Nota:
Primero, debo agradecer por su cálida aceptación. Me alegra demasiado que les haya atraído la temática del fic. En serio, muchas, muchas gracias a todos aquellos que se tomaron la molestia de dejar un review, no se imaginan lo feliz que me hace leer cada uno.
Por otro lado, noté que se presentó una confusión en muchos de ustedes, así que me disculpo y me dispongo a aclarar: Este es un fic NejiHina. NejiHina romántico, prontamente NejiHina erótico, NejiHina tierno. Todo lo que sea NejiHina. En otras palabras, es un Hyügacest. Así que no preocupen sus lindas cabecitas: No terminará NaruHina.
Sin más, los invito a leer.
Enséñame.
II.
Los ojos claros de Hinata se expandieron al sentir el cálido tacto de una mano sobre su frente.
—Hinata-sama, su temperatura está un poco alta. Déjeme escoltarla hasta su habitación.
Pegó un agudo y bajo gritico, tartamudeando, mientras las manos ágiles de él se las arreglaban para darle la vuelta rápidamente y, después, Neji mantuvo expandida una palma entre sus omoplatos, haciéndola avanzar por el pasillo. —¿Q-Qué? No… No, espera, Nii-san, y-yo estoy bien.
—No, usted está definitivamente enferma, créame —al llegar a la elegante puerta de madera, Neji se detuvo, la abrió y estiró el mismo brazo en una seña educada para que entrara. Cosa contradictoria, porque en realidad fue él quien le hizo hacerlo, impulsándola con la mano sobre su espalda—; yo soy su guardián.
Neji era increíblemente rápido, lo reconocía, pero eso no impidió que interceptara su muñeca al momento en que él buscaba tomar el pomo y cerrar con la intención de dejarla ahí sola, balbuceando como una loca. —P-pero, Neji-niisan —los dedos de ambas de sus manos se enrollaron en la muñeca masculina, con firmeza, casi en súplica, ganándose una mirada perpleja como respuesta. En ese momento, empezaba a sentir que toda la valentía se iba derritiendo rápidamente, deslizándose hasta sus pies—, realmente necesito tu ayuda.
Los ojos perlados se posaron en los suyos, analizándola, tratando de encontrar quizá un rastro de burla o quizá buscaban algún indicio de alcohol. Eso le hizo sonrojar.
—No estoy ebria —aclaró suavemente, aflojando el agarre en su muñeca—, ni tampoco enferma, sólo un poco… desesperada —desvió la mirada a cualquier lugar de la habitación, excepto su primo, extremadamente apenada—. Nii-san, por favor, e-enseñame lo… lo que les gusta a los hombres.
Esperó una respuesta, sin atreverse a confrontar su mirada, pero Neji permaneció impasible, en silencio, analizando la situación y creyéndola un poco surrealista; al fin, negando con firmeza, llevó la mano a su propia muñeca, desenredando los refinados dedos femeninos sin rudeza alguna. Brindó una suave caricia en los nudillos, como disculpándose, y la dejó ir en silencio. Ella tenía el rostro sonrojado y sus ojos estaban llorosos, pero, aunque era su deber servirle en cualquier cosa que pidiera, Neji sabía que su relación no se basaba en las órdenes -prueba de ello era el que se molestara en pedir siempre el favor- y, aunque Dios sabía que él haría lo imposible por hacerla feliz, esto…
Esto era un poco demasiado. Hasta inapropiado. Darle enseñanzas a su prima para que pudiese seducir a un hombre por ahí no era algo que sonara demasiado correcto.
—Neji-niisan…
—Es una locura, Hinata-sama —un pequeño dolor apareció en su pecho al ver que ella sorbía disimuladamente la nariz—. Yo no soy el adecuado para enseñarle este tipo de cosas.
—Sí lo eres—Hinata se llevó las manos juntas al pecho, mirándolo intensamente—, sólo puedo confiar en ti.
—Hinata-sama… —Neji suspiró, llevándose dos dedos a su entrecejo para masajearlo un segundo. Luego, la miró nuevamente, preguntando con una voz ligeramente más baja—¿Hiashi-sama está enterado de… su pedido?
Claro que no estaba enterado. Era su padre, ¿qué clase de hija dice "padre, necesito aprender a seducir y pediré a mi primo que me ayude con esto, estás de acuerdo?" Una hija un poco loca o, según el caso, una desvergonzada. El rubor en el delicado rostro se oscureció.
—N-No… —negó—No vayas a decirle nada, por favor.
Neji frunció el ceño. —No lo haré.
—Gracias.
—No —dijo, endureciendo levemente su mirada—, digo que no lo haré. No cumpliré su deseo, Hinata-sama.
Ante cualquier miembro del Souke, un Bouke ni siquiera pensaría en negarse a una orden, ninguno osaría hacer tal cosa. El miedo por el Sello Maldito seguía latente, hirviendo en la sangre de la familia Hyüga, pero… con Neji y Hinata era diferente; él no sentía ningún temor junto a ella, al contrario, la reverenciaba por su propia voluntad, simple y llanamente porque quería hacerlo. Jamás la dañaría, jamás volvería a aquel pasado que lo seguía avergonzando, y sabía que ella tampoco lo haría. El sello entre ellos era un simple adorno en la frente, sin embargo, para él había un cierto dolor mucho más terrible que el causado por la maldición... y éste era el desobedecerla, aun cuando era por su propio bien.
Hinata bajó el rostro, sintiéndose desilusionada y apenada, viendo impotente cómo su última esperanza se desintegraba frente a sus ojos.
—Lo comprendo —murmuró, acomodando suavemente un mechón de cabello tras la oreja, tirando de sus labios en una sonrisa que debía trasmitir calma, pero que salió como un gesto de triste resignación—, disculpa las molestias, Neji-niisan…
Él asintió, susurrando a su vez un con su permiso y dándole la espalda para emprender la marcha, pero…
—…C-creo error fue el creer que podía lograr cualquier cosa si me esforzaba —Neji se detuvo apenas tras el segundo paso y Hinata, entendiendo que había captado su atención, continuó—. Sólo… pensé que podría poner todas mis fuerzas en esto para… para, si es necesario, poder desistir sin remordimientos, satisfecha de mí misma… con la frente en alto.
Qué jugada tan sucia.
Neji se mantuvo tenso, silencioso e inmóvil por unos segundos en los que seguramente digería sus propias palabras, y después Hinata observó la manera en que sus hombros se relajaban ligeramente junto a un suspiro. El corazón le latía fuerte ante la expectativa. Él no se giró para mirarla antes de simplemente avisar:
—Mañana estaré en el döjö media hora antes de nuestra práctica habitual.
Su primo retomó nuevamente su camino y ella tuvo que esforzarse para que sus rodillas no cedieran instantáneamente ante el alivio que la embargó. Sólo cuando él hubo desaparecido de su vista, cerró la puerta y se permitió recostar la espalda en ella, bajando los párpados y suspirando hondamente. Las manos se fueron unidas hasta su pecho, mientras un susurro cálido brotaba de sus labios:
—Gracias, Neji-niisan.
.
Hinata se sorprendió un poco cuando, al llegar al döjö la mañana siguiente, encontró a su primo recostado en una de las paredes de madera, esperando. Ella había llegado cuarenta y cinco minutos antes de su hora normal de entrenamiento, aunque él dijo que estaría allí sólo media hora antes, así que había esperado ser la primera; habría querido serlo antes para tener unos minutos que usar en mentalizarse; Neji la iba a ayudar, tenía que seguir sus consejos al pie de la letra, tenía que hacer cada cosa exactamente como le decía, la palabra de Neji en esa materia sería para ella la palabra de un dios. Sin embargo, decidió afrontarlo directamente con una sonrisa y un dulce saludo de buenos días, Nii-san, recibiendo, como siempre, un asentimiento respetuoso seguido de un "Hinata-sama" cordial.
Notó la piel bajo sus ojos plata un poco oscurecida, pero tratándose de su aplicado primo, ella no le dio mucha importancia; él solía quedarse despierto hasta muy tarde leyendo rollos y rollos de pergaminos, su habitación se asemejaba a una biblioteca por la gran cantidad de escritos que podía encontrar, ¡era increíble!
Diez segundos pasaron. Hinata empezaba a sentir nerviosa;¿cómo demonios se suponía que debían empezar? ¿qué debía decir? Además esa mirada incómoda de Neji no era que ayudara demasiado. Maldición. Se frotó tímidamente el brazo con su mano, tratando de desviar su ansiedad.
Al final, después de un eterno minuto de silencio en el que se pudo escuchar claramente el zumbido de los zancudos, Neji carraspeó: —Supongo que será mejor que comencemos.
—Sí, pienso lo mismo.
—Bien —él asintió, desviando un segundo la mirada, como pensativo, para posarla nuevamente sobre ella—. Pero antes necesito que sea un poco más específica… ¿En qué, exactamente, desea que la instruya?
—En seducir a un hombre.
Neji se rascó la cabeza, luciendo ligeramente contrariado, y Hinata se mordió el labio, preocupada de que estuviese pensando en abandonarla, cosa que él no hizo.
—Lo sé, pero… —sus pupilas la observaron con algo de pena—Hinata-sama, yo tengo cero experiencias en la seducción de hombres —le confesó.
Un fuerte tono de rubor invadió las mejillas femeninas, mientras una ráfaga de infinitas imágenes no-aprobadas-por-Hiashi-Hyuga pasaban por su mente.
—¡N-No tienes que tenerla, Nii-san! —exclamó más fuerte y más agudo de lo que pudo prever, hecho que la avergonzó más. Neji la miró, confundido. —L-lo que… —respiró, infundiéndose calma—, lo que quiero es simplemente… que me ayudes a mirar a través de los ojos de un hombre… Quisiera que me dijeras qué es lo que te gusta, qué te parece atractivo de una mujer, qué debe hacer ella para que no pueda salir de tu mente, para trastornarte…
Él cruzó los brazos y bajó la mirada, frunciendo el cejo y cerrando los ojos, adoptando en un segundo esa posición tan suya para pensar. —Uhm…
Neji se tomó su tiempo y, para cuando abrió de nuevo los ojos, Hinata se había acercado unos pasos, quedando apenas unos palmos de distancia entre su rostro serio y el de ella, expectante, lleno de esperanza. La tomó de los hombros, alejándola con delicadeza, antes de hablar. —Eso es un problema —avisó, mirándola directamente, todavía sosteniéndola con ambas manos. Siempre tenía que tener la cabeza inclinada para hacerlo y ella, a su vez, tenía que subir la mirada debido a la diferencia de altura—, porque ninguna mujer me ha trastornado nunca.
Dos parpadeos. —¿Ninguna? ¿Nunca?
—Ninguna. Nunca.
Neji la soltó de su agarre. —Y antes de que desate en su mente alguno de los pensamientos extraños que, yo sé, suele tener, debo decir que ninguna mujer ni hombre —enfatizó—lo ha logrado. Y los últimos no tienen esperanza, aunque lo intenten.
Hinata tuvo el impulso de reír, pero se reprimió con esfuerzo. —Yo no tengo pensamientos extraños, Nii-san —se defendió sin mucho éxito.
—A mí no puede engañarme.
Al fin, se permitió soltar una risa fresca y baja, sintiendo las mejillas calientes, pero la desagradable sensación de la vergüenza no apareció; estaba con su primo Neji, su protector y la persona que la leía con mayor facilidad. Con él no necesitaba ocultarse o fingir, con él podía ser solamente ella, porque, después de todo, Neji no necesitaba activar el byakugan para ver a través de su ser.
Con una sonrisa delicada, se retiró un mechón de cabello tras la oreja, posando nuevamente su mirada en el hombre: —Eres demasiado serio, Neji-niisan.
A Neji le tomó medio segundo captar el tono divertido en su frase y, de buena gana, devolverle el gesto. —¿Está segura? Entonces supongo que tengo que calzar con mi inquebrantable seriedad y verme obligado a rechazar su indecoroso pedido.
Ella abrió la boca, dispuesta a replicar, pero terminó simplemente ruborizándose y haciendo una mueca inconforme, mordiéndose la mejilla. —S-sólo estás evitando el tema, porque no quieres decirme qué clase chica te ha gustado.
—No es eso —volvió a cruzar los brazos, acentuando su posición—, es que realmente no he sentido eso por nadie.
A Hinata le parecía increíble. Es decir, bien que sabía que Neji no era del tipo de hombre que vive pensando en la interacción con el sexo puesto y, definitivamente, él no lucía como el tipo que se la pasa creando su prototipo de mujer ideal…, pero su primo no era de goma, le decía su cabeza, alguien, en algún momento de su vida, debió haberle hecho saltar el corazón, alguien alguna vez tuvo que haberle movido el piso, al menos le debió resultar atractiva alguna chica, al menos debió sentirse bien al besar a una. Lo que fuera, ¡por Dios, Neji al menos tenía que haberse enamorado de su sensei de la Academia cuando era niño!
—No me lo termino de creer —le miró, terca—, ¿ni siquiera una? Con todo el club de fans que tienes, Neji-niisan, yo pensaría que… —se mordió la lengua.
Neji alzó peligrosamente una ceja. —¿Qué pensaría?
—Que… —su cabeza trabajó a mil, buscando una respuesta más adecuada para el "yo pensaría que te has pasado un buen rato con más de una" que se le vino a la mente (definitivamente, pensó, tantos años junto a Kiba Inuzuka y su espontaneidad estaban empezando a hacer estragos con su forma de pensar)—Que habrías salido con alguna.
Notó que él se había alejado a un rincón para tomar una de las katanas del estante y ahora la limpiaba diligentemente con un paño oscuro. —Pues está en lo cierto.
Hinata se pasmó. Sus labios se separaron. —¿Estás bromeando?
—No veo porqué de debería hacer semejante cosa, Hinata-sama —respondió de manera desinteresada.
—Neji-niisan, ¡entonces sí que puedes ayudarme! —exclamó, entusiasmada, parándose frente a él y recibiendo una mirada interrogante—. Esas chicas han tenido que hacer de todo por conquistarte, ¿verdad?
El varonil rostro de Neji se ladeó con un extraño gesto, como si no estuviese muy seguro de su respuesta. —Eh… sí, supongo que lo intentaron. No dejaban de reír como tontas, de tocarse el pelo y de colgarse de mi brazo. Fueron muy irritantes —cerró los ojos, malhumorado, continuando autoimpuesta labor de limpieza de armas antiguas, rezongando—. Y todo gracias a ese Rock Lee, pensar que me llevó a engaños a todas esas citas a ciegas…
Las palabras del joven Hyüga le sacaron un suspiro de amarga resignación. Esas chicas obviamente habían estado coqueteándole y él era tan… indiferente, que hasta daba pena por esas féminas no identificadas. Pensar que esa podría ser la reacción de Naruto ante sus intentos de seducción le causaba arcadas.
—Al menos… Al menos pensaste que eran bonitas, ¿cierto?
—Uhm… —Neji subió la mirada, pensándoselo un segundo—No.
A este punto, Hinata Hyüga estaba empezando a perder todo atisbo de esperanza. El duro presentimiento de que había ido a parar con una persona que carecía de todo conocimiento de romance, que sabía menos sobre el funcionamiento de las relaciones que ella, la estaba mortificando. Quizá se había dejado guiar por las apariencias. Neji podía ser muy atractivo para las mujeres, pero también podía llegar a ser tan simplón en la materia que resultaba desalentador; ¿era ese el maestro que había conseguido? ¿tendría él alguna idea de lo que se trataba la seducción femenina?
Suspiró por segunda vez, ignorando la mirada confundida en las pupilas platinadas de su primo. —Nii-san —le miró, desahuciada—, ¿hay siquiera alguna mujer que te parezca bonita?
Las cejas marrones se juntaron ligeramente. Él arrugó la nariz, luciendo casi ofendido. —Por supuesto —dijo, asentando la hoja de la katana en el suelo y, a su vez, sosteniéndose de la empuñadura con ambas manos.
Se miraron un instante. Ojos idénticos, ojos Hyüga, ojos poderosos. Al final, la sangre corrió acelerada hacía rostro pálido de Hinata cuando él pronunció de manera absolutamente natural:
—Usted, por ejemplo, es hermosa.
.
Neji, honestamente, no entendía por qué su prima se mostraba tan entusiasmada por saber cualquier cosa sobre las chicas sin importancia con las que había tenido la mala fortuna (entiéndase como Lee) de toparse. Desde que Lee y Tenten empezaron a salir, parecía que Lee estaba empeñado en buscarle pareja como para no formar el mal trío o para que no se sintiera solo, pero a Neji no podía importarle menos. Es decir, estaba feliz por sus amigos, pero en realidad no sentía que su relación hubiese cambiado algo, no sentía absolutamente nada de soledad. Verlos juntos y felices no lo hacía, mágicamente, el triste y solterón del equipo Gai. Él tenía otras cosas en la cabeza, cosas importantes, cosas de jounin, cosas de Hyüga; no podía andar por ahí revoloteando con cada una de las chicas fastidiosas que se le pegaban como polillas a la luz y jamás había tenido un interés especial por agradar a ninguna de estas mujeres. Le faltaba tiempo y le faltaban ganas.
Pero, por alguna razón, Hinata parecía extremadamente curiosa sobre estas féminas.
—Al menos… Al menos pensaste que eran bonitas, ¿verdad?
—Uhm… —se lo pensó seriamente un segundo; ¿recordaba siquiera cómo eran? ¿rubias, castañas? Ni idea—No.
El suspiro profundo que brotó de los labios de ella lo descolocó un poco. Hinata lucía alicaída. ¿Por qué? ¿acaso quería que le mintiera diciendo que había pensado que eran preciosas? ¿qué sentido tenía? … Cada vez estaba más confundido. Nunca había conocido una faceta tan complicada de la heredera del clan Hyüga.
—Niisan… ¿hay siquiera alguna mujer que te parezca bonita?
Frunció brevemente el ceño, analizando la pregunta, ¡pero claro que sabía diferenciar a las mujeres bonitas! Tenía buenos ojos, los mejores del clan Hyüga. —Por supuesto —clavó la katana en el suelo y agarró firmemente la empuñadura. Hinata siguió mirándolo fijamente, sus bonitas pupilas violáceas titilando con demasiada curiosidad, así que continuó: —Usted, por ejemplo, es hermosa.
Y en seguida se mordió la lengua. Ver ascender el escandaloso color rojo a las mejillas del pálido rostro le hizo desear golpearse: si bien Hinata había crecido, había madurado y su costumbre de sonrojarse dramáticamente como antes era mínima, estaba claro que aún no manejaba demasiado bien los cumplidos respecto a su físico.
—¿Realmente piensas que soy bonita, Neji-niisan?
—Utilicé la palabra hermosa.
El rubor se oscureció. Ella desvió el rostro. —S-sólo lo dices porque eres mi primo.
Neji arqueó una ceja; ¿estaba hablando en serio? Si lo pensaba bien, esa podía tomarse justamente como una razón para no decirlo.
—¿Qué tiene eso que ver?
Hinata le envió una tímida mirada de reojo. —Que te gusta hacerme sentir bien.
—Es cierto —asintió, todavía estúpidamente perdido—, pero, nuevamente: ¿eso qué tiene que ver?
—P-pues que siempre quieres hacerme feliz, entonces dices e-esta cosa que no piensas realmente y yo me lo creo y entonces… Sakura-chan e Ino-chan, ellas sí son hermosas y atractivas y tienen chicos a los que vuelven locos, pero es porque son lindas y divertidas, además saben mover el cabello y pestañear lindamente e Ino-chan contonea las caderas de una forma admirable al caminar, yo nunca sería capaz, pero supongo que por cosas como esta es que Sai…
Neji observó divertido cómo ella movía torpemente las manos, enredándose torpemente mientras recitaba su absurda verborrea, pero su mente se volvió un filtro, rescatando sólo lo más importante:
—¿Se siente feliz cuando digo que es hermosa, Hinata-sama?
Sus ojos se expandieron. —¿Q-qué? Pues… —a ella parecía costarle mirarlo a la cara—sólo si en verdad lo crees.
—En verdad lo creo —confirmó, frunciendo ligeramente el ceño. Todo eso era un poco complicado. —¿Entonces debería decírselo más seguido?
—¡N-No tienes qué!
Neji ignoró el movimiento frenético de negación de las palmas y rostro de Hinata.
—Lo haré —decidió, pasados unos cortos segundos.
—¿Eh?
—Le diré lo hermosa que es cada día, a partir de mañana.
Después de todo, hacerla feliz era uno de sus deberes. Y si a ella le hacía feliz una cosa tan simple como aquella, entonces no había nada que hacer. Neji estudió su expresión, pero parecía que ese día no podía traducir sus pensamientos con la facilidad habitual.
—¿Y… si mañana luzco fea?
—Hinata-sama —le llamó, justo como un maestro llama a su estudiante, corrigiéndole algo demasiado obvio—, usted nunca se verá fea, porque no lo es. La regla es que la gente bonita es bonita y, por ende, será bonita hasta que muera.
—¿Y si llego a nuestro entrenamiento con ropas de mendigo, despeinada y con los dientes llenos de comida? ¿qué dirías?
—Le diría que no se deje ver de Hiashi-sama porque de seguro la reprendería.
—¿Y si llego con los dientes rotos?
—La llevaría al dentista.
—¿Por qué? ¿ya no te parecería bonita?
—No, yo seguiría viéndola de la misma forma —Neji suspiró, cansado—, pero, conociéndola como la conozco, estoy seguro de que no estaría de acuerdo conmigo por más que le insistiese.
Pudo ver consternación en Hinata, pero luego, inexplicablemente, ella se cubrió los labios con una mano y empezó a reír, mirándolo con los ojos brillantes. —Eres muy raro, Nii-san —murmuró, y entonces el consternado fue él, ¡pero si estaba el burro hablando de orejas!
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—Más derecha. Barbilla alta… No tanto. Así.
—Neji-niisan, ¿por qué estamos haciendo esto? —se atrevió a preguntar. Él simplemente le había dicho que iban a empezar con las clases y le hizo adoptar una postura recta, sin ningún tipo de explicación. Una de sus grandes manos estaba sobre su espalda, hundiéndola ligeramente.
—Eche un poco los hombros para atrás —ella obedeció y él finalmente la soltó después de murmurar—. No se mueva, Hinata-sama
Alejándose dos pasos, Neji empezó a observarla de perfil, analizándola como si fuera un cuadro o un problema matemático, como sea, pero ella estaba incomoda; le dolía el cuello por alzar tanto el mentón y era penoso estar sacando el pecho. A pesar de haber pasado la vida entera tomando clases de etiqueta, jamás ninguna institutriz había logrado que se sintiera natural.
—A los hombres les atrae la elegancia.
—Me siento como una gallina —se quejó.
—Pero es una gallina elegante, esa es la diferencia —Neji mantuvo su tono corriente, pero Hinata no pudo evitar morderse los labios para reprimir una risa y mantener la postura. Sus mejillas enrojecieron por el esfuerzo.
—¿Q-qué viene? —preguntó suavemente—¿tendré que caminar con libros en la cabeza?
—Quizá…
—Neji-niisan —lo observó por el rabillo del ojo; ¡por Dios! ¿Sería mucho pedir que se parara frente a ella?—, no creo que esto funcione.
—Funcionará —su voz fue firme y Hinata lo sintió de repente tras ella. Instintivamente, todo su cuerpo se tensó y su respiración se detuvo, en alerta; manías de ninja—. No debe tener los hombros tan rígidos, relájelos un poco —la presión tenue de las manos de Neji sobre ellos le hizo calmar su postura, mientras exhalaba brevemente.
Los dedos largos recorrieron el camino desde los hombros hasta sus codos en un movimiento rápido que le causó un ligero escalofrío debido a su sutileza. —No ponga los brazos tan pegados al cuerpo, la hace ver incomoda. Debe soltarlos.
—¿Así?
—Sí, está perfecto. —Neji se mantuvo un segundo en silencio y después resbaló las manos de sus codos, liberándola—Pero ahora… —sintió más cercano el sonido de su voz—no se vaya a poner nerviosa, Hinata-sama, ¿está bien? Pondré mis manos en su cintura.
¿Qué?
Un nudo se le formó en la garganta. Nunca un hombre le había tomado de la cintura, a excepción de aquellos con los que había tenido que bailar alguna pieza por cortesía donde las distancias eran medidas y siempre frente a frente. Sin embargo, asintió, con un bajo "sí", que intentó no articular con firmeza.
Su primo le estaba ayudando, él tendría una razón para ello, se había prometido obedecerlo en todo.
A pesar de esto, pegó un pequeño respingo al sentir las grandes manos cerrarse en la curva de su cintura. Él aflojó inmediatamente su agarre.
—Lo siento —le oyó disculparse, gentil—. Sé que no está acostumbrada… pero recuerde que soy sólo yo. No voy a lastimarla.
En ese instante, al oír sus propias palabras, por la mente de Neji pasó fugazmente una imagen antigua de una mucho más joven Hinata que tosía sangre y lo miraba con las pupilas dilatadas por un dolor del que él era culpable. El recuerdo fue tan real que sintió la necesidad de separarse de un brinco, de ocupar un lugar lejos de ella… porque, de repente, no se creía con el derecho de mirarla siquiera. Pero su prima, totalmente inocente de sus remordimientos, se llevó las manos a la cintura y cubrió las suyas. El calor de sus pequeñas palmas le resultó reconfortante. —Está bien, no se siente desagradable —ella hablaba bajito, dulce, seguro—, sólo dime lo que tengo que hacer, Nii-san.
Justo como en su entrenamiento de taijutsu, Hinata se mostraba obedientemente ante él. Ella le tenía impoluta confianza y el asegurarse de eso le causó un golpe tibio en el pecho. Sus dedos se apretaron delicadamente en la cintura femenina y las manos delgadas de su discípula cayeron nuevamente, los brazos muertos a sus costados.
—Quiero que camine —indicó—. Sólo unos pasos, lentamente, y yo la acompañaré.
Hinata dio un paso, luego otro. Él sólo tuvo que dar uno para seguirla. —Hinata-sama, un pie tras otro… y no descuide su postura.
Aun cuando su espalda estuviera recta y su barbilla elevada, ella seguía siendo tan pequeña frente a él que su barbilla podía posarse sobre su cabeza si llegase a abrazarla en alguna ocasión. Esto resultaba sin duda ventajoso en el momento, porque le permitía la completa observación de su cuerpo menudo al momento de avanzar. Neji se concentró especialmente en las caderas; su movimiento era un poco mecánico, aun cuando su andar era suave.
Hinata contuvo la respiración un segundo al sentir que las manos de hombre serpenteaban hasta su cadera y se afianzaban con más fuerza en ella, pero esta vez no se sobresaltó, y dio el siguiente paso a un ritmo natural. Al instante, notó que Neji la balanceaba sutilmente, de un modo lento. —Al asentar un pie, inclínese suavemente hacía ese lado.
—¿A-así?
Neji apretó el agarre, estableciendo nuevamente el control. —Deje que la dirija, ¿está bien? La guiaré hasta que se vuelva algo natural.
Los ojos plateados de Hinata se cerraron, mientras se repetía una y otra vez que debía dejar a un lado las limitaciones auto impuestas, dejar que su cuerpo se moviera de forma elegante, fresca, femenina. Era difícil, sus mejillas estaban abochornadas y cada parte de su cuerpo vibraba de una manera poco común, pero tenía que lograrlo.
Una vuelta al döjö, luego otra, luego otra… Neji manejándola, moviéndola, observándola tras su espalda.
Su mente, en un momento, se puso en blanco y simplemente se concentró en caminar. Sólo caminar, nada más importaba. Y entonces, quien sabe cuánto tiempo después, se dio cuenta que las varoniles manos la habían dejado ir cuando ya llevaba unos bastante distancia recorrida sin su encierro.
Se quedó congelada al girar el rostro y ver la figura alta y orgullosa de su primo recostado en la pared a unos cuantos metros, con los brazos cruzados. Sobre sus labios reposaba una pequeña sonrisa placida.
—Ahora Ino tendrá que sentir envidia al verla pasar, Hinata-sama.
Con ese logro, se concluyó la primera lección secreta entre los primos Hyüga.
