo decía. Adrien siempre había sido bueno en captar la verdadera naturaleza de las personas y, aunque realmente no podía decir qué, definitivamente había algo mal con ese tal Luka. Hubo una historia entre él y Marinette. ¡Él le rompió el corazón!
Mmm... no.
Marinette mencionó que fue ella la que rechazó su proposición…
Pero tenía que haber una razón para que lo hiciera, ¿verdad? Ella había dicho que lo amaba, entonces ¿por qué lo rechazaría? ¿Quizás este Luka tenía un lado oscuro? ¿Esqueletos ocultos en su pecho?
Pero entonces…
¿Por qué ella se veía tan nerviosa después de regresar? ¿Por qué corrió detrás de él para empezar? ¿Se sentía atraída por los hombres con un lado más oscuro? ¿Era esa la razón por la que Théo estaba acechándola? ¿Ese canalla de alguna manera lo percibió y por ese motivo se sintió seducido por ella?
Adrien se dio vuelta en su cama.
No. Eso no podía ser. Marinette era sincera y amable. Era luz y calidez. Ella representaba todo lo bueno que existía, y atraía a la misma clase de personas.
Entonces, ¿por qué?
¿Por qué corrió detrás de Luka, y por qué demonios eso le molestó tanto a Adrien?
Un momento...
¿No había dicho Marinette algo sobre que Luka se la pasaba más de gira que en casa? ¿Corrió ella tras él para preguntarle si eso había cambiado? ¿Ella todavía… quería saber si todavía tenía una oportunidad? ¿Si estaría dispuesto a quedarse con ella ahora?
¿Qué respondió él?
¿Por qué estaba intranquila?
Quitándose las sábanas de encima, Adrien se sentó, su respiración era rápida e irregular. Su corazón estaba acelerado, gotas de sudor coronaban su frente.
Hacía calor en la habitación.
Estaba infernalmente calurosa.
Por eso no había podido dormir.
Caminó hacia la ventana y la abrió. El sol se asomaba por el horizonte. Adrien fue arrasado por la brisa de la mañana, y respiró hondo.
Tan refrescante.
Se tomó unos minutos para calmarse y volvió a su cama, suplicando a todas las deidades conocidas por al menos una hora de sueño. Él fue escuchado. Parcialmente.
Su mañana no había ido mejor. El sol estaba demasiado brillante. El comedor, demasiado vacío. Sus comidas, usualmente deliciosas, sabían horrendas ese día. Su padre también estaba insoportable. Pregunta, tras pregunta, tras pregunta. Por lo general, Gabriel era el que guardaba silencio. ¿Por qué no podía dejar de molestar a Adrien esa mañana? ¿No había visto que no estaba de buen humor?
—Veo que no tienes apetito —su padre finalmente se había dado cuenta—. ¿A qué se debe ese gesto huraño?
—Nada. Solo estoy cansado de toda esta basura.
Gabriel levantó una ceja.
—¿Qué te tiene tan sacado de quicio a primera hora de la mañana?
—Falta de sueño —dijo Adrien, levantándose—. Ahora, si me disculpa, Padre, será mejor que me vaya. Hoy tengo el último montón de entrevistas.
—Sé amable con ellas —su padre tuvo que sermonear.
Adrien refunfuñó, pero no respondió, retirándose de la estancia. Su mente se focalizó en la solución perfecta que acababa de encontrar: le preguntaría a ella. ¿Por qué Adrien debía torturarse a sí mismo, cuando simplemente podía preguntarle a Marinette qué sucedió entre ella y Luka el día anterior? Su corazón se estrujó ante el pensamiento, pero esa podría ser la oportunidad de ser feliz de Marinette. Si ella todavía amaba a Luka, y si Luka aún la amaba a ella… entonces, tal vez ellos aún podían…
Se alegraría por ella. Adrien juró que lo haría. Era su amiga, y él debería estar feliz por ella …
Entonces, ¿por qué le dolía tanto el pecho ante la simple idea?
La encontró bastante rápido. A ella y a ese idiota de Barbot. Adrien gruñó. Ese tipo no entendía las señales, ¿verdad? Y, por lo que parecía, no le importaba incluso si era consciente de ellas, porque Théo ignoraba por completo el estado bastante incómodo de Marinette, mientras ella trataba de alejarse del imbécil que la acorralaba contra el banco.
Bueno, esta vez Adrien no se quedaría observando en los alrededores, esperando a que Marinette echara a Théo. Estaba en su atuendo de príncipe. Él podía interferir.
—Buenos días, Lady Bug —saludó Adrien, acercándose. Con una mirada cargada de furia sobre el Duque Barbot, tomó la mano de Marinette y le besó los nudillos—. Théo.
El otro hombre apretó sus labios en una delgada línea.
—Su Alteza.
—Me han dicho que sigues acosando a esta encantadora dama —Adrien no se anduvo con rodeos—. Debo pedirte que detengas eso.
—¿Quién le contaría semejantes mentiras? —Théo frunció el ceño, en una fingida ofensa—. Justo le estaba diciendo a la adorable doncella lo hermosa que se ve hoy.
—Desde mi perspectiva, ella parecía bastante incómoda al escuchar eso.
—Yo no estaría de acuerdo, mi Príncipe. Me pareció que ella estaba bien…
—¿Deberíamos preguntarle a tus innumerables víctimas anteriores qué tan agradecidas estaban con tus insinuaciones?
La cara de Théo se volvió carmesí, pero tuvo el descaro de fingir ignorancia.
—Seguramente mi Príncipe no cree en los chismes de mujeres celosas.
—Tu Príncipe desea que dejes en paz a Lady Bug.
—Me temo que mi Príncipe no tiene la facultad para pedirme tal cosa —respondió Théo—. No, a menos que esté planeando proponerle matrimonio a ella.
La mirada furiosa de Adrien se volvió asesina, un pequeño gruñido retumbó en su garganta.
«¡Ese bastardo!»
—Y como asumo que ese no es el caso —se burló Théo—, me temo que Su Alteza no puede prohibirme probar suerte al cortejar a esta encantadora doncella.
—Ella sigue siendo una de las candidatas a convertirse en mi esposa, Théo —dijo Adrien, con voz baja y amenazante—. No puedes cortejarla hasta que eso se termine.
Théo sonrió con malicia, inclinándose hacia adelante.
—Ambos lo sabemos, Adrien, ella no está calificada.
Adrien miró de reojo a Marinette. Su postura era rígida; sus brazos, aferrados sobre su pecho, parecían temblar, al igual que sus labios. Su rostro sonrojado, apuntaba hacia el suelo. Adrien apretó los dientes. Su corazón palpitaba con fuerza, y también mantenía sus puños apretados. Prometió que la protegería, y hasta ahora, no había hecho más que causarle problemas. Bueno, ya era hora de que eso cambiara.
—Entonces no me dejas otra opción —Adrien masculló con rabia, acercándose a Théo—. Has insultado mi honor al cortejar a una de las candidatas oficiales a convertirse en mi esposa antes de que tomara una decisión. Has estado insultando repetidamente el honor de Lady Bug yendo tras ella cuando claramente no acoge con beneplácito tus avances. —Adrien se enderezó, mirando a Théo directamente a los ojos—. Te reto a un duelo, Duque Barbot. Quien sangre primero. Si gano, nunca más te acercarás a Lady Bug en tu vida. Incluso después de que ella abandone este castillo.
Théo arqueó la ceja, divertido.
—Lo está tomando demasiado en serio, mi Príncipe.
—¿Estás declinando?
El duque apretó los labios, mirando fijamente a Adrien.
—No —ladró—. No soy un cobarde. Si yo gano, Lady Bug se convertirá en mi esposa.
La sangre de Adrien hirvió. Tomó su espada con un rápido movimiento de su brazo, furioso.
—Nunca.
—Entonces digo que dejemos que las espadas decidan.
—¡Por favor, no! —Marinette finalmente había hablado, interponiéndose entre los dos. Ella lo encaró a Adrien—. Mi Príncipe, le suplico que cancele este disparate. Yo no valgo la pena.
Adrien fulminó con la mirada a Théo por encima del hombro de la joven, respirando trabajosamente.
—Usted vale más de lo que cree, Milady, y, a menos que el Duque Barbot se disculpe y jure no volver a acercársele, me temo que no podré complacer su deseo.
—Entonces será mejor que busquemos nuestros padrinos y comencemos —declaró Théo—. Pero déjeme decirle que he estado practicando mis habilidades...
—Yo también —interrumpió Adrien y miró a su alrededor—. Esos dos guardias. Escoge el que quieras.
Théo eligió a Kim. Adrien se quedó con Max. Resolvieron los detalles, y diez minutos después, los dos hombres desnudaron sus espadas en el campo de entrenamiento.
La batalla fue corta. Había demasiada mala sangre entre Adrien y Théo. Demasiado cegadora era la rabia que bullía en las venas del príncipe. Demasiado grave había sido el insulto final del duque.
Y lo más importante, demasiado valioso era el premio que se había designado.
Adrien no pudo contenerse, incluso si hubiera querido, porque no era su honor el que estaba en juego; era el futuro de Marinette. No podía permitir que ese bastardo perverso se quedara con su Marinette. ¡Ni en esta vida ni en la otra, nunca! Un horrible corte en el pecho de Théo solo diez minutos después de que comenzara el duelo fue la mejor prueba de ello.
—No des otro paso en dirección a ella —gruñó Adrien, alzándose por encima de Théo—. Ni siquiera la mires, o la próxima vez no será un combate a primera sangre. Acabaré contigo.
Théo apretó los labios, sujetándose la herida con sus manos para detener el flujo de sangre. Sin decir nada, dejó que Adrien se alejara un poco antes de emitir un gruñido.
—¿Por qué te preocupas tanto por ella? Es una plebeya.
—No lo sabes con seguridad —respondió Adrien, dándose vuelta—. Tú mismo me lo dijiste.
—Oh, sí, ahora lo sé —Théo se mofó—. Hice que mi gente lo averiguara. Esta mujer es una antigua doncella de Lady Bug, quien se había fugado y actualmente es conocida como Lady Stoneheart.
—Bueno, ya que eres tan inteligente —Adrien se agachó al nivel de Théo—. Entonces déjame preguntarte, ¿por qué te interesas tanto por una sirvienta? ¿No tienes suficientes mujeres nobles a tu alrededor?
Théo entrecerró los ojos.
—¿Quizás porque me enamoré de ella?
Adrien arqueó una ceja y se carcajeó, siniestramente.
—Tal vez finalmente he decidido sentar cabeza y casarme —siseó Théo—. Marinette es la indicada para mí. Ella es la única que me hace ser un hombre mejor.
Adrien sacudió la cabeza, tratando de reprimir su risa maníaca.
—No estás engañando a nadie, Théo.
—¡No me importa quién sea ella! —Théo insistió—. La amo. La haré mi duquesa, lo quieras o no.
Adrien se quedó mudo. Inclinándose, tomó a Théo por el cuello de su camisa. Sus manos temblaban, la rabia fluía por cada parte de su cuerpo.
—No te atrevas ni siquiera a pronunciar su nombre, maldito. Ella no puede ser tuya.
—¿Y eso por qué?
«¡Porque ella es mía!»
Los ojos de Adrien se abrieron de par en par. Con el corazón acelerado, retrocedió por una fracción de segundo, pero sacudió la cabeza y respondió:
—Porque ella es mi amiga y se merece algo mejor que tu cambiante y pervertido "amor". Aléjate, Théo, o te arrepentirás.
Soltando al hombre herido, Adrien se levantó y volvió a introducir su espada en la funda. Théo lo contempló por un momento antes de estallar con una repentina y escalofriante carcajada. Adrien lo ignoró y comenzó a alejarse, tomando la mano de Marinette.
—Qué desafortunado para ti, mi Príncipe, que la realeza no se case con los plebeyos, ¿no? —gritó Théo mientras lo dejaban atrás— ¡Tú tampoco puedes tenerla, Adrien!
Adrien aceleró sus pasos, llevando a Marinette lo más rápido y lejos posible de la escena, con la esperanza de escapar del pensamiento aleatorio que zumbaba por su mente y, de alguna manera, ponerlo todo en perspectiva. Solo soltó a Marinette una vez que llegaron a la parte del castillo donde ella vivía.
—Lamento que hayas tenido que presenciar eso —dijo Adrien, mirando a todos lados menos a ella—. El Duque Barbot no debería molestarte más, pero si lo hace, háznoslo saber a Adrien, Nino o a mí. Pero, por el momento, debería marcharme…
—Gracias. —La voz de Marinette sonó temblorosa, y Adrien ya no pudo mirar hacia otro lado. En el momento en que sus ojos se encontraron, Adrien lo supo.
Él era un tonto. El mayor idiota en la historia de este mundo.
Nino probablemente se estaría riendo tan fuerte en este momento, y cuando se detuviera, mataría a Adrien por haberlo ignorado durante todo este tiempo. Nino y su padre. Ambos lo asesinarían a sangre fría y nunca lo lamentarían. Porque los imbéciles como Adrien no deberían existir.
—Por nada —susurró Adrien y, después de una reverencia de despedida, se escapó tan rápido como pudo.
Tan pronto como la puerta de su dormitorio se cerró detrás de él, Adrien se deslizó hacia el suelo y dejó caer la cabeza entre sus manos, un quejido lastimero se escapó de entre sus labios.
No podía ser. Debía estar equivocado. No podía estarlo, porque si lo estuviera… sería una broma demasiado cruel.
Adrien tragó saliva, encorvándose aún más sobre sí mismo. No había manera... debería haber escuchado a Nino...
Un golpe desgarró el silencio de la habitación.
—¡Maldita sea, Adrien! ¡Abre la puerta! ¡Sé que estás ahí!
—¿Nino? —Adrien se desplazó hacia un lado apenas lo suficiente para que su amigo abriera la puerta y entrara.
—¿Qué demonios, Adrien? ¿Un duelo? ¿Qué te sucede?
Adrien levantó la cabeza y miró a Nino, sin decir nada.
Su amigo frunció el ceño.
—¿Qué ocurre? Ganaste, ¿no? Te ves un poco…
—Soy un idiota, Nino.
—Eso ya es prácticamente de común conocimiento —declaró Nino con sarcasmo—. ¿Alguna otra novedad?
—Me he enamorado.
Cerrando los ojos, Nino exhaló por la nariz y se sentó en el suelo junto a Adrien, suspirando profundamente.
—Empecemos por el duelo primero.
—Él seguía molestándola, y cuando lo enfrenté, dijo que estaba enamorado y que quería casarse con ella.
Nino se echó a reír.
—Exacto —dijo Adrien—. Solo que el bastardo iba muy en serio. Tenía que hacer algo.
—Podrías haber elegido una mejor manera de explicarle la situación que un duelo. Tienes suerte de que tu padre no esté, pero no puedo ocultárselo una vez que regrese. No va a estar contento.
—No, no lo estará —Adrien sacudió su cabeza.
—Y has colocado a Marinette en el centro de atención, otra vez.
—Lo hice —gruñó Adrien, su cabeza cayendo nuevamente entre sus manos.
—Y no es como si pudieras casarte con ella…
Adrien maldijo en voz baja.
—Olvidé preguntarle sobre Luka.
—¿Luka? ¿Quién es Luka? —inquirió Nino, frunciendo el ceño.
—Es un tipo que solía cortejar a Marinette —contestó Adrien, concentrándose en sus manos—. Alto, cabello oscuro, ojos azules, atractivo. El vocalista del Grupo Couffaine. Marinette… Ella rechazó su petición de mano hace algún tiempo, pero no porque no lo amara. Hubo otros factores… Y ayer nos encontramos de casualidad con él en la ciudad. Intercambiaron unas palabras, se marchó y luego ella corrió tras él y me pidió que me quedara atrás y cuando regresó, estaba sonrojada. Así que … iba a preguntarle sobre eso.
Nino contempló en silencio a Adrien por un breve momento. Luego silbó.
—Amigo, estás muy mal.
Adrien dejó caer la cabeza en sus manos otra vez.
—Lo sé.
—Sin embargo, creo que en el fondo, no te estás dando cuenta de algo —Nino se rio entre dientes—. Dime, si entendí correctamente, el Adrien "Chat Noir" es quien conoció a este chico Luka ayer, ¿verdad?
Adrien miró a Nino y asintió.
—¿A dónde quieres llegar?
—Entonces —Nino señaló su atuendo—,¿por qué el Adrien "Príncipe" le preguntaría a Marinette sobre él?
Adrien gruñó, apoyando su cabeza contra la puerta detrás de él.
—No dormí mucho. Deja de meterte conmigo, Nino.
—Estabas celoso, amigo, y Théo estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado.
—Théo recibió lo que se merecía.
Nino se rio silenciosamente.
—No discutiré contigo sobre eso, pero…
Adrien se removió en su sitio.
—Oye. ¿Crees que hay una posibilidad de que yo también le guste? Quiero decir, ella corrió tras él, pero regresó a mi lado y pasó el resto de la noche conmigo. Incluso se disculpó por haber huido, así que, tal vez… ¿crees que tengo una oportunidad? ¿Al menos una pequeñita? La tomaré aunque fuera minúscula.
Nino arqueó una ceja.
—Amigo, de todos los problemas en los que te has metido, ¿ésto es lo que más te preocupa?
—Bueno, sí —dijo Adrien—. Porque, elegible o no, ella aún es parte del grupo del cual puedo escoger una novia, y si yo también le agrado, lucharé por nosotros. Encontraré un vacío en la ley. Me enfrentaré a mi padre. Renunciaré a mi derecho de nacimiento, no lo sé… Pero, haga lo que haga, todo habrá sido en vano si ella no me quiere.
—No estás hablando en serio…
Adrien se enderezó, sus ojos se llenaron de fuego.
—Quizás debería confesarme. Yo mismo le preguntaré… ¿o tal vez con un beso? La besaré y veré su reacción y…
—No, viejo. No. —Nino lo tomó por los hombros—. Déjame detenerte ahí mismo. No te vas a confesar y no vas a besar a nadie.
—Pero…
—Sin peros. Ni confesarte ni besarla le hará ningún bien a ninguno de los dos, si no se te permite casarte con ella.
—Puedo encontrar una solución. Lo juro…
—Entonces enfócate en eso, y yo le pediré a Alya que averigüe si le gustas o no a Marinette, ¿está bien? Tú conoces a Alya. Probablemente ya sepa tu respuesta.
Los ojos de Adrien apenas podían contener la emoción.
—Por favor, pídeselo. Le daré lo que quiera.
—No quieres prometerle eso —Nino se rio entre dientes—. Ella podría exigir la mitad de tu reino.
—Y estaré dispuesto a dárselo. Es decir, tan pronto como sea mío.
—Estás peor de lo que pensaba —rio Nino.
Una sonrisa ladeada dividió los labios de Adrien.
—Ella lo vale. Marinette vale incluso una docena de reinos.
Nino resopló, sacudiendo la cabeza.
Adrien se levantó de un salto.
—No hay tiempo que perder. Me voy a investigar la ley en busca de cualquier vacío legal. Tú ve por Alya y…
—No tan rápido, chico enamorado —cortó Nino, poniéndose de pie—. Aun te quedan algunas entrevistas, y si no te das prisa, llegarás tarde a la primera.
—¿Tengo que hacerlo? —lloriqueó Adrien
—Absolutamente, sí. Ahora ponte presentable y vete.
—Bien — gruñó Adrien—. Pero me iré a la biblioteca justo después de eso, y tú hablarás con Alya.
—Lo haré —Nino rio disimuladamente—. Estoy seguro de que estará encantada de oir las noticias.
Había muchas más reglas y regulaciones concernientes al matrimonio de lo que Adrien recordaba. Lo cual presuponía que Marinette tendría que perdonarlo por no aparecer esa noche, y la siguiente, y tal vez incluso la noche siguiente, porque necesitaría al menos unos cuantos días para revisar todo. Días que Adrien escasamente tenía. Y como retrasarlo no era una opción, tendría que sacrificar su tiempo juntos y una parte de su sueño.
Tan pronto como acabaron las reuniones, Adrien se instaló la biblioteca. Sin embargo, no había permanecido allí durante mucho tiempo, antes de que la puerta se abriera de repente y su padre irrumpiera en la estancia.
—Será mejor que tengas una buena explicación para esto —Gabriel echaba humo, enfurecido, dando un manotazo sobre la mesa. Respirando fuerte, y con la cara roja, gritó—: ¿Un duelo? ¿Has perdido el juicio, Adrien? ¡La realeza no había estado involucrada en duelos durante décadas! ¿Qué ocurre contigo?
—Él me provocó —respondió Adrien con calma, pero con severidad.
—¿De qué forma? ¿Insultando tu honor? ¡Es el idiota de Barbot! ¡Hemos hablado sobre eso, Adrien! No puedes reaccionar a cada insulto suyo. Él es un simio sin clase con un título. Pero tú eres el Príncipe de este reino. La gente te mira.
—¿Está diciendo que debería haber hecho la vista gorda ante su reiterado acoso hacia una de las ladies que está compitiendo para ser mi esposa?
—¿Qué? —Gabriel frunció el ceño.
—La quería para él. Ella era el premio que exigía.
Gabriel se enderezó, cruzando los brazos sobre su pecho.
—Bastardo —musitó entre dientes, frunciendo el ceño—. Él no puede hacer eso antes de que hagas tu elección. Esta vez ha ido demasiado lejos.
—Yo pensé eso también.
Gabriel masculló otro insulto.
—¿A quién ha estado molestando?
—Lady Bug.
El rey arqueó una ceja, mirando fijamente a Adrien.
—¿La joven que casi se desmaya en tus brazos durante el baile?
—La joven que había bailado con Théo antes que conmigo y que estaba tan perturbada por sus acciones, fue demasiado para ella. Yo solamente resulté ser el siguiente en pedirle un baile. Se hubiera desmayado en los brazos de cualquiera después de haber sido sometida a los improperios de Théo.
Gabriel observó a Adrien durante algún momento, antes de sentarse en una silla.
—Me parece recordar su nombre en tu lista de solicitudes para una reunión adicional. ¿Alguien prometedora?
Adrien dudó. Si decía que sí, conseguiría instantáneamente la aprobación para el duelo de su padre. Si ella estaba en la lista de candidatas preseleccionadas como potencial novia de Adrien, nadie podría intentar cortejar a Marinette antes de que todo ese asunto acabara y quedar impune. Especialmente Théo. Era una cuestión de honor del Rey. Sin embargo, al admitirlo, también le garantizaría a Marinette la atención no deseada de su padre, y no podía hacerlo aún.
—No estoy seguro —dijo Adrien, apartando la mirada—. Solicité ver a unas cuantas.
—Lady Volpina y Lady Bourgeois eran puramente una distracción para quienes lo ven desde afuera. De eso estoy seguro —murmuró Gabriel—. Entonces, esto es entre Lady Riposte y Lady Bug, ¿verdad?
—Como dije, Padre, aún no estoy seguro de nada.
—Bueno, todavía tienes tiempo para tomar una decisión —dijo Gabriel, sonriendo satisfactoriamente. El destello de complicidad en sus ojos preocupaba a Adrien, pero no podía preguntarle al respecto. Afortunadamente, su padre miró los libros sobre la mesa y cambió de tema—. ¿Qué haces aquí tan tarde?
—Me estoy actualizando sobre las tradiciones matrimoniales. Pronto estaré proponiendo, así que será mejor que lo haga bien.
Los labios de Gabriel se estremecieron. Él se levantó de su asiento.
—Entonces no te entretendré. Me encargaré de este asunto del duelo, pero la próxima vez, por favor, sé más razonable: un rasguño en la mejilla o algo similar, en lugar de un tajo en el pecho. Eso no dejaría una cicatriz.
—Eso tampoco le hará recordar la lección —bufó Adrien.
Gabriel amortiguó un resoplido.
—Buen punto. Bien. Buenas noches, Adrien. Prepárate bien.
—Buenas noches, Padre —respondió Adrien, poniéndose de pie. Su estómago se revolvió. Algo no estaba bien. Su padre, normalmente estricto y sin aceptar ninguna clase de imprudencia, fue mucho más receptivo y comprensivo acerca de esta terrible experiencia de lo que Adrien había esperado. ¿Por qué?
Cuando el rey se retiró, Adrien se sentó y se recostó en su silla, tratando de pensar. Su padre apenas había interferido con todo ese asunto de "elegir una novia", hasta ahora. Era más bien un observador externo con intervenciones ocasionales. Sin embargo, cuando se trataba de tradiciones y comportamiento apropiado, su padre era inflexible. La reputación del Rey lo era todo para él. Entonces, ¿por qué estaba dispuesto a dejar pasar tan fácilmente el grave error de su hijo esta vez?
Adrien gimió y dejó caer la cabeza sobre la mesa. Estaba demasiado cansado para pensar en eso. La noche anterior de insomnio lo estaba afectando, así que fuera lo que fuese, tendría que meditarlo en otra ocasión. En ese momento, incluso las palabras en el libro dejaron de tener sentido, el sueño lo estaba alcanzando rápidamente. Sería mejor que llegara hasta su cama antes de que sucumbiera a su abrazo.
Eso fue lo último que Adrien fue capaz de hacer ese día. El resto tendría que esperar.
~~•~~•~~
Y... ¡Corte!
¿Qué les pareció? Adrien abrió los ojos... ¡AL FIN! Santo milagro del cielo xDD
Prepárense porque esta montaña rusa está empezando a tomar velocidad... Nomás les aviso ;)
En el próximo capítulo, veremos a Marinette con el Príncipe nuevamente, y una más que interesante charla entre ella, Lady Riposte y la queridísima Lady Volpina. Veremos si sale mejor parada esta vez...
Gracias por leer, y por los hermosos reviews en el capítulo anterior a Monica, Emely-nya, Rebeca .sz , arianne luna, paulayjoaqui y Nohelia Yadira.
¡Nos leemos pronto! ¡Cuídense!
