Autora POV
En todos los años que llevaba con vida, Sakura jamás había sido una niña que pudiese ser catalogada como "normal". Después de todo… ¿Cuántos niños se crecían dentro de una infame organización criminal?
Incluso para los mismos miembros de dicha organización había sido un evento bastante extraño encontrar a la niña dentro de su base. Fue más sorprendente aún saber que había sido su líder quien la había traído.
Nadie estaba seguro realmente de cuándo había sucedido, pero un día simplemente la bebé de cabellos rosados había aparecido en la oficina de su líder, acostada en una cuna improvisada, y siendo cuidada por Konan. Más de uno había sentido la necesidad de preguntar por qué rayos había un bebé allí, pero tan pronto como habían notado la fría mirada de su líder, entendieron que era mejor no preguntar.
Con el pasar de los años, comenzaron a acostumbrarse a la presencia de la niña en ese lugar, y aunque su orgullo les impidiese decirlo en voz alta, incluso le tenían cierto cariño a la niña.
Ella no mataba, no participaba de sus misiones, pero era una parte de su organización…
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La niña de siete años caminaba por los extensos pasillos de aquel que consideraba su hogar. Su mano nerviosamente acomodaba su único mechón de cabello rojo detrás de su oreja.
Su padre la había mandado a llamar. Ahora, eso era algo bastante inusual. Normalmente no lo vería hasta entrado el anochecer, cuando hacía una pausa de su trabajo para verla. Que estuviese requiriendo de su presencia en esos momentos, solo significaba que algo importante estaba ocurriendo.
"Tal vez finalmente te hará trabajar para la organización…" –escuchó una voz susurrar desde su interior. No era la primera vez que la escuchaba.
"Otou-sama no haría eso a menos de que sea realmente necesario… Kurama…"–contestó en su mente la pelirrosa.
Kurama, el demonio zorro que habitaba en su interior… Había estado viéndolo y escuchándolo desde que tenía memoria. Al principio había sido bastante aterrador descubrir que tenía una criatura colosal en su interior, sobre todo al notar que claramente no le agradaba. Pero con el pasar del tiempo, había terminado acostumbrándose a su presencia, e incluso se atrevería a decir que había logrado ablandar un poco el corazón de Kurama.
"Tarde o temprano terminaras siendo una miembro oficial. Un par de manos extras capaces de hacer el trabajo… Eventualmente las usará" –fueron las palabras del demonio zorro.
"Espero que ese día no llegue pronto…" –contestó la pelirrosa deteniéndose frente a la puerta de la oficina de su padre.
Tomó una respiración profunda antes de atreverse a tocar la puerta esperando que se le indicase que podía adentrarse a la habitación.
Un monótono "Adelante" fue escuchado desde el otro lado de la puerta. Sakura no perdió tiempo y abrió la puerta para adentrarse a la oficina de su padre. Cerró la puerta detrás de ella y realizó una respetuosa reverencia hacia su figura paterna.
– ¿Me mandaste a llamar, Otou-sama? –preguntó educadamente la niña de rosados cabellos.
Al reincorporarse de la reverencia, su mirada jade se encontró los singulares ojos de su padre. Aquellos ojos violetas, con anillos en ellos, que lograban ser realmente imponentes. Sin embargo, algo hizo que la niña frunciera levemente el ceño… La figura frente a ella no era su padre, era solo una de sus marionetas.
Jamás lo había dicho en voz alta, pero odiaba que su padre usara esos cuerpos delante de ella. No le molestaba que ocultara su verdadera apariencia frente a los demás miembros de la organización, pero frente a ella…
– En circunstancias distintas, no lo habría hecho. –contestó seriamente su padre sacándola de sus pensamientos. – Sin embargo… Es necesario…
No hacía falta ser un genio para comprender lo que su padre estaba tratando de decir.
– ¿Vas a enviarme en una misión…? –preguntó cautelosamente la pelirrosa recibiendo un asentimiento de su padre a modo de respuesta.
– Iba a encargarle esto a alguien más… Pero todos se encuentran en sus propias misiones ahora mismo. –explicó el hombre mientras le hacía un gesto a la niña para que se acercase. Con pasos cuidadosos, la pelirrosa avanzó hasta quedar frente a su padre quien, con una delicadeza que nadie podría esperar de él, posó su mano sobre la tersa mejilla de la niña. – No me gusta la idea de enviarte en una misión…
– Lo sé… –suspiró Sakura mirando a los ojos de su padre. – Pero si es la única opción, haré lo posible para complacerte…
El contrario la observó por varios segundos seguidos antes de dejar escapar un casi imperceptible suspiro y adoptar una postura más "profesional".
– Necesito que te dirijas al país del fuego, a las afueras de Konohagakure. –declaró.
Los ojos de Sakura se entreabrieron levemente con cierta sorpresa. No era la primera vez que salía de la aldea sola, pero aún así no dejaba de sorprenderle que su padre le pidiese que hiciese un viaje tan largo por su cuenta.
– ¿Al país del fuego? –repitió la pelirrosada. – ¿Por qué?
– Te encontrarás con una persona allí, y la escoltarás de regreso aquí. –contestó su padre.
– ¿Un nuevo recluta…? –se atrevió a preguntar Sakura. Su padre asintió en respuesta. – ¿Quién es? ¿Cómo luce?
Cautelosamente, el hombre le entregó lo que parecía ser una fotografía. La niña la tomó con cuidado antes de observarla. En ella se podía apreciar a un joven unos años mayor que ella, de largo cabello azabache el cual llevaba recogido en una coleta baja; Sus ojos eran igual de negros que su cabello, y debajo de ellos se podían apreciar unas profundas ojeras que denotaban días sin descansar adecuadamente; Vestía con una camiseta negra, y pantalones grises, acompañados de las clásicas sandalias ninja; Su expresión era serie, de alguna forma Sakura podía decir que era una persona que había tenido que atravesar muchas adversidades en tan poco tiempo.
– Su nombre es Uchiha Itachi… El primogénito del clan Uchiha. –explicó su padre una vez que levantó la mirada de la fotografía.
Uchiha… Había leído el nombre en uno de sus libros. Era uno de los clanes más grandes dentro del país del fuego. La historia del clan era casi tan antigua como la tierra misma. Una de las pocas cosas que Sakura podía recordar, el clan era bastante conocido por su Kekkei Genkkai, un dojutsu llamado Sharingan.
Recordando aquello, tenía sentido que su padre estuviese interesado en aceptar al joven dentro de la organización, sin embargo… ¿Por qué el primogénito de un prestigioso clan desertaría su aldea volviéndose un criminal? La pregunta no dejaba de hacer ruido en su cabeza.
– Entiendo… –contestó finalmente Sakura mirando seria a su padre. – ¿Cuándo tendré que partir? –preguntó.
– Lo antes posible. –fue la respuesta que obtuvo. – Empaca lo que necesites, y ve.
Sakura asintió. En un rápido movimiento depositó un beso en la mejilla de su padre antes de salir a toda prisa de la habitación. Mientras menos tiempo perdiese, mejor.
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Un adorable bostezo escapó de los labios de la pelirrosa. Era bastante entrada la noche, pero aún no podía dormirse, el Uchiha debería de aparecer en cualquier momento.
Ella se encontraba sentada sobre la rama de un gran árbol desde el cual podía ver el gran muro que rodeaba la basta aldea de Konoha. Llevaba una gran capa negra, con una capucha para ocultar su cabello y que le fuese más fácil camuflarse -pues, siendo sinceros, su cabello era bastante llamativo-, y también mantenía su chakra bajo para no alertar a los guardias que merodeaban por los alrededores.
La noche era relativamente tranquila. La luna brillaba en lo más alto del cielo siendo acompañada por las estrellas. Una suave brisa soplaba meciendo suavemente las hojas de los árboles. La vida en la aldea parecía transcurrir de forma tranquila.
Lo único que parecía arruinarlo todo era aquel extraño sentimiento de nostalgia que burbujeaba en su pecho. No entendía por qué, pero de alguna forma sentía que conocía este lugar, de una forma más… íntima…
Pero era imposible… ¿Verdad? Ella había crecido en Amegakure, no tenía recuerdo alguno de haber estado alguna vez dentro de Konoha. Entonces… ¿Por qué se sentía así?
"Sakura… Entremos a la aldea" –Kurama habló de pronto sacándola de sus pensamientos.
"No podemos hacer eso, Kurama. Tenemos que quedarnos aquí… Uchiha-san podría aparecer en cualquier momento" –contestó la pelirrosa moviéndose levemente para buscar una posición más cómoda.
"Entremos…" –insistió el demonio zorro.
"Ya te dije que no… ¿Por qué estás interesado con la aldea de todos modos?" –preguntó la pelirrosa un tanto exasperada por la insistencia de la criatura. Jamás había visto a Kurama comportarse de aquel modo. La bestia en su interior se mantuvo en silencio por varios minutos, sin responder a su pregunta. – "¿Kurama…?"
"Mi otra mitad está dentro de esta aldea…" –contestó de pronto Kurama sobresaltándola. No solo por lo repentino de la respuesta, sino porque, en todo el tiempo que llevaba conviviendo con Kurama, jamás había escuchado algo acerca de "otra mitad".
"¿Tu otra mitad?" –repitió curiosa Sakura. – "¿A qué te refieres con eso?"
En el fondo de su mente pudo escuchar como Kurama suspiraba.
"Mi forma actual no está completa" –contestó. – "Antes de sellarme, dividieron mi chakra en dos… La parte oscura fue sellada dentro de ti. La otra mitad sigue dentro de esta aldea"
La mirada de Sakura se posó sobre la aldea con curiosidad.
Kurama le había contado años atrás acerca de por qué lo habían sellado, pero jamás había entrado mucho en detalles. Había muchas cosas al respecto que la pelirrosa aún no comprendía, y eso solo alimentaba su curiosidad.
¿Por qué alguien habría sellado a un demonio zorro dentro de ella? ¿Cuándo había sucedido? ¿Por qué ella? ¿Por qué no otra persona? ¿Su padre sabría algo al respecto?
Eran algunas de las preguntas que se formulaban en la mente de la niña de siete años. Y con la información que Kurama acababa de revelarle, muchas más preguntas comenzaban a aparecer.
"Tal vez podamos entrar… ¡Pero solo unos segundos! Recorreremos un poco la aldea y luego volveré aquí. Tengo que cumplir mi misión" –dijo firme. Casi podía ver a Kurama sonriendo antes de que ella comenzase a moverse, rápida y sigilosamente hasta adentrarse de forma exitosa en la aldea.
El interior de la aldea era bastante cálido. Diferente a lo que conocía en Amegakure.
Podía escuchar a personas hablar y reírse. Le sorprendía bastante el hecho de que, a pesar de la hora, aún había mucha gente circulando por las calles. Los negocios de comida aún se mantenían activos, los olores de la comida recién hecha se arremolinaban en su nariz haciéndola salivar. Podía sentir su estómago gruñir exigiendo que consiguiese alimento.
Continuó caminando lentamente, nada parecía estar fuera de lo común hasta que…
– ¡Ven aquí maldito zorro ladrón! –el grito de un aldeano se hizo presente.
La mirada jade de la niña rápidamente se dirigió hacia el responsable de dicho escándalo. Un hombre mayor gritaba mientras perseguía a un niño rubio, aparentemente de su misma edad, el cual llevaba entre sus manos un trozo de pan.
Nadie a su alrededor hacia algo con respecto a la situación, pero todos parecían mirar al niño rubio con desagrado, lo cual logró intrigar a la pelirrosa.
Gracias a su agilidad juvenil, el niño rubio logró escaparse fácilmente del hombre que lo perseguía, escabulléndose por un callejón. Sakura dudo si sería prudente seguirlo, sin embargo, algo más llamó su atención, distrayéndola del chico rubio.
Varios chakras habían comenzado a desaparecer. Pero no como si estuviesen siendo ocultados, más bien… se estaban extinguiendo. Había gente muriendo…
Siguiendo la dirección de la que provenían esos chakras, Sakura se sorprendió al encontrarse frente a lo que parecía ser el complejo donde el clan Uchiha vivía.
El cuerpo de la pelirrosa tembló ligeramente sintiéndose abrumada por la repentina desaparición de todos esos chakras. Era sin duda una matanza… ¿Acaso esto estaría relacionado con el chico Uchiha uniéndose a la organización? Por más vueltas que le diese al asunto, Sakura no podía atar los cabos sueltos.
Escuchó pasos acercándose a gran velocidad, y supo entonces que era momento de retirarse. Haciendo uso del ninjutsu, se teletransportó de regreso al árbol en donde había estado esperando.
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Era de madrugada. Sakura estaba haciendo un gran esfuerzo para no quedarse dormida mientras continuaba esperando al Uchiha.
Sus ojos se cerraron por unos breves segundos cuando una figura encapuchada apareció junto a ella sobresaltándola levemente. Tras analizarlo con detenimiento, pudo ver que se trataba del chico Uchiha.
Un escalofrío recorrió su columna vertebral al recordar lo que había sucedido durante la noche. Más decidió mantenerse callada y no mencionar lo sucedido, su misión era solo escoltarlo de regreso a la base de la organización, no debía de entrometerse en asuntos que no le concernían.
– Uchiha-san… –murmuró la pelirrosa. Un saludo breve y respetuoso.
– ¿Eres de Akatsuki…? –preguntó con cautela el primogénito del clan Uchiha.
Un breve asentimiento fue lo que la niña le dio a modo de respuesta antes de darse la vuelta, dándole a entender que debía de seguirla. Sin dar objeción alguna, pronto se encontraban de camino a Amegakure.
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El viaje había sido largo, pero finalmente habían llegado a Amegakure. Tan pronto como sus pies tuvieron sobre el suelo de su hogar, Sakura se tomó el atrevimiento de quitarse su capa, por primera vez desde que se había reunido con el Uchiha.
Por el rabillo del ojo, la pelirrosa pudo notar como los ojos del Uchiha se entreabrían con cierta sorpresa. Sakura tenía una leve idea de lo que pasaba por la mente del joven de cabellos azabaches en esos momentos: Sin duda no esperaba encontrarse a una niña pequeña en medio de una organización de criminales.
Sin dedicarse mucho tiempo a observar sus reacciones, la pelirrosa comenzó a avanzar por los pasillos en dirección a la oficina de su padre.
Al llegar, pudo notar como uno de los miembros de la organización salía de la oficina de su padre. Sakura no tardó mucho en reconocerlo… Se trataba de Kisame.
– Hime-chan, comenzaba a preguntarme dónde estabas. –comentó el hombre tiburón. Su característica voz nasal estaba bañado de un tono satírico. – ¿Te enviaron a trabajar?
A pesar del tono burlón, la pelirrosa era consciente de que el hombre no buscaba molestarla de ninguna forma, y que en verdad solo estaba tratando de preguntarle cómo le había ido. Algo que había aprendido con el tiempo, es que todos los miembros de la organización eran demasiado orgullosos como para admitir que se preocupaban por ella.
No eran cariñosos, no le dirían palabras como "te quiero", sus formas de pasar el tiempo con ella eran fastidiarla o intentar entrenarla… Pero en el fondo, la apreciaban.
– Fue una emergencia… No había nadie más en la base para realizar la misión… –murmuró con calma la pelirrosa.
Kisame realizó un breve asentimiento con la cabeza. Posó una de sus grandes manos sobre la cabeza de la niña, revolviendo sus cabellos, antes de marcharse, no sin darle antes una larga mirada al Uchiha.
Como era costumbre ya, Sakura se aproximó a la puerta, tocó, y espero que se le indicara que podía entrar.
– He regresado, otou-sama… –dijo respetuosamente la niña una vez dentro de la habitación. Pudo ver a su padre asentir levemente antes de poner toda su atención en el chico Uchiha.
Sakura sabía que su padre no demostraría sentimientos cuando había otras personas presentes. Era el líder de una organización criminal después de todo. Por lo que, tras una reverencia respetuosa, abandonó la habitación.
Ya había cumplido con su misión, y eso era todo…
