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A Bride for The Prince

(Español)

CAPÍTULO 20

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Adrien nunca antes le había demandado tanto esfuerzo a Plagg pero, por fortuna, el usualmente gruñón caballo obedecía sin causar demasiado alboroto, mientras corrían una carrera contra el tiempo hacia la finca de Lord Stoneheart.

Hicieron la menor cantidad de paradas posible, tomaron todos los atajos que Nino pudo recordar, y llegaron a su destino en un tiempo récord de cinco horas en lugar de las seis habituales.

Y eso era fantástico porque, si Adrien quería conservar la bendición de su padre para su matrimonio con Marinette, tenía que presentarla frente a la legislatura del Rey antes de que el reloj marcara la medianoche del día de su vigésimo cumpleaños, o sea hoy mismo. Ese fue el único ultimátum que su furioso padre le exigió cuando Adrien fue a anunciarle que se marcharía en busca de Marinette, y por el momento, incluso con una hora ganada, Adrien todavía tenía el horario muy justo y no podía permitirse el más mínimo retraso.

—Relájate —le susurró Nino, mientras seguían a un mayordomo por los pasillos de la mansión de Lord Stoneheart—. Todo va a estar bien. Regresaremos a tiempo. Con Marinette.

—Eso espero —murmuró Adrien, mirando a su alrededor mientras caminaban.

La mansión de Lord Stoneheart no era tan grande como el castillo, pero se veía acogedora y cálida, con sus paredes decoradas con retratos y paisajes, y sus muebles extravagantes pero de buen gusto colocados en varios espacios a lo largo de su recorrido. Tenía esa sensación hogareña, un lugar donde uno se sentía a gusto y bienvenido.

Al menos lo sintió de esa manera, hasta el momento enque el dueño de casa entró en la sala donde le habían indicado que aguardaran por él.

Era un hombre grande y robusto, con un marcado ceño fruncido en su faz y escepticismo en sus ojos. Sus acciones eran escasas al igual que sus palabras. Fiel a su nombre, se mantuvo imperturbable como una piedra, su fija y dominante mirada estaba clavada en Adrien, haciéndolo temblar bajo su escrutinio visual.

Haciendo a un lado los saludos de cortesía y, a lo mejor, una pequeña charla informal habituales, Adrien fue directo al propósito de su llegada.

—Me disculpo por mi repentina intrusión, Lord Stoneheart, pero me gustaría solicitar una audiencia con una doncella que sé que se encuentra en su morada. Su nombre es Marinette Dupain-Cheng. Creo que solía servir como dama de compañía de su esposa.

Lord Stoneheart arqueó una ceja y permaneció en silencio por unos segundos, observando a Adrien de la cabeza a los pies.

—Mi esposa dejó a su dama de compañía en DuPont hace aproximadamente un mes. La doncella que ella tiene aquí no es la joven que anda buscando.

Desconcertado, Adrien se quedó sin palabras. ¿Le habían dado una información incorrecta sobre el lugar de destino de Marinette, o Lord Stoneheart le estaba negando su petición?

No podía ser la primera alternativa, porque Nino había preguntado a unas cuantas personas en el camino, y todas confirmaron el avistamiento de un carruaje con una joven muchacha que se trasladaba en dirección a este lugar durante la noche.

La segunda opción tampoco podía ser probable, considerando que, como Príncipe Heredero, Adrien tenía pleno derecho de registrar cualquier propiedad que deseara, con o sin el consentimiento del dueño, y Lord Stoneheart debería haber sido perfectamente consciente de ello.

Frunciendo el ceño, Adrien apretó los labios. No sabía lo que estaba pasando, pero tampoco tenía tiempo para entretenerse. Entonces, habló una vez más, reuniendo toda la autoridad e intimidación que pudo. Afortunadamente, su padre le había dado gran cantidad de ejemplos a lo largo de los años.

—Tengo testigos que vieron a Marinette llegar aquí esta mañana. —Un poco exagerado, pero Lord Stoneheart no necesitaba saber eso—. ¿Puede usted negarlo?

La amenaza de "¿O deberíamos registrar la casa? " se desprendía tácitamente de sus palabras.

—No —respondió Lord Stoneheart, manteniéndose inalterable.

—¿Me permite entonces que la vea? —presionó Adrien.

Lord Stoneheart hizo una pausa antes de responder, manteniendo sus ojos anclados en los de Adrien.

—No es apropiado para Su Alteza tratar con una criada. Permítame, como propietario de esta residencia, encargarme de cualquier asunto que usted tenga con ella.

—¿Está negando la solicitud del Príncipe Heredero? —interfirió Nino, luciendo escandalizado—. ¿Acaso conoce las consecuencias de tales acciones?

—Me disculpo si parezco descortés, pero simplemente estoy ofreciéndome a tratar yo mismo con un miembro de mi hogar, ya que es inadecuado que el Príncipe Heredero malgaste su tiempo con una plebeya. Hágame saber cómo le ofendió, y puedo asegurarle, Alteza, que el castigo será acorde.

—No le corresponde a usted decidir…

—Nino. —Adrien puso una mano firme en el hombro de su amigo—. Déjame manejar esto. —Se volvió hacia el dueño de casa—. Lord Stoneheart, permítame asegurarle, Marinette no me ha ofendido de ninguna manera, y no estoy aquí para castigar a nadie. Tan solo deseo hablar con ella. ¿Sería eso posible?

—¿Puedo preguntar qué es lo que quiere hablar con ella? —inquirió Lord Stoneheart, con la duda impregnada en su rostro.

Adrien apenas logró reprimir un gruñido. El tiempo lo apremiaba. Había soportado tantas cosas para poder estar con Marinette. Lo último que ahora necesitaba era un lord obstinado y testarudo que no le permitiera verla.

¿Por qué este hombre se lo estaba poniendo tan difícil y se negaba a que viera a Marinette? Por lo que ella le había contado, se suponía que era intimidante pero blando, el hombre más amable del mundo debajo ese duro aspecto. Ella dijo que era leal y protector con sus seres queridos...

Oh.

Adrien respiró hondo para calmarse. Bien. Podría hacerlo. Podía jugar a este juego el tiempo que fuera necesario con tal de llegar hasta Marinette.

—Lord Stoneheart, entiendo que está tratando de proteger a Marinette, pero déjeme asegurarle que estoy aquí con buenas intenciones.

A pesar de esto, Lord Stoneheart permaneció impasible.

—Como he dicho anteriormente, Alteza, estoy dispuesto a transmitirle lo que sea que quiera decirle a Marinette yo mismo en…

—¡Escuche! —Nino volvió a interrumpir—. ¡No sea tan evasivo! Está navegando por aguas peligrosas con sus constantes respuestas indirectas. El Príncipe Heredero desea ver a Marinette, su amiga de la infancia, imagínese, lo que significa que no nos iremos de aquí hasta que hable con ella.

El ceño de Lord Stoneheart se contorsionó ante la evidente confusión.

—¿Amiga de la infancia?

Adrien asintió.

—Mi madre me permitía socializar con quien yo eligiera en DuPont. Marinette y yo hemos sido amigos desde que éramos niños, y si le resulta difícil de creer, puede preguntárselo usted mismo.

Lord Stoneheart se detuvo un instante, evaluando lo que acababa de escuchar.

—Mis disculpas, pero ni Marinette ni mi esposa habían mencionado eso.

—Sorpresa —expresó Nino con notable sarcasmo—. ¿Ahora puede parar con esta tontería...?

—Lord Stoneheart —interrumpió Adrien, apenas controlando su irritación—. Agradezco su predisposición a arriesgar todo lo que tiene para proteger a Marinette. Me complace saber que cuenta con personas que están tan dispuestas a afrontar un sinfín de problemas por ella. Realmente me pone muy feliz. Sin embargo, ambos sabemos que lo que usted está haciendo es rehusarse a admitir que me niega la posibilidad de verla. ¿Por qué?

Lord Stoneheart permaneció en silencio durante unos segundos. Eventualmente, retomó la palabra, su expresión era firme, así como la resolución en sus ojos.

—Puede que no sea noble de nacimiento, pero Marinette tiene más dignidad y clase que la mayoría de los nobles que he conocido. Ella es como una hermana para mi esposa. A ella le debo mi matrimonio y mi felicidad. Cuando llegó aquí esta mañana, estaba muy angustiada y buscó nuestra protección. No puedo traicionar la confianza que depositó en mí al proporcionarle un refugio. Por lo tanto, si ella le ofendió o deshonró de alguna forma, asumiré por completo la responsabilidad.

Ante el tono apasionado de la voz de Lord Stoneheart, Adrien no pudo evitar relajarse un poco. Marinette era querida y apreciada entre las personas que la conocían. La querían lo suficiente como para estar dispuestas a protegerla a toda costa. A pesar de su frustración, su corazón se emocionó ante el pensamiento, sabiendo lo bien cuidada que estaba su princesa.

—Lord Stoneheart —pronunció Adrien—. Le agradezco por protegerla tan rigurosamente, aun a costa de asumir el riesgo por su propia cuenta. Por muy frustrante que pueda ser la situación, también es un consuelo saber que ella ha encontrado aquí auténtica seguridad. Sin embargo, he venido simplemente porque, en su prisa por marcharse, se ha olvidado de algo que me gustaría devolverle. Eso es todo.

—¿Está diciendo que realizó todo este viaje hasta aquí solo para devolverle algo? Su Alteza, con el debido respeto, podría haber enviado a un sirviente.

—Es demasiado valioso como para confiárselo a cualquiera —replicó Adrien, colocándose una mano a la altura de su corazón—. Y estoy bastante seguro de que ni yo ni él sobreviviremos por mucho tiempo si lo saco de mi pecho.

Los ojos de Lord Stoneheart se abrieron de par en par, frunciendo aún más su ceño mientras contemplaba a Adrien casi en estado de shock.

—Mi Príncipe, lo que está insinuando… Marinette nunca aceptaría ser su amante, sin importar su rango o su amistad con ella.

—Y yo jamás la insultaría con una propuesta semejante. Mis intenciones son las de un matrimonio.

Atónito, Lord Stoneheart se quedó mirando fijamente a Adrien durante al menos medio minuto, antes de murmurar:

—¿Está insinuando que usted, un miembro de la Familia real, pretende que una plebeya sea su esposa?

—La ley no lo prohíbe.

—Pero la Realeza siempre se ha casado con nobles…

—Porque es la tradición —prosiguió Adrien en su lugar—. No es la ley, y viendo que usted mismo estuvo dispuesto a romper con las tradiciones para estar junto a la mujer que ama, estoy seguro de que puede entenderme cuando digo que, para mí, vale totalmente la pena quebrantar la ley por Marinette, y ni hablar de una anticuada y obsoleta tradición. Ahora, Lord Stoneheart, ¿va usted a negarle al Príncipe Heredero el derecho a permanecer junto a la mujer que ama?

Lord Stoneheart entrecerró sus ojos, observando a Adrien con suspicacia.

—¿Me está amenazando?

—Posiblemente —contestó Adrien con una media sonrisa—. Ahora, ¿podría, por favor, preguntarle a Marinette si me recibiría? Eso es todo lo que le estoy pidiendo.

Transcurrió un largo rato sin emitir respuesta. Finalmente, el hombre suspiró.

—Con una condición: si ella rechaza su petición, me veré obligado a pedirle que se vaya.

Adrien sintió que al fin podía respirar aliviado.

—Si ella no quiere verme, me marcharé por mi cuenta.

Lord Stoneheart asintió.

—Está bien. Por favor, espere aquí. Regresaré con su respuesta en un momento.

Cuando el corpulento hombre desapareció tras la puerta, Nino se volvió hacia Adrien con marcado enfado.

—Qué hombre tan terco y arrogante. ¿Cómo se atreve a insultarte así?

—Solo está protegiendo a Marinette —respondió Adrien, caminando hasta situarse frente a una ventana—. En cierto modo, me alegra que tenga amigos como él porque es difícil encontrar gente leal hoy en día, sobre todo, personas que estén dispuestas a llegar tan lejos por el bien de los demás.

—Lo que tú digas —gruñó Nino, sentándose en un sofá—. Aunque deberías haberle pedido que la trajera hasta aquí. Alya dijo que Marinette estaba bastante molesta cuando se fue, así que no me sorprendería que no quisiera verte.

Adrien sacudió la cabeza, a pesar de que temblaba por dentro ante la mera sugerencia.

—No. No pienso obligarla.

—Eso no es lo que yo…

—Marinette siempre ha sido la que da segundas oportunidades —agregó Adrien—. Y la última en renunciar o abandonar a cualquiera. Ella no me enviará de regreso tan lejos, sin al menos darme la chance de explicarle para qué vine hasta aquí.

O al menos eso esperaba. Tenía que creer. Debía tener fe en ella y en el amor que ambos se profesaban.

Nino murmuró algo en respuesta, pero Adrien no la escuchó, ya que unas molestas dudas comenzaron a apoderarse de su mente. ¿Por qué Nino tuvo que mencionar eso? Como si no hubiera sido suficiente que Adrien haya estado luchando contra esas mismas dudas durante todo el trayecto hasta allí.

Y aunque tenía la certeza de que Marinette lo amaba, todavía estaba el hecho de que la había lastimado, quizás demasiado. Las heridas aún estaban muy frescas. Teóricamente, ella podría rechazarlo. Su ofensa posiblemente podría ser demasiado grande como para perdonarlo.

Las complicaciones que su título como Príncipe Heredero conlleva también podrían ser un impedimento. Y Adrien no podía culparla. Marinette merecía que su esposo siempre la colocara en primer lugar, algo que él, como futuro soberano de este reino, no podía prometerle a pesar de sus mejores intenciones.

Un débil gruñido escapó de su garganta. Estaba tan cerca y, aun así, se sentía tan lejos, la realidad de la situación lo azotó con fuerza, pegándole duramente. Si Marinette lo rechazaba, no habría nadie a quien culpar, excepto él mismo.

—Adrien, respira. —una mano apretando su hombro lo arrastró fuera de sus nefastos pensamientos, girando su rostro solo para ver a Nino dirigirle una confiada sonrisa—. Todo estará bien. Es Marinette de quien estamos hablando. Ella te ama.

—Espero que aun lo haga.

—Claro que si. El amor no desaparece de la noche a la mañana.

—Pero hay una delgada línea entre el amor y el odio.

—Ni siquiera lo pienses. Dudo seriamente que Marinette pueda llegar a odiarte. Es demasiado buena para hacer algo así. Y está muy enamorada de ti también.

Adrien desvió la mirada.

—Tú no has visto lo dolida que estaba cuando le dije la verdad. La destrocé. La arruiné por completo. No merezco perdón.

—Y sin embargo estás aquí, así que no pudo haber sido tan malo.

—Nino, me confesé y le propuse matrimonio anoche…

—¿Que hiciste qué?

—…pero luego Padre se enteró y lo prohibió, por lo que tuve que regresar con Marinette, contarle la verdad y terminar con ella.

Adrien cerró los ojos, su corazón se estrujó. No estaba seguro de querer que Nino supiera todo. Había hecho su mejor esfuerzo por mantener la boca cerrada durante todo el viaje, pero ahora no podía detenerse; la vergüenza, la desesperación y la ansiedad lo carcomían por dentro.

Había estado tan cerca de aferrarse a su final de cuento de hadas, y se lo terminaron arrebatando en el último segundo. Y si bien la esperanza se había reavivado en su pecho, no tenía idea si esa delicada llama también sería apagada en un instante

»Bueno —murmuró al término de su relato—. Ahora ya sabes cuán despreciable soy.

Nino, un poco desconcertado, mantuvo su mirada fija en él durante un momento, antes de exhalar un profundo suspiro.

—Eres un idiota, Adrien. Yo no diría despreciable, pero sigues siendo un completo idiota.

—Lo sé. —Adrien agachó la cabeza, sus hombros acompañaron el movimiento al también hundirse—. Lo sé. Créeme, aprendí mi lección y sé que no merezco a Marinette después de lo que he hecho, pero todavía quiero intentarlo. Le pediré perdón de rodillas si es necesario, porque la amo, y no hay nadie más con quien quiera estar.

—No sé qué decirte, de verdad —bisbiseó Nino, cerrando sus ojos y pellizcándose el puente de la nariz—. Sé que ella te ama, y espero que pueda perdonarte, pero… Adrien, eres tan idiota. Así que, ¿buena suerte? Es lo único que puedo ofrecerte ahora mismo.

Adrien soltó una risita nerviosa, fiel reflejo de su impotencia, al tiempo que un nudo en la garganta parecía estrangularlo.

—Gracias, Nino. La necesitaré.

Volvió a posar su mirada en la ventana, contemplando la vista exterior, esperando que la naturaleza hiciera su magia y lo relajara como de costumbre. Los jardines eran hermosos y florecientes, cubiertos de vegetación y flores, tenía árboles altos y arbustos elegantes con prolijos senderos entre ellos…

Un movimiento bajo una pérgola cubierta de enredaderas y flores llamó su atención. Adrien entrecerró los ojos, pero, aun así, no pudo distinguir nada desde su posición. Resolvió, entonces, desplazarse hacia otra ventana.

Lo que vio desde su nueva ubicación lo dejó con la respiración enganchada, y provocó que su corazón comenzara a latir a toda prisa.

Bajo una cascada de verdes había un banco en el que se hallaba sentada una joven lady. Junto a ella yacía Marinette, con su cabeza anidada sobre el regazo de la muchacha mientras esta peinaba sus cabellos suavemente con los dedos.

Un momento después, vislumbró a Lord Stoneheart acercándose al dúo, y Marinette se sentó de inmediato. Adrien podía verlos conversando. Visualizó cómo Marinette miraba atentamente y en silencio a Lord Stoneheart, y luego se volvía hacia la lady a su lado. Transcurrieron unos minutos más entre ellos tres, antes de que Adrien finalmente viera a Marinette asentir.

Cerró los ojos y dejó que un suspiro de alivio se deslizara de sus labios, antes de que se cerniera sobre él la realización de que aquel gesto podría haber significado su consentimiento para echarlo.

Con la piel cada vez más húmeda debido al sudor, juntó ambas manos y las apretó, manteniendo sus ojos clavados en Marinette, desesperado por cualquier señal que mantuviera viva su esperanza, hasta que Lord Stoneheart volvió a ingresar en la estancia.

—Me disculpo por el retraso —dijo el hombre, inclinando la cabeza. Luego de un breve momento de silencio, que a Adrien le pareció una eternidad, añadió—: Marinette lo recibirá en el jardín, Alteza.

Adrien sintió que el enorme peso que cargaba en su pecho lo abandonaba de repente, y en silencio siguió a Lord Stoneheart hasta el jardín.

En la puerta, la dama que había estado con Marinette le saludó con una reverencia. Apenas le respondió con un asentimiento, ya que sus ojos no se apartaban de la pérgola ubicada a cierta distancia, bajo la cual podía distinguir la frágil silueta de aquella a quien le pertenecía su corazón.

Con las manos unidas al frente, ella miraba en su dirección; estaba pálida, con los ojos rojos e hinchados, pero, aun así, tan adorable y encantadora que lo dejó sin aliento. Más hermosa de lo que jamás la había visto.

Reunió la poca mesura que le quedaba y se dirigió a Lord Stoneheart sin siquiera osar mirarlo.

—Gracias por traerme hasta aquí. ¿Le importaría dejarnos solos ahora?

—Por supuesto. —Lord Stoneheart asintió con un gesto de la cabeza y se retiró, cerrando la puerta tras él y su esposa.

Adrien reanudó la marcha caminando hacia Marinette, apresurando el paso a medida que acortaba la distancia entre ambos. Todas las dudas, los temores, la ansiedad… todo se evaporó en el aire. Todo quedó olvidado ante la visión de Marinette observándolo acercarse con una profunda emoción en su precioso rostro, sintiendo que su propio corazón amenazaba con salirse de su pecho.

Su nombre resbaló discretamente de sus labios cuando se detuvo delante suyo; ella lo miraba con un silencioso interrogante en sus ojos.

No deseaba nada más que echarse de rodillas, suplicarle perdón, preguntarle si todavía lo amaba y entregarle su corazón sin importar cuál fuera su respuesta. Ansiaba acercarse a ella y besarla sin sentido. Tomarla entre sus brazos y adorar hasta el último rincón de su ser. Casarse con ella y pasar el resto de su vida haciéndola feliz.

Adrien quería tantas cosas, pero todo lo que fue capaz de hacer fue envolver a Marinette en sus brazos y tirar de ella hacia su pecho, enterrando su cara en la curva de su hombro, apenas logrando contener las lágrimas.

—Tenía tanto miedo de haberte perdido.

Aunque tensa al principio por ese repentino e intenso contacto, Marinette pronto se derritió en sus brazos, enviando su corazón a una loca carrera. Adrien la sujetó con más fuerza cuando ella finalmente apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Debería odiarte —susurró—. Pero no puedo, no importa cuánto lo intente.

Él intensificó aún más su abrazo, si es que eso era posible, evitando soltarla de cualquier manera.

—Lo siento mucho. Nunca quise lastimar a nadie, especialmente a ti.

—¿Qué estás haciendo aquí? Se supone que debes estar en el castillo, comprometiéndote.

—¿Cómo podría? —Adrien sacudió la cabeza en señal de negación, preguntándose si ella podía oír el frenético latido de su corazón—. Mi novia se escapó. Tuve que ir tras ella.

Marinette se separó de él, boquiabierta, sus ojos enormes por el asombro, mirándolo fijamente.

—Pensé que tu padre te había prohibido siquiera pensar en ello.

—Lo hizo. —Adrien recargó su frente contra la de Marinette, tirando de ella hacia sí otra vez. La necesitaba cerca. Ya no podía soportar estar separado—. Pero recordé a alguien diciéndome que luchara por lo que quiero hasta el final. Así que, fui a verlo nuevamente esta mañana, y tuvimos otra… charla, y ahora tengo hasta el final del día para llevar al castillo a cualquier novia que quiera. Y te quiero a ti, Marinette. Si me aceptas, quiero que tú…

—Adrien. —Se distanció, viéndose un poco desconcertada—. Soy una plebeya. Apenas pude sobrevivir este mes como una lady. No seré capaz de hacer esto por el resto de mi vida.

—No es verdad —protestó Adrien—. Llegaste sin la más remota idea de qué hacer, pero al final del mes, estabas por encima de todas. Ni siquiera mi padre podía negarlo. Tieneslo que se necesita para ser una reina, y una fantástica me atrevería a decir. Marinette, la posición social de la familia en la que naciste no define ni quién eres ni quién puedas ser. Lo eliges tú misma, porque la única diferencia entre los plebeyos y la nobleza es la cantidad de riqueza y poder. Como personas, somos todos iguales.

Ella dio un paso atrás, con los brazos envueltos alrededor de su cintura.

—Por más bonito que suene, en este país, mi estatus social define lo que puedo o no puedo ser.

—Me aseguraré de cambiar eso una vez que sea el rey.

La mirada de Marinette era cálida, pero aun persistía una pizca de tristeza.

—Estoy segura de que lo harás. Serás un gran soberano, Adrien. Sé que sí. Pero eso será en un futuro y necesitas una novia hoy. Y hasta ahora, ninguno de los nobles comparte tu opinión. No sé cómo convenciste a tu padre, pero no hay manera de que su legislatura te permita casarte con una plebeya.

—Lo sé —aseguró Adrien, aproximándose a ella. Introdujo la mano dentro de un estuche en su cinturón y sacó un anillo de oro con una piedra escarlata en su centro. Alcanzando la mano de Marinette, añadió—: Diamante rojo. Extremadamente raro. Sólo hay una familia noble en toda Francia que lo tiene como joya y reliquia familiar.

—La familia Noire —susurró Marinette, apartando sus ojos de la gema y mirando a Adrien—. Recuerdo haber visto este anillo en la mano de tu madre.

Adrien sonrió ante la mención.

—Le agradabas. Ella me ha escrito cartas para todos mis cumpleaños durante los siguientes cincuenta años antes de morir. En la de hoy, sugirió que me casara con alguien que me haga sentir como lo hacía "mi amiga Marinette de DuPont". Así que pensé: ¿por qué debería buscar a alguien similar si puedo quedarme directamente con la original?

La expresión de Marinette era de confusión, aunque sus ojos irradiaban un brillo por algo particular. Algo que, para Adrien, se asemejaba a la ilusión, encendiendo un sentimiento similar en su propio pecho.

»Madre me dejó este título a mí. Y yo te lo estoy dando a ti.

Marinette contuvo la respiración mientras Adrien deslizaba el anillo en su dedo.

»Así, nadie podrá usar tu condición al nacer en tu contra, y nadie podrá decirnos que no podemos casarnos, porque ahora eres tan noble como cualquiera de ellos, Lady Noire.

Llevó su mano hasta su boca, permitiéndole a sus labios demorarse sobre su piel.

—Adrien…

Tomándola de ambas manos, Adrien continuó:

—Te amo, Marinette. Eres la persona más asombrosa, increíble y hermosa que he conocido. Mi corazón siempre ha sido y siempre será tuyo. Sé que ya le dijiste que sí a Adrien el Guardia, pero ¿puedo atreverme a esperar que le des la misma respuesta a Adrien el Príncipe? Seré completamente honesto; no puedo prometerte la vida más fácil. No puedo prometerte que mis responsabilidades nunca tendrán prioridad sobre ti. Pero puedo prometerte que te daré el hogar y la familia que tanto deseas, puedo prometerte que haré todo lo posible para hacerte feliz, y puedo prometerte que siempre te amaré más que a nadie en este mundo.

Apretó ligeramente sus manos entre las suyas, buscando en su rostro la respuesta antes de hacer la pregunta.

»¿Te casarías conmigo, Marinette? Ahora que no hay más secretos entre nosotros, ¿me harías el honor de convertirte en mi esposa y mi princesa?

Marinette lo contemplaba con los ojos muy abiertos, apenas respirando.

—Yo… —susurró con voz apenas audible—. A-Adrien, yo…

Adrien sintió su estómago retorcerse, y un frío sudor recorriéndole por la columna vertebral. ¿Tenía razón al tener miedo? ¿Había venido tan lejos solo para descubrir que no podía ofrecerle a Marinette lo que ella estaba buscando? El solo pensamiento lo devastó, sintiendo cómo su cuerpo era gobernado por un doloroso entumecimiento. Aflojó el agarre de sus manos, y su mirada cayó al suelo.

—Sabes que puedes rechazarme si lo deseas, ¿verdad? Quiero tu honestidad, y si la vida que te ofrezco no es la que quieres, dímelo. Está bien si no…

—Idiota. —Marinette retiró sus manos de su agarre y las colocó a ambos lados de su cara para, un instante después, acercarlo a su propio rostro e impactar sus labios contra los de él.

Adrien respondió por instinto, ansioso por su tacto, anhelando borrar toda distancia entre ellos. Con manos temblorosas, la atrajo aun más cerca, sus respiraciones se entremezclaban mientras Marinette echaba su cabeza hacia atrás y capturaba sus labios en un beso, una y otra vez, dejándolo sin palabras, sin aliento y apenas parado sobre sus propios pies. Levantó sus manos para acariciar sus mejillas, sintiéndolas húmedas a causa de las lágrimas que rodaban por su faz.

»Eres un idiota —continuó, susurrando entre besos—. Claro que me casaré contigo. No me importa si eres un príncipe, un guardia o quién seas. Te amo, Adrien. Quiero estar contigo. Quiero compartir mi vida contigo. Nunca lo dudes.

—Entonces, ¿eso es un "sí"?

Ella asintió, y una sonrisa iluminó su rostro.

—Eso es un "sí".

Adrien sonrió ampliamente, con la más absoluta felicidad en su rostro. Sujetando a Marinette entre sus brazos, la levantó y comenzó a girar en círculos con ella, riendo sin control, lágrimas de plena dicha en los ojos de ambos.

Marinette entrelazó sus brazos alrededor de su cuello mientras se reía junto a él, un sonido tan querido y entrañable ahora para su corazón; a Adrien no le importaba lo que tuviese que soportar o atravesar con tal de que esa sonrisa y esa chispa en sus ojos jamás se desvanecieran.

Bajándola de vuelta al suelo, Adrien la atrajo hacia sí y susurró:

—Solo para que lo sepas, no derroté a Padre sin pelear. Puede que lo haya amenazado con abdicar del trono.

La expresión de Marinette se transformó instantáneamente en una de horror.

—¡No! ¡Dime que no lo hiciste!

Adrien sonrió con satisfacción.

—Haría cualquier cosa por ti. Pero no te preocupes, no llegamos hasta ese extremo, y al final, mi padre estaba orgulloso de mí por haber tenido agallas y luchar por obtener lo que quiero en lugar de seguir ciegamente sus órdenes. Ahora se pregunta qué clase de mujer increíble debes ser para lograr que su hijo cobarde y sin carácter finalmente se rebele contra él. Ya está impresionado.

Marinette frunció el ceño.

—No eres un cobarde.

—Ya no más. —Adrien la abrazó más fuerte, con una sonrisa jugueteando en sus labios—. Me diste el empujón que me faltaba para convertirme en el hombre que necesito ser, Marinette. Gracias.

Ella sacudió su cabeza.

—Yo no hice nada. Siempre fuiste el hombre que estabas destinado a ser.

—Hiciste más de lo que crees —opinó Adrien, colocándole un mechón de cabello detrás de su oreja—. No puedo creer que esto esté sucediendo. Ayer perdí toda esperanza.

—Yo también —susurró ella.

Adrien se inclinó sutilmente, acunando su rostro con sus manos.

—¿Estás completamente segura? La vida conmigo no será la más fácil.

Ella asintió con la cabeza, sonriendo.

—Una razón más para casarme contigo. Necesitarás a alguien que te ame y te apoye en todo eso. Pero, ¿estás completamente seguro de que quieres casarte con una pleb…?

Él no le dio oportunidad de terminar la pregunta, capturando sus labios con los propios en un beso que le demostraba con creces cuán convencido estaba de su elección.

—Te amo —susurró Adrien, apoyando su frente contra la de ella luego de distanciarse de sus labios—. A ti, y solo a ti. No quiero a nadie más a mi lado.

—Yo también te amo —respondió Marinette—. Y haré todo lo posible para no avergonzarte.

—Nunca podrás avergonzarme — sonrió Adrien—. Pero será mejor que nos demos prisa. Tenemos hasta la medianoche para comparecer ante la legislatura y comprometer nuestra unión.

—Entonces, es bueno que todavía no haya desempacado.

—Es perfecto —musitó Adrien, inclinándose una vez más para un último beso, antes de emprender juntos su viaje de regreso.

Un viaje que les daría muchas sorpresas, mucha felicidad y amor por montones durante su recorrido. Aunque, por el momento, estaba en extremo feliz de simplemente tenerla entre sus brazos.

Su Princesa, su Marinette, la perfecta Novia para el Príncipe.

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¡Hola!

Acá les traigo la actualización de esta bella historia. ¿Qué les pareció?

Adrien pudo hablar con Marinette, volver a pedirle matrimonio, y ¡ella lo aceptó! Yes! Suenan campanas en la iglesia xD

Y bueno, con éste, hemos llegado al final de esta historia...

Ok no, aunque originalmente acababa acá, quedan solo dos capítulos más para despedirnos de ella *snif* Pero bueno, lo importante es que ya no habrá más sufrimiento. Los últimos son como para morir de diabetes, con los tortolitos demostrándose su eterno amor jejeje

Aprovecho para informarles que puede que me tarde un poco más de lo usual con la siguiente actualización. Mi bebé es un niño DEMASIADO inquieto, y ya van como tres veces que me tiró la laptop, y cada vez se ve peor. Necesariamente la tengo que llevar al técnico, y no sé cuánto demore en repararla.

De igual modo, voy a intentar seguir traduciendo con el teléfono, pero es un poco incómodo y me tardo más así. Espero sepan comprender, y desde ya les pido una disculpa.

Agradezco a todos sus reviews, favs, comentarios y follows, son un amorcito con patas xD

Espero lo hayan disfrutado, y nos leemos pronto. Au revoir!