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A Bride for The Prince

(Español)

CAPÍTULO 16

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Adrien escoltó a Marinette a salvo de regreso a su habitación poco después de la medianoche, antes de dirigirse a sus aposentos. Entrando a hurtadillas a su cuarto, revisó cuidadosamente que esta vez no hubiera visitantes indeseados, y solo después de asegurarse de que su dormitorio estaba vacío, dejó que su corazón, su mente y su alma se entregaran a los recuerdos de la hora anterior, llenándolo de tanta alegría y felicidad, que Adrien no podía apartar una sonrisa enamorada de sus labios.

¡Marinette lo amaba! ¡Ella quería estar con él!

Confiaba tanto en él, que le permitió besar cada parte de su piel sobre la que podía posar sus labios. Ella no lo había alejado cuando sus manos comenzaron a prodigarla con caricias, y él se tomó su tiempo para adorarla como la diosa que era, evocando la expresión de satisfacción y deleite absoluto en su rostro ante cada toque. Adrien habría querido que se quedara allí por siempre, por lo que se había lanzado a la búsqueda de cada lugar específico y punto sensible en ella, acariciándolo y besándolo con tal de que Marinette lo siguiera mirando de esa misma manera.

Su cabeza daba vueltas solo por los recuerdos; su aroma, la suavidad de su piel, la dulzura de su tacto aún perduraban. Fue lo más respetuoso posible. Nunca cruzaron la línea de no retorno, pero, Dios, lo que daría en este momento para reclamarla como su esposa esta misma noche.

Con la cara enrojecida, y un fuego encendido en la boca del estómago, Adrien luchó por contenerse, los recuerdos de Marinette sobrepasando todos sus sentidos.

No podía dejarla ir ahora. No después de haber probado lo dulce que era y haberla visto deshaciéndose por él con esa expresión en su semblante. No después de haber tenido sus manos sobre ella, manos que todavía se estremecían de ardor. No cuando estaba tan absoluta y perdidamente enamorado de ella que no podía pensar en nada más. No cuando se trataba de la felicidad de ambos, ya no solo de la suya. Apenas había sido capaz de dejarla ir esta noche. Entonces, si ella lo quisiera, haría lo que fuera necesario para estar con ella para siempre.

Adrien se dejó caer boca arriba sobre su cama y sonrió en medio de la oscuridad. Nino iba a matarlo si se enteraba que Adrien ya se le había declarado, pero estar con Marinette se sentía tan sencillo y natural, tan cálido y reconfortante, que no pudo evitarlo. Especialmente, no cuando vio lo afligida que estaba al pensar en su inminente separación. Su sonrisa y sus delicados te amo deslizándose de sus labios entre cada beso valieron todos los riesgos.

Porque ella lo amaba.

Llevó los dedos a sus labios y cerró los ojos, reviviendo cada toque y cada beso, su calidez, su piel suave y sedosa tan cerca de la suya, su dulce aroma que debilitó sus rodillas y dejó a su mente perdida por completo.

Ella lo había dejado sin aliento, y si Adrien pudiera casarse con Marinette en ese preciso instante, no dudaría en lo más mínimo porque después de esta noche, Adrien necesitaba más. La necesitaba junto a él; anhelaba…

Un estruendoso golpe en su puerta retumbó en el silencio de la habitación, rasgando su burbuja feliz. Sorprendido, Adrien se dirigió hacia la puerta, echando un vistazo al reloj. Era casi la una de la madrugada. ¿Quién y por qué lo visitaría tan tarde?

—¿Nathalie?

—Tu padre quiere verte —dijo la mujer con la más indescifrable expresión en su rostro.

Un frío escalofriante trepó por su espina dorsal. Una petición de visita a estas horas jamás prometía nada bueno.

—¿Qué sucedió?

Ella no reveló nada, girándose de lado.

—No tenemos tiempo para explicaciones. Vístete. Te espero en el pasillo.

Adrien se cambió rápidamente a un atuendo más apropiado que la camisa suelta que había robado de forma apresurada de la lavandería antes de regresar con Marinette. Su corazón palpitante resonaba en sus oídos, enviando un desagradable estremecimiento hasta su estómago. La última vez que su padre lo había llamado tan tarde fue para que pudiera pasar unos minutos junto al lecho de su madre. Ella había querido verlo. Y por la mañana, su madre se había ido.

—Nathalie, por favor —le rogó, una vez en el pasillo—. ¿Qué pasó?

—No puedo hablar del asunto en un pasillo abierto —respondió ella, su voz tan fría como la piedra.

Sabiendo por experiencia que no obtendría nada de ella, Adrien no dijo nada más y se dirigió al estudio privado de su padre. Caminaron en silencio, mientras el joven sentía un nudo retorciéndose dolorosamente en su estómago con cada paso. Algo importante debía haber ocurrido si Nathalie ni siquiera podía darle una pista. Algo serio, si no quería arriesgarse a hablar de ello en un espacio abierto. Aceleró sus pasos, rezando para que no fuera algo tan grave como la última vez que lo habían convocado en mitad de la noche.

Un tentativo silencio envolvía la estancia cuando Adrien puso un pie dentro. Su padre se hallaba sentado detrás de su escritorio, con un semblante imperturbable. Él arqueó una ceja ante la aparición de Adrien, presionando sus labios en una delgada línea. Detrás de su padre estaba su guardia personal, Gorila, a quien Nathalie se unió inmediatamente después de hacerle una reverencia al Rey.

Los sollozos provenientes de algún lugar hacia su costado atrajeron la atención de Adrien. Se giró hacia aquel sonido y se paralizó, abriendo enormemente los ojos. En el sofá lounge junto a la ventana estaba sentada Lady Volpina, vistiendo su bata de noche. Con el cabello suelto y despeinado, escondía la cara entre las manos mientras lloriqueaba en el pecho de Théo, quien la sostenía en sus brazos.

Adrien frunció el ceño, pero antes de que pudiera preguntar algo, su padre reclamó su atención.

—¿Adrien?

Al escucharlo, se enderezó al instante.

—Padre.

—Tengo una pregunta para ti —pronunció Gabriel, observándolo con sumo cuidado—. Necesito que seas honesto conmigo.

—Por supuesto, Padre.

—¿Te acostaste o no con Lady Volpina esta noche sin su consentimiento?

Los ojos de Adrien se abrieron de par en par, disparando su cejas hacia arriba por la impresión. Apenas pudo reprimir un reflujo vomitivo.

—¿Qué? ¡No! ¡Por supuesto que no! ¿Por qué piensas eso?

—¡Miente! —chilló Lady Volpina—. Está mintiendo, Su Majestad. Me llamó y pidió que fuera a su habitación privada esta noche, y cuando llegué, se arrojó sobre mí y... —se detuvo, violentos sollozos sacudían su cuerpo—. Él... él… no me escuchó y… le rogué… le supliqué que no me haga daño… ¿qué será de mí ahora?

—Shhh. No te preocupes, prima. —Théo estrechó su abrazo, tratando de calmarla—. Estoy seguro de que nuestro Rey es un rey justo, y se asegurará de que se haga justicia y de que se ocupen de ti como es debido.

—¿Adrien? —Gabriel inclinó la cabeza hacia un lado, mirando a Adrien—. ¿Qué tienes que decir a esto?

Adrien se irguió, sus labios marcaban una fina línea al tiempo que miraba con ira contenida al par junto a la ventana.

—En efecto, Lady Volpina estuvo en mi habitación esta noche...

—¡Ves! ¡Te lo dije! —vociferó Lila—. Me ha usado y ahora...

—No terminé —interrumpió Adrien.

—Ya hemos oído su versión de la historia, Lady Volpina —agregó Gabriel, dejando salir su visible irritabilidad—. Ahora, agradecería que le permitiera a mi hijo contar la suya.

—¿Qué queda aún por decir? —escupió Théo—. ¡Él acaba de admitirlo todo!

—¡No hice tal cosa! —protestó Adrien—. Dije que estuvo en mi habitación, pero yo no la llamé ni le pedí que fuera hasta allí ni tampoco me arrojé sobre ella. Entró sin autorización mintiéndole a mis guardias mientras me estaba bañando, ¡y fue ella quien intentó abalanzarse sobre ! No tuve más remedio que escapar por mi ventana, ¡tu prima fue tan insistente! ¿Y ahora están tratando de acusarme de cosas que no he hecho?

—¡Eso es mentira! —gritó Lila—. Está mintiendo, Su Majestad. Por favor créame. Simplemente no quiere asumir la responsabilidad de sus actos.

—Exactamente —agregó Théo, volviéndose hacia Gabriel—. Con el debido respeto, Majestad, pero su hijo no se parece en nada a usted. Se aprovechó de mi pobre prima, arruinando su futuro para su propia diversión y placer carnal. Como gobernante justo, debería asegurarse de que asuma la responsabilidad y se case con mi prima. No querría que la reputación de la familia real se viera perjudicada al consentir que su vástago actúe de esa manera, ¿verdad?

—Vaya... —Gabriel arqueó una ceja, apoyándose sobre su silla. Una mueca maliciosa estiró sus labios—. Entonces, ¿es eso lo que busca?

La expresión de Théo se volvió confusa.

—¿Qué?

—Ha montado todo este espectáculo para poder acercarse al trono, ¿no es así? Y si no desposo a mi hijo con su excelente actriz de prima, entonces se atrevería a amenazar mi reputación difundiendo mentiras por todo el reino, ¿verdad?

Théo palideció al instante.

—¿Qué? ¡No! Esto es…

—¡Suficiente! —Gabriel se puso de pie—. Bajo cualquier otra circunstancia, podría haber estado más inclinado a creerle, Duque Barbot, pero desafortunadamente, he estado bastante inquieto esta noche, por lo que decidí tomar un poco de aire fresco en mi balcón, que, por desgracia para usted, tiene una vista en dirección a los aposentos de mi hijo. ¿Necesito explicarle qué fue lo que he presenciado desde allí esta noche?

Adrien se aquietó, procesando las palabras de su padre. Una vez que estas se asentaron, la mortificación lo golpeó con dureza. Su padre lo había visto huir de Lila, escalando las paredes del castillo, sin camisa.

Por supuesto que lo hizo.

Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Era todo de lo que había sido testigo? ¿Y si lo vio entrando a la habitación de Marinette? Adrien rezó para que ese no fuera el caso, pero, aun así, la más mínima posibilidad y lo que aquella podría implicar lo petrificaron.

Théo se quedó congelado en su lugar, desprovisto de palabras. Lila aspiró el aire mientras el Rey se volvía hacia ella.

—Le sugiero que regrese a casa y evalúe su comportamiento, Lady Volpina. La forma en que se ha expuesto a sí misma no es apropiada para una joven doncella de su estatus. Tampoco sus acciones, ni sus constantes mentiras. Es una vergüenza para su familia y su Rey.

—En cuanto a usted... —Gabriel se dirigió a Théo—. Le comunico que procederé a liberarlo de su posición actual en mi corte, por colaborar con su prima al tratar de difamar la reputación del Príncipe Heredero. Eso no será tolerado. Ya no es bienvenido en mi castillo, y será mejor para usted que yo no escuche que continúa socavando a su Rey y a la Familia Real. No es que necesite recordárselo, pero, así como está en mi poder conceder títulos y tierras, también está en mi poder quitárselos.

Théo se mordió la lengua, con la cara roja y los puños apretados fuertemente a sus costados.

—Vamos, Lila. —se volvió hacia Lady Volpina—. Buscaremos justicia de alguna otra manera, con gente que no cierra los ojos ante los crímenes de su descendencia. Después de todo, ¿qué se puede esperar de un rey que permite que su hijo se pase el tiempo rebajándose con una plebeya solo para encubrir un escándalo de poca monta?

La respiración de Adrien quedó enganchada en su pecho, sus ojos se movieron con rapidez en dirección a Théo y luego hacia Gabriel.

—¡Fuera! —Gabriel exclamó entre dientes, enviando un escalofrío por la columna vertebral de Adrien—. ¿Cómo se atreve a insinuar semejante cosa?

Gorila no necesitó mayor indicación que el elevado tono de su Rey. En una fracción de segundo, estaba conduciendo a Théo y Lila hacia afuera del estudio.

—¿Por qué siquiera le importa la reputación de Lady Bug? —discutía el ofendido duque, mientras era sacado por el guardia—. Es una noble de baja estirpe, de los territorios que nadie quiere. Su fuga amorosa no será un secreto por mucho tiempo, incluso aunque yo no dijera nada. La gente ya está hablando de su deshonra independientemente de esa jovencita pomposa, arrogante y plebeya que ocupó su lugar aquí...

La puerta detrás de ellos se cerró de un golpazo.

—Bastardo —escupió Gabriel, acomodándose su ropa. Con la cara roja, apretando la mandíbula, dirigió su vista hacia Adrien—. Debería haberme librado de él hace mucho tiempo. Es un pobre tipo, indigno de su posición. Incluso delirante, me atrevería a decir. ¿De qué fuga amorosa está hablando?

Como si la pregunta fuera dirigida a ella, Nathalie reaccionó y contestó de inmediato:

—Creo, señor, que el Duque Barbot estaba insinuando que Lady Bug se fugó para contraer matrimonio con alguien más y que hay una plebeya en el palacio que ocupa su lugar.

—¡Eso es absurdo! —Gabriel volvió a sentarse en su silla, arreglando su ropa en el proceso—. ¿Una plebeya haciéndose pasar por una lady en mis propias narices? La reconoceríamos de inmediato, por su falta de modales y educación, su comportamiento y forma de hablar, sus ideales y creencias. Una plebeya ni siquiera podría bailar en el...

El Rey de repente dejó de hablar, sus ojos se abrieron de golpe mientras se quedaba mirando al frente.

A Adrien se le heló la sangre, su pecho se comprimió en un doloroso apretón, los latidos de su corazón retumbaban fuertemente en su cabeza. Esto no estaba yendo en una dirección favorable.

Su padre frunció el entrecejo, y un momento después sus ojos se precipitaron hacia él.

—¿Adrien? —bramó entre dientes presionando los labios de tal manera que formaban una delgada línea.

Adrien se estremeció, preso de los nervios. Conocía ese tono, aquel que podría significar solo una cosa: su padre lo sabía y él estaba en problemas. A pesar de todo, se atrevió a confiar, porque no había manera de que el rey lo supiese. Ni Nino ni Alya se lo dirían. Aparte de lo que acababa de suceder en ese momento, Théo tampoco tuvo oportunidad. ¿De qué otra forma podría haberse enterado su padre?

—¿Si, Padre?

—Tú le enseñaste a Lady Bug a bailar, ¿verdad?

Adrien lo miró atónito. Esa no era la pregunta que esperaba. Ni remotamente cerca de cualquier cosa que pudiese esperar que dijera.

Los ojos de Gabriel se centraron en él, y continuó:

—Ni siquiera intentes negarlo. Yo mismo te vi enseñándole a bailar a Lady Bug en el Salón de Cristal durante las noches previas a ese primer baile. ¿Por qué una lady necesitaría que le enseñen a bailar?

Adrien sintió como si acabara de tragarse un kilo de plomo.

—O me respondes, o la llamo para que lo haga por ti.

Adrien sintió un nudo retorciendo su estómago. Esta no era la forma en que había planeado decírselo a su padre. Había deseado abordarlo a primera hora de la mañana, todo fresco, descansado y de buen humor. Había planeado revelar su elección y pasar unos diez minutos elogiando a Marinette, enumerando sus virtudes, haciendo hincapié en que hasta al propio Gabriel le había gustado ella solo un día antes. Luego, mencionaría cuán generoso, comprensivo, amoroso y justo era su padre, y cómo incluso la ley no contenía medidas discriminatorias contra los rangos sociales en lo que respecta al matrimonio. Después de eso, y sólo después de eso, Adrien planeaba mencionar que estaba enamorado de una maravillosa e increíble chica que resultó ser una plebeya, y que haría todo lo que su padre pretendiera de él siempre y cuando se casara con ella.

Pero, en su lugar, Adrien se encontraba de pie frente a un cansado, disgustado e iracundo Gabriel que esperaba impacientemente su respuesta a mitad de la noche, y solo con ver la expresión en su rostro, podía decir que su padre estaba bordeando el peligroso territorio donde no escucharía las razones ni las súplicas de nadie. Solo su madre podía tratar con él en ese estado, pero ella no estaba allí para respaldar a su hijo, y Adrien ya no podía darse el lujo de seguir evitando el tema por más tiempo.

Se aclaró la garganta y, observando la reacción de su padre, escogió con cuidado sus palabras antes de responder.

—Estaba ayudando a Marinette a pulir sus habilidades para el baile porque no había tenido mucha práctica en su casa.

Gabriel arqueó una ceja.

—¿Marinette?

—Mi amiga de la infancia de DuPont. La chica que conoces como Lady Bug.

Gabriel aspiró el aire por la boca. Cerrando los ojos, se esforzó por contenerse durante un momento, antes de hablar.

—Solo para aclarar… ¿estás insinuando que la Lady Bug en este castillo no es de ascendencia noble, sino que es esa amiga plebeya tuya de DuPont de la que no parabas de hablar después de cada visita?

—Sí.

Aturdido, Gabriel parecía estar paralizado en su sitio, lo que le dio tiempo a Adrien para continuar.

—Por favor, Padre. Déjame explicar. Los padres de su Lady aceptaron enviar aquí a su hija como una de mis potenciales novias sin consultarla, aproximadamente al mismo tiempo que ella se comprometía con Lord Stoneheart. No importaba cuánto les suplicara que permitieran el matrimonio, ni siquiera la escucharían, esperando que pudiera encontrar un mejor partido aquí. Entonces, Lady Bug y Lord Stoneheart se fugaron, enviando aquí a Marinette, la criada de Lady Bug, para ganar tiempo antes de ser descubiertos. Marinette nunca tuvo la intención de causar ningún daño ni vino con ideas maliciosas. Todo lo que quería hacer era ayudar a su señora a ser feliz. Ni siquiera sabe que soy el Príncipe porque, como recordarás, Madre insistió en que me presentara como el hijo de Madame Bustier en DuPont...

—¡He escuchado suficiente! —pronunció Gabriel de forma abrupta y agresiva, su mirada furiosa envió un escalofrío por la columna de Adrien. Se volvió bruscamente hacia Gorila—. Reporte.

Gorila miró a Adrien, con una disculpa silenciosa en sus ojos, mientras comenzaba a hablar.

—Su Alteza se coló en la habitación de Lady Bug, como ha visto. Estuvo unos diez minutos allí antes de irse, pero regresó poco después con una canasta de comida. Luego, ambos se dirigieron al estanque en el extremo más alejado de los jardines y permanecieron allí hasta alrededor de la medianoche, cuando el Príncipe escoltó a la Lady de regreso a su habitación y se dirigió a sus propios aposentos.

La mirada furiosa de Gabriel se volvió asesina.

—¿Qué estaban haciendo en el estanque?

—Hablando.

—¿Eso es todo?

—Hubo... —visiblemente incómodo, Gorila añadió—: afecto físico expresado a través de besos.

Adrien sintió arder su cara. No deseaba nada más que ser tragado por la tierra.

Gabriel cerró los ojos. Con los labios apretados, se pellizcó el puente de la nariz y permaneció en silencio durante el minuto más largo de la vida de Adrien.

—Padre —Adrien le hizo frente, con un nudo en el estómago—. Por favor, deja que te explique...

—La quiero fuera de mi castillo de inmediato.

—Padre, por favor. Solo permíteme que...

—¡De inmediato! —Gabriel miró a Adrien, con un hielo glacial en sus ojos—. ¿O prefieres que la envíe a prisión?

Adrien sintió su corazón tambalearse.

—¿Prisión? ¿Y por qué?

—Se hizo pasar por una noble. Mintió por voluntad propia y engañó a su Rey. Es una criminal que merece estar en la cárcel.

—Eso es ridículo. ¡No puedes hacer eso!

—Puedo y lo haré.

—¡Estoy enamorado de ella! —Adrien dio un paso para acercarse—. Quiero casarme con ella, y ya le propuse matrimonio. No puedes enviar a mi prometida a la cárcel.

—¡Tienes el descaro! —Gabriel dejó escapar su ira entre dientes, poniéndose de pie.

—La ley no me prohíbe casarme con una plebeya. He pasado los últimos días investigando, y no existen restricciones por las diferencias de clase social entre una pareja.

—¿Te has vuelto loco? No está escrito porque es de sentido común. No necesita ser escrito, porque todo el mundo entiende que la realeza no se casa con los plebeyos.

—Hubo casos de nobleza casándose con plebeyos.

—¡Nobles infames de rango inferior que no tienen consideración ni aprecio por las leyes y las tradiciones que nos convirtieron en una gran nación! Pero los miembros de la realeza nunca se han casado con la plebe.

—Entonces yo seré el primero.

—¡Fuera de discusión! Eres el único heredero al trono y estás obligado a casarte con una noble. Si el Príncipe Heredero comienza a hacer lo que se le cante, entonces, ¿de qué ley y orden en el país estamos hablando?

—Pero, Padre, la ley misma no me prohíbe...

—Déjame decírtelo con claridad, Adrien —amenazó Gabriel, con la rabia brotando por todo su ser—. Si acaso piensas en casarte con esa mujer, la encarcelaré por hacerse pasar por una lady, y quién sabe qué más encontrará el juez para justificar un exilio.

Adrien dio un paso atrás, con los ojos muy abiertos.

—No serías capaz.

—Lo haré. Ya me conoces. Sabes que puedo.

—Ella no es una criminal, Padre.

—Los hechos demuestran lo contrario.

—No lo es. La conozco. La conozco desde que era un niño. Hemos pasado muchos veranos juntos en DuPont. Maman la conocía y ella le agradaba...

—Que sea tu amiga de la infancia me da aún más razones para sospechar que no solo está encubriendo la vergonzosa deshonra de su lady. ¿Se te ocurrió que alguien podría haberla contratado para enamorarte, y así pudieran intervenir en la familia real? ¿Tal vez, uno de nuestros enemigos?

—Estás loco si crees eso —siseó Adrien—. ¡Marinette nunca haría algo así! No la conoces en absoluto. Ella es amable y honesta y nunca traicionaría a nadie. ¿No fuiste tú quien hoy mismo dijo que tenía todo lo que se necesitaba para ser una reina, y quien también la aprobó?

Gabriel hizo una pausa, apretando fuertemente los labios en medio de sus pensamientos.

—Ella es sólo una muy buena actriz —sentenció gruñendo—. Lo que significa que tendré que deshacerme de ella antes de que pueda conseguir que cualquier otra persona crea en su inocencia. Tal vez, podríamos tomar las precauciones necesarias para que la escolten fuera del castillo y también fuera del reino antes del amanecer. No quisiera que nada interrumpiera la feliz ocasión de tu compromiso.

La sangre de Adrien se congeló en sus venas. ¿Qué fue lo que hizo para merecer esto?

—Padre —suplicó, con lágrimas acumulándose en sus ojos—. Padre, por favor. No puedes...

—Si no detienes este disparate en este preciso instante, firmaré la orden para su arresto antes de que termines tu explicación. En cambio, si eres sabio y te vas a la cama y eliges una esposa noble mañana, la dejaré regresar a cualquiera sea el agujero del que se ha salido, y olvidaremos que esto alguna vez sucedió. ¿Nos estamos entendiendo, Adrien?

Adrien se quedó mirando a su padre en completo estado de shock, cualquier esperanza de un final feliz se evaporaba antes de que incluso pudiera intentar atraparla. Con el corazón en pedazos, bajó la cabeza derrotado y cerró los ojos. No tenía sentido seguir hablando. Si su padre estaba convencido de algo, nunca antes había cambiado de opinión, y la única persona que podía persuadirlo para que pensara o actuara de otro modo ya no estaba con ellos.

—¿Debería empezar a contar? —interrogó Gabriel, irrumpiendo en los pensamientos de Adrien—. Funcionaba muy bien contigo cuando eras un niño. ¿O debería hacer que Nathalie comience con esa orden? Eso podría funcionar mejor.

—No —respondió Adrien en un hilo de voz. Incapaz de hablar o pensar con claridad para seguir luchando, y con el corazón destrozado, se dio media vuelta y abandonó el cuarto sin hacer la a acostumbrada reverencia al Rey.

Con las lágrimas obstruyendo su visión, sus piernas apenas sosteniéndolo, caminó una cierta distancia antes de detenerse. Agarrándose el pecho, Adrien hizo una mueca de dolor.

Era un iluso. Un completo estúpido. Debería haber sabido que nunca funcionaría. El conocía a su padre.

Marinette...

Oh Dios, Marinette se enteraría mañana. Se daría cuenta de quién había sido realmente todo ese tiempo. Ella lo vería eligiendo a otra novia después de que él le propusiera matrimonio. Le rompería el corazón. Lo destrozaría después de haberle prometido que haría lo que fuera para estar juntos.

Su estómago se sacudió violentamente. Adrien se apoyó contra la pared, apenas conteniendo las náuseas. Él era un ser humano despreciable. Era incluso peor que Théo. ¿Cómo pudo hacerle esto a Marinette? Todo mientras decía amarla...

Sus ojos se cerraron. Adrien no podía dejar que Marinette lo viera mañana sin saberlo primero. No había forma de evitar romperle el corazón en este momento, pero tal vez podría disminuir el dolor.

Ella tenía que saber que sus sentimientos eran genuinos. Tenía que saber que no estaba mintiendo ni jugando cruelmente con ella todo este tiempo. Quería que supiera que la amaba, y si tan solo pudiera, se casaría con ella en un instante.

Tenía que contárselo antes de que comenzara el día, así que olvidando todo lo demás, Adrien cambió su rumbo. Tenía que decírselo él mismo. Tenía que escucharlo de él. Era lo mínimo que podía hacer ahora.


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Y hasta acá llegamos…

La preciosa burbuja ya le reventó en la cara a Adrien. El pobre estaba realmente confiado, pero Gabriel mostró la cara que todos conocemos, como era de esperarse. El buen Nino siempre tuvo razón.

Y bueno, apenas empieza el drama. Si no han llorado en este, preparen sus pañuelos para los capítulos que siguen :"c

Agradezco los reviews a Monica, Rebeca .sz, Nohelia Yadira, Emely-nya, paulayjoaqui, Dessirenya, arianne luna y ritorudeito y por supuesto a todos quienes leen, espero la estén disfrutando.

¡Nos leemos pronto!