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A Bride for The Prince

(Español)

CAPÍTULO 13

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Marinette se sentía tan perdida. Desde su encuentro con Luka, todo en lo que podía pensar era en Adrien. ¿De verdad estaba jugando con él? ¿Realmente él tenía sentimientos románticos por ella?

¿Y sentía ella algo romántico por él?

Aferró con una mano el amuleto de la suerte que llevaba en su otra muñeca, el que Adrien le había comprado esa noche de festival. Esa era la gran pregunta.

¿Veía en realidad a su mejor amigo de la infancia como un posible pretendiente, un hombre con el que podría casarse? ¿O se estaba aferrando al pasado, a los recuerdos que tenía con él? A esa nostálgica sensación de días despreocupados, en los que ambos se acostaban sobre la hierba alta con el sol de verano cayendo a plomo sobre ellos, mientras una brisa apenas perceptible flotaba a su alrededor para llevarse lo peor del calor.

¿Se estaba aferrando a eso, o al hombre en el que se había convertido Adrien? Porque si era lo primero, tenía que tener cuidado y hacer todo lo posible para no dejar que creyera que ella sentía lo mismo. Es decir, si es que él, de hecho, tuviera sentimientos hacia ella que pasaran de ser amistosos.

Y luego estaba el asunto del príncipe.

Marinette sintió cómo sus mejillas se calentaron por la vergüenza. El príncipe había retado a Théo a un duelo, por ella. No debería haberlo hecho. Aquello le había causado muchos problemas a él, pero ignoró sus protestas y peleó por ella.

Lady Volpina la había criticado tanto por esa situación en los últimos días. Marinette juraba que hasta podía oír sus provocaciones mientras dormía. Cosas como "¿cómo te atreves a pensar que eres la mejor opción para él?" o "¿qué es lo que ve en ti que sea tan interesante?"

Y eso era lo que decía delante de los demás. En privado, la lengua venenosa de Lady Volpina no conocía límites. Aunque doliese más de lo que Marinette quisiera admitir, sus azotes verbales herían profundamente. Marinette sólo deseaba poder explicar cómo nunca pidió la atención del príncipe y que no sabía cómo librarse de ella. Pero esas palabras nunca se atreverían a salir de su boca. No cuando disfrutaba del poco tiempo que había podido pasar con el príncipe.

De todas maneras, aquello no duraría. Ella sabía con certeza que no la elegiría como novia. No podía; él lo sabía.

Entonces, ¿por qué estaba siendo tan amable con ella?

¡Oh, todo era demasiado confuso!

Antes de que Marinette pudiera doblar la esquina, un chillido la congeló en su sitio. La voz de una mujer gritándole a un sirviente por, al parecer, no tener su vestido perfectamente planchado, era un sonido familiar.

«Lady Volpina.»

Marinette se alejó un par de pasos de la esquina, tratando de encontrar el escondite más cercano. La puerta frente a la cual había pasado momentos antes, se encontraba abierta, y se coló dentro de la habitación, cerrándola detrás de sí.

—Ejem —carraspeó alguien a sus espaldas.

Con un jadeo ahogado, Marinette se dio la vuelta para encontrar al príncipe sentado en un escritorio. Su corazón se hundió por completo.

«¡Oh no, oh no, oh no!»

—¿Por favor, dígame que no acabo de irrumpir en su estudio privado?

Una pequeña sonrisa cruzó los labios del joven, antes de que una risita se escapara de ellos.

—No, esta es la biblioteca del castillo.

Sólo entonces Marinette miró a su alrededor, reconociendo la masiva cantidad de libros recubriendo las paredes. Sus mejillas ardieron en llamas, pero su miedo estaba menguando lentamente.

—Oh.

El príncipe se levantó de su asiento, rodeando el escritorio para aproximarse a ella.

—¿Estás bien, Lady Bug?

—Bastante —contestó, forzando una sonrisa.

—Mentirosa —contrarrestó en voz baja.

La mirada fija de Marinette se desplomó al suelo, deseando nada más que la habilidad de desaparecer en el aire.

—¿Qué es lo que te preocupa? —preguntó el príncipe antes de irritarse—. ¿Es el Duque Barbot?

Su voz se volvió peligrosamente más grave, causando que un escalofrío le recorriera por su columna vertebral.

—No. No es eso.

—Pero él ha estado dejándote tranquila, ¿correcto?

—Mayormente —titubeó Marinette.

—¿Mayormente? —Su voz era ronca, lo bastante como para infundirle miedo a cualquiera.

Marinette se arrepintió de haber abierto la boca. Pero de nuevo, no era como si pudiera ignorar al príncipe.

—Ya no se me acerca, lo prometo.

—Entonces, ¿qué es lo que hace?

—No es nada.

—"Mayormente" implica "algo".

Marinette se encogió.

—Lo sorprendí observándome —dijo, recordando la forma en que el Duque Barbot la había mirado de arriba abajo, audaz y descaradamente ayer—, de una manera muy incómoda. —El príncipe gruñó, y los ojos de Marinette se abrieron de sorpresa. Se lo estaba tomando tan en serio, tan personal—. Está bien; no me ha molestado…

—Ese no es el punto —cortó, interrumpiéndola—. El punto es que no quiero que se acerque a ti.

—Es sólo cuando está escoltando a Lady Volpina.

El ceño fruncido del príncipe no desapareció.

—Conociéndolo, no me sorprendería si estuviera usando a Lady Volpina para probar mis límites a propósito.

—Está bien —dijo, mintiendo parcialmente por su deseo de apaciguarlo—. Voy a irme pronto. Usted no tiene que armar un alboroto por mí.

Él se congeló, su cuerpo se puso completamente rígido.

Honestamente, darse cuenta de ello era bastante duro. Ella no lo quería reconocer. No sería elegida, por consiguiente, se iría cuando el evento llegara a su fin.

Lo que significaba, que también se iría lejos de Adrien.

Instintivamente, ella buscó su amuleto de la suerte.

«¡Ahora no es momento de pensar en él! », se castigó mentalmente.

—Así que por favor —rogó, inclinando la cabeza con tímida vergüenza—. No quiero causarle más problemas por algo sin importancia.

Adrien colocó su mano debajo de su barbilla, obligándola a mirarlo. Tan cerca, que ella podía ver sus ojos más allá de esa siempre presente máscara blanca. Había una suavidad en ellos, una amabilidad que hacía palpitar su corazón.

«Es como la mirada de Adrien. Suave, gentil y cálida.»

—No es un inconveniente —aseguró él en voz baja—. Teníamos un acuerdo. Si el Duque Barbot no lo acata, entonces me aseguraré de que lo haga—. Ella no pudo responder a eso. Adrien continuó—: Así que no te preocupes por molestarme. Te pedí que lo hicieras, ¿no?

Marinette se mordió el labio.

—Lo hizo.

«O que se lo dijera a Adrien», le recordó su mente, tensando el agarre sobre su amuleto de la suerte.

—Entonces me encargaré de esto.

Ella estaba tan conmovida por sus palabras, por sus acciones, que no pudo evitar sumergirse en una gran reverencia.

—Gracias, Su Alteza Real, por ser tan amable conmigo.

—No, no. Nada de eso —la reprendió suavemente—. No hay nada que haya hecho por lo que debas agradecerme.

—Eso no es verdad —replicó ella—. Ha hecho tanto por mí que no sé ni por dónde comenzar. Tampoco tengo forma de retribuirle por toda la amabilidad y el favor que me ha concedido.

—Tu compañía ha sido todo el pago que necesito —aseguró, con una sonrisa dulce y gentil—. De verdad, estoy complacido de haber podido ser tu amigo.

Ella sacudió la cabeza con incredulidad.

—Usted es el príncipe heredero. ¿Cómo es posible que esté contento de haber conocido a una sirvienta que se hace pasar por su lady?

El hizo una pausa, frunciendo los labios mientras pensaba.

—Digamos que... estoy empezando a entender por qué Adrien está tan encariñado contigo.

El corazón de Marinette revoloteaba en su pecho, su respiración era rápida y poco profunda. Si la causa se debía o no a que estaba en presencia del príncipe, que era amable y atractivo a pesar de la máscara y no tan excéntrico como lo habían pintado; o que la mera mención de Adrien (su Adrien) provocó tal reacción, ella no lo sabía con certeza. Todo lo que sabía era que había dos hombres rubios y apuestos que de alguna manera habían entrado en su vida como una tormenta, y algo se iba a romper si no hacía algo. Y si estuviera siendo honesta consigo misma, ese "algo" sería con toda probabilidad su corazón.

—Su alteza —dijo ella—. Yo... Lo siento, yo... —tragó saliva, su cabeza le daba vueltas y su corazón latía desenfrenado—. Yo... Necesito que deje de ser amable conmigo.

—¿Qué quieres decir? —inquirió, frunciendo el ceño.

—Porque... —comenzó, buscando las palabras adecuadas—. Porque me convierte en un blanco para las otras chicas.

Al príncipe se le aflojó la mandíbula.

—¿Qué?

—Y no es como si pudiera elegirme en primer lugar, así que, por favor…

—No, espera —cortó, sacudiendo la cabeza— ¿Qué quieres decir con que eres un blanco?

Ella forzó una amarga sonrisa.

—Usted es el príncipe —respondió ella, en voz baja—. Es el soltero más codiciado del reino, y tiene a todas estas chicas aquí que desean ser su novia. ¿No creerá que todas son amables y gentiles entre sí, como debería serlo toda princesa ideal? Es una competencia por su corazón, y estas chicas no se detendrán ante nada para ganarla.

Adrien dejó caer su mandíbula y la volvió a levantar, pero no salieron palabras de ella.

—Y como está eligiendo pasar tiempo conmigo —continuó ella—, las otras chicas sienten que me he convertido en una amenaza para ellas, incluso cuando ambos sabemos que ese no es el caso. No podría elegirme ni en la remota posibilidad de que quisiera hacerlo.

Adrien frunció los labios, en una expresión de preocupación.

—Así que, por favor… —imploró Marinette—. Por favor, deje de perder el tiempo conmigo y dirija su atención hacia una de las otras chicas, porque... porque disfruto estar con usted, es un hombre increíble, pero ¿para qué sirve que pasemos tiempo juntos si me voy a ir? Además, yo... yo sólo... —tomó aire, tironeando instintivamente el amuleto de la suerte en su muñeca—. No puedo seguir pasando tiempo con usted, cuando ya tengo otro hombre que amo.

—¿Qu... qué? —Adrien farfulló, toda su postura repentinamente volviéndose rígida.

Honestamente, ella no podía creer las palabras que salían de su boca. ¿El hombre que amaba? ¿Cómo eso se había deslizado de su lengua tan fácilmente? Aun así, ¿podría negarlo? ¿Podría ella en conciencia negar honestamente sus sentimientos por Adrien?

La respuesta que encontró en lo más profundo de su corazón fue "no".

—Es un hombre increíble, y cualquier mujer sería muy afortunada de tenerlo como esposo. Nunca antes me había interesado ser una noble hasta que lo conocí. Pero, me di cuenta de que ya tengo un hombre a quien le pertenece mi corazón, así que no me puedo permitir continuar pasando tiempo juntos cuando aún... aún siento que es posible para mí desarrollar sentimientos por usted, y eso sería tan desafortunado.

El príncipe nunca se movió, permaneciendo congelado como una estatua.

—Lo siento —susurró ella—. Lo siento mucho.

Y aquí fue donde se despidió.

Pero antes de que pudiera agarrar la manija de la puerta, el príncipe la detuvo colocando su mano sobre la suya. Su corazón se aceleró ante el hecho de que el joven estaba tan cerca, inclinándose sobre su hombro.

—Espera —le pidió. Ella giró la cabeza para encararlo—. Lo siento. Nunca pensé que mis acciones te causarían tanto problema o confusión. Lo siento mucho. Prometo que me detendré. En cuanto a Adrien, es un hombre muy afortunado de tenerte.

—¿C-cómo supo que era Adrien? —Su corazón palpitaba salvajemente en su pecho, su mente apenas funcionaba en ese momento.

Él pareció congelarse por un momento, antes de responder:

—Estás jugando con las cuentas de tu brazalete —observó, señalando hacia su muñeca—. Uno que se parece bastante al que Adrien lleva consigo.

—¿Él lo lleva consigo? —repitió Marinette, boquiabierta.

El príncipe se rio entre dientes.

—Estuvo a punto de tener un ataque al corazón cuando Nino vio que se le caía de su bolsillo un día.

A Marinette se le hizo difícil encontrar el aire. ¿Lo llevaba con él a todas partes? Además, ¿había estado realmente tan asustado ante la perspectiva de perderlo? ¿Eso significaba que...? ¿O estaba pensando demasiado en ello? Se sonrojó.

—Soy una idiota, ¿no? Enamorarme de alguien que probablemente no me ve de esa manera.

—Si no lo hace, él es el idiota. —Ella se sobresaltó por su brusquedad, pero él simplemente sonrió—. Creo que las cosas estarán bien para ambos.

Su corazón dio un salto esperanzador.

—Gracias.

Con eso, el príncipe le abrió la puerta, dejándola escabullirse al corredor. Sólo cuando la oyó cerrarse detrás de ella, se escurrió a su habitación, su corazón palpitando aceleradamente en todo momento.


Era una pena que estuviera atrapada en el castillo con las otras chicas, por la presencia de una repentina tormenta de verano. Había pensado que encontró un rincón tranquilo para refugiarse, para sentarse y bordar. Pero ese no fue el caso, desafortunadamente, cuando fue interrumpida por un par de chicas que andaban cerca.

—Te digo que el personal de cualquier lugar respetable debería ser competente. —Marinette levantó la mirada justo a tiempo para ver a Lady Volpina y Lady Riposte entrando en la misma habitación donde se encontraba—. Incluso un simple desatino podría ser la diferencia entre una buena y una mala visita —continuó Lady Volpina—. Por eso, no debes dudar en despedir a cualquiera que cometa tal equivocación.

Marinette frunció el ceño. Los accidentes ocurrían todo el tiempo. Era inevitable. Siempre y cuando estuviese bajo control, eso era lo importante. Y las faltas que acababan con un miembro del personal siendo despedido eran raras. O deberían serlo.

—Hablas con mucha precipitación —comentó Lady Riposte.

«Gracias.» dijo Marinette mentalmente.

—Estás poniendo demasiada responsabilidad en personas que no nacieron para encargarse de ella. Los empleados no son más que ovejas. Seguidores que necesitan un líder. ¿Puedes esperar que una oveja nunca de un paso en falso? Es imposible. Les estás pidiendo demasiado a las ovejas. Sus trabajos son lo suficientemente sencillos, pero requieren un pastor para evitar que se dispersen por todas partes, para guiarlas de un lugar a otro. Insistir en que una oveja lea tu mente sin una clara orientación es imposible.

Marinette apuñaló el pañuelo que estaba bordando firmemente con una aguja.

«¿Estás insinuando sinceramente que nuestro trabajo es fácil?»

—Supongo que tienes razón —acordó Lady Volpina—. No obstante, ellos tienen un trabajo sencillo, especialmente si es el mismo todos los días. Lo cual significa que esas tareas deben desempeñarse como el mecanismo de un reloj. Pero cuando no lo hacen, es algo tan triste.

—Mmm… —murmuró Lady Riposte—. Supongo que ser capaz de completar esas tareas a diario debería ser un hecho. Y por lo tanto, si son tan incompetentes, entonces dejarlos ir es comprensible.

—¿Te importa siquiera en lo más mínimo la gente a tu cargo?

—¿Perdón?

Marinette alzó la cabeza para ver a Lady Riposte mirándola con una sola ceja levantada. Lady Volpina, detrás de ella, miraba a Marinette con bastante petulancia.

Marinette entonces se ruborizó al darse cuenta.

«¿Dije eso último en voz alta?»

—Si no puedes hacerte cargo de tus palabras, entonces no deberías haber dicho nada en absoluto —se burló Lady Riposte.

—Perdónala —le dijo Lady Volpina—. Ella es una simplona. No es una gran conversadora, ¿y recuerdas la primera cena aquí? Era como si no pudiera recordar qué tenedor usar, pobrecita.

—Una correcta apreciación —comentó Lady Riposte, mirando a Marinette—. Rara vez tienes algo que añadir en cualquiera de nuestras conversaciones, sin importar quién esté dialogando o de lo que se esté debatiendo. Me cuesta creer que no tengas opiniones sobre ninguno de los temas que se han discutido. Por lo tanto, te daré la oportunidad de hablar, ya que es la primera vez que has mostrado un mínimo de interés en algo.

Dolía ser derribada así. Después de todo, Lady Riposte había estado allí en una ocasión en la que Lady Volpina había arremetido verbalmente contra ella.

—Simplemente no quise causar problemas hasta ahora.

—Creo que tu decisión, en lugar de eso, te ha hecho parecer débil.

—Particularmente, no me importa cómo me hizo parecer —replicó Marinette. Era la verdad, después de todo. Ella no quería atraer la atención sobre sí misma al intervenir en una conversación que expusiera su falta de conocimiento sobre ser una lady bien preparada, y la única manera de hacerlo era evitar la mayoría de ellas—. La perspectiva de no buscarme problemas con el montón de ladies con las que estoy viviendo actualmente es tentadora.

Lady Riposte arqueó una ceja.

—Una postura interesante. ¿Pero no crees que es muy pobre? Después de todo, eres claramente la favorita del príncipe. ¿No crees que es imperativo demostrar lo que vales?

—¿A quién? —desafió Marinette—. Mi valía no está determinada por ninguna de ustedes.

Lady Riposte entrecerró los ojos mientras Lady Volpina se burlaba.

—Sí, pero ¿no es fundamental establecer buenos lazos con las demás ladies si el príncipe termina eligiéndote a ti? Después de todo, ese es uno de los tantos deberes de una princesa.

—Lady Volpina —cortó Marinette, sintiendo algo rompiéndose dentro suyo por la forma en que Lady Volpina estaba jugando con ella. Había tenido suficiente y, francamente, quería golpearla con un candelabro, pero desafortunadamente, esa no era una acción con la que pudiera salirse con la suya en lo más mínimo—. Justo el otro día, decías lo incompetente que era para ser una princesa y cómo nunca debería convertirme en una en primer lugar. Ya has establecido el tipo de relación que tendremos. Por lo tanto, no lo encuentro necesario ni beneficioso para mis intereses decirte ni una palabra.

Lady Volpina parecía francamente ofendida, lo que hizo aparecer una sonrisa satisfactoria en la cara de Marinette. Durante una fracción de segundo, una divertida apareció en los labios de Lady Riposte, también.

—Pese a ello —continuó Lady Riposte, su sonrisa ya había desaparecido hace tiempo—, el hecho de que rara vez has hablado con alguien más, es otro asunto completamente diferente. Entonces, ¿por qué no me aclaras tu opinión sobre nuestra conversación anterior? Sobre lo que comentaste.

Marinette se pausó, formulando las palabras en su cabeza.

—Creo que es extremadamente grosero menospreciar así a la gente que te sirve. Exigir que todo sea perfecto y que tan solo decir una cosa fuera de lugar sea una causal de despido. El personal en cualquier parte trabaja arduamente para complacer a sus amos. Y que ellos no muestren ni siquiera una pizca de compasión por las personas que les sirven sólo refleja una mala imagen de ellos.

Lady Riposte alzó una ceja.

—Sí, pero los sirvientes tienen un trabajo que completar, y si no pueden completar el trabajo, entonces, ¿deberían tener un trabajo?

—Por supuesto, estoy de acuerdo, pero sus estándares son demasiado elevados incluso para los mejores trabajadores.

—Pero, ¿no es comprensible mantenerlos en un alto nivel?

—Sí…

—Entonces, con tus propias palabras, has devaluado por completo tu declaración original.

Marinette tomó aire, tratando de mantener la calma.

—Nunca dije tal cosa. Es justo mantener a la gente en un alto nivel, pero desvalorizar su arduo trabajo tan rápido, insinuar que es fácil, o incluso insinuar que son estúpidos al llamarlos ovejas es puramente insultante y sólo habla mal de ti.

—¿Cómo sabrías lo duro que trabaja el personal, Lady Bug? —intervino Lady Volpina, fingiendo inocencia.

Marinette la fulminó con la mirada.

—Si ahorraras un segundo para prestar atención a alguien que no seas tú misma, aprenderías bastante rápido.

Lady Volpina palideció en shock.

—¡Cómo te atreves a ...!

—Lady Volpina, eres demasiado rápida para reaccionar —dijo Lady Riposte.

—¿Disculpa? —espetó.

La expresión estoica de Lady Riposte nunca flaqueó.

—Claramente, la lengua afilada de Lady Bug es para provocar una reacción tuya. Eres demasiado rápida para reaccionar. No es propio de una princesa.

No importaba lo poco que le agradaba Lady Riposte a Marinette, tenía que admitir que ver a Lady Volpina regañada por alguien de una manera tan directa e impasible, era extremadamente divertido.

—¿Estás insinuando que yo no sería una princesa adecuada? —demandó Lady Volpina.

—En este momento, incluso Lady Bug sería una princesa más apropiada que tú. Yo diría que la falta de opinión es mejor que una mujer que es demasiado rápida para desatar su ira. El príncipe podría persuadir a una mujer sin opinión en todos los asuntos que resulten necesarios, mientras que tu temperamento sería imposible de controlar.

Lady Volpina parecía horrorizada, y aunque el insulto le dolió, Marinette lo ignoró tanto como pudo para disfrutar de semejante espectáculo.

—¿Cómo te atreves a decir eso? —chilló Lady Volpina—. ¡Yo al menos tengo conexiones y una formación muy superior!

Lady Riposte se quedó en silencio por un momento.

—Eso es cierto —cedió—. Pero mi punto todavía se mantiene. Y sólo porque ella sería mejor princesa que tú no la convierte en la mejor potencial princesa del grupo. Ahora, ¿por qué no te callas el tiempo suficiente para que Lady Bug responda? Porque parece que ella tiene una visión muy diferente del personal de servicio que nosotras.

Con toda la atención de nuevo sobre ella, Marinette tomó aire para estabilizarse.

—No creo que tenga una visión diferente tanto como sí tengo compasión y comprensión por las personas que no son de mi clase social —respondió Marinette.— Para dar una refutación a tu analogía con las ovejas, creo que es sumamente injusto. Decir que los nacidos en una posición superior automáticamente son los pastores de las ovejas de clase baja, es darle demasiado crédito a un grupo en detrimento del otro. ¿Podrías honestamente decir con confianza que cada una de las ladies aquí tiene el potencial de organizarse firmemente y liderar a todos los empleados por su cuenta sin nombrar a varios jefes de personal? ¿Un hombre que maneje a los mayordomos; una señora que supervise a las doncellas? Por supuesto que no. Además, según tu lógica, ¿dirías que cada príncipe nacido sería igualmente eficaz en el liderazgo?

—Lo que quiero decir, Lady Riposte, es que mirar a los que están debajo de ti con tanto desdén es poco apropiado para una princesa. Después de todo, si te convirtieras en la princesa, serías la cabeza de todo un reino. Referirse a todos ellos como ovejas que debes guiar con mano firme es quitarles crédito, y no serías capaz de sostener ese tipo de presión. El reino ya funciona sin que nadie lo acorrale con una mano tan fuerte. No los enojes convirtiéndote en una dictadora. Porque si crees que el reino no puede levantarse contra ti, estás equivocada.

—Sé cuidadosa en el trato hacia los que están debajo de ti. No todos son ingenuos como dices. Trabajan duro por el reino. Y para ti. No seas tan fría como para tratarlos como algo inferior sólo porque no nacieron en tu misma posición social o fueron bendecidos con la oportunidad de tener una educación. Muestra un poco más de compasión hacia los plebeyos.

Los labios de Lady Riposte se apretaron mientras pensaba.

—La compasión puede ser una debilidad —respondió finalmente—. Muestra demasiada y el reino sufrirá. Debes actuar con lógica para dirigir tu reino de la mejor manera posible para todos.

—Pero, ¿cómo puedes saber cuál es la mejor manera si no te interesa conocer qué están experimentando los del reino?

—Para eso es nuestra educación.

—Una educación no puede enseñarte lo que la gente que vive bajo tu gobierno actual realmente está pensando y viviendo.

Los ojos de Lady Riposte se entrecerraron.

—¿Estás sugiriendo que no entiendo el sufrimiento o las dificultades de la gente común?

—Sus necesidades cambian constantemente, con cada acción que tomes —advirtió Marinette—. Y no siempre son tan directos para manifestarse con las palabras como tú. Tener la capacidad de entender a los plebeyos sobre los que gobiernas es un talento que solo se adquiere al relacionarte con aquellos que están por debajo de tu rango, y francamente, tus opiniones demuestran que es un talento que aún tienes que adquirir.

—¿Así que, crees que debes relacionarte con personas por debajo de tu posición para gobernar eficazmente?

—Sí —aseguró Marinette—. De lo contrario, ¿de qué otra manera sabrías que estás gobernando eficazmente si aquellos a quienes gobiernas no te lo dicen?

Antes de que Lady Riposte pudiera responder, Lady Volpina estalló, con la cara roja:

—¿Crees que eres tan altiva y poderosa, Lady Bug? Sermoneándonos como si estuviéramos por debajo de ti, cuando ambas tenemos posiciones más altas que tú.

Marinette dirigió la mirada hacia Lady Volpina, entrecerrando los ojos.

—Dejando a un lado el rango social, tú y Lady Riposte me hicieron una pregunta, y yo respondí. Lady Riposte tenía razón; eres demasiado rápida para reaccionar. Pero eso es de esperar para alguien tan egoísta y con un título como tú.

Antes de que Lady Volpina pudiera abordarla con alguna réplica, el reloj marcó las seis, por lo que era hora de escapar a su habitación. ¡Gracias al cielo! Quería huir de allí antes de que Lady Volpina pudiera gritar más.

—Ahora, si me disculpan —dijo Marinette, recogiendo su bordado y manteniendo la cabeza en alto mientras caminaba hacia la puerta—. Es hora de prepararse para la cena. Esta vez, trataré de hacerlo mejor, recordando qué tenedor usar.

Lady Volpina estaba hirviendo por el comentario, Marinette podía sentirlo. Pero eso sólo la hizo sentir aún más orgullosa de sí misma. No se molestó en ocultar su sonrisa cuando salía por la puerta.

Sólo que desapareció en un instante al ver a quiénes estuvo a punto de chocar.

—¡Su majestad! Su Alteza. —Inmediatamente hizo una reverencia ante el rey y el príncipe, con la cara roja de vergüenza. Tuvo que preguntarse cuánto de esa conversación habían escuchado.

—¡Oh! Su Majestad. Y Su Alteza —oyó Marinette decir a Lady Volpina—. ¿A qué debemos el honor?

Marinette miró a los dos muy imponentes hombres, su corazón se aceleraba nerviosamente ante su expresión severa.

—Lady Volpina —dijo el rey—. Tiendo a inducir a las personas de alto rango que ignoren los comentarios maliciosos cuando son referidos al juicio no solicitado de las personas sobre usted. Sin embargo, en este caso, podría convenirle escuchar por una vez.

Los ojos de Marinette se abrieron de par en par mientras el rey se marchó por el pasillo, dejando no sólo al trío de chicas, sino también a su hijo, en atónito silencio. Eventualmente, cuando su mente comenzó a funcionar de nuevo, Marinette decidió hacer una reverencia cortés al príncipe antes de marcharse a toda prisa hacia su habitación. No sólo para escapar de la probable rabieta de Lady Volpina, sino también para tener un momento de privacidad para estallar en carcajadas.


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Y ahí lo tienen, un nuevo capítulo.

Marinette también ya cayó en la cuenta de que había algo más que amistad en sus sentimientos hacia Adrien. ¡Y se lo termina confesando! Bueno, aunque no es como si ella lo supiera, porque fue al Príncipe a quien se lo dijo, pero lo hizo. ¿Hará Adrien algo inteligente con eso? Ya lo veremos.

Y, por otro lado, que buena tapada de boca (por no decir el término vulgar que usamos acá) de Marinette a Lady Volpina y Lady Riposte... Ya veremos más de esta charla en el siguiente capítulo, desde la perspectiva de los Agreste. Y también habrá otro tenso momento con Lady Volpina. La zorrita empezará a sacar sus garras...

Y no digo más... Mejor lo esperan. Gracias por los reviews a arianne luna, Emely-nya, paulayjoaqui, Rebeca. sz, Monica y ritorudeito (quien, por cierto, me hace fangirlear tanto con sus preciosos reviews como con su hermosa historia Ladynoir, que apenas acabo de comenzar y ya muero de amor )

Nos leemos pronto. Un gran abrazo y ¡cuídense mucho!