• ೋ• ๑ ๑ ๑ ๑ ๑ •ೋ •

A Bride for The Prince

(Español)

CAPÍTULO 14

• ೋ• ๑ ๑ ๑ ๑ ๑•ೋ •

.

.

El chillido de Lady Volpina resonando por los pasillos era suficiente para que cualquier rey saliera huyendo tan lejos como pudiera.

—Deberíamos haber tomado el pasillo principal, Padre —gruñó Adrien detrás de él—. No estoy de humor para lidiar con otro de sus berrinches.

—Los pasillos principales están llenos de gente que se prepara para la celebración de tu cumpleaños, y es menos problemático evitarlos a ellos que a Lady Volpina.

—Cierto —suspiró Adrien—. Bueno, si caminamos rápido, con suerte, ella no nos notará.

Y eso era exactamente lo que Gabriel había estado planeando hacer, acelerando instantáneamente sus pasos. Sin embargo, cuando pasaba por la puerta ligeramente abierta de la habitación de donde provenían las voces, las palabras de otra lady lo hicieron detenerse en su sitio.

—…¿por qué no te callas el tiempo suficiente para que Lady Bug responda? Porque parece que ella tiene una visión muy diferente del personal de servicio que nosotras.

Gabriel se detuvo ante la voz segura y enérgica que mencionaba a una de las dos chicas de la lista de posibles novias de Adrien. Interesante. Se acercó y echó un vistazo hacia el interior, solo para ver que era Lady Riposte quien estaba hablando, la otra chica que llamó la atención de su hijo. Ella era la candidata perfecta para el título de Reina en la opinión de Gabriel. Una dama competente de una familia distinguida que, por lo que había oído, compartía muchos de sus propios valores y creencias.

—¿Padre? —susurró Adrien detrás de su hombro—. Deberíamos avanzar antes de que nos vean.

Gabriel levantó el dedo para callar a Adrien y se dispuso a escuchar. Lady Bug estaba hablando, y con cada palabra, su corazón se apretaba en su pecho. Tragó saliva. No podía ser. Esas palabras y esas convicciones… Ese punto de vista exacto… Sabía que era posible que otros de ascendencia noble sostuvieran esas opiniones, pero era tan raro que apenas podía creer lo que oía. En silencio, entró en la habitación para asegurarse de que era Lady Bug quien estaba hablando, y no el dolor y el anhelo en su corazón provocándole alucinaciones.

—La compasión puede ser una debilidad —dijo Lady Riposte, ninguna de las mujeres notó la presencia de Gabriel mientras continuaban su discusión—. Muestra demasiada y el reino sufrirá. Debes actuar con lógica para dirigir tu reino de la mejor manera posible para todos.

—Pero, ¿cómo puedes saber cuál es la mejor manera si no te interesa conocer qué están experimentando los del reino? —replicó Lady Bug— ...Sus necesidades cambian constantemente.

Gabriel contuvo el aliento.

—Tener la capacidad de entender a los plebeyos sobre los que gobiernas es un talento que solo se adquiere al relacionarte con aquellos que están por debajo de tu rango... De lo contrario, ¿de qué otra manera sabrías que estás gobernando eficazmente si aquellos a quienes gobiernas no te lo dicen?

Gabriel tomó una bocanada de aire, apenas capaz de creer lo que estaba presenciando. Era incomprensible, pero no podía negar lo que escuchaba con sus propios oídos y lo que veía con sus propios ojos. No era de extrañar que a Adrien le gustara esta chica. Si no fuera por el hecho de que ella era claramente una persona diferente, Gabriel habría pensado que acababa de regresar en el tiempo y había sido nuevamente testigo de cómo su amada Emilie le servía a Lady Bourgeois su culo en bandeja, envuelto con un moño de regalo.

Afortunadamente, Lady Riposte lo tomó con más dignidad de la que jamás podría la esposa de André. Gabriel esperaba poder decir lo mismo sobre Lady Volpina, pero la realidad fue diferente cuando la chica explotó y procedió a atacar verbalmente a Lady Bug. Permaneciendo lo más callado que pudo, el Rey aguardaba, ansiosamente y con suma curiosidad, a observar cómo Lady Bug se encargaría de la mocosa malcriada.

Y ella no decepcionó. Manejaba la situación maravillosamente y con gracia, tal como su Emilie siempre lo hizo. Gabriel volvió a mirar a Adrien. La orgullosa sonrisa en el rostro de su hijo era difícil de pasar por alto, igual que el calor enfermo de amor que irradiaban sus ojos. Le parecía que su hijo ya había hecho su elección.

El reloj de pared marcó las seis, y Lady Bug se levantó para irse. Recogió su bordado, sin darle a Lady Volpina la oportunidad de desquitarse y comenzó a caminar en dirección a ellos. Con una sonrisa confiada en sus labios y un fuego ardiendo en sus ojos, Lady Bug avanzaba orgullosamente hacia la puerta, deteniendo sus pasos tan pronto como notó sus presencias.

—¡Su Majestad! Su Alteza. —Lady Bug hizo una reverencia al instante ante el Rey y el Príncipe, con el rostro enrojecido.

Gabriel asintió con la cabeza.

—¡Oh! Su Majestad. Y Su Alteza —intervino Lady Volpina, su sonrisa excesivamente falsa al acercarse por detrás de Lady Bug—. ¿A qué debemos el honor? —Ella les pestañeó coquetamente haciendo una reverencia, inclinándose más abajo de lo apropiado, sin duda tratando de mostrar su seno sobreexpuesto.

Gabriel apretó sus labios en una delgada línea. ¿Cómo podía esta persona siquiera atreverse a pensar que era adecuada para convertirse en Reina?

—Lady Volpina —dijo, agotando su paciencia con ella—. Tiendo a inducir a las personas de alto rango que ignoren los comentarios maliciosos cuando son referidos al juicio no solicitado de las personas sobre usted. Sin embargo, en este caso, podría convenirle escuchar por una vez.

Con esas palabras, se dio la vuelta y se alejó por el pasillo, dejando no solo al trío de chicas, sino también a su hijo, en atónito silencio.


Adrien sabía que su padre podía ser severo y humillar a cualquiera con una sola palabra. No obstante, nunca lo había visto ejercer esa habilidad en alguien que no fuera su enemigo, y especialmente, en alguien que perteneciera a las familias que constituían su cuerpo legislativo, como lo era la familia de Lady Volpina. Sin embargo, incluso su padre tenía sus límites, y Adrien estaba encantado de haber sido testigo de que no se contuviera en esa situación particular.

Honestamente, fue bastante fascinante y altamente satisfactorio ver a Lady Volpina retorcerse cuando su padre abandonó la habitación. Con la cara roja de rabia, apretaba los puños, luchando por recobrar la compostura mientras miraba de reojo en su dirección. Adrien, Marinette y Lady Riposte apenas podían contener sus risitas. Él se hubiera unido a ellas con mucho gusto, pero, por desgracia, el Rey requería su presencia en la cena de esa noche, por lo que asintió con la cabeza hacia las jóvenes, deseándoles una agradable velada, y siguió los pasos de su progenitor.

—Eso fue inesperado —comentó al alcanzarlo—. Debería haber visto su cara luego de haberse marchado.

—Eso no fue nada de lo que estuviese orgulloso —replicó Gabriel—. Como rey, debería haber tenido más compostura, pero, sinceramente, estoy bastante cansado de su presencia. De ella y la de su primo, el Duque Barbot. Afortunadamente, pronto ya no tendré que verlos a diario.

—Estoy ansioso por que también llegue ese día.

Caminaron en silencio por algunos minutos, cuando Gabriel preguntó:

—¿Ya has hecho tu elección? ¿Te das cuenta de que tu cumpleaños es mañana? Significa que debes elegir una novia antes de que acabe el día.

—Lo sé —dijo Adrien, con una creciente sensación de ansiedad en su estómago. Había revisado la mayoría de las leyes y regulaciones con sólo unas horas de trabajo a lo sumo, que ya había planeado completar esa noche después de la cena.

Hasta el momento, no había encontrado nada que pudiera ayudarlo, aparte de la inexistencia de una lista de rangos elegibles para el matrimonio de la realeza en general. Si llegara a empeorar el panorama, esa podría ser su única táctica porque, si la ley no especificaba los rangos y títulos con los que se permitía a la realeza contraer matrimonio, entonces, ¿quién iba a decir que no podía casarse con ningún estatus social, incluso con una plebeya?

—No estoy seguro todavía. Lo decidiré mañana.

—Pues a mí me resulta bastante evidente que prefieres a una chica sobre la otra —comentó Gabriel con sorna.

Adrien se puso tenso. Todavía no podía poner a Marinette en el centro de atención. No hasta que tuviera todas las cartas en sus manos.

—Debe estar equivocado, Padre…

—Sabes, hijo —Gabriel se detuvo y se giró para encararlo—. Nunca me he batido a duelo por tu madre, aunque a veces desearía haberlo hecho. Tú, por otro lado, has roto el récord perfecto de nuestra familia sin pensarlo dos veces para defender a una mujer con la que ni siquiera estás comprometido. Aunque, después de verla hace un momento, estoy seguro de que no necesitaba que hicieras eso. Ella puede cuidar perfectamente de sí misma. Maravillosamente y con la gracia de una reina, por cierto. Debo admitir que prefiero el linaje, la posición familiar, los puntos de vista y los valores de Lady Riposte, pero ¿quién soy yo para decirte eso, cuando me casé con una mujer de una nobleza de menor rango que creía lo mismo que tu Lady Bug? Así que, haz lo que tu corazón te dice.

Adrien contuvo la respiración, animándose a expresar sus pensamientos solo después de que su padre se volteara para reanudar su caminata.

—Entonces, ¿lo aprueba? Si yo eligiera a Lady Bug, y ella me aceptara, ¿aprobaría nuestra unión?

—¿Por qué no lo haría? Ya di mi aprobación a todas las damas de ese grupo, ¿no?

Adrien movió sus ojos hacia un lado, riendo nerviosamente entre dientes.

—Si. Por supuesto. No importa, solo estoy preocupado de que ella no me acepte, así que…

—Eso es absurdo —se burló Gabriel—. No hay una sola chica en ese grupo que no aceptaría tu proposición. Tú eres el Príncipe. No pueden rechazarte.

Adrien frunció el ceño.

—Esa no es mi postura al respecto. No quiero una esposa a quien mandar o dominar. Quiero una pareja, una amiga. Una igual. Y quiero un matrimonio donde ambos estemos cómodos, seamos felices y amados. Quiero lo que usted y Madre tenían, y algo así no se puede construir sin que mi novia quiera casarse conmigo debido a sus sentimientos por mí, no por su amor a mi título. Cuando le proponga matrimonio, se lo pediré como hombre, no como Príncipe. Le daré una opción, no una orden.

—¿Y crees que esta Lady Bug te ama por lo que eres?

Adrien no pudo evitar sonreír, recordando a Marinette y su encuentro en la biblioteca. Le había rogado al Príncipe que abstuviera sus atenciones, admitiendo que amaba a otro hombre. Un hombre que, sin saberlo, estaba justo frente a ella. No muchas mujeres harían eso, ninguna del grupo de ladies que competían para convertirse en su esposa. Y considerando su título y la posición de ella, hacerlo fue algo bastante audaz por parte de Marinette, lo que le dio la certeza de que sus sentimientos hacia él eran genuinos, algo que un hombre de su estatus rara vez encontraba y atesoraba cuando lo hacía.

—Sé que si.

—Entonces, ¿por qué estás nervioso?

Su rostro se entristeció al apartar su mirada. Todavía no podía decirle a su padre que él podría ser el que se interpusiera en el camino de su felicidad y la de Marinette, por lo que Adrien expresó la otra razón que atormentaba su mente.

—Su amor por mí no significa necesariamente que quiera casarse conmigo ya que, como usted sabe, voy acompañado de responsabilidades y complicaciones.

Adrien pudo sentir como su padre rodaba los ojos mientras continuaba caminando delante de él.

—A veces, eres ridículo, Adrien. Si ella te ama tanto como parecías creer que lo hace, entonces dirá que sí. Si no lo hace, entonces tienes a muchas otras para elegir, pero mañana, al final del día, debes presentar una novia ante la legislatura del reino.

—Sí, Padre —farfulló Adrien y se quedó en silencio.

Pronto llegaron al comedor, y la conversación tomó un rumbo diferente, pero durante su cena, Adrien no podía dejar de obsesionarse con la idea de que su padre aprobaba a Marinette. Pensó que ella habría sido digna del título de Reina basándose solo en sus acciones, por lo que tal vez tenían una mejor oportunidad de estar juntos de lo que Adrien había pensado.

Eso lo había puesto ansioso por ir a terminar con su investigación y descubrir si esos últimos libros tenían algo que lo ayudara, o al menos nada que lo detuviera; ansioso por contemplar la reacción de su padre cuando le revelara que se había enamorado y quería casarse con una plebeya; ansioso por finalmente quitarse esa máscara ante Marinette e implorarle que se case con él. Estaba ansioso por su respuesta. Tan ansioso que sentía náuseas.

—No tengo hambre esta noche —dijo Adrien, quince minutos después de iniciada la cena—. ¿Podría disculparme, Padre?

Gabriel arqueó una ceja, miró su plato intacto y asintió.

—Duerme un poco. Mañana debes verte lo más presentable posible.

—Por supuesto —dijo Adrien, poniéndose de pie. Se inclinó en una reverencia y abandonó el comedor, yendo directamente a la biblioteca. Cuanto más rápido acabara con eso, mejor, y si la comida no le sentaba bien en ese momento, ¿por qué debería perder el tiempo cenando?


Finalizada la investigación, Adrien se hallaba sumergido en su bañera, con la esperanza calentando su pecho más que el agua en la que se bañaba.

Dejó escapar un suspiro, hundiéndose más en la bañera. Mañana, el día de su cumpleaños, estaba tan cerca y aun así tan lejos. Se preguntaba cómo resultaría. ¿Serían sus argumentos suficientes para convencer a su padre? ¿Se le permitiría…?

—¿Adrien? ¿Tú aquí? —Nino golpeó la puerta de acceso de la servidumbre.

—Si. Entra. Ten en cuenta que me estoy bañando.

La puerta se abrió despacio y Nino se coló en el cuarto, parándose detrás de la pantalla que los criados utilizaban para no mirar a Adrien.

—Que estés entrando por esa puerta significa solo una cosa —bromeó Adrien—. ¿Cómo estuvo tu cita con Alya?

—Fantástica —respondió Nino—. Y ya tengo tu respuesta. Acerca de los sentimientos de Marinette.

—¿Y cuál es? —preguntó, espabilando de pronto.

Nino suspiró.

—Alya dijo que uno tiene que estar ciego para no ver que Marinette se siente fuertemente atraída por el Príncipe y está asquerosa y profundamente enamorada del guardia, lo cual, debo mencionar, le causa mucha confusión.

Adrien sonrió ampliamente, su pecho inflándose de felicidad.

—¡Y no estés tan contento! —espetó Nino desde el otro lado, adivinando su reacción—. Deberías avergonzarte de ti mismo. La pobre chica apenas está durmiendo en estos días, muriéndose de preocupación, y todo es por culpa tuya.

—Me aseguraré de disculparme adecuadamente y compensarla por todos los problemas que le he causado —respondió Adrien, hundiéndose un poco más dentro del agua, con una sonrisa enferma de amor brillando radiantemente en su rostro—. Gracias por la confirmación, sin embargo.

—¿Confirmación?

—Sip. Ya lo sabía.

—¿Qué? ¿Cómo? ¡No me digas que has hecho algo estúpido y te confesaste, Adrien!

—No, no lo hice. No te preocupes —se rio entre dientes—. Pero ella sí.

—¿Qué?

—Lady Bug le pidió al Príncipe que detuviera sus avances porque estaba enamorada de alguien más. Y cuando el Príncipe le preguntó si esa otra persona era Adrien, ella lo admitió.

Nino maldijo en voz baja.

—Sigo pensando que es demasiado pronto para celebrar. ¿Y si tu padre no lo aprueba? ¿Hallaste algo útil en tu investigación?

—Solo que no existen listas de títulos con los que se me permita contraer matrimonio, y unos pocos casos de bodas entre la realeza y una nobleza de bajo rango, incluyendo a mi padre.

—¿Pero nada de plebeyos?

—Nada de plebeyos —suspiró Adrien—. Todavía. Yo digo que si la ley no lo prohíbe, el Rey tampoco puede hacerlo.

—Puede que la ley no lo prohíba, pero sabes lo entusiasta que es tu padre con mantener las tradiciones, y las tradiciones del reino dicen que te casarás con una noble.

—Pues voy a arriesgarme. Vale la pena luchar por ella, y esto es lo único que puedo hacer. ¿A menos que puedas sugerir algo más?

—Ojalá pudiera —suspiró Nino—. ¿Cuál es el plan para mañana?

—Iré a ver a Padre a primera hora de la mañana y le contaré todo. Una vez que tenga su aprobación, iré a ver a Marinette.

—¿Y si no consigues su aprobación?

Adrien enmudeció.

—No lo sé —finalmente contestó, al cabo de un rato—. No he pensado mucho en eso.

—¿Sabes que tendrás que elegir a alguien, independientemente de la decisión de tu padre sobre Marinette?

Adrien cerró los ojos, sintiendo que se le comprimía el pecho.

—Gracias por tu apoyo, Nino. Me encanta lo optimista que eres.

—¿Crees que lo disfruto? —exclamó Nino con ironía—. Adrien, te advertí desde el principio que tuvieras cuidado, ¿pero escuchaste? Siempre has andado por tu propio camino, y te he apoyado mientras pude, pero creo que es hora de que ambos enfrentemos la realidad. Eres un príncipe, Adrien. Tienes un deber y una responsabilidad con tu país y tu gente. Tu vida no es tuya tanto como quisieras. Y que esto es injusto, y ojalá pudiera cambiarlo por ti, pero no puedo y… ¡no lo sé! —Nino levantó las manos en el aire—. Toda esta situación apesta, y me siento tan impotente para hacer… lo que sea. Eres mi mejor amigo, Adrien. Mi trabajo es protegerte, pero ¿qué se supone que debo hacer ahora? ¿Cómo proteges a alguien de que se le rompa el corazón?

Adrien no dijo nada, apretando los puños. Por mucho que le doliera admitirlo, Nino decía la verdad. Su vida no se trataba tanto acerca de él, como de hacer lo que era mejor para su país.

—Los apoyo a los dos —agregó Nino en voz baja—. Y rezo para que puedan estar juntos. Desearía poder hacer cualquier cosa para ayudar. Lo sabes, ¿verdad? Pero yo solo… creo que también deberías considerar el desenlace no tan feliz, y así, si sucede, será un golpe menor.

Adrien permaneció en silencio. Sabía que Nino tenía razón. Había una gran posibilidad de que…

¡Argh!

¿A quién intentaba engañar? Su padre le prohibiría incluso pensar en Marinette una vez que supiera la verdad. Adrien era demasiado ingenuo, romántico y optimista (cortesía de la influencia de su madre) para ver la realidad. Se sentó en la bañera y cerró sus ojos.

—¿Puedes decirle a mi mayordomo que saldré de aquí en unos minutos?

—Adrien…

—Por favor, Nino —pidió Adrien, con voz quebrada—. Lo entiendo todo. Sé que te preocupas y quieres ayudar, pero… Me gustaría estar solo en este momento.

—Está bien. Sin embargo, ¿puedo sugerir que, si ocurre el peor escenario posible, creo que Marinette merece saber la verdad antes de la selección de la novia? Preferiblemente en privado, y de ti en persona. La devastará verte comprometido con alguien más sin conocer toda la historia.

Sin añadir nada más, Nino se retiró.

Adrien cerró sus puños, su mandíbula se tensó mientras apretaba los dientes. Todavía no debería asumir lo peor. No debería, no importa cuán probable sea de que llegara a pasar. Rápidamente, salió de la bañera y se vistió de la cintura para abajo, dirigiéndose a su alcoba.

En el momento en que cerró la puerta detrás de sí, alguien lo sujetó antes de que pudiera reaccionar. Con ojos desorbitados, Adrien se congeló en el lugar y contuvo la respiración al sentir el cuerpo de una mujer presionado contra su espalda. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién demonios era ella y cómo consiguió entrar?

—Mi Príncipe —ronroneó la mujer detrás suyo.

Adrien se estremeció.

«¿Lady Volpina?»

—Finalmente me has agraciado con tu presencia. Qué amable de tu parte —continuó ella, con su voz goteando seducción. Lentamente comenzó a acariciar su pecho—. Debería recompensar a Su Alteza por tal consideración. Sería terriblemente descortés de mi parte si no lo hiciera.

Sacudiendo la conmoción inicial, Adrien se quitó las manos de Lila de encima, escapando de sus garras, sin embargo, no soltó sus muñecas, tratando de mantenerla a una distancia razonable de él.

—¿Qué hace aquí, Lady Volpina? ¿Cómo entró? ¿No había guardias en la puerta?

—Oh, sí, estaban allí, mi Príncipe —dijo Lila, inclinándose más cerca, batiendo sus pestañas—. Pero una vez que se han enterado de que estaba aquí por orden tuya, me dejaron entrar y prometieron no dejar que nadie más nos interrumpiera.

—Por mi… ¿qué? —En su confusión, cometió el error de aflojar su agarre, dándole a Lila la oportunidad de retirar sus manos.

—Por supuesto, lo hiciste, tontito. —Lila dio un paso hacia él, tratando de alcanzarlo para pasar los dedos por su pecho, pero Adrien se volvió a apartar—. ¿No fuiste tú quien dijo después de nuestra última reunión que estabas deseando volver a verme pronto? He esperado durante días… —Se desmayó tan artificialmente, que corrieron escalofríos por la columna vertebral de Adrien— …y viendo que mañana es el gran día, me temo que esta noche es nuestra última oportunidad para esa reunión. Así que aquí estoy, mi Príncipe. Todo de mí. Solo para ti. De la forma que desees.

Sonriendo seductoramente, se acercó más hacia él, deteniéndose a solo unos centímetros de Adrien. Él se echó hacia atrás.

—Lady Volpina. Me temo que...

—¡Ah, no seas tímido, mi Príncipe! —Con los ojos entrecerrados, Lila ladeó la cabeza, inflando el pecho, mientras continuaba canturreando—. Todo lo que quiero es hablar sobre lo perfectos que seremos juntos, qué increíble esposa seré para ti, cuánto amor y afecto puedo darte, mi Príncipe. Créeme, no te arrepentirás de tu elección. cómo satisfacer a un hombre, de la manera en que ninguna otra mujer podría hacerlo. Serás feliz conmigo. Eso puedo prometerte, Alteza.

Balanceando sus caderas, avanzaba hacia él, Adrien retrocedía cada paso. Ella extendió la mano y deslizó un dedo por su pecho.

—He oído que quieres hijos, ¿verdad? Te daré todos los hijos que desees, Adrien. ¿Ya puedes imaginarlos? ¿Cuán perfectos serían? Pequeños herederos y herederas al trono.

Ella sonrió satisfecha, con tanta presunción y superioridad que le puso la piel de gallina.

—Con nuestra belleza combinada, nuestro físico excepcional... y hablando de eso —murmuró con una sonrisa ladeada, alcanzando el rostro de Adrien—. ¿Supongo que los rumores de tu mutilación facial eran un engaño? Eres muy atractivo para alguien que supuestamente sufrió un terrible accidente, mi Príncipe. ¿Por qué tenías que usar esa espantosa máscara todo el tiempo?

Adrien le quitó la mano de su cara con cierta rudeza y desprecio.

—Tengo mis razones para lo que hago —dijo, su voz severa—. Aparte de eso, me temo que malinterpretó mis palabras y mis intenciones, Lady Volpina. Hay una diferencia entre ser educado y hablar en serio. Decir que estaba esperando por nuestra próxima reunión no significaba literalmente que estaría feliz de verla de nuevo, pero es cortés decirlo al despedirte de una lady y es una exigencia para alguien de mi estatus. Estoy seguro de que lo sabe.

Lila jadeó dramáticamente.

—¿Estás insinuando que no querías verme, mi Príncipe? Oh, pero estoy segura de que cambiarás de opinión una vez que te muestre mi atuendo. —En un instante, desató los pompones de su bata y la dejó caer al suelo, revelando casi nada debajo, siendo incluso transparente lo poco que vestía.

Adrien cerró bruscamente los ojos y se dio vuelta, apartándose.

—Lila, por favor. Vístete y vete. No quiero problemas para ninguno de los dos.

—¿De qué problemas estamos hablando? —De repente estaba justo delante de él, con las manos y los dedos arrastrándose sobre su pecho desnudo—. Estoy segura de que podríamos permitirnos algunos caprichos…

—No, no podemos —Adrien retrocedió con los ojos cerrados, chocando de inmediato contra una mesa de pared.

Lila lo siguió.

—Mi príncipe, ¿por qué estás tan inquieto? ¿Es acaso por un poco de mí?

Adrien entreabrió los ojos y escaneó el área, evitando mirar a Lila tanto como fuera posible.

No podía volver a su cuarto de baño. Por su propia orden, los sirvientes ya debían estar allí, ocupándose del agua de su bañera. Irrumpir desde su dormitorio, semidesnudo, con una Lila aún menos vestida detrás, podría darles una idea equivocada y comenzar rumores que no necesitaba ahora mismo.

Salir por la puerta principal daría los mismos resultados, ya que los guardias siempre estaban allí…

Aunque en realidad, no importaría.

Adrien apretó los labios. Exorcizar a Lila de la misma forma en que entró era probablemente su mejor opción, de momento. La echaría a empujones, les daría a los guardias una buena charla sobre dejar entrar a la gente en sus aposentos privados sin una invitación y limpiaría su nombre y reputación.

Ladeó la cabeza para mirar hacia la puerta, buscando la mejor manera de poner en marcha su plan.

—Oh, ¿no mencioné que... —murmuró Lila, captando la dirección de su mirada— ...no deseando que nadie nos interrumpiera, he llaveado la puerta? Encontré la llave en el cajón de esa mesa junto a la pared. Sin embargo, por desgracia —suspiró dramáticamente—, la llave resbaló de mi mano y cayó por la ventana mientras contemplaba las estrellas esperando por ti, mi Príncipe.

Adrien gruñó, cerrando los ojos. ¡Esa zorra! Si no hubiera sabido que Théo y Lila estaban emparentados, seguro que ya sospecharía algo.

—Espero que me perdones —Lila se aferró a él, presionando su pecho apenas cubierto contra el suyo, sus brazos envolviéndose alrededor de su torso—. Soy un poco torpe, y lo que siento por ti no me ayuda…

Atrapado contra la pared, Adrien esta vez se apoderó de los hombros de Lila y la empujó hacia atrás. Luego, se desconectó mentalmente de las tonterías que Lila seguía lloriqueando y se concentró en buscar una estrategia de salida segura.

Una cosa estaba clara: no podía permitirse un escándalo en este momento. No cuando estaba a punto de rogarle a su padre que lo dejara casarse con una plebeya. Y eso significaba que Adrien tenía que deshacerse de Lila sin que los sirvientes lo notaran, o al menos sin que nadie tuviera ni el menor motivo para creer que algo había sucedido entre ellos.

Gritar o llamar a los guardias no era una opción, teniendo en cuenta el estado de desnudez y la posición íntima en la que ambos se encontraban en ese momento. Sin mencionar que la puerta estaba asegurada con llave y quién sabía dónde estaba realmente esa llave. La única otra puerta, que conducía al cuarto de baño, también estaba fuera de discusión…

Sus ojos se posaron en la puerta del balcón. No podía saltar por la ventana, por mucho que quisiera hacerlo en ese momento: sus aposentos se erigían a una altura considerable de la edificación para eso, y quería mantenerse con vida para poder estar con Marinette.

¡Pero! ¡Podría subir al tejado desde su balcón! Lo había hecho antes. Esa era una opción válida. Solo tenía que quitarse a esa zorra pegajosa de encima para poder llegar hasta allí.

—¿Sabes qué? Creo que tienes razón —dijo de pronto, fingiendo su mejor sonrisa.

—Por supuesto que sí —ronroneó Lila, inclinándose hacia él—. ¿Deberíamos movernos a un lugar más cómodo para profundizar en detalle?

—Absolutamente —Adrien asintió, dando un paso a un lado, apartando sus manos—. Solo permíteme cerrar las ventanas, para que nadie nos espíe. No queremos que alguien escuche por casualidad nuestros secretos, ¿verdad?

—No tengo secretos, mi Príncipe —volvió a enrollar sus brazos alrededor de su torso—. Y el ambiente aquí dentro está terriblemente caliente. Si cierras las ventanas, nos moriremos de calor.

Adrien tragó duro, pero se forzó a sonreír, desenredándose de Lila una vez más.

—Siempre podríamos quitarnos lo puesto para mantenernos frescos.

Los ojos de Lila se agrandaron, sus labios se estiraron en una sonrisa victoriosa.

—Me gusta tu forma de pensar, mi Príncipe. Me alegra que por fin estemos en la misma sintonía.

—Si. También estoy feliz de que finalmente estemos llegando a algo —dijo Adrien, dando unos cuantos pasos hacia la ventana más cercana, pero Lila lo siguió. Adrien presionó juntos sus labios. Tenía que ganar algo de distancia o su única oportunidad de salida podría verse comprometida—. Entonces dime —propuso, cerrando la ventana—, ¿a qué lugar te gustaría que llevemos esta conversación?

Lila miró ceremoniosamente a su alrededor, caminó hacia su cama y se sentó, apoyándose sobre sus brazos, exponiendo más de sus pechos en el proceso.

—Me gusta bastante este. Es amplio y confortable. Simplemente perfecto.

—Gran elección —Adrien asintió, cerrando la siguiente ventana. Unos pasos más. Estaba tan cerca. Sólo debía mantener la farsa un poco más—. ¿Y sobre qué tema podríamos comenzar?

—Ya estoy caliente —dijo Lila, deslizando delicadamente hacia abajo la tira de su camisón. Su sensual mirada viajó hasta su hombro mientras dejaba que sus dedos recorrieran sus pechos—. ¿Por qué no hablamos sobre eso, mi Príncipe?

—Mejor no —sentenció Adrien cuando alcanzó las puertas del balcón. Rápidamente salió y las cerró tras de sí.

Saltando sobre la barandilla, se aferró a la saliente más cercana y se impulsó hacia arriba. Continuó trepando angustiosamente hasta encontrarse a salvo sobre un tejado, justo a tiempo para que Lila se asomara presurosa por su balcón.

Au revoir —saludó, y huyó tan rápido y tan lejos como pudo.

Minutos después, se escondía detrás de una de las torres, reflexionando sobre cuáles deberían ser sus próximas acciones, finalmente decidiendo que regresar a su cuarto por la puerta principal sería la mejor opción.

Podía hacerse el ignorante y fingir que no había estado allí todo ese tiempo en primer lugar, mostrándose sorprendido de encontrar a Lila dentro. Esa probablemente era su mejor alternativa, a pesar de que Nino y sus sirvientes sabían muy bien que había pasado la última media hora en su cuarto de baño, hasta recién.

Supuso que Nino lo respaldaría una vez explicada la situación, y si él estaba de su lado, el resto lo seguiría, porque Nino era un santo y no mentiría ni para salvar su propia alma. Todos lo sabían.

Con la decisión tomada, Adrien se puso de pie para ejecutar su plan, solo para que sus ojos fueran atraídos hacia otro balcón, frente al lugar donde se había escondido.

La luz de Marinette seguía encendida. Ella debía estar tratando de relajarse después de un duro día y esa confrontación con Lady Riposte y Lady Volpina. Sin embargo, conociéndola, probablemente estaba enloqueciendo por el acontecimiento de mañana.

Adrien se paró a pensar. Tal vez, ya que estaba allí, podría pasar un rato, ¿sólo para saludarla y ver cómo estaba? Si era rápido, estaba seguro de que todo estaría bien. Dudó solo por un instante y luego, dejando a un lado la parte racional de su cerebro, Adrien se alejó de sus aposentos en la dirección que su corazón lo estaba guiando.

No se molestó en bajar hasta que llegó a un punto justo encima de la habitación de Marinette. Unos cuantos trucos rápidos y Adrien aterrizó en su balcón. Se asomó y echó un vistazo, una sonrisa dividió sus labios tan pronto como vio a Marinette bosquejando algo en su álbum. Su corazón se hinchó ante la imagen. Ella se veía absolutamente encantadora.

El joven llamó a la puerta de su balcón. Marinette se removió en su sitio, buscando la fuente del sonido. Adrien golpeó de nuevo, y una vez que lo vio, la saludó con un gesto de su mano. Ella lo miró boquiabierta por un segundo, antes de dejar su álbum y dirigirse hacia él.

—¿Qué estás haciendo? —susurró Marinette, su rostro enrojecido, mientras se obligaba a mirar hacia otro lado—. ¿Dónde está tu camisa, Adrien?

—Oh, es cierto —murmuró, frotándose la parte posterior de su cuello—. Lo siento. Estaba en un apuro. No tuve tiempo de ponérmela.

—¿En un apuro? ¿Qué…? No importa. Espera aquí —dijo y entró a toda prisa, saliendo un momento después con una capa—. Aquí tienes. Ponte esto. Ahórrate un poco de decencia.

—Gracias, mi Lady —sonrió, envolviéndose en una prenda que olía tanto a ella.

—¿Sueles andar por ahí sin camisa?

Él sacudió la cabeza.

—Solo cuando veo ratas en mi habitación y tengo que escapar tan rápido como pueda.

Marinette chilló, sus ojos abriéndose como platos.

—¿Hay ratas en el castillo?

—Sip. Unas enormes —Adrien se rio entre dientes—. Pero no te preocupes. No visitan a damiselas encantadoras.

Ella se mostró extrañada, frunciendo sus cejas tiernamente en confusión.

—¿Cómo pueden saber las ratas quién vive en una habitación: si una dama encantadora o un niño en cuerpo de adulto que no puedan encargarse de ellas?

Adrien se carcajeó.

—Las ratas hoy en día son extremadamente inteligentes y astutas, mi Lady —comentó, guiñándole el ojo—. Pero ya fue suficiente de ellas. ¿Cómo estás? He oído que has tenido un buen día, y que le has servido a alguien el trasero en bandeja.

—Lo hice —sonrió Marinette, con cierto aire de satisfacción—. Todavía no lo puedo creer, pero se siente increíble. Incluso el Rey y el Príncipe estaban allí, y me atrevo a decir que estuvieron de acuerdo conmigo.

—Sé con toda seguridad que sí. Escuché de una fuente comprobada que el Rey dijo, y cito sus palabras: "Ella lo manejó con la gracia de una Reina". ¿Qué te parece?

Marinette rodó los ojos a pesar del rubor que se extendió rápidamente por sus mejillas.

—Bueno, yo no pondría "gracia" o "Reina" conmigo en una oración, pero me atrevo a pensar que le estoy tomando la mano a todo este asunto de "ser noble".

—Y ya eres bastante buena en eso —ronroneó Adrien, encontrando su mano y depositando un prolongado beso en la parte superior—. Eres increíble, Marinette.

Con el rostro carmesí, Marinette emitió una risita nerviosa.

—Sabes, si hubiera estado en casa, celebraría esto con algunos éclairs y chocolate caliente.

Adrien se pausó un momento. Tenía que volver para "atrapar" a Lila en su dormitorio. Aunque, probablemente, ya era demasiado tarde. Lila era más inteligente para pretender el simple hecho de encontrarla sentada esperando. Así que, realmente no importaba si regresaba ahora, o más tarde. Por lo tanto…

—Sabes, ¿tal vez deberíamos celebrar?

—¿Tú crees? —preguntó ella, sus ojos brillando de emoción.

—Sip. Alístate, mientras yo voy a robar algo de la cocina. Llamaré a tu puerta como de costumbre.

—Está bien —convino Marinette, sonriendo ampliamente—. Y consíguete una camisa mientras estés en ello.

—Por supuesto —Adrien saludó y bajó desde su balcón hasta el suelo.

Llevar a Marinette a celebrar su victoria era una manera mucho mejor de pasar la noche que lidiar con Lila. Así que ignoraría a la mujerzuela por ahora y se divertiría. Después de todo, puede que no les quedara mucho tiempo juntos. La vida podría separarlos al día siguiente, por lo que unas horas extra entre ellos sin la carga de los títulos y la jerarquía social podrían ser exactamente lo que ambos necesitaban en ese momento.


~•~•~•~•~•~•~•


¡Buenas, buenas!

Aquí les traigo un nuevo capítulo de esta atrapante historia. ¿Qué les pareció? Les dije que la zorrita sacaría sus garras, ¡eh! Pues bien, se cansó de jugar… Ya veremos las implicancias de ese tenso momento. Por ahora, sólo les digo, que se preparen para el siguiente capítulo. ¡Lo van a amar! Y bueno, sólo eso les diré xD

Les agradezco el apoyo que recibo en esta historia, y los reviews en el capítulo anterior a paulayjoaqui, Rebeca. sz, Ritoru deito (amo tus fics Ladynoir, hay que decirlo), arianne luna, Monica, Emely-nya y karitol, en serio me hacen muy feliz de leerlos *-*

Antes de despedirme, les quiero hacer llegar una invitación. He subido hace unos días, una historia en colaboración que ya tiene tiempo de publicada en Wattpad, y ahora la subo aquí. Se llama "Encuentros Secretos" y ésta sí la escribo yo, junto con mi querida amiga Moni_armonica. Espero que se pasen por ahí y le den una oportunidad. Ya me cuentan qué les pareció.

Y ahora sí, ¡nos leemos en el siguiente capítulo! Cuídense mucho : 3