Nota:
Oh, Dios, en serio pensé que llegaría el tan anhelado review 30 pero no ._. Jaja, bromeo, estoy demasiado contenta con la acogida que ha tenido el fic. Estoy verdaderamente enamorada de ustedes, preciosa gente del fandom NejiHina. ¡Muchas gracias! Esta vez no respondí a los reviews por MP, pero espero poder hacerlo con los que reciba en este capítulo.
En realidad, no estoy muy satisfecha con el resultado, pero espero ansiosa sus opiniones. ¡A leer!
Recuerden que Neji y Hinata son un poco mayores, 21 y 20 años respectivamente. Su relación es más cercana y, por tanto, no se sorprendan demasiado por lo que viene y lo que vendrá-
Enséñame.
III.
.
Después de barrer los alrededores con su espléndida vista, Hinata Hyüga se permitió esbozar una sutil sonrisa al recorrer el pasillo colindante al patio interior de su hogar. Era un largo camino de madera y podía sentir cómo los dedos de sus pies se encogían ante el frío de la noche, pero una brisita helada no iba a detenerla, pues ella era una chica con una misión; entrenar.
No, que no era el tipo de entrenamiento común de dar patadas y puños suaves y malgastar chackra, sino aquella complicadísima cátedra para resultar atractiva. Bien, quizá no era esa la descripción adecuada para lo que estaba haciendo, porque en realidad lo que quería no era lucir atractiva, el objetivo final era lucir… finamente sensual. Y no para cualquier hombre por ahí, no señor, era nada más y nada menos que para el hombre más denso de Konoha, el hombre más despistado e ingenuo que la villa entera hubiese tenido oportunidad de engendrar: Naruto Uzumaki. Seducirlo a él sería, por su dificultad, un mayor logro que desviar la atención del hokage de sobre sus libros eróticos. Tarea de valientes.
Y de pacientes.
Y a Hinata Hyüga se le iba acabando la paciencia.
Sacudió los pensamientos con un movimiento de cabeza, centrándose únicamente en caminar de acuerdo a las instrucciones de su primo. Había trascurrido ya una semana desde su primera clase y después de ello apenas habían podido agregarse dos más, demasiado fugaces como para que Neji pudiese aconsejarle cosas de importancia. Después de todo, ambos eran personas ocupadas y, aunque ese era un objetivo primordial en su vida personal, Hinata no podía menospreciar o descuidar de ninguna manera su entrenamiento ninja ni sus labores como kunoichi de Konoha y heredera del clan Hyüga. Afortunadamente, en el último tiempo sus técnicas parecían estar mejorando de manera progresiva y Neji parecía estar bastante satisfecho con ello; hacer feliz a un maestro era la mejor sensación del mundo. Lo malo es que ella tenía un maestro feliz, pero demasiado ocupado. Si no era por una tarea asignada por el hokage, era por algún entrenamiento exhaustivo con Lee o por una reunión con el líder del clan Hyüga y su consejo, pero siempre había algo, y él a duras penas podía apartar parte de su tiempo para su protegida –suspiró-, un escaso tiempo que se dividía de manera demasiado desequilibrada entre enseñar técnicas de combate y enseñar técnicas de seducción. Sumándole a ello el hecho de que ella era la heredera del clan más poderoso y antiguo de Konoha y que, por tanto, tenía una agenda apretada también… Bueno, el tiempo de sus clases especiales con Neji bien habría podido resumirse en minutos y en unos cuantos consejos.
Casi podía escuchar la voz seria de su guardián repitiendo los pequeños tips que le había transferido durante sus pequeños encuentros a medida que avanzaba:
"Hinata-sama, no descuide su postura".
"Barbilla arriba".
"No apresure su andar".
"Sostenga la mirada".
"Hinata-sama, si para usted una gallina es sinónimo de sofisticación, entonces quiero que sea lo más gallina que pueda".
No pudo evitar soltar una risita ante lo hilarante de su estoico primo reprendiéndola con esa voz estricta y mandándole ser una gallina. Ay, ese Neji… Ella no pensó que podría ser tan divertido recibir clases de seducción.
—Hinata-sama, ¿por qué se está riendo de esa manera en medio del pasillo?
Hinata parpadeó. —¡Neji-niisan! —exclamó, llevándose las manos al pecho por el asombro al oírlo tras de sí—N-No es nada… —sintiéndose ligeramente avergonzada, se dio la vuelta para enfrentarlo, pero al hacerlo no pudo reprimir un jadeo de terror—, ¿qué te sucedió? ¿estás bien?
La heredera del clan Hyüga avanzó velozmente hacía su guardián y pudo apreciar con preocupación que sus ropas llevaban algunos cortes y una que otra mancha de suciedad. La mandíbula firme lucía un poco amoratada y la esquina de su labio inferior era de color rojizo y estaba ligeramente inflamado.
—Estoy bien, no se preocupe —su mirada era la misma, imperturbable—, pero dígame qué es lo que está usted haciendo tan tarde. Hace horas que debería estar descansando en su habitación.
Hinata hizo un pequeño mohín con la boca, mientras sus pupilas escaneaban de forma más detallada el estado de su primo. —No soy una niña —respondió, dándose cuenta al instante de lo infantil que había sonado eso, pero algo más importante llamó inmediatamente su atención—. Neji-niisan… tú… —desvió la mirada, abochornada—tienes una marca de labial ahí… en tu cuello.
—¿En mi-?oh, —Neji restregó el dedo índice en la piel y observó el color impregnado en este—gracias.
Sólo entonces… algo se hizo obvio. Al ver el pequeñísimo rubor en la blanca tez del rostro masculino quedó claro el estado alcoholizado de su primo mayor. La situación, pensó Hinata frotando ligeramente los dedos, era un poco incomoda. Sin embargo, cuando una brisa especialmente fría le heló las mejillas y la hizo abrazarse, Neji dio un paso en su dirección y todo se volvió peor; ¡él a duras penas se mantenía derecho!
Oh, Dios mío, no quería enterarse de cuán histérico podría ponerse su padre si lo veía en ese desaliñado estado. Afortunadamente ella estaba ahí, dispuesta a proteger a la persona que siempre la protegía.
—Pensé que saldrías con Lee-san y Tenten-san —dijo, bajando intencionalmente la voz con el fin de evitar curiosos.
—Así fue.
—Pero también estuviste con una chica —un suave resto de color rojo descansaba al lateral del fuerte cuello (era un horrible tono de rojo, por cierto), así que ella estiró la mano y se dedicó a frotar el pulgar delicadamente en la zona afectada—, ¿verdad?
—No estuve con una chica —le oyó suspirar, y cuando subió el rostro para observarlo con una ceja apenas un poco elevada, un cálido aliento acarició su frente, moviendo incluso algunos de los cabellos de su flequillo oscuro y el tenue aroma de alcohol pudo sentirse claro. Él se había inclinado hacia ella mientras todavía sus dedos se paseaban por su piel, aunque ya el labial había desaparecido. Seguidamente, Neji susurró con un tono ronco y profundo—; estuve con varias.
Hinata dio un paso atrás, consternada y sonrojada hasta los cabellos, mientras en su mente aparecía una cadena de imágenes que, definitivamente, una decente y recatada Hyüga no debería anidar nunca en la cabeza. Separó los labios y balbuceó, luego frunció el ceño y desvió la vista, totalmente avergonzada; ¿Neji estuvo tonteando con varias chicas esa noche? ¿y qué pasaba con las manchas de labial? ¿ellas lo habían besado tanto y… a la vez? La sangre atestó los vasos capilares de sus mejillas. Pero lo que realmente la sorprendió, lo que realmente la tomó desprevenida, fue el sonido vibrante de una risa.
Neji estaba riendo. Y no era ni fuerte ni suave, no era ni estridente ni pacífica; era simplemente neutral, era una risa Neji.
Hinata abrió la boca para hablar, para decir algo normal en aquella situación tan salida de la rutina, pero él llevó una de sus grandes manos hasta su cabeza y le despeinó el flequillo. —Sabía que iba a reaccionar de forma tan graciosa.
—Neji-niisan —frunció el ceño, las mejillas adorablemente pintadas de rosa—, no juegues conmigo.
Él volvió a reír, retirando lentamente la palma. —Lo siento, Hinata-sama. No pude desaprovechar la oportunidad.
Hinata lo miró. —Te estás riendo mucho hoy.
—Creo que —sus labios tiraron de una media sonrisa—el que esté algo ebrio tiene algo que ver con eso.
Y entonces ella fue la que soltó una risilla baja. Estar frente a esa versión relajada de su primo le hizo pensar que estaba conociendo una parte oculta de él. De alguna manera, se sentía bien compartir un momento así, se sentía bien verlo de esa forma; siendo el mismo de siempre, pero libre de preocupaciones.
Se preguntó fugazmente cómo se comportaría ella cuando estuviese ebria.
—No estás algo ebrio, Nii-san —dijo, mirándolo divertida—, estás totalmente ebrio. Anda, déjame acompañarte a tu habitación, ¿está bien?
El rostro masculino configuró una expresión de horror. —Oh, no, Hinata-sama, no es necesario —él negó con ambas manos—, yo puedo llegar perfectamente. Sería inconcebible que hiciera tal cosa.
Buscando probar su punto, Neji se giró y empezó a andar, pero no resultó demasiado convincente al tener que apoyar una mano en el muro para estabilizarse.
—Neji-Niisan.
—Silencio, Hinata-sama, yo puedo solo.
—Tu… cuarto está en la otra dirección.
Él se detuvo en seco. —Oh.
Reprimiendo su diversión, Hinata se coló bajo su brazo y pasó éste por encima de sus hombros, de manera que su primo pudiera tomarla como apoyo. Neji abrió la boca para protestar (Dios, era tan testarudo ebrio como estando sobrio), pero ella configuró una mirada seria y le habló firmemente, sabiendo que era la única manera de hacerlo desistir. —Voy a hacerlo —sus pupilas la observaban curiosas, sus rostros estando bastante cerca debido a la posición. Hinata sonrió. —Seré yo tu guardiana. Vas a ver lo que se siente.
El camino hacia el cuarto del hombre no resultó tan accidentado como Hinata había presupuestado. Avanzaron a paso constante y ella no se agotó al llevar parte del peso del cuerpo masculino porque Neji, aún en su estado, se aseguraba de ser independiente. Él balbuceó cosas como "uh, Hinata-sama, su cabello me hace cosquillas" o "wow, esto sí que es un laberinto… ¿segura que esa no era mi habitación?" y ella le sonrió comprensiva y dejó escapar varias risitas. Después de haber serpenteado un rato por los pasillos del complejo, evitando intencionalmente los lugares en los que aumentaban las posibilidades de toparse con alguien (especialmente evitando pasar por los aposentos de su padre), Neji empezó a balancearse de un lado a otro, llevándola consigo.
—Uh, uh, uh, nos caemos —decía, sin molestarse en fingir demasiado que lo hacía de forma premeditada—. Cuidado, Hinata-sama, tiene que cuidarme.
—Niisan, q-quieto… —ambos trastrabillaron fuertemente por un momento y él soltó una risa contagiosa—Y no seas tan ruidoso, es ya muy tarde.
—¿Qué hora es? Uy, me tropecé, estuvo cerca.
—M-Mentiroso —lo apretó más de la cintura, tratando de mantenerlo tranquilo—. Deja de fingir que te caes, me asusta.
—Pero, Hinata-sama —él protestó como un niño pequeño, al tiempo que la puerta de su destino aparecía a tan solo unos metros. Hinata suspiró, pero justo se permitió empezar a relajarse, Neji se acercó a su oído, frotando la nariz sobre su piel y las hebras de su oscuro cabello alrededor—, estoy ebrio~
El brazo alrededor de sus hombros ejerció más fuerza para mantenerla en su lugar mientras la punta de la nariz masculina hacía de las suyas. Hinata se removió, inquieta, encogiendo desesperadamente su hombro para evitar el contacto con el área sensible de la oreja, pero sólo logró que la presión de la piel suave de Neji se trasladara también a sus mejillas.
—M-Me haces cosquillas, ya… —reía tontamente, sin poder retenerse—N-Nii-san, quieto, en serio. Mira, ya llegamos…
Neji se detuvo de repente y admiró la puerta frente a él, alta y de fina madera. —¿Quién vive acá?
Ella aprovechó para recostarlo contra la pared, liberándose de su agarre, y le sonrió. —Neji Hyüga —respondió, mientras giraba el pomo y abría cuidadosamente, evitando hacer ruido. Lo miró nuevamente, sonriéndole, a la vez que él dejaba caer el puño contra la palma de la otra mano, pronunciando la gran revelación:
—Oh, ese soy yo.
.
Neji sonrió al ver a su prima entrar en la habitación después de haber salido con el propósito de traer unos paños y algo de su brebaje y pomada para untar en la herida de su labio y en sus costados amoratados. Al parecer ella se estaba tomando su papel de guardiana bastante en serio, así que él, sentado cómodamente en el colchón, se dedicó a observarla.
Primero, ella se acercó a la lámpara sobre el escritorio cercano a la cama y la encendió, impregnando inmediatamente el ambiente con una lánguida luz que resultó extrañamente agradable. Mientras la miraba andar de vuelta hacia él, envuelta en su fina yukata veraniega, Neji se preguntó fugazmente si ella estaría aplicando a propósito sus lecciones de contoneo de caderas o si acaso él estaba muy ebrio… Su cuestionamiento murió cuando Hinata se subió a la cama, acomodándose a su lado y le hizo recostar en el espaldar. Ella estaba de rodillas y lo miraba con timidez. —¿Puedo…?
Tras un simple asentimiento, pasó un pequeño pañuelo húmedo sobre la esquina de su boca, suavemente, apenas palpando la herida. Neji mantuvo la vista en sus ojos. Siempre le gustaba ver esa expresión que denotaban al momento de concentrarse en una tarea.
—¿Cómo fue que te hiciste esto, Nii-san?
No era algo grave. Era un rasguño de nada, una pequeña inflamación y un moretón algo extenso en su quijada, pero de igual forma le hacía sentir curiosidad.
—Lee se salió un poco de control.
—¿Lee-san bebió? —preguntó ella sorprendida.
—No se suponía que lo hiciera, pero no tengo idea de cómo es que él siempre termina encontrando licor y tomándolo por error —hizo una mueca de disgusto cuando Hinata hizo un poco más de presión en su boca—Duele.
—Lo siento.
Hinata se mantuvo entretenida con su labor de enfermera y, finalmente, untó un poco de su pomada especial en el índice y lo pasó delicadamente por la comisura del labio masculino, por su quijada firme. Le extrañó que su primo permaneciese callado durante el pequeño proceso, porque no había hecho más que hablar desde que lo había encontrado, pero sólo se dio cuenta de que algo extraño pasaba cuando alzó la vista y se chocó con las pupilas opalinas mirándola con atención, luciendo pensativas, como si él quisiera saber algo pero no se atreviese a preguntar. Inevitablemente se sintió nerviosa ante la intensidad.
—¿Por qué me miras así?
Llevó las manos juntas hasta su regazo, sus ojos sin despegarse de los de Neji, pero sus mejillas sufriendo de forma irremediable un aumento de color.
Él no lo dudó un instante.
—¿Qué estaba haciendo antes de que la encontrara? —preguntó, pero era ese tipo de pregunta que se hace conociendo de antemano la respuesta. Era el tipo de pregunta que Hinata odiaba.
—Me estaba riendo.
—Antes de reírse —la presionó.
—Estaba practicando mi postura… y mi forma de caminar.
El mayor de los Hyüga se acomodó, irguiéndose un poco para obtener una posición sentada más recta. Los cortes en las mangas y costados de su ropa llamaron nuevamente la atención de su prima.
—Neji-Niisan, ¿quieres que te aplique un poco de pomada?
—Gracias.
Hinata llevó las manos hasta el único botón de la prenda masculina y desabrochó con su delicadeza habitual, deslizándola luego pacientemente por los hombros anchos, le ayudó a sacar los brazos de las mangas y, finalmente, el torso de su primo quedó libre. Una amplia magulladura en la parte izquierda del abdomen contrastaba con la piel blanca y limpia restante. Uno que otro pequeño moretón se esparcía también a lo largo de sus brazos.
—Lee-san es un poco salvaje cuando bebe —comentó cálidamente, palpando con cuidado la parte más afectaba, pasando apenas la yema de sus dedos en círculos.
En otra situación, en otro tiempo, o quizá con otro hombre, estaba segura de que estaría sufriendo de un desmayo en ese instante (de adolescente no soportaría ver a un chico sin camisa), pero ahora era diferente. Primero, porque había madurado un poco, sabía que no todo acercamiento con el sexo opuesto tenía que necesariamente tener implicaciones románticas o eróticas, sabía que era tonto enfocarse demasiado en el tacto de la piel tibia y tersa cubriendo el firme abdomen… Y segundo, porque era Neji, su primo, su guardián. Antes él la intimidaba. Antes, años atrás, ella no se atrevería a ofrecerse a curarlo de tal manera, simplemente porque temía que la rechazara duramente, pero ahora era diferente. Después de tanto tiempo, ella confiaba ciegamente en él y sabía que el sentimiento era recíproco.
Él la cuidaba y ella a él, era un silencioso acuerdo.
Los delgados dedos saltaron hasta el pecho y masajearon sutilmente los pectorales, mientras aplicaba la crema.
—Hinata-sama, lamento que deba verme en este estado.
—¿En este estado? —lo miró confundida, colocando la tapa del pequeño frasquito al ver acabada su tarea. La mirada de Neji se desviaba, notoriamente avergonzada—Pero si tus heridas son simples rasguños, Nii-san.
—No me refiero a eso —susurró—. Lo que me avergüenza es que haya tenido que lidiar conmigo mientras estoy en este estado de ebriedad.
Ay, Neji. Aun en esa situación, el corazón de Hinata se estrujó con dulzura al oírlo, ¿por qué sería que él siempre quería ser el guardián y nunca el protegido? De vez en cuando recibir una atención por parte del familiar por el que arriesgaba la vida a diario no debía ser motivo de vergüenza.
Cuidadosamente, las manos subieron hasta las vendas en su cabeza y, ante la pregunta escrita en su mirada, ella sólo sonrió. —No debes sentirte de esta manera, Neji-Niisan —murmuró en bajo, sintiendo cómo el ambiente se volvía cada vez más íntimo al inclinarse para desamarrar las ataduras tras su cabeza, bajo los mechones de cabello castaño. Después de que las vendas hubieron tocado el colchón, Hinata delineó dulcemente la marca de maldición gravada sobre la piel albar. No era la primera vez que lo hacía, pero tampoco era muy frecuente que se diese la ocasión para ello, así que ella atesoró cada segundo del contacto entre sus yemas y la tez masculina, dándose a sí misma una oportunidad para comunicarle lo importante que era su existencia en su mundo. Neji la observaba atento, tranquilo, cuando ella susurró: —Me gustaría conocer cada una de tus facetas —en un impulso atrevido, acercó los labios a él, posándolos sobre la marca—. Después de todo, primo mío, eres una de mis personas más preciadas.
Neji la observó unos instantes en silencio. Hinata se mantuvo a su lado, esperando algo, quizá una réplica, quizá un agradecimiento, quizá unas palabras de retribución, pero… ¿qué se suponía que debía esperar? Nunca antes había dicho algo parecido a alguien, ni siquiera a su padre o a Hanabi. Se sintió rápidamente abochornada, así que recorrió la mirada por toda la habitación, buscando mentalmente una excusa para marcharse y evitar tal situación incómoda, sin embargo, no hubo forma de que anticipara lo que vino. La palma derecha de Neji abarcó la totalidad de su mejilla izquierda con toda la delicadeza que un hombre ebrio puede tener.
—Me acabo de dar cuenta de algo —él murmuró, luciendo bastante asombrado. Sus ojos se expandían ligeramente.
—¿D-De qué te diste cuenta, Nii-san? —con suerte, pensó, él no pondría demasiada atención a sus anteriores palabras. Se relajó, calmándose al preguntarse qué demonios debería temer ante su alcoholizado primo.
El gesto del rostro masculino era absurdamente fascinado, como si hubiese descubierto el más grande tesoro pirata en su cara. A Hinata llegó a causarle gracia.—Ninguna de las mujeres que me acompañaron esta noche poseían una belleza como la suya, Hinata-sama.
¿Qué?
¿O sea que lo de las mujeres no era una broma de borracho?
¿O sea que ella era más bonita que todas?
Su cara fue definitivamente un poema. Palideció, se sonrojó, bajó la vista, la ladeó, la subió y balbuceó como si tuviese problemas mentales. No ayudaba mucho el que Neji mantuviera esa mirada científica sobre ella.
¡Ah, ya, seguramente estaba jugando de nuevo! Claro, si lo había estado haciendo todo el tiempo… Eso tenía que ser.
—Ja, ja, Neji-Niisan, no voy a caer de nuevo.
Su cabeza se ladeó, confundida. —¿De qué habla?
Hinata retiró lentamente la mano que presionaba su mejilla. —No te voy a creer nada más de lo que me digas esta noche, lo he decidido —asintió, segura—. Cuando estás ebrio te vuelves un mentiroso.
Neji frunció el ceño. —¿Mentiroso? ¡Pero si no he dicho más que verdades, Hinata-sama! Usted es más bonita que todas ellas juntas.
Tratando de mantenerse impasible con la aparentemente honesta aseveración, la pequeña Hyüga entrecerró los ojos, observándolo sospechosamente. —Lo que creo es que esas mujeres no existen —dijo—. Tú no eres de esa clase de chico, Neji-niisan.
—¿Esa clase de chico? —sus labios se torcieron en una sonrisa. Hinata no recordaba haber visto antes un brillo tan pícaro en los nacarados ojos de su primo—¿qué clase de chico no soy, Hinata-sama?
Bloqueo mental. El rubor acarició sus pómulos. —Pues, tú sabes, esa clase de chicos… —juntó los dedos, sintiéndose frustrada—esa clase de chicos que sale con muchas chicas a la vez y… se besa con ellas y… todo eso.
—Todo eso… —Neji repitió, pensativo—Y si no soy de esa clase, ¿entonces a cuál pertenezco?
¿Y ahora qué? ¿Debería decir "tú eres el tipo de chico al que le sobran chicas, pero no ha mostrado un interés especial por alguna"? ¿O "tú eres del tipo de chico enamorado sólo de la batalla y el deber"?
—Tú eres —dudó un segundo—… supongo que eres un chico sincero. Alguien quien no miente o da falsas esperanzas a las mujeres. Si no te agrada alguien, simplemente lo dices y ya.
Y que se lo preguntaran a ella. En el pasado él no había tenido reparos en expresarle cuánto la odiaba, con miradas, con palabras, con acciones. Neji Hyüga no era de los tipos que fingían.
—Entonces soy uno de esos que sólo quieren pasar el rato y ya —Neji se acomodó mejor en el espaldar de la cama, relajando su cuerpo.
—Eso no es verdad —Hinata rebatió inmediatamente y él volvió a sonreír.
—¿Entonces cómo explica el labial de mujer en mi cuello? —se señaló el lugar ahora limpio—Usted lo quitó, Hinata-sama. Sabe que fue una mujer quien lo puso allí.
Ella se mordió el labio y acomodó tras la oreja un mechón de su oscuro cabello; ¿por qué era que estaba sosteniendo esta conversación con un ebrio (cosa esencial en el asunto) Neji a tan indómitas horas?
—Quizá ella es importante para ti. Eso es lo que creo.
—Hinata-sama, no me importa para nada. Y no fue una, fueron varias, ya se lo dije —Neji suspiró—. Se abalanzaron sobre mí como bestias alcoholizadas y hambrientas. Tenten tuvo que arrancarlas con una lluvia de armas y, sabe, resultó que Lee las había invitado con nosotros con la esperanza de que me fijase en alguna de ellas. Realmente terminaré volviéndome loco si sigue haciendo eso, no me haré responsable de mis actos.
Hinata rió con suavidad, entendiendo todo y sintiendo un poco de compasión por su problema. Él tenía esa maldición de ser atractivo y poseer una personalidad seria y fría que llamaba a las mujeres como la luz lo hacía con las polillas. Era el mismo problema de Sasuke Uchiha.
—Pero eso no fue lo peor —Neji se quejó.
—¿No? —le sonrió, mostrando el interés de una madre hacía los relatos de su hijo—¿qué fue lo peor?
—Que después de varios tragos una de ellas empezaba a parecerme… no sé, sensual.
Parpadeó. —¿Sensual?
—Sí. Por eso salí del lugar —Neji asintió, cerrando los ojos y elevando un dedo—. Hinata-sama, usted debe saber que cuando el alcohol reduce la razón del ser humano, lo vuelve similar a un animal guiado sólo por instintos, por ese motivo usted nunca debería beber cerca de Naruto.
¿Naruto? ¿Por qué ese ebrio Neji tenía que llevar la conversación de una forma tan extraña?
Se sonrojó. —¿Qué tiene que ver Naruto-kun?
—Pues es a él a quien quiere seducir, ¿no? —su cara debió responder por ella—Bueno, pues acá está otro de mis consejos: nunca beba cerca de él. Una mujer ebria no es sexy. Y si es el hombre quien está ebrio quizá se sienta instintivamente atraído, pero será algo sin sentido y es probable de que al día siguiente no recuerde siquiera el nombre de su compañera.
Hinata suspiró lentamente, sintiéndose algo sofocada. —Neji-niisan, yo creo que deberías dormir.
—No, ¿pero cómo voy a hacer tal cosa? Si estamos en medio de una lección, Hinata-sama —él la miró como si estuviese loca, pero ella podía ver el cansancio en su rostro, aunque se negara a aceptarlo.
—Aplázala por mí hasta mañana, ¿sí? —apeló a su lado compasivo, porque lo conocía y Neji nunca admitiría que estaba a punto de dormirse. Eran los parpados de él los que lucían pesados, pero fue ella la que dijo: —Es que estoy muy cansada, Nii-san.
Un suspiró resignado brotó de los labios masculinos. —¿Qué se le va a hacer? Será para mañana entonces. Pero quiero que esté lista bien tempranito.
—Sí, bien tempranito, bien tempranito, incluso antes de que salga el sol —le siguió la corriente, internamente enternecida y divertida con su actitud—. Que descanses, Neji-Niisan.
El reloj en la pared marcaba la una de la madrugada en el instante mismo en que Hinata Hyüga se acercó a Neji Hyüga, posando tímidamente una mano sobre su hombro desnudo como apoyo, con la intención de depositar un fraternal beso de despedida en su blanca mejilla. Cerró la distancia entre ellos al igual que cerró los ojos, sin embargo, la textura que sintió contra sus labios fue mucho más suave de lo que esperaba. No estaba en la mejilla, estaba en la comisura de la boca. Tocó la esquina del labio más grueso de Neji con los suyos de forma delicada, pero firme, y su corazón retumbó como un cañón dentro de su pecho ante el contacto.
Fue un simple accidente provocado por un ligero giro del rostro del Hyüga mayor, era una verdadera tontería revolucionarse tanto por algo así, pero Hinata no podía evitarlo, porque, diablos, era la cosa más cercana a un beso de verdad que hubiera tenido.
Se separó como un rayo, como si su cercanía le quemara (que en esos momentos lo hacía), y lo miró con ojos abiertos y mejillas rojas, esperando, quien sabe, un reclamo o algo parecido… una reacción que no llegó, porque el rostro níveo mostraba calma y tranquilidad, como si él no hubiese notado el pequeño error.
El alcohol, se recordó Hinata con alivio, el alcohol.
—Hinata-sama —él la detuvo apenas hubo recogido ágilmente la pomada, las vendas y el pañuelo que había necesitado con anterioridad, mientras retrocedía para bajarse de la cama.
—¿S-sí?
—Prepárese para nuestro entrenamiento —sus ojos lucían perezosos y él se deslizó con un movimiento rápido y algo torpe hasta que su cabeza se acomodó en la almohada. Lucía como un pequeño niño travieso al esbozar una sobria sonrisa y murmurar: —Mañana yo seré Naruto.
Y por el resto de la noche, en su propio cuarto, protegida por sus propias sabanas y acostada en su propia cama, Hinata no pudo quitar la imagen del hombre de torso desnudo, frente tatuada y suaves labios magullados que le sonreía al advertirle que al día siguiente interpretaría a su amor desde la infancia. Tampoco pudo eliminar por completo la agradable sensación cálida de su boca, aunque se enfrascó fuertemente en hacerlo.
Nunca, se dijo, nunca volvería a acercarse a un Neji ebrio.
