Hellooo! Aquí finalmente otro capítulo Yujuuh!
No me pude resistir y hay otro poco más de angst para nuestro Jedi favorito (o el mío al menos)
Disclaimer: No, yo no soy la corporación del ratón.
Here We Go...
La mañana siguiente despertó antes de que la luz del sol siquiera despuntara en el horizonte, afuera todavía estaba obscuro.
Al principio, no entendió lo que estaba sucediendo. Sus sentidos afilados después de años de práctica, habían detectado una gran cantidad de presencias luminosas a su alrededor, lo que –después de haber pasado años acostumbrándose a despertarse en la asfixiante soledad de una galaxia consumida en la oscuridad– lo había conmocionado.
Su mente sintió y su cuerpo actuó en consecuencia, como si tuvieran un pacto entre ellos. Se levantó de la cama de un salto, sobresaltado, tirando las sábanas a un lado, con el corazón desbocado, plantando sus pies descalzos en el suelo mientras miraba alrededor de su casucha y...
Y luego cayó en la cuenta.
Ya no estaba en su hogar solitario en aquel planeta arenoso.
Él estaba de vuelta en el Templo. Estaba de nuevo en su hogar, rodeado de sus amigos y aquellos a quienes llamaba familia.
No había Imperio Sith cazando sobrevivientes de la purga, ni Emperador, ni Darth Vader persiguiéndolo por la galaxia, obsesionando sus sueños y convirtiéndolos en horrendas pesadillas...
Su vida no colgaba de una cuerda delgada, ya no tenía que pensar que cada día podía ser el último si llegaban a descubrirlo.
Dejó caer sus hombros y relajó sus músculos, que se habían tensado listos para ser utilizados en batalla. Entonces se estremeció, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo, no supo si de frío por haber salido de la cama tan rápido o por lo tumultuosa que su cabeza se había puesto.
Sus ojos volvieron a juntar agua, y luchó ferozmente para evitar que las lágrimas comenzaran a derramarse, pero las emociones que esos pensamientos le trajeron a la mente eran demasiado fuertes, demasiado pesadas.
Su espalda golpeó una pared, y desde esta se deslizó al suelo, rodeando sus rodillas con sus brazos y escondiendo el rostro en ellos, sus hombros comenzando a sacudirse mientras perdía la batalla contra sí mismo.
Sintiéndose como el perdido pequeño de doce años que una vez fue y otra vez era.
Alguien podía pensar que era débil por la manera en que estaba tomando todo. Él, en su día un respetado y reconocido general de la armada, reducido a un hombre con el corazón destrozado llorando en un rincón de su pequeña y oscura habitación, lamentándose por hechos que aun no habían ocurrido. Pero ¿qué otra reacción se podía esperar? Todavía no podía envolver su cabeza alrededor de lo que ahora sabía. Su corazón se negaba a creer que todo era real aunque su mente se lo hubiera comprobado, aunque sus sentidos le gritaran que todo esto era real, que no era un invento de su envejecida mente.
La Fuerza en persona lo había escogido, había disipado sus dudas, respondido sus preguntas, alentado a hacer lo mejor que pudiera, y aún así...
Dejó escapar una irónica risotada amarga, que se quebró en un chillido de dolor y terminó en una serie de sollozos angustiados.
Sus quejidos de lamento eran casi inaudibles en la tranquilidad que lo rodeaba. Afuera, los habitantes de Coruscant empezaban su día, ignorantes de su descompostura emocional y mental, ignorantes del oscuro futuro que les esperaba si llegaba a fracasar en su tarea, ignorantes, ignorantes todos los que pusieron su confianza en Palpatine, los que permitieron que moldeara los asuntos para traer la caída de sus compañeros...
Unos brazos etéreos pero cálidos lo envolvieron, deteniendo su cadena de deprimentes y obscuros pensamientos, librándolo instantáneamente del frío del ambiente. Sintió dedos masajeando su cabello en movimientos relajantes, y una suave canción susurrada como susurra el viento a través del desierto en una noche de tormenta de arena, silbando dulcemente, un sonido que al principio no hacia más que recordarle lo solo que se hallaba, perdido entre las dunas de arena, pero que con el pasar del tiempo había llegado a asimilar y relacionar con seguridad, llegó a significar que seguía allí, solo pero a salvo, listo para sobrevivir otro día.
Lentamente, los sollozos se calmaron, su cuerpo dejó de sacudirse y simplemente se quedó allí, sentado en el suelo, hasta que los rastros de lágrimas se secaron de sus mejillas y tuvo fuerzas para levantar la cabeza de sobre sus rodillas. Entonces, algo parecido a labios suaves rozaron su frente en lo que interpretó como un beso maternal, haciendo su piel cosquillear, y la cálida presencia lentamente retrocedió hasta desvanecerse.
La tenue luz de matinal que se filtraba a través de los huecos que dejaban las cortinas en sus ventanas iluminó su rostro, haciéndolo entrecerrar los ojos hinchados. Se los frotó, levantándose del suelo, ya recuperado, o al menos no sollozando desgarradoramente, y estiró el cuello de un lado a otro para aliviarlo, pensando seriamente en ir a ver a un curandero mental pronto, sabía que si continuaba así, las pesadillas no tardarían en regresar, y no deseaba pasar por eso de nuevo. Veinte años de noches agonizantes habían sido suficientes.
Suspirando, miró a su alrededor. Su habitación estaba bastante ordenada para tratarse de un joven de doce años, solo su cama estaba desordenada por el susto de antes. Fue hacia ella y la tendió antes de calzarse e ir al baño a asearse.
Había decidido que se presentaría ante el Consejo Jedi ese día, pero luego de aquel episodio, no creía que fuera todavía el momento, al menos no se sentía preparado mental y emocionalmente, tal vez en unas cuantas horas.
Primero quería disfrutar de un día más de descanso, pasándolo con sus amigos, recordando viejos tiempos.
Se vistió con túnicas frescas, luego hizo un poco de meditación ligera para aliviar su agitada mente, y después de eso, dejó sus habitaciones para ir a desayunar.
En su camino hacia el comedor, se encontró con Bant, quien estaba en camino a su habitación, seguramente para asegurarse de que estuviera bien.
"¡Obi!" lo saludó, sonriendo alegremente al ver a su mejor amigo en un estado mental tan pacífico.
A lo largo de su rutina matutina, su rostro se había relajado, sus ojos habían perdido sus rasgos hinchados, por lo que se veía fresco y descansado.
Últimamente, había estado actuando un poco sombrío y desanimado, debido a su próximo decimotercero cumpleaños. Y había temido que su mal humor influyera tanto en su vida que su desarrollo en las clases terminaría fallando. Sin embargo, ahora que lo veía fresco y sonriente, parecía contenta de ver que su mejor amigo estaba bien, su estado de ánimo era más feliz que el día anterior, su aura brillaba como nunca antes en la Fuerza.
"Despertaste temprano", observó la joven, empezando a caminar a su lado.
"Me dormí rápido", respondió Obi-Wan. "Las actividades de ayer me cansaron bastante..."
Eso, y toda la meditación y reflexión que había hecho.
Tal vez la ducha caliente y el suave colchón ayudaron también.
Y a pesar de su rudo despertar, había dormido muy a gusto, así que no había necesidad de preocupar a su amiga.
Ella dio una risita, recordando toda la diversión que habían tenido en el lago. Era una actividad que disfrutaba especialmente, pero la cual no había podido ejercer hacia tiempo.
"Sí, a mi también, pero no lo cambiaría por nada, no habíamos tenido tanta diversión juntos hacia rato."
Obi-Wan asintió, su suave sonrisa vacilando un poco cuando divisó la tristeza que esos pensamientos trajeron a la mente de Bant y que su amiga estaba tratando de esconder de él, seguramente para no arruinar el ambiente pacífico y relajante que los envolvía.
La verdad era que él había estado tan enfocado en conseguir impresionar a algún Maestro que no había estado prestando atención en como su forma de pensar y actuar habían estado afectando a sus pares, más que nada a sus más allegados. Con doce años, no había reflexionado en ello, pero con tantos años de experiencia lidiando con jóvenes tras él - o mejor dicho, su yo alternativo - ahora entendía cuan hirientes y entristecedoras sus acciones habían sido para sus amigos.
"Lo siento" se disculpó de la nada.
Ella se detuvo, confundida por no entender por qué se disculpaba.
"¿Qué quieres decir?" preguntó ella, inclinando un poco la cabeza.
Se detuvo junto a ella y miró hacia abajo, tratando de encontrar las palabras correctas para decir lo que quería decir.
"Sé lo preocupada por mí que has estado, y cuánto has estado tratando de animarme y estar allí para mí, pero..." levantó la cabeza, encontrando sus ojos grises, envejecidos pero jóvenes con los de ella, "he estado tan absorto en mis propios problemas y objetivos que no he tenido tiempo de mostrarte cuánto significan tus acciones para mí, o al menos decirte lo agradecido que estoy de tenerte como mi mejor amiga."
Sus mejillas se sonrojaron.
"No tienes que agradecerme", aclaró, "Soy tu amiga, ese es mi trabajo, ¿verdad?" bromeó ella.
Pero podía sentir cuánto significaban para ella sus palabras, esas palabras. Su reconocimiento y agradecimiento llenaron su corazón de alegría y calidez.
"Pero quiero", insistió. "Sé que no soy el más fácil de tratar cuando estoy frustrado o enojado, pero tú trataste conmigo y mis tontos cambios de humor casi todos los días últimamente... Te he dado por sentado, pero tu amistad es realmente una bendición, por eso quiero disculparme por todas las veces que tuviste que aguantarme a mí y mis problemas y no hice nada para agradecerte, o pasé por alto tus esfuerzos para aligerar mis días"
A su mente llegó ese día hacia tanto tiempo ya, su último día - en ese momento - en el Templo. Cuan cerca estuvo de marcharse sin decir al menos un adiós a ella, cuan cerca estuvo de romper su enorme corazón, y lo herido que su semblante había lucido.
No, nunca más volvería a decepcionarla o entristecerla. La había recuperado y no arruinaría la oportunidad de estrechar su entrañable amistad esta vez.
Sus bonitos ojos plateados se hincharon con lágrimas, pero retuvo con éxito las lágrimas de alegría mientras le sonreía torcidamente.
"También te podrías disculpar por todo lo que me hiciste correr ayer, dos Maestros me retaron por perturbar la paz en los pasillos ¿sabes?"
Él hizo una ligera mueca de pena, asintiendo.
"Lo siento en verdad."
"Disculpa aceptada."
Ambos se sonrieron el uno al otro, y el muchacho pasó amistosamente un brazo sobre los hombros de la muchacha, que era un poco más baja, atrayéndola hacia él.
"Vamos, tengo hambre y estoy seguro de que Garen y Reeft ya deben estar allí... Espero que nos dejen algo de comer"
Ella dio una risita, asintiendo con la cabeza, pareciendo contenta con su respuesta. Así que ambos fueron juntos al comedor.
Como había predicho, sus dos amigos varones ya estaban allí. Garen les hizo señas con la mano llamándolos y fueron a sentarse en su mesa.
Comieron y hablaron de sus clases de ese día. Obi-Wan no podía recordar todas sus clases, porque para él, todo eso había ocurrido hacia más de treinta años, por lo que hizo uso de sus habilidades como el Negociador para dirigir la conversación y obtener información sobre las clases que iba a tener ese día, y con cuál de sus amigos.
Como el día anterior, sus otros amigos se unieron a ellos, a excepción de Quinlan, quien según explicó Kit, había sido castigado con trabajo en la cocina todo el día por haberse saltado sus estudios el día anterior.
"No sé si tengo tanta hambre ya", bromeó Obi-Wan, pinchando su desayuno con un tenedor con sospecha
Todos en la mesa se echaron a reír.
Mientras continuaban con su desayuno, Obi-Wan mantuvo sus sentidos alerta, se trataba solo de un reflejo de sus años en la guerra, pero gracias a ello pudo percibir una presencia ligeramente hostil hacia él. No tuvo que dirigir sus ojos para saber que se trataba de Bruck. El chico de Telos IV entró al salón junto a su grupo de amigos, si se les podía llamar así, y se sentaron en una mesa alejada de la suya. Obi-Wan pudo sentir los fríos ojos de su rival puestos en su espalda, pero decidió ignorarlo, siguiéndole la conversación a Garen. Antes, muchos años atrás desde su punto de vista, la más sutil provocación habría bastado para enfadarlo, pero con el paso de los años había llegado a comprender a Bruck, después de todo se trataba de un iniciado igual que él, inmaduro e inseguro, asustado de no ser elegido y dejado en un planeta distante, marcado como un fracaso por el resto del Templo. Afortunadamente, con ayuda de la Fuerza, no tendría que pasar por muchas cosas por las que había pasado y que habían sido dolorosas y traumatizantes para su mente, como la muerte de Bruck. Incluso después de años de la muerte del chico de cabello blanco, incluso después de que su Maestro y el sistema de justicia hayan repetido una y otra vez que no era culpable de aquella tragedia y aunque había conseguido algo de paz al perdonarse a sí mismo, no podía evitar sentir un poco de culpa escondida en lo más profundo de su corazón.
Ese sentimiento era como un pequeño guijarro que de vez en cuando le molestaba en las largas y solitarias noches en su cama, un minúsculo guijarro que pesaba dolorosamente dentro de él sumado a los lamentos que había acumulado a lo largo de su angustiosa vida y que le oprimían el corazón.
Estaba decidido a evitarle ese horrible destino.
De manera fugaz pasó por su mente la idea de volverse su amigo.
Después de eso, los jóvenes se levantaron de la mesa y se fueron en grupos a sus respectivas clases.
Al principio, Obi-Wan intentó actuar como su yo de esa época, distraído y torpe, para mantener el perfil bajo, pero al final se rindió, dándose cuenta que fingir que sus conocimientos y habilidades seguían siendo los mismos para no llamar la atención era más agotador que utilizarlas. Después de todo, esa era la razón por la cual la Fuerza se las había otorgado, para aprovecharlas.
Claro que lo hizo con cautela, contestando en clase solo cuando le preguntaban algo directamente y si alguno de sus amigos quería saber donde lo había aprendido, solo tenía que encogerse de hombros y decir "lo leí en los archivos".
La clase de simulación de vuelo fue otro reto. El Maestro a cargo los hizo practicar que harían en caso de que la nave en la que viajaran estuviera averiada y tuvieran que hacer un aterrizaje forzoso. De todos sus compañeros, fue uno de los pocos que consiguió completar la simulación sin sufrir contratiempos, que en la vida real habrían costado vidas, incluso la suya. Entre los que tuvieron éxito estaba Garen, quien, junto con el Maestro de la clase le preguntaron como había mejorado tanto en relativamente poco tiempo.
"Descubrí que no me gusta tanto volar" contestó "así que haré todo lo que pueda para que la experiencia dure lo menos posible"
Garen rodó los ojos, el Maestro sonrió de lado sacudiendo ligeramente la cabeza y el resto de la clase solo se rió.
Obviamente, ninguno de ellos había tenido que volar junto a alguien como Anakin.
Muchas de sus habilidades de supervivencia de vuelo procedían de su experiencia con su joven hermano en la Fuerza.
La clase de sables de luz fue un asunto más difícil de manejar. El maestro los hacia empezar con calentamiento, seguido de prácticas de los katas que habían aprendido hasta ese momento y terminaba con duelos entre los estudiantes que se iban rotando hasta que la hora terminara. Era un verdadero infierno para un iniciado sin experiencia, que terminaba con las ropas empapadas de sudor, miembros cansados y músculos doloridos. Solo que él estaba lejos de ser un iniciado.
Con su vasta experiencia en batalla, tuvo que concentrarse mucho y utilizar la fuerza para suavizar los golpes de su sable de práctica, a la vez que bajaba su nivel de pelea para empatarla con la de sus oponentes, que ya habían empezado a mostrar los signos de extenuación tales como respiración dificultosa y pérdida de fuerza en los miembros, mientras que él apenas si mostraba una fina capa de sudor en su frente que humedecia apenas el cabello que le caia desordenado, y que era causada más por los nervios de controlarse para no llamar la atención o herirlos por accidente que por el ejercicio físico.
Hacia el final de la clase, no había perdido ningún duelo, ni había tenido el deseo de sacarse las túnicas superiores por haber entrado en calor, no que el maestro lo permitiera de todas maneras. Después de todo, en una pelea real el enemigo no daría tiempo para deshacerse de la ropa si esta presentaba un estorbo a la hora de la acción, y eso era lo que trataban de enseñarles a los niños.
Como se lo esperaba, Bruck fue su último oponente. Y él el de Bruck.
El chico de cabello blanco se paró frente a él, sable de luz en la mano.
"Espero que tu cerebro se sienta bien hoy" susurró Bruck, lo suficientemente fuerte para que Obi-Wan pudiera oírlo, lo suficientemente bajo como para que el Maestro no "odiaría dañarlo más de lo que ya lo tienes"
Obi-Wan reprimió el deseo de reír alegremente y sacudió la cabeza. En otro momento, se hubiera enloquecido de ira. Ahora, sin embargo, solo podía pensar en cómo había extrañado las burlas de su rival.
Había estado ansioso por enfrentarse a Chun durante toda la clase. El chico podría ser un dolor de estómago, pero luchaba con todo lo que tenía. Obi-Wan había estado midiendo la fuerza de sus golpes, para no dañar a uno de sus compañeros de clase por accidente, aunque había ganado todos sus duelos. Pero Bruck era diferente. A pesar de su supuesto odio o aversión hacia él, Bruck era un verdadero desafío. Con él, Obi-Wan estaba seguro de poder liberar un poco de estrés.
Una ligera sonrisa ante ese pensamiento no pasó desapercibido para el chico de pelo blanco, que frunció el ceño.
"¿Qué es tan gracioso, Oafy-Wan?" preguntó, ligeramente preocupado de que su rival de tanto tiempo hubiera esbozado esa sonrisa
Obi-Wan sacudió la cabeza divertido.
"No lo entenderías" respondió, más para sí mismo que para su rival
Tomaron posiciones, y después de una señal del maestro, comenzó su pelea.
Obi-Wan sonrió, su buen humor se podía sentir a través de la Fuerza. No recordaba haberse divertido tanto con un duelo de sables de luz. Era como con Anakin. Solían pelear mucho, la mayor parte del tiempo por diversión.
El duelo duró más de lo que cualquiera de los espectadores había esperado, incluso el Maestro. Obi-Wan podía sentir los ojos de todos en ellos, principalmente en él. Sus habilidades inusuales para un Iniciado no pasaron desapercibidas, pero se encogió de hombros y descartó sus preocupaciones, había planeado ir a hablar con el Consejo y decir la verdad, de todos modos.
Durante su estancia en el desierto, había utilizado el tiempo que había tenido para entrenar en las siete formas de duelo de sables de luz. Había planeado entrenar a Luke en ellas, para que el joven pudiera, más adelante en el tiempo, reconstruir la Orden Jedi, con nuevos puntos de vista y estilos de vida. Una pena, no pudo hacerlo. Pero iba a asegurarse de que esta vez, Anakin estuviera allí para ver nacer a sus hijos y entrenarlos el mismo.
Volviendo su atención a la lucha, se hundió en la Fuerza y dejó que lo energizara, dándole fuerza, velocidad, resistencia y agilidad. Después de varios minutos de pelea, no estaba cansado, ni una gota de sudor en la frente. Pero no fue lo mismo para su oponente. No necesitaba la Fuerza para saber que Bruck estaba cansado. Todo su lenguaje corporal lo estaba gritando, respiración entrecortada, cabellos pegados a una frente perlada de sudor, movimientos lentos y torpes ... el cansancio estaba saliendo en oleadas de él.
Pero Bruck no iba a rendirse tan fácilmente. Iba a luchar hasta el final.
Obi-Wan suspiró para sus adentros, recordando tristemente su muerte, que desperdicio, Chun habría hecho un Jedi tan bueno.
"No, él será un buen Jedi, me aseguraré de que lo sea", pensó con decisión, mientras esquivaba un golpe del sable de luz de Bruck.
Había estado disfrutando el desafío, pero Bruck estaba agotado, sus golpes habían disminuido en velocidad y fuerza. Tenía que terminar el duelo antes de que el chico cayera al suelo, agotado. Eso no sería bueno para la dignidad de Bruck.
Así que atacó con un golpe, luego se deslizó a su lado, pateando el sable de luz de Bruck de sus manos y convocándolo a su propia mano, la punta de su sable láser en la base del cuello del chico de pelo blanco.
Ellos se miraron a los ojos. Azul hielo contra gris azul. Los ojos de Bruck ardían de ira y vergüenza, algo que Obi-Wan había esperado de él. El Maestro llamó a Obi-Wan el ganador y apagó su sable de luz. Bruck cayó de rodillas, respirando pesadamente y empapado en sudor.
Sintiendo que el chico iba a huir después de reunir la fuerza suficiente, Obi-Wan actuó más rápido.
"Buen duelo, Bruck" comenzó, agachándose un poco para estar en su línea de visión "Serás un excelente duelista, estoy seguro de que si sigues mejorando así, un Maestro te va a elegir, confía en el Fuerza"
Entonces, Obi-Wan sonrió a su rival, amablemente descansando una mano en su antebrazo.
Los ojos azul hielo se agrandaron de sorpresa, y Bruck miró al chico de cabellos rojizos con confusión y un poco de preocupación.
Primero, el incidente en la Sala de las Mil Fuentes, por el cual sus amigos todavía se reían de él, y ahora esto.
Pensó que Obi-Wan se iba a burlar de él, que se reiría a sus expensas con sus amigos y luego simplemente se iría. Pero Oafy-Wan lo tomó por sorpresa y lo felicitó por el duelo, incluso le sonrió amablemente.
Probó su aura con la Fuerza para buscar cualquier señal de engaño, y casi jadeo en sorpresa cuando descubrió que ese chico de Stewjon estaba siendo honesto con sus palabras y acciones.
¿Qué estaba mal con Kenobi?
Por su parte, Obi-Wan solo esperaba que el chico de pelo blanco tomara sus palabras en serio. Mentalmente, él era un hombre crecido, realmente no veía por qué seguir con la estúpida rivalidad. No quería que Bruck terminara como la última vez. No iba a permitir que Xanatos lo volviera oscuro y lo llevara a una muerte prematura.
Con esa promesa hecha en silencio, Obi-Wan le sonrió de nuevo y extendió su mano hacia Bruck. Todavía desconcertado por su comportamiento extraño, el chico de cabello blanco tomó la mano ofrecida distraídamente, y su rival lo ayudó a ponerse en pie.
"Bueno, hasta luego, Bruck" con otra sonrisa, Obi-Wan se inclinó ante él, se dio la vuelta y se fue trotando hacia sus amigos
No pudo evitar sonreír cuando vio las caras desconcertadas de la multitud en el salón de entrenamiento. Incluso el Maestro lo miraba como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
Seguramente, todos ellos esperaban que sucediera lo que siempre ocurría. Los dos chicos terminando en una fiera pelea a puñetazos. Y el Maestro tendría que detenerlos, y los dos habrían terminado recibiendo un sermón sobre el control de las emociones del Maestro Yoda.
No esta vez.
"¿Estás seguro de que algo importante no se dañó en tu cabeza cuando te desmayaste?" preguntó Garen, medio bromeando, medio serio, cuando se unió a ellos.
El comportamiento de su amigo realmente era algo sobre lo que reflexionar, algo había cambiado en él, después de aquel incidente en la Sala de las Mil Fuentes, parecía más maduro pero lo rodeaba un aura de angustia que no podía ir en concordancia con su juventud y que se le hacia un misterio.
Obi-Wan se rió suavemente.
"No, estoy seguro de que estoy perfectamente", entonces vio la botella de agua que Bant le estaba entregando distraídamente mientras sus ojos plateados estaban puestos en la puerta por la que un todavía aturdido Bruck había huido, con sus amigos persiguiéndolo .
Tomó la botella, sacándola de su ensimismamiento, y bebió de ella hasta la última gota. Al terminar, se limpio los labios con el dorso de la mano y le devolvió la botella a Bant con una amplia sonrisa.
"Gracias"
"De nada" respondió esta, aun desconcertada por lo ocurrido.
"Bien, ¿que tal si vamos por algo de comer? esta clase me dio hambre" sugirió con los ánimos elevados.
Con eso, Obi-Wan se dio la vuelta y comenzó a alejarse hacia la salida. Reeft no lo pensó dos veces y fue tras él, igualando su entusiasmo, y Bant dio un paso en su dirección pero una mano cayó sobre su brazo, y la niña se detuvo, girando la cabeza para ver como Garen miraba hacia el lugar por donde los otros dos habían ido con ojos afilados.
"Es obvio que hay algo diferente con Obi-Wan ¿sabes que es?" preguntó sin quitar su mirada de donde la había posado
"Se que algo cambió en él" confesó la muchacha "solo que no sé que, aún, pero Obi-Wan jamás ha mantenido ningún secreto de nosotros, me prometió que nos dirá todo muy pronto, hay que confiar en él"
Garen bajó los ojos hacia Bant, cuyos ojos plateados brillaban con seguridad y convicción. Ella estaba segura de que Obi-Wan les explicaría todo con el tiempo, que solo debía esperar. Y esa seguridad era suficiente garantía para Garen.
El chico pasó un brazo por sobre los hombros de Bant y comenzó a caminar, llevándola con él.
"Bueno, no los hagamos esperar"
El sobrenombre que le da Bruck a Obi de Oafy-Wan en español se lo tradujo como Torpe-Wan, pero me gustó más en inglés así que, ahí queda.
Iba a incluir a Obi enfrentando al Consejo finalmente, pero creo que merece su propio capítulo porque va a ser bastante estresante y difícil para nuestro Jedi, así que aquí queda.
Hasta la próxima! :-D
